PARA ORAR ANTE JESÚS EN EL SAGRARIO

GONZALO APARICIO SÁNCHEZ

Altar y Sagrario de mi querida parroquia de San Miguel, Jaraíz de la Vera, donde fuí bautizado, hice mi Primera Comunión, ayudé como monaguillo, sentí mi vocación sacerdotal y celebré mi primera misa.

PARA ORAR A JESÚS  EN ELSAGRARIO

¿POR QUÉ LOS CATÓLICOS ADORAMOS A JESÚS EN EL SAGRARIO?

PARROQUIA DE SAN PEDRO. PLASENCIA. 1966-2018

AYUDAS PARA LA ORACIÓN EUCARÍSTICA

       Esto es lo que pretendo en este libro. Quiere ser una ayuda sencilla para pasar ratos de amistad junto a Jesucristo Eucaristía. Ayuda fácil y asequible, en el fondo y en la forma, mediante la lectura meditativa, sin prisas, reflexionando, orando, hablando con Jesús en el Sagrario.

       Por eso, empieza con oraciones y cantos sencillos. Está concebido para personas que llegan a la iglesia, están ante el Señor, y, al principio, no se les ocurren muchas ideas y formas para meditar o hablar con el Señor. Son almas sencillas y buenas cristianas, pero que necesitan ayuda.

       Lo he podido comprobar en mi larga vida pastoral. En concreto, en mi parroquia, desde hace cuarenta años, en una mesa, ponía folios, revistas, homilías y meditaciones, artículos interesantes de Revistas.   

Desde hace diez años, en los bancos, ahora en una estantería colocada y «enclavada» en la pared, he puesto los evangelios y diversos libros con esta inscripción: AYUDAS PARA LA ORACION.

La gente llega, y si tiene tiempo y le apetece o lo necesita, coge el evangelio o el libro que le gusta y a leer, meditando, reflexionando. Luego, una vez terminada su oración, vuelven a colocarlo en la estantería; o lo dejan en el banco y sirve para que otros lo cojan, sin moverse. Así seguimos durante muchos años.

       Por lo tanto, tú has llegado a la iglesia, has cogido este libro o lo traes de casa, haces la señal de la cruz, y empiezas ya a meditar con la invocación al Espíritu Santo; a continuación puedes meditar o cantar mentalmente  el canto que te guste, para eso pongo varios; y luego, empiezas a leer, meditando, paras un poco, miras al Sagrario, hablando y pidiendo luz al Señor y fuerzas para realizar en tu vida lo que meditas; vuelves a leer despacio, le hablas de tus cosas y problemas, le das gracias, miras otra vez al Sagrario, hablas con tu Amigo que siempre está en casa, con los brazos abiertos, en amistad permanente, revisas tu vida, pides perdón, prometes, haces algún propósito... y así hasta cumplir el tiempo que te tienes asignado.

Eso sí, para hacer oración diaria, como camino de vida, es necesario y obligado tener un tiempo y una hora fija, de la mañana o de la tarde, y no dejarlo para cuando tengas tiempo. Porque entonces no tendrás tiempo muchas veces, te olvidarás y terminarás dejándola. Testigos, mi experiencia personal y mi vida pastoral, mis feligreses. Y antes de terminar esta introducción, quisiera decirte dos cosas sobre la adoración eucarística.

Mi experiencia personal y pastoral, lo que he visto en mí mismo y en las personas a las que he acompañado en este camino de la oración, es que este camino es muy personal; hay tantos caminos como caminantes, porque «se hace camino al andar, que diría el poeta; no hay reglas fijas para recorrer el camino.

Ahora bien, así como no impongo ningún método especial para hacer oración, sin embargo, desde el primer kilómetro, hay tres verbos que deben estar siempre juntos porque se conjugan igual y no pueden separarse jamás: amar, orar y convertirse. En el momento que cualquiera de estos tres verbos falle, fallan los otros, y se acabó la oración personal verdadera; se convertirá en una práctica rutinaria, en el caso de que continúe haciéndose. Lo repetiré mil veces y siempre,  estos tres verbos amar, orar y convertirse se conjugan igual: quiero o estoy decidido a amar a Dios, en el mismo momento quiero orar y quiero convertirme a Dios, vivir para Él; quiero  orar, quiero convertirme; me canso de convertirme, me he cansado de orar y amar más a Dios.

       Para empezar, para iniciarse en este camino de la oración, de «encuentro de amistad» con Cristo, lo ordinario es necesitar de la lectura para provocar el diálogo; si a uno le sale espontáneo, lleva mucho adelantado en amor y en oración, pero no es lo ordinario: hay que leer meditando, orando, o meditar leyendo: es la tradición: «lectio, meditatio, oratio et contemplatio».

Necesitamos la lectura, principalmente de los evangelios, de textos litúrgicos o de libros santos, escritos por hombres de oración; lógicamente el Oficio de Lectura es un camino estupendo, pero también pueden ayudar para empezar libros sencillos y comprensibles, siempre llenos de amor, sobre todo a Jesucristo Eucaristía. Pero que no sea solo lectura, sino leer, meditar, dialogar, oración personal con Cristo en el Sagrario.

La oración puede hacerse en muchos sitios, pero teniendo al Señor, deseoso de nuestra amistad, en cualquier Sagrario de la tierra, para eso se quedó con nosotros hasta el final de los tiempos, con solo mirar y ver que te está mirando, ya te sale o provoca el diálogo.

Esta ha sido mi intención al escribir este libro; sólo he pretendido que Jesús sea más conocido, amado y vivido, y, para esto, la oración ante el Sagrario es el mejor camino. Es necesario que el creyente aprenda a situarse ante Jesús Eucaristía, y si no le sale nada, que lea  libros que ayuden a la lectura espiritual meditada, que aprenda a situarte al alcance de la Palabra de Dios, a darle vueltas en el corazón, a dejarse interpelar y poseer por ella, a levantar la mirada y mirar al Sagrario y consultar con el Jefe lo que estás meditando y preguntarle y pedirle luz y fuerza y lo que se te ocurra en relación con Él; y Cristo Eucaristía, que siempre nos está esperando en amistad permanente con los brazos abiertos, con solo su presencia, “en espíritu y verdad” te dirá e irá sugiriendo  muchas cosas con deseos de mayor amor y amistad.

Y te digo que procures hacer la oración particular o personal junto al Sagrario, porque toda mi vida, desde que empecé, lo hice así. No entendí nunca la oración en la habitación teniendo al Señor tan cerca y tan deseoso de amistad, la oración siempre es más fácil y directa, basta mirar; y esto, estando alegre o triste, con problemas y sin ellos, la oración sale infinitamente mejor y más cercana y amorosa y vital en su presencia eucarística; es lógico, estás junto al Amigo, junto a Cristo, junto al Hijo Amado y Predilecto, junto a la Canción de Amor en la que el Padre nos canta su proyecto de Amor para el hombre, con Amor de Espíritu Santo. Estamos junto a «la fuente que mana y corre, aunque es de noche» esto es, por la fe.  

       No lo olvides: lo importante de la oración es querer amar más a Dios; y para eso, automáticamente, necesitas orar, hablar con Él todos los días, tener el encuentro diario de amistad, como pasa en todas las amistades humanas; y finalmente, al hablar con Él “en espíritu y verdad”, irás convirtiéndote, moderando la lengua, cambiando de formas de  comportamiento, de genio, de soberbia y de todo lo que impide la amistad con Cristo: y “todo lo demás se os dará por añadidura”.

       Y jamás olvidar que sin conversión permanente no hay oración verdadera y continua. Por eso hay pocos orantes “en espíritu y verdad”. Tiene que haber conversión permanente para que haya oración permanente y encuentro cada día más amoroso y verdadero con Cristo. La oración permanente nos lleva a la conversión permanente y viceversa, la conversión permanente es la que nos lleva oración permanente, por eso, repito, hay pocos orantes, incluso en las almas consagradas, esta es la causa principal. Habrá lectura, meditación, oración vocal pero sin llegar al corazón, que al estar lleno de nosotros mismos, de nuestro yo, no hay lugar para Cristo, para su amor, su caridad fraterna… es que si no nos vaciamos de nosotros mismos por la conversión, no cabe ni Dios en nuestro corazón y menos su amor, porque el amor propio, el amor a nosotros mismos lo ocupa todo y se lo impide.

ORACIONES EUCARÍSTICAS

I

¡JESUCRISTO EUCARISTÍA, TEMPLO, SAGRARIO Y MORADA DE MI DIOS TRINO Y UNO EN LA TIERRA!

¡CUÁNTO TE DESEO, CÓMO TE BUSCO, CON QUÉ HAMBRE DE TI CAMINO POR LA VIDA, QUÉ NOSTALGIA DE MI DIOS TODO EL DÍA!

¡JESUCRISTO EUCARISTÍA, QUIERO VERTE PARA TENER LA LUZ DEL CAMINO, DE LA VERDAD Y LA VIDA.

¡JESUCRISTO EUCARISTÍA, QUIERO ADORARTE, PARA CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE COMO TÚ, CON AMOR EXTREMO HASTA DAR LA VIDA!

¡JESUCRISTO EUCARISTÍA, QUIERO COMULGARTE, PARA TENER TU MISMA VIDA, TUS MISMOS SENTIMIENTOS, TU MISMO AMOR!

Y EN TU ENTREGA EUCARÍSTICA, QUIERO HACERME CONTIGO SACERDOTE Y VÍCTIMA AGRADABLE AL PADRE, CUMPLIENDO SU VOLUNTAD, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA.

QUIERO ENTRAR ASÍ EN EL MISTERIO DE MI DIOS TRINO Y UNO, POR LA POTENCIA DE AMOR DEL ESPÍRITU SANTO.

II

       ¡JESUCRISTO EUCARISTÍA, HIJO DE DIOS ENCARNADO, SACERDOTE ÚNICO DEL ALTÍSIMO Y EUCARISTÍA PERFECTA DE OBEDIENCIA, ADORACIÓN Y ALABANZA AL PADRE. TÚ LO HAS DADO TODO POR MÍ, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA Y QUEDARTE SIEMPRE CONMIGO EN EL SAGRARIO EN INTERCESION Y OBLACIÓN PERENNE AL PADRE POR LA SALVACIÓN DE LOS HOMBRES!

¡TAMBIÉN YO QUIERO DARLO TODO POR TI Y PERMANECER JUNTO A TI EN EL SAGRARIO IMPLORANDO E INTERCEDIENDO CONTIGO POR LA  SALVACIÓN DE LA IGLESIA Y DEL MUNDO ENTERO!

¡YO QUIERO SER Y VIVIR SIEMPRE EN TI; QUIERO SER TOTALMENTE TUYO, PORQUE PARA MI TU LO ERES TODO, YO QUIERO QUE LO SEAS TODO!

¡JESUCRISTO, EUCARISTÍA PERFECTA DE OBEDIENCIA Y ADORACION AL PADRE POR NOSOTROS, TODOS LOS HOMBRES, YO CREO EN TI!

JESUCRISTO, SACERDOTE DEL ALTÍSIMO Y SALVADOR ÚNICO DE LOS HOMBRES, YO CONFÍO EN TI! ¡TÚ ERES EL HIJO DE DIOS!

¡QUÉ GOZO HABERTE CONOCIDO, SER TU SACERDOTE Y AMIGO, VIVIR EN TU MISMA CASA, BAJO TU MISMO TECHO.

*****

INVOCACIONES AL ESPÍRITU SANTO

PARA EMPEZAR LA ORACIÓN:

1.- Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu y serán creados.

Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, danos a gustar (sapere-saborear) lo que es recto según el mismo Espíritu, y gozar siempre de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

(Secuencia de la misa de Pentecostés)

Ven Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,

Don, en tus dones espléndido.
Luz que penetra las almas,

fuente del mayor consuelo.

Entra hasta el fondo del alma,

Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,

si no envías tu aliento.

Ven, Dulce Huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo.
Lava las manchas,infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos.

por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno .Amén

CANTOS E HIMNOS EUCARÍSTICOS

(Para empezar la visita a Jesucristo Eucaristía. Si estás en la iglesia y hay gente, lo puedes rezar como salmos en voz baja o cantar mentalmente. Son como las escaleras diarias para llegar a la oración personal)

1. CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES

Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí! Venid, adoradores;
adoremos a Cristo Redentor.

¡Gloria a Cristo Jesús! Cielos y tierra,
bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria;
amor por siempre a ti, Dios del amor!

¡A ti, Señor cantamos,
oh Dios de nuestras glorias;
tu nombre bendecimos,
oh Cristo Redentor!

2. DE RODILLAS, SEÑOR, ANTE EL SAGRARIO

De rodillas, Señor, ante el Sagrario,

que guarda cuanto queda de amor y de unidad,

Venimos con las flores de un deseo, para que nos las cambies en frutos de verdad.

Cristo en todas las almas

En el mundo la paz.(bis)

Como estás, mi Señor, en la Custodia

Igual que la palmera que alegra el arenal,

Queremos que en centro de la vida

Reine sobre las cosas tu ardiente caridad.

Cristo en todas las almas

En el mundo la paz;

Cristo en todas las almas

En el mundo la paz.

3. OH BUEN JESÚS YO CREO FIRMEMENTE

Acto de fe

¡Oh, buen Jesús! Yo creo firmemente

que por mi bien estás en el altar,

que das tu cuerpo y sangre juntamente

al alma fiel en celestial manjar,

al alma fiel en celestial manjar.

Acto de humildad

Indigno soy, confieso avergonzado,

de recibir la santa Comunión;

Jesús que ves mi nada y mi pecado,

prepara Tú mi pobre corazón. (bis)

Acto de dolor

Pequé Señor, ingrato te he ofendido;

infiel te fui, confieso mi maldad;

me pesa ya; perdón, Señor, te pido,

eres mi Dios, apelo a tu bondad. (bis)

Acto de esperanza

Espero en Ti, piadoso Jesús mío;

oigo tu voz que dice “ven a mí”,

porque eres fiel, por eso en Ti confío;

todo Señor, espérolo de Ti. (bis)

Acto de amor

¡Oh, buen pastor, amable y fino amante!

Mi corazón se abraza en santo ardor;

si te olvidé, hoy juro que constante

he de vivir tan sólo de tu amor. (bis)

Acto de deseo

Dulce maná y celestial comida,

gozo y salud de quien te come bien;

ven sin tardar, mi Dios, mi luz, mi vida,

desciende a mí, hasta mi pecho ven. (bis)

4. HIMNO EUCARÍSTICO

(Del Congreso Eucarístico de GUADALAJARA, Méjico, 2004, que cantamos todos los día, en el templo del Cristo de la Batallas, Plasencia, abierto a las 7 de la mañana, con la Exposición del Santísimo a las 8, iniciada en esa misma fecha,  para la Adoración Eucarística, de 8 a 12,30 de la mañana, con el rezo de Laudes, terminando a las 12,30 con la Hora intermedia, Bendición del Santísimo y reserva, antes de la santa misa, a las 12,30).

Gloria a Ti, Hostia santa y bendita,
sacramento, misterio de amor;
luz y vida del nuevo milenio,
esperanza y camino hacia Dios. (2)

Es memoria Jesús y presencia,

es manjar y convite divino,
es la Pascua que aquí celebramos,

mientras llega el festín prometido.

¡Oh Jesús, alianza de amor,

que has querido quedarte escondido

te adoramos, Señor de la Gloria,

corazones y voces unidos!

Gloria a Ti, Hostia santa y bendita,
sacramento, misterio de amor;
luz y vida del nuevo milenio,
esperanza y camino hacia Dios. (2)

5. CERCA DE TI, SEÑOR

Cerca de Ti Señor, quiero morar,

tu grande y tierno Amor 
quiero gozar.

Llena mi pobre ser, 
limpia mi corazón,
hazme tu rostro ver 
en la aflicción.

Pasos inciertos doy, el sol se va,
mas si contigo estoy, no temo ya.

Himnos de gratitud 
ferviente cantaré,
y fiel a Ti Jesús, siempre seré.

Mi pobre corazón inquieto está,
por esta vida voy, buscando la paz.

Mas sólo Tú Señor, 
la paz me puedes dar,

cerca de Ti Señor,
yo quiero estar.

Yo creo en Ti Señor, yo creo en Ti,
Dios vive en el altar presente en mí.

Si ciegos al mirar 
mis ojos no te ven
yo creo en Ti Señor, 
sostén mi fe. 

Espero en Ti, Señor, Dios de bondad,
mi roca en el dolor, puerto de paz.

Porque eres fiel Señor, 
porque eres la verdad,
espero en Ti Señor, 
Dios de bondad. 

6. VÉANTE MIS OJOS

    Véante mis ojos,
    dulce Jesús bueno;

    véante mis ojos,
    muérame yo luego.

Vea quién quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere,
veré mil jardines,

flor de serafines;
Jesús Nazareno

véante mis ojos

muérame yo luego.

No quiero contento,
mi Jesús ausente,
que todo es tormento
a quien esto siente;
sólo me sustente
su amor y deseo;

Véante mis ojos,
muérame yo luego

7. ORACIÓN EUCARÍSTICA 

Sagrado banquete,

en que Cristo es nuestra comida;

se celebra el memorial de su pasión

el alma se llena de gracia,

y se nos da la prenda

de la gloria futura.

V/Le diste el pan del cielo, aleluya

R/Que contiene en sí todo deleite, aleluya.

Oremos: Oh Dios que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas (celebrar, participar y) venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención; Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.

8. HIMNO DE VÍSPERAS 

Estáte, Señor, conmigo

siempre, sin jamás partirte,

y, cuando decidas irte,

llévame, Señor, contigo,

porque el pensar que te irás

me causa un terrible miedo

de si yo sin Ti me quedo,

de si Tú sin mí te vas

Llévame en tu compañía,

donde tu vayas, Jesús,

pues bien sé que eres Tú

la vida del alma mía;

si Tú vida no me das,

yo sé que vivir no puedo,

ni si yo sin Ti me quedo,

ni si Tú sin mí te vas.

Por eso más que la muerte, temo, Señor, tu partida,

y prefiero perder la vida, mil veces más que perderte,

pues la inmortal que tu das sé que alcanzarla no puedo

cuando yo sin Ti me quedo cuando Tú sin mi te vas.

9. HIMNO EUCARÍSTICO: Adorote, devote...

Te adoro con devoción, Divinidad oculta,
verdaderamente escondido bajo estas apariencias.
A ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.

La vista, el tacto, el gusto, se equivocan sobre ti,
pero basta con el oído para creer con firmeza.
Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más cierto que esta palabra de Verdad.

En la Cruz se escondía sólo la divinidad,
pero aquí también se esconde la humanidad;
Creo y confieso ambas cosas,
pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás,
pero confieso que eres mi Dios;

haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere; que te ame.

¡Oh, memorial de la Muerte del Señor!
Pan vivo que da la vida al hombre:
Concédele a mi alma que de ti viva,
y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, bondadoso pelícano,
límpiame, a mí inmundo, con tu sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
Que al mirar tu rostro ya no oculto
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

10. CANTO EUCARÍSTICO: Pange, lingua..Tantum ergo..

Canta, lengua, el misterio del cuerpo glorioso y de la sangre preciosa que el Rey de las naciones, fruto de un vientre generoso, derramó como rescate del mundo.

Nos fue dado, nos nació de una Virgen sin mancilla; y después de pasar su vida en el mundo, una vez esparcida la semilla de su palabra, terminó el tiempo de su destierro dando una admirable disposición.

En la noche de la última cena, recostado a la mesa con los hermanos, después de observar plenamente la ley sobre la comida legal, se da con sus propias manos como alimento para los Doce.

El Verbo hecho carne convierte con su palabra el pan verdadero con su carne, y el vino puro se convierte en la sangre de Cristo. Y aunque fallan los sentidos, basta la sola fe para confirmar al corazón recto en esa verdad.

Veneremos, pues, inclinados tan gran Sacramento; y la antigua figura ceda el puesto al nuevo rito; la fe supla la incapacidad de los sentidos.

Al Padre y al Hijo sean dadas alabanza y júbilo, salud, honor, poder y bendición; una gloria igual sea dada al que de uno y de otro procede. Amén.

LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA

1. ¿POR QUÉ LOS CATÓLICOS ADORAMOS A JESÚS EUCARISTÍA?

   “Yo soy el pan de vida”

  1.1. PORQUE ES CRISTO VIVO Y RESUCITADO

Lo dice el Señor: “Yo soy el pan de vida, quien come de este pan vivirá eternamente“; luego podemos empezar ya aquí abajo la vida eterna; el cielo empieza en el Sagrario,  porque el cielo es Dios, y Dios está en el Sagrario ¡Con qué respeto y adoración hay que mirarlo, hacer la genuflexión si uno puede; es Dios, el Hijo de Dios,  el Hijo amado del Padre, nuestro cielo, la misma Santísima Trinidad presente por  el Hijo hecho hombre y pan de Eucaristía, la felicidad del Padre bueno de todos los hombres, que me soñó para una Eternidad de felicidad con Él, y, roto este primer proyecto por el pecado de Adán,  nos envió al Hijo Amado, primero en carne humana y luego en un trozo de pan para empezar ya el cielo en la tierra: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio hijo para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tengan vida eterna... porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para salvar...”.

Con el mismo Amor de Espíritu Santo fue también el Hijo, el que, viéndole entristecido al Padre, porque el hombre había roto este sueño de amor eterno con la Beatífica Trinidad, le dijo: “Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aquí estoy yo para hacer tu voluntad”, y vino para recuperarlo y abrirnos las puertas de la felicidad eterna, de la esencia trinitaria, en familia divina de Amor, Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, por el Beso y Abrazo de Amor de Espíritu Santo, en que somos sumergidos por la adoración eucarística: “El Padre está en mí... yo en vosotros y vosotros en mí... el Padre y yo somos uno... el que me come vivirá por mí...si alguno me ama, mi padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él”, vivirá vida personal y trinitaria.

        En el Sagrario, el pan de vida es templo, sacramento y misterio de la Santísima Trinidad, porque en él está el Padre cantando su Canción y Proyecto de Amor a los hombres en su Hijo Amado presente desde la consagración del pan por obra del Espíritu Santo, como lo hizo en el seno de María, y lo sigue haciendo presente en todos los sacramentos, porque todos son participación en la vida divina y esta vida divina siempre es trinitaria y siempre es el Amor, el Espíritu Santo quien la comunica, quien nos santifica, quien nos une a Dios Trino y Uno, y, por tanto, quien nos introduce o nos hace partícipes de la experiencia de Amor Trinitario, del Amor de Dios a los hombres, siempre por el Espíritu Santo, tanto en la acción y oración litúrgica como en la personal, que siempre están unidas o deben estarlo para ser una participación «digna, santa y consciente».

       La oración eucarística es y debe ser esencialmente adoración (orare ad) de amor a la Santísima Trinidad presente por el Hijo, Pan de Vida, en el Sagrario o en santa Custodia, y por ella somos introducidos en el misterio de Amor y Felicidad eterna, en la vida eterna y trinitaria de nuestro Dios por su Palabra hecha primero carne, y luego pan de vida siempre por la potencia de Amor del Espíritu Santo: “Yo soy el pan de la Vida... el que come de este pan vivirá eternamente... tiene ya la vida eterna...” No como el pan de este mundo que comemos y morimos.

El Pan de Vida es Jesucristo, vida divina y trinitaria encarnada en carne humana, triturada en la cruz en el sacrificio de amor por nosotros y hecha pan de Eucaristía: “Yo soy el pan de Vida”, Canción de Amor en la que el Padre nos canta todo su proyecto de Amor Infinito con Fuego de Espíritu Santo; y si en el primer proyecto entraba el que Dios bajara todas las tardes a hablar con nuestros primeros padres, este proyecto ha sido superado por la venida del Hijo, que se ha quedado con nosotros con los brazos abiertos en todos los Sagrarios de la tierra, en amistad permanente: “Me quedaré con vosotros hasta el final de los tiempos”.

Cuando entres en una iglesia, ya sabes que Él te está esperando desde siempre; por eso, tu primera mirada, tu primer saludo, tu primer beso debe ser para el Sagrario, para Jesús Eucaristía. No lo olvides. Y hazlo ahora mismo, si no lo hiciste. Porque Él te está mirando.

1.2. PORQUE ES EL HIJO DE DIOS QUE SE HIZO CARNE HUMANA Y PAN DE EUCARISTÍA PARA ABRIRNOS LAS PUERTAS DE LA ETERNIDAD

Primero se hizo carne y luego pan de Eucaristía para abrirnos las puertas de la eternidad, que fueron cerradas por nuestros primeros padres. Él se hizo carne por mí, para revelarme y realizar este segundo proyecto del Padre, tan maravilloso que la Liturgia Pascual casi blasfema, como si se alegrase de que el primero fuera destruido por el pecado de los hombres: «¡Oh feliz culpa, que nos mereció un tan grande Salvador!». Yo creo que la Liturgia se pasa llamando feliz a la culpa, al pecado.

Ciertamente que Jesucristo y el misterio eucarístico han superado totalmente el primer proyecto; descúbrelo, medítalo, agradéceselo, ámalo, adóralo. Pide fe y amor. Adora, adora y ponte de rodillas, y sobre todo, pon de rodillas toda tu vida, en adoración permanente, que Dios Eucaristía sea el único Dios de tu vida, abajo todos los ídolos, que impiden su presencia en tu corazón. Hasta aquí debe llevar la verdadera adoración eucarística, hasta aquí deben llegar los verdaderos adoradores “en el espíritu”.

Si no te vacías de ti mismo, de tus posesiones de soberbia, avaricia, lujuria, ira, faltas de amor, de perdón, Dios no puede entrar dentro de ti, porque estás lleno de ti mismo y no cabe Dios, no adoras verdaderamente al Padre como Jesús, hasta dar la vida, no te pones de rodillas tu vida ni le adoras plenamente como criatura “espíritu y verdad”.

Ayúdame, Señor, a vaciarme de todo para poder poseerte a Ti, sólo a Ti, Tu eres Dios, y tengo hambre de Ti, porque tengo hambre de lo infinito, y no me sacian las migajas de las criaturas...lo tengo todo, y me falta el Todo, porque el Todo es Cristo, mi Cristo Eucaristía.

1. 3. PORQUE EN EL SAGRARIO ESTÁ CRISTO VIVO, VIVO Y RESUCITADO, que antes de marcharse al cielo... “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y en la noche de la Última Cena, temblando de emoción, cogió un poco de pan y dijo: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre que se derrama por vosotros” y como Él es Dios, así se hizo y así permanece por los siglos, como pan que se reparte con amor, como sangre que se derrama en sacrificio para el perdón de nuestros pecados.

Todos recordáis aquella escena. La acabamos de evocar en la lectura del evangelio. Fue hace veinte siglos, aproximadamente sobre estas horas, en la paz del atardecer más luminoso de la historia, Cristo nos amó hasta el extremo, hasta el extremo de su amor y del tiempo y de sus fuerzas, e instituyó el sacramento de su Amor extremo.

Aquel primer Jueves Santo Jesús estaba emocionado, no lo podía disimular, le temblaba el pan en las manos, sus palabras eran profundas, efluvios de su corazón: “Tomad y Comed, esto es mi cuerpo...”, “Bebed todos de la copa, esta es mi sangre que se derrama por vosotros...” Y como Él es Dios, así se hizo. Para Él esto no es nada, Él que hace los claveles tan rojos, unas mañanas tan limpias, unos paisajes tan bellos.

Y así amasó Jesús el primer pan de Eucaristía. Porque nos amó hasta el extremo, porque quiso permanecer siempre entre nosotros, porque Dios quiso ser nuestro amigo más íntimo, porque deseaba ser comido de amor por los que creyesen y le amasen en los siglos venideros, porque “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”, como nos dice el Apóstol Juan, que lo sabía muy bien por estar reclinado sobre su pecho aquella noche.

Por eso, queridos hermanos, antes de seguir adelante, hagamos un acto de fe total y confiada en la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía. Porque Él está aquí. Siempre está ahí, en el pan consagrado, pero hoy casi barruntamos más vivamente su presencia, que quisiera como saltar de nuestros sagrarios para hacer presente otra vez la liturgia de aquel Jueves Santo, sin mediaciones sacerdotales.

       Queridos hermanos, esta entrega en sacrificio, esta presencia por amor debiera revolucionar toda nuestra vida, si tuviéramos una fe viva y despierta. Descubriríamos entonces sus negros ojos judíos llenos de luz y de fuego por nosotros, expresando sentimientos y palabras que sus labios no podían expresar; esos ojos tan encendidos podrían despertar a tantos cristianos dormidos para estas realidades tan maravillosas, donde Dios habla de amor incomprensible para los humanos.

 Este Cristo eucaristía nos está diciendo: Hombres, yo sé de otros cielos, de otras realidades insospechadas para vosotros, porque son propias de un Dios infinito, que os amó primero y os dio la existencia para compartir una eternidad con todos y cada uno de vosotros.

Yo he venido a la tierra y he predicado este amor y os he amado hasta dar la vida para deciros y demostraros que son verdad, que el Padre existe y os ama,  y que el Padre las tiene preparadas para vosotros; yo soy“el testigo fiel”, que, por afirmarlas y estar convencido de ellas, he dado mi vida como prueba de su amor y de mi amor, de su Verdad, que soy Yo, que me hizo Hijo aceptándola: “En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios”; “Tanto amó Dios al mundo que  entregó  a su propio hijo para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tengan vida eterna”.

“Y cuantas veces hagáis esto, acordaos de mí…”dice el Señor. Qué profundo significado encierran estas palabras para todos, especialmente  los sacerdotes. Todos debiéramos recordarlas cuando celebramos la santa Eucaristía: “acordaos de mí...”  acordaos de mis sentimientos y deseos de redención por todos, acordaos de mi emoción y amor por vosotros, acordaos de mis ansias de alimentar en vosotros la misma vida de Dios, acordaos... y nosotros, muchas veces, estamos distraídos sin saber lo que hacemos o recibimos; bien estuvo que nos lo recordases, Señor, porque Tú verías muchas distracciones, mucha rutina, muchos olvidos y desprecios, en nuestras Eucaristías, en nuestras comuniones, distraídos sin darte importancia en los sagrarios olvidados como trastos de la iglesia, sin presencia de amigos agradecidos.

Vosotros, los sacerdotes, cuando consagréis este pan y vosotros, los  comulgantes, cuando comulguéis este pan, acordaos de toda esta ternura verdadera que ahora y siempre siento por vosotros, de este cariño que me está traicionando y me obliga a quedarme para siempre tan cerca de vosotros en el pan consagrado, en la confianza de vuestra respuesta de amor... Acordaos...

Nosotros, esta tarde de Jueves Santo, NO TE OLVIDAMOS, SEÑOR. Quisiéramos celebrar esta Eucaristía y comulgar tu Cuerpo con toda la ternura de nuestro corazón, que te haga olvidar todas las  distracciones e indiferencias nuestras y ajenas;  nos acordamos agradecidos ahora de todo lo que nos dijiste e hiciste y sentiste y sigues sintiendo por nosotros y te recodamos y recordaremos siempre agradecidos, desde lo más hondo de nuestro corazón.

1. 4. PORQUE EN LA HOSTIA SANTA ESTÁ LA CARNE DE CRISTO, TRITURADA Y RESUCITADA PARA NUESTRA SALVACIÓN.

 Está Cristo muerto y resucitado, el precio de la redención, lo que yo valgo, el sacrificio permanente de amor que Cristo ha realizado para rescatarme; y ahí está la persona que lo ha hecho, que más me ha querido, que más me ha valorado, que más ha sufrido por mí, el que más ha amado a los hombres, el único que sabe lo que valemos cada uno de nosotros, porque ha pagado con su sangre el precio por todos y cada uno de nosotros.

       Cristo es el único que sabe de verdad lo que vale el hombre; la mayoría de los políticos, de los filósofos, de tantos pseudo-salvadores, científicos y cantamañanas televisivos no valoran al hombre, porque no lo saben ni han pagado nada por él, ni se han jugado nada por él; si es mujer, sólo valoran su físico y poco más, puedes verlo todos los días en la tele; y si es hombre, lo que valga su poder, su cartilla, su dinero, pero ninguno de esos da la vida por mí.

       El hombre es más que hombre, más que esta historia y este espacio, el hombre es eternidad. Sólo Dios sabe lo que vale el hombre. Porque Dios pensó e hizo al hombre, y porque lo sabe, por eso le ama y entregó a su propio Hijo para rescatarlo. ¡Cuánto valemos! Valemos el Hijo de Dios muerto y resucitado, valemos la Eucaristía, donde Cristo hace presente en cada misa este misterio.

       Cuando en los días de la Semana Santa, medito la Pasión de Cristo o la contemplo en las procesiones, que son una catequesis puesta en acción, me conmueve ver a Cristo pasar junto a mí, escupido, abofeteado, triturado, crucificado... Y siempre me hago la misma pregunta: ¿por qué,  Señor, por qué fue necesario tanto dolor, tanto sufrimiento, tanto escarnio..., hasta la misma muerte?; ¿no podía haber escogido el Padre otro camino menos duro para nuestra salvación? Y ésta es la respuesta que Juan, testigo presencial del misterio, nos da a todos: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna” (Jn 3,16). No le entra en la cabeza que Dios ame así al hombre hasta ese extremo, porque este “entregó” tiene cierto sabor de “traicionó o abandonó”.    

       S. Pablo, que no fue testigo histórico del sufrimiento de Cristo, pero que lo vivió y sintió en su oración personal, contemplando el misterio de Cristo crucificado,  admirado, llegará a decir: “No quiero saber más que de mi Cristo y éste crucificado...”.

 Y es, para Pablo como para Juan, el misterio de Cristo, enviado por el Padre para abrirnos las puertas de la eternidad,  es un misterio que le habla tan claramente de la predilección de amor de Dios por el hombre, de este misterio escondido por los siglos en el corazón de Dios Trinidad y revelado en la plenitud de los tiempos por la Palabra hecha carne y triturada, especialmente en su pasión y muerte, que le hace exclamar: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi; y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe del Hijo de Dios, que me amó hasta  entregarse por mí" (Gal 2, 19-20). 

Realmente, en el momento cumbre de la vida de Cristo, esta realidad de crudeza impresionante es percibida por Pablo como plenitud de amor y obediencia de adoración al Padre, en entrega total, con amor extremo, hasta dar la vida.  Al contemplar así a Cristo abandonado, doliente y torturado,  no puede menos de exclamar: “Me amó y se entregó por mí”.

Queridos hermanos, qué será el hombre, qué encerrará  en su realidad para el mismo Dios que lo crea... qué seré yo, qué serás tú, y todos los hombres, pero qué será el hombre para Dios, que no le abandona ni caído y no le deja postrado en su muerte y separación y voluntad pecadora, sino que entrega la persona del Hijo en su humanidad finita “para que no perezca ninguno de los que creen el Él”. Yo creo que Dios se ha pasado de amor con los hombres: “Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nuestros pecados” (Rom 5,8). 

Porque  ¿donde está la justicia? No me digáis que Dios fue justo. Los ángeles se pueden quejar, si pudieran, de injusticia ante Dios. Bueno, no sabemos todo lo que Dios  Padre hizo por salvarlos, porque sabemos que Dios es Amor, nos dice san Juan, su esencia es amar y si dejara de amar, dejaría de existir; y con su criatura, el hombre, esencialmente finito y deficitario,  Dios es siempre Amor misericordioso, por ser amor siempre gratuito, ya que el hombre no puede darle nada que Él no tenga, sólo podemos darle nuestro amor y confianza total. Hermanos, confiemos siempre y por encima de todo en el amor misericordioso de Dios Padre por el Hijo, el Cristo de la misericordia: Santa Faustina Kowalska.

Porque este Dios tiene y ha manifestado una predilección especial por su criatura el hombre. Cayó el ángel, cayó el hombre. Para el hombre hubo un redentor, su propio Hijo, hecho hombre; para el ángel no hubo Hijo redentor, Hijo hecho ángel. ¿Por qué para nosotros sí y para ellos no? ¿Dónde está la igualdad, qué ocurre aquí...? es el misterio de predilección de amor de Dios por el hombre. “Tanto amó Dios al mundo...¡Qué gran Padre tenemos, Abba, cómo te quiere tu Padre Dios, querido hermano!

 Por esto, Cristo crucificado es la máxima expresión del Amor del Padre a los hombres en el Hijo, y del  Amor del Hijo al Padre por los hombres en el mismo Amor de Espíritu Santo: “nadie ama más que aquel que da la vida por los amigos”; y  el Padre la dio en la humanidad del Hijo, con la potencia de su mismo Espíritu, Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre por todos nosotros,  en la soledad y muerte de la humanidad asumida por el Hijo, Palabra y Canción de Amor revelada por el Padre en la que nos ha cantado todo su proyecto de Amor, en su humanidad triturada en la cruz y hecha pan de Eucaristía con Amor de Espíritu Santo, por la que somos introducidos en la esencia y Felicidad de Dios Trino y Uno, ya en la tierra.

Queridos hermanos, qué maravilloso es nuestro Dios. Creamos en Dios, amemos a Dios, confiemos en Él, es nuestro Padre, principio y fin de todo.  Dios existe, Dios existe y nos ama; Padre Dios, me alegro de que existas y seas tan grande, es la alegría más grande que tengo y que nos has revelado en tu Palabra hecha carne humana primero y pan de Eucaristía por la potencia de Amor de tu mismo Espíritu, triturada y resucitada toda entera para vida eterna de todos los hombres.

Este Dios  infinito, lleno de compasión y ternura por el hombre,  soñado en éxtasis eterno de amor y felicidad... Hermano, si tú existes, es que Dios te ama; si tú existes, es que Dios te ha soñado para una eternidad de gozo con Él, si tú existes es que has sido preferido entre millones y millones de seres posibles que no existirán, y se ha fijado en ti y ha pronunciado tu nombre para una eternidad de gozo hasta el punto que roto este primer proyecto de amor, nos ha recreado en el Hijo:“tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que  tengan vida eterna Él”,

¡Cristo Jesús, nosotros te queremos, nosotros creemos en Ti; Cristo Jesús, nosotros confiamos en Ti, Tú eres el Hijo de Dios encarnado, el único que puede salvarnos del tiempo, de la muerte y del pecado. Tú eres el único Salvador del mundo!

1. 5. PORQUE «…EN LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA SE CONTIENE TODO EL BIEN ESPIRITUAL DE LA IGLESIA, A SABER, CRISTO MISMO, nuestra pascua y pan vivo que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo» (PO 6).

       «...los otros sacramentos, así como todos los ministerios eclesiásticos y obras de apostolado, están íntimamente unidos a la Sagrada Eucaristía y a ella se ordenan». «Ninguna Comunidad cristiana se construye si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima Eucaristía, por la que debe, consiguientemente, comenzar toda educación en el espíritu de comunidad» (PO 5 y 6).

       Por todo ello y mil razones más, que no caben en libros sino sólo en el corazón de Dios, los católicos verdaderos, los que creen de verdad y viven su fe, adoramos, visitamos y celebramos los misterios de nuestra fe y salvación y nos encontramos con el mismo Cristo Jesús en la Eucaristía.

       Voy a poner algunos documentos más del Vaticano II para que nos demos cuenta que es centro y fundamento y fuente de toda la vida de la Iglesia y sin misa de Domingo no hay cristianismo, porque no hay Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación:

Rv 26: [...] la vida de la Iglesia se desarrolla por la participación asidua del misterio eucarístico...

M 6 c: [... la Iglesia,] como cuerpo del Verbo encarnado cI1.Ie es, se alimenta y vive de la Palabra de Dios y del Pan eucarístico.

M 39 a: [... presbíteros], por su propio ministerio—que consiste sobre todo en la Eucaristía, la cual perfecciona a la Iglesia—, comulgan con Cristo Cabeza y llevan a otros a la misma comunión...

Rv 21: La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.

VR 15 a: La vida común, a ejemplo de la Iglesia primitiva, [.1, nutrida por la doctrina evangélica, la sagrada liturgia y, señaladamente, por la Eucaristía, debe perseverar en la oración y en la comunión del mismo espíritu (cf. Act 2,42).

La Eucaristía, centro de los sacramentos y ministerios

P 5 b: [...] los otros sacramentos, as