GONZALO

APARICIO

SANCHEZ

D. Gonzalo Aparicio Sánchez es párroco de San Pedro en Plasencia, profesor de Teología Espíritual en el Instituto Teológico del Seminario y Canónigo Penitenciario de la S.I. Catedral.  Hizo sus estudios en el Seminario de Plasencia, donde fue ordenado sacerdote el 11 de junio del 1960. Después de ejercer como párroco de Robledillo de la Vera, en octubre del 1963 marchó a Roma donde estudió durante tres años consiguiendo los siguientes Títulos: Licenciado en Teología Pastoral, Doctor en Teología Dogmática, Diplomado en Teología Espiritual. Siendo párroco de S. Pedro en Plasencia y Canónigo Penitenciario de la S. I. Catedral, adquirió la Licenciatura en Teología Moral en Madrid. Su pasión desde siempre es la pastoral parroquial, donde cultiva grupos de hombres, mujeres, matrimonios y hasta niños de primera comunión, con el convencimiento de que la comunidad cristiana y humana debe ser fermentada por pequeños grupos semanales de Formación y Vida Cristiana, que se componen de tres partes principales: Escucha compartida y meditada de la Palabra de Dios por la meditación del evangelio de los domingos meditado y expuesto por cada uno/a de los grupos de hombres y mujeres, revisión personal de vida para la  conversión permanente: oración diaria, caridad fraterna y conversión de vida, terminando con la parte doctrinal y teológica de un libro meditado durante la semana por los miembros del grupo, que exponen para reflexión del grupo. D. Gonzalo, como fruto principal de su vida de oración y estudios así como de sus clases de Teología Espiritual en el Seminario y en sus grupos de parroquia ha publicado varios libros, preferentemente sobre la Oración y la Espiritualidad Eucarística y Sacerdotal para bien de todos.

PRÓLOGO (De uno de sus libros)

 

A principios del siglo XX, el Cardenal Mercier, entonces recién nombrado Arzobispo de Malinas (1908), sorprendió a toda la Diócesis invitando a los presbíteros a unos prolongados ejercicios espirituales dirigidos por él mismo. Más de cuatrocientos sacerdotes se congregaron durante cinco semanas para escuchar la voz de su Pastor y disponerse enardecidos a trabajar en su misión pastoral.

Se repitió esta experiencia varias veces a lo largo de su ministerio episcopal en aquella señera Iglesia de Bélgica, incluso en el verano de 1917, en plena guerra mundial. Rodeados por la miseria de todo tipo, el Pastor congregó a sus sacerdotes para infundir en ellos el aliento evangélico que los pudiera confortar, después de tantos dolores y angustias, y poder reconstruir en ellos a las comunidades de fieles destruidas por el horror, el caos y la muerte. Bien sabía él que para renovar al pueblo de Dios debía comenzar por sus pastores. Así lo manifiesta él en el hermoso libro La vida interior. Llamamiento a las almas sacerdotales. El Cardenal Mercier, como voz del Espíritu, ofrecía su gesto paterno y su palabra esperanzadora para revitalizar el corazón espiritual de sus hijos sacerdotes, y en ellos, el corazón espiritual de todos sus fieles.

A principios del siglo XXI, aparece la voz de otro pastor, —con minúsculas—, pero no por eso menos importante y audaz. Me refiero al sacerdote y amigo Gonzalo Aparicio Sánchez, que desde la cátedra de su ministerio parroquial en Plasencia, profesor del Seminario y la prolífica publicación de sus libros retoma el testigo de los grandes padres sacerdotales para reavivar las ascuas espirituales de los actuales presbíteros. Quien le conoce sabe que su mirada y deseo están fijos en el Señor; su pensamiento y palabra en los sacerdotes. Continúa, por tanto, con su tesón la corriente multisecular de la Iglesia que llama a la conciencia de los sacerdotes para no olvidar nunca la gracia recibida en la ordenación; cuidar paternalmente de su ministerio afectado, claro está, por el caminar histórico y la entrega encarnada; e insiste, una vez más, en la necesidad de no olvidar nunca que el centro y la clave de la vida sacerdotal es la identificación a Jesucristo, Siervo y Maestro, Sacerdote y Ofrenda, Palabra y Profeta, Cordero pascual y Buen Pastor. Bien sabe él, como el Cardenal Mercier, que para revitalizar espiritualmente a la Iglesia de hoy es necesario comenzar también sanando el corazón espiritual de los presbíteros.

Quien se adentre en las páginas de estos escritos espirituales, máxime si es sacerdote, descubrirá el fuego apostólico de los verdaderos discípulos del Señor.

 

Muchas gracias, Gonzalo.

 

Disfruta, querido lector.

 

                 Aurelio García Macías

 

(Rector del Seminario Mayor de Valladolid (2015)

(Hoy, 2021, Roma, Obispo-Subsecretario de la S.C. de Liturgia)

GONZALO APARICIO SANCHEZ

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