GONZALO APARICIO S&Aacute;NCHEZ B-I PARROQUIA DE SAN PEDRO. PLASENCIA. 1966-2018 GONZALO APARICIO S&Aacute;NCHEZ ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N B-I COMENTARIO A LAS LECTURAS Y EVANGELIOS DOMINICALES Y FESTIVOS PROLOGO Me ha sorprendido; pero a la vez me ha hecho ilusi&oacute;n, que mi compa&ntilde;ero y antiguo Coadjutor de Aldeanueva de la Vera, me pida que le prologue la publicaci&oacute;n de sus Homil&iacute;as del Ciclo B. Aunque no soy escritor, espero que el Se&ntilde;or me ayude a poner mi coraz&oacute;n en este escrito, que para m&iacute; es una deuda de amistad y gratitud con mi coadjutor tan paciente, D. Gonzalo Aparicio S&aacute;nchez. No dudo de la eficacia que estas homil&iacute;as van a producir en la mente y el coraz&oacute;n de todos los que las meditemos y oremos. Le conozco muy bien y ellas son fruto de una intensa y prolongada oraci&oacute;n del autor, como tambi&eacute;n de un intenso y prologado estudio de los textos b&iacute;blicos que las dan base. Las lecturas del Antiguo Testamento, las cartas de San Pablo y el corto Evangelio de San Marcos que condensa la predicaci&oacute;n del Ap&oacute;stol San Pedro, que es el titular de la Parroquia, que en Plasencia regenta Gonzalo, van a calar muy dentro de nuestras almas, pues el autor nos va transmitir no solo lo que &eacute;l escribe y dice, sino tambi&eacute;n lo que convencid&iacute;simo vive y testimonia. Sin duda viviremos con &eacute;l en el tiempo de Adviento y Navidad la esperanza y la alegr&iacute;a del Mes&iacute;as que esperamos y que nos ha venido ya. En Cuaresma y Tiempo de Pasi&oacute;n nos mover&aacute; a un sosegado reconocimiento de nuestros pecados, al arrepentimiento de ellos y a la gratitud al Dios, que entreg&oacute; su Hijo por nosotros y al Hijo, que como Hermano Mayor, da la vida por sus hermanos. Ni que decir tiene que el Jueves Santo, Gonzalo nos har&aacute; amar m&aacute;s la Eucarist&iacute;a y el Sacerdocio, que son las dos Verdades, que Gonzalo vive hasta la locura. En la Cincuentena Pascual nos har&aacute; sentir la gozosa noticia de que Aquel, que muriendo por nosotros el Viernes Santo, vive ya entre nosotros, Resucitado, y nos da la esperanza de que tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. En Pentecost&eacute;s nos dir&aacute; que no olvidemos al Dulce Hu&eacute;sped de nuestras almas, que sigue la obra de Jes&uacute;s en su Iglesia; no omitir&aacute; hablarnos con fervor de la labor de la Madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen Mar&iacute;a, la llena de Gracia, la &laquo;hermosa Nazaretana y Virgen bella&raquo;, como &eacute;l siempre la llama; es la mejor ayuda para nuestra santificaci&oacute;n y salvaci&oacute;n. En los domingos del Tiempo Ordinario, con maestr&iacute;a, nos har&aacute; ver cada domingo alguna ense&ntilde;anza del Maestro, que nos vaya ayudando a ser santos como Nuestro Padre Celestial es Santo. Esto es lo que espero y pido a Dios que sea para todos la Publicaci&oacute;n de las Homil&iacute;as del Ciclo B de nuestro querido amigo GONZALO. VALENT&Iacute;N DE LA FUENTE FUERTES Sacerdote Jubilado, de 76 A&ntilde;os de edad y 53de Sacerdocio, con el que trabaj&eacute; como Coadjutor en Aldeanueva de la Vera, a&ntilde;os1960-1962. INTRODUCCI&Oacute;N Jesucristo es la PALABRA DE DIOS, en la que el Padre se dice a S&iacute; mismo total y eternamente en plenitud de Ser, Verdad y Amor. Y esta misma PALABRA la pronuncia para nosotros en carne humana, con palabras y hechos salvadores para todos los hombres, por la potencia y fuego de su mismo Esp&iacute;ritu de Amor, que es el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;En el principio exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron&hellip;La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo&hellip;, a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre&hellip;&rdquo; (Jn 1, 1-5, 9, 12). Jesucristo, el Hijo de Dios, es, por tanto, la &Uacute;nica Palabra Salvadora para este mundo. Y hay que escucharla. Porque a este mundo no le salvan los pol&iacute;ticos, ni los cient&iacute;ficos, ni los antrop&oacute;logos, ni los sic&oacute;logos ni los economistas&hellip; este mundo s&oacute;lo tiene un Salvador, es Jesucristo: &Uacute;nica Palabra y proyecto de salvaci&oacute;n del Dios Uno y Trino y no hay m&aacute;s proyectos salvadores. S&oacute;lo &Eacute;l es el Camino de venida y de ida a Dios, y solo &Eacute;l tiene la formula y la clave del hombre y de su plan de encuentro eterno con Dios. &laquo;En efecto, en la liturgia Dios habla a su pueblo: Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oraci&oacute;n&raquo; (SC 33). Por favor, interpretemos correctamente estos verbos: &laquo;Dios habla a su pueblo&raquo; &laquo;Cristo sigue anunciando el Evangelio&raquo; en tiempo presente, tal como la Iglesia nos lo ense&ntilde;a. No es que Dios habl&oacute; o Cristo anunci&oacute;; sino que Dios habla ahora a su pueblo y Cristo sigue anunciando ahora el Evangelio por la humanidad supletoria de otros hombres que lo hacen presente sacramentalmente. &laquo;Cristo est&aacute; presente en su Iglesia, sobre todo en la acci&oacute;n lit&uacute;rgica&rdquo; (SC 7). Y refiri&eacute;ndose a la lectura de la Palabra, lo expresa claramente: &laquo;Cristo est&aacute; presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es &Eacute;l quien habla&rdquo; (SC 7). &laquo;As&iacute; el Esp&iacute;ritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena, hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo (cfr. Col 3,16)&rdquo; (DV 8). Subrayemos la presencia actual y santificadora de la Palabra en los mismos t&eacute;rminos del texto: &laquo;voz viva del Evangelio&raquo; &laquo;verdad plena&raquo; &laquo;habite intensamente la Palabra de Cristo&raquo;. Y todo esto hace que &laquo;las riquezas van pasando a la pr&aacute;ctica y a la vida de la Iglesia, que cree y ora&hellip;&raquo; (Ibid). Se quiere dejar bien claro que la predicaci&oacute;n no es solo para escuchar, sino que debe llegar a la vida de los creyentes, &laquo;a la vida de la Iglesia&raquo;. LA HOMIL&Iacute;A Es una parte importante de la Liturgia de la Palabra, que expone, &laquo;a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana&raquo; (SC 52). La homil&iacute;a se compone, por tanto, de tres elementos principales: -- Explicaci&oacute;n de los textos sagrados y de la doctrina revelada. -- Iluminaci&oacute;n, desde esta explicaci&oacute;n, de las necesidades particulares de los oyentes. -- La homil&iacute;a conduce a los fieles a penetrar en la liturgia sacramental del misterio que se celebra para que sea un encuentro sacramental con Cristo, que act&uacute;a en la liturgia de la Palabra y del Sacramento. Como tratamos de homil&iacute;as festivas y dominicales, conviene tener presente la relaci&oacute;n &iacute;ntima que existe entre la palabra y el sacramento en la misma Eucarist&iacute;a: &laquo;Las dos partes de que de alguna manera consta la Misa, a saber: la liturgia de la Palabra y la Eucarist&iacute;a, est&aacute;n tan &iacute;ntimamente unidas, que constituyen un solo acto de culto&raquo; (SC 56). &laquo;Por tanto, los fieles, al escuchar la Palabra de Dios, comprendan que las maravillas que le son anunciadas tienen su punto culminante en el misterio pascual, cuyo memorial es celebrado sacramentalmente en la Misa. De este modo, escuchando la Palabra de Dios y alimentados por ella, los fieles son introducidos en la acci&oacute;n de gracias a una participaci&oacute;n fructuosa de los misterios de salvaci&oacute;n. As&iacute; la Iglesia se nutre del pan de la vida tanto en la mesa de la Palabra de Dios como en la del Cuerpo de Cristo&raquo; (EM 10). En las Eucarist&iacute;as dominicales y de festivos la liturgia de la Palabra consta ordinariamente de tres lecturas: la primera del Antiguo Testamento, casi siempre en relaci&oacute;n con el Evangelio; la segunda, tomada de los escritos de los Ap&oacute;stoles, casi siempre de las Cartas, y, finalmente, la tercera, de los Evangelios. En la introducci&oacute;n a las lecturas del Misal he seguido especialmente a ACHILE DEGEEST, LA PALABRA DE DIOS, Ed. Mensajero, Bilbao. En la primera ma&ntilde;ana de Pascua, el Resucitado se hace presente a los dos que se dirigen desanimados hacia Ema&uacute;s. La forma con la que el Se&ntilde;or procede se convierte en norma para la comunidad apost&oacute;lica: &ldquo;Comenzando por Mois&eacute;s y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a &Eacute;l se refer&iacute;a en todas las Escrituras&rdquo; (Lc 24,27). De esta manera les descubre su presencia en el Antiguo Testamento y as&iacute; qued&oacute; establecido en la Tradici&oacute;n Apost&oacute;lica. Y aqu&iacute; es donde entra de lleno la realidad y necesidad de la homil&iacute;a, que debe servir fielmente a esta din&aacute;mica de la Palabra de Dios. Su ministerio es de pura mediaci&oacute;n. Por eso el Concilio le pide al predicador que &laquo;escuche por dentro&raquo; (DV 25) la palabra para que no sea un predicador vac&iacute;o. Necesitar&aacute;, por tanto, la lectura y el estudio, pero, sobre todo, la contemplaci&oacute;n, porque la palabra tiene que plantarse primero y fructificar en el coraz&oacute;n del que ha de sembrarla en los dem&aacute;s. No puede comprenderla, actualizarla y comunicarla si no la vive, si no la medita. Cuando el pastor encarna la palabra, la actualizaci&oacute;n, la siembra y la siega van muy unidas. PALABRA Y PROFETISMO Hoy hacen falta profetas, al estilo de Cristo, que nos prediquen y pronuncien claro y fuerte su Palabra salvadora. Porque no se trata de hablar, de predicar, sino de hablar y predicar la Verdad de Cristo y de su Evangelio. Sobran profetas profesionales y palaciegos, que buscan m&aacute;s agradar a los hombres que a Dios, que no hablan en nombre del Cristo que les env&iacute;a, sino en nombre propio, tratando de agradar a los que les escuchan. Todos tememos la cr&iacute;tica, la incomprensi&oacute;n, la muerte de nuestra fama. Pero hoy necesitamos esta fuerza del Esp&iacute;ritu de Cristo para hablar claro como &Eacute;l: &ldquo;Maestro, sabemos que eres sincero y que ense&ntilde;as el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie porque no te fijas en las apariencias&rdquo; (Mt 22, 16 ). S&oacute;lo en cristiano se puede ser profeta si uno mira a Cristo y est&aacute; dominado por su mismo Esp&iacute;ritu, Esp&iacute;ritu Santo de Verdad, que nos hace valientes en confesar su Evangelio, porque con su potencia nos hace humildes, libres interior y exteriormente, y con &Eacute;l no buscamos nada, no tememos nada, s&oacute;lo decir la Verdad, predicar a Cristo. La Didaj&eacute; afirma que &laquo;el profeta que busca dinero es falso profeta&raquo;, es decir, no es verdadero profeta de Cristo quien se va buscando a s&iacute; mismo m&aacute;s que la verdad de Cristo, quien busca aplausos, agradar a los hombres, escalar, quien no quiere vivir <el esc&aacute;ndalo de la cruz> y por eso calla o disimula el mensaje o le quita las aristas que duelen y acusan. Para ser profeta verdadero, ap&oacute;stol verdadero, para vivir el mensaje del Evangelio y predicarlo, hay que estar dispuestos a pisar las mismas huellas de Cristo, a morir abandonado por los propios amigos o perseguido por los que son se&ntilde;alados por el mensaje de Dios. Y la verdad predicada y vivida es la &uacute;nica que nos lleva a la religi&oacute;n verdadera, al Dios verdadero, al predicado por Cristo, al Cristo verdadero, que existe y es verdad; no al que cada uno nos inventamos a la medida de nuestras mediocridades y cobard&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute; no soy un profeta verdadero? &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer para ser un profeta convencido? Ser santo, vivir totalmente el mensaje, comer y asimilar totalmente la Palabra: &ldquo;El que me come vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo; (Jn 6, 57). Sin esta identificaci&oacute;n, sin esta comuni&oacute;n de sentimientos con Cristo, la Palabra llega muy empobrecida al predicador que tiene que transmitirla, y, consiguientemente, al oyente, que tiene que escucharla. Este libro de la Palabra hay que comerlo para comprenderlo, como Ezequiel: &laquo;Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel. Yo abr&iacute; mi boca y &Eacute;l me hizo comer el rollo y me dijo: &laquo;Hijo de hombre, alim&eacute;ntate y s&aacute;ciate de este rollo que yo te doy.&raquo; Lo com&iacute; y fue en mi boca dulce como la miel&raquo; (Ez 3,1-3). La vivencia m&iacute;stica conoce por experiencia, por amor, vivi&eacute;ndola en su coraz&oacute;n lo que otros conocen s&oacute;lo por inteligencia, con un conocimiento fr&iacute;o, te&oacute;rico, sin vida; el que quiera conocer la Palabra para predicarla, el predicador, el profeta verdadero tiene que arrodillarse primero, ha de leer &ldquo;y comerse el rollo&rdquo; de la palabra, y cuando le queme el coraz&oacute;n, entonces puede predicarla. Y los que la escuchen ser&aacute;n incendiados en la escucha, los quemar&aacute; el coraz&oacute;n y la vida. LA RESPUESTA A LA PALABRA Cuando decimos s&iacute; a la Palabra, pero luego pecamos y nos alejamos por un no pr&aacute;ctico y real, no pasa nada, absolutamente nada, si nos levantamos y vivimos en conversi&oacute;n permanente, porque nuestra actitud sigue siendo s&iacute;. Si permanecemos as&iacute; toda la vida, la Palabra sigue siendo siempre eficaz y necesitamos el mensaje, porque alimenta esta conversi&oacute;n permanente hacia Dios, queriendo amarle sobre todas las cosas. Y, viviendo en esta actitud, la gracia y la ayuda de Dios nos ir&aacute; transformando por su fortaleza. Cuando tratamos de vivir la Palabra, aunque pequemos y caigamos, no pasa nada, &ldquo;porque el esp&iacute;ritu est&aacute; pronto, pero la carne es d&eacute;bil&rdquo; (Mt 26, 41). Pero si me instalo y no me levanto y permanezco sin esforzarme en vivir la Palabra, entonces me he inutilizado para la escucha, digo, no, con mi actitud y mi vida a la Palabra y estoy edificando sobre arena movediza, no sobre roca; aunque parezca piedra, ser&aacute; imitaci&oacute;n piedra. Lo dice el Se&ntilde;or: &ldquo;Todo el que oye mis palabras y no las pone en pr&aacute;ctica, se parece a un hombre que construy&oacute; su casa sobre arena; vinieron las lluvias, vinieron los vientos y se la llevaron&hellip;&rdquo; (Mt 7, 27). LA PALABRA es una persona, es JESUCRISTO, su vida y su obra, sus dichos y hechos salvadores. Y Jesucristo es un mensaje, que no son un sistema de verdades encerradas en s&iacute; mismas, es un mensaje personal o una persona mensajera que nos trae y nos lleva a las Tres Persona de la Sant&iacute;sima Trinidad, principio y fin de todo, tiempo, eternidad, mensaje y final de la Historia de Salvaci&oacute;n. Hoy muchos han reducido la predicaci&oacute;n de la Palabra a la exposici&oacute;n <homil&eacute;tica> de un conjunto de verdades encerradas en s&iacute; mismas o de un c&oacute;digo moral sin relaci&oacute;n a Jesucristo o de un sistema de verdades religiosas que nos instruyen igual que los sistemas filos&oacute;ficos; pero no nos llevan al encuentro y vivencia de una Persona, la &Uacute;nica que da sentido al hombre, a la existencia y vida humana, al matrimonio y a la familia, la &uacute;nica que puede salvar este mundo: Jesucristo. El sistema acepta y explica la realidad, el mensaje la asume y quiere transformarla: es historia de Salvaci&oacute;n. El marxismo es un mensaje, el cristianismo es un mensaje, porque los dos hablan y trabajan para transformar la realidad; los dos predican una revoluci&oacute;n para conseguirlo: uno, la del odio y lucha de clases; el cristianismo, la vida y la palabra de Jes&uacute;s de Nazareth. &Eacute;sta es la originalidad del Evangelio, del cristianismo, es un mensaje de salvaci&oacute;n que se dice y se hace en una persona, Jesucristo; esta persona se hace presente por la Palabra y sobre todo, por la Eucarist&iacute;a, que hace presentes todas las palabras, sentimientos, actitudes y hechos salvadores de Cristo, especialmente su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, de forma sacramental. CICLO LIT&Uacute;RGICO Es ya conocida por todos la distribuci&oacute;n de las Lecturas de la Sagrada Escritura en un ciclo de tres a&ntilde;os, que designamos ciclo A, B y C, que forman una unidad de toda la Revelaci&oacute;n. Cada uno de los tres a&ntilde;os lit&uacute;rgicos tiene un ritmo teol&oacute;gico particular, que se manifiesta en los Evangelios de los domingos durante el a&ntilde;o. El a&ntilde;o lit&uacute;rgico A sigue el Evangelio seg&uacute;n San Mateo; el B expone el Evangelio seg&uacute;n San Marcos, y en el ciclo C leemos el Evangelio seg&uacute;n San Lucas, quedando San Juan para los tiempos de Navidad, Cuaresma y Pascua. Porque la Sagrada Escritura como &laquo;ha de ser le&iacute;da e interpretada con el mismo esp&iacute;ritu con que fue escrita para llegar a penetrar con exactitud el verdadero sentido de los textos sagrados, hay que tener en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, sin olvidar la Tradici&oacute;n viviente de toda la Iglesia y la analog&iacute;a de la fe&raquo; (DV 12). De esta forma, &laquo;en el c&iacute;rculo del a&ntilde;o desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnaci&oacute;n y la Navidad hasta la Ascensi&oacute;n, Pentecost&eacute;s y la expectativa de dicha esperanza y venida del Se&ntilde;or&raquo; (SC 102). La raz&oacute;n es conocer todo el proyecto de Dios a trav&eacute;s de la Historia de la Salvaci&oacute;n. Dice el Vaticano II: &laquo;Quiso Dios en su bondad y sabidur&iacute;a revelarse a s&iacute; mismo y manifestar el misterio de su voluntad por medio de Cristo&hellip; En esta revelaci&oacute;n, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos, para invitarlos y recibirlos en su compa&ntilde;&iacute;a&raquo; (DV 2). Dios se revel&oacute; primero y nos revel&oacute; a su Hijo como Palabra creadora del mundo y de los hombres: &ldquo;Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe&rdquo; (Jn 1, 3). Y todo fue por amor: &ldquo;porque Dios es amor&rdquo;, no exist&iacute;a nada, s&oacute;lo Dios, y Dios, entrando dentro de s&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de Vida, de Amor, de Felicidad quiso crear a otros seres para hacerlos part&iacute;cipes de su mismo gozo Esencial y Personal: &ldquo;En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute;&hellip;&rdquo; (1Jn 4, 10) primero, a&ntilde;ade la l&oacute;gica del sentido. Destrozado este primer proyecto de Dios, el Consejo Trinitario pens&oacute; y realiz&oacute; por el Hijo el segundo, mucho m&aacute;s maravilloso, que hace blasfemar a la Liturgia de la Semana Santa: &laquo;Oh felix culpa&raquo;, oh feliz pecado&hellip;&iquest;C&oacute;mo llamar feliz y dichoso al pecado? Pues porque el pecado hizo que Dios nos expresara m&aacute;s infinitamente su amor y su ternura por el hombre, por su Hijo Amado: &ldquo;&hellip; porque Dios es Amor. En esto se manifest&oacute; el amor que Dios nos tiene: en que Dios envi&oacute; al mundo a su Hijo &uacute;nico para que vivamos por medio de &Eacute;l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4, 8. 10). Y Cristo se encarn&oacute; y se hizo Palabra reveladora del proyecto de Dios Amor, con sus hechos y dichos salvadores: &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros&rdquo; (Jn 1, 14). &iquest;Por qu&eacute; muri&oacute; Cristo? &iquest;Por qu&eacute; le condenaron a muerte? Por predicar la Verdad del Padre sobre el hombre y por predicar y realizar el proyecto salvador de nuestro Dios Trino y Uno: &ldquo;que somos hijos de Dios y, si hijos, tambi&eacute;n herederos, coherederos con Cristo&rdquo;. Muri&oacute; por predicar y querer establecer el reino de Dios en el mundo; el reino de Dios es que Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todos los &iacute;dolos: el <yo>, el dinero, el sexo&hellip;; todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa grande, muy grande, de hermanos, donde todos se sienten, pero especialmente los que nunca son invitados por el mundo: los pobres, los tristes, los que sufren, los deprimidos, los que nos piden tiempo, humildad, paciencia, afecto, porque lo necesitan y no pueden devolvernos nada a cambio, porque son as&iacute; de pobres; por eso el mundo no los invita nunca a su mesa, y nosotros tenemos que hacerlo por Dios, porque Dios quiere y porque solamente &Eacute;l puede amar as&iacute; y darnos la fuerza para amar de este modo. Por esto muri&oacute; Cristo, porque los poderosos de entonces y de siempre no aceptaron el proyecto del Padre sobre su reino, que empieza ya en la tierra y nosotros tenemos que predicarlo y vivirlo. Muri&oacute; Cristo por ser profeta verdadero que habla en nombre del Padre, sin enmudecer y sin tergiversar la verdad: &ldquo;&hellip;desde entonces decretaron darle muerte&hellip; los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban c&oacute;mo podr&iacute;an matarlo&hellip;&rdquo; (Mc 11, 18). USO DE ESTE LIBRO Damos material abundante para que cada uno tome las notas que prefiera y elabore sus homil&iacute;as. Mi intenci&oacute;n es esta: te ofrezco estas reflexiones; yo las suelo predicar as&iacute;, t&uacute; pred&iacute;calas como m&aacute;s te guste y sea tu estilo. El estilo es la persona. T&uacute; escoges las ideas y formas que m&aacute;s adecuadas te parezcan para el auditorio y circunstancias. Y en cuanto al tiempo, ya sabes que la gente no aguanta mucho. Deja algo para otro a&ntilde;o. Tambi&eacute;n ofrezco Retiros y Meditaciones para los tiempos fuertes del a&ntilde;o lit&uacute;rgico. Puedes comprobarlo r&aacute;pidamente por el &iacute;ndice del libro. Con todo afecto. Que seas un aut&eacute;ntico profeta de Cristo. TIEMPO DE ADVIENTO El tema central del Adviento es la espera del Se&ntilde;or, considerada bajo diversos aspectos. En primer lugar, la espera del Antiguo Testamento, encaminado hacia la venida del Mes&iacute;as prometido. De ella hablan las profec&iacute;as que la Liturgia presenta en estos d&iacute;as a la consideraci&oacute;n de los fieles para despertar en ellos aquel profundo deseo y anhelo de Dios, que vivi&oacute; todo el Antiguo Testamento, especialmente los profetas, que se encargaron, por parte de Dios, de mantener esta esperanza en el pueblo fiel. Una vez que vino el Mes&iacute;as prometido, Jesucristo, termin&oacute; el Antiguo y empieza el Nuevo Testamento, con la realizaci&oacute;n de las promesas; se han colmado todas las esperanzas. Y ahora, en esta etapa nueva que vive la Iglesia, debemos vivir y actuar en nuestro coraz&oacute;n y en nuestra vida cristiana esta venida, mientras la historia de la humanidad se dirige a la &uacute;ltima venida del Se&ntilde;or, a la parus&iacute;a, a la venida gloriosa de Cristo, al final de los tiempos. Y en esta perspectiva de la primera y segunda venida de Cristo debemos vivir este tiempo de Adviento; con esta visi&oacute;n deben ser escuchadas y meditadas las lecturas de estos d&iacute;as. Por eso, el tiempo de Adviento, con el que se inicia el nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico, presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparaci&oacute;n a la solemnidad de la Navidad, en la cual se conmemora la primera &ldquo;venida&rdquo; del Hijo de Dios, y por otra, mira y hace que nos preparemos para la segunda venida, al final de los tiempos. Debemos esperar al Se&ntilde;or en esta Navidad con los deseos y anhelos del Antiguo Testamento, y esta es a su vez la mejor forma de prepararse para su venida gloriosa al final de los tiempos. Por eso, el Adviento siempre debe ser espera confiada y segura de la salvaci&oacute;n de Dios y del cumplimiento de sus promesas primeras y &uacute;ltimas, con el nacimiento del Enviado del Padre. Toda nuestra vida cristiana debe ser una mirada continua a estos dos hechos del Adviento, que enmarcan y dan sentido pleno a nuestra existencia humana y cristiana: la Encarnaci&oacute;n, que nos salva, y la parus&iacute;a, que la lleva a su total cumplimiento. Y en ambos sentidos, siempre esperando al Se&ntilde;or, siempre en vigilia permanente con deseos de encuentro. La historia de la liturgia de Adviento manifiesta que la asamblea cristiana, al reunirse en este tiempo santo, celebra la venida de Jes&uacute;s en Bel&eacute;n, la presencia del Se&ntilde;or en su Iglesia, particularmente en las acciones lit&uacute;rgicas, y la venida definitiva del Rey de la gloria al final de los tiempos. Este hecho de la venida del Se&ntilde;or debe despertar en el cristiano una actitud personal de fe y vigilancia, para que se realice este encuentro personal, objeto principal de la pastoral del Adviento. Las primeras lecturas de los Profetas nos invitan a levantar la mirada hacia la salvaci&oacute;n que nos viene de Yahv&eacute; en cumplimiento de sus promesas. Las segundas lecturas de las Cartas Apost&oacute;licas m&aacute;s que de la venida, hablan de la presencia de Cristo en la Comunidad. Y los Evangelios dirigen la atenci&oacute;n hacia la venida escatol&oacute;gica y la venida hist&oacute;rica. Para preparar estas venidas necesitamos: -- Actitud de fe. Por la fe no solamente admitimos un n&uacute;mero determinado de verdades sino que llegamos al conocimiento de la presencia misteriosa del Se&ntilde;or en los sacramentos, en su palabra, en la asamblea cristiana y en los creyentes. Sensibilizar nuestra fe es llegar a descubrir a Cristo presente entre nosotros. La vigilancia no debe entenderse solamente como defensa del mal que nos acecha, sino espera confiada y gozosa del Dios que viene a salvarnos. La vigilancia es una actitud de fe que descubre el paso de Dios sobre nuestras vidas. De esta forma la fe nos lleva a vivir el Adviento en una actitud de esperanza. -- Actitud de esperanza. Esperar no es cruzarse de brazos y quedarse parado hasta que venga el Esperado. Es preparar el camino y prepararnos para salir a su encuentro, porque creemos que vendr&aacute; y porque creemos que &Eacute;l nos salvar&aacute;. Creemos primero y porque creemos esperamos, trabajamos, preparamos la casa, salimos al encuentro. La esperanza es una virtud din&aacute;mica. Dir&iacute;amos que es el cenit, la cima de la fe y del amor, porque si creemos y amamos no podemos quedarnos parados. C&oacute;mo decir que creo en Cristo y le amo y luego no salgo, no me preparo, no deseo el encuentro con &Eacute;l. Por eso, la esperanza del Adviento me lleva al amor. -- Actitud de amor. Pensar por las lecturas de este tiempo que Dios viene a mi encuentro, el Dios infinito que no necesita nada del hombre y que solo viene para llenarme de su plenitud, del sentido de la vida, de por qu&eacute; vivo y para qu&eacute; vivo&hellip; provoca en mi naturalmente amor hacia esa persona si creo en su misterio. Pensar como dijo Jes&uacute;s a Nicodemo: &ldquo;tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan la vida eterna&rdquo;, me lleva naturalmente a amarle y esperarle. Pero para eso, como estoy errado en el camino, necesito la conversi&oacute;n. -- Actitud de conversi&oacute;n. Por eso, para recibir a un Dios que se humilla y se abaja hasta este extremo: &iexcl;Cumbres abajo! &laquo;MONTES ET OMNES COLLES HUMILIABUNTUR; ET ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN VIAS PLANAS; VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;: Todos los montes y colinas ser&aacute;n allanados: Y lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso debe allanarse: Ven ya, Se&ntilde;or, no quieras tardar&rdquo;. Para recibir a este Dios que se hace Ni&ntilde;o y se humilla para llegar hasta nosotros&hellip; cumbres del orgullo y soberbia humana: &iexcl;abajo! &iexcl;Humillaos, rebajaos ante Dios y los hermanos&hellip; que as&iacute; nos viene el Dios infinito...! Por eso, al empezar los tiempos fuertes de la liturgia de la Iglesia, necesitamos retirarnos al desierto para hacer oraci&oacute;n m&aacute;s intensa, necesitamos un tiempo de retiro espiritual RETIRO DE ADVIENTO El retiro o desierto espiritual del Adviento es un tiempo m&aacute;s intenso de oraci&oacute;n, que lo podemos hacer en el Iglesia, en lugares o casas destinadas a la oraci&oacute;n o en la misma soledad de la naturaleza, solos o acompa&ntilde;ados. Para preparar esta venida del Se&ntilde;or, como hemos dicho, necesitamos retirarnos a la oraci&oacute;n, hacer un poco de desierto en nuestra vida. El Adviento es el recuerdo de aquel duro y largo adviento de siglos, desde Ad&aacute;n hasta la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, que estuvo invadido por el deseo y anhelo del Salvador prometido. Todo el Antiguo Testamento es espera ansiada del Mes&iacute;as. Y esto es lo que la Liturgia de estos d&iacute;as quiere suscitar en nosotros. &Eacute;sta es la primera actitud que debemos potenciar y alimentar en nosotros, por la lectura de los Profetas que nos hablan en este tiempo lit&uacute;rgico. El mundo actual no espera a Cristo, no siente necesidad de Cristo. Por eso, no siente necesidad de su venida. Y por eso precisamente lo necesita mucho m&aacute;s. El mundo actual tiene muchas esperas: espera ganar m&aacute;s dinero, conquistar la t&eacute;cnica, los medios de producci&oacute;n, vivir m&aacute;s a&ntilde;os, tener m&aacute;s y m&aacute;s cosas que le llenen y le hagan ser m&aacute;s feliz&hellip; todos tenemos muchas esperas, un n&uacute;mero ingente de deseos y anhelos; pero son muy pocos los que esperan al &uacute;nico que puede llenar todas estas ansias y salvar a este mundo: Jesucristo. La Navidad y el Adviento, incluso tambi&eacute;n para nosotros, los cristianos, &iquest;son realmente tiempo de gracia y de salvaci&oacute;n, o se han apoderado de ellos la multinacionales y las han convertido en tiempos de consumismo, de champ&aacute;n y turrones? Y los creyentes, los cristianos, &iquest;sentimos necesidad de Cristo, de su salvaci&oacute;n, de su presencia en nosotros, en nuestra juventud para que la oriente, en nuestra familia, en el mundo, para que le haga fraterno y habitable? &Eacute;sta es la primera actitud que quiere suscitar en nosotros este tiempo santo del Adviento. Por eso, qu&eacute; conveniente y necesario es este retiro, para prepararnos mejor as&iacute; a una celebraci&oacute;n cristiana de la Navidad, esperando a Cristo. _____________________ Canto de entrada VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR; VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. Vendr&aacute; el Se&ntilde;or con la aurora, &Eacute;l brillar&aacute; en la ma&ntilde;ana, pregonar&aacute; la verdad. Vendr&aacute; el Se&ntilde;or con su fuerza, &Eacute;l romper&aacute; las cadenas, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. &Eacute;l estar&aacute; a nuestro lado, &Eacute;l guiar&aacute; nuestros pasos, &Eacute;l nos dar&aacute; la Salvaci&oacute;n. Nos limpiar&aacute; del pecado, ya no seremos esclavos, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR; VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. Visitar&aacute; nuestras casas, nos llenar&aacute; de esperanza, &Eacute;l nos dar&aacute; la Salvaci&oacute;n. Compartir&aacute; nuestros cantos, todos seremos hermanos, El nos dar&aacute; la libertad. Caminar&aacute; con nosotros, nunca estaremos ya solos, &Eacute;l nos dar&aacute; la salvaci&oacute;n. &Eacute;l cumplir&aacute; la promesa, y llevar&aacute; nuestras penas, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR, VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. &ldquo;Mirad a vuestro Dios que viene en persona.... El desierto y el yermo se regocijar&aacute;n, se alegrar&aacute; el p&aacute;ramo y la estepa....&rdquo; (Is 35,1-2) DIOS M&Iacute;O, VEN EN MI AUXILIO, SE&Ntilde;OR, DATE PRISA EN SOCORRERME. Gloria al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo, Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Am&eacute;n. Salmo 62, 2-9 EL ALMA SEDIENTA DE DIOS (Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas). 1.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo, bendita t&uacute; entre todas las mujeres&raquo;. Salmo 64, 2-12 Oh Dios, t&uacute; eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma est&aacute; sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. &iexcl;C&oacute;mo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale m&aacute;s que la vida, te alabar&aacute;n mis labios. Toda mi vida te bendecir&eacute; y alzar&eacute; las manos invoc&aacute;ndote. Me saciar&eacute; como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabar&aacute;n jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con j&uacute;bilo; mi alma est&aacute; unida a ti, y tu diestra me sostiene. Gloria al Padre. 1.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo, bendita t&uacute; entre todas las mujeres&raquo;. 2.- Ant&iacute;fona: Los profetas anunciaron que el Salvador nacer&iacute;a de la Virgen Mar&iacute;a. Oh Dios, t&uacute; mereces un himno en Si&oacute;n, y a ti se te cumplen los votos, porque t&uacute; escuchas las s&uacute;plicas. A ti acude todo mortal, a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero t&uacute; los perdonas. Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; t&uacute;, esperanza del conf&iacute;n de la tierra y del oc&eacute;ano remoto. T&uacute;, que afianzas los montes con tu fuerza, ce&ntilde;ido de poder; t&uacute; que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos. Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y a las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de j&uacute;bilo. T&uacute; cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia del Se&ntilde;or va llena de agua, coronas el a&ntilde;o con tu bienes. Gloria al Padre. 2.- Ant&iacute;fona: Los profetas anunciaron que el Salvador nacer&iacute;a de la Virgen Mar&iacute;a. 3.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo; bendita t&uacute; entre las mujeres.&raquo; Abridme las puertas del triunfo, y entrar&eacute; para dar gracias al Se&ntilde;or. Esta es la puerta del Se&ntilde;or: los vencedores entrar&aacute;n por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvaci&oacute;n. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. es el Se&ntilde;or quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. &Eacute;ste es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or: sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo. Se&ntilde;or, danos la salvaci&oacute;n; Se&ntilde;or, danos prosperidad. Ordenad una procesi&oacute;n con ramos basta los &aacute;ngulos del altar. T&uacute; eres mi Dios, te doy gracias; Dios m&iacute;o, yo te ensalzo. Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia 3.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo; bendita t&uacute; entre las mujeres.&raquo; LECTURA BREVE (Is 45,8) Cielos, destilad el roc&iacute;o; nubes, derramad al Justo; &aacute;brase la tierra y brote la salvaci&oacute;n, y con ella germine la justicia. RESPONSORIO BREVE R. Sobre ti, Jerusal&eacute;n, * Amanecer&aacute; el Se&ntilde;or.// Sobre ti, V. Su gloria aparecer&aacute; sobre ti. *Amanecer&aacute; el Se&ntilde;or. Gloria al Padre. *Sobre ti. Benedictus, ant. &laquo;Aguardar&eacute; al Se&ntilde;or, mi salvador, y esperar&eacute; en &Eacute;l mientras se acerca. Aleluya&raquo;. Benedictus Lc 1, 68-79 El Mes&iacute;as y su Precursor Bendito sea el Se&ntilde;or, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscit&aacute;ndonos una fuerza de salvaci&oacute;n en la casa de David, su siervo, seg&uacute;n lo hab&iacute;a predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvaci&oacute;n que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que jur&oacute; a nuestro padre Abrah&aacute;n. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros d&iacute;as. Y a ti, ni&ntilde;o, te llamar&aacute;n profeta del Alt&iacute;simo, porque ir&aacute;s delante del Se&ntilde;or a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvaci&oacute;n, el perd&oacute;n de sus pecados. Por la entra&ntilde;able misericordia de nuestro Dios, nos visitar&aacute; el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre. Ant. &laquo;Aguardar&eacute; al Se&ntilde;or, mi salvador, y esperar&eacute; en &Eacute;l mientras se acerca. Aleluya&raquo;. PRECES Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabidur&iacute;a de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y dig&aacute;mosle: Qu&eacute;date junto a nosotros, Se&ntilde;or. Se&ntilde;or Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz, &mdash; haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre. T&uacute; que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros, &mdash; manifiesta tu rostro a todos los hombres. T&uacute; que est&aacute;s m&aacute;s cerca de nosotros que nosotros mismos, &mdash; fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvaci&oacute;n. T&uacute; que eres la fuente de toda santidad, &mdash; cons&eacute;rvanos santos y sin tacha hasta el d&iacute;a de tu venida. Padre nuestro. Oraci&oacute;n Se&ntilde;or, Dios todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, que va a nacer, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; gu&iacute;anos hasta &Eacute;l con sabidur&iacute;a divina para que podamos participar plenamente de su salvaci&oacute;n. Por Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n. Canto final LA VIRGEN SUE&Ntilde;A CAMINOS, est&aacute; a la espera; la Virgen sabe que el Ni&ntilde;o est&aacute; muy cerca. De Nazaret a Bel&eacute;n hay una senda; por ella van lo que creen en las promesas LOS QUE SO&Ntilde;&Aacute;IS Y ESPER&Aacute;IS LA BUENA NUEVA, ABRID LAS PUERTAS AL NI&Ntilde;O, QUE EST&Aacute; MUY CERCA. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L VIENE CON LA PAZ. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L TRAE LA VERDAD. EN ESTOS D&Iacute;AS DEL A&Ntilde;O, el pueblo espera, que venga pronto el Mes&iacute;as a nuestra tierra. En la ciudad de Bel&eacute;n, llama a las puertas, pregunta en las posadas y no hay respuesta. LOS QUE SO&Ntilde;&Aacute;IS Y ESPER&Aacute;IS LA BUENA NUEVA, ABRID LAS PUERTAS AL NI&Ntilde;O, QUE EST&Aacute; MUY CERCA. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L VIENE CON LA PAZ. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L TRAE LA VERDAD. PRIMERA MEDITACI&Oacute;N (Ver otras Meditaciones de Adviento en mis libros: ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N, ciclo A y C) CONTEMPLACI&Oacute;N DE ADVIENTO QUERIDOS HERMANOS: 1.- &laquo;PROPE EST JAM DOMINUS&raquo;; &laquo;JERUSALEM, GAUDE GAUDIO MAGNO, QUIA VENIET TIBI SALVATOR, ALLELUIA&raquo;: &laquo;El Se&ntilde;or est&aacute; ya cerca; al&eacute;grate, Jerusal&eacute;n, con gozo grande, porque vendr&aacute; a ti el Salvador, aleluya&raquo;: As&iacute; canta la Liturgia de estos d&iacute;as. As&iacute; quiere nuestra Madre la Iglesia que nos preparemos para recibir al Se&ntilde;or, que viene de nuevo para vivir con nosotros, los hombres del siglo XXI, su entrada salvadora en el mundo. La Iglesia quiere que todos nos preparemos para este encuentro; quiere que nadie falte a esta cita por falta de fe, de esperanza o de amor. Venid todos, mayores y peque&ntilde;os, de todos los colores y nacionalidades, y adoremos al Se&ntilde;or. Para eso celebra este tiempo del Adviento, de espera gozosa del Dios que viene a salvarnos. Esta es la gran esperanza de la Iglesia, de la Sant&iacute;sima Trinidad, que nos env&iacute;a lo que m&aacute;s quiere, nos env&iacute;a al Hijo Amado, para que le explique al hombre su nuevo proyecto, una re-creaci&oacute;n nueva, llena de amor infinito, que le recupere totalmente para Dios y lo saque del camino errado, de una vida sin sentido, alejada de la Salvaci&oacute;n, y lo lleve a la vida de plenitud de amistad divina y felicidad para la que fue creado. &laquo;VENIET DOMINUS ET NON TARDABIT, UT ILLIMINET ABSCONDITA TENEBRARUM, ET MANIFESTABIT SE AD OMNES GENTES, ALLELUIA&raquo;. &laquo;Vendr&aacute; el Se&ntilde;or y no tardar&aacute;, para iluminar lo escondido por las tinieblas y se manifestar&aacute; a todas las gentes, aleluya&raquo;. Llenos de alegr&iacute;a salgamos a recibirlo, pero debidamente preparados. Para eso, como nos dicen las Lecturas de estos d&iacute;as, debemos hacerlo: a) Rellenando baches; b) Allanando cumbres; c) Enderezando las veredas y caminos; d) Suavizando asperezas. 2.-Le sobran a la Iglesia deseos de que venga el Se&ntilde;or, de que llegue la hora, por tanto tiempo suspirada, de su nacimiento en el mundo y en cada uno de nosotros. Por eso cantamos continuamente en estos d&iacute;as, en eco que perdura desde los tiempos y la espera mesi&aacute;nica, manifestando nuestro deseo que venga a cada uno de nosotros el Enviado por el Padre para salvarnos: &laquo;RORATE, COELI DESUPER Y NUBES PLUANT JUSTUM: APERIATUR TERRA, ET GERMINET SALVATOREM&raquo; &laquo;Enviad, cielos, vuestro roc&iacute;o, y que las nubes lluevan al Justo: que se abra la tierra y germine el Salvador&raquo;. Pero el mismo pueblo de Dios, la misma Iglesia, al verse tan pobre y deficiente, tan llena de miserias, de pecados, de baches y desniveles por los pecados de sus hijos, a&ntilde;ade llorando: &laquo;No te enfades, Se&ntilde;or, no te acuerdes ya m&aacute;s de nuestras iniquidades. Mira que la Ciudad Santa ha quedado desierta, desierta est&aacute; Si&oacute;n, desolada Jerusal&eacute;n, la casa de tu santidad y de tu gloria, donde te alabaron nuestros padres. Rociad, Cielos, rociad. &iexcl;Oh nubes &iexcl; lloved al Santo. Hemos pecado y nos hemos hecho como inmundos gentiles y hemos ca&iacute;do como una hoja que arrebata el viento; nuestras maldades nos han arrastrado como a las hojas el vendaval y T&uacute;, Se&ntilde;or, nos has escondido tu rostro y nos has estrellado contra el poder de nuestros enemigos. Rociad, Cielos, rociad. Oh nubes, lloved al Santo&raquo;. Conmovido el Se&ntilde;or antes estos ruegos, levanta el &aacute;nimo de sus hijos ungidos de l&aacute;grimas, y les dice: &laquo;Consu&eacute;late, an&iacute;mate, pueblo m&iacute;o, ya se acerca tu salvaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; te consumes de tristeza? Ya que el dolor te lleg&oacute; a lo vivo, yo te salvar&eacute;; no temas, porque yo soy el Se&ntilde;or tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor&raquo;. 3.- &laquo;JUSTE Y PIE VIVAMUS, EXSPECTANTES BEATAM SPEM ET ADVENTUM DOMINI&raquo;. &laquo;Vivamos con santidad y justicia, esperando la dichosa espera y venida del Se&ntilde;or&raquo;. Con estas palabras, nos hace ver la Iglesia los desniveles, los desatinos, los desv&iacute;os que hemos tenido en este caminar a la casa del Padre; arrepint&aacute;monos sinceramente de nuestra vida pecadora, de vivir esta vida sin ilusiones de cielo, una vida llena de rutina y migajas de criaturas, y de tanto hacer y esperar y esperar sin esperar al &Uacute;nico que nos puede salvar de nuestras mediocridades y limitaciones, al Ni&ntilde;o que nos va a nacer, a este Cristo que nos trae la verdadera salvaci&oacute;n y dimensi&oacute;n del hombre, hecho para la hartura de la divinidad, y tan hambriento actualmente por tantas migajas de criaturas, que no llenan, sino que m&aacute;s bien nos producen y llenan de vac&iacute;os y faltas de sentido para vivir y trabajar con miradas de eternidad y trascendencia. Este Hijo del Padre, este Ni&ntilde;o viene para alimentar nuestra &uacute;nica esperanza, la de lo infinito, la del Dios, del Bien y de la Verdad y Felicidad y Plenitud Absolutas, porque &Eacute;l es la revelaci&oacute;n del amor invisible del Padre y naciendo y haci&eacute;ndose carne, hace sensible y corporal y presente la Benignidad y la Misericordia del Padre, del Dios Amor, que no puede dejar de amar al hombre porque su esencia es amar, es Trinidad, es Familia, es Abrazo, y si deja de amar, de ser familia divina, deja de existir. 4.- &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN V&Iacute;AS PLANAS: VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;. &laquo;Lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso se allanar&aacute;: Ven ya, Se&ntilde;or, y no quieras tardar&raquo;. A los pies de este Ni&ntilde;o que nos va a nacer, hasta los que no lo conocen, hasta sus enemigos, pensando en guerrillas y pa&iacute;ses no cristianos, deponen en estos d&iacute;as los odios y las armas. Al menos es una tregua. Quitemos del camino todo lo que obstaculice nuestro encuentro y abrazo con &Eacute;l. Porque la Navidad es, debe ser fundamente un encuentro de amor con el Dios Amigo. Poned flores de amor y comprensi&oacute;n y perd&oacute;n a los hermanos en el camino, poner alfombras de humildad y de conversi&oacute;n, que viene el Pr&iacute;ncipe de la Paz y no quiere otras alfombras en su carrera. Se ha abajado, se ha humillado. Imit&eacute;mosle. Nosotros lo alabamos y adoramos y le decimos llenos de gozo con San Pablo a los Efesios: &ldquo;Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. &Eacute;l nos eligi&oacute;, en la persona de Cristo, antes de la creaci&oacute;n del mundo, por pura iniciativa suya, para que fu&eacute;ramos santos y inmaculados en el amor para alabanza de su gloria. En &Eacute;l hemos obtenido, por medio de su sangre, la redenci&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados, seg&uacute;n la riqueza de su gracia, que ha prodigado sobre nosotros con toda sabidur&iacute;a e inteligencia, d&aacute;ndonos a conocer el Misterio de su voluntad, que por pura gracia, se propuso realizar en &Eacute;l en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que est&aacute; en los cielos y lo que est&aacute; en la tierra&rdquo; (Efe 1,3-12). 5.- !Ser&eacute;is como dioses! Dijo el maligno disfrazado de serpiente en el para&iacute;so a nuestros primeros padres Ad&aacute;n y Eva. Y arrojados del para&iacute;so de la amistad con Dios, -- que bajaba todas las tardes a hablar con el hombre, -- y haberse atrevido a comer del &aacute;rbol del bien y del mal, -- como seguimos haciendo muchas veces nosotros, -- esto es, por haber querido ellos hacer de dios y haber decidido, por insinuaci&oacute;n del maligno, cu&aacute;l es lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal, sin obedecer a Dios que es quien nos asegura lo bueno y lo malo, el Hijo, viendo entristecido al Padre, porque su plan y su amistad con el hombre se hab&iacute;a roto, se ofrece ante la Sant&iacute;sima Trinidad como ofrenda y sacrificio de salvaci&oacute;n para todos los hombres: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo; (Hebr 10,7 ). Y para recobrar la amistad perdida y superar las distancias entre Dios y los hombres, el Hijo se hace hombre y atraviesa todos los obst&aacute;culos y barreras entre el Creador y la criatura finita: &ldquo;Buscando mis amores, ir&eacute; por esos sotos y riberas, ni coger&eacute; las flores, ni temer&eacute; las fieras y pasar&eacute; los fuertes y fronteras&rdquo;. No viene en plan de turismo a la tierra, a recibir honores y alabanzas, sino todo lo contrario, tiene que sufrir pobreza y persecuci&oacute;n desde el primer momento, y luego, por no temer a las fieras, esto es, por ser profeta verdadero que dice la verdad y no teme la reacci&oacute;n de los que no quieren aceptar su persona y mensaje, los hombres acabar&aacute;n con &Eacute;l por predicar que Dios los ama y por exigir a Dios la obediencia perdida por Ad&aacute;n y Eva. Todo fue por amor loco y apasionado. Meditemos un poco, queridos hermanos, qu&eacute; le puede dar el hombre a Dios que &Eacute;l no tenga? , &iquest;Qu&eacute; puede necesitar Dios del hombre? &iquest;Qu&eacute; puede buscar Dios en el hombre que le haga m&aacute;s grande? El Dios infinito se hace hombre para hacernos m&aacute;s semejantes a &Eacute;l, para hacernos hijos suyos, para salvarnos a todos, para ser un amigo del hombre e introducirnos en su intimidad. Y se hace un ni&ntilde;o, se hace pobre, peque&ntilde;o, un paisano y aldeanito. Y el critiano, pesar de todas las Navidades, todav&iacute;a no ha comprendido todo el amor que hay en el Ni&ntilde;o que nos nace, por falta de silencio meditativo del misterio, que le haga mirar al Ni&ntilde;o que nos nace y le aumente su fe y amor en &Egrave;. &iexcl;Qu&eacute; ligereza de coraz&oacute;n, que superficialidad en la celebraci&oacute;n de los misterios del amor de Dios, qu&eacute; poca sensibilidad, qu&eacute; sensibles somos para todo lo nuestro, para nuestros afectos y desprecios, qu&eacute; poco sentimos los de Dios! C&oacute;mo hacemos y decimos cosas de Dios pero a veces nos aburre la contemplaci&oacute;n directa de Dios, el silencio y el desierto con Dios, el di&aacute;logo y encuentro de t&uacute; a t&uacute; con Dios, sin mediaciones de liturgias y acciones que llamamos apostolado&hellip; 6.- Por eso, para recibir a un Dios que se humilla y se abaja hasta este extremo: &iexcl;Cumbres abajo! &laquo;MONTES ET OMNES COLLES HUMILIABUNTUR: ET ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN VIAS PLANAS: VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;: Todos los montes y colinas ser&aacute;n allanados: Y lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso debe allanarse: Ven ya, Se&ntilde;or, no quieras tardar. Para recibir a este Dios que se hace Ni&ntilde;o y quiere humillarse para llegar hasta nosotros&hellip; cumbres del orgullo y soberbia humana, no se lo impidais &iexcl;abajo! Humillaos, rebajaos ante Dios y los hermanos&hellip; que as&iacute; nos viene el Dios infinito...! Cumbres, abajo! Frente a un Dios que nos nace ni&ntilde;o, necesitando de todos los cuidados de hombre y de infante, dice mal tanta soberbia de esp&iacute;ritu en nosotros que creemos ser m&aacute;s hombres en la medida en que creemos necesitar menos de los hombres y hasta del mismo Dios infinito, esto es, en la medida nuestras riquezas intelectuales, cargos, aspiraciones humanas, dineros, t&iacute;tulos y consumismos de todo tipo. Si Dios se abaja, el camino para encontrarnos con &Eacute;l siempre ser&aacute; la humildad, dejar tanto orgullo, que nos llena de nosotros mismos y nos vac&iacute;a de Dios y de su gracia, sin poder as&iacute; sentir la plenitud de la divino, de la fe, esperanza y caridad verdaderas, de la fuerza y presencia de Dios. El Camino, que el Hijo de Dios y Amigo de los hombres sigue para llegar hasta nosotros, es el que nosotros tenemos que emplear hasta subir hasta &Eacute;l, porque &Eacute;l es ese camino, &Eacute;l es &ldquo;el camino, la verdad y la vida&rdquo;. 7.- &laquo;DEUS HUMILIA RESPICIT ET ALTA A LONGE CONSPICIT&raquo;: &laquo;Dios se agacha hasta el hombre humilde y mira de lejos a los soberbios&raquo;; Dios se inclina desde la altura y se reclina en la carne humana para mirar de cerca y con cari&ntilde;o a los humildes, y se encumbra para mirar de lejos y con indignaci&oacute;n a los soberbios. &laquo;PROPE EST JAM DOMINUS, VENITE, ADOREMUS ET PROCEDAMUS ANTE EUM&raquo;: &laquo;El Se&ntilde;or ya est&aacute; cerca, venid, adoremosle y postr&eacute;monos ante &Eacute;l&raquo;. As&iacute; de rodillas, adoremos a Dios que ya se acerca. Pero si nosotros estamos de rodillas tambi&eacute;n deben estar nuestros criterios, nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestros afectos, toda nuestra vida; al fin y al cabo, la genuflexi&oacute;n es un gesto que manifiesta la disposici&oacute;n interna que tenemos dentro; al ponernos de rodillas, ponemos tambi&eacute;n de rodillas y en estado de adoraci&oacute;n toda nuestra vida, nuestro ser y existir, con todo lo que lleva consigo. Al ponernos de rodillas de verdad ante Dios, le decimos: Dios, Tu eres lo absoluto y lo primero de mi vida; quiero ponerlo todo de rodillas, a tus pies, adorarte, reconocerte como el amor primero y esencial de mi vida, queremos amarte con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro coraz&oacute;n, con toda nuestra alma; abajo todos los &iacute;dolos, todas las idolatr&iacute;as que nos esclavizan porque vivimos todo el d&iacute;a para ellas, estamos todos los momentos del d&iacute;a pensando en ellas y d&aacute;ndoles culto, t&aacute;nto culto a &iacute;dolos y al propio yo que nos vac&iacute;an de de ti, Dios santo, y nos impiden el amor y plenitud y vivir en amistad total y sentida contigo, nos vac&iacute;an del sentido verdadero en nuestro ser y existir. 8.- &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA&raquo;: &laquo;las v&iacute;as torcidas deber enderezarse&raquo;. Nuestras vidas deben coger la &uacute;nica vereda, la recta, que nos lleva a Dios, por el que fuimos y para el que fuimos creados: &laquo;Nos hiciste, Se&ntilde;or, para Ti, y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en Ti&raquo; (San Agust&iacute;n). Hablando de la vida humana cant&oacute; el poeta: &laquo;Nuestras vidas son los r&iacute;os que van a dar a la mar, que es el morir&raquo;: Y cantando de esta manera la vida, no s&oacute;lo reflejaba la brevedad de la vida; sino el final de todo los r&iacute;os de las vidas humanas en el oc&eacute;ano infinito y quieto de pura eternidad de ser y de vida de Dios. Como los r&iacute;os van rectos a la mar, que los llama con gemidos maternales, as&iacute; tambi&eacute;n nuestras vidas s&oacute;lo tienen una direcci&oacute;n y una desembocadura: un Dios Amor, Trino y Uno, Familia de Padre, de Hijo y de hijos en el Hijo en su mismo Amor-Esp&iacute;ritu Santo. Un Dios que nos espera porque hemos salido de El, que es Amor, porque hemos salido de su amor, &ldquo;... en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4, 7-11 verlo). Porque esto es la Navidad; esto es y significa la vida cristiana: Es un adviento continuo de encuentro de amistad con Dios, que est&aacute; viniendo continuamente en todos los acontecimientos de nuestra vida, porque nos am&oacute; &laquo;primero&raquo; y nosotros tenemos que responderle con el mismo Amor, con amor del Hijo Amado, del Verbo de Dios, que es su Esp&iacute;ritu Santo; tenemos que subir hasta &Eacute;l por el camino que ese Ni&ntilde;o que nos sale al encuentro, porque nos ama gratuitamente y quiere ser nuestro hermano, quiere hacernos y que seamos por &Eacute;l hijos en el Hijo Encarnado. Este ni&ntilde;o viene, en definitiva, porque quiere meternos con &Eacute;l en el seno del Padre, donde &Eacute;l es eternamente Hijo amado, con amor y ternura y fuego infinito de Esp&iacute;ritu Santo. 9.- Este adviento, esta espera de la Navidad es s&oacute;lo un paso m&aacute;s, pero necesario, hasta el encuentro definitivo. Por eso no podemos equivocarnos, ni coger caminos torcidos, ni ser soberbios y engre&iacute;dos, ni entretenemos con consumismos vanos, porque hay un Dios que nos est&aacute; esperando desde toda la eternidad: de ah&iacute; los evangelios que nos hablan estos d&iacute;as del adviento final, del d&iacute;a &uacute;ltimo, de la venida en gloria del Dios infinito para recoger a todos sus hijos; para eso, en definitiva viene y nace este Ni&ntilde;o, necesitado de cari&ntilde;o y de compa&ntilde;&iacute;a, que est&aacute;con los brazos tendidos, para provocar esta amistad y darnos su salvaci&oacute;n. Todo pecado, todo amor propio a uno mismo por la soberbia, avaricia, lujuria, ira&hellip;es rechazar y despreciar el abrazo de Dios, para recibirlo de las criaturas, de nosotros mismos, de preferirnos a nosotros mismo al abrazo de Dios. Y al no abrazar a Dios con nuestra vida, con nuestros criterios y actitudes, no podemos sentir l&oacute;gicamente ni experimentar que Dios existe y nos ama, que Dios viene en mi busca y &uacute;nicamente quiere decirme que se encarna por m&iacute;, y que si viene y hay Navidad es que Dios ama al hombre y no se olvida del hombre, quiere ense&ntilde;arme que Dios tiene un proyecto de eternidad bienaventurada para cada uno de nosotros en su misma esencia divina, que es su misma felicidad de Dios Trino y Uno. Y esto es verdaderamente la Navidad, y esto es lo que Dios busca y quiere para nosotros en el Hijo que nos env&iacute;a, y estos son los actos de fe y de amor y de esperanza verdaderos que tenemos que hacer y para esto es este tiempo santo de Adviento y no tengamos otros advientos y esperas que pueden hacer que no sea verdaderamente Navidad en nuestra vida. De este encuentro, de esta amistad, de esta Navidad y de este adviento nos alejamos nos alejamos siempre que no amamos a Dios sobre todas las cosas, siempre que nos preferimos a los dem&aacute;s y no queremos reconocer lo bueno y las cualidades y los derechos de los dem&aacute;s. !Qu&eacute; caminos y conductas tan tortuosas a veces en nuestras vidas! Todas las veces que Dios no deseado y buscado como lo primero en nuestra vida. 10.- Jes&uacute;s se encarna y nace entre nosotros porque &Eacute;l es el Camino recto hasta el Padre, y la Verdad completa, y la Puerta de entrada en la Sant&iacute;sima Trinidad, en la amistad con Dios, en la Salvaci&oacute;n eterna. Y me pregunto: &iquest;C&oacute;mo podremos llegar hasta &Eacute;l nosotros, si nuestras intenciones son torcidas y el coraz&oacute;n est&aacute; lleno de rencores, cuando nuestras miradas son indiferentes y nubladas, c&oacute;mo podremos salir a recibirle as&iacute;, sin cambiar un poco en esta Navidad, ensayo de la Navidad Eterna? &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA&raquo; Hay que rectificar y enderezar nuestros odios y rencores, porque con ellos en el alma, Cristo no puede nacer en nuestro coraz&oacute;n y no habr&aacute; Navidad; porque aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, en nuestro interior, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no habr&aacute; Navidad cristiana, sino pagana, esto es, navidad de champ&aacute;n y turrones. El Ni&ntilde;o que nos nace es el Pr&iacute;ncipe de la paz, del amor, de la caridad fraterna, del &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Queridos hermanos, seamos los top&oacute;grafos de nuestro propio coraz&oacute;n, de nuestra alma, de nuestro interior; descubramos las colinas y baches y caminos torcidos de nuestro coraz&oacute;n, que hay que enderezar; tiremos una l&iacute;nea recta hacia este Ni&ntilde;o, que es Dios que viene a nuestro encuentro, por el camino de la oraci&oacute;n, que es el primero y fundamental encuentro personal con &Eacute;l; por la v&iacute;a llana de la humildad, que rebaja nuestra soberbia; por el camino recto del perd&oacute;n que endereza el amor recto hasta los hermanos, por la vida de gracia del Amor y Ternura de Dios que viene a compartirla con el hombre. Por la oraci&oacute;n contemplativa descubrimos, se nos manifiesta, se nos descubre y se nos presenta el mismo Dios y vemos que Dios existe y es verdad. Y este Ni&ntilde;o es la prueba y la verdad del amor infinito del Dios que me am&oacute; primero, y por eso existo, si existe es que &Eacute;l me ama y me ha preferido a millones y millones de seres que no existir&aacute;n nunca y si existo es que &Eacute;l me ha destinado a compartir su misma felicidad eterna con &Eacute;l. Como top&oacute;grafos de nuestros caminos y carreteras para ir a Dios, no hay m&aacute;s Camino y Verdad y Vida que este Ni&ntilde;o; y como ya viene y le estamos esperando, porque estamos en tiempo de espera y de Adviento, -- a ver si resulta que estamos en Adviento, pero no vivimos el Adviento, no vivimos en la espera de Dios&hellip; enderecemos caminos, allanemos monta&ntilde;as, elevemos hundimientos, para que no haya impedimentos y tropiezos que impidan la venida del Se&ntilde;or hasta nosotros; perdonemos de coraz&oacute;n; sonriamos y perdamos tiempo con los inoportunos de turno; miremos con una sonrisa a la gente; acord&eacute;monos de los padres, los t&iacute;os ancianos y enfermos, los vecinos y, sobre todo, seamos amables con los que no pueden darnos nada, porque son pobres. 11.- En son de paz viene Jes&uacute;s. Paz al mundo y a los hombres cantan los &aacute;ngeles al nacer este Ni&ntilde;o; paz respiran los pastores y paz respiran todos los que le rodean. A los pies de este Ni&ntilde;o, que es el Pr&iacute;ncipe de la Paz, los mayores enemigos han depuesto las armas, y han suavizado sus asperezas. Hasta los que no le conocen palpan en la atm6sfera que en estos d&iacute;as debe reinar la paz, y cantan en las trincheras canciones de paz. Si as&iacute; se portan los que no esperan Cristo, los que no celebran el adviento cristiano, qu&eacute; debemos hacer nosotros, los que esperamos al Pr&iacute;ncipe de la paz, a nuestro Dios. Salgamos todos a esperarle, enlazando los brazos, pero sobre todo uniendo nuestros corazones. Se acaben, al menos en estas fiestas, los odios a&ntilde;ejos y las contiendas reprimidas. Son d&iacute;as de Amor, perd&oacute;n y de paz. 12.- &laquo;APERAS IN VIAS PLANAS&raquo;. Quitemos del camino los obst&aacute;culos que impiden este abrazo, este encuentro con Cristo, que m&iacute;sticamente vuelve a nacer para los hombres del siglo XXI. Poned flores de comprensi&oacute;n y perd&oacute;n en el camino, porque viene el Pr&iacute;ncipe de la Paz, del amor, y no quiere otra alfombra en su carrera. El grito &laquo;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo; pervive en el coraz&oacute;n de la Iglesia y atraviesa los siglos, a veces sereno y claro, como en un gran coro; otras veces blando y callado, aparentemente ahogado por el ruido del mundo y el estruendo de la historia universal; siempre empero, penetr&aacute;ndolo imperceptiblemente todo. Un d&iacute;a se lo cuenta a otro d&iacute;a, como reza el salmo, y una noche da a otra la noticia, entonces &laquo;se alegrar&aacute;n los cielos, la tierra saltar&aacute; de regocijo, los &aacute;rboles aplaudir&aacute;n a la venida del Se&ntilde;or, cuando venga a ser Rey, soberano del mundo&raquo;. SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N: 3. Dijo, pues, Mar&iacute;a al &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; Primero, sin duda, call&oacute; como prudente, cuando todav&iacute;a dudosa pensaba entre s&iacute; qu&eacute; salutaci&oacute;n ser&iacute;a &eacute;sta, queriendo m&aacute;s por su humildad no responder que temerariamente hablar lo que no sab&iacute;a. Pero ya confortada y habi&eacute;ndolo premeditado bien, habl&aacute;ndola a la verdad en lo exterior el &aacute;ngel, pero persuadi&eacute;ndola interiormente Dios (pues estaba con ella seg&uacute;n lo que dice el &aacute;ngel: &ldquo;El Se&ntilde;or es contigo&rdquo;); as&iacute;, pues, confortada, expeliendo sin duda la fe al temor, la alegr&iacute;a al empacho, le dijo al &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; No duda del hecho, pregunta acerca del modo y del orden; porque no pregunta si se har&aacute; esto, sino c&oacute;mo. Al modo que si dijera: sabiendo mi Se&ntilde;or que su esclava tiene hecho voto de no conocer var&oacute;n; &iquest;con qu&eacute; disposici&oacute;n, con qu&eacute; orden le agradar&aacute; que se haga esto? Si su Majestad ordena otra cosa y dispensa en este voto para tener tal Hijo, al&eacute;grome del Hijo que me da, mas du&eacute;leme de que se dispense en el voto; sin embargo, h&aacute;gase su voluntad en todo; pero, si he de concebir virgen y virgen tambi&eacute;n he de dar a luz, lo cual, ciertamente, si le agrada, no le es imposible, entonces verdaderamente conocer&eacute; que mir&oacute; la humildad de su esclava. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo, pues, se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; Y respondiendo el &aacute;ngel, le dijo: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la virtud del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Hab&iacute;a dicho antes que estaba llena de gracia; pues &iquest;c&oacute;mo dice ahora: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la virtud del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo; &iquest;Por ventura pod&iacute;a estar llena de gracia y no tener todav&iacute;a al Esp&iacute;ritu Santo, siendo &Eacute;l el dador de las gracias? Y si el Esp&iacute;ritu Santo estaba en ella, &iquest;c&oacute;mo todav&iacute;a se le vuelve a prometer como que vendr&aacute; sobre ella nuevamente? Por eso acaso no dijo absolutamente vendr&aacute; a ti, sino que a&ntilde;adi&oacute; sobre; porque, aunque a la verdad primero estuvo con Mar&iacute;a por su copiosa gracia, ahora se la anuncia que vendr&aacute; sobre ella por la m&aacute;s abundante plenitud de gracia que en ella ha de derramar. Pero, estando ya llena, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;a caber en ella aquello m&aacute;s? Y si todav&iacute;a puede caber m&aacute;s en ella, &iquest;c&oacute;mo se ha de entender que antes estaba llena de gracia? Acaso la primera gracia hab&iacute;a llenado solamente su alma, y la siguiente hab&iacute;a de llenar tambi&eacute;n su seno; a fin de que la plenitud de la Divinidad, que ya habitaba antes espiritualmente en ella, como en muchos de los santos, como en ninguno de los santos comenzase a habitar en ella tambi&eacute;n corporalmente. 8. O&iacute;ste, &iexcl;oh Virgen!, el hecho; o&iacute;ste el modo tambi&eacute;n; lo uno y lo otro es cosa maravillosa, lo uno y lo otro es cosa agradable. &ldquo;G&oacute;zate, hija de Si&oacute;n; al&eacute;grate, hija de Jerusal&eacute;n&rdquo;. Y pues a tus o&iacute;dos ha dado el Se&ntilde;or gozo y alegr&iacute;a, oigamos nosotros de tu boca la respuesta de alegr&iacute;a que deseamos para que con ella entre la alegr&iacute;a y el gozo en nuestros huesos afligidos y humillados. O&iacute;ste, vuelvo a decir, el hecho, y lo cre&iacute;ste; cree lo que o&iacute;ste tambi&eacute;n acerca del modo. O&iacute;ste que concebir&aacute;s y dar&aacute;s a luz a un hijo; o&iacute;ste que no ser&aacute; por obra de var&oacute;n, sino por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Mira que el &aacute;ngel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Se&ntilde;or que le envi&oacute;. Esperamos tambi&eacute;n nosotros, Se&ntilde;ora, esta palabra de misericordia, a los cuales tiene condenados a muerte la divina sentencia, de que seremos librados por tus palabras. Ve que se pone entre tus manos el precio de nuestra salud; al punto seremos librados si consientes. Por la palabra eterna de Dios fuimos todos criados, y con todo eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para no volver a morir. Esto te suplica, &iexcl;oh piadosa Virgen!, el triste Ad&aacute;n, desterrado del para&iacute;so con toda su miserable posteridad. Esto Abraham, esto David con todos los santos Padres tuyos, los cuales est&aacute;n detenidos en la regi&oacute;n de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redenci&oacute;n de los cautivos, la libertad de los condenados, la salud, finalmente, de todos los hijos de Ad&aacute;n, de todo vuestro linaje. Da, &iexcl;oh Virgen!, aprisa la respuesta. &iexcl;Ah! se&ntilde;ora, responde aquella palabra que espera la tierra, que espera el infierno, que esperan tambi&eacute;n los ciudadanos del cielo. El mismo Rey y Se&ntilde;or de todos, cuanto dese&oacute; tu hermosura, tanto desea ahora la respuesta de tu consentimiento; en la cual sin duda se ha propuesto salvar el mundo. A quien agradaste por tu silencio agradar&aacute;s ahora mucho m&aacute;s por tus palabras, pues &Eacute;l te habla desde el cielo diciendo &iexcl;Oh hermosa entre las mujeres, hazme que oiga tu voz! Si t&uacute; le haces o&iacute;r tu voz, El te har&aacute; ver el misterio de nuestra salud. &iquest;Por ventura no es esto lo que buscabas, por lo que gem&iacute;as, por lo que orando d&iacute;as y noches suspirabas? &iquest;Qu&eacute; haces, pues? &iquest;Eres t&uacute; aquella para quien se guardan estas promesas o esperamos otra? No, no; t&uacute; misma eres, no es otra. T&uacute; eres, vuelvo a decir, aquella prometida, aquella esperada, aquella deseada, de quien tu santo padre Jacob, estando para morir, esperaba la vida eterna, diciendo &ldquo;Tu salud esperar&eacute;, Se&ntilde;or&rdquo;. En quien y por la cual Dios mismo, nuestro Rey, dispuso antes de los siglos obrar la salud en medio de la tierra. Por qu&eacute; esperar&aacute;s de otra lo que a ti misma te ofrecen? &iquest;Por qu&eacute; aguardar&aacute;s de otra lo que al punto se har&aacute; por ti, como des tu consentimiento y respondas una palabra? Responde, pues, presto al &aacute;ngel, o, por mejor decir, al Se&ntilde;or por el &aacute;ngel; responde una palabra y recibe otra palabra; pronuncia la tuya y concibe la divina; articula la transitoria y admite en ti la eterna. &iquest;Qu&eacute; tardas? &iquest;Qu&eacute; recelas? Cree, di que s&iacute; y recibe. Cobre ahora aliento tu humildad y tu verg&uuml;enza confianza. De ning&uacute;n modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aqu&iacute; de la prudencia. En s&oacute;lo este negocio no temas, Virgen prudente, la presunci&oacute;n; porque, aunque es agradable la verg&uuml;enza en el silencio, pero m&aacute;s necesaria es ahora la piedad en las palabras. Abre, Virgen dichosa, el coraz&oacute;n a la fe, los labios al consentimiento, las castas entra&ntilde;as al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes est&aacute; llamando a tu puerta. &iexcl;Ay si, deteni&eacute;ndote en abrirle, pasa adelante, y despu&eacute;s vuelves con dolor a buscar al amado de tu alma! Lev&aacute;ntate, corre, abre. Lev&aacute;ntate por la fe, corre por la devoci&oacute;n, abre por el consentimiento. &ldquo;He aqu&iacute;, dice la Virgen, la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. 11. Esto sin duda entendi&oacute; la Virgen prudente, cuando, al anticipado don de la gratuita promesa, junt&oacute; el m&eacute;rito de su oraci&oacute;n diciendo: &ldquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. H&aacute;gase en m&iacute; del Verbo seg&uacute;n tu palabra; el Verbo, que en el principio estaba en Dios, h&aacute;gase carne de mi carne seg&uacute;n tu palabra. H&aacute;gase en m&iacute;, suplico, la palabra, no pronunciada que pase, sino concebida que permanezca, vestida ciertamente no de aire, sino de carne. H&aacute;gase en m&iacute; no s&oacute;lo perceptible al o&iacute;do, sino tambi&eacute;n visible a los ojos, palpable a las manos, f&aacute;cil de llevar en mis hombros. Ni se haga en m&iacute; la palabra escrita y muda, sino encarnada y viva; esto es, no escrita en mudos caracteres, en pieles muertas, sino impresa vitalmente en la forma humana en mis castas entra&ntilde;as, y esto no con el rasgo de una pluma, sino por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Para decirlo de una vez, h&aacute;gase para m&iacute; de aquel modo con que para ninguno se ha hecho hasta ahora antes de m&iacute; y para ninguno despu&eacute;s de m&iacute; se ha de hacer. De muchos y varios modos habl&oacute; Dios en otro tiempo a nuestros padres por sus profetas, y tambi&eacute;n se hace menci&oacute;n en las Escrituras de que la palabra de Dios se hizo para unos en el o&iacute;do, para otros en la boca, para otros aun en la mano; pero yo pido que para m&iacute; se haga en mi seno seg&uacute;n tu palabra. No quiero que se haga para m&iacute; o predicada ret&oacute;ricamente, o significada figuradamente o so&ntilde;ada imaginariamente, sino inspirada silenciosamente, encarnada personalmente. El Verbo, pues, que ni puede hacerse en s&iacute; mismo ni lo necesita, d&iacute;gnese en m&iacute;, d&iacute;gnese tambi&eacute;n para m&iacute; ser hecho seg&uacute;n tu palabra. H&aacute;gase desde luego generalmente para todo el mundo, pero h&aacute;gase para m&iacute; con especialidad seg&uacute;n tu palabra. TERCERA MEDITACI&Oacute;N VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como dije antes, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad por esperas y encuentros y navidades puramente humanas, y a veces, sencillamente paganas, puro consumismo. Nosotros no podemos dejarnos arrastrar por la televisi&oacute;n y los medios, debemos recogernos en silencio de ruidos mundanos ahora para meditar los textos sagrados. Para eso estamos reunidos aqu&iacute; y no podemos dejar pasar esta oportunidad que el Se&ntilde;or nos ofrece. &iquest;Por d&oacute;nde vendr&aacute; Cristo esta Navidad? Si yo tengo que salir al encuentro de mi hijo o de una persona, si yo quiero llegar a Madrid, tengo que ir por una carretera distinta que si voy a Salamanca. &iquest;Por qu&eacute; caminos tengo que esperar a Cristo en este tiempo de Adviento, para que nazca en mi coraz&oacute;n o para que aumente su presencia de amor? En este tiempo de Adviento la Iglesia pone a nuestra consideraci&oacute;n diversos personajes que se prepararon muy bien para este encuentro con el Se&ntilde;or y vivieron el verdadero Adviento cristiano. Hay dos que sobresalen: Mar&iacute;a y Juan, el precursor. Hoy vamos a tomar como modelo a Mar&iacute;a. Vamos a vivir el Adviento con Mar&iacute;a y como Mar&iacute;a. Y &iquest;c&oacute;mo vivi&oacute; la Virgen el Adviento de Cristo? &iquest;Qu&eacute; Navidad vivi&oacute; la Virgen? &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N, COMO MAR&Iacute;A La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Y orando fue a visitar a su prima Isabel, recogida y contemplando en su seno, mientras caminaba por aquellas monta&ntilde;as de Palestina hasta la casa de Isabel, que empez&oacute; con di&aacute;logo de fe y esperanza y se remat&oacute; con la oraci&oacute;n de alabanza del Magnificat, que Jes&uacute;s y Juan recitaron en voz baja, &eacute;ste saltando en el vientre de su madre Isabel, y Jes&uacute;s llenando de alegr&iacute;a a su Madre para que lo pronunciara fuerte, confirm&aacute;ndole que era verdad todo lo que dec&iacute;a, ya que no estaba bien que tan ni&ntilde;o empezara haciendo milagros; as&iacute; que una parte del Magnificat se la debemos a &Eacute;l. Por otra parte, no ser&iacute;a bueno para nosotros, que tenemos que recorrer a veces este camino, con frecuencia duro y seco aparentemente de fe, esperanza y amor, sin ver ni sentir nada, que es la oraci&oacute;n. Mar&iacute;a nos invita a entrar en clima de Adviento por el camino de la oraci&oacute;n. Es un camino absolutamente necesario e imprescindible si queremos de verdad vivir el adviento cristiano. Sin oraci&oacute;n meditativa, no digamos afectiva y contemplativa, no hay Adviento ni Navidad cristiana, de encuentro con Cristo, aunque hay villancicos y turrones y reuni&oacute;n de familia. Falta Cristo, que siempre vino y vendr&aacute; para las almas que le esperan por el camino de la oraci&oacute;n. Sin ella, sin oraci&oacute;n personal, aun la lit&uacute;rgica carece de alma. La gran pobreza de la Iglesia es pobreza de oraci&oacute;n, meditaci&oacute;n, contemplaci&oacute;n. La oraci&oacute;n es absolutamente necesaria para el encuentro con Dios en la Palabra, en la Eucarist&iacute;a, en la vida cristiana, en la conversi&oacute;n, en la fe, esperanza y amor. Y si la hacemos ante el Sagrario, que es Encarnaci&oacute;n continua y continuada, Navidad permanente y Venida y Presencia permanente de Cristo en amistad, mucho mejor. Sin oraci&oacute;n eucar&iacute;stica no hay encuentro con Cristo &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;. Para demostrar esta verdad bastar&iacute;a leer la definici&oacute;n de Santa Teresa sobre la oraci&oacute;n: &laquo;Que no es otra cosa oraci&oacute;n mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama&raquo; (V 8,5). Parece como si la santa hubiera hecho esta descripci&oacute;n mirando al sagrario, porque all&iacute; es donde est&aacute; m&aacute;s presente el que nos ama: Jesucristo vivo, vivo y resucitado. De esta forma, Jesucristo presente en el sagrario, se convierte en el mejor maestro de oraci&oacute;n, y el sagrario, en la mejor escuela. Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, Ael que nos ama@ nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse... Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo. Esto me parece que es la santidad cristiana. De esta forma, la escuela de amistad pasa a ser escuela de santidad. Finalmente y como consecuencia l&oacute;gica, esta vivencia de Cristo eucarist&iacute;a, trasplantada a nosotros por la uni&oacute;n de amor y la experiencia, se convierte o nos transforma en llamas de amor viva y apost&oacute;lica: la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de apostolado. Toda oraci&oacute;n, especialmente la eucar&iacute;stica, es un itinerario de encuentro personal con Jesucristo. No olvidemos que el Verbo de Dios se hizo carne, y luego una cosa, un poco de pan, por amor extremo al Padre, cumpliendo su voluntad, y por los hombres, para salvarlos. Su presencia eucar&iacute;stica perpet&uacute;a y prolonga su encarnaci&oacute;n salvadora, con amor extremado, hasta el f&iacute;n de los tiempos, en amistad y salvaci&oacute;n permanentemente ofrecidas a todos los hombres. Desde su presencia en la eucarist&iacute;a, sigue dici&eacute;ndonos a todos, de palabra y de obra: &ldquo;Vosotros sois mis amigos&rdquo;, &ldquo;me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;, &ldquo;ya nos os llamo siervos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre, os lo he dado a conocer;&rdquo; &ldquo;yo doy la vida por mis amigos;@ ANadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;. Esta amistad salvadora para con nosotros ha sido el motivo principal de su Encarnaci&oacute;n y de la Eucarist&iacute;a, que es una encarnaci&oacute;n continuada. Y esto es lo que busca siempre en cada misa y comuni&oacute;n y desde cualquier sagrario de la tierra: salvarnos desde la cercan&iacute;a de una amistad rec&iacute;proca. Y esto es tambi&eacute;n lo que pretendo recordar ahora en esta meditaci&oacute;n: que Jesucristo est&aacute; vivo, vivo y resucitado, y en esta Navidad viene a nuestro encuentro, y nosotros tenemos que orar, salir a su encuentro mediante ratos de silencio y meditaci&oacute;n sobre los textos sagrados de estos d&iacute;as, o en contemplaci&oacute;n silenciosa ante su presencia de Amor encarnado en un trozo de pan. Ah&iacute;, en la Eucarist&iacute;a, que es una Encarnaci&oacute;n continuada, est&aacute; viniendo en mi busca para salvarme, para perdonarme, para los mismos fines de su primera venida, de su Encarnaci&oacute;n y Navidad, y busca nuestra amistad, no porque &Eacute;l necesite de nosotros, &Eacute;l es Dios, &iquest;qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Somos nosotros lo que nosotros necesitamos de &Eacute;l, para realizar el proyecto maravilloso de eternidad, que la Sant&iacute;sima Trinidad tiene sobre cada uno de nosotros y por el cual existimos. Ya no podemos renunciar a este proyecto, porque si existimos, ya no dejaremos de existir; los que tenemos la dicha de vivir, ya no moriremos, somos eternidad, aqu&iacute; nadie muere ya, somos eternidad iniciada en el tiempo para fundirse en la misma eternidad de Dios Trino y Uno. De aqu&iacute; la gravedad de no encontrarnos con Cristo, de equivocarnos de camino en la vida, porque nos podemos equivocar para siempre. Cristo se encarna, viene a nosotros, porque nosotros valemos mucho, mi vida es m&aacute;s que esta vida, el hombre es m&aacute;s que hombre, es un misterio, que s&oacute;lo Dios Trino y Uno conoce, porque nos ha creado a su imagen y semejanza y todo esto nos lo ha revelado por la Palabra hecha carne. Dios entrando dentro de s&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de vida y de amor, cre&oacute; a otros seres para hacerlos part&iacute;cipes de su misma dicha. &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios... Todas las cosas fueron hechas por &Eacute;l y sin &Eacute;l no se hizo nada de cuanto se ha hecho&rdquo; (Jn 1,1-3), pero no s&oacute;lo este mundo, sino la misma realidad divina, porque al contemplarse el Padre a s&iacute; mismo, en su mismo serse por s&iacute; mismo y verse tan lleno de vida, de amor, de felicidad, de hermosura, Ade t&uacute;neles y cavernas insospechadas@, de paisajes y felicidad y fuego de las relaciones divinas del volc&aacute;n divino en eterna erupci&oacute;n de su esencia, se vio plenamente en su Idea y la pronunci&oacute; en Palabra llena de amor para s&iacute; y se am&oacute; con fuego de su mismo Esp&iacute;ritu y luego la pronunci&oacute; para nosotros en carne humana. Por eso, meditando todo esto, con qu&eacute; amor voy a celebrar y a vivir el Adviento; con qu&eacute; cuidado voy a preparar en este Adviento la Navidad, este nuevo encuentro lit&uacute;rgico con Cristo, que especialmente por la Eucarist&iacute;a hace presente todos sus sentimientos, vivencias y amores al hombre; con qu&eacute; hambre y sed la voy a comer, con qu&eacute; ternura y piedad y cuidado voy a besar, tocar y venerar en cada sagrario, en cada pesebre, en cada imagen de Ni&ntilde;o.&laquo;&ldquo;Ven, Se&ntilde;or, y no tardes&raquo;. 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; expres&oacute; Mar&iacute;a su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creer que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Pero la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de demostrarlas o comprobarlas con la raz&oacute;n; y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Tenemos que apoyarnos, como Mar&iacute;a, s&oacute;lo en Dios. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero casi grande en su interior, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando todo pensamiento, acciones, tiempo en otros asuntos y esperas, que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos nada nos ayude a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente, materialismo, desenfreno secularista, persecuci&oacute;n clara y manifiesta del gobierno y de los medios de comunicaci&oacute;n de todo lo que huele a Iglesia, Dios, Evangelio&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo, pero est&aacute; triste, porque le falta todo, porque le falta Dios. Y estamos todos m&aacute;s tristes, m&aacute;s solos: los matrimonios, los padres, los hijos, los amigos&hellip; nos falta Dios; es necesario que Dios nazca en los hombres, viva en los matrimonios, sea invitado y comensal diario en nuestros hogares. Por eso, lo primero de todo ser&aacute; la fe, fe en su Venida, en su Encarnaci&oacute;n, en su nacimiento, en su presencia eucar&iacute;stica; si creo en Cristo, no puedo separar unas realidades de otras, tengo que creer en el Cristo completo. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo s&oacute;lo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como Mar&iacute;a, por una fe viva. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumple, todo tiene sentido, todo nos prepara para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotros. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros no le fallemos a Dios. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su venida de amor a este mundo. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella. &iexcl;Madre, ens&eacute;&ntilde;anos a esperarlo y recibirlo as&iacute;! 3.- POR EL CAMINO DEL AMOR AGRADECIDO, COMO MAR&Iacute;A Mar&iacute;a expres&oacute; maravillosamente este sentimiento ante su prima Isabel con el canto del Magnificat: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo; (Lc 1,46-47). Aun los ateos y los que no saben de qu&eacute; va la Navidad, no digamos los creyentes, nos sentimos llenos de amor en estos d&iacute;as, agradecidos, m&aacute;s hermanos, m&aacute;s solidarios y abiertos a los dem&aacute;s, nos entran ganas de ayudar a la gente, especialmente a los necesitados. Como la Virgen: visit&oacute; a su prima y la ayud&oacute; en su parto. Pero en estos d&iacute;as, como siempre, lo primero debe ser Dios. Y si alguien nos pregunta, tanto ahora en Navidad como en cualquier tiempo del a&ntilde;o, &iquest;por qu&eacute; el hombre tiene que amar a Dios? Pues porque &Eacute;l nos am&oacute; primero. Dios nos visita, se hace cercano, se hace hombre y viene a nosotros por amor y para que nos amemos y le amemos: &ldquo;Porque Dios es Amor&hellip; En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute;, y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,8.10). Qu&eacute; claro lo vio Juan: Dios nos am&oacute; primero y, roto este amor por el pecado de Ad&aacute;n, Dios volvi&oacute; a amar m&aacute;s intensamente al hombre, envi&aacute;ndonos a su propio Hijo para salvarnos. Santa Catalina de Siena nos describe as&iacute; todo el amor de Dios en la creaci&oacute;n del hombre y, sobre todo, una vez ca&iacute;do, en la recreaci&oacute;n, por el amor del Hijo amado: &laquo;Quiero, por tanto, y te pido como gracia singular, Padre Dios, que la inestimable caridad que te impuls&oacute; a crear al hombre a tu imagen y semejanza no se vuelva atr&aacute;s ante esto. &iquest;Qu&eacute; cosa, o qui&eacute;n, te ruego, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella. Pero reconozco abiertamente que, a causa de la culpa del pecado, perdi&oacute; con toda justicia la dignidad en que la hab&iacute;as puesto. A pesar de lo cual, impulsado por este mismo amor, y con el deseo de reconciliarte de nuevo por gracia al g&eacute;nero humano, nos entregaste la palabra de tu Hijo unig&eacute;nito. El fue efectivamente el mediador y reconciliador entre nosotros y t&uacute;, y nuestra justificaci&oacute;n, al castigar y cargar sobre s&iacute; todas nuestras injusticias e iniquidades. &Eacute;l lo hizo en virtud de la obediencia que t&uacute;, Padre eterno, le impusiste, al decretar que asumiese nuestra humanidad. &iexcl;Inmenso abismo de caridad! &iquest;Puede haber un coraz&oacute;n tan duro que pueda mantenerse entero y no partirse al contemplar el descenso de la infinita sublimidad hasta lo m&aacute;s hondo de la vileza, como es la de la condici&oacute;n humana? Nosotros somos tu imagen, y t&uacute; eres la nuestra, gracias a la uni&oacute;n que realizaste en el hombre, al ocultar tu eterna deidad bajo la miserable nube e infecta masa de la carne de Ad&aacute;n. Y esto, &iquest;por qu&eacute;? No por otra causa que por tu inefable amor. Por este inmenso amor es por el que suplico humildemente a tu Majestad, con todas las fuerzas de mi alma, que te apiades con toda tu generosidad de tus miserables criaturas&raquo; (Santa Catalina de Siena, Di&aacute;logo, Cap. 4). Y Balduino de Cantorbery nos dice:&laquo; &ldquo;Porque &Eacute;l nos am&oacute; primero&hellip;&rdquo; porque en esto nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas... Por esto dice: Gr&aacute;bame como un sello en tu coraz&oacute;n. Es como si dijera: &Aacute;mame, como yo te amo. Tenme en tu pensamiento, en tu recuerdo, en tu deseo, en tus suspiros, en tus gemidos y sollozos. Acu&eacute;rdate, hombre, qu&eacute; tal te he hecho, cu&aacute;n por encima te he puesto de las dem&aacute;s criaturas, con qu&eacute; dignidad te he ennoblecido, c&oacute;mo te he coronado de gloria y de honor, c&oacute;mo te he hecho un poco inferior a los &aacute;ngeles, c&oacute;mo he puesto bajo tus pies todas las cosas. Acu&eacute;rdate no s&oacute;lo de cu&aacute;n grandes cosas he hecho para ti, sino tambi&eacute;n de cu&aacute;n duras y humillantes cosas he sufrido por ti; y dime si no obras perversamente cuando dejas de amarme. &iquest;Qui&eacute;n te ama como yo? &iquest;Qui&eacute;n te ha creado sino yo? &iquest;Qui&eacute;n te ha redimido sino yo? Quita de m&iacute;, Se&ntilde;or, este coraz&oacute;n de piedra, quita de m&iacute; este coraz&oacute;n endurecido, incircunciso. T&uacute; que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesi&oacute;n de mi coraz&oacute;n y habita en &eacute;l, ll&eacute;nalo con tu presencia, t&uacute; que eres superior a lo m&aacute;s grande que hay en m&iacute; y que est&aacute;s m&aacute;s dentro de m&iacute; que mi propia intimidad. T&uacute; que eres el modelo perfecto de la belleza y el sello de la santidad, sella mi coraz&oacute;n con la impronta de tu imagen; sella mi coraz&oacute;n, por tu misericordia, t&uacute;, Dios por quien se consume mi coraz&oacute;n, mi lote perpetuo. Am&eacute;n.&raquo; (Balduino de Cantorbery, Tratado 10, PL 204, 514, 516). Esta debe ser una actitud fuerte en estos d&iacute;as: amor agradecido al Se&ntilde;or, que nos quiere salvar, que viene a nosotros, que viene desde su Felicidad infinita a complicar su vida por nosotros. Procuremos retirarnos a la oraci&oacute;n, revisar nuestro comportamientos para con &Eacute;l, corrijamos, enderecemos los caminos, salgamos a su encuentro, mirando a los hermanos. M&aacute;s frecuencia y m&aacute;s fervor en todo: oraci&oacute;n, misas, comuniones, obras de caridad con los hermanos, control de la soberbia y orgullo, porque Cristo se hizo peque&ntilde;o, visitemos a los necesitados como Mar&iacute;a a su prima santa Isabel. 4.- POR EL CAMINO DE LA CONVERSI&Oacute;N, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; Mar&iacute;a al &aacute;ngel, a la maternidad que le anunciaban, porque sus pensamientos y su planes no eran esos. Pero se convirti&oacute; totalmente a la voluntad y a los deseos de Dios, como nosotros tenemos que hacer en nuestras vidas, cuando sus planes no coincidan con los nuestros. Hemos de responder como Mar&iacute;a: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. A veces estamos tan llenos de nuestro yo, de nuestros criterios, de nuestros planes&hellip; que no caben los de Dios. El hombre, desde que existe, por impulso natural, tiende a amarse a s&iacute; mismo m&aacute;s que a Dios. El mandamiento de &ldquo;amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios, con todo tu coraz&oacute;n, con todas tus fuerzas, con todo tu ser&rdquo;, el hombre, por el pecado original, lo convierte en me amar&eacute; a m&iacute; mismo con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas, con todo mi ser&hellip; Y esto es idolatr&iacute;a. Pero que uno la ve mucho dentro de la misma Iglesia, en los de arriba, muy arriba y en los de abajo. Dios no es lo absoluto de nuestra vida. En el centro de nuestro coraz&oacute;n nos entronizamos a nosotros mismos y nos damos culto idol&aacute;trico, de la ma&ntilde;ana a la noche. Por esta raz&oacute;n, si queremos que Cristo nazca en esta Navidad, dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, en nuestro ser y existir, tenemos que destronar este <yo> del centro de nuestro coraz&oacute;n y de nuestra vida. Porque estamos tan llenos de nosotros mismos que no cabe ni su Evangelio, ni sus criterios, ni sus mandatos, no cabe ni Dios porque nosotros nos hemos constituido en dioses de nuestra vida. Por tanto, si queremos que Cristo nazca dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, en nuestra vida, tenemos que vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros criterios, y de esos amores ego&iacute;stas y consumistas, que nos invaden totalmente y nos vac&iacute;an de Dios que es el Todo. Y ese es el vac&iacute;o que siente el mundo actual, muchos hombres y mujeres, las familias estamos, los matrimonios, m&aacute;s solos y tristes, porque nos falta Dios. Necesitamos que Dios llene nuestra vida, nuestro coraz&oacute;n; necesitamos la Navidad; pero la Navidad cristiana, porque, aunque Cristo naciese mil veces, si no nace dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, no habr&aacute; Navidad; no habr&aacute; encuentro con Dios; todo habr&aacute; sido in&uacute;til, aunque sobren champ&aacute;n y turrones, no podremos tener Navidad. Y para eso, repito, es necesaria la conversi&oacute;n, el vaciarnos de nosotros mismos y de tantas cosas que impiden el nacimiento de Dios en nosotros. Hay que perdonar a todos, no puede haber soberbia y rencor en nuestro coraz&oacute;n para que Cristo pueda nacer; hay que ser generosos en tiempo y amor con nuestros padres, familiares, amigos; hay que convertirse de la cr&iacute;tica continua a los hermanos a la comprensi&oacute;n, a la aceptaci&oacute;n, jam&aacute;s criticar, no podemos criticar si queremos tener el coraz&oacute;n dispuesto para que nazca Cristo; la soberbia, la murmuraci&oacute;n y la falta de caridad con los hermanos impiden este nacimiento. Todo debe ser buscado, rezado y realizado conforme a la voluntad de Dios, mediante una conversi&oacute;n sincera. Por eso, repito, que, unido a la fe, va el amor, la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n... Estos tres verbos ORAR-AMAR-CONVERTIRSE tienen para m&iacute; casi el mismo significado y se conjugan igual y el orden tampoco altera el producto, pero siempre en l&iacute;nea de experiencia de Cristo vivo, vivo y resucitado, que vuelve por la Liturgia Eucar&iacute;stica a repetir su historia y su nacimiento para nosotros. Orar es querer convertirse a Dios en todas las cosas. La conversi&oacute;n debe durar toda la vida, porque siempre tendemos a ponernos y colocar nuestra voluntad y deseos delante de los de Dios, a amarnos m&aacute;s que a Dios, que debe ser lo primero y absoluto. Por eso, la conversi&oacute;n debe ser permanente y exige oraci&oacute;n permanente. Y la oraci&oacute;n, si verdaderamente lo es, debe ser permanente y debe ser y llevarnos a la conversi&oacute;n permanente. Porque si orar es querer amar a Dios sobre todas las cosas, como orar es convertirse, autom&aacute;ticamente, orar es querer convertirse a Dios en todas las cosas. Sin conversi&oacute;n permanente, no puede haber oraci&oacute;n permanente. Sin conversi&oacute;n permanente no puede haber oraci&oacute;n continua y permanente. Esta es la dificultad m&aacute;xima para orar en cristiano, prescindo de otras religiones, y la causa principal de que se ore tan poco en el pueblo cristiano y la raz&oacute;n fundamental del abandono de la oraci&oacute;n por parte de sacerdotes, religiosos y almas consagradas. Lo dir&eacute; una y mil veces, ahora y siempre y por todos los siglos: la oraci&oacute;n, desde el primer arranque, desde el primer kil&oacute;metro hasta el &uacute;ltimo, nos invita, nos pide y exige la conversi&oacute;n, aunque el alma no sea muy consciente de ello en los comienzos, porque se trata de empezar a amar o querer amar a Dios sobre todas las cosas, es decir, como &Eacute;l se ama esencialmente y nos ama y permanece en su serse eternamente amado de su misma esencia.&ldquo;Dios es amor&rdquo;, dice S. Juan, su esencia es amar y amarse para serse en acto eterno de amar y ser amado, y si dejara de amar y amarse as&iacute;, dejar&iacute;a de existir. Pod&iacute;a haber dicho San Juan que Dios es el poder, omnipotente, porque lo puede todo, o que es la Suprema Sabidur&iacute;a, porque es la Verdad, pero no, cuando San Juan nos quiere definir a Dios en una palabra, nos dice que Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar, dejar&iacute;a de existir. Y ese amor se ha hecho carne, se ha hecho hombre, y ese amor de Dios al hombre se llama Jesucristo, y esto es la Navidad cristiana, el misterio del Amor de Dios Encarnado. Si es Navidad Dios sigue amando al Hombre; si Dios nace, quiere decir que Dios no se olvida del hombre; si Dios nace, el mundo tiene salvaci&oacute;n, no debemos desesperar; si Dios nace, todo hombre es mi hermano y el hombre vale infinito, vale una eternidad. Somos m&aacute;s que este espacio y este tiempo, para eso ha nacido Jesucristo. Si Cristo nace, s&iacute; hay Navidad, Dios me ama, Dios me ama, Dios me ama: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le entreg&oacute; a su propio Hijo para que todo el que crea en &Eacute;l no perezca, sino que tenga la vida eterna&rdquo; (Jn 3,17). ****************************************** PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 63, 16b-17; 64, 3b-8 En esta primera lectura se recoge la ingrata experiencia del pueblo de Dios una vez regresado de la esclavitud: el per&iacute;odo tras el exilio resulta m&aacute;s duro que el mismo destierro. Se ha difuminado la alegr&iacute;a del retorno y el pueblo se halla en una situaci&oacute;n desesperada; a la opresi&oacute;n del pecado que degrada al hombre y lo hace impuro y repugnante se a&ntilde;ade que no ha logrado instaurar un nivel social aceptable ni la independencia nacional. Desde esta situaci&oacute;n angustiosa el pueblo invoca al Se&ntilde;or: que rasgue los cielos y baje a salvarlo; &eacute;l es el &uacute;nico que puede salvarlo porque han fracasado todos los salvadores humanos. De ah&iacute; el clamor del profeta que, reconociendo la situaci&oacute;n lamentable del pueblo, levanta su voz a Dios como una s&uacute;plica a su ternura y amor por su pueblo, esper&aacute;ndolo todo de su omnipotencia. Para Isa&iacute;as, en medio del fracaso y del pecado, surge la esperanza en Dios que es &ldquo;Padre&rdquo;, &ldquo;Redentor&rdquo; y &ldquo;Salvador&rdquo;. Nosotros, como el profeta nos indica, en medio de nuestros fracasos y pecados, de nuestras noches y dudas, levantamos con esperanza nuestros ojos al Se&ntilde;or, porque lo esperamos todo de su misericordia. SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 1,3-9 Comienza Pablo esta carta con un saludo y una acci&oacute;n de gracias. Es habitual en &eacute;l. La acci&oacute;n de gracias es por la profusi&oacute;n de carismas que Dios ha derramado entre los Corintios. Pero deben permanecer vigilantes hasta el final &ldquo;para que no tengan de qu&eacute; acusaros en el tribunal de Jesucristo, Se&ntilde;or Nuestro&rdquo;. La seguridad del augurio paulino se basa en la fidelidad de Dios: el Dios que los llam&oacute; a la incorporaci&oacute;n a Cristo realizar&aacute; su plenitud. Esta carta cuadra perfectamente con la condici&oacute;n del Adviento cristiano, porque justificados ya por el santo bautismo y por las gracias recibidas, caminamos hacia la Parus&iacute;a que en cada adviento se nos hace m&aacute;s pr&oacute;xima. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 13,33-37. QUERIDOS HERMANOS: el tiempo de Adviento, con el que se inicia el nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico, que hoy comenzamos, presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparaci&oacute;n a la Navidad, en la cual se conmemora la primera &laquo;venida&raquo; de Cristo, del Hijo de Dios; y por otra parte, el evangelio de este domingo mira y hace que nos preparemos para la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos, que pr&aacute;cticamente para nosotros es el d&iacute;a de nuestra muerte, de nuestra partida a la eternidad con Dios; para ambas esperas, hay que prepararse por una vida de fe y oraci&oacute;n, practicada por la Palabra meditada y los sacramentos recibidos, principalmente santa misa y comuni&oacute;n verdaderas. Por eso, refiri&eacute;ndome a la venida de Cristo en la Navidad, y mirando nuestra espera en este tiempo de adviento, quisiera empezar con una frase que repito muchas veces durante este tiempo: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, ser&aacute; una Navidad pagana,no cristiana, perdida, porque no habr&aacute; nacido Cristo en nuestras vidas, en nuestros j&oacute;venes, en nuestras familias. Y si miramos la navidad anunciada por televisi&oacute;n o preparada por los gobernantes de muchas ciudades espa&ntilde;olas y puestas como ejemplares o formas modelo de celebrar la navidad, all&iacute; no aparece ni Cristo ni nacimientos ni nada religioso, sino luces y motivos y adornos paganos. As&iacute; que muchos de nuestros j&oacute;venes y peque&ntilde;os ya no saben de qu&eacute; va la navidad cristiana, sino el blac Friday y dem&aacute;s de estos d&iacute;as. El Adviento cristiano debe ser vivido cristianamente, como espera del Se&ntilde;or, de que nazca en el coraz&oacute;n de mayores y peque&ntilde;os, es tiempo de rezar m&aacute;s estos d&iacute;as, venir m&aacute;s a la iglesia, comulgar y venir a misa o de visitar y ayudar a pobres y ancianos, como era en nuestros tiempos pasados, en nosotros. Por eso, como digo y predico mucho en estos d&iacute;as: aunque sobren champ&aacute;n y turrones, si Cristo no nace en nosotros, habr&aacute; sido una Navidad in&uacute;til. Queridos hermanos, vamos a vivir estas cuatro semanas de adviento para que sea navidad cristiana en nuestros hogares, en nosotros, en nuestras famil&iacute;as, en el mundo, para que Cristo aumente su presencia en nuestras vidas, en nuestros corazones, mediante una vida m&aacute;s fervorosa de oraci&oacute;n, rezando m&aacute;s, teniendo todos los dias un rato de oraci&oacute;n, si es ante su presencia en el Sagrario, mejor; vamos a procurar rezar el rosario en casa o en familia, si podemos, vamos a esforzarnos por vivir mejor el amor fraterno en nuestro ambiente y famiia, haciendo las paces con todos, vamos a perdonar si tenemos alg&uacute;n problema en el trabajo o con vecinos. Eso es vivir el adviento cristiano, preparar la venida de Cristo a nuestras vidas, en nuestro coraz&oacute;n. En este tiempo de espera, para que el Se&ntilde;or nazca o aumente su presencia en nosotros, desde el cura hasta el &uacute;ltimo, os invito a a venir m&aacute;s a la iglesia; pero hacer hoy mismo este prop&oacute;sito y compromiso con el Se&ntilde;or&hellip;, &Eacute;l que viene lleno de amor e ilusi&oacute;n para nacer o aumentar su presencia de gracia y amor y felicidad en todos nosotros, en todos los hombres. Y pidamos y habamos alg&uacute;n sacrificio por los nuestros que est&eacute;n un poco alejados de Cristo, de la fe, para que sea navidad en ellos. Y en los conventos, queridas hermanas, es tiempo de m&aacute;s oraci&oacute;n y conversi&oacute;n, sobre todo, de conversi&oacute;n y penitencia m&aacute;s profunda, m&aacute;s aut&eacute;ntica, m&aacute;s verdadera y comunitaria, desde las superioras hasta la religiosa &uacute;ltima, para que sea Navidad aut&eacute;ntica y cristiana y no solo en vuestro convento, sino que vosotras religiosas contemplativas lo ten&eacute;is que hacer principalmente por la iglesia, por el mundo entero, por todos los hombres, vuestros hermanos, por lo cuales hab&eacute;is renunciado a todo, por savarlos. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como digo con frecuencia, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad cristiana, por esperas y encuentros y navidades puramente paganas, puro consumismo, incluso en famil&iacute;as cristianas. Mirad la televisi&oacute;n y los guasad. Y como tantas veces repito en este tiempo de adviento: &ldquo;aunque sobren champan y turrones, si Cristo no nace en nuestro coraz&oacute;n por un aumento de fe y amor, todo habr&aacute; sido in&uacute;til. Es as&iacute; como lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&hellip; a nosotros&raquo;. ************************************************************** ADVIENTO CON MAR&Iacute;A: VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A Y COMO MAR&Iacute;A Queridas hermanas religiosas Carmelitas y Dominicas: Como sois mujeres y religiosas y este domingo tengo la gracia de celebrar en vuestros conventos el tercer domingo de adviento, vamos a meditar en la primera mujer que vivi&oacute; con plenitud el primer adviento de la historia, la espera y venida de la primera Navidad, para todo el pueblo cristiano, especiamente para vosotras, religiosas y v&iacute;rgenes entregada al Se&ntilde;or. Lo queremos hacer para vivir con la Virgen y como la Virgen el primer adviento de la historia vivido por una mujer como vosotras, por Mar&iacute;a, mujer y virgen como vosotras, y madres de gracia y salvaci&oacute;n para el mundo como ten&eacute;is que ser todas vosotras por vuestra vida de oraci&oacute;n, santidad y penitencia. Queridas hermanas Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos en todos los tiempos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Oremos en estos d&iacute;as ccon verdad e intensidad y pidamos al Se&ntilde;or que nos explique tanto amor como tuvo y tiene y que desgraciadamente hoy es poco valorado y reconocido por el mundo. Y aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace en la Navidad en nuestros corazones habr&aacute; sido un navidad in&uacute;til, descepcionante para Dios y nosotros. Pero de la necesidad de la oraci&oacute;n para celebrar la Navidad cristiana ya hablamos el domingo pasado. Hoy queremos reflexionar sobre el camino de la fe y certeza como Mar&iacute;a. &iquest;Por donde vendr&aacute; Cristo a cada uno de nosotros en esta y todas las navidades? 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; la Virgen a la propuesta de Dios por medio del &aacute;ngel y as&iacute; debemos responder siempre nosotros ante los mandatos y designios y proyectos de Dios en nuestras vidas. Mar&iacute;a expres&oacute; su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creyendo que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; con fe tuvo que superar dudas y dificultades, como nosotros tenemos que hacer muchas veces en nuestra vida. &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Y la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada, en el misterio que nac&iacute;a en ella. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros en nuestras vidas cuando haya cosas que no comprendemos, responder fi&aacute;ndonos de Dios m&aacute;s que de nosotros mismos. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de comprobarlas con nuestra raz&oacute;n y egoismo innato y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros mismos, de propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Hermanas, como Mar&iacute;a, tenemos que apoyarnos m&aacute;s en Dios y en su Palabra, que en nosotros mismos, aunque muchas veces no lo comprendamos. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero infinito en su ser, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando en nosotros acciones, pensamientos y defectos que le impidan nacer dentro de nuestras almas y que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Tenemos que creer que ese mismo hijo de Dios e hijo de Mar&iacute;a est&aacute; en el pan consagrado, en todos los sagrarios de la tierra y tenemos que adorarlo todos los d&iacute;as como ella en silencio y adoraci&oacute;n continua&hellip; o creemos o no creemos o creemos pero no le amamos y respetamos, tenemos que vivir en continuo di&aacute;logo de oraci&oacute;n y amor con este mismo Cristo Hijo de Dios y de Mar&iacute;a que loco de amor por nosotros primero se hizo hombre, carne humana y luego un trozo de pan&hellip; pero qu&eacute; locura&hellip; T&uacute; est&aacute;s loco, no puedes ser Dios&hellip; Nosotros tambi&eacute;n tenemos que estar locos de fe y amor por ti para vivir este gozo y para eso tenemos que dejar todos nuestros defectos y egoismos para vivir solo para ti en un convento, pero que lo hagamos de verdad, no solo externamente. Tenemos el ejemplo de Mar&iacute;a como modelo de amor total, Virgen, virgen y madre, amor total que por &Eacute;l acept&oacute; este camino. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijas religiosas, todos los cristianos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros y al mundo entero y ser&aacute; navidad aut&eacute;ntica, no solo de champan y turrones. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos pocas cosas nos ayuden a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente secularista, materialismo, desenfreno, persecuci&oacute;n clara y manifiesta a la Iglesia del gobierno y de los medios, Dios, el Evangelio no existen para ellos&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo y ahora resulta que est&aacute; vacio de todo, de amor, de familia, est&aacute; triste, porque le falta Dios. Este mundo, lo primero que necesita es fe, fe en Dios, en la Navidad, en su amor, en su Encarnaci&oacute;n por salvar al hombre, en la Navidad, en su nacimiento de amor todos los d&iacute;as en la Eucarist&iacute;a, En su amor de su presencia eucar&iacute;stica. Y esta es la raz&oacute;n de oraci&oacute;n y penitencia de vuestra vida de clausura. Por falta de este amor es por lo que no hay vocaciones, entregas de amor a El en el sacerdocio o en la vida consagrada. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as de adviento, a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como t&uacute;, Mar&iacute;a, con fe viva y despierta. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer en Dios, creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumplir&aacute;, todo tendr&eacute; sentido, todo nos preparar&aacute; la Navidad, para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotras almas. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros, religiosas y seglares, no le fallemos a Dios. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella.: &ldquo;He aqu&iacute;, la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su amor, en su salvaci&oacute;n, en su venida de amor a cada uno de nosotros. &ldquo;Y el Hijo de Dios se hizo hombre y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Y Jesucristo, Hijo de Dios y de Mar&iacute;a, vino, naci&oacute; y nos salv&oacute; y se qued&oacute; por amor a todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra y muchas, como vosotras, religiosas contemplativas, hab&eacute;is renunciado al mundo y a todo para vivir solo para &Eacute;l y la salvaci&oacute;n de todos los hombres, vuestros hermanos. Que los cristianos y la Iglesia entera seamos agradecidos a todos los conventos del mundo. ****************************************** QUERIDOS HERMANOS: Hoy es primer domingo de Adviento; Adviento significa espera; la iglesia, los cristianos esperamos el nacimiento de N.S. Jesucristo; y la Iglesia quiere que nos preparemos, que salgamos a esperarlo durante cuatro semanas para encontrarnos con &Eacute;l en la Navidad, en su nacimiento entre nosotros, que la liturgia lo hace presente. El evangelio de este domingo nos habla de una doble espera: de la espera de adviento para la fiesta de la navidad; es el tiempo de preparaci&oacute;n a la solemnidad de la Navidad, en la cual se conmemora la primera &laquo;venida&raquo; de Cristo, del Hijo de Dios; y por otra parte, el evangelio de este domingo mira y hace que nos preparemos para la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos, que pr&aacute;cticamente para nosotros es el d&iacute;a de nuestra muerte, de nuestra partida a la eternidad con Dios; para ambas esperas, hay que prepararse por una vida la fe y la oraci&oacute;n, practicada por la Palabra meditada y los sacramentos recibidos y el cumplimiento de la mandamientos de Dios. Y as&iacute; ha de nacer Cristo en nosotros en cada Navidad; y para esto nos prepara el Adviento. Por eso quisiera empezar con una frase que repito muchas veces durante este tiempo: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no habr&aacute; Navidad cristiana, nacimiento de Cristo en nuestra vida; el Adviento no ha sido vivido y aprovechado, no ha habido encuentro de gracia y de fe en el Se&ntilde;or, no puede haber Navidad cristiana, de Cristo, en nosotros, ser&aacute; una fiesta pagana. Por eso os invito en este tiempo a rezar m&aacute;s, a venir m&aacute;s a la iglesia, todos los d&iacute;as hay misa por la ma&ntilde;ana y por la tarde, los jueves exponemos al Se&ntilde;or alg&uacute;n d&iacute;a en el adviento pod&eacute;is venir. Si no lo hacemos, no habr&aacute; servido para nada este tiempo, no habremos vivido el adviento cristiano. Y la Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y como tantas veces repetir&eacute; en este tiempo de adviento: &ldquo;aunque sobren champan y turrones, si Cristo no es acogido por fe y oraci&oacute;n personal, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, una navidad perdida en cristiano. Es as&iacute; como lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&hellip; a nosotros&raquo;. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como digo con frecuencia, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad cristiana, de Cristo, por esperas y encuentros y navidades puramente humanas, y a veces, sencillamente paganas, puro consumismo. Mirad la televisi&oacute;n y los guasad. Y celebrar la Navidad en cristiano es la mejor forma de prepararnos para la segunda venida de Cristo al final de los tiempos de que nos habla el evangelio de hoy&hellip; y que es la &uacute;nica raz&oacute;n de la Navidad, de su venida a la tierra desde el cielo. Cristo vino no para hacer milagros ni dar de comer a las multitudes, Cristo vino para predicarnos que somos hijos de Dios, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que para eso muri&oacute; y resucit&oacute;&hellip; y as&iacute; lo cantan algunos villancicos de la Navidad. Por la venida de Cristo la muerte ha sido vencida&hellip;) ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: Comenzamos hoy el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, en que celebraremos los misterios m&aacute;s importantes de la vida de Cristo; y es l&oacute;gico que empecemos por el principio, esto es, prepar&aacute;ndonos para celebrar el nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, como Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen Mar&iacute;a, la Madre bella y hermosa, que, con su Concepci&oacute;n Inmaculada y alumbramiento, llen&oacute; el mundo de luz, de sentido y de esperanza. Como todos sab&eacute;is, este tiempo fuerte de la liturgia de la Iglesia se llama Adviento. Adviento viene de advenimiento y significa espera de una venida, salir al encuentro de alguien que viene: Jesucristo. Es la preparaci&oacute;n de la Navidad. 1.- Velando en oraci&oacute;n (1&ordf; Lectura), nos situamos, desde la fe, la esperanza y el amor, entre la celebraci&oacute;n de la primera venida del Se&ntilde;or, ya realizada, y la espera de su vuelta definitiva al final de los tiempos (Evangelio); pero no debe ser la nuestra una espera est&aacute;tica, de brazos cruzados, sino trabajando para que Cristo nazca en nosotros y en el mundo, esto es, trabajando para que el reino de Dios llegue ahora a todos los hombres: primero a nosotros, para que podamos luego transmitirlo por la palabra y el testimonio a los dem&aacute;s (2&ordf; Lectura y Evangelio). La Iglesia pone estas lecturas en este tiempo de Adviento, porque este tiempo fuerte de la Liturgia, por una parte, es el <ahora> de la Salvaci&oacute;n para nosotros, que lo actualizamos o hacemos presente prepar&aacute;ndonos para la Navidad; y por otra parte, con este recuerdo y preparaci&oacute;n, nos estamos preparando para la &uacute;ltima venida de Cristo, en la parus&iacute;a, al final de los tiempos. Por esta raz&oacute;n, el tiempo de Adviento, que abarca las cuatro semanas que preceden a la Navidad, se presenta en la Liturgia como tiempo de alegre esperanza, de preparaci&oacute;n vigilante y gozosa del Nacimiento de Cristo en el <ahora> de nuestra salvaci&oacute;n. De esta forma, nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos hist&oacute;ricos: el nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y la Parus&iacute;a o venida &uacute;ltima que lleva esta obra a su total cumplimiento, a la raz&oacute;n &uacute;ltima de la Encarnaci&oacute;n. Este pensamiento lo refleja perfectamente la oraci&oacute;n colecta, que hemos rezamos en esta misa: &laquo;Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompa&ntilde;ado de las buenas obras, para que, colocados un d&iacute;a a su derecha, merezcamos poseer el reino eterno&raquo;. Y lo complementa la oraci&oacute;n que rezaremos despu&eacute;s de la comuni&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, que fructifique en nosotros la celebraci&oacute;n de estos sacramentos, con los que t&uacute; nos ense&ntilde;as, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro coraz&oacute;n&raquo; (Misal Romano). 2.- Este tiempo de Adviento que hoy comenzamos nos habla precisamente de esta primera espera del Se&ntilde;or preparada no siempre con esperanza cierta y vigilancia constante por el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento; en esta espera van a insistir todas las primeras Lecturas de estos domingos, que son de los Profetas del Israel. Ellos se esforzaron por mantener aquel profundo deseo y anhelo de Dios en el pueblo de la promesa durante siglos. Por eso la Liturgia de estos domingos reserva la primera lectura para ellos. 3.- Pero el Se&ntilde;or ya vino. El Mes&iacute;as, Jesucristo ya no puede ser esperado de la misma forma que entonces, porque desde hace veinti&uacute;n siglos se han convertido en realidad hist&oacute;rica su Encarnaci&oacute;n y Nacimiento en Bel&eacute;n de Jud&aacute;. Ha venido ya el Salvador, que eso significa su mismo nombre, Jes&uacute;s, y en &Eacute;l se han colmado las esperanzas del Antiguo Testamento y se han abierto las puertas del Nuevo Testamento., Para que esto pueda ser realidad santificadora hoy, en el <ahora> de nuestra historia personal y comunitaria, esta venida de Cristo debe hacerse presente en el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros, por medio de la Eucarist&iacute;a que estamos celebrando y que actualiza todos sus misterios, especialmente el de su venida salvadora, porque la Eucarist&iacute;a es una Encarnaci&oacute;n continuada, que hace presente todos los misterios de su vida y colma las esperanzas de todos los hombres de todos los tiempos. En esta perspectivas deben ser actualizados y vividos todos los misterios de Cristo y deben ser escuchadas y meditadas todas las Palabras de ambos Testamentos, especialmente las Lecturas de este tiempo de Adviento. De ah&iacute; esa verdad sencilla pero con contenido teol&oacute;gico y lit&uacute;rgico aut&eacute;ntico, que repito estos d&iacute;as a modo de estribillo para despertar de posibles rutinas navide&ntilde;as: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en tu coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no ser&aacute; ni habr&aacute; navidad cristiana en tu vida. 4.- Podemos comprobar un poco la vivencia de nuestro Adviento personal de Cristo, haci&eacute;ndonos una pregunta: &iquest;Os producir&iacute;a alegr&iacute;a escuchar la noticia de que Cristo ha vuelto a la tierra? Hace algunos a&ntilde;os se hizo una encuesta entre los directores de diarios de los Estados Unidos sobre qu&eacute; les gustar&iacute;a anunciar en la primera p&aacute;gina de sus peri&oacute;dicos. Entre varias noticias interesantes de algunos colegas, el director del <Vindicator>, diario de una peque&ntilde;a localidad, contest&oacute; que le gustar&iacute;a poner como portada de su peri&oacute;dico: &ldquo;Cristo ha vuelto a la tierra&rdquo;. Buena noticia. Pues bien, y para vosotros que me escuch&aacute;is &iquest;ser&iacute;a buena noticia? &iquest;Lo ser&iacute;a para la mayor&iacute;a de los que se llaman cristianos hoy d&iacute;a? &iquest;Decepcionar&iacute;an a Cristo nuestras respuestas? &iquest;Nos preparamos cristianamente, con la oraci&oacute;n, la caridad, con misas y comuniones fervorosas&hellip; a su venida en la Navidad? &iquest;Estamos m&aacute;s preocupados por comidas familiares, turrones, regalos&hellip; que por preparar nuestro coraz&oacute;n y el de nuestros hijos o hermanos en la fe para Cristo? &iquest;La venida de Cristo en la Navidad nos llena de alegr&iacute;a porque vamos a tratar de que aumente su presencia en nosotros por una fe, esperanza y amor m&aacute;s verdaderos y profundos, con largos ratos de contemplaci&oacute;n del misterio y obras de caridad? 5.- Yo deseo y espero que nuestras respuestas no sean de pasotismo o negativas; yo quiero que todos nos alegremos con esta noticia que os doy hoy en este primer domingo de Adviento: &laquo;Cristo vuelve a la tierra&raquo;. Y esta noticia se va a hacer realidad en esta Eucarist&iacute;a, que hace presente todo el misterio de Cristo entero y completo, desde que nace hasta que sube a los cielos, al Cristo Ni&ntilde;o y tambi&eacute;n Glorioso que viene en su &uacute;ltima venida: todo se hace presente en la Eucarist&iacute;a. Por eso, aunque sea verdad, que si Cristo naciese mil veces, pero si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, eso no va a ocurrir entre nosotros, los presentes, porque vamos a ser testigos fervorosos y agradecidos del nacimiento de Cristo en nosotros en esta Eucarist&iacute;a plenamente participada por una comuni&oacute;n eucar&iacute;stica fervorosas: que vamos a vivir luego esta semana, dedicando un poco m&aacute;s de tiempo y perseverancia a nuestra oraci&oacute;n con &Eacute;l; vamos a tratar de vivirla siendo m&aacute;s caritativos y humildes como esposos, como hijos, como profesionales; vamos a perdonar a los que nos han ofendido y no hablar mal de ellos, para que nuestro coraz&oacute;n est&eacute; limpio de suciedades y Cristo pueda nacer en &eacute;l; vamos a prepararnos y vivir as&iacute; nuestro adviento y espera de Cristo, que quiere nacer y hacerse m&aacute;s plenamente presente en nuestras vidas. Y as&iacute; ser&aacute; Navidad en cada uno de nosotros. Se&ntilde;or, quiero comprender el amor extremo que encierra tu Eucarist&iacute;a, que es como una Navidad continua, tu entrega y tu sacrificio por m&iacute;, por mi salvaci&oacute;n; quiero saber por qu&eacute; me amas tanto y deseas ser mi alimento de vida evang&eacute;lica y cristiana; por qu&eacute; permaneces en el sagrario en amistad eternamente ofrecida a todos los hombres; quiero saber todos estos misterios que encierra la Eucarist&iacute;a, como Navidad continuada y permanente, para que nosotros seamos testigos de tu amor. El mismo amor, que te movi&oacute; a venir en busca del hombre y encarnarte en una humanidad como la nuestra para salvarnos, es el que te mueve ahora a &ldquo;encarnarte&rdquo; en un poco de pan. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da? Lo que importa es el amor que te hace venir hasta m&iacute;. Me alegro de tu Nacimiento y quiero celebrarlo en lo m&aacute;s profundo de mi ser y de mi coraz&oacute;n. Todo para Ti. Te amo, Se&ntilde;or, T&uacute; me has convencido totalmente de que me quieres y me amas locamente por tu nacimiento, por todo el amor que encierra y me demuestras, haci&eacute;ndote hombre para encontrarme. 6.- &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer para que Cristo nazca plenamente en mi vida, en mi coraz&oacute;n? San Pablo, en la segunda Lectura, nos dice precisamente qu&eacute; debemos hacer para esto: a) despojarse de las obras de las tinieblas, es decir, del yo y del pecado en todas sus formas; b) vestirse de las armas de la luz, es decir, vestirse, practicar las virtudes, especialmente las teologales de fe, esperanza y caridad, esto es, vivir en concreto lo que hemos pedido en la oraci&oacute;n colecta: &laquo;Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompa&ntilde;ado de las buenas obras&hellip;&raquo; *************************************** PENT&Aacute;LOGO DEL ADVIENTO Vivimos en una sociedad que ha asesinado el Adviento. Tras orar junto a la tumba de nuestros difuntos en el mes de noviembre, regresamos del cementerio y nos topamos con unas calles vestidas totalmente de Navidad. Es un cambio vertiginoso que impide cualquier preparaci&oacute;n psicol&oacute;gica o espiritual. Sin embargo, la sabidur&iacute;a multisecular de la Iglesia sigue convocando a los cristianos a situarse en Adviento; a vivir este tiempo de cuatro semanas como preparaci&oacute;n a las pr&oacute;ximas y solemnes fiestas de la Natividad o Nacimiento de Jesucristo. Para redescubrir personal y comunitariamente este hermoso tiempo lit&uacute;rgico, subrayo cinco acentos, a modo de pent&aacute;logo: 1.- Esperanza. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; cerca&rdquo; (Flp 4,5) Adviento es tiempo de espera. La vida del hombre es un continuo peregrinar a trav&eacute;s del tiempo, -que es historia de salvaci&oacute;n-, hasta encontrar el &uacute;ltimo descanso en Dios. As&iacute; lo afirmaba san Agust&iacute;n con aquellas palabras que invitan a convertir el tiempo de la vida en un camino esperanzado hacia la plena felicidad: el d&iacute;a octavo seremos finalmente nosotros mismos. El d&iacute;a octavo es el encuentro definitivo con Cristo y la plenitud del hombre, que vuelve al seno del que ha salido. La primera parte del Adviento recuerda esta tensi&oacute;n de toda la historia de la salvaci&oacute;n hacia su meta, y celebra la segunda venida de Cristo al final de los tiempos: el adviento escatol&oacute;gico. A partir del 17 de diciembre los textos de la liturgia se centran en la primera venida de Cristo: el adviento natalicio, se&ntilde;alado por las ant&iacute;fonas &ldquo;Oh&rdquo; de las II v&iacute;speras de cada d&iacute;a. En ambas partes, el cristiano vive la llegada del Se&ntilde;or en actitud de espera esperanzada. Es una espera vigilante, atenta a las se&ntilde;ales del Se&ntilde;or, que llega. Este es el grito orante de las I v&iacute;speras en la &ldquo;noche-nueva&rdquo; dominical con la que inicia el santo Adviento. Es una espera paciente, como Dios lo es con nosotros. La paciencia divina siempre espera el momento de cada uno y ofrece una oportunidad porque Dios &ldquo;no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan&rdquo; (2 P 3,9). Es una espera comunitaria, eclesial, porque esperamos juntos la venida del Se&ntilde;or; mejor dicho, m&aacute;s que esperar nosotros, es el Se&ntilde;or el que lleva esper&aacute;ndonos dos mil a&ntilde;os. 2.- Conversi&oacute;n. &ldquo;Convert&iacute;os&hellip;preparad el camino del Se&ntilde;or &rdquo; ( Mt 3,1.3 ) Adviento es tiempo de conversi&oacute;n. Juan el Bautista aparece como el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de los antiguos profetas, que a lo largo de siglos anunciaron y mantuvieron la esperanza de Israel. Es el profeta del Alt&iacute;simo, m&aacute;s grande que profeta, porque conoce anticipadamente el momento designado por de Dios para la llegada del Mes&iacute;as. Es el &ldquo;pr&oacute;dromos&rdquo;, es decir, el inmediato precursor, que anuncia la presencia del Mes&iacute;as en medio de su pueblo. Como conocedor del misterio mesi&aacute;nico, predica la conversi&oacute;n en el desierto, ofrece el bautismo para limpiar los pecados y prepararse a la inmediata llegada del Reino de Dios. Invita a preparar y reparar el camino del Se&ntilde;or: enderezar el camino extraviado, limar asperezas&hellip; para que no haya ning&uacute;n obst&aacute;culo ni barrera que dificulte la llegada del Mes&iacute;as. No hay que detenerse en la figura y personalidad de Juan, sino en el contenido y urgencia de su mensaje. Lo primero es expresi&oacute;n de lo segundo. La conversi&oacute;n es la mejor forma de prepararnos y reparar el coraz&oacute;n humano cerrado, tantas veces, a la llegada de Dios y de los hermanos. 3.- Alegr&iacute;a: &ldquo;Estad siempre alegres en el Se&ntilde;or&rdquo; (Flp 4,4) Adviento es tiempo de alegr&iacute;a. Se trata de la alegr&iacute;a previa a la venida del Se&ntilde;or; no la alegr&iacute;a subsiguiente. Es la alegr&iacute;a de las v&iacute;speras, de los buenos y deseados acontecimientos, mezclada con espera y expectaci&oacute;n; la alegr&iacute;a de los preparativos emocionados que no cansan; la alegr&iacute;a previsora que nos despierta y nos mantiene vigilantes, pensando en el acontecimiento futuro. As&iacute; aparece el tercer domingo, denominado Gaudete, -por ser esta la primera palabra latina de la misa de este d&iacute;a-, que presiente cercana la fiesta de Navidad, y anticipa como resplandor del misterio navide&ntilde;o la alegr&iacute;a jubilar por el Nacimiento de Cristo. Se repite tambi&eacute;n en la proclamaci&oacute;n del texto de Filipenses: Estad siempre alegres en el Se&ntilde;or; os lo repito, estad alegres. El Se&ntilde;or est&aacute; cerca. El Adviento nos prepara para llegar a la meta del camino con una nota caracter&iacute;stica del cristiano: la alegr&iacute;a. Cuando se celebr&oacute; el a&ntilde;o santo de 1975, pidieron un documento jubilar a Pablo VI, que tanto hab&iacute;a sufrido por la Iglesia y que conoc&iacute;a muy bien el coraz&oacute;n moderno de la humanidad, y public&oacute; la exhortaci&oacute;n Gaudete in Domino ("Alegraos en el Se&ntilde;or") para hablar de la alegr&iacute;a como nota evang&eacute;lica del cristiano y un apostolado que hacer en esta sociedad. 4.- Mar&iacute;a. &ldquo;La virgen concebir&aacute;&rdquo; (Is 7,14) Adviento es el tiempo mariano por excelencia. Con Mar&iacute;a y como Mar&iacute;a esperamos la venida del Se&ntilde;or. En este tiempo celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n como triunfo de la gracia divina sobre el pecado humano. Ella es la &ldquo;sin pecado concebida&rdquo;, &ldquo;la llena de gracia&rdquo;, porque Dios la preserv&oacute; del pecado inherente a la humanidad pecadora, necesitada de salvaci&oacute;n. Se turb&oacute; ante las sorprendentes noticias anunciadas por el &aacute;ngel Gabriel porque compromet&iacute;an el futuro de su propia historia personal. Pero era la elegida por el Padre para ser la madre de su Hijo. Y ante esa misi&oacute;n, se fi&oacute; de Dios, confi&oacute; en El y afront&oacute; su misi&oacute;n con fe. Por eso, nos alienta a saber esperar incluso en la adversidad. El Adviento descubre nuestros miedos y dudas paralizantes. Pero a pesar de las contrariedades inevitables de la vida, la fe nos invita a confiar en Dios, a no temer y a saber esperar el momento de Dios, sin evadirnos de nuestra responsabilidad en el presente. La Iglesia espera la venida del Se&ntilde;or junto a Mar&iacute;a. Ella es ejemplo y modelo de la Iglesia que peregrina, cada a&ntilde;o y siempre, para conmemorar y revivir el misterio de la Natividad del Se&ntilde;or. 5. &ndash; Salvaci&oacute;n. &ldquo;El desierto florecer&aacute;&rdquo; (Is 35,1) Adviento es tiempo de salvaci&oacute;n. Isa&iacute;as habla a un pueblo dominado por la oscuridad de un destierro violento, y con una gran dosis de sufrimiento interno y externo. La voz luminosa de Isa&iacute;as profetiza la venida esperanzadora del Mes&iacute;as, que provocar&aacute; signos extraordinarios y quebrantar&aacute; incluso las leyes estables de la naturaleza: los ojos del ciego se abrir&aacute;n&hellip; los cojos saltar&aacute;n&hellip; el desierto florecer&aacute;. &iexcl;Qu&eacute; hermosa met&aacute;fora! El yermo, el desierto o la estepa son signo de esterilidad. La venida del Salvador manifiesta la gloria y el poder de Dios, que transformar&aacute; el mundo conocido y salvar&aacute; a la humanidad. Isa&iacute;as es consciente del amor que Dios tiene al pueblo elegido. Se convierte en heraldo divino para hablar a un pueblo desconsolado y anunciarle el consuelo de Dios en medio de la desgracia. Isa&iacute;as consuela al pueblo, conf&iacute;a en Dios y espera. La voz de los profetas no se dirige exclusivamente a Israel, sino al universo entero. El anuncio del advenimiento de Cristo no se circunscribe al pueblo jud&iacute;o o al mundo cristiano, sino que se abre a toda la humanidad pasada, presente y futura. Dios ofrece su salvaci&oacute;n a toda la humanidad: &ldquo;y todos ver&aacute;n la salvaci&oacute;n de Dios&rdquo; (Lc 3,6). Cristo es el Esperado de los tiempos, el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios enviado al mundo para salvar al mundo. Celebrar el Adviento supone para el cristiano una intensa experiencia espiritual de conversi&oacute;n constante, de esperanza paciente, de consuelo caritativo, de alegr&iacute;a universal, porque Dios no abandona a la humanidad creada, sino que le env&iacute;a al &uacute;nico posible Salvador del hombre, nacido de las entra&ntilde;as pur&iacute;simas de Mar&iacute;a. &iexcl;Se&ntilde;or, ven pronto! Te necesitamos. Marana tha! ***************************************** SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 40, 1-5. 9-11. Exiliado largo tiempo Israel perd&iacute;a la esperanza de volver a su tierra y la tentaci&oacute;n de asentarse en Babilonia parec&iacute;a inevitable. Dios env&iacute;a un profeta al pueblo en el destierro, con un mensaje de consuelo y alegr&iacute;a: el castigo por el pecado termina ya, el crimen ha sido pagado con creces. Va a comenzar la vuelta del destierro. Ser&aacute; un nuevo &eacute;xodo, m&aacute;s glorioso a&uacute;n que el primero. Ahora bien, el pueblo ha de ponerse en movimiento, no puede quedarse de brazos cruzados; el pueblo ha de liberarse de cuanto lo atenaza y salir a preparar el camino de su Dios: &ldquo;Una voz grita: en el desierto prepararle un camino al Se&ntilde;or; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen; que lo torcido se enderece y los escabroso se iguale&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 2 Pedro 3, 8-14. Toda la segunda carta de San Pedro est&aacute; centrada en el tema del retorno de Cristo y las circunstancias que acompa&ntilde;ar&aacute;n este acontecimiento misterioso y trascendental. Los cristianos de la primera edad esperaban estar presentes cuando sonase la trompeta de su retorno. San Pedro les recuerda que Dios est&aacute; muy por encima de las categor&iacute;a humanas del tiempo. Lo importante es cuando venga nos encuentre en paz. Por eso no podemos intranquilizarnos por su aparente silencio; ni tampoco querer apresurar su venida. El d&iacute;a del Se&ntilde;or llegar&aacute;: &ldquo;No perd&aacute;is de vista una cosa: para el Se&ntilde;or un d&iacute;a es como mil a&ntilde;os para nosotros&hellip;El Se&ntilde;or no tarda en cumplir sus promesas&hellip;Por tanto, hermanos, mientras esper&aacute;is estos acontecimiento, procurad que Dios os encuentre en paz con &Eacute;l, inmaculado e irreprochables&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 1, 1-8. HOMILIA Y RETIRO ESPIRITUAL QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo;. As&iacute; inicia San Marcos su Evangelio, que vamos a meditar durante todo este a&ntilde;o lit&uacute;rgico; &eacute;ste es el t&iacute;tulo que quiere dar a todo lo que va a escribir a continuaci&oacute;n y que a la vez se convierte en la s&iacute;ntesis m&aacute;s clara y concisa del mismo. Para San Marcos evangelio, en griego <euangelion>, es y significa <buena noticia> y esta buena noticia no es una cosa o verdad o noticia sino una persona: Jesucristo. San Marcos es el &uacute;nico de los cuatro evangelistas que abre su narraci&oacute;n con la predicaci&oacute;n del Bautista en el desierto. La presencia de Juan el Bautista en su evangelio es sint&eacute;tica y est&aacute; al servicio del objetivo b&aacute;sico. Como hemos dicho, para Marcos el evangelio es la persona de Jesucristo y parece que tiene prisa para llegar a &Eacute;l, pasando por alto su infancia, a diferencia de Mateo y Lucas. 1.- &ldquo;Est&aacute; escrito en el Profeta Isa&iacute;as: Yo env&iacute;o mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Se&ntilde;or, allanad sus senderos&rdquo;. Vemos c&oacute;mo en la persona de Juan empiezan a verificarse las antiguas profec&iacute;as. &Eacute;sta, en concreto, la leemos en la profec&iacute;a de Isa&iacute;as, en la primera Lectura. Como el desierto fue el camino de liberaci&oacute;n para Israel, hay que preparar ahora tambi&eacute;n en el desierto un camino al Se&ntilde;or que viene con gloria a liberar definitivamente a su pueblo. La profec&iacute;a alcanz&oacute; su plenitud en Jes&uacute;s, el Ungido, a quien el Bautista anuncia ya presente. Vemos c&oacute;mo una vez m&aacute;s desierto y camino son conceptos b&iacute;blicos m&aacute;s que geogr&aacute;ficos. El desierto es el lugar de las grandes teofan&iacute;as y encuentros con Dios, y el camino significa el sentido y la direcci&oacute;n moral y espiritual de nuestro caminar en la vida. En este tiempo de oto&ntilde;o avanzado, cuando las hojas se caen en colores variopintos de los &aacute;rboles y los p&aacute;jaros empiezan a emigrar, viene Juan con su voz tonante a preparar todos los a&ntilde;os el camino del Se&ntilde;or que viene a nosotros: &ldquo;Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonase sus pecados y &eacute;l los bautizaba en el Jord&aacute;n&rdquo;. Toda la vida de Juan estuvo determinada por esta misi&oacute;n que Dios le hab&iacute;a confiado. Esta era su vocaci&oacute;n: tendr&aacute; que preparar a Jes&uacute;s un pueblo capaz de recibir al enviado de Dios y el reino de Dios, dando p&uacute;blicamente testimonio de Jes&uacute;s. No parte de &eacute;l la iniciativa, sino de Dios y sabe hasta donde le puede llevar ser profeta verdadero de Dios. Pero esto no le hace cambiar en su misi&oacute;n ni enmudecer. &Eacute;l realizar&aacute; cumplidamente su cometido hasta dar la vida por la misi&oacute;n recibida. He aqu&iacute; un ejemplo y un testimonio claro y manifiesto para todos nosotros, cristianos del siglo XXI, y para todos los sacerdotes de todos los tiempos, enviados a dar la buena noticia de Jes&uacute;s, a veces en un mundo pagano e ignorante de los designios divinos. Debemos de preparar los caminos que llevan a nuestros hermanos los hombres hasta Cristo. Los padres deben ser los primeros educadores de la fe de sus hijos. De ellos deben aprender a rezar y a venir a la asamblea eucar&iacute;stica. Los ni&ntilde;os que se preparan en mi parroquia para la primera comuni&oacute;n repiten con frecuencia en voz alta para que los oigan sus padres en misa: &laquo;Si tenemos padres cristianos, no necesitamos ni curas&raquo;. Y de esto estamos convencidos todos los sacerdotes del mundo. Si un padre no reza, si un padre no viene a misa, los hijos tampoco lo har&aacute;n, sencillamente porque para un ni&ntilde;o, sus padres son modelo, los que m&aacute;s los quieren y le proporcionan todo lo necesario para la vida; por eso, si su padre no reza, no es religioso, Dios, la religi&oacute;n, la primera comuni&oacute;n vale poco, porque sus padres, que son lo que m&aacute;s los quieren y le dan todo lo necesario, no les hablan de Dios, ni rezan ni comulgan como s&iacute; lo hacen con las clases del colegio, con el ingl&eacute;s, el deporte. La mejor forma de ser profetas de Cristo, de anunciarle y preparar sus caminos en nuestro mundo es dar un buen testimonio de vida cristiana y familiar. En esta Navidad vamos a ser buenos precursores de Cristo en nuestro ambiente y familia, dando buen testimonio de fe, esperanza y amor cristianos. Vamos a defender la Navidad cristiana, vamos a hablar claramente de que Dios nace entre los hombres porque sigue amando a los hombres de hoy; vamos a luchar para que no se pierda el sentido cristiano con tanta navidad pagana, sin Cristo, con muchos turrones y champ&aacute;n pero sin fe y amor sincero a Jesucristo que viene a nosotros. Debemos ser precursores y profetas de Cristo, como Juan, ante nuestra familia, amigos y compa&ntilde;eros de trabajo, con palabras, testimonio de vida y la oraci&oacute;n por ellos. Nuestra tarea, como la de Juan, en este Adviento, es preparar el camino del Se&ntilde;or para que muchos, que est&aacute;n indiferentes, alejados o despistados, se encuentren con el Se&ntilde;or. Seamos profetas de Cristo como Juan, sin miedo, sin complejos ni cobard&iacute;as. 2.- &ldquo;Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados&rdquo;. Este mensaje de Juan sigue siendo actual&iacute;simo en nuestra sociedad actual. Porque todos percibimos que este mundo nuestro ha cambiado much&iacute;simo en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, y no precisamente a mejor en relaci&oacute;n con Cristo y su evangelio, con el concepto cristiano de matrimonio y familia para siempre, con el respeto a la vida tanto al comienzo como al final: hay muchas separaciones, divorcios, abortos, eutanasias, uniones homosexuales... El auge de la increencia, fen&oacute;meno caracterizado no tanto por un sistema de pensamiento cuanto por una mentalidad y unas actitudes de pragmatismo consumista, antes por la mentalidad materialista ahora desde la misma vida materializada por su estilo superficial de disfrute inmediato sin trabas de moral y de religi&oacute;n alguna, sin mirada trascendente a preguntas y respuestas &uacute;ltimas, consecuencia de todos esos desencantos que proclama la postmodernidad, todo esto ha hecho la no necesidad de Dios, a quien por otra parte tampoco se le echa en falta, a la hora de orientar la vida ordinaria, porque &eacute;sta funciona con criterios m&aacute;s simples para los que basta vivir instalados en la finitud como en la propia piel y disfrutar lo m&aacute;s que se pueda del presente, porque son dos d&iacute;as, haciendo lo que me apetece, sin importarme los dem&aacute;s&hellip; As&iacute; vive especialmente nuestra juventud. Y esta es la atm&oacute;sfera que se respira en los laboratorios actuales de la cultura: La ley de educaci&oacute;n actual, potencializada por una televisi&oacute;n pansensual y unos medios superficiales, ha transformada a Espa&ntilde;a en un laicismo militante, en una Espa&ntilde;a m&aacute;s vac&iacute;a de contenidos trascendentes y eternos, m&aacute;s tristes, con matrimonios mas tristes, sin seguridad en el amor y familias m&aacute;s tristes y vac&iacute;as, que lo tienen todo, pero les falta todo, porque les falta Dios. Y ese laicismo se va manifestando cada vez m&aacute;s como una persecuci&oacute;n descarada y abierta a todo lo religioso. Y me encuentro ya con j&oacute;venes en la calle, que, al verme con cleryman y saber que soy sacerdote, empiezan a hacerme p&uacute;blicamente mofa, ri&eacute;ndose de lo religioso que represento e incluso blasfemando p&uacute;blicamente de Dios en mi presencia. Hasta ah&iacute; les est&aacute; llevando la falta de valores puramente humanos y morales de una educaci&oacute;n vac&iacute;a y t&eacute;cnica. 3.- Nosotros debemos escuchar la voz de Juan que todos los Advientos nos invita a preparar los caminos del Se&ntilde;or mediante la conversi&oacute;n: a) Conversi&oacute;n del alma: En pecado mortal no se puede celebrar la Navidad cristiana. Ser&aacute; una Navidad pagana. No podemos celebrar la Navidad con turrones y villancicos y luego el Se&ntilde;or tiene que nacer fuera de nosotros porque nuestra alma est&aacute; tan llena de cosas y cosas que no cabe &Eacute;l, que no hay tiempo ni amor para &Eacute;l, o tal vez ocupada desde hace tiempo por los pecados, que no confesamos y nos impiden comulgar, alimentarnos de su cuerpo y sangre para vivir en cristiano. La mejor forma de celebrar la Navidad cristiana es comulgando, haciendo morada y nacimiento a Cristo dentro de nosotros. Toda la familia debe recibir sacramentalmente a Cristo en estos d&iacute;as. Es el signo y la forma mejor de celebrar la Navidad, recibiendo a Cristo en nosotros. Y para eso, confesemos humildemente nuestros pecados, porque viene precisamente nuestro Salvador y &eacute;sta es la mejor forma que tiene de salvarnos, limpiando nuestro coraz&oacute;n. &Eacute;sta es la mejor forma de celebrar la Navidad cristiana: con Cristo en el alma. Preparemos la cuna dentro de nosotros. b) Conversi&oacute;n del coraz&oacute;n. Porque son fiestas del amor de Dios a los hombres: amor loco y apasionado del Padre que nos lo env&iacute;a; del Hijo que viene lleno de amor al hombre para salvarlo; y del Esp&iacute;ritu Santo que lo realiza con su potencia de Amor infinito y Personal en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad, donde se decide este proyecto de amor, en Consejo Trinitario, y luego, en el tiempo, con su poder infinito, en el seno de la Virgen nazarena, madre del Verbo Encarnado. La mejor preparaci&oacute;n para la Navidad, fiesta del amor divino, es poner al d&iacute;a nuestra caridad con Dios y con los hermanos. El amor a Dios pasa por el amor a los hombres. Son d&iacute;as de olvidar, perdonar, ayudar, visitar a enfermos y ancianos, de hacer obras de caridad. En estos d&iacute;as hay que poner m&aacute;s cuidado en todo esto. Hay que tener entra&ntilde;as de cercan&iacute;a, de amor y misericordia, como Dios con nosotros en la Navidad. M&aacute;s tolerancia y comprensi&oacute;n en estos d&iacute;as. Siempre hay que amar, pero la Navidad exige esta conversi&oacute;n al amor, porque por aqu&iacute;, por esta vereda vendr&aacute; ciertamente el Se&ntilde;or. Hay que hacer obras concretas de caridad con la familia y con los pobres, enfermos, necesitados de todo tipo. Una verdadera conversi&oacute;n de coraz&oacute;n. c) Conversi&oacute;n de la mente. Convertir nuestros criterios a los de Cristo, a los del evangelio: &ldquo;Acud&iacute;a la gente de Judea y de Jerusal&eacute;n, confesaban sus pecados y &eacute;l los bautizaba en el Jord&aacute;n. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre&rdquo;. Necesitamos nuevamente la voz de Juan el Bautista que predique un bautismo de penitencia en un mundo donde los p&aacute;rrocos y los catequistas nos las vemos y deseamos para hacer cre&iacute;ble el evangelio a los ni&ntilde;os y a los mayores, que por la tarde comulgan con Cristo en nuestras reuniones o misas y catequesis, y nada m&aacute;s salir de estos centros se encuentran con una prensa, televisi&oacute;n, ambiente y dem&aacute;s totalmente paganizados, a veces en sus mismos hogares, y comulgan con el paganismo y la increencia; j&oacute;venes que un d&iacute;a de Pentecost&eacute;s se confirman en la fe y otro d&iacute;a andan pregonando y confirmando que lo &uacute;nico que les importa es disfrutar sin normas ni trabas de ning&uacute;n g&eacute;nero. Juan el Bautista, una vez m&aacute;s, en este tiempo de adviento, con su figura austera, aliment&aacute;ndose de ra&iacute;ces y miel silvestre, con voz ronca y tonante, invitando a la conversi&oacute;n y al arrepentimiento de ego&iacute;smos y consumismos, nos produce la impresi&oacute;n de un hombre entero, de una sola pieza, traspasado por la verdad y el amor de Dios hasta los tu&eacute;tanos de sus huesos, hombre de Dios libre de esclavitudes consumistas, libre ante el dinero, libre ante el poder pol&iacute;tico y religioso, libre ante el honor y la misma vida por ser fiel a la verdad. Me encanta y me seduce este hombre. Qu&eacute; pocos encontramos as&iacute; en la misma Iglesia de Cristo, -- y no s&oacute;lo en la parte baja sino en la parte alta de la Iglesia --, hombres convencidos, perseverantes, sin doblegarse por los acontecimientos y las presiones favorables o desfavorables. Invoquemos hoy a San Juan Bautista, pidamos para la Iglesia de Cristo su presencia de testimonio entre nosotros y que nos lleve a vivir nuestra fe y a dar testimonio de la verdad de Cristo con su misma valent&iacute;a y totalidad. 4.- &ldquo;Y proclamaba: Detr&aacute;s de m&iacute; viene el que puede m&aacute;s que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero &Eacute;l os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Y aqu&iacute; viene otra gran paradoja de estos tiempos actuales. Junto al fen&oacute;meno de la increencia, se est&aacute; produciendo en la sociedad el fen&oacute;meno parad&oacute;jico de los nuevos cultos y las nuevas creencias. Apoyados en los poderosos medios de la propaganda enga&ntilde;osa y f&aacute;cil, basta tener dinero, surgen nuevas creencias, cultos, nueva era, nuevos fen&oacute;menos religiosos, quiz&aacute; como nostalgia de la verdadera dimensi&oacute;n religiosa perdida. Lo cierto es que cuando el hombre moderno hab&iacute;a secularizado su vida, curiosamente la sociedad actual ofrece un gran supermercado de dioses de toda especie y para todos los gustos &ndash; dioses y religiones a la carta- muy bien surtidos y en buenas condiciones de pr&aacute;cticas. Es el consumismo que ha entrado tambi&eacute;n en la esfera religiosa: ritos negros, azules, s&aacute;dicos, demon&iacute;acos, hor&oacute;scopos, amuletos, brujas, tarot, espiritismo, magias, adivinos, videntes&hellip;. Esto es malo por una parte; pero por otra nos demuestra que hombre, la sociedad, no pueden vivir sin religi&oacute;n, y si la sociedad es pagana, al Dios verdadero, que exige el culto de sus criaturas, la adoraci&oacute;n de su voluntad y el cumplimiento de unos preceptos, se le sustituye por los &iacute;dolos que nos sirven a nuestros instintos y desenfrenos, que m&aacute;s que servirlos, nos servimos de ellos o ellos nos sirven para nuestros ego&iacute;smos y desenfrenos. Ya lo advert&iacute;a Chesterton y no olvidemos nunca esta afirmaci&oacute;n: &ldquo;Desde que los hombres ha dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada; es que creen en todo&rdquo;. Y esto mismo Bernanos lo dec&iacute;a de otra forma: &ldquo;Un sacerdote menos, mil pitonisas m&aacute;s&rdquo;. Juan el Bautista se mantiene siempre fiel al que le ha enviado; predica una fe y una religi&oacute;n dura, antip&aacute;tica, exigente, sabiendo que muchos la rechazar&aacute;n; pero el no vive para el aplauso y el voto, como los pol&iacute;ticos, &eacute;l vive para preparar los caminos del Se&ntilde;or, de este Cristo que luego predicar&aacute;: &ldquo;Si alguno quiere ser mi disc&iacute;pulo, ni&eacute;guese a s&iacute; mismo, tome su cruz y me siga&rdquo;. Los dos murieron por predicar la verdad de Dios y del hombre, como han muertos tantos por predicar la verdad y echar en cara a los hombres tanta falta de amor a Dios y a los hombres, tanta mediocridad, tantas esclavitudes en el seguimiento de los propios instintos, pasiones, inclinaciones de pecado y consumismos sin amor. 5.- Juan predicaba a orillas del Jord&aacute;n la conversi&oacute;n de los pecados para poder recibir &ldquo;al que viene despu&eacute;s de m&iacute;&hellip; &Eacute;l os bautizar&aacute; en Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Esta conversi&oacute;n consiste en un cambio radical de criterios y mentalidad, de actitudes internas y de comportamientos externos seg&uacute;n la moral evang&eacute;lica. Y la finalidad de esta conversi&oacute;n tan profunda es poder recibir al Se&ntilde;or en nuestro coraz&oacute;n, porque si seguimos llenos de nuestro yo y de nuestros ego&iacute;smos, no cabe Cristo en nosotros. Por eso, Juan el Bautista nos pide que preparemos bien nuestro coraz&oacute;n de donde nacen los comportamientos y las actitudes para hacer camino al Se&ntilde;or que ya viene; para eso nos pide que renovemos la fe y la conversi&oacute;n prometida en nuestro bautismo para el perd&oacute;n de nuestros pecados que impiden el nacimiento del Se&ntilde;or en nosotros. Juan era consciente que el bautismo que &eacute;l administraba en el desierto no es m&aacute;s que un signo provisional del nuevo bautismo en el Esp&iacute;ritu Santo que impartir&aacute; el que viene detr&aacute;s de &eacute;l, Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as prometido, al que &eacute;l no se considera digno de desatarle las correas de las sandalias. El mensaje de la conversi&oacute;n que proclama el Bautista para preparar el camino al Se&ntilde;or encuentra eco en la magn&iacute;fica Carta de San Pedro en la Segunda Lectura de este domingo: &ldquo;Esperad y apresurar la venida del Se&ntilde;or, cuando desaparecer&aacute;n los cielos consumidos por el fuego y se derretir&aacute;n los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Se&ntilde;or, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esper&aacute;is estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con &Eacute;l, inmaculados e irreprochables&rdquo;. Estas palabras de Pedro son un s&iacute;ntesis estupenda de todo lo que nos pide este tiempo de Adviento para preparar los caminos del Se&ntilde;or que viene a inaugurar el reinado de Dios entre nosotros, reino de amor, de justicia, de verdad y de paz hasta la culminaci&oacute;n final del Reino, que seguiremos esperando despu&eacute;s del Adviento, porque confiados en el Se&ntilde;or, &ldquo;esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia&rdquo;. La condici&oacute;n indispensable para acelerar esta venida salvadora de Cristo a nosotros y al mundo es la conversi&oacute;n, dejar de caminar en la direcci&oacute;n que llevamos de yo y consumismo y empezar a mirar en la direcci&oacute;n de Cristo que viene a nosotros por el camino de la conversi&oacute;n de nuestros criterios y faltas de amor, de fe, de esperanza cristiana, de humildad, de que Dios sea lo primero de nuestra vida, lo absoluto, de que todos sean hermanos, de hacer una mesa muy grande donde se puedan sentar todos los hombres. Y eso no es fruto de cambios puramente estructurales sino de cambio y conversi&oacute;n interior de las personas. Para esto se ha encarnado Cristo, para esto viene al hombre, para liberarle con su evangelio y su gracia de todas las esclavitudes. No hay posibilidad de amor al hombre, de fraternidad universal sin aceptaci&oacute;n del proyecto de Dios sobre el hombre, la familia, el matrimonio, las riquezas, el amor, el sexo&hellip; en todo esto tenemos que convertirnos al proyecto de Dios venciendo todo consumismo puramente ego&iacute;sta. No hay fraternidad universal ni paternidad universal de Dios. Por eso han fracasado todos los profetas y programas laicos de humanismos horizontales, agn&oacute;sticos, que prescinden de Dios, pues nada hay verdaderamente humano y durable que pueda construirse negando la referencia a Dios y a su Enviado Jesucristo, &uacute;nico salvador de los hombres. Y &eacute;ste es precisamente el drama del humanismo ateo de ahora y de todos los tiempos. Repasad el marxismo &uacute;ltimo. Si la conversi&oacute;n no se hace por Dios y est&aacute; abierta a la trascendencia, no habr&aacute; eficacia en el cambio que se pretenda. Porque todo cambio ser&aacute; aparente, sin actitudes internas, porque el eterno y viejo ego&iacute;smo de Ad&aacute;n, &ldquo;ser&eacute;is como dioses&rdquo; minar&aacute; solapadamente, como un camale&oacute;n, todo cambio de leyes y estructuras. Queridos hermanos, convirtamos nuestra mente, nuestro coraz&oacute;n y nuestras actitudes seg&uacute;n las indicaciones de Juan y San Pedro en este Adviento y solo as&iacute; ser&aacute; Navidad cristiana en este mundo, porque s&oacute;lo Cristo puede salvarlo en justicia y santidad verdaderas. Por eso, lo de siempre, convirt&aacute;monos, miremos a nuestro coraz&oacute;n y preparemos los caminos al Se&ntilde;or, porque, aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, no habr&aacute; Navidad, no habr&aacute; hombre nuevo y sociedad renovada, todo ser&aacute; in&uacute;til. &iquest;Cu&aacute;l es el drama del mundo actual? Que necesitamos preparar el encuentro con Cristo mediante una sincera conversi&oacute;n que nos haga preparar el camino al Se&ntilde;or que viene para nacer en nuestro coraz&oacute;n y en nuestra alma, en nuestra vida, y para eso necesitamos vaciarnos de tanto ego&iacute;smo y consumismo, y precisamente estos ego&iacute;smos y consumismos por otra parte nos embotan y nos impiden ver la necesidad que tenemos del Adviento, tiempo intenso de preparaci&oacute;n para un encuentro m&aacute;s santificador con Cristo, con sus criterios y actitudes de amor, humildad, entrega, adoraci&oacute;n del Padre y de aceptaci&oacute;n de su plan de salvaci&oacute;n sobre nosotros. El mundo no siente necesidad de Dios, de Cristo, de trascendencia, de cielo&hellip; Y nosotros podemos contaminarnos de este lluvia &aacute;cida, de esta mentalidad laicista y atea, sin darnos cuenta, porque es lo que vemos en la tele o leemos en la prensa; por eso, podemos no sentir necesidad de esperar y salir al encuentro de Cristo, porque no sentimos necesidad de esa salvaci&oacute;n que nos trae. Necesitamos convertirnos. Es una pena, que no esperemos a Cristo, teniendo como tenemos todos, tanta necesidad de su presencia, de su gracia, de cambio de nuestra vida por la suya, de nuestros criterios por los suyos, de nuestro amor conyugal, familiar, fraternal por el suyo... La liturgia nos pide este cambio, esta conversi&oacute;n, ese encuentro con la gracia y la salvaci&oacute;n del Enviado mediante la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n y las obras de penitencia y caridad. Aunque no sintamos estos deseos, leamos estos textos de Adviento y hagamos oraci&oacute;n por ellos, para que siembren en nosotros esta esperanza que nos haga prepararnos para un aumento de la presencia de Cristo en nuestra vida. Salgamos a esperar al Se&ntilde;or que viene para salvarnos, para liberarnos de nuestras esclavitudes y limitaciones. 6.- Este hecho de la venida del Se&ntilde;or lit&uacute;rgica y sacramentalmente en la Navidad debe provocar en nosotros los siguientes sentimientos concretos: A) Orar m&aacute;s y mejor. Largos ratos de silencio, desierto y contemplaci&oacute;n del Misterio del Amor de Dios y del Hijo que nos viene. Dice San Bernardo: &ldquo;Hermanos, profundizad en el sentido del Adviento. Fijaos qui&eacute;n es el que viene, de donde viene, a donde viene, para qu&eacute;, cu&aacute;ndo y por donde viene&rdquo;. Meditemos e interioricemos todo este proceso. B) Preparemos este encuentro con Cristo que viene y quiere nacer de nuevo en nosotros aumentando su presencia, mediante una conversi&oacute;n sincera limpiando nuestro coraz&oacute;n de todo pecado mediante una confesi&oacute;n sincera, para recibirlo en nuestra alma por una comuni&oacute;n fervorosa. C) Alguna obra de caridad para con los m&aacute;s necesitados: Que la Virgen del Adviento no ense&ntilde;e a prepararnos como ella al nacimiento del Hijo. Con ella y junto a ella, con sus mismas actitudes de fe, esperanza y amor, sabremos vivir mejor este tiempo de espera. En unos de los cantos de Adviento, le decimos: Santa Mar&iacute;a de la esperanza, mant&eacute;n el ritmo de nuestra espera, mant&eacute;n el ritmo de nuestra espera. Nos diste al esperado de los tiempos, mil veces prometido en los profetas, y nosotros so&ntilde;amos con su vuelta, queremos la llegada de su reino. &iexcl;Santa Mar&iacute;a del Adviento, ruega por nosotros! Virgen de la espera gozosa del Se&ntilde;or, ens&eacute;&ntilde;anos a esperar a tu Hijo como t&uacute;. Am&eacute;n. *********************************************** TERCER DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 61, 1-2&ordf;.10-11 Tras la liberaci&oacute;n de Babilonia, la tarea de restaurar la naci&oacute;n se fue haciendo m&aacute;s penosa de lo pensado: las promesas de Dios no parec&iacute;an cumplirse y el pueblo no sal&iacute;a de su postraci&oacute;n; no llegaba su so&ntilde;ada salvaci&oacute;n. En este ambiente, el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or invade al profeta y le env&iacute;a como mensajero de buenas noticias: la justicia del Se&ntilde;or se implantar&aacute; en la tierra. El hombre se llenar&aacute; de gozo como un rey despu&eacute;s de la victoria. Nosotros vivimos ya en la etapa de liberaci&oacute;n realizada por Jesucristo: &ldquo;Hoy se ha cumplido ante vosotros esta profec&iacute;a&rdquo;, dijo Jes&uacute;s en la sinagoga de Nazaret. La comunidad cristiana debe alegrarse porque el Se&ntilde;or viene a salvarnos. SEGUNDA LECTURA: 1Tesalonicenses 5, 16-24. Como Isa&iacute;as y Juan Bautista, Pablo, heraldo de Cristo, exhorta a los fieles a trabajar en la propia santificaci&oacute;n en funci&oacute;n del advenimiento de Cristo. La meta del cristiano es el encuentro con Cristo. M&aacute;s que comportamientos concretos Pablo exhorta a tener actitudes b&aacute;sicas para un cristiano que vive esperando al Se&ntilde;or: alegr&iacute;a, oraci&oacute;n y acci&oacute;n de gracias lit&uacute;rgica y constante. Alegr&iacute;a, por sentirse llamado a vivir una comunidad de fe, de esperanza y amor. Oraci&oacute;n, porque es la manera de mantener nuestro di&aacute;logo constante con Dios. Y acci&oacute;n de gracias eucar&iacute;stica porque la Eucarist&iacute;a es una Encarnaci&oacute;n continuada y nos trae nuevamente a Cristo lleno de amor y gracias de salvaci&oacute;n. &ldquo;El que os ha llamado es fiel y cumplir&aacute; sus promesas.&rdquo; LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 1,6-8. 19-28. QUERIDOS HERMANOS: 1.- &ldquo;Desbordo de gozo con el Se&ntilde;or y me alegro con mi Dios porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.&rdquo; Este grito de j&uacute;bilo pertenece a la secci&oacute;n final del libro de Isa&iacute;as, llamado frecuentemente tercer Isa&iacute;as, escrito a la vuelta del exilio. Es el canto de alegr&iacute;a de la Jerusal&eacute;n salvada y recobrada despu&eacute;s del destierro y que hoy se aplica a la Iglesia que se alegra y da gracias por la salvaci&oacute;n que nos trae el Enviado. La misi&oacute;n confiada al Ungido de Dios, la tarea que va a realizar el Enviado debe ser motivo de esperanza y de alegr&iacute;a para todos los que sufren y viven en la angustia. Tras la liberaci&oacute;n y el retorno de Babilonia la tarea de restaurar la naci&oacute;n jud&iacute;a se fue haciendo m&aacute;s penosa de lo pensado porque las promesas de Dios no parec&iacute;an cumplirse y el pueblo no sal&iacute;a de su postraci&oacute;n: su so&ntilde;ada salvaci&oacute;n eran s&oacute;lo sue&ntilde;os. Era tal la desesperanza del pueblo de Dios que el anunciar que ya est&aacute; elegido un mes&iacute;as supone un verdadero evangelio, una buena noticia: no est&aacute; muy lejos un Dios que ya ha pensado en enviar su consagrado; no se ha olvidado de su pueblo un Dios que ya elegido a su lugarteniente. La Comunidad se alegra, por lo que tiene sino por lo que espera: tiene futuro, tiene un pueblo que tiene un Dios que se cuida de los m&aacute;s necesitados; la presencia del enviado de Dios vuelve a generar vida y esperanza. Queridos hermanos: Hagamos un esfuerzo por captar este mensaje de esperanza y alegr&iacute;a que se renueva cada Adviento y que nos repite la Primera Lectura. Porque estamos hoy viviendo una &eacute;poca de desesperanza y desilusi&oacute;n generalizada en lo social, moral, religioso, familiar&hellip;La Navidad pr&oacute;xima, en la que viene el Enviado de Dios, nos dice claramente que Dios no se olvida del hombre, de nosotros. Creamos y esperemos en &Eacute;l contra toda esperanza humana. Hay que esperar, el tiempo de Adviento nos invita a esperar al Salvador; este mundo, si hay Navidad cristiana, tiene salvaci&oacute;n, tiene un Redentor de todos nuestros pecados; si hay Navidad, Dios sigue amando al mundo, Dios no se olvida del hombre. Frente al auge de la increencia, el desencanto de las utop&iacute;as humanas vac&iacute;as de vida y amor, frente a la corrupci&oacute;n y la ca&iacute;da de la ideolog&iacute;as que promet&iacute;an la felicidad del hombre, oponi&eacute;ndose a Dios, frente a las actitudes de un consumismo, caracterizado de una trivialidad sin compromisos de tipo moral o religioso, unido a la alergia del hombre actual a la reflexi&oacute;n y a las preguntas &uacute;ltimas, resumen de un hombre que quiere orientar su vida al margen de Dios, tomando &eacute;l la iniciativa de decir qu&eacute; es lo que est&aacute; bien o mal en el orden moral, nosotros, los cristianos, debemos mirar a Dios que nos dijo que comi&eacute;ramos de todos los frutos del para&iacute;so del mundo, menos del &aacute;rbol de la ciencia del bien y del mal, porque saber lo que es buenos y malo, lo que es pecado o gracia, solo le corresponde a Dios. Por eso, el hombre moderno, queri&eacute;ndose apropiar de esta propiedad esencial de Dios, ha ca&iacute;do en la corrupci&oacute;n y en la autodestrucci&oacute;n, matando al mismo hombre, a la misma vida, con el aborto y la eutanasia y manipulaci&oacute;n de embriones, que son vida humana. Frente a los laboratorios de la inmoralidad, de la increencia, del laicismo militante que son la televisi&oacute;n y ciertos medios de comunicaci&oacute;n social, no desesperemos y esperemos tiempos mejores, porque Dios no deja de enviar a su Ungido, viene a salvarnos y nos rescatar&aacute; de tanta superficialidad: &ldquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnist&iacute;a a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar e a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&rdquo;. 2.- Precisamente San Pablo, en la segunda Lectura, exhorta a los fieles de Tesal&oacute;nica vivir alegres esperando el encuentro con el Se&ntilde;or, trabajando en la propia santificaci&oacute;n, que es el verdadero encuentro por la fe y la gracia con el Se&ntilde;or. Este encuentro se realiza en muchas circunstancias y a trav&eacute;s de diversas etapas. Hay que descubrir en los acontecimientos diarios, en el pr&oacute;jimo, en la vida lit&uacute;rgica al Se&ntilde;or que viene para salvarnos, hasta que se consume la salvaci&oacute;n definitiva al final de los tiempos. Para conseguirlo: &ldquo;Hermanos, estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasi&oacute;n tened la Acci&oacute;n de Gracias: &eacute;sta es la voluntad de Dios en Cristo Jes&uacute;s respecto de vosotros. No apagu&eacute;is el esp&iacute;ritu, no despreci&eacute;is el don de profec&iacute;a; sino examinadlo todo, qued&aacute;ndoos con lo bueno&hellip; El que os ha llamado es fiel y cumplir&aacute; sus promesas&rdquo;. San Bernardo, en uno de sus sermones: en el Adviento del Se&ntilde;or, exclama: &laquo;A los hombres nos es necesaria tu venida &iexcl;Oh Salvador nuestro! Nos es necesaria tu presencia, &iexcl;Oh Cristo! Y ojal&aacute; vengas de tal manera, que, por tu copios&iacute;sima designaci&oacute;n, habitando en nosotros por la fe, ilumines nuestra ceguedad; permaneciendo en nosotros, ayudes nuestra debilidad, y estando por nosotros, protejas y defiendas nuestra fragilidad. Si t&uacute; est&aacute;s con nosotros, &iquest;qui&eacute;n nos enga&ntilde;ar&aacute;? Si est&aacute;s con nosotros, &iquest;qu&eacute; no podremos hacer con el Se&ntilde;or que nos conforta? Si est&aacute;s por nosotros, &iquest;qui&eacute;n podr&aacute; nada contra nosotros?&raquo; 3.- En el evangelio se nos presenta el Bautista como modelo de testimonio de Cristo: con fe vigorosa, con vida austera, desinter&eacute;s, humildad y caridad: &ldquo;Surgi&oacute; un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan: &eacute;ste ven&iacute;a como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por &eacute;l todos vinieran a la fe. No era &eacute;l la luz, sino testigo de la luz&rdquo;. Juan, como precursor del Mes&iacute;as, como &ldquo;voz que clama en el desierto&rdquo;, llega puntual cada a&ntilde;o en el Adviento para preparar el camino del Se&ntilde;or. Su misma vida y su misma persona son el mejor camino de encuentro con el viene a nosotros en la Navidad. Por eso la Iglesia, en este tiempo de Adviento, nos pone delante su persona y su mensaje. La figura de Juan sigue siendo actual igual que su palabra. Es un profeta libre, austero, humilde, que vive para la misi&oacute;n que le han confiado: preparar los caminos del Se&ntilde;or; por eso, todo lo somete a esta tarea: su palabra, su prestigio, su fama, su gloria, su misma vida. Es un aut&eacute;ntico cristiano, hombre de Cristo y para Cristo. Juan es: a) Un profeta. Se siente profeta, enviado por Dios delante de la luz. &Eacute;l vive totalmente para la misi&oacute;n que se le ha confiado. &Eacute;l es solo la voz que anuncia al Mes&iacute;as y le prepara el camino para que la luz llegue a los corazones de los hombres. Su funci&oacute;n es ser testigo de ella. Nos da un ejemplo a seguir. Pero &eacute;l no es la luz, por eso debe ocultarse para no hacer sombra a la luz, para servirle a &eacute;sta de pedestal. Como testigo garantiza lo que ha visto, iluminado por el Esp&iacute;ritu: que el Enviado y la Luz es Cristo, aunque los hombres no le reconozcan. El Bautista se ve obligado a dar raz&oacute;n de su actividad y de su misi&oacute;n: todo lo que es y hace est&aacute; en funci&oacute;n del que ha de venir detr&aacute;s de &eacute;l y que ya est&aacute; presente, aunque no lo conocen. Con la triple negaci&oacute;n corrige las posibles expectativas de los jud&iacute;os; no es &eacute;l a quien esperan, tan s&oacute;lo es su portavoz. b) Es un hombre sincero y valiente y leal en proclamar la verdad: &ldquo;Confes&oacute; sin reservas&rdquo;. Este amor a la verdad le costar&aacute; la vida al censurar a los poderosos, como Herodes Antipas, casado con Herod&iacute;as, la mujer de su hermano Filipo. c) Es un hombre humilde: &ldquo;Yo no soy el Mes&iacute;as&hellip;&iquest;qu&eacute; dices de ti mismo? &Eacute;l contest&oacute;: Yo soy &laquo;la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Se&ntilde;or&raquo; (como dijo el profeta El&iacute;as&rdquo;. No sucumbe a la vanidad de embriagarse con el aplauso de la multitud. &Eacute;l sabe bien que su persona y su ministerio son en funci&oacute;n de otros superior a &eacute;l &ldquo;al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias&rdquo;. &Eacute;l es s&oacute;lo voz que anuncia al Mes&iacute;as y le prepara los caminos del coraz&oacute;n humano. Buen ejemplo para todos los creyentes, los bautizados, que debemos ser profetas y sacerdotes de Cristo, anunciando su evangelio, predicando en nuestro ambiente, instruyendo a nuestros hijos, amigos&hellip; preparando el camino de encuentro para con el Se&ntilde;or. 4.- LA LITURGIA DE ADVIENTO ES LITURGIA DE LA ESPERANZA Cristo naci&oacute; hist&oacute;ricamente en un momento determinado en cuanto hombre, porque en cuanto Dios es infinito en la pura eternidad del Padre con Amor de Esp&iacute;ritu Santo. En cuanto Dios su historia no se puede contar, porque no esta delimitada por las m&aacute;rgenes del espacio y del tiempo. En cuanto hombre ha nacido, tiene antes y despu&eacute;s y, por eso, su historia humana se puede contar. La historia humana empez&oacute; como la de todos los hombres, naciendo de una madre. Este es el misterio que celebramos en la Navidad y al cual nos prepara este tiempo de Adviento. La liturgia hace presente estos hechos de Cristo, porque hace presente todo el misterio de Cristo. Podemos sentir, para las almas bien despiertas en la fe, la fatiga de la Virgen que viene de camino con el ni&ntilde;o en su seno; podemos sentir el llanto del ni&ntilde;o que nace, todo el amor que nos tiene, todos los deseos de ser nuestro amigo y salvador, s&oacute;lo hace falta escuchar con fe la Palabra y celebrar con amor y esperanza cierta y despierta la Eucarist&iacute;a. La liturgia har&aacute; presente este hecho de Cristo, y nos brinda a todos la oportunidad de poder recibirle al Cristo, que viene por vez primera a nuestra tierra. El hombre moderno conoce un n&uacute;mero extraordinario de esperas. Espera dominar al mundo sideral, los astros, y hace viajes espaciales cada vez m&aacute;s intensos y perfectos. Espera conseguir la paz del mundo y organiza la ONU A nivel personal todos esperamos tener m&aacute;s dinero para disfrutar m&aacute;s y se m&aacute;s felices; esperamos piso nuevo, coche nuevo, &eacute;xitos nuevos, nuevos viajes&hellip;Estos son los advientos del hombre moderno. &iquest;Qui&eacute;n vive el Adviento cristiano, qui&eacute;n espera a Cristo, qui&eacute;n se prepara y le ama y le agradece su venida para liberarnos precisamente de tantos vac&iacute;os existenciales como han producido en nosotros y en el mundo el esperar y llenarnos de tantas cosas, porque cre&iacute;amos que con ellas nos llen&aacute;bamos del todo y ahora resulta que nos falta todo? &iquest;Por qu&eacute; los matrimonios m&aacute;s tristes, las familias m&aacute;s tristes, los j&oacute;venes m&aacute;s tristes vac&iacute;os, necesitados de pastillas y alcohol para pasarlo bien porque no tienen nada en su mente y coraz&oacute;n, por qu&eacute; tantos padres mayores y ancianos y madres y padres tristes? La raz&oacute;n es evidente: porque llenamos nuestros corazones y nuestros hogares de todo y ahora resulta que nos falta todo, porque nos falta Dios. He aqu&iacute; que el Adviento nos da la oportunidad de salir al encuentro de Cristo. La liturgia e Adviento hace presente ante nosotros su vida entera, desde que nace hasta que sube al cielo, y por eso la Liturgia es fuente y cima de toda la vida de la Iglesia, de cada uno de los cristianos. &Eacute;l viene de muchas formas; viene en su Palabra que proclamamos y meditamos; viene en la respuesta y la oraci&oacute;n que hacemos; viene en la consagraci&oacute;n del pan y del vino; viene en la Comuni&oacute;n eucar&iacute;stica. Y desde aqu&iacute; podemos luego esperarlo y salir a su encuentro en todos los acontecimientos de nuestra jornada. El viene todos los d&iacute;as, porque quiere nacer para nosotros, en la dicha, para alegrarse con nosotros; en la desgracia, para consolarnos; en la dificultades, para ayudarnos; en los momentos tristes, para acompa&ntilde;arnos y estar junto a nosotros. Sigamos nosotros tambi&eacute;n el consejo de Pablo a los Tesalonicenses: &ldquo;Alegraos en el Se&ntilde;or, os lo digo de nuevo, alegraos, porque el Se&ntilde;or ya est&aacute; cerca&rdquo;. Tengamos esperanza. Creamos de verdad y esperemos en &Eacute;l, que nos quiere, que viene por amor. Esperemos siempre en su amor, que no siempre nos ayudar&aacute; como lo deseamos nosotros, porque &Eacute;l sabe mejor lo que nos conviene. Pidamos esta esperanza, esta seguridad y certeza, que es verdad, que no nos abandona, que nos escucha siempre y nos atiende siempre. No desconfiemos de &Eacute;l. Cristo est&aacute; vivo y nos ama. Dios existe y nos ama. Tengo un amigo que, cuando tiene problemas, como todos, va al Se&ntilde;or y le dice: mira, Jes&uacute;s, yo este problema lo veo as&iacute; y as&iacute; y la soluci&oacute;n para m&iacute; ser&iacute;a &eacute;sta; pero si la tuya es otra, yo se que ser&aacute; mejor. Y as&iacute; vive siempre feliz y confiado. Y le va bien, aunque muchas soluciones fueron como el Se&ntilde;or quiso. Y ahora reconoce que ha sido lo mejor. Pero de verdad. ********************************** TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Carmelitas y Dominicas) ADVIENTO CON MAR&Iacute;A: VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A Queridas hermanas religiosas Carmelitas y Dominicas: Como sois mujeres y religiosas y este domingo tengo la gracia de celebrar en vuestros conventos el tercer domingo de adviento, vamos a meditar en la primera mujer que vivi&oacute; con plenitud el primer adviento de la historia, la espera y venida de la primera Navidad, para todo el pueblo cristiano, especiamente para vosotras, religiosas y v&iacute;rgenes entregada al Se&ntilde;or. Lo queremos hacer para vivir con la Virgen y como la Virgen el primer adviento de la historia vivido por una mujer como vosotras, por Mar&iacute;a, mujer y virgen como vosotras, y madres de gracia y salvaci&oacute;n para el mundo como ten&eacute;is que ser todas vosotras por vuestra vida de oraci&oacute;n, santidad y penitencia. Queridas hermanas Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos en todos los tiempos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Oremos en estos d&iacute;as ccon verdad e intensidad y pidamos al Se&ntilde;or que nos explique tanto amor como tuvo y tiene y que desgraciadamente hoy es poco valorado y reconocido por el mundo. Y aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace en la Navidad en nuestros corazones habr&aacute; sido un navidad in&uacute;til, descepcionante para Dios y nosotros. Pero de la necesidad de la oraci&oacute;n para celebrar la Navidad cristiana ya hablamos el domingo pasado. Hoy queremos reflexionar sobre el camino de la fe y certeza como Mar&iacute;a. &iquest;Por donde vendr&aacute; Cristo a cada uno de nosotros en esta y todas las navidades? 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; la Virgen a la propuesta de Dios por medio del &aacute;ngel y as&iacute; debemos responder siemprenosotros ante los mandatos y designios y proyectos de Dios en nuestras vidas. Mar&iacute;a expres&oacute; su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creyendo que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; con fe tuvo que superar dudas y dificultades, como nosotros tenemos que hacer muchas veces en nuestra vida. &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Y la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada, en el misterio que nac&iacute;a en ella. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros en nuestras vidas cuando haya cosas que no comprendemos, responder fi&aacute;ndonos de Dios m&aacute;s que de nosotros mismos. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de comprobarlas con nuestra raz&oacute;n y egoismo innato y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros mismos, de propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Hermanas, como Mar&iacute;a, tenemos que apoyarnos m&aacute;s en Dios y en su Palabra, que en nosotros mismos, aunque muchas veces no lo comprendamos. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero infinito en su ser, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando en nosotros acciones, pensamientos y defectos que le impidan nacer dentro de nuestras almas y que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Tenemos que creer que ese mismo hijo de Dios e hijo de Mar&iacute;a est&aacute; en el pan consagrado, en todos los sagrarios de la tierra y tenemos que adorarlo todos los d&iacute;as como ella en silencio y adoraci&oacute;n continua&hellip; o creemos o no creemos o creemos pero no le amamos y respetamos, tenemos que vivir en continuo di&aacute;logo de oraci&oacute;n y amor con este mismo Cristo Hijo de Dios y de Mar&iacute;a que loco de amor por nosotros primero se hizo hombre, carne humana y luego un trozo de pan&hellip; pero qu&eacute; locura&hellip; T&uacute; est&aacute;s loco, no puedes ser Dios&hellip; Nosotros tambi&eacute;n tenemos que estar locos de fe y amor por ti para vivir este gozo y para eso tenemos que dejar todos nuestros defectos y egoismos para vivir solo para ti en un convento, pero que lo hagamos de verdad, no solo externamente. Tenemos el ejemplo de Mar&iacute;a como modelo de amor total, Virgen, virgen y madre, amor total que por &Eacute;l acept&oacute; este camino. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijas religiosas, todos los cristianos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros y al mundo entero y ser&aacute; navidad aut&eacute;ntica, no solo de champan y turrones. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos pocas cosas nos ayuden a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente secularista, materialismo, desenfreno, persecuci&oacute;n clara y manifiesta a la Iglesia del gobierno y de los medios, Dios, el Evangelio no existen para ellos&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo y ahora resulta que est&aacute; vacio de todo, de amor, de familia, est&aacute; triste, porque le falta Dios. Este mundo, lo primero que necesita es fe, fe en Dios, en la Navidad, en su amor, en su Encarnaci&oacute;n por salvar al hombre, en la Navidad, en su nacimiento de amor todos los d&iacute;as en la Eucarist&iacute;a, En su amor de su presencia eucar&iacute;stica. Y esta es la raz&oacute;n de oraci&oacute;n y penitencia de vuestra vida de clausura. Por falta de este amor es por lo que no hay vocaciones, entregas de amor a El en el sacerdocio o en la vida consagrada. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as de adviento, a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como t&uacute;, Mar&iacute;a, con fe viva y despierta. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer en Dios, creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumplir&aacute;, todo tendr&eacute; sentido, todo nos preparar&aacute; la Navidad, para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotras almas. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros, religiosas y seglares, no le fallemos a Dios. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella.: &ldquo;He aqu&iacute;, la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su amor, en su salvaci&oacute;n, en su venida de amor a cada uno de nosotros. &ldquo;Y el Hijo de Dios se hizo hombre y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Y Jesucristo, Hijo de Dios y de Mar&iacute;a, vino, naci&oacute; y nos salv&oacute; y se qued&oacute; por amor a todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra y muchas, como vosotras, religiosas contemplativas, hab&eacute;is renunciado al mundo y a todo para vivir solo para &Eacute;l y la salvaci&oacute;n de todos los hombres, vuestros hermanos. Que los cristianos y la Iglesia entera seamos agradecidos a todos los conventos del mundo. ****************************************** CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 1-5; 8b-11-16 El rey David logra alcanzar la paz en su reino. Y, como acci&oacute;n de gracias, quiere compartir su bienestar con el Se&ntilde;or, de quien hab&iacute;a recibido la paz tan esperada por todo el pueblo. Por ello quiere construir un lugar adecuado, una &ldquo;casa-templo&rdquo;, en donde pueda ser depositada el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Quiere una morada digna para Dios. Ante este gesto de generosidad, Dios le revela por medio del profeta Nat&aacute;n, que ser&aacute; &Eacute;l quien le haga una &laquo;cada-dinast&iacute;a&raquo; a David, porque el Mes&iacute;as nacer&iacute;a de su descendencia. Ser&iacute;a el &ldquo;continuador de un reino que no tendr&aacute; fin&rdquo;. En Bel&eacute;n, Mar&iacute;a, cumpliendo la promesa de Dios, hace presente a Jes&uacute;s en medio de su pueblo. Y Dios permanece en quienes la abren el coraz&oacute;n, como lo hizo nuestra Se&ntilde;ora, como Salvador y Redentor. SEGUNDA LECTURA: Romanos 16, 25-27 San Pablo termina su carta a los Romanos con un canto de acci&oacute;n de gracias a Dios porque el proyecto del Salvaci&oacute;n del Padre ha sido revelado y manifestado por su Hijo Jesucristo. La espina dorsal del mismo es el misterio de la Encarnaci&oacute;n revelado por el Evangelio, revelaci&oacute;n del misterio de Cristo, misterio largo y oculto hasta su manifestaci&oacute;n por la venida de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo en carne, que la Escrituras santas predijeron. Esta manifestaci&oacute;n no es exclusiva para los jud&iacute;os. Los gentiles son admitidos a su revelaci&oacute;n salvadora. Este plan eterno y su gradual ejecuci&oacute;n manifiestan la infinita sabidur&iacute;a y prudencia de Dios en el desarrollo de la Historia. A veces nosotros no logramos comprender el alcance del Evangelio de Jes&uacute;s. Por eso debemos hacer lo que Mar&iacute;a en este tiempo de espera de su hijo: &ldquo;conservaba todas estas cosas en su coraz&oacute;n&rdquo;. Esto es, oraba en silencio e interiorizaba el misterio de la Encarnaci&oacute;n. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN LUCAS 1, 26-38. QUERIDOS HERMANOS:La Virgen, en el evangelio de este domingo, nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Se&ntilde;or, por donde viene y podemos encontranos con &Eacute;l todos los d&iacute;as: A) Cristo vienen todos los d&iacute;as a nosotros por el camino de la oraci&oacute;n. Vayamos al evangelio de hoy. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado virginal aun estando desposada con Jos&eacute;, es una simple objeci&oacute;n del modo que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela el &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n y salvaci&oacute;n de los hombres. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de todos los hombres, sus hijos, como Madre del Salvador y lo hizo con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida hasta la muerte de hijo por los hijos en la cruz. Como tenemos que hacer todos nosotros, especialmente los sacerdotes y consagrados. Hermanos, Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado su misi&oacute;n y el sentido de su vida. Hablando, orando con Dios, escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Como nosotros tenemos que hacer en nuestra vida. En la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica en di&aacute;logo de amor con Dios debemos recibir las respuestas de Dios sobre nuestra vocaci&oacute;n y misi&oacute;n en nuestra vida. Tan convencido estoy de esto, que he tratado de esto en varios de mis libros. Pues bien, oraci&oacute;n, oraci&oacute;n y oraci&oacute;n todos los d&iacute;as y personal, como Mar&iacute;a, nuestra madre y modelo. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n y di&aacute;logo con el Se&ntilde;or descubri&oacute; su voluntad y el modo de realizarla. Este es el camino obligatorio para todos nosotros y para toda la Iglesia. Problema eterno, del que Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a el camino y su fruto y eficacia. Por la oraci&oacute;n diaria y continua llegamos a vivir la fe, a encontrar a Dios como principio y fin de todo, a escuchar a Cristo desde el Sagrario, a encontrar soluci&oacute;n divina a nuestros problemas. La oraci&oacute;n diaria y personal es el ejercicio m&aacute;s firme y convincente de la fe en Dios, porque demostramos que Dios es Dios, que creemos en &Eacute;l y que es loprimero yabsoluto de nuestras vidas. Luego, Mar&iacute;a, hecha templo, morada y templo de la presencia de Dios en la tierra, primer sagrario del mundo y arca de la Alianza nueva y eterna, fue a visitar a su prima Isabel como tenemos que hacer todos los sacerdotes, llenos de Cristo Eucarist&iacute;a encontrado en la oraci&oacute;n personal y recibido no solamente en comida sino en comuni&oacute;n de vida y sentimienos tenemos que visitar, hacer el apostolado sacerdotal. La oraci&oacute;n todo lo alcanza, cant&aacute;bamos al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en mis a&ntilde;os juveniles. En oraci&oacute;n recibi&oacute; Mar&iacute;a el mensaje; en oraci&oacute;n vio el camino a seguir; con su actitud de escucha recibi&oacute; luz y aclaraci&oacute;n, resolvi&oacute; sus dudas y encontr&oacute; la fuerza para llevarlo a efecto en medio de duras pruebas. Por la oraci&oacute;n recibi&oacute; a Cristo en su seno, lo pase&oacute; por las monta&ntilde;as de Judea en su visita a Isabel y ya no se apart&oacute; de &Eacute;l, ni en la cruz, cuando todos le dejaron y ella sigui&oacute; creyendo que era el Hijo de Dios, el &uacute;nico Salvador del mundo, como tenemos que hacer todos nosotros, toda la iglesia, especialmente los sacerdotes y consagradas. Con su s&iacute; por la fe personal en la oraci&oacute;n personal: &ldquo;c&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n&rdquo; y la respuesta divina manifestada por el &aacute;ngel &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo; fue Navidad en el mundo: &ldquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;., sacerdotes y religiosas que respondan de palabra y de obra por la oraci&oacute;n diaria y la fe: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra. &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. Que el pueblo cristiano, especialmente todos los sacerdotes y consagrados respondamos as&iacute; con Mar&iacute;a: &ldquo;He aqu&iacute; tu siervo, tu sacerdote, Se&ntilde;or, tu consagrada, h&aacute;gase en m&iacute; tu Palabra&rdquo;. 1.- El rey David deseaba construir una &ldquo;casa&rdquo;, un templo a Dios; pero Yahv&eacute; le hace saber por el profeta Nat&aacute;n que su voluntad es otra: que m&aacute;s bien Dios mismo se preocupar&aacute; de la <casa> de David, es decir de prolongar su descendencia, porque de ella deber&aacute; nacer el Salvador: &ldquo;Te pondr&eacute; en paz con todos tus enemigos, te har&eacute; grande y te dar&eacute; una dinast&iacute;a. Tu casa y tu reino durar&aacute;n por siempre en mi presencia y tu trono durar&aacute; por siempre&rdquo;. La elecci&oacute;n de David, como toda elecci&oacute;n, es pura gracia y benevolencia de Dios. El Se&ntilde;or ha protegido a David, su siervo; por amor a &eacute;l y a su pueblo le promete la permanencia de su reino. Israel ha visto en la profec&iacute;a de Nat&aacute;n, la promesa del rey Mes&iacute;as. Esta promesa se realizar&aacute; en la persona del Se&ntilde;or Jesucristo, hijo de David por excelencia. Muchas veces a trav&eacute;s de las vicisitudes de la historia pareci&oacute; que la estirpe dav&iacute;dica estuviese para extinguirse, pero Dios la salv&oacute; siempre: &ldquo;Jos&eacute;, el esposo de Mar&iacute;a, de la cual naci&oacute; Jes&uacute;s, llamado Cristo&rdquo;. (Mt 1,16); &ldquo;Le dar&aacute; el Se&ntilde;or Dios el trono de David, su padre, y reinar&aacute;&hellip; por los siglos, y su reino no tendr&aacute; fin&rdquo; (Lc.1, 32-33) 2.-Este proyecto lo realiz&oacute; Dios por medio de Mar&iacute;a. Mar&iacute;a es el templo de la Nueva Alianza, inmensamente m&aacute;s precioso que el que David deseaba construir al Se&ntilde;or, templo vivo que encierra en si no el arca santa, sino al Hijo de Dios. El &ldquo;h&aacute;gase&rdquo; de Dios cre&oacute; de la nada todas las cosas; el &ldquo;h&aacute;gase&rdquo; de Mar&iacute;a dio curso a la redenci&oacute;n de todas las criaturas. Mar&iacute;a fue templo de Dios porque estuvo totalmente disponible a la voluntad y al proyecto de Dios. Ya en el para&iacute;so, inmediatamente despu&eacute;s del pecado original, Dios prometi&oacute; la salvaci&oacute;n del hombre por la descendencia de una mujer que aplastar&iacute;a la cabeza de la serpiente tentadora: &ldquo;Luego dijo Yahv&eacute; Dios a la serpiente: Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; este te aplastar&aacute; la cabeza, y t&uacute; le acechar&aacute;s el calca&ntilde;al&rdquo;. El pueblo elegido esper&oacute; con ansias durante siglos esa descendencia, ese Mes&iacute;as que le hab&iacute;an prometido y que le liberar&iacute;a de las consecuencias del pecado. Tan intensa se hizo esa espera en aquellos tiempos que cualquier hombre extraordinario les parec&iacute;a a los jud&iacute;os que era el Mes&iacute;as prometido. As&iacute; pas&oacute; con Juan el Bautista. &ldquo;Le preguntaron: &iquest;eres t&uacute; el Mes&iacute;as o tenemos que esperar a otro?&rdquo; Y la Samaritana dir&aacute; a Jes&uacute;s en el di&aacute;logo junto al pozo: &ldquo;S&eacute; que el Mes&iacute;as est&aacute; por venir&rdquo;. As&iacute; quiere la Iglesia que nos preparemos para la venida de Cristo en la Navidad. As&iacute; quiere que deseemos su Encarnaci&oacute;n. La pena grande es que en este tiempo de Adviento en que la Iglesia nos dice que vendr&aacute; ciertamente el Se&ntilde;or en la Navidad y nos quiere preparar para esta venida, gran parte de los suyos, la mayor parte de los cristianos no sale al encuentro del Se&ntilde;or, el Se&ntilde;or no es esperado y deseado, llegar&aacute; porque avanzan los d&iacute;as y llegar&aacute; la fecha del 25 de diciembre, pero pocos son los que preparan su coraz&oacute;n para recibirle, se alegran con su venida y agradecen a Cristo su Encarnaci&oacute;n. 3.- El hombre moderno conoce un n&uacute;mero extraordinario de esperas y desea muchas venidas, y vive muchos advientos. Pero son paganos, de cosas y dineros y consumismos y realidades mundanas, pero no esperan con ansias al &Uacute;nico Salvador que tiene este mundo. Estos matrimonios, estas familias, estos hombres, esta humanidad esclavizada por tantos &iacute;dolos de barro, que se compran con el dios dinero para sumergirnos en la idolatr&iacute;a del consumismo de una vida vac&iacute;a sin sentido. La Iglesia nos invita en este Adviento a esperar al Mes&iacute;as Salvador y el mejor modelo de esta espera es Mar&iacute;a (Ver Retiro de Adviento ciclo A). Hace ya m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os que el &aacute;ngel Gabriel transmiti&oacute; a la hermosa Nazarena la noticia m&aacute;s luminosa y llena de gracia de la historia de la humanidad: que Dios no se olvidaba del hombre, que Dios ama al hombre, que Dios vendr&iacute;a en busca del hombre para que el hombre pudiera encontrarse con su Dios y Creador y vivir la historia de amor y amistad m&aacute;s hermosa que se pueda concebir, escribir y vivir: Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse hijo de Dios, para que pueda llamarle Padre y vivir su misma felicidad y amistad; la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad vino a realizar por nosotros lo que nosotros no pod&iacute;amos realizar. Este es el hecho m&aacute;s importante que ha ocurrido en este mundo; por eso toda la vida de la humanidad se mide por esta fecha, desde el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros: &laquo;Por nosotros los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo; y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a&raquo; (Credo). Por la Palabra de Dios fueron hechas todas las cosas y esa misma &ldquo;Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. ********************************************** RETIRO ESPIRITUAL DE ADVIENTO QUERIDOS HERMANOS: La Virgen nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Salvador, por donde viene el Se&ntilde;or: El hombre moderno, TODOS NOSOTROS conocemos un n&uacute;mero extraordinario de esperas y deseamos muchas venidas, y vivimos muchos advientos. Pero son advientos paganos, esperas de cosas y dineros y consumismos y realidades mundanas. Estos matrimonios, estas familias, estos hombres, esta humanidad esclavizada por tantos &iacute;dolos de barro, que se compran con el dios dinero para sumergirnos en la idolatr&iacute;a del consumismo de una vida vac&iacute;a sin sentido. Nosotros, los creyentes, los cristianos celebramos hoy el cuarto domingo de adviento, del adviento cristiano, la espera con ansias del &Uacute;nico Salvador que tiene este mundo: Jesucristo. La Iglesia nos invita en este Adviento a esperar al Mes&iacute;as Salvador y en este domingo cuarto de adviento nos propone el mejor modelo de esta espera es Mar&iacute;a. Hace ya m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os que el &aacute;ngel Gabriel transmiti&oacute; a la hermosa Nazarena la noticia m&aacute;s luminosa y llena de gracia de la historia de la humanidad: que Dios no se olvidaba del hombre, que Dios ama al hombre, que Dios vendr&iacute;a en busca del hombre para que el hombre pudiera encontrarse con su Dios y Creador y vivir la historia de amor y amistad m&aacute;s hermosa que se pueda concebir, escribir y vivir: Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse hijo de Dios, para que pueda llamarle Padre y vivir su misma felicidad y amistad; la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad vino a realizar por nosotros lo que nosotros no pod&iacute;amos realizar. Este es el hecho m&aacute;s importante que ha ocurrido en este mundo; por eso toda la vida de la humanidad se mide por esta fecha, desde el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros: &laquo;Por nosotros los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo; y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a&raquo; (Credo). Por la Palabra de Dios fueron hechas todas las cosas y esa misma &ldquo;Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. La Virgen, en el evangelio de este domingo, nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Salvador, por donde viene el Se&ntilde;or: A) Por la oraci&oacute;n. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Ha empezado a verificarse la profec&iacute;a de Isa&iacute;as,14: la promesa mesi&aacute;nica de un reino eterno, hecha a David por el profeta Nat&aacute;n, de parte de Dios y le&iacute;da en la primera Lectura de este domingo. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado todav&iacute;a c&eacute;libe, aunque desposada o simple objeci&oacute;n del modo en que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela de parte de Dios el &aacute;ngel: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de los hombres como Madre del Salvador con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida. Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado el sentido de su vida y misi&oacute;n. Or&oacute; y escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Pues bien, la contestaci&oacute;n y respuesta de Mar&iacute;a debe convertirse en misi&oacute;n y programa para la comunidad cristiana, comunidad orante, que en la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica debe recibir las respuestas de Dios sobre la vocaci&oacute;n y la misi&oacute;n que tiene que cumplir en la tierra en el ministerio de la Salvaci&oacute;n de los hombres. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n silenciosa fue m&aacute;s eficaz que todas las palabras. B) Por la fe. Porque orando crey&oacute; con total certeza en la promesa de Dios, y crey&oacute; que era el Hijo de Dios quien nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as, y vivi&oacute; ya totalmente para &Eacute;l en fe, porque en ese momento no florecieron los rosales de Nazaret, ni se oyeron cantos de &aacute;ngeles ni se par&oacute; el sol&hellip; no paso nada extraordinario, tuvo que creer a palo seco y sufriendo incomprensiones de todo tipo, porque no anduvo dando explicaciones a nadie, si siquiera a su esposo Jos&eacute;. Por eso paso lo que pas&oacute; con &eacute;l. Luego, hecha templo y morada y tienda de la presencia de Dios en la tierra, primer sagrario del mundo y arca de la Alianza nueva y eterna, llena de esa fe y certeza con inmensa alegr&iacute;a, pre&ntilde;ada del Dios que la tom&oacute; por Madre, Esposa e hija especial en el Hijo Amado, sinti&eacute;ndose plenamente habitada por la Sant&iacute;sima Trinidad, fue a visitar a su prima sin mirar aquellos paisajes hermosos de las monta&ntilde;as de Palestina, porque ya s&oacute;lo viv&iacute;a para el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as; ya todo era silencio, contemplaci&oacute;n del misterio, amor y compromiso y fidelidad, en medio de las incomprensiones de su familia, de Jos&eacute; y de sus vecinos. Y no dio explicaciones ni se excus&oacute; ante nadie; dej&oacute; que Dios lo hiciera todo por ella, como &Eacute;l y cuando &Eacute;l quisiera. La oraci&oacute;n todo lo alcanza, cant&aacute;bamos al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en mis a&ntilde;os juveniles. En oraci&oacute;n recibi&oacute; Mar&iacute;a el mensaje; en oraci&oacute;n vio el camino a seguir; con su actitud de escucha recibi&oacute; luz y aclaraci&oacute;n, resolvi&oacute; sus dudas y encontr&oacute; la fuerza para llevarlo a efecto en medio de duras pruebas. Por la oraci&oacute;n recibi&oacute; a Cristo en su seno, lo pase&oacute; por las monta&ntilde;as de Judea en su visita a Isabel y ya no se apart&oacute; de &Eacute;l, ni en la cruz, cuando todos le dejaron y ella sigui&oacute; creyendo que era el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Con su s&iacute; fue Navidad en el mundo. Dios ten&iacute;a necesidad de ella, de una criatura totalmente dispuesta a seguir y cooperar con su plan de salvaci&oacute;n en medio de dificultades; una criatura que no pusiera resistencia ni pegas al plan de Dios; una criatura que al contrario de Eva, obedeciera totalmente a la voluntad de Dios, para que recuper&aacute;semos por su obediencia lo que hab&iacute;amos perdido por la desobediencia de Eva: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra. &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. C) Por el amor. Amor a la voluntad de Dios y amor a los hombres, a Jos&eacute; y a su prima Isabel. El amor a Dios pasa por el amor a los hermanos. Primero hay que tener un coraz&oacute;n limpio de rencores y de pecados. En pecado, de cualquier clase que sea, no se puede celebrar la Navidad cristiana. Hay que vivir en gracia. Ella estaba llena de gracia. Si hay pecado Cristo no puede nacer dentro de nosotros. La Navidad es la fiesta del amor de Dios a los hombres y en correspondencia de los hombres a Dios y a los hermanos, porque si Cristo nace todo hombre es mi hermano. Hay que amar m&aacute;s. Hay que visitar a los amigos y necesitados como Mar&iacute;a a su prima Isabel para ayudarla. Hay que llenarse del amor que Cristo nos trae y que nos hace hermanos de la misma fe, gracia, esperanza y destino. Hay que comulgar y pasar ratos largos de oraci&oacute;n ante Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, ante el Sagrario. As&iacute; ser&aacute; navidad en nuestro coraz&oacute;n, en nuestra vida. Es lo que pido al Se&ntilde;or en esta santa misa para vosotros y todos los vuestros. Feliz navidad en paz con Dios y los hombres. A) Por la oraci&oacute;n. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Ha empezado a verificarse la profec&iacute;a de Isa&iacute;as,14: la promesa mesi&aacute;nica de un reino eterno, hecha a David por el profeta Nat&aacute;n, de parte de Dios y le&iacute;da en la primera Lectura de este domingo. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado todav&iacute;a c&eacute;libe, aunque desposada o simple objeci&oacute;n del modo en que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela de parte de Dios el &aacute;ngel: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Esto nos recuerda la presencia de Dios en la Nube, cubriendo la Tienda del Encuentro, que conten&iacute;a el Arca de la Alianza y se inundaba de la gloria de Yav&eacute; (Ex 18, 1-14). Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de los hombres como Madre del Salvador con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida. Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado el sentido de su vida y misi&oacute;n. Or&oacute; y escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Pues bien, la contestaci&oacute;n y respuesta de Mar&iacute;a debe convertirse en misi&oacute;n y programa para la comunidad cristiana, comunidad orante, que en la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica debe recibir las respuestas de Dios sobre la vocaci&oacute;n y la misi&oacute;n que tiene que cumplir en la tierra en el ministerio de la Salvaci&oacute;n de los hombres. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n silenciosa fue m&aacute;s eficaz que todas las palabras. ******************************************* QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: En el Evangelio de hoy, Jos&eacute; aparece con su duda, asombrado y perplejo, como hombre bueno y honrado, ante una realidad que no comprende, porque conoce a Mar&iacute;a y no le entra en la cabeza que su estado de embarazada obedezca a una infidelidad. Desposado con ella, observa c&oacute;mo Mar&iacute;a espera un hijo antes de vivir juntos. Quiere repudiar en secreto a su esposa. Pero, cuando el &aacute;ngel del Se&ntilde;or le asegura y le ordena &ldquo;No tengas reparo en llevarte a Mar&iacute;a, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Esp&iacute;ritu Santo,&rdquo; Jos&eacute;, &ldquo;que era bueno&rdquo;, &ldquo;hombre justo&rdquo;, como nos dice el evangelio de hoy, que vive de la fe, obedece aceptando con humildad su arriesgada misi&oacute;n de esposo de la Virgen-Madre y de padre virginal del Hijo de Dios; qu&eacute; grandeza a la vez en medio de la prueba y qu&eacute; confianza de Dios en &eacute;l, como en nosotros al elegirnos sacerdotes. Pero le cuesta, le cuesta much&iacute;simo, porque Mar&iacute;a, por su parte, no le ha explicado nada. Mar&iacute;a se ha fiado; es m&aacute;s, se ha confiado tanto en Dios, que lo ha dejado todo en sus manos, incluso lo que ella pod&iacute;a haber hecho para defenderse, porque, a pesar de las sospechas y desconfianzas l&oacute;gicas de Jos&eacute;, ella no ha dicho nada, no ha aclarado nada. Ella lo ha sufrido todo en secreto y ha dejado a Dios la tarea de aclararlo y explicarlo todo. Aprendamos tambi&eacute;n nosotros a confiar en Dios nuestro Padre cuando tengamos pruebas duras en la vida sacerdotal y humana. Jos&eacute;, adem&aacute;s, aun obedeciendo al mandato del &aacute;ngel, no sabe c&oacute;mo debe desempe&ntilde;ar ese papel, c&oacute;mo hacer de padre con una persona que es infinitamente superior a &Eacute;l, no sabe c&oacute;mo y por d&oacute;nde debe hacer de padre con esta criatura, con una misi&oacute;n tan extraordinaria y, por otra parte, aparentemente como otra ordinaria; por eso, le parece que lo m&aacute;s honrado es retirarse discretamente, en silencio, a pesar de la advertencia del &aacute;ngel. Pero por fe, supera la prueba y coopera al misterio de la Salvaci&oacute;n. Se f&iacute;a y se adentra en el misterio. San Jos&eacute; es prototipo y modelo de fe, sincera y profunda. Aprendamos nosotros para cuando vengan pruebas en nuestra vida. En este ambiente de fe se realiza el nacimiento de Jes&uacute;s y en este ambiente tambi&eacute;n debemos celebrarlo todos nosotros. Fe, obediencia a Dios, humildad y amor son las virtudes necesarias para celebrar la Navidad, para recibir al Se&ntilde;or, que est&aacute; a punto de llegar.Primeramente, fe, una fe generosa y viva como la de Mar&iacute;a, que acepta y cree totalmente que es el Mes&iacute;as Salvador el que se encarna en ella, sabiendo que va a sufrir por la duda y sospecha de su esposo, de su familia, pero no da explicaciones a nadie y se f&iacute;a y lo conf&iacute;a todo al Padre Dios. Fe, como t&uacute;, querido hermano, en el pan eucar&iacute;stico que consagras, es Jesucristo, que nace todos los d&iacute;as en tus manos sacerdotales y permanece en el Sagrario. Fe viva y siempre despierta, no dormida y menos muerta, &aacute;malo, v&iacute;sitalo,. Hermanos, necesitamos una fe como la de Jos&eacute;, reverente y aceptando la palabra de Dios contra toda l&oacute;gica humana. En los dos hay pura obediencia de fe y por la fe. Mar&iacute;a cree plenamente y acoge el misterio y da a luz al Salvador de los hombres. Jos&eacute;, cuando el &aacute;ngel le anuncia el misterio, acepta el plan de Dios, y cree firmemente que ese ni&ntilde;o Jes&uacute;s salvar&aacute; a su pueblo y, por tanto, que su esposa no le ha traicionado y la acoge con humildad, y, porque creyeron, fue Navidad. Hermano, aunque Cristo nazca mil veces, si no nace con fe viva en tu coraz&oacute;n y en nuestra vida, habr&aacute; sido una navidad in&uacute;til, aunque seamos curas, obispos ocardenales. Para celebrar la Navidad en estos tiempos de increencia, nosotros y todo el pueblo cristiano necesitamos pedir a Dios por medio de Mar&iacute;a y Jos&eacute; que nos ayuden a creer verdaderamente en la Navidad, como ellos, fe verdadera no puro conocimiento en todo lo que encierra de amor, de entrega y de misterios la Navidad, creer de verdad que Dios ama al hombre, que sigue viniendo enamorado a la tierra en cada Navidad para buscar y llevar al hombre, a cada uno de nosotros a la plenitud de la amistad divina. Cada Eucarist&iacute;a es Navidad. En cada Eucarist&iacute;a como en Navidad, viene con estos deseos. Necesitamos la fe de Mar&iacute;a y Jos&eacute; para creer que el mismo Hijo de Dios que procede eternamente del Padre es el todos los d&iacute;as se encarna, viene a nosotros en un trozo de pan y siempre con amor y por el poder del mismo Espiritu Santo. Necesitamos fe para superar nuestros juicios y criterios humanos en la vida, nuestras evidencias y seguridades terrenas y creer en la Palabra eterna del Padre pronunciada con amor de Esp&iacute;ritu Santo en el seno de la Virgen bella, invit&aacute;ndonos a ser peque&ntilde;os, humildes y obedientes como &Eacute;l, que siendo Dios se hace ni&ntilde;o necesitado, y nos perdona a todos, y viene para el bien de todos. Imit&eacute;mosle. Necesitamos la fe para creer en cada Navidad que Dios sigue amando a los hombres y perdonando nuestras faltas de fe y amor y que nos se olvida de nosotros. Por eso necesitamos este cuarto domingo de adviento, para meditar y disponernos a recibir esta plenitud de Dios en nosotros. Porque aunque sobren champ&aacute;m y turrones si Cristo no nace en el coraz&oacute;n de los creyentes, habr&aacute; sido una Navidad in&uacute;til. Feliz Navidad a todos. Que &Eacute;l nos ayude. Que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, a quienes la Iglesia nos pone como modelos, en este domingo &uacute;ltimo de Adviento, nos ayuden y nos ense&ntilde;en el camino que ellos recorrieron. Que as&iacute; sea. Necesitamos la fe de Jos&eacute; y Mar&iacute;a para vivir este reto perenne, este fiarnos de Dios m&aacute;s que de nuestros criterios para vivir la vida del Evangelio, para renunciar a nuestros consumismos inmediatos y terrenos, pensando m&aacute;s en el reino de Dios. Necesitamos la fe para estar diaria y constantemente abiertos y disponibles a los planes de Dios, que superan todos nuestros ego&iacute;smos de mente y coraz&oacute;n, en apertura filial a Dios y fraterna a los hermanos. Necesitamos la fe, como Jos&eacute; y Mar&iacute;a, en medio de tanta incomprensi&oacute;n de las gentes, que ha dejado la fe cristiana y la Iglesia, porque les cuesta obedecer a Dios en sus mandamientos, en lo que nos pide en el uso y disfrute de las cosas creadas, a las que han convertido en lo absoluto de sus vidas, d&aacute;ndole el culto que s&oacute;lo pertenece a Dios. Necesitamos la fe para vivir el matrimonio sin divorcios, la familia sin abortos ni eutanasias, con m&aacute;s amor a los padres y ancianos, como Dios nos pide, en contra del ambiente y de la corriente del mundo, S&oacute;lo con esta fe honda, sincera, profunda, superadora de criterios y mentalidades paganas, podremos celebrar una Navidad verdaderamente cristiana, donde Cristo sea recibido, amado y celebrado como Dios y Se&ntilde;or, como &uacute;nico Salvador de nuestras vidas. Que &Eacute;l nos ayude. Que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, a quienes la Iglesia nos pone como modelos, en este domingo &uacute;ltimo de Adviento, nos ayuden y nos ense&ntilde;en el camino que ellos recorrieron. Que as&iacute; sea. *************************************** SE ACERCA LA NAVIDAD: TIEMPO DE NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Permitidme que hoy diga en voz alta para todos un poco de lo que a veces oigo que me dice Jes&uacute;s, Cristo Eucar&iacute;stia desde el Sagrario, lo que me dice su mismo Esp&iacute;ritu Santo de Amor en ratos de oraci&oacute;n y silencio. Cuarto domingo de Adviento. Adviento. Jesus, siendo Dios, se hace hombre en el seno de la Virgen Madre, y al unir lo humano con lo divino empieza a ser Sacerdote eterno en el seno de la Virgen Madre, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, el mismo Esp&iacute;ritu que a todos nosotros nos ungi&oacute; en el d&iacute;a de nuestra ordenaci&oacute;n y nos ha hecho sacerdotes eternamente en El y con El para salvaci&oacute;n de todos los hombres nuestros hermanos, hijos todos de la Virgen Madre, Virgen Madre, que concibi&oacute; en su seno al Sacerdote y V&iacute;ctima de Salvaci&oacute;n, Jesucristo, que se form&oacute; y naci&oacute; en su seno, en Maria, Virgen Sacerdotal y madre de todos los sacerdotes, que encarnamos esta uni&oacute;n entre lo divino y lo humano, este poder divino, esta union entre Cristo y cada uno de nosotros sacerdotes, sobre todo cuando en la santa misa con toda verdad y maravillosa grandeza decimos: &ldquo;Este es mi Cuerpo, esta es sangre&hellip;., &iquest;la m&iacute;a, la tuya? No, la de Jesucristo, &Uacute;nico Sacerdote nacido en el seno de la Virgen, Madre de todos los sacerdotes porque en ella tuvo ser y nacimiento el Hijo de Dios hecho hombre y &Uacute;nico y eterno sacerdote. ((Hermanos sacerdotes, Amemos a la Virgen, ama a tu madre sacerdotal y sacerdote&hellip; como algunas veces me atrevo a llamarla en privado y sin que nadie me oiga)) &hellip;Mar&iacute;a, madre sacerdotal y sacerdote del Alt&iacute;simo.)) Hermano, pide a la Madre y nuestra madre Maria, amor y ternura para el ni&ntilde;o que nace en su seno, que es Dios loco de amor por los hombres&hellip; y que nace en un pesebre y luego permancece para siempre en el sagrario, a veces, en iglesias cerradas todo el d&iacute;a&hellip; &iquest;pero Hijo de Dios que te haces hombre, para salvarnos, qu&eacute; te puede dar el hombre que t&uacute; no tengas, qu&eacute; buscas en mi si tu lo tienes todo, eres Dios y por eso har&aacute;s milagros, resucitar&aacute;s muertos, y desp&uacute;es de dar la vida por m&iacute;, por todos, te resucitar&aacute;s como Dios al hombre nacido de Mar&iacute;a y primer resucitado de entre los hombres&hellip; sabes Cristo que tanto amor de tu parte me provoca crisis de fe&hellip; pero c&oacute;mo puede ser Dios y hacer eso&hellip; c&oacute;mo puede nacer as&iacute; pobre en un establo el creador del mundo y de todo, c&oacute;mo tiene que huir siendo ni&ntilde;o y no habiendo hecho nada malo&hellip; y luego morir, bueno toda tu vida&hellip;. Y naces para esto, qu&eacute; locura de amor&hellip; c&oacute;mo nos amas&hellip; Nosotros tambi&eacute;n, vi&eacute;ndote nacer as&iacute; tan pobre y dem&aacute;s, queremos amarte eternamente y ser tuyos y amar al Padre que acept&oacute; este plan de salvaci&oacute;n tan maravilloso y sentir su mismo fuego de amor al Padre y al Hijo en Amor de su Esp&iacute;ritu Santo. C&oacute;mo quiero vivir el Adviento, esperarte, besarte y comerte, adorarte en el establo, mejor, en tu Sagrario. Hermano, hermanas, vivamos con fe profunda y amor, vivamos con Mar&iacute;a el Adviento que termina porque el ni&ntilde;o ya tiene deseos de nacer y abrazarnos y hablarnos del Padre eterno que nos ama, que nos ha so&ntilde;ado para una eternidad de gozo con El y todos los hombres nuestros hermanos en Fuego y Amor de su mimo Amor y Eterna felicidad, Esp&iacute;ritu Santo&hellip; Si existo, es que Dios me ama.. Por eso, todos nosotros los sacerdotes, para ser sacerdotes de salvaci&oacute;n para todos, para el mundo entero como El, &uacute;nico Salvador y sacerdote, tenemos y debemos imitarle en todo, en su vida, tenemos que seguir e imitarle en nuestras vidas, tenemos que vivir esta vida, este amor, esta entrega y fidelidad y union de Jes&uacute;s al Padre Dios y a todos los hombres nuestros hermanos&hellip;. La Iglesia nos invita en estos d&iacute;as santos a vivir con Mar&iacute;a sant&iacute;sima estos acontecimientos en oracion, como ella, desde que la sorprendio el angel y le anunci&oacute; el misterio que se iba a realzar en ella y que Jos&eacute; fue testigo tan verdadero que penso abandonarla porque no hab&iacute;a tenido parte en ello. Viv&aacute;moslo con su misma esperanza, confianza, con su misma fe en estos misterios. El Hijo de Dios ha querido entrar en la historia humana, no por el camino solemne de una victoria triunfal. Podr&iacute;a haberlo hecho, puesto que es el Rey del universo. Pero no. &Eacute;l ha venido por el camino de la humildad, que incluye pobreza, marginaci&oacute;n y desprecio, anonimato, ocultamiento, etc. Y por este camino quiere ser encontrado. Hacerse como ni&ntilde;o, hacerse peque&ntilde;o, buscar el &uacute;ltimo puesto, pasar desapercibido... en miedio de los hermanos son las primeras actitudes que nos ense&ntilde;a la Navidad. Para acoger a Jes&uacute;s, &eacute;l busca corazones humildes, sencillos y limpios, como el coraz&oacute;n de su madre Mar&iacute;a y del que hace las veces de padre, Jos&eacute;. El misterio de la Encarnaci&oacute;n del Hijo que se hace hombre lleva consigo la solidaridad que brota de este misterio. &ldquo;El Hijo de Dios por su encarnaci&oacute;n se ha unido de alguna manera con cada hombre&rdquo; (GS 22), nos recuerda el Vaticano II. El misterio de la Encarnaci&oacute;n se prolonga en cada hombre, ah&iacute; est&aacute; Jes&uacute;s, sobre todo en nosotros, sacerdotes. Y sobre todo se prolonga en los pobres y necesitados de nuestro mundo. Con ellos ha querido identificarse Jes&uacute;s naciendo pobre para reclamar de nosotros la compasi&oacute;n y la misericordia con ellos. El anuncio de este acontecimiento produce alegr&iacute;a. Es la alegr&iacute;a de la Navidad. RETIRO DE NAVIDAD PRIMERA MEDITACI&Oacute;N QUERIDOS HERMANOS: Un a&ntilde;o m&aacute;s el Se&ntilde;or nos concede la gracia de celebrar la Navidad, fiesta del amor de Dios a todos los hombres. Nosotros, como creyentes, queremos celebrarla cristianamente, para que no sea s&oacute;lo una fiesta s&oacute;lo de champ&aacute;n y turrones y comidas familiares, sino que vivamos este misterio de la filantrop&iacute;a de Dios al hombre, que se manifiesta en el Ni&ntilde;o que nace, para buscarnos a todos los hombres y meternos en la salvaci&oacute;n y amistad de un Dios Amigo del hombre. 1.- San Pablo nos dice en la segunda lectura del d&iacute;a de Navidad: &ldquo;Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador y su amor al hombre&rdquo;. La Navidad cristiana se fundamenta en este hecho; la Navidad cristiana es creer y amar esta manifestaci&oacute;n del Amor de Dios en este Ni&ntilde;o que nace. &ldquo;Hoy ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador y su amor al hombre&rdquo;, porque el Dios infinito, que no necesita absolutamente nada del hombre para ser Dios de felicidad y amor infinitos, no ha querido ser ego&iacute;sta en su dicha eterna y trinitaria, y ha concebido un proyecto de eternidad y felicidad para el hombre, destin&aacute;ndonos a ser hijos en el Hijo. Este es el fundamento y la raz&oacute;n de la Navidad, del env&iacute;o del Hijo Amado, que se hace hombre, para que el hombre pueda ser hijo de Dios. En la Navidad &ldquo;ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre&rdquo;, porque ha decido venir en busca del hombre y hacerse hombre para encontrarlo, de igual a igual; por eso la Navidad cristiana es la explosi&oacute;n reveladora del Amor divino y la mayor manifestaci&oacute;n de amor que ha existido en el mundo. La navidad cristiana es la revelaci&oacute;n de la Palabra de Salvaci&oacute;n pronunciada con fuego de Esp&iacute;ritu Santo por el Padre en su Hijo amado, enviado para salvar a los hombres de su finitud y lejan&iacute;a de Dios; la Navidad cristiana es la gloria y la luz inmarcesible de Dios que aparece revestida de la carne humana de un ni&ntilde;o que se nos da y se nos ofrece, humilde, peque&ntilde;o, para que todos podamos acercarnos a &eacute;l sin miedo, con cari&ntilde;o, con respuesta de amor; la navidad cristiana es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s concreta del proyecto de Salvaci&oacute;n del Dios Uno y Trino en forma concreta, hist&oacute;rica y humana. 2.- San Bernardo, en uno de su sermones de Navidad (De los sermones de san Bernardo, abad (Serm&oacute;n 1 en la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, 1-2: PL133,141-143), que leemos estos d&iacute;as en la Liturgia de las Horas, comentando este texto de San Pablo, dice: &laquo;Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinaci&oacute;n, de este destierro, de esta miseria. Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba tambi&eacute;n oculta, aunque &eacute;sta ya exist&iacute;a, pues la misericordia del Se&ntilde;or es eterna. &iquest;Pero c&oacute;mo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no cre&iacute;an en ella. Efectivamente, &ldquo;en distintas ocasiones y de muchas maneras habl&oacute; Dios por los profetas&rdquo;. Y dec&iacute;a: Yo tengo &ldquo;designios de paz y no de aflicci&oacute;n&rdquo;. Pero &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a responder el hombre que s&oacute;lo experimentaba la aflicci&oacute;n e ignoraba la paz? &iquest;Hasta cu&aacute;ndo vais a estar diciendo: &laquo;Paz, paz&raquo;, y no hay paz? A causa de lo cual &ldquo;los mensajeros de paz lloraban amargamente&rdquo;, diciendo: &ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;qui&eacute;n crey&oacute; nuestro anuncio?&rdquo; Pero ahora los hombres tendr&aacute;n que creer a sus propios ojos, ya que &ldquo;los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente cre&iacute;bles&rdquo;. Pues para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso &ldquo;su tienda al sol&rdquo;. Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su env&iacute;o; no de la dilataci&oacute;n de su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio prof&eacute;tico, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habr&iacute;a de desfondarse en la pasi&oacute;n, para que se derramara nuestro precio, oculto en &eacute;l; un saco peque&ntilde;o, pero lleno. Ya que &ldquo;un ni&ntilde;o se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad&rdquo;. Ya que, cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo, hizo tambi&eacute;n su aparici&oacute;n la plenitud de la divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse as&iacute; ante quienes eran carnales, en la aparici&oacute;n de su humanidad, se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. &iquest;De qu&eacute; manera pod&iacute;a manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La m&iacute;a, no la de Ad&aacute;n, es decir, no la que Ad&aacute;n tuvo antes del pecado. &iquest;Hay algo que pueda declarar m&aacute;s inequ&iacute;vocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? &iquest;Qu&eacute; hay m&aacute;s rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? &ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; es el hombre, para que te acuerdes de &eacute;l, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aqu&iacute; los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, t&uacute;, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufri&oacute; &eacute;l. Deduce de todo lo que sufri&oacute; por ti, en cu&aacute;nto te tas&oacute;, y as&iacute; su bondad se te har&aacute; evidente por su humanidad. Cuanto m&aacute;s peque&ntilde;o se hizo en su humanidad, tanto m&aacute;s grande se revel&oacute; en su bondad; y cuanto m&aacute;s se dej&oacute; envilecer por m&iacute;, tanto m&aacute;s querido me es ahora. &ldquo;Ha aparecido &mdash;dice el Ap&oacute;stol&mdash; la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre.&rdquo; Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad revel&oacute; quien se preocup&oacute; de a&ntilde;adir a la humanidad el nombre de Dios&raquo;. Y el responsorio que sigue a esta Lectura en la Liturgia de las Horas, resume y reza estos textos de San Pablo (Ef 1, 5. 6; Rm 8, 29): R. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. * Por pura iniciativa suya, para que la gloria de su gracia redunde en alabanza suya. V. A los que hab&iacute;a escogido, &eacute;l los predestin&oacute; a ser imagen de su Hijo. *por pura iniciativa suya. 3.- San Pablo nos descubre la teolog&iacute;a del misterio de la Navidad en este texto de la Carta a los Hebreos: &ldquo;Muchas veces y de muchas maneras habl&oacute; Dios antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas; ahora, en esta etapa final de la historia, nos ha hablado por medio de sus Hijo...&rdquo; (Hbr 1,1-2). El Padre nos lo ha dicho todo por su Palabra encarnada, por el Hijo hecho hombre y nos la ha dicho, nos ha pronunciado esta Palabra con amor de Esp&iacute;ritu Santo. &iquest;Pues a cual de los &aacute;ngeles dijo alguna vez:. &laquo;Hijo m&iacute;o eres T&uacute;, yo te he engendrado hoy? (Ibi.5) La liturgia del d&iacute;a de Navidad nos introduce en el misterio de la existencia eterna del Hijo, m&aacute;s all&aacute; del tiempo y del espacio, engendrado de la misma naturaleza que el Padre, que, contemplando su esencia divina, se descubre Padre por el Hijo: &ldquo;Yo ser&eacute; para &Egrave;l Padre y &Eacute;l ser&aacute; Hijo para m&iacute;&rdquo; (Ibi5). Este es el misterio que celebramos en la Navidad y para el cual nos preparamos y la mejor forma de hacerlo es meditarlo, interiorizarlo y orarlo, es decir, hablarlo con Dios porque ha sido &Eacute;l el que ha iniciado este di&aacute;logo con su Palabra pronunciada desde toda la eternidad, dice San Juan de la Cruz, en silencio amoroso: &ldquo;Dios nos ha hablado por el Hijo&rdquo; (Hb 1, 2). Muchas veces y de muchas maneras Dios hab&iacute;a hablado por los profetas, pero cuando &ldquo;se cumpli&oacute; el tiempo&rdquo; (Ga 4, 4), habl&oacute; por el Hijo. El Hijo es el reflejo de la gloria del Padre; la irradiaci&oacute;n de su naturaleza, que lo sostiene todo con el poder de su palabra. San Pablo dice esto, refiri&eacute;ndose al reci&eacute;n nacido, que es tambi&eacute;n hijo de Mar&iacute;a, por la naturaleza humana adquirida de la &ldquo;mujer&rdquo; anunciada por Dios en el G&eacute;nesis. Ese ni&ntilde;o que nos ha sido dado es Dios y hombre verdadero. Es Dios, porque, por medio de &eacute;l, Dios Padre cre&oacute; el cosmos; &Eacute;l es tambi&eacute;n el Primog&eacute;nito y el Heredero de toda la creaci&oacute;n (cf. Hb 1, 1-2). Este pobre Ni&ntilde;o, para el cual &ldquo;no hab&iacute;a sitio en la posada&rdquo;, es, a pesar de las apariencias, el &uacute;nico Heredero de la creaci&oacute;n entera. Vino para compartir con nosotros esta herencia suya, a fin de que nosotros, hechos hijos de la adopci&oacute;n divina, participemos de la herencia que &Eacute;l ha tra&iacute;do consigo al mundo. Se&ntilde;or Jesucristo, Palabra eterna del Padre, pronunciada con la potencia del Esp&iacute;ritu Santo, nosotros contemplamos hoy tu gloria, &ldquo;gloria propia del Hijo &uacute;nico del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo; (Jn 1, 14). Te pedimos, pues para esto ha venido y T&uacute; lo puedes todo, que la gozosa noticia de tu Nacimiento, antiguo y siempre nuevo, llegue, a trav&eacute;s de las ondas del viento y del sonido, hasta los pueblo y las naciones de todos los continentes, y nos traiga al mundo la paz. 4.- San Juan nos revela este origen divino de este ni&ntilde;o que nos he dado en la Navidad en el pr&oacute;logo de su evangelio: &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios&rdquo;. (Jn 1,1-2). Y en el Credo profesamos la misma verdad: &ldquo;Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo, y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a y se hizo hombre&rdquo;. Este es el misterio que nos revela la Navidad, esta es la alegre noticia que anuncian los &aacute;ngeles en la Nochebuena, esta es la fe que nos han transmitido los evangelistas y la tradici&oacute;n apost&oacute;lica de la Iglesia. La teolog&iacute;a de la Navidad nos revela siempre el amor misericordioso y filantr&oacute;pico de Dios. Antes de la Navidad se nos revela el amor misericordioso de Dios que perdona al hombre y le promete un Salvador: Ya en el para&iacute;so, inmediatamente despu&eacute;s del pecado de nuestros primeros padres, Dios proclam&oacute; la salvaci&oacute;n del hombre por la descendencia de una mujer que aplastar&iacute;a la cabeza de la serpiente tentadora: &ldquo;Dijo luego Yav&eacute;h Dios a la serpiente: &laquo;Por haber hecho esto, maldita ser&aacute;s entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo&hellip;Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer. Y entre su linaje y el suyo; este te aplastar&aacute; la cabeza, y t&uacute; le acechar&aacute;s el calca&ntilde;al&raquo;. El pueblo elegido esper&oacute; con ansias, durante siglos, esa descendencia que hab&iacute;a de venir por una mujer que nos librar&iacute;a a todos de las consecuencias de ese pecado. L&oacute;gicamente el canal tambi&eacute;n deb&iacute;a estar limpio. Era Mar&iacute;a; este es el sentido de la fiesta de la Inmaculada en medio del Adviento. Esta primera espera fue el largo adviento del todo el Antiguo Testamento, comienzo de toda la historia de Salvaci&oacute;n, que Dios iniciaba con su pueblo escogido, y alimentaba con la predicaci&oacute;n de los Profetas, como nos lo expresa muy bien el segundo prefacio de Adviento: &ldquo;&hellip; por Cristo, Se&ntilde;or nuestro. A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esper&oacute; con inefable amor de Madre, Juan lo proclam&oacute; ya pr&oacute;ximo y se&ntilde;al&oacute; despu&eacute;s entre los hombres&rdquo;. Por eso, el Precursor de la Navidad, San Juan Bautista, con su voz tonante, ronca y exigente, pidiendo la conversi&oacute;n, siempre es fiel a esta cita el Adviento, para que preparemos los caminos del Se&ntilde;or, &ldquo;quien, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realiz&oacute; el plan de redenci&oacute;n trazado desde antiguo y nos abri&oacute; el camino de la salvaci&oacute;n&rdquo; (Prefacio). 5.- La ESPIRITUALIDAD de la Navidad ser&iacute;a vivir seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu de Dios todo este misterio, vivir y sentir todas estas verdades con los mismos sentimientos que suscita; ser&iacute;a tratar de imitarle, de coger este camino inaugurado por &Eacute;l para encontrar cada uno de nosotros a Cristo donde est&aacute;: en la humildad, en el amor total, siendo Jes&uacute;s, es decir, Salvador, buscando al hombre, haci&eacute;ndose hombre, todo hombre es mi hermano, tengo que amar como &Eacute;l, perdonar como &Eacute;l, servir como &Eacute;l.... Esto ser&iacute;a la espiritualidad de la Navidad, es decir, buscar a Cristo encarnado, tratar de vivir lo que &Eacute;l vive y como &Eacute;l lo vive, imitarlo: espiritualidad es vivir seg&uacute;n su Esp&iacute;ritu, tener sus mismos sentimientos y actitudes, vivir su misma vida: &ldquo;Tened vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jes&uacute;s, quien siendo Dios no se anonad&oacute;, tomando la forma de siervo y haci&eacute;ndose semejante a los hombres&rdquo; (Fp 2, 6-7). SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N SENTIMIENTOS Y ACTITUDES DE NAVIDAD 1.- La Navidad, fiesta de la fe cristiana. Ante el anuncio de la Buena Nueva del Nacimiento, la respuesta del hombre debe ser la fe total y confiada: CREO EN JESUCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS. Dios ha enviado su Hijo al mundo: &ldquo;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&rdquo; (Ga 4, 4-5). He aqu&iacute; &ldquo;la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo; (Mc 1, 1): &ldquo;Dios ha visitado a su pueblo&rdquo; (cf Lc 1, 68), ha cumplido las promesas hechas a Abraham y a su descendencia (cf Lc 1, 55); lo ha hecho m&aacute;s all&aacute; de toda expectativa: &Eacute;l ha enviado a su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mc 1, 11). Nosotros creemos y confesamos que Jes&uacute;s de Nazaret, nacido jud&iacute;o de una hija de Israel, en Bel&eacute;n en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador C&eacute;sar Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusal&eacute;n, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha &ldquo;salido de Dios&rdquo; (Jn 13, 3), &ldquo;baj&oacute; del cielo&rdquo; (Jn 3, 13; 6, 33), &ldquo;ha venido en carne&rdquo; (1 Jn 4, 2), porque &ldquo;la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia&rdquo; (Jn 1, 14.16). Movidos por este amor y obra del Esp&iacute;ritu Santo y atra&iacute;dos por el Padre, nosotros creemos y confesamos a prop&oacute;sito de Jes&uacute;s: &ldquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&rdquo; (Mt 16, 16). Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (cf Mt 16, 18; San Le&oacute;n Magno, serm. 4, 3; 51, 1; 62,2; 83, 3). La transmisi&oacute;n de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en &Eacute;l. Desde el principio, los primeros disc&iacute;pulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: &ldquo;No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y o&iacute;do&rdquo; (Hch 4, 20).Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegr&iacute;a de su comuni&oacute;n con Cristo: &ldquo;Lo que exist&iacute;a desde el principio, lo que hemos o&iacute;do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida &mdash;pues la V&iacute;da se manifest&oacute;, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifest&oacute;&mdash;, lo que hemos visto y o&iacute;do, os lo anunciamos, para que tambi&eacute;n vosotros est&eacute;is en comuni&oacute;n con nosotros. Y nosotros estamos en comuni&oacute;n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 1-4). (CATECISMO DE LA IGLESIA CAT&Oacute;LICA, N&ordm; 422,423, 424,425) 2.- La Navidad fiesta del amor. La Navidad es un misterio todo lleno de amor. Amor del Padre, que ha enviado al mundo a su Hijo Unig&eacute;nito, para darnos su propia vida: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que nos dio su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan vida eterna&rdquo; (cf. 1 Jn 4, 8-9). Amor del &ldquo;Dios con nosotros&rdquo;, el Emmanuel, que ha venido a la tierra para salvarnos y morir por nosotros en una Cruz: &ldquo;Nadie ama m&aacute;s que el que da la vida por los amigos&rdquo;. En el fr&iacute;o portal, en medio del silencio, la Virgen Madre, le da todo el amor que tiene y que nosotros no manifestamos a veces: &laquo;&iexcl;Oh Dios m&iacute;o!, hazme digna de conocer el misterio de la caridad ardent&iacute;sima que se esconde en ti, esto es, la obra excelent&iacute;sima de la Encarnaci&oacute;n que has puesto como principio de nuestra salud. Este beneficio inefable nos produce dos efectos: el primero es que nos llena de amor; el segundo, que nos da la certeza de nuestra salud. &iexcl;Oh inefable caridad, la m&aacute;s grande que puede darse: que Dios creador de todo se haga criatura, para hacer que yo sea semejante a Dios! &iexcl;Oh amor entra&ntilde;able! te has anonadado a ti mismo, tomando la forma vil&iacute;sima de siervo, para darme a m&iacute; un ser casi divino. Aunque al tomar mi naturaleza no disminuiste ni viniste a menos en tu sustancia ni perdiste la m&aacute;s m&iacute;nima parte de tu divinidad, el abismo de tu humild&iacute;sima Encarnaci&oacute;n me empuja a prorrumpir en estas palabras: &iexcl;Oh incomprensible, te has hecho por mi comprensible! &iexcl;Oh increado, te has hecho creado! &iexcl;Oh impalpable, te has hecho palpable!... Hazme digna de conocer lo profundo de tu amor y el abismo de tu ardent&iacute;sima caridad, la cual nos has comunicado en tu sant&iacute;sima Encarnaci&oacute;n&raquo;. (B. ANGELA DE FOLIGNO, II libro della B. Angela). &laquo;&iexcl;Oh amor sumo y transformado! &iexcl;Oh visi&oacute;n divina! Oh misterio inefable! &iquest;Cu&aacute;ndo, oh Jes&uacute;s, me har&aacute;s comprender que naciste por m&iacute; y que es tan glorioso el comprenderlo? En verdad, el ver y comprender que has nacido para m&iacute; me llena de toda delectaci&oacute;n. La certeza que nos viene de la Encarnaci&oacute;n es la misma que se deriva de la Navidad: ha nacido para el mismo fin por que quiso encarnarse. Oh admirable, cu&aacute;n admirables son las obras que realizas por nosotros!&raquo; (B. ANGELA DE FOLIGNO, II Libro della 8. Angela). 3.- Queridos hermanos: En este tiempo de Navidad hemos de creer en el Amor de Dios, hemos de rendirnos a su amor: &ldquo;Cantar&eacute; eternamente tus misericordias, oh Se&ntilde;or, las misericordias de tu amor&hellip;&rdquo; (Ps 89. 2). La Navidad es la fiesta por excelencia del amor, de un amor que se revela, no en los sufrimientos de la cruz, sino en la amabilidad de un Ni&ntilde;o, Dios nuestro, que extiende hacia nosotros sus brazos para darnos a entender que nos ama y necesita de nuestro amor. Por eso justamente queremos abismarnos en la contemplaci&oacute;n del misterio natalicio. &ldquo;Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria propia del Unig&eacute;nito del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo; (Jn 1, 14). En Bel&eacute;n, la gloria del Verbo Eterno, Consustancial al Padre y como &Eacute;l, eterno, omnipotente, omnisciente, creador del universo, se halla del todo escondida en un Ni&ntilde;o que desde el primer instante de su vida terrena no s&oacute;lo acepta de lleno todas las debilidades humanas, sino que las experimenta en las condiciones m&aacute;s pobres y despreciadas. &laquo;Acu&eacute;rdate, oh Creador de las cosas&mdash;canta la liturgia natalicia&mdash; que un d&iacute;a, naciendo del seno pur&iacute;simo de la Virgen, tomaste un cuerpo semejante al nuestro... T&uacute; solo desde el seno del Padre viniste a salvar al mundo&raquo; (Breviario Romano). S&iacute;, la oraci&oacute;n habla conmovida al coraz&oacute;n de Dios y al coraz&oacute;n del creyente: recuerda a Dios las maravillas realizadas por su amor a los hombres, y recuerda al creyente la gran verdad de Dios: &ldquo;Dios es amor&rdquo;. Ante el pesebre de Bel&eacute;n repitamos incesantemente: &ldquo;Hemos conocido y cre&iacute;do en el amor que Dios nos tiene&rdquo; (1 Jn 4, 16). &ldquo;Dios es amor&rdquo; (1 Jn 4, 16). Es inmenso el tesoro que encierran estas palabras, tesoro que Dios descubre y revela al alma que quiere concentrarse totalmente en la contemplaci&oacute;n del Verbo Encarnado. Mientras no se comprende que Dios es amor infinito, infinita bondad, que se da y se derrama a todos los hombres, para comunicarles su bien y su felicidad, la vida espiritual est&aacute; todav&iacute;a en etapas iniciales, no se ha desarrollado a&uacute;n, ni es suficientemente profunda. Mas cuando el alma, iluminada por el Esp&iacute;ritu Santo, penetra en el misterio de la caridad divina, del Amor Personal del Esp&iacute;ritu Santo, que es su misma esencia: &ldquo;Dios es Amor&rdquo;, -- si dejara de amar, dejar&iacute;a de existir -- , la vida espiritual del orante o creyente llega a su plenitud de transformaci&oacute;n en Dios y de vida divina. Dios ha bajado de la altura de su divinidad a la bajeza del fango de tu humanidad, movido &uacute;nicamente por su inmensa caridad: &laquo;Oh Se&ntilde;or m&iacute;o, que de todos los bienes que nos hicisteis, nos aprovechamos mal. Vuestra Majestad, buscando modos y maneras e invenciones para mostrar el amor que nos ten&eacute;is; nosotros, como mal experimentados en amaros a Vos, ten&eacute;moslo tan en poco, que de mal ejercitados en esto, vanse los pensamientos adonde est&aacute;n siempre y dejan de pensar los grandes misterios que este lenguaje encierra en s&iacute;, dicho por el Esp&iacute;ritu Santo... El amor que nos tuviste y tienes me espanta a m&iacute; m&aacute;s y me desatina, siendo lo que somos; que teni&eacute;ndole, ya entiendo que no hay encarecimiento de palabras con que nos le muestras, que no le hayas mostrado m&aacute;s con obras&raquo;. (STA TERESA DE JESUS). 3.- La Navidad, fiesta tambi&eacute;n de corresponder al amor de Dios. &laquo;En tu Navidad, Se&ntilde;or, te ofrecemos como tributo el himno de nuestra alabanza y amor&raquo;. (Breviario Romano). &ldquo;&Eacute;l, de naturaleza divina.., se anonad&oacute;, tomando la forma de siervo y haci&eacute;ndose semejante a los hombres&rdquo; (Fp 2, 6-7). Para unirse a la naturaleza humana, el Verbo eterno ha ocultado su divinidad, su majestad, su potencia y sabidur&iacute;a infinita; se ha hecho ni&ntilde;o que no puede hablar, que no puede moverse y que en todo depende y todo lo espera de su madre, criatura suya. El amor verdadero vence cualquier obst&aacute;culo, acepta cualquier condici&oacute;n y sacrificio con tal de poder unirse a ama. Si queremos unirnos a Dios, hemos de recorre camino semejante al que el Verbo recorri&oacute; para asumir la naturaleza humana: camino de prodigioso abatimiento, de infinita humildad. Ante nosotros se abre el camino mostrado por S. Juan de la Cruz a las almas que quieren llegar a la suprema uni&oacute;n con Dios: <&iexcl;Todo!> <&iexcl;Nada!>; &laquo;Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer nada&raquo; (Monte de la perfecci&oacute;n). Para corresponder a su amor infinito y demostrarle el nuestro, tenemos que despojarnos generosamente de todo lo que pueda retardar nuestra semejanza y uni&oacute;n con &Eacute;l: un despojo que ha de comenzar por nuestro amor propio, orgullo, vanidad, por esas pretensiones en nuestros derechos, nuestros puntillos de honra&hellip; inmenso contraste entre estas vanas exigencias de nuestro yo y la conmovedora humildad del Verbo encarnado: &ldquo;Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes&uacute;s, quien -- repite S. Pablo-- siendo de naturaleza divina, se anodad&oacute;, tomando la forma de siervo&rdquo; (Fp 2, 7). &iquest;Qui&eacute;n pagar&aacute; con amor a quien tanto nos ha amado? &ldquo;Conoc&eacute;is la benevolencia de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro&rdquo; (2 Cr 8, 9). Por amor del hombre y enriquecerlo con dones divinos, Jes&uacute;s eligi&oacute; para s&iacute; la condici&oacute;n de los pobres: Mar&iacute;a &ldquo;lo envolvi&oacute; en pa&ntilde;ales y le acost&oacute; en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mes&oacute;n&rdquo; (Lc 2, 7). Quien desea seguir a Jes&uacute;s m&aacute;s de cerca, debe despojarse voluntariamente y de coraz&oacute;n por amor suyo del ego, del amor propio, del amor a las riquezas y al consumismo, que nos esclavizan y nos impiden darle a Dios el culto verdadero. 4.- La Navidad, fiesta de salvaci&oacute;n: &ldquo;Os ha nacido el Salvador&rdquo;, anuncian los &aacute;ngeles a los pastores. La Navidad nos salva del pecado, de todo pecado. &laquo;Reconoce, cristiano, tu dignidad&raquo;. &laquo;Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegr&eacute;monos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegr&iacute;a de la eternidad prometida. Nadie tiene por qu&eacute; sentirse alejado de la participaci&oacute;n de semejante gozo, a todos es com&uacute;n la raz&oacute;n para el j&uacute;bilo: porque nuestro Se&ntilde;or, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Al&eacute;grese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regoc&iacute;jese el pecador, puesto que se le invita al perd&oacute;n; an&iacute;mese el gentil, ya que se le llama a la vida. Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos, establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumi&oacute; la naturaleza del g&eacute;nero humano para reconciliarla con su Creador, de modo que el demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a la cual hab&iacute;a vencido. Por eso, al nacer el Se&ntilde;or, los &aacute;ngeles cantan llenos de gozo: &ldquo;&rdquo;Gloria Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Ellos ven, en efecto, que la Jerusal&eacute;n celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. &iquest;C&oacute;mo, pues, no habr&iacute;a de alegrarse la peque&ntilde;ez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los &aacute;ngeles encontraban en ella un gozo tan intenso? Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Esp&iacute;ritu Santo, puesto que se apiad&oacute; de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos am&oacute;; estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a &eacute;l fu&eacute;semos una nueva criatura, una nueva creaci&oacute;n. Despoj&eacute;monos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participaci&oacute;n de la generaci&oacute;n de Cristo, renunciemos a las obras de la carne. Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho part&iacute;cipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas&raquo;. (San Le&oacute;n Magno, papa: Serm&oacute;n 1 en la Natividad del Se&ntilde;or, 1-3: PL 54, 190-193) 5.- La Navidad, fiesta del amor fraterno. Si Dios se hace hombre, todo hombre es mi hermano. Para vivir la Navidad hay que deshacer muchas fronteras, porque nacen muchos misterios y comportamientos humanos que deben estar provocados por el amor divino, por el amor de Jesucristo hecho hombre por amor, sin fronteras de razas y colores. No se puede vivir la Navidad, no se puede amar como Cristo nos ama y quiere, si primero no creemos y oramos el misterio de la Encarnaci&oacute;n. Si Dios se hace hombre por amor, todo hombre es mi hermano y debe ser respetado como hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Este amor llena de sentido cristiano la vida, el hombre, el matrimonio, la familia. Hay que amar como Cristo, superando todas las barreras y dificultades. Si yo creo en la Navidad, debo adorar al Ni&ntilde;o, debo agradecer a Dios este don y adorar su designio de amor y fraternidad y debo amar a los hombres como &Eacute;l lo am&oacute;, haci&eacute;ndose hombre igual a todos menos en el pecado. La navidad provoca este amor. Si Dios se hace hombre, todo hombre queda sacralizado, porque queda consagrado por la presencia del Hijo en nuestra humanidad, uni&eacute;ndose a todo el g&eacute;nero humano, a toda la raza humana. Este es el fundamento teol&oacute;gico de todo el valor de los humano y de la caridad fraterna: &ldquo;lo que hicisteis con cualquiera conmigo lo hicisteis&rdquo;. La Navidad se abre en fraternidad: &ldquo;Uno solo es nuestro Padre y todos vosotros sois hermanos&rdquo;. La Navidad nos invita a ser solidarios. El consumismo nos divide. Si Dios se hace hombre, &Eacute;l acepta al hombre, menos el pecado. El dolor, las pruebas, las limitaciones. La Navidad nos invita a aceptar todo lo humano, a quererlo, a asumirlo mediante el amor a Jesucristo encarnado. 6.- La Navidad, fiesta de la Luz de Dios. Nos dice San Juan en el Pr&oacute;logo de su Evangelio: &ldquo;En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. &Eacute;l estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por &Eacute;l, y sin &Eacute;l no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En &Eacute;l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron. Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Vino &eacute;ste a dar testimonio de la luz, para testificar de ella y que todos creyeran por &eacute;l. No era &Eacute;l la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y por &Eacute;l fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoci&oacute;. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron, Dios les dio poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre&hellip; Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unig&eacute;nito del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo;. Como vemos, en el Pr&oacute;logo de su Evangelio, Juan nos eleva a los or&iacute;genes eternos del Verbo, para descender luego a su existencia hist&oacute;rica. Expone primero sus relaciones con Dios, en quien est&aacute; (1-2); con el mundo, que fue hecho por &Eacute;l (3), y con los hombres, de quien es luz y vida (4-5). Para mejor declarar este &uacute;ltimo pensamiento, nos habla de Juan, que no era la luz, pero que ten&iacute;a la misi&oacute;n de dar testimonio de ella (6-8). Vuelve otra vez a la luz verdadera, que viene a este mundo para iluminar a todos los hombres, los cuales no le dieron la acogida que deb&iacute;an, sobre todo, los suyos, su pueblo, que estaban m&aacute;s obligados 9-11) Pero este juicio negativo no es universal, porque muchos le recibieron, y a &eacute;stos les otorga la dignidad de ser hijos de Dios (12-13). Termina enunciando de nuevo el misterio de la encamaci&oacute;n, del que Juan da testimonio, y que, en vez de la Ley de Mois&eacute;s, nos comunica la gracia y la verdad (14-87). El vers&iacute;culo 8 viene a ser como la s&iacute;ntesis de todo el pr&oacute;logo: El Verbo, que es Dios Unig&eacute;nito y que por esto mora en el seso del Padre, ha venido a darnos a conocer a &eacute;ste y otorgamos la filiaci&oacute;n divina. En el Credo profesamos nuestra fe en &ldquo; Creo en Jesucristo &hellip;Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero&hellip;Y San Juan nos dir&aacute;: &ldquo;En &eacute;l estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la recibieron&rdquo; (cf. Jn 1, 4-5). En la noche de Navidad surge la luz que es Cristo. Esta luz brilla y penetra en los corazones de los hombres, infundiendo en ellos la nueva vida. Enciende en ellos la luz eterna, que siempre ilumina al ser humano, incluso cuando las tinieblas de la muerte envuelven su cuerpo. Por esto &ldquo;la Palabra se hizo carne, y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo; (Jn 1, 14).Y esta luz est&aacute; provocada por el fuego del Amor de Dios. Por eso es como llama de amor viva que tiernamente hiere en lo m&aacute;s profundo del alma: &ldquo;&iexcl;Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro!; pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres; rompe la tela de este dulce encuentro.&rdquo; 7.- La Navidad, misterio de alegr&iacute;a, a pesar de todo, porque &ldquo;hoy os ha nacido, en la ciudad de David, un salvador&rdquo; (Lc 2, 11). De este mismo gozo participa la Iglesia, inundada hoy por la luz del Hijo de Dios: &laquo;Misterio adorable del Verbo Encarnado. Junto a ti, Virgen Madre, permanecemos pensativos ante el pesebre donde est&aacute; acostado el Ni&ntilde;o, para participar de tu mismo asombro ante la inmensa condescendencia de Dios. Danos tus ojos, Mar&iacute;a, para descifrar el misterio que se oculta tras la fragilidad de los miembros del Hijo. Ens&eacute;&ntilde;anos a reconocer su rostro en los ni&ntilde;os de toda raza y cultura. Ay&uacute;danos a ser testigos cre&iacute;bles de su mensaje de paz y de amor, para que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, caracterizado a&uacute;n por tensos contrastes e inauditas violencias, reconozcan en el Ni&ntilde;o que est&aacute; en tus brazos al &uacute;nico Salvador del mundo, fuente inagotable de la paz verdadera, a la que todos aspiran en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n. Las tinieblas jam&aacute;s podr&aacute;n apagarla. Es la gloria del Verbo eterno, que, por amor, se ha hecho uno de los nuestros. La Navidad es misterio de paz. En esa noche los &aacute;ngeles han cantado: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;(Lc 2, 14). Han anunciado el acontecimiento a los pastores (Lc 2, 10). Alegr&iacute;a, incluso estando lejos de casa, y con la pobreza del pesebre, la indiferencia del pueblo, la hostilidad del poder. Desde la gruta de Bel&eacute;n se eleva hoy una llamada apremiante para que el mundo no caiga en la indiferencia, la sospecha y la desconfianza, aunque el tr&aacute;gico fen&oacute;meno del terrorismo acreciente incertidumbres y temores. Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminaci&oacute;n, est&aacute;n llamados a construir la paz: ante todo en Tierra Santa, para detener finalmente la in&uacute;til espiral de ciega violencia, y en Oriente Medio, para apagar los siniestros destellos de un conflicto que puede ser evitado con el esfuerzo de todos; en Africa, donde carest&iacute;as devastadoras y luchas intestinas agravan las condiciones, ya precarias, de pueblos enteros, si bien no faltan indicios de optimismo; en Latinoam&eacute;rica, en Asia, en otras partes del mundo, donde crisis pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales inquietan a numerosas familias y naciones. &iexcl;Que la humanidad acoja el mensaje de paz de la Navidad!&raquo; (Angelus, Juan Pablo II: Original italiano; traducci&oacute;n espa&ntilde;ola, Sala de Prensa de la Santa Sede.) 8.- La M&Iacute;STICA de la Navidad es sentir todo esto dentro, gustarlo, sentirse amado, buscado por Dios en ese ni&ntilde;o Jes&uacute;s, experimentar que naci&oacute; y que nace y es verdad, que existe; el &eacute;xtasis de la Navidad es vivir y experimentar toda la teolog&iacute;a que hemos dicho antes, ver que Dios ha enviado a su Hijo por m&iacute;, sentir el beso del mismo Dios en este ni&ntilde;o, no que yo le bese que ser&iacute;a la teolog&iacute;a, ni tratar de besarle como El me besa, que ser&iacute;a la moral y espiritualidad, sino sentirlo y vivirlo dentro de ti, que ser&iacute;a la m&iacute;stica de la Navidad; sentir este beso de Dios en mi alma, como lo sienten los santos, especialmente los m&iacute;sticos, como se sienten las emociones que nos hacen llorar y gozar y decir: GLORIA TI, PADRE DIOS, porque me has creado hombre, porque existo y has pensado y creado y realizado para m&iacute; este proyecto de salvaci&oacute;n. GLORIA A TI, HIJO DE DIOS, Palabra de salvaci&oacute;n y revelaci&oacute;n de todo este amor escondido por siglos en el coraz&oacute;n de Dios.GLORIA A TI, ESPIRITU SANTO, porque por la potencia de tu amor formaste esta rosa de ni&ntilde;o en el seno de Maria. LO CREO, LO CREO Y ES VERDAD. Hazme gozar y sentir y experimentar como otros los vivieron. Bueno, y para ser educado y completo: GRACIAS, Jos&eacute;, porque queriendo repudiar a Mar&iacute;a, porque t&uacute; no hab&iacute;as tenido parte en nada, cre&iacute;ste y esperaste y amaste a este ni&ntilde;o, m&aacute;s que si fuera tuyo. Y gracias, Mar&iacute;a, hermosa nazarena, virgen bella, madre del alma, cu&aacute;nto te quiere, cu&aacute;nto me quieres&hellip;porque sin tino hubiera sido posible este misterio de amor y salvaci&oacute;n. Ay&uacute;dame a vivirlo y sentirlo como t&uacute;. &laquo;Nonos escandalicemos tontamente de las esperas interminables que nos ha impuesto el Mes&iacute;as. Eran necesarios nada menos que los trabajos tremendos y an&oacute;nimos del Hombre primitivo, y la larga hermosura egipcia, y la espera inquieta de Israel, y el perfume lentamente destilado de las m&iacute;sticas orientales, y la sabidur&iacute;a cien veces refinada de los griegos para que sobre el &aacute;rbol de Jes&eacute; y de la Humanidad pudiera brotar la Flor. Todas estas preparaciones eran necesarias c&oacute;smicamente, biol&oacute;gicamente, para que Cristo hiciera su entrada en la escena humana. Y todo este trabajo estaba maduro por el despertar activo y creador de su alma, en cuanto esta alma humana hab&iacute;a sido elegida para animar al Universo. Cuando Cristo apareci&oacute; entre los brazos de Mar&iacute;a, acababa de revolucionar el Mundo&raquo;. (TEILHARD DE CHARDIN) SE ACERCA LA NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: En nuestro ambiente actual, Navidad suena a muchas cosas. Suena a bulla, a regalos y compras, suena a fiesta, a reuni&oacute;n de familia, a encuentro, a tiempo de vacaci&oacute;n y descanso. Suena a alegr&iacute;a de los ni&ntilde;os, a a&ntilde;oranza de los mayores, a nostalgia de los que nos ha precedido y ya no est&aacute;n entre nosotros. Decir Navidad es decir todo esto y mucho m&aacute;s. Sin embargo, Navidad es una persona. Navidad es Jesucristo, el Hijo de Dios que nace como hombre para compartir la vida humana en su etapa terrena y llevarla a plenitud en el cielo. Navidad es Mar&iacute;a, su madre bendita; y junto a ella, su esposo san Jos&eacute;. Navidad son los &aacute;ngeles que anuncian la buena noticia, son los pastores que van corriendo a ver al Ni&ntilde;o, son los Magos que vienen de Oriente guiados por una estrella. Navidad es la irrupci&oacute;n de Dios en la historia humana, para hacer de esta historia el lugar de su gloria, llevando a plenitud la historia humana y en ella a todos y cada uno de sus componentes. &iquest;No tiene que ver lo uno con lo otro? &ndash;Si, est&aacute; &iacute;ntima y profundamente relacionado lo uno y lo otro. Pero una vez m&aacute;s hemos de ir a lo esencial, al fundamento de todo, a no quedarnos por las ramas, sino ir a la ra&iacute;z del acontecimiento. Y lo fundamental de la Navidad es la persona, no las cosas, ni el ruido, ni la fiesta. En primer lugar, la persona de Cristo. Hacemos fiesta porque ha nacido el Hijo de Dios. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios ha enviado a su Hijo, que ha nacido de mujer y se ha hecho hombre, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. La relaci&oacute;n del hombre con Dios se llena de estupor al contemplar que Dios se ha hecho uno de los nuestros. Nos llena de asombro tanta cercan&iacute;a de Dios, tanta ternura, tanto amor. Para que ya no nos sintamos solos, sino que alentados por esa profunda y metaf&iacute;sica solidaridad de Dios con nosotros, se llene nuestro coraz&oacute;n de esperanza, la esperanza de los hijos de Dios. Junto a Jesucristo, su Madre Santa Mar&iacute;a. Para realizar la obra de la redenci&oacute;n de los hombres, Dios ha elegido una mujer y la ha colmado de gracias, la ha hecho inmaculada, la ha dotado de la capacidad de ser madre sin dejar de ser virgen, para luego d&aacute;rnosla como madre nuestra. Dios ha elegido a una mujer, bendita entre todas las mujeres, se&ntilde;alando as&iacute; la m&aacute;s alta dignidad de la persona humana en una mujer privilegiada. Y junto a Mar&iacute;a, san Jos&eacute;, al que dedicamos especialmente este a&ntilde;o. Es una figura grandiosa, humilde y escondida, pero es una pieza fundamental para que Jes&uacute;s haya nacido como hombre. &Eacute;l no es el padre biol&oacute;gico de Jes&uacute;s, como dejan claramente expresado los relatos evang&eacute;licos, pero ha acogido en su casa a Mar&iacute;a y al Ni&ntilde;o, y &eacute;ste ha podido nacer y crecer en una familia cobijado por el amor de sus padres. Jos&eacute; ha puesto su vida entera al servicio de Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, ha cumplido su misi&oacute;n en la entrega total de su vida, es el hombre justo a quien Dios ha confiado a su Hijo y a su Iglesia, la principal haza&ntilde;a humana. Por eso, la alegr&iacute;a de la Navidad tiene pleno sentido. Hacemos fiesta y hacemos bulla, porque celebramos un acontecimiento hist&oacute;rico que ha transformado la historia. Pero aunque no hubiera fiesta externa, ni ruido, ni bulla, celebrar&iacute;amos tambi&eacute;n la Navidad. Porque Dios sigue estando cerca de nosotros, incluso cuando nosotros nos olvidamos de &eacute;l. Por eso, en Navidad hemos de acercarnos m&aacute;s a &eacute;l, que viene a nosotros en los sacramentos, en una buena confesi&oacute;n y con una fervorosa comuni&oacute;n. Navidad es tambi&eacute;n la fiesta de los pobres, pues a los pobres viene a salvar este Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n. La profunda solidaridad que este Ni&ntilde;o ha establecido con su nacimiento, con su Navidad, nos hace salir al encuentro del que no tiene, llev&aacute;ndonos a compartir lo que tenemos. Por causa de la pandemia, muchas personas est&aacute;n solas, y hemos de acercarnos a ellas especialmente en estos d&iacute;as. Otras, no tienen casa, ni trabajo, ni esperanza. Podemos acercarnos para hacerles part&iacute;cipes de la alegr&iacute;a de la Navidad. La Navidad nos abre los ojos ante la dignidad humana despreciada, pisoteada, ninguneada. La Navidad, el nacimiento del Se&ntilde;or, viene a dignificar la persona humana. Abramos nuestro coraz&oacute;n, y saldremos todos ganando. Feliz y santa Navidad. Recibid mi afecto y mi ORACI&Oacute;N: Se acerca la Navidad. sIN RATOS DE ORACI&Oacute;N, DE ENCUENTRO CON CRISTO EN EL SAGRARIO, NO HAY NAVIDAD CRISTIANA. ********************************************* 25 DE DICIEMBRE: NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR MISA DE MEDIANOCHE PREG&Oacute;N DE NAVIDAD:(El Papa todos a&ntilde;os tiene unos pregones preciosos) PREG&Oacute;N DE LA NOCHEBUENA: Hermanos, esta noche es especial. Esta noche se une el cielo con la tierra. Desde que hace miles de millones de a&ntilde;os comenz&oacute; la vida sobre la tierra, la creaci&oacute;n entera suspir&oacute; siempre por esta noche. Abraham, padre de los creyentes, se puso en camino hacia la tierra prometida y as&iacute; surgi&oacute; un pueblo que vivi&oacute; con la esperanza de ver al Mes&iacute;as. Un sinf&iacute;n de profetas alimentaron las esperanzas de esta venida de Dios, que hoy celebramos en el coraz&oacute;n de la noche. David, rey y profeta, recibi&oacute; la promesa de que de su tronco nacer&iacute;a el Hijo de Dios. Esperanzas y desesperanzas han ido sucedi&eacute;ndose en el seno del pueblo que fue llamado para ver la glor&iacute;a del Hijo de Dios. Jud&iacute;os fieles a la ley a la palabra de Dios caminaron con la certeza de que un d&iacute;a las nubes llover&iacute;an del cielo la salvaci&oacute;n de nuestro Dios. Muchos murieron sin ver cumplidas sus esperanzas, y muchos desesperaron porque Dios siempre se retrasaba. Por f&iacute;n, hace ahora 200... a&ntilde;os en lo escondido de un pueblo de Judea, en Bel&eacute;n, seg&uacute;n todas las profec&iacute;as, acompa&ntilde;ado de los animales de un establo, porque el Rey que cre&oacute; el mundo no ten&iacute;a otro sitio dado por los hombres, porque no ten&iacute;a posada donde reclinar la cabeza ,al entrar en el territorio que &Eacute;l hab&iacute;a confiado a los hombres, all&iacute;, s&iacute;, all&iacute; naci&oacute; el Hijo de Dios, de una mujer llamada Mar&iacute;a, esposa de Jos&eacute;, el carpintero, de la familia de David, como se hab&iacute;a anunciado. Este Hijo es el Mes&iacute;as esperado de todos, Salvador de la humanidad, estrella luciente en la noche para todos los que buscan la luz y miran al cielo buscando el rostro de Dios. Nosotros, los que creemos en El, nos hemos reunido aqu&iacute;, o mejor, nos ha reunido el Dios de Jes&uacute;s, el reci&eacute;n nacido, para festejar con gozo este hecho que hace entonar cantos de fiesta a los coros de los &aacute;ngeles y que hace saltar el coraz&oacute;n de todos los que buscan los rastros de Dios en la historia. Alegr&eacute;monos y gocemos pues Dios nos ha visitado en la persona de su querido Hijo. Esta es la noticia de la historia: Dios se ha hecho ciudadano del mundo, Dios nos ha visitado y nos ha elevado a la categor&iacute;a de compa&ntilde;eros de su Hijo Jes&uacute;s. En nombre de todos los hombres de buena voluntad que suene la fiesta, que nazca la paz, que canten los oprimidos, que exulten los tristes. Dios est&aacute; con nosotros y trae secretos divinos. Ya es posible conocer a Dios, ya es posible acercarse a Dios sin temor a ser aniquilados. Dios se ha acercado a los hombres en la Navidad del 200. NOCHE DE NAVIDAD HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Y vinieron los mismos &aacute;ngeles del cielo a cantar al Ni&ntilde;o y pregonar al mundo entero el mensaje de paz de la Noche Buena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or.&rdquo; Este es el preg&oacute;n de la salvaci&oacute;n divina que nos trae este Ni&ntilde;o para toda la humanidad, que es Dios hecho hombre, Consejero, Palabra, Rey y pr&iacute;ncipe de la Paz, anunciado desde antiguo por los profetas. Al nacer Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as, en Bel&eacute;n de Jud&aacute;, se cumplen todas las Escrituras y Profec&iacute;as del Antiguo Testamento y empieza el Nuevo, inaugurando el <hoy> de la Salvaci&oacute;n prometida por Dios, el <hoy> atemporal ya de la gracia. El Padre, como leemos estos d&iacute;as en el Pr&oacute;logo de San Juan, nos lo ha dicho todo, nos ha revelado todo su proyecto de amor y salvaci&oacute;n en su Hijo hecho hombre y todo su misterio esencial ha quedado revelado y velado a la vez porque al ser palabra encarnada no puede expresar en plenitud todo el Misterio de Dios Uno y Trino. Pero nos ha expresado muy claro y manifiestamente por su venida a la tierra, que nos ama, que no se olvida del hombre, que viene a buscarnos para salvarnos y meternos en su intimidad. Dios m&iacute;o &iquest;Por qu&eacute; me buscas as&iacute;? &iquest;Qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas? &iquest;Por qu&eacute; lo haces de esta forma tan apasionada y extrema de amor? El Ni&ntilde;o que nos nace es un infante, infans>, en lat&iacute;n, significa el que no sabe hablar; pero naciendo, aun si hablar, nos dice, nos revela, nos est&aacute; diciendo muchas cosas: que nos ama eternamente, infinitamente, hasta el extremo de asumir todo lo humano, haci&eacute;ndose hombre; nos dice que Dios no se olvida del hombre y que el hombre est&aacute; salvado. Ese Ni&ntilde;o sin hablar nos dice que Dios ama apasionadamente al hombre, a todos los hombres, a toda la humanidad, que asume a todo lo humano y lo salva y quiere ser nuestro hermano. Por eso se llama Jes&uacute;s, que significa salvador. El Esp&iacute;ritu Santo, Amor eterno e infinito entre el Padre y el Hijo, inspir&oacute; este proyecto de encuentro salvador con el hombre, rescat&aacute;ndolo totalmente para la intimidad y felicidad y amistad eterna con la Sant&iacute;sima Trinidad; el Hijo vio al Padre entristecido por el pecado de Ad&aacute;n y Eva que destruy&oacute; su primer plan de amistad con el hombre y no pudiendo aguantar su tristeza, porque lo ama infinitamente con Amor de Esp&iacute;ritu Santo, se ofrece para hacer un segundo plan de salvaci&oacute;n: &ldquo;Padre no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;, un plan de re-creaci&oacute;n del plan primero, pero mucho m&aacute;s lleno de luz, gracia, salvaci&oacute;n, amistad, hasta el punto que en la Semana Santa hace como blasfemar a la Iglesia, que exclama ante tanto amor de la cruz y de la Eucarist&iacute;a: &ldquo;Oh felix culpa&rdquo;, Oh feliz pecado de Ad&aacute;n que nos mereci&oacute; un tal Salvador tan grande de entrega y amor. En la Navidad el Hijo ama al Padre haci&eacute;ndose obediente hasta la cruz, que as&iacute; lo cantaban algunos villancicos de mi infancia, donde cant&aacute;ndolo en la cuna ya anunciaban que morir&iacute;a en la cruz por amor a los hombres. Queridos hermanos: He aqu&iacute; la &ldquo;Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo;; &ldquo;Dios ha enviado a su Hijo amado&rdquo; (Mc1, 11) y ha cumplido las promesas hechas a Abrah&aacute;n y a su descendencia. El Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, en sus n&uacute;meros 422- 423, dice as&iacute;: 422 &ldquo;Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&rdquo; (Ga 4, 4-5). He aqu&iacute; &ldquo;la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo; (Mc 1, 1): Dios ha visitado a su pueblo (cf Lc 1, 68), ha cumplido las promesas hechas a Abraham y a su descendencia (cf Lc 1, 55); lo ha hecho m&aacute;s all&aacute; de toda expectativa: &Eacute;l ha enviado a su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mc 1, 11). 423 Nosotros creemos y confesamos que Jes&uacute;s de Nazaret, nacido jud&iacute;o de una hija de Israel, en Bel&eacute;n en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador C&eacute;sar Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusal&eacute;n, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha &ldquo;salido de Dios&rdquo; (Jn 13, 3), &ldquo;baj&oacute; del cielo&rdquo; (Jn 3, 13; 6, 33), &ldquo;ha venido en carne&rdquo; (1 Jn 4, 2), porque &ldquo;la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia&rdquo; (Jn 1, 14.16). Y este mismo, queridos hermanos, es tambi&eacute;n el anuncio, que hago con todo el gozo y alegr&iacute;a de mi coraz&oacute;n, en esta noche santa del Nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo entre los hombres. Todos nosotros, movidos por la gracia del Esp&iacute;ritu Santo y atra&iacute;dos por el Padre, nosotros creemos y confesamos y le decimos, al adorarle en su cuna: &ldquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&rdquo; (Mt 16, 16). Sobre la roca de fe y amor, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (Mc 16,18; San Le&oacute;n Magno, serm.4,3f; F 51,1; 62,2; 83,3). En esta noche quiero con toda emoci&oacute;n y verdad &ldquo;Anunciar.., la inescrutable riqueza de Cristo&rdquo; (Ef 3, 8) &ldquo;Los pastores&hellip; al verlo, les contaron lo que les hab&iacute;an dicho de aquel ni&ntilde;o. Y todos los que lo o&iacute;an se admiraban de lo que dec&iacute;an los pastores. Y Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo; (Lc 2, 16-17). La transmisi&oacute;n de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en El. Desde el principio, los primeros disc&iacute;pulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: &ldquo;No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y o&iacute;do&rdquo; (Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegr&iacute;a de su comuni&oacute;n con Cristo: &ldquo;Lo que exist&iacute;a desde el principio, lo que hemos o&iacute;do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida &mdash;pues la Vida se manifest&oacute;, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifest&oacute;&mdash;, lo que hemos visto y o&iacute;do, os lo anunciamos, para que tambi&eacute;n vosotros est&eacute;is en comuni&oacute;n con nosotros. Y nosotros estamos en comuni&oacute;n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo&rdquo; (1 Jn 1, 1-4). MISA DEL D&Iacute;A 1.- QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. As&iacute; describe San Juan, en el Pr&oacute;logo de su Evangelio, la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios en su Divinidad, e hijo de Mar&iacute;a por su humanidad,. Nosotros celebramos hoy el cumplimiento de todas estas promesas del A. T. en la Liturgia de este d&iacute;a, que hace presente mist&eacute;ricamente todo el misterio de la primera Navidad. 2.- Todo era silencio aquella noche. Dorm&iacute;an los hombres y &laquo;cuando la noche llevaba mediado su camino y las cosas se hallaban en medio del silencio, baj&oacute; a la tierra la Palabra omnipotente&raquo;, esto es, el Hijo de Dios. La liturgia estalla de gozo recordando a los profetas que lo anunciaron. Todo es gozo y alegr&iacute;a: Aleluya, aleluya: &ldquo;Sabed que hoy vendr&aacute; el Se&ntilde;or y ma&ntilde;ana ver&eacute;is su rostro&rdquo;. Y suenan en el cielo las voces del coro de &aacute;ngeles que cantan el primer villancico de la Navidad: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Han pasado miles de a&ntilde;os; y nosotros hoy, llenos de gozo, podemos cantar: &laquo;En el portal de Bel&eacute;n/ hay estrellas, sol y luna:/ la Virgen y San Jos&eacute;/ y el Ni&ntilde;o que est&aacute; en la cuna&raquo;. 3.- &ldquo;Y sucedi&oacute; que estando all&iacute; se le cumpli&oacute; la hora del parto&rdquo;. Nos lo cuenta San Lucas. &ldquo;Mar&iacute;a envolvi&oacute; a Jes&uacute;s en unos pa&ntilde;ales y le recost&oacute; con amor en el pesebre&rdquo;. S&oacute;lo Mar&iacute;a pod&iacute;a hacer este trabajo porque s&oacute;lo ella estaba llena de gracia y de fe y de amor para hacerlo, porque es la criatura m&aacute;s divina y perfecta que ha existido en este mundo. Todos los gestos fueron expresi&oacute;n de su fe y ternura en su hijo, Hijo de Dios. Le besar&iacute;a los pies, porque era su Se&ntilde;or; le besar&iacute;a las manos y la cara porque era su hijo. Y se quedar&iacute;a mucho tiempo contempl&aacute;ndole, tratando de comprenderle, porque era la Palabra eterna del Padre a los hombres, el Amor Infinito de Dios, a quien ella hab&iacute;a dado carne. Porque el pesebre es una c&aacute;tedra de la revelaci&oacute;n del Amor de Dios para todos los que creemos en Jesucristo. Desde la c&aacute;tedra del pesebre, el Ni&ntilde;o Dios, hecho hombre, tiempo, l&iacute;mite, pobre, necesitado e indigente, nos ense&ntilde;a muchas cosas: 1&ordm; primero: El ni&ntilde;o nacido en Bel&eacute;n nos revela el amor que Dios siente por el hombre. Es un amor sin l&iacute;mites de tiempo y espacio, infinito, gratuito, Dios no necesita del hombre y viene para llenarle de su plenitud: &ldquo;En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Es un amor que se manifiesta en obras, encarn&aacute;ndose en la humildad de la carne humana. Es misericordioso: viene a salvar, a perdonar. Es un amor que escoge el camino de la pobreza y la austeridad para demostrarnos que s&oacute;lo le interesa el hombre, no sus cosas, ni sus posesiones, ni sus palacios, como los reyes de la tierra. Por eso la liturgia de este d&iacute;a exclama: &laquo;Rey del Universo, a quien los pastores encontraron envuelto en pa&ntilde;ales, ay&uacute;danos a imitar siempre tu pobreza y sencillez&raquo;. 2.- Segundo: En este d&iacute;a de Navidad, fiesta cristiana del amor de Dios y de la alegr&iacute;a humana, todos nosotros, como los pastores, debemos dirigirnos por la fe y el amor al portal para adorar a nuestro Salvador, como cantamos en los villancicos. San Le&oacute;n Magno exclama: &laquo;no puede haber lugar a la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad y nos infunde la alegr&iacute;a de la eternidad prometida&raquo;. Queridos hermanos: cuando en el d&iacute;a de hoy contemplemos un nacimiento o nos acerquemos a besar al Ni&ntilde;o, que nos sintamos todos amados, buscados, salvados por Dios y experimentemos la alegr&iacute;a que brota de este Nacimiento de Dios entre los hombres. Demos gracias a Dios por ello, y pidamos a Mar&iacute;a, la Madre, creer como ella que Dios nace ni&ntilde;o por amor a los hombres, amarle como ella que se hizo su esclava por amor, y esperar como ella esper&oacute; a pesar de la pruebas que es el &uacute;nico Salvador de los hombres y ella nos consiga del su hijo la gracia de permanecer siempre fieles a este Ni&ntilde;o Dios, misterio de amor, hasta siempre, hasta la eternidad. Am&eacute;n, as&iacute; sea para todos. NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: El domingo siguiente a la Navidad es siempre la fiesta de la Sagrada Familia, familia formada por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;; pero como este a&ntilde;o no hay domingo intermedio porque la Navidad cay&oacute; en domingo y a los siete d&iacute;as, domingo siguiente, que es hoy, es 1&ordm; de enero, fiesta de santa Mar&iacute;a, Madre de Dios, pues no hemos podido celebrarla en domingo, lo hicimos el viernes. Hoy quiero hacer una homil&iacute;a que abarque Navidad, Sagrada Familia y Mar&iacute;a, Madre de Dios. Navidad es una de las fiestas m&aacute;s importantes del calendario cristiano, que ha impregnado el tejido social y las costumbres de nuestros ambientes. El que nace Ni&ntilde;o en Bel&eacute;n es el Hijo eterno del Padre, que se ha hecho verdadero hombre en el seno de Mar&iacute;a Virgen. Y viene para hacernos hijos de Dios, para hacernos hermanos unos de otros, viene para traernos la paz con perd&oacute;n abundante para nuestras vidas redimidas. Todo ello es motivo de gran alegr&iacute;a, y por eso hacemos fiesta. En nuestra sociedad descristianizada, se va evaporando el motivo hondo de la Navidad. Algunos pol&iacute;ticos no saben qu&eacute; hacer, otros toman medidas que ofenden a los cristianos. En una sociedad con profundas ra&iacute;ces cristianas no se puede arrancar sin hacer da&ntilde;o todo lo referente a la fe cristiana. Asistimos a expresiones de un laicismo radical, que quisiera borrar a Dios del mapa, de la convivencia, de las expresiones culturales. Es una aberraci&oacute;n. A nadie se le obliga a creer y nadie tiene que molestarse porque otros tengan fe. La verdadera aconfesionalidad consiste en admitir a todos, fomentando incluso lo que es de cada uno y de cada grupo en el respeto de la convivencia. Nunca la aconfesionalidad es ataque, abuso de autoridad para suprimir expresiones que son de la inmensa mayor&iacute;a de los ciudadanos. Eso ya no es aconfesionalidad, sino militancia laicista y ataque a los creyentes. La religi&oacute;n es mucho m&aacute;s tolerante que la militancia atea. Por eso, por mucho que se empe&ntilde;en en ignorarlo o suprimirlo, Navidad es Navidad, no es el solsticio de invierno. Navidad es Jesucristo que nace de Mar&iacute;a virgen. Ahora bien, la verdadera reivindicaci&oacute;n de la Navidad consiste en vivirla y mostrarla a quienes no la viven, respetando a todos. Hemos de reconocer entre los cristianos que, si nos quedamos en lo puramente externo, habremos vaciado nuestro coraz&oacute;n de lo m&aacute;s bonito que se celebra en estos d&iacute;as: el encuentro con Jes&uacute;s, que viene a salvarnos. Cada uno de nosotros necesita esa salvaci&oacute;n para salir de los enredos del pecado y del ego&iacute;smo. Nuestros contempor&aacute;neos necesitan esa salvaci&oacute;n que trae Jes&uacute;s. Nuestro mundo necesita al Pr&iacute;ncipe de la paz, que nos restaura en la relaci&oacute;n con Dios y con los dem&aacute;s. En Navidad hemos de abrir de par en par el coraz&oacute;n para que entre Jesucristo, limpie nuestro coraz&oacute;n y nos restaure. Celebramos Navidad para acercarnos al Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n y adorarlo con todo nuestro ser. No ador&eacute;is a nadie m&aacute;s que a &Eacute;l, cantamos en un villancico. Nos preparamos a la Navidad con una buena confesi&oacute;n, que nos deje bien dispuestos para este encuentro. Navidad es Mar&iacute;a, la virgen madre del Ni&ntilde;o que nace en Bel&eacute;n. La persona humana m&aacute;s importante de la historia, una mujer sencilla y humilde, dispuesta a servir, entregada de lleno a la misi&oacute;n encomendada. &iexcl;C&oacute;mo nos ense&ntilde;a Mar&iacute;a a vivir la Navidad verdadera! Y junto a ella, Jos&eacute; su esposo, verdadero padre (no biol&oacute;gico) de Jes&uacute;s, que se ocupa de su familia, la protege, le da cobijo. He aqu&iacute; la familia de Nazaret: Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Un hogar inspirador y protector para la familia cristiana. Navidad es la fiesta de la familia, donde se refuerzan los lazos del amor, donde cada uno se siente querido gratuitamente, el nido donde los esposos (var&oacute;n y mujer) se complementan y se ayudan, el hogar donde nacen los hijos y crecen sanos alimentados por el amor fiel de sus padres. Navidad es la fiesta de la solidaridad de unos con otros. El Hijo de Dios, al hacerse hombre, se ha unido de alguna manera con cada hombre (GS 22) y ha establecido lazos de uni&oacute;n de unos con otros. Es m&aacute;s fuerte lo que nos une con cada persona, que lo que pudiera separarnos. Jesucristo ha compartido con nosotros su vida divina, en actitud de humildad y servicio al hacerse hombre, para que nosotros prolonguemos ese amor fraterno, cuidando especialmente de los m&aacute;s necesitados. Navidad es fiesta de solidaridad, no una solidaridad superficial, sino la que brota de nuestra m&aacute;s profunda uni&oacute;n con Cristo. A todos os deseo una santa y feliz Navidad. Si vivimos la Navidad de coraz&oacute;n, de verdad, en nuestra familia, en nuestra parroquia, la Navidad transformar&aacute; el mundo, transformando nuestros corazones. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n NAVIDAD EN EL HOGAR SACERDOTAL QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero ahora compartir con vosotros este gozo de ser cat&oacute;lico y creyente en la Navidad porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de encontrarnos con la locura de amor de un Dios hecho ni&ntilde;o por amor a todos los hombres, Jesucristo, y poder celebrarla con fe y amor. La Navidad cristiana nos dice muchas cosas a todos los hombres, al mundo entero: nos dice que somos eternos y estamos salvados porque el Hijo de Dios con amor infinito al hombre se hace hombre para decirnos que Dios Trinidad nos ama y nos espera para una eternidad de gozo con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo. Y para quitarnos toda duda de su amor y salvaci&oacute;n ese ni&ntilde;o Dios naci&oacute; humano porque quiso morir en una cruz para abrirnos a todos la eternidad de gozo con Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo y para que nunca dud&aacute;semos de su Amor. Y ese Dios hecho ni&ntilde;o, qu&eacute; misterio de amor, cuando vino ya sab&iacute;a lo que ten&iacute;a que sufrir por todos nosotros. La pena es que muchos humanos no lo sepan o no lo crean, incluso gobernantes que lo rechcen, qu&eacute; pena, Se&ntilde;or, y T&uacute; lo sab&iacute;as y T&uacute; todos los a&ntilde;os haces presente este misterio de amor aunque muchos hombres lo ignoren o lo nieguen y no crean&hellip; qu&eacute; pena, Se&ntilde;or, este mundo actual, es m&aacute;s, incluso los que creemos qu&eacute; pena que no lo vivamos con ese amor tuyo tan loco y apasionado por nosotros porque siendo Dios y no necesitando nada de nosotros viniste con amor infinito para ser amigo y salvador de todos los hombres, y eso es la Navidad cristiana porque aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace por amor en el coraz&oacute;n de los creyentes no ser&aacute; aut&eacute;ntica Navidad Cristiana. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas, si eres infinito, lo tienes todo?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor, para llenarme de tu misma felicidad, que nos trajo tu Hijo amado hecho hombre en el seno de la Virgen bella y Madre Mar&iacute;a. Querido Dios hecho ni&ntilde;o, creo, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo y que cada uno de nosotros, hombre finito y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Queridos hermanos, cuando el creyente cree de verdad, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de creer m&aacute;s y m&aacute;s y cantar villancicos, porque la Navidad es una locura de amores infinitos y eternos hechos tiempo y humano, que no se curan porque son infinitos, vienen del mismo Dios, que herido de amor, se hace ni&ntilde;o &ndash; pero Dios hecho ni&ntilde;o, qu&eacute; locura, pero &iquest;lo creo o no lo creo? y viene a mi encuentro, a nuestro encuentro&hellip;, la Navidad es Dios amando locamente al hombre que viene a un encuentro de amor y felicidad&hellip; es la mayor locura de amor&hellip; es que no tiene explicaci&oacute;n: que el Dios infinito se haga criatura, hombre finito y sabiendo lo que le iba a pasar, c&oacute;mo corresponder&iacute;an los hombres de entonces y de ahora y de todos los tiempos&hellip;, porque no siempre ha sido correspondido con amor por los hombres. Por eso, nosotros, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en la cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte razones y motivos de este misterio de amor, es decir, orar, contemplarte, mirarte, orar mucho, pasar largos ratos contempl&aacute;ndote, contemplando el misterio de tu Navidad, recogerse en tu presencia ahora en todos los Sagrarios de las iglesias y en la misa-eucar&iacute;stica y meditar muy despacio, sin prisas, como fuera del tiempo y del espacio, estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprenderemos nunca sino que solamente tocamos y barruntamos por amor en ratos de oraci&oacute;n: &iquest; Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n de amor, no le sanaste&hellip;. Descubre tu presencia y m&aacute;teme tu rostro y... &iexcl;Dios santo, T&uacute; existes, querido hermano, la Navidad existi&oacute; y existe de verdad, porque &Eacute;l te am&oacute; y nos ama y ca&iacute;dos en el pecado se hizo hombre y luego un poco de pan para salvarnos y llevarnos desde el tiempo a su gozo eterno que empieza en la tierra en ratos de Sagrario! T&uacute; nos amas de verdad, Dios ni&ntilde;o en Bel&eacute;n y te haces un trozo de pan para alimentar nuestra fe, esperanza y caridad sobrenatural en cielo anticipado. Hermanos todos, que es verdad, que Dios existe y nos ama. Y se ha hecho hombre para hacernos divinos, eternos. Eso es la Navidad. Es Dios amando apasionadamente a los hombres para hacernos herederos de su cielo y eternidad. &iexcl;Dios existe y nos ama, es verdad! Basta creer en la Navidad y celebrarla con fe y amor y esperanza sobrenatural. La Navidad es Dios amando apasionadamente a todos los hombres creados y redimidos por un Dios que se hace hombre por salvar al hombre. Correspondamos a tanto amor de Dios en Navidad. Celebremos as&iacute; la Navidad cristiana. ********************************** Por eso, el hombre, los hombres modernos, alej&aacute;ndose de Ti con estos pol&iacute;ticos ateos, nos estamos quedando vac&iacute;os de la Navidad cristiana, de Cristo, de la verdadera Navidad del amor verdadero y fraterno de un Dios hecho hombre. En cuanto nos hemos alejado de ti, ni&ntilde;o Dios nacido en Bel&eacute;nn en esta sociedad de pol&iacute;tico ateos, tenemos m&aacute;s sexo y placeres que nunca, incluso desde la infancia, qu&eacute; pena estas leyes espa&ntilde;olas, pero estamos todos m&aacute;s tristes, porque nos falta Dios, porque T&uacute; eres el amor y la felicidad verdadera, plena e infinita. El hombre moderno necesita volver a Dios, creer en la Navidad, vivir la Navidad para encontrar el motivo de su existencia y la raz&oacute;n de su caminar por este mundo. Tambi&eacute;n estoy un poco triste, mi Dios hecho ni&ntilde;o y te lo digo en voz un poco baja, porque algunos de tus cristianos, algunos solo no te buscan y vienen a encontrarse contigo en ratos de oraci&oacute;n, de amor, sobre todo ante tu presencia en los Sagrarios de las parroquias&hellip; no tienen tiempo para agradecer tu amor hasta el extremo, para estar contigo en oraci&oacute;n y di&aacute;logo de amor, por pura rutina, sin entrar en contacto contigo especialmente en la cuna de tu presencia permanente en el Sagrario. Queridos hermanos: Ha nacido el Se&ntilde;or, queridos hermanos, ha nacido el Redentor del mundo y de los hombres, venid y ador&eacute;mosle. Ha nacido en carne humana el eterno, el invisible, el Hijo de Dios, que, por los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n, descendi&oacute; de los cielos y se encarn&oacute; en el seno de la hermosa nazarena, Virgen bella y hermosa, Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Hermanos, Dios te ama, tu vida es m&aacute;s que esta vida, &Eacute;l ha venido para hacernos eternos con &Eacute;l en el cielo, por eso se hizo no solo ni&ntilde;o, carne humana, sino un trozo de pan para elimentar nuestra hambre de Dios y eternidad ya en la tierra. Alegr&eacute;monos y felicit&eacute;monos en Dios Padre, que hizo la Navidad, este proyecto de amor Salvador para los hombres por medio del Hijo; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en el Hijo, que nos am&oacute; tanto que obedeci&oacute; y se hizo hombre como nosotros por amor de hermano; alegr&eacute;monos y felicitemos al Esp&iacute;ritu Santo que realiz&oacute; este misterio amor infinito y salvaci&oacute;n en Mar&iacute;a, Madre de Cristo y Madre nuestra que se hizo esclava de Dios por amor a &Eacute;l y a todos los hombres; y no nos olvidemos de felicitar y alegrarnos tambien en Jos&eacute;, que fue humilde y crey&oacute; y colabor&oacute; en el plan de Dios. DIOS M&Iacute;O, TRINIDAD SANT&Iacute;SIMA, PADRE, HIJO Y ESP&Iacute;RITU SANTO, CREO, CREO, ADORO, ESPERO Y TE AMO, Y TE PIDO PERD&Oacute;N EN ESTE D&Iacute;A DE NAVIDAD POR TODOS LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN. Y CONF&Iacute;O Y ESPERO TU ABRAZO ETERNO DE AMOR EN TU HIJO ENCARNADO POR AMOR DE ESP&Iacute;RITU SANTO A TODOS LOS HOMBRES. AM&Eacute;N, AS&Iacute; SEA, AS&Iacute; LO PIDO EN ESTA SANTA MISA. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Nos dice el evangelio en estos d&iacute;as.- &ldquo;Y sucedi&oacute; que estando all&iacute; se le cumpli&oacute; la hora del parto&rdquo;. &ldquo;Mar&iacute;a envolvi&oacute; al ni&ntilde;o Jes&uacute;s en unos pa&ntilde;ales y le recost&oacute; con amor en el pesebre&rdquo;. Hermanos, es la navidad cristiana, el nacimientos de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, de un Dios que se hace hombre para salvar a los hombres, creamos, amemos, confesemos con fe viva y agradecida este misterio. S&oacute;lo Mar&iacute;a pod&iacute;a hacer este trabajo porque s&oacute;lo ella estaba llena de gracia y de fe y de amor para hacerlo, porque es la criatura m&aacute;s divina y perfecta que ha existido en este mundo. Todos los gestos fueron expresi&oacute;n de su fe y ternura en su hijo, Hijo de Dios. Le besar&iacute;a los pies, porque era su Se&ntilde;or; le besar&iacute;a las manos y la cara porque era su hijo. Y se quedar&iacute;a mucho tiempo contempl&aacute;ndole, tratando de comprenderle, porque era la Palabra eterna del Padre a los hombres, el Amor Infinito de Dios, a quien ella hab&iacute;a dado carne. Porque el pesebre es una c&aacute;tedra de la revelaci&oacute;n del Amor de Dios para todos los que creemos en Jesucristo. Imitemos tambi&eacute;n nosotros este d&iacute;a a Mar&iacute;a, adoremos, besemos, acariciemos con amor al mismo Hijo de Dios, que se ha hecho ni&ntilde;o y pobre para salvarnos. Desde la c&aacute;tedra del pesebre, el Ni&ntilde;o Dios, hecho hombre, hecho tiempo, l&iacute;mite, pobre, necesitado e indigente, nos ense&ntilde;a muchas cosas: 1&ordm; primero: El ni&ntilde;o nacido en Bel&eacute;n nos revela el amor que Dios siente por el hombre. Dios te ama, Dios existe, Dios te busca y viene a tu encuentro, querido hermano. Es un amor sin l&iacute;mites de tiempo y espacio, abarca a todos los hombres, es infinito y gratuito, porque Dios no necesita del hombre y viene para llenarle de su plenitud: &ldquo;En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;, nos dice San Juan. Vemos que es un un amor que se manifiesta en obras, encarn&aacute;ndose en la humildad de nuestra carne. Es misericordioso: viene a salvarnos, a perdonarnos, a dar su vida para que todos la tengamor eterna. Por eso la liturgia de este d&iacute;a exclama: &laquo;Rey del Universo, a quien los pastores encontraron envuelto en pa&ntilde;ales, ay&uacute;danos a imitar siempre tu pobreza y sencillez&raquo;. 2&ordm;.- Para comprender verdaderamente este misterio de la Navidad, hay que contemplarlo en oraci&oacute;n, en silencio, hay que pasar ratos mirando al Ni&ntilde;o en el portal de nuestros nacimientos, sobre todo en los Sagrarios de la tierra, porque es el mismo de ayer y de siempre, el que naci&oacute; y muri&oacute; y permanece ah&iacute;, en todos los sagrarios, para llevarnos a todos al cielo, a la vida eterna, &uacute;nica raz&oacute;n de su nacimiento como hombre, por la que vino en la Navidad. Hermanos, agradezamos este amor viniendo a misa estos d&iacute;as, confesando y comulgando, oremos ante el sagrario, s&oacute;lo orando, el coraz&oacute;n puede llegar a sentir y vivir estos misterios de amor que la raz&oacute;n no entiende ni comprende. Y 3&ordm;: Que Cristo no encontrase hospedaje entonces, lo puedo comprender por las circunstancias hist&oacute;ricas de su nacimiento; pero lo que no se puede explicar, es que t&uacute; y yo y nosotros no le demos hospedaje de amor y de fe en nuestros corazones, que pasemos indiferentes ante este misterio, que no le recibamos estos d&iacute;as en nuestras vidas y familias y no recemos y le comulguemos con un coraz&oacute;n lleno de amor a Dios y a todos, que no hagamos las paces en los matrimonios, en las familias, entre hijos y padres y los vecinos y amigos. Nos duele much&iacute;simo que estos tiempos de ate&iacute;smo e indiferencia y lejan&iacute;a religiosa, muchos han cerrado las puertas a Cristo y no le han dejado nacer en ellos, en sus vidas y familia, basta mirar la pol&iacute;tica y las televisi&oacute;ones, es que la mayor parte ni mencionan la navidad y si la mencionan lo hacen sin Cristo, sin iglesia, sin religiosidad alguna. Hermanos, recemos y pidamos por los nuestros y por todos los cristianos y por el mundo entero. Porque &laquo;Aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, no ser&aacute; Navidad cristiana, todos habr&aacute; sido in&uacute;til, aunque sobren champ&aacute;n y turrones. Y nada m&aacute;s, queridos hermanos. Pido y deseo de todo coraz&oacute;n, como los &aacute;ngeles del cielo que anunciaron la primera navidad, que el feliz acontecimiento del Nacimiento de Jesucristo, sirva para gloria de Dios en las alturas y salvaci&oacute;n de los hombres en la tierra. As&iacute; sea y as&iacute; se lo pido al Se&ntilde;or en esta santa misa, especiamente por vosotros y vuestras familias. ****************************************** QUERIDOS HERMANOS: Hoy es Navidad. Alegr&eacute;monos y acojamos con cari&ntilde;o al Ni&ntilde;o Dios que nos ha nacido para nuestra salvaci&oacute;n. Y al contemplar al Dios infinito hecho ni&ntilde;o, ador&eacute;moslo profundamente con todo nuestro coraz&oacute;n. Que &Eacute;l nos aumente la fe para encontrarle en ese ni&ntilde;o indefenso; que &Eacute;l nos limpie los ojos para que podamos descubrir y contemplar en &Eacute;l al Dios Encarnado; que lo adoremos como Mar&iacute;a y Jos&eacute; y creamos en su amor extremo, para que nada impida este encuentro y su nacimiento en nosotros por un aumento de fe, esperanza y amor, virtudes sobrenaturales que nos unen directamente con Dios. La Navidad es el lenguaje m&aacute;s personal, m&aacute;s tierno, m&aacute;s &iacute;ntimo e insinuante, m&aacute;s extremado de amor y conquista que Dios ha tenido con el hombre. Como nos dice San Pablo en la segunda Lectura de hoy con su Carta Hebreos: &ldquo;En distintas ocasiones y de muchas maneras habl&oacute; Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. El es reflejo de su gloria, impronta de su ser. El sostiene el universo con su palabra poderosa. Y habiendo realizado la purificaci&oacute;n de los pecados, est&aacute; sentado a la derecha de Su Majestad en las alturas; tanto m&aacute;s encumbrado sobre los &aacute;ngeles, cuanto m&aacute;s sublime es el nombre que ha heredado&rdquo;. El Hijo de Dios, al ver en la esencia infinita del Dios Trino y Uno entristecido a su Padre porque su primer plan de salvaci&oacute;n hab&iacute;a quedado roto totalmente y ya no era posible la amistad del Padre con los hombres, creados por su amor de Padre, lleno de su mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo, le dijo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. En la carta a los Hebreos encontramos esta explicaci&oacute;n: Padre, aunque te sacrifiquen todos los terneros y corderos del mundo, no pueden merecer esa amistad que T&uacute; has proyectado con el hombre, porque en definitiva son finitos y limitados; voy a ofrecerte toda mi persona de Hijo tuyo, cogiendo un cuerpo humano, voy a manifestarles todo lo que los ama, voy a dar mi vida por ello, y entonces no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que rendirse a nuestro amor, a tu amor de Padre que me env&iacute;as y me mandas dar la vida por ellos y a m&iacute;, como hijo obediente, que ejecuto este plan duro. Ya ver&aacute;s c&oacute;mo se rinden a nuestro amor. Y eso es la Navidad. O si quieres te lo digo de otra forma. El Padre amando al Hijo y el Hijo amado al Padre desde toda la eternidad, conoci&eacute;ndose totalmente en su esencia que es Amor de Esp&iacute;ritu Santo, en di&aacute;logo eterno de Amor y de Vida y de Ser, di&aacute;logo del Hijo que le hace Padre aceptando ser dicho por el Padre, lleno del amor del Esp&iacute;ritu Santo, libremente, desde ese amor infinito, decidieron en consejo trinitario un hecho inaudito, incre&iacute;ble. Dijo la Sant&iacute;sima Trinidad: vamos a manifestar nuestra predilecci&oacute;n y amor por el hombre de una manera tan clara e irresistible, que el hombre no tendr&aacute; m&aacute;s remedio que rendirse ante nuestro amor, porque los har&aacute; a todos los hombres hijos en el Hijo; s&iacute;, les dir&eacute; palabras tan tiernas y estremecedoras, les dar&eacute; pruebas de mi amor tan manifiesto y extremo, con signos tan palpables de mi entrega y deseos de amistad, les har&eacute; gestos tan evidentes de mi amor loco y gratuito por el hombre, que los hombres no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que creer en nuestro amor, amarnos y entrar en la amistad trinitaria, el m&aacute;ximo gozo del que pueden participar. Vamos a ver: -- T&uacute;, querido hombre, eres tremendamente celoso de tu dignidad humana, de tu puesto social, de tus conquistas ; pues bien, yo, aunque soy Dios tomar&eacute; forma de criatura, como si una hormiga que ve que un hormiguero est&aacute; taponado y no pueden salir a la luz y morir&aacute;n, dice: yo hombre me hago hormiga para salvarlas a todas. Es as&iacute;, solo que es infinitamente mayor la distancia entre Dios y el hombre, que entre un hombre y las hormigas. -- T&uacute; te pasas toda la vida buscando grandezas, honores, t&iacute;tulos, puestos elevados&hellip; pues bien, yo me rebajo, los pierdo todos por ti, y de Dios me hago criatura para conquistarte y hacer divino, hijo verdadero de Dios. -- T&uacute;, querido hombre, buscar la felicidad a toda costa; quieres ser feliz. Pues bien, yo que soy la felicidad infinita, la dejo en el cielo y vengo a la tierra a ofrec&eacute;rsela a todos los hombres de buena voluntad; y para eso estoy dispuesto a sufrir lo inaudito y s&eacute; lo que me espera y lo hago gozoso &uacute;nicamente para que t&uacute; seas feliz. Yo sufrir&eacute; lo indecible para que t&uacute; sea feliz. -- T&uacute; buscas no morir, vivir siempre, ser eterno como Dios; pues bien, yo me hago tiempo para comunicarte mi eternidad; yo vengo a morir por el hombre para que seas eterno&hellip; Y vamos a ver ahora si, al hacerme hombre y ni&ntilde;o indefenso, ese coraz&oacute;n del hombre es capaz de vibrar, de amarme, de agradecerme todo el bien que le traigo; vamos ver si es capaz de resistirse a mi amor, vamos a ver si tiene coraz&oacute;n para m&iacute;..Y como el enamorado que no repara en su entrega, cuando verdaderamente siente la pasi&oacute;n de amor por su amada, el Hijo de Dios infinito se lanza a esta conquista y viene a la tierra. Yo ir&eacute; y le hablar&eacute; al hombre en su coraz&oacute;n, ese coraz&oacute;n que ha sido tan duro para mi y empezar&aacute; a sentir mi amor; cambiar&eacute; ese coraz&oacute;n tan sensible para los afectos puramente terrenos y los placeres mundanos y le hablar&eacute; con palabras tan dulces y gestos tan llenos de amor que no podr&aacute; resistirse&hellip; Queridos hermanos: Y &iquest;Cu&aacute;l es nuestra respuesta? &iquest;Cu&aacute;l ha sido la respuesta del hombre? &iquest;Cu&aacute;l es nuestra respuesta a tanto amor de Dios? Que responda cada uno por s&iacute; mismo&hellip; C&oacute;mo vamos a hablar de respuestas cuando muchos de los cristianos ni vienen a misa estos d&iacute;as para agradec&eacute;rselo, ni confiesan ni comulgan estos d&iacute;as para amar y abrazar a Jes&uacute;s, todo amor y ternura por nosotros, ni tienen una oraci&oacute;n ni un gesto ni una mirada de amor&hellip;.No hay ni respeto al misterio, que en muchos escaparates que profanado por cerditos puestos en la cuna en lugar de un ni&ntilde;o. Y otros muchos tienen una navidad pagana, llena de champ&aacute;n y turrones, pero ausente de amor y admiraci&oacute;n y adoraci&oacute;n por el Ni&ntilde;o que nos nace; una navidad sin Dios. Queridos hermanos, que al menos nosotros no le fallemos a Cristo, que comprendamos su amor, que nos acerquemos a recibirlo bien dispuestos en cuerpo y alma, que no te quedes en los turrones y villancicos sino que pases a una oraci&oacute;n y comuni&oacute;n fervorosas, que vayas a la busca del Dios que viene a buscarte. Te busca a ti, a ti en concreto, singularmente. Este es el sentido de la Navidad para cada uno de nosotros, el encuentro personal con Jesucristo Encarnado. Nuestra respuesta ser&aacute;: Dios me busca y yo quiero encontrarme con &Eacute;l. Porque en la Navidad Cristo busca el encuentro personal y afectivo con cada uno de nosotros. Navidad es caer de rodillas ante el Ni&ntilde;o y decir: creo, creo y amo y espero. Creo que este Ni&ntilde;o es la revelaci&oacute;n del amor de Dios, su Palabra de ternura infinita, pronunciada para nosotros, reveladora de todo lo que el Padre nos quiere decir, de todo lo que me ama y me quiere; Jesucristo Ni&ntilde;o es la revelaci&oacute;n de su Palabra llena de amor para m&iacute;. Y yo amo esta manifestaci&oacute;n, esta Palabra de amor pronunciada por el Padre para m&iacute;. Y espero, espero totalmente, confiado en su verdad y amor. Por ser Navidad, espero, , deseo y quiero vivir en paz con Dios y los hermanos; me esforzar&eacute; por agradar y complacer a este Ni&ntilde;o y quiero ser la felicidad de este Ni&ntilde;o y hacer felices a los que conviven conmigo; por ser Navidad quiero acordarme de los m&aacute;s necesitados y tener espacios para la oraci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n de este Ni&ntilde;o, que es el Amor de Dios hecho carne humana. ******************************************* NAVIDAD 2019. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero en esta eucarist&iacute;a compartir con vosotros este gozo porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de creer y encontrarnos con Jesucristo, de ser cat&oacute;licos y creyentes. Hermanos, la Navidad nos dice que somos eternos, que estamos salvados, pregonarlo alto y claro a este mundo que se est&aacute; quedando triste, roto, sin fe porque no cree en la Navidad. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor gratuito, para llenarme de tu misma felicidad, que es tu Hijo amado hecho hombre en el seno de Mar&iacute;a y dado a luz en Bel&eacute;n en este d&iacute;a. Querido Ni&ntilde;o Dios que acabas de nacer para salvarme y llevarnos contigo a la gloria del Padre, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo, como cada uno de nosotros. Y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y cuando elcreyente,el cat&oacute;lico de verdad cree esta locura de un Dios todo amor y hecho criatura por amor al hombre, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de besarte y adorarte y cantarte villancicos y quiere creer m&aacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s, porque le hace feliz sentirse tan amado. La Navidad es una enfermedad de amores divinos al hombre y ansias eternas, que no se curan porque son infinitas y vienen del mismo Dios a todos los hombres; todo un Dios, que herido de amor a sus criaturas, se hace ni&ntilde;o y viene a nuestro encuentro, a mi encuentro en la Navidad; la Navidad es Dios amando locamente a los hombres. Pero Dios m&iacute;o, por qu&eacute; me amas tanto y me buscas as&iacute;, pero qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas? Por eso, nosotros, en este d&iacute;a, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en el seno de la Virgen bella y hermosa y puesto en cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte razones y motivos de este amor, es decir, orar, orar mucho, pasar largos ratos contemplando este misterio, tu rostro humano y divino, recogernos en tu presencia eucar&iacute;stica estos d&iacute;as y meditar muy despacio estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprendemos, sino que solamente barruntamos por la fe y el amor sobrenatural de tu gracia. Por eso, en estos d&iacute;as, quiero solo besarte, contemplarte, adorarte, quiero comerte de amor en comuniones de fe, amor y fuego divino. En fin, hermanos, felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos todos en este d&iacute;a en el Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, porque, si Cristo nace, Dios AMA AL HOMBRE, sigue amando y perdonando al hombre; si Cristo nace, Dios no se olvida del hombre; si Cristo nace, nuestra vida tiene sentido, y somos eternos, si ES NAVIDAD, SOMO ETERNOS, no moriremos porque &ldquo;Dios envi&oacute; a su HIJO AL MUNDO al mundo, para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan vida eterna&hellip;&rdquo;. FELIZ NAVIDAD A TODOS. ************************************************************ HOMIL&Iacute;A DEL D&Iacute;A DE NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS: Con emoci&oacute;n profunda y religiosa quiero anunciaros el hecho que hoy celebramos, la Navidad, la natividad de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, hijo de Dios, hecho hombre en Bel&eacute;n de Jud&aacute;, y hermano de todos los hombres. Y quisiera decirlo tan alto y a todos los hombres de manera que sonara a modo de preg&oacute;n, el preg&oacute;n de la Navidad. Preg&oacute;n es anunciar con voz potente y clara una noticia. En esta tarde y en este momento, quisiera yo tener la voz m&aacute;s potente y clara del mundo para anunciar todos los hombres esta alegr&iacute;a y emoci&oacute;n que siento, la mejor noticia que puedo dar a este mundo: Que Dios ama al hombre y por amor se ha hecho hombre. Quisiera salir a la puerta de esta Iglesia y para toda la circulaci&oacute;n y a todos los viandantes para repetirles el mensaje de los &aacute;ngeles en la Nochebuena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Este a&ntilde;o de gracia del 200.. de nuevo ha sido Navidad. Navidad es que Dios no se olvida del hombre; Navidad es que Dios ama al hombre; Navidad es que Dios perdona y salva al hombre; Navidad es que Dios viene al encuentro del hombre porque quiere hacer hijo suyo para compartir con &eacute;l toda la eternidad de amor y felicidad de la Sant&iacute;sima Trinidad y por eso nace y viene a nuestro encuentro, porque desea el encuentro con cada uno de los hombres, conmigo y contigo y por eso se humilla y viene desde su infinitud y se rebaja y busca el encuentro con todos los hombres. Esta es la consecuencia de amar al hombre con amor infinito Dios solo se ha equivocado una vez en su vida. S&oacute;lo una vez. Pero ya no puede liberarse de ese error; lo lleva grabado en su coraz&oacute;n, en su misma esencia trinitaria, lo tiene como un sello en su frente. Dios s&oacute;lo ha cometido un error en su vida: Am&oacute; y confi&oacute; excesivamente en el hombre que hizo y con el que so&ntilde;&oacute; para una eternidad feliz con &eacute;l. Porque Dios es amor, su esencia es amar y si deja de amar, deja de existir. Cuando San Juan quiere definir a Dios, lo define as&iacute;: &ldquo;Dios es amor&hellip; y en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y entreg&oacute; a su propio hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. La Encarnaci&oacute;n fue la primera entrega del Padres a los hombres de su propio Hijo, que luego se consumar&iacute;a en la Cruz. Por eso, muchos villancicos de mi infancia hac&iacute;an alusi&oacute;n a la cruz porque un&iacute;an la cuna y la raz&oacute;n de su venida: salvarnos por la muerte en cruz. Por eso el ni&ntilde;o que nace est&aacute; condenado ya a morir por amor extremo a los hombres que ahora hacemos presente en esta Eucarist&iacute;a que es una Encarnaci&oacute;n continuada. Por eso, qu&eacute; alegr&iacute;a, qu&eacute; confianza, qu&eacute; seguridad del amor de Dios nos da la Navidad. Es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s evidente del amor de Dios al hombre, que se completar&aacute; en la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. La Navidad es la vivencia anticipada de todo este testimonio de amor, es el amor infinito encarnado, hecho ni&ntilde;o indefenso y necesitado. En este ni&ntilde;o se nos revela el misterio de Dios, el amor de Dios Trino y Uno, de Dios familia que quiere hacer familia divina a los hombres. La Navidad naci&oacute; en el coraz&oacute;n y en el amor infinito del Dios Trino y Uno, en la esencia infinita de amor de un Dios Padre, que contempl&aacute;ndose a S&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de felicidad y de amor, vida, eternidad, luz&hellip; se expresa en totalidad de ser y de vida y de amor en el Hijo, Imagen perfecta de su Ser infinito, que luego lo expresa y lo pronuncia con ese mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo para toda la humanidad en la carne de un Ni&ntilde;o, &ldquo;que nos ha nacido, que nos ha sido dado&rdquo;. Por eso, qu&eacute; alegr&iacute;a siento en la Navidad de existir, de ser hombre; es un privilegio porque estoy destinado por Dios a compartir su misma dicha y felicidad en la eternidad de mi Dios. Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga divino. Qu&eacute; grande es ahora ser hombre. Qu&eacute; alegr&iacute;a descubrir este misterio para los cristianos en la Navidad. Ante este misterio debemos ejercitar nuestra fe, pedir m&aacute;s fe, m&aacute;s luz para ver la verdad de este misterio, comprenderlo y poder vivirlo en plenitud. Tener vivencia, experiencia del Amor de Dios en el Ni&ntilde;o que nos nace, que nos ama, que nos busca. No estamos solo en el espacio, perdidos sin sentido, sin saber de d&oacute;nde venimos y a d&oacute;nde vamos. Venimos de Dios y perdidos por el pecado, Dios nos ha buscado para llevarnos a su Amor y Felicidad. Por eso en pecado no se puede celebrar la Navidad cristiana. Ser&iacute;a una Navidad sin Navidad. Tenemos que abrir nuestro coraz&oacute;n a Dios, hay que confesar y comulgar en amistad con &Eacute;l, sin odios y mentiras en nosotros, hay que amar y perdonar como Dios nos perdona a todos. Porque aunque Cristo naciese mil veces, si no nace dentro de nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til. Cristo viene para nacer en cada uno de nosotros. Y la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica en gracia de Dios es la mejor forma. Cristo, naciendo como hombre, nos hace a todos los hombres hermanos de &Eacute;l y entre nosotros. Si Cristo nace, todo hombre es mi hermano. Por eso la Navidad nos empuja al amor fraterno. Nos hace hermanos en Cristo y nos recuerda el mandato del Se&ntilde;or: &ldquo;Amaos los unos a los otros, como yo os he amado&hellip;. En esto conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os, si os am&aacute;is los unos a los otros&hellip;. Lo que hicisteis con cualquiera, conmigo lo hicisteis&hellip;&rdquo; En la Navidad todos nos sentimos m&aacute;s fraternos y hacemos obras de caridad: damos limosnas, visitamos a los enfermos y familiares ancianos, nos acordamos de todos los que sufren en el mundo. Hasta los que no creen en la Navidad, sienten deseos de caridad hacia todos los hombres y hay campa&ntilde;as de ayuda para todos. Y para todo esto, para comprender la Navidad y todo el misterio que encierra, para escuchar la Palabra llena de amor que el Padre ha pronunciado para todos nosotros, necesitamos silencio, oraci&oacute;n, contemplaci&oacute;n, meditaci&oacute;n&hellip;como Mar&iacute;a, que despu&eacute;s de contemplarlo y ver a los pastores que le adoraban, el evangelio dice que &ldquo;conservaba todas estas cosas medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo;. As&iacute; tenemos que hacer nosotros en estos d&iacute;as, tenemos que venir a la Iglesia y hacer oraci&oacute;n, silencio de todo para escuchar esta Palabra llena de amor que el Padre ha pronunciado para nosotros. Y as&iacute; ser&aacute; Navidad. Y as&iacute; celebraremos comprenderemos este misterio del Amor Divino. Feliz Navidad a todos. NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS: Hace poco rez&aacute;bamos con la liturgia de la Misa y de las Horas: &ldquo;Ven, ven Se&ntilde;or no tardes, ven, ven que esperamos&hellip;&rdquo; Hoy, llenos de alegr&iacute;a, cantamos con toda la Iglesia, con todos los creyentes: &laquo;Christus natus est nobis, venite, adoremos&raquo;; Cristo ha nacido hoy por y para nosotros, venid, ador&eacute;mosle. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero ahora compartir con vosotros este gozo porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de creer y encontrarnos con Jesucristo, de ser cat&oacute;licos y creyentes. Somos eternos, estamos salvados. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor gratuito, para llenarme de tu misma felicidad, que es tu Hijo amado hecho hombre en el seno de Mar&iacute;a y dado a luz en Bel&eacute;n. Querido Ni&ntilde;o Dios, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo, que cada uno de nosotros. Y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y el creyente, cuando cree de verdad, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de cantar villancicos y quiere creer m&aacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s, porque la Navidad es una enfermedad de amores y ansias infinitas y eternas, que no se curan porque son infinitas, vienen del mismo Dios, que herido de amor, se hace ni&ntilde;o y viene a mi encuentro, a nuestro encuentro, la Navidad es que Dios ama locamente al hombre. (es que no tiene explicaci&oacute;n: que Dios infinito se haga criatura, hombre, pero que le puedo dar que &Eacute;l no tenga) Por eso, nosotros, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en la cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, hablar contigo, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte cosas, razones, motivos de este misterio de amor, es decir, orar, orar mucho, pasando largos ratos contemplando este misterio, recogerse en tu presencia y meditar muy despacio, como fuera del tiempo y del espacio, estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprendemos, sino que solamente tocamos y barruntamos por amor: &iquest; Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n, no le sanaste&hellip;. Descubre tu presencia y m&aacute;teme tu rostro y... &iexcl;Dios santo, T&uacute; existes, existes de verdad, eres Verdad! T&uacute; nos amas de verdad. Hermanos todos, que es verdad, que Dios existe y nos ama. Mirad la Navidad. Es Dios amando apasionadamente a los hombres. &iexcl;Dios existe y nos ama, es verdad! Mirad la Navidad. Es Dios amando apasionaamnte a los hombres. &iexcl;Dios eciste y nos ama,es verdad! Correspondamos a tanto amor de Navidad al menos en estos d&iacute;as en que la celebramos. Por eso, el hombre, los hombres modernos, alej&aacute;ndose de Ti con estos pol&iacute;ticos ateos, nos estamos quedando vac&iacute;os de verdad, de amor verdadero y fraterno, de honradez, de gozo y alegr&iacute;a sin matrimonios unidos para siempre en tu mismo Amor divino. En cuanto nos hemos alejado de ti, estamos todos m&aacute;s tristes, porque T&uacute; eres el amor y la felicidad infinitas. El hombre moderno necesita volver a Dios, creer en la Navidad, vivir la Navidad para encontrar el motivo de su existencia y la raz&oacute;n de su caminar por este mundo. Tambi&eacute;n estoy un poco triste, mi Dios hechos ni&ntilde;o y te lo digo en voz un poco baja, porque algunos de tus sacerdotes, algunos solo no te buscan en ratos de oraci&oacute;n, sobre todo ante tu presencia en los Sagrarios de sus parroquias&hellip; no tienen tiempo para estar contigo en oraci&oacute;n y di&aacute;logo de amor, su piedad&hellip; pura rutina, los ritos&hellip; eso, puro rito sin entrar en contacto contigo especialmente en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a&hellip; pura rutina, puro rito&hellip; tienen poco tiempo de estar contigo junto a tu cuna en este tiempo o en tu presencia permanente en el Sagrario. Queridos hermanos: Ha nacido el Se&ntilde;or, queridos hermanos, ha nacido el Redentor del mundo y de los hombres, venid y ador&eacute;mosle. Ha nacido en carne humana el eterno, el invisible, el Hijo de Dios, que, por los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n, descendi&oacute; de los cielos y se encarn&oacute; en el seno de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Alegr&eacute;monos y felicit&eacute;monos en Dios Padre, que hizo la Navidad, este proyecto de amor Salvador para los hombres por medio del Hijo; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en el Hijo, que nos am&oacute; tanto que obedeci&oacute; y se hizo hombre como nosotros por amor de hermano; alegr&eacute;monos y felicitemos a Mar&iacute;a, que se hizo esclava por amor a Dios y a todos sus hijos, los hombres; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en Jos&eacute;, que fue humilde y colabor&oacute; en el plan de Dios; CREO, CREO&hellip; TE ESPERO Y TE AMO, SE&Ntilde;OR, Y TE PIDO POR TODOS LOS QUE NO CREEN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN. En fin, hermanos, felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos todos en este d&iacute;a en el Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, porque, si Cristo nace, Dios AMA AL HOMBRE, sigue amando y perdonando al hombre; si Cristo nace, Dios no se olvida del hombre; si Cristo nace, nuestra vida tiene sentido, y somos eternos, si ES NAVIDAD, SOMO ETERNOS, no moriremos, si Dios viene en Navidad, es porque nuestra vida es m&aacute;s que esta vida: &ldquo;S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios y d&aacute;me la muerte&hellip;&rdquo;, porque &ldquo;Dios envi&oacute; a su HIJO AL MUNDO al mundo, para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan vida eterna&hellip;&rdquo;. Que as&iacute; sea y se realice en todos nosotros, en el mundo entero, recemos y pidamos que sea una Navidad como la quiso y so&ntilde;&oacute; Cristo que vino para salvarnos como lo cantamos en muchos villancicos de la Navidad. Hermanos, creamos y celebremos con fe y amor la Navidad, CREAMOS EN CRISTO, CREAMOS EN EL AMOR DE DIOS, DIOS EXISTE Y NOS AMA Y NOS ESPERA PARA UNA ETERNIDAD DE GOZO con &Eacute;l, en este mundo que no cree en Dios y ha perdido el Amor, los matrimonios para siempre, la fraternidad, la familia&hellip;los padres ancianos amados hasta la muerte. Hoy es un d&iacute;a de amarnos, de perdonarnos, de hacer familia como Dios quiere&hellip; Amaos, hermanos, familia, hijos, padres, abuelos, perdon&eacute;monos, abrac&eacute;monos que hay muchos que no sienten el amor y el abrazo sincero de los suyos&hellip; Por eso, llenos de alegr&iacute;a, repitamos el anuncio de los &aacute;ngeles en la Noche buena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Repit&aacute;moslo muchas veces en estos d&iacute;as de Navidad. Confesemos nuestros pecados, comulguemos a Cristo Eucarist&iacute;a, ayudemos a los m&aacute;s pobres y necesitados de pan y de amor, los enfermos, vivamos el amor de padres, hermanos e hijos. Feliz Navidad. Que sea Navidad para todos. 1&ordm;.- Para comprender verdaderamente este misterio de Navidad, hay que contemplarlo en oraci&oacute;n, en silencio, hay que pasar ratos mirando al Ni&ntilde;o en el portal de nuestros nacimientos, sobre todo en los Sagrarios de la tierra, porque es el mismo de ayer y de siempre, el que naci&oacute; y muri&oacute; para llevanos a todos al cielo, a la vida eterna, esta es la &uacute;nica raz&oacute;n de la Navidad, de su nacimiento como hombre. Oremos en misa, ante el sagrario en estos d&iacute;as. S&oacute;lo orando, el coraz&oacute;n puede llegar a sentir y vivir lo que la raz&oacute;n no entiende, no comprende. 2&ordm;.- Que Cristo no encontrase hospedaje entonces, lo puedo comprender por las circunstancias; Pero lo que no se puede explicar, es que t&uacute; y yo y nosotros no le recibamos estos d&iacute;as en nuestras vidas con un coraz&oacute;n limpio y confesado, con un alma llena de amor y ternura por &Eacute;l. En estos tiempos de ate&iacute;smo e indiferencia y lejan&iacute;a religiosa, muchos han cerrado las puertas a Cristo y no le han dejado nacer dentro de ellos, de su vida, de su familia, de su amor. Recemos y pidamos por ellos, sobre todo, si son amigos y familiares nuestros. &laquo;Aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, la Navidad habr&aacute; sido in&uacute;til&raquo;. Y nada m&aacute;s, queridos hermanos; yo s&eacute; que todos comulgar&eacute;is estos d&iacute;as, confesando, si fuera necesario. Mis deseos y mi oraci&oacute;n en esta Nochebuena se confunden con el anuncio de los &aacute;ngeles. Deseo de todo coraz&oacute;n, como los &aacute;ngeles del Se&ntilde;or, que el feliz acontecimiento del Nacimiento de Jesucristo, sirva para gloria de Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. *************************************** I DOMINGO DE NAVIDAD: FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: JES&Uacute;S, MAR&Iacute;A Y JOS&Eacute; PRIMERA LECTURA: Eclesi&aacute;stico 3,3-7.14-17 La Palabra de Dios, en esta primer Lectura, nos da unos consejos sumamente sensatos para todos los miembros de la familia, recogidos por el llamado Jes&uacute;s ben Sira. Basta leerlos y meditarlos. SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3,12-21 En esta segunda Lectura el Ap&oacute;stol Pablo dice que el perd&oacute;n, la dulzura, la comprensi&oacute;n, la misericordia deben estar siempre presentes en las comunidades cristianas. Todo esto es necesario en nuestras familias. El ejemplo de la Sagrada Familia, cuya fiesta celebramos hoy, nos invita &ldquo;a tener en medio de nosotros siempre la presencia de Dios&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN LUCAS: 2,22-40 QUERIDOS HERMANOS: Hoy, fiesta de la Sagrada Familia nos invita la Iglesia a que pidamos y recemos a Dios Padre por las familias del mundo. La fiesta de la Sagrada Familia, colocada lit&uacute;rgicamente en pleno clima navide&ntilde;o, pone de relieve que el Hijo de Dios, viniendo al mundo, ha querido inserirse, como todos los hombres, en un n&uacute;cleo familiar; ha querido seguir el camino de todos los hombres, tener una familia como la nuestra, incluso m&aacute;s humilde y pobre. La Sagrada Familia es propuesta por la Iglesia en esta solemnidad como modelo de toda familia, especialmente cristiana. Ante todo, por la supremac&iacute;a de Dios reconocida profundamente, a&uacute;n en medio de dificultades y escollos casi insuperables. Por eso, cuando en una familia, todo se inspira en semejantes principios, en el amor y uni&oacute;n con Dios y con sus miembros, la familia no se rompe, sino que esta armon&iacute;a y uni&oacute;n se fortalece m&aacute;s a&uacute;n en medio de las penas y dificultades, superando con dolor y l&aacute;grimas a veces, incomprensiones entre esposos, comportamientos, palabras a veces inoportunas que pueden romper la uni&oacute;n familiar; el amor y santo temor de Dios les ayuda a obedecer a Dios y sus mandamientos, a perdonarse, a respetarse, a honrar a los padres, a servir a los hermanos, a comprenderse y amarse mutuamente, a sacrificarse los unos por los otros y a educar y vivir respetando la voluntad de Dios que quiere que permanezcan todos unidos hasta que la muerte nos separe temporalmente. En una familia verdaderamente cristiana lo primero es el amor, porque Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar dejar&iacute;a de existir; lo mismo en la familia, en el matrimonio, lo primero es el amor, porque el hombre y la mujer est&aacute;n hechos a semejanza de Dios, dice la primera p&aacute;gina de la Biblia, y, si dejan de amar, dejan de asemejarse a su Creador y se autodestruyen. Que es lo que est&aacute; pasando hoy d&iacute;a con muchas leyes destructivas del plan y proyecto de Dios sobre el hombre y la familia, dando lugar a separaciones y divorcios, que no niego que sean necesarios en algunos casos, pero como norma la ley debiera favorecer el amor y la uni&oacute;n. Y desde luego, el que se case en cristiano, el matrimonio es para toda la vida, por voluntad de Cristo: &ldquo;Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre&rdquo;. Hoy, festividad de la Sagrada Familia, vamos a pedir dos dones divinos y humanos para todas las familias, especialmente cristianas. Lo primero que pedimos para todos, como he dicho, es el amor, una uni&oacute;n familiar que no se rompa nunca y que no se compra hecha en ninguna parte, sino que hay que hacerla rezando, orando y sacrific&aacute;ndose con la ayuda de Dios y de todos sus miembros:&rdquo;Familia que reza unida, se mantine unida&rdquo;. Lo primero en la famiia es el amor, no como una realidad totalmente conseguida, sino como proyecto permanente de cultivo y conservaci&oacute;n entre todos los miembros de la familia; el amor familiar como ilusi&oacute;n y conquista, en tensi&oacute;n permanente, sin descanso y desfallecimiento, superando dificultades, con la mirada siempre en Dios y mirando siempre el ejemplo de Mar&iacute;a y de Jos&eacute; que permanecieron fieles siempreen medio de todas lasdificultades. Y para que esto sea as&iacute;, para que la familia sea comunidad de amor, pedimos que sea comunidad de fe, que recen, que tengan presente a Dios en sus vidas. Es la segunda gracia que pido en esta santa misa para todos los matrimonios actuales. Si queremos construir una familia verdaderamente cristiana, donde crezca el amor, la paz, y la armon&iacute;a y las vocacones religiosas, lo primero es rezar unidos en familia para crecer en la fe, cultivar la fe y desde la fe viva en Dios habr&aacute; amor en los padres para toda la vida y vocaciones sacerdotales y religiosas para la iglesia y el mundo. As&iacute; lo pedimos hoy a Dios en esta santa misa. ************************************* QUERIDOS HERMANOS: La fiesta de la Sagrada Familia, colocada lit&uacute;rgicamente en pleno tiempo y clima navide&ntilde;o, pone de relieve que el Hijo de Dios, viniendo al mundo, ha querido inserirse, como todos los hombres, en un n&uacute;cleo familiar; haci&eacute;ndose hombre, ha querido seguir el camino de todos los hombres, tener una familia como la nuestra, incluso m&aacute;s humilde y pobre. Es hermoso recorrer el evangelio en algunos de los episodios en los que nos habla de la Sagrada Familia formada por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, para sentir y admirar su talante eminentemente espiritual. Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento de Jes&uacute;s, Jos&eacute; y Mar&iacute;a se dirigen al templo con el ni&ntilde;o para presentarlo al Se&ntilde;or, seg&uacute;n estaba escrito en la ley de Mois&eacute;s (Lc 2,22-23). All&iacute;, en el templo de Jerusal&eacute;n espera Sime&oacute;n, que iluminado por el Esp&iacute;ritu Santo, reconoci&oacute; al &ldquo;ungido del Se&ntilde;or&rdquo;, y tomando en brazos al ni&ntilde;o, bendice al Se&ntilde;or y despu&eacute;s, dirigi&eacute;ndose a la madre, le dice: &ldquo;una espada atravesar&aacute; tu alma&hellip;&rdquo; (Lc 2, 23-25). Con esta presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, m&aacute;s que cumplir una formalidad externa, renuevan el ofrecimiento de su entrega y obediencia absoluta a Dios, que ya hab&iacute;an tenido en todo el proceso de la Encarnaci&oacute;n del Hijo y en su nacimiento. Por eso, en las palabras de Sime&oacute;n, perciben la seguridad de que su ofrecimiento ha sido acogido por Dios. La bendici&oacute;n del anciano Sime&oacute;n estimula y potencia su seguimiento de la voluntad de Dios, en medio de unas circunstancias nada f&aacute;ciles para ambos: nacimiento fuera del hogar, persecuci&oacute;n del ni&ntilde;o, huida a Egipto&hellip;Les queda la amarga experiencia de la p&eacute;rdida del ni&ntilde;o en el templo donde Jes&uacute;s les confirmar&aacute; en el sentido de su Encarnaci&oacute;n: cumplir la voluntad del Padre. Precisamente ese cumplimiento de la voluntad del Padre ha sido el lema de toda la vida de los dos esposos, situaci&oacute;n que ha exigido por su parte el m&aacute;ximo desinter&eacute;s y obediencia, dando a sus vida un sentido de servicio total a la causa divina, en colaboraci&oacute;n &iacute;ntima con la obra salvadora del Hijo, que siendo tambi&eacute;n el hijo de Mar&iacute;a, ha permanecido obediente a sus padres en Nazaret, donde seg&uacute;n el evangelio: &ldquo;les estaba sujeto y crec&iacute;a en sabidur&iacute;a y edad y gracia ante Dios y ante los hombres&rdquo; ( Lc 2, 51-52). Es una nota precisa que nos indica c&oacute;mo la familia debe ser una &ldquo;iglesia dom&eacute;stica&rdquo;, donde padres e hijos deben estar sujetos a la voluntad de Dios y &eacute;stos deben crecer en amor y servicio ante Dios y ante los hombres. La Sagrada Familia es propuesta por la Iglesia en esta solemnidad como modelo de toda familia cristiana. Ante todo, por la supremac&iacute;a de Dios reconocida profundamente, a&uacute;n en medio de dificultades y escollos casi insuperables. En la casa de Nazaret, Dios est&aacute; en primer lugar y todo est&aacute; subordinado a su voluntad. Los gozos son vividos como don de Dios y los sufrimientos son aceptados como purificaci&oacute;n y salvaci&oacute;n de todos, siempre dentro de un plan divino, que no siempre comprendemos los hombres. Nada turba la armon&iacute;a familiar precisamente porque todo es contemplado a la luz del misterio y del designio divino. Por eso, cuando en una familia, todo se inspira en semejantes principios, la uni&oacute;n con Dios y con la familia no se rompe, sino que esta armon&iacute;a y uni&oacute;n se fortalece m&aacute;s, por encima de penas y dificultades; todo lleva a obedecer a Dios y sus mandamientos, a honrar a los padres, a servir a los hermanos, a comprenderse y amarse mutuamente, a sacrificarse los unos por los otros y a educar y vivir respetando los derechos de Dios sobre toda la familia. En una familia verdaderamente cristiana lo primero es el amor, porque Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar dejar&iacute;a de existir; los mismo en la familia, en el matrimonio, lo primero es el amor, porque el hombre y la mujer est&aacute;n hechos a semejanza de Dios y, si dejan de amar, dejan de asemejarse a su Creador y se autodestruyen. Y al destruirse el amor entre ellos y dar lugar a separaciones y divorcios, los que sufren m&aacute;s y sufrir&aacute;n las consecuencias de su falta de amor ser&aacute;n los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, que tienen derecho a que sus padres se quieran siempre y vivir en el abrazo de ambos. El amor es la felicidad del hogar: una esposa y un esposo es feliz cuando se siente amado y amada y los hijos crecen con alegr&iacute;a y sin complejos de ning&uacute;n tipo cuando no existe violencia entre los padres o entre los hijos. Los hijos de los divorciados sufren consecuencias y complejos psicol&oacute;gicos, a veces durante toda la vida, al no haber vivido en el amor de los padres, para lo que fueron creados. Sobre el derecho de los padres a separarse est&aacute; el derecho de los hijos a crecer en una atm&oacute;sfera de amor, concordia y perd&oacute;n. En la segunda Lectura de hoy nos dice San Pablo: &ldquo;Hermanos, revest&iacute;os de entra&ntilde;as de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad, soport&aacute;ndoos y perdon&aacute;ndoos mutuamente siempre que alguno diere a otro motivo de queja&rdquo; (Col 3, 12-14). Si hay amor, respeto mutuo, obediencia debida, todos ganan y superan dificultades y son felices. Si no hay amor, servicio mutuo, no hay familia, convivencia y felicidad, aunque no se rompa el matrimonio o la familia, es pura pensi&oacute;n. Y el &uacute;nico amor que supera y sostiene todos los dem&aacute;s amores para que no se rompan es el amor de Dios sobre todas las cosas. Hoy, festividad de la Sagrada Familia, vamos a pedir tres dones para todas las familias, especialmente para los que creemos y veneramos a la Familia de Nazaret. Lo primero que pedimos para todos es el amor. Ya lo hemos dicho. Lo primero es el amor, no como una realidad totalmente conseguida, sino como proyecto permanente de aumento y desarrollo entre todos los miembros de la familia; el amor familiar como ilusi&oacute;n y conquista, en tensi&oacute;n permanente, sin descanso y desfallecimiento, con la mirada siempre en Dios y en su ayuda, mirando siempre a Mar&iacute;a y a Jos&eacute; que permanecieron fieles en medio de todas las dificultades. Pedimos, por vosotros, queridos esposos y queridas familias, que no abandon&eacute;is nunca esta ascesis y cultivo, porque el amor es la base, el fundamento y la esencia de la familia, de su armon&iacute;a y de su felicidad, y lo pedimos hoy m&aacute;s que nunca cuando se han roto tantos hogares y el ambiente no ayuda nada en este sentido, con tantos divorcios, separaciones, promiscuidad y relaciones prematrimoniales, donde el amor es sustituido por el sexo, que luego, al casarse, por no haber purificado el amor y haber llegado a su verdad completa, porque solo era buscar el placer material, ante la menor dificultad, se rompe. Hoy hay mucho sexo y poco amor. Me ha impresionado lo que le&iacute; en una revista: En el hospital, el m&eacute;dico va acompa&ntilde;ado por la enfermera, al llegar junto a una cama donde hay uno ni&ntilde;o, le dice: al ni&ntilde;o de la n&uacute;mero 33 hay que recetarla una raci&oacute;n de besos. Eso mismo pido yo esta ma&ntilde;ana para todos los matrimonios y familias presentes. Hoy los matrimonios est&aacute;n m&aacute;s tristes, las familias m&aacute;s triste, los j&oacute;venes y los hijos m&aacute;s tristes, porque falta el amor; y ahora que lo tenemos todo, estamos m&aacute;s solos y tristes y m&aacute;s vac&iacute;os, porque nos falta el amor, nos falta Dios, porque nos falta la fe y el amor a Dios sobre todas las cosas. Estos matrimonios de ahora tan tristes y divorciados est&aacute;n aburridos teniendo todo, consumiendo todo y de todo, poseyendo todo, porque les falta la raci&oacute;n de amor sin la cual nadie puede vivir y nos sobra ego&iacute;smo, individualismo, materialismo, esp&iacute;ritu de sacrificio y ascesis en el amor. Los matrimonios y las familias, si no tienen la raz&oacute;n diaria y necesaria de amor verdadero, de amor integral, que es cuerpo y alma, con una parte importante de amor sexual, querido y bendecido por Dios: &ldquo;Por eso abandonar&aacute; el hombre a su padre y a su madre y se unir&aacute; a su mujer y ser&aacute;n los dos una sola carne&rdquo;, necesario porque somos carne y esp&iacute;ritu, a&uacute;n permaneciendo en el mismo techo, se van separando cada d&iacute;a un poco m&aacute;s, porque no viven unidos en el mismo amor. Por eso, para que nuestras familias sean como la de Nazaret, verdaderas comunidades de amor, deben ser primero comunidades de fe. Es la segunda gracia que pido en esta santa misa para todos: la fe en Dios, en Cristo. Los padres, verdaderos creyentes, saben que la transmisi&oacute;n de la fe a sus hijos no puede reducirse a la ense&ntilde;anza de una doctrina, ni de unas costumbres o pr&aacute;cticas religiosas. Ha de ser la propia vivencia de fe la que sirva de testimonio vivo que suscite y eduque la fe de los hijos. Y es que nadie da lo que no tiene. Ya sab&eacute;is lo que dicen los ni&ntilde;os de Primera Comuni&oacute;n de nuestra parroquia: Si tenemos padres cristianos, no necesitamos ni curas. Si un ni&ntilde;o ve rezar a sus padres, si un ni&ntilde;o ve a su padre de rodilllas, esto no lo olvidar&aacute; nunca en la vida. Pero aunque tenga los mejores catequistas del mundo o vengan los &aacute;ngeles del cielo a darle catequesis, si sus padres no rezan, &eacute;l tampoco rezar&aacute; en cuanto haga la Primera Comuni&oacute;n. La fe es el fundamento del amor verdaderamente cristiano, de la familia verdaderamente cristiana, en un mundo descristianizado, laico, ateo. Si queremos constituir una familia verdaderamente cristiana, donde crezca el amor, la paz, y la armon&iacute;a, lo primero es crecer en la fe, cultivar la fe. Y para terminar, un tercer fundamento de la familia es que tienen que comer juntos, hablar y jugar juntos. Y si a mis oraciones hoy por la familia cristiana tuviera que darle un tono lit&uacute;rgico lo har&iacute;a as&iacute;: Oraci&oacute;n colecta: &laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; quisiste que tu Hijo viviera la vida de familia en el hogar de Nazaret como hijo obediente, amante y obsequios de Mar&iacute;a y Jos&eacute;; t&uacute; sabes tambi&eacute;n que nuestras familias actuales, por diversas causas, est&aacute;n lejos de este ideal, querido por ti y vivido por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Conc&eacute;denos imitar a la Sagrada Familia en el amor y obediencia a tus mandatos, para que reine en nuestras casas un clima de amor, de alegr&iacute;a y servicio mutuo. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or&raquo;. Amen Oraci&oacute;n sobre las ofrendas: &laquo;Con estos dones te presentamos, Se&ntilde;or, nuestras alegr&iacute;as y nuestras dificultades familiares y te pedimos, por intercesi&oacute;n de Jes&uacute;s, Maria y Jos&eacute;, que edifiques nuestras familias en el amor y en la paz&raquo;. Postcomuni&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, nos hemos reunido en una misma mesa como una sola familia y hemos participado de un mismo pan, consagrado en tu amor extremo por nosotros hasta da la vida; conc&eacute;denos amar as&iacute;, para que nuestros hogares cristianos, imitando a la familia de Nazaret, sean un testimonio vivo de tu Iglesia para el mundo, que anime e invite a todos los hombres a formar parte de la gran familia de los hijos de Dios&raquo;. Por JNS. *************************************** 1 DE ENERO: SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS QUERIDOS HERMANOS: en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o estamos celebrando la solemnidad de Mar&iacute;a Madre de Dios que, por ser la Madre de Dios, es tambi&eacute;n Madre de la Iglesia y Madre de todos los creyentes. 1.- El Evangelio de hoy nos muestra a Mar&iacute;a cumpliendo su misi&oacute;n de madre de su hijo, Dios encarnado: dice claramente que los pastores encontraron a Mar&iacute;a junto al ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, por ser y hacer de madre, por ejercer su funci&oacute;n maternal,. Y esto es lo que hace hoy la Iglesia. Quiere llevarnos a todos a Jesucristo, su hijo, por el mejor camino que existe, que es su Madre, Mar&iacute;a. As&iacute; que en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o, nos pone a la Madre, porque sabe que esta Madre no vive m&aacute;s que para su Hijo, nuestro Salvador. En la Navidad el Hijo nos viene por Mar&iacute;a; al comenzar el a&ntilde;o y durante toda la vida hay que ir al Hijo por la Madre. Queridos hermanos: Si Dios se fi&oacute; de ella, si el Hijo la eligi&oacute; por Madre&hellip; &iquest;no nos vamos a fiar nosotros de ella? &iquest;No nos vamos a confiar con ella y a poner bajo su protecci&oacute;n materna el nuevo a&ntilde;o que empieza? C&oacute;mo es nuestra devoci&oacute;n a la Virgen, qu&eacute; tiempo le dedicamos en nuestra vida? Eso es lo que hace hoy la Iglesia, poniendo el primer d&iacute;a del a&ntilde;o a Mar&iacute;a como Madre y Protectora de todos los hombres. La Iglesia sabe muy bien que la meta de la vida cristiana y de todo es Dios; Dios debe ser lo absoluto y lo primero de todo; pero para que esto sea as&iacute;, el camino m&aacute;s seguro hasta Dios, para vivir la vida cristiana, es Mar&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; certeza, qu&eacute; confianza, qu&eacute; fuerza nos da ser devotos de la Virgen, qu&eacute; poder tiene intercediendo ante Dios, qu&eacute; seguridad nos da ante Dios! Estoy totalmente convencido de lo que os digo. Soy totalmente mariano, devoto de la Virgen, por mi experiencia cristiana de muchos a&ntilde;os y de muchas luchas y de muchas penas y alegr&iacute;as y ayudas recibidas. Estoy totalmente seguro y convencido de esta verdad. Mar&iacute;a y Sagrario y todo se soluciona en nuestras vidas, amad a la Virgen y a su hijo Eucarist&iacute;a y tendr&eacute;is fuerza para amar, perdonar, gozar y sufrir en este mundo hasta la eternidad. 2.- Por eso, la Iglesia quiere empezar el a&ntilde;o mirando a la Virgen Madre, tom&aacute;ndola como modelo de vida cristiana y poniendo todo el a&ntilde;o que empieza bajo su protecci&oacute;n maternal. Hag&aacute;moslo todos nosotros, pong&aacute;monos y pongamos a nuestras familias bajo su protecci&oacute;n, todos los d&iacute;as, el rosario o los tres avemar&iacute;as la acostarnos. Sabe muy bien la Iglesia la importancia de una madre para la vida de los hombres. Malo es que en una casa falte el padre, pero la experiencia demuestra a cada paso que se nota mucho m&aacute;s la ausencia de la madre. Si la madre vive, los hijos siguen adelante, se mantiene el orden, la limpieza y las comidas en casa y todos llegan a su t&eacute;rmino. Precisamente esta es una de mis principales preocupaciones como sacerdotes, falla el cristianismo actual en Espa&ntilde;a, porque faltan madres cristianas de 50 a&ntilde;os para abajo, lo noto en la iglesia, en primeras comuniones, en la vida pastoral, no tenemos grupos cristianos, como hace 20 a&ntilde;os, de mujeres de 50 a&ntilde;os para abajo. Ya esta ser&iacute;a la otra nota importante de la fiesta de hoy. Descubrir la importancia que la Iglesia da y quiere que tenga Mar&iacute;a madre, como ejemplo y modelo de todas las madres, en nuestra vida cristiana, individual y familiar; es tan importante la funci&oacute;n maternal de Mar&iacute;a, dentro de la fe y de la vida cristiana, que se la pone en alto en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o para que todos la invoquen y se consagren a su amor maternal en esta fiesta primera del a&ntilde;o. Secundemos, pues, los deseos de la Iglesia: miremos en este d&iacute;a primero y en todo el a&ntilde;o a la Virgen, invoquemos a Mar&iacute;a, sigamos su ejemplo de fe, humildad, silencio, obediencia a Dios, trabajo. Al comenzar el a&ntilde;o, pongamos bajo su protecci&oacute;n maternal, nuestra familia, hijos, trabajo, salud, vida y enfermedad, alegr&iacute;as y tristezas&hellip; todo bajo su mirada protectora y su intercesi&oacute;n. Que todo este a&ntilde;o lo vivamos bajo su protecci&oacute;n maternal y as&iacute; nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil el camino. Repito, el rosario, las tres avemar&iacute;as al acostarnos, nosotros y nuestros hijos, como nos ense&ntilde;aron nuestras madres, a los que tenemos a&ntilde;os&hellip; En realidad, la importancia de Mar&iacute;a en la obra de la Salvaci&oacute;n se la empez&oacute; dando el mismo Dios, que quiso contar con ella para que fuera la Madre de su Hijo cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos. Toda la grandeza de Mar&iacute;a, todos sus dones y privilegios radican en su maternidad divina. Es el origen de todas sus gracias. Es Madre y Modelo de la fe para nosotros, que debemos imitar, porque por la fe crey&oacute; el misterio que se realizaba en ella: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&rdquo;. le dijo su prima santa Isabel. Es Madre y Modelo del amor salvador de Cristo porque lo concibi&oacute; y se uni&oacute; a &Eacute;l junto a la cruz, en el momento del amor extremo de su Hijo en su muerte, acompa&ntilde;ando a su Hijo y uni&eacute;ndose a &Eacute;l en su ofrenda al Padre por los hombres, sus hermanos, sus hijos, como la proclam&oacute; el Hijo desde la cruz. Es Madre y Modelo de la esperanza cristiana, porque ella fue la &uacute;nica que permaneci&oacute;, esperando contra toda esperanza, junto a su Hijo en la cruz, que mor&iacute;a solo y abandonado por todos, creyendo que era el Salvador del mundo y de los hombres, quien mor&iacute;a de esa manera, y esperando su resurrecci&oacute;n. &iexcl;Bien sab&iacute;a el Se&ntilde;or la elecci&oacute;n que hab&iacute;a hecho! Esta es la verdadera grandeza de Mar&iacute;a, que pod&iacute;a pasar desapercibida para los ojos de los hombres, pero no para Dios. Dios busc&oacute; en Mar&iacute;a fidelidad en la fe, en el amor, en la esperanza, en las alegr&iacute;as y en las penas. Eso mismo podemos encontrar nosotros en ella, si, desde el comienzo del a&ntilde;o, la invocamos como Madre, como auxiliadora, como intercesora de todo el pueblo santo de Dios. Por eso tiene tanto poder ante &Eacute;l. Es omnipotente suplicando. Si Dios la quiso por madre, esto nos inspira a todos tranquilidad, seguridad, certezas, consuelo. Encomend&eacute;monos a ella al empezar el a&ntilde;o, para que ella nos lleve siempre de su mano. Queridos hermanos: un hijo puede olvidarse de su madre, pero una madre no se olvida nunca de sus hijos. &laquo;&iquest;A qui&eacute;n debo llamar yo vida m&iacute;a, sino a ti, Virgen Mar&iacute;a? Nunca me ver&aacute;n decir: vida m&iacute;a, sino a ti, Virgen Mar&iacute;a&raquo;. SENTIMIENTOS ANTE ESTA FIESTA DE LA MATERNIDAD DIVINA DE LA VIRGEN A) Alegrarnos y felicitarla de que Dios la haya hecho tan grande, tan divina, tan llena de gracia y de Dios por este hecho de ser la madre del Hijo de Dios en la tierra. Me alegro, Madre, de que seas tan grande: Mar&iacute;a, hermosa nazarena, Virgen bella, madre del alma, cu&aacute;nto te quiero, cu&aacute;nto nos amas; gracias por habernos dado a tu Hijo; gracias por habernos llevado hasta &Eacute;l; y gracias tambi&eacute;n por querer ser nuestra Madre, nuestra madre y modelo, gracias. B) Cantar con Ella el Magnificat, agradeciendo a Dios la grandeza de su maternidad divina, origen y fundamento de todas sus grandezas y elegirla tambi&eacute;n as&iacute; para madre de todos los hombres: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or y se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava; desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes en m&iacute;...&rdquo; C) Si Dios confi&oacute; totalmente en ella, y la eligi&oacute; entre todas las mujeres, yo tambi&eacute;n la elijo como Madre y Reina, la elijo yo y la prefiero a todas y me consagro y le consagro el nuevo a&ntilde;o que empieza: Oh Se&ntilde;ora m&iacute;a, oh Madre m&iacute;a, yo me ofrezco enteramente a vos y en prueba de mi filial afecto te consagro en este nuevo a&ntilde;o mis ojos, mis o&iacute;dos, mi coraz&oacute;n; en una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad; gu&aacute;rdame y defi&eacute;ndeme, como cosa y posesi&oacute;n tuya. D) Y como madre del Dios que todo lo puede y madre de la Iglesia, que vive en este mundo, le pido por la paz, paz del mundo y de las familias, lo ponemos todo en sus manos, y le pido por todos vosotros en esta misa que la ofrezco con ella al Padre por vuestras familias y vuestros hijos, por el mundo, por los ni&ntilde;os, por los j&oacute;venes, por los mayores, por los enfermos, los ancianos, los abandonados. Ella es madre, y los hijos pueden olvidarse de su madre, pero una madre no se olvida jam&aacute;s de sus hijos. ********************************* QUERIDOS HERMANOS: Nuevamente mi felicitaci&oacute;n m&aacute;s afectuosa y sincera en este a&ntilde;o que comienza. Es una nueva gracia que Dios nos concede y debemos aprovecharla. Y en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o civil, octava de la Natividad del Se&ntilde;or, celebramos la fiesta religiosa y lit&uacute;rgica de la Maternidad divina de Maria y la jornada mundial de oraci&oacute;n por la paz. Todas estas efem&eacute;rides deben ocupar un lugar en nuestro coraz&oacute;n y en nuestras oraciones, especialmente Mar&iacute;a, como madre de Jesucristo, Hijo de Dios e hijo suyo. Hace ocho d&iacute;as hemos celebrado con gozo el nacimiento en carne humana del Hijo de Dios entre nosotros. Conmemor&aacute;bamos aquel hecho trascendental para la humanidad del nacimiento en carne humana del Hijo eterno de Dios, de la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. Ahora bien, nosotros sabemos que todo nacimiento humano supone una madre: madre e hijo son realidades inseparables. La Iglesia, despu&eacute;s de haberse extasiado durante ocho d&iacute;as adorando al Ni&ntilde;o divino, quiere que hoy levantemos nuestra mirada y contemplemos a la Madre de aquel ni&ntilde;o: a Mar&iacute;a, a esos ojos que le miraron por nosotros con tanto amor, a esos brazos maternos que lo cuidaron y nos lo dieron, porque toda madre es el mejor camino para encontrar a los hijos. Es lo que dice el evangelio de hoy. &iquest;Qu&eacute; pretende la Iglesia al proponernos en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o a Mar&iacute;a, como madre del Redentor? 1.- Proclamar admirada, ante todo, el hecho hist&oacute;rico y trascendental de la <theotocos>, de Madre de Dios, proclamar y venerar el hecho singular de que una mujer haya sido madre de esa carne, asumida por el Verbo, la segunda persona de la Trinidad, que el Padre eterno hizo germinar en el seno virginal de esta hermosa nazarena, por el poder del Esp&iacute;ritu Santo. Dios en cuanto Dios no tiene origen, ni principio ni fin. Pero ese Dios infinito, por amor al hombre, decidi&oacute; venir a salvarnos de nuestros pecados y limitaciones, y decidi&oacute; hacerse hombre, tener una naturaleza humana como la nuestra, y en este sentido se hizo tiempo y espacio en el seno de Mar&iacute;a, en qui&eacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, con su potencia de Amor, form&oacute; el cuerpo de Jes&uacute;s. Como veis, este hecho nos habla muy claro del amor, de la humildad, de la predilecci&oacute;n de Dios por el hombre y por todo lo humano. &iquest;Qu&eacute; busca el Dios Trino y Uno, el Infinito en el hombre? &iquest;Qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Dios es Amor y su esencia es amar y s&oacute;lo se realiza en el Amor esencial de la Sant&iacute;sima Trinidad del cual nos hace part&iacute;cipes por la Encarnaci&oacute;n del Hijo. Dios s&oacute;lo busca nuestro amor y felicidad. &iexcl;Qu&eacute; grande es nuestra madre! &iexcl;Qu&eacute; grande es Mar&iacute;a! Ella ha sido escogida por Dios con amor de predilecci&oacute;n para esta misi&oacute;n tan gloriosa, pero a la vez tan arriesgada, ser madre del Infinito, del Dios Omnipotente y Eterno. Mirad a Mar&iacute;a en este misterio y os llenar&eacute;is de amor, de fe, de confianza, de seguridad en su valimiento. Lo expresa muy bien la oraci&oacute;n de postcomuni&oacute;n de esta fiesta: &laquo;Hemos recibido con alegr&iacute;a los sacramentos del cielo: te pedimos ahora, Se&ntilde;or, que ellos nos ayuden para la vida eterna, a cuantos proclamamos a Mar&iacute;a Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia&raquo;. Pedimos, al comenzar el a&ntilde;o, la protecci&oacute;n y la ayuda poderosa de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, Madre de Cristo y, por la misma raz&oacute;n, Madre de la Iglesia. 2.- Consecuentemente, quiere nuestra Madre la Iglesia que todos los creyentes felicitemos a Mar&iacute;a por haber cumplido perfectamente con su misi&oacute;n. No fue f&aacute;cil. Lo arriesg&oacute; todo a la baza de la fe y confianza en Dios: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo; Y os he dicho que una de las maravillas que m&aacute;s admiro de nuestra Madre, Mar&iacute;a, fue su confianza y seguridad en Dios, guardando silencio, sin dar explicaciones del misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as para evitarse murmuraciones e incomprensiones. La Virgen del silencio me admira a m&iacute;, que enseguida empiezo a dar explicaciones de todo, especialmente si me sirven como excusa de hechos o acontecimientos personales, que me cuestan. Maria no dio explicaciones a nadie, ni a Jos&eacute;, ni a su familia y esta fe la vivi&oacute; y mantuvo hasta la cruz, donde se qued&oacute; pr&aacute;cticamente sola, creyendo contra toda evidencia, que era Dios y Salvador del mundo el que mor&iacute;a as&iacute; en la cruz, como fracasado. Yo pido, quiero esa fe, ese silencio, esa confianza en el evangelio de Dios, en los planes de Dios sobre mi vida, aunque me hagan pasar por hechos y realidades que no comprendo, m&aacute;s, que me parecen por la evidencia humana que son contrarias a mi realizaci&oacute;n como persona humana e hijo de Dios. Por eso, Mar&iacute;a, la Madre de Dios y madre nuestra, merece nuestra felicitaci&oacute;n m&aacute;s sincera y lo haremos cantando en la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica de esta misa con la recitaci&oacute;n de su oraci&oacute;n, del Magnificat: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or y se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute; y su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&hellip;&rdquo; 3.- L&oacute;gicamente esta admiraci&oacute;n debe movernos a la imitaci&oacute;n y a la s&uacute;plica: Madre, haznos semejantes a ti, danos esa fe, esperanza y amor, esa disponibilidad a la voluntad de Dios. T&uacute; eres nuestro auxilio y nuestra ayuda protectora. Lleva en nosotros a plenitud la obra salvadora de tu Hijo. As&iacute; lo pedimos en la oraci&oacute;n colecta de esta fiesta: &laquo;Se&ntilde;or y Dios nuestro&hellip; conc&eacute;denos experimentar la intercesi&oacute;n de aquella de quien hemos recibido a tu hijo Jesucristo, el autor de la vida&hellip;&raquo; Y tambi&eacute;n en la oraci&oacute;n sobre las ofrendas: &laquo;Se&ntilde;or y Dios nuestro&hellip; concede, te rogamos, a cuantos celebramos hoy la fiesta de la Madre de Dios, santa Maria, que as&iacute; como nos llena de gozo celebrar el comienzo de nuestra salvaci&oacute;n, nos alegremos un d&iacute;a de alcanzar su plenitud&raquo;. &iexcl;Ay&uacute;danos, Madre de Dios y Madre nuestra, t&uacute; que eres abogada de gracia, distribuidora de la piedad, auxiliadora del pueblo de Dios, reina de la caridad, reina de la misericordia, esclava del Se&ntilde;or. La Iglesia nos invita a poner el a&ntilde;o nuevo en manos de Maria. No tiene nada de particular. Si Dios la escogi&oacute; como madre y confi&oacute; totalmente en ella, c&oacute;mo no lo haremos nosotros, los desterrados hijos de Eva. Hagamos una consagraci&oacute;n total de nuestra vida y de este a&ntilde;o entero que empieza, poni&eacute;ndolo todo en sus manos. Oremos todos juntos esta consagraci&oacute;n que aprendimos desde ni&ntilde;os: &laquo;Oh Se&ntilde;or m&iacute;a, oh Madre m&iacute;a, yo me ofrezco enteramente a Ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro al comenzar este a&ntilde;o mis ojos, mis o&iacute;dos, mi lengua y mi coraz&oacute;n, en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo/a, oh Madre de bondad, gu&aacute;rdanos y defi&eacute;ndenos como cosa y posesi&oacute;n tuya&raquo;. ******************************************* 1&ordm; DE ENERO: MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Hoy, esta palabra &laquo;hermanos&raquo;, tiene una resonancia especial y un sentido pleno y total. Porque en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o estamos celebrando la solemnidad de Mar&iacute;a Madre de Dios; y Mar&iacute;a, al ser la Madre de Dios es autom&aacute;ticamente tambi&eacute;n Madre de la Iglesia construida por su hijo Jesucristo. Y todo esto por disposici&oacute;n de Dios, porque Dios la quiso y eligi&oacute; as&iacute; como madre para su Hijo y autom&aacute;ticamente la quiere como madre de todos los hombres, especialmente nosotros, los cristianos creyentes en su hijo y en ella 1.- El Evangelio de hoy, con discreci&oacute;n y naturalidad, nos presenta a Mar&iacute;a, cumpliendo su funci&oacute;n de madre, cuidando &ldquo;del ni&ntilde;o acostado en el pesebre&rdquo;. La narraci&oacute;n de Lucas deja entrever a Mar&iacute;a, que, poco despu&eacute;s del nacimiento de su hijo, acoge a los pastores y les muestra al reci&eacute;n nacido y ella escucha atenta todo lo que ellos cuentan de la aparici&oacute;n de la estrella y el anuncio del &aacute;ngel. Luego, cuando se van los pastores glorificando y alabando a Dios por lo que hab&iacute;an visto y o&iacute;do (Lc 2,20): &ldquo;Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas, medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo;, nos narran los Evangelios. Mar&iacute;a es madre de Jes&uacute;s no s&oacute;lo porque le ha dado la carne y la sangre, sino tambi&eacute;n porque ha penetrado &iacute;ntimamente en su misterio y se ha unido a &Eacute;l de la manera m&aacute;s profunda que pueda existir. Dice el Vaticano II: &laquo;se consagr&oacute; totalmente a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redenci&oacute;n con &Eacute;l y bajo &Eacute;l&rdquo;&raquo; (LG 56). Por eso Mar&iacute;a &laquo;es nuestra Madre en el orden de la gracia&raquo; (LG 61), concluye el Vaticano II. El Evangelio nos dice claramente que los pastores encontraron al Ni&ntilde;o en los brazos de su madre Mar&iacute;a que ejerc&iacute;a as&iacute; su misi&oacute;n maternal, confiada por el Padre. Y esto es lo que hace hoy la Iglesia. Hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o, quiere llevarnos a todos ante Jesucristo, nuestro Dios y Salvador por el mejor camino que existe en la tierra, que es su Madre, Mar&iacute;a. As&iacute; que al comenzar el a&ntilde;o, nos pone todos los hombres, especialmente a los creyentes, bajo la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre, de Dios y de la Iglesia porque sabe que esta Madre no vive m&aacute;s que para su Hijo, nuestro Salvador y sus hijos, todos los hombres por los cuales naci&oacute; el Hijo en su seno. En la Navidad el Hijo nos viene por Mar&iacute;a; al comenzar el a&ntilde;o y durante toda la vida la Iglesia quiere que vayamos al Hijo por su Madre. Am&eacute;mos a la Virgen, recemos a Mar&iacute;a, la Iglesia nos pide en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o que si Dios la eligi&oacute; como Madre es porque quiere y sabe que es la mejor madre del mundo y de todos los hombres. Y nosotros, queridos hermanos, si Dios la eligi&oacute; por Madre y el Hijo se confi&oacute; totalmente en ella&hellip; &iquest;no la vamos nosotros a elegir como madre de gracia y no vamos a confiarnos totalmente a ella? &iquest;No nos vamos a fiar a ella y a poner bajo su protecci&oacute;n materna nuestras vidas en el nuevo a&ntilde;o que empieza? Eso es lo que quiere nuestra madre la Iglesia en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o, quiere en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o que si Dios la eligi&oacute; como Madre nosotros la elijamos tambien madre nuestra, madre de todos los hombres, Madre de la Iglesia y Protectora de todos sus hijos los hombres. La Iglesia sabe muy bien que la meta de la vida cristiana y de todo es Dios; Dios debe ser lo absoluto y lo primero para todos los hombres; pero para que esto sea as&iacute;, el camino m&aacute;s seguro que &Eacute;l eligi&oacute; para venir a nosotros fue y siempre ser&aacute; Mar&iacute;a, la mejor madre y el mejor camino para vivir la vida de Cristo su hijo como ella lo vi&oacute;. Por eso, hermanos, elijamos a Mar&iacute;a como madre de gracia y amor a su hijo. Por eso, nuestra madre la Iglesia pone esta fiesta de Mar&iacute;a madre de Dios al comenzar el a&ntilde;o. &iexcl;Qu&eacute; confianza y seguridad nos da Mar&iacute;a en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o, qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder tiene ante Dios, qu&eacute; seguridad hasta Dios! Estoy totalmente convencido de lo que os digo, porque como vosotros lo he experimentado muchas veces en mi vida. Soy totalmente mariano, devoto de la Virgen, por experiencia de muchos a&ntilde;os y muchas luchas. Estoy seguro de esta verdad, como vosotros. En este d&iacute;a primero del a&ntilde;o renovemos nuestra filiaci&oacute;n mariana, renovemos nuestra consagraci&oacute;n a Mar&iacute;a madre de Dios y de todos los creyentes, consagremos nuestras vidas y del mundo a Mar&iacute;a, madre de la Iglesia y de todos los hombres. MAR&Iacute;A, HERMOSA NAZARENA, VIRGEN BELLA, MADRE DEL ALMA, CUANTO NOS QUIERES, CU&Aacute;NTO TE QUEREMOS. *************************************** II DOMINGO DE NAVIDAD PRIMER LECTURA: Eclesi&aacute;stico 24,1-4.12-16. En los libros sapienciales la sabidur&iacute;a se describe en algunos pasajes con rasgos personales e incluso divinos. Este fragmento es, sin duda, el que recoge las ideas m&aacute;s evolucionadas sobre la sabidur&iacute;a. La sabidur&iacute;a est&aacute; unida &iacute;ntimamente a Dios, pero es distinta de Dios: es su criatura, aunque para el autor del libro, Ben Sira, realiza acciones que en otros libros del Antiguo Testamento son propias de Dios: cubre la tierra, como el Esp&iacute;ritu de Dios; se identifica con la nube que gu&iacute;a a los israelitas; participa en el culto&hellip; Es el modo m&aacute;s completo de significar la presencia de Dios en el mundo. SEGUNDA LECTURA: Efesios 1,36. 1518. San Pablo expone en su carta dos de las seis bendiciones en que sintetiza el Misterio de la salvaci&oacute;n: El Dios, al que San Pablo presenta su acci&oacute;n de gracias, no es el Dios lejano que no quiere acercarse al hombre, sino el Dios cercano que nos ha elegido y nos ha hecho hijos suyos de adopci&oacute;n por medio de Jesucristo. En la segunda parte nos dice c&oacute;mo se realiza principalmente esta adopci&oacute;n: por la fe que nos une a Cristo y por el amor a los hermanos. A esto nos ayuda el esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a que ilumina la inteligencia y enciende el coraz&oacute;n para vivir en esa esperanza de la herencia de los santos. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Ugrave;N SAN JUAN: 1,1-8 QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;El Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Este vers&iacute;culo del evangelio de San Juan, que hemos proclamado hoy, repetido como estribillo en el salmo responsorial, sintetiza la liturgia de este domingo segundo de la Navidad, que prolonga la reflexi&oacute;n meditativa sobre el misterio del Verbo Encarnado. Muchas veces me he preguntado si los cristianos entender&aacute;n esa profunda teolog&iacute;a encerrada en el pr&oacute;logo de Evangelio de este cuarto evangelista, m&iacute;stico y te&oacute;logo. Vamos a intentarlo un poco. Dice el evangelio de hoy: &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios&rdquo;. En castellano, el significado de los t&eacute;rminos <palabra> y verbo> puede ser el mismo, y as&iacute; decimos &laquo;es un hombre de verbo o palabra f&aacute;cil y elegante&raquo;. Cuando en la Biblia lo ve&aacute;is escrito con letra may&uacute;scula se refiere a Jesucristo, como Hijo de Dios, segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad, que existi&oacute; siempre, infinito y eterno como el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, igual en Gloria, Poder, Amor&hellip; &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios&rdquo;. Aqu&iacute; se encierra todo el misterio trinitario de Dios y San Juan trata de explicarlo utilizando la analog&iacute;a, la semejanza con la inteligencia y la palabra humana. Es una explicaci&oacute;n, una asimilaci&oacute;n del proceso intelectivo humano. &iquest;Por qu&eacute; San Juan llama a la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad Verbo o Palabra? Para los que hayan estudiado en Filosof&iacute;a la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del conocimiento es muy sencillo: de la misma forma que al pensar en una realidad, esa realidad la hago existir dentro de m&iacute; y la doy un nombre, el Dios infinito, entrando dentro de si mismo y vi&eacute;ndose todo entero e infinito concibe una idea, que abarca y refleja y contiene todo su mismo ser infinito y esa idea se identifica con &Eacute;l mismo y es eterna e infinita como &Eacute;l y eternamente la tiene, la ve y se la est&aacute; diciendo o pronunciando en su esencia para s&iacute; solo con fuego de Esp&iacute;ritu Santo. Y como al existir al mismo tiempo dentro de si mismo se ven y se descubren amando, en ese eterno y continuo amanecer infinito y sin l&iacute;mites de tiempo, poder, conocimiento y amor, al contemplarse tan llenos de Verdad y de Vida se aman con amor tan grande a ellos, tan infinito que abarca todo su ser y ese amor tan infinito como ellos es el Esp&iacute;ritu Santo. Y por eso el Padre es Padre en cuanto existe y se mira a s&iacute; mismo y tiene su idea y visi&oacute;n de su esencia, y esa idea, ese verbo y palabra con que se explica totalmente a si mismo es el Hijo, que le hace Padre, al aceptarse como Imagen suya perfecta. Y por eso, el Padre es Padre en cuanto el Hijo es Hijo. Y al verse y conocer as&iacute;, simult&aacute;neamente se aman y ese amor es el Esp&iacute;ritu Santo, eterno, infinito y uno como el Padre y el Hijo. En el lenguaje humano idea es una realidad en cuanto est&aacute; en mi mente y es inmaterial; se hace verbo o palabra cuando la pronuncio para otros con signos materiales para que los dem&aacute;s la conozcan. Pues bien, Jesucristo es Idea y Palabra en Dios, porque en cuanto amanece, aparece en Dios, el Padre la pronuncia con todo su Amor de Esp&iacute;ritu Santo para s&iacute; en eterno silencio y por eso es eterno como el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo. Cuando esa idea la pronuncia lleno de amor para nosotros, es Jesucristo, nacido en Bel&eacute;n. El Padre se conoce plenamente en su Idea, que es engendrada por &Eacute;l desde toda la eternidad y por eso le llamamos Hijo, que luego la expresa lleno de amor para nosotros y por eso le llamamos Verbo, Palabra, Revelaci&oacute;n del Padre, en cuanto que la pronuncia para nosotros para que le conozcamos, igual que nosotros comunicamos nuestras ideas, las que nadie conoce porque est&aacute;n en nuestra mente y las pronunciamos en palabras para que los dem&aacute;s las conozcan. En el principio, es decir, desde siempre ha existido esta idea en Dios, que es a la vez expresi&oacute;n de la totalidad de la divina esencia y por tanto Verbo o Palabra del Padre, que estaba junto a Dios, en la que el Padre se dice enteramente a s&iacute; mismo y se ve enteramente a si mismo en totalidad de ser y amor: el Padre y el Hijo, al existir y verse totalmente, se aman y ese amor es y llamamos Esp&iacute;ritu Santo, tercera persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. Y esa Palabra y ese Amor son personales, son personas divinas, iguales en poder, amor, verdad y vida. As&iacute; nos presenta Juan la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad que preside la creaci&oacute;n del mundo, porque es la palabra que el Padre pronuncia para crearlo; pero sobre todo la presenta como vida y luz de los hombres que viene al mundo para iluminarlos y llenarlos de vida, porque es luz que ilumina nuestra inteligencia y nuestra vida. Es el mismo pensamiento que nos ha presentado San Pablo en la segunda Lectura: La Palabra, el Verbo de Dios, Hijo de Dios, encarn&aacute;ndose, tomando carne humana, viene al mundo, nos revela y expresa el proyecto del Padre y se llama Cristo Jes&uacute;s y los que lo reciben, o sea, los que creen en su nombre, se hacen por &Eacute;l y en &Eacute;l hijos de Dios, se hacen hijos en el Hijo. Por otra parte, seg&uacute;n San Juan, nosotros, nuestro entendimiento puede tener muchas ideas y necesita de muchas ideas para comprender y saber de todo; sin embargo, el Padre Dios todo lo sabe con una sola idea, una sola palabra; y esa palabra contiene todo, porque es infinita, es Dios como el Padre que la concibe. Dios Padre s&oacute;lo tiene una Palabra, una Idea y en esa Idea lo contiene todo. Si la pronuncia fuera de s&iacute;, es Idea se convierte en Palabra para nosotros, que nos da todo lo que tiene el Padre en su esencia y por Ella le comprendemos hasta donde nos es posible. Por esa Palabra se ha hecho el mundo y todo lo que contiene el mundo. El pr&oacute;logo del evangelio de San Juan culmina con la contemplaci&oacute;n del Verbo o Palabra encarnada, hecha carne: &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria propia del Hijo &uacute;nico de Dios, lleno de gracia y de verdad.&rdquo; El evangelista habla de &Eacute;l como testigo ocular, que lo ha tocado y lo ha visto con sus propios ojos y le ha escuchado con sus propios o&iacute;dos; lo ha visto hombre entre los hombres, pero al mismo tiempo ha podido contemplar su gloria: en el Tabor, en las apariciones del Resucitado, en la Ascensi&oacute;n a los cielos. Todo lo que San Juan ha visto y contemplado quiere comunicarlo a los que lean su testimonio, para que crean en Cristo, Palabra divina, encarnada para que todos conozcan al Padre y reciban gracia tras gracias, especialmente la gracia de conocer por &Eacute;l al Dios Trino y Uno, su amor a los hombre y su plan divino de Salvaci&oacute;n Este ha sido tambi&eacute;n mi intento en esta homil&iacute;a: daros a conocer un poco el misterio de Dios encerrado en el pr&oacute;logo de San Juan. As&iacute; sea. Que Dios os conceda esa gracia. ************************************************ 6 DE ENERO: SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 60, 1-6 El profeta Isa&iacute;as canta bajo el s&iacute;mbolo de la luz el triunfo de la nueva Jerusal&eacute;n que disipar&aacute; las tinieblas que cubren el mundo. Dios mismo ser&aacute; la aurora de ese nuevo amanecer; &Eacute;l iluminar&aacute; la ciudad y la oscuridad de los pueblos porque su gloria aparecer&aacute; sobre ella. Jes&uacute;s es la luz que iluminar&aacute; a la Iglesia. La luz de Dios que sigue viviendo en ella, es portadora de la salvaci&oacute;n de Dios para todos los pueblos hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra, para todos los hombres que crean en &Eacute;l. SEGUNDA LECTURA: Efesios 3, 2-3&ordf;. 5-6 La salvaci&oacute;n ofrecida por Dios para Jerusal&eacute;n en la primera Lectura no queda restringida s&oacute;lo para el pueblo de Israel. Ahora, San Pablo, en esta Lectura nos dice: &ldquo;Que tambi&eacute;n los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y part&iacute;cipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio&rdquo;. Nosotros, como depositarios de esta misma salvaci&oacute;n, no la podemos guardar para nosotros solos. Hemos de ser misioneros de la Buena Noticia para todo el mundo pagano, que a&uacute;n no la conoce. Porque Jes&uacute;s es el Salvador de todos los hombres. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MATEO: 2, 1-12 QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Epifan&iacute;a es una palabra griega que significa manifestaci&oacute;n. Y es que hoy, el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que en Nochebuena y en la Navidad, por medio de los pastores, fue manifestado como Salvador al pueblo jud&iacute;o, hoy, por los Reyes Magos, que no pertenecen al pueblo jud&iacute;o y que representan a todos los pueblos del mundo, es manifestado como Salvador de todos los hombres. Hoy, con los reyes magos venidos de oriente para adorar al Se&ntilde;or, celebramos la manifestaci&oacute;n de Jesucristo como Salvador universal de todos los pueblos. 1.- Esto es lo que San Mateo quiere ense&ntilde;arnos en su Evangelio de hoy: Jesucristo, aunque prometido y esperado por el pueblo jud&iacute;o, no es solo el Salvador de ese pueblo sino &uacute;nico Salvador del todos los hombres. Como hemos le&iacute;do en la primera Lectura, Jes&uacute;s es la luz que ilumina a todos los pueblos. 2.- El Evangelio de los reyes Magos es una catequesis maravillosa sobre la fe. De los Magos debemos aprender a estar siempre alertas, mirando al cielo, para captar las estrellas que Dios nos env&iacute;a para guiarnos en nuestra vida personal y comunitaria, esto es, hacer oraci&oacute;n todos los d&iacute;as. Sin oraci&oacute;n diaria no hay encuentro con Cristo. Toda nuestra vida cristiana depende de la oraci&oacute;n: &laquo;Que no es otra cosa sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con aquel que sabemos que nos ama&raquo; (Santa Teresa). Si los magos no mirasen al cielo todos los d&iacute;as, no se hubieran encontrado con la estrella, la oraci&oacute;n, que les llev&oacute; a encontrar a Cristo. Este ser&aacute; siempre el problema de la Iglesia siempre, de todo cristiano, sea cura o seglar: hoy se mira poco al cielo, se ora poco por parte de todos, tanto de los de arriba como de los de abajo. La oraci&oacute;n siempre es encuentro con Dios, di&aacute;logo con Dios. Nosotros conocemos a las personas en la medida en que hablamos con ellas y as&iacute; las vamos conociendo. Sin di&aacute;logo no hay conocimiento, y sin conocimiento, no hay amor. Lo mismo nos pasa Dios. La mayor pobreza de los cristianos ser&aacute; siempre la pobreza de oraci&oacute;n, de conocimiento personal de Dios, de trato personal con &Eacute;l hasta llegar a conocerlo, a sentirlo, a la experiencia de fe, a experimentar lo que creemos, hasta la vida o conocimiento m&iacute;stico, como los santos, santa Teresa y S. Juan y de la Cruz, y de miles y miles de santos y personas actuales que no ser&aacute;n canonizadas ni hace falta, pero que han llegado a esta experiencia y conocimiento m&iacute;stico y espiritual de Cristo por la oraci&oacute;n. Sin oraci&oacute;n no hay encuentro, experiencia, vida cristiana, ni apostolado, ni gozo, ni convencimiento sino rutina y mediocridad. Porque no hay encuentro vivo con Jesucristo vivo; sino s&oacute;lo te&oacute;rico y abstracto. Y a Cristo, el Evangelio de Cristo no se comprende hasta que no se vive y se siente por la oraci&oacute;n personal. 3.- Los Magos, siguiendo la estrella, se encontraron con Dios. Nosotros, siguiendo la estrella de la fe por la oraci&oacute;n diaria, nos encontraremos con Dios, sobre todo, con Cristo Eucarist&iacute;a. Para eso, los Magos tuvieron que dejar sus casas, sus posesiones, su pa&iacute;s, su comodidad y salieron tras la estrella al encuentro de Cristo. Para llegar a conocer y amar a Cristo as&iacute; nosotros tenemos que dejar nuestras pasiones y pecados, soberbia, envidias, lujurias, odios y rencores&hellip; Todo esto se hizo y se hace ahora siguiendo la estrella de la oraci&oacute;n. Hay que contar con noches de la fe, esto es, etapas de oraci&oacute;n, de estar en la iglesia ante el Sagrario y no sentir nada, o sentir dudas, pruebas, noches de fe&hellip; &iquest;ser&aacute; verdad, estar&aacute; en el Sagrario Cristo, y d&oacute;nde est&aacute; Dios cuando le rezo y no siento nada? A todos nos pasa. No hay que asustarse. La crisis es buena, si nos ayuda a convertirnos m&aacute;s a Dios, a poner en &Eacute;l, en su palabra del evangelio nuestra seguridad m&aacute;s que en nosotros mismos, en nuestras ideas y pensamientos. La sequedad en la oraci&oacute;n, no sentir a veces nada a veces en la Iglesia, es bueno, porque Dios quiere que pasemos de nuestros criterios, apoyos y seguridades de todo tipo, de nuestras posesiones afectivas, de la posesi&oacute;n de una fe heredada a una fe m&aacute;s personal y purificada, por vivencias propias y no de otros. Si no hay crisis en nuestra fe es que estamos instalados, y no avanzamos. Y cuando uno llega a purificarse de sus pecados y empalma con Dios, el di&aacute;logo ya no se acaba y siempre es subir y subir hasta el &eacute;xtasis, hasta lo infinito, hasta el cielo en la tierra, hasta el el qued&eacute;me y olv&iacute;deme&hellip; 4.- Y una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or as&iacute;, le adoramos y ponemos nuestra vida de rodillas ante &Eacute;l. &ldquo;Entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Por qu&eacute; pues has llagado este coraz&oacute;n no le sanaste&hellip; 5.- Finalmente, para los que quieran encontrar a Cristo as&iacute;, algo que nunca debe faltar ni faltar&aacute; en nuestra vida, es Mar&iacute;a: Ahora y siempre, el mejor camino para encontrarnos con Jes&uacute;s es Mar&iacute;a, la devoci&oacute;n a la Virgen. Resumiendo: Dios nos env&iacute;a a todos la estrella de la fe para encontrarnos con &Eacute;l; la mejor y permanente estrella de la fe es la oraci&oacute;n personal, ratos de Sagrario, la misa del domingo, lectura y meditaci&oacute;n diaria del los evangelio o libros santos; desde el primer kil&oacute;metro de este camino de encuentro con Cristo hay que dejar la propia casa, esto es, ego&iacute;smos, comodidades, pecados de soberbia, avaricia, ira&hellip;siguiendo a la estrella que nos ilumina e inspira en esos ratos de oraci&oacute;n y as&iacute;, limpios de pecados e imperfecciones, nos encontramos con Cristo aqu&iacute; en la tierra, en la oraci&oacute;n, santa Teresa, s Juan de la cruz y todos los santos. ******************************************* REYES MAGOS. QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS DOMINICAS: El evangelio de hoy, el camino de los Reyes Magos hasta encontrarse con Cristo, es una catequesis profunda sobre el camino de la fe por la oraci&oacute;n diaria que todos tenemos que recorrer si queremos encontrarnos con Cristo ya en esta vida, es el camino de la fe que han de recorrer todos aquellos que quieran encontrarse con Jes&uacute;s ya en este mundo, el mismo que naci&oacute; en Bel&eacute;n y est&aacute; en el cielo y en todos los sagrarios de la tierra y adorarlo como Dios y salvador del mundo y sentirlo y vivirlo y gozarlo. Y eso solo se consigue en esta vida por medio de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, es decir, ir convirti&eacute;ndonos a lo que el Se&ntilde;or nos dice en la meditaci&oacute;n del evangelio, de su palabra y de lo que nos dice en ese rato diario de conversaci&oacute;n con &Eacute;l, primero con libro, y luego sin libros y ayudas porque &Eacute;l nos va instruyendo por la oraci&oacute;n-meditaci&oacute;n primero y luego contemplativa, sin necesidad de libros, solo con mirarle y estar en su presencia. Y este camino de la oracion tiene diversas etapas, son las etapas de purificacion de nuestra fe y amor a Dios, de nuestra conversi&oacute;n primero por la oraci&oacute;n meditativa, cuando hay que coger el evangelio y meditarlo, porque si no, no te sale el di&aacute;logo con Dios; luego viene la oraci&oacute;n contemplativa, ya no te hace tanta falta coger un libro para meditar porque el Esp&iacute;ritu Santo nos va comunicando los pensamientos y sentimientos de Cristo, y finalmente, viene la oraci&oacute;n de uni&oacute;n o transformaci&oacute;n total en Cristo, en que el alma ya no necesita meditar o contemplar porque est&aacute; unida, se siente habitada, templo y morada de la Trinidad: &ldquo;Qued&eacute;me y olvideme&hellip;&rdquo; A este estado de contemplaci&oacute;n y vida est&aacute;is llamadas todas vosotras Y todo esto, desde el primer Kil&oacute;metro, se va realizando en el alma, por la oraci&oacute;n- conversi&oacute;n, oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, en que a traves de los a&ntilde;os el alma va vaci&aacute;ndose de s&iacute; misma, de su yo,de sus ideas y egoismos e imperfecciones y va convirti&eacute;ndose a Cristo, va llen&aacute;ndose solo de Cristo hasta poder decir con S. Pablo &ldquo;ya no soy yo es Cristo quien vive en mi&rdquo; o como todos los m&iacute;sticos que llegan al gozo y experiencia de Dios ya en este vida: descubre tu presencia y m&aacute;teme&hellip;. Y esta es la vocaci&oacute;n a la que estamos llamados todos los cristianos por la vida de gracia desde el santo bautismo, vida de Dios Trinidad en nosotros, especialmete mediante la vida de oraci&oacute;n, pero especialmente vosotras que Dios os ha llamado y regalado esta vocaci&oacute;n. Todo esto lo tengo escrito y desarrollado en varios de mis libros. Por eso, no quiero alargarme m&aacute;s y empiezo desarrollando este camino en los Reyes Magos. Empezamos: los reyes magos, siguiendo la estrella, encontraron a Jes&uacute;s &iquest;qu&eacute; nos ense&ntilde;a esto? Lo que os he dicho:Nos ense&ntilde;a que la fe es la estrella que debe quiar nuestras vidas, sobre todo de contemplativas y esta fe cultivada y progresando por la vida de oraci&oacute;n-conversion, nos lleva poco a poco a Cristo a trav&eacute;s de los a&ntilde;os y purificaciones de nuestrso defectos, a ver y sentir a Cristo, como los magos; para eso tuvieron que salir de sus casas, y preguntar y caminar y pasar diversas pruebas; son las pruebas y las noches fe y amor que describe muy bien S. Juan de la Cruz y que este cura tuvo la gracia de Dios de hacer su tesis doctoral en teolog&iacute;a en Roma, y es camino obligado para todos los m&iacute;sticos, para todos los que queramos llegar a la uni&oacute;n total con Cristo. Pues bien, todos nosotros, como los magos, tenemos muchas estrellas que nos llevan a Dios en nuestras vidas: padres cristianos catequistas, sacerdotes, acontecimientos diversos, son &laquo;los signos de los tiempos&raquo;, que nos llevan a Dios. Los Magos, mirando la estrella, encontraron a Cristo; nosotros, mirando la estrella de la fe todos los d&iacute;as por la oraci&oacute;n personal, especialmente ante el Sagrario, nos encontramos con Cristo. Toda nuestra vida de santidad depende de la oraci&oacute;n y la oraci&oacute;n, seg&uacute;n santa Teresa: &laquo; no es otra cosa sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con aquel que sabemos que nos ama&raquo;. Y esto, seas cura, fraile o monja, y obispo, como no hagas oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria, no llegas a estas alturas, al gozo y a la experiencia de la fe, que creemos. Y de esto tiene mucha necesidad hoy la Iglesia sobre todo en sus sacerdotes, obispos y y&hellip; Y una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, es decir, tenemos que poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, como hicieron los magos y este es el sentido de la vida religiosa de estas monjas contemplativas sean dominicas o carmelitas o trinitarias&hellip; renunciando a todo, solo para ser de Dios, solo Dios, solo Dios en su vida, y el cielo ha comenzado ya para ellas en la tierra, si llegan a este estado de conversi&oacute;n y oraci&oacute;n. Bien, y ahora y siempre, la mejor ayuda para encontrarnos con Jes&uacute;s es su madre:Mar&iacute;a: &ldquo;los mago entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Lo dice el evangelio y la experiencia y la vida de los santos. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS DOMINICAS: Dec&iacute;amos ayer y dir&eacute; siempre que el mejor camino, la mejor ayuda para encontrarnos con Jes&uacute;s es su madre:Mar&iacute;a:&ldquo;los mago entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Lo dice el evangelio y la experiencia y la vida de los santos. Dios mismo escogi&oacute; este camino; Cristo nos vino por Mar&iacute;a; los magos encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su Madre. Nosotros tenemos que ir a Cristo por el mejor camino que existe: su Madre, Mar&iacute;a. Queridos hermanos, recemos a Mar&iacute;a, buscad a Mar&iacute;a y encontraremos a Cristo en sus brazos. &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazarena, Virgen guapa, Madre del alma; &iexcl;cu&aacute;nto te quiero! &iexcl;Cu&aacute;nto nos quieres! Gracias por habernos dado a tu Hijo, gracias por querer ser nuestro camino para encontrar a tu Hijo; y gracias tambi&eacute;n por ser nuestra madre y modelo. Gracias, Madre. Virgen guapa, Hermosa nazarena. &ldquo;Encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su madre&rdquo;.Mar&iacute;a ocupa un lugar importante en este caminar. Jes&uacute;s nos vino por Mar&iacute;a. Y Dios quiere que nuestro camino de fe hasta encontrar a Cristo pase por Mar&iacute;a. No olvidarlo. No es sentimentalismo, piedad popular, no, es plan y proyecto de Dios: Hay que cultivar la devoci&oacute;n a Mar&iacute;a, como madre y modelo de la fe y camino para encontrarnos con Cristo. As&iacute; lo hizo y lo quiere su Hijo. En las grandes pruebas de la fe, cuando todos dejaron a Cristo abandonado en la cruz, all&iacute; &laquo;no sin designio divino&raquo; quiso el Se&ntilde;or que estuviera su Madre para entreg&aacute;rnosla tambi&eacute;n como Madre en la persona de Juan. Jes&uacute;s permiti&oacute; el abandono de todos los suyos, menos Juan, pero no quiso estar sin su Madre. Por algo ser&aacute;. Nosotros, tampoco, en nuestro camino de santidad y perfecci&oacute;n cristiana. Repito: algo que nunca debe faltar ni faltar&aacute; en nuestra vida, si queremos encontrarnos con el Se&ntilde;or, es Mar&iacute;a: &ldquo;Entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Ahora y siempre, el mejor camino para encontrarnos con Jes&uacute;s, es Mar&iacute;a. Lo dice la experiencia, la historia, los santos. Dios mismo escogi&oacute; este camino; Cristo nos vino por Mar&iacute;a; los magos encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su Madre. Nosotros tenemos que ir a Cristo por el mejor camino que existe: su Madre, Mar&iacute;a. &ldquo;Lo encontraron en los brazos de Mar&iacute;a&rdquo;. Mar&iacute;a es el camino elegido por Dios para venir hasta nosotros. Es a su vez, el camino que Dios quiere para que lleguemos hasta &Eacute;l. Por eso, es Madre de la Iglesia, de todos los hombres. Mar&iacute;a nos ofrece, como madre, el fruto de su vientre. Es la nota mariol&oacute;gica de la Navidad. Maria, hermosa nazarena, Virgen bella, gracias por haber querido darnos a tu hijo. Gracias por querer ser su madre, su madre y nuestra madre; gracias. &iexcl;Cu&aacute;nto nos quieres, cu&aacute;nto te queremos! Gracias. Con Mar&iacute;a y por Mar&iacute;a llegamos al encuentro gozoso de Cristo, meta de nuestro caminar en la fe y en el amor cristiano sobre todo por la oracion, el mejor camino de la vida cristiana. Y le adoramos, es decir, le ofrecemos toda nuestra persona, nuestro ser y existir queda consagrado a &Eacute;l, porque le reconocemos como &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todos los &iacute;dolos que hasta entonces hemos dado culto. El encuentro con el Se&ntilde;or te har&aacute; feliz, querido hermano, como a los magos. Pregunta a todos los santos que en el mundo han existido. Por eso, Se&ntilde;or, c&oacute;mo te deseo, c&oacute;mo te busco, con qu&eacute; hambre de T&iacute; camino por la vida. Quiero verte para tener la luz del &ldquo;camino, de la verdad y de la vida&rdquo;. Quiero comulgarte para tener tu misma vida, tus mismos sentimientos, tu mismo amor. Y en tu entrega eucar&iacute;stica, quiero hacerme contigo una sola ofrenda agradable al Padre, cumpliendo tu voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida. Quiero entrar as&iacute; en el misterio de mi Dios Trino y Uno, por la potencia de Amor del Esp&iacute;ritu Santo. POR MAR&Iacute;A, A JES&Uacute;S Y CON JES&Uacute;S EUCARIST&Iacute;A, A LA STMA.TRI. Una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, como los Magos, tenemos que ponernos y poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, porque &Eacute;l es Dios, lo absoluto en nuestra vida, y nosotros somos simples criaturas. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Todas vosotras, por la oraci&oacute;n y vocaci&oacute;n de Dominicas, ten&eacute;is que llegar hasta aqu&iacute;, como todo cristiano, por el santo bautismo. La oraci&oacute;n-adoraci&oacute;n es personal. Es un encuentro que comprend&iacute;a tambi&eacute;n sus presentes de oro, incienso y mirra, dones que se hac&iacute;an a un Rey por considerado divino, como nosotros tenemos que hacer con nuestras vidas. Adorar a Dios es reconocerle como el &uacute;nico absoluto de su vida. Y para esto hay que orar, orar y convertirse, y preguntar y buscar a Dios como los magos hasta encontrarlo por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n elevadas, siempre con ayuda de Mar&iacute;a, saliendo de nosotros mismos. Hermanos y hermanas, adoremos s&oacute;lo a Dios, pongamos nuestro y posesiones a sus pies &iexcl;Queridas hermanas dominicas, queridos hermanos y feligreses, salid de la comodidad y la pereza al encuentro de Cristo. Lo encontrar&eacute;is en brazos de su Madre, Mar&iacute;a. Rezad a la Virgen, imitad a la Virgen, amad a la Virgen, seguid a la Virgen. Queridas hermanas, que la fiesta de los Reyes Magos nos ayude a todos nosotros, fieles cristianos, a valorar la estrella de nuestra fe cristiana y a seguirla con la perseverancia de los Reyes Magos hasta que lleguemos al encuentro gozoso y verdadero con Jesucristo, &Uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres, y siempre en los brazos de su madre, Mar&iacute;a, esper&aacute;ndonos a cada uno de nosotros, a todos sus hijos e hijas, los hombres, las Dominicas, con St. Domingo, devot&iacute;simo de Mar&iacute;a, a su lado en el cielo.Am&eacute;n. ******************************************** Una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, como los Magos, tenemos que ponernos y poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, porque &Eacute;l es Dios, lo absoluto en nuestra vida, y nosotros somos simples criaturas. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Su adoraci&oacute;n es personal. Es una adoraci&oacute;n que comprend&iacute;a tambi&eacute;n sus presentes oro, incienso y mirra, dones que se hac&iacute;an a un Rey considerado divino. Adorar a Dios es reconocerle como el &uacute;nico absoluto de su vida. Y para esto hay que orar, orar mucho y preguntar y buscar a Dios como los magos hasta encontrarlo por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n elevadas, saliendo de nosotros mismos. Hermanos, adoremos s&oacute;lo a Dios, pongamos riquezas y persona a sus pies &iexcl;Queridos feligreses, salid de la comodidad y la pereza al encuentro de Cristo. Lo encontrar&eacute;is en brazos de su Madre, Mar&iacute;a. Rezad a la Virgen. Sed devotos de Mar&iacute;a. Queridos hermanos, que la fiesta de los Reyes Magos nos ayude a todos nosotros, fieles cristianos, a valorar la estrella de nuestra fe cristiana y a seguirla con la perseverancia de los Reyes Magos hasta que lleguemos al encuentro gozoso y verdadero con Jesucristo, &Uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres.Am&eacute;n. ******************************************* QUERIDOS HERMANOS: La fiesta de hoy, que popularmente llamamos de los Reyes Magos, en t&eacute;rminos lit&uacute;rgicos se denomina fiesta de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Epifan&iacute;a es una palabra griega que significa manifestaci&oacute;n. Y es que el Ni&ntilde;o, que en el d&iacute;a de Navidad se ha manifestado al pueblo jud&iacute;o, como el Mes&iacute;as prometido, por medio de los pastores, hoy, por medio de los Reyes Magos, se manifiesta a todos los pueblos, fuera del pueblo jud&iacute;o, como Salvador del mundo. La idea central de esta fiesta es, pues, la manifestaci&oacute;n de la Salvaci&oacute;n de Dios por Cristo Jes&uacute;s, que resume perfectamente el prefacio de la misa de hoy: &ldquo;Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvaci&oacute;n; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste part&iacute;cipes de la gloria de su inmortalidad.&rdquo; &ldquo;Hemos venido a adorarle&rdquo;(Mt 2, 2): &Eacute;sta es una afirmaci&oacute;n que puede convertirse en el mejor programa de vida de todo cristiano; con este deseo podemos recorrer todo nuestro itinerario espiritual hasta el encuentro existencial con Cristo y encontrar, como ellos, al Mes&iacute;as Salvador de todos los pueblos. En verdad, la luz de Cristo ya iluminaba la inteligencia y el coraz&oacute;n de los Reyes Magos. &ldquo;Se pusieron en camino&rdquo; (Mt 2, 9), cuenta el evangelista, lanz&aacute;ndose con coraje por caminos desconocidos, emprendiendo un largo viaje nada f&aacute;cil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que hab&iacute;an visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2, 2). Imitando a los Reyes Magos, tambi&eacute;n nosotros, queridos hermanos, debemos emprender un viaje desde todas las edades de nuestra vida y situaci&oacute;n religiosa para encontrarnos con el Se&ntilde;or, en una atm&oacute;sfera de fe y de escucha de la Palabra de Dios. &ldquo;Y la estrella... iba delante de ellos, hasta que lleg&oacute; y se detuvo encima del lugar donde estaba el ni&ntilde;o&rdquo; (Mt 2, 9). Los Reyes Magos llegaron a Bel&eacute;n, porque se dejaron guiar d&oacute;cilmente por la estrella. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al ver la estrella se llenaron de inmensa alegr&iacute;a&rdquo; (Mt 2, 10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos gu&iacute;a. Cuando somos conscientes de ser guiados por &Eacute;l, el coraz&oacute;n experimenta una aut&eacute;ntica y profunda alegr&iacute;a, acompa&ntilde;ada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo luego d&oacute;cilmente. &ldquo;Entraron en la casa, vieron al ni&ntilde;o con Maria su madre&rdquo; (Mt 2, 11). Nada de extraordinario a simple vista. Sin embargo, aquel Ni&ntilde;o es diferente a los dem&aacute;s: es el Hijo primog&eacute;nito de Dios que se despoj&oacute; de su gloria (cfr. Fil 2, 7) y vino a la tierra para salvar al hombre con muerte de cruz. Descendi&oacute; hasta nosotros y se despoj&oacute; de su gloria divina para hacernos a todos part&iacute;cipes de ese designio glorioso &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a haber inventado un signo de amor m&aacute;s grande? Permanecemos extasiados ante el misterio de un Dios que se humilla para asumir nuestra condici&oacute;n humana hasta inmolarse por nosotros en la cruz (cfr. Fil 2, 6-8). En su pobreza, vino para ofrecer la salvaci&oacute;n a los pecadores. Aquel que &mdash;como nos recuerda San Pablo&mdash; &ldquo;siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no dar gracias a Dios por tanta bondad condescendiente? Los Reyes Magos encontraron a Jes&uacute;s en &laquo;B&eacute;t-lehem&raquo;, que significa &laquo;casa del pan&raquo;. En la humilde cueva de Bel&eacute;n yace, sobre un poco de paja, el &laquo;grano de trigo&raquo; que muriendo dar&aacute; &ldquo;mucho fruto&rdquo; (cfr. Jn 12, 24). Para hablar de s&iacute; mismo y de su misi&oacute;n salv&iacute;fica, Jes&uacute;s, en el curso de su vida p&uacute;blica, recurrir&aacute; a la imagen del pan. Dir&aacute;: &ldquo;Yo soy el pan de vida&rdquo;, &ldquo;Yo soy el pan que baj&oacute; del cielo&rdquo;, &ldquo;El pan que yo le dar&eacute; es mi carne, vida del mundo&rdquo; (Jn 6, 35.41.51). Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad. El Ni&ntilde;o, colocado suavemente en el pesebre por Mar&iacute;a, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor est&aacute; presente en el sacramento de la Eucarist&iacute;a. En el establo de Bel&eacute;n se dej&oacute; adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por Maria, Jos&eacute; y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y &Eacute;l se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna. La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquel que se nos ha dado enteramente. No dud&eacute;is, queridos hermanos, en responderle, con una comuni&oacute;n entra&ntilde;able, cuando os invita &ldquo;al banquete de bodas del Cordero&rdquo; (cfr. Ap 19, 9). Escuchadlo, preparaos adecuadamente y acercaos al Sacramento del Altar, especialmente en este A&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a (octubre 2004&mdash; 2005) con actos intensos de fe y amor. &ldquo;Y postr&aacute;ndose le adoraron&rdquo; (Mt 2, 11). Si en el Ni&ntilde;o que Maria estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes, anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucarist&iacute;a y reconocerlo como nuestro Creador, &uacute;nico Se&ntilde;or y Salvador. &ldquo;Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra&rdquo; (Mt 2, 11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mes&iacute;as simbolizan la verdadera adoraci&oacute;n. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramar&aacute; la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre. Queridos hermanos, ofreced tambi&eacute;n vosotros al Se&ntilde;or el oro de vuestra existencia, o sea, la libertad de seguirlo por amor, respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia &Eacute;l el incienso de vuestra oraci&oacute;n ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia &Eacute;l, verdadero hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el G&oacute;lgota. Sed adoradores del &uacute;nico y verdadero Dios, reconoci&eacute;ndole el primer puesto en vuestra existencia. La idolatr&iacute;a es una tentaci&oacute;n constante del hombre. Hay gente que busca la soluci&oacute;n de los problemas en pr&aacute;cticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del &eacute;xito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energ&iacute;a c&oacute;smica, o de otras maneras no concordes con la doctrina cat&oacute;lica. Queridos hermanos &iexcl;no cre&aacute;is en falaces ilusiones y modas ef&iacute;meras que no pocas veces dejan un tr&aacute;gico vac&iacute;o espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicaci&oacute;n. La adoraci&oacute;n del Dios verdadero constituye un aut&eacute;ntico acto de resistencia contra toda forma de idolatr&iacute;a. Adorad a Cristo: &Eacute;l es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo m&aacute;s justo y solidario. Jes&uacute;s es el Pr&iacute;ncipe de la paz, la fuente del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana. &ldquo;Se retiraron a su pa&iacute;s por otro camino&rdquo; (Mt 2, 12). El Evangelio precisa que, despu&eacute;s de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su pa&iacute;s &ldquo;por otro camino&rdquo;. Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversi&oacute;n a la que est&aacute;n llamados los que encuentran a Jes&uacute;s para convertirse en los verdaderos adoradores que &Eacute;l desea (cfr. Jn 4, 23-24). Esto conlleva la imitaci&oacute;n de su modo de actuar transform&aacute;ndose, como escribe el ap&oacute;stol Pablo, en una &ldquo;hostia viva, santa, grata a Dios&rdquo;. A&ntilde;ade despu&eacute;s el ap&oacute;stol que no hay que conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovaci&oacute;n de la mente, &ldquo;para que sep&aacute;is discernir cu&aacute;l es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta&rdquo; (cfr. Rom 12, 1&mdash;2). Queridos hermanos, especialmente hermanos j&oacute;venes, escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jes&uacute;s es exigente porque quiere nuestra aut&eacute;ntica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitaci&oacute;n no tenga miedo de responderle &laquo;s&iacute;&raquo; y le siga generosamente. Pero m&aacute;s all&aacute; de las vocaciones de especial consagraci&oacute;n, est&aacute; la vocaci&oacute;n propia de todo bautizado: tambi&eacute;n es esta una vocaci&oacute;n a aquel &laquo;alto grado&raquo; de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jes&uacute;s y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los dem&aacute;s la propia experiencia. Son tantos nuestros compa&ntilde;eros que todav&iacute;a no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el coraz&oacute;n con suced&aacute;neos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor en Cristo. Queridos hermanos y hermanas, especialmente j&oacute;venes, la Iglesia necesita aut&eacute;nticos testigos para la nueva evangelizaci&oacute;n: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jes&uacute;s; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los dem&aacute;s. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y s&oacute;lo los santos pueden renovar la humanidad. Que Maria, &laquo;mujer eucar&iacute;stica&raquo;, que nos dio al Verbo encarnado y tiene en sus brazos al Ni&ntilde;o para que le adoremos, nos ayude en nuestro caminar, ilumine nuestras decisiones y nos ense&ntilde;e a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella nos conduzca a su Hijo, el &uacute;nico que puede satisfacer las esperanzas m&aacute;s &iacute;ntimas de la inteligencia y del coraz&oacute;n del hombre. Que esta fiesta haga realidad en todos nosotros lo que narra el evangelio &ldquo;Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegr&iacute;a. Entraron en la casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; despu&eacute;s, abriendo su cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra&rdquo;. ********************************************* DOMINGO DESPU&Eacute;S DE LA EPIFAN&Iacute;A: FIESTA: BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 42, 1-4. 6-7 Este texto nos ofrece una s&iacute;ntesis del primer canto del Siervo de Yahv&eacute;. No podemos definir la identidad de este Siervo. Es posible que represente al mismo Israel. Pero es m&aacute;s probable que se trate de exaltar la figura de una persona ideal, con rasgos mesi&aacute;nicos. El poema presenta a un Siervo de Yahv&eacute;, elegido por &Eacute;l, lleno de su esp&iacute;ritu, consagrado para establecer entre los pueblos el derecho que es la ley del Se&ntilde;or. El siervo se presenta humilde, sencillo, manso, delicado; pero en su actuaci&oacute;n es firme, fiel y tenaz hasta conseguir la aceptaci&oacute;n de su mensaje. Dios estar&aacute; con &Eacute;l y &Eacute;l ser&aacute; la alianza entre las naciones, juez de los pueblos, libertador de los oprimidos. La salvaci&oacute;n divina se hace inmediata, personal y actual en la figura de su Siervo. La descripci&oacute;n prof&eacute;tica de Isa&iacute;as tiene su plena realizaci&oacute;n hist&oacute;rica en Jes&uacute;s de Nazaret. En &Eacute;l brilla en todo su esplendor y significado mesi&aacute;nico. SEGUNDA LECTURA: Hechos 10, 34-38 Estos vers&iacute;culos son la conclusi&oacute;n de la conversi&oacute;n de Cornelio. El discurso de Pedro es una s&iacute;ntesis de la proclamaci&oacute;n del Evangelio, tal como lo presentaban los Ap&oacute;stoles: s&iacute;ntesis de toda la fe. En este pasaje se advierte tambi&eacute;n la importancia que en la primitiva predicaci&oacute;n tuvo el bautismo de Jes&uacute;s: fue el momento de su entronizaci&oacute;n como Siervo prometido y la investidura oficial de su misi&oacute;n como Salvador. San Pedro, testigo del bautismo del Se&ntilde;or, lo presenta, en su discurso a Cornelio, como el principio de su vida apost&oacute;lica, ungido por la potencia del Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Conoc&eacute;is lo que sucedi&oacute; en el pa&iacute;s de los jud&iacute;os, cuando Juan predicaba el bautismo&hellip;Me refiero a Jes&uacute;s de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que pas&oacute; haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con &Eacute;l&rdquo;. Por el bautismo el cristiano nace a la vida de Cristo por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que lo justifica y renueva todo su ser, formando en &Eacute;l al hijo de Dios. BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR QUERIDAS HERMANAS DOMINICAS: Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Se&ntilde;or, motivo especial para recordar nuestro propio bautismo y las riquezas y obligaciones del mismo, aunque sabemos que el bautismo de Cristo no es igual al nuestro porque Jes&uacute;s no ten&iacute;a pecado original y estaba lleno de la gracia y del amor a Dios, su Padre desde el primer instante de su existencia en cuanto hombre. Como he dicho, el bautismo de Cristo nos recuerda nuestro propio bautismo, sacramento que nos llen&oacute; de la gracia santificante y que nos hece a todos los bautizados hijos y templos de la Sant&iacute;sima Trinidad por su inhabilitaci&oacute;n en nuestras almas y que algunos cristianos, sobre todo, vosotras, consagradas y religiosas, si viv&iacute;is en plenitud esta vida de gracia y de amor a Dios y os dej&aacute;is purificar de vuestros defectos e imperfeccines por las etapas activas y pasivas de la oraci&oacute;n primero activas luego pasivas-- son las noches activas y pasivas de S. Juan de la Cruz- llegar&eacute;is ya en esta vida purificada, llegar&eacute;is a tener el cielo en la tierra, esto es, a sentir y vivir la vida trinitaria en vosotras, a vivir el amor y la presencia de Dios Trinidad en vuestras almas, a sentiros amadas y habitadas por Dios Trinidad como hijas predilectas y elegidas por &Eacute;l para una vida totalmente de amor y plenitud ya en este mundo. Esto es de lo que os hablo muchas veces y os hablar&eacute; siempre porque todas vosotras est&aacute;is llemadas a este grado de oraci&oacute;n contemplativa, a este amor e intimidad con la Sant&iacute;sima Trinidad y porque adem&aacute;s lo tengo muy estudiado desde mi juventud ya que por mi vida de oraci&oacute;n y por desear vivirlo hize incluso mis estudios especiales, mi tesis doctoral en Teolog&iacute;a en la Universidad de Roma por este motivo. QUERIDAS HERMANAS: esto es lo que proclama muy claro el prefacio de este d&iacute;a: &ldquo;En el bautismo del Se&ntilde;or, Dios Padre realiz&oacute; signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo bautismo, y, por medio del Esp&iacute;ritu, ungi&oacute; a su Siervo Jes&uacute;s&hellip;&rdquo;.La liturgia, pues, de este d&iacute;a, fiesta del bautismo del Se&ntilde;or, nos recuerda nuestro propio bautismo y nos invita a hablar de &eacute;l y a revisarnos y a vivirlo en plenitud ya que hoy d&iacute;a por la falta de oraci&oacute;n y purificaci&oacute;n, &uacute;nico camino para llegar a este experiencia, son muy pocos los que llegan a estas alturas de oraci&oacute;n e intimidad con nuestro Dios Trino y Uno que nos habita por la gracia desde nuestro bautismo porque quiere ya en esta vida empezar el cielo en cada uno de los bautizados, a que tengamos ya por la vida de oraci&oacute;n y purificaci&oacute;n un poco elevada la experiencia de Dios Trino y Uno habit&aacute;ndonos y am&aacute;ndonos en su mismo amor trinitario ya en esta vida. En nuestro bautismo, queridas hermanas dominicas, realizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo y limpi&aacute;ndonos de todo pecado original y personal, Dios Trinidad nos ama tanto que limpiados de pecado y llenos de su gracia y amor viene a habitarnos porque nos ama con amor de Padre y para esto nos envi&oacute; y muri&oacute; y resucit&oacute; su Hijo amado. En nuestro bautismo nos convertimos en moradas de la Sant&iacute;sima Trinidad, somos hechos templos y moradas de Dios Trino y Uno, es el cielo ya en la tierra que vivir&aacute; en el cristiano mientras permanezca en la vida de gracia recibida ya en el bautismo y en los dem&aacute;s sacramentos, sobre todo vivida y potenciada por nuestra vida de oraci&oacute;n un poco elevada y purificada, no basta cantar muy bien ni celebrar lit&uacute;rgicamente la santa misa, todo sacerdote, necesita vaciarse de s&iacute; mismo para que Dios Trinidad le pueda llenar y desgraciadamente de esto veo muy poco incluso en obispos y cardenales. Pero repito, esta vivencia es la raz&oacute;n de vuestra vida de religosas contemplativas, de que ten&eacute;is que llegar a este grado de oraci&oacute;n y amaor a Dios Trinidad desde la oraci&oacute; primero vocal, luego meditativa y finalmente contemplativa por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanente, por el vac&iacute;o de si mismos para que Dios nos pueda llenar y vivir por la vida de gracia en plenitud hasta experimentar y sentir a las Tres divinas Personas que nos habitan por la vida de gracia y de amor como ya nos prometi&oacute; Jesucristo: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l haremos morada en &eacute;l.&rdquo; Hoy es un buen d&iacute;a para revisar si vamor progresando en esta vida de gracia y amor total a Dios por la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n, vaci&aacute;ndonos de nosotros mismos para que Dios Trinidad nos pueda llenar y habitar y as&iacute; poder sentirlo. Y este es el sentido principal de vuestra vida de clausura, alejaros del mundo y vanidades para vivir solo y principalmente para Dios, esta es la raz&oacute;n de la vida contemplativa hoy tan necesaria en la Iglesia, sobre todo en sus ministros sacerdotes y religiosos-as: llegar por la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n de pecados y defectos veniales hasta esta uni&oacute;n y experiencia de Dios Trinidad. Porque como no nos vaci&eacute;mos de nosotros mismos y nos llene Dios, aunque seamos curas y obispos y cardenales y religiosas contemplativas, no podremos llegar a esta alturas y santificarnos y santificar a la Iglesia aunque prediquemos y hagamos apostolados. Y desgraciadamente oraci&oacute;n-conversi&oacute;n muy poco pero en la Iglesia actual, en obispos, sacerdotes y cardenales. Porque para esto el &uacute;nico camimo es la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria y profunda y&ntilde; al hacerlo as&iacute; &ldquo; Si alguno me ama, me Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. Queridas hermanas: Que vivamos la vida de gracia en plenitud, para eso Dios nos ha dado esta vocaci&oacute;n tan privilegiada y el &uacute;nico camino en nosotros es por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n permanente hasta llegar a sentir a la Sant&iacute;sima Trinidad que nos habita por la gracia desde el santo bautismo, y nada de comuniones o misas aunque sean catadas y celebradas muy liturgicamente, como no te vaci&eacute;s de ti mismo, auque comulgues y digas misa y seas cura y obispo, Dios no te puede llenar. Queridas hermanas, que hagamos de nuestra vida una ofrenda pura a la Sant&iacute;sima Trinidad y que un d&iacute;a, en su presencia del cielo, gocemos en plenitud lo que ahora hacemos y poseemos por la fe y la esperanza y la caridad sobrenaturales, sobre todo en ratos de oraci&oacute;n un poco purificada de nuestros defectos e imperfeciones: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierto en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora. Oh amado Cristo m&iacute;o, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro coraz&oacute;n; quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros hasta morir de amor. Oh mis Tres, mi todo, mi bienaventuranza, soledad infinita, inmensidad en la que me pierdo. Entr&eacute;gome sin reserva a vos como una presa, sepultaos en m&iacute;, para que yo me sepulte en vos, hasta que vaya a contemplaros en vuestra luz, en el abismo de vuestras grandezas. (Sor Isabel de la Stsma Trinidad, 21-11- 1904). ******************************************** QUERIDOS HERMANOS, queridos paisanos: Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Cristo, motivo especial para recordar nuestro propio bautismo y las riquezas y obligaciones del mismo, aunque sabemos que el bautismo de Cristo no es igual al nuestro porque Jes&uacute;s, en cuanto hombre nacido de nuestra madre la Virgen del Salobrar, no ten&iacute;a pecado original y estaba lleno de gracia y amor a Dios, su Padre, y a todos nosotros, los hombres, y por eso naci&oacute; y se hizo hombre y muri&oacute; y resucit&oacute; y demostr&oacute; que era Dios haciendo milagros, calmando tempestades y resucitando a muertos. Como he dicho, el bautismo de Cristo nos recuerda nuestro propio bautismo, sacramento que nos marc&oacute; con el signo de Cristo, nos llen&oacute; de la gracia santificante que nos hizo hijos de Dios y herederos del cielo, como nos dice el Catecismo de la Iglesia. Por eso me da mucha pena, que hoy muchos padres no bauticen a sus hijos porque somos eternos y un d&iacute;a tenemos que presentarnos ante el Padre y los que no est&eacute;n bautizados, no pueden entrar en el cielo, porque no se hicieron hijos de Dios por el bautismo y no pueden ser herederos, no pueden entrar en la herencia eterna de Dios nuestro Padre, herencia que ya algunas personas santas, almas de misa o comuni&oacute;n o visita al Sant&iacute;simo diaria esperimentan ya en esta vida con sumo gozo, santos y santas de todos los tiempos, que incluso gozaban tanto y lo sentian tan fuertemente que deseaban morirse para irse con &Eacute;l. Yo conozco a personas de esta altura espiritual y religiosa que con santa Teresa pueden decir: S&aacute;came de aquesta vida&hellip; esta vida que yo vivo&hellip; y reconozco y algunos de los mayores que est&aacute;n aqu&iacute; ahora escuch&aacute;ndome tambi&eacute;n lo pueden decir, porque antes, hasta hace treinta a&ntilde;os, hasta los a&ntilde;os 1990 m&aacute;s o menos, en mis 30 primeros a&ntilde;os de sacerdocio, hab&iacute;a m&aacute;s y mejores cristianos con esta altura de fe y amor cristiano, aqu&iacute; mismo en Jaraiz, esposos y esposas, madres de familias que no solo bautizaban a todos sus hijos sino que los llevaban a la iglesia y ven&iacute;an a misa todos los domingos, hac&iacute;an la primera comuni&oacute;n todos los ni&ntilde;os y se confirmban&hellip; Yo he visto totalmente llenas las dos iglesias de mi querido pueblo de Jaraiz, llenas de feligreses, pero ahora si no vienen los padres&hellip; c&oacute;mo van a venir los hijos&hellip;y no solo los domingos y fiestas, sino las dos parroquias, al menos de la san Miguel que yo conoc&iacute;a mejor, permanec&iacute;an abiertas todo el d&iacute;a y la gente, mayores y peque&ntilde;os, los novios, al salir de paseo por la tarde, ven&iacute;an a visitar al Se&ntilde;or en el Sagrario, lo he visto yo, que fui monaguillo varios a&ntilde;os de san Miguel, y luego durante mis doce a&ntilde;os en el seminario, durante las vacacones de verano, cuando yo ven&iacute;a a hacer oraci&oacute;n.. y no digamos qu&eacute; novenas&hellip; al Corarz&oacute;n de Jes&uacute;s&hellip; con exposici&oacute;n del Se&ntilde;or.. Por eso, aunque algunos de vuestros hijos no sean creyentes o practicantes, procurad que todos sus hijos est&aacute;n bautizados, hechos hijos de Dios por la gracia, vida de Dios en nosotros y marcados con el signo de la salvaci&oacute;n. Y hoy es un d&iacute;a para que todos nosotros demos gracias a Dios, hagamos una comuni&oacute;n fervorosa y demos gracias al Se&ntilde;or porque por su gracia recibida en el bautismo y que conversamos, estamos salvados y procuremos que todos nuestros hijos y nietos lo est&eacute;n y procurad bautizarlos. Queridos paisanos, por el santo bautismo somos eternos, somos hijos de Dios y herederos del cielo, nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, estar bautizado en Cristo Jes&uacute;s, nuestra vida no termina con la muerte, los muertos bautizados, nuestros padres y mayores, todos los bautizados en Cristo est&aacute;n vivos con Dios en el cielo&hellip; est&aacute;n salvados aunque algunos tengan o hayan tenido que purificarse en el Purgatorio, pero no est&aacute;n en el otro sitio, que no me gusta ni mencionar y donde pueden caer todos los que no fueron bautizados o no vivieron la fe y el amor a Dios y no cumplieron sus mandamientos, como hay tantos hoy desgraciadamente. C&oacute;mo ha cambiado Espa&ntilde;a, la vida, los pueblos, sobre todo inducidos por muchos pol&iacute;ticos ateos y vac&iacute;os del sentido no digo ya cristiano, sino incluso humano de la vida, abortos, divorcios a montones, esposos que se matan entre s&iacute;, hijos que matan a sus padres, y lo que no hacen ni los animales, madres que matan a sus hijos, pero d&oacute;nde estamos llegando, padres mayores abandonados y todo, porque nos estamos alejando de Dios por estas televisiones y radios y guassads y m&oacute;viles y medios modernos donde no aparece Dios, ni iglesia, ni Cristo, ni bautizos, ni sacramentos y si ponen bodas, ocultan o silencian la parte de la iglesia y solo ponen las fotos de fuera. Termino, queridos paisanos, hoy es d&iacute;a de agradecer a Dios ser cat&oacute;licos, estar bautizados, venir a misa los domintos, d&iacute;a de esperar en Dios nuestro Padre por la virtud de la esperanza cristiana del cielo que practicamos poco. Por vosotros y los vuestros ofrezco esta santa misa que es Cristo dando su vida para que todos la tengamos eterna. Para esto vino en la Navidad que hoy terminamos y para esto muri&oacute; y resucit&oacute;, para que todos tengamos vida eterna y para esto se hace ahora pan de vida eterna que comulgamos y para esto permanece en todos los sagrarios de la tierra para llevarnos a la vida eterna. Visitadle con frecuencia. Am&eacute;n. Asi sea. ************************************ QUERIDOS HERMANOS: Dice el Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica: &laquo; N&ordm; 535. El comienzo (cf Lc 3, 23) de la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s es su bautismo por Juan en el Jord&aacute;n (cf Hch 1, 22). Juan proclamaba &ldquo;un bautismo de conversi&oacute;n para el perd&oacute;n de los pecados&rdquo; (Lc 3, 3). Una multitud de pecadores, publicanos y soldados (cf Lc 3, 10-14), fariseos y saduceos (cf Mt 3, 7) y prostitutas (cf Mt 21, 32) viene a hacerse bautizar por &eacute;l. &ldquo;Entonces aparece Jes&uacute;s&rdquo;. El Bautista duda. Jes&uacute;s insiste y recibe el bautismo. Entonces el Esp&iacute;ritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jes&uacute;s, y la voz del cielo proclama que &eacute;l es &ldquo;mi Hijo amado&rdquo; (Mt 3, 13-17). Es la manifestaci&oacute;n (&laquo;Epifan&iacute;a&raquo;) de Jes&uacute;s como Mes&iacute;as de Israel e Hijo de Dios. N&ordm;.-536. El bautismo de Jes&uacute;s es, por su parte, la aceptaci&oacute;n y la inauguraci&oacute;n de su misi&oacute;n de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf Is 53, 12); es ya &ldquo;el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo&rdquo; (Jn 1, 29); anticipa ya el &ldquo;bautismo&rdquo; de su muerte sangrienta (cf Mc 10, 38; Le 12, 50). Viene ya a &ldquo;cumplir toda justicia&rdquo; (Mt 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisi&oacute;n de nuestros pecados (cf Mt 26, 39). A esta aceptaci&oacute;n responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo (cf Le 3, 22; Js 42, 1). El Esp&iacute;ritu que Jes&uacute;s posee en plenitud desde su concepci&oacute;n viene a &ldquo;posarse&rdquo; sobre &eacute;l (Jn 1, 32-33; cf Is 739 11, 2). De &eacute;l manar&aacute; este Esp&iacute;ritu para toda la humanidad. En su bautismo, &ldquo;se abrieron los cielos&rdquo; (Mt 3, 16) que el pecado de Ad&aacute;n hab&iacute;a cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jes&uacute;s y del Esp&iacute;ritu como preludio de la nueva creaci&oacute;n. N&ordm;.-537. Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jes&uacute;s que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrecci&oacute;n: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jes&uacute;s, para subir con &eacute;l, renacer del agua y del Esp&iacute;ritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y &ldquo;vivir una vida nueva&rdquo; (Rm 6, 4): Enterr&eacute;monos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con &eacute;l; descendamos con &eacute;l para ser ascendidos con &eacute;l; ascendamos con &eacute;l para ser glorificados con &eacute;l (5. Gregorio Nacianc, Or. 40, 9). Todo lo que aconteci&oacute; en Cristo nos ense&ntilde;a que despu&eacute;s del ba&ntilde;o de agua, el Esp&iacute;ritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios (S. Hilario, Mat. 2)&raquo;. Los sentimientos que suscitan en nosotros estas palabras del Catecismo son actitudes de agradecimiento a Dios por el sacramento del santo bautismo recibido y de mayor exigencia en el desarrollo de la vida cristiana que hemos recibido como semilla y que debemos por la fe hacer crecer en santidad y buenas obras. Este ha sido nuestro compromiso al recibirlo. Por el santo bautismo todos nos hemos convertido en misioneros de nuestra fe, en sacerdotes de ofrendas espirituales y en disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or. Todo bautizado, si entra dentro de s&iacute; mismo, se descubre enviado, misionero. En el Catecismo del Concilio de Trento leemos: &laquo; En verdad nuestro Se&ntilde;or instituy&oacute; este sacramento, cuando bautizado &Eacute;l mismo por San Juan dio al agua la virtud de santificar&hellip;y para esto supo servir de gran argumento el que la Sant&iacute;sima Trinidad, en cuyo nombre se administra el bautismo declar&oacute; entonces que estaba presente su divinidad. Porque entonces se oy&oacute; la voz del Padre, estaba presente la persona del Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; en forma de paloma, abri&eacute;ndose entonces ya los cielos donde podemos subir por el bautismo. Y si alguien desea saber por qu&eacute; el Se&ntilde;or concedi&oacute; a las aguara poder tan grande y tan divino, esto, a la verdad supera la inteligencia humanan, mas puede bastarnos que al ser bautizado nuestro Se&ntilde;or, qued&oacute; el agua consagrada para el uso tan saludable del bautismo con el contacto de su cuerpo sant&iacute;simo y pur&iacute;simo, pero de manera tal que aunque es te sacramento fue instituido antes de su Pasi&oacute;n, con todo se debe creer que recibi&oacute; toda su virtud y eficacia de la Pasi&oacute;n, la cual fue como el remate y fin de todos los actos de Cristo&raquo; (1545). Dice San Gregorio Nacianceno: &laquo;El bautismo es el m&aacute;s bello y magn&iacute;fico de los dones de Dios... los llamamos don, gracia, unci&oacute;n iluminaci&oacute;n, vestidura de incorruptibilidad, ba&ntilde;o de regeneraci&oacute;n sellos y todo lo m&aacute;s precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a los culpables; bautismo porque el pecado es sepultado en el agua; unci&oacute;n porque el pecado es sagrado y real (tales son los ungidos); iluminaci&oacute;n, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestras verg&uuml;enzas; ba&ntilde;o, por que lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberan&iacute;a de Dios&rdquo;. El Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica a&ntilde;ade: N&ordm;.-1223. Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jes&uacute;s. Comienza su vida p&uacute;blica despu&eacute;s de hacerse bautizar por S. Juan el Bautista en el Jord&aacute;n (cf Mt 3, 13 ), y, despu&eacute;s de su Resurrecci&oacute;n, confiere esta misi&oacute;n a sus ap&oacute;stoles: &ldquo;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado&rdquo; (Mt 28, 19-20; cf Mc 16, 15-16). N.- 1224. Nuestro Se&ntilde;or se someti&oacute; voluntariamente al Bautismo de S. Juan, destinado a los pecadores, para &ldquo;cumplir toda justicia&rdquo; (Mt 3, 15). Este gesto de Jes&uacute;s es una manifestaci&oacute;n de su &ldquo;anonadamiento&rdquo; (Hbr 2, 7). El Esp&iacute;ritu que se cern&iacute;a sobre las aguas de la primera creaci&oacute;n desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creaci&oacute;n, y el Padre manifiesta a Jes&uacute;s como su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mt 3, 16). N&ordm;.-1225. En su Pascua, Cristo abri&oacute; a todos los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, hab&iacute;a hablado ya de su pasi&oacute;n que iba a sufrir en Jerusal&eacute;n como de un &ldquo;Bautismo&rdquo; con que deb&iacute;a ser bautizado (Mc l0, 38; cf Lc 12, 50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jes&uacute;s crucificado (cf Jn 19, 34) son figuras del Bautismo y de la Eucarist&iacute;a, sacramentos de la vida nueva (cf 1 Jn 5, 6-8): desde entonces, es posible &ldquo;nacer del agua y del Esp&iacute;ritu&rdquo; para entrar en el Reino de Dios (Jn 3, 5). &laquo;Considera d&oacute;nde eres bautizado, de d&oacute;nde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ah&iacute; est&aacute; todo el misterio: El padeci&oacute; por ti. En &eacute;l eres rescatado, en &eacute;l eres salvado&raquo;. (S. Ambrosio, sacr. 2, 6). El bautismo en la Iglesia N&ordm;.-1226. Desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, Pedro declara a la multitud conmovida por su predicaci&oacute;n: &ldquo;Convert&iacute;os y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi&oacute;n de vuestros pecados; y recibir&eacute;is el don del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Hch 2, 38). Los ap&oacute;stoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jes&uacute;s: jud&iacute;os, hombres temerosos de Dios, paganos (Hch 2, 41; 8, 12-13; 10, 48; 16, 15). El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: &ldquo;Ten fe en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s y te salvar&aacute;s t&uacute; y tu casa&rdquo;, declara S. Pablo a su carcelero en Filipos. El relato contin&uacute;a: &ldquo;el carcelero inmediatamente recibi&oacute; el bautismo, &eacute;l y todos los suyos&rdquo; (Hch 16, 3 1-33). N&ordm;.-1227 Seg&uacute;n el ap&oacute;stol S. Pablo, por el Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con El: &ldquo;&iquest;O es que ignor&aacute;is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes&uacute;s, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con &eacute;l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros vivamos una vida nueva&rdquo; (Rm 6, 3-4; cf Col 2, 12). Los bautizados se han &ldquo;revestido de Cristo&rdquo; (Ga 3, 27). Por el Esp&iacute;ritu Santo, el Bautismo es un ba&ntilde;o que purifica, santifica y justifica(cf 1 Co 6,11; 12, 13). N&ordm;.-1228. El Bautismo es, pues, un ba&ntilde;o de agua en el que la &ldquo;semilla incorruptible&rdquo; de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador (cf 1 P 1, 23; Ef 5, 26). S. Agust&iacute;n dir&aacute; del Bautismo: &laquo;Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum&raquo; (&laquo;Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento&raquo;, Ev. Jo. 80, 3). La iniciaci&oacute;n cristiana N&ordm;.-1229. Desde los tiempos apost&oacute;licos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciaci&oacute;n que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido r&aacute;pida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversi&oacute;n, la profesi&oacute;n de fe, el Bautismo, la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, el acceso a la comuni&oacute;n. N&ordm;.-231 Desde que el bautismo de los ni&ntilde;os vino a ser la forma habitual de celebraci&oacute;n de este sacramento, &eacute;sta se ha convertido en un acto &uacute;nico que integra de manera muy abreviada las etapas previas a la iniciaci&oacute;n cristiana. ************************************************* TIEMPO DE CUARESMA RETIRO DE CUARESMA: PRIMERA MEDITACI&Oacute;N 1.- LA CUARESMA, CAMINO HACIA LA PASCUA. Pero qu&eacute; lejos estamos todav&iacute;a, queridos hermanos, de haber llegado a la meta. Por eso, necesitamos muchas cuaresmas o cuarentenas de oraci&oacute;n y penitencia de nuestros pecados para llegar a morir y resucitar con Cristo, para vivir y celebrar la Pascua con Cristo. Es tiempo de adentrarnos por la oraci&oacute;n y los sacramentos en los misterios de Cristo, que son los misterios de la misma vida de Dios y de los hombres, el misterio de la vida y de la muerte humana a la luz de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Es tiempo de retirarnos al desierto de la soledad meditativa, al desierto del ayuno y penitencia de nuestras soberbias, consumismos y pecados. En este tiempo santo de la cuaresma vuelven a hacerse presentes el para&iacute;so y el pecado de Ad&aacute;n y Eva, la promesa de Salvaci&oacute;n, la liberaci&oacute;n de Egipto y la Alianza en la sangre, el madero y la cruz, el pecado y la misericordia, el bautismo y el sacramento de la Penitencia con el nacer y renacer a la vida de Dios, y la cena eucar&iacute;stica, como la nueva y definitiva Alianza en la sangre del Cordero, que quita el pecado del mundo y es el triunfo definitivo sobre el pecado y la muerte, por la pascua de Cristo Resucitado. Para todo esto es la Cuaresma. Para que lo recordemos, lo meditemos y lo vivamos. Y para todo esto es absolutamente necesario el desierto y la oraci&oacute;n, &ldquo;el silencio de los sentidos&rdquo; que dir&iacute;a San Juan de la Cruz, para poder percibir mejor la voz del Se&ntilde;or en nuestra conciencia. 2.- LA CUARESMA FUE INAUGURADA POR CRISTO EN EL DESIERTO PARA PREDICAR EL REINO DE DIOS POR LA CONVERSI&Oacute;N Queridos hermanos, todos necesitamos del desierto en nuestras vidas. Hasta el mismo Cristo lo necesit&oacute; y no lo hizo para darnos ejemplo; sino que se retir&oacute; a orar al comienzo de su vida p&uacute;blica para descubrir y poder vencer las falsas concepciones del Reino de Dios, que sus contempor&aacute;neos ten&iacute;an en relaci&oacute;n con el Mes&iacute;as prometido y con su mensaje; necesit&oacute; la soledad y el silencio de las criaturas para orar y no desviarse por la tentaci&oacute;n de mesianismos puramente terrenos, consumistas y temporalistas, a los que el mundo quiere siempre reducir todo, hasta el mismo evangelio y el reino de Dios sobre la tierra. La Iglesia y los cristianos tendremos siempre esa tentaci&oacute;n. Por eso necesitamos rezar bien el tercero de los misterios luminosos del santo rosario: la predicaci&oacute;n del reino de Dios por la conversi&oacute;n. Por eso nosotros y todos los seguidores de Cristo necesitaremos siempre la soledad y el desierto para encontrarnos con Dios y con nosotros mismos, y de esta forma, lejos de influencias mundanas del poder y &eacute;xito terrenos, poder descubrir las verdaderas razones de nuestro vivir cristiano y tener el gozo de encontrarnos a solas con &Eacute;l, con el Eterno, el Infinito, el Trascendente y perdernos por alg&uacute;n tiempo en la inmensidad del Absoluto. Para la mentalidad b&iacute;blica, el desierto nunca es un t&eacute;rmino, sino un lugar de paso, como en el caso de El&iacute;as: &ldquo;Y levant&aacute;ndose, comi&oacute; y bebi&oacute;; y con la fuerza de aquel manjar camin&oacute; cuarenta d&iacute;as y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Orbe&rdquo; (1 Re 19, 8). El desierto fue el camino del &eacute;xodo del pueblo jud&iacute;o desde la esclavitud hasta la libertad de la tierra prometida: &ldquo;Acu&eacute;rdate, Israel, del camino que Yav&eacute; te ha hecho andar durante cuarenta a&ntilde;os a trav&eacute;s del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu coraz&oacute;n y ver si guardabas o no sus mandamientos. Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre para alimentarte luego con el man&aacute;, desconocido de tus mayores, para que aprendieras que no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino de cuanto procede de la boca de Yav&eacute;. Tus vestidos no se gastaron sobre ti, ni se hincharon tus pies durante esos cuarenta a&ntilde;os. Reconoce, pues, en tu coraz&oacute;n que Yav&eacute;, tu Dios, te corrige a la manera como un padre lo hace con su hijo. Guarda los mandamientos de Yav&eacute;, tu Dios, sigue sus caminos y prof&eacute;sale temor&rdquo; (1Re 18. 2-6). En la vida de Jes&uacute;s el desierto es un per&iacute;odo de preparaci&oacute;n inmediata a su ministerio p&uacute;blico: &ldquo;Al punto el Esp&iacute;ritu lo empuj&oacute; hacia el desierto. Y estuvo en &eacute;l durante cuarenta d&iacute;as, siendo tentado por Satan&aacute;s, y viv&iacute;a entre las fieras, pero los &aacute;ngeles le serv&iacute;an&rdquo; (Mc 1, 12). Es tambi&eacute;n una evasi&oacute;n frente al acoso de las turbas: &ldquo;Y &Eacute;l les dijo: &ldquo;Venid tambi&eacute;n vosotros a un lugar apartado en el desierto, y descansad un poco&rdquo; (Mc 6, 31). Es un ambiente propicio para la oraci&oacute;n: &ldquo;Una vez que despidi&oacute; al pueblo, subi&oacute; al monte a solas para orar&rdquo; (Mt 14, 23); y para la meditaci&oacute;n prolongada: &ldquo;Por aquellos d&iacute;as fue Jes&uacute;s a la monta&ntilde;a para orar, y pas&oacute; la noche orando a Dios. Cuando lleg&oacute; el d&iacute;a, llam&oacute; a sus disc&iacute;pulos y eligi&oacute; doce de entre ellos, a los que llam&oacute; tambi&eacute;n ap&oacute;stoles&rdquo; (Lc 6, 12). El desierto, en fin, es un manantial donde saciar la sed de verse a solas con el Padre: &ldquo;Quedaos aqu&iacute; mientras voy a orar... Y adelant&aacute;ndose El un poco, cay&oacute; en tierra y rogaba: &iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&rdquo; (Mc 14, 32-35). Si Jes&uacute;s y los profetas y los hombres de Dios se retiraron con frecuencia al desierto para descubrir y seguir su voluntad, es l&oacute;gico que nosotros tambi&eacute;n lo hagamos. Retirarse al desierto no es s&oacute;lo ir all&iacute; materialmente. Para muchos podr&iacute;a ser un lujo. Se trata de hacer un poco de desierto en la propia vida. Hacer el desiertointerior significa retirarse a solas con Dios en la oraci&oacute;n personal, habituarse a la autonom&iacute;a personal, a encerrarse con los propios pensamientos y sentimientos, sin testigos ajenos, para meditar, reflexionar, discernir, potenciar y seguir la voz del Se&ntilde;or. Hacer el desierto significa dedicar peri&oacute;dicamente tiempo largo a la oraci&oacute;n; significa subir a una monta&ntilde;a solitaria; significa levantarse de noche para orar. En fin, hacer el desierto no significa otra cosa que obedecer a Dios. Porque existe un mandamiento, sin duda el m&aacute;s olvidado, especialmente por quienes se dicen &laquo;comprometidos&raquo;, por los militantes, los sacerdotes y tambi&eacute;n los obispos&hellip;, que nos manda interrumpir el trabajo, desprendernos de nuestros compromisos y aceptar cierta inactividad en beneficio de la contemplaci&oacute;n. No tem&aacute;is que la comunidad sufra alg&uacute;n da&ntilde;o a causa de vuestro aislamiento moment&aacute;neo. No tem&aacute;is que disminuya vuestro amor por el pr&oacute;jimo; sino todo lo contrario, al aumentar vuestra relaci&oacute;n y amor personal con Dios, como todo amor verdadero a Dios pasa por el amor a los hermanos, ya se encargar&aacute; Dios mismo de que revisemos y potenciemos nuestro amor a los hermanos y todo nuestro apostolado. S&oacute;lo un amor intenso y personal a Dios puede sostener y conservar la caridad a los hermanos en toda su frescura y lozan&iacute;a divinas. Por eso negar el desierto implica negar la dimensi&oacute;n espiritual, el contacto con Dios, la necesidad de la oraci&oacute;n personal prolongada, el trato cara a cara con Dios y con nosotros mismos sin otras mediaciones, la dimensi&oacute;n vertical de la existencia propiamente cristiana. La gran conquista hecha en nuestros d&iacute;as por la comunidad y el cristianismo comunitario en la vida cristiana, a saber, la superaci&oacute;n del individualismo lit&uacute;rgico y oracional precedente, el gozo de orar en com&uacute;n en el marco de una liturgia renovada, no puede ser en detrimento de la oraci&oacute;n personal que debe ser fuente, marco y jugo transformador de toda gracia y experiencia y celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica y comunitaria. La oraci&oacute;n y la experiencia personal de Dios es la &uacute;nica que puede llevarnos a la plena madurez de la uni&oacute;n con Dios, a la santidad, la vivencia de lo que celebramos y vivimos en la liturgia, a la contemplaci&oacute;n de los misterios celebrados. No quisiera, por &uacute;ltimo, que la obediencia a esta palabra de Jes&uacute;s &ldquo;Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, all&iacute; estoy Yo en medio de ellos&rdquo; (Mt 18. 20), nos hiciese olvidar esta otra palabra tambi&eacute;n suya: &ldquo;Cuando ores entra en tu habitaci&oacute;n y, habiendo cerrado la puerta, ora a tu Padre que est&aacute; presente en el secreto&rdquo; (Mi 6, 6), potenciadas con su mismo comportamiento, especialmente en aquellos momentos de su vida, en que, para realizar mejor las obras del Padre y amar m&aacute;s y mejor a los hermanos, como cuando quer&iacute;an proclamarle rey, se retira por las noches o en medio de la multitud, al desierto de la oraci&oacute;n. Quisiera terminar este apartado con unas palabras del Vaticano II: &laquo;Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados m&aacute;s intensamente a o&iacute;r la Palabra de Dios y a la oraci&oacute;n, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo y la preparaci&oacute;n del Bautismo y mediante la Penitencia, d&eacute;se particular relieve en la liturgia y en la catequesis lit&uacute;rgica al doble car&aacute;cter de dicho tiempo&raquo; (SC109). 3.- NECESIDAD DE LA ORACI&Oacute;N COMO APOSTOLADO PRIMERO Y BASE DE TODA ACCI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA. He formulado as&iacute; este apartado, porque seguimos con un concepto anticuado y parcial de apostolado, que hace que sea in&uacute;til tanto trabajo y acciones llamadas apost&oacute;licas, porque el &ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; o &ldquo;venid vosotros a un sitio aparte&rdquo;, no cuenta para nada. Para hacer las acciones verdaderamente apost&oacute;licas, que son acciones de Cristo, necesitamos el esp&iacute;ritu de Cristo, los sentimientos de Cristo y la fuente principal para beber este esp&iacute;ritu, es la oraci&oacute;n; lo ha dicho y realizado en su vida Cristo; lo ha dicho infinidad de veces el Papa Juan Pablo II; lo han dicho y testimoniado todos los santos, todos los verdaderos ap&oacute;stoles que han existido y existir&aacute;n y nada, seguimos con un concepto rancio y anticuado de apostolado de pensar que apostolados son s&oacute;lo y principalmente acciones. El cristiano, sobre todo, si es sacerdote, debe ser, como el mismo Cristo, hombre de oraci&oacute;n. Esta es su verdadera identidad. Lo ha dicho muy claro el Papa Juan Pablo II en la Carta Apost&oacute;lica NMI, que cito varias veces en este libro. Por otra parte, basta abrir el evangelio para ver y convencerse de que Jes&uacute;s es un hombre de oraci&oacute;n: comienza su vida p&uacute;blica con cuarenta d&iacute;as en el desierto; se levanta muy de madrugada cuando todav&iacute;a no ha salido el sol, para orar en descampado; pasa la noche en oraci&oacute;n antes de elegir a los Doce; ora despu&eacute;s del milagro de los panes y los peces, retir&aacute;ndose solo, al monte; ora antes de ense&ntilde;ar a sus disc&iacute;pulos a orar; ora antes de la Transfiguraci&oacute;n; ora antes de realizar cualquier milagro; ora en la &Uacute;ltima Cena para confiar al Padre su futuro y el de su Iglesia. En la oraci&oacute;n de Getseman&iacute; se entrega por completo a la voluntad del Padre. En la cruz le dirige las &uacute;ltimas invocaciones, llenas de angustia y de confianza. Por todo lo cual, para ayudarnos en este camino de conversi&oacute;n, ning&uacute;n maestro mejor, ninguna ayuda mejor que Jes&uacute;s. Por la oraci&oacute;n, que nos hace encontrarnos con &Eacute;l y con su palabra y Evangelio, vamos cambiando nuestra mente y nuestro esp&iacute;ritu por el suyo: &ldquo;Pues el hombre natural no comprende las realidades que vienen del Esp&iacute;ritu de Dios; son necedad para &eacute;l y no puede comprenderlas porque deben juzgarse espiritualmente. Por el contrario, el hombre espiritual lo comprende, sin que &eacute;l pueda ser comprendido por nadie. Porque &iquest;qui&eacute;n conoci&oacute; la mente del Se&ntilde;or de manera que pueda instruirle? (Is 40,3)&rdquo;. Sin embargo, nosotros poseemos la mente de Cristo&rdquo; (1Cor 2,16-18). Es aqu&iacute;, en la oraci&oacute;n de conversi&oacute;n, donde nos jugamos toda nuestra vida espiritual, sacerdotal, cristiana, el apostolado... todo nuestro ser y existir, desde el Papa hasta el &uacute;ltimo creyente, todos los bautizados en Cristo: o descubres al Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a y empiezas a amarle, es decir, a convertirte a &Eacute;l o no quieres convertirte a &Eacute;l y pronto empezar&aacute;s a dejar la oraci&oacute;n porque te resulta duro estar delante de &Eacute;l sin querer corregirte de tus defectos; adem&aacute;s, no tendr&iacute;a sentido contemplarle, escucharle, para hacer luego lo contrario de lo que &Eacute;l te pide o ense&ntilde;a desde la oraci&oacute;n y su misma presencia eucar&iacute;stica; igualmente la santa Misa no tendr&aacute; sentido espiritual para nosotros, si no queremos ofrecernos con &Eacute;l en adoraci&oacute;n a la voluntad del Padre, que es nuestra santificaci&oacute;n, y menos sentido tendr&aacute; la comuni&oacute;n, donde Cristo viene para vivir su vida en nosotros y salvar as&iacute; actualmente a sus hermanos los hombres, por medio de nuestra humanidad prestada. Queridos hermanos, no podemos hacer las obras de Cristo sin el amor y el esp&iacute;ritu de Cristo. Si no nos convertimos, si no estamos unidos a Cristo como el sarmiento a la vid, la savia ir&aacute; por un sarmiento lleno de obst&aacute;culos, por una vena sangu&iacute;nea tan obstruida por nuestros defectos y pecados, que apenas puede llevar sangre y salvaci&oacute;n de Cristo al cuerpo de tu parroquia, de tu familia, de tu grupo, de tu apostolado. Sin uni&oacute;n vital y fuerte con Cristo, poco a poco tu cuerpo apenas recibir&aacute; la vida de Cristo e ir&aacute; debilit&aacute;ndose tu fuego y santidad evang&eacute;lica. No podemos hacer las obras de Cristo sin el esp&iacute;ritu de Cristo. Y para llenarnos de su Esp&iacute;ritu, Esp&iacute;ritu Santo, antes hay que vaciarse. Es l&oacute;gico. No hay otra posibilidad ni nunca ha existido ni existir&aacute;, sin uni&oacute;n con Dios. En esto est&aacute;n de acuerdo todos los santos. Ahora bien, a nadie le gusta que le se&ntilde;alen con el dedo, que le descubran sus pecados y esta es la raz&oacute;n de la dificultad de toda oraci&oacute;n, especialmente de la oraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante el Se&ntilde;or, que nos quiere totalmente llenar de su amor, y nosotros preferimos seguir llenos de nuestros defectos, de nuestro amor propio, del total e inmenso amor que nos tenemos y por eso no la aguantamos. Y as&iacute; nos va. Y as&iacute; le va a la Iglesia. Y as&iacute; tambi&eacute;n a organigramas y acciones, que llamamos apostolado, pero que son puras acciones nuestras, porque no est&aacute;n hechas unidos a Cristo, con el esp&iacute;ritu de Cristo:&ldquo;Si el sarmiento no est&aacute; unido a la vid, no puede dar fruto&rdquo;. El primer apostolado es cumplir la voluntad del Padre, como Cristo: &ldquo;Mi comida es hacer la voluntad del que me envi&oacute; y acabar su obra&rdquo; (Jn 4,34), o con S. Pablo: &ldquo;Porque la voluntad de Dios es vuestra santificaci&oacute;n&rdquo; (1Tes 4,3). El apostolado primero y m&aacute;s esencial de todos es ser santos, es estar y vivir unidos a Dios, y para ese apostolado, la oraci&oacute;n es lo primero y esencial. Lo ha dicho muy claro el Papa Juan Pablo II en la Carta Apost&oacute;lica NMI. Y lamento enormemente c&oacute;mo esto se sigue ignorando en S&iacute;nodos y reuniones arciprestales y pastorales, donde seguimos con un concepto rancio de apostolado, anticuado, identificado con actividades m&aacute;s que en la oraci&oacute;n, el mejor y el fundamento de todos los apostolados cristianos porque nos une directamente con la fuente de todo apostolado, que es Cristo. Hacia &Eacute;l tienen que ir dirigidos todos nuestros pasos, cosa imposible cuando no oramos ni nosotros. Y por esta raz&oacute;n, la oraci&oacute;n ha de ser siempre el coraz&oacute;n y el alma de todo apostolado. Hay muchos apostolados sin Cristo, aunque se guarden las formas; pero sin conversi&oacute;n, no podemos llegar al amor personal de Cristo y sin amor personal a Cristo, puede haber acciones, muy bien programadas, muy llamativas, pero no son apostolado, porque no se hacen con Cristo, mirando y llevando las almas a Cristo. As&iacute; es como defin&iacute;amos antes al apostolado: llevar las almas a Dios. Ahora, la verdad es que no se a d&oacute;nde las llevamos muchas veces, incluso en los mismos sacramentos, por la forma de celebrarlos. Desde el momento en que renunciamos a la conversi&oacute;n permanente, nos hemos cargado la parte principal de nuestro sacerdocio como sacramento de Cristo, prolongaci&oacute;n de Cristo, humanidad supletoria de Cristo, porque no podremos llegar a una amistad sincera y vivencial con &Eacute;l y l&oacute;gicamente se perder&aacute; la eficacia principal de nuestro apostolado. Cristo no lo pudo decir m&aacute;s claro, pero en las programaciones pastorales se ignora con mucha frecuencia: &ldquo;Yo soy la vid verdadera y mi padre es el vi&ntilde;ador. Todo sarmiento que en mi no lleve fruto, lo cortar&aacute;; y todo el que de fruto, lo podar&aacute;, para que de mas fruto.... como el sarmiento no puede dar fruto de s&iacute; mismo si no permaneciere en la vid, tampoco vosotros si no permanec&eacute;is en mi. Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en m&iacute; y yo en el, ese da mucho fruto, porque sin mi no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; (Jn 15 1-5). Si no se llega a esta uni&oacute;n con el &uacute;nico Sacerdote y Ap&oacute;stol y Salvador que existe, tendr&aacute;s que sustituirlo por otros sacerdocios, apostolados y salvaciones, sencillamente porque no has querido que Dios te limpie del amor idol&aacute;trico que te tienes y as&iacute;, aunque llegues a altos cargos y dem&aacute;s... estar&aacute;s tan lleno de ti mismo que en tu coraz&oacute;n no cabe Cristo, al menos en la plenitud que &Eacute;l quiere y para la que te ha llamado. Pero eso s&iacute;, esto no es impedimento para que seas buena persona, tolerante, muy comprensivo, pero de hablar y actuar claro y encendido y eficazmente en Cristo, nada de nada; y no soy yo, lo ha dicho Cristo: trabajar&aacute;s m&aacute;s mirando tu gloria que la de Dios, sencillamente porque pescar sin Cristo es trabajo in&uacute;til y las redes no se llenan de peces, de eficacia apost&oacute;lica. Y as&iacute; es sencillamente la vida de muchos cristianos, sacerdotes, religiosos, que, al no estar unidos a &Eacute;l con toda la intensidad y uni&oacute;n que el Se&ntilde;or quiere, l&oacute;gicamente no podr&aacute;n producir los frutos para los que fuimos elegidos por &Eacute;l. &iquest;De d&oacute;nde les ha venido a todos los santos, as&iacute; como a tantos ap&oacute;stoles, obispos, sacerdotes, hombres y mujeres cristianas, religiosos/as, padres y madres de familia, misioneros y catequistas, que han existido y existir&aacute;n, su eficacia apost&oacute;lica y su entusiasmo por Cristo? De la experiencia de Dios, de constatar que Cristo existe y es verdad y vive y sentirlo y palparlo, no meramente estudiarlo, aprenderlo o creerlo como si fuera verdad. Esta fe vale para salvarse, pero no para contagiar pasi&oacute;n por Cristo. &iquest;Por qu&eacute; los Ap&oacute;stoles permanecieron en el Cen&aacute;culo, llenos de miedo, con las puertas cerradas, antes de verle a Cristo resucitado? &iquest;Por qu&eacute; incluso, cuando Cristo se les apareci&oacute; y les mostr&oacute; sus manos y sus pies traspasados por los clavos, permanecieron todav&iacute;a encerrados y con miedo? &iquest;Es que no hab&iacute;an constatado que hab&iacute;a resucitado, que estaba en el Padre, que ten&iacute;a poder para resucitar y resucitarnos? &iquest;Por qu&eacute; el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s abrieron las puertas y predicaron abiertamente y se alegraron de poder sufrir por Cristo? Porque ese d&iacute;a lo sintieron dentro, Cristo vino como hecho fuego, como llama ardiente en su coraz&oacute;n, y eso vale m&aacute;s que todo lo que vieron sus ojos de carne en los tres a&ntilde;os de Palestina e incluso en la mismas apariciones de resucitado. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s vino Cristo todo hecho fuego y llama de Esp&iacute;ritu Santo a sus corazones, no con experiencia puramente externa de aparici&oacute;n corporal, sino con presencia y fuerza de Esp&iacute;ritu quemante, sin mediaciones exteriores o de carne, sino hecho Allama de amor viva@, y esto les quem&oacute; y abras&oacute; las entra&ntilde;as, el cuerpo y el alma y esto no se puede sufrir sin comunicarlo. &ldquo;Mar&iacute;a guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&rdquo;. Ah&iacute; es donde nuestra hermosa Nazaretana, la Virgen bella aprendi&oacute; a conocer a su hijo Jesucristo y todo su misterio, y lo guardaba y lo amaba y lo llenaba con su amor, pero a oscuras, por la fe, y as&iacute; lo fue conociendo, &laquo;concibiendo antes en su coraz&oacute;n que en su cuerpo&raquo;. Pablo no conoci&oacute; al Cristo hist&oacute;rico, no le vio, no habl&oacute; con &Eacute;l, en su etapa terrena. Y &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? Pues que para m&iacute; y para mucha gente le am&oacute; m&aacute;s que otros ap&oacute;stoles que lo vieron f&iacute;sicamente. El lo vio en vivencia y experiencia m&iacute;stica, espiritual, sinti&eacute;ndolo dentro, vivo y resucitado sin mediaciones de carne, sino de esp&iacute;ritu a esp&iacute;ritu. De ah&iacute; le vino toda su sabidur&iacute;a de Cristo, todo su amor a Cristo, toda su vida en Cristo hasta decir: &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;@ Este Cristo, fuego de vivencia y Pentecost&eacute;s personal lo derrib&oacute; del caballo y le hizo cambiar de direcci&oacute;n, convertirse del camino que llevaba, transformarse por dentro con amor de Esp&iacute;ritu Santo. Nos los dice El mismo: &ldquo;Yo s&eacute; de un cristiano, que hace catorce a&ntilde;os fue arrebatado hasta el tercer cielo, con el cuerpo o sin el cuerpo &iquest;qu&eacute; se yo? Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al para&iacute;so y oy&oacute; palabras arcanas que un hombre no es capaz de repetir, con el cuerpo o sin el cuerpo &iquest;qu&eacute; se yo?, Dios los sabe&rdquo; (2Cor 12,2-4). Esta experiencia m&iacute;stica, esta contemplaci&oacute;n infusa, vale m&aacute;s que cien apariciones externas del Se&ntilde;or. Tengo amigos, con tal certeza y seguridad y fuego de Cristo, que si se apareciese fuera de la Iglesia, permanecer&iacute;an ante el Sagrario o en la misa o en el trabajo, porque esta manifestaci&oacute;n, que reciben todos los d&iacute;as del Se&ntilde;or por la oraci&oacute;n, no aumentar&iacute;a ni una mil&eacute;sima su fe y amor vivenciales, m&aacute;s quemantes y convincentes que todas las manifestaciones externas. La mayor pobreza de la Iglesia es la pobreza m&iacute;stica. Y lo peor es que hoy est&aacute; tan generalizada esta pobreza, tanto arriba como abajo, que resulta dif&iacute;cil encontrar personas que hablen encendidamente de la persona de Cristo, de su presencia y misterio, y los escritos m&iacute;sticos y exigentes ordinariamente no son &eacute;xitos editoriales ni de revistas. Repito: la mayor pobreza de la iglesia es la pobreza de vida m&iacute;stica, de vivencia de Dios, de deseos de santidad, de oraci&oacute;n, de transformaci&oacute;n en Cristo:&ldquo;Estoy crucificado con Cristo, vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo...&rdquo;, pero conocimiento vivencial, de esp&iacute;ritu a esp&iacute;ritu, o si quieres, comunicado por el Esp&iacute;ritu Santo, fuego, alma y vida de Dios Trino y Uno. Todos y cada uno de nosotros, desde que somos engendrados en el seno de nuestra madre, nos queremos infinito a nosotros mismos, m&aacute;s que a nuestra madre, m&aacute;s que a Dios, y si no nos convertimos y matamos este yo, permanecemos siempre llenos y dominados por nuestro amor propio, incluso en muchas cosas que hacemos en nombre de Dios. Por eso sin oraci&oacute;n no hay conversi&oacute;n y sin conversi&oacute;n no puede haber uni&oacute;n con Cristo, y sin uni&oacute;n con Cristo, no podemos hacer las acciones de Cristo, no podemos llevar las almas a Cristo, aunque hagamos cosas muy lindas y llamativas, porque estamos llenos de nosotros mismos y no cabe Cristo en nuestro coraz&oacute;n y sin amor a Cristo sobre el amor propio, algo haremos, pero muy bajito de amor a Cristo. Por otra parte, si alguno trata de expresarnos defectos o deficiencias apost&oacute;licas que observa, aunque sea con toda la delicadeza y prudencia del mundo, qu&eacute; dif&iacute;cil escucharle y valorarlo y tenerlo junto a nosotros y darle confianza; as&iacute; que para escalar puestos, a cualquier nivel que sea, ya sabemos todos lo que tenemos que hacer: dar la raz&oacute;n en todo al superior de turno y silenciar todos sus fallos, aunque la vida apost&oacute;lica no avance, el seminario est&eacute; bajo m&iacute;nimos y los sacerdotes ni hablen ni entiendan de santidad y perfecci&oacute;n en el amor a Dios. Hay demasiados profetas palaciegos en la misma Iglesia de Cristo, dentro y fuera del templo, m&aacute;s preocupados por agradar a los hombres y buscar la propia gloria que la de Dios, que la verdadera verdad y eficacia del evangelio. Jerem&iacute;as se quej&oacute; de esto ante el Dios, que lo eleg&iacute;a para estas misiones tan exigentes; el temor a sufrir, a ser censurado, rechazado, no escalar puestos, perder popularidad, ser tachado de intransigente, no justificar&aacute; nunca nuestro silencio o falsa prudencia. &ldquo;La palabra del Se&ntilde;or se volvi&oacute; para m&iacute; oprobio y desprecio todo el d&iacute;a. Me dije: no me acordar&eacute; de el, no hablar&eacute; m&aacute;s en su nombre; pero la palabra era en mis entra&ntilde;as fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no pod&iacute;a&rdquo; (Jr 20,7-9). El profeta de Dios corregir&aacute;, aunque le cueste la vida. As&iacute; lo hizo Jes&uacute;s, aunque sab&iacute;a que esto le llevar&iacute;a a la muerte. No se puede hablar tan claro a los poderosos, sean pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos o religiosos. &Eacute;l lo sab&iacute;a y los profetiz&oacute;, les habl&oacute; en nombre de Dios. Y ya sabemos lo que le pas&oacute; por hablarles as&iacute;. Hoy y siempre seguir&aacute; pasando y repiti&eacute;ndose su historia en otros hermanos. Lo natural es rehuir ser perseguidos y ocupar &uacute;ltimos puestos. As&iacute; que por estos y otros motivos, porque la santidad es siempre costosa en s&iacute; misma por la muerte del yo que exige y porque adem&aacute;s resulta dif&iacute;cil hablar y ser testigos del evangelio en todos los tiempos, los profetas del Dios vivo y verdadero, en ciertas &eacute;pocas de la historia, quiz&aacute;s cuando son m&aacute;s necesarios, son cada vez menos o no los colocamos en alto y en los p&uacute;lpitos elevados para que se les oiga. Y eso que todos hemos sido enviados desde el santo bautismo a predicar y ser testigos de la Verdad. Por eso escasean los profetas a ejemplo de Cristo, del Bautista, de los verdaderos y evang&eacute;licos que nos hablen en nombre de Dios y nos digan no con claridad a muchas de nuestras actitudes y criterios; primero, porque hay que estar muy limpios, y segundo, porque hay que estar dispuestos a sufrir por el reinado de Dios y quedar en segundos puestos. Y esto se nota y de esto se resiente luego la Iglesia. &Uacute;nica medicina: la experiencia de Jesucristo vivo mediante la oraci&oacute;n y la conversi&oacute;n permanente, que da fuerzas y &aacute;nimo para estas empresas. La paz de la oraci&oacute;n consiste en sentirse lleno de Dios, plenificado por Dios en el propio ser y, al mismo tiempo, completamente vac&iacute;o de s&iacute; mismo, a fin de que &Eacute;l sea Todo en todas las cosas. Todo en mi nada. En la oraci&oacute;n, todos somos como Mar&iacute;a Virgen: sin vac&iacute;o interior, sin la pobreza radical, no hay oraci&oacute;n, pero tampoco la hay sin la Acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Porque orar es tomar conciencia de mi nada ante Quien lo es todo. Porque orar es disponerme a que &Eacute;l me llene, me fecunde, me penetre, hasta que sea una sola cosa con &Eacute;l. Como Mar&iacute;a Virgen: alumbradora de Dios en su propia carne, pues para Dios nada hay imposible. Vac&iacute;o es pobreza. Pero pobreza asumida y ofrecida en la alegr&iacute;a. Nadie m&aacute;s alegre ante los hombres que el que se siente pobre ante Dios. Cuanto menos sea yo desde mi mismo, desde mi voluntad de poder, tanto m&aacute;s ser&eacute; yo mismo de &Eacute;l y para los dem&aacute;s. Donde no hay pobreza no hay oraci&oacute;n, porque el humano (hombre o mujer ) que quiere hacerse a s&iacute; mismo, no deja lugar dentro de s&iacute;, de su existencia, de su psiquismo a la acci&oacute;n creadora y recreadora del Esp&iacute;ritu. (ANTONIO L&Oacute;PEZ BAEZA: Un Dios locamente enamorado de t&iacute;, Sal Terrae, 2002, pag. 93-4) SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N EL REINO DE DIOS ES QUE DIOS SEA EL &Uacute;NICO DIOS DE NUESTRA VIDA, ABAJO TODOS LOS &Iacute;DOLOS; QUE TODOS LOS HOMBRES SEAN HERMANOS; Y HACER UNA MESA MUY GRANDE, DONDE TODOS SE SIENTEN, ESPECIALMENTE LOS POBRES El tiempo designado por Dios para la redenci&oacute;n de la humanidad se ha cumplido; el Hijo ha sido enviado para dar la buena noticia e instaurar en la tierra el reino de Dios. Para eso es necesario creer en el Evangelio predicado por Cristo y pasar de una mentalidad y unos criterios puramente humanos a la nueva mentalidad y realidades que implanta el reino o reinado de Dios en la tierra; el reino de Dios es que Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida; todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa muy grande, muy grande, donde todos se sienten, pero especialmente los que ordinariamente nos son invitados: los pobres, los incultos, los marginados, los desheredados&hellip; Para esto envi&oacute; el Padre a su Hijo y este era el alimento y la comida de la que &Eacute;l se alimentaba en su oraci&oacute;n, apostolado y relaci&oacute;n con el Padre: &ldquo;Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado&rdquo;. Implantar en la tierra por medio de su Iglesia el reinado de Dios, el proyecto del Padre sobre los hombres y la humanidad fue la raz&oacute;n de su ser y existir, de su vivir y predicar, de su amar y sufrir y morir diciendo: &ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;. El deseo de que Dios fuera reconocido como el &uacute;nico Dios de la humanidad, destronando del coraz&oacute;n de los hombres los &iacute;dolos fabricados por el materialismo y el consumismo, vencer todos los rencores y odios que dividen a los hombres, y superar todos los ego&iacute;smos que nos dividen en ricos y pobres, en cultos e incultos, en poderosos y esclavos, constituyendo una nueva humanidad basada en el amor, la verdad y la justicia. Este empe&ntilde;o centr&oacute; todos sus esfuerzos, motiv&oacute; todas sus decisiones y dio sentido a toda su actividad aqu&iacute; en la tierra, donde Dios fue lo primero y lo absoluto, y los peque&ntilde;os y los pobres en sus diversas denominaciones fueron los preferidos. El reino de Dios es un proyecto de nueva humanidad, anticipo del cielo, esto es, del Reino del Amor Trinitario, que Cristo baj&oacute; en su misma persona desde el cielo y que era &Eacute;l mismo; esta fue su misma vivencia de Amor esencial al Padre como primero y absoluto de su existencia, vivido en plenitud en su misma vida, en totalidad de amor y obediencia al Padre, en adoraci&oacute;n y obediencia total hasta dar la vida, y destronando de su coraz&oacute;n el culto idol&aacute;trico al dinero, al ego&iacute;smo, a la comodidad, a los cargos y honores, a toda clase de becerros dorados que el hombre entroniza en su coraz&oacute;n, destronando al Dios verdadero. Y si Dios es lo primero, el amor a Dios pasa, como podemos observar por la vida y el evangelio de Cristo, por el amor a los hermanos. No se puede amar a Dios en plenitud y perfecci&oacute;n sin amar a los hermanos, que por la fe son hijos de Dios, con opci&oacute;n preferencial y no exclusiva por los pobre, los humillados, los marginados y necesitados de cualquier clase. Y como este era el encargo y mandato principal del Padre y la raz&oacute;n de su Encarnaci&oacute;n y de su misi&oacute;n, inici&oacute; su actividad diciendo: &ldquo;Se ha cumplido el plazo, el reino de Dios est&aacute; cerca, convert&iacute;os y creed la buena noticia&rdquo;. (Mc 1,3). Esta predicaci&oacute;n del reino de Dios choc&oacute; frontalmente con los poderosos de su tiempo. La marginaci&oacute;n, el sectarismo y la falta de comuni&oacute;n nada ten&iacute;a que ver con la alianza pactada con Dios, donde la gloria de Dios ser&iacute;a lo primero y los derechos ser&iacute;an los mismos para todos. Hab&iacute;a mucha separaci&oacute;n y marginaci&oacute;n motivada por el orgullo del saber de los escribas, el orgullo de la ley en su cumplimiento externo por los fariseos, el orgullo del servicio del templo por la casta de los sacerdotes, para rematar con la eterna idolatr&iacute;a del becerro de oro y del tener de los ricos y el orgullo de los pol&iacute;ticos. Si Dios no es lo Absoluto y lo primero, el amor a los hermanos no es posible. A&uacute;n hoy d&iacute;a, en la misma Iglesia de Cristo, nosotros, los creyentes y seguidores de su evangelio, no formamos una mesa grande ni un pueblo unido ni vivimos la fraternidad del reino predicada y vivida por Cristo, y seguimos teniendo separaciones en raz&oacute;n del poder, de dinero o de la posici&oacute;n social o de rentabilidad. No es esto lo que predic&oacute; y por lo que muri&oacute; Cristo: &ldquo;Sab&eacute;is&hellip; que los poderosos oprimen con su poder. Pero no as&iacute; entre vosotros; sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser&aacute; vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, ser&aacute; esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos&rdquo; (Mc 10, 43-54). Vivir la teolog&iacute;a del Reino de Dios, pasar del orgullo del tener y de los reinos de la tierra o jefes de los pueblos al servicio del tener y compartir que es el reino de Dios y el plan de Dios sobre los hombres, no se puede hacer sin la gracia de Dios, sin la ayuda de Dios, que nos viene por la oraci&oacute;n y los sacramentos, especialmente de la Eucarist&iacute;a, donde Cristo ama a los hermanos hasta el extremo de dar la vida. Sin la gracia de Dios es imposible cumplir el deseo de Cristo, de que los primeros se pongan los &uacute;ltimos, de que el que quiera ser el primero se haga el servidor de todos. Esto exige una verdadera &laquo;metanoia&raquo;, un verdadero cambio de criterios y actitudes y esto se llama conversi&oacute;n. Es dejar de vivir, de pensar, de caminar en un sentido para caminar en sentido contrario por amor a Dios. Y este camino de conversi&oacute;n es el &uacute;nico para entrar en el Reino de Dios. Si sigo adorando el dinero, el poder, el consumismo, Dios no puede ser el Se&ntilde;or y Due&ntilde;o de mi vida. Es f&aacute;cil predicar el reino de Dios, pero el vivirlo exige esfuerzo y mucha gracia de Dios. Nosotros no podemos. Porque naturalmente, por el pecado original nos adoramos a nosotros mismos y nos damos culto de la ma&ntilde;ana a la noche. Siempre nos estamos prefiriendo a Dios y a los hermanos. El reino de Dios exige oraci&oacute;n permanente porque hay que vivir en conversi&oacute;n permanente. Si uno se instala en la no exigencia permanente, se instala en la mediocridad y no puede realizar en su vida el Reino de Dios, porque el Dios de Jesucristo deja de ser lo primero y lo absoluto. Por eso dir&aacute; el Se&ntilde;or que &ldquo;el reino de Dios sufre violencia&rdquo;. Queridos hermanos, no hay otro camino para ser santos, para vivir el evangelio, para realizar el proyecto de Dios sobre nuestra vida, para entrar en el Reino de Dios: hay que convertirse. Sacerdotes, laicos, j&oacute;venes y ni&ntilde;os, todos tenemos que vivir en actitud de conversi&oacute;n permanente. Este tiempo santo de Cuaresma nos prepara para vivir la vida nueva de la Pascua, de la humanidad nueva redimida por Cristo, donde Dios se el &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todo los &iacute;dolos del poder y del dinero y del propio yo y orgullo; todos tenemos que ser o trabajar por ser hermanos, porque somos hijos del mismo Padre Dios y tenemos que hacer entre todos una mesa muy grande del mundo, donde puedan sentarse todos, especialmente los marginados y los pobres, que el mundo no sienta nunca a su mesa. &iquest;QU&Eacute; LLEVA CONSIGO VIVIR PENDIENTE DE QUE DIOS SEA LO PRIMERO DE NUESTRA VIDA? Dice San Pablo: &ldquo;Haceos cuenta de que est&aacute;is muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes&uacute;s&rdquo; (Rom 6,10-11). Para que Dios sea lo primero en nuestra vida y vivir en este amor, dos cosas son necesarias. La primera es morir al pecado, romper completamente y sin ambig&uuml;edades y sin piedad alguna con el pecado de cualquier clase que sea; y no s&oacute;lo el pecado mortal, sino con el venial consentido que nos hace mediocres y mata el amor fervoroso a Dios y a los hombre para siempre en nuestra vida cristiana; hay que luchar toda la vida y con todas las fuerzas contra la imperfecciones, infidelidades conscientes y deliberadas. Si queremos vivir para Dios, debemos liberarnos de toda esclavitud de pecado venial consentido; debemos estar dispuestos a cualquier sacrificio para romper los h&aacute;bitos de faltas de caridad, amor propio, orgullo, envidia que matan todo fervor de vida espiritual. Debemos alejarnos con voluntad inflexible de toda ocasi&oacute;n de pecado. No es el pecado mortal el que solo mata al alma; los pecados veniales meten el aburrimiento en la oraci&oacute;n, la rutina en la liturgia y las faltas consentidas veniales en nuestra vida de amor, que terminan matando el fervor y la santidad y la ilusi&oacute;n por Dios y los hermanos. Esta lucha contra los pecados veniales supone renuncias y sacrificios, porque hay que abandonar los anchos caminos de la mediocridad, del consumismo, del escalar y buscar lo primeros puestos, de la envidia que matan el amor fraterno querido por Dios, del organizar nuestra vida seg&uacute;n nuestro criterios y no seg&uacute;n el plan de Dios. Los criterios y opiniones de un mundo decadente y paganizado no deben influir nunca en nuestro comportamiento, debemos superarlo con los criterios y las actitudes evang&eacute;licas, ya que sabemos por S. Juan que &ldquo;todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida&rdquo; (Jn 2,16). Para avanzar por este camino de conversi&oacute;n, especialmente de lucha abierta contra nuestro propio yo, que quiere entronizarse permanentemente en nuestro coraz&oacute;n como &iacute;dolo, que exige consiguientemente culto y adoraci&oacute;n continua y permanente de la ma&ntilde;ana a la noche, hay que orar y recibir la gracia de Dios, especialmente por la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y visita, y por ellas la vida de Dios entra y se potencia en nosotros y vamos avanzando en la muerte del yo y del pecado. Hay que vivir en un di&aacute;logo permanente de oraci&oacute;n y conversi&oacute;n con Dios por medio de Cristo y ayudados por la Madre. De esta forma, nuestros ojos, iluminados por la fe, la esperanza y el amor ver&aacute;n a Dios en todo. Y nuestro coraz&oacute;n y amor guardar&aacute; las justas relaciones con &Eacute;l y con los hombres y con el mundo y con las cosas. Y si caemos, nos levantamos, porque somos d&eacute;biles. Y si caemos mil veces, nos levantamos y no pasa nada. Y si toda la vida seguimos cayendo en caridad y soberbia, tenemos que convertirnos toda la vida y no pasa nada porque si nos convertimos, la gracia nos va transformando por dentro y tenemos vida y llegaremos a la uni&oacute;n con Dios. La santa voluntad de Dios ser&aacute; nuestra norma y nuestra fuerza en cada instante. Este fue el ideal de Cristo. Este debe ser el nuestro. Es estar dispuesto en cada momento a vivir mirando a Dios para cumplir su voluntad. Qui&eacute;n se decide a vivir en esta lucha continua, que nos libera de nosotros mismos, de nuestras esclavitudes, del culto que damos a los &iacute;dolos del mundo: dinero, sexo, consumismo, materialismo&hellip;, &eacute;ste termina siendo santo, unido a Dios. Porque la santidad no consiste en no caer, sino en levantarse siempre con la gracia de Dios, que termina llen&aacute;ndonos de su fuerza y fervor. Tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas. Quiere decir esto que vamos a buscar siempre y en primer lugar a Dios y a su gloria. Y elevarnos sobre el amor propio y el consumismo. Y esta actitud de amor a Dios nos eleva sobre todo lo creado y nos da la seguridad de que Dios nos ama y nos ayuda a soportar con paz lo penoso y duro de este combate. &ldquo;Yo soy el Se&ntilde;or tu Dios, no tendr&aacute; otro dios fuera de mi&rdquo; (Ex 20,2). &iexcl;Ning&uacute;n &iacute;dolo en nuestra vida! Qu&eacute; hermoso ideal. Vamos a vivirlo. Adem&aacute;s no tenemos otra alternativa: o poner en Dios nuestro coraz&oacute;n y todo, o buscarnos a nosotros mismos en todo, incluso en las cosas de Dios, de religi&oacute;n y de culto. &ldquo;Cristo, muriendo, muri&oacute; al pecado de una vez para siempre&rdquo;(Rom 6,11). Nosotros tambi&eacute;n hemos de morir al pecado para siempre si queremos entrar en la intimidad con Dios, si queremos gustar y sentirnos amados por Dios, si queremos llegar a decir las afirmaciones de San Pablo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;; &ldquo;no quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Estoy crucificado con Cristo, vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&hellip;&rdquo; Para esto hay que luchar y desterrar de nosotros toda envidia, provocada por el amor primero y sobre todas las cosas, incluso sobre Dios, que nos tenemos a nosotros mismos y nos hace preferirnos y ponernos delante de los hermanos, no aceptar segundos puestos, ni ser menos honrados y valorados, y de ah&iacute; la cr&iacute;tica, la maledicencia; de ah&iacute; surgen todas nuestras envidias que nos hacen criticar continuamente de los hermanos, entristecernos de sus &eacute;xitos y minar su fama con nuestras murmuraciones que ofenden a Dios y al pr&oacute;jimo; esta cr&iacute;tica amarga y habitual nos impide amar y gustar y tener vivencias y gozo y &eacute;xtasis espirituales de Cristo, oraci&oacute;n, Eucarist&iacute;a&hellip; &ldquo;Amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Este debe ser el lema y la raz&oacute;n de nuestro vivir cristiano, si queremos agradar a Dios, parecernos cada vez m&aacute;s al Hijo Amado, que nos am&oacute; con amor extremo y lav&oacute; los pies de sus disc&iacute;pulos antes de la Cena de Pascua. No debi&eacute;ramos olvidar esto cuando celebramos la Eucarist&iacute;a, con envidias y rencores en nuestro coraz&oacute;n. Que la santa Cuaresma nos d&eacute; fuerzas para seguir en esta lucha cont&iacute;nua. Y luego que este amor se manifieste en mesa grande de caridad para los pobres, que hoy tienen nombres diversos: los deprimidos, los que no dan nada pero necesitan mucho tiempo y cuidado, los enfermos, los ancianos, los mayores abandonados, los hospitales, los hogares para ancianos, los que no tienen cargos ni honores, los que ocupan los segundos y terceros puestos en la vida. Hay que visitarlos, cuidarlos para que sientan la presencia de Dios, para animarlos, para que se sientan apreciados. Examin&eacute;monos: la santa Cuaresma es para eso tambi&eacute;n. Repito, hagamos mucha oraci&oacute;n de conversi&oacute;n, para que en este tiempo de gracia, Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida &iexcl;abajo los &iacute;dolos! Todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa grande, muy grande, donde todos se sienten, pero especialmente los pobres de cualquier clase que sean, porque ordinariamente no son invitados. ************************************************* ********************************************** MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Con el mi&eacute;rcoles de ceniza, que celebramos hoy, comienza la santa cuaresma. La cuaresma es tiempo de gracia, concedido por Dios a sus hijos para la conversi&oacute;n y para la renovaci&oacute;n espiritual. La perspectiva de la cuaresma es la Pascua, es decir, la celebraci&oacute;n anual del misterio central de la fe y salvaci&oacute;n cristianas: Jesucristo es entregado a la muerte para el perd&oacute;n de nuestros pecados como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n y Jesucristo resucita de entre los muertos, venciendo a su muerte y la nuestra, abri&eacute;ndonos de par en par las puertas del cielo a toda la humanidad. Son cuarenta d&iacute;as de preparaci&oacute;n, cincuenta d&iacute;as de celebraci&oacute;n hasta la fiesta de Pentecost&eacute;s. En la Pascua, Dios quiere renovar nuestras vidas con la vida que viene del Resucitado y con la fuerza de su Esp&iacute;ritu Santo, quiere hacer de nosotros nuevas criaturas, quiere hacernos hijos suyos d&aacute;ndonos su misma vida. La cuaresma que comenzamos hoy dura 40 d&iacute;as, evocando los cuarenta d&iacute;as que Jes&uacute;s vivi&oacute; en el desierto en ayuno y oraci&oacute;n, enfrent&aacute;ndose al diablo que vino a tentarle y al que venci&oacute; ya desde el comienzo de su ministerio. Evoca tambi&eacute;n los cuarenta a&ntilde;os que el pueblo de Dios vivi&oacute; peregrino en el desierto camino de la tierra prometida, sometido a todo tipo de pruebas. La Iglesia con el mi&eacute;rcoles de ceniza nos invita a la penitencia y a la conversi&oacute;n. La ceniza es signo de esa actitud humilde de penitencia, porque somos pecadores e imploramos de Dios su misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero. Las pautas de este camino catecumenal hacia la Pascua son: el ayuno, la oraci&oacute;n y la limosna. Por el ayuno, se nos invita a privarnos de aquello que nos estorba en el camino de la vida cristiana. Hemos caminado muchas veces dando gusto a nuestros caprichos, necesitamos austeridad de vida y actuar en contra de nuestros defectos y pecados. Hemos de privarnos no s&oacute;lo de comida, sino de tantas cosas que nos impiden en el camino de la santidad y amor total a Dios. Por la oraci&oacute;n se nos invita a estar m&aacute;s con Dios, a acercarnos todos los d&iacute;as m&aacute;s a &eacute;l, a cuidar esta relaci&oacute;n de nuestra vida, que a veces dejamos desatendida. Nuestra relaci&oacute;n con Dios es filial desde el santo bautismo que nos hace hijos de Dios por la vida de gracia, que nos configura con su Hijo &uacute;nico, Jesucristo. Y esto lleva trato de amistad frecuente, abundantepara vivirla y desarrollarla. La cuaresma es tiempo especial de oraci&oacute;n, para vivir nuestra vida desde Dios y ver nuestra historia y los acontecimientos que nos rodean con los ojos de Dios. Es decir, por una vida m&aacute;s intensa de oraci&oacute;n que alimenta las virtudes teologales que nos unen a Dios,fe, esperanza y caridad y nos hacen templos de la Stma. Trinidad. Finalmente la limosna es la apertura del coraz&oacute;n a los dem&aacute;s, es la caridad con los hermanos, especialmente m&aacute;s necesitados de ayuda tanto material como espiritual. Rezar y pedir por ellos porque por naturaleza humana nos blindamos en nosotros mismos y vivimos y pensamos solo en nosotros y para nosotros. La apertura a Dios por la oraci&oacute;n y el ayuno, nos disponen al amor a los hermanos para compartir con los dem&aacute;s lo que somos y lo que tenemos. La relaci&oacute;n con los dem&aacute;s nos hace crecer en santidad, en amor a Dios y a los hermanos, cumpliendo su mandato: &ldquo;Amaos los unos a los otros como yo os amo&rdquo;. Queridos hermanos, que la santa cuaresma que empezamos hoy, mi&eacute;rcoles de ceniza, nos ayude en este sentido y sea eso para todos nosotros y para toda la iglesia, para el mundo entero, sea santa y santificadora porque la santa cuaresma es tiempo de oraci&oacute;n con Cristo, de caridad, de solidaridadcon los hermanos, de acercarnos a Dios y a los que sufren f&iacute;sica o moralmente y de compartir sus sufrimientos. Queridos hermanos: Que la santa cuaresma que empiezamos hoy sea para toda la iglesia un tiempo de profunda renovaci&oacute;n espiritual de nuestras vidas por la oraci&oacute;n y la penitencia para purificar y aumentar nuestro amor a Dios sobre todas las cosas y a los hermanos. Vivamos as&iacute; la santa cuaresma m&aacute;s unidos a Cristo por la oraci&oacute;n para llegar con &Eacute;la la vida nueva de la Pascua, de la resurrecci&oacute;n con Cristo a su misma vida de amor y entrega total al Padre y a los hermanos. As&iacute; sea. MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA Queridos hermanos: Este mi&eacute;rcoles, 14 de febrero, celebramos el Mi&eacute;rcoles de Ceniza, que marca el comienzo de la santa Cuaresma, que son los 40 d&iacute;as antes del Domingo de Ramos, d&iacute;a de inicio de la Semana Santa. La Iglesia llama en estos cuarenta d&iacute;as a todos los fieles a la conversi&oacute;n y a prepararse para la Pascua mediante la oraci&oacute;n, la limosna y el ayuno. El Mi&eacute;rcoles de Ceniza se caracteriza adem&aacute;s por el rito de la imposici&oacute;n de la ceniza en la frente, haciendo la se&ntilde;al de la cruz, mientras el sacerdote dice las siguientes frases extra&iacute;das de la Biblia: &laquo;Acu&eacute;rdate que eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&raquo; o &laquo;Convi&eacute;rtete y cree en el Evangelio&raquo;. La ceniza se obtiene tras quemar los ramos de olivo y las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del a&ntilde;o anterior. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda, que en pena de nuestras culpas, un d&iacute;a tendremos que volver al polvo. Adem&aacute;s, el mi&eacute;rcoles de ceniza es un d&iacute;a de ayuno y abstinencia obligatoria, al igual que el Viernes Santo, para los mayores de 18 a&ntilde;os y los menores de 60. El ayuno consiste en hacer una comida al d&iacute;a, pero no se proh&iacute;be tomar algo por la ma&ntilde;ana o por la noche. Todos los viernes de Cuaresma los fieles mayores de 14 a&ntilde;os deben abstenerse de comer carne. La palabra Cuaresma proviene de la contracci&oacute;n del t&eacute;rmino latino &laquo;quadragesima (dies&raquo;, &laquo;cuarenta d&iacute;as&raquo;. De hecho, el n&uacute;mero 40 simboliza en la Biblia un tiempo de preparaci&oacute;n y de renovaci&oacute;n espiritual, que recuerdan los 40 d&iacute;as que de Cristo en el desierto antes del comienzo de su vida p&uacute;blica o los cuarenta a&ntilde;os que pas&oacute; en el desierto el pueblo de Israel tras huir de Egipto conducido por Mois&eacute;s. Toda la cuaresma mira a la preparaci&oacute;n y celebraci&oacute;n de la Pascua, de la Resurrecci&oacute;n de Cristo venciendo a la muerte merecida por nuestros pecados. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental del cristianismo, la Iglesia siempre la vivi&oacute; con solemnidad, con verdad y profundidad de fe y religiosidad. Y se preparaba durante estos cuarenta d&iacute;as y noches para celebrarla, a imitaci&oacute;n de Cristo, que se prepar&oacute; durante cuarenta d&iacute;as en el desierto para predicar e instaurar el Reino de Dios en la tierra, por la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados. La Iglesia nos invita hoy a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda que as&iacute; debemos preparamos a celebrar la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, que es garant&iacute;a y fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna conseguida por su muerte y resurrecci&oacute;n para toda la humanidad. Queridos hermanos, vivamos as&iacute; la santa Cuaresma. Retir&eacute;monos durante este tiempo con m&aacute;s frecuencia al desierto de la oraci&oacute;n, vengamos m&aacute;s a la iglesia, a la santa misa durante la semana, al viacrucis los viernes, recemos el rosario solos o en familia, hagamos alguna obra de caridad, visitemos a los enfermos, alg&uacute;n sacrifico o mortificaci&oacute;n de la lengua, de cosas que nos gustan&hellip; para resucitar con Cristo en la pascua con m&aacute;s fe y amor y caridad a Dios y nuestros hermanos los hombres. Lo necesitan nuestras familias, nuestros hijos, este mundo que se est&aacute; quedando tan solo, triste y pagano, sin Dios, sin amor, sin amigos. Sacrifiqu&eacute;monos y vivamos este a&ntilde;o la santa cuaresma. Lo necesitamos todos, lo necesita la Iglesia de Cristo. ******************************************** QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&rdquo; (Gen 3,19). Estas palabras del Se&ntilde;or, dirigidas por vez primera a Ad&aacute;n a causa del pecado cometido, las repite hoy la Iglesia a todo cristiano, en la liturgia de la imposici&oacute;n de la ceniza, para recordarle tres verdades fundamentales: su nada, su condici&oacute;n de pecador y la realidad de la muerte. El polvo &mdash;la ceniza colocada sobre la cabeza de los fieles&mdash;, algo tan ligero que basta un leve soplo de aire para dispersarlo, expresa muy bien c&oacute;mo el hombre es nada. &ldquo;Se&ntilde;or... mi existencia cual nada es ante ti&rdquo; (Sal 39, 6), exclama el salmista. C&oacute;mo necesita hacerse a&ntilde;icos el orgullo humano delante de esta verdad. Y es que el hombre, por s&iacute; mismo, no s&oacute;lo es nada, es tambi&eacute;n pecador; precisamente porque se sirve de los mismos dones recibidos de Dios, como Ad&aacute;n, para ofenderle. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda, que en pena de nuestras culpas, un d&iacute;a tendremos que volver al polvo. Pecado y muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeld&iacute;a del hombre ante el Se&ntilde;or. &ldquo;Dios no cre&oacute; la muerte&rdquo; (Sab. 1. 13), ella entr&oacute; en el mundo mediante el pecado y es su triste salario (Rom 6, 23). El hombre fue creado por Dios para la vida, la alegr&iacute;a y la amistad eterna con Dios; por el pecado, pasar&aacute; por la muerte de yo pecador, para resucitar con Cristo a la vida nueva de la gracia. Y este camino es la Santa Cuaresma que hoy inauguramos. Queridos hermanos: Con el mi&eacute;rcoles de ceniza, comenzamos la santa Cuaresma. Santa, porque es tiempo de gracia y de salvaci&oacute;n. Cuaresma, porque son cuarenta d&iacute;as de preparaci&oacute;n para la Pascua. Como hemos repetido muchas veces, la Cuaresma es camino hacia la Pascua, no tiene otra raz&oacute;n de existir. La pascua es el paso salvador de Cristo por la tierra, consumado especialmente con su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Sin pascua no hay resurrecci&oacute;n y sin resurrecci&oacute;n no hay salvaci&oacute;n. Por eso la Pascua, la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el hecho m&aacute;s importante de su vida y de la nuestra, es el acontecimiento de la Salvaci&oacute;n que da sentido y fuerza a toda su vida y su mensaje, autentific&aacute;ndolos. Porque Cristo ha resucitado, todo lo que ha dicho y hecho es verdad, Cristo es la Verdad. Sin Pascua no hay cristianismo; porque sin Pascua, Cristo no ha resucitado y &ldquo;si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe&rdquo;. La fe cat&oacute;lica tiene su fundamento en la Pascua de la Resurrecci&oacute;n de Cristo. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental del cristianismo, la Iglesia siempre la vivi&oacute; con solemnidad, con verdad y profundidad de fe y religiosidad. Y se preparaba durante cuarenta d&iacute;as y noches para celebrarla, a imitaci&oacute;n de Cristo, que se prepar&oacute; durante cuarenta d&iacute;as en el desierto para predicar e instaurar el Reino de Dios en la tierra, por la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados. En la Iglesia primitiva era tiempo de desierto, de oraci&oacute;n, de ascesis y catequesis prebautismales, de penitencia y mortificaci&oacute;n de los pecados para recibir la gracia del Resucitado por medio del bautismo de los catec&uacute;menos, revestidos de t&uacute;nicas blanca, iconos de la nueva vida del Resucitado por la gracia de los sacramentos del Bautismo y la Eucarist&iacute;a; por eso, la santa cuaresma era y es tiempo de vivir m&aacute;s profundamente los compromisos bautismales. 2.- SIGNOS CUARESMALES. El tiempo de Cuaresma nos ofrece una gran cantidad de signos y s&iacute;mbolos lit&uacute;rgicos, llenos de mensajes, que debemos saber interpretar. Siguiendo el libro publicado por C&aacute;ritas los resumir&iacute;amos as&iacute;: CENIZA: Quiere ser el reconocimiento de nuestra condici&oacute;n de hombres mortales, que hemos de pasar por la corrupci&oacute;n de la materia: &ldquo;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&rdquo;. Es una mirada a nuestra condici&oacute;n humana, tan limitada y corruptible. Quiere ser un toque de atenci&oacute;n a nuestro orgullo y autosuficiencia, pero sobre todo, una llamada a poner en Dios el &uacute;nico fundamento de nuestra existencia; no en nosotros ni en nuestras posesiones, sino en Cristo, el &uacute;nico que puede librarnos de la muerte y corrupci&oacute;n mediante su vida y resurrecci&oacute;n. Por eso, al imponernos la ceniza, nos dicen: &ldquo;Convert&iacute;os y creed la buena noticia&rdquo;. LA CENIZA QUE DIOS QUIERE: * Que no te glor&iacute;es de tus talentos, los recibiste para servir. * Que no te consideres due&ntilde;o de nada sino simple administrador. * Que aprecies el valor de las cosas sencillas. * Que no temas la muerte, porque Cristo la ha vencido AYUNO Y ABSTINENCIA. Antes era, sobre todo, de la carne, porque supon&iacute;a un gran sacrificio. Hoy hay otros manjares m&aacute;s caros y exquisitos. Hemos de preferir siempre los bienes espirituales a los terrenos, hemos de saber superar hambres y sed de consumismos para servir m&aacute;s 1ibremente a Dios y poder as&iacute; ofrecer el fruto de nuestro ayuno y abstinencia a los m&aacute;s necesitados del mundo. EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA QUE DIOS QUIERE: &mdash; Que no seas esclavo del consumo, del tabaco, del alcohol... &mdash; Que no gastes tanto en modas, caprichos, marcas. &mdash; Que no pases tanto tiempo en la tele y sepas controlarte y discernir lo bueno. &mdash; Que seas solidario y generoso. CRUZ. El cristiano debe gloriarse en la cruz de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Por eso, la cruz preside siempre los templos, nuestras celebraciones, los hogares cristianos. La cruz no es s&oacute;lo dolor y sufrimiento sino amor hasta la muerte, hasta salvaci&oacute;n y victoria. La cruz no es solo para lucirla, sino para vivirla. Tenemos que amar a los hermanos como Cristo, cumpliendo la voluntad del Padre, con amor extremo, hasta dar la vida. La cruz es meta, est&iacute;mulo, camino, abrazo con Cristo. LA CRUZ QUE DIOS QUIERE: * Que sepas llevar la cruz de cada d&iacute;a, en uni&oacute;n con Cristo, para ser corredentor. * Que sepas morir al yo, soberbia y ego&iacute;smo, por amor a Dios y a los hermanos.* Que seamos cirineo de los sufrimientos ajenos. * Que nunca pongas cruces a los dem&aacute;s. **************************************** I DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 9,8-15 Seg&uacute;n la concepci&oacute;n b&iacute;blica, el aspecto negativo de la salvaci&oacute;n se caracteriza por una serie de rupturas: ruptura con Dios, ruptura entre los hombres, ruptura con la creaci&oacute;n&hellip; La alianza y el pacto significa encontrarse nuevamente con Dios, con los hermanos, con la creaci&oacute;n. Dentro de este marco general de la Historia de la Salvaci&oacute;n debe leerse la primera Lectura de este d&iacute;a. El pacto con No&eacute; inaugura la cadena de alianzas que culminar&aacute;n en Cristo. SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro, 3,18-22. Ser cristiano no es precisamente un camino ancho, c&oacute;modo, un lujo; no es vivir para darnos gustos, sino vivir los compromisos bautismales que nos configuraron con Cristo en su muerte y resurrecci&oacute;n. Frente a la debilidad y limitaci&oacute;n del cuerpo de pecado, est&aacute; la vida nueva del cuerpo resucitado por Cristo a una vida nueva de amor y de entrega a Dios y a los hombres, como Cristo. SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 1,12-15 Queridas hermanas: Estamos en el primer domingo de Cuaresma. Pocos tiempos lit&uacute;rgicos, en su retorno anual, han dejado tan profunda huella en la Iglesia y en el pueblo cristiano, como la Cuaresma. Desde los primeros siglos este ha sido uno de los tiempos fuertes de la Liturgia de la Iglesia. La cuaresma es un verdadero sacramental, puesto a disposici&oacute;n de toda la comunidad cristiana, para que cada a&ntilde;o reviva el paso de la muerte a la vida, del hombre viejo de pecado al hombre nuevo de la gracia. As&iacute; lo pido y lo espero del Se&ntilde;or para vosotras y para m&iacute; en esta Eucarist&iacute;a especialmente para toda la Iglesia de estos tiempos que tanto lo necesita. El camino de la cuaresma que comenz&aacute;bamos el mi&eacute;rcoles de Ceniza est&aacute; estructurado bajo la tipolog&iacute;a b&iacute;blica de cuarenta, de ah&iacute; su nombre: cuaresma, abarcando otros momentos de la historia de la Salvaci&oacute;n, que culminar&aacute; en la Pascua: Cuarenta fueron lo d&iacute;as que Mois&eacute;s pas&oacute; en oraci&oacute;n en el monte Sina&iacute;, en cuya falda se hizo la primera alianza de Dios con su pueblo Israel; cuarenta a&ntilde;os pas&oacute; el pueblo de Israel por el desierto hasta llegar a la tierra prometida desde la esclavitud y liberaci&oacute;n de Egipto y cuarenta, finalmente, son los d&iacute;as que el Se&ntilde;or quiso pasar en el desierto en oraci&oacute;n antes de comenzar publicamente el camino de nuestra Salvaci&oacute;n, que le llevar&iacute;a por la pasi&oacute;n y la muerte hasta la nueva y definitiva pascua de cuarenta d&iacute;as, como nosotros lo celebramos en la liturg&iacute;a anual de la Iglesia. La cuaresma es el camino hasta la Pascua, coraz&oacute;n de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico y fundamento de todo el Credo cat&oacute;lico. Sin pascua de Resurrecci&oacute;n, Cristo no es Dios, no nos ha salvado, la religi&oacute;n cat&oacute;lica no tiene fundamento. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental de la fe, la Iglesia siempre la prepar&oacute; con esmero y cuidado. La Cuaresma es el camino que nos prepara para el misterio pascual de Cristo, que debe hacerse nuestro y de la Iglesia, por unirnos y vivir con Cristo la muerte y resurrecci&oacute;n eterna que nos gan&oacute; y mereci&oacute; con la suya. Somo eternos por Cristo, muerto y resucitado. Desde la antig&uuml;edad este camino cuaresmal ha estado dominado por la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n y la penitencia, a ejemplo de Cristo, que pas&oacute; cuarenta d&iacute;as de ayuno y oraci&oacute;n en el desierto para prepararse para cumplir su misi&oacute;n en conformidad absoluta a la voluntad del Padre. En cada cuaresma tenemos que vivir los compromisos del santo bautismo, por los cuales morimos al pecado y renacemos a la vida de gracia y amor pascual de Cristo. Es lo que nos dice el prefacio cuaresmal de la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;Porque Cristo, al abstenerse durante cuarenta d&iacute;as de tomar alimento, inaugur&oacute; la pr&aacute;ctica de nuestra penitencia cuaresmal, y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos ense&ntilde;&oacute; a sofocar la fuerza de pecado&raquo;. Y en esto consiste para la Iglesia, para nosotros el camino de la santa Cuaresma hasta la Pascua, es decir, nuestro paso cada a&ntilde;o a trav&eacute;s de estos cuarenta d&iacute;as por el desierto de una oraci&oacute;n personal y comunitaria m&aacute;s cuidada y participada como Cristo en sillecio y soledad que nos lleve a una mejor conversi&oacute;n de nuestras vidas en Cristo por la penitencia de nuestras pasiones egoistas del yo que tiene que reducirse a ceniza para llegar nuevas y renovadas a la celebraci&oacute;n jubilosa de la Pascua, de la resurrecci&oacute;n de la nueva vida de amor y amistad con Cristo Resucitado y con tadas vosotras en nuestras vidas. Esto debe ser para vosotras este tiempo santo de cuaresma. Repito: esencialmente la Cuaresma para toda la iglesia, pero sobre todo para vosotras y para m&iacute;, como sacerdote, debe concretarse en cuidar y cultivar con m&aacute;s esmero nuestra oraci&oacute;n diaria para una mayor conversi&oacute;n de los peque&ntilde;os defectos de caridad y egoismos que nos acompa&ntilde;an para llegar as&iacute; a una vida personal nueva, renovada y resucitada en Cristo, especialmente por los sacramentos de la penitencia y Eucarist&iacute;a y mortificaci&oacute;n de nuestros egosimos. En el evangelio de este domingo 1&ordm; de Cuaresma se nos recuerda que Cristo lo super&oacute; todo por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n y as&iacute; tienen que ser superadas siempre por todos sus disc&iacute;pulos, por todos los cristianos, obispos, curas, frailes y monjas, como tanto lo necesita siempre la Iglesia, especialmente en esta &eacute;poca, porque &ldquo;No s&oacute;lo de pan vive el hombres sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&rdquo; Y para esto la Palabra de Dios, asimilada, cre&iacute;da y vivida por la oraci&oacute;n, la penitencia y los sacramentos. Dime c&oacute;mo es tu oraci&oacute;n, especialmente tu vida eucar&iacute;stica y te dir&eacute; c&oacute;mo es tu cristianismo, tu vida cristiana, tu vida religiosa, tu santidad y esto seas obispo, cura, fraile o monja. Queridas hermanas, vivamos as&iacute; la santa Cuaresma. Lo expresa maravillosamente esta oraci&oacute;n de Cuaresma: &laquo;Despu&eacute;s de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero y nos hagas vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or&raquo;. Am&eacute;n. ********************************** II DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 22,1-2. 9&ordf;, 10-13, 15-18 Lo que nos quiere ense&ntilde;ar este pasaje b&iacute;blico del sacrifico de Isaac lo encontramos en las primeras palabras: &ldquo;Dios puso a prueba a Abrah&aacute;n&rdquo;. Se trata de la gran prueba al viejo Patriarca, cuya fe y obediencia ya hab&iacute;an conocido otras dos grandes pruebas. La primera coincide con el momento de su vocaci&oacute;n, cuando ha de abandonar sus tierras y familia y marchar a un pa&iacute;s extranjero. La segunda, cuando le fue renovada la promesa. V&eacute;ase el profundo comentario que San Pablo hace de este pasaje en Rm 4,18-22. Estas pruebas son exigidas hoy tambi&eacute;n a los que han de encontrarse en mayor plenitud con Dios, purific&aacute;ndose ya en esta vida de todo apego al yo: son las noches de San Juan de la Cruz. SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 31b- 34 La idea principal est&aacute; en las primeras palabras de esta Lectura: &ldquo;Si Dios est&aacute; con nosotros, &iquest;qui&eacute;n estar&aacute; contra nosotros?&rdquo; San Pablo trata de infundir a los Romanos y a todos los cristianos la seguridad de la protecci&oacute;n y de la ayuda de Dios en los momentos de persecuci&oacute;n. Y esta esperanza cristiana tiene su fundamento en la redenci&oacute;n de Cristo, que nos ha hecho amigos del Padre y del Hijo. Los cristianos confiamos totalmente en el Padre, que entreg&oacute; a su Hijo por nosotros, y en el Hijo que &ldquo;muri&oacute;, m&aacute;s a&uacute;n, resucit&oacute; y est&aacute; a la derecha de Dios.&rdquo; LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 9, 1-9 QUERIDOS HERMANOS: Tres ense&ntilde;anzas principales encierra para todos nosotros la Transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or, estad atentos porque hoy os voy a dar una lecci&oacute;n de oraci&oacute;n contemplativa, de m&iacute;stica: 1&ordm;) Es una revelaci&oacute;n palmaria de la divinidad de Jesucristo, apoyada tambi&eacute;n por la voz del Padre: &ldquo;Este es mi Hijo muy amado, escuchadle&rdquo;. El Hijo de Dios, al encarnarse, tom&oacute; forma humana. La divinidad estaba oculta bajo el celaje de su humanidad y s&oacute;lo se descubr&iacute;a un poco a trav&eacute;s principalmente de sus hechos milagrosos y palabras eficaces. En la Transfiguraci&oacute;n se manifiesta abiertamente su divinidad; m&aacute;s que un milagro, fue la interrupci&oacute;n del milagro permanente de su ocultaci&oacute;n y rebajamiento por la humanidad recibida de la Virgen para poder ser y manifestarse como hombre. Y se realiz&oacute; para demostrarle a Pedro y dem&aacute;s Ap&oacute;stoles que lo dicho anteriormente por Cristo sobre su pasi&oacute;n como hombre no se opon&iacute;a a su poder como Hijo de Dios. La ense&ntilde;anza de todo esto es que Jes&uacute;s quiere que no nos desconcertemos, ante los sufrimientos de la vida, como si Dios no nos quisiera o no atendiera nuestros ruegos, porque nos deja pasar, como a Cristo, por el dolor, para llevarnos a la vida plena y total de la salvaci&oacute;n. Por eso, ante las pruebas, la enfermedad, el dolor, el fracaso de algunos deseos y proyectos, debemos confiar siempre en Dios, como Cristo, sabiendo que hemos de pasar como &Eacute;l por la pasi&oacute;n y la muerte para llegar a la resurrecci&oacute;n y a la vida nueva. Tengamos paciencia, fortaleza, confianza: venceremos con &Eacute;l, resucitaremos con &Eacute;l, al morir seremos transfigurados en su gloria. 2&ordm;) Estamos llamados a ser transformados en Cristo, en el cielo, por la visi&oacute;n celeste, aqu&iacute; en la tierra para los que se esfuercen y suban por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, por la contemplaci&oacute;n, por la oraci&oacute;n contemplativa: s. Juan de la Cruz, santa Teresa... todos los m&iacute;sticos. Para esto nos ha llamado Dios a la existencia, a la fe, a la confianza en &Eacute;l. Esa transformaci&oacute;n en Cristo se realizar&aacute; plenamente en el cielo por la visi&oacute;n celeste; aqu&iacute; en la tierra, por la oraci&oacute;n contemplativa y unitiva. Este es el t&eacute;rmino de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n contemplaci&oacute;n transformaci&oacute;n-uni&oacute;n total. Al morir, seremos transformados en Cristo por la resurrecci&oacute;n. Pero antes tambi&eacute;n por la oraci&oacute;n contemplativa, como nos aseguran los que llegaron a sentirlo y vivirlo por la experiencia de Dios; todos podemos y estamos llamados a anticipar el cielo en la tierra, porque el cielo es Dios, y Dios nos habita y se manifiesta a los que suben por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n hasta las alturas de la contemplaci&oacute;n pasiva inundada de la experiencia de Dios: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me&hellip; C) En el hombre de oraci&oacute;n, la transformaci&oacute;n en Dios por la oraci&oacute;n va operando lentamente esta realidad maravillosa descrita y vivida en los escritos de nuestros m&iacute;sticos, hasta que llegue la transformaci&oacute;n total de nuestro cuerpo de miseria en cuerpo de gloria. Mientras tanto queda una gran tarea que hacer, llena de esfuerzo por realizar. Es la conversi&oacute;n permanente de nuestros pecados, pisando las mismas huellas de Jes&uacute;s, tener en nosotros las marcas de la pasi&oacute;n de Cristo que nos llevar&aacute;n a la transfiguraci&oacute;n eterna y para siempre. Hasta llegar a esa transfiguraci&oacute;n eterna hay que ir pasando por transfiguraciones personales en la tierra. Es el desarrollo de la vida de gracia que recibimos en el santo Bautismo. Y el camino es la oraci&oacute;n. Lo dicen todos los santos. Ni uno que no haya seguido este camino para ver y sentir a Cristo en el Tabor de la contemplaci&oacute;n. San Juan de la Cruz lo describe largamente en su Subida al monte Carmelo, en el C&aacute;ntico Espiritual, en las Noches; para llegar a ver a Cristo transfigurado en el Tabor, hay que subir por el monte de la oraci&oacute;n, pasando por la meditaci&oacute;n, que es oraci&oacute;n discursiva, pasando por la oraci&oacute;n afectiva, donde el coraz&oacute;n empieza a sentir y dialogar con amor de tu a t&uacute; con el Se&ntilde;or, hasta llegar a la oraci&oacute;n contemplativa. Sobre este tema hice mi tesis doctoral en teolog&iacute;a, describiendo las etapas de las noches y purificaciones que hay que pasar para llegar a la uni&oacute;n total con Dios. ***************************************** 2&ordf; HOMIL&Iacute;A. QUERIDOS HERMANOS: El Tabor es la experiencia del Dios vivo por la oraci&oacute;n. Sin Tabor no hay experiencia de Dios ni gozo de la fe ni posibilidad de transformaci&oacute;n de la vida de gracia en plenitud de gozo y tabor, en sentir y palpar a Dios. Y sin Tabor no hay santidad ni seguimiento total de Cristo. Y el camino es la oraci&oacute;n. El trascendental pasaje de la Transfiguraci&oacute;n en el Tabor comienza dejando constancia de que Jes&uacute;s &laquo;subi&oacute; con ellos a una monta&ntilde;a alta&raquo;. Es decir, Jes&uacute;s llama a sus &iacute;ntimos a las alturas de la monta&ntilde;a, porque s&oacute;lo en el silencio de las cosas y de las voces humanas se puede o&iacute;r la voz de Dios. Los santos, las personas buenas que yo conozco tambi&eacute;n necesitan del silencio de la oraci&oacute;n para encontrarse con Dios. En el llano, en el ruido del mundo y de los negocios intereses humanos, no es posible, no es posible ver y sentir a Dios. All&iacute;, en la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, es donde el Cristo de la fe se transfigura en el Cristo luminoso y resplandeciente del Tabor, es el mismo, solo que por la fe creemos pero no le vemos y sentimos, por la oraci&oacute;n contemplativa, de sentimos y le experimentamos. Hermanos, Cristo existe, y sigue transfigur&aacute;ndose ante los que suben por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, del di&aacute;logo amoroso y diario con &Eacute;l. Todos estamos invitados a la oraci&oacute;n, a subir por ella al Tabor para llegar a la uni&oacute;n plena con &Eacute;l. &ldquo;Este es mi Hijo amado, escuchadle&rdquo;. Para orar, para hablar con Dios, lo mejor y el primer paso es escucharle. Hay que leer m&aacute;s el evangelio, escucharle en ratos de silencio, de Sagrario, de oraci&oacute;n para contemplarle. Y el camino es el de siempre: Lectio, meditatio-oratio, conversi&oacute;n, y contemplatio. Este es el camino y las etapas principales. &ldquo;Qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;&hellip;&rdquo; responde Pedro por todos nosotros. Y el evangelista comenta: &ldquo;No sab&iacute;a lo que dec&iacute;a&rdquo;. &iexcl;Vaya que si sabe! Como San Juan y San Pablo, santa Teresa, S. Juan de la Cruz, santa Teresita, Sor Isabel de la Trinidad, Madre Teresa de Calcuta... y miles y miles de contemplativos, de almas que han subido por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n. Pero qui&eacute;n llena los conventos de clausura. Y as&iacute; es como Dios entra, me invade y va realizando el encuentro de amor y transformaci&oacute;n total en &Eacute;l: &ldquo;Oh llama de amor vida, qu&eacute; tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro. Qued&eacute;me y olv&iacute;deme&hellip;&rdquo; Tambi&eacute;n hoy Jes&uacute;s sigue invitando a los suyos a dejar la llanura de la comodidad para subir por el camino de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n diaria que conduce a la altura del Tabor para contemplar el misterio del Hijo y del Dios Trino y Uno. HERMANOS: HOY el mundo, nosotros mismos damos varias horas diarias a mirar y contemplar el televisor, y negamos tiempo a la meditaci&oacute;n del evangelio, a la contemplaci&oacute;n de Dios, del Sagrario. La Cuaresma es un tiempo especialmente apto para subir al Tabor por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n, de la contemplaci&oacute;n, donde Jes&uacute;s nos descubrir&aacute; su rosto luminoso. La contemplaci&oacute;n paciente y activa de los misterios divinos nos inducir&aacute; a conversar con Jes&uacute;s como San Pedro en la Transfiguraci&oacute;n: &ldquo;Maestro, &iexcl;qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;!&rdquo;. Ante la revelaci&oacute;n de Dios podemos manifestar nuestros sentimientos y deseos. Si somos fieles a la oraci&oacute;n contemplativa, si nos adentramos sinceramente en la nube de Dios, tambi&eacute;n se realizar&aacute; para nosotros lo que ocurri&oacute; a los disc&iacute;pulos en la Transfiguraci&oacute;n: &ldquo;Sali&oacute; una voz de la nube: Este es mi Hijo amado&rdquo;. En la meditaci&oacute;n descubriremos a Jes&uacute;s como Hijo querido del Padre en cuanto Dios y en cuanto hombre. En ese clima de oraci&oacute;n tambi&eacute;n nosotros escucharemos la consigna del Padre relativa a Jes&uacute;s: &ldquo;&iexcl;Escuchadlo!&rdquo;. Y luego hay que bajar de la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n diaria, de haber contemplado a Cristo, a trabajar con Cristo por el reino de Dios, hay que bajar de las alturas m&iacute;sticas de la oraci&oacute;n para &laquo;comunicar a los dem&aacute;s lo contemplado&raquo;, en f&oacute;rmula de Santo Tom&aacute;s. Invito a todos a la oraci&oacute;n diaria para contemplar a Cristo transfigurado. Y as&iacute; podremos decir con San Pedro: &ldquo;Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;!&rdquo;. Para pasar luego a trabajar por el reinado de Dios en el mundo. ******************************************* DOMINGO III DE CUARESMA B: EL TEMPLO, CASA DE ORACI&Oacute;N. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 2,13-25 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: El evangelista S. Juan se dirige hoy a nosotros, los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, que nos preparamos para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, fundamento del cristianismo y de nuestra vida eterna. Nos demuestra que la muerte del Se&ntilde;or, entre otros motivos, estuvo motivada tambi&eacute;n por hablar y actuar claro y duro, esto es, por el profetismo verdadero y valiente de su predicaci&oacute;n y su comportamiento, que denunci&oacute; la falsedad del culto dado a Dios por los intereses ego&iacute;stas de los hombres que lo manipulaban para ganar dinero m&aacute;s que dar culto verdadero a Dios. Os predico esta homil&iacute;a que es un poco dura como fue el comportamiento de Cristo en el templo pero que es la que prediqu&eacute; muchas veces en mi parroquia y por la cual y otras cosas me toc&oacute; sufrir un poco pero lo hice y lo hago por el bien de mis hermanos por la importancia excesiva dada al dinero en la Iglesia, en el mismo clero. La opci&oacute;n de Cristo por su Padre, fue siempre radical y verdadera, por encima de todo inter&eacute;s y con el riesgo de la propia vida, sin concesiones al ego&iacute;smo y mediocridad y materialismo de los mismos servidores del templo. Este hecho, que nos narra el evangelio de este domingo, estuvo motivado por el hecho de haber subido Cristo a orar y encontrarse dentro del recinto sagrado con los vendedores de animales para el sacrificio, as&iacute; como a los cambistas del dinero, que proporcionaban moneda jud&iacute;a para los sacrificios y ofrendas de los israelitas que ven&iacute;an de todas partes del mundo. &Eacute;l, paciente y humilde de coraz&oacute;n y ejemplo de todo para nosotros, se rebela contra este comercio y haciendo un azote de cordeles, expuls&oacute; airada y violentamente a los primeros con sus mercados y volc&oacute; las mesas y desparram&oacute; por el suelo el dinero de los segundos. Todo para conservar la dignidad del templo y del culto debido a Dios. L&oacute;gicamente la expulsi&oacute;n de los vendedores y cambistas del templo fue un acto peligroso para Jes&uacute;s, por las consecuencias econ&oacute;micas que esto ten&iacute;a para el templo, como hoy lo puede tener para visitar nuestras catedrales, templos de culto o en nuestras parroqu&iacute;as para la administraci&oacute;n de los sacramentos. Con este acto sab&iacute;a que provocar&iacute;a el odio de las autoridades religiosas y que su vida ser&iacute;a amenazada y perseguida, pero Jes&uacute;s a&uacute;n sabiendo lo que su comportamiento de expulsar del templo iba a provocar en los jefes jud&iacute;os y en los mismo vendedores, lo realiza todo desde su conciencia de provocar el culto verdadero a Dios y que &Eacute;l como instaurador el verdadero culto a Dios tiene la obligaci&oacute;n de instaurar, velando as&iacute; porque el templo sea lo que tiene que ser, lugar de oraci&oacute;n y servicio a Dios y velando as&iacute; por la casa y el verdadero culto a Dios, a su Padre que &Eacute;l sabe muy bien en qu&eacute; consiste. Para nuestra reflexi&oacute;n y conversi&oacute;n cristiana en este domingo hay tres aspectos que conviene resaltar y que debemos practicar a ejemplo de lo que nos ense&ntilde;a el Se&ntilde;or: 1&ordm;.- En nuestra vida y no digamos como p&aacute;rrocos y sacerdotes Dios debe ser lo primero y absoluto, antes que el dinero y que los intereses materiales y que hasta la misma vida, que Jes&uacute;s la arriesga por cumplir la voluntad del Padre. A nosotros, el cumplimiento del evangelio y de los mandamientos del Se&ntilde;or en verdad y justicia nos llevar&aacute; muchas veces al sufrimiento, a ser perseguidos e incomprendidos incluso envidiados por predicar claro y exigir esta verdad, incluso a ocupar segundos puestos en parroquias y dem&aacute;s, por fidelidad a Dios y a su causa. 2&ordm;.- Debemos aprender de Jes&uacute;s a luchar por la dignidad del templo, como casa de oraci&oacute;n. Los primeros en dar ejemplo debemos ser los mismos sacerdotes, que hablamos y nos comportamos a veces en la Iglesia, como si fuera un sal&oacute;n, y pasamos ante el sagrario, como si fuera un trasto m&aacute;s de la Iglesia o pura imagen inerte de Cristo. Hay que exigir y sufrir la incomprensi&oacute;n de las gentes por exigir silencio en los templos, en funerales y bodas; pero si creemos de verdad en los sagrarios, en que Cristo est&aacute; vivo y resucitado en ellos, debemos educar a los feligreses en el respeto al templo como casa de Dios y de oraci&oacute;n y para eso los primeros en hacerlo y dar ejemplo es el p&aacute;rroco. Es un contrasentido hablar de la Eucarist&iacute;a, de la presencia real y verdadera de Cristo en el pan consagrado, del respeto y adoraci&oacute;n que merece y luego los primeros en no dar ejemplo somos nosotros que nos comportamos como si el Se&ntilde;or no estuver vivo y vi&eacute;ndonos y esperando nuestro di&aacute;olog de amor desde el Sagrario. 3&ordf; reflexi&oacute;n: &ldquo;Muchos creyeron por los milagros que hac&iacute;a&hellip; pero &Eacute;l no se fiaba de ellos, porque los conoc&iacute;a a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque &eacute;l sab&iacute;a lo que hab&iacute;a dentro de cada hombre&rdquo;. Me pregunto y os pregunto: Jes&uacute;s ve todo nuestro interior &iquest;Se fiar&aacute; el Se&ntilde;or de nosotros? Porque no basta creer y decir que creemos y tener ciertas pr&aacute;cticas religiosas, Jes&uacute;s sabe si nuestra fe y amor son aut&eacute;nticos, si creemos y vivimos lo que rezamos. Porque si somos disc&iacute;pulos suyos, se tiene que notar en casa, en el trabajo, en el uso de los bienes, en nuestra relaci&oacute;n con los hermanos. Al Se&ntilde;or no podemos enga&ntilde;arle. &iquest;Se fiar&aacute; el Se&ntilde;or de nosotros? &iquest;Se fiar&aacute; de m&iacute;? A meditarlo, Gonzalo. Incluso algunos comulgan; pero eso no es comulgar, es siemplemente comer el pan consagrado, porque no comulgar con Cristo, con su vida y sentimientos, aunque seas cura o religiosa. Pidamos esta gracia, comulgar con la vida y sentimientos de Cristo y para eso visitarlo y hablar con &Eacute;l todos los d&iacute;as en el Sagrario. ************************************** DOMINGO III DE CUARESMA B: EL TEMPLO, CASA DE ORACI&Oacute;N. QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:La ense&ntilde;anza primera y esencial de este pasaje evang&eacute;lico, de este comportamiento de Cristo Jes&uacute;s en el evangelio de este domingo es que las iglesias, los templos, sobre todo cat&oacute;licos, con el Sagrario en el centro, deben ser Casa de oraci&oacute;n. Jes&uacute;s subi&oacute; al templo como lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El templo era para &Eacute;l la casa de su Padre, una casa de oraci&oacute;n y se indigna porque estaba convertida en un mercado. Si se atreve a expulsar a los mercaderes y cambistas es porque est&aacute;n profanando la casa de Dios y &Eacute;l quiere restituir la dignidad y el honor debidos a la presencia y al culto de Dios en el templo: No hag&aacute;is la casa de mi Padre una casa de mercado, de tertulia, de materialismo, de hablar y comportaros como si estuvi&eacute;ramos en la calle. Deber&iacute;amos aprender a exigir silencio, respeto, oraci&oacute;n en los templos, en nuestras iglesias y capillas porque est&aacute;n habitadas por Dios. Y de paso deber&iacute;amos revisar nuestras misas y comuniones y visitas al Sant&iacute;simo para que verdaderamente sean celebraciones aut&eacute;nticas de oraci&oacute;n y encuentro con Dios, de amor y de fe y salvaci&oacute;n en Dios. En concreto, como sacerdotes y educadores de la fe y liturgia del Se&ntilde;or debemos primero nosotros dar ejemplo de saber estar y actuar en las iglesia, de luchar y esforzanos por vivir y practicar lo que creemos y predicamos, que la gente vea a los sacerdotes hacer oraci&oacute;n en el templo, porque Dios est&aacute; en todas partes, pero hay un sitio donde ha querido quedarse singularmente presente: en el Sagrario, en todos los Sagrarios de nuestras parroquias; yo creo que en estos tiempos actuales necesita ser reconocido y amado, especialmente por los sacerdotes y tambi&eacute;n el pueblo cristiano. &iquest;C&oacute;mo decir o predicar que Jesucristo por amor loco a todos los hombres, a nosotros, que Dios est&aacute; en el sagrario y luego nos comportamos o hablamos como si &Eacute;l no estuvera o no pasamos ratos junto a &Eacute;l durante el d&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo predicar que Cristo nos ama hasta el extremo del amor y del tiempo y luego durante el d&iacute;a no nos ven a nosotros, sacerdotes y p&aacute;rrocos orar y pasar ratos junto al Sagrario? Pues esta es la mejor oraci&oacute;n y la mejor forma de hacer apostolado y predicar a Cristo Eucarist&iacute;a, Centro y Culmen de la vida cristiana, como afirm&oacute; y prob&oacute; el Vaticano II, esta es la mejor predicaci&oacute;n de Cristo Eucar&iacute;st&iacute;a de un p&aacute;rroco en su parroquia y en toda la Iglesia, porque si la gente no nos ven hacer oraci&oacute;n, estar junto al Se&ntilde;or en el Sagrario, no se fiar&aacute;n de nosotros, de nuestra predicaci&oacute;n, as&iacute; como de nuestras misas y comuniones, si ven que nos comportamos como si el Se&ntilde;or no estuvera vivo y real en el pan consagrado y luego en los Sagrarios. Querido hermano sacerdote si no vives y te goza la presencia de Cristo en el Sagrario c&oacute;mo vas a entusiasmar a tu parroquia con &Eacute;l, con el &uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres? Los hombres y mujeres de nuestras parroquias necesitan vernos orar en las iglesias. Todos los cristianos, los creyentes, pero especialmente nosotros, los sacerdotes, debemos orar ante el Sagrario porque el Se&ntilde;or est&aacute; en todas partes pero especialmente quiso quedarse en el pan consagrado para ser nuestro amigo y compa&ntilde;ero de viaje hasta la eternidad. Queridos hermanos, resumiendo y concretando: Escuchemos al Se&ntilde;or que desde el Sagrario nos est&aacute; diciendo a todos, pero especialmente a los sacerdotes como a los Ap&oacute;stoles: &ldquo;Vosotros venid a un sitio aparte&rdquo; 1&ordm; Si creo en &Eacute;l y est&aacute; vivo en el Sagrario, no puedo menos de manifestarlo en un encuentro vivo, diario y permanente con &Eacute;l, primero meditativo con el libro en las manos y luego ya, purificado un poco de mis defectos, en oraci&oacute;n afectiva sin necesidad de libro. M&aacute;xime, sabiendo que ha querido quedarse tan cerca de nosotros precisamente para ayudarnos.&rdquo;me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;, sabiendo que a nosotros, sacerdotes, nos ha elegido como a los 12 &ldquo;para estar con &Eacute;l y enviarnos a predicar&rdquo;. Pero como &Eacute;l nos dice en el evangelio, lo primero es estar con &Eacute;l, oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, y luego salir a predicar de lo que hemos visto y le hemos o&iacute;do a &Eacute;l en la oraci&oacute;n junto al Sagrario. 2&ordm;.- Orar principalmente es amar, querer amar. Si quiero amar a una persona necesito hablar con ella. Y Dios, y Cristo est&aacute; en todas partes pero quiso quedarse especiamente y para siempre entre nosotros en la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y Sagrario. &ldquo;Que no es otra cosa oraci&oacute;n mental sino trato de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama&rdquo;: Santa Teresa. Por eso, si no oro, es que no amo, no deseo amar a Dios. A Dios se le conoce amando, como a los amigos, a los esposos, a la gente. Y por qu&eacute; tenemos que amar a Dios? Porque &Eacute;l nos am&oacute; primero y para esto vino a nosotros primero hecho hombre y luego un trozo de pan&hellip;.eso es estar loco de amor, Cristo te lo mereces todo, todo el amor de los hombres. Y 3&ordm;, orar en cristiano es querer convertirse a &Eacute;l, es desear vivir como &Eacute;l, es ir pensando y haciendo como &Eacute;l, teniendo sus mismos sentimientos y actitudes. Esta es la mayor dificultad para hacer verdadera oraci&oacute;n, para irnos encontrando con Cristo en la oraci&oacute;n personal y lit&uacute;rgica, porque esto no es f&aacute;cil. Muchos creen que la dificultad est&aacute; en meditar, y si se distraen, creen que no hacen oraci&oacute;n. Lo importante y esencial de la oraci&oacute;n es convertirse a los que Cristo nos dice en ella; por eso, oraci&oacute;n permanente exige conversi&oacute;n permanente. Si uno se cansa de convertirse se acab&oacute; la oraci&oacute;n y la amistad con Cristo, aunque celebre misa y comulgue, porque le come, s&iacute;, pero no comulga con la vida y los sentimientos de Cristo. Por eso se ora tan poco, porque son pocos los que viven en conversi&oacute;n permanente. Cuando oro, abro las puertas de mi vida y de mi coraz&oacute;n a Dios y el digo: pasa y ordena y reforma todo a tu antojo, quita lo que creas equivocado, a&ntilde;ade lo que creas necesario, tira tabiques de cr&iacute;ticas y murmuraciones, y tira paredes de separaciones, odios, rencores y haz estancias amplias donde todos quepan. Estamos en la meditaci&oacute;n. Luego una vez que yo he hecho este trabajo el Se&ntilde;or va limpiando mis ojos para que puedan ver al Padre, a la Trinidad y a los hombres como &Eacute;l los ve y yo ya no medito ni reflexiono ni necesito libros en mis manos, simplemente contemplo, he pasado de la meditaci&oacute;n a la contemplaci&oacute;n y veo ya con su misma luz y amor y sentimientos. El Esp&iacute;ritu de amor, el Esp&iacute;ritu Santo me ha llevado a la oraci&oacute;n-contemplaci&oacute;n, ya no soy yo el que act&uacute;a y medita, simplemente contemplo lo que &Eacute;l me manifiesta y descubre, como en Pentecost&eacute;s a los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de haber estado y eschado al Se&ntilde;or, llegan a la verdad plena, a la contemplaci&oacute;n, no a lo que yo he sido capaz de ver y reflexionar. Pero para llegar aqu&iacute;, hay mucho que limpiar para ver a Dios y a los hermanos como &Eacute;l los ve y ama, para que mi coraz&oacute;n pueda ser morada de Dios Trinidad. Si &Eacute;l entra, si me voy vaci&aacute;ndo de mi mismo y le dejo entrar, &Eacute;l va poco a poco purificando todo, limpiando, sanando, alimentando y fortaleci&eacute;ndolo todo: criterios, afectos, desafectos, envidias, pero para eso, tengo que vaciarme de m&iacute; mismo, y esto aunque sea papa, obispo, sacerdote o religiosa. Y todo y siempre caminando por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n hasta llegar a esta uni&oacute;n total en Cristo, a la transformaci&oacute;n total en Cristo. Am&eacute;n, as&iacute; sea en todos nosotros. Y siempre por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n. ************************************* IV DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: 2 Cr&oacute;nicas 36,14-16. 19-23 Dios se mantiene fiel a la Alianza, aunque el pueblo la olvide y la rompa con frecuencia: &ldquo;Todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, seg&uacute;n las costumbre abominables de los gentiles y mancharon la casa del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Dios no se olvida de su pueblo y le env&iacute;a mensajeros: &ldquo;El Se&ntilde;or, Dios de sus padres, les envi&oacute; desde el principio avisos por medio de mensajeros&rdquo;. El pueblo de Israel no hace caso, es esclavizado por Nabucodonosor y desterrado a Babilonia. Los sufrimientos del destierro son el fuego purificador del pueblo infiel: el pueblo recapacita y se convierte. Dios es misericordioso y Ciro, rey pagano, es el elegido para devolver al pueblo elegido a Jerusal&eacute;n y edificar el nuevo templo de Yav&eacute;h. SEGUNDA LECTURA: Efesios 2, 4-10 Dios es amor y su amor se manifest&oacute; hacia nosotros en que nos am&oacute; a&uacute;n antes de que existi&eacute;ramos: &ldquo;Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am&oacute;&hellip;&rdquo;; es m&aacute;s, nos salv&oacute; en el Hijo y nos destin&oacute; a su felicidad: Dios nos am&oacute; gratuitamente en su Hijo: &ldquo;Estando nosotros muertos por el pecado, por pura gracia est&aacute;is salvados&hellip;&rdquo;. Nosotros no podemos dar nada a Dios que &Eacute;l no tenga, nos salva por amor gratuito; nada exist&iacute;a en nosotros que pudiera estimularle a salvarnos. As&iacute; es Dios. Y Pablo trata de que los Efesios correspondan a este amor gratuito y generoso de Dios. QUERIDAS HERMANAS Y HERMANOS: 1. En la primera lectura de este domingo vemos c&oacute;mo Dios ofreci&oacute; y otorg&oacute; a los jud&iacute;os poder salvarse de la muerte provocada por las picaduras de las serpientes venenosas en la traves&iacute;a por el desierto, mand&aacute;ndoles que elevaran una serpiente de cobre, para que todos la pudieran mirar, y los que lo hicieran quedar&iacute;an curados y salvados de la muerte. Este hecho no es m&aacute;s que una profec&iacute;a y una p&aacute;lida figura de la salvaci&oacute;n tra&iacute;da por Jes&uacute;s a toda la humanidad mediante su elevaci&oacute;n en la cruz, para que como dice san Pablo: &ldquo;para que todo el que cree en &Eacute;l tenga vida eterna&rdquo;. Cristo crucificado es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del amor de Dios por los hombres: &ldquo;tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio hijo&hellip;.Y contin&uacute;a el evangelio de hoy: &ldquo;Porque Dios no mand&oacute; a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por &Eacute;l&rdquo;. Yo quisiera que todos ahora, con nuestro amor y desde la fe, ador&aacute;semos y bes&aacute;semos a Cristo crucificado por nuestros pecados, para liberarnos de la muerte eterna. La santa cuaresma nos invita a mirar al crucificado, a celebrar el viacrucis y los hechos de la pasi&oacute;n, donde encontramos a un Dios que ama al hombre hasta dar la vida por &eacute;l para librarle de la muerte eterna y hacerle feliz. Lo expresa muy bien esa poes&iacute;a que los de mi tiempo aprend&iacute;amos en la escuelas de entonces y que os invito a rezarla, porque es una oraci&oacute;n de gratitud y amor a Cristo crucificado, que la mayor&iacute;a de vosotros sab&eacute;is, porque sois mayores: &ldquo; no me mueve mi Dios Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que es y significa, c&oacute;mo nos salv&oacute; en la cruz para que tuvi&eacute;ramos la felicidad eterna con &Eacute;l y con el Padre. Hermanos, que nadie dude que nadie dude del amor del Padre Dios y del Hijo, crucificado por nuestra salvaci&oacute;n : &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; (traicion&oacute;)a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en &Eacute;l&hellip;&rdquo; Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno. Da v&eacute;rtigo pensarlo. T&uacute; eres Dios, t&uacute; lo tienes todo, eres infinito amor, poder, felicidad, qu&eacute; te puede dar el hombre que t&uacute; no tengas&hellip; c&oacute;mo nos amas tanto&hellip; y adem&aacute;s, sab&iacute;as todos los olvidos, desprecios, ofensas del hombre. T&uacute; sab&iacute;as que muchos ni creer&iacute;an en tu Hijo ni en su gesto de amor y que incluso los creyentes algunos ser&iacute;an m&aacute;s de nombre que de verdad y de comportamiento. T&uacute; sab&iacute;as de mis negaciones y debilidades en reconocerle como Dios de mi vida y defenderle ante los hombres, como Pedro en la noche de la condena de Cristo, y sin embargo, nos amaste tanto que enviaste a tu hijo represent&aacute;ndote a ti para que no dud&aacute;semos jam&aacute;s de tu amor, para que nos abriera de la camino de la felicidad y el encuentro eterno contigo cerrado por nuestros pecados; y para que no tuvi&eacute;ramos dudas de tu verdad y amor entregaste al Hijo amado a la cruz para salvarnos a todos tus hijos, los hombres. Gracias, padre, te amo. Nosotros no sabemos amar as&iacute;. Eres un Dios infinito de amor, un padre inimaginable para nosotros. Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que significa, Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno, al hombre que no te puede dar nada que tu no tengas porque T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y, sin embargo, T&uacute; sales siempre a nuestro encuentro para que una sola palabra nuestra, un gesto de humildad y arrepentimiento en nosotros provoque tu mirada misericordiosa, llena de amor y de perd&oacute;n, ganado totalmente como est&aacute;s por la obediencia hasta la muerte de tu Hijo amado. Padre bueno, conc&eacute;deme la gracia de reconocerme pecador y necesitado de la salvaci&oacute;n de Cristo crucificado por mis pecados; ens&eacute;&ntilde;ame a pararme delante de la cruz, contemplarla y ver en ella la mansedumbre, la humildad, la generosidad, el perd&oacute;n y el amor extremo del Padre y del Hijo por los hombres. Padre, ens&eacute;&ntilde;ame a mirar la cruz y contemplarla de tal manera que me sienta amado y salvado. Se&ntilde;or, que yo sea capaz de crucificarme en las cruces peque&ntilde;as de cada d&iacute;a, de amar a mis hermanos los hombres como T&uacute;, uni&eacute;ndome a Ti, para que me santifique y pueda salvar a los m&iacute;os, a los que me has confiado. Se&ntilde;or, todo esto te lo pido de verdad, son deseos sinceros de mi coraz&oacute;n, proposiciones de amor, que brotan en entrega y fidelidad desde el fondo de mi alma, porque te amo y quiero serte fiel y vivir en mi tu entrega de amor extremo por m&iacute; hasta la muerte. Ay&uacute;dame, Se&ntilde;or, a vivirlas. En Ti pongo mi esperanza. *************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.- En el Antiguo Testamento Dios permiti&oacute; que el pueblo elegido fuera esclavizado por los egipcios y destruida la ciudad santa de Jerusal&eacute;n, despu&eacute;s que se burlaron de los mensajeros que les envi&oacute;; no hicieron caso a sus palabras y se burlaron de sus amenazas. Esto es lo que nos dice la primera Lectura. Es una lecci&oacute;n dura para nosotros y una seria advertencia para todos los hombres. Un d&iacute;a puede colmarse la medida de la misericordia de Dios ante tanta dureza y frialdad de la humanidad para con &Eacute;l. Esto puede interpretarse tambi&eacute;n en clave personal: Dios me invita a la conversi&oacute;n, al sincero cumplimiento de su santa ley, de sus mandamientos. Abusando de la misericordia, me puedo encontrar con la justicia y la ira santa de Dios. Por no tener en cuenta este mensaje de la misericordia divina, puedo estar abusando de sus dones, no creyendo ni profesando de palabra y de obra el amor que le debo como criatura y redimida por su Hijo. &iquest;Temo a Dios? &iquest;Tengo un santo temor que me haga ser m&aacute;s respetuoso y obediente con su voluntad? &iquest; Me exijo y me obligo a ser mejor? &iquest;Estoy abusando del amor misericordioso de mi Padre Dios? Ser&iacute;a bueno en este momento echar una mirada sobre mi vida actual y examinar mis acciones e intenciones. Ver mi poca correspondencia al amor de Dios y mi poco inter&eacute;s en servirle y adorarle con mi vida, cumpliendo su voluntad hasta metas elevadas de mayor exigencia en mi seguimiento de Cristo en humildad, caridad, castidad, generosidad&hellip; 2.- En la segunda Lectura, San Pablo nos dice que ahora Dios s&oacute;lo castiga al hombre, despu&eacute;s de haber agotado para con &eacute;l los supremos recursos de su amor infinito: &ldquo;Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am&oacute;, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir en Cristo&rdquo; (Ef 2,4-5). Es &eacute;ste el gesto supremo de la misericordia divina; en lugar de castigar el pecado en el hombre ingrato y reincidente, los castig&oacute; en su Hijo Unig&eacute;nito, a fin de que creyendo en Cristo Crucificado se salve el hombre: &ldquo;Por pura gracia est&aacute;is salvados, &ndash; exclama San Pablo. Porque est&aacute;is salvados por su gracia y mediante la fe y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios&rdquo; (Ef 2, 5-8). Es un don absolutamente gratuito, que ninguna criatura habr&iacute;a podido nunca ni esperar ni merecer. Y sin embargo, desde hace dos mil a&ntilde;os este don ha sido otorgado a toda la humanidad y para beneficiarse de &eacute;l, el hombre no tiene m&aacute;s que creer en Cristo y adherirse a su evangelio. 3.- Tambi&eacute;n a los jud&iacute;os les hab&iacute;a ofrecido Dios dones gratuitos de Salvaci&oacute;n, como cuando para inmunizarse de las picaduras de las serpientes venenosas hab&iacute;a ordenado a Mois&eacute;s que elevara en el desierto una serpiente de cobre, para que todos la pudieran mirar, y los que lo hicieran quedar&iacute;an curados y salvados de la muerte. Este hecho no es m&aacute;s que una p&aacute;lida figura de la salvaci&oacute;n tra&iacute;da por Jes&uacute;s, que en su crucifixi&oacute;n fue elevado sobre la tierra &ldquo;para que todo el que cree en &Eacute;l tenga vida eterna&rdquo;. Y contin&uacute;a el evangelio de hoy: &ldquo;Porque Dios no mand&oacute; a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por &Eacute;l&rdquo;. Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que significa, qui&eacute;n le mand&oacute; salvarnos as&iacute;, c&oacute;mo le olvid&oacute; en aquellos momentos tan dur&iacute;simos para que pudiera sufrir, pensad que es su Padre y &Eacute;l es el Hijo amado infinitamente: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; (traicion&oacute;)a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en &Eacute;l&hellip;&rdquo; Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno. Da v&eacute;rtigo pensarlo. T&uacute; sab&iacute;as todos los olvidos, desprecios, ofensas del hombre. T&uacute; sab&iacute;as que muchos ni creer&iacute;an en Jes&uacute;s ni en su gesto de amor y que incluso los creyentes ser&iacute;an m&aacute;s de nombre que de verdad y de comportamiento, T&uacute; sab&iacute;as de mis negaciones y debilidades en reconocer y defenderle, como Pedro, y sin embargo, nos amaste tanto que entregaste al Hijo amado a la cruz para salvarnos a nosotros. Nosotros no sabemos amar as&iacute;. Eres un padre inimaginable para nosotros. Nos amas con amor infinito, incomprensible, apasionado. A todas horas, de la ma&ntilde;ana a la noche, piensas en cada uno de nosotros y tu cuidado y tu cari&ntilde;o es tan grande que no podemos escapar de &eacute;l. T&uacute; sales siempre a nuestro encuentro para que una sola palabra nuestra, un gesto de humildad y arrepentimiento en nosotros provoque tu mirada misericordiosa, llena de amor y de perd&oacute;n, ganado totalmente por la obediencia hasta la muerte de tu Hijo amado en la cruz. Y por &Eacute;l echas en olvido nuestras ofensas y pecados. Padre bueno, conc&eacute;deme la gracia de elevarme hasta Ti, para alabarte y adorarte por tu amor extremo manifestado en la muerte del Hijo amado; ens&eacute;&ntilde;ame a pararme delante de la cruz, contemplarla y ver en ella la mansedumbre, la humildad, la generosidad, el perd&oacute;n y el amor extremo del Padre y del Hijo por los hombres. Padre, ens&eacute;&ntilde;ame a mirar la cruz y contemplarla de tal manera que sepa ver en ella crucificado tambi&eacute;n el dolor y el desamor del que sufre por causa de la injusticia de otros por raz&oacute;n de raza, incultura, pobreza, enga&ntilde;o, rapi&ntilde;a de bienes; que al verte, sean capaces de unirse a Ti. Cristo fue crucificado injustamente, para que su dolor no quede vald&iacute;o, sino que sea santificador y salvador de toda la humanidad. Se&ntilde;or, que yo sea capaz de crucificarme en las cruces peque&ntilde;as de cada d&iacute;a, uni&eacute;ndome a Ti, para que me santifique y pueda salvar a los m&iacute;os. Se&ntilde;or, todo esto te lo pido de verdad, son deseos sinceros de mi coraz&oacute;n, proposiciones de amor, que espero conseguir con tu ayuda, pero que brotan en entrega y fidelidad desde el fondo de mi alma, porque te amo y quiero serte fiel y vivir en mi tu entrega de amor extremo por m&iacute; hasta la muerte. Ay&uacute;dame, Se&ntilde;or, a vivirlas. En Ti pongo mi esperanza. Resumiendo: 1.- No abusar de la misericordia divina; 2.- Creer y vivir en la seguridad de que Dios nos ama y nos perdona, pero tenemos que pedir este perd&oacute;n reconociendo que somos pecadores, y 3.- Mirar con m&aacute;s frecuencia y amor al Crucificado y tratar de seguirle para sentir su amor y salvaci&oacute;n en nosotros. ******************************** QUERIDOS HERMANOS: S. Juan, que estuvo junto a Cristo en la cruz, resumi&oacute; todo este misterio de dolor y de entrega total de Dios y de Cristo a los hombres en estas palabras que hemos le&iacute;do en el evangelio de hoy : &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre, que entreg&oacute; a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en el&rdquo;(Jn 3,16). No le entra en la cabeza que Dios ame as&iacute; al hombre hasta este extremo. Y realmente, en el momento cumbre de la vida de Cristo, que es su pasi&oacute;n y muerte, esta realidad de crudeza impresionante es percibida por S. Pablo como plenitud de amor y totalidad de entrega dolorosa y extrema. Al contemplar a Cristo doliente y torturado, no puede menos de exclamar: &lsquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo; Por eso, S. Pablo, que lo considera &lsquo;&lsquo;todo basura y esti&eacute;rcol, comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo;, llegar&aacute; a decir: &lsquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste, crucjficado...&rdquo; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;, y mientras vivo en esta carne&hellip; Queridos hermanos, qu&eacute; ser&aacute; el hombre, qu&eacute; encerrar&aacute; en su realidad para el mismo Dios que lo crea.... qu&eacute; ser&eacute; yo, qu&eacute; ser&aacute;s t&uacute;, y todos los hombres, pero qu&eacute; ser&aacute; el hombre para Dios, que lo crea por puro amor, &ldquo;Dios es amor.. en esto consiste el amor&hellip;&rdquo; y no le abandona ni ca&iacute;do y no le deja postrado en su muerte pecadora. Yo creo que Dios se ha pasado con nosotros. &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre que entreg&oacute; a su propio Hijo&rdquo; Porque no hay justicia. No me dig&aacute;is que Dios fue justo. Cay&oacute; el &aacute;ngel, cay&oacute; el hombre. Para el hombre hubo un redentor, su propio Hijo, para el &aacute;ngel no hubo redentor. Por qu&eacute; para nosotros s&iacute; y para ellos no. D&oacute;nde est&aacute; la igualdad, qu&eacute; ocurre aqu&iacute;.... es el misterio de predilecci&oacute;n de amor de Dios por el hombre. &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre, que... &rdquo; Por esto, Cristo crucificado es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del amor del Padre y del Hijo: &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos &ldquo;y Cristo la dio por todos nosotros. Este Dios infinito, lleno de compasi&oacute;n y ternura por el hombre, vi&eacute;ndole ca&iacute;do y alejado para siempre de su proyecto de felicidad, entra dentro de s&iacute; mismo, y mirando todo su ser, que es amor tambi&eacute;n misericordioso, y toda su sabidur&iacute;a y todo su poder, descubre un nuevo proyecto de salvaci&oacute;n, que a nosotros nos escandaliza, porque en &eacute;l abandona a su propio Hijo, prefiri&oacute; en ese momento el amor a los hombres al de su Hijo. No tiene nada de particular que la Iglesia, al celebrar este misterio en su liturgia, lo exprese admirativamente casi con una blasfemia: &laquo;ofelix culpa...&rdquo; oh feliz culpa, que nos ha merecido un tal Salvador. Esto es blasfemo, la liturgia ha perdido la cabeza, oh feliz pecado, pero c&oacute;mo puede decir esto, d&oacute;nde est&aacute; la prudencia y la moderaci&oacute;n de las palabras sagradas, llamar cosa buena al pecado, oh feliz culpa, que nos ha merecido un tal salvador, un proyecto de amor todav&iacute;a m&aacute;s lleno de amor y condescendencia divina y plenitud que el primero. Cuando en los d&iacute;as de la Semana Santa, leo la Pasi&oacute;n o la contemplo en las procesiones, que son una catequesis puesta en acci&oacute;n, me conmueve ver pasar a Cristo junto a m&iacute;, escupido, abofeteado, triturado... Y siempre me pregunto lo mismo: por qu&eacute;, Se&ntilde;or, por qu&eacute; fue necesario tanto sufrimiento, tanto dolor, tanto escarnio... Fue necesario para que el hombre nunca pueda dudar de la verdad del amor de Dios. No los ha dicho hoy en su evangelio San Juan: &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio Hijo&rdquo; Por todo esto, cuando miro al Sagrario y descubro ese amor, y veo que es verdad, sigue siendo verdad porque la santa misa no es otra cosa que hacer presente ese amor, esa entrega y ese sacrificio, cuando durante la santa misa y la comuni&oacute;n el Se&ntilde;or me explica todo lo que nos ama y sufri&oacute; por m&iacute; y por todos, desde la Encarnaci&oacute;n hasta su Resurrecci&oacute;n, yo solo veo una cosa: amor, amor loco de Dios al hombre. Jesucristo, la Eucarist&iacute;a, Jesucristo Eucarist&iacute;a, Jesucristo en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a es Dios personalmente amando locamente a los hombres. Este es el &uacute;nico sentido de su vida, desde la Encarnaci&oacute;n hasta la muerte y la resurrecci&oacute;n, que se hacen presentes en cada misa.. el Cristo polvoriento y jadeante de los caminos de Palestina, que no tiene tiempo a veces ni para comer ni descansar, el Cristo de la Samaritana, a la que va a buscar y se sienta agotado junto al pozo porque tiene sed de su alma, en el Cristo de la ad&uacute;ltera, de Zaqueo... solo veo amor; y como aquel es el mismo Cristo del sagrario, en el sagrario solo veo amor, amor extremo, apasionado, ofreci&eacute;ndose sin imponerse, hasta dar la vida en silencio y olvidos, solo amor Y todav&iacute;a este coraz&oacute;n m&iacute;o, tan sensible para otros amores y otros afectos y otras personas, tan sentido en las penas propias y ajenas, no se va a conmover ante el amor tan &ldquo;lastimado&rdquo; de Dios, de mi Cristo.. .tan duro va a ser para su Dios Se&ntilde;or y tan sensible para los amores humanos. Dios m&iacute;o, pero qui&eacute;n y qu&eacute; soy yo, qu&eacute; es el hombre, para que le busques de esta manera; qu&eacute; puede darte el hombre que T&uacute; no tengas, qu&eacute; buscas en m&iacute;, qu&eacute; ves en nosotros para buscamos as&iacute;... .no lo comprendo, no me entra en la cabeza. Cristo, quiero amarte, amarte de verdad, ser todo y s&oacute;lo tuyo, porque nadie me ha amado como T&uacute;. Ay&uacute;dame. Aumenta mi fe, mi amor, mi deseo de T&iacute;. Se&ntilde;or, T&uacute; lo sabes todo, T&uacute; sabes que te amo. Se&ntilde;or, dime qu&eacute; soy yo para ti, qu&eacute; es el hombre para tu Padre. Dios m&iacute;o, quiero amarte. Quiero corresponder a tanto amor y quiero que me vayas explicando desde tu presencia en el sagrario, por qu&eacute; tanto amor del Padre, porque T&uacute; eres el &uacute;nico que puedes explic&aacute;rmelo, el &uacute;nico que lo comprendes, porque ese amor te ha herido y llagado, lo has sentido, T&uacute; eres ese amor hecho carne y hecho pan, T&uacute; eres el &uacute;nico que lo sabes, porque te entregaste totalmente a &eacute;l y lo abrazaste y te empuj&oacute; hasta dar la vida y yo necesito saberlo, para corresponder y no decepcionar a un Dios tan generoso y tan bueno, al Dios m&aacute;s grande, al Dios revelado por Jesucristo, en su persona, palabras y obras, un Dios que me quiere de esta forma tan extremada. Se&ntilde;or, si t&uacute; me predicas y me pides tan dram&aacute;ticamente, con tu vida y tu muerte y tu palabra, mi amor para el Padre, si el Padre lo necesita y lo quiere tanto, como me lo ha demostrado, no quiero fallarle, no quiero faltar a un Dios tan bueno, tan generoso y si para eso tengo que mortificar mi cuerpo, mi inteligencia, mi voluntad, para adecuarlas a su verdad y su amor, purifica cuanto quieras y como quieras, que venga abajo mi vida, mis ideales ego&iacute;stas, mis cargos y honores... .s&oacute;lo quiero ser de un Dios que ama as&iacute;. Toma mi coraz&oacute;n, purif&iacute;calo de tanto ego&iacute;smo, de tanta suciedad, de tanto yo, de tanta carne pecadora, de tanto afecto desordenado..., pero de verdad. Quiero amarte de verdad, quiero serlo todo para ti. ***************************************** V DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: Jerem&iacute;as 31, 31-34 Yav&eacute;h e Israel se re&uacute;nen para hacer una Nueva Alianza, porque el pueblo ha roto el pacto antiguo, a pesar de que Yav&eacute;h ha permanecido fiel a este pacto y no ha cesado de perdonarlos, olvidando sus pecados: &ldquo;cuando perdone sus cr&iacute;menes y no recuerde sus pecados&rdquo;. Para esta vuelta a Dios, Israel debe convertirse, debe interiorizar la ley, debe meterla en su coraz&oacute;n. Para eso su Dios le facilitar&aacute; el camino, porque le tomar&aacute; de la mano y les dar&aacute; la fuerza para hacerlo. Dios llegar&aacute; a su intimidad, al interior de cada hombre, para que no necesiten salir fuera a buscarle en el templo, o en los sacerdotes o en el rey que no tienen; Dios realizar&aacute; esta Nueva Alianza en el coraz&oacute;n de los hombres y la ruptura terminar&aacute;. Esta Nueva Alianza se realiza por Jes&uacute;s, que nos dio su Esp&iacute;ritu. SEGUNDA LECTURA: Hebreos 5, 7-9 En la carta a los Hebreos San Pablo vuelve sobre el tema de la Nueva Alianza, describiendo de un modo viv&iacute;simo los sufrimientos y las angustias de Cristo en Getseman&iacute; y en toda la pasi&oacute;n y muerte, &ldquo;cuando con gritos y l&aacute;grimas present&oacute; oraciones y s&uacute;plicas al que pod&iacute;a salvarlo de la muerte&rdquo;. Siendo Hijo de Dios, no ten&iacute;a necesidad alguna de someterse a la muerte ni de obedecer a trav&eacute;s del sufrimiento, pero abraz&oacute; ambas cosas &ldquo;para convertirse en autor de salvaci&oacute;n eterna para todos lo que le obedecen&rdquo;. La Pasi&oacute;n revela el amor extremo del Padre y del Hijo a los hombres. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 11,1-45 Domingo V de Cuaresma B Queridos hermanos y hermanas: Ya dijimos, al comenzar este tiempo santo, que la Cuaresma es un camino hacia la Pascua; la Cuaresma no tiene otro sentido ni otra finalidad que prepararnos para vivir cristiana y fructuosamente la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y as&iacute; resucitar con Cristo a la nueva vida de la gracia y amistad con Dios en este mundo y luego eternamente. Por eso, a medida que nos acercamos al final de la misma van adquiriendo m&aacute;s relevancia y presencia estos misterios. Ya se anunciaban estos misterios con las palabras de Cristo en el &uacute;ltimo domingo: &ldquo;Lo mismo que Mois&eacute;s elev&oacute; la serpiente en el desierto, as&iacute; tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en &eacute;l tenga vida eterna&rdquo;; &ldquo;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo reedificar&eacute;&hellip;&eacute;l lo dec&iacute;a del templo de su cuerpo&rdquo;. Estamos ya en el quinto domingo de Cuaresma. El pr&oacute;ximo ser&aacute; el domingo de Ramos o de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or; es el comienzo de la Semana Santa por excelencia de la Iglesia. Cristo advierte claramente el sentido redentor de su muerte al decir en este evangelio: &ldquo;Os seguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muerte da mucho fruto&rdquo;. Cristo Jes&uacute;s, al morir como el grano de trigo que cae en tierra, da el fruto de la salvaci&oacute;n de los hombres con Dios por su sangre y obediencia hasta la muerte, que, por la resurrecci&oacute;n, le convertir&aacute; en Se&ntilde;or de una nueva alianza para cuantos creen en &eacute;l: &ldquo;A quien me sirva, mi Padre le premiar&aacute;&rdquo;. El evangelio de hoy empieza, sin embargo, con un ruego a los gentiles, que nosotros debemos hacerlo nuestro: &ldquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&rdquo; En la Enc&iacute;clica Novo Millennio Ineunte trae el Papa Juan Pablo II un comentario muy oportuno que quiero meditar hoy con vosotros; nos viene a decir el Papa lo que repetir&eacute; toda mi vida: para ver y contemplar el rostro de Cristo el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n, hay que retirarse sobre todo ante el Sagrario en ratos de oraci&oacute;n para encontrarse con el Se&ntilde;or, hay que orar. La oraci&oacute;n-conversi&oacute;n es el camino absolutamente necesario para ver el rostro de Cristo, para sentir a Cristo y gozarlo. Dice el Papa: n&ordm;16. &laquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&raquo; (Jn 12,21). Esta petici&oacute;n, hecha al ap&oacute;stol Felipe por algunos griegos que hab&iacute;an acudido a Jerusal&eacute;n para la peregrinaci&oacute;n pascual, ha resonado tambi&eacute;n espiritualmente en nuestros o&iacute;dos&hellip; Como aquellos peregrinos de hace dos mil a&ntilde;os, los hombres de nuestro tiempo, quiz&aacute;s no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no s&oacute;lo que &laquo;hablen&raquo; de Cristo, sino en cierto modo hac&eacute;rselo &laquo;ver&raquo;, repito, no solo hablen de Cristo sino hacerselo ver&hellip; &iquest;Y no es este el cometido princiipal de la Iglesia de todos los tiempos reflejar la luz de Cristo en cada &eacute;poca de la historia y hacer resplandecer tambi&eacute;n su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio ser&iacute;a, adem&aacute;s, enormemente deficiente si nosotros no fu&eacute;semos los primeros contempladores de su rostro&hellip; nos dice el Papa&hellip; Queridos hermanos, sabiendo esto cuando pido por las vocaciones hay una petici&oacute;n que siempre hago en silencio porque s&eacute; que podr&iacute;a molestar. La primera me la hab&eacute;is o&iacute;do muchas veces: que en el mundo haya padres, sobre todo madres verdaderamente cristianas, porque entonces a trav&eacute;s de ellas Dios siembra la vocaci&oacute;n en los hijos, los padres, sobre todo las madres cristianas son semilleros de vocacione por su amor a Cristo. La segunda petici&oacute;n es que los sacerdotes y religiosas vivamos con tal amor y entusiasmo y gozo nuestra vocaci&oacute;n que la contagiemos sobre todo los j&oacute;venes con solo escucharnos,; a mi me parece que a la Iglesia de hoy le falta en gran parte este gozo y esta vivencia de su vocaci&oacute;n sacerdotal o religiosa. Y sigue el Papa en el n&ordm;20 y con esto termino. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; Pedro a esta fe? &iquest;Y qu&eacute; se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez m&aacute;s convencido sus pasos? Mateo nos da una indicaci&oacute;n clarificadora en las palabras con que Jes&uacute;s acoge la confesi&oacute;n de Pedro: &laquo;No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en los cielos)) (16,17). La expresi&oacute;n &laquo;carne y sangre&raquo; evoca al hombre y el modo com&uacute;n de conocer. Esto, en el caso de Jes&uacute;s, no basta. Es necesaria una gracia de &laquo;revelaci&oacute;n&raquo; que viene del Padre (cf. ibid.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma direcci&oacute;n, haciendo notar que este di&aacute;logo con los disc&iacute;pulos se desarroll&oacute; mientras Jes&uacute;s &laquo;estaba orando a solas&raquo; Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplaci&oacute;n plena del rostro del Se&ntilde;or no llegamos s&oacute;lo con nuestras fuerzas, sino dej&aacute;ndonos guiar por la gracia. S&oacute;lo la experiencia del silencio de la oraci&oacute;n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m&aacute;s aut&eacute;ntico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresi&oacute;n culminante en la solemne proclamaci&oacute;n del evangelista Juan: &laquo;Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad&raquo; (Jn 1,14). /// *************************************** /// En la Enc&iacute;clica Novo Millennio Ineunte trae el Papa Juan Pablo II un comentario muy oportuno. Dice as&iacute;: CAP&Iacute;TULO II UN ROSTRO PARA CONTEMPLAR 16. &laquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&raquo; (Jn 12,21). Esta petici&oacute;n, hecha al ap&oacute;stol Felipe por algunos griegos que hab&iacute;an acudido a Jerusal&eacute;n para la peregrinaci&oacute;n pascual, ha resonado tambi&eacute;n espiritualmente en nuestros o&iacute;dos&hellip; Como aquellos peregrinos de hace dos mil a&ntilde;os, los hombres de nuestro tiempo, quiz&aacute;s no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no s&oacute;lo &laquo;hablen&raquo; de Cristo, sino en cierto modo hac&eacute;rselo &laquo;ver&raquo;. &iquest;Y no es quiz&aacute; cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada &eacute;poca de la historia y hacer resplandecer tambi&eacute;n su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio ser&iacute;a, adem&aacute;s, enormemente deficiente si nosotros no fu&eacute;semos los primeros contempladores de su rostro&hellip; El testimonio de los Evangelios 17.- La contemplaci&oacute;n del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de &eacute;l dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, est&aacute; impregnada de este misterio, se&ntilde;alado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que San Jer&oacute;nimo afirma con vigor: &laquo;Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo&raquo; Teniendo como fundamento la Escritura, nos abrimos a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu (cf. Jn 15,26), que es el origen de aquellos escritos, y, a la vez, al testimonio de los Ap&oacute;stoles (cf. ibid., 27), que tuvieron la experiencia viva de Cristo, la Palabra de vida, lo vieron con sus ojos, lo escucharon con sus o&iacute;dos y lo tocaron con sus manos (cf. 1 Jn 1,1). Lo que nos ha llegado por medio de ellos es una visi&oacute;n de fe, basada en un testimonio hist&oacute;rico preciso. Es un testimonio verdadero que los Evangelios, no obstante su compleja redacci&oacute;n y con una intenci&oacute;n primordialmente catequ&eacute;tica, nos transmitieron de una manera plenamente comprensible. 18. En realidad los Evangelios no pretenden ser una biografia completa de Jes&uacute;s seg&uacute;n los c&aacute;nones de la ciencia hist&oacute;rica moderna. Sin embargo, de ellos emerge el rostro del Nazareno con un fundamento hist&oacute;rico seguro, pues los evangelistas se preocuparon de presentarlo recogiendo testimonios fiables (cf. Lc 1,3) y trabajando sobre documentos sometidos al atento discernimiento eclesial. Sobre la base de estos testimonios iniciales ellos, bajo la acci&oacute;n iluminada del Esp&iacute;ritu Santo, descubrieron el dato humanamente desconcertante del nacimiento virginal de Jes&uacute;s de Mar&iacute;a, esposa de Jos&eacute;. De quienes lo hab&iacute;an conocido durante los casi treinta a&ntilde;os transcurridos por &eacute;l en Nazaret (cf. Lc 3,23), recogieron los datos sobre su vida de &laquo;hijo del carpintero&raquo; (Mt 13,55) y tambi&eacute;n como &laquo;carpintero&raquo;, en medio de sus parientes (cf. Mc 6,3). Hablaron de su religiosidad, que lo mov&iacute;a a ir con los suyos en peregrinaci&oacute;n anual al templo de Jerusal&eacute;n (cf. Lc 2,41) y sobre todo porque acud&iacute;a de forma habitual a la sinagoga de su ciudad (cf. Lc 4,16). Despu&eacute;s los relatos ser&aacute;n m&aacute;s extensos, aun sin ser una narraci&oacute;n org&aacute;nica y detallada, en el per&iacute;odo del ministerio p&uacute;blico, a partir del momento en que el joven galileo se hace bautizar por Juan Bautista en el Jord&aacute;n y, apoyado por el testimonio de lo alto, con la conciencia de ser el &laquo;Hijo amado&raquo; (cf. Lc 3,22), inicia su predicaci&oacute;n de la venida del Reino de Dios, ense&ntilde;ando sus exigencias y su fuerza mediante palabras y signos de gracia y misericordia. Los Evangelios nos lo presentan as&iacute; en camino por ciudades y aldeas, acompa&ntilde;ado por doce Ap&oacute;stoles elegidos por &Eacute;l (cf. Mc 3,13-19), por un grupo de mujeres que los ayudan (cf. Lc 8,2-3), por muchedumbres que lo buscan y lo siguen, por enfermos que imploran su poder de curaci&oacute;n, por interlocutores que escuchan, con diferente eco, sus palabras. La narraci&oacute;n de los Evangelios coincide adem&aacute;s en mostrar la creciente tensi&oacute;n que hay entre Jes&uacute;s y los grupos dominantes de la sociedad religiosa de su tiempo, hasta la crisis final, que tiene su ep&iacute;logo dram&aacute;tico en el G&oacute;lgota. Es la hora de las tinieblas, a la que seguir&aacute; una nueva, radiante y definitiva aurora. En efecto, las narraciones evang&eacute;licas terminan mostrando al Nazareno victorioso sobre la muerte, se&ntilde;alan la tumba vac&iacute;a y lo siguen en el ciclo de las apariciones, en las cuales los disc&iacute;pulos, perplejos y at&oacute;nitos antes, llenos de indecible gozo despu&eacute;s, lo experimentan vivo y radiante, y de &Eacute;l reciben el don del Esp&iacute;ritu Santo (cf. Jn 20,22) y el mandato de anunciar el Evangelio a &laquo;todas las gentes&raquo; (Mt 28,19). El camino de la fe 19. &laquo;Los disc&iacute;pulos se alegraron de ver al Se&ntilde;or&raquo; (Jn 20,20). El rostro que los Ap&oacute;stoles contemplaron despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n era el mismo de aquel Jes&uacute;s con quien hab&iacute;an vivido unos tres a&ntilde;os, y que ahora los convenc&iacute;a de la verdad asombrosa de su nueva vida mostr&aacute;ndoles &laquo;las manos y el costado&raquo; (ibid.). Ciertamente no fue f&aacute;cil creer. Los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s creyeron s&oacute;lo despu&eacute;s de un laborioso itinerario del esp&iacute;ritu (cf. Lc 24,13-35). El ap&oacute;stol Tom&aacute;s crey&oacute; &uacute;nicamente despu&eacute;s de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, s&oacute;lo la fe pod&iacute;a franquear el misterio de aquel rostro. &Eacute;sta era una experiencia que los disc&iacute;pulos deb&iacute;an haber hecho ya en la vida hist&oacute;rica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sent&iacute;an interpelados por sus gestos y por sus palabras. A Jes&uacute;s no se llega verdaderamente m&aacute;s que por la fe, a trav&eacute;s de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los disc&iacute;pulos, como haciendo un primer balance de su misi&oacute;n, Jes&uacute;s les pregunta qui&eacute;n dice la &laquo;gente&raquo; que es &eacute;l, recibiendo como respuesta: &laquo;Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que Jerem&iacute;as o uno de los profetas&raquo; (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante a&uacute;n &mdash;jy cu&aacute;nto!&mdash; de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensi&oacute;n religiosa realmente excepcional de este rabb&iacute; que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad &iexcl;Jes&uacute;s es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que ata&ntilde;e al nivel profundo de su persona, lo que &Eacute;l espera de los &laquo;suyos&raquo;: &laquo;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&raquo; (Mt 16,15). S&oacute;lo la fe profesada por Pedro, y con &eacute;l por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al coraz&oacute;n, yendo a la profundidad del misterio: &laquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&raquo; (Mt 16,16). 20. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; Pedro a esta fe? &iquest;Y qu&eacute; se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez m&aacute;s convencido sus pasos? Mateo nos da una indicaci&oacute;n clarificadora en las palabras con que Jes&uacute;s acoge la confesi&oacute;n de Pedro: &laquo;No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en los cielos)) (16,17). La expresi&oacute;n &laquo;carne y sangre&raquo; evoca al hombre y el modo com&uacute;n de conocer. Esto, en el caso de Jes&uacute;s, no basta. Es necesaria una gracia de &laquo;revelaci&oacute;n&raquo; que viene del Padre (cf. ibid.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma direcci&oacute;n, haciendo notar que este di&aacute;logo con los disc&iacute;pulos se desarroll&oacute; mientras Jes&uacute;s &laquo;estaba orando a solas&raquo; Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplaci&oacute;n plena del rostro del Se&ntilde;or no llegamos s&oacute;lo con nuestras fuerzas, sino dej&aacute;ndonos guiar por la gracia. S&oacute;lo la experiencia del silencio de la oraci&oacute;n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m&aacute;s aut&eacute;ntico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresi&oacute;n culminante en la solemne proclamaci&oacute;n del evangelista Juan: &laquo;Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad&raquo; (Jn 1,14). /// ********************************************* DOMINGO DE RAMOS EN LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 50, 4-7 Est&aacute; tomada del tercer canto del Siervo de Yav&eacute;h. Capacita al siervo para cumplir su misi&oacute;n como consolador de los abatidos. &Eacute;l est&aacute; siempre a la escucha de lo que Dios habla. La salvaci&oacute;n que traer&aacute; consolar&aacute; a los que sufren, les ayudar&aacute; a confiar en Dios por encima de todas las pruebas, aceptando la propia muerte, sin revelarse contra Dios. Esta profec&iacute;a explica perfectamente la pasi&oacute;n y muerte de Cristo. Los cristianos acudieron a ella para explicar los primeros sufrimientos y persecuciones. Al final, la confianza salva al Siervo. SEGUNDA LECTURA: Filipenses 2,6-11 Esta Lectura es un himno primitivo que canta el Misterio de la Encarnaci&oacute;n, afirmando la existencia divina de Cristo, que, en su vida humana, no deslumbr&oacute; por su atributos divinos y el esplendor de su gloria infinita, sino que se singulariz&oacute; por su humildad y servicio a todos los hombres, manifestado en su amor extremo, que le llev&oacute; a la pasi&oacute;n y la muerte, para ganarlos para Dios. El Padre acept&oacute; su sacrificio por los hombres y le resucit&oacute; y le volvi&oacute; a su gloria y esplendor primero, sent&aacute;ndolo a su derecha como Dios-hombre y recibiendo el nombre de Se&ntilde;or. Dif&iacute;cilmente se puede decir m&aacute;s y mejor de Jesucristo. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Con el Domingo de Ramos, con la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n a lomos de la borriquita, comenzamos la Semana Santa, la semana en que celebramos anualmente los misterios centrales de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrecci&oacute;n de Jesucristo. Hemos venido prepar&aacute;ndonos durante la cuaresma (40 d&iacute;as) y lo celebraremos durante el tiempo pascual (50 d&iacute;as), para rematar en Pentecost&eacute;s con la venida del Esp&iacute;ritu Santo. En este domingo aparece Jes&uacute;s que camina libremente hacia la muerte. &ldquo;Nadie me quita la vida, la doy yo libremente&rdquo; (Jn 10,18). Jes&uacute;s no es sorprendido por lo que le viene encima, sino que lo conoce y desea que se cumpla. &ldquo;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer&rdquo; (Lc 22,15). Llama la atenci&oacute;n la libertad con la que Jes&uacute;s se enfrenta a su muerte redentora. M&aacute;s que un reo, aparece como un juez poderoso, due&ntilde;o de la situaci&oacute;n. El secreto de todo ello est&aacute; en el amor que mueve su coraz&oacute;n. Jes&uacute;s no va a la muerte a empujones o a la fuerza, va libremente, como libre es el amor que le acompa&ntilde;a. Amor al Padre, al que se entrega en obediencia amorosa. Jes&uacute;s conoce el plan redentor de su Padre Dios y ha entrado de lleno en esa voluntad de salvar a todos, entreg&aacute;ndose a la muerte. Su obediencia es un acto de amor y la ofrenda de su vida tiene ante todo esa direcci&oacute;n vertical de darle a su Padre lo que se merece, y lo que tantas veces los humanos le hemos robado por el pecado. Y amor a los hombres, por los que se entrega voluntariamente en actitud de servicio, ocupando el &uacute;ltimo puesto, para que nosotros recuperemos la dignidad de hijos de Dios. Los sufrimientos de la pasi&oacute;n que le viene encima ser&aacute;n terribles. Sufrimientos f&iacute;sicos: azotes, corona de espinas, clavado en cruz, sed agotadora, muerte por asfixia. Sufrimientos sicol&oacute;gicos: humillaci&oacute;n, tremenda humillaci&oacute;n. Es tratado como un malhechor, siendo el hijo de Dios. Sometido a una sentencia injusta, &eacute;l no abri&oacute; la boca. Tremendamente llamativo el silencio de Jes&uacute;s a lo largo de la pasi&oacute;n. &ldquo;Jes&uacute;s, sin embargo, callaba&rdquo; (Mt 26,62), recordando al Siervo de Yav&eacute;, que iba mudo como cordero llevado al matadero. Pero lo m&aacute;s misterioso es ese silencio de Dios, que le hace gritar a Jes&uacute;s: &ldquo;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?&rdquo;(Mt 27, 46). Dios Padre no abandon&oacute; nunca a su Hijo, y bien lo sab&iacute;a Jes&uacute;s que el Padre nunca le abandona. Sin embargo, la zona inferior de su humanidad se sinti&oacute; desgarrada ya desde la oraci&oacute;n en el huerto. Jes&uacute;s quiso tocar de esta manera tantas situaciones humanas donde se palpa el silencio de Dios. Y es que todo ese sufrimiento humano, que muchas personas arrastran en su vida es peor que la muerte. Y Jes&uacute;s ha pasado por ese trago, para que cuando nos toque pasarlo a nosotros no nos sintamos solos. Ha sido muy honda la humillaci&oacute;n y el descenso hasta lo m&aacute;s inferior. Y es que ser&aacute; muy grande la exaltaci&oacute;n por la resurrecci&oacute;n. Bien lo expresa el himno que cantamos en la liturgia y que ya cantaban aquellos primeros cristianos como respuesta a la predicaci&oacute;n de los ap&oacute;stoles, y concretamente a la predicaci&oacute;n del ap&oacute;stol Pablo. &ldquo;Cristo, siendo de condici&oacute;n divina... se despoj&oacute; de su rango, obediente hasta la muerte de Cruz. Por eso, Dios lo exalt&oacute; sobre todo&rdquo; (Flp 2, 6-11). Queridos hermanos y hermanas: Entremos con Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, aclam&eacute;mosle con palmas y ramos, uni&eacute;ndonos al griter&iacute;o de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes que le aclaman como rey: &ldquo;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or&rdquo;. Participemos, pues, en la liturgia de estos d&iacute;as santos. La Misa Crismal del martes, donde se consagra el santo Crisma para los sacramentos y los sacerdotes renuevan sus promesas (invitados tambi&eacute;n especialmente los que se van a confirmar). Especialmente participemos en la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica del triduo pascual, jueves santo en la tarde, viernes y vigilia pascual. Y, si le acompa&ntilde;amos en la muerte, tendremos parte en la alegr&iacute;a de su resurrecci&oacute;n. Las procesiones de Semana Santa sean todas expresi&oacute;n de este acompa&ntilde;amiento a Jes&uacute;s que camina libre hacia la muerte para llevarnos a todos a la resurrecci&oacute;n de una nueva vida. Santa Semana para todos y feliz Pascua de resurrecci&oacute;n. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. ******************************************* PASI&Oacute;N DE N.S. JESUCRISTO HOMILIA: QUERIDOS HERMANOS: Se abre la Semana Santa con este recuerdo de la entrada triunfal de Cristo en Jerusal&eacute;n, que se verific&oacute; exactamente el domingo de Ramos antes de su pasi&oacute;n. El domingo de Ramos, que estamos celebrando, es el p&oacute;rtico grande de esta semana mayor de la Iglesia, en la que celebramos los misterios m&aacute;s grandes de nuestra fe cristiana: -- el Jueves Santo es el d&iacute;a de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a: &ldquo;este es mi cuerpo&hellip;, y d&iacute;a de la instituci&oacute;n del Sacerdocio: &ldquo;haced&hellip; -- d&iacute;a del mandato nuevo: Amaos los unos a los otros&hellip;; -- el Viernes Santo es el d&iacute;a de la pasi&oacute;n y de muerte del Se&ntilde;or; -- para terminar en el domingo que es el domingo primero y origen de todos los domingos, o Pascua de Resurrecci&oacute;n, en la que celebramos la Resurrecci&oacute;n de Cristo, que es tambi&eacute;n la nuestra, hacia donde todos los cristianos se encaminan, para la cual nos preparamos durante la Cuaresma y que es el fin de toda la Semana Santa, fundamento de nuestra fe en Jesucristo: Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres y principio y fin de toda la vida cristiana. La Resurrecci&oacute;n de Cristo es la prueba suprema de su divinidad, de su vida y misi&oacute;n salvadora y fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna, y repito: centro y culmen de toda la semana santa, de toda la vida y misi&oacute;n de Cristo y certeza de nuestra resurrecci&oacute;n. Y con creer y esperar y pedir esto est&aacute; ya toda la raz&oacute;n de nuestro ser y existir. 1.- Por eso, Jes&uacute;s es y tiene que ser el protagonista de toda la Semana Santa en la iglesia, empezando por este domingo de Ramos, celebrado en las iglesias y no en las procesiones y dem&aacute;s, porque esto es un sacramento de Cristo y aquello son actos piadosos del pueblo cristiano. No es que yo est&eacute; en contra, pero la misa de hoy y de estos d&iacute;as es m&aacute;s importante que las procesiones y dem&aacute;s actos que se puedan hacer. La semana santa aut&eacute;ntica y sacramental se celebra en las iglesias. Y para celebrar todos estos misterios, es necesario que est&eacute; presente el que los realiz&oacute; entonces y siempre, Jesucristo. Por eso es bueno y necesario venir a la iglesia estos d&iacute;as para celebrar con Cristo, por medio del sacerdote que le representa, estos misterios de nuestra salvaci&oacute;n y de nuestros hijos, a los que tenemos que hablarles de esto. Ya s&eacute; que lo hac&eacute;is y lo dif&iacute;cil que lo est&aacute; poniendo esta sociedad, pero yo como sacerdote y en nombre de Cristo tengo el deber de proclamarlo. Os espero en las celebraciones lit&uacute;rgicas de la iglesia. El Se&ntilde;or os espera. El Se&ntilde;or vendr&aacute; y har&aacute; presente todos estos misterios el Jueves y Viernes santo, sobre todo, la Vigilia y Domingo de Resurrecci&oacute;n para decirnos que somos eternos, que &Eacute;l ha vencido la muerte para que todos tengamos vida eterna y de gozo celestial en el cielo para siempre, para siempre, eternamente. As&iacute; sea y lo espero de todos. Pero mirad Jes&uacute;s, que se hab&iacute;a opuesto siempre a toda manifestaci&oacute;n p&uacute;blica y que huy&oacute; cuando el pueblo quiso proclamarlo rey, hoy se deja llevar en triunfo, en un humilde asno. Ahora que est&aacute; a punto de ser llevado a la muerte, acepta su aclamaci&oacute;n p&uacute;blica como Mes&iacute;as. Acepta ser reconocido como Rey, pero como un Rey con caracter&iacute;sticas inconfundibles: humilde y manso, que entre en la ciudad santa montado en un asnillo. Es un rey que proclamar&aacute; su realeza s&oacute;lo ante los tribunales y aceptar&aacute; que se ponga la inscripci&oacute;n de su t&iacute;tulo de rey solamente en la cruz. La entrada jubilosa en Jerusal&eacute;n constituye el homenaje espont&aacute;neo del pueblo a Jes&uacute;s, que se encamina, a trav&eacute;s de la pasi&oacute;n y de la muerte, a la plena manifestaci&oacute;n de su Realeza divina. Aquella muchedumbre, que hoy le aclama, no pod&iacute;a comprender el alcance de su gesto, pero la comunidad y los fieles que hoy lo celebramos s&iacute; podemos comprenderlo y proclamar con el pueblo jud&iacute;o de entonces: &laquo;T&uacute; eres el Rey de Israel y el noble hijo de David, t&uacute;, que vienes, Rey bendito, en nombre del Se&ntilde;or. Ellos te aclamaban jubilosamente, cuando ibas a morir; nosotros celebramos tu gloria, oh Rey eterno&raquo; (MR). 2.- Nosotros tambi&eacute;n, este domingo, tenemos que abrir nuestro coraz&oacute;n a Cristo para que entre como rey victorioso en nuestras vidas, al menos en esta semana, que debemos vivirla toda para &Eacute;l y con &Eacute;l, participando, no s&oacute;lo en las procesiones de nuestras calles, sino, sobre todo, en los actos lit&uacute;rgicos y sacramentales, portadores de su gracia y celebrados por las comunidades cristianas en las iglesias. No podemos decepcionar a Cristo, dej&aacute;ndole s&oacute;lo en sus celebraciones lit&uacute;rgicas, que son las verdaderamente cristianas y santificadoras, celebradas por &Eacute;l. Hay que vencer toda pereza y rutina, para que &eacute;sta sea verdaderamente una Semana Santa y cristiana para todos, no pagana. Si todos nosotros deseamos vernos rodeados por familiares y amigos en los momentos trascendentales de nuestra vida, ahora vamos a celebrar los m&aacute;s importantes de la vida de Cristo y de la humanidad. Y quiere estar acompa&ntilde;ado por todos los suyos, todos nosotros. Que nadie falte a estas citas y presencias de fe y amor en los cultos de las iglesias. Que no dejemos solo a Cristo otra vez con la cruz. 3.- Cuando se lee este Domingo de Ramos la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, uno queda tan profundamente impresionado, que no tiene &aacute;nimos para hacer comentario alguno sobre tan estremecedor acontecimiento. Pero la Liturgia lo advierte expresamente. H&aacute;gase una breve homil&iacute;a. Y a m&iacute; no se me ocurre otra cosa que decir extasiado con San Pablo, al contemplar estos hechos: &ldquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;,&rdquo; y luego guardar silencio y seguir meditando todos estos hechos salvadores en contemplaci&oacute;n interior. San Pablo qued&oacute; profundamente impresionado toda su vida por estos &uacute;ltimos hechos estremecedores de la pasi&oacute;n y muerte del Se&ntilde;or; s&oacute;lo con repetir frases suyas har&iacute;amos hoy la mejor homil&iacute;a. Voy a a&ntilde;adir dos textos m&aacute;s: &ldquo; No quiero saber m&aacute;s que mi Cristo y &eacute;ste, crucificado&hellip;&rdquo;; &ldquo;Los griegos buscan sabidur&iacute;a; los jud&iacute;os buscan &eacute;xito, pero nosotros predicamos a Cristo y &eacute;ste crucificado, esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os, necedad para los griegos, pero fuerza y sabidur&iacute;a de Dios para los que le aman&rdquo;. Para terminar con este texto tan maravilloso de su Carta a los Filipenses: &ldquo;Estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;; y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;. La Liturgia hoy nos invita a fijar la mirada en la gloria de Cristo, Rey eterno, para que los fieles est&eacute;n preparados para comprender mejor el valor de su humillante pasi&oacute;n, camino necesario para la exaltaci&oacute;n suprema. No se trata, pues, de acompa&ntilde;ar a Jes&uacute;s en el triunfo de una hora, sino de seguirle hasta el Calvario, donde, muriendo en la cruz, triunfar&aacute; para siempre del pecado y de la muerte. Estos son los sentimientos que la Iglesia expresa cuando, al bendecir los ramos, ora para que el pueblo cristiano complete el rito externo con devoci&oacute;n interna y espiritual, triunfando del enemigo y honrando de todo coraz&oacute;n la misericordiosa obra de la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or. No hay un modo m&aacute;s bello de honrar la pasi&oacute;n de Cristo que conform&aacute;ndose con ella para triunfar con Cristo en la Pascua de la Resurrecci&oacute;n. Vivamos toda la Semana Santa que hoy iniciamos con estos sentimientos de sufrir y morir con Cristo; acompa&ntilde;&eacute;mosle en su entrada triunfal en Jerusal&eacute;n; ha subido para morir por todos nosotros. No faltemos a la liturgia del Jueves y del Viernes Santo. Y vivamos su triunfo en la Pascua, resucitando con &Eacute;l a la vida nueva y eterna. El Se&ntilde;or lo merece. Muri&oacute; y Resucit&oacute; por nosotros. ********************************************** PASI&Oacute;N DE NUESTRO SE&Ntilde;OR JESUCRISTO EN SAN MARCOS,14,1-15. QUERIDOS HERMANOS: En este domingo de Ramos en la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, la Iglesia recomienda que se haga una breve homil&iacute;a, porque la misma narraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n y Muerte del Se&ntilde;or es la mejor predicaci&oacute;n para comprender todo el amor de Esp&iacute;ritu Santo del Padre y del Hijo a los hombres. Entramos en la Semana Santa por excelencia de la Iglesia y me gustar&iacute;a que estren&aacute;semos ojos nuevos y puros, en gracia y amor de Dios, para contemplar tanto misterio de amor de Dios a los hombres. Refiri&eacute;ndose a Cristo crucificado, las Sagradas Escrituras dicen: &ldquo;Mirar&aacute;n al que traspasaron&rdquo;. Y el mismo Cristo dir&aacute; de si mismo: &ldquo;Cuando sea elevado, atraer&eacute; a todos hacia mi&rdquo;. Nosotros, al escuchar la Pasi&oacute;n, la Crucifixi&oacute;n y la Muerte de Cristo, nos sentimos todos atra&iacute;dos hacia &Eacute;l; pero queremos que nuestra mirada sea de amor y no meramente de curiosidad; queremos responder con amor al que tanto nos am&oacute;. Por eso, vamos a fijarnos brevemente sobre las diversas miradas que Jes&uacute;s tuvo que gozar o sufrir durante su vida y, sobre todo, durante su Pasi&oacute;n y Muerte. El pueblo de Israel, primer espectador directo y activo de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, reaccion&oacute; de muy diferentes maneras. Hay en la historia de la Pasi&oacute;n una serie de posturas diversas: unos reaccionaron cobardemente, como los Ap&oacute;stoles; otros mal&eacute;volamente, como las autoridades y jefes; otros, pol&iacute;ticamente, como Pilato; y otros, finalmente, con indiferencia o apat&iacute;a, como la masa. &iquest;C&oacute;mo reaccionan hoy los cristianos? &iquest;Acaso toman estos d&iacute;as de Semana Santa como tiempo de gracia y salvaci&oacute;n, acompa&ntilde;ando al Se&ntilde;or, o como d&iacute;as de vacaci&oacute;n incluso religiosa? Las mismas procesiones deben purificarse en el modo y la forma para que no se conviertan en puro folklore o dato &ldquo;cultural&rdquo;, como se dice modernamente, olvidando su fundamento y sentido religioso. Pensemos que las procesiones, como los dem&aacute;s actos de la Semana Santa, no valen nada si no son expresi&oacute;n de fe y amor a Cristo. &iquest;C&oacute;mo miramos nosotros a Cristo? &iquest;C&oacute;mo vivimos, con qu&eacute; actitudes y disposiciones nos acercamos a estos d&iacute;as? Para nosotros deben ser d&iacute;as preferentemente para meditar, orar y celebrar nuestra fe en Cristo y en su Salvaci&oacute;n, para acompa&ntilde;arle en sus alegr&iacute;as y penas, en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, en la celebraci&oacute;n de su Muerte y Resurrecci&oacute;n. Sin embargo, en la vieja Europa de pol&iacute;ticos ateos y laicistas, que no quieren ni reconocer sus ra&iacute;ces cristianas, hay mucha propaganda de persecuci&oacute;n a la Iglesia y lo que ella representa, y muchos ni&ntilde;os, j&oacute;venes y adultos viven en una mentalidad pagana, por no haber recibido la m&aacute;s m&iacute;nima formaci&oacute;n cristiana y religiosa desde el hogar y las escuelas. Son miradas de frivolidad, porque incluso muchos bautizados han perdido el sentido de la Semana Santa y la han convertido en d&iacute;as de puro descanso, sin programaci&oacute;n de vida espiritual y religiosa. Vivimos en una sociedad que se va descristianizando; sin embargo, nosotros tenemos que vivirla cristianamente. Nosotros tenemos que mirar a Cristo en estos d&iacute;as con mirada compasiva, dolorida, amiga, agradecida, como las miradas de su Madre, como la mirada de Mar&iacute;a Magdalena, como la de Juan, &uacute;nico disc&iacute;pulo que permaneci&oacute; junto a la cruz de Cristo, como la mirada agradecida y sorprendida del buen ladr&oacute;n, mirada llena de fe como la del centuri&oacute;n romano: &ldquo;verdaderamente este hombre era justo&rdquo;; mirada de creyente y enamorado de Cristo como la de Pablo y de todos los cristianos que le aman de verdad: &ldquo;me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo es Cristo quien vive en mi y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;. Muchas son las lecciones que nos ense&ntilde;a Cristo desde la cruz; nos lo dice claramente San Pablo: &ldquo;no quiero saber nada m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado, necedad para los griegos, esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os&hellip; pero fuerza y sabidur&iacute;a de Dios para los que el aman&rdquo;. Jes&uacute;s y el Padre nos manifiestan desde la cruz su amor a todos los hombres; Jes&uacute;s:&ldquo;Nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;; el Padre: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan la vida eterna&rdquo;, nos dice San Juan. Y San Agust&iacute;n dir&aacute;: &laquo;M&aacute;s me amaste a mi que a ti, pues moriste por mi&raquo; Jes&uacute;s en la cruz nos ense&ntilde;a a orar, es la lecci&oacute;n m&aacute;s importante, porque orando y recitando los salmos, recibimos la gracia de Dios para amar, perdonar y sufrir como &Eacute;l. Or&oacute; &ldquo;con l&aacute;grimas y gemidos al que pod&iacute;a librar de la muerte&rdquo;, nos dice San Pablo en su Carta a los Hebreos. Eran l&aacute;grimas de sangre. Oremos tambi&eacute;n nosotros en los momentos de dolor y pasi&oacute;n, en la soledad y desamparo. Jes&uacute;s en su Pasi&oacute;n y cruz nos ense&ntilde;a a perdonar: &ldquo;Padre, perd&oacute;nales porque no saben lo que hacen&rdquo;. Perdona a los amigos que le han abandonado y a los enemigos que le est&aacute;n crucificando e insultando. Como Cristo nosotros tenemos que aprender a perdonar a todos, amigos y enemigos, a rezar por los que nos hacen mal, por los que nos crucifican cada d&iacute;a con sus palabras y acciones. Una Semana Santa bien celebrada nos pide y exige este perd&oacute;n. Jes&uacute;s en su Pasi&oacute;n y cruz nos ense&ntilde;a a sufrir con paciencia, ofreciendo a Dios nuestro dolor y l&aacute;grimas. Por muchos que sean nuestros sufrimientos en la vida, m&aacute;s sufri&oacute; el Se&ntilde;or y as&iacute; nos salv&oacute; y as&iacute; tenemos que salvar nosotros a este mundo alejado de la fe. Suframos con paciencia, con humildad, con fortaleza heroica, a semejanza de Cristo y sus santos. Y finalmente Jes&uacute;s en la cruz nos ense&ntilde;a a morir. Muri&oacute; entregando su alma a Dios: &ldquo;Padre, a tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&rdquo;. Muri&oacute; obedeciendo y cumpliendo y adorando la voluntad del Padre, con amor extremo, hasta dar la vida por amor a Dios y a los hermanos. Pero adem&aacute;s, desde la cruz, Jes&uacute;s quiso hacernos el regalo m&aacute;s maravilloso de su vida: nos dio su misma Madre, la Virgen. De todos prescindi&oacute; Cristo en la hora de su muerte, pero no quiso que su madre estuviera ausente, porque necesitaba su ayuda y su mirada maternal. Como nosotros. No olvidemos nunca a Mar&iacute;a en nuestra vida. ********************************************** TIEMPO PASCUAL TRIDUO PASCUAL JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SE&Ntilde;OR (Para homil&iacute;as del Jueves Santo pueden consultar mi libro: &iexcl;TU CUERPO Y SANGRE, SE&Ntilde;OR! o tambi&eacute;n &ldquo;ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N, ciclo A y C, Edibesa, Madrid) EL JUEVES SANTO, D&Iacute;A DE LA EUCARIST&Iacute;A: INSTITUCI&Oacute;N (Jn 13,1-15) QUERIDOS HERMANOS: En estos d&iacute;as solemn&iacute;simos de la Semana Santa Cristo en persona deber&iacute;a realizar la liturgia, porque nuestras manos son torpes para tanto misterio y nuestro coraz&oacute;n d&eacute;bil para tantas emociones. Pero Cristo con su presencia corporal e hist&oacute;rica, quiso hacerla visiblemente s&oacute;lo una vez, la primera, y luego, oculto en en el pan consagrado de la &Uacute;ltima Cena y en la humanidad de otros hombres, los sacerdotes, quiso continuar su obra hasta el final de los tiempos. Por eso, ya que indignamente me toca esta tarde hacer presente ante vosotros a Cristo en la &Uacute;ltima Cena que estamos celebrando, os pido que me cre&aacute;is, porque os digo la verdad, siempre os digo la verdad, pero hoy de una forma especial en nombre de Cristo, a quien represento, aunque mi pobre vida sacerdotal m&aacute;s que revelaros esta presencia de Cristo en medio de vosotros, alguna vez pueda velarla. Os pido que me cre&aacute;is, cuando os hable esta tarde de esta maravillosa presencia de Cristo en su ofrenda total al Padre por nosotros y nuestra salvaci&oacute;n, de esta presencia para siempre en el pan consagrado; de su presencia tambi&eacute;n en el barro de otros hombres, los sacerdotes, y cuando os recuerde tambi&eacute;n su presencia en los hermanos, con el mandato de amarnos los unos a los otros como &Eacute;l nos am&oacute;. 1.- Todos record&aacute;is aquella escena. La acabamos de evocar en la lectura del Evangelio. Fue hace venti&uacute;n siglos, aproximadamente sobre estas horas, en la paz del atardecer m&aacute;s luminoso de la historia, Cristo nos am&oacute; hasta el extremo, hasta el extremo de su amor, hasta el extremo del tiempo y de sus fuerzas, instituyendo el sacramento de la Eucarist&iacute;a, de su Amor extremo hasta la muerte y hasta el final de los tiempos. Aquel primer Jueves Santo de la Historia Jes&uacute;s estaba emocionado, no lo pod&iacute;a disimular, le temblaba el pan en las manos porque sus palabras eran efluvios de su coraz&oacute;n: &ldquo;Tomad y Comed, esto es mi cuerpo... bebed todos de la copa, esta es mi sangre que se derrama por vosotros..&rdquo;. Y como &Eacute;l es Dios, as&iacute; se hizo, porque su poder y su amor es infinito, &Eacute;l que hace el mundo, los claveles tan rojos, unos cielos de estrellas tan bellas e incontables. Por eso, queridos hermanos, antes de seguir adelante, hagamos un acto de fe plena y total en la presencia real y verdadera de Cristo en el pan consagrado por &Eacute;l en la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y sagrario. Porque &Eacute;l est&aacute; aqu&iacute;. Siempre est&aacute; ah&iacute; esper&aacute;ndonos con los brazos abiertos,, en el pan consagrado, pero hoy, Jueves Santo, d&iacute;a de la instituci&oacute;n de este misterio casi lo vemos y barruntamos, sentimos m&aacute;s vivamente su presencia, que quisiera como saltar de nuestros manos sacerdotales o salir de nuestros sagrarios para vivir y establecerse en el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros aqu&iacute; presentes. 2.- Queridos hermanos, esta entrega, esta presencia de amor debiera revolucionar toda nuestra vida, si tenemos una fe viva y despierta en su presencia eucar&iacute;stica en la santa misa, en nuestras comuniones y en todos los Sagrarios de la tierra. Este Cristo Eucarist&iacute;a nos est&aacute; diciendo: Hombres, mujeres, ni&ntilde;os, yo s&eacute; de otros cielos, de otras realidades insospechadas para vosotros, que os he venido a decir y conquistar para todos, Dios existe y os ama y por mi quiere se el camino y el alimento para la vida eterna, una vida que no terminar&aacute; nunca ya, porque est&aacute; llena Dios Trinidad, de su amor y felicidad infinitas. Y Jes&uacute;s en el evangelio de hoy nos viene a decir: Yo he venido a la tierra y he predicado este amor y os he amado hasta dar la vida para deciros y demostraros que todo esto es verdad, y desde el Pan eucar&iacute;stico os estoy diciendo que todo el evangelio es verdad, que el Padre existe y os ama por m&iacute; pan consagrado os alimentais para la vida eterna con Dios; yo soy&ldquo;el testigo fiel&rdquo; de todo esto que, y por estar convencido de ellas, vine a vosotros, me hice hombre y luego un poco de pan dando mi vida para que vosotros todos tengaisla tengais eterna, desde cada Sagrario y misa y comuni&oacute;n os lo estoy diciendo y haciendo: Yo soy el pan de la vida, el que come de este pan vivir&aacute; eternamente: Yo soy el pan de la vida eterna, el que come de este pan tiene la vida eterna&rdquo; porque&ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio hijo para que perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan vida eterna&rdquo;. Tambi&eacute;n el sacerdote, que os est&aacute; predicando en este momento, se siente pobre y falto de palabras para describir toda la emoci&oacute;n y profundidad del amor de Cristo en la &Uacute;ltima Cena que estamos haciendo presente y celebrando esta tarde, pero todos vosotros que estais ahora aqu&iacute;, dice el Se&ntilde;or, sois unos privilegiados porque me hab&eacute;is descubierto en el pan consagrado, rezad por este mundo que se est&aacute; alejadando de m&iacute;, de la eternidad de vida y gozo con Dios Trinidad. Se&ntilde;or, todos los que estamos aqu&iacute; creemos y confiamos en Ti. Sobre todo nosotros sacerdotes y religiosas con nuestra vida y entrega total te hemos demostrado que confiamos en Ti y vivimos para la vida eterna renunciando a muchas cosas de este mundo y todos, al pecado. Y en ratos de Sagrario o misa o comuni&oacute;n queremos que T&uacute; nos incendies de amor y nos abrases, misas y comuniones m&aacute;s fervorosas, visitas todos los d&iacute;as a tu Presencia de amor en todos los Sagrarios de la tierra y te pedimos especialmente por todos los hombres y parte del pueblo cristiano que no cree en tu presencia de amor en los Sagrarios, ni viene a misa los domingos ni comulgan en su vid. Se&ntilde;or, nosotros creemos en Ti porque T&uacute; conservas intactas en tu coraz&oacute;n todas las emociones del primer Jueves Santo, T&uacute; puedes hacerlas ahora presentes para todos nosotros; Se&ntilde;or, qu&eacute;manos con ellas el coraz&oacute;n, porque estas cosas no se comprenden si no se viven, solo se comprenden si amamos como T&uacute;... y nosotros no podemos, s&oacute;lo un coraz&oacute;n en llamas como el tuyo del primer jueves santo puede captar estas realidades divinas, inabarcables para la inteligencia humana, solo tu amor puede tocarlas y fundirnos en una sola realidad en llamas contigo, pan divino de Eucarist&iacute;a. Se&ntilde;or, danos ese amor, tu amor, para que yo pueda amarte como T&uacute; me amas en la Eucarist&iacute;a, en la santa misa, en la Comuni&oacute;n, en todos los Sagrarios de la tierra. ******************************** EL JUEVES SANTO, D&Iacute;A DE LA INSTITUCI&Oacute;N DEL SACERDOCIO Queridos hermanos: El Jueves Santo es el d&iacute;a de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a,pero tambi&eacute;n delSacerdocio cat&oacute;lico que la realiza.Cristo hizo a los sacerdotes porque en el correr de los siglos vio una multitud necesitada de Salvaci&oacute;n y hambrienta de Dios, de cielo, de eternidad...Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes encargados de amasar este pan de Eucarist&iacute;a, esta harina divina, Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes, cuando les dio el mandato de seguir celebrando la Eucarist&iacute;a: &ldquo;Haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&rdquo;: seguid haciendo esto mismo vosotros; por el amor que tengo a todos los hombres de todos los tiempos, seguid vosotros y vuestros sucesores consagrando esta Hostia santa en mi nombre y as&iacute; hizo Jes&uacute;s a los sacerdotes, as&iacute; instituy&oacute; Jes&uacute;s el sacerdocio cat&oacute;lico como prolongaci&oacute;n de su mismo sacerdocio, con su mismo poder sobre su cuerpo f&iacute;sico, la Eucarist&iacute;a, y sobre su cuerpo m&iacute;stico, la Iglesia. &iexcl;Qu&eacute; grandeza ser sacerdote, cu&aacute;nta gracia, cu&aacute;nto poder! Cuando las almas tienen fe, se sobrecogen ante el misterio del sacerdocio, porque el sacerdote cat&oacute;lico tiene poderes divinos, es sembrador, cultivador y recolector de eternidades, cultiva la salvaci&oacute;n eterna, &uacute;nica y trascendente del hombre, y para eso tiene el poder divino de la Eucarist&iacute;a y del perd&oacute;n de los pecados. Si tuvi&eacute;ramos m&aacute;s fe, pero fe viva, viva... &iexcl;Qu&eacute; grande es ser sacerdote! &iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or! Para que nunca faltase sobre nuestros altares su ofrenda de adoraci&oacute;n al Padre y salvaci&oacute;n de los hombres; para que nunca pas&aacute;semos hambre de eternidad y de Dios, para que siempre tuvi&eacute;ramos el perd&oacute;n de los pecados, Je&uacute;s hizo a los sacerdotes, como sembradores de eternidades y continuadores de su vida y misi&oacute;n salvadora y santificadora. Aquella noche santa, de un mismo impulso de su amor, brotaron la Eucarist&iacute;a y los encargados de amasarla. Por eso est&aacute;n y deben permanecer siempre tan unidos la Eucarist&iacute;a y el sacerdote. La Eucarist&iacute;a necesita esencialmente del sacerdote para realizarse y por eso el sacerdote nunca es tan sacerdote como cuando celebra la Eucarist&iacute;a: el sacerdocio tiene relaci&oacute;n directa con la Eucarist&iacute;a y la Eucarist&iacute;a est&aacute; pidiendo un sacerdote que la realice con el poder y el amor del &Uacute;nico Sacerdote, Jesucristo, y la siga ador&aacute;ndo con su vida. 4.-&ldquo;Y cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;..&rdquo;.dice el Se&ntilde;or. Qu&eacute; profundo significado encierran estas palabras para todos, especialmente para nosotros, los sacerdotes. Todos debi&eacute;ramos recordarlas cuando celebramos la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;acordaos de m&iacute;...&rdquo;. acordaos de mis sentimientos y deseos de redenci&oacute;n por todos los hombres, acordaos de mi emoci&oacute;n y amor por vosotros, acordaos de mis ansias de alimentar en vosotros mi misma vida de amor, de amor divino de Dios hecho hombre hasta morir por amor en la cruz para la salvaci&oacute;n de todos y todo esto, todo, por amor gratuito, toda su vida, toda su muerte y resurrecci&oacute;n se hacen presente por medio de nosotros, los sacerdotes, o mejor, de Cristo Sacerdote en nosotros y por nosotros&hellip;, qu&eacute; misterio, qu&eacute; grandeza ser sacerdote&hellip;y nosotros a veces, distraidos olvidando, estamos distra&iacute;dos en nuestras Eucarist&iacute;as, en nuestras comuniones, pasamos poco ratos de amor ante el Sagrario, ante los sagrarios olvidados de nuestras parroquias, iglesias muchas veces sin presencia de amor diarias de sacerdotes o religiosos como amigos agradecidos al amor y confianza y responsabilidad de eternidades de los hombres nuestros hermanos que Dios ha puesto sobre nosotros, pasamos ante el Sagrario como si el sagrario fuera un trasto m&aacute;s de la iglesia, s&iacute;, al que tal vez ponemos flores a veces, pero sin nosotros, sin nuestra presencia diaria de amor, sin nuestra amistad y compa&ntilde;&iacute;a. El Se&ntilde;or siempre nos est&aacute; diciendo desde la Eucarist&iacute;a: Vosotros, los sacerdotes, cuando consagr&eacute;is este pan y vosotros, los comulgantes, cuando comulgu&eacute;is este pan, acordaos de toda esta ternura verdadera que ahora y siempre siento por vosotros, de este cari&ntilde;o que me est&aacute; traicionando y me obliga a quedarme para siempre tan cerca de vosotros en el pan consagrado, sabi&eacute;ndolo todo, s&iacute;, pero confiando en vuestra respuesta de amor... &ldquo;Acordaos de m&iacute;&hellip;&rdquo; &ldquo;Acordaos de m&iacute;&hellip;&rdquo;Nosotros, Se&ntilde;or, esta tarde de Jueves Santo, NO TE OLVIDAMOS. Quisi&eacute;ramos celebrar esta Eucarist&iacute;a y comulgar tu Cuerpo con toda la ternura de nuestro coraz&oacute;n, que te haga olvidar todas las traiciones y sufrimientos que sufriste entonces y por las de ahora, por tantos olvidos y distracciones e indiferencias nuestras y de tantos cristianos; nosotros ahora, Se&ntilde;or, nos acordamos agradecidos de todo lo que nos dijiste e hiciste y sentiste y sigues sintiendo por nosotros: os amo, doy mi vida por vosotros, me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos. Tomad y comed, esto es mi cuerpo&hellip; vosoros sois mis amigos, nadie ama m&aacute;s que el da la vida por los amigos&rdquo; y t&uacute; la das por todos en cada Eucarist&iacute;a, en cada Sagrario como la diste entonces y ahora y por eso te recordamos y recordaremos siempre agradecidos, desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n. Jueves Santo, d&iacute;a grande cargado de misterios, d&iacute;a especial para la comunidad creyente, nuestro d&iacute;a m&aacute;s amado, deseado y celebrado, porque es el d&iacute;a en que Jes&uacute;s se qued&oacute; para siempre con nosotros de dos formas: una, material, en el pan consagrado; otra, humana, bajo la humanidad de otros hombres. Porque la Eucarist&iacute;a es Cristo oculto y sacramentado bajo las especies del pan y del vino, y el sacerdote es tambi&eacute;n Cristo mismo, bajo el barro de otros hombres. Las apariencias son accidentales, pero los sacerdotes y el pan y el vino consagrados, por dentro, son Jes&uacute;s. Y por eso, en cada misa el sacerdote puede decir: &ldquo;Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre&rdquo;&hellip; la m&iacute;a, la de Gonzalo, no la de Cristo&hellip; y sin olvidar la tercera verdad y ense&ntilde;anza de Cristo en el Jueves Santo: &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;todos los que venimos a misa o comulgamos o visitamos a Cristo en el Sagrario tenemos que amar y amarnos como &Eacute;l nos am&oacute;: tercera verdad que debemos meditar en el jueves santo para practicarla en nuestra vida, el amor fraterno que Cristo instituy&oacute; y quiere que vivamos los creyentes. Este mandato de amor del Cristo Eucarist&iacute;a no lo debemos olvidar nunca sobre todo cuando cumulgamos y le visitamos en el Sagrario. As&iacute; lo deseo y lo pido en este d&iacute;a del Jueves Santo. Am&eacute;n, as&iacute; sea. ************************************* JUEVES SANTO: PRIMERA HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Qu&eacute; fe, qu&eacute; amor m&aacute;s grandes son necesarios para captar un poco toda la emoci&oacute;n de Cristo, toda su entrega al Padre y a nosotros, los hombres en este d&iacute;a del Jueves Santo, por medio de esta liturgia memorial, que hace presente toda aquella primera y &uacute;nica realidad, con los mismos sentimientos y emoci&oacute;n de Cristo en el Cen&aacute;culo. Cada palabra, cada gesto de Cristo con sus disc&iacute;pulos en el Cen&aacute;culo son un misterio de amor hasta el extremo, son expresiones de entrega total y generosa de amigo que da la vida por los amigos. Es tan denso el Jueves Santo, que de su contenido, de su esp&iacute;ritu y vida, de su espiritualidad podemos y debemos vivir todo el a&ntilde;o, toda la vida: partir y repartir la vida como Jes&uacute;s, perdonamos y lavamos mutuamente los pies, perdonar a los que nos crucifican, obedecer y cumplir la voluntad del Padre, aunque nos lleve a la muerte del yo. En el silencio emocionado de la noche han sonado las palabras solemnes de Cristo: &ldquo;Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros..., esta es mi sangre derramada por todos...&rdquo; Cuando todas las palabras ya han sido pronunciadas, solamente quedan los gestos, como s&iacute;mbolos definitivos que encierran todos esos sentidos y misterios, que las palabras no pueden explicar ni encerrar. La instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a como sacrificio, como comuni&oacute;n y como presencia eterna de amistad ofrecida al hombre es el mayor gesto, el mayor s&iacute;mbolo de amor dado en la historia. Solo Cristo pod&iacute;a hacerlo. Toda su vida, desde el seno de Mar&iacute;a, hab&iacute;a sido eucarist&iacute;a perfecta: adoraci&oacute;n al Padre hasta la muerte: &ldquo;mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado&hellip;&rdquo; y entrega total y hasta el extremo a los hombres, predicando, sanando y dando la vida por nosotros: &ldquo;Nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&hellip;&rdquo; y &Eacute;l la dio por todos los hombres. Arranc&oacute; desde su ofrecimiento al Padre en la carta a los Hebreos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad...&rdquo;, y ahora, en el &uacute;ltimo instante de su vida, quiere confirmar esta ofrenda como sacramento perenne de su amor al Padre y a los hombres. El sacramento de la Eucarist&iacute;a, prolongaci&oacute;n en el tiempo de la Cena &Uacute;ltima del Se&ntilde;or con sus disc&iacute;pulos, es la prolongaci&oacute;n en el tiempo de su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, es presencia humilde y silenciosa de Jesucristo entre nosotros; es deseo de alimentar nuestras vidas en direcci&oacute;n de fraternidad humana y trascendencia divina como alimento de eternidad. La Eucarist&iacute;a es a la vez Cristo presente, como ofrenda y v&iacute;ctima, que se sacrifica, es amigo que permanece por amor junto los suyos, es comida y alimento de nuestra fe, nuestro amor y nuestra esperanza cristiana. Adoremos, pues, con sincero amor y veneremos este misterio, contemplemos a Cristo presente en el pan consagrado con fe y devoci&oacute;n rendida, vivamos en comuni&oacute;n con &Eacute;l amando hasta el extremo, repartiendo nuestra vida en pedazos de Salvaci&oacute;n entre los hermanos, con una presencia humilde como la suya. La Eucarist&iacute;a es un misterio que nos estimula con suavidad y fuerza a vivir lo que contemplamos en este Misterio, haci&eacute;ndolo vida de nuestra vida. Comulgando con los sentimientos de Cristo tambi&eacute;n nosotros nos iremos haciendo Eucarist&iacute;a perfecta, vida entregada y repartida, como pan de Cristo, que adora al Padre, cumpliendo su voluntad, y alimenta a los hermanos. &laquo;Ave, verum corpus natum de Maria Virgine...&rdquo;&raquo;: &laquo;Te adoro verdadero cuerpo nacido de Mar&iacute;a Virgen, que has padecido y has sido inmolado cruelmente en la cruz ...&raquo; &laquo;Oh memoriale mortis Domini, panis vivus vitam prestans homini&raquo;: &laquo;Oh memorial de la muerte del Se&ntilde;or, pan vivo, que das vida al hombre, haz que mi alma viva de t&iacute; y que siempre te guste y saboree dulcemente&raquo;; &laquo;Jesum, quem velatum, nunc aspicio...&raquo;: &laquo;Oh Jes&uacute;s, a quien ahora veo velado y oculto, cuando llegar&aacute; el d&iacute;a en que se realice lo que tanto deseo: verte al descubierto cara a cara, siendo siempre feliz contigo, en la visi&oacute;n de tu gloria&raquo;. En este d&iacute;a, Jes&uacute;s, despu&eacute;s de instituir la eucarist&iacute;a, instituy&oacute; el sacerdocio. El sacerdocio es como otra eucarist&iacute;a. La eucarist&iacute;a es Cristo presente en las especies de pan y de vino. El sacerdote es Cristo presente en el barro de otros hombres. En la Eucarist&iacute;a, por fuera se ve pan, por dentro es Cristo. En el sacerdocio, por fuera, el barro de otros hombres, por dentro, Cristo. Es siempre el mismo Cristo pero encarnado de dos maneras. Y esto es Palabra y Milagro de Dios, sin nada de fantas&iacute;a ni literatura. Es la realidad hecha por Jesucristo en esta noche y para toda la vida con pan y vino y con el barro de otros hombres que se le entregan y son consagrados por el Esp&iacute;ritu Santo. El mismo Esp&iacute;ritu Santo, el Dios Amor que hizo posible la Encarnaci&oacute;n, formando el cuerpo de Cristo, en el seno de Mar&iacute;a, ese mismo Amor Personal de Dios es el que forma y transforma la humanidad de otros hombres en humanidad supletoria de Cristo, en sacramento de Cristo, para que &Eacute;l pueda seguir realizando hasta el final de los tiempos el encargo de Salvaci&oacute;n confiado por el Padre: &ldquo;Yo me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos...&rdquo; Se queda hasta el final de los tiempos especialmente con dos presencias sacramentales: presencia sacramental en el pan y en el vino, y esta otra, igualmente verdadera y sacramental: la presencia de Cristo en los sacerdotes. Cuando hay mucha fe, el pueblo cristiano vio esto siempre claro &ndash; el sacerdote, otro Cristo- y vener&oacute; el sacerdocio y las madres ten&iacute;an como una gracia especial de Dios y un privilegio el que alguno de sus hijos fuera llamado por el Se&ntilde;or y los mismos j&oacute;venes y ni&ntilde;os expresaban claramente en la catequesis o en la escuela sus deseos de ser sacerdote; se veneraba al sacerdote y los j&oacute;venes se entusiasmaban con esta realidad sobrenatural. Cuando la fe decrece y no hay ambiente creyente, pasa lo que ahora: Cristo abandonado en el sagrario, Cristo abandonado en los sacerdotes; misas dominicales vac&iacute;as, seminarios vac&iacute;os, no hay hambre de pan eucar&iacute;stico, no hay hambre de ser sacerdote, de entrega, de santidad, y si les pregunta a los ni&ntilde;os, ni uno levanta la mano porque saben que eso no es valorado ni en su casas ni en la escuela. La valoraci&oacute;n y la estima del sacerdocio cat&oacute;lico dice y habla muy claro de la profundidad de la fe cat&oacute;lica en nuestras comunidades y de la sinceridad de la comuniones de nuestras madres cristianas: no se puede comulgar con Cristo y luego hablar mal de los sacerdotes, no se puede ser padres y madres fervorosas y luego recibir un disgusto, si alguno de sus hijos quiere ser sacerdote. Para consuelo nuestro y aliento en el camino el Se&ntilde;or siempre nos concede tropezarnos con almas verdaderamente creyentes y sacerdotales, llenas de fuego y amor, que veneran y valoran el sacerdocio cat&oacute;lico. Tambi&eacute;n todav&iacute;a quedan en estos tiempos madres sacerdotales&hellip; que Dios os bendiga. Personalmente, no me cansar&eacute; de repetirlo; ser sacerdote es lo m&aacute;s grande y maravilloso que Dios me ha concedido. Hoy renuevo mi entrega con el fervor, verdad y humildad del primer a&ntilde;o, adem&aacute;s con la misma ropa y c&aacute;liz de mi primera misa. Reconozco con San Pablo que este misterio lo llevamos en vasijas de barro, el barro de mi debilidad y pecado. Mucho ha de esforzarse el sacerdote para que no se rompa ni corrompa esta vasija con imperfecciones y pecados personales. Mucho debe rezar y cultivar y regar esta semilla que Dios deposit&oacute; en su coraz&oacute;n. Y mucho tambi&eacute;n ha de valorar y proteger el pueblo cristiano a sus sacerdotes, a los portadores de su salvaci&oacute;n. Pidamos todos los d&iacute;as, pero especialmente todos los jueves, que deben ser eucar&iacute;sticos y sacerdotales, orando por las vocaciones, por la santidad de los elegidos, pidiendo insistentemente al due&ntilde;o de la mies que d&eacute; decisi&oacute;n, valent&iacute;a, fe viva a nuestros j&oacute;venes para que entreguen su vida para la gloria de Dios y la salvaci&oacute;n de los hermanos. Tengamos todo esto presente hoy en nuestra comuni&oacute;n y oraci&oacute;n personal y comunitaria y record&eacute;moslo tambi&eacute;n todos los jueves del a&ntilde;o. Finalmente, en la cena de despedida, hay dos gestos de Cristo reveladores del amor fraterno: son el lavatorio de pies y la cena compartida. &ldquo;Hijos m&iacute;os, me queda poco tiempo de estar con vosotros; un mandamientos nuevo os doy: que os am&eacute;is los unos a los otros como yo os he amado. La se&ntilde;al por la que conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os ser&aacute; que os am&aacute;is los unos a los otros.&rdquo; Y as&iacute; nos qued&oacute; Cristo el amor fraterno como signo de su presencia de amor y pertenencia y tarea eclesial para toda la vida. Desde entonces un disc&iacute;pulo debe tener como meta y referencia el amor extremo de Cristo a los suyos: &ldquo;Como yo os he amado&rdquo;. Por eso es precisamente nuevo, porque ya no es amar ni siquiera como uno se ama a s&iacute; mismo sino como Cristo nos ha amado, hasta dar la vida. El cumplimiento de este mandato hay que renovarlo todos los d&iacute;as para vivirlo todos los instantes de nuestra jornada, porque es mandato de Cristo, porque &Eacute;l lo quiere, porque &Eacute;l nos lo qued&oacute; como tarea permanente, fruto de su misi&oacute;n y alabanza de su gloria. Hay mucho que meditar, reflexionar, revisar y esforzarse en este sentido, hasta vivirlo como Cristo hizo y nos mand&oacute;. Oremos y pidamos estos d&iacute;as para que as&iacute; sea, para que sea el signo de nuestra identidad cristiana y parroquial, especialmente con los que tenemos cerca, con los que conviven con nosotros. No es f&aacute;cil; todos los d&iacute;as y a todas las horas tenemos que amamos por voluntad y deseo de Cristo, teniendo un cuidado especial para con los pobres y enfermos y necesitados de cualquier clase. Se&ntilde;or, ay&uacute;danos, danos tu amor, de otra forma nosotros no podremos. Tenemos que amar m&aacute;s, amar como T&uacute;, Se&ntilde;or; necesitamos tu amor para amar a Dios y a los hombres, como T&uacute; lo hiciste; necesitamos este mismo amor para comprender el sacerdocio cat&oacute;lico y, sobre todo, para saber y comprender toda tu entrega en este sacramento del sacrificio eucar&iacute;stico y de tu permanencia sacramental en el sagrario hasta el final de los tiempos, presencia real y verdadera del Dios infinito, que no necesita nada de nosotros y s&oacute;lo lo hace por amor extremo y loco y apasionado e incomprensible a los hombres. Se&ntilde;or, aqu&iacute; nos tienes esta tarde dispuestos a celebrar con humildad y recogimiento tu cena, nuestra cena, la cena tan deseada por Ti para entregarte a todos y cada uno de nosotros. Por eso, nos dices ahora, como a los ap&oacute;stoles aquella tarde: &ldquo;ardientemente he deseado comer esta cena pascual con vosotros&rdquo;. Nosotros tambi&eacute;n deseamos comer esta Cena Pascual contigo, Se&ntilde;or. Nos gustar&iacute;a no decepcionarte. &iexcl;Jesucristo, Eucarist&iacute;a divina, T&uacute; los ha dado todo por nosotros, con amor extremo, hasta dar la vida. Tambi&eacute;n nosotros queremos darlo todo por Ti, porque para nosotros T&uacute; lo eres todo, queremos que lo seas todo. Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros creemos en Ti; Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros confiamos en Ti; Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; eres el Hijo de Dios. ******************************************* SEGUNDA HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Para celebrar bien la fiesta que aqu&iacute; nos congrega, la fiesta de la Cena del Se&ntilde;or, de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, del sacerdocio y del amor fraterno, es necesario mucho silencio interior y una luz especial del Esp&iacute;ritu Santo, que nos permita penetrar en las realidades misteriosas que Jesucristo, Hijo de Dios y hombre verdadero, realiz&oacute; en esta noche memorable. Esta tarde estamos reunidos una comunidad de cat&oacute;licos, unidos por la misma fe y en la misma caridad, somos una comunidad viva en virtud de una animaci&oacute;n vital, que nos llega del Se&ntilde;or, del mismo Cristo y que alimenta su Esp&iacute;ritu. Somos su Iglesia, su mismo cuerpo y lo sentimos. Esta Iglesia posee dentro de s&iacute; un secreto, un tesoro escondido, como un coraz&oacute;n interior; posee al mismo Jesucristo, su fundador, su maestro, su redentor. Y fijaos bien en lo que digo: lo posee presente. &iquest;Realmente presente? S&iacute;. &iquest;En la presencia de la comunidad porque donde dos o tres reunidos en mi nombre all&iacute; estoy yo en medio de ellos? S&iacute;. Pero algo m&aacute;s. &iquest;En la presencia de su Palabra? S&iacute;, pero m&aacute;s, m&aacute;s todav&iacute;a. &iquest;En la presencia de sus ministros, porque el Se&ntilde;or ha dado a los sacerdotes un poder propio personal casi intransferible? S&iacute;, ciertamente. Pero, por encima de todas estas presencias, Jes&uacute;s ha querido quedarse presente y vivo en una presencia que es toda ella adoraci&oacute;n al Padre y amor a los hermanos, Jes&uacute;s ha querido quedarse especialmente presente, todo entero y completo, en el pan y el vino consagrados, d&aacute;ndose y ofreci&eacute;ndose en cada Eucarist&iacute;a, en amor extremo al Padre y a los hombres, es decir, vivo y resucitado, con su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, con toda su vida, desde que nace hasta que sube al cielo. &laquo;Este pensamiento nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud, -- dice el Papa Juan Pablo II en su Enc&iacute;clica Ecclesia de Eucharistia. -- El acontecimiento pascual y la Eucarist&iacute;a que lo actualiza a los largo de los siglos tienen una <capacidad> verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redenci&oacute;n. Este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Pero, de modo especial, debe acompa&ntilde;ar al ministro de la Eucarist&iacute;a. En efecto, es &eacute;l quien, gracias a la facultad concedida por el sacramento del Orden sacerdotal, realiza la consagraci&oacute;n. Con la potestad que le viene del Cristo del Cen&aacute;culo, dice: &ldquo;Esto es mi cuerpo, que ser&aacute; entregado por vosotros&hellip; &Eacute;ste es el c&aacute;liz de mi sangre, que ser&aacute; derramada por vosotros&rdquo;. El sacerdote pronuncia estas palabras o, m&aacute;s bien, pone su boca y su voz a disposici&oacute;n de Aqu&eacute;l que las pronunci&oacute; en el Cen&aacute;culo y quiso que fueran repetidas de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n por todos los que en la Iglesia participan ministerialmente del su sacerdocio&rdquo; (Ecclesia de Eucharistia, 5b). En la Eucarist&iacute;a est&aacute; presente totalmente Cristo, Dios y hombre, toda su vida y existencia, toda su salvaci&oacute;n, aunque no se vea con lo ojos de la carne, porque es una presencia sacramental, es decir, escondida, velada, pero a la vez revelada, identificable. Se trata de una presencia revestida de se&ntilde;ales especiales, que no nos dejan ver su divina y humana figura, tal como estaba en Palestina o est&aacute; ahora en el cielo, pero que nos aseguran con certeza mayor que la misma visi&oacute;n corporal, que &Eacute;l, el Jes&uacute;s del Evangelio y ahora el Cristo de la gloria, resucitado y vivo, est&aacute; aqu&iacute;, est&aacute; aqu&iacute; en la Eucarist&iacute;a. Creer esto es un don de la fe, sentirlo y vivirlo es un don especial de Dios para los creyentes que lo buscan y est&aacute;n dispuestos a sacrificar, a vaciarse de s&iacute; mismo, del propio yo, para llenarse de &Eacute;l, para realizar este encuentro vital con &Eacute;l, porque la vivencia existe y es una realidad, llena de gozo, que anticipa el cielo en la tierra. &laquo;La Iglesia vive del Cristo eucar&iacute;stico, de &Eacute;l se alimenta y por &Eacute;l es iluminada. La Eucarist&iacute;a es misterio de fe y, al mismo tiempo, misterio de luz. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de alg&uacute;n modo la experiencia de los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s: &ldquo;Entonces se le abrieron los ojos y le reconocieron&rdquo; &raquo;(Lc 24,31) (Ecclesia de Eucharistia 6). Son multitud los que han experimentado estos gozos eucar&iacute;sticos, almas fuertes, heroicas, ocultas, silenciosas que se lo juegan todo por &Eacute;l, hambrientas de lo divino. A las puertas de estas vivencias quedan los rutinarios, los idolatras de s&iacute; mismos y de sus glorias, los que no renunciaron al pecado totalmente, aunque celebren o coman la Eucarist&iacute;a, pero no pueden comulgar con &Eacute;l, tener sus mismos sentimientos y actitudes, porque est&aacute;n llenos de s&iacute; mismos y no tienen tiempo ni espacio para &Eacute;l. Faltan almas silenciosas que se lo quieran jugar todo a la baza del Se&ntilde;or, almas serias y eucar&iacute;sticas, almas con la luz del Misterio sobre el rostro, adoradores del Absoluto en esp&iacute;ritu y en verdad, en este misterio lleno de vida y amor. (Por qu&eacute; tan flacas y sin vida tantas almas, tantas parroquias, tantos bautizados, tantos catequistas, ap&oacute;stoles, tantos pastores! Queridos hermanos, grande es el misterio de nuestra fe, aclamamos a la Eucarist&iacute;a en la liturgia. Pero si el misterio es grande, grande correlativamente es el poder de los sacerdotes instituidos por el Se&ntilde;or en esta noche santa para perpetuar la Eucarist&iacute;a, que contiene la humanidad y divinidad de Jesucristo. Es un misterio, pero todo &eacute;l esta lleno de vida y verdad. Y es precisamente esta verdad milagrosa, pose&iacute;da por la Iglesia Cat&oacute;lica y guardada con conciencia celosa y silenciosa, la que nosotros celebramos hoy y con todas nuestras fuerzas deseamos manifestar y publicar, hacer ver y comprender, exaltar y adorar. Para llegar a este misterio, el camino es la oraci&oacute;n y la fe. La fe que acepta lo que no ve ni comprende, fe, en el primer paso, heredada, que habr&aacute; que ir haciendo cada d&iacute;a m&aacute;s personal por la oraci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n, fe seca y &aacute;rida al principio, pero que barrunta con la confianza puesta en la palabra de Cristo:AEsto es mi cuerpo, esta es mi sangre@; luego, en la oraci&oacute;n y con el evangelio en la mano y mirando todos los d&iacute;as al sagrario, vamos aprendiendo poco a poco, en la medida en que nos convertimos y nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de &Eacute;l, todas las lecciones que encierra para nosotros, vamos comulgando con sus mismos sentimientos y actitudes hasta convertirse en vivencias tan suyas y tan nuestras, que ya no podemos vivir sin ellas, que ya no sabemos distinguirlas, saber si son suyas o nuestras, porque son nuestra misma vida, vida de nuestra vida, porque a esta alturas podemos decir, como Pablo: &ldquo;para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;. Desde la Eucarist&iacute;a, Cristo nos ense&ntilde;a primeramente su amor. Fijaos bien en que Jes&uacute;s se presenta en este misterio, no como &Eacute;l es, sino como quiere que nosotros lo veamos y consideremos, como quiere que nosotros nos acerquemos a &Eacute;l. &Eacute;l se nos presenta bajo el aspecto de se&ntilde;ales especiales y expresivas, pan y vino, que son para ser comidos y asimilados. La intenci&oacute;n de su amor es darse, entregarse, comunicarse a todos. El pan y el vino sobre nuestras mesas no sirven sino para ser consumidos, no tienen otro sentido. Este fue el sentido de su Encarnaci&oacute;n. &laquo;Nobis natus, nobis datus&hellip;&raquo;, nacido para nosotros, se nos dio en comida. Este amor de entrega fue la motivaci&oacute;n de toda su vida. Y la Eucarist&iacute;a es el resumen de toda su existencia. &ldquo;Habiendo amado a los suyos....los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo; Cuando mire y contemple y comulgue la Eucarist&iacute;a, puedo decir: Ah&iacute; est&aacute; Jes&uacute;s amando, ofrecido en amistad a todos, deseando ser comido, visitado. S&iacute;, para eso est&aacute; Jes&uacute;s ah&iacute;. Para esto ha multiplicado su presencia sacramental en cada uno de los sagrarios de la tierra, desde los de las chozas africanas hasta los de la Catedrales rom&aacute;nicas, g&oacute;ticas, barrocas...etc. Bueno ser&iacute;a en este momento examinar mi respuesta a tanto amor, cu&aacute;nto y c&oacute;mo es mi amor a Cristo Eucarist&iacute;a, c&oacute;mo son mis Eucarist&iacute;as y comuniones, mis visitas al sagrario, mi oraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Otro aspecto del amor eucar&iacute;stico es la unidad de los creyentes: &ldquo;los que comemos un mismo pan, formamos un mismo cuerpo...&rdquo; nos dir&aacute; S. Pablo. Por eso, Cristo Jes&uacute;s, en esta noche, en que instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, lav&oacute; los pies de sus disc&iacute;pulos y nos dio el mandamiento nuevo:&ldquo;Amaos lo unos a los otros, como yo os he amado&rdquo;. S. Juan no trae la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a en su evangelio, en cambio s&iacute; narra el lavatorio y el mandamiento nuevo, que, para algunos biblistas, son los frutos y efectos de la Eucarist&iacute;a, contiene la instituci&oacute;n misma. El lavarse los pies unos a otros, el perdonarnos los pecados que nos separan y nos dividen, es efecto directo de toda Eucarist&iacute;a, supone haberla celebrado bien o disponerse y querer celebrarla como Cristo lo hizo, quiso y quiere siempre. Por eso, al Jueves Santo, como al Corpus Christi, unimos espont&aacute;neamente la colecta de caridad, pero sin perder el orden, primero la Eucarist&iacute;a, y desde ah&iacute;, si est&aacute; bien celebrada, como Cristo quiere, nace la caridad, el partir el pan material entre todos, la Iglesia unida en las necesidades, el &ldquo;amaos los unos a los otros&hellip;&rdquo;. Pero no s&oacute;lo de dinero, hay otras muchas formas de caridad, m&aacute;s importantes y heroicas, que no pueden ser ejercidas con dinero, sino que necesitan la misma fuerza de Cristo para perdonar a los que nos han calumniado, da&ntilde;ado en los hijos o en la familia, nos odian o hablan mal de los hermanos. Lo que no comprendo es c&oacute;mo seguir odiando y a la vez comulgar con el Cristo que nos dijo: &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Para amar como Cristo nos manda e hizo en la Eucarist&iacute;a no basta s&oacute;lo la caridad del dinero, de la limosna. Y, como ya hemos repetido varias veces, Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a en una cena pascual, queriendo expresar y realizar por ella el pacto con Dios y la uni&oacute;n de todos los comensales. Y este sentimiento, esta uni&oacute;n, este amor fraterno, en la intenci&oacute;n de Jes&uacute;s, es esencial para poder celebrar su cena eucar&iacute;stica. &ldquo;Nosotros formamos un solo cuerpo, todos nosotros los que comemos un mismo pan&rdquo;. Con esta verdad teol&oacute;gica San Pablo nos quiere decir: de la misma forma que los granos de trigo dispersos por el campo, triturados forman un mismo pan, as&iacute; la diversidad de creyentes, esparcidos por el mundo, si amamos como Cristo, formamos su cuerpo. Es l&oacute;gico que no debamos comer el mismo pan y en la misma mesa eucar&iacute;stica, si no hay en nosotros una actitud de acogida y de amor y de perd&oacute;n a todos los comensales de aqu&iacute; y del mundo entero. Es necesario exclamar con S. Agust&iacute;n: &laquo;Oh sacramento de bondad, oh signo de unidad, oh v&iacute;nculo de caridad&raquo;. Es este otro momento para pararnos y examinar nuestras Eucarist&iacute;as: quien no perdone, quien no tenga estos deseos de amor fraterno, quien no rompa dentro de s&iacute; envidias y celotipias, no puede entrar en comuni&oacute;n con Cristo. Cristo viene y me alimenta de estas actitudes suyas, que a nosotros nos cuestan tanto y que &Eacute;l quiere que vivan todos sus seguidores. Solo &Eacute;l puede perdonar, amar a fondo perdido... Quiero, Se&ntilde;or, tener estos mismos sentimientos tuyos, al participar de la Eucarist&iacute;a, al comer tu cuerpo con mis hermanos, quiero amar m&aacute;s, pensar bien, hablar bien y hacer bien a todos, para eso vienes a m&iacute;, ya no soy yo, eres T&uacute;, quien quieres venir a m&iacute; por la comuni&oacute;n para vivir tu misma vida en m&iacute;, para que yo viva tu misma vida. Queridos hermanos, estamos viendo c&oacute;mo estos signos utilizados por Cristo en la cena, se convierten en irradiaci&oacute;n permanente de amor, en signos de amor universal sin l&iacute;mites de tiempo ni de espacio. Debemos examinarnos sobre nuestras actitudes y disposiciones al celebrar o participar en la Eucarist&iacute;a Pero avancemos un poco m&aacute;s en el significado de los signos del pan y del vino. La intenci&oacute;n de Jes&uacute;s es clar&iacute;sima; antes de nada, dijo: &ldquo;Tomad y comed... Tomad y bebed...&rdquo; Todo alimento entra dentro de aquel que lo come y forma la unidad de su existir. La primera comuni&oacute;n fue el primer d&iacute;a que Jes&uacute;s form&oacute; esta unidad, o mejor, nosotros formamos esta unidad de vida con Jes&uacute;s y qu&eacute; fuerte fue en algunos de nosotros, que no lo hemos olvidado nunca y todav&iacute;a recordamos con frescura y emoci&oacute;n lo que Jes&uacute;s nos dijo y nosotros dijimos a Jes&uacute;s. En la intenci&oacute;n de Jes&uacute;s lo primero es que comi&eacute;semos su cuerpo:&ldquo;Tomad y comed&rdquo;, para entrar en comuni&oacute;n con cada uno de nosotros. Y esta es tambi&eacute;n la intencionalidad de Jes&uacute;s en el signo elegido, el pan, que es para ser comido. Pregunto ahora: )Se pod&iacute;a amar m&aacute;s, realizar m&aacute;s, expresar m&aacute;s el amor? Solo una mente divina pudo imaginar tales cosas y hacerlas con la perfecci&oacute;n que las hizo. Y todo esto porque quiere ser para cada uno de nosotros lo que el alimento es para nuestro cuerpo. Quiere ser principio de vida, pero de vida nueva, de vida de gracia, no del hombre viejo, del hombre de pecado de antes. Ya lo hab&iacute;a dicho: &ldquo;Quien me coma, vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo;. Queridos hermanos: esta intencionalidad de Cristo suscita en nosotros otros sentimientos: Oh cristianos, ten&eacute;is junto a vosotros la vida, el agua viva, no mur&aacute;is de hambre, de tristeza, comulgad, comulgad bien, comulgad todos los d&iacute;as y sabr&eacute;is lo que es vida y felicidad, comulgad como Cristo desea y quiere ser comido, con sus sentimientos de amor y de ofrenda, y encontrar&eacute;is descanso y refrigerio en la lucha, compa&ntilde;&iacute;a en la soledad, sentido de vuestro ser y existir en el mundo y en la eternidad. Aprendamos hoy y para siempre todas estas lecciones que Jes&uacute;s nos da en y desde la Eucarist&iacute;a. El sacramento eucar&iacute;stico no solo es un denso misterio y compendio de verdades, es, sobre todo, un testimonio, un ejemplo, un mandamiento, una vida, todo el evangelio, Cristo entero y completo, vivo y ofrecido en ofrenda salvadora al Padre y en amistad y salvaci&oacute;n permanentes a todos los hombres. Es justo que hoy, Jueves Santo, celebremos este amor de Cristo, que lo adoremos y lo comulguemos. Es justo tambi&eacute;n que celebremos en este d&iacute;a nuestro amor a Jesucristo, que realiz&oacute; este misterio de amor; que celebremos tambi&eacute;n nuestro amor al Padre, que lo program&oacute; y al Esp&iacute;ritu Santo, que lo llev&oacute; a t&eacute;rmino con su potencia de Amor y ahora, invocado en la consagraci&oacute;n, lo hace presente transformando el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Hoy es la fiesta del Amor del Dios infinito, Trino y Uno, en Cristo, a los hombres: Se&ntilde;or, aqu&iacute; nos tienes dispuestos a celebrar con humildad y recogimiento tu cena, la cena de tu Amor entregado hasta el extremo, hasta dar la vida por la salvaci&oacute;n de tus hermanos, los hombres. ***************************************** HORA SANTA ANTE EL SE&Ntilde;OR SACRAMENTADODEL MONUMENTO (Seguimos el Manual de la Adoraci&oacute;n Nocturna Espa&ntilde;ola) CANTO Pange, lengua, gloriosi corporis mysterium, sanguinisque pretiosi, quem in mundi pretium, fructus ventris generosi Rex effudit gentium In supremae nocte coenae recumbens cum fratribus, observata lege plene cibis in legalibus, cibum turbae duodenae, se dat suis manibus. MONITOR: Hermanos, esta noche en que la Iglesia conmemora la Ultima Cena del Se&ntilde;or y su oraci&oacute;n en el Huerto de los Olivos, en las que quiso estar acompa&ntilde;ado de su &iacute;ntimos, nos reunimos en torno al Sacramento de su Presencia real para recordar sus &uacute;ltimas palabras y recoger con &aacute;nimo agradecido los preciosos dones de la Eucarist&iacute;a y del sacerdocio, cuya instituci&oacute;n conmemoramos. ORACI&Oacute;N DE TODOS LOS PRESENTES SE&Ntilde;OR NUESTRO JESUCRISTO, COMO PEDRO, SANTIAGO Y JUAN, QUE OYERON TU VOZ ANGUSTIADA EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS AL DECIRLES: &ldquo;VELAD CONMIGO&rdquo;, TAMBI&Eacute;N NOSOTROS ESTA NOCHE LA ESCUCHAMOS Y QUEREMOS ESTAR MUY CERCA DE TI. HACE POCO QUE LES HAS ENTREGADO TU CUERPO Y TU SANGRE, HECHOS &ldquo;ALIMENTO PARA LA VIDA DE LOS HOMBRES&rdquo;. POR ESO HOY TU PRESENCIA, EN MEDIO DE NOSOTROS, ES UNA REALIDAD. D&Eacute;JANOS ESTAR CONTIGO. TENEMOS MUCHO QUE AGRADECERTE POR TU LEGADO A LA IGLESIA EN LA &Uacute;LTIMA CENA: INSTITUCION DE LA EUCARISTIA, INSTITUCI&Oacute;N DEL SACERDOCIO Y MANDATO DEL AMOR FRATERNO. EN LA LARGA ORACI&Oacute;N DE AQUELLA NOCHE PEDISTE AL PADRE POR TODOS LO QUE CREERIAMOS EN TI. NOSOTROS, FRUTO DE TU ORACI&Oacute;N Y DE TU SALVACI&Oacute;N, HEMOS VENIDO A TU PRESENCIA PARA AGRADERCERTE TODOS ESTOS DONES, ESPECIALMENTE TU PRESECIA EUCAR&Iacute;TICA, PRESENCIA DE AMIGO, OFRECIDA PERMANENTEMENTE A TODOS LOS HOMBRES, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA. NECESITAMOS PERDIRTE MUCHAS COSAS PARA NOSOTROS Y PARA EL MUNDO, COMO TU LO HICISTE, AQUELLA NOCHE EN LA CENA, CENA DE LA AMISTAD, DEL SACERDOCIO Y DEL AMOR FRATERNO, AMPLIAMENTE EXPLICADO EN TODOS LOS EVANGELIOS. NOSOTROS TAMBI&Eacute;N QUEREMOS ORAR Y PEDIR ESTA NOCHE EN TU PRESENCIA EUCAR&Iacute;STICA, PORQUE &ldquo;EL ESPIRITU ESTA PRONTO PERO LA CARNE ES DEBIL.&rdquo;. Y QUEREMOS, SOBRE TODO, ACOMPA&Ntilde;ARTE EN LA NOCHE EN QUE TE ENTREGASTE EN OFRENDA SACRICIAL, EN BANQUETE DE ALIANZA Y EN AMISTAD PERMANENTE EN EL PAN CONSAGRADO, QUE ADORAMOS Y VENERAMOS EN ESTOS MOMENTOS, Y QUE ERES T&Uacute; MISMO, JESUCRISTO, VIVO Y RESUCITADO. AC&Eacute;PTANOS, SE&Ntilde;OR, EN TU COMPA&Ntilde;IA. QUEREMOS ACOMPA&Ntilde;ARTE EN ESTA NOCHE EN QUE TANTO SUFRISTE POR NOSOTROS. QUEREMOS CORRESPONDERTE. HAZ QUE SEA AS&Iacute; FECUNDO EN NOSOTROS TU SACRIFICIO REDENTOR. JESUCRISTO, EUCARIST&Iacute;A DIVINA, T&Uacute; LO HAS DADO POR NOSOTROS, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA. TAMBI&Eacute;N NOSOTROS QUEREMOS DARLO TODO POR TI, PORQUE PARA NOSOTROS, T&Uacute; LO ERES TODO; NOSOTROS QUEREMOS QUE LO SEAS TODO. JESUCRISTO EUCARIST&Iacute;A, YO CREO EN TI. JESUCRISTO EUCARISTIA, YO CONF&Iacute;O EN TI JESUCRISTO EUCARIST&Iacute;A, T&Uacute; ERES EL HIJO DE DIOS. MONITOR: El Se&ntilde;or esta noche nos prometi&oacute; que no nos dejar&iacute;a hu&eacute;rfanos. Y no nos dej&oacute;. Se qued&oacute; perpetuamente con nosotros en la Eucarist&iacute;a hasta la consumaci&oacute;n de los siglos. LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS: ll, 23-26 (SILENCIO MEDITATIVO) MONITOR: Por eso nosotros hoy no tenemos por qu&eacute; envidiar a la hemorroisa que toc&oacute; la fimbria de su vestido, ni a Zaqueo que le hosped&oacute; en su casa, ni a los hermanos de Betania que tanta veces se sentaron a la mesa con &Eacute;l. CANTO (DE PIE) CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES, CANTEMOS AL SE&Ntilde;OR&hellip; MONITOR: Por eso, porque est&aacute; aqu&iacute;, nosotros podemos hablarle esta noche, como le hablaban las gentes de su tiempo en Palestina. Y lo vamos a hacer con las mismas palabras que sus o&iacute;dos de carne escucharon entonces. Avivemos nuestra fe en la presencia de Jes&uacute;s Sacramentado, repitiendo las palabras del Ap&oacute;stol Santo Tom&aacute;s: (Ver el Manual de la Adoraci&oacute;n Nocturna) &iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o! T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. T&uacute; eres el Hijo de Dios, T&uacute; eres el Rey de Israel. S&iacute;, Se&ntilde;or, yo creo que t&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo que ha venido a este mundo. Se&ntilde;or, aumenta nuestra fe. Creo, Se&ntilde;or, pero ayuda T&uacute; mi incredulidad. __________________ Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or. Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te alimentaron. Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or. Hosanna en las alturas. ____________________ Dichosos los ojos que ven lo que nosotros vemos y los o&iacute;dos que oyen lo que nosotros o&iacute;mos; porque muchos patriarcas y profetas quisieron verlo y no lo vieron, o&iacute;rlo y no lo oyeron. Se&ntilde;or, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar&aacute; para sanarme. Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; bien estamos aqu&iacute;! Qu&eacute;date con nosotros, Se&ntilde;or, que anochece. Jes&uacute;s, hijo de David, ten compasi&oacute;n de nosotros. _____________________ Se&ntilde;or, si T&uacute; quieres, puedes limpiarme. Se&ntilde;or, que se abran nuestros ojos y veamos. Expl&iacute;canos, Se&ntilde;or, estas par&aacute;bolas. Se&ntilde;or, el que amas est&aacute; enfermo. Se&ntilde;or, danos siempre de ese pan, que eres T&uacute; en la Eucarist&iacute;a. Se&ntilde;or, danos siempre de esa agua, que eres T&uacute;, fuente de vida. Ens&eacute;&ntilde;anos a orar. MONITOR: Fieles a la recomendaci&oacute;n del Se&ntilde;or y siguiendo su divina ense&ntilde;anza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro&hellip; *************************************** MEDITACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA (En mi libro &iexcl;TU CUERPO Y SANGRE, SE&Ntilde;OR! hay m&aacute;s homil&iacute;as y meditaciones del Jueves Santo) QUERIDOS HERMANOS: En este d&iacute;a tan entra&ntilde;able para la Comunidad cristiana, nosotros, seguidores y amigos de Jes&uacute;s, hacemos memoria de sus palabras y gestos &uacute;ltimos, especialmente en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. El Jueves Santo es el d&iacute;a eucar&iacute;stico por excelencia: d&iacute;a de su entrega en sacrificio martirial por nosotros, d&iacute;a de sus deseos de ser comido en comida fraterna por todos los suyos, d&iacute;a en que quiso quedarse para siempre en el sagrario en amistad ofrecida permanentemente a todos. Ante este misterio de la Eucarist&iacute;a, me vienen espont&aacute;neamente a los labios las palabras del himno eucar&iacute;stico de Santo Tom&aacute;s de Aquino, que cantamos en la festividad del Corpus Christi, pero tambi&eacute;n en muchas otras ocasiones: &laquo;Adoro te devote, latens Deitas&raquo;: Te adoro devotamente, oculta divinidad, que vives bajo estos signos sencillos del pan y del vino. Todo mi ser y mi coraz&oacute;n se doblan y se arrodillan ante T&iacute;, porque, quien te contemple con fe, desfallece y se extas&iacute;a de amor...&raquo; O aquella estrofa del C&aacute;ntico Espiritual de San Juan de la Cruz: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado&raquo;. Estos d&iacute;as son para pasar largos ratos ante el Se&ntilde;or Eucarist&iacute;a, para contemplar y extasiarse de amor eucar&iacute;stico, para mirar al Amado y dejar nuestros cuidados del mundo y de las cosas entre las azucenas olvidado. Para un cristiano, la Semana Santa debe ser toda entera para el Se&ntilde;or, para vivir y meditar sus misterios santos, que son muchos y muy profundos, todos llenos de amor loco y apasionado por los hombre. Desde la Hostia Santa, que queda expuesta como siempre despu&eacute;s de la Cena del Se&ntilde;or, Jes&uacute;s me est&aacute; ense&ntilde;ando amor hasta el extremo, entrega total; me ense&ntilde;a humildad: se olvida de s&iacute; mismo, de lo que es y se rebaja y se arrodilla pidiendo mi amor y mi amistad; me ense&ntilde;a servicio: se pone a servir a los Ap&oacute;stoles y quiere llenarme de sus actitudes y alimentar sentimientos evang&eacute;licos en mi vida; me ense&ntilde;a tambi&eacute;n fidelidad plena: aunque los hombres no comprendan tanto amor, ni crean en su presencia, &Eacute;l cumple su palabra de quedarse con nosotros en el pan consagrado hasta el final de los tiempos, todo un Dios se humilla y busca al hombre para llenarle de divinidad; qu&eacute; bueno es Jes&uacute;s, &Eacute;l s&iacute; que es un amigo verdadero, sin ego&iacute;smos ni traiciones, lleno de delicadezas y perdones. Es Dios, el Infinito hecho pan por amor al hombre. &iquest;Qu&eacute; queremos decir hoy de Cristo hecho pan de Eucarist&iacute;a? Queremos decir que ese trozo de pan es el quicio y gozne de toda di&oacute;cesis, de toda parroquia, de todo cat&oacute;lico. Todo cristianismo, todo cristiano, que no gire en torno a la Eucarist&iacute;a, est&aacute; desquiciado. Toda parroquia, que no gira en torno a la Eucarist&iacute;a, est&aacute; desquiciada. Quiere decir que toda parroquia y todo creyente tiene que girar en torno a la Eucarist&iacute;a, porque el cristianismo no son cosas ni ritos ni preceptos, el cristianismo esencialmente es una persona, es Cristo mismo, y sin Cristo, sin Eucarist&iacute;a, no hay cristianismo, ni fraternidad, ni comunidad. Es m&aacute;s, tenemos que observar nuestro comportamiento con la presencia de Cristo en el sagrario, nuestra relaci&oacute;n con el pan consagrado, porque lo que hacemos con el pan, se lo estamos haciendo al mismo Cristo, directamente, no a una imagen o figura. No amo, no me arrodillo, no venero, no respeto, no valoro el pan consagrado, celebro de cualquier modo, no respeto al mismo Cristo. Por eso, para saber de la santidad de una persona, sea sacerdote o seglar, hay que tener mucho cuidado con su comportamiento con Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, porque de ah&iacute; han de recibir su fuerza y verdad nuestra vida cristiana, nuestra relaciones con los dem&aacute;s, nuestras predicaciones sobre Cristo o su evangelio, todo nuestro apostolado, todo recibe su fuerza de la Eucarist&iacute;a como de su fuente; toda nuestra vida personal y apost&oacute;lica nos lo jugamos en nuestra relaci&oacute;n y comportamiento con Jesucristo Eucarist&iacute;a. Cuando veo tanta ligereza despu&eacute;s de la Eucarist&iacute;a, hablando o comport&aacute;ndonos como si Cristo ya no estuviese presente en el sagrario, no valorando que es Dios, como si no viera lo que hacemos, me da pena, porque esto indica que no hemos tocado y sentido a Cristo vivo. Si queremos enfervorizar una parroquia, empecemos por revisar nuestras celebraciones eucar&iacute;sticas, nuestras visitas al Sant&iacute;simo, nuestras comuniones, nuestras liturgias y acciones eucar&iacute;sticas. Si queremos enfervorizar a nuestra familia y nuestros hijos, empecemos por revisar nuestra vida eucar&iacute;stica: si queremos enfervorizar nuestras catequesis y catequistas, nuestros grupos cristianos de cualquier clase que sean, empecemos por revisar nuestra relaci&oacute;n con la Eucarist&iacute;a, tratemos todos, sacerdotes y seglares, de amar m&aacute;s a Cristo Eucarist&iacute;a, de imitar sus virtudes eucar&iacute;sticas: humildad, entrega, silencio, perd&oacute;n continuo; revisemos nuestra relaci&oacute;n eucar&iacute;stica con &Eacute;l, nuestra oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, nuestros comportamientos eucar&iacute;sticos. El Vaticano II nos dice:&laquo;...en la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida los hombres, vivificada y vivificante por el Esp&iacute;ritu Santo...los otros sacramentos, as&iacute; como todos los ministerios eclesi&aacute;sticos y obras de apostolado, est&aacute;n &iacute;ntimamente trabados con la sagrada Eucarist&iacute;a y a ella se ordenan...@(PO 5). ANinguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su ra&iacute;z y quicio en la celebraci&oacute;n de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a, por la que debe, consiguientemente, comenzarse toda educaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu de comunidad &raquo;(PO 6). Horas de sagrario y adoraci&oacute;n eucar&iacute;sticas son horas de santificaci&oacute;n directa y llameante, apost&oacute;licas y salvadoras para el mundo y los hombres, redentoras de tanto pecado y materialismo inundante y secularizante, que ya no respetan ni los dinteles de los templos y entra dentro de nuestras iglesias. Necesitamos iglesias abiertas todo el d&iacute;a para que los creyentes puedan visitar, orar y adorar a Jesucristo Sacramentado, fuente y manantial de vida cristiana para todos los hombres:&laquo;... la Eucarist&iacute;a aparece como la fuente y la culminaci&oacute;n de toda la predicaci&oacute;n evang&eacute;lica&raquo; (PO 5). &laquo;Si la Eucarist&iacute;a es centro y cumbre de la vida de la Iglesia, tambi&eacute;n lo es del ministerio sacerdotal. Por eso, con &aacute;nimo agradecido a Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or, reitero que la Eucarist&iacute;a &laquo;es la principal y central raz&oacute;n de ser del sacramento del sacerdocio, nacido efectivamente en el momento de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a y a la vez que ella&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 31b). En esta tarde del Jueves Santo, Cristo no s&oacute;lo ha querido prolongar su presencia en el pan de la Eucarist&iacute;a sino tambi&eacute;n en la presencia de otros hombres, los sacerdotes, a los que confiere su misi&oacute;n y el encargo recibido del Padre. Toda la carta a los Hebreos nos repite que Cristo es el &uacute;nico sacerdote del Nuevo Testamento de modo que los dem&aacute;s, que han sido elegidos por &Eacute;l, no son sino prolongaci&oacute;n suya, prolongadores de su misi&oacute;n de santificar, predicar y guiar al pueblo de Dios. Jes&uacute;s fue sacerdote por su misma Encarnaci&oacute;n, por la uni&oacute;n en su persona de la naturaleza divina y humana, que le convierte as&iacute; en puente, en pont&iacute;fice entre lo divino y lo humano. Por eso rompi&oacute; radicalmente con el sacerdocio del Antiguo Testamento que lo era por l&iacute;nea de sangre o de familia. No necesita el sacramento del Orden porque Jes&uacute;s por su mismo ser y existir, es y fue mediador entre Dios y los hombres. No hubo un instante en que su naturaleza divino-humana no fuera sacerdotal. Lo fue desde la misma Encarnaci&oacute;n. Y ejerci&oacute; su sacerdocio desde el mismo instante de su concepci&oacute;n en el seno de Mar&iacute;a y lo consum&oacute; en la Ultima Cena anticipando el Viernes y el S&aacute;bado de Gloria. &laquo;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n, ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;. Los sacerdotes prolongan la Encarnaci&oacute;n de Cristo, son Cristo Encarnado, son presencia sacramental de Cristo, prolongan su Palabra y su Salvaci&oacute;n y su Vida No hay en esta asamblea alg&uacute;n joven o adulto que quiera ser prolongaci&oacute;n de Cristo? Queridas madres, que am&aacute;is tanto a Cristo y a su Iglesia, por qu&eacute; no ech&aacute;is esta simiente en vuestro coraz&oacute;n y la cultiv&aacute;is con vuestra oraci&oacute;n eucar&iacute;stica para que nazcan hijos que quieran ser sacerdotes? Necesitamos madres sacerdotales. Queridos cristianos, necesitamos vuestra oraci&oacute;n y vuestras obras y sufrimientos por las vocaciones, para que surjan en vuestras familias hijos o hermanos sacerdotes. &iquest;No podr&iacute;ais rezar un poco m&aacute;s, querer y ayudar un poco m&aacute;s a los que ya son sacerdotes? Porque al ser sacramento de Cristo, no en una materia muerta, como un trozo de pan, sino en carne viva, en el barro de los hombres, esto nos obliga a vivir su misma vida, a pisar sus mismas huellas, a ser santos como Cristo y esto cuesta y a veces no podemos y necesitamos vuestra oraci&oacute;n y vuestra ayuda. El sacerdote es sacramento de la presencia y de la vida de Cristo, de la mediaci&oacute;n de Cristo, de la ofrenda victimal de Cristo, de la salvaci&oacute;n de Cristo, de su perd&oacute;n, de sus gracias, de sus dones, pero tambi&eacute;n de su testimonio, de su amor al Padre y a los hombres y nuestro coraz&oacute;n es de carne y se cansa y duda y no abarca &iquest;Pod&eacute;is ayudarnos con vuestro cari&ntilde;o? Con vuestra ayuda nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil, menos costoso prolongar a Cristo, representar y reproducir a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres, como puse en la estampa de mi ordenaci&oacute;n y primera Eucarist&iacute;a, ser, en definitiva, un signo sencillo pero viviente de Cristo. El sacerdote, en raz&oacute;n del sacramento, est&aacute; m&aacute;s obligado a una santidad de vida, porque &Eacute;l es el que act&uacute;a a trav&eacute;s de mi humanidad; yo se la he prestado para siempre, para este tiempo y para toda la eternidad y no la quiero tener para ninguna otra persona u ocupaci&oacute;n. Estoy consagrado a &Eacute;l de por vida y jam&aacute;s me desposar&iacute;a con nadie aunque me estuviera permitido, porque me he entregado a &Eacute;l totalmente y he perdido la capacidad de poder amar esponsalmente a nadie. Mi coraz&oacute;n solo quiero que sea para &Eacute;l, pero soy pecador, por eso pido vuestra oraci&oacute;n, vuestro acompa&ntilde;amiento, vuestra ayuda espiritual. Al tener que pisar sus mismas huellas, tengo tambi&eacute;n que llevar en mi cuerpo las se&ntilde;ales de la pasi&oacute;n de Cristo, sus mismas marcas de amor y dolor. Por eso, como San Pablo a su disc&iacute;pulo Timoteo, valoro este don y doy gracias por &eacute;l al Se&ntilde;or: &ldquo;Doy gracias a Cristo Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or, que me hizo capaz, se fi&oacute; de mi y me confi&oacute; este ministerio&rdquo; (1Tim 1,12). Doy gracias a Dios con S. Pablo porque me ha llamado y me ha hecho capaz de ser y realizar un misterio y ministerio que yo no pod&iacute;a imaginar. Como rezamos en el prefacio de este d&iacute;a:&ldquo;Cristo, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que por la imposici&oacute;n de las manos, participen de su sagrada misi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Se fi&oacute; de m&iacute;&rdquo;, a pesar del pasado de Pablo, a pesar de mi pasado... Cristo me ha preferido, me ha llamado y me sigue llamando en un acto de confianza plena a estar con &Eacute;l y enviarme a predicar, en un acto de predilecci&oacute;n eterna, que jam&aacute;s sabr&eacute; agradecer ni por toda la eternidad, cuando todo lo vea a plena luz y amor y me goce eternamente en la contemplaci&oacute;n de mi identificaci&oacute;n con su sacerdocio celeste a la derecha del Padre y as&iacute; ya para siempre, para siempre, para siempre...toda la eternidad sacerdote celeste con Cristo glorioso para alabanza de gloria de la Sant&iacute;sima Trinidad y mis hermanos, los redimidos. Y esta confianza depositada por el Se&ntilde;or en nosotros, los sacerdotes, debe llevarnos a una correspondencia de gratitud y confianza inquebrantable en su persona y en su misi&oacute;n: &ldquo;S&eacute; de quien me ha fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a el encargo que me dio&rdquo;. Por eso, perdonad que en esta tarde de tan profundos ecos sacerdotales, yo p&uacute;blicamente agradezca a Cristo este don y renueve mi entrega sacerdotal con San Pablo: &ldquo;Doy gracias a Cristo Jes&uacute;s, que me hizo capaz, se fi&oacute; de m&iacute; y me confi&oacute; este ministerio&rdquo;. Finalmente, la celebraci&oacute;n de la &Uacute;ltima Cena incluye el don de la comuni&oacute;n fraterna y solidaria, que nos obliga en el Se&ntilde;or a compartir cuanto somos y tenemos:&ldquo;Un mandamiento nuevo os doy... Hab&eacute;is visto lo que he hecho con vosotros... haced vosotros lo mismo...&rdquo; Hoy es el d&iacute;a de la Eucarist&iacute;a, pero por ello mismo y por voluntad de Cristo, es un d&iacute;a especial de vivir y recordar la obligaci&oacute;n de amarnos fraternalmente, d&iacute;a del encuentro y acogida entre todos los hombres. Y ahora ya, sent&eacute;monos a la mesa y celebremos la Eucarist&iacute;a **************************** SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N DEL JUEVES SANTO, MIRANDO YA EL VIERNES SANTO Hoy quiero que escuch&eacute;is un serm&oacute;n del siglo XVI, de San Juan de &Aacute;vila, pero hecho con tanto amor y sabidur&iacute;a que vale para todos los tiempos. Es sencillamente un Serm&oacute;n sobre la Soledad de la Virgen y de este serm&oacute;n s&oacute;lo he tomado el comienzo del mismo y algunos textos de su desarrollo. Como est&aacute; en castellano del tiempo, ir&eacute; explicando con palabras actuales su significado y sentido. Este es el resumen del Serm&oacute;n de la Soledad de Mar&iacute;a, que he realizado. Exordio &laquo; &ldquo;Flere con flentibus et gaudere cum gaudentibus&rdquo; (Rom 12, 15). Dice el ap&oacute;stol San Pablo: La ley de amor pide esto: quiere que lloremos con los que lloran, y que nos gocemos con los que se gozan. Cosa usada es entre los que se aman ser com&uacute;n a ellos la alegr&iacute;a y la tristeza; de tal manera, que si vos am&aacute;is a alguno mucho y le sucede alguna cosa de que se debe alegrar, vos tambi&eacute;n os alegr&aacute;is como si a vos mismo os sucediera; y, por el contrario, os entristec&eacute;is si alguna cosa adversa le viene. El presente d&iacute;a es dispuesto para acompa&ntilde;ar a la sacrat&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a en sus dolores y trabajos; la devoci&oacute;n de este d&iacute;a es atribuida a ella, y no le cost&oacute; poco. Por cierto, digno de reprensi&oacute;n ser&iacute;a el hijo que, viendo a su madre muy atribulada, llorando afligida, no se entristeciese con ella y le ayudase a llorar sus trabajos; cu&aacute;nto m&aacute;s si hubiese sido causa de lo que la madre padece. Nosotros somos la causa de la pasi&oacute;n de Jesucristo y de las angustias de su Madre. Du&eacute;lente, Se&ntilde;or, no tus pecados, sino los m&iacute;os; te dueles, te afliges, te cansas, no por lo que hiciste, sino por lo que nosotros cometimos. Porque, mira, Jesucristo no ten&iacute;a pecados, ni por qu&eacute; padecer de su parte, no deb&iacute;a nada de s&iacute;. Si tuviese una madre un hijo que se le hubiese muerto por amor de m&iacute;, y viese que yo estaba riendo y que no le ayudaba a llorar su hijo, &iquest;qu&eacute; tanto le pesar&iacute;a? No s&eacute; qu&eacute; mala ventura es &eacute;sta; ya no hay tiempo de pasi&oacute;n, no se celebran estas fiestas como sol&iacute;an. En otro tiempo hab&iacute;a sentimiento de la pasi&oacute;n de Jesucristo; en la primitiva Iglesia duraba la misa y el oficio hasta la ma&ntilde;ana que Jesucristo resucit&oacute;. Ya no hay nada de esto, sino, en pasando el viernes, &iexcl;alto!, ya es Pascua. &iexcl;Sus!, a entender en lo que habemos de comer, en lo que habemos de vestir. &iexcl;Qu&eacute; gentil celebrar de pasi&oacute;n, por cierto! &iquest;Y as&iacute; se hab&iacute;a de hacer ello? &iquest;No os durar&aacute; la devoci&oacute;n de estos sant&iacute;simos d&iacute;as un momento? Gastad, ahora, por reverencia de Dios, este d&iacute;a en acompa&ntilde;ar a la Viuda, (y a su Hijo) y dadle cada uno en su rinconcillo ayudarle a llorar y a estar all&iacute; con ella, pues sois la causa de sus dolores. Celebrad la pasi&oacute;n de Jesucristo, si quer&eacute;is sentir los gozos de su resurrecci&oacute;n. Todo cristiano debe gastar este d&iacute;a en acompa&ntilde;ar a (Jes&uacute;s) y a la Virgen. (Hemos le&iacute;do la escena del Huerto de los Olivos) Van a prender a Jesucristo el jueves de la cena en la noche, y lo primero que dice, olvidado de s&iacute;: No toqu&eacute;is a &eacute;stos! Prenden al libre, &iquest;y mand&aacute;is que no toquen a los siervos? &iquest;Qu&eacute; justicia es &eacute;sta, Se&ntilde;or? Prenden al inocente, &iquest;y mand&aacute;is que dejen a los culpados? Atan al mayorazgo de Dios y dejan ir libres a los esclavos; llevan preso a Jesucristo, dejan al malhechor en casa. &iexcl;Oh, bendita sea tu misericordia! &iexcl;Que no se ponga el cristiano en medio y diga: &laquo;Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; es esto? &iquest;Qu&eacute; justicia es &eacute;sta? Vu&eacute;lvase vuestra espada contra m&iacute;; ejecutad en m&iacute; la ira de vuestra justicia, que yo soy el que merezco el castigo. &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iquest;Por qu&eacute; as&iacute; mat&aacute;is a vuestro mayorazgo y as&iacute; atorment&aacute;is a vuestra sierva Mar&iacute;a? La respuesta de Jesucristo clara est&aacute;; cay&oacute; sobre &eacute;l castigo, por el cual fue adquirida la paz entre Dios y nosotros. Cay&oacute; sobre &eacute;l la ira del castigo por que nosotros fu&eacute;semos remediados&hellip;&mdash;Pues &iquest;por qu&eacute; muere? &mdash;Propter scelera populi mei percussi eum. Eso s&iacute;, &laquo;por los pecados de mi pueblo, porque me ofendieron los hombres, por eso le castigo yo&raquo;, dice el Padre Eterno, por que ellos no se perdiesen para siempre en el infierno. Pues es la culpa de los hombres que han pecado, ellos son la causa de la muerte de Jesucristo; luego &iquest;qu&eacute; justicia es &eacute;sta, Se&ntilde;or, que castig&aacute;is al justo por los pecadores, que muera el inocente por los culpados? Se&ntilde;or, parece que hay escr&uacute;pulo en vuestra justicia, pues castig&aacute;is al que no tiene culpa y dej&aacute;is ir libres a los que hicieron el mal. Si lo quiso El, &iquest;qu&eacute; haremos? Si quiso morir por nosotros, si nos am&oacute; tanto hasta perder la vida por nosotros, &iquest;qu&eacute; diremos? Luego as&iacute; hab&iacute;a de decir el preg&oacute;n: &laquo;Esta es la justicia que manda hacer el Eterno Padre a Jesucristo, su Hijo, porque am&oacute; a los hombres. Quien a tantos y tales ama, que tal haya&raquo;.&mdash; Por qu&eacute; moriste, Se&ntilde;or? &mdash;Por el amor que te tuve, &mdash; &iquest;Qui&eacute;n te cans&oacute;, Se&ntilde;or, tanto? &iquest;Qui&eacute;n te afligi&oacute;? &iquest;Qui&eacute;n te hizo haber hambre y sed? &iquest;Qui&eacute;n te hizo sudar? &iquest;Qui&eacute;n te par&oacute; tal hasta morir desnudo en una cruz? &mdash;El amor que tuve a los hombres. &mdash; &iquest;Por qu&eacute;, Padre, afligiste tanto a la Madre y al Hijo? &iquest;Qu&eacute; culpa tienen? Ovejas son inocent&iacute;simas. &mdash;El amor que tuvo a los hombres Jesucristo, eso es. &iquest;Por qu&eacute; tan afligida la Virgen nuestra Se&ntilde;ora? Pero &iquest;qu&eacute; tiene que ver con eso la Virgen Mar&iacute;a nuestra Se&ntilde;ora? &iquest;Por qu&eacute; tan afligida? &iquest;Por qu&eacute; tanto la atribul&oacute; el Eterno Padre el d&iacute;a de hoy? &iquest;No est&aacute; escrito: Si topareis en el campo alg&uacute;n nido de p&aacute;jaros y estuviera en &eacute;l su madre, tomad los p&aacute;jaros y no llegu&eacute;is a la p&aacute;jara; tomad los hijos y dejad la madre? &iquest;No mandaba Dios en el &Eacute;xodo: No cuezas el cabrito en la leche de su madre? &ldquo;Ne coxeris haedum in lacte matris suae&rdquo;. Se&ntilde;or, &iquest;ten&eacute;is cuidado de las aves, ten&eacute;is cuidado de los animales? &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iquest;No bastaba matar al hijo y ponerle en una cruz, sin matar tambi&eacute;n a la Madre? &iquest;Por qu&eacute; se cuece a Jesucristo en las l&aacute;grimas de su Madre? Si lo quer&eacute;is asado, asado est&aacute; en el fuego de tan grandes tormentos, asado lo tiene el fuego del amor, que en su bendit&iacute;simo coraz&oacute;n ard&iacute;a mientras estaba padeciendo en la cruz; y si lo quer&eacute;is cocido, cocido est&aacute; en l&aacute;grimas, que de los ojos de su sacrat&iacute;sima Madre sal&iacute;an, viendo lo que estaba padeciendo. &iexcl;Oh, bendita sea vuestra misericordia, Se&ntilde;or! &iquest;Y qu&eacute; os ha hecho esta bienaventurada Virgen? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que todos los d&iacute;as de su vida os sirvi&oacute;? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que, mientras en esta vida estaba, en otra cosa no gast&oacute; su tiempo sino en agradaros? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que tan desvelada andaba todas las noches y los d&iacute;as por contentaros? &iquest;Qu&eacute; hizo su virginal coraz&oacute;n, en el cual aun un pensamiento el m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo, nunca hubo de que vos, Se&ntilde;or, os ofendieseis, que as&iacute; la hab&eacute;is hoy lastimado, que as&iacute; la hab&eacute;is hoy entristecido? &iquest;Qu&eacute; os hizo, Se&ntilde;or, esta Virgen limp&iacute;sima, en quien nunca hubo pecado? &iquest;Por qu&eacute; tanto la hab&eacute;is afligido el d&iacute;a de hoy? &iexcl;Oh Virgen bendita! Y quien te preguntase: &iquest;En qui&eacute;n estaba tu consuelo? &iquest;En qui&eacute;n esperabas? &iquest;Qu&eacute; era lo que m&aacute;s amabas? &iquest;Por ventura no era Jesucristo? El uno y solo era tu consuelo y esposo, tu Hijo, tu alegr&iacute;a, tu remedio; El solo te era todas las cosas; con solo El estabas, Se&ntilde;ora, contenta y ninguna cosa echabas de menos; teniendo a El, ninguna cosa faltaba; falt&aacute;ndote El, todo tu bien has perdido; no lo trocar&aacute;s por cielos y tierra. Ella es la que m&aacute;s perdi&oacute;, la m&aacute;s entristecida, la m&aacute;s desconsolada, la m&aacute;s afligida de cuantas hubo ni habr&aacute;. Cuando lo viese que ya quer&iacute;a expirar, cuando viese aquellos lucientes ojos oscurecerse, cuando viese alz&aacute;rsele el pecho, cuando lo viese resollar tan aprisa con las ansias de la muerte, la Madre que tal vio, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a? No hay coraz&oacute;n que sepa sentirlo, no hay lengua que sepa explicarlo No te qued&oacute; consuelo ni arrimo en la tierra, muerto tu sant&iacute;simo Hijo, porque en &eacute;l tenias todas las cosas. Oh, bendito seas, Se&ntilde;or, que fuiste servido que el amor grande de esta Virgen fuera say&oacute;n que la atormentase tanto, que dice San Jer&oacute;nimo, que cada punzada, que daban a Jesucristo en el cuerpo era una lanzada que atravesaba el coraz&oacute;n de la Virgen; cada bofetada, cada azote, cada llaguita que hac&iacute;an a Jesucristo, tantas pu&ntilde;aladas eran para el coraz&oacute;n de esta Virgen! &iexcl;Oh, bendita sea tu misericordia, que tantas saetas tuviste para herir y traspasar el coraz&oacute;n de esta Virgen! Pues si el cuerpo de Jesucristo estaba con cinco mil azotes repartidos en un cuerpo como el suyo, su sacrat&iacute;sima cabeza atravesada por tantas partes de las espinas, horadados con clavos tan crueles sus pies y manos, todo corriendo sangre, sus sacrat&iacute;simas barbas peladas, escupido, abofeteado, aquel delicado cuerpo descoyuntado y sus tiernos miembros desencajados, &iquest;qu&eacute; tal os parece que estar&iacute;a el coraz&oacute;n de la Virgen, que esto ten&iacute;a delante de los ojos? &iexcl;Oh virginal coraz&oacute;n! La pint&aacute;is con siete cuchillos, con setecientos la hab&iacute;ais de pintar! No tienen cuenta las gotas de la mar y sus arenas, no tienen cuenta las estrellas del cielo con los dolores de la Virgen Mar&iacute;a. La muerte y la lanzada Alz&oacute; los ojos la primera madre Eva para ver el &aacute;rbol del que Dios le hab&iacute;a mandado que no comiese. Alz&oacute; los ojos la Virgen Mar&iacute;a a Jesucristo en la cruz. M&aacute;s lastim&oacute; a la Virgen ver cu&aacute;l estaba Jesucristo que agrad&oacute; y deleit&oacute; ver a la primera doncella el &aacute;rbol que le estaba vedado que no comiese. &iquest;Para qu&eacute; son ojos hoy, Se&ntilde;ora? Deseaba la Virgen sacrat&iacute;sima ver a Jesucristo. Alzaba los ojos a mirarlo. Era tanto el dolor que recib&iacute;a de verlo, que tanto padec&iacute;a, que cuan presto alzaba los ojos, tan presto los bajaba, no pudi&eacute;ndolo sufrir. Dec&iacute;a al Eterno Padre: &laquo;Se&ntilde;or, no te pido vida para mi Hijo; ya veo, Se&ntilde;or, que est&aacute; muy cerca de su muerte; recibid, Se&ntilde;or, su muerte en recompensa de los pecados de los hombres. Cese ya tu justicia; no castigues tus esclavos, pues as&iacute; has castigado a tu mayorazgo por que ellos no se perdieran. Con alegr&iacute;a, Se&ntilde;or, le recib&iacute;, y con grande dolor te lo torno. Grande fue el gozo que mi alma recibi&oacute; el d&iacute;a que el &aacute;ngel me trajo la nueva de que le hab&iacute;a le parir; pero grand&iacute;simo dolor sent&iacute; en mi coraz&oacute;n al verle partirse de mi con tanto trabajo&raquo;. &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? Cuando lleg&oacute; la hora en que expir&oacute;, &iquest;qu&eacute; sinti&oacute; tu coraz&oacute;n al verle agonizar con la muerte aquellas ansias mortales? Muere el uno en la cruz, y cae el otro al pie de ella. &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? A Abraham mand&oacute;le Dios que subiese al monte y sacrificase a su hijo, pero despu&eacute;s content&oacute;se Dios con sola su obediencia de coraz&oacute;n, y di&oacute;le un carnero que sacrificase. Al monte subi&oacute; con su hijo Isaac, y del monte baj&oacute; con &eacute;l; mas la Virgen nuestra Se&ntilde;ora no as&iacute;. Al monte Calvario subi&oacute; con su Hijo; mas no le trajo a la vuelta consigo, que all&aacute; le dej&oacute;. &laquo;Padre de misericordia &mdash;dec&iacute;a la Virgen&mdash;, veis aqu&iacute; vuestra esclava, c&uacute;mplase en m&iacute; vuestra voluntad. Este Hijo me disteis; con gran alegr&iacute;a le recib&iacute;. Vedle, ah&iacute; os lo torno; vos me lo disteis, vos me lo quitasteis, c&uacute;mplase vuestra sant&iacute;sima voluntad; esclava soy para todo lo que vuestra majestad quisiere hacer de m&iacute;. El d&iacute;a de mi alegr&iacute;a os cant&eacute;: Engrandezca mi alma al Se&ntilde;or y g&oacute;cese mi esp&iacute;ritu con Dios mi salud; el d&iacute;a de mi tristeza y dolores supl&iacute;coos le recib&aacute;is en agradable sacrificio por los pecados de los hombres&raquo;. El Hijo en sus brazos Lev&aacute;ntase la Virgen para tomar a Jesucristo en sus brazos; con el dolor no pod&iacute;a reposar; ni descansar en pie, ni descansar sentada: &mdash;&laquo;&iexcl;D&aacute;dmele ac&aacute;!&mdash;&raquo; jOh Se&ntilde;ora, que no sab&eacute;is lo que ped&iacute;s! Mirad que no descansar&eacute;is con eso, antes se doblar&aacute; vuestro dolor&raquo;. Tornan el cuerpo y p&oacute;nenselo en sus faldas. Toma San Juan la cabeza y la Magdalena los pies; comienzan todos a llorar tan reciamente, por una parte de ver aquel bendito cuerpo tan atormentado, por otra parte de ver las l&aacute;stimas que la sacrat&iacute;sima Virgen hac&iacute;a. &iexcl;Oh gran dolor! &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? Comienza la Virgen a allegarle las manos a la cabeza y topaba con las espinas que le hab&iacute;an quedado hincadas al quitar de la corona; todos los cabellos llenos de sangre. No hac&iacute;a sino rodear aquel cuerpo; no se hartaba de mirarlo; por otra parte, desfallec&iacute;a del gran dolor. Toma las manos, velas hechas pedazos; pone los ojos en el rostro de su Hijo, abre aquella boca y comienza a hablar; quebraba el coraz&oacute;n al que la o&iacute;a: &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iexcl;Hijo m&iacute;o, Dios m&iacute;o y consuelo m&iacute;o!, &iquest;c&oacute;mo me has dejado, sabiendo que tanto te amaba? &iquest;Para qu&eacute; me has guardado para tanto dolor? &iquest;Este es el cuerpo que yo tan tiernamente trataba y envolv&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n, Se&ntilde;or, te ha parado tal? &iquest;Qu&eacute; coraz&oacute;n bast&oacute; a hacerte tanto mal? &iexcl;Oh Verdad de Dios escupida! &iexcl;Oh hermosura afeada! &iexcl;Oh lumbre del cielo oscurecida! &iexcl;Oh rostro que alegras en el cielo los bienaventurados!, &iquest;y qui&eacute;n te ha desfigurado de tal manera? &iexcl;Oh lengua que a tantos consolaste, que a nadie supiste decir mala palabra! &iquest;Ad&oacute;nde est&aacute;s que no me respondes? &iquest;C&oacute;mo se ha tornado mi arpa en lloro y mi m&uacute;sica en l&aacute;grimas?&raquo; El coraz&oacute;n m&aacute;s tierno de las madres del mundo fue el de Maria. Y si de ver a un pobre llora, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a de ver padecer al Hijo, de verlo muerto sobre sus faldas y tan atormentado como estaba? Es tan tierna, que si viera padecer alg&uacute;n mal, alg&uacute;n trabajo a los mismos que crucificaron a su Hijo y trataron tan cruelmente, se le doliera de ello. Pues decidme, &iquest;qu&eacute; os parece que sentir&iacute;a de ver padecer tanto a un su &uacute;nico Hijo, y tal Hijo? Consu&eacute;late, cristiana mujercita, hombrecito, que est&aacute;is en trabajo; s&aacute;bete que tienes una Madre en los cielos, que se duele de tus fatigas m&aacute;s que t&uacute; mismo te dueles, y as&iacute; procura remediarlas. El mayor dolor de cuantos se pueden pensar en el mundo, en el coraz&oacute;n m&aacute;s tierno: &iquest;qu&eacute; os parece que sentir&aacute;? &laquo;Padre de misericordia &mdash;dec&iacute;a la Virgen&mdash;, veis aqu&iacute; vuestra esclava, c&uacute;mplase en m&iacute; vuestra voluntad. Este Hijo me disteis; con gran alegr&iacute;a le recib&iacute;. Vedle, ah&iacute; os lo torno; vos me lo disteis, vos me lo quitasteis, c&uacute;mplase vuestra sant&iacute;sima voluntad; esclava soy para todo lo que vuestra majestad quisiere hacer de m&iacute;. El d&iacute;a de mi alegr&iacute;a os cant&eacute;: Engrandezca mi alma al Se&ntilde;or y g&oacute;cese mi esp&iacute;ritu con Dios mi salud; el d&iacute;a de mi tristeza y dolores supl&iacute;coos le recib&aacute;is en agradable sacrificio por los pecados de los hombres&raquo;. &laquo;Oh pecadores, &iexcl;cu&aacute;n caro me cost&aacute;is! &iexcl;C&oacute;mo por amor de vosotros ha pasado mi coraz&oacute;n trance tan amargo como ha sido &eacute;ste, ver a mi Hijo Jesucristo padecer tan cruel muerte y pasi&oacute;n! Lo que vosotros hicisteis, &Eacute;l lo ha pagado, y mi alma lo ha sentido: por bien empleado vaya, aunque ha pasado tantos trabajos, por que vosotros recib&aacute;is el fruto de ello y alcanc&eacute;is perd&oacute;n de Dios&raquo;. &iexcl;Oh Se&ntilde;ora! bendita se&aacute;is vos, que a&uacute;n ten&eacute;is el sonido de las palabras de vuestro Hijo: &iexcl;Perdonadlos! &laquo;Yo los perdono, Se&ntilde;or; y por la parte que me cabe de los trabajos que os he visto padecer por amor de ellos, perdonadlos, Se&ntilde;or; hacedles bien; consoladlos en sus tribulaciones; socorredlos en sus necesidades; ayudadlos en sus trabajos; o&iacute;dios, Se&ntilde;or, cuando os llamaren; alegradlos; hacedles bien por m&iacute;, Se&ntilde;or&raquo;. &ldquo;Ecce ancilla&rdquo;. Aqu&iacute; se cumpli&oacute; bien el conformarse con la voluntad de Dios. &iexcl;Oh dechado de madres! Perdonad; no esper&eacute;is que os vengan a rogar. &iquest;No veis a Mar&iacute;a, Madre bendita, que de buena gana perdon&oacute; la muerte de su bendito Hijo, y estando a&uacute;n corriendo sangre, fresco, reci&eacute;n muerto; y no espera que le vengan a rogar, antes ella ruega por los que le hab&iacute;an dado la muerte, y por los que hab&iacute;an sido causa de ella? Recogida en el Cen&aacute;culo Busca m&aacute;s; (busca a los Ap&oacute;stoles) y h&aacute;llalos todos; vanse para el cen&aacute;culo. Hablan a la Virgen, llegan todos, los ojos por el suelo: &laquo;Se&ntilde;ora, he aqu&iacute; los malos, los cobardes, todos huimos y le dejamos; sola vos no hu&iacute;steis, Se&ntilde;ora. Todos perdimos la fidelidad; vos no la perdisteis; alcanzadnos perd&oacute;n, Se&ntilde;ora. J&uacute;ntanse all&iacute; todos; toda la noche y el d&iacute;a era en pensar c&oacute;mo le crucificaron; su pl&aacute;tica no era otra. Dec&iacute;a San Juan, que lo vio todo: &laquo;Oh hermanos, si le vierais en la columna, si en la coronaci&oacute;n de espinas; si le vierais con tanto trabajo llevar la cruz sobre sus benditos hombros, pregon&aacute;ndole por traidor, con cu&aacute;nta deshonra, con cu&aacute;nto cansancio; si le vierais en la cruz perdido el color de su bendita cara, las l&aacute;grimas en aquellos ojos, su cabeza corriendo sangre, sus pies y sus manos hechos tambi&eacute;n fuentes, y dar con tan gran trabajo el alma al Padre! As&iacute; pasaron la noche; as&iacute; pasemos nosotros, acompa&ntilde;ando y consolando a la Virgen y llorando con ella tanto dolor como por nuestra causa le vino; y esta Se&ntilde;ora, por cuya honra os juntasteis aqu&iacute;, os la pagar&aacute; rogando por vosotros cuando le llamareis. Os consolar&aacute; en vuestras tibiezas, os socorrer&aacute; en vuestros trabajos; os alcanzar&aacute; gracia y despu&eacute;s gloria, ad quam nos perducat. Amen.&raquo; ****************************************** VIERNES SANTO DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDOS HERMANOS: 1.- En la cruz casi infinitamente grande y dolorosa, formada por nuestros delitos y pecados, quiso Cristo ser clavado para redimir al mundo y al hombre de su condena. En esta tarde memorable del Viernes Santo, la sombra gigantesca de un crucificado se desploma aplastante de dolor y de tristeza sobre nosotros, sobre nuestras cabezas, sobre nuestros corazones y sobre nuestros ojos. A la sombra de esta cruz formada por nuestros pecados debemos permanecer silenciosamente hasta la ma&ntilde;ana pascual de la resurrecci&oacute;n, porque Jesucristo Dios de amor por los hombres ha muerto en su humanidad que hab&iacute;a asumido para salvarnos. No se trata de la muerte de un hombre santo, sino de un hombre en quien Dios se encarn&oacute; y se hizo presente con nuestra carne para poder sufrir por el hombre y demostrarle su amor. Es un hecho &uacute;nico e inaudito que no existe en ninguna otra religi&oacute;n, y que nosotros no podr&iacute;amos haber ni sospechado si &Eacute;l no nos lo hubiera revelado y realizado con palabras y gestos muy reales y concretos, que sobrepasan toda comprensi&oacute;n puramente humana. Es una realidad, un hecho que si lo creemos es para quedarse aqu&iacute; para siempre y morir de amor por &Eacute;l como &Eacute;l muri&oacute; por todos nosotros. Debi&oacute; ser un espect&aacute;culo impresionante. El Evangelio lo expresa as&iacute;: &ldquo;Viendo el centuri&oacute;n que estaba frente a &Eacute;l de qu&eacute; manera mor&iacute;as, dijo: verdaderamente este hombres era Hijo de Dios.&rdquo; Igual la multitud de personas que lo hab&iacute;an presenciado y que, &ldquo;golpe&aacute;ndose el pecho&rdquo;, marchaban a sus casas. Nosotros tambi&eacute;n, Se&ntilde;or, contempl&aacute;ndote esta tarde del Viernes Santo clavado en la cruz, no podemos menos de admirarte, venerarte y reconocer tu amor, que te hizo pasar por dolores y humillaciones y sufrimientos atroces de todo tipo para que el hombre no dudase nunca del amor y perd&oacute;n del Padre. Era yo el que ten&iacute;a que sufrir esos dolores por mis pecados, &eacute;ramos nosotros los que merec&iacute;amos tanto escarnio, tantas humillaciones por nuestras infidelidades; &eacute;ramos nosotros los que est&aacute;bamos condenados a morir con muerte eterna por nuestros pecados, pero T&uacute; quisiste sufrirlo todo por nosotros para librarnos a todos los hombre de la condena a muerte merecida por nuestros pecados. Por eso, Se&ntilde;or, tu cruz y tus sufrimientos me echan en cara en pirmer lugar mis pecados y mis faltas de amor, todos mis pecados, todas mis cobard&iacute;as en seguirte cuando me exiges el cumplimientos de tus mandamientos y evangelio, son un reproche vivo y sangrante contra mi faltas de amor, de entusiasmo, mi flojedad, mi rutina, ni pereza en el seguimiento de tu vida y consejos evang&eacute;licos. T&uacute; eres inocente, yo soy el culpable. Mis pecados y mis faltas de amor te crucificaron. &ldquo;Padre, perd&oacute;nales porque no saben lo que hacen, lo que hacemos muchas veces en nuestras vidas. Por eso, hoy, Se&ntilde;or, la verte sufrir y clavado en esa cruz, no basta llorar, tengo que amarte, convertirme de verdad a tu amor, hacer cambios en mi vida. Si, queridos hermanos, &ldquo;Consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; ya terminado, consumado, conseguido, su salvaci&oacute;n y nuestro perd&oacute;n. Lo acaba de decir Cristo desde la cruz: &ldquo;Consumatum est&rdquo;, Todo esta rematado. Entre todos hemos matado a Cristo con nuestros pecados. Ya no podemos volvernos atr&aacute;s. Porque todos hemos pecado. Tenemos por eso las manos a&uacute;n manchadas, te&ntilde;idas de sangre y con salpicaduras sobre nuestro cuerpo pecador y sobre nuestro rostro que ha injuriado a Dios con palabras y juicios contrarios al evangelio, no cumpliendo la voluntad del Padre. Nos dijeron siempre que el hombre no puede vencer a Dios, pero en esta ocasi&oacute;n lo hemos logrado por nuestros pecados y del mundo y sobre todo por su exceso de amor de su parte. Ha sido la &uacute;nica vez que todos los hombres de todos los tiempos y de todas las razas nos hemos puesto de acuerdo para hacer algo memorable, algo imponente, algo que ya nada ni nadie podr&aacute; borrar de la historia. &ldquo;consumatum est&rdquo; Todo ha sido consumado, realizado por el amor m&aacute;s extremo e infinito que existe y puede existir: que Dios ha muerto. Hemos merecido que por amor entregado Dios entregue su vida por sus criaturas. Eso es un Cricifijo: el amor extremado de un Dios hecho hombre para poder morir por el hombre, por sus criaturas que no lo quieren y reconocen. Porque si t&uacute;, querido hermanos, le amas a Cristo y te acercas a &Eacute;l crucificado, El se descuelga y te abraza con esos mismos brazos de Amor. Hag&aacute;moslo un momento ahora porque &Eacute;l lo est&aacute; esperando y lo merece y&hellip; lo necesita en estos tiempos de pol&iacute;ticos ateos y sin fe y amor. (Silencio) Los te&oacute;logos y los fil&oacute;sofos nos dijeron que Dios no pod&iacute;a morir porque su poder es infinito; pero no sab&iacute;an que su amor es infinito tambi&eacute;n y lo puede hacer en carne humana. Por eso se encarn&oacute; y se hizo hombre. Que vengan los te&oacute;logos y lo vean. Pero sobre todos que nos lo expliquen los m&iacute;sticos de todos los tiempos que lo han sentido y vivido. 2.- &ldquo;Consumatum est&hellip; todo est&aacute; cumplido&rdquo;&rdquo;. Vamos a ver, Jes&uacute;s, esto s&oacute;lo lo puede decir uno que sabia lo que iba a pasar. Luego T&uacute;, Jes&uacute;s, lo dijiste porque sab&iacute;as lo que te iba a suceder. Entonces, perdona, Se&ntilde;or, pero no mereces compasi&oacute;n porque T&uacute; lo sab&iacute;as, lo sab&iacute;as y no lo evitaste, lo has cumplido y sufrido todo por amor. Entonces, perdona Jes&uacute;s que te lo diga, T&uacute; estuviste loco, T&uacute; est&aacute;s loco de amor a los hombres, a cada uno de nosotros, t&uacute; me amas locamente porque era yo quien merec&iacute;a esos sufrimientos por mis pecados. T&uacute; te has buscado esta locura de sufrimientos y deprecios, esa muerte, estos sufrimientos; T&uacute; sab&iacute;as que muchos te escupir&iacute;an, que te crucificar&iacute;an con su desprecios, pecados, con sus falta de fe en tu amor, T&uacute; sab&iacute;as que el crucifijo y el crucificado no significar&iacute;an nada en la vida de muchos hombres, incluso bautizados, que quitan im&aacute;genes y crucifijos de sus casas, habitaciones, despachos, T&uacute; sab&iacute;as que te dejar&iacute;an solo, abandonado camino del Calvario porque se avergonzar&iacute;an de ti en la televisi&oacute;n, en la prensa, T&uacute; lo sab&iacute;as todo y, sin embargo, dejaste que te clavasen en la cruz para que el Padre los perdonase a todos, nos perdonase todos nuestros pecados y para que nosotros nunca dud&aacute;semos de tu amor, del amor de un Dios infinito que nos crea y ca&iacute;dos y alejados de su amistad por el pecado, se hace hombre viene a nuestro encuentro de salvacion y para eso y por eso se deja clavar en la cruz por todos nosotros, para que volvamos a tener vida de amistad contigo y con Dios Padre y se no abriesen las puertas del cielo eternamente. T&uacute; estuviste loco de amor. El crucifijo es la mayor muestra de amor y pasi&oacute;n por el hombre que existe en el mundo y nosotros lo creemos y lo besaremos siempre, especialmente en este d&iacute;a. 3.- Por eso, &ldquo;consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; terminado por el amor loco, infinito y apasionado de un Dios loco de amor por su criatura. Hab&iacute;a olvidado que T&uacute; antes de morir hab&iacute;as dicho que &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;, T&uacute; eres el mejor amigo del hombre, el mejor amigo que tengo, que existe y puede existir, porque eres infinito amando. T&uacute; eres Amor y si dejas de amar dejas de existir. Por eso, Se&ntilde;or, ese tu rostro muerto y crucificado me est&aacute; volviendo loco, yo quiero estar tambi&eacute;n como T&uacute; loco de amor a mi Cristo crucificado. Por eso quiero terminar esta tarde del Viernes Santo con las palabras del poeta: No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. T&uacute; me mueves, Se&ntilde;or, mu&eacute;veme el verte clavado en una cruz y escarnecido, mu&eacute;veme ver tu cuerpo tan herido, mu&eacute;venme tus afrentas y tu muerte. Mu&eacute;veme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Jes&uacute;s, hab&iacute;a olvidado que al ver a tu Padre entristecido por el pecado, que imped&iacute;a al hombre entrar en su amistad, T&uacute; te ofreciste voluntariamente en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad para decirle: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Nosotros jam&aacute;s comprenderemos este amor, porque los hombres sabemos matem&aacute;ticas y derechos e igualdad y en un crucificado no existe nada de eso; por eso no lo comprenderemos nunca. 4.- Ese rostro, Se&ntilde;or, condena abiertamente mi falta de amor, mi comodidad, mi poca exigencia en seguirte, mis cobard&iacute;as en llevar tu cruz sobre mis hombros. Por otra parte, hubiera bastado una gota de tu sangre, pero quisiste darla toda para que nunca dudase de la verdad de tu amor. Por eso, siempre que vea un crucifijo, puedo estar segura de que alguien me ama hasta dar su vida por m&iacute;. Mir&aacute;ndote en la cruz me explico y comprendo todas las frases de San Pablo: &ldquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo y una ganancia el morir&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo, por el cual yo estoy crucificado y el mundo para mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute; y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Comprendo tambi&eacute;n al poeta: &laquo;No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte&hellip;T&uacute; me mueves, mu&eacute;veme el verte, clavado en esa cruz y escarnecido&hellip; Mu&eacute;veme y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno te temiera.&raquo; ************************************* VIERNES SANTO DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDOS HERMANOS: 1.- En la cruz casi infinitamente grande y dolorosa, formada por nuestros delitos y pecados, quiso Cristo ser clavado para redimir al mundo y al hombre de su condena. En esta tarde memorable del Viernes Santo, la sombra gigantesca de un crucificado se desploma aplastante de dolor y de tristeza sobre nosotros, sobre nuestras cabezas, sobre nuestros corazones y sobre nuestros ojos. A la sombra de esta cruz debemos permanecer silenciosamente hasta la ma&ntilde;ana pascual de la resurrecci&oacute;n, porque Dios ha muerto. No se trata de la muerte de un hombre santo, sino de un hombre en quien Dios se encarn&oacute; y se hizo presente con nuestra carne para poder sufrir por el hombre y demostrarle su amor. Es un hecho &uacute;nico e inaudito que no existe en ninguna otra religi&oacute;n, y que nosotros no podr&iacute;amos haber ni sospechado si &Eacute;l no nos lo hubiera revelado y realizado con palabras y gestos muy reales y concretos, que sobrepasan toda comprensi&oacute;n puramente humana. Debi&oacute; ser un espect&aacute;culo impresionante. El Evangelio lo expresa as&iacute;: &ldquo;Viendo el centuri&oacute;n que estaba frente a &Eacute;l de qu&eacute; manera mor&iacute;as, dijo: verdaderamente este hombres era Hijo de Dios.&rdquo; Igual la multitud de personas que lo hab&iacute;an presenciado y que, &ldquo;golpe&aacute;ndose el pecho&rdquo;, marchaban a sus casas. Nosotros tambi&eacute;n, Se&ntilde;or, contempl&aacute;ndote clavado en la cruz esta tarde del Viernes Santo, no podemos menos de venerarte y reconocer tu amor, que te hizo pasar por dolores y humillaciones y sufrimientos atroces de todo tipo. Era yo el que ten&iacute;a que sufrir esos dolores, &eacute;ramos nosotros los que merec&iacute;amos tanto escarnio, tantas humillaciones; &eacute;ramos nosotros los que est&aacute;bamos condenados a morir con muerte eterna por nuestros pecados, pero T&uacute; quisiste sufrir por nosotros la condena y la muerte. Tu cruz y tus sufrimientos me echan en cara mi falta de amor, todos mis pecados, todas mis cobard&iacute;as en seguirte cuando me exiges, son un reproche vivo y sangrante contra mi falta de entusiasmo, mi flojedad, mi rutina, ni pereza en el seguimiento de su evangelio. T&uacute; eres inocente, yo soy el culpable. Mis pecados te crucificaron. Por eso, no basta llorar, tengo que convertirme de verdad a tu amor. Si, queridos hermanos, ya est&aacute; todo terminado. Lo acaba de decir Cristo desde la cruz: &ldquo;Consumatum est&rdquo;. Todo esta rematado. Entre todos hemos matado a Cristo con nuestros pecados. Ya no podemos volvernos atr&aacute;s. Porque todos hemos pecado. Tenemos por eso las manos a&uacute;n manchadas, te&ntilde;idas de sangre y con salpicaduras sobre nuestro cuerpo pecador y sobre nuestro rostro que ha injuriado a Dios con palabras y juicios contrarios al evangelio, no cumpliendo la voluntad del Padre. Nos dijeron siempre que el hombre no puede vencer a Dios, pero en esta ocasi&oacute;n hemos logrado hacerlo por su exceso de amor de su parte y por nuestros pecados que exig&iacute;an esta redenci&oacute;n. Ha sido la &uacute;nica vez que todos los hombres de todos los tiempos y de todas las razas nos hemos puesto de acuerdo para hacer algo memorable, algo imponente, algo que ya nada ni nadie podr&aacute; borrar de la historia. Hemos merecido que por amor entregado Dios entregue su vida por sus criaturas. Los te&oacute;logos y los fil&oacute;sofos nos dijeron que Dios no pod&iacute;a morir porque su poder es infinito; pero no sab&iacute;an que su amor es infinito tambi&eacute;n y lo puede hacer en carne humana. Por eso se encarn&oacute; y se hizo hombre. Que vengan los te&oacute;logos y lo vean. Pero que nos lo expliquen los m&iacute;sticos de todos los tiempos. 2.- &ldquo;Consumatum est&rdquo;. Vamos a ver, Jes&uacute;s, T&uacute; en la cruz dijiste &ldquo;todo est&aacute; cumplido&rdquo; y esto s&oacute;lo lo puede decir uno que sabe lo que tiene que hacer. Esto quiere decir que T&uacute; sabias lo que te iba a suceder. Es m&aacute;s, lo profetizaste y lo dijiste por tres veces a los Ap&oacute;stoles antes de que sucediera. Es como si vamos al cine con un amigo que ha visto una pel&iacute;cula y un segundo antes de terminar me dice, v&aacute;monos, ha terminado. Luego T&uacute;, Jes&uacute;s, sab&iacute;as lo que te iba a suceder. Pues entonces no mereces compasi&oacute;n. Has ido directamente a cumplir lo que te hab&iacute;as propuesto. Todo est&aacute; terminado. Luego no mereces compasi&oacute;n, como una persona que sabe que va a morir y se expone al peligro en la carretera, en una guerra o donde sea, porque se lo ha buscado. Entonces, perdona que te lo diga, T&uacute; est&aacute;s loco, T&uacute; te has buscado esta locura, esta muerte, estos sufrimientos; T&uacute; sab&iacute;as que muchos te escupir&iacute;an, que te crucificar&iacute;an con su desprecios, pecados, con su falta de fe en tu amor, T&uacute; sab&iacute;as que el crucifijo y el crucificado no significar&iacute;an nada en la vida de muchos bautizados, incluso le quitan de sus habitaciones, de sus despachos, sab&iacute;as que te dejar&iacute;an solo, abandonado camino del Calvario porque se avergonzar&iacute;an de ti, T&uacute; lo sab&iacute;as todo y, sin embargo, te clavastes en la cruz para que no dud&aacute;semos nunca del amor de un Dios infinito que nos crea y ca&iacute;dos y alejados de su amistad por el pecado, se deja clavar en la cruz por todos nosotros, para que volvamos a tener vida de amistad con &Eacute;l. T&uacute; estuviste loco de amor. El crucifijo es la mayor muestra de amor y pasi&oacute;n por el hombre que existe en el mundo, si creemos de verdad. 3.- Por eso, &ldquo;consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; terminado por el amor loco, infinito y apasionado de un Dios loco de amor por su criatura. Hab&iacute;a olvidado que T&uacute; antes de morir hab&iacute;as dicho que &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;, T&uacute; eres el mejor amigo del hombre, el mejor amigo que tengo, que existe y puede existir, porque eres infinito amando. T&uacute; eres Amor y si dejas de amar dejas de existir. Por eso, Se&ntilde;or, ese tu rostro muerto y crucificado me est&aacute; volviendo loco, yo quiero estar tambi&eacute;n como T&uacute; loco de amor a mi Cristo crucificado. Hab&iacute;a olvidado que al ver a tu Padre entristecido por el pecado, que imped&iacute;a al hombre entrar en su amistad, T&uacute; te ofreciste voluntariamente en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad para decirle: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Nosotros jam&aacute;s comprenderemos este amor, porque los hombres sabemos matem&aacute;ticas y derechos e igualdad y en un crucificado no existe nada de eso; por eso no lo comprenderemos nunca. 4.- Ese rostro, Se&ntilde;or, condena abiertamente mi falta de amor, mi comodidad, mi poca exigencia en seguirte, mis cobard&iacute;as en llevar tu cruz sobre mis hombros. Por otra parte, hubiera bastado una gota de tu sangre, pero quisiste darla toda para que nunca dudase de la verdad de tu amor. Por eso, siempre que vea un crucifijo, puedo estar segura de que alguien me ama hasta dar su vida por m&iacute;. Mir&aacute;ndote en la cruz me explico y comprendo todas las frases de San Pablo: &ldquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo y una ganancia el morir&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo, por el cual yo estoy crucificado y el mundo para mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute; y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Comprendo tambi&eacute;n al poeta: &laquo;No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte&hellip;T&uacute; me mueves, mu&eacute;veme el verte, clavado en esa cruz y escarnecido&hellip; Mu&eacute;veme y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno te temiera.&raquo; ********************************************** TIEMPO DE PASCUA RETIRO DE PASCUA DE RESURRECCI&Oacute;N MEDITACI&Oacute;N (Inspirada en una Audiencia general del Papa Juan Pablo II, mi&eacute;rcoles 25 de enero 1995) Queridos hermanos: 1.-En esta meditaci&oacute;n vamos a reflexionar sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo, verdad culminante de nuestra fe en Cristo, documentada por el Nuevo Testamento, cre&iacute;da y vivida como fundamento de la fe cristiana por las primeras comunidades, transmitida como esencial por la tradici&oacute;n, jam&aacute;s olvidada por los verdaderos cristianos, y hoy muy estudiada y predicada como parte esencial del misterio de Cristo, juntamente con la cruz. De Cristo, en efecto, el S&iacute;nodo de los Ap&oacute;stoles dice que &laquo;al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de la muerte&raquo;; y el S&iacute;mbolo nicenoconstantinopolitano precisa: &laquo;Al tercer d&iacute;a resucit&oacute; seg&uacute;n las Escrituras&raquo;. Es un dogma de la fe cristiana que se enmarca en un hecho hist&oacute;ricamente sucedido y comprobado. Trataremos de reflexionar, &laquo;con las rodillas de la mente inclinadas&raquo;, el misterio enunciado por el dogma y contenido en este hecho hist&oacute;rico, comenzando por el examen de los textos b&iacute;blicos que lo atestiguan. Testimonios de la resurrecci&oacute;n 2.- El primero y m&aacute;s antiguo testimonio escrito sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo se encuentra en la primera Carta de San Pablo a los Corintos. En ella el Ap&oacute;stol recuerda a los destinatarios de la carta (hacia la Pascua del a&ntilde;o 57 despu&eacute;s de Cristo): &ldquo;Pues, a la verdad, os he transmitido, en primer lugar, lo que yo mismo he recibido, que Cristo muri&oacute; por nuestros pecados, seg&uacute;n las Escrituras; que fue sepultado, que resucit&oacute; al tercer d&iacute;a, seg&uacute;n las Escrituras, y que se apareci&oacute; a Cefas y luego a los Doce. Despu&eacute;s se apareci&oacute; una vez a m&aacute;s de quinientos hermanos, de los cuales muchos permanecen todav&iacute;a, y algunos durmieron. Luego se apareci&oacute; a Santiago, luego a todos los ap&oacute;stoles; y despu&eacute;s de todos, como a un aborto, se me apareci&oacute; tambi&eacute;n a m&iacute;&raquo; (1 Cor. 15, 3-8). Como se ve, el Ap&oacute;stol habla aqu&iacute; de la viva tradici&oacute;n de la resurrecci&oacute;n, de la que &eacute;l hab&iacute;a tenido conocimiento despu&eacute;s de su conversi&oacute;n a las puertas de Damasco (Cfr. Hechos, 9, 3-18). Durante su viaje a Jerusal&eacute;n se hab&iacute;a reunido con el ap&oacute;stol Pedro y tambi&eacute;n con Santiago, como es concretado en la Carta a los G&aacute;latas (1,18, 3), que ahora cita como a los dos principales testigos del Cristo resucitado. 3.-Debe observarse tambi&eacute;n que, en el texto citado, San Pablo no solo habla de la resurrecci&oacute;n acaecida en el tercer d&iacute;a &ldquo;seg&uacute;n las Escrituras&rdquo; (referencia b&iacute;blica que ya afecta a la dimensi&oacute;n teol&oacute;gica del hecho), sino que al mismo tiempo recurre a los testigos, a aquellos a los que Cristo se ha aparecido personalmente. Es una se&ntilde;al, entre otras, de que la fe de la primera comunidad de los creyentes, expresada por San Pablo en la Carta a los Corintos, est&aacute; basada en el testimonio de hombres concretos, conocidos por los cristianos y en gran parte todav&iacute;a vivientes en medio de ellos. Estos &ldquo;testigos de la resurrecci&oacute;n de Cristo&rdquo; (Cfr. Hechos 1,22) son, en primer lugar, los doce ap&oacute;stoles, pero no solamente ellos. Pablo habla expresamente de m&aacute;s de quinientas personas, a las cuales Jes&uacute;s se apareci&oacute; tambi&eacute;n y muchos viven todav&iacute;a. Hip&oacute;tesis no cre&iacute;bles 4.- Frente a este texto paulino pierden toda credibilidad las hip&oacute;tesis con las que, bajo diversas formas, se ha pretendido interpretar la resurrecci&oacute;n de Cristo prescindiendo del orden f&iacute;sico, a fin de no reconocerla como un hecho hist&oacute;rico. Por ejemplo, la hip&oacute;tesis, seg&uacute;n la cual la resurrecci&oacute;n no ser&iacute;a otra cosa que una especie de interpretaci&oacute;n del estado en el que Cristo se encuentra despu&eacute;s de la muerte (estado de vida y no de muerte), o bien la otra hip&oacute;tesis que reduce la resurrecci&oacute;n a la influencia que Cristo, despu&eacute;s de su muerte, no ces&oacute; de ejercer &mdash;y que, m&aacute;s a&uacute;n, reiter&oacute; con nueva e irresistible fuerza&mdash; sobre sus disc&iacute;pulos. Estas hip&oacute;tesis parecen implicar una prejudicial repugnancia con la realidad de la resurrecci&oacute;n, considerada solamente como el &laquo;producto&raquo; del ambiente, o sea, de la comunidad de Jerusal&eacute;n. Ni la interpretaci&oacute;n ni el prejuicio encuentran correspondencia en los hechos. San Pablo, en cambio, en el texto citado, recurre a los testigos oculares del &laquo;hecho&raquo;. Su convencimiento sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo tiene, pues, una base experimental. Est&aacute; unida a aquel argumento &laquo;ex factis&raquo;, que vemos elegido y seguido por los ap&oacute;stoles justamente en aquella primera comunidad de Jerusal&eacute;n. Cuando, en efecto, se trata de la elecci&oacute;n de Mat&iacute;as, uno de los disc&iacute;pulos m&aacute;s constantes de Jes&uacute;s, para completar el n&uacute;mero de los &laquo;Doce&raquo; que hab&iacute;a quedado incompleto por la traici&oacute;n y el final de Judas Iscariote, los ap&oacute;stoles exigen como condici&oacute;n que aquel que resulte elegido no solamente haya sido su &laquo;compa&ntilde;ero&raquo; en el periodo en el que Jes&uacute;s ense&ntilde;a y actuaba, sino que, sobre todo, &eacute;l pueda ser &ldquo;testigo de su resurrecci&oacute;n&rdquo; gracias a la experiencia hecha en los d&iacute;as anteriores al momento en el que Cristo &mdash;como dicen ellos&mdash; &ldquo;ha subido al cielo de entre nosotros&rdquo; (Hechos, 1,22). 5.- No se puede, pues, presentar como hacer una cierta cr&iacute;tica neo-testamentaria poco respetuosa de los datos hist&oacute;ricos, la resurrecci&oacute;n como un &laquo;producto&raquo; de la primera comunidad cristiana, la de Jerusal&eacute;n. La verdad sobre la resurrecci&oacute;n no es un producto do la fe de los ap&oacute;stoles o de los dem&aacute;s disc&iacute;pulos ante o pos-pascuales. De los textos se deduce m&aacute;s bien que la fe &laquo;prepascual&raquo; de los seguidores de Cristo ha sido sometida a la prueba radical de la pasi&oacute;n y de la muerte en cruz de su Maestro. &Eacute;l mismo hab&iacute;a anunciado esta prueba, especialmente con las palabras dirigidas a Sim&oacute;n Pedro cuando se encontraba ya en el umbral de los tr&aacute;gicos acontecimientos de Jerusal&eacute;n: &ldquo;Sim&oacute;n, Sim&oacute;n, Satan&aacute;s os busca para echaros como trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe&rdquo; (Luc. 22,31-32). La sacudida provocada por la pasi&oacute;n y muerte de Cristo fue tan grande que los disc&iacute;pulos (al menos, algunos entre ellos) inicialmente no dieron cr&eacute;dito a la noticia de la resurrecci&oacute;n. En todos los evangelios encontramos pruebas de ello. En particular, Lucas nos da a conocer que cuando las mujeres, volviendo del sepulcro, anunciaron todo esto a los once y a todos los dem&aacute;s, diciendo que el sepulcro estaba vac&iacute;o, aquellas palabras les parecieron como desatinos y no las creyeron (Lc 24, 9-11). No es producto de la fe de los Ap&oacute;stoles 6.- Por otra parte, la hip&oacute;tesis, que en la resurrecci&oacute;n quiere ver un &laquo;un producto&raquo; de la fe de los ap&oacute;stoles, es rechazada tambi&eacute;n por cuanto es narrado, cuando el resucitado en persona se apareci&oacute;, en medio de ellos, y dijo: &ldquo;&iexcl;Paz a vosotros!&rdquo;. &ldquo;Ellos, en efecto, cre&iacute;an ver un fantasma&rdquo;. En aquella ocasi&oacute;n, Jes&uacute;s mismo debi&oacute; vencer sus dudas y su temor y convencerlos de que &ldquo;era &Eacute;l&rdquo;: &ldquo;Palpadme y ved, que el esp&iacute;ritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo&rdquo;. Y dado que ellos &ldquo;todav&iacute;a no cre&iacute;an y estaban asombrados&rdquo;, Jes&uacute;s les pidi&oacute; que le dieran alguna cosa para comer y &ldquo;lo comi&oacute; delante de ellos&rdquo; (Cfr Luc 24, 36-43). 7.- Adem&aacute;s, es bien conocido el episodio de Tom&aacute;s, el cual no se encontraba con los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, cuando Jes&uacute;s lleg&oacute; a ellos por vez primera, entrando en el Cen&aacute;culo, a pesar de que la puerta estaba cerrada (Cfr Juan 20,19). Cuando, a su entrada, los dem&aacute;s disc&iacute;pulos le dijeron: &ldquo;Hemos visto al Se&ntilde;or&rdquo;, Tom&aacute;s se mostr&oacute; maravillado e incr&eacute;dulo, y respondi&oacute;: &ldquo;S&iacute; no veo en sus manos la se&ntilde;al de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creer&eacute;&rdquo;. Despu&eacute;s de ocho d&iacute;as Jes&uacute;s vino nuevamente al Cen&aacute;culo, para satisfacer la petici&oacute;n de Tom&aacute;s &ldquo;incr&eacute;dulo&rdquo; y le dijo: &ldquo;Alarga ac&aacute; tu dedo y tiende tu mano y m&eacute;tela en mi costado, y no seas incr&eacute;dulo sino fiel&rdquo;. Y cuando Tom&aacute;s profes&oacute; su fe con las palabras &ldquo;jSe&ntilde;or mio y Dios m&iacute;o!&rdquo;, Jes&uacute;s le dijo: &ldquo;Porque me has visto has cre&iacute;do; dichosos los que sin ver creyeron&rdquo; La exhortaci&oacute;n a creer, sin pretender ver lo que est&aacute; oculto en el misterio de Dios y de Cristo, sigue siendo siempre v&aacute;lida; pero la dificultad del ap&oacute;stol Tom&aacute;s para admitir la resurrecci&oacute;n sin haber experimentado personalmente la presencia de Jes&uacute;s viviente, y despu&eacute;s su cesi&oacute;n ante las pruebas que le hab&iacute;a sido facilitadas por Jes&uacute;s mismo, confirman lo que se deduce de los evangelios sobre la resistencia de los ap&oacute;stoles y de los disc&iacute;pulos a admitir la resurrecci&oacute;n. No tiene, por ello, consistencia la hip&oacute;tesis de que la resurrecci&oacute;n ha sido un &laquo;producto&raquo; de la fe (o de la credulidad) de los ap&oacute;stoles. Su fe en la resurrecci&oacute;n hab&iacute;a nacido, en cambio &mdash;bajo la acci&oacute;n de la gracia divina&mdash; de la directa experiencia de la realidad del Cristo resucitado. El cuerpo crucificado es el resucitado 8.- Es Jes&uacute;s mismo el que despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n se pone en contacto con los disc&iacute;pulos a fin de comunicarles el sentido de la realidad y de disipar la opini&oacute;n (o el miedo) de que se trata de un &ldquo;fantasma&rdquo;, y, por tanto, de ser v&iacute;ctima de una ilusi&oacute;n. En efecto, &Eacute;l establece con ellos relaciones directas, justamente mediante el tacto. As&iacute; en el caso de Tom&aacute;s, que acabamos de recordar, pero tambi&eacute;n en el encuentro descrito en el Evangelio de San Lucas, cuando Jes&uacute;s dice a los disc&iacute;pulos asustados: &ldquo;Palpadme y ved: Un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo&rdquo;(Lc 24, 39). Les invita a comprobar que el cuerpo resucitado, con el cual se presenta ante ellos, es el mismo que ha sido martirizado y crucificado. Aquel cuerpo posee, sin embargo, al mismo tiempo nuevas propiedades. Se ha &ldquo;hecho espiritual&rdquo; y &ldquo;glorificado&rdquo;, y, por tanto, ya no est&aacute; sometido a las limitaciones connaturales a los seres materiales y, por ello, a un cuerpo humano. (En efecto, Jes&uacute;s entra en el Cen&aacute;culo a pesar de estar cerradas las puertas, aparece y desaparece, etc.). Pero, al mismo tiempo, aquel cuerpo es aut&eacute;ntico y real. En su identidad material est&aacute; la demostraci&oacute;n de la resurrecci&oacute;n de Cristo. 9.- El encuentro en el camino de Ema&uacute;s, narrado en el Evangelio de San Lucas, es un acontecimiento que hace visible de forma particularmente evidente c&oacute;mo ha madurado en la conciencia de los disc&iacute;pulos la persuasi&oacute;n de la resurrecci&oacute;n justamente mediante el contacto con el Cristo resucitado (Cfr. Luc. 24, 15-21). Aquellos dos disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, que al comienzo del camino se encontraban &ldquo;tristes y abatidos&rdquo;, ante el recuerdo de cuanto hab&iacute;a sucedido al Maestro el d&iacute;a de la crucifixi&oacute;n y no ocultaban la desilusi&oacute;n experimentada al ver hundida la esperanza depositada en &Eacute;l como Mes&iacute;as liberador: &ldquo;Nosotros esper&aacute;bamos que ser&iacute;a &Eacute;l quien liberar&iacute;a a Israel&rdquo;, experimentan inmediatamente una transformaci&oacute;n total, cuando para ellos aparece claro que el desconocido, con el que han hablado, es justamente el mismo Cristo de antes, y se dan cuenta de que &Eacute;l, por tanto, ha resucitado. De toda la narraci&oacute;n se deduce que la certeza de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s hab&iacute;a hecho de ellos casi hombres nuevos. No solamente hab&iacute;an recuperado la fe en Cristo, sino que estaban tambi&eacute;n dispuestos a dar testimonios sobre la verdad de la resurrecci&oacute;n. Todos estos elementos del texto evang&eacute;lico, entre s&iacute; convergentes, demuestran el hecho de la resurrecci&oacute;n, que constituye el fundamento de la fe de los ap&oacute;stoles y del testimonio que, como podemos comprobar por su vida y actividades, est&aacute; en el centro de su predicaci&oacute;n. **************************************** Queridos hermanos: -- Si Cristo ha resucitado, como lo hab&iacute;a prometido, &Eacute;l es la Verdad, es Verdad, es Hijo de Dios, y todo lo que dijo e hizo, todo el Evangelio es Verdad. Tenemos que creerlo y vivirlo. Tenemos que fiarnos totalmente de &Eacute;l y de que cumplir&aacute; en nosotros todo lo que nos ha prometido. &Eacute;l es nuestra fuerza y tenemos que amarlo como &Uacute;nica Verdad y Vida. Es el Hijo de Dios. -- Si Cristo ha resucitado, tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. Porque Cristo ha resucitado, tenemos que esperar totalmente en &Eacute;l. Nuestra esperanza en &Eacute;l es totalmente segura. Porque Cristo ha resucitado, tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. Somos eternos, porque &Eacute;l nos lo ha merecido y nos lo ha prometido. Los muertos ya gozan de esta gloria. Nuestros difuntos no est&aacute;n muertos, est&aacute;n todos vivos en Dios. El cielo es Dios. Aqu&iacute; nadie muere. O se acierta para siempre o se equivoca uno para siempre, para siempre. -- Porque Cristo ha resucitado, nosotros somos m&aacute;s que este tiempo y este espacio. Somos semilla de eternidad y de cielo. Por eso vivamos ya la esperanza del encuentro definitivo con Dios, vivamos ya para &Eacute;l, vivamos este tiempo con esperanza y desde la esperanza. Esforz&aacute;ndonos por conseguir los bienes de all&aacute; arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Lo expresa muy claramente San Pablo: &ldquo;Porque hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba, donde est&aacute; Cristo, sentado a la derecha del Padre&rdquo; (Col 3,1-3). -- Porque Cristo ha resucitado, celebremos la Pascua, nos dice este mismo Ap&oacute;stol. Pascua en Cristo es paso de la muerte a la vida, pasemos de nuestro hombre viejo de pecado, que nos lleva a la muerte, al hombre nuevo creado seg&uacute;n Cristo. Recordemos ahora las promesas que anoche renovamos de nuestro bautismo: &iquest;Renunci&aacute;is al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios? &iquest;Renunci&aacute;is a vuestras soberbias, avaricias, envidias&hellip;.? -- Si Cristo ha resucitado y permanece vivo en la Eucarist&iacute;a es porque busca, sigue buscando al hombre para salvarlo. &ldquo;El que me coma vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo;; &ldquo;Yo soy el pan de vida, el que coma de este pan vivir&aacute; para siempre&rdquo;. Son d&iacute;as de comer la carne resucitada de Cristo, de comer vida nueva, renovaci&oacute;n interior y espiritual con Cristo. Jesucristo resucitado vive en el cielo en manifestaci&oacute;n gloriosa y en el pan consagrado, en Presencia de amistad permanentemente ofrecida a todos los hombres. &ldquo;Hay que comulgar por pascua florida,&rdquo; dec&iacute;a el catecismo de Ripalda, hay que comulgar por educaci&oacute;n cristiana, por fe, por coherencia con lo que creemos y amamos. Hay que hacer una comuni&oacute;n cari&ntilde;osa, afectuosa, agradecida, nada de oraciones de otros ni rezos; di&aacute;logo de t&uacute; a tu con el Amado. ************************************ S&Aacute;BADO. VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA Seg&uacute;n una antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n, &eacute;sta es una noche de vela en honor del Se&ntilde;or, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Se&ntilde;or resucit&oacute;, ha de considerarse como &laquo;la madre de todas las santas Vigilias&raquo; (San Agust&iacute;n). Durante la Vigilia, la Iglesia espera la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y la celebra con los sacramentos de la iniciaci&oacute;n cristiana (Ceremonial de los Obispos, n&uacute;m. 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12,35-48), deben asemejarse a los criados que con las l&aacute;mparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Se&ntilde;or, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. Toda la celebraci&oacute;n de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche ni tan tard&iacute;a que concluya despu&eacute;s del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier costumbre o abuso contrarios han de ser reprobados. Esta vigilia es figura de la Pascua aut&eacute;ntica de Cristo, de la noche de la verdadera liberaci&oacute;n, en la cual, &laquo;rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo&raquo; (Preg&oacute;n pascual). Desde su comienzo la Iglesia ha celebrado con una solemne vigilia nocturna la Pascua anual, solemnidad de las solemnidades. La resurrecci&oacute;n de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y, por medio del Bautismo y de la Confirmaci&oacute;n, somos injertados en el misterio pascual de Cristo, morimos con &Eacute;l, somos sepultados con &Eacute;l y resucitamos con &Eacute;l, para reinar con &Eacute;l para siempre (cf. SC 6; Rm 6,3-6; Ef 2,5-6; Col 2,12-13; 2 Tm 2,11-12). La pr&aacute;ctica de organizar en una misma comunidad parroquial dos vigilias pascuales, una abreviada y otra muy desarrollada, es incorrecta, como contraria a los m&aacute;s elementales principios de la celebraci&oacute;n pascual, que requieren una &uacute;nica asamblea, signo de la &uacute;nica Iglesia que se renueva en la celebraci&oacute;n de los misterios pascuales (Epacta y Misal Romano). ************************************* VIGILIA PASCUAL PRIMERA PARTE: SERVICIO DE LA LUZ Introducci&oacute;n del Celebrante Despu&eacute;s SE BENDICE EL FUEGO, SE ENCIENDE EL CIRIO PASCUAL, se hace la procesi&oacute;n a la Iglesia y se canta EL PREG&Oacute;N PASCUAL. SEGUNDA PARTE: LITURGIA DE LA PALABRA: 2&ordf; fija, LAS 3 del ANTIGUO TESTAMENTO. TERMINADA LA PALABRA: GLORIA CANTADO&hellip; Y ORACI&Oacute;N COLECTA Y SE ENCIENDEN LAS VELAS DEL ALTAR LECTURAS PROPIAS DE LA MISA. EVANGELIO: HOMILIA TERCERA PARTE: LA LITURGIA DEL BAUTISMO Nota: Si no hay bautismos ni se bendice la pila bautismal, las letan&iacute;as de los santos se omiten, y se hace inmediatamente la bendici&oacute;n del agua, seguida de la renovaci&oacute;n de las promesas del bautismo. RENOVACI&Oacute;N DE LAS PROMESAS BAUTISMALES ORACI&Oacute;N DE LOS FIELES RESTO: MISAL ROMANO POD&Eacute;IS IR EN PAZ, ALLELUYA, ALLELUYA, ALLELUYA DEMOS GRACIAS A DIOS&hellip; Celebraci&oacute;n del fuego: en este acto el sacerdote bendice el fuego y enciende el cirio pascual. Liturgia de la palabra: se leen siete pasajes de la Biblia, desde la Creaci&oacute;n hasta la Resurrecci&oacute;n. Liturgia bautismal: durante es este momento se bendice el agua, se bautiza a los nuevos cristianos y se renuevan los compromisos bautismales. Liturgia de la Eucarist&iacute;a: es la Eucarist&iacute;a m&aacute;s especial. Los cristianos reciben la bendici&oacute;n. LITURGIA DE LA PALABRA.En esta Noche Santa se proponen siete lecturas, aparte de la Ep&iacute;stola y el Evangelio. Se pueden omitir algunas del Antiguo Testamento, pero no la del &Eacute;xodo. PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 1, 1-31; 2,1- 2 Nos ofrece el misterio del origen de la creaci&oacute;n, seg&uacute;n la tradici&oacute;n Sacerdotal. El poema exalta el s&aacute;bado como d&iacute;a dedicado al culto de Yahv&eacute;. Toda la creaci&oacute;n ha salido de Dios, culmina en el s&aacute;bado y vuelve a &Eacute;l en los cultos sab&aacute;ticos. SEGUNDA LECTURA: G&eacute;nesis 22, 1-18 Prueba de la fe de Abrah&aacute;n, cuando Dios le pide que sacrifique a su hijo Isaac. El texto proviene de la tradici&oacute;n Eloh&iacute;sta. El proceder de Dios con Abrah&aacute;n habr&aacute; de quedar como camino a recorrer por la fe y la confianza total en Yahv&eacute;. TERCERA LECTURA: Exodo 14, 15-15, 1 Es la narraci&oacute;n del paso del Mar Rojo. Este texto es un t&iacute;pico ejemplo de amalgama de las diversas fuentes, yahvista, elohista y sacerdotal. Este &uacute;ltimo tiende a magnificar los prodigios. Pero ambos autores coinciden en que Yahv&eacute; actu&oacute; prodigiosamente en favor de su pueblo. CUARTA LECTURA: Isa&iacute;as 54, 5-14. Promesa de una nueva Alianza de paz entre Dios y el pueblo de Israel, y anuncio de la reconstrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n. Es un mensaje de consuelo dirigido por el Deutero-Isa&iacute;as a los desterrados de Babilonia. QUINTA LECTURA: Isa&iacute;as 55, 1-11 Como un vendedor ambulante Isa&iacute;as pregona y trata de ofrecer gratis al pueblo la Palabra de Dios. Promete de parte de Dios una alianza perpetua. Para encontrarse con Dios hay que hacer un &eacute;xodo; hay que salir del pecado porque los caminos del Se&ntilde;or no son nuestros caminos. SEXTA LECTURA: Baruc 3, 9-15. 32-4, 4 Es una invitaci&oacute;n a seguir el camino de la sabidur&iacute;a y de la Ley, porque &uacute;nicamente en ellas se fundan la salvaci&oacute;n y redenci&oacute;n y la unidad nacional. Este texto es una reflexi&oacute;n sapiencial sobre la situaci&oacute;n presente. La supervivencia del pueblo de Dios depende del cumplimiento de la Ley. S&Eacute;PTIMA LECTURA: Ezequiel 36, 16-28 En pleno destierro, rota la antigua alianza por las infidelidades, Dios anuncia una vez m&aacute;s la Nueva Alianza. Su v&iacute;nculo &iacute;ntimo es la uni&oacute;n perfecta con Dios; la fuente es el amor puro de Dios que obra por s&iacute; mismo; su principio vivificante y transformador es el Esp&iacute;ritu de Dios EP&Iacute;STOLA: Romanos 6, 3-11 La historia de la salvaci&oacute;n culmina en el misterio pascual de Cristo y se hace historia de cada hombre mediante el bautismo, que lo inserta en este misterio. De hecho, por este sacramento &ldquo;fuimos sepultados con &Eacute;l en la muerte, para que, as&iacute; como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros andemos en una vida nueva&rdquo;. Esto explica por qu&eacute; ocupa un lugar tan importante el bautismo en la Liturgia de la Vigilia Pascual, tanto en los textos escritur&iacute;sticos y en oraciones, especialmente en el rito de la bendici&oacute;n del agua y de la administraci&oacute;n del sacramento a los ne&oacute;fitos, como en la renovaci&oacute;n de las promesas bautismales. Celebrar el bautismo es celebrar sacramentalmente la Pascua, es morir al pecado para vivir la resurrecci&oacute;n: &ldquo;Porque si nuestra existencia est&aacute; unida a &Eacute;l en una muerte como la suya, lo estar&aacute; tambi&eacute;n en una resurrecci&oacute;n como la suya&rdquo;. Todo esto no debe quedarse en teor&iacute;a o puros deseos sino que requiere nuestro esfuerzo y nuestro compromiso: &ldquo;Comprendamos que nuestra vieja condici&oacute;n ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud del pecado, porque el que muere ha quedado absuelto del pecado&rdquo;. Y este es el gozo y el compromiso de la Pascua cristiana y de cantar el Aleluya: &ldquo;Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes&uacute;s, Se&ntilde;or Nuestro&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS: 16, 1-8. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Aleluya! &iexcl;Cristo ha resucitado! &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo, dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia!&raquo; Este es el primer domingo del a&ntilde;o, imagen y memorial de todos los dem&aacute;s domingos. &laquo;Este es el d&iacute;a santo, en que rotas las cadenas de la muerte y del pecado, Cristo asciende victorioso del sepulcro&raquo;. Queridos hermanos y hermanas: Cristo ha resucitado. Nos lo dice muy claro el evangelio que acabamos de leer de San Marcos: &ldquo;No os asust&eacute;is. &iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;. ha resucitado&rdquo;. Lo constataron las mujeres del evangelio de hoy, que muy de ma&ntilde;ana, el primer d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado, fueron a embalsamar el cuerpo de Cristo, porque por el descanso sab&aacute;tico no pudieron hacerlo ni la tarde del viernes. As&iacute; lo narra el evangelio de esta noche santa: &ldquo;En aquel tiempo Mar&iacute;a la Magdalena, Mar&iacute;a la de Santiago y Salom&eacute; compraron aromas para ir a embalsamar a Jes&uacute;s. Y muy temprano, el primer d&iacute;a de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se dec&iacute;an unas a otras: &iquest;Qui&eacute;n nos correr&aacute; la piedra a la entrada del sepulcro? Al mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. El les dijo: No os asust&eacute;is. &iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;. HA RESUCITADO&rdquo;. &iexcl;Ha resucitado! Este es el grito que desde hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os no cesa de repetirse y resonar por el mundo entero y que nosotros, esta noche, hemos o&iacute;do de los &aacute;ngeles a las mujeres del evangelio, que lo transmitieron a los Ap&oacute;stoles y luego ellos personalmente constataron y comprobaron y vieron al Resucitado, que se les apareci&oacute; este mismo d&iacute;a, al anochecer, y lo atestiguaron con el martirio de sus propias vidas, afirmando que Jes&uacute;s es el Resucitado, Hijo de Dios y Salvador de los hombres. En esta noche santa y por no prolongar mucho esta Vigilia, hagamos primero un acto de fe. Los evangelios, al hablar de la resurrecci&oacute;n de Cristo, hablan unas veces activamente: Cristo se ha resucitado a si mismo porque la divinidad que hay en &Eacute;l ha actuado con su poder infinito y ha resucitado su parte humana, su naturaleza humana. Otras veces habla pasivamente: Dios Padre ha resucitado a Cristo. Es lo mismo. Yo lo creo, Se&ntilde;or, y afirmo mi fe en la resurrecci&oacute;n del crucificado, porque en la debilidad de su carne, se ha manifestado el poder de Dios, resucit&aacute;ndolo para que todos tengamos vida eterna. Lo profesamos en el Credo de la Iglesia Cat&oacute;lica: &laquo;Creo que ha resucitado y est&aacute; sentado a la derecha del Padre&raquo;; &laquo;al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos y subi&oacute; al cielo y est&aacute; sentado a la derecha de Dios Padre&raquo;. Si Cristo ha resucitado, si Dios Padre ha resucitado a su Hijo hecho carne, todo lo que Cristo ha dicho y ha hecho es verdad; su persona es verdad; su evangelio es verdad; su palabra es la verdad y la salvaci&oacute;n eterna. Si Cristo ha resucitado es verdad su nacimiento, la Navidad, el Jueves y el Viernes Santo, es verdad su Iglesia; es verdad que somos eternos y que aqu&iacute; nadie muere definitivamente; porque Cristo ha resucitado, todos resucitamos. Aqu&iacute; nadie muere porque Cristo es el primer resucitado entre los hermanos. Nuestra vida tiene sentido y somos hechos hijos de Dios para una eternidad feliz con la Sant&iacute;sima Trinidad. De ah&iacute; la pr&aacute;ctica del bautismo de los catec&uacute;menos en esta Vigilia durante los primeros siglos de la Iglesia. Si Cristo ha resucitado, es porque ha muerto por nosotros, por nuestros pecados; &eacute;ramos nosotros los que ten&iacute;amos que pagar esta deuda, pero &Eacute;l ha querido hacerlo por nosotros, con amor extremo, entregando su vida en rescate nuestro. Por eso te doy las gracias, Cristo resucitado, porque moriste por m&iacute;, pero tambi&eacute;n resucitaste para que yo tuviera vida eterna con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo. Me amaste hasta el extremo. Quiero amarte tambi&eacute;n as&iacute;. Quiero corresponder a tanto amor. Identificarme contigo, morir a mi mismo, &ldquo;perder mi vida por ti&rdquo;, para resucitar contigo. Gracias, mi Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado. Finalmente quiero esperarlo todo de Ti. Quiero tener mi esperanza solo en Ti. Esperar no es quedarme con los brazos cruzados. La esperanza es una virtud teologal din&aacute;mica, me invita y me empuja a trabajar por el reino de los cielos. Creo y porque creo, espero el cielo, que eres t&uacute; mismo. Desde el &aacute;mbito de la fe, desde la luz de tu resurrecci&oacute;n todo adquiere valor eterno, solo me importa el cielo, solo me importas T&uacute;, en mi vida s&oacute;lo estar&eacute; esperando tu encuentro. Quisiera expresarlo tan ardientemente como los que te sintieron vivo, vivo y resucitado en el pan eucar&iacute;stico: &laquo;Vivo sin vivir en mi, y de tal manera espero, que muero porque no muero&raquo;; &laquo;Est&aacute;te, Se&ntilde;or, conmigo, siempre sin jam&aacute;s partirte,y cuando decidas irte, ll&eacute;vame Se&ntilde;or contigo, porque el pensar que te ir&aacute;s, me causa un terrible miedo, de si yo sin ti me quedo, de si t&uacute; sin mi te ir&aacute;s. Por eso m&aacute;s que la muerte, temo, Se&ntilde;or, tu partida, y quiero perder la vida, mil veces m&aacute;s que perderte; pues la inmortal que t&uacute; das, s&eacute; que alcanzarla no puedo, cuando yo sin ti me quedo, cuando t&uacute; sin m&iacute; te vas&raquo;. *************************************** VIGILIA PASCUAL (2017) QUERIDOS HERMANOS: Llenos de alegr&iacute;a, por la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, gritemos con la Liturgia de este noche (d&iacute;a): &laquo;Esta es la noche santa en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo&raquo;. &iexcl;Aleluya! &iexcl;El Se&ntilde;or ha resucitado y vive para siempre, aleluya! Nos lo dice el mismo Resucitado: &ldquo;Soy yo, no tem&aacute;is &ldquo;, porque a unos les parec&iacute;a un jardinero, a otros, un fantasma, para los dos de Ema&uacute;s fue un simple compa&ntilde;ero de viaje que les explic&oacute; las Escrituras referentes a El y s&oacute;lo le reconocieron en la cena al partir el pan eucar&iacute;stico; cuando fueron a dec&iacute;rselo a los otros disc&iacute;pulos, estos ya lo hab&iacute;an recibido al manifestarse a ellos reunidos. Y a ellos y todos nosotros nos dice el Se&ntilde;or resucitado en el libro del Apocalipsis: &ldquo;No tem&aacute;is nada, yo soy el primero y el &uacute;ltimo, el Viviente, Estuve entre los muertos, pero ahora vivo por los siglos &ldquo;. &iexcl;Aleluya! Hermanos, llenos de alegr&iacute;a recemos con la sagrada liturgia, &laquo; esta noche santa, ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los ca&iacute;dos, da alegr&iacute;a a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos&raquo;. Este es el preg&oacute;n pascual de los &aacute;ngeles, manifestado a las mujeres que iban al sepulcro para embalsamar al Se&ntilde;or: &ldquo;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que vive? No est&aacute; aqu&iacute; ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho&ldquo;. La resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el misterio central de nuestra fe, constituye el fundamento de nuestra salvaci&oacute;n y liberaci&oacute;n del pecado y de la muerte y nos abre las puertas de la eternidad, de la esperanza cristiana. La Vigilia Pascual, que estamos celebrando, es cumbre y cenit de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico; la liturgia de la Vigilia Pascual, que comenz&oacute; a celebrarse en la iglesia romana a mediados del siglo II, posee en su estructura actual una rica simbolog&iacute;a bautismal, ya que era el d&iacute;a en que recib&iacute;an el santo bautismo los catec&uacute;menos que se hab&iacute;an estrado preparando durante el a&ntilde;o, sobre todo en el santo tiempo de cuaresma. 2.- Por eso, hermanos, recordando nuestro bautismo y los efectos de gracia y salvaci&oacute;n que ha producido en nosotros, os invito a que nos mantengamos fieles en las promesas hechas, para que as&iacute;, esta Vigilia santa sea una noche de gracia, sea pascua verdadera, es decir, paso salvador de Cristo junto a nosotros. Y no lo olvid&eacute;is, hermanos, este misterio pascual de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra es lo que celebramos todos los domingos. El domingo es la Pascua del Se&ntilde;or, la celebraci&oacute;n de su resurrecci&oacute;n y de la nuestra. &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo; dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&raquo;. As&iacute; lo cantamos con frecuencia al comenzar nuestras Eucarist&iacute;as dominicales. La pascua cristiana es la fiesta de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra, es la fiesta de la fe llena de esperanza en Jesucristo vivo y resucitado, en la Alianza Eterna con Dios, que siempre nos perdona por la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo; es el triunfo total de Cristo sobre su muerte y la nuestra, que arroja la luz del resucitado sobre toda la existencia humana y la convierte en historia de salvaci&oacute;n. Queridos hermanos y hermanas, Cristo, resucitando, ha demostrado que es verdaderamente Hijo de Dios, que todo lo que dijo e hizo es verdad. Que es verdaderamente Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres. Confiemos en &eacute;l, esperemos en El. 3.- En estos d&iacute;as los cristianos orientales se saludan con unas palabras que me gustar&iacute;a que fueran tambi&eacute;n nuestro saludo en este tiempo de Pascua: &laquo;Xristos anest&eacute;, &laquo;Cristo ha resucitado&raquo; y responden: <<alez&oacute;s anest&eacute;&raquo; &laquo;Verdaderamente ha resucitado&raquo;. Querid&iacute;simos hermanos y hermanas, feliz Pascua de Resurrecci&oacute;n de Cristo 2017; Yo tambi&eacute;n quiero despedirme con este rito de nuestros hermanos del Oriente cristiano: y espero que me respond&aacute;is, a ver, atentos: &laquo;Cristo ha resucitado&raquo;. (Responden los fieles): &laquo;Verdaderamente ha resucitado&raquo;. Que os salud&eacute;is as&iacute; estos d&iacute;as entre vosotros: somos eternos, Cristo con su muerte y resurrecci&oacute;n nos ha ganado la vida eterna. No moriremos para siempre, somos eternos. Gracias, Cristo Jes&uacute;s, muerto y resucitado por m&iacute; y por todos. Am&eacute;n. Alleluya. ************************************* DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PREG&Oacute;N PASCUAL (Mensaje pascual &laquo;Urbi et Orbi&raquo; de Juan Pablo II (15&mdash;4&mdash;2001) QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: 1.- &iexcl;Cristo ha resucitado! Y &ldquo;en la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;(cf. Prefacio pascual II). Que el anuncio pascual llegue a todos los pueblos de la tierra y que toda persona de buena voluntad se sienta protagonista en este d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, el d&iacute;a de su Pascua, en el que la Iglesia, con gozosa emoci&oacute;n, proclama que el Se&ntilde;or ha resucitado realmente. Este grito que sale del coraz&oacute;n de los disc&iacute;pulos en el primer d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado, ha recorrido los siglos, y ahora, en este preciso momento de la historia, vuelve a animar las esperanzas de la humanidad con la certeza inmutable de la resurrecci&oacute;n de Cristo, Redentor del hombre. 2.- &ldquo;En la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;. El asombro incr&eacute;dulo de los ap&oacute;stoles y las mujeres que acudieron al sepulcro al salir el sol, hoy se convierte en experiencia colectiva de todo el Pueblo de Dios. Mientras el nuevo milenio da sus primeros pasos, queremos llegar a las j&oacute;venes generaciones la certeza fundamental de nuestra existencia: Cristo ha resucitado y, en &Eacute;l, hemos resucitado todos. &laquo;Gloria a ti, Cristo Jes&uacute;s, ahora y siempre t&uacute; reinar&aacute;s&raquo;. Vuelve a la memoria este canto de fe, que tantas veces, a lo largo del periodo jubilar, hemos repetido alabando a Aquel que es &ldquo;el Alfa y la Omega, el Primero y el &Uacute;ltimo, el Principio y el Fin&rdquo; (Ap 22, 13). A &Eacute;l permanece fiel la Iglesia peregrina &laquo;entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios&raquo; (S. Agust&iacute;n). A &Eacute;l dirige la mirada y no teme. Camina con los ojos fijos en su rostro, y repite a los hombres de nuestro tiempo, que &Eacute;l, el Resucitado, es &ldquo;el mismo ayer, hoy y siempre&rdquo; (Hb 13, 8). 3.- En aquel dram&aacute;tico viernes de Pasi&oacute;n, en que el Hijo del hombre &ldquo;obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz&rdquo; (Flp2, 8), terminaba la vida terrena del Redentor. Una vez muerto, fue depositado de prisa en el sepulcro, al ponerse el sol. &iexcl;Qu&eacute; ocaso tan singular! Aquella hora oscurecida por el avanzar de las tinieblas se&ntilde;alaba el fin del &laquo;primer acto&raquo; de la obra de la creaci&oacute;n, turbada por el pecado Parec&iacute;a el triunfo de la muerte, la victoria del mal En cambio, en la hora del g&eacute;lido silencio de la tumba, comenzaba el pleno cumplimiento del designio salv&iacute;fico, comenzaba la &laquo;nueva creaci&oacute;n&raquo;. Hecho obediente por el amor hasta al sacrificio extremo, Jesucristo es ahora &ldquo;exaltado&rdquo; por Dios que &ldquo;le otorg&oacute; el Nombre, que est&aacute; sobre todo nombre&rdquo; (Flp2, 9). En su nombre recobra esperanza toda existencia humana. En su nombre el ser humano es rescatado del poder del pecado y de la muerte y devuelto a la Vida y al Amor. 4.- Hoy el cielo y la tierra cantan &laquo;el nombre&raquo; inefable y sublime del Crucificado resucitado. Todo parece como antes, pero, en realidad, nada es ya como antes. &Eacute;l, la Vida que no muere, ha redimido y vuelto a abrir a la esperanza a toda existencia humana. &ldquo;Pas&oacute; lo viejo, todo es nuevo&rdquo; (2 Co5, 17). Todo proyecto y designio del ser humano, esta noble y fr&aacute;gil criatura, tiene hoy un nuevo &laquo;nombre&raquo; en Cristo resucitado de entre los muertos, porque &ldquo;en El hemos resucitado todos&rdquo;. En esta nueva creaci&oacute;n se realiza plenamente la palabra del G&eacute;nesis: &ldquo;Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza&rdquo;(Gn1, 26). En la Pascua Cristo, el nuevo Ad&aacute;n que se ha hecho &ldquo;esp&iacute;ritu que da vida&rdquo; (1 Co 15, 45), rescata al antiguo Ad&aacute;n de la derrota de la muerte. 5.- Hombres y mujeres del tercer milenio, el don pascual de la luz es para todos, que ahuyente las tinieblas del miedo y de la tristeza; el don de la paz de Cristo resucitado es para todos, que rompa las cadenas de la violencia y del odio. Redescubrid hoy, con alegr&iacute;a y estupor, que el mundo no es ya esclavo de acontecimientos inevitables. Este mundo nuestro puede cambiar: la paz es posible tambi&eacute;n all&iacute; donde desde hace demasiado tiempo se combate y se muere&hellip; Vosotros, hombres y mujeres de todo continente, sacad de su tumba ya vac&iacute;a para siempre, el vigor necesario para vencer las fuerzas del mal y de la muerte, y poned toda investigaci&oacute;n y progreso t&eacute;cnico y social al servicio de un futuro mejor para todos. 6.- &ldquo;En la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;. Desde que tu tumba, Oh Cristo, fue encontrada vac&iacute;a y Cefas, los disc&iacute;pulos, las mujeres, y &ldquo;m&aacute;s de quinientos hermanos&rdquo; (1 Co 15, 6) te vieron resucitado, ha comenzado el tiempo en que toda la creaci&oacute;n canta tu nombre &ldquo;que est&aacute; sobre todo nombre&rdquo; y espera tu retorno definitivo en la gloria. En este tiempo, entre la Pascua y la venida de tu Reino sin fin, tiempo que se parece a los dolores de un parto (cf Rm 8, 22), sost&eacute;nnos en el compromiso de construir un mundo m&aacute;s humano, vigorizado con el b&aacute;lsamo de tu amor. V&iacute;ctima pascual, ofrecida por la salvaci&oacute;n del mundo, haz que no decaiga este compromiso nuestro, a&uacute;n cuando el cansancio haga lento nuestro paso. T&uacute;, Rey victorioso, &iexcl;danos, a nosotros y al mundo la salvaci&oacute;n eterna! **************************************** DOMINGOS DE PASCUA: CRISTO HA RESUCITADO, QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Estamos celebrando la Pascua del Se&ntilde;or. Feliz Pascua a todos. &iexcl;Cristo ha resucitado! Verdaderamente ha resucitado! Cristo ha resucitado para que todos tengamos vida eterna con &Eacute;l y por El. Y el domingo, as&iacute; se llam&oacute; ese d&iacute;a, es el d&iacute;a en que celebramos la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, que es la nuestra, la primera de todos los redimidos por su muerte y resurrecci&oacute;n, todos los domingos son el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el d&iacute;a de su resurrecci&oacute;n y de la nuestra, por eso un cristiano no puede faltar a misa el domingo porque es el d&iacute;a en que celebramos la resurrecci&oacute;n Cristo que es la nuestra. Por eso la resurrecci&oacute;n de Cristo llena de alegr&iacute;a el mundo entero, especialmente de los cristianos, de los que creemos en Cristo muerto y resucitado para que todos tengamos vida eterna en el cielo. El acontecimiento de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or ha cambiado por completo la historia humana, llen&aacute;ndola de esperanza. La muerte ya no es la &uacute;ltima palabra; la &uacute;ltima palabra la tiene el Dios de la vida y es una palabra de vida en favor de los hombres. La resurrecci&oacute;n de Cristo es la realidad m&aacute;s importante de la vida humana, somos eternos, nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, viviremos eternamente porque Cristo ha muerto y resucitado para que todos tengamos vida eterna en el cielo con todos los nuestros en la Gloria de nuestro Dios Trinidad, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. Celebrarlo cada a&ntilde;o de manera solemne enciende en nosotros santos deseos de que esa vida llegue a todos, incluso a los que todav&iacute;a no creen en Cristo resucitado. Y una forma de recargar permanentemente esa nueva vida del Resucitado en nosotros es la celebraci&oacute;n semanal del domingo, d&iacute;a en que todos los domingos celebramos la resurrecci&oacute;n de Cristo y la nuestra, es la pascua semanal de la comunidad cristiana. Somos convocados cada domingo a reiterar la victoria de Cristo sobre su muerte y a apropiarnos esa victoria, a traducirla y vivirla mediante la fe y el amor a Dios y a los hermanos en nuestra vida. Para muchos el domingo se ha convertido sin m&aacute;s en el descanso semanal, cuando coincide en este d&iacute;a, puesto que las condiciones laborales, sobre todo en el sector servicios, obligan al trabajo todos los d&iacute;as de la semana, reservando al descanso las jornadas que toquen, sean o no domingos. Para otros, el domingo se ha convertido en un d&iacute;a l&uacute;dico, dedicado al deporte u otras actividades l&uacute;dicas, tan necesarias en el mundo en el que vivimos, trepidante de prisas. Para otros, el domingo o el fin de semana es el momento de encuentro con las familias. Los miembros de la familia viven en otra ciudad, por razones de estudio o de trabajo. A su vez, esta familia tiene los abuelos en el pueblo. El domingo es ocasi&oacute;n de encontrarse, reunirse, visitarse. Todos estos son elementos y aspectos positivos de la vida, pero obligan a replantear el domingo de otra manera. El domingo, sin embargo, para nosotros los cat&oacute;licos es el primer d&iacute;a de la semana &ndash;&ldquo;este es el d&iacute;a que ha hecho el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo&rdquo;&ndash;, es el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo &ndash;al tercer d&iacute;a resucit&oacute;&ndash;, es el octavo d&iacute;a despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, instituido por el mismo Jes&uacute;s. &ldquo;A los ocho d&iacute;as...&rdquo; Jes&uacute;s se apareci&oacute; de nuevo a sus ap&oacute;stoles, cuando Tom&aacute;s estaba con todos. Tom&aacute;s hab&iacute;a expresado su incredulidad ante la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or: &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;, y Jes&uacute;s tuvo la delicadeza y la misericordia de hacerse presente al domingo siguiente y certificarle que estaba vivo y resucitado. Nos ha hecho m&aacute;s bien esta duda de Tom&aacute;s que la facilidad en creer de los dem&aacute;s ap&oacute;stoles. Porque todos tenemos nuestras vacilaciones, no tanto en el hecho de la resurrecci&oacute;n cuanto en las consecuencias para nuestra vida. Viendo a Tom&aacute;s que dudaba y que despu&eacute;s confiesa abiertamente su fe en Jes&uacute;s resucitado, nos devuelve la esperanza de que a pesar de nuestras dudas, Jes&uacute;s seguir&aacute; haci&eacute;ndose presente &ndash;domingo tras domingo&ndash; para afianzar nuestra fe y y esperanza de eternidad, para disipar todo genero de dudas en nuestra vida futura de eternidad y de cielo con Dios, nuestro Padre. Los m&aacute;rtires del Abitene (s. IV) fueron llevados ante el gobernador, que hab&iacute;a prohibido la celebraci&oacute;n del domingo, la reuni&oacute;n de los cristianos para celebrar el misterio de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Ellos comparecieron ante el gobernador, que los amenaz&oacute; con la muerte, y ellos prefirieron el martirio a dejar la celebraci&oacute;n del domingo: &ldquo;no podemos vivir sin el domingo&rdquo;. Prefirieron morir antes que dejar de celebrar la misa del domingo. Un gran ejemplo para los cristianos de nuestro tiempo. Para ellos, quitarles el domingo, quitarles la celebraci&oacute;n de la victoria de Cristo sobre su muerte y la nuestra hacia que la vida no tuviera sentido, porque el domingo, en lat&iacute;n, es dia del Se&ntilde;or, d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra. Sin el domingo no somos nada. Nuestra vida no es eternidad con Dios. Sin el domingo, el tiempo discurre sin Jesucristo y sin su victoria sobre la muerte. Sin el domingo el &uacute;nico horizonte es la muerte. Por eso, los cristianos, como los m&aacute;rtires de Abiten, no podemos vivir sin el domingo. Cada domingo celebramos en la santa misa la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or que es la nuestra; por eso que la celebraci&oacute;n del domingo, la misa de los domingos estimule en nosotros la certeza del encuentro con el Se&ntilde;or Resucitado, para sentir su amor y salvaci&oacute;n eterna, para entrar en su Coraz&oacute;n, para compartir sus sentimientos y para participar en su victoria. Que la misa del domingo nos haga cada vez m&aacute;s aficionados al domingo, como d&iacute;a del encuentro con el Se&ntilde;or resucitado y con la comunidad de hermanos con los que compartimos nuestra fe en el Resucitado. El Domingo es el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or la nuestra. Am&eacute;n, as&iacute; sea *********************************************** DOMINGO PRIMERO DESPU&Eacute;S DE PASCUA: DIVINA MISERICORDIA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La aparici&oacute;n de Jes&uacute;s resucitado al ap&oacute;stol Tom&aacute;s remata el ciclo de las apariciones del Resucitado en la octava de Pascua. A cual m&aacute;s bonita, cada una de las apariciones nos va presentando a Jes&uacute;s, que ha vencido la muerte, y vive glorioso y gozoso junto al Padre, tirando de nosotros hacia esa nueva realidad en la que &eacute;l vive para siempre. La resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s ha introducido una novedad en la historia de la humanidad, un factor de transformaci&oacute;n desde dentro, que nos va divinizando por la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que brota del Coraz&oacute;n traspasado de Cristo. La aparici&oacute;n a Tom&aacute;s reviste caracter&iacute;sticas especiales, porque se trata de convertir a un incr&eacute;dulo. Algo de incr&eacute;dulos tenemos todos, por eso la aparici&oacute;n a Tom&aacute;s nos dice algo especial a cada uno de nosotros tambi&eacute;n. Jes&uacute;s ven&iacute;a apareci&eacute;ndose de distintas maneras a diferentes destinatarios, entre ellos al grupo de los Once, entre los que Tom&aacute;s no se encontraba ese d&iacute;a. Se lo contaron sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Hemos visto al Se&ntilde;or resucitado&rdquo;, y &eacute;l respondi&oacute;: &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;. Y a los ocho d&iacute;as, al domingo siguiente, Jes&uacute;s vino al Cen&aacute;culo donde estaban todos, incluido Tom&aacute;s. &ldquo;Trae tu dedo, aqu&iacute; tienes mis manos; trae tu mano y m&eacute;tela en mi costado; y no seas incr&eacute;dulo sino creyente&rdquo;. Y Tom&aacute;s contest&oacute;: &ldquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&rdquo;. San Gregorio Magno comenta: &ldquo;Aquel disc&iacute;pulo que hab&iacute;a dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, cur&oacute; las heridas de nuestra incredulidad. M&aacute;s provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tom&aacute;s que la fe de los otros disc&iacute;pulos, ya que, al ser &eacute;l inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe.&rdquo; (Homil&iacute;a 26, oficio lectura del santo). El costado del Se&ntilde;or fue abierto por la lanzada a las tres de la tarde del viernes santo (la hora de la misericordia), y una novena despu&eacute;s, el segundo domingo de Pascua, Jes&uacute;s le muestra a Tom&aacute;s ese costado abierto como se&ntilde;al de su resurrecci&oacute;n. El domingo de la Divina Misericordia es la ocasi&oacute;n para revalidar nuestra fe y afianzarla mucho m&aacute;s al palpar con Tom&aacute;s ese costado herido por nuestros pecados y que conserva esa herida para mostrarla al que dude de su amor. &Eacute;l fue traspasado por la lanza del soldado, fue traspasado por nuestros pecados, y reacciona amando a quienes le hemos crucificado. De su costado brota sangre y agua, como signos del bautismo y la eucarist&iacute;a, con los que alimenta en nosotros la vida divina. El Coraz&oacute;n de Cristo se muestra como una gran planta de reciclaje, una purificadora, en donde volcamos nuestros pecados, nuestros delitos. Y &eacute;l nos devuelve purificado un amor m&aacute;s grande, un amor de misericordia que lava nuestras culpas y pecados. &ldquo;Nadie tendr&aacute; disculpa / diciendo que cerrado / hall&oacute; jam&aacute;s el cielo, / si el cielo va buscando. / Pues vos, con tantas puertas / en pies, mano y costado, / est&aacute;is de puro abierto / casi descuartizado&rdquo;, dice una preciosa poes&iacute;a del viernes santo. La Divina Misericordia no es s&oacute;lo perd&oacute;n por parte de Dios a nosotros pecadores, sino que cura nuestras heridas precisamente en las heridas que nosotros le hemos infligido. Sus heridas nos han curado, porque de ellas mana el Esp&iacute;ritu Santo a raudales para que nosotros los bebamos a sorbos y saciemos nuestra sed. El agua de la gracia es el Esp&iacute;ritu Santo, y esa agua s&oacute;lo la encontramos en las llagas de Cristo, que se prolongan en nuestras heridas y en las heridas de nuestros hermanos. &ldquo;De lo que era nuestra ruina has hecho nuestra salvaci&oacute;n&rdquo;, reza el prefacio III dominical TO. Encontraremos la salvaci&oacute;n all&iacute; mismo donde se ha producido la herida, porque Cristo la transforma en fuente de Esp&iacute;ritu Santo para nosotros. Domingo de la Misericordia, acudamos con confianza a la fuente de la gracia. Recibid m afecto y mi bendici&oacute;n: Domingo de la Misericordia ***************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: 1.-&ldquo;&iexcl;No tem&aacute;is!&rdquo; Les dice el &aacute;ngel a las mujeres que van al sepulcro y lo encuentran vac&iacute;o. &ldquo;&iexcl;No tem&aacute;is, ha resucitado!&rdquo; Esta exhortaci&oacute;n del &aacute;ngel recorre los siglos y llega hasta nosotros en este d&iacute;a glorioso, lleno de luz del Resucitado, en que celebramos su triunfo y el nuestro sobre la muerte y el pecado. &ldquo;No os asust&eacute;is, no busqu&eacute;is a Jes&uacute;s de Nazaret en el sepulcro: ha resucitado; ya no est&aacute; aqu&iacute;. Ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho&rdquo;. &ldquo;Ha resucitado&rdquo;. Este es el anuncio sorprendente de la Pascua. Ha resucitado como lo hab&iacute;a predicho, dando pleno cumplimiento a las Escrituras. La resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el coraz&oacute;n de la Pascua, el centro vital de todo el cristianismo; si Cristo ha resucitado, todo lo que ha dicho y hecho es verdad. &Eacute;l es la Verdad, el Hijo de Dios con poder sobre la vida y la muerte. Este es el misterio central de toda la liturgia de la Iglesia: la celebraci&oacute;n del &laquo;domingo, d&iacute;a en que Cristo resucit&oacute; y nos hizo part&iacute;cipes de su vida inmortal&raquo; (Plegar&iacute;a E. III). 2.- El hecho de la resurrecci&oacute;n de Cristo no se fundamenta en la fe bobalicona o ingenua de unos hombres cualesquiera. Los Ap&oacute;stoles son el signo de la cobard&iacute;a y de la traici&oacute;n, porque al encontrarse en peligro de morir con el maestro, todos han huido y le han dejado solo. Y despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, no se lo creyeron a la primera ni creyeron a los primeros testigos, que fueron las mujeres. Y cuando se les apareci&oacute;, dudaron al principio. Tuvo que hablar y comer con ellos y para que vieran que no era un fantasma. Sin embargo, despu&eacute;s, al estar convencidos de su resurrecci&oacute;n, como lo hab&iacute;an estado de su muerte, no dudan en extenderse por el mundo para predicar su evangelio y dar la vida en testimonio de su resurrecci&oacute;n, para decir a toda la humanidad que Dios ha destinado al hombre a su misma eternidad de gozo y felicidad por la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo, Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres. Los Ap&oacute;stoles est&aacute;n convencidos porque le han visto, le han tocado, han hablado con &Eacute;l. Pero no le ha sido f&aacute;cil al Se&ntilde;or convencerles de su nueva vida de Resucitado. Los Ap&oacute;stoles fueron duros en creer, obstinados, recalcitrantes. Es m&aacute;s, cuando ya est&aacute;n todos convencidos, hay uno que se resiste, es Tom&aacute;s: si no veo, si no meto mis dedos en su llagas&hellip; Y el Se&ntilde;or con toda humildad tiene que manifest&aacute;rsele para que entre dentro del grupo de los Ap&oacute;stoles creyentes. Bendito sea Jesucristo, por su humildad y paciencia en su resurrecci&oacute;n, y los Ap&oacute;stoles, por su dureza en creer, porque eso nos quita ahora a nosotros motivos de duda; dice un padre de la Iglesia que m&aacute;s nos aprovecha la dureza de los Ap&oacute;stoles en creer que la facilidad de Mar&iacute;a Magdalena, que por la voz, reconoci&oacute; al Se&ntilde;or. Era mujer&hellip; &iexcl;mujer tenia que ser! Las mujeres son m&aacute;s intuitivas que los hombres y por el amor y por la intuici&oacute;n descubren la presencia y los problemas de los hijos y de los que aman mejor que los hombres. 3.- Porque Cristo ha resucitado, todos nosotros resucitaremos. &Eacute;l lo ha prometido: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi, aunque haya muerto, vivir&aacute;, y todo el que vive y cree en mi no morir&aacute; para siempre&rdquo;. Porque Cristo ha resucitado tenemos que pensar y vivir m&aacute;s para el cielo. Tenemos que trabajar m&aacute;s pensando en el cielo. El cielo es Dios. Nosotros somos para Dios, para la eternidad. Porque Cristo ha resucitado, el hombre es m&aacute;s que hombre, es una eternidad. Cristo, resucitando, ha vencido al tiempo y al espacio. Somos eternidad con Dios. Tenemos resurrecci&oacute;n y vida eterna. Porque Cristo no s&oacute;lo ha resucitado para nosotros sino en nosotros. &Eacute;l es el primero entre muchos hermanos. Porque Cristo ha resucitado, el dinero y los bienes de la tierra no son lo primero. Dios es lo primero y absoluto. Abajo todos los &iacute;dolos del dinero, consumismo, sexo, posesi&oacute;n. Porque Cristo ha resucitado no podemos dar culto idol&aacute;trico a los becerros de oro o sexo o vivir para el momento presente. Somos eternidad con Dios Porque Cristo ha resucitado, bienaventurados los pobres, los humildes, los que sufren aqu&iacute; abajo por el nombre de Dios, o simplemente sufren pobreza, desprecios, humillaci&oacute;n por el reino de los cielos, porque ser&aacute;n recompensados, porque la &uacute;ltima palabra ser&aacute; la de Cristo. Porque Cristo ha resucitado, no podemos caminar sin sentido por la vida, como si no supi&eacute;ramos a d&oacute;nde vamos: somos ciudadanos del cielo, moradores de la casa del Se&ntilde;or Resucitado, vamos caminando y peregrinos a las moradas eternas. Porque Cristo ha resucitado y el sepulcro est&aacute; vac&iacute;o no podemos estar corriendo de un lado para otro sin sentido, como si el sepulcro no estuviera vac&iacute;o y Cristo no hubiera resucitado. M&aacute;s. Mucho m&aacute;s claro. Si nos amamos, si nos perdonamos, si vivimos el evangelio, si hacemos oraci&oacute;n, si vivimos en gracia sin pecar, es que Cristo ha resucitado y est&aacute; resucitado en medio de nosotros; si nos queremos, Cristo ha resucitado en nosotros y en el mundo. 4.- Desde aquel amanecer del primer domingo de la historia cristiana hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os, la Luz de Cristo Resucitado brilla en el mundo. La luz que nace de la Resurrecci&oacute;n de Cristo ya no se extinguir&aacute; aunque las fuerzas del mal traten de oscurecerla: &ldquo;Las puertas del infierno no prevalecer&aacute;n sobre ella&rdquo;. En aquella ma&ntilde;ana del primer d&iacute;a de la semana del calendario jud&iacute;o, primer domingo de la historia de la Iglesia, las mujeres recibieron el mensaje que anunciaron los &aacute;ngeles para ellas y para el mundo entero:&ldquo;&iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Crucificado? No est&aacute; aqu&iacute; &iexcl;Ha resucitado!&rdquo; En la segunda Lectura de este domingo, San Pablo nos dice: &ldquo;Ya que hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all&aacute; arriba donde est&aacute; Cristo.&rdquo; La resurrecci&oacute;n de Cristo no s&oacute;lo es garant&iacute;a de la nuestra, sino que tiene que influir en nuestra vida presente, tiene que hacerse presente en nuestros criterios y actitudes y sentimientos. Nos lo dice San Pablo: &ldquo;Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su Muerte, por el bautismo fuimos sepultados con &Eacute;l, porque as&iacute; como Cristo fue despertado de entre los muertos por la Gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros andemos en una vida nueva. Nuestra vieja condici&oacute;n humana ha sido crucificada con Cristo y nosotros libres de la esclavitud del pecado&rdquo;. 5.- Resucitar con Cristo es barrer lo viejo, es ser hombres nuevos, es buscar lo de all&iacute; arriba. Cu&aacute;nto nos cuesta ser hombre y mujeres nuevas, dejar el hombre viejo de pecado. Nos cuesta la conversi&oacute;n a Cristo resucitado, porque nuestras tendencias son de la carne y no del esp&iacute;ritu; por eso continuamos en nuestros pecados y no resucitamos a la vida nueva de resucitados en Cristo. Resucitar significa vida nueva, relaciones nuevas con Dios y con los hermanos, actitudes nuevas de vida resucitada, esp&iacute;ritu nuevo, reci&eacute;n estrenado, ser hombres y mujeres nuevas. Hermanos y hermanas, alegraos, Aleluya, Cristo ha resucitado. ************************************ DOMINGOSDE PASCUA: CRISTO HA RESUCITADO QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Estamos celebrando el domingo, la Pascua de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, que es la garant&iacute;a de nuestra resurrecci&oacute;n y la de todos los que han muerto y viven ya eternamente&hellip;&iquest;hab&eacute;is entendido bien?, que nuestros difuntos viven, que todos los que han muerto est&aacute;n vivos con Dios&hellip; porque Cristo vino a este mundo, muri&oacute; y resucit&oacute; &uacute;nicamete para esto, para que todos tuvi&eacute;ramos vida eterna, y &Eacute;l lo dijo muchas veces: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi aunque&hellip; y lo rezamos en el prefacio de las misas de difuntos: &ldquo;porque la vida de los que en ti creemos no termina&hellip;y lo constatamos en las apariciones que Cristo y la Virgen siguen realizando, porque est&aacute;n vivos, Lourdes, F&aacute;tima, Siracusa&hellip;&Eacute;l es Dios y no miente y lo puede todo Esta es nuestra certeza y la verdad fundamental de nuestra fe cristiana. Si Cristo no hubiera resucitado, vana ser&iacute;a nuestra fe, y ser&iacute;amos los m&aacute;s necios del mundo, pero no, Cristo ha resucitado y con &Eacute;l todos resucitaremos, nos dice San Pablo, que fue perseguidor suyo, y se convirti&oacute; a Cristo al ser derribado del caballo cuando iba camino de Damasco persequiendo a los cristianos que dec&iacute;an que Cristo hab&iacute;a resucitado y estaba vivo como lo hab&iacute;a dicho y se estaba apareciendo a los cristianos, no solo a los ap&oacute;stoles. Y Pablo no se lo cre&iacute;a y por eso los persegu&iacute;a y el Se&ntilde;or tuvo que tirarlo del caballo y tuvo que empezar el camino de la fe como todos nosotros, para encontrar a Cristo resucitado; ya sab&eacute;is que se retir&oacute; tres a&ntilde;os al desierto de Arabia en oraci&oacute;n y all&iacute;, por la oraci&oacute;n, encontr&oacute; y am&oacute; a Cristo m&aacute;s que los mismos disc&iacute;pulos que hab&iacute;an estado con &Eacute;l durante su vida en la tierra. Hermano, haz oraci&oacute;n y encontrar&aacute;s t&uacute; tambi&eacute;n a Cristo vivo y resucitado en el Sagrario. Hermanos &iquest;cu&aacute;nto tiempo pasamos en oraci&oacute;n ante el Se&ntilde;or en nuestras iglesias, cu&aacute;nto tiempo te pasas t&uacute; junto al sagrario de tu parroquia, cu&aacute;ntos cristianos visitan y rezan al Se&ntilde;or resucitado o vienen a misa los domingos? C&oacute;mo van a tener experiencia de &Eacute;l sin visitarlo, sin hablar con &Eacute;l, sin comulgar ni una vez al a&ntilde;o? Repito, hermanos, la resurrecci&oacute;n de Cristo es el fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna con Dios que nos espera a todos y para la cual vino Cristo, y muri&oacute; y resucit&oacute; para que todos tengamos vida eterna, y os digo la verdad, si yo no tuviera experiencia y certeza de que Cristo vive y est&aacute; resucitado, no ser&iacute;a sacerdote, es m&aacute;s, dejar&iacute;a de ser cura ahora mismo; yo solo soy cura porque Cristo est&aacute; vivo y resucitado y llena mi vida y lo siento en ratos de oraci&oacute;n, sobre todo, ante el sagrario;de hecho algunos de mis libros los escrib&iacute; as&iacute; mirando al Sagrario. Por lo tanto, hermanos, Cristo resucit&oacute; y a este d&iacute;a los disc&iacute;pulos lo llamaron domingo, que significa d&iacute;a del Se&ntilde;or y este domingo que estamos celebrando, como todos los domingos, es el d&iacute;a en que la Iglesia, todos los cristianos celebramos con Cristo en la santa misa su resurrecci&oacute;n, que es el fundamento y garant&iacute;a de la nuestra y por eso es obligatoria para todos los cristianos. Por eso, NING&Uacute;N DOMINGO SIN MISA, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, venir a misa los domingos, saber que mi vida es m&aacute;s que esta vida, que mi vida no termina con la muerte y celebrar todos los domingos, en la resurrecci&oacute;n de Cristo, la nuestra, comulgando adem&aacute;s con &Eacute;l, hecho pan de la vida eterna:&rdquo;Yo soy el pan de vida.. Hermanos, rezad por vuestros hijos y nietos, que no vienen a misa, son eternidades, que Dios os ha confiado, sus vidas son m&aacute;s que esta vida. S&eacute; que esto os puede molestar, pero tengo la obligaci&oacute;n de decirlo, para eso soy sacerdote de Cristo, porque soy sembrador y recolector de eternidades mediante los sacramentos del bautismo, de la comuni&oacute;n y la santa misa. Hoy, los domingos on una pena en muchos lugares; actualmente para muchos el domingo se ha convertido sin m&aacute;s en el descanso semanal, para otros, el domingo se ha convertido en un d&iacute;a dedicado al deporte u otras actividades l&uacute;dicas y para otros, el domingo o el fin de semana es el momento de encuentro con las familias. Est&aacute; bien, pero el domingo es fundamente el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y de la nuestra, como lo celebr&oacute; el Se&ntilde;or resucitado en el primer domingo de la historia apareci&eacute;ndose a los disc&iacute;pulos y celebrando la santa misa con ellos en el Cen&aacute;culo. Hermanos, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, creer, amar y esperar a Jesucristo, saber que mi vida es m&aacute;s que esta vida, que vivir&eacute; ya siempre con el Se&ntilde;or y los m&iacute;os en el cielo. Qu&eacute; gozo sentirlo esto algunas veces en la tierra en oraci&oacute;n ante el Sagrario. Celebremos as&iacute; cada domingo en uni&oacute;n con los nuestros que ya lo celebran eternamente en el cielo, como lo rezaremos en el memento de difuntos ahora en la misa, porque que ya todos viven con Dios en el domingo eterno del cielo y como un d&iacute;a nosotros eternamente lo celebraremos, esto le pedir&eacute; al Se&ntilde;or en esta misa del domingo, con Cristo, y la Virgen y los nuestros para siempre, para siempre. Am&eacute;n, As&iacute; sea. Qu&eacute; gozo y qu&eacute; certeza ser cat&oacute;lico, venir a misa los domingos. ****************************************** II DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 32-35 Ya en el primer &laquo;sumario&raquo; (2,42-47)- res&uacute;menes de la vida de la primera comunidad bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo encontramos una breve alusi&oacute;n a la &laquo;comunidad de bienes&raquo;. Aqu&iacute; se encuentra m&aacute;s detallado y desarrollado teol&oacute;gicamente. Lo primero y esencial siempre es la uni&oacute;n de todos los creyentes en Jes&uacute;s de Nazaret: &ldquo; la multitud de los que hab&iacute;an cre&iacute;do ten&iacute;an un coraz&oacute;n y un alma sola&rdquo;. Esta era la caracter&iacute;stica fundamental de la primera comunidad cristiana, icono de todas, nacida del &ldquo;vigor&rdquo; con que &ldquo;los Ap&oacute;stoles atestiguaban la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s&rdquo; y de la respuesta de fe de los que ingresaban en la Iglesia. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 5,1-6 En su primera carta San Juan hace una defensa de la fe sincera en Cristo que debe llevar al amor de Dios y de los hermanos. Fe tan fuerte, que como hemos visto anteriormente, llevaba a renunciar a los propios bienes en servicio de los hermanos, considerados como verdaderos hermanos en Cristo. Era una fe que daba una impronta a la vida de los creyentes en la relaci&oacute;n con Dios y con los hermanos. &ldquo;Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. &iquest;Y qui&eacute;n es el que vence al mundo sino el que cree que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios?&rdquo; En esta fe se injerta toda la fuerza de la gracias y de la victoria de Cristo por su resurrecci&oacute;n. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 20,19-31 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Este segundo domingo de Pascua nos permite observar que no les fue f&aacute;cil a los Ap&oacute;stoles aceptar y creer en la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Lo digo especialmente por la obstinaci&oacute;n de Tom&aacute;s, lo cual, por una parte, es deplorable para el Resucitado, que se aparece lleno de vida, de paz y alegr&iacute;a para ellos. Esta obstinaci&oacute;n en no creer, como ya he dicho m&aacute;s de una vez, muestra ciertamente la poca fe de los Ap&oacute;stoles, pero, por otra parte, nos viene bien a nosotros, porque nos ayuda a ver en los Ap&oacute;stoles a unas personas, que no se lo creen todo a la primera, sino que exigen pruebas y demostraciones que nos ayuden a nosotros en nuestras posibles dudas y desconfianzas. El estado de &aacute;nimo de los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de la muerte de Jes&uacute;s es deplorable: &ldquo;puertas cerradas por miedo a los jud&iacute;os&rdquo;, tristeza, aislamiento e incomunicaci&oacute;n, duda radical en Jes&uacute;s de Nazaret, en quien hab&iacute;an puesto tantas esperanzas, y oposici&oacute;n abierta a recibir el testimonio de las mujeres. En este contexto comunitario tiene lugar la inesperada aparici&oacute;n de Jes&uacute;s al atardecer. Cristo les saluda: &ldquo;Paz a vosotros&rdquo;. Es maravilloso y digno de ser meditado e imitado este primer gesto de perd&oacute;n del Se&ntilde;or resucitado ante unos disc&iacute;pulos que no se lo merec&iacute;an, porque le han abandonado cobardemente. Si hubi&eacute;ramos sido alguno de nosotros en circunstancias similares hubi&eacute;ramos empezado con una censura. Esta es la vida nueva que tenemos que vivir, porque Cristo ha resucitado y nos la ha comunicado. Hay que perdonar, hay que reaccionar amando ante las ofensas. Con este saludo Cristo ha empezado su nueva vida de resucitado perdonando todas sus huidas y traiciones. No les echa en cara su traici&oacute;n y cobard&iacute;a. Es un anticipo y una experiencia del poder que le va a comunicar de perdonar los pecados de los hombres. Primero perdona personalmente y luego les env&iacute;a a perdonar y practicar y ense&ntilde;ar este perd&oacute;n a todos los hombres en nombres suyo. Este poder hay que vivirlo y practicarlo especialmente en la &laquo;pascua florida&raquo; como ense&ntilde;aba el antiguo catecismo. Todos nosotros tenemos que participar por el Sacramento de la Penitencia en la nueva vida del Resucitado. No podemos permanecer muertos y sin vida resucitada y nueva. La Iglesia tiene este poder recibido del Se&ntilde;or. Cristo resucitado nos trae el perd&oacute;n de nuestros pecados y cobard&iacute;as en confesar y vivir nuestra fe, nos trae la alegr&iacute;a de la reconciliaci&oacute;n y del encuentro con Dios y con los hermanos; hacerlo y vivirlo es un ejercicio humildad y de fe y amor a Dios y a los hombres. 2.- El Resucitado que tienen ante ellos es el mismo que fue crucificado y que vivi&oacute; y predic&oacute; junto a ellos durante tres a&ntilde;os. Es el mismo Jes&uacute;s de Nazaret en quien Dios se ha manifestado en poder y gloria de resurrecci&oacute;n para todos nosotros. Ha cumplido lo que hab&iacute;a profetizado y prometido, pero ellos no hab&iacute;an captado. Ellos entonces como muchos hombres de nuestro tiempo, que todav&iacute;a no creen, est&aacute;n de ac&aacute; para all&aacute;, en teor&iacute;as, disquisiciones y dudas eternas, y todo porque no se han enterado de que el sepulcro est&aacute; vac&iacute;o: &ldquo;&iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;, ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron&rdquo;. El sepulcro est&aacute; y sigue vac&iacute;o, pero muchos no se han enterado. Las mujeres fueron tambi&eacute;n a buscarle muerto, pero se encontraron con &Eacute;l vivo, vivo y resucitado. Porque fueron a buscarle. Es que los Ap&oacute;stoles no esperaban su resurrecci&oacute;n, por eso ni se movieron en principio y luego corrieron, pero sin creer que el sepulcro estaba vac&iacute;o: &ldquo;vinieron unas mujeres&hellip;&rdquo; Jesucristo vive y ha resucitado para siempre; este es el letrero luminoso que puse en el Cen&aacute;culo de la Parroquia de San Pedro, al a&ntilde;o de llegar. All&iacute; permanece como signo de fe y esperanza. Con este hecho de la resurrecci&oacute;n Cristo est&aacute; cumpliendo lo que les hab&iacute;a dicho: &ldquo;Me ir&eacute; y volver&eacute; a vosotros y vuestra tristeza se convertir&aacute; en gozo&rdquo; (Jn 16, 20). Efectivamente, el Se&ntilde;or ha resucitado y esta profesi&oacute;n de fe pascual, basada en su experiencia y constataci&oacute;n inmediata de ver y hablar y comer con el Resucitado es la esperanza y el fundamento y la base del anuncio y del mandato de Cristo de pregonarlo por el mundo entero; es la base del Credo y de la Liturgia y de la Vida de la Iglesia: es su fundamento y coraz&oacute;n de vida. 3.- &ldquo;Al resucitar Cristo, todos hemos resucitado&rdquo;; esta afirmaci&oacute;n de San Pablo a los Romanos es la mejor noticia que podemos recibir los hombres. Nosotros ya no moriremos para siempre. Mi vida es m&aacute;s que esta vida, que este espacio y este tiempo, mi vida es una eternidad de vida y felicidad con el Resucitado que empieza ya en esta vida y muchos la han experimentado. Creamos a Cristo resucitado que nos dice: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi aunque haya muerto vivir&aacute;; y todo el que vive y cree en mi, no morir&aacute; para siempre&rdquo;. Creamos a la liturgia de la Iglesia que en su prefacio de misa de difuntos reza para todos: &laquo;Porque la vida de los que en Ti creemos, Se&ntilde;or, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&raquo;. Digamos con San Pablo: &ldquo;Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nosotros somos los m&aacute;s necios del mundo;&rdquo; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi, y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Este es nuestro gozo y alegr&iacute;a en esta Pascua de Resurrecci&oacute;n que estamos celebrando, la fiesta principal de la Iglesia. Recemos y cantemos con el salmista, como lo hemos hecho al comenzar la santa misa: &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo; dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia; que lo diga la casa de Israel, es eterna su misericordia; que lo diga la casa de Aar&oacute;n, es eterna su misericordia; que lo digan los fieles del Se&ntilde;or, es eterna su misericordia&raquo;. En el Apocalipsis de San Juan, Cristo resucitado nos dice a todos: &ldquo;No temas nada, yo soy el primero y el &uacute;ltimo, el Viviente; estuve entre los muertos, pero ahora vivo para siempre&rdquo;. Y termino con un texto de San Pablo a los Romanos: &ldquo;Si el Esp&iacute;ritu de Aquel que resucit&oacute; a Jes&uacute;s de entre los muertos habita en vosotros, el que resucit&oacute; a Cristo Jes&uacute;s de entre los muertos dar&aacute; tambi&eacute;n vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Esp&iacute;ritu que habita en vosotros&rdquo; (Rom 8, 11). 4.- Quiero citar unos textos del Vaticano II, que nos ayudan a reflexionar y comprender este misterio: &laquo;El m&aacute;ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disoluci&oacute;n progresiva del cuerpo. Pero su m&aacute;ximo tormento es el temor por la desaparici&oacute;n perpetua. Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adi&oacute;s definitivo. La semilla de eternidad que en s&iacute; lleva, por ser irreductible a la sola materia, se levanta contra la muerte&raquo; (GS18). &laquo;&hellip; son cada d&iacute;a m&aacute;s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci&oacute;n las cuestiones m&aacute;s fundamentales: &iquest;Qu&eacute; es el hombre? &iquest;Cu&aacute;l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsiste todav&iacute;a? (GS10). &laquo;La fe cristiana ense&ntilde;a que la muerte corporal, que entr&oacute; en la historia a consecuencia del pecado, ser&aacute; vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvaci&oacute;n perdida por el pecado&raquo; (GS!18). &laquo;Cristo resucit&oacute;; con su muerte destruy&oacute; la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Esp&iacute;ritu: &ldquo;&iexcl;Abba, Padre!&rdquo;&raquo; (GS 22). &laquo;Constituido Se&ntilde;or por su resurrecci&oacute;n, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp&iacute;ritu en el coraz&oacute;n del hombre, no s&oacute;lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi&eacute;n con ese deseo aquellos generosos prop&oacute;sitos con los que la familia humana intenta hacer m&aacute;s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin&raquo; (GS 38). Normas de vida espiritual que surgen de la resurrecci&oacute;n a la vida nueva de Cristo Resucitado: &laquo;&hellip;el nuevo convertido emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la muerte y de la resurrecci&oacute;n, pasa del hombre viejo al nuevo hombre perfecto en Cristo&raquo; (AG 13). &laquo; Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a El hasta el extremo de que Cristo quede formado en ellos (cf. Gal 4,19). Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El...&raquo; (LG 7). &laquo; [La Iglesia] est&aacute; fortalecida, con la virtud del Se&ntilde;or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas...&raquo; (GS8). &laquo;&hellip; la norma cristiana es que hay que purificar por la cruz y la resurrecci&oacute;n de Cristo y encauzar por caminos de perfecci&oacute;n todas las actividades humanas...&raquo; (AG 37 ). **************************************** TOM&Aacute;S EL AGN&Oacute;STICO EL DIA DE LA DIVINA MISERICORDIA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: A los ocho d&iacute;as de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, concluyendo la octava de Pascua, celebramos el domingo de la Divina Misericordia, domingo in albis, porque los nuevos bautizados dejaban la t&uacute;nica blanca del bautismo, de la gracia recibida. se aparece de nuevo a los ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo, con el saludo que trae la paz: &ldquo;La paz est&eacute; con vosotros&rdquo; (Jn 20, 21). Una paz que no viene del mundo ni de las componendas humanas, sino que es un don de Dios y que el coraz&oacute;n humano tanto ans&iacute;a. En esta ocasi&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n Tom&aacute;s, el ausente del domingo pasado, el que estaba fuera de la comunidad, haciendo su vida, cuando Jes&uacute;s vino al Cen&aacute;culo ya resucitado. Los ap&oacute;stoles se lo contaron a Tom&aacute;s, y Tom&aacute;s no les crey&oacute;. Para Tom&aacute;s no era suficiente el testimonio de los dem&aacute;s ap&oacute;stoles ni la alegr&iacute;a rebosante con se lo contaban. &Eacute;l no lo hab&iacute;a visto, no se hab&iacute;a encontrado personalmente con &Eacute;l. &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;, pensaba Tom&aacute;s con una mezcla de indiferencia y escepticismo despu&eacute;s de lo vivido en torno al Calvario y con un poco de envidia e inseguridad que se refugia en el desprecio. Seguro que en el fondo deseaba encontrarse con Jes&uacute;s, pero se hab&iacute;a declarado agn&oacute;stico, la postura c&oacute;moda de muchas personas que ni siquiera buscan a Dios, aunque tampoco se encuentran a gusto consigo mismo ni con su actual situaci&oacute;n. Y en estas circunstancias, a los ocho d&iacute;as aparece de nuevo Jes&uacute;s en medio de sus ap&oacute;stoles. &ldquo;La paz est&eacute; con vosotros&rdquo;. Y se dirige a Tom&aacute;s el incr&eacute;dulo. Jes&uacute;s conoce bien de d&oacute;nde cojea Tom&aacute;s, pero no le reprocha nada. &Eacute;l ha venido a buscar no a los justos, sino a los pecadores. Hoy Jes&uacute;s ha venido a buscar a Tom&aacute;s, a encontrarse con &eacute;l, a hacerle part&iacute;cipe de su gozo. Jes&uacute;s busca a cada hombre, a cada persona. Y los busca, no porque necesite de nosotros. &Eacute;l est&aacute; en la gloria. Nos busca, porque quiere hacernos part&iacute;cipes de su gozo y de su gloria. Cuando uno quiere a otra persona, quiere comunicarle al otro los bienes que &eacute;l tiene. Jes&uacute;s, al acercarse a Tom&aacute;s, se pone a su altura. Tom&aacute;s hab&iacute;a dicho: &ldquo;Si no meto mi mano en su costado, no creer&eacute;&rdquo; (Jn 20, 25), y Jes&uacute;s le dice precisamente eso: &ldquo;Trae tu mano y m&eacute;tela en mi costado&rdquo; (Jn 20, 27). La fe viene de lo alto, es un don de Dios, nunca una elucubraci&oacute;n humana ni el fruto de un esfuerzo nuestro. La fe no es fruto de la raz&oacute;n. Pero, al mismo tiempo, la fe no va contra la raz&oacute;n, sino que se hace razonable verific&aacute;ndose en los signos que Dios pone a nuestro alcance. Jes&uacute;s le da se&ntilde;ales a Tom&aacute;s de que &Eacute;l est&aacute; resucitado, de que ha superado la muerte y est&aacute; vivo de una manera nueva. Satisfecha esa pregunta, Tom&aacute;s est&aacute; abierto al don de la fe que Jes&uacute;s le infunde en su coraz&oacute;n. &ldquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&rdquo; (Jn 20, 28), dice Tom&aacute;s en actitud adorante, postrado de rodillas ante su Se&ntilde;or. Tom&aacute;s entonces vio a Jes&uacute;s con ojos nuevos, se encontr&oacute; con Jes&uacute;s resucitado, y &eacute;l mismo se sent&iacute;a un hombre nuevo. La gran misericordia que Jes&uacute;s ha tenido con Tom&aacute;s, por causa de su incredulidad, es la misericordia que Jes&uacute;s quiere tener con cada uno de nosotros, que somos pecadores como Tom&aacute;s. La incredulidad de Tom&aacute;s ha sido ocasi&oacute;n para una misericordia m&aacute;s grande, pues donde abund&oacute; el pecado, sobreabund&oacute; la gracia. En estos d&iacute;as de Pascua nos acogemos especialmente a esa Divina Misericordia y le pedimos a Jes&uacute;s que nos salga al encuentro como lo hizo con Tom&aacute;s, el incr&eacute;dulo. Celebremos este domingo de la misericordia del Se&ntilde;or confesando y comulgando y haciendo un rato de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, una visita al Se&ntilde;or en el Sagrario, d&aacute;ndole gracias por su pasi&oacute;n que debi&oacute; ser nuestra porque nuestros son los pecados y por los pecados del mundo y de nuestros hermanos o hijos. Vengamos alg&uacute;n d&iacute;a entre semana a misa, que es la acci&oacute;n de gracias, eucarist&iacute;a, que Cristo da al Padre por nuestra salvaci&oacute;n. Somos eternos, iremos al cielo. *********************************** III DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 3,13-15. 17-19 En los domingos despu&eacute;s de Pascua las lecturas del Antiguo Testamento son sustituidas por los Hechos de los Ap&oacute;stoles, que, a trav&eacute;s de la predicaci&oacute;n primitiva, testimonian la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y demuestran c&oacute;mo la Iglesia naci&oacute; en nombre del Resucitado. En la primera Lectura de hoy, San Pedro presenta la resurrecci&oacute;n de Cristo como cumplimiento de los designios salvadores de Dios, mediante su muerte, realizada por la ignorancia de los jud&iacute;os. Pedro exhorta al arrepentimiento y a la conversi&oacute;n para recibir los frutos de la salvaci&oacute;n por el perd&oacute;n de los pecados, incluido el haber matado al autor de la vida. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan, 1-5&ordf; A esto mismo se refiere esta Lectura de Juan. No puede tener adhesi&oacute;n al pecado, quien ha conocido a Cristo morir por los pecados. Todos somos pecadores, pero debemos arrepentirnos, porque tenemos un abogado que consigue ese perd&oacute;n, habiendo muerto por ellos: &ldquo;&Eacute;l es v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados, no s&oacute;lo por los nuestros, sino tambi&eacute;n por los del mundo entero&rdquo;. San Juan nos dice que, adem&aacute;s de no pecar, todo el que quiere amar a Dios, debe cumplir sus mandamientos. No puede uno arrepentirse o decir de verdad que ama a Dios y luego no esforzarse en cumplir su voluntad. EVANGELIO DEL III DE PASCUA: EMA&Uacute;S (S. Lucas 24,35-48) QUERIDOS HERMANOS: Los cincuenta d&iacute;as que median entre Pascua y Pentecost&eacute;s son como una celebraci&oacute;n ininterrumpida del misterio pascual, de la resurrecci&oacute;n de Cristo, anticipo de la nuestra, que celebramos cada domingo, llamado as&iacute;, domingo- del lat&iacute;n dominicus-d&iacute;a del Se&ntilde;or, porque es el d&iacute;a en que resucit&oacute; el Se&ntilde;or y la Eucarist&iacute;a dominical no solo lo recuerda sino que lo hace singularmente presente para todos los hombres de todos los tiempos. 2.- El evangelio de hoy nos dice que el mismo d&iacute;a de la Pascua por la tarde, Jes&uacute;s, bajo las apariencias de un caminante, se junta a dos disc&iacute;pulos que se dirig&iacute;an a Ema&uacute;s y hablaban entre s&iacute; de los hechos acaecidos en Jerusal&eacute;n el viernes anterior. Ellos, como Mar&iacute;a Magdalena en el jard&iacute;n, tampoco le reconocen al Se&ntilde;or porque cre&iacute;an que todo hab&iacute;a terminado con su muerte y por es por eso precisamenteo por lo que se marchan decepcionados de Jerusal&eacute;n: &ldquo;Nosotros esper&aacute;bamos que &Eacute;l fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos d&iacute;as que sucedi&oacute; todo esto&rdquo;. Este hecho de los dos dicipulos de Ema&uacute;s es muy importante para los hombres de todos los tiempos porque vemos que ellos le siguieron a Cristo porque esperaban triunfos y &eacute;xitos materiales y por eso le siguieron hasta su muerte donde vieron fracasar todas su esperanzas con su muerte. 3.-Y vemos por otra parte en estos hechos, c&ograve;mo Jes&uacute;s, el mismo que est&aacute; en este y en todos los Sagrarios de la tierra y que hab&iacute;a venido lleno de fuego y amor a los hombres &uacute;nicamene para salvarnos, para conseguirnos la resurrecci&oacute;n y la vida eterna para todos, vemos que les dice lo que tal vez nosotros hemos escuchado alguna vez cuando solo buscamos y pedimos intereses ego&iacute;stas: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! &iquest;No era necesario que el Mes&iacute;as padeciera todo esto para entrar as&iacute; en su gloria?&rdquo;. Como vosotras y todos los verdaderos seguidores de Cristo, tenemos que sufrir y purificarnos de nuestros egoismos para entrar en la amistad con &Eacute;l Hermanos, nosotros y todos los humanos lo primero que buscamos y rezamos y pedimos incluso cuando buscamos a Dios en la vida cristiana es el &eacute;xito, la saluz, el dinero y lo que les impide aceptar a Cristo alos dos disc&iacute;pulos y a tantos y tantos hombres de todos los tiempos y de todas las culturas, lo que nos impide aceptar a Cristo es verlo desnudo y crucificado por amor a nosotros, a todos los hombre, porque, como dijo San Pablo, eso &ldquo;es necedad para los griegos y esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os&rdquo;. Lo que ellos quieren y el mundo entero y los humanos de todos los tiempos es un Dios, un Mes&iacute;as de gloria y triunfos, que nos abra las puertas de la prosperidad material y del dinero, y del &eacute;xito y poder humano; como sigue ocurriendo hoy d&iacute;a. Esta es la crisis del cristianismo incluso dentro de la Iglesia, por eso muchos se han alejado de la Iglesia y de Cristo, porque no da &eacute;xitos materiales y por eso no hay vocaciones y el cristianismo en Espa&ntilde;a y Europa sufre una huida de los hombre y mujeres de sobre todo de 50 a&ntilde;os para abajo, lo podemos ver y comprobar en nuestras parroquias. Por eso se han alejado muchos cat&oacute;licos de la Iglesia y de Cristo, y laa pol&iacute;tica no favorece a la Iglesia, sobre todo en los tiempos actuales. La Iglesia no da dinero, &eacute;xito material, es m&aacute;s te complica tu vida de egoismos y placeres. Por favor, que no nos pase a nosotros sacerdotes y religosas lo mismo, buscar m&aacute;s e interesarnos m&aacute;s lo material que lo espiritual. Tenemos que aprender y no olvidar tan pronto las lecciones de Cristo y de su evangelio. 4.- Y &ldquo;comenzando por Mois&eacute;s y siguiendo por los profetas les explic&oacute; lo que se refer&iacute;a a &Eacute;l en toda la Escritura&rdquo;. Y los dos disc&iacute;pulos escuchan complacidos todo lo que les explica el caminante. Esta es la segunda y m&aacute;s importante lecci&oacute;n, la importancia en nuestra vida de escuchar a Cristo todos los d&iacute;as por la oraci&oacute;n: Hay que hablar con Cristo, la oraci&oacute;n es camino absolutamente necesario para ser cristiano de verdad, para vivir la fe, para conocer y amar a Jesucristo, para ser cristiano y vivir la vida cristiana, para salvarse: &iquest;No ard&iacute;a nuestro coraz&oacute;n mientras nos explicaba las Escrituras? Hermanos, que no nos falte el hablar todos los d&iacute;as y revisarnos ante Cristo ante el Sagrario, en la oraci&oacute;n vigilante, en ratos de oraci&oacute;n todos los d&iacute;as y sentir&aacute;s a Cristo vivo y resucitado en tu vida, en tu coraz&oacute;n, al Cristo del cielo y del Sagrario. En esto insitir&eacute; toda mi vida, porque es el primero y principal camino que conozco y he seguido para conocer y amar a Cristo y sentirlo, de superar las pruebas y dificultades de la fe hasta llegar a la experiencia de Cristo, vivo y resucitado en el cielo, pero para nosotros, caminantes, en todos los Sagrarios de la tierra. Y aqu&iacute; ten&eacute;is que encontrarlo si quer&eacute;is amarlo totalmente y ser religiosas felices. (Ma&ntilde;ana continuar&eacute; para no alargarme). 5.- Cuando el misterioso viandante est&aacute; para dejarles, los dos disc&iacute;pulos le ruegan diciendo: &ldquo;Qu&eacute;date con nosotros, porque atardece y el d&iacute;a va de ca&iacute;da&rdquo;. Y esta caridad, esta hospitalidad les honra a los dos disc&iacute;pulos. Y &ldquo;sentado a la mesa con ellos, tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio&rdquo;. Entonces a ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron. Como a nosotros cuando no solo cantamos o comemos la Eucarist&iacute;a sino que nos ofrecemos con &Eacute;l al Padre y comulgamos con su amor hasta el extremo, con sus sentimientos de entrega yamor a Dios y a nuestros hermanos los hombres. Queridos hermanos, esta es la tercera lecci&oacute;n de este evangelio: que a nosotros tambi&eacute;n se nos abran los ojos de la fe y veamos a Cristo cuando celebramos o participamos en la Eucarist&iacute;a, cuando comulgamos esta tarde, es el mismo Cristo de Ema&uacute;s, con el mismo amor y las mismas intenciones de encontrarnos, de llenarnos de su vida y amor esta tarde, es la misma misa, la misma comuni&oacute;n del mismo pan eucar&iacute;stico de los de Ema&uacute;s. Hermanos, tengamos m&aacute;s fe y amor al celebrarla y comulgar el pan Cristo; el camino ha sido la meditaci&oacute;n que Jes&uacute;s les ha dado, la oraci&oacute;n, explic&aacute;ndoles los textos de la Escritura, referentes al Mes&iacute;as, como a nosotros; pero la fe viva y la experiencia de la fe, como encuentro personal de amistad con Cristo, ha venido al partir el pan y bendecirlo, consagrarlo. Hermanos, hermanas, si tu amor y nuestra fe de creyentes est&aacute; fr&iacute;a entoces no ve ni siente a Cristo en el Sagrario o en la misa o en la Comuni&oacute;n, es incapaz de sentir al Se&ntilde;or y transformar nuestra vida, y esto se debe principalmente como he dicho a la falta de oraci&oacute;n y de intimidad eucar&iacute;stica y personal con Jesucristo Eucarist&iacute;a. &iquest;T&uacute; hablas, visitas, meditas todos los d&iacute;as un poco ante Cristo Eucarist&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo son nuestros ratos de oraci&oacute;n, de eucarist&iacute;a, de Sagrario todos los d&iacute;as, qu&eacute; pena dentro de la misma parroquia lo poco o nada que se ve a sus sacerdotes en oraci&oacute;n, ante el Sagrario&hellip; &Eacute;ste es mi convencimiento y el t&iacute;tulo que puse al primero de mis libros: &ldquo;LA EUCARIST&Iacute;A, LA MEJOR ESCUELA DE ORACI&Oacute;N, SANTIDAD Y APOSTOLADO&rdquo;. En el pr&oacute;logo del libro escribo: &ldquo;Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, &ldquo;el que nos ama&rdquo;, el que est&aacute; en el sagrario nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse. Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo que tanto necesita la Iglesia de todos los tiempos, especialmente la actual, y especialmente en sus obispos y sacerdotes. Que nuestra fe y oraci&oacute;n y amor a Cristo Eucarist&iacute;a se manifieste en nuestro silencio, respeto, veneraci&oacute;n permanente y continua ante los Sagrarios donde Cristo est&aacute; vivo y presente. Queridos hermanos: Que somos eternos, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que para eso vino, muri&oacute; y resucit&oacute; Cristo y se qued&oacute; en el Sagrario y celebramos su resurrecci&oacute;n en cada misa y comulgamos para llevarnos aqu&iacute; en la tierrra a una amistad sentida y verdadera y empezar ya el sielo de la vida eterna. Venid m&aacute;s a visitarle, a misa, y procuremos no solo comer, sino comulgar su vida nueva y resucitada en nosotros por la gracia y amistad con &Eacute;l. *************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.-Ser&iacute;a bueno que medit&aacute;ramos, al comenzar esta homil&iacute;a, sobre las primeras palabras del Evangelio, referentes a los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, que han vuelto llenos de gozo por haber reconocido a Jes&uacute;s, mientras se encend&iacute;a su coraz&oacute;n, al escucharle la explicaci&oacute;n de las Escrituras y celebrar la Eucarist&iacute;a con &Eacute;l: &ldquo;En aquel tiempo contaban los disc&iacute;pulos lo que les hab&iacute;a acontecido en el camino y c&oacute;mo reconocieron a Jes&uacute;s en el partir del pan.&rdquo; Mucho ten&iacute;amos que aprender todos, los que predicamos y los que escuchan de este comportamiento de Cristo y los dos disc&iacute;pulos. 2.-En primer lugar, hay que escuchar primero al Se&ntilde;or para luego predicar; ya dijo el Se&ntilde;or en otra ocasi&oacute;n: &ldquo;sin mi no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; y menos tratar de entusiasmar a la gente con su persona y evangelio, cuando el mismo que predica no tratar de vivir totalmente unido por amor y vida de gracias a Cristo. Muchas veces nuestras predicaciones y homil&iacute;as casan y aburren y no entusiasman en el seguimiento de Cristo por que el mismo predicador, el catequista, el padre de familia no vive en esta din&aacute;mica y nadie pueda dar lo que no tiene. Haber pasado largos ratos de oraci&oacute;n con el que le env&iacute;a es imprescindible para poder predicar en su nombre, esto es, en su lugar, con sus mismos sentimientos y actitudes. La oraci&oacute;n es la que nos hace que le conozcamos mejor y nos entusiasmemos con &Eacute;l, lleguemos a su intimidad: &laquo;que no es otra cosa oraci&oacute;n mental sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama&raquo; (Santa Teresa V 8,5). Parece como si la santa hubiera hecho esta descripci&oacute;n mirando al Sagrario, porque all&iacute; es donde est&aacute; m&aacute;s presente el que nos ama: Jesucristo vivo, vivo y resucitado. De esta forma, Jesucristo presente en el Sagrario, se convierte en el mejor maestro de oraci&oacute;n, y el Sagrario, en la mejor escuela. Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, &laquo;el que nos ama&raquo; nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse. Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo. Esto me parece que es la santidad cristiana. De esta forma, la escuela de amistad pasa a ser escuela de santidad. Finalmente y como consecuencia l&oacute;gica, esta vivencia de Cristo eucarist&iacute;a, trasplantada a nosotros por la uni&oacute;n de amor y la experiencia, se convierte o nos transforma en llamas de amor viva y apost&oacute;lica: la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de apostolado. Ni un solo ap&oacute;stol, ni un solo santo que no haya hecho largos ratos de oraci&oacute;n y no haya sido eucar&iacute;stico. Ni uno solo que no haya sentido necesidad de Eucarist&iacute;a, de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que no la haya vivido y amado, ni uno solo. All&iacute; lo aprendieron todo. Y de aqu&iacute; sacaron la luz y la fuerza necesarias para desarrollar luego su actividad o el carisma propio de cada uno, muy diversos unos de otros, pero todos bebieron en la fuente de la Eucarist&iacute;a, que mana y corre siempre abundantemente, Aaunque es de noche@, aunque tiene que ser por la fe. Todos pusieron all&iacute; su tienda, el centro de sus miradas, pasando todos los d&iacute;as largos ratos con &Eacute;l, primero en fe seca, como he dicho, a palo seco, sin sentir gran cosa, luego poco a poco pasaron de acompa&ntilde;ar al Se&ntilde;or a sentirse acompa&ntilde;ados, ayudados, fortalecidos, una veces rezando, otras leyendo, otras meditando con libros o sin libros, en oraci&oacute;n discursiva, mental, avanzando siempre en amistad personal, otras, m&aacute;s avanzados, dialogando, &laquo;tratando a solas&raquo;, trato de amistad, oraci&oacute;n afectiva, luego con una mirada simple de fe, con ojos contemplativos, silencio, quietud, simple mirada, recogimientos de potencias, una etapa importante, se acab&oacute; la necesidad del libro para meditar y empieza el t&uacute; a t&uacute;, simple mirada de amor y de fe, &laquo;noticia amorosa&raquo; de Dios, &laquo;ciencia infusa,&raquo; &laquo;contemplaci&oacute;n de amor&raquo;. Se&ntilde;or, ahora empiezo a creer de verdad en T&iacute;, a sentir tu presencia y ayuda, ahora s&iacute; que s&eacute; que eres verdad y vives de verdad y est&aacute;s aqu&iacute; de verdad para m&iacute;, no s&oacute;lo como objeto de fe sino tambi&eacute;n de mi amor y felicidad. Hasta ahora he vivido de fe heredada, estudiada, examinada y aprobada, que era cosa buena y estaba bien, pero no me llenaba, porque muchas veces era puro contenido te&oacute;rico; ahora, Se&ntilde;or, te siento viviente, por eso me sale espont&aacute;neo el di&aacute;logo contigo, ya no digo Dios, el Se&ntilde;or, es decir, no te trato de Ud, sino de t&uacute; a t&uacute;, de amigo a amigo, mi fe es m&iacute;a, es personal y viva y afectiva, no puramente heredada, me sale el di&aacute;logo y la relaci&oacute;n directa contigo. Te quiero, Se&ntilde;or, y te quiero tanto que deseo voluntariamente atarme a la sombra de tu santuario, para permanecer siempre junto a ti, mi mejor amigo. 3.- &ldquo;Mientras hablaban, se present&oacute; Jes&uacute;s en medio de sus disc&iacute;pulos y les dijo: &laquo;Paz a vosotros&raquo;. Llenos de miedo por la sorpresa, cre&iacute;an ver un fantasma&rdquo;. Este saludo del Se&ntilde;or llega con todo su esplendor y su fuerza hasta nosotros esta ma&ntilde;ana a trav&eacute;s de los siglos. Paz a todos los hombres, porque Cristo ha pagado totalmente ante el Padre toda la deuda y ya tenemos entrada en la amistad con Dios, en la vida eterna, en la resurrecci&oacute;n y en la vida del Resucitado. &iexcl;Ha resucitado!: &ldquo;&iquest;por qu&eacute; os alarm&aacute;is? &iquest;Por qu&eacute; surgen dudas en vuestro interior&hellip;Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona, palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo &laquo;como lo hab&iacute;a predicado&raquo;&rdquo;. Queridos hermanos, Cristo ha resucitado y vive eternamente como lo hab&iacute;a predicho. Su resurrecci&oacute;n tiene un indudable valor apolog&eacute;tico. Un conocido estudioso de nuestro siglo, Romano Guardini, meditando en el Misterio pascual y en sus consecuencias para la vida del creyente y de la Iglesia, afirma que &laquo;la fe cristiana se mantiene o se pierde en la medida en que se cree o no se cree en la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. La resurrecci&oacute;n no es un fen&oacute;meno mitol&oacute;gico, que la fe hubiera tomado de la historia, y que m&aacute;s tarde pudo desaparecer sin perder su contenido: es su centro&raquo; (ROMANO GUARDINI, El Se&ntilde;or, parte VI, 1). El anuncio de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo es el centro de la fe. De la adhesi&oacute;n d&oacute;cil y firme a este misterio brota el aut&eacute;ntico seguimiento y toda la vida cristiana y todo el apostolado con su misi&oacute;n salv&iacute;fica a la espera de la vuelta gloriosa del Se&ntilde;or Jes&uacute;s. A la luz de esta verdad evang&eacute;lica tan fundamental, se comprende plenamente que Jesucristo y solo Jesucristo es realmente el camino, la verdad y la vida, la luz del mundo y el &uacute;nico Salvador de los hombres. Si Cristo ha resucitado, la vida tiene un sentido trascendente y cristoc&eacute;ntrico. Si Cristo ha resucitado, la muerte ha sido vencida, somos eternos, viviremos eternamente en Dios. Si Cristo ha resucitado, vivamos ya la vida nueva, tengamos el coraz&oacute;n en Dios, bien supremo y absoluto de nuestra vida: &ldquo;Ya que hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all&aacute; arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la derecha del Padre&hellip;&rdquo; Os invito a vivir esta alegr&iacute;a en estos d&iacute;as de la Pascua de la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. &iexcl;El Se&ntilde;or ha resucitado! ******************************************** DOMINGO IV DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 8-12 La resurrecci&oacute;n de Cristo, que conmemoramos y hacemos presente en la Eucarist&iacute;a, es la fuerza que salva a los cristianos de todos los tiempos de todas las dificultades: &ldquo;Jes&uacute;s es la piedra&hellip; que se ha convertido en piedra angular&hellip; y bajo el cielo no se ha dado otro nombre que pueda salvarnos.&rdquo; La vida de la Iglesia siempre estar&aacute; marcada por la persecuci&oacute;n al Evangelio, como ya profetiz&oacute; el Se&ntilde;or, especialmente en el ministerio de la predicaci&oacute;n. Porque la causa principal de la misma ser&aacute; siempre la proclamaci&oacute;n del poder salvador del nombre de Jes&uacute;s. Otra situaci&oacute;n que se repite la Iglesia de todos los tiempos es el contraste entre el pueblo que cree y las autoridades que persiguen a los evangelizadores. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3, 1-2 Nosotros somos hijos de Dios, porque el Padre nos ha hecho part&iacute;cipes de su vida divina por la gracia del santo Bautismo. Esta nueva naturaleza, comunicada gratuitamente por el amor de Dios, no puede poseerla el mundo. La filiaci&oacute;n divina no es una imagen sino una realidad, que todav&iacute;a no se ha manifestado en plenitud, porque lo vivimos entre sombras y dificultades en este mundo, pero que se manifestar&aacute; en el cielo en toda su grandeza. Por eso se convierte en fuente de inagotable esperanza, que vence todas las dificultades de este mundo hostil a la fe cristiana. Esta vida, sembrada por el bautismo como semilla, debe desarrollarse cada d&iacute;a m&aacute;s en todos los hijos de Dios. DOMINGO IV DE PASCUA: EL BUEN PASTOR: El testimonio suscita vocaciones QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Celebramos en este domingo IV de Pascua, domingo del &ldquo;Buen Pastor&rdquo;, La Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las Vocaciones, tan necesarias hoy en la Iglesia y esto me ofrece la oportunidad de proponeros una breve reflexi&oacute;n sobre el tema y lo quiero hacer en concreto sobre una realidad que todos hemos podido vivir y comprobar en nuestras vidas y en nuestra experiencia sacerdotal y apost&oacute;lica y es esto: que El testimonio sacerdotal suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, el suscitar vocaciones en nuestras parroquias, en la Iglesia, depende primariamente de la acci&oacute;n gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, esta llamada divina est&aacute; favorecida tambi&eacute;n por la cualidad y la riqueza del testimonio personal del sacerdote, del p&aacute;rroco y el ambiente eucar&iacute;stico y comunitario que se cree en la misma parroquia, de cuantos han respondido en la parroquia ya a la llamada del Se&ntilde;or en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con la misma generosidad a la llamada de Cristo. Como hemos podido comprobar en nuestras vidas este tema est&aacute;, pues, estrechamente unido a la vida y a la misi&oacute;n de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitaros (esta tarde) en primer lugar ante la presencia de Cristo Sacerdote &Uacute;nico a todos los que el Se&ntilde;or ha llamado a trabajar en su vi&ntilde;a a renovar nuestra fiel respuesta a su elecci&oacute;n y llamada, teniendo siempre muy presente en este d&iacute;a a esos hemanos nuestros sacerdotes ya en el cielo y a los que hoy en medio de dificultades siguen trabando por el reino de Dios entre los hombres. Como sab&eacute;is sobre este tema hay muchos y muy buenos documentos de los Papas y sacerdotes, incluso en alguno de mis libros dedicados &uacute;nicamente a este tema. Yo, por brevedad, quiero limitarme a meditar sobre tres aspectos que considero los m&aacute;s importantes de nuestra vida del presb&iacute;tero, esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz que suscite vocaciones. El primer elemento fundamental y reconoscible de toda vocaci&oacute;n al sacerdocio y a la vida consagrada es la amistad con Cristo. Jes&uacute;s viv&iacute;a en constante uni&oacute;n con el Padre, y esto era lo que suscitaba en los disc&iacute;pulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo de &Eacute;l la comuni&oacute;n y el di&aacute;logo incesante con Dios. De este tema hablo en casi todos mis libros pero dos est&aacute;n especialmente dedicados a este tema. Personalmente todos los d&iacute;as rezo por las vocaciones, y lo expreso as&iacute;, los primero que pido todos los d&iacute;as y que Dios sea reconocido, amado y santificado en el mundo entero, eso es lo primero; en segundo lugar pido por el Papa y la santidad de la Iglesia, especialmente de los obispos, sacerdotes&hellip; en 3&ordm; lugar por mi amada Di&oacute;cesis de Plasencia, por su obispo&hellip; luego por mi parroquia de S. Pedro&hellip;. Queridos hermanos y hermanas, para que el sacerdote sea el &ldquo;hombre de Dios&rdquo;, que pertenece a Dios y que dedica su vida a darlo a conocer y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda intimidad con &Eacute;l por medio de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria que tantas veces predico. La oraci&oacute;n es el primer testimonio y canal de gracia para sus feligreses y que suscita amor y conocimiento de Dios y vocaciones para la tarea sacerdotal. Como el ap&oacute;stol Andr&eacute;s, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente quien quiere ser disc&iacute;pulo y testigo de Cristo debe haberlo &ldquo;visto&rdquo; personalmente, debe haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo ya estar con &Eacute;l para predicarlo y que todos le sigan. Por lo tanto, el p&aacute;rroco debe ser hombre de oraci&oacute;n para vivir el amor y la vida de Cristo y que todos los d&iacute;as sus feligreses le vean junto al Sagrario y puedan comprobar que es verdad lo que predica. Porque c&oacute;mo entusiasmar con Cristo y su evangelio y hacer que otros le sigan si a ti, p&aacute;rroco, no te ven todos los d&iacute;as junto a &Eacute;l en di&aacute;logo de amor y seguimiento. Necesitamos p&aacute;rrocos orando ante el Sagrario todos los d&iacute;as que es donde m&aacute;s presente y con m&aacute;s amor lo encuentramos y as&iacute; susciten imitadores y seguidores. Y de aqu&iacute; surge el segundo aspecto de la consagraci&oacute;n sacerdotal y de la vida religiosa que es el don total de s&iacute; mismo a Dios y a los hermanos. Escribe el ap&oacute;stol Juan: &ldquo;En esto hemos conocido lo que es el amor: en que &eacute;l ha dado su vida por nosotros. Tambi&eacute;n nosotros debemos dar la vida por los hermanos&rdquo; (1 Jn 3, 16). Desde la oraci&oacute;n diaria y conversi&oacute;n permanente de amor ante Cristo Eucarist&iacute;a surge la identificaci&oacute;n total con &Eacute;l en el amor a los hermanos y desde ah&iacute; &Eacute;l &uacute;nico sacerdote y buen pastor alimenta su espiritu sacerdotal de entrega total a Dios y a los hermanos en nosotros sus sacerdotes, sus encarnaciones de amor y entrega total a Dios y a los hermanos. Por eso, la historia de cada vocaci&oacute;n va unida casi siempre con el testimonio de un sacerdote, de nuestros p&aacute;rrocos que viv&iacute;an con alegr&iacute;a el don de s&iacute; mismo a los hermanos por el Reino de los Cielos y tambi&eacute;n por el amor a Cristo de nuestras madres eucar&iacute;sticas sacerdotales. Es que la cercan&iacute;a de un sacerdote o p&aacute;rroco fervoroso y eucar&iacute;stico, no digamos de una madre, son capaces de suscitar amor a Cristo Eucarist&iacute;a y vocaciones sacerdotales y religiosas. Por &uacute;ltimo, queridos hermanos y hermanas, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comuni&oacute;n. Jes&uacute;s indic&oacute;, como signo distintivo de quien quiere ser su disc&iacute;pulo, la profunda comuni&oacute;n en el amor: &ldquo;Por el amor que os teng&aacute;is los unos a los otros reconocer&aacute;n todos que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os&rdquo; (Jn 13, 35). De manera especial, el sacerdote en su parroquia y en casas de acogida y permanencia como la nuestra, debe ser hombre de comuni&oacute;n, abierto a todos, capaz de caminar unido con todos los que la habitan en diversidad de edades, mentalidades, gustos. En una parroquia o en una casa como la nuestra nadie debe sentirse solo o extra&ntilde;o o no cuidado y amado. Y en este sentido todos los sacerdotes pero especialmente los que estamos jubilados y vivimos en casas hogares de mayores como el nuestro debemos de tener muy presentes estos aspectos porque si los j&oacute;venes del mundo ven sacerdotes muy aislados y tristes incluso en sus parroquias, entonces no se sentir&aacute;n muy animados a seguir sus vidas y su ejemplo; se sentir&aacute;n muy indecisos cuando vena y puedan creer que &eacute;se es el futuro de un sacerdote. Queridos hermanos, que tengamos todo esto en cuenta incluso para la promoci&oacute;n de vocaciones porque si los cristianos, los cat&oacute;licos especialmente padres y madres, ven a los sacerdotes, a los p&aacute;rrocos de una ciudad, de una di&oacute;cesis, que no se tratan mucho, o pasean juntos o que se preocupan los unos por los otros, ese comportamiento no engendr&aacute; entusiasmo no solo en padres y madres posiblemente sacerdotales, es que ni en monaguillos ni en j&oacute;venes y dem&aacute;s personas de los movimientos ap&oacute;stolicos. Por tanto, es importante llevar una vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote. Entonces, el joven dir&aacute;:" me gusta esto, s&iacute; este puede ser mi futuro, lo pensar&eacute; tambi&eacute;n para m&iacute;, porque me gusta&rdquo;. El Concilio Vaticano II, refiri&eacute;ndose al testimonio que suscita vocaciones, subraya el ejemplo de caridad y de colaboraci&oacute;n fraterna entre s&iacute; que deben ofrecer los sacerdotes (cf. Optatam totius, 2). Esto vale tambi&eacute;n para la vida consagrada. La existencia misma de los religiosos y de las religiosas habla del amor de Cristo, cuando le siguen con plena fidelidad al Evangelio y asumen con alegr&iacute;a sus criterios de juicio y conducta. Llegan a ser &ldquo;signo de contradicci&oacute;n&rdquo; para el mundo, cuya l&oacute;gica est&aacute; inspirada muchas veces por el ego&iacute;smo y el individualismo. Su fidelidad y la fuerza de su testimonio, porque se dejan conquistar por Dios renunciando a s&iacute; mismos, sigue suscitando en el alma de muchos j&oacute;venes el deseo de seguir a Cristo para siempre, generosa y totalmente. Imitar a Cristo casto, pobre y obediente, e identificarse con &Eacute;l: he aqu&iacute; el ideal de la vida consagrada, testimonio de la primac&iacute;a absoluta de Dios en la vida y en la historia de los hombres. Todo presb&iacute;tero, todo consagrado y toda consagrada, fieles a su vocaci&oacute;n, transmiten la alegr&iacute;a de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones espec&iacute;ficas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer m&aacute;s vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de sacerdotes y religiosas, de todos los que ya han dicho su &ldquo;s&iacute;&rdquo; a Dios y al proyecto de vida que &Eacute;l tiene sobre cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animar&aacute; a los j&oacute;venes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro. Para ayudarles es necesario el arte del encuentro y del di&aacute;logo capaz de iluminarles y acompa&ntilde;arles, a trav&eacute;s sobre todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocaci&oacute;n. (Carta para la convocaci&oacute;n del A&ntilde;o Sacerdotal, 16 junio 2009).)) Que esta Jornada Mundial de oraci&oacute;n por las vocaciones ofrezca de nuevo una preciosa oportunidad a muchos j&oacute;venes, ellos y ellas, para reflexionar sobre su vocaci&oacute;n, entreg&aacute;ndose a ella con sencillez, confianza y plena disponibilidad. Que la Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, fidel&iacute;sima a su vocaci&oacute;n a&uacute;n sin entenderla en un principio ayude tambi&eacute;n a las y los j&oacute;venes de hoy d&iacute;a a poder decir: &ldquo;Ha aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo; y custodie hasta el m&aacute;s peque&ntilde;o germen de vocaci&oacute;n en el coraz&oacute;n de quienes el Se&ntilde;or llama a seguirle m&aacute;s de cerca, hasta que se conviertan en &aacute;rbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Rezemos por esta intenci&oacute;n, en esta jornada mundial por las vocaciones, y que algunos de nosotros rezamos todos los d&iacute;as por esta intenci&oacute;n. *************************************** LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 10, 11-18 QUERIDOS HERMANOS: El misterio pascual se no presenta este domingo bajo la imagen de Jes&uacute;s, buen Pastor y piedra angular de la Iglesia.Para entender el sentido de la imagen de Jes&uacute;s como pastor, hay que trasladarse al ambiente cultural pastoril de su &eacute;poca. Hoy, la imagen del pastor tiene s&oacute;lo connotaciones rom&aacute;nticas, y la imagen de reba&ntilde;o se usa m&aacute;s bien en sentido negativo, despectivo, como borreguil. Al hombre de hoy no le gusta ser &laquo;oveja&raquo; y no se entusiasma ante la idea de ser Pastor. Pero en tiempos de Jes&uacute;s no era as&iacute;. Para los orientales el pastoreo era una gran profesi&oacute;n: los reyes de los sumerios, acadios o los egipcios les gustaba representarse como pastores de su pueblo. El Antiguo Testamento adopta todas estas im&aacute;genes. Los reyes de Israel son presentados como &laquo;pastores&raquo; de su pueblo llamados a guiarle a los pastos de la vida. Los profetas Ezequiel, Isa&iacute;as, Jerem&iacute;as y los salmos presentan al Mes&iacute;as bajo la figura de pastor. En el mundo b&iacute;blico la imagen del pastor no tiene nada de connotaciones rom&aacute;nticas o negativas. El pastor vive en un mundo dif&iacute;cil, lleno de peligros, en el que no faltan los ladrones, los lobos y alima&ntilde;as contra los cuales el pastor debe estar bien preparado y apercibido para luchar contra ellos. Todo esto que han anunciado los profetas, Jes&uacute;s se lo aplica a s&iacute; mismo. As&iacute; lo expresa hoy San Juan en su evangelio: El buen pastor no abandona el reba&ntilde;o en la hora del peligro, como hace el mercenario, sino que se entrega a si mismo a los enemigos hasta dar la vida por la ovejas para ponerlas a salvo: &ldquo;El buen pastor da la vida por las ovejas&rdquo; (Jn 10,11). Y no lo hace a la fuerza, sino que es fruto de su amor extremo por las ovejas: &ldquo;Nadie me quita la vida, soy yo quien la doy por m&iacute; mismo&rdquo;. En este misterio de la misericordia infinita, el amor de Jes&uacute;s se entrelaza y se confunde con el amor del Padre. El Padre es quien lo ha enviado para que los hombres tengan en &Eacute;l al Pastor que los guarde y se asegure la verdadera vida. Dice San Juan en la segunda Lectura: &ldquo;Ved qu&eacute; amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos&rdquo; (1Jn 3, 1). El Padre nos ha dado este amor en el Hijo, que por medio de su sacrificio, ha librado a los hombres del pecado y los ha hecho participantes no s&oacute;lo de un nombre, sino de un nuevo modo de ser, de una nueva vida: el ser y la vida de hijos de Dios. En virtud de la obra redentora de Cristo, todo hombre est&aacute; llamado a formar parte de una &uacute;nica familia, que tiene a Dios, por Padre, y de un &uacute;nico reba&ntilde;o, que tiene por &uacute;nico Pastor, a Cristo. Este reba&ntilde;o y esta familia se identifican con la Iglesia, de la cual, como dice San Pedro, en la primera Lectura, Jes&uacute;s es la piedra fundamental: &ldquo;&Eacute;l es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser piedra angular&rdquo; (Hch 4,11). Cristo, buen pastor y piedra angular de la Iglesia, es la &uacute;nica esperanza de salvaci&oacute;n para todo el g&eacute;nero humano: &ldquo;Pues ning&uacute;n otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo&hellip; por el cual podamos ser salvos&rdquo; (Hch 12). Por eso la urgencia de cumplir el mandato de Cristo: &ldquo;Tengo otras ovejas que no son de este redil, y es preciso que yo las traiga&rdquo;. De hecho son innumerables las ovejas que no pertenecen a la Iglesia y deben o&iacute;r &ldquo;su voz&rdquo;. La oir&aacute;n a trav&eacute;s de nosotros, porque todo creyente debe comprometerse en esta misi&oacute;n salvar a los hermanos haci&eacute;ndole entrar dentro del reba&ntilde;o de Cristo con la palabra, con la oraci&oacute;n, con el sacrificio, para conducir a las extraviadas, a las equivocadas y olvidadizas hasta el aprisco de Cristo, para que sea cumplido el deseo de Cristo, de que haya &ldquo;un solo reba&ntilde;o y un solo pastor&rdquo;. El evangelio del d&iacute;a nos sugiere una &uacute;ltima reflexi&oacute;n: &ldquo;Conozco a mis ovejas &ndash; dice Jes&uacute;s &ndash; y las m&iacute;as me conocen a mi, como el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre&rdquo; (Jn 10,14-15). No se trata de un simple conocimiento te&oacute;rico, sino de un conocimiento vital que lleva consigo relaciones de amor y de amistad entre el buen Pastor y sus ovejas, relaciones que Jes&uacute;s no duda en comparar con las que existen entre &Eacute;l y su Padre. Del humilde trato y comuni&oacute;n de vida entre las ovejas y el pastor de nuestros campos, Jes&uacute;s se levanta a proponer la de la vida de comuni&oacute;n que lo une a su Padre, insertando en tal relaci&oacute;n y perspectiva sus relaciones con los hombres. Esta es la verdadera vida de los hijos de Dios, que comienza en la tierra por la fe y el amor y culminar&aacute; en el cielo, donde &ldquo;seremos semejantes a Dios porque le veremos tal cual es&rdquo; (1Jn 3,2). 5.- San Gregorio Magno, en una de sus homil&iacute;as sobre este tema, se expresa as&iacute;: &laquo;&iexcl;Oh Se&ntilde;or!, t&uacute; dices: &ldquo;Como el Padre me conoce a mi y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas&rdquo; (Jn 10. Es como si dijeras: en esto se manifiesta que yo conozco al Padre y soy conocido por &eacute;l, en que doy mi vida por la ovejas... La caridad que te hace morir por tus ovejas, demuestra tu amor al Padre... Y dices tambi&eacute;n: &ldquo;Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna&rdquo; (ib. 27). Poco antes hab&iacute;as dicho: &ldquo;El que por m&iacute; entrare se salvar&aacute;, entrar&aacute; y saldr&aacute; y hallar&aacute; pastos&rdquo; (ib. 9). Entrar&aacute; con la fe, pero saldr&aacute; pasando de la fe a la visi&oacute;n, de la facilidad de creer a la contemplaci&oacute;n y hallar&aacute; los pastos del eterno fest&iacute;n. Tus ovejas hallar&aacute;n pastos, porque quien te sigue con coraz&oacute;n sencillo es apacentado con pastos eternamente abundosos&hellip; Haz, Se&ntilde;or, que yo busque estos pastos para gozar Con todos los ciudadanos del cielo... Haz que me llene de ardor por las cosas celestiales: amar as&iacute; es ya ponerse en camino (S. GREGORIO MAGNO, Homiliae in Evangelia. 14, 4-6). 2.- CUALIDADES DEL BUEN PASTOR. En el texto evang&eacute;lico de este domingo, San Juan, nos presenta las cualidades del buen pastor Jes&uacute;s, a quien am&oacute; y por el que fue conocido y amado: Es bueno y las ovejas le quieren; est&aacute; entregado a ellas y las ovejas le son d&oacute;ciles. Les habla y las ovejas est&aacute;n atentas. Es fuerte y las ovejas se encuentran seguras; es generoso y las ovejas tendr&aacute;n la vida eterna. Ama hasta dar la vida por sus ovejas y por eso las ovejas no perecer&aacute;n, y nadie las arrebatar&aacute; de mi mano, porque est&aacute; sostenida y fortalecida por misma mano del Padre: &ldquo;El Padre y yo somos uno&rdquo;. Esta fortaleza invencible da seguridad a las ovejas ante las dificultades. 3.- ACTITUDES POSITIVAS DE LAS OVEJAS. Hay ovejas que siguen al Pastor a todas partes, en los medios y terrenos m&aacute;s dif&iacute;ciles, arriesgando su vida y su amor por el Pastor: profetas, misioneros, testimoniales en los diversos campos de la Iglesia. Hay ovejas que se identifican con el Pastor en sus sentimientos de cada d&iacute;a, viviendo el evangelio en sus partes m&aacute;s dif&iacute;ciles: atenci&oacute;n a los peque&ntilde;os, ancianos, abandonados, enfermos. Hay ovejas que completan la pasi&oacute;n de Cristo en sus sufrimientos: los perseguidos, los pacientes y humildes de coraz&oacute;n. Hay ovejas que hacen las veces de pastores y viven exclusivamente para el pastoreo y prolongan el pastoreo de Cristo con sus palabras y signos: interceden, santifican, predican, bautizan&hellip;Ser&iacute;an los sacerdotes. 4.- ACTITUDES NEGATIVAS DE LAS OVEJAS: Hay ovejas que no obedecen al pastor y viven lejos de su redil, aunque sigan llam&aacute;ndose cristianos: ovejas que llevan la marca de Cristo por el bautismo, pero no escuchan su palabra ni valoran su vida; ovejas que se dicen creyentes, pero no practicantes, y a mi me gustar&iacute;a saber en qu&eacute; Cristo creen o en qu&eacute; evangelio, sobre todo, cuando oyen a Cristo decir que &ldquo;sus ovejas escuchar&aacute;n su voz&rdquo;, o decir &ldquo;mi comida es hacer la voluntad de mi Padre&rdquo; y esas ovejas, esos cristianos no cumplen con el primer mandamiento que es amar a Dios sobre todas las cosas y han olvidado el dicho de Cristo: &ldquo;El que no est&aacute; conmigo est&aacute; contra mi&rdquo;; ovejas que nunca tienen tiempo para escucharle en la oraci&oacute;n o en la santa misa, que no se alimentan de su Palabra, que no han hecho de la Santa Eucarist&iacute;a &laquo;el centro y c&uacute;lmen de su vida cristiana&raquo; &iquest;A qu&eacute; lado estamos nosotros? ****************************************** V DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 9, 26-31 Saulo, el &ldquo;perseguidor de la Iglesia&rdquo; se ha &ldquo;convertido&rdquo; en &ldquo;testigo&rdquo; de Cristo resucitado, en &ldquo;instrumento elegido&rdquo; para la expansi&oacute;n del Evangelio. Este acontecimiento ha sido debido a la experiencia de Cristo que ha tenido camino de Damasco. Con todo, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, sube a Jerusal&eacute;n, para que su misi&oacute;n quede oficialmente reconocida y avalada por el Colegio Apost&oacute;lico. Por otra parte, no era f&aacute;cil admitir como cristiano a un perseguidor tan fan&aacute;tico: &ldquo;Todos le tem&iacute;an, no creyendo que fuese disc&iacute;pulo&rdquo;. La predicaci&oacute;n de Pablo se centra principalmente en la persona de Cristo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo... &ldquo;no quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3,18-24 Para San Juan el amor a Dios pasa siempre por el amor a los hermanos. Por eso no se f&iacute;a del amor a Dios si no hay obras de caridad fraterna. El ejercicio de la caridad fraterna es la se&ntilde;al distintiva del cristiano, precisamente porque atestigua su comuni&oacute;n vital con Cristo; sin amor al hermano, sin vivir su mandamiento nuevo, no podemos vivir unidos a Cristo, que es esencialmente amor. Este amor aut&eacute;ntico y la caridad fraterna s&oacute;lo nacen de una persona que vive la vida de gracia, llena de amor a Dios, que es el amor esencial y fuente de todos los dem&aacute;s amores. Quien ama de esta manera, no tiene nada que temer a Dios. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 15,1-8 DOMINGO V DE PASCUA: SIN MI NO POD&Eacute;IS HACER NADA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: &iquest;Qui&eacute;n es &eacute;ste que se presenta ante nosotros con una afirmaci&oacute;n tan absoluta? Jes&uacute;s viene como maestro para ense&ntilde;arnos el camino de la vida, Jes&uacute;s viene como profeta para hablarnos de parte de Dios. Pero presentarse con caracteres tan absolutos, &ndash;&ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;&ndash; s&oacute;lo puede hacerlo Dios. Jes&uacute;s reivindica para s&iacute; la categor&iacute;a de Dios cuando nos invita a seguirle. No es un l&iacute;der entre tantos, ni siquiera es el mejor de los l&iacute;deres. Sencillamente, es el Hijo de Dios, es Dios como su Padre, que se ha acercado hasta nosotros haci&eacute;ndose verdaderamente hombre. S&oacute;lo en &eacute;l podemos encontrar la felicidad que Dios tiene preparada para quienes le buscan. S&oacute;lo en &eacute;l hay salvaci&oacute;n. Jesucristo nos presenta esta realidad mediante una par&aacute;bola, la par&aacute;bola de la vid y los sarmientos, que cualquiera que conozca la cultura del vino, la entiende s&oacute;lo con escucharla. El tronco de la cepa genera los p&aacute;mpanos, por los cuales circula la linfa que revienta en frutos abundantes, en racimos de uvas de distintas calidades. La uva pisada en el lagar, dar&aacute; mosto, que fermentado se convierte en vino sabroso. Pero la ra&iacute;z de todo se encuentra en la cepa, de la que brotan frutos abundantes. Pues bien, Jes&uacute;s nos dice que &eacute;l es la cepa, la vid fundamental. Quien est&aacute; unido a &eacute;l, como lo est&aacute;n los sarmientos vivos, recibe linfa de la cepa y produce frutos abundantes. En esta imagen, el Padre es el vi&ntilde;ador, es decir el que va cultivando el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros. Cuando llega el tiempo de la poda, se cortan los sarmientos que no dan fruto para que no chupen linfa in&uacute;tilmente. E incluso se cortan algunos sarmientos que dan fruto para que no se desparrame la linfa, sino se concentre en aquellos sarmientos escogidos para producir racimos bien cargados de fruto. Se podan los secos y se podan tambi&eacute;n los superfluos, para que la linfa se concentre pujante en aquellos que se dejan para dar m&aacute;s fruto. Un documento reciente de doctrina de la Iglesia, &ldquo;Placuit Deo&rdquo;, denunciaba que uno de los desv&iacute;os de nuestro tiempo es pensar que si quieres puedes, que el hombre puede alcanzar todo lo que se propone. Todo es cuesti&oacute;n de propon&eacute;rselo. Nada m&aacute;s falso. Hay cosas que no podemos aunque queramos. Y sobre todo en estas realidades profundas, necesitamos continuamente la gracia de Dios para la salvaci&oacute;n. Es un mal generalizado en nuestra &eacute;poca, la &eacute;poca de tantos progresos t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos, que el hombre piense que todo lo puede. Y se hace la ilusi&oacute;n de que todo depende de su esfuerzo, de manera que cuantas m&aacute;s metas alcanza m&aacute;s se apoya en s&iacute; mismo, m&aacute;s se enorgullece ante Dios, m&aacute;s se aparta de Dios y de su gracia. Luego sucede que, cuando esa persona se topa con una dificultad insuperable, se desespera y se hunde. Dios quiere nuestro progreso, nuestra felicidad, pero esa felicidad es un regalo suyo para nosotros cada d&iacute;a, es un don de su gracia. El secreto de nuestra vida est&aacute; en permanecer unidos a la vid, como el sarmiento, para chupar continuamente la linfa que nos aporta la cepa. Es decir, el secreto de nuestra vida est&aacute; en vivir muy unidos a Jesucristo &ndash; cuanto m&aacute;s, mejor&ndash;, para que &eacute;l pueda producir en nosotros frutos abundantes, frutos de vida eterna, incluida la poda que sea necesaria. Porque &ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;. La uni&oacute;n con Jesucristo se llama gracia. Vivir en gracia de Dios es vivir recibiendo continuamente la vida de Dios, que el Padre nos da por su Hijo Jes&uacute;s. Consiste en recibir continuamente el Esp&iacute;ritu Santo, que nos va haciendo parecidos a Jes&uacute;s, nos va haciendo hijos de Dios. El tiempo de Pascua es tiempo de gozo desbordante, porque durante estos cincuenta d&iacute;as celebramos la victoria de Cristo que ha vencido la muerte, el pecado, a Satan&aacute;s y todo lo que conduce a la muerte eterna. Agarrados a Jesucristo somos sacados de la muerte y podemos gozar de su gozo, que ya nada ni nadie podr&aacute; arrebatarnos. &ldquo;El que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da fruto abundante&rdquo;, nos dice Jes&uacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: &laquo; *************************************** DOMINGO V DE PASCUA B: NECESIDAD DE LA ORACI&Oacute;N-CONVERSI&Oacute;N PARA LA SANTIDAD DE VIDA, PARA SER SANTOS QUERIDOS HERMANAS: En el evangelio de este domingo Jes&uacute;s nos habla de la necesidad absoluta de permanecer unidos a &Eacute;l por las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, llamadas as&iacute;, teologales, dec&iacute;a el Catecismo de Ripalda, porque nos unen directamente con Dios. Hermanos: Si queremos ser cristianos aut&eacute;nticos, si queremos avanzar en nuestra vida cristiana o sacerdotal, en la vida de gracia, si queremos santificarnos y santificar a los dem&aacute;s, a nuestros feligreses, a nuestros hijos, si queremos ser buenos sacerdotes, esposos, religiosas, buenos padres cristianos, y dar frutos de fe, y gracia y apostolado en nosotros y entre nuestros hijos, entre los nuestros, debemos permanecer unidos al Se&ntilde;or por la vida de gracia y de oraci&oacute;n porque &Eacute;l nos dice en el evangelio de hoy: &ldquo;Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da fruto abundante; porque sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada. Si yo, Gonzalo, en mi parroquia quiero que mis feligreses se conviertan a Dios y sean buenos cristianos, no me basta con decir misa y bautizar y predicar muy bien y saber mucha teolog&iacute;a&hellip; yo, sacerdote, lo primero que tengo que hacer, es esforzarme por estar unido a Dios, a Cristo por la vida de fe y amor, la vida de la gracia, progresar en esta uni&oacute;n que empez&oacute; sacramentalmente en el santo bautismo y se potencia por los sacramentos y la vida de oraci&oacute;n, especialmente por la eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n o Sagrario, y para todo esto, el mejor camino es la oraci&oacute;n, la uni&oacute;n con Dios por la oraci&oacute;n personal que debe unirse siempre y desarrollarse tambi&eacute;n durante la lit&uacute;rgica y es esencial, porque si solo es liturgia externa, recitar salmos o cantar y decir misa, incluso comer el pan consagrado sin unirme con di&aacute;logo personal de amor al Se&ntilde;or despues de comulgar o estar en su presencia, no es entonces un encuentro de vida y santificaci&oacute;n verdadera y profunda, y esto, aunque sea cura, obispo o el papa. Es m&aacute;s, queridas hermanas, sin oraci&oacute;n-conversi&oacute;n personal, , poco aprovecha la oraci&oacute;n personal o lit&uacute;rgica&hellip; y si crees que exagero, exam&iacute;nemosnos personalmente en nuestras vidas en esta materia para ver si despues de tantas misas y comuniones y rezo de las horas he progresado, voy progresando en mi vida de amor y santidad, en experiencia de fe y amor, si verdaderamente Cristo me habita y vive su vida de amor al Padre y los hermanos en m&iacute;. Para ser m&aacute;s santo cada d&iacute;a, para estar m&aacute;s unidos a Cristo, tanto como sacerdote como cristiano, tengo que ser un sarmiento unido a Cristo por la vida de gracia y amor a Dios y para desarrollar esta vida de fe y de gracia y amor a Dios y a los hermanos el mejor, yo dir&iacute;a, el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, S. Juan de la Cruz y todos los m&iacute;sticos, oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria activa m&iacute;a primero y luego pasiva producida por el Esp&iacute;ritu Santo y que me lleve a vivir las virtudes teologales y sobrenaturales de fe, esperanza y caridad, no solo predicadas o estudiadas como sacerdote, sino practicadas y vividas, quitando toda falta, aunque sea venial, que impide mi uni&oacute;n amor personal total con Cristo, con Dios, con la Trinidad que me habita y no puedo sentirla por el velo de mis faltas veniales y que me impide tambi&eacute;n el avance en la vida sobrenatual, en la experiencia de la fe y amor a Dios, porque aunque esas faltas sean veniales y aunque sea cura, obispo o superiora general me impiden la uni&oacute;n total con Cristo porque son un velo, un obst&aacute;culo para que vea y sienta esa vida de gracia y de amor y de fe y me haga vivir y sentir a Cristo vivo y lleno de amor y sentimientos en m&iacute; y por &Eacute;l y con &Eacute;l sentirme habitado y amado por la Santisima Trinidad: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudarme a olvidarme enteramente de mi para establerme en vos...Que nada pueda turbar mi paz y hacerme salir de vos&hellip;. Yo tengo que luchar todos los d&iacute;as, hasta que me muera, contra mis imperfecciones y pecados, para que la vida de gracia, la vida de Dios, la Sant&iacute;sima Trinidad, que tiene que venir a nosotros sarmientos unidos a la vid que es Cristo, pueda habitarnos y vivir en nosotros y sentirla como un anticipo del cielo, a trav&eacute;s de la vida de gracia en Cristo y por Cristo, como &Eacute;l nos dice: &ldquo;yo soy la vid, vosotros, los sarmientos, que mis pecados e imperfecciones personales y veniales no impidan esta uni&oacute;n y experiencia de fe viva por una oraci&oacute;n contemplativa limpia ya de imperfecciones. Y esta es la mayor dificultad de curas, frailes y monjas y padres y madres de familia y de todo cristiano para ser canales de gracia limpios y no obstruidos para transmitir el cristianismo, la fe y la gracia a nuestros hijos, a nuestros feligreses, al mundo entero porque lo transmitiremos como conocimiento pero no como vida, como experiencia de amor de vida transformada en Cristo. Yo, sacerdote, vosotros, queridos padres, hermanos no sois canales de fe y amor cristiano para vuestros hijos y para los dem&aacute;s, si no os esforz&aacute;is por rezar con ellos en casa, por venir a misa los domingos, por hablar de Dios a vuestros hijos, si no sois canales limpios de gracia sino canales obstruidos por la falta vida cristiana, y esto, por falta de fe, de oraci&oacute;n, de no rezar&hellip; no podr&eacute;is transmitir la fe cristiana y la salvaci&oacute;n a vuestros hijos, no pod&eacute;is dar lo que no ten&eacute;is, no pod&eacute;is transmitir la fe, la vida cristiana que no practic&aacute;is, Por eso lo que llevo diciendo m&aacute;s cincuenta a&ntilde;os, desde la experiencia, preparando a vuestros hijos para la primera comuni&oacute;n: SI TENEMOS PADRES CRISTIANOS&hellip;NADIE DA LO QUE NO TIENE&hellip; ************************************* 1.- &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;, para tener vida cristiana en nosotros y poder comunicarla y dar frutos de Cristo y de evangelio tenemos que estar unidos a Cristo por la oraci&oacute;n diaria, todos los d&iacute;as, y por la eucarist&iacute;a dominical. No basta decir soy cristiano, y luego no vivimos unidos a &Eacute;l por la gracia, por la fe y la misa del domingo, y no practicamos la fe y los mandamientos de Dios. Es un cristianismo vac&iacute;o de amor a Dios y a los hermanos. El sarmiento debe permanecer siempre unido a la vid, como el cristiano a Cristo por la gracia, por la fe y el amor de las buenas obras. Y para eso, lo de siempre: rezar un poco todos los d&iacute;as, misa de domingo, tratar de amar como Dios nos ama y cumplir sus mandamientos. Y como uno falla y peca, levantarse todos los d&iacute;as, confesarse con frecuencia, dos o tres veces al a&ntilde;o y seguir caminando. Y para eso, lo que llevo diciendo siempre: sin misa de domingo, no hay cristianismo, no hay primera comuni&oacute;n; y rezar todos los d&iacute;as un poco, si es ante el Sagrario, en la visita al Se&ntilde;or, mejor, para pedir perd&oacute;n seguir caminando. 2.- Los medios para permanecer unidos a Cristo son un rato de oraci&oacute;n o lectura espiritual y la conersi&oacute;n permanente todos los d&iacute;as, los sacramentos recibidos con frecuencia y las obras de caridad y servicio a los hermanos. En pecado grave, el sarmiento, no est&aacute; unido a Cristo y est&aacute; seco y no puede dar frutos de Cristo. En pecados leves o veniales, est&aacute; obstruido el canal y da frutos, pero pocos. Y eso nos puede pasar a nosotros. Dos cristianos, dos catequistas, dos sacerdotes parecen iguales y hacen las mismas obras, y predican muy bien, sin embargo su eficacia es totalmente distinta en raz&oacute;n de su santidad, de la uni&oacute;n con Cristo, aunque aparentemente no se note, es m&aacute;s, muchos santos fueron perseguidos, olvidados durante su vida terrena, pero realmente luego se comprob&oacute; el bien que hicieron y siguen haciendo con su vida, su doctrina y su oraci&oacute;n. 3.- Y una idea m&aacute;s, la positiva y la que deber ser nuestra vida. La ofrece la vid con sus sarmientos unidos a Cristo que somos todos nosotros, toda la Iglesia. &iexcl;Qu&eacute; hermosura! Todos unidos por la fe y el amor a Dios. As&iacute; tambi&eacute;n cuando en una familia, en una parroquia, en una congregaci&oacute;n religiosa todos est&aacute;n unidos a Cristo y en Cristo, todos se quieren y ayudan y todos est&aacute;n unidos entre s&iacute;. Los sarmientos unidos a la vid nos hablan de fraternidad. Eso es lo que quiere Cristo que sea su Iglesia, la parroquia, la familia cristiana. Qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder, qu&eacute; gozo cuando una familia est&aacute; unida por la fe y amor a Cristo. Pidamos en esta santa misa y comuni&oacute;n que sea as&iacute; entre nosotros. ********************************************* DOMINGO V DE PASCUA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La relaci&oacute;n que Jes&uacute;s quiere establecer con nosotros, con cada uno de nosotros, es una relaci&oacute;n de amistad, no una relaci&oacute;n de esclavitud. &ldquo;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo; (Jn 15,15). La amistad hace a dos personas iguales, sin dependencias ni prepotencias. Jes&uacute;s nos quiere amigos, no siervos. Jes&uacute;s nos ofrece su amistad, se iguala con nosotros, para igualarnos a nosotros con &eacute;l. Se trata, adem&aacute;s, de una amistad en la que el mismo Jes&uacute;s tiene la iniciativa: &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que deis fruto&rdquo;. Cu&aacute;ntas veces nos parece que esta amistad la hemos empezado nosotros, y no es as&iacute;. A nosotros nos toca secundarla, alimentarla, corresponderla. Pero la amistad con Jes&uacute;s la ha empezado &Eacute;l, por eso es duradera. Por eso, aunque se rompa o se debilite, puede volver a reanudarse o fortalecerse, porque &Eacute;l es fiel y no se arrepiente de llamarnos amigos, e incluso est&aacute; dispuesto a devolvernos la amistad perdida perdon&aacute;ndonos. Ya desde antiguo se preguntaban: &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; naci&oacute;n grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como est&aacute; el Se&ntilde;or nuestro Dios, siempre que le invocamos?&rdquo; (Dt 4,7). La venida de Jes&uacute;s en carne ha desbordado toda expectativa en este sentido. Pues no es s&oacute;lo que Dios est&aacute; cerca de nosotros, como afirmaban nuestros padres en el Antiguo Testamento, sino que Dios se ha acercado en su Hijo Jesucristo, hecho hombre como nosotros, para entablar con nosotros una relaci&oacute;n de amistad de igual a igual, d&aacute;ndonos su Esp&iacute;ritu Santo. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al que me ama..., mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos nuestra morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14, 23). No cabe mayor cercan&iacute;a, pues la amistad pone en com&uacute;n los bienes de uno y de otro, y Dios nos da su misma vida, nos da su Esp&iacute;ritu Santo, poniendo su morada en nuestro mismo coraz&oacute;n. Estamos llamados al amor, nuestra vocaci&oacute;n es amar: &ldquo;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo... permaneced en mi amor&rdquo; (Jn 15, 9). Pero en el origen de este amor est&aacute; el sentirnos amados previamente. &ldquo;En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,10). El amor de Dios nos &ldquo;primerea&rdquo;, gusta decir el papa Francisco, es decir, se nos adelanta, es anterior a nosotros. La consecuencia inmediata es la de corresponder a esa amistad. &ldquo;Amor saca amor&rdquo; (Sta. Teresa), es decir, sentirse amado suscita en nosotros amor. Amor, en primer lugar, a quien tanto nos ama. &ldquo;La oraci&oacute;n es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama&rdquo; (Sta. Teresa, V 8,5). La oraci&oacute;n no es una obligaci&oacute;n que brota de m&iacute;, una pr&aacute;ctica de piedad que yo me impongo. La oraci&oacute;n ante todo es caer en la cuenta de que soy amado, de que las Personas divinas viven en mi alma y complacerse en ello muchas veces. Eso es lo que alimenta el amor en nuestro coraz&oacute;n. Y junto a este caer en la cuenta y corresponder al amor de Dios, &ldquo;si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros hemos de amarnos unos a otros&rdquo; (1Jn 4, 11). El amor al pr&oacute;jimo no brota de una decisi&oacute;n voluntarista, sino de un desbordamiento que se traduce en servicio a los dem&aacute;s para corresponder de alguna manera al amor que Dios nos tiene. El amor de solidaridad con los dem&aacute;s, el amor del buen samaritano que se acerca al descartado en la cuneta de la vida brota en nuestro coraz&oacute;n como una prueba irrefutable de que nos sentimos amados y agradecidos al amor de Dios, y queremos servirle en aquellos que le representan, los indigentes. &ldquo;Si alguno dice &laquo;amo a Dios&raquo; y no ama a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve&rdquo; (1Jn 4, 20). Amor a Dios y amor al pr&oacute;jimo van unidos siempre, m&aacute;s a&uacute;n dependen mutuamente. No puede darse el uno sin el otro. La Pascua de Cristo muerto y resucitado ha renovado las relaciones humanas en el amor gratuito, que procede de Dios y se desborda en el amor a los dem&aacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: ************************************** QUERIDOS HERMANOS: En el evangelio de este domingo Jes&uacute;s nos habla de la necesidad absoluta de permanecer unidos a &Eacute;l por la fe y el amor, si queremos dar frutos de gracia y apostolado; y lo hace tomando como imagen la vid, a saber, la parra, como decimos vulgarmente en Extremadura. 1.- Todos sab&eacute;is lo que es una parra, una vid. Se compone de unas ra&iacute;ces, la cepa, el tronco y los sarmientos. Por el sarmiento y la cepa corre la savia, que es la vida de la vid y de los racimos. Por tanto, est&aacute; claro, que un sarmiento separado de la cepa, es algo muerto, sin vida. Esto es lo que nos dice abiertamente Jes&uacute;s en este evangelio: &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; en la santificaci&oacute;n personal o en el apostolado: para tener vida en nosotros y poder comunicarla y dar frutos, tenemos que estar unidos a &Eacute;l, como los sarmientos tienen que estar unidos a la cepa. 2.- En el Antiguo Testamento la vi&ntilde;a era Israel. Pero una vez que Cristo se encarna, &Eacute;l es la vida verdadera, la &uacute;nica, que da vida a todo, que lo sustenta todo y mantiene la vida espiritual y apost&oacute;lica de los sarmientos que somos nosotros. El que quiera vivir como cristiano ha de alimentarse de las verdades de Cristo, de la gracia de Cristo, de los sacramentos de Cristo, de la Eucarist&iacute;a de Cristo, vivir la moral de Cristo. Seg&uacute;n Flavio Josefo, uno de los m&aacute;s admirables adornos del templo de Jerusal&eacute;n era una enorme vid de oro, s&iacute;mbolo de Israel, con racimos tan grandes como un hombre. Pero ahora Cristo dice que &Eacute;l es la verdadera vid, el nuevo Israel, que sustituye a la antigua vi&ntilde;a, arrasada porque no dio m&aacute;s que agrazones. La savia que salva al mundo de los pecados y le hace fructificar para la eternidad viene &uacute;nicamente de esta vid, que es Cristo. Quien est&aacute; unido a otra vida que no sea la de Cristo, quien viva de otra forma distinta a Cristo, quien defienda verdades opuestas al evangelio de Cristo, no est&aacute; unido a &Eacute;l. Cada uno debe meditar d&oacute;nde se encuentra, c&oacute;mo es su uni&oacute;n con Cristo y esforzarse por vivir unido a Cristo por la fe, la esperanza y el amor. 3.- El fruto viene de Cristo a trav&eacute;s de los sarmientos que permanecen unidos por la fe y el amor a &Eacute;l y as&iacute; pueden producir los frutos de Cristo, las obras espirituales, evang&eacute;licas y apost&oacute;licas de Cristo, porque tiene su mismo Esp&iacute;ritu, que es Esp&iacute;ritu Santo. Por eso, no todas nuestras obras son apostolado o son eficaces o son de Cristo; solamente las que hacemos unidos a Cristo, en Cristo y por Cristo. No basta tampoco decir soy cristiano, si luego no vivimos unidos a &Eacute;l sino contrariamente a lo que &Eacute;l quiere y hace, porque entonces seremos sarmientos separados de la vid y no podremos dar frutos de santidad, sencillamente porque no estamos unidos a la savia de la santidad que viene de Cristo; estaremos secos espiritualmente, por estar separados de &Eacute;l. El sarmiento debe permanecer siempre unido a la vid, como el cristiano a Cristo por la gracia, por la fe y el amor. 4.- Entre los cristianos hay muchos sarmientos secos; todo el que piensa y act&uacute;a contra la fe y la moral cat&oacute;lica, los que defienden el aborto, la eutanasia, el amor libre, la uni&oacute;n entre homosexuales&hellip; son sarmientos separados de la vid, de Cristo. Y puede ser que una persona sea buena, honrada, pero si est&aacute; separada de Cristo, porque piensa contrariamente a su evangelio, no puede dar frutos cristianos, aunque se llame cristiano, no puede dar frutos de evangelio, de Cristo. Por eso, todos los que est&aacute;n unidos a otras cepas que no est&aacute;n unidas a Cristo ni tienen la vida de Cristo, sean las cepas de la pol&iacute;tica, del sexo, del consumismo, contrarios en su programas al Evangelio y a la moral cat&oacute;lica, no pueden llamarse cristianos, porque no est&aacute;n unidos a Cristo y sus frutos no son cristianos. Sin Cristo no hay fruto cristiano, aunque a veces lo parezca, porque de &Eacute;l viene toda la vida de gracia. Y por la misma raz&oacute;n, a mayor uni&oacute;n con Cristo, mayor fruto de gracia y salvaci&oacute;n cristiana. 5.- Los medios para permanecer unidos a Cristo son la oraci&oacute;n de todos los d&iacute;as, los sacramentos recibidos con fe, esperanza y amor cristianos, no rutinarios, y las obras de caridad y servicio a los hermanos. En pecado, el sarmiento, que somos cada uno de nosotros, estamos secos y no podemos dar frutos de Cristo. Dos cristianos, dos catequistas, dos sacerdotes parecen iguales y hacen las mismas obras, sin embargo su eficacia es totalmente distinta en raz&oacute;n de la santidad, de la uni&oacute;n con Cristo, aunque aparentemente no se note, es m&aacute;s, muchos santos fueron perseguidos, olvidados durante su vida terrena, no tuvieron &eacute;xito manifiesto en su apostolado, pero realmente luego se comprob&oacute; el bien que hicieron y siguen haciendo con su vida, su doctrina y su oraci&oacute;n. 6.- Esta doctrina la ha defendido muy claramente el Papa Juan Pablo II en la Novo Milennio Ineunte: LA SANTIDAD 30.- AEn primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la de la santidad...Este don de santidad, por as&iacute; decir, se da a cada bautizado....AEsta es la voluntad de Dios; vuestra santificaci&oacute;n@ (1Tes 4,3). Es un compromiso que no afecta s&oacute;lo a algunos cristianos: ATodos los cristianos, de cualquier clase o condici&oacute;n, est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n del amor&rdquo; (Lumen Gentium, 40). N�1 31.- ARecordar esta verdad elemental, poni&eacute;ndola como fundamento de la programaci&oacute;n pastoral que nos ata&ntilde;e al inicio del nuevo milenio, podr&iacute;a parecer, en un primer momento, algo poco pr&aacute;ctico. )Acaso se puede Aprogramar@ la santidad? ) Qu&eacute; puede significar esta palabra en la l&oacute;gica de un plan pastoral? En realidad, poner la programaci&oacute;n pastoral bajo el signo de la santidad es una opci&oacute;n llena de consecuencias...Como el Concilio mismo explic&oacute;, este ideal de perfecci&oacute;n no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable s&oacute;lo por algunos Agenios@ de la santidad. Los caminos de la santidad son m&uacute;ltiples y adecuados a la vocaci&oacute;n de cada uno... Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicci&oacute;n este alto grado de vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta direcci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagog&iacute;a de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagog&iacute;a debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas m&aacute;s recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia.@ LA ORACI&Oacute;N N�1 32.- APara esta pedagog&iacute;a de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oraci&oacute;n... Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros disc&iacute;pulos:ASe&ntilde;or, ens&eacute;&ntilde;anos a orar@ (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese di&aacute;logo con Cristo que nos convierte en sus &iacute;ntimos: APermaneced en m&iacute;, como yo en vosotros@ (Hn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condici&oacute;n para toda vida pastoral aut&eacute;ntica. Realizada en nosotros por el Esp&iacute;ritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplaci&oacute;n del rostro del Padre. Aprender esta l&oacute;gica trinitaria de la oraci&oacute;n cristiana, vivi&eacute;ndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial (cfr. SC.10), pero tambi&eacute;n de la experiencia personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas@. 7.- Tres eran las palabra claves de este evangelio: vid, sarmientos y poda; ya hemos descrito dos: vid y sarmiento, nos queda la &uacute;ltima: la poda: &ldquo;A todo sarmiento m&iacute;o que da fruto, mi Padre le poda para que d&eacute; m&aacute;s fruto&rdquo;. La poda, sin necesidad de arrancar el sarmiento de la vid, los agricultores la practican para que el sarmiento de m&aacute;s fruto, comunicando toda su vida a los racimos sin hoja y ramos in&uacute;tiles. Cristo dice que la poda es absolutamente necesaria para dar buena cosecha de frutos maduros. Hay que podar lo defectos de los sarmientos, de los cristianos, de los catequistas y sacerdotes si queremos que el fruto por el testimonio sea mayor. Si no se podan los defectos, las vides se quedan sin fuerza y sin fruto para los racimos en dos o tres a&ntilde;os. Hay que podar de nuestras vidas los defectos personales de la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia&hellip; que impiden la uni&oacute;n con Dios y con los hermanos. Sin conversi&oacute;n permanente no hay uni&oacute;n permanente con el Se&ntilde;or. La poda debe ser voluntaria y activa; tambi&eacute;n pasiva, soportando las contrariedades o las purificaciones que el Se&ntilde;or nos haga. Hay muchas pruebas de la vida que uno no las busca ni las quiere. Te vienen, unas veces de los hombres, otras, si son espirituales y de fe, esperanza y amor son purificaciones que Dios causa directamente en el alma. Son las purificaciones pasivas, la noche del esp&iacute;ritu de San Juan de la Cruz. Es la hora de permanecer unidos a Cristo m&aacute;s que nunca, en fe seca y &aacute;rida, sin sentir nada de amor y gusto, en noche profunda de sentido. Cuanto m&aacute;s purifica el Se&ntilde;or, cuanto m&aacute;s poda al alma, m&aacute;s santa, m&aacute;s unida permanece a Cristo y m&aacute;s fruto dar&aacute; de buenas obras. Conven&iacute;a meditar m&aacute;s en estas cosas, sobre todo, los sacerdotes y los consagrados al Se&ntilde;or, para no rechazar la poda cuando viene y vivir m&aacute;s unidos a Cristo que muere para vivir la vida nueva del Resucitado, de una vida m&aacute;s limpia y santa y apost&oacute;lica y fruct&iacute;fera. La gran pobreza de la Iglesia actual es la pobreza de santidad, de uni&oacute;n con Dios, por no querer sufrir la poda de sus soberbias, envidias y mala vida, aunque sea oculta. As&iacute; no se puede dar fruto de santidad y uni&oacute;n con Dios. Muchas acciones y poco apostolado. &iquest;C&oacute;mo unir a las almas a Cristo cuando t&uacute; est&aacute;s separado? &iquest;C&oacute;mo unir y entusiasmar con Cristo cuando a ti te aburre y no hacer oraci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; poner tanta fuerza en los medios, en los m&eacute;todos, en los organigramas, en los canales, cuando falta la savia que debe llegar a los racimos? Lo dicho: mucho ruido, muchas acciones y poco apostolado. 6.- Hay una idea m&aacute;s. Es interesante y la ofrece la vid con sus sarmientos unidos. &iexcl;Qu&eacute; hermosura! As&iacute; tambi&eacute;n cuando en una familia, en una parroquia, en una congregaci&oacute;n religiosa todos est&aacute;n unidos a Cristo y en Cristo todos est&aacute;n unidos entre s&iacute;. Los sarmientos unidos a la vid nos hablan de fraternidad, de intercambio de vida, de uni&oacute;n entre todos, de uni&oacute;n con el Se&ntilde;or, de uni&oacute;n de los disc&iacute;pulos entre s&iacute; por el Se&ntilde;or. Eso es una vid. Eso es lo que quiere Cristo que sea su Iglesia, la parroquia, la familia cristiana. Qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder apost&oacute;lico si todos estamos unidos a la vida, que es Cristo. ************************************** VI DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 10, 25-26. 34-35. 44.48 La admisi&oacute;n de los gentiles en la comunidad cumple, por una parte, el mandato de Cristo de &ldquo;predicar el evangelio a toda criatura&rdquo; y por otra, se&ntilde;ala el fin del exclusivismo jud&iacute;o. Lo dice Pedro, que tiene que vencer esta oposici&oacute;n reinante todav&iacute;a en la Iglesia naciente: &ldquo;Est&aacute; claro que Dios no hace distinciones&hellip; acepta de la naci&oacute;n que sea&rdquo;. La Iglesia, por tanto, tampoco conoce fronteras de raza y color, de pobres o ricos, de progresistas o conservadores. El Esp&iacute;ritu cae tambi&eacute;n sobre los gentiles como un nuevo Pentecost&eacute;s y nos une a todos en el amor. El sello de nuestro bautismo es el gran principio de unidad universal, que cobra sentido y se renueva en la Eucarist&iacute;a. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 4,7-10 &ldquo;La caridad procede de Dios&hellip; Dios es amor&rdquo;. Estas palabras de San Juan sintetizan el mensaje de la Liturgia de hoy. El amor consiste &ldquo;en que Dios nos am&oacute;&rdquo; primero; Cuando no exist&iacute;a nada, Dios pens&oacute; en m&iacute;; si existo, es que Dios me ama y me ha preferido a millones de seres que no existir&aacute;n. Dios tiene un proyecto de eternidad feliz conmigo. Dios me ama tambi&eacute;n porque &ldquo;nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo;. El Hijo me ama: &ldquo;Porque nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;. Y &Eacute;l la ha dado por m&iacute;. Dios es la fuente de la vida y del amor. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 15-9-17 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La relaci&oacute;n que Jes&uacute;s quiere establecer con nosotros, con cada uno de nosotros, es una relaci&oacute;n de amistad, no una relaci&oacute;n de puro servicio o de obediencia y menos de esclavitud. &ldquo;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo; (Jn 15,15). La amistad hace a dos personas iguales, sin dependencias ni prepotencias. Jes&uacute;s nos quiere amigos, no siervos. Jes&uacute;s nos ofrece su amistad, se iguala con nosotros, para igualarnos a nosotros con &eacute;l. Se trata, adem&aacute;s, de una amistad en la que el mismo Jes&uacute;s tiene la iniciativa: &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que deis fruto&rdquo;. Cu&aacute;ntas veces nos parece que esta amistad la hemos empezado nosotros, y no es as&iacute;. A nosotros nos toca secundarla, alimentarla, corresponderla. Pero la amistad con Jes&uacute;s la ha empezado &Eacute;l, por eso es duradera. Por eso, aunque se rompa o se debilite, puede volver a reanudarse o fortalecerse, porque &Eacute;l es fiel y no se arrepiente de llamarnos amigos, e incluso est&aacute; dispuesto a devolvernos la amistad perdida perdon&aacute;ndonos. Ya desde antiguo se preguntaban: &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; naci&oacute;n grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como est&aacute; el Se&ntilde;or nuestro Dios, siempre que le invocamos?&rdquo; (Dt 4,7). La venida de Jes&uacute;s en carne ha desbordado toda expectativa en este sentido. Pues no es s&oacute;lo que Dios est&aacute; cerca de nosotros, como afirmaban nuestros padres en el Antiguo Testamento, sino que Dios se ha acercado en su Hijo Jesucristo, hecho hombre como nosotros, para entablar con nosotros una relaci&oacute;n de amistad de igual a igual, d&aacute;ndonos su Esp&iacute;ritu Santo. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al que me ama..., mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos nuestra morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14, 23). No cabe mayor cercan&iacute;a, pues la amistad pone en com&uacute;n los bienes de uno y de otro, y Dios nos da su misma vida, nos da su Esp&iacute;ritu Santo, poniendo su morada en nuestro mismo coraz&oacute;n. Estamos llamados al amor, nuestra vocaci&oacute;n es amar: &ldquo;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo... permaneced en mi amor&rdquo; (Jn 15, 9). Pero en el origen de este amor est&aacute; el sentirnos amados previamente. &ldquo;En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,10). El amor de Dios nos &ldquo;primerea&rdquo;, gusta decir el papa Francisco, es decir, se nos adelanta, es anterior a nosotros. La consecuencia inmediata es la de corresponder a esa amistad. &ldquo;Amor saca amor&rdquo; (Sta. Teresa), es decir, sentirse amado suscita en nosotros amor. Amor, en primer lugar, a quien tanto nos ama. &ldquo;La oraci&oacute;n es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama&rdquo; (Sta. Teresa, V 8,5). La oraci&oacute;n no es una obligaci&oacute;n que brota de m&iacute;, una pr&aacute;ctica de piedad que yo me impongo. La oraci&oacute;n ante todo es caer en la cuenta de que soy amado, de que las Personas divinas viven en mi alma y complacerse en ello muchas veces. Eso es lo que alimenta el amor en nuestro coraz&oacute;n. Y junto a este caer en la cuenta y corresponder al amor de Dios, &ldquo;si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros hemos de amarnos unos a otros&rdquo; (1Jn 4, 11). El amor al pr&oacute;jimo no brota de una decisi&oacute;n voluntarista, sino de un desbordamiento que se traduce en servicio a los dem&aacute;s para corresponder de alguna manera al amor que Dios nos tiene. El amor de solidaridad con los dem&aacute;s, el amor del buen samaritano que se acerca al descartado en la cuneta de la vida brota en nuestro coraz&oacute;n como una prueba irrefutable de que nos sentimos amados y agradecidos al amor de Dios, y queremos servirle en aquellos que le representan, los indigentes. &ldquo;Si alguno dice &laquo;amo a Dios&raquo; y no ama a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve&rdquo; (1Jn 4, 20). Amor a Dios y amor al pr&oacute;jimo van unidos siempre, m&aacute;s a&uacute;n dependen mutuamente. No puede darse el uno sin el otro. La Pascua de Cristo muerto y resucitado ha renovado las relaciones humanas en el amor gratuito, que procede de Dios y se desborda en el amor a los dem&aacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: No sois siervos, sino amigos. ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.- El evangelio de este domingo pertenece al coloquio que Jes&uacute;s tuvo con sus disc&iacute;pulos en la &Uacute;ltima Cena. Como todo testamento y &uacute;ltima voluntad, expresa lo que Jes&uacute;s m&aacute;s &iacute;ntimamente desea y pide a los suyos: &ldquo;Hijos m&iacute;os, me queda poco tiempo de estar con vosotros&hellip;&rdquo; &ldquo;Nadie tiene amor m&aacute;s grande que el que da la vida por sus amigos&rdquo;. 2. Cristo es la plenitud del amor de Dios a los hombres y de esa plenitud todos participamos y nos lo comunica especialmente por la oraci&oacute;n personal y los sacramentos. &Eacute;l debe ser siempre nuestro modelo. Por eso, cuando surgen dificultades para cumplirlo, uno mira a Cristo Eucarist&iacute;a o Crucificado que es la expresi&oacute;n del amor hasta el extremo, hasta dar la vida y se anima y se fortalece para superar todas las pruebas. Un cat&oacute;lico creyente y fervoroso le puede decir al Se&ntilde;or en el Sagrario y cuando comulga: Cristo al verte dar la vida por mi, te debo y te quiero tanto, que estoy dispuesto a sufrir lo necesario por ti, porque T&uacute; lo has dado todo por mi. Tambi&eacute;n yo quiero darlo por Ti, porque para mi T&uacute; lo eres todo, yo quiero que lo seas todo. Esto es m&aacute;s f&aacute;cil decirlo y experimentarlo cuando uno tiene experiencia y vivencia del amor de Dios, de sentirse amado por Dios, como dice la segunda Lectura. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento y el arranque de toda la m&iacute;stica o experiencia de Dios. Yo afirmo y testifico que esto es posible ya algunos cristianos llegan a estas alturas en esta vida. Y con esta experiencia de Cristo hace m&aacute;s f&aacute;cil la vida, incluso lo dif&iacute;cil y extraordinario: perd&oacute;n, pobreza, castidad, y todo con alegr&iacute;a. 3.- En este evangelio Jes&uacute;s nos pide amor; est&aacute; necesitado de amor, pero no porque &eacute;l lo necesite, es Dios, sino porque nosotros lo necesitamos, necesitamos del amor de Dios para ser felices incluso ya en esta vida y para ser su amigos nos basta con palabras, hay que cumplir sus mandamientos, y aqu&iacute; es donde veo yo el fallo del mundo actual, de los creyentes, no basta rezar, hay que vivir el cristianismo, el evangelio, lo que Cristo nos dice: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo;. S&oacute;lo los cristianos y cristianas aut&eacute;nticos, las almas santas que hay en cada parroquia perciben esta necesidad, esta llamada de Cristo y lo hacen. El resto y son buena gente, muchas veces no perciben estos gemidos, esta honda silenciosa, esta &laquo;m&uacute;sica callada&raquo;, que dir&iacute;a san Juan de +. A veces, ni el mismo sacerdote lo percibe. Porque aqu&iacute; no hay excepciones, uno tiene que amar y cumplir los mandamientos de Dios. Cristo se queda en el sagrario ofreciendo esta amistad, este amor, quiere entregarlo, quiere entregarse y hacernos felices ya en la tierra, y mira que a veces se entrega por nada, porque nos quiere tanto y est&aacute; tan necesitado de cari&ntilde;o, que se da por una simple mirada de amor. Pero Cristo en el Sagrario no encuentra esta mirada de amor, almas que quieran vivir esa amistad con &Eacute;l. Y as&iacute; est&aacute; abandonado en muchos sagrarios de la tierra, de nuestras parroquias, porque lo est&aacute; en la vida de muchos bautizados que ya no practican la fe, no son cristianos, no vienen a misa, no cumplen los mandamientos, no buscan ni aman a Cristo. Y Jes&uacute;s se ha quedado en el Sagrario precisamente para esto, para ser amigo y salvador de todos los hombres, en amistad permanente, porque Jes&uacute;s quiere nuestra amistad para llenarnos de su felicidad, de salvaci&oacute;n eterna, pero el mundo ya veis como est&aacute;, pensad en vuestros hijos&hellip; ya s&eacute; que esto molesta a algunos, pero yo le quiero y quiero su salvaci&oacute;n y no puedo callarlo, porque para eso soy sacerdote de Cristo, responsable da la eternidad de mis hermanos, los hombres, me lo dice Jes&uacute;s claramente en esta declaraci&oacute;n de amor: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo;. La primera frase: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando,&rdquo; hab&iacute;a que ponerla en la portada de las casas de todos los cat&oacute;licos, especialmente de los que dicen que son creyentes, pero no practicantes, no practican el amor a Cristo, no van a misa los domingos, no rezan, o no cumplen los mandamientos de Dios o votan opciones humanas o pol&iacute;ticas que van contra los mandamientos de Dios: separaciones, divorcios, abortos, p&iacute;ldoras que matan al que nace en el seno de la madre... Todo esto es quitar a Cristo, el crucifijo, no s&oacute;lo de las escuelas sino del propio coraz&oacute;n, del propio seno. Ante estas palabras de Cristo es muy &uacute;til que cada uno de nosotros se pregunte: &iquest;Y c&oacute;mo sabr&eacute; yo que soy amigo de Cristo? &iquest;C&oacute;mo s&eacute; yo si permanezco en su amor?: &ldquo;Si guard&aacute;is mis mandamientos&rdquo;. &ldquo;Si guard&aacute;is mis mandamientos, permanecer&eacute;is en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor&rdquo;. 4.- Jes&uacute;s pide que le amemos, que permanezcamos unidos a &Eacute;l, pero no como siervos fr&iacute;os y obedientes, sino como iguales a &Eacute;l con amor rec&iacute;proco: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando,&rdquo; &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os he elegido&rdquo;. Si existimos es porque Dios nos ha amado primero y nos ha preferido a millones y millones de seres que no existir&aacute;n nunca. Estamos llamados a su misma felicidad esencial en la Sant&iacute;sima Trinidad porque Dios tiene este proyecto de amor y &Eacute;l ha dado la vida por nosotros: En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l no am&oacute; primero y nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Por eso, si alguien pregunta &iquest;y por qu&eacute; tengo yo que amar a Dios? Responderemos: Porque &Eacute;l nos amo primero y te ha destinado a ser feliz eternamente con &eacute;l en el cielo. 5.- &ldquo;Este es mi mandamiento: que os am&eacute;is unos a otros como yo os he amado&rdquo;; &ldquo;Esto os mando: que os am&eacute;is unos a otros&rdquo; Este es el mandamientos nuevo del amor; es nuevo porque abarca a todos los hombres, no s&oacute;lo a los de la misma raza o religi&oacute;n como en el pueblo jud&iacute;o; es nuevo porque no es &ldquo;como a ti mismo&rdquo; sino como &ldquo;como yo os he amado&rdquo;; es nuevo porque Cristo se identifica con el hermano, especialmente necesitado de cualquier tipo, no solo de pan o dinero, sino de compa&ntilde;&iacute;a, de amor: &ldquo;Lo que hicisteis con estos mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os conmigo lo hicisteis&rdquo;. &Eacute;sta forma de amar debe ser el distintivo de los cristianos. Y as&iacute; se amaron los primeros disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or. Dec&iacute;an de ellos &ldquo;mirad c&oacute;mo se aman&rdquo;. Este amor, ya hemos dicho, no lo podemos fabricar nosotros, lo recibimos del Se&ntilde;or. Por eso es la se&ntilde;al distintiva de los cristianos: &ldquo;En esto conocer&aacute;n que sois mis disc&iacute;pulos, en que os am&aacute;is los unos a los otros.&rdquo; Conven&iacute;a hacer un recorrido por nuestras parroquias y comunidades cristianas para ver si nos amamos, especialmente de los que venimos a misa; si el amor sigue siendo distintivo de nuestra fe cat&oacute;lica y cristiana. 6.- Ciento cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde de haberlo promulgado Cristo en el Cen&aacute;culo, este amor segu&iacute;a siendo distintivo entre las comunidades cristianas, de forma que al ver a los cristianos, comentaban, seg&uacute;n el testimonio de Tertuliano: &laquo;mirad c&oacute;mo se aman&raquo;. En cambio, muchos siglos m&aacute;s tarde, el poeta hind&uacute; Tabindanath Tagore (1861-1941), despu&eacute;s de un largo viaje por las viejas naciones de Europa, al volver a la India, dijo que el Rab&iacute; de Galilea, Jesucristo, debiera haber vivido en torno al Ganges, pues su mensaje de amor y fraternidad habr&iacute;a sido captado con mucha m&aacute;s sensibilidad. Seg&uacute;n Jes&uacute;s debemos diferenciarnos de los no cristianos en que nos amamos y amamos a los hermanos, ayud&aacute;ndoles en sus necesidades, d&aacute;ndoles tiempo y dedicaci&oacute;n, perdon&aacute;ndolos, comprendi&eacute;ndoles pacientemente, quitando todo atisbo de soberbia en nosotros y de orgullo en el trato, sin desd&eacute;n o menosprecio. Repito la pregunta anterior: &iquest;Me reconocer&aacute;n a m&iacute;, a cada uno de los cristianos en concreto como disc&iacute;pulo de Jes&uacute;s por mi amor al hermano? Pues si quiero amar a Cristo, si quiero agradarle, ya se lo que tengo que hacer. El amor fraterno es term&oacute;metro de mi santidad, de mi amor a Cristo, de la profundidad de mi fe y amor y esperanza sobrenaturales que me unen a Dios, de mi salvaci&oacute;n eterna... en esto consistir&aacute; el examen final: venid, benditos de mi padre&hellip; alejaos de mi, malditos de mi padre, porque tuve&hellip; ****************************************** VII DOMINGO DE PASCUA. SOLEMNIDAD: LA ASCENSI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Hechos 1, 1-11 Los Hechos de los Ap&oacute;stoles son, en cierto modo, el tomo segundo del Evangelio de Lucas. Despu&eacute;s de haber narrado, en un primer libro, la historia humana de Jes&uacute;s hasta su subida al cielo, el autor da el sentido de esta marcha y muestra c&oacute;mo empieza una nueva historia, la de la acci&oacute;n de Jes&uacute;s presente en el mundo por medio de su Iglesia. El Evangelio se cerr&oacute; en cuanto libro, pero, en cuanto historia, la Iglesia sigue y seguir&aacute; vivi&eacute;ndolo hasta el final del mundo. Ella abre un nuevo libro cuya &uacute;ltima p&aacute;gina ser&aacute; firmada el &uacute;ltimo d&iacute;a. Los Hechos de los Ap&oacute;stoles son las primeras p&aacute;ginas de ese libro, tal como las redact&oacute; San Lucas. Comienza subrayando un punto capital que constituye la base de la obra de evangelizaci&oacute;n: Jes&uacute;s se mostr&oacute; vivo despu&eacute;s de su pasi&oacute;n. Despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, el Maestro se aparece a sus Ap&oacute;stoles y les instruye acerca del Reino de Dios. Estos, al no haber recibido a&uacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, no entienden bien, pero lo entender&aacute;n el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. La Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or significa su entrada en la gloria, es decir, en la etapa definitiva en la que es reconocido por toda la creaci&oacute;n como Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre. SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 17-23 El cristiano est&aacute; llamado a participar de todo el misterio de Cristo y por lo tanto tambi&eacute;n de su glorificaci&oacute;n. &Eacute;l mismo lo hab&iacute;a dicho: &ldquo;Voy a prepararos sitio. Y cuando yo me haya ido... volver&eacute; y os tomar&eacute; conmigo para que donde yo estoy est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&rdquo; (Jn 14, 2-3). La Ascensi&oacute;n constituye, por lo tanto, un argumento de esperanza para el hombre, que en su peregrinaci&oacute;n terrena, se siente lejos de Dios. Esta es la esperanza que San Pablo invocaba para los Efesios y quer&iacute;a que estuviera siempre viva en sus corazones, para que no se sintieran como desterrados durante la peregrinaci&oacute;n terrena: &ldquo;El Dios de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y Padre de la gloria.., ilumine los ojos de vuestro coraz&oacute;n, para que pod&aacute;is comprender cu&aacute;l es la esperanza a que os ha llamado&rdquo;. &iquest;Y en qu&eacute; fundaba el Ap&oacute;stol esta esperanza? En el gran poder de Dios &ldquo;que despleg&oacute; en Cristo resucit&aacute;ndole de entre los muertos y sent&aacute;ndole a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, fuerza&hellip;y de todo nombre conocido.&rdquo; Y esta es la esperanza del cristiano aut&eacute;ntico: creer y nutrir la firme esperanza de que, as&iacute; como hoy el creyente toma parte mediante las tribulaciones de su vida en la muerte de Cristo, tambi&eacute;n un d&iacute;a tendr&aacute; parte en su gloria eterna. ASCENSI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDAS HERMANAS DOMINICAS: Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. La Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or al cielo es el punto culminante de su Resurrecci&oacute;n, de la victoria total y definitiva de Cristo sobre la muerte. Hoy, subiendo al cielo, vence tambi&eacute;n el tiempo y el espacio y entra como vencedor y como Se&ntilde;or de la creaci&oacute;n en la Gloria, &ldquo;Gloria propia del hijo &uacute;nico de Dios...&rdquo;.Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, Cristo hombre, despu&eacute;s de las humillaciones de la Pasi&oacute;n y del Calvario; es la vuelta al Padre del Hijo Dios, cumplida la misi&oacute;n que el Padre le hab&iacute;a confiado: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo;. 1.- En este d&iacute;a, toda la naturaleza humana, todos nosotros, toda la familia humana es elevada al cielo y su resurrecci&oacute;n y ascensi&oacute;n es garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento de nuestra fe y esperanza cristiana, de vuestra vocaci&oacute;n total contemplativa como religiosas, porque todo lo hac&eacute;is y est&aacute;is aqu&iacute; en renuncia del mundo por la certeza y esperanza del cielo, de la vida eterna con Dios Trinidad. Vosotras sois la certeza del cielo, de la vida eterna por la cual hab&eacute;is renunciado a los gustos y placeres de este mundo, sois eternidades comenzadas, pero para gozarlo y sentirlo, lo de siempre, ten&eacute;is que avanzar en santidad, especialmente por el camino de la oraci&oacute;n conversi&oacute;n de vida para que Dios, Cristo y en &uacute;ltimas etapas, la Sant&iacute;sima Trinidad os pueda llenar de su presencia, amor y felicidad en la tierra por su inhabitaci&oacute;n en vuestras almas, pero para eso, es necesaria vuestra santidad en vuestras vidas, vac&iacute;o de si mismas para que la Sant&iacute;sima Trinidad pueda llenaros. Este es el fin y sentido fundamental de vuestras vidas de oraci&oacute;n continua y contemplativa. Y es lo que expresamos y pedimos en la oraci&oacute;n colecta de este d&iacute;a: &ldquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido &Eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros, como miembros de su cuerpo&rdquo;, Vosotras, generosas y decididas hab&eacute;is comenzado ya este camino de esperanza y fe profunda y verdadera en vuestras vidas, precisamente por esto, porque quer&eacute;is vivir ya para la vida eterna en plenitud renunciando a cosas de este mundo y como esta fe y valent&iacute;a escasea en la vida y juventud de estos tiempos por eso hoy hay tan pocas o nulas vocaciones religiosas contemplativas, porque no hay fe ni esperanza de eternidad, de Dios,de cielo en este mundo materialista y ateo. Sois unas privilegiadas, todas vosotras pod&eacute;is rezar: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudar a olvidarme de m&iacute; misma para establecerme en Vos, tranquila y serena&hellip; Los evangelistas refieren el hecho de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or con mucha sobriedad, y, sin embargo, su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria:&ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip; fue levantado a los cielos y est&aacute; sentado a la derecha de Dios&rdquo;. El Se&ntilde;or habla como quien todo lo puede y les env&iacute;a a sus Ap&oacute;stoles por el mundo entero para dar la buena noticia de la Salvaci&oacute;n:&ldquo;Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra&hellip; Id al mundo entero y predicad el Evangelio&rdquo;. Cristo se va, pero no nos deja solos, se queda vivo y real y gloriso, como est&aacute; ahora en el cielo, en todos los Sagrarios de la tierra y nos promete su presencia espiritual en nuestras almas por su mismo Esp&iacute;ritu de Amor, Esp&iacute;ritu Santo del Padre y del Hijo, mediante la vida de gracia que podemos vivir y sentir nuestras vidas, sobre todo en ratos de oraci&oacute;n un poco elevada, nos lo asegura el mismo Cristo antes de partir:&ldquo;Enviar&eacute; el Esp&iacute;ritu Santo, que os llevar&aacute; hasta la verdad completa&rdquo;, la verdad completa, el cristianismo completo es la inhabitaci&oacute;n y experiencia de Dios Trinidad en nuestas almas, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo por la vida de gracia plena y oraci&oacute;n contemplativa: &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. 2.- Queridas hermanas. Meditemos ahora brevemente en los diversos aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: 1) meditemos el hecho: Asciende, no es ascendido; porque lo hace con su propia fuerza y virtud y poder. Ya lo hab&iacute;a anunciado. Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios Trinidad y asciende por su divinidad a la que est&aacute; unida su humanidad que representa a todas las nuestras, por eso puede decir: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. 2) Un sentimiento: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho y ha sufrido por nosotros. Vino del cielo para salvar a todos los hombres y morir por ellos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. El Padre se lo agradece y sienta hoy a su derecha su humanidad, es decir, al hombre Jes&uacute;s, haci&eacute;ndo as&iacute; totalmente hijo, hombre con el Hijo, Dios. Por eso, hoy hay que agradecer a Cristo todo lo que ha hecho y sufrido por nosotros, porque todos podamor gozar de Dios Trinidad, en su mismo gozo y amor de Esp&iacute;ritu Santo, eso es el cielo; hoy hay quehacer una comuni&oacute;n fervorosa. Nada de padres nuestros o rezos de libros. Abracemos en Cristo pan de vida eterna a la Stma. Trinidad que nos ama y habita, vivamos para este cielo en nuestras almas, agradecidos a Cristo Eucarist&iacute;a y visit&eacute;smosle con amor por todo lo que ha hecho y nos quiere y sigue haciendo por nosotros. Tenemos que hacerlo hoy y todos los d&iacute;as, en estos tiempos en que la humanidad se est&aacute; olvidando de Dios en medios y televisiones, pero sobre todo en las juvnetudes, donde le se olvidan o le niegan en sus vidas y en los medios y guassads y en que tan pocos cristianos vienen a su presencia en los Sagrarios o en las misas dominicales para honrarle y agradecerle todo lo que ha sufrido y conseguido por todos nosotros. 3) El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, al despedirse de los disc&iacute;pulos y de la Iglesia naciente, nos dej&oacute; un mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo;. Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la tarea de los Ap&oacute;stoles, la de la Iglesia, la tuya y la m&iacute;a. &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. Hoy es un d&iacute;a para renovar nuestro compromiso misionero, nuestra vocaci&oacute;n de ap&oacute;stoles de Cristo, todos los bautizados, sobre todo los sacerdotes y religiosos, sobre todo los de vida contemplativa. Todos somos misioneros desde el santo bautismo, y sobre todo, desde el Sacerdocio o profesi&oacute;n religiosa:&ldquo;Ser&eacute;is mis testigos&hellip; id por el mundo entero y predicad el evangelio&rdquo;: Vosotras, por la oraci&oacute;n y el sacrificio de vuestras vidas, ten&eacute;is que rezar y sacrificaros por el mundo entero &iquest;Lo cumplimos todos los creyentes? Padres y madres de familia, sobre todo, los sacerdotes y vosotras religiosas contemplativas, toda nuestra vida tiene que se una ofrenda de santidad por la salvaci&oacute;n de todos los hombres, para eso no ha elegido el Se&ntilde;or: hay que hacerlo, ten&eacute;is que hacerlo, mirando al cielo, pero no para nosotros solos, sino para todos. Esta es la grandeza de nuestra vocaci&oacute;n de creyentes, sobre todo de nosotros elegidos, por medio de nuestra vida de oraci&oacute;n y penitencia para el cielo nuestro y de todos los hombres. Para eso el Se&ntilde;or nos llam&oacute; al sacerdocio y a la vida religiosa. *************************** 2&ordm; D&Iacute;A (Guardanto minutos de silencio despu&eacute;s de cada punto&hellip;(bueno si no estuvi&eacute;ramos en la capilla, yo invitar&iacute;a a que cada una dijera en voz alta lo que el Esp&iacute;ritu Santo le inspira al oir estas reflexiones, como hac&iacute;a en mis grupos de oraci&oacute;n en la parroquia) 4) La virtud que realiza todo esto, este deseo de cielo es la esperanza cristiana, virtud muy olvidada hoy por los creyentes y poco predicada incluso por los sacerdotes y menos cre&iacute;da y vivida hoy por el pueblo cristiano. Qu&eacute; diferencia de otros tiempos que hac&iacute;a exclamar a nuestros m&iacute;sticos: &ldquo;vivo sin vivir en mi&hellip; s&aacute;came de aquesta&hellip; Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, amar m&aacute;s el cielo, trabajar m&aacute;s por el cielo. Este deseo de Dios, de cielo debe influir m&aacute;s en nuestras vidas. Queridas hermanas: Hoy muchos no creen en el cielo, en Dios del que S. Pablo convertido a Cristo y sinti&eacute;ndolo, dec&iacute;a: &ldquo;Ni el ojo vio ni el o&iacute;do oy&oacute; lo que Dios tiene preparado para los que le aman, deseo morir para estar con Cristo&hellip;.deseo morir para estar con Cristo&rdquo;... y fijaos que fue perseguidor de los cristianos&hellip;Vosotras, en cambio, sois unas creyentes y practicantes de cielo anticipando en nuestros conventos por medio de la oraci&oacute;n un poco elevada y purificada y por eso hab&eacute;is renunciado al mundo y sus placeres, como todos los santos; pod&eacute;is decir con S. Juan de la Cruz, &ldquo;S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios, y dame la muerte&hellip; Yo he conocido feligreses que lo ha sentido y vivido. Y algunos ya est&aacute;n con &Eacute;l para siempre. 3&ordm; D&Iacute;A (Guardanto minutos de silencio despu&eacute;s de cada punto&hellip;(bueno si no estuvi&eacute;ramos en la capilla, yo invitar&iacute;a a que cada una dijera en voz alta lo que el Esp&iacute;ritu Sato le inspira, como hac&iacute;a en mis grupos de oraci&oacute;n en la parroquia) 2.- Vamos a meditar ahora en las diversas realidades y aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: a) El hecho: Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios, de donde hab&iacute;a bajado: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. As&iacute; todos nosotros en el momento de dejar este mundo. b) Un sentimiento: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho por nosotros. Ha tenido que sufrir mucho. Vino del cielo sabi&eacute;ndolo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Hoy hay que vivir una misa y una comuni&oacute;n fervorosa. Nada de padres nuestros o rezos. De t&uacute; a t&uacute; con el Se&ntilde;or del cielo, con palabras de amor salidas del alma. gracias, Se&ntilde;or, no somos dignos de ti. Gracias. T&uacute; s&iacute; que nos amas, te quiero y agradezco lo que has hecho por todos; por ah&iacute; tiene que ir el di&aacute;logo. c) Hay un mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo; &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;.VEAMOS C&Oacute;MO LO ESTAMOS CUMPLIENDO CON NUESTRA VIDA Y NUESTRA ORACI&Oacute;N. Es el mandato de Cristo. Todos debemos ayudar y cooperar para que el Evangelio sea conocido y vivido en el mundo entero. CADA UNO DESDE SU VOCACI&Oacute;N ESPEC&Iacute;FICA. &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;, y para que Cristo lo haga por medio de nosotros, especialmente sacerdotes y religiosas, es necesario la santidad de vida por una oraci&oacute;n permanente que nos purifique de nuestros pecados que le impiden a Cristo vivir plenamente en nosotros. Ser&eacute;is mis testigos&hellip;&rdquo; Todos podemos y debemos ayudar en esta tarea, cada uno desde su vocaci&oacute;n de critiano o religioso o sacerdote debe ayudar a que todos conozcan a Cristoy se salven, y es porque lo vivimos, Y ORAMOS Y ESTAMOS EN UN CONVENTO DEDICADADAS TOTALMENTE A LA SALVACI&Oacute;N ETERNA NUESTRA Y DE TODOS LOS HOMBRES, DEL MUNDO ENTERO. Cristo necesita de nosotros. DE VOSOTRAS, DE TODOS LOS CRISTIANOS. Ha querido darnos esta vocaci&oacute;n, este apostolado, este trabajo, este gozo. No le decepcionemos. 4&ordm; D&Iacute;A LA ASCENSI&Oacute;N DE JES&Uacute;S AL CIELO PROVOCA Y ALIMENTA EN TODOS NOSOTROS una virtud: la esperanza, DE LA CUAL VOSOTRAS TEN&Eacute;IS QUE VIVIR Y PRACTICAR ESPECIALMENTE. Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, trabajar m&aacute;s para el cielo, vivir m&aacute;s de los bienes del cielo que de los de la tierra. En sus cartas lo repite muchas veces San Pablo. No se puede vivir sin esperanza. La nuestra es el cielo, es el encuentro con Dios, es sumergirnos en la misma Esencia Infinita de Amaneceres de Amor de Padre y de Hijo y de Esp&iacute;ritu Santo. Este deseo de Dios, de cielo debe influir m&aacute;s en nuestras vidas. Toda ella debemos vivirla mirando la eternidad con Dios que nos espera. Es el fin de nuestra fe, esperanza y amor. La esperanza es el culmen del amor y de la fe. Poca fe y poco amor hay si no deseamos a Dios: &ldquo;Ni el ojo vio ni el o&iacute;do oy&oacute; lo que Dios tiene preparado para los que le aman&rdquo;. As&iacute; los santos: lo deseaban, incluso quer&iacute;an morirse, porque estaban convencidos y amaban y deseaban a Dios: &ldquo;que muero porque no muero,&rdquo; porque eran sinceros en su esperanza, porque deseaban irse con &Eacute;l, porque estaban convencidos; no como nosotros, que creemos pero no vivimos la esperanza. Por eso, no actuemos desconociendo lo que nos espera, no preparando la marcha, o hacerlo solo por temor, por miedo a Dios, aunque mejor es esperar con miedo que perderla. De todas formas &iquest;c&oacute;mo es posible creer y amar y ESPERAR EL CIELO Y NO TRABAJAR POR EL CIELO,POR EL ENCUENTRO DEFINITO Y ETERNO CON DIOS NUESTRO PADRE, CON CRISTO, NUESTRO SALVADOR Y AMOR QUE LO DIO TODO PARA CONSEGUIRNOS LA ETERNIDAD DE GOZO EN LA SANTISIMA TIRNIDAD.., &iquest;C&oacute;mo decir que creemos, que amamos y luego no trabajamos ni deseamos estar con &Eacute;l? La esperanza cristiana es una virtud din&aacute;mica, por eso no es cruzarse de brazos esperando el cielo; es din&aacute;mica: es trabajar y vivir para alcanzar el cielo:&laquo;Tu resurrecci&oacute;n, oh Se&ntilde;or, es nuestra esperanza, tu Ascensi&oacute;n es nuestra glorificaci&oacute;n... Haz que ascendamos contigo y que nuestro coraz&oacute;n se eleve hacia ti. Pero, haz que levant&aacute;ndose, no nos enorgullezcamos ni presumamos de nuestros m&eacute;ritos como si fuesen de nuestra propiedad: haz que tengamos el coraz&oacute;n en alto, pero junto a ti, porque elevar el coraz&oacute;n no siendo hacia ti, es soberbia, elevarlo a t&iacute;, es seguridad; T&uacute; ascendido al cielo te has hecho nuestro refugio...&iquest;Qui&eacute;n es ese que asciende? El mismo que descendi&oacute;. Has descendido por sanarme, has ascendido para elevarme. Si me elevo a m&iacute; mismo caigo; si me levantas t&uacute;, permanezco alzado... A ti que te levantas digo: Se&ntilde;or, t&uacute; eres mi esperanza, t&uacute; que asciendes al cielo; s&eacute; mi refugio&raquo;. (San AGUSTIN, Ser. 261. 1). ************************************* LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 16, 15-20 QUERIDOS HERMANOS: Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. La Ascensi&oacute;n es el punto culminante de su Resurrecci&oacute;n, de la victoria total y definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte. Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, despu&eacute;s de las humillaciones de la Pasi&oacute;n y del Calvario; es la vuelta al Padre, en el d&iacute;a de Pascua, cumplida la misi&oacute;n que el Padre le hab&iacute;a confiado: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo;. 1.- En este d&iacute;a, toda la naturaleza humana, toda la familia humana es elevada al cielo, porque la resurrecci&oacute;n y la ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or es garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento de nuestra esperanza. Es lo que expresamos y pedimos en la oraci&oacute;n colecta de este d&iacute;a: &laquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido &Eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros, como miembros de su cuerpo&raquo;. Los evangelistas refieren el hecho con mucha sobriedad, y, sin embargo, su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria: &ldquo;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&rdquo;; &ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip;fue levantado a los cielos y est&aacute; sentado a la derecha de Dios&rdquo;. El Se&ntilde;or habla como quien todo lo puede y les env&iacute;a a sus Ap&oacute;stoles por el mundo entero para dar la buena noticia de la Salvaci&oacute;n: &ldquo;Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra&hellip; Id al mundo entero y predicad el Evangelio&rdquo;. Se va, pero no nos deja solos, abandonados a nuestra suerte, &ldquo;me ir&eacute; per volver&eacute; a vosotros&rdquo;, nos promete su presencia en la Eucarist&iacute;a y por su mismo Esp&iacute;ritu, que es Esp&iacute;ritu Santo, que &Eacute;l nos enviar&aacute; desde el cielo y cuya fiesta, tan importante, celebraremos el pr&oacute;ximo domingo: &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. 2.- Meditemos brevemente en los diversos aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: a) El hecho: Asciende, no es ascendido; porque lo hace con su propia fuerza, virtud, poder. Ya lo hab&iacute;a anunciado. Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios mismo en su esencia, es la Trinidad, origen de todo y principio y fin de todo lo que existe, de donde hab&iacute;a bajado para manifestarnos el proyecto salvador del Padre: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. b) Un sentimiento que debe invadirnos a todos nosotros: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho por nosotros. Ha tenido que sufrir mucho. Vino del cielo sabi&eacute;ndolo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. No lo tuvo todo claro ni f&aacute;cil. Se pas&oacute; en el amor; porque nos am&oacute; hasta el extremo, hasta dar la vida. El Padre se lo agradece y lo sienta hoy a su derecha, en su misma gloria y poder divino, para que siga intercediendo y salvando al mundo entero. Por eso, os invito a que hagamos una comuni&oacute;n fervorosa, personal, sin padres nuestros o rezos. De t&uacute; a t&uacute; con el Se&ntilde;or, que asciende al cielo pero permanece en el pan consagrado que comulgamos, con palabras de amor salidas del alma: gracias, Cristo Jes&uacute;s, te quiero y te agradezco tu salvaci&oacute;n, el cielo que nos has ganado y merecido. Te amo y conf&iacute;o totalmente en Ti. c) Y que actualiz&aacute;semos su mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo;. Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la tarea de los Ap&oacute;stoles, la de la Iglesia, la tuya y la m&iacute;a. Hay una doble partida: la del Se&ntilde;or al cielo y la de los Ap&oacute;stoles a la evangelizaci&oacute;n. &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. Hoy, Espa&ntilde;a, el mundo entero necesita esta evangelizaci&oacute;n, necesita de padres y madres cristiana que den testimonio de Jesucristo, de la fe cristiana, sobre de todo, de j&oacute;venes, ellos y ellas, que est&aacute;n dispuestos a dejarlo todo, Cristo les llenar&aacute; de todo, para anunciar al mundo que Dios existe, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que hemos sido salvados para vivir eternamente, eternamente en la misma felicidad de Dios Trino y Uno. Y el &uacute;nico camino y salvador es Jesucristo. Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, trabajar m&aacute;s por el cielo, vivir esperando siempre el cielo. Mi vida es eterna, vivir&eacute; siempre en Dios. Todo lo dem&aacute;s pasar&aacute;, lo estamos viendo, solo Dios permanece. ************************************** QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. Es la manifestaci&oacute;n total y definitiva de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte; es la culminaci&oacute;n de la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n de Se&ntilde;or y, por otra parte, el inicio p&uacute;blico de la misi&oacute;n de la Iglesia, continuadora de su obra de Salvaci&oacute;n. 1.- En primer lugar la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or es el coronamiento de su Resurrecci&oacute;n. Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, conforme a las manifestaciones hechas durante su vida, despu&eacute;s de las humillaciones y de la muerte que ha sufrido por cumplir la voluntad del Padre: &ldquo;El Hijo del hombre tiene que padecer mucho&hellip;hasta entrar as&iacute; en su gloria&rdquo;. Esta vuelta al Padre hab&iacute;a sido anunciada ya por &Eacute;l a Mar&iacute;a Magdalena en el mismo d&iacute;a de su Resurrecci&oacute;n, que para San Juan est&aacute; muy unida a la Ascensi&oacute;n y confluyen en un solo momento teol&oacute;gico: la &ldquo;vuelta&rdquo; al Padre: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo; (Jn 30,17). Por eso, el evangelio que hemos le&iacute;do, oraci&oacute;n de despedida en la &Uacute;ltima Cena, es la oraci&oacute;n de despedida de Jes&uacute;s de todos los disc&iacute;pulos de todos los tiempos, antes de desaparecer externamente, antes de subir al Cielo. (&ccedil;fr. 17, 20). Y esa despedida se centra en unas ideas y peticiones al Padre, que se repiten continuamente en la oraci&oacute;n de despedida: &ldquo;Padre santo: gu&aacute;rdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba y ninguno de ellos se perdi&oacute;&hellip; No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santif&iacute;calos en la verdad: tu Palabra es verdad&rdquo;. Esta uni&oacute;n entre Resurrecci&oacute;n y Ascensi&oacute;n se repite en el texto de Lucas sobre los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s: &ldquo;&iquest;No era necesario que el Mes&iacute;as padeciese esto y entrase en su gloria? Este modo de expresarse indica no s&oacute;lo una vuelta y una gloria futuras, sino inmediatas y ya presentes en cuanto estrechamente ligadas a la Resurrecci&oacute;n. Sin embargo, para confirmar a los disc&iacute;pulos en la fe, era necesario que esto sucediese de manera visible, como se verific&oacute; cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Pascua. Los que hab&iacute;an visto morir al Se&ntilde;or en la cruz, entre insultos y burlas, deb&iacute;an ser los testigos de su exaltaci&oacute;n suprema a los cielos. 2.- Los evangelistas refieren este hecho con sobriedad, y sin embargo su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria en el texto de Mateo: &ldquo;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&rdquo; (Mt 28,18), y Marcos a&ntilde;ade: &ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip; fue levantado a los cielos y esta sentado a la derecha de Dios&rdquo; (Mc 16,19). Por su parte Lucas recuerda la &uacute;ltima bendici&oacute;n de Cristo a los Ap&oacute;stoles: &ldquo;Mientras los bendec&iacute;a se alejaba de ellos y era llevado al cielo&rdquo; (Lc 24,51), que empalmar&iacute;a con los ruegos y oraciones de la &Uacute;ltima Cena contenidas el evangelio de hoy, pidiendo la protecci&oacute;n del Padre, a quien Jes&uacute;s encomienda a los suyos en su ausencia. Cristo los bendecir&aacute;, -pedir&aacute; cosas buenas al Padre para ellos,&ndash; y &laquo;los consagrar&aacute;&raquo; para su misi&oacute;n de predicar el evangelio en medio de persecuciones y sentir&aacute;n gozo y alegr&iacute;a: &ldquo;Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo, para que en ellos mismos tengan mi alegr&iacute;a cumplida. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo&hellip; Santif&iacute;calos en la verdad; tu Palabra es verdad&hellip;y por ellos me consagro yo, para que tambi&eacute;n ellos se consagren en la verdad&rdquo;. Los Hechos de los Ap&oacute;stoles atestiguan la verdad y verificaci&oacute;n de todas estas oraciones y promesas de Cristo. Y Lucas, tanto en la conclusi&oacute;n de su Evangelio como en los Hechos de los Ap&oacute;stoles habla de la venida del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s. Porque esta santificaci&oacute;n, esta consagraci&oacute;n en la verdad: &ldquo;os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;, esta alegr&iacute;a cumplida prometida por Cristo tuvo lugar con la venida del Esp&iacute;ritu Santo, que confirm&oacute; a los Ap&oacute;stoles en la misi&oacute;n y encargo recibido de Cristo:&ldquo;Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; lo env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo&rdquo;. Y &laquo;Cristo vino por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo&raquo;, vino como Palabra de Salvaci&oacute;n pronunciada por Amor de Esp&iacute;ritu Santo del Padre. 3.- La Ascensi&oacute;n de Cristo es la respuesta del Padre a su Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n: &ldquo;Era necesario que el Mes&iacute;as padeciera para entrar as&iacute; en su gloria&rdquo;. El retorno al Padre y su Ascensi&oacute;n a los cielos es el triunfo de Cristo con la misi&oacute;n completamente cumplida de la salvaci&oacute;n y victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. La Ascensi&oacute;n revela y manifiesta a los disc&iacute;pulos que &Eacute;l es el Mes&iacute;as definitivamente glorificado, lleno de poder y majestad, que ha vencido el tiempo y el espacio como Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre, que domina el mundo y es Se&ntilde;or de la creaci&oacute;n. El cristiano est&aacute; llamado a participar de todo el misterio de Cristo y por lo tanto tambi&eacute;n de su glorificaci&oacute;n. El Verbo que sali&oacute; del Padre vuelve a &Eacute;l enriquecido como hombre tambi&eacute;n hermano y cabeza de los hombres. En Cristo ascendido a los cielos queda elevada la naturaleza humana y su resurrecci&oacute;n es anticipo y garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; radica el fundamento de nuestra esperanza: &laquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido &eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros como miembros de su cuerpo&raquo;. (Oraci&oacute;n colecta de la misa) La Ascensi&oacute;n que estamos celebrando constituye, por lo tanto, un gran argumento de esperanza para el hombre, que, en su peregrinaci&oacute;n terrena, se siente desterrado y sufre alejado de Dios. Es la esperanza que San Pablo invocaba para los Efesios y quer&iacute;a que estuviera siempre viva en su Corazones. &ldquo;El Dios de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y Padre de la gloria... ilumine los ojos de vuestro coraz&oacute;n, para que pod&aacute;is entender cu&aacute;l es la esperanza a la que os ha llamado&rdquo; (Ef 1,17-18). Para San Pablo, la gloria de Cristo, levantado por encima de toda criatura es la prueba de lo que Dios har&aacute; en favor de aquellos que est&eacute;n unidos a Cristo Cabeza, por ser sus miembros. Esto lleva consigo vivir aut&eacute;nticamente nuestra fe, para llenar de esperanza toda nuestra vida, tomando parte en los sufrimientos que lleva consigo vivir y predicar el evangelio, para tener parte un d&iacute;a en la posesi&oacute;n del reino. Tenemos que vivir m&aacute;s para el cielo; pensar y esperar m&aacute;s el cielo; no se ejercita mucho ni vivimos la virtud de la esperanza cristiana, que es esperar el encuentro final con Dios; eso indica que nuestra virtud de la esperanza sobrenatural no es profunda; indica que dudamos, que no estamos convencidos plenamente de la gloria, del encuentro glorioso con Cristo. S&oacute;lo los santos, que tuvieron experiencia de Dios aqu&iacute; abajo, tuvieron deseos de encuentro; incluso deseaban la muerte: &laquo;que muero porque no muero&raquo;. Es un buen d&iacute;a hoy, para revisarnos en la virtud de la esperanza cristiana, sobrenatural, en la vida m&aacute;s all&aacute; de esta vida. 4.- Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la de sus disc&iacute;pulos, la de la Iglesia. Cristo nos hace a todos responsables de la evangelizaci&oacute;n y de la salvaci&oacute;n de todos los hombres. Es el d&iacute;a de la misi&oacute;n universal de la Iglesia. Todos somos hechos misioneros del Evangelio. No podemos considerarnos extra&ntilde;os a esta misi&oacute;n. Si entramos dentro de nosotros mismo, por el santo bautismo, fuimos consagrados misioneros y evangelizadores del Evangelio. Todos somos, por el santo bautismo, sacerdotes, profetas y reyes &iquest;Ejercemos estos ministerios, cada uno en nuestro ambiente y circunstancias? &iquest;Vivimos nuestros compromisos bautismales? &iquest;Estamos cumpliendo el mandato de Cristo de predicar al mundo entero?. &laquo;Tu resurrecci&oacute;n, oh Se&ntilde;or, es nuestra esperanza, tu Ascensi&oacute;n es nuestra glorificaci&oacute;n... Haz que ascendamos contigo y que nuestro coraz&oacute;n se eleve hacia ti. Pero, haz que levant&aacute;ndose, no nos enorgullezcamos ni presumamos de nuestros m&eacute;ritos como si fuesen de nuestra propiedad: haz que tengamos el coraz&oacute;n en alto, pero junto a ti, porque elevar el coraz&oacute;n no siendo hacia ti, es soberbia, elevarlo a ti, es seguridad; T&uacute; ascendido al cielo te has hecho nuestro refugio... &iquest;Qui&eacute;n es ese que asciende? El mismo que descendi&oacute;. Has descendido por sanarme, has ascendido para elevarme. Si me elevo a m&iacute; mismo caigo; si me levantas t&uacute;, permanezco alzado... A ti que te levantas digo: Se&ntilde;or, t&uacute; eres mi esperanza, t&uacute; que asciendes al cielo; s&eacute; mi refugio&raquo;. (S. AGUSTIN, Ser. 261. 1). ************************************************* ************************************ *********************** TIEMPO DE PENTECOST&Eacute;S RETIRO DE PENTECOST&Eacute;S PRIMERA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos sacerdotes: Me alegr&oacute; mucho que Valerio me invitara a dar este retiro de Pentecost&eacute;s, porque el Esp&iacute;ritu Santo es el que nos ha consagrado sacerdotes para siempre para la gloria de Dios Uno y Trino y la salvaci&oacute;n de nuestros hermanos, los hombres. En nuestro tiempo &eacute;ramos consagrados sacerdotes en la Vigilia de Pentecost&eacute;s y esto no lo olvidamos, porque cant&aacute;bamos tambi&eacute;n nuestra primera misa en estas fechas. Por otra parte, ahora, estamos en el tiempo de la Iglesia, en la econom&iacute;a salvadora del Santo Esp&iacute;ritu de Dios, y los sacramentos, acciones salvadoras de Cristo, mediante su Esp&iacute;ritu, no son posibles sin la ep&iacute;clesis, sin la invocaci&oacute;n y la presencia del Divino Esp&iacute;ritu. El Esp&iacute;ritu Santo es la respiraci&oacute;n, la misma vida y alma de nuestro Dios Trinidad, y de nuestro &uacute;nico Sacerdote y sacerdocio, su mismo Esp&iacute;ritu, por el que &Eacute;l quiere renovarnos, especialmente ahora, en Pentecost&eacute;s, en que se hace presente el primero y &uacute;nico y eterno Pentecost&eacute;s. Nosotros, ahora, podemos vivirlo y hacerlo personal, mediante los sacramentos, especialmente la Eucarist&iacute;a y la oraci&oacute;n, como los Ap&oacute;stoles reunidos con Mar&iacute;a. Para eso es este retiro, la oportunidad y la necesidad de este retiro. Por el respeto y amor que os tengo he procurado todos estos d&iacute;as prepararme mediante el estudio y la oraci&oacute;n, y reunido con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s y madre nuestra, he invocado con ella para vosotros y para m&iacute;, pero de verdad, al Esp&iacute;ritu Divino, fuego de mi Dios, alma de nuestra alma, vida de nuestra vida, Amor de nuestra alma y nuestra vida, sellada para siempre por la ep&iacute;clesis de la ordenaci&oacute;n sacerdotal como humanidad supletoria de Cristo Sacerdote, prolongaci&oacute;n de su ser y existir sacerdotal en su mismo Esp&iacute;ritu. 2.- Los sacerdotes de mi tiempo y quiz&aacute;s en general, aunque sea parad&oacute;jico, teol&oacute;gicamente estamos un poco heridos en Pneumatolog&iacute;a. Y es parad&oacute;jico, porque por designio de la Sant&iacute;sima Trinidad, nada m&aacute;s nacer, recibimos el bautismo del agua y del Esp&iacute;ritu y, por voluntad de Cristo, toda nuestra vida cristiana se desarrolla en la econom&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo. Por curiosidad he mirado el texto de Lercher que estudiamos los seminaristas de mi generaci&oacute;n, y nosotros tenemos s&oacute;lo dos tesis del Esp&iacute;ritu Santo, 14 p&aacute;ginas, incluidas en el tratado de Trinidad, como as&iacute; titul&aacute;bamos el tratado o la materia: &laquo;De Deo Uno et Trino, Creante y Elevante&raquo;. Y las dos tesis eran: primera: S.Sanctus a Padre Filioque procedit, y la segunda: por viam voluntatis. Eso fue todo lo que yo estudi&eacute; en Teolog&iacute;a sobre el Esp&iacute;ritu Santo, la tercera Persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. La verdad que el problema del filioque, del Concilio de Constantinopla, a&ntilde;o 381, sigue dominando en el subsconsciente de la teolog&iacute;a, incluso de autores modernos y consiguientemente en la vida de la misma Iglesia y de los cristianos, quitando algunos movimientos concretos o carism&aacute;ticos, porque, aunque los libros de texto le dediquen m&aacute;s p&aacute;ginas actualmente, nos s&eacute; si porque el Esp&iacute;ritu Santo no tiene rostro, no s&eacute; si porque ya lo dijo el Se&ntilde;or : &ldquo; le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;&hellip;, la verdad es que no se le da toda la importancia que tiene y que Cristo nos dijo que hab&iacute;a de tener en nuestra vida y en la vida de la Iglesia. Por eso, quitando tiempos espec&iacute;ficos, seguimos hablando y predicando y viviendo m&aacute;s del Padre y del Hijo, es decir, de una teolog&iacute;a bipolar, en general. Yo no quiero ser malicioso, pero para m&iacute; la verdad es que al Esp&iacute;ritu Santo no se le descubre y no se le ama de verdad sino por el amor, como dijo el Se&ntilde;or: &ldquo; Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;, es decir, tiene que estar en nosotros por amor y hay que conocerlo por v&iacute;a de oraci&oacute;n de amor m&aacute;s que por teolog&iacute;a, y, si no se le ama y se le busca intensamente, porque nos sintamos necesitados de su fuego, de su amor, de su luz para sentir y vivir los misterios de Dios, no se le conoce de verdad, no baja de ser concepto teol&oacute;gico a ser vida y aliento espiritual, a sentirlo y experimentarlo dentro de nosotros; 3.- Un profesor actual de la Gregoriana, por tanto m&aacute;s autorizado que yo, en la introducci&oacute;n de su texto del 2001 dice que la Pneumatolog&iacute;a sigue consider&aacute;ndose pr&aacute;cticamente como un ap&eacute;ndice de la Teolog&iacute;a. Y claro, esto influye en nuestra vida y consiguientemente en la vida de los que instruimos y formamos, porque formamos seg&uacute;n nos forman. Todav&iacute;a sigo recordando algunas pl&aacute;ticas de D. Eutimio sobre Trinidad, Esp&iacute;ritu Santo, y que a veces no era tanto lo que dec&iacute;a, sino el modo, el viento y fuego del coraz&oacute;n, con que respiraba. Desgraciadamente sobre estos temas no me han hablado mucho en mi vida sacerdotal posteriormente, incluso alguna vez he podido comprobar que no son ni comprendidos ni valorados entre los mismos sacerdotes. A este respecto y por no alargarme en este aspecto quisiera citar a Durwwell que tiene dos libros muy actuales sobre estos temas de la Pascua y del Esp&iacute;ritu Santo: EUCARIST&Iacute;A, SACRAMENTO PASCUAL y &uacute;ltimamente CRISTO, NUESTRA PASCUA. De &eacute;l he tomado unas notas muy interesantes que quiero compartir con vosotros. Afirma claramente ya desde el principio que en la enumeraci&oacute;n trinitaria, el Esp&iacute;ritu ocupa ordinariamente el tercer lugar. Por lo general, ni la Escritura lo menciona con las otras dos personas, dada la bipolaridad dominante del misterio. Sin embargo, el Esp&iacute;ritu Santo, aunque tercera, no es &uacute;ltima persona. Porque no sucede a las otras, ni en el tiempo ni aun l&oacute;gicamente: es su simultaneidad. Sin ser principio, el Esp&iacute;ritu es en el principio; sin ser t&eacute;rmino, es tambi&eacute;n y est&aacute; en ese final. Si el Padre es Padre que engendra, lo es en el Esp&iacute;ritu. Si el Hijo es Hijo que se deja engendrar, lo es en el Esp&iacute;ritu Santo. Los dos son, respectivamente, Padre e Hijo en el Esp&iacute;ritu del Hijo, inconcebibles sin el que es Esp&iacute;ritu del Padre en su paternidad y Esp&iacute;ritu del Hijo en su filialidad. Y as&iacute; lo es en el misterio pascual: ni el Padre resucita a Jes&uacute;s sin el poder vivificante del Esp&iacute;ritu, ni el Hijo es resucitado sin &ldquo;el Esp&iacute;ritu eterno&rdquo; en el que se ofreciera (Hbr 9, 14). El Esp&iacute;ritu est&aacute; en medio, es el medio; el misterio pascual se realiza en &eacute;l. As&iacute; habr&aacute; de serlo en la Trinidad. El Esp&iacute;ritu es amor; en Dios-amor (1 Jn 4, 8) todo se realiza amando. Tres son ellos: el Progenitor, el Engendrado, y la Potencia divina de generaci&oacute;n. Tres son ellos: el Amante, el Amado, y el Amor, como dice San Agust&iacute;n. El Amante engendra al Amado amando. El Esp&iacute;ritu es la Persona mediadora, com&uacute;n a las otras dos. Se realiza el misterio en el fuego que abrasa al Padre y al Hijo. Aunque el Esp&iacute;ritu les sea com&uacute;n, como &uacute;nico Esp&iacute;ritu del Padre y del Hijo, Padre e Hijo son, no obstante, infinitamente diferentes dentro de su indivisible unidad. Comprensible parece que pueda diversificarse infinitamente el Esp&iacute;ritu como Esp&iacute;ritu del Padre en su autodonaci&oacute;n y del Hijo en su receptividad. Amar es darse al otro acogi&eacute;ndolo en s&iacute;. El amor tiene dos facetas: de donaci&oacute;n y de acogida. En el Esp&iacute;ritu, el Padre se da y, d&aacute;ndose, es acogido en el Hijo; el Hijo acoge y, acogiendo, se da con amor de Hijo al Padre, aceptando ser su Hijo amado. En los dos es el Amor de Esp&iacute;ritu Santo donaci&oacute;n y acogida; primeramente, don en el Padre, acogida en el Hijo; y, en segundo lugar, acogida en el Padre, donaci&oacute;n de s&iacute; en el Hijo. El Padre es Padre en cuanto el Hijo acepta ser Hijo, haci&eacute;ndole Padre por la aceptaci&oacute;n de su amor que le hace Hijo porque el Padre se lo entrega. Las teolog&iacute;as trinitarias no presentan de ordinario el misterio seg&uacute;n mi esquema bipolar, en el que el movimiento va por entero del Padre al Hijo en el poder del Esp&iacute;ritu Santo. Seg&uacute;n algunos te&oacute;logos, el Padre engendra al Hijo y &laquo;espira&raquo; al Esp&iacute;ritu como a trav&eacute;s del Hijo, sin que &eacute;ste tome parte en tal &laquo;espiraci&oacute;n&raquo;. Seg&uacute;n otros, el Padre engendra al Hijo y, adem&aacute;s, &laquo;espira&raquo; al Esp&iacute;ritu. Seg&uacute;n la idea m&aacute;s divulgada en la teolog&iacute;a latina, el Padre y el Hijo &laquo;espiran&raquo; al Esp&iacute;ritu Santo no en cuanto Padre e Hijo sino en la unidad de su divina naturaleza. Pero pueden hacerse diversas cr&iacute;ticas a tales teor&iacute;as. Baste decir que parecen ignorar c&oacute;mo en la Escritura el Esp&iacute;ritu es la persona-poder de Dios. No acuden, adem&aacute;s, al misterio pascual del que ha nacido, sin embargo, la fe en la Trinidad. En el misterio pascual la tercera Persona no es la &uacute;ltima; el Esp&iacute;ritu Santo no ha surgido en Cristo despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, como tampoco en la vida terrena actu&oacute; el Esp&iacute;ritu en &Eacute;l s&oacute;lo despu&eacute;s de su concepci&oacute;n: Jes&uacute;s fue concebido y resucitado en el Esp&iacute;ritu Santo. No es, pues, est&eacute;ril ni en Cristo ni en sus fieles: en el Esp&iacute;ritu es como nacen Cristo y los fieles. De igual manera, dentro de la Trinidad, &mdash;es menester repetirlo&mdash;, no es el Esp&iacute;ritu el &uacute;ltimo, no surge despu&eacute;s de la generaci&oacute;n del Hijo; no es el final del movimiento trinitario. &Eacute;l mismo es el movimiento, la potencia generadora, el amor con la que el Padre engendra. Lejos de ser est&eacute;ril, es la divina fecundidad. 4.- Queridos hermanos, el domingo celebraremos Pentecost&eacute;s, &iquest;qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal que tuvieron los Ap&oacute;stoles con Mar&iacute;a? Primero pedir con insistencia el Esp&iacute;ritu Santo al Padre, en nombre del Se&ntilde;or Resucitado, como &Eacute;l nos lo mand&oacute;, y luego, esperar que el Padre responda, esperar siempre en oraci&oacute;n, en di&aacute;logo, en espera activa, no de brazos cruzados, porque la esperanza, la oraci&oacute;n verdaderamente cristiana es siempre acci&oacute;n por la contemplaci&oacute;n, es suscitar di&aacute;logo con el Se&ntilde;or, deseos de &Eacute;l, pensamientos y fuerzas para seguir trabajando; la oraci&oacute;n, si es oraci&oacute;n y no puro ejercicio mental, es siempre gracia eficaz de Dios y la necesitamos siempre para nosotros, para nuestra parroquia, apostolado y necesidades de todo tipo; la oraci&oacute;n y la liturgia verdaderas siempre son din&aacute;micas, siempre es estar con &Eacute;l para enviarnos a predicar. Se preguntaba S. Buenaventura: &laquo;&iquest;Sobre qui&eacute;n viene el Esp&iacute;ritu Santo?, y contestaba con su acostumbrada concisi&oacute;n: Viene donde es amado, donde es invitado, donde es esperado&raquo;. &iquest;Qu&eacute; significa decir &iexcl;Ven! a alguien que ya hemos recibido en el Bautismo, Confirmaci&oacute;n, orden sacerdotal&hellip;decir <ven> a quien tenemos presente dentro de nosotros&hellip;? Santo Tom&aacute;s de Aquino nos da una explicaci&oacute;n teol&oacute;gica de las nuevas <venidas> del Esp&iacute;ritu Santo en nosotros. Observa, ante todo, que el Esp&iacute;ritu Santo viene no porque se desplace de lugar, sino porque por gracia empieza a estar de un modo nuevo en aquellos a quienes convierte en templos suyos. Textualmente: &laquo;Hay una misi&oacute;n invisible del Esp&iacute;ritu cada vez que se produce un avance en la virtud o un aumento de gracia. Cuando uno, impulsado por un amor ardiente, se expone al martirio o renuncia a sus bienes, o emprende cualquier otra cosa ardua y comprometida&raquo;. (I, q 43, a6) Y Kart Rhaner a&ntilde;ade: &laquo;No podemos negar que el hombre puede hacer en esta vida ciertas experiencias de gracia, que le dan una sensaci&oacute;n de liberaci&oacute;n, le abren horizontes del todo nuevos, se graban profundamente en &eacute;l y le transforman, moldeando, incluso durante mucho tiempo, su actitud cristiana m&aacute;s &iacute;ntima. Nada impide llamar a esta experiencias bautismo del Esp&iacute;ritu&rdquo;&raquo;. Pentecost&eacute;s es el primer bautismo del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado y sentado a la derecha del Padre, con el mismo poder y amor que &Eacute;l. Jes&uacute;s al anunciarlo antes de la Ascensi&oacute;n, dijo: &ldquo;Juan bautiz&oacute; con agua, pero vosotros ser&eacute;is bautizados con Esp&iacute;ritu Santo dentro de pocos d&iacute;as&rdquo;. Toda su obra mesi&aacute;nica consiste en derramar el Esp&iacute;ritu sobre la tierra. As&iacute; lo dijo en la sinagoga de Cafarna&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal? Primero, pedir con insistencia, como he dicho, el Esp&iacute;ritu Santo al Padre por el Hijo resucitado y glorioso, sentado a su derecha como &Eacute;l nos encomend&oacute;. Y luego esperarlo reunidos con Mar&iacute;a y la Iglesia en oraci&oacute;n personal y comunitaria, en la acci&oacute;n y oraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Esperarlo y pedirlo, porque la iniciativa siempre es de Dios &ldquo;&hellip; y el viento nadie sabe de donde viene ni a donde va&hellip;&rdquo; *************************************** SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos sacerdotes: Si queremos recibirlo, si queremos sentir su presencia, sus dones, su aliento, su acci&oacute;n santificadora, tenemos que ser un&aacute;nimes y perseverantes, como fueron los ap&oacute;stoles con Maria en el Cen&aacute;culo, venciendo rutinas, cansancios, desesperanzas, experiencias vac&iacute;as del pasado, de ahora mismo&hellip; El Esp&iacute;ritu nos ama, es Dios en infinita ternura al hombre, amor gratuito, &iquest;qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Me ama porque me ama, porque su esencia es amor, porque le ha dado la gana, gratuitamente, es m&aacute;s, aunque todav&iacute;a no lo comprendo, me ama porque amor es su Ser infinito y Ser Amor Infinito le hace ser feliz, algo que nunca comprenderemos hasta que no lleguemos al cielo, Dios es &ldquo;abba&rdquo;, Pap&aacute; del alma. Tambi&eacute;n tenemos que estar preparados para que algo cambie en nuestra vida. En positivo, ser m&aacute;s hijos en el Hijo Amado, en su misma vida que &Eacute;l nos da, con su mismo Esp&iacute;ritu, qu&eacute; maravilla, a qu&eacute; intimidad estamos llamados&hellip; Y luego en negativo, porque somos carne, tienen que luchar esp&iacute;ritu y carne dentro de nosotros, morir al hombre viejo de pecado para vivir la novedad de la vida en Cristo; esta es parte importante de la pneumatolog&iacute;a paulina, hay quitar todo lo que nos impida ser hijos en el Hijo, en el Amado, lo que nos impida tener su mismo Esp&iacute;ritu, sentimientos, actitudes de amor y de vida. Para esto hay que estar dispuestos a vaciarse para que &Eacute;l nos llene, nos amamos mucho a nosotros mismos, nos tenemos un cari&ntilde;o muy grande y nos damos un culto idol&aacute;trico, de la ma&ntilde;ana a la noche, a veces estamos tan llenos de nosotros mismos que no cabe ni Dios en nuestro coraz&oacute;n. Digo ni Dios, porque suena m&aacute;s fuerte, como a blasfemia; la verdad es que ha habido temporadas en mi vida en que me he amado as&iacute; y por eso me he tenido odio, a veces odio a mi yo, hombre carnal, que se pone delante de Dios... me duele por no haber amado a Dios con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas, con todo mi ser. Me he odiado por haberme pasado a&ntilde;os y a&ntilde;os busc&aacute;ndome a mi mismo como lo primero y a veces &uacute;nico y lo digo p&uacute;blicamente; c&oacute;mo odio ese tiempo, esas conquistas, esos honores&hellip;ese tiempo perdido para mi Dios, siempre pensando y viviendo para m&iacute; mismo, como punto permanente de referencia, tantas acciones, tantas cosas, incluso piadosas, que no llegaban hasta Dios, precisamente porque me faltaba su Esp&iacute;ritu; no se pueden hacer las acciones de Cristo sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Y a&uacute;n en lo que hace referencia a Dios, en el apostolado, tengo que mirar m&aacute;s intensamente a Dios, tengo que trabajar en perspectiva de eternidad, somos sembradores y cultivadores de eternidades, tengo que estar m&aacute;s pendiente de lo eterno que de lo temporal de los sacramentos, del apostolado, que lleve verdaderamente las almas a Dios, a la uni&oacute;n con &Eacute;l, a la santidad; no bautizar por bautizar, casar por casar, m&aacute;s all&aacute; de lo creado, de lo que se ve; los sacramentos tienen que ser lo que son, para santificar, acercar a Dios, descubrir el misterio; soy responsable de la eternidades de mis feligreses, si creo en la eternidad, tengo que vivir m&aacute;s preocupado por ella que por lo que aparece. Hasta all&iacute;, hasta Dios, hasta la eternidad, hasta la salvaci&oacute;n eterna y no puramente temporal tiene que apuntar toda mi persona, todo mi apostolado, tambi&eacute;n todos mis bautizos, primeras comuniones, bodas, la liturgia, la Palabra, tantas ceremonias y ritos que terminan en s&iacute; mismos, sin tener en cuenta la Ep&iacute;clesis en la que invoco la presencia y la potencia del Esp&iacute;ritu Santo para que en ellos se encarne la gracia y la vida de Dios, que &Eacute;l hace presente, y para eso viene y para eso le invoco: los sacramentos, el apostolado en general, no puedo hacerlos mirando m&aacute;s a los hombres que a Dios. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la verdad, el profeta, el bautismo de fuego? &ldquo;Con un bautismo tengo que ser bautizado&rdquo;, dec&iacute;a Cristo, y lo hac&iacute;a en referencia a su muerte obedeciendo al Padre y a los hombres, con amor extremo, hasta dar la vida. As&iacute; tengo que hacerlo yo. 2.- Hermanos, somos simples criaturas, solo Dios es Dios. Qu&eacute; grande vivir en la Trinidad que me habita, me llena, me invade, me posee, quiero que me habite y quiero vaciarme para esto hasta las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas de mi ser, para llenarlo todo de divinidad, de amor trinitario, de di&aacute;logo amor, de verdad y de vida en los Tres, pero de verdad, no de s&oacute;lo palabra: &laquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute;&hellip; para establecerme en vos, tranquilo y sereno, como si mi alma ya estuviera en la eternidad&hellip; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la inmensidad de vuestro misterio&hellip; Oh mis Tres, mi Todo, mi bienaventuranza, Soledad infinita en la que me pierdo, entr&eacute;game sin reservas a Vos&hellip;&raquo; Lo que el Esp&iacute;ritu toca, el Esp&iacute;ritu cambia, dec&iacute;an los padres griegos. El que clama al Esp&iacute;ritu: &laquo;Ven, visita, llena&hellip;&raquo;, le da la llave de su casa para que el Esp&iacute;ritu entre, cambie, ordene, lleve la direcci&oacute;n de su vida. No podemos con la voz de la Iglesia decir: Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles&hellip; y luego en voz baja a&ntilde;adir: pero no me pidas que cambie mucho, porque es una contradicci&oacute;n, la eterna contradicci&oacute;n o lucha de lo que somos: carne y esp&iacute;ritu, naturaleza y gracia, hombre viejo y hombre nuevo. Si viene el Esp&iacute;ritu Santo ordena nuestro amor, la gracia mete en m&iacute; ese amor del mismo Dios Trinitario, yo no puedo amar sino como Dios se ama y ama a los hombres y Dios se ama como primero y absoluto por ser quien es, por s&iacute; mismo y yo solo puedo amar as&iacute; si el me lo comunica y mora en m&iacute;, entonces Dios ser&aacute; lo primero y lo absoluto. Por eso, esto ni lo entiendo ni puedo ni se de qu&eacute; va si &Eacute;l no me lo da por su Esp&iacute;ritu, y para esto tengo que estar dispuesto a vaciarme de m&iacute; mismo, de mi amor propio, de mis criterios, sentimientos y comportamientos motivados por mi yo en contra del Esp&iacute;ritu de mi Dios. Dios es Dios, nosotros somos simples criaturas y no sabemos ni podemos, aunque seamos sacerdotes y esto es lo primero que nos ense&ntilde;a el Esp&iacute;ritu de Dios si le dejamos que permanezca en nosotros. Guiados por el Esp&iacute;ritu de Cristo, hay que seguir sus mociones y pisar sus mismas huellas, adorando al Padre en obediencia total guiados por su Esp&iacute;ritu, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida, hasta la muerte del propio yo, del amor propio, del amor que me tengo a mi mismo, y esto cuesta, cuesta sangre y es para toda la vida. Los sacramentos son eficaces, la gracia, la eucarist&iacute;a, Cristo&hellip; pero tengo que estar dispuesto a ser bautizado con el fuego del amor de Dios, que me comunican. El Esp&iacute;ritu Santo viene a m&iacute; por la gracia de los sacramentos, por la oraci&oacute;n personal, para meterme en la misma vida de Dios, y esto supone conversi&oacute;n permanente del amor permanente que me tengo a m&iacute; mismo, de preferirme a m&iacute; mismo a Dios. Porque soberbia, avaricia, lujuria envidia&hellip; en el fondo &iexcl;qu&eacute; es? preferirme a m&iacute; mismo m&aacute;s que a Dios, buscar honores, poder, &iquest;qu&eacute; es? Lo primero y Absoluto de mi vida es Dios y eso supone conversi&oacute;n permanente. El Esp&iacute;ritu de Dios viene en mi ayuda, me ilumina en mi interior para que vea claro las ra&iacute;ces de mi yo, me da fuerzas para decirle que s&iacute;, luego Dios empieza su obra, por la oraci&oacute;n personal y la Eucarist&iacute;a la voy realizando, cooperando con el amor de Dios que mora en m&iacute;, a qui&eacute;n cada d&iacute;a voy conociendo mejor por el amor que obra en m&iacute; y me dice cosas y sentimientos que yo antes no ten&iacute;a ni sab&iacute;a fabricar y as&iacute; voy entrando en el santuario de mi Dios y as&iacute; le voy amando y conociendo de verdad. Y como veo que cada d&iacute;a &Eacute;l lo hace mejor y yo no s&eacute; ni puedo ni se de qu&eacute; va todo esto, hasta que lo encuentro hecho a pesar de mis despistes y ca&iacute;das, -- aqu&iacute; nadie est&aacute; confirmado en gracia,-- precisamente por eso, porque caigo, necesito de &Eacute;l siempre para levantarme, para seguir avanzando, amando, porque quiero amar con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas y con todo mi ser a Dios sobre m&iacute; mismo. Pero caigo una y otra vez. Por eso, necesito de &Eacute;l, de su gracia, de su luz, de la oraci&oacute;n diaria y afectiva, de los sacramentos vividos con su mismo Esp&iacute;ritu, sentimientos, actitudes. Ahora bien, pero si no quiero que &Eacute;l sea de verdad lo primero, si me canso de luchar, si me instalo en la mediocridad, si mis labios profesan y predican amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma, con todo tu ser, pero luego no estoy en esta l&iacute;nea, no me esfuerzo, no lucho todos los d&iacute;as, entonces en el fondo no tengo necesidad de &Eacute;l, ni de oraci&oacute;n, ni de gracia, ni de sacramentos ni de Cristo ni de Dios, porque para vivir como vivo me basto a m&iacute; mismo. Este es el problema del mundo. No siente necesidad de Dios, para vivir como vive, como un animalito, se basta a s&iacute; mismo y no siente necesidad de Dios, de amar como Dios, y consecuentemente de gozar, de sentirse lleno de su amor, de experimentar que Dios existe y me ama de verdad, no se siente amado por el Infinito Amor, no hay &eacute;xtasis, ni emoci&oacute;n, ni &laquo;qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el Amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado&raquo;. Yo necesito verdaderamente de &Eacute;l, nosotros necesitamos verdaderamente de &Eacute;l, por eso estamos aqu&iacute;, necesito del Esp&iacute;ritu, de la fuerza, del Amor personal del Padre y del Hijo. Soy un poco duro en describir este camino, es que me retrato a m&iacute; mismo y me lo s&eacute; muy bien, es que me da rabia y pena de tanto pecado original bautizado s&oacute;lo con agua en m&iacute;, pero no destruido por la potencia y el fuego de amor del Esp&iacute;ritu Santo, ante esta maravilla de vida a la que Dios me llama y para que me ha pensado y creado y dado el beso de amor de la vida. 3.- Queridos hermanos: siempre el amor de Dios, el Esp&iacute;ritu de Dios: necesitamos el amor de Dios para contagiar de amor a los nuestros, necesitamos su Esp&iacute;ritu para que sean bautizados en Esp&iacute;ritu Santo, necesitamos que el Esp&iacute;ritu de Cristo venga a nosotros para predicar la verdad completa de que &Eacute;l nos habla tantas veces, necesitamos el Esp&iacute;ritu de Cristo para vivir la vida de Cristo y hacerla vivir y as&iacute; nuestros apostolados ser&aacute;n verdaderamente apostolado, porque nuestra humanidad ser&aacute; humanidad prestada para que &Eacute;l pueda seguir amando, predicando, salvando. Recuerdo ahora esta oraci&oacute;n de un obispo oriental, que le&iacute; por vez primera en una carta, quiz&aacute;s la primera del general actual de los Jesuitas, el holand&eacute;s Kolvenvach : Sin el Esp&iacute;ritu Santo Dios est&aacute; lejos; Cristo queda en el pasado; el Evangelio es letra muerta; la Iglesia, una simple organizaci&oacute;n; la autoridad, una dominaci&oacute;n la misi&oacute;n, una propaganda; la vida cristiana, una moral de esclavos. En cambio, con el Esp&iacute;ritu Santo, el cosmos se levanta y gime en el parto del Reino; el hombre lucha contra la carne; Cristo est&aacute; presente; el Evangelio es fuerza de vida; la Iglesia, signo de comuni&oacute;n trinitaria; la autoridad, servicio liberador; la misi&oacute;n, un Pentecost&eacute;s; la liturgia, memorial y anticipaci&oacute;n; la vida humana es divinizada. ********************************************** TERCERA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos: La Biblia empieza dici&eacute;ndonos que el Esp&iacute;ritu de Dios, &laquo;ruah&raquo; en hebreo, &laquo;pneuma-atos&raquo;, en griego, se cern&iacute;a sobre la aguas. Los cient&iacute;ficos modernos van a dar la raz&oacute;n a la Biblia y la van a convertir de un libro religioso en cient&iacute;fico. Porque parece ser que la vida viene del agua. La &laquo;ruah Yahve&raquo;, como soplo o respiraci&oacute;n de vida de Dios, indica lo m&aacute;s vital y secreto que hay en Dios, su vida m&aacute;s &iacute;ntima; y si lo referimos al hombre &laquo;ruah&raquo; significa su aliento, su principio de vida, su alma. En este sentido escribe San Pablo que nadie conoce lo &iacute;ntimo del hombre a no ser el mismo esp&iacute;ritu del hombre que est&aacute; en &eacute;l, y nadie conoce las cosas de Dios salvo el Esp&iacute;ritu de Dios.(cf 1Cor 2,11). De ah&iacute; la necesidad de recibir al Esp&iacute;ritu para conocerlo. Hermanos, qu&eacute; pasa si por cualquier circunstancia estamos demasiado tiempo sin respirar? Pues que morimos; y no hay que morir, hay que aspirar y respirar a Dios, hay que vivir del Esp&iacute;ritu de Dios, de la vida de Dios. Respira hondo, decimos cuando alguno se marea o se desmaya; pues esto mismo es lo que os digo esta ma&ntilde;ana y me digo: respira, respira hondo, hermano, en el Esp&iacute;ritu Santo mediante la oraci&oacute;n, la eucarist&iacute;a, el apostolado. Sobre todo, la oraci&oacute;n, que es como el jugo g&aacute;strico que debe asimilarlo todo en Esp&iacute;ritu Santo, en vida de amor a Dios y desde Dios, a los hermanos. Si no respiramos, si no oramos, morimos, aunque digamos misa. Y podemos celebrar misa, y morir espiritualmente, porque no la aspiramos, no vivimos la Eucarist&iacute;a &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, comemos pero no comulgamos con Cristo, porque no comemos espiritualmente su carne y su sangre, es decir, no vivimos seg&uacute;n su Esp&iacute;ritu, no nos identificamos con su Esp&iacute;ritu, no comemos sus mismos sentimientos y actitudes. Y Dios tambi&eacute;n, si no espira y aspira su Esp&iacute;ritu, se muere. Dios no puede existir sin espirar su Esp&iacute;ritu, y el Esp&iacute;ritu de Dios es Amor. Ya lo dice San Juan: &ldquo;Dios es Amor&rdquo;, su esencia es amar, si deja de amar, deja de existir. Por eso no tiene m&aacute;s remedio que amar, que amarnos y lo digo para que nos llenemos de esperanza; Dios nos ama, aunque seamos pecadores, Dios no tiene m&aacute;s remedio que amarnos, porque esa es su esencia, esa es su vida. Para el Oriente, la Pneumatololog&iacute;a, el Esp&iacute;ritu Santo es fundamentalmente luz; Para Occidente, desde San Agust&iacute;n, el Esp&iacute;ritu Santo es amor, para S. Juan de la Cruz es &laquo;Llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en mi m&aacute;s profundo centro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro.&raquo; Es Llama de amor viva, y como toda llama, lumbre y fuego, a la vez que calienta, alumbra, dice el Santo. Mirad c&oacute;mo llega San Agust&iacute;n a la conclusi&oacute;n de que Dios es Trinidad: &ldquo;Para amar se necesita una persona que ama, otra que es amada, y el amor mismo. En la Trinidad, el Padre es el que ama, la fuente y el principio de todo; el Hijo es el amado; el Esp&iacute;ritu Santo es el amor con el que se aman. Por supuesto, no es m&aacute;s que una analog&iacute;a humana, pero sin duda es la que mejor nos ayuda a penetrar en las profundidades arcanas de Dios&rdquo;. 3.- EL HOMBRE Y EL MISTERIO DE LA SALVACI&Oacute;N TAMBI&Eacute;N PROCEDEN DEL AMOR DE DIOS. &ldquo;Porque Dios es Amor&hellip; en esto consiste el Amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; ( 1 Jn 4, 7.10 ). Viene a decirnos que todo es posible, porque nos ha dado su mismo Esp&iacute;ritu Santo, su Amor Personal, que es tan infinito en su ser y existir, que es una persona divina, tan esencial, que sin ella no pueden vivir y existir el Padre y el Hijo, porque es su vida-amor-felicidad que funde a los tres en la Unidad, en la que entra el alma por ese mismo Esp&iacute;ritu, comunicado al hombre por gracia, para que pueda comunicarse con el Padre y el Hijo por el Amor participado, que es la misma vida y alma de Dios Uno y Trino. Y todo esto y lo anterior y lo posterior que se pueda decir, dentro y fuera de la Trinidad: &ldquo;Porque Dios es AmorB. Dios, por su infinito ser, es eterno. Y este Ser infinito y eterno no es otra cosa que un Acto de Ser infinitamente fecundo en Tres Personas. Y este Ser eterno, por su mismo amor, es tan potente, es tal la potencia de su amar que le hace Padre por el amor infinito personal al Hijo. Dentro del misterio trinitario el Esp&iacute;ritu Santo no es la &uacute;ltima persona, el tercero, no surge de la generaci&oacute;n del Hijo sino que su potencia infinita de amor y donaci&oacute;n y poder hace Padre e Hijo, porque &Eacute;l es la potencia engendradora, la fuerza de amor con la que el Padre engendra al Hijo que acoge y acepta totalmente este mismo actor infinito de Amor que hace al Padre y al Hijo, que refleja a la vez y hace paternidad y filiaci&oacute;n por la potencia infinita del Amor-Esp&iacute;ritu Santo; el Padre, por su fuego de amor divino-Esp&iacute;ritu - Santo, da al Hijo el ser filial, y el Hijo acoge la paternidad del Padre, que sin el Hijo no ser&iacute;a Padre, por la misma potencia infinita de Amor, siendo uno en el mismo serse infinitamente feliz el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu de Amor Personal, que los hace personas distintas y una, en un mimo amor y esencia infinita, con que el Padre se dice totalmente en Hijo, en canci&oacute;n eterna de Amor de Esp&iacute;ritu Santo y el Hijo al Padre en la misma Palabra-Canci&oacute;n llena de Amor. Jes&uacute;s es el Hijo que sale del Padre y viene a este mundo (Jn13,3). La venida al mundo prolonga su salida eterna, porque es el Padre el que ha pronunciado para nosotros la Palabra con la que se dice totalmente a s&iacute; mismo en silencio eterno, lleno de amor. Con su glorificaci&oacute;n junto al Padre y sentado ya a su derecha (Jn 17,5; Mt 26,64) Jes&uacute;s ha asumido plenamente su condici&oacute;n de Hijo, de Verbo eterno, que ten&iacute;a en el principio (Jn 1,1-3; Ap 19,13). Con su Pascua, Jes&uacute;s-Cristo-Se&ntilde;or se hace puerta de entrada en el misterio trinitario para todos nosotros, los pascuales, los pasados del mundo al Padre la &uacute;ltima y definitiva Alianza. &Eacute;l, que es Amor, quiere comunicarse, quiere hacer a otros part&iacute;cipes por gracia, de su misma dicha, quiere ser conocido y amado en la grande e infinita y total belleza y gloria y luz y vida, en que se es por s&iacute; mismo en acto eterno de felicidad y amor. &Eacute;l quiere ser nuestra &uacute;nica felicidad por amor, d&aacute;ndose y recibi&eacute;ndose en totalidad de ser y amor, por la gracia comunicada por el Esp&iacute;ritu en los sacramentos y por la oraci&oacute;n B conversi&oacute;nB uni&oacute;n transformante- transformaci&oacute;n. El Padre, lleno de amor, ha pronunciado para todos nosotros esta Palabra transformante de la debilidad humana en hijo adoptado, elevado y amado. AYUDA DE SAN JUAN DE LA CRUZ: &iquest;Nos sumergimos un poco por una contemplaci&oacute;n infusa, que dir&iacute;a S. Juan de la Cruz, en la esencia de nuestro bueno y amad&iacute;simo y adorado Dios Uno y Trino&hellip;? Para San Juan de la Cruz contemplaci&oacute;n infusa es aquella forma de orar o estar con Dios en la que uno no tiene que leer y meditar y discurrir nada para sacar conclusiones o afectos para su vida y su relaci&oacute;n con Dios y los hermanos, propio de la oraci&oacute;n discursiva como &eacute;l la llama, en todo o gran parte depende de nuestro esfuerzo con la ayuda de Dios siempre. Cuando el alma avanza y se ha purificado un poco, -- y todo pecado, todo &laquo;afecto desordenado&raquo;, como &eacute;l dice, es una barrera, una pared entre Dios y nosotros, que nos impide verle y sentirlo cerca--, pasa de una oraci&oacute;n discursiva a afectiva, donde empieza a sentir la cercan&iacute;a y el amor de Dios muy cerca porque van desapareciendo murallas. Son las moradas interiores de Santa Teresa, hacia las que el alma ha empezado a caminar dentro de s&iacute; misma para llegar hasta el trono de Dios que habita en la s&eacute;ptima, en la morada m&aacute;s interior&hellip; &laquo;de mi alma en el m&aacute;s profundo centro&raquo; que dice el Santo. All&iacute; uno no discurre, ni discurre, ni se esfuerza, all&iacute; es pat&oacute;geno, sufre la presencia de Dios y de su amor que le invade&hellip; es el &eacute;xtasis, la experiencia de Dios de los m&iacute;sticos. Entonces, al ver a Dios en mi alma, en el centro y alma de mi alma, se convierte en el Amor y Vida de mi vida y empezamos a sentirlo dentro, muy dentro, y a sentirnos lleno de su presencia, habitados por los Tres, y empezamos una forma de hablar y dialogar distinta, en un di&aacute;logo sin palabras, de t&uacute; a t&uacute; con &Eacute;l en contemplaci&oacute;n amorosa: ya no es el Se&ntilde;or dice, habla, me descubre; ni tampoco: &iexcl;Oh Se&ntilde;or o Dios todopoderoso, infinito, eterno, sino: &laquo;qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado&raquo;. Y dos cosas: esto no es teor&iacute;a, cada uno puede hacer este recorrido; y segundo, esto no se aprende estudiando teolog&iacute;a ni haciendo ceremonias que no se viven. El camino es la oraci&oacute;n, la oraci&oacute;n y la oraci&oacute;n, que luego invadir&aacute; la liturgia, los sacramentos de di&aacute;logo amoroso y eficaz espiritualmente con Dios. Cuando uno ha pasado a&ntilde;os en esta oraci&oacute;n discursiva o meramente afectiva, seg&uacute;n los planes de Dios y la generosidad del alma, empieza Dios a actuar m&aacute;s descaderadamente. Tanto, que el alma, acostumbrada a leer, meditar, hablar todos los d&iacute;as con Dios, lo primero que siente es que no puede discurrir y al no poder discurrir, cree que ya no hace oraci&oacute;n, y al no poder hacer oraci&oacute;n, piensa que no tiene fe, que no ama a Dios y m&aacute;s y m&aacute;s cosas de las cuales hablo en mi libro LA EUCARIST&Iacute;A, LA MEJOR ESCUELA DE ORACI&Oacute;N, SANTIDAD Y APOSTOLADO. Son las &laquo;noches del sentido y del esp&iacute;ritu&raquo; que tan maravillosamente describe San Juan de la Cruz. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando? Pues que ha dicho Dios: eres una buena persona, te has esforzado y purificado hasta donde has podido, pero quedan las ra&iacute;ces de tus pecados, y ahora vengo yo directamente, con mi fuego de Esp&iacute;ritu Santo, el detergente m&aacute;s poderoso que existe y te voy a limpiar bien, a purificar de cosas que t&uacute; ni sabes ni descubres dentro de ti, porque est&aacute;n en tu mismo ser, son las ra&iacute;ces de tu yo, y ah&iacute; ni sabes ni puedes. Vengo yo en persona de Esp&iacute;ritu Santo, en fuego que lo quema todo por amor y al quedar limpia me ver&aacute;s, porque te sentir&aacute;s habitada, amada por m&iacute; y no necesitar&aacute;s de hablar y de amar porque te lo dar&eacute; todo hecho. Pero antes tienes que purificarte mucho, sufrir porque tocan las ra&iacute;ces del ser, pecado original, me amo m&aacute;s que a Dios y me doy culto sin darme cuenta de la ma&ntilde;ana a la noche, y esto le lleva a&ntilde;os y a&ntilde;os al Esp&iacute;ritu Santo. Es esa parte de la vida espiritual de los santos, que al no comprenderla ni saber explicarla los mismos hagi&oacute;grafos, incluso creyendo que es falta de fe o confianza o amor a Dios, pasan por encima casi sin mencionarla, hasta que viene los entendidos y lo explican mejor. Y de aqu&iacute; viene tambi&eacute;n la devoci&oacute;n intensa que todos los santos tienen al Esp&iacute;ritu Santo, pero que la mayor&iacute;a de los creyentes no tenemos ni practicamos. Pues bien, todo esto quiere decir que hemos llegado a la contemplaci&oacute;n infusa y a la transformaci&oacute;n de nuestra vida en Dios. Se acab&oacute; el discurrir, el pensar, el fabricar mis ideas y mis afectos, te los da directamente Dios sin esfuerzo tuyo; t&uacute; s&oacute;lo contemplas y vives y amas infusamente, porque es Dios quien lo hace en Ti. Esto lo llama San Juan de la Cruz contemplaci&oacute;n infusa: &ldquo;Si alguno me ama, mi padre le amar&aacute; y vendremos a El y haremos morada en El&rdquo;. Fijaos bien: El Se&ntilde;or nos dice a todos: si alguno me ama, no dice, si alguno me estudia, me conoce por discurso mental meditando, o estudia teolog&iacute;a, incluso aunque tenga un doctorado en teolog&iacute;a&hellip;Jes&uacute;s dice expresamente: Si alguno me ama se sentir&aacute; lleno de mi Esp&iacute;ritu infinito en su ser y existir, que es una persona divina, tan esencial que sin ella no pueden vivir y existir el Padre y el Hijo, porque es su vida-amor-felicidad que funde a los tres en la Unidad, en la que entra el alma por ese mismo Esp&iacute;ritu, que se comunica al hombre por la gracia, y as&iacute; puede participar y comunicarse con el Padre y el Hijo por el Amor participado, que es la misma vida y alma de Dios Uno y Trino. Y todo esto y lo anterior y lo posterior que se pueda decir, dentro y fuera de la Trinidad: &ldquo;Porque Dios es Amor &ldquo;. A mi me alegra pensar que hubo un tiempo en que no exist&iacute;a nada, solo Dios, Dios infinito al margen del tiempo, ese tiempo, que nos mide a todo lo creado en un antes y despu&eacute;s, porque &Eacute;l existe en su mismo Serse de su infinito acto de Ser eterno, fuera del antes y despu&eacute;s, fuera del tiempo. Por eso, en esto del ser como del amor, la iniciativa siempre es de Dios. El hombre, cualquier criatura, cuando mira hacia Dios, se encuentra con una mirada que le ha estado mirando con amor desde siempre, desde toda la eternidad. Todo amor en el hombre, es reflejo. No exist&iacute;a nada, solo Dios. El Padre, al contemplarse en s&iacute; y por s&iacute;, sacia infinitamente su capacidad infinita de ser y existir y en esto se es felicidad sin l&iacute;mites. Su serse, su esencia amor es lo que su existir refleja lleno de luz y abrasado de amor. Y la contempla en tal infinitud y fecundidad y perfecci&oacute;n que engendra una imagen igual, esencialmente igual a s&iacute; mismo que es y podemos llamarle Hijo y en tal infinitud de ser feliz surge un amor que contiene en si, recibido del Padre y del Hijo, todo el ser divino: el Esp&iacute;ritu Santo. Y este ser infinito y eterno no es otra cosa que un Acto de ser infinitamente fecundo en Tres Personas. Y este Ser eterno, por su mismo amor, quiere comunicarse, quiere hacer a otros part&iacute;cipes por gracia, de su misma dicha, comunic&aacute;ndoles su misma vida y gozo, quiere ser conocido en la grande e infinita y total belleza y gloria y luz y vida en que se es en acto eterno de felicidad y amor, para que nosotros seamos felices con su misma felicidad, am&aacute;ndole, alab&aacute;ndole, agradeci&eacute;ndose como el Hijo al Padre y el Padre al Hijo en su mismo Esp&iacute;ritu-Amor-Felicidad. El quiere ser nuestra &uacute;nica felicidad y amor, d&aacute;ndose y recibi&eacute;ndose en totalidad de ser y amor, por la gracia comunicada por el Esp&iacute;ritu en los sacramentos y en la oraci&oacute;n- conversi&oacute;n transfiguraci&oacute;n-uni&oacute;n transformante. Dice S. Juan de la Cruz: &laquo;Porque no ser&iacute;a verdadera y total transformaci&oacute;n si no se transformase el alma en las Tres Personas de la Sant&iacute;sima Trinidad en revelado y manifiesto grado&raquo;. &laquo; Y esta tal aspiraci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en el alma, con que Dios la transforma en s&iacute; les es a ella de tan subido y delicado y profundo deleite, que no hay que decirlo por lengua mortal...; porque el alma unida y transformada en Dios aspira en Dios a Dios las misma aspiraci&oacute;n divina que Dios, estando ella en El transformada, aspira en si mismo a ella...&raquo; &laquo;Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta, que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado. Porque dado que Dios la haga la merced de unirla en la Sant&iacute;sima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por participaci&oacute;n, )qu&eacute; incre&iacute;ble cosa es que obre ella tambi&eacute;n su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad? Pero por modo comunicado y participado, obr&aacute;ndolo como Dios en la misma alma; porque es estar transformada en las Tres Divinas Personas en potencia, sabidur&iacute;a y amor, y en esto es semejante el alma a Dios; y para que pudiese venir a esto la cri&oacute; a su imagen y semejanza&raquo; (Can B 39, 4). Dios quiere darse esencialmente como &Eacute;l es en su esencia por participaci&oacute;n de este ser esencial suyo para que el hombre tambi&eacute;n pueda entrar dentro de este c&iacute;rculo trinitario. Y por eso crea al hombre &laquo;a su imagen y semejanza&raquo;: es un proyecto de Dios: &laquo;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales. &Eacute;l nos eligi&oacute; en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fu&eacute;ramos santos e irreprochables ante &Eacute;l por el amor. &Eacute;l nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya... El tesoro de su gracia, sabidur&iacute;a y prudencia ha sido un derroche de su voluntad. Este es el plan que hab&iacute;a proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante, recapitulando en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra&raquo; (Ef 1,3.10). ************************ ORACIONES E INVOCACIONES AL ESP&Iacute;RITU SANTO INVOCACI&Oacute;N AL ESP&Iacute;RITU SANTO VEN, ESP&Iacute;RITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR V. ENV&Iacute;A TU ESP&Iacute;RITU Y SER&Aacute;N CREADOS R. Y RENOVAR&Aacute;S LA FAZ DE LA TIERRA OREMOS: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz amorosa del Esp&iacute;ritu Santo, danos sentir lo recto seg&uacute;n el mismo Santo Esp&iacute;ritu y gozar siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n *** ORACI&Oacute;N SACERDOTAL AL ESP&Iacute;RITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Abrazo de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, Amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro y me consagro a Ti totalmente! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme, por una nueva Encarnaci&oacute;n sacramental, en humanidad supletoria de Cristo, para que &Eacute;l renueve y prolongue en m&iacute; todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera reproducir a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres y Redentor del mundo. In&uacute;ndame, ll&eacute;name, rev&iacute;steme de sus mismos sentimientos y actitudes sacerdotales. Haz de toda mi vida una ofrenda agradable a la Sant&iacute;sima Trinidad, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida. &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Alma y Vida de mi Dios! Ilum&iacute;name, gu&iacute;ame, fortal&eacute;ceme, consu&eacute;lame, f&uacute;ndeme en Amor Trinitario, para que sea Amor Creador de vida en el Padre; Amor Salvador de vida por el Hijo; Amor Santificador de vida con el Esp&iacute;ritu Santo, para alabanza de gloria de la Trinidad y bien de mis hermanos los hombres. SECUENCIA DEL ESP&Iacute;RITU SANTO Ven, Esp&iacute;ritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espl&eacute;ndido; luz que penetras las almas;fuente del mayor consuelo. Ven, dulce hu&eacute;sped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las l&aacute;grimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriqu&eacute;cenos. Mira el vac&iacute;o del hombre si t&uacute; le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no env&iacute;as tu aliento. Riega la tierra en sequ&iacute;a, sana el coraz&oacute;n enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el esp&iacute;ritu ind&oacute;mito, gu&iacute;a al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones seg&uacute;n la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su m&eacute;rito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Am&eacute;n. *********************************************** ORACI&Oacute;N AL ESP&Iacute;RITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, Amor increado, que habitas en las almas justas! Ven sobre m&iacute; con un nuevo Pentecost&eacute;s, tray&eacute;ndome la abundancia de dones, de tus frutos, de tu gracia y &uacute;nete a m&iacute; como Esposo dulc&iacute;simo de mi alma. Yo me consagro a ti totalmente: inv&aacute;deme, t&oacute;mame, pos&eacute;eme toda. S&eacute; luz penetrante que ilumine mi entendimiento, suave moci&oacute;n que atraiga y dirija mi voluntad, energ&iacute;a sobrenatural d&eacute; vigor a mi cuerpo. Completa en m&iacute; tu obra de santificaci&oacute;n y de amor. Hazme pura, transparente, sencilla, verdadera, pac&iacute;fica, suave, quieta y serena, aun en medio del dolor, ardiente caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh fuego ardiente de caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh Esp&iacute;ritu vivificante, sobre esta pobre sociedad y renueva la faz de la tierra, preside las nuevas orientaciones, danos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar. Asiste a tu Iglesia, dale santos sacerdotes, fervorosos ap&oacute;stoles; solicita con suaves invitaciones a las almas buenas, s&eacute; dulce tormento a las almas pecadoras, consolador refrigerio a las almas afligidas, fuerza y ayuda a las tentadas, luz a las que est&aacute;n en las tinieblas y en las sombras de la muerte. (SOR CARMELA SANTO). **************************************** ORACI&Oacute;N AL ESPIRITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo Consolador, que en el d&iacute;a santo de Pentecost&eacute;s descendiste sobre los Ap&oacute;stoles y henchiste aquellos sagrados pechos de caridad, de gracia y de sabidur&iacute;a! Supl&iacute;cote, Se&ntilde;or, por esta inefable largueza y misericordia, hinches mi &aacute;nima de tu gracia y todas mis entra&ntilde;as de la dulzura inefable de tu amor. Ven, oh Esp&iacute;ritu Sant&iacute;simo, y env&iacute;anos desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, oh Padre de los pobres. Ven, dador de las lumbres y lumbre de los corazones. Ven, Consolador muy bueno, dulce hu&eacute;sped de las almas y dulce refrigerio de ellas. Ven a m&iacute;, limpieza de los pecados y M&eacute;dico de las enfermedades. Ven, fortaleza de flacos y remedio de ca&iacute;dos. Ven, Maestro de los humildes y destruidor de los soberbios. Ven singular gloria de los que viven y salud de los que mueren. Ven, Dios m&iacute;o, y disponme para T&iacute; con la riqueza de tus dones y misericordias. Embri&aacute;game con el don de la sabidur&iacute;a, al&uacute;mbrame con el don del entendimiento, r&iacute;geme con el don del consejo, conf&iacute;rmame con el don de la fortaleza, ens&eacute;&ntilde;ame con el don de la ciencia, hi&eacute;reme con el don de la piedad y traspasa mi coraz&oacute;n con el don del temor. &iexcl;Oh dulc&iacute;simo amador de los limpios de coraz&oacute;n! Enciende y abrasa todas mi entra&ntilde;as con aquel suav&iacute;simo fuego de tu amor, para que todas ellas, as&iacute; abrasadas sean arrebatadas y llevadas a T&iacute;, que eres mi &uacute;ltimo fin y abismo de todos los bienes. &iexcl;Oh dulc&iacute;simo amador de las almas limpias! Pues T&uacute; sabes, Se&ntilde;or, que yo ninguna cosa puedo, extiende tu piadosa mano sobre mi, para que as&iacute; pueda pasar a T&iacute;. Y para esto, Se&ntilde;or, derriba, mortifica, aniquila y deshaz en m&iacute; todo lo que quisieres, para que del todo me halles a tu voluntad, para que toda mi vida sea un sacrificio perfecto, que todo se abrase en el fuego de tu amor. &iexcl;Oh, qui&eacute;n me diese que me quisieses admitir a tu grande bien! Mira que a T&iacute; suspira esta pobre y miserable criatura tuya, d&iacute;a y noche. Tuvo sed mi &aacute;nima del Dios vivo: &iquest;Cu&aacute;ndo vendr&eacute; y parecer&eacute; ante la cara de todas las gracias? &iquest;Cu&aacute;ndo entrar&eacute; en el lugar de aquel tabern&aacute;culo admirable hasta la casa de mi Dios? &iquest;Cu&aacute;ndo me ver&eacute; harto con tu gloriosa presencia? &iquest;Cu&aacute;ndo por T&iacute; ser&eacute; librado de la tentaci&oacute;n y en Ti traspasar&eacute; el muro de esta mortalidad? &iexcl;Oh fuente de resplandores eternos! Vu&eacute;lveme, Se&ntilde;or, a aquel abismo de donde proced&iacute;, donde te conozca de la manera que me conociste y te ame como me amaste y te vea para siempre en compa&ntilde;&iacute;a de tus escogidos. AMEN. (Fray Lu&iacute;s de Granada) PLEGARIA A LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD OH D&Iacute;OS M&Iacute;O, TRINIDAD A QUIEN ADORO, AYUDADME A OLVIDARME ENTERAMENTE DE MI PARA ESTABLECERME EN VOS, INM&Oacute;VIL Y TRANQUILA, COMO SI MI ALMA YA ESTUVIERA EN LA ETERNIDAD; QUE NADA PUEDA TURBAR MI PAZ NI HACERME SALIR DE VOS, OH MI INMUTABLE, SINO QUE CADA MINUTO ME SUMERJA M&Aacute;S EN LA PROFUNDIDAD DE VUESTRO MISTERIO. PACIFICAD MI ALMA; HACED DE ELLA VUESTRO CIELO, VUESTRA MANSI&Oacute;N AMADA Y EL LUGAR DE VUESTRO REPOSO; QUE NUNCA OS DEJE SOLO; ANTES BIEN, PERMANEZCA ENTERAMENTE ALL&Iacute;, BIEN DESPIERTA EN MI FE, EN TOTAL ADORACI&Oacute;N, ENTREGADA SIN RESERVAS A VUESTRA ACCI&Oacute;N CREADORA. OH AMADO CRISTO M&Iacute;O, CRUCIFICADO POR AMOR, QUISERA SER UNA ESPOSA PARA VUESTRO CORAZ&Oacute;N; QUISIERA CUBRIROS DE GLORIA, QUISIERA AMAROS HASTA MORIR DE AMOR. PERO SIENTO MI IMPOTENCIA, Y OS PIDO ME REVISTAIS DE VOS MISMO, IDENTIFIQU&Eacute;IS MI ALMA CON TODOS LOS MOVIMIENTOS DE VUESTRA ALMA, ME SUMERJ&Aacute;IS, ME INVAD&Aacute;IS, OS SUSTITUY&Aacute;IS A MI, PARA QUE MI VIDA NO SEA MAS QUE UNA IRRADIACI&Oacute;N DE VUESTRA VIDA. VENID A MI COMO ADORADOR, COMO REPARADOR Y COMO SALVADOR. OH VERBO ETERNO, PALABRA DE MI DIOS, QUIERO PASAR MI VIDA ESCUCH&Aacute;NDOOS, QUIERO PONERME EN COMPLETA DISPOSICI&Oacute;N DE SER ENSE&Ntilde;ADA PARA APRENDERLO TODO DE VOS; Y LUEGO, A TRAV&Eacute;S DE TODAS LAS NOCHES, DE TODOS LOS VAC&Iacute;OS, DE TODAS LAS IMPOTENCIAS, QUIERO TENER SIEMPRE FIJA MI VISTA EN VOS Y PERMANECER BAJO VUESTRA GRAN LUZ. OH AMADO ASTRO M&Iacute;O, FASCINADME, PARA QUE NUNCA PUEDA YA SALIR DE VUESTRO RESPLANDOR. OH FUEGO ABRASADOR, ESP&Iacute;RITU DE AMOR, VENID SOBRE M&Iacute;, PARA QUE EN MI ALMA SE REALICE UNA COMO ENCARNACION DEL VERBO; QUE SEA YO PARA &Eacute;L UNA HUMANIDAD SUPLETORIA, EN LA QUE &Eacute;L RENUEVE TODO SU MISTERIO. Y VOS, OH PADRE, INCLINAOS SOBRE ESTA VUESTRA POBRECITA CRIATURA; CUBRIDLA CON VUESTRA SOMBRA; NO VE&Aacute;IS EN ELLA SINO AL AMADO, EN QUIEN HAB&Eacute;IS PUESTO TODAS VUESTRAS COMPLACENCIAS. OH MIS TRES, MI TODO, MI BIENAVENTURANZA, SOLEDAD INFINITA, INMENSIDAD EN LA QUE ME PIERDO. ENTR&Eacute;GOME SIN REVERSA A VOS COMO UNA PRESA, SEPULTAOS EN M&Iacute;, PARA QUE YO ME SEPULTE EN VOS, HASTA QUE VAYA A CONTEMPLAROS EN VUESTRA LUZ, EN EL ABISMO DE VUESTRAS GRANDEZAS. (SOR ISABEL DE LA SANTISIMA TRINIDAD, 21 NOVIENBRE 1904) DOMINGO DE PENTECOST&Eacute;S PRIMERA LECTURA: Hechos 2,1-11 &ldquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or llena todo el mundo, y &eacute;l, que mantiene todo unido, habla con sabidur&iacute;a&rdquo; Esta realidad, anunciada en el libro de la Sabidur&iacute;a, se cumpli&oacute; en toda su plenitud el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, cuando los Ap&oacute;stoles y los que estaban con ellos &ldquo;se llenaron todos de Esp&iacute;ritu Santo y empezaron a hablar en leguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Esp&iacute;ritu le suger&iacute;a&rdquo; SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 3b-7. 12-13 Pentecost&eacute;s no es un episodio que se cumpli&oacute; cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s de Pascua y ha quedado ya cerrado. Pentecost&eacute;s sigue presente en la comunidad de Corinto, que, como toda la Iglesia, est&aacute; gobernada por el Esp&iacute;ritu Santo. &Eacute;l siembra de dones y carismas el coraz&oacute;n de todos los creyentes para el servicio de la comunidad. El que todos los dones procedan del Esp&iacute;ritu Santo hace que, a pesar de su diversidad, contribuyan a la construcci&oacute;n y unidad de toda la Iglesia. Pablo lo explica sirvi&eacute;ndose de la descripci&oacute;n del cuerpo humano. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 20, 19-23 PENTECOST&Eacute;S Queridos hermanos: Estamos celebrando la festividad de Pentecost&eacute;s, la venida del Esp&iacute;ritu Santo sobre los Ap&oacute;stoles y la Virgen Madre y toda la Iglesia naciente. Y esta venida del Esp&iacute;ritu Divino, del Dios Amor, seg&uacute;n el Evangelio, se manifiesta principalmente con signos y gracias de transformaci&oacute;n interior. Por esta transformaci&oacute;n interior del Esp&iacute;ritu los ap&oacute;stoles pasaron de tener &ldquo;las puertas cerradas por miedo a los judios&rdquo;, nos dicen los evangelios, pasaron a abrirlas y predicar abiertamente a Cristo, al muerto resucitado y mira que Jes&uacute;s resucitado se les habia aparecido y manifestado de muchas maneras, pero hasta que no viene hecho vivencia de amor, vivencia del Cristo que han visto y vivido, todos permanecieron con miedo y las puertas cerradas. Y esto pas&oacute; y seguir&aacute; pasando siempre en la Iglesia a trav&eacute;s de los siglos; ya puede ser uno papa, obispo, sacerdote y religioso, y saber toda la teolog&iacute;a, ser doctor en teolog&iacute;a y dominar la Cristolog&iacute;a entera y completa, pero como no llegue a tener vivencia de todo esto interioremente por obra del Esp&iacute;ritu Santo por medio del amor de Cristo en una oraci&oacute;n un poco elevada, no solo reflexi&oacute;n, sino contemplaci&oacute;n pasiva provocada en nosotros no por nuestras facultades activas de comprensi&oacute;n e inteligencia sino pasivas, recibidas del mismo Santo Esp&iacute;ritu que vino sobre los Ap&oacute;stoles, hasta que por la oraci&oacute;n m&iacute;stica y contemplativa, esto es, viva y vivida, no lleguemos a sentir y vivir lo que sabemos por teolog&iacute;a o celebramos ritualmente o comulgamos, no tendremos experiencia del misterio que predicamos o celebramos y recibimos, no podremos contagiar de Cristo vivo, vivo y resucitado con fuego y amor de Esp&iacute;ritu Santo a nuestros hermanos, porque nadie da lo que no tiene, daremos teolog&iacute;a, conocimientos de Dios y desde luego salvaci&oacute;n, pero no experiencia de su amor, sencillamente porque no lo tenemos y a estas alturas, a esta situaci&oacute;n, como los ap&oacute;stoles, solo se llega &ldquo;estando en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a la madre de Jes&uacute;s&rdquo;, lo dicen los evangelios. 1.- Cristo manifest&oacute; repetidas veces a los ap&oacute;stoles la necesidad absoluta de recibir al Esp&iacute;ritu Santo para &ldquo;llegar a la verdad completa&rdquo; y poder cumplir la misi&oacute;n salvadora que les hab&iacute;a confiado: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&hellip; &Eacute;l os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;. Verdad completa de la fe y de la religi&oacute;n cristiana no es solo saber sino sentir y gustar la Verdad del Verbo del Padre pronunciado y venido hasta los hombres por Amor de Esp&iacute;ritu Santo. Mi pregunta es &eacute;sta: &iquest;es que Cristo, el Verbo y la Palabra del Padre no les hab&iacute;a dicho la verdad completa, no les hab&iacute;a dicho todo lo que ten&iacute;an que saber y practicar? &iquest;Qu&eacute; indica esto de que es el Esp&iacute;ritu Santo el que tiene que llevarlos a la verdad completa? &iquest; Es que &Eacute;l no puede llevarlos? Pod&iacute;amos responder aprior&iacute;sticamente diciendo que la afirmaci&oacute;n de Cristo es verdad por el mero hecho de que est&aacute; dicha por &Eacute;l. Pero es Pentecost&eacute;s lo que nos demuestra el sentido y la verdad de esta afirmaci&oacute;n de Cristo, son los efectos y gracias de Pentecost&eacute;s los que confirmaron el sentido y la verdad de lo que Cristo les dec&iacute;a. No es que Cristo no les hubiera manifestado y predicado toda la verdad, todo el evangelio. Lo que pasa es que a Cristo y su evangelio, a Cristo Eucarist&iacute;a y Sagrario, a Cristo comuni&oacute;n o teolog&iacute;a no se le comprende y descubre en verdad completa hasta que no se vive, es que los dogmas y las verdades cristianas no se comprenden hasta que no se viven; una verdad no es completa, no llega a ser verdad completa en nosotros, aunque seamos te&oacute;logos y sepamos toda la teolog&iacute;a, hasta que no se vive y experimenta. Cristo, el Evangelio, la Eucarist&iacute;a, los sacramentos, las verdades de la fe todos las creemos y nos van a salvar, nos van a salvar y est&aacute;n salvando, pero no las experimentamos, no las vivimos como las viviremos en el cielo, como la vivieron muchos santos y santas ya en la tierra y las contagiaron, sin amor y fuego y vivencia de amor de Esp&iacute;ritu Santo. Y esto solo es posible como en los Ap&oacute;stoles &ldquo;por estar reunidos en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s&rdquo;, solo por la oraci&oacute;n. Porque a Cristo, su Evangelio, la Eucarist&iacute;a, la fe cristiana no se comprende en verdad completa,repito, hasta que no se vive, aunque seas doctor en Teolog&iacute;a. ((QUERIDOS HERMANOS, aunque seamos te&oacute;logos, Dios, Cristo, la Eucaristia, la santa misa, la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica o los ratos de Sagrario con Cristo, no se comprenden perfectamente y con amor y fuego hasta que no se viven con fuego de Esp&iacute;ritu Santo; estas realidades s&oacute;lo se comprenden cuando se viven, cuando se experimentan y esto solo es posible cuando el alma cuando la persona, sea cura, obispo o papa se ha vaciado de si mismo, de su yo por el camino de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanente en que me voy vaciando de m&iacute; mismo y Dios me va llenado de su vida y amor y conocimiento de verdad completa)). La Iglesia siempre necesita y necesitar&aacute; esta experiencia para poder comunicarla, lo vemos en este d&iacute;a de Pentecostes y en la historia de la Iglesia, almas que vivan y prediquen a Cristo y su evangelio vivido y experiemtado por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanentes de sus vidas en que se van vaciando de s&iacute; mismas para que el Esp&iacute;ritu Santo les vaya llenando de la vivencia de lo que oran y meditan de Cristo, como les pas&oacute; a los Ap&oacute;stoles; los Ap&oacute;stoles han visto su vida y sus milagros, han escuchado sus palabras y amor que le llev&oacute; hasta la muerte y resurrecci&oacute;n, le han visto y hablado resucitado, pero hasta que no viene el mismo Cristo hecho fuego de Esp&iacute;ritu Santo, hecho experiencia y llama de amor viva, permanecieron con las puertas cerradas. Pidamos que esta fiesta renueve a los ap&oacute;stoles de Cristo y a toda la Iglesia con este fuego de Pentecost&eacute;s. Lo necesitamos ahora y siempre y por todos los siglos, necesitamos Pentecost&eacute;s, la venida permanente del Esp&iacute;ritu Santo sobre la Iglesia, especialmente sobre los sacerdotes para que podamos contagiar a los dem&aacute;s. As&iacute; lo vamos a pedir a Cristo en esta santa misa siguiendo sus consejos: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&hellip; &Eacute;l os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;. Que se cumplan en nosotros estos deseos de Cristo y que venga sobre la Iglesia y sobre cada uno de nosotros el Esp&iacute;ritu de amor y santidad de Dios que tanto necesimos siempre, pero especialmente en estos tiempos. Am&eacute;n, as&iacute; sea. ***************************************** PENTECOST&Eacute;S Queridos hermanos: Estamos celebrando la festividad de Pentecost&eacute;s, la venida del Esp&iacute;ritu Santo sobre los Ap&oacute;stoles y la Virgen, Madre sobre la Iglesia naciente. Y esta venida del Esp&iacute;ritu Divino, seg&uacute;n el Evangelio, se manifiesta con signos internos y externos. Los signos externos de esta venida son el viento, el ruido, las lenguas de fuego&hellip; signos sensibles de la presencia de la fuerza interna y operante del Esp&iacute;ritu, que con su impulso lo penetra todo y lo transforma. 1.- Cristo manifest&oacute; repetidas veces a los ap&oacute;stoles la necesidad absoluta de recibir al Esp&iacute;ritu Santo para &ldquo;llegar a la verdad completa&rdquo; y poder cumplir la misi&oacute;n salvadora que le ha confiado: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Mi pregunta es &eacute;sta: &iquest;es que &Eacute;l no les hab&iacute;a dicho toda la verdad, no les hab&iacute;a dicho todo lo que ten&iacute;an que saber? &iquest;qu&eacute; indica esto de que es el Esp&iacute;ritu Santo el que tiene que llevarlos a la verdad completa? &iquest; es que &Eacute;l no puede llevarlos? Pod&iacute;amos responder aprior&iacute;sticamente diciendo que la afirmaci&oacute;n de Cristo es verdad por el mero hecho de que est&aacute; dicha por &Eacute;l. Pero es que los efectos del d&iacute;a de Pentecost&eacute;s confirmaron la verdad de lo que Cristo les hab&iacute;a dicho. No es que Cristo no les hubiera manifestado toda la verdad. Lo que ocurre es que una verdad no se comprende hasta que no se vive; una verdad no es completa hasta que no se experimenta. Cristo, el Evangelio, la Eucarist&iacute;a, los sacramentos, las verdades de la fe todos las creemos, pero s&oacute;lo se comprenden cuando se viven. A Cristo, a la Eucarist&iacute;a, el Evangelio no se comprende hasta que no se vive. Por eso, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, los Ap&oacute;stoles no recibieron ninguna verdad nueva, s&oacute;lo experimentaron lo que cre&iacute;an y celebraban en la Eucarist&iacute;a. &ldquo;Me voy y vuelvo a vosotros&rdquo;, les hab&iacute;a dicho el Se&ntilde;or. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s es el mismo Cristo el que viene, pero viene no hecho idea, ni palabra ni signos externos, sino hecho fuego, llama que se funde en llama viva con el que lo recibe y as&iacute; se llega al hond&oacute;n de las realidades y se hace una sola cosa con ellas. Pentecost&eacute;s es Cristo hecho fuego y &laquo;llama de amor viva, qu&eacute; tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro; pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro&raquo;. 2.- Hoy tambi&eacute;n es necesario un nuevo Pentecost&eacute;s sobre la Iglesia, sobre cada uno de nosotros. La mayor pobreza de la Iglesia es la pobreza m&iacute;stica, falta experiencia de Dios, sentir y vivir los que creemos y celebramos. Esto no es posible, si no nos vaciamos de tantas cosas que impiden la presencia de Dios en nosotros, porque nuestro coraz&oacute;n est&aacute; lleno de muchas cosas y no cabe Dios. Tenemos que vaciarnos de tanto yo, de tanto consumismo. Tenemos hambre de cosas, pero nos falta hambre de Dios; hemos llenado nuestro coraz&oacute;n, nuestros hogares, a nuestros hijos de todo y ahora resulta que le falta todo porque le falta Dios, que es el Todo. Hoy es necesario recorrer el camino que ordinariamente nos lleva a la verdad completa de Dios: conocer y amar a un Dios que es Padre, porque nos crea y nos da la vida; conocer y tener trato de amistad con un Dios Hijo, que nos has redimido y salvado; conocer en etapas &uacute;ltimas a un Dios que es Esp&iacute;ritu Santo que nos descubre el misterio trinitario, esto es, a un Dios Trino y Uno que nos habita: Toda mi vida, siempre he empezado toda clase de grupos, invocando la luz, fuerza, amor del Esp&iacute;ritu Santo: Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu y ser&aacute;n. .. 3.- Analicemos su nombre: Esp&iacute;ritu Santo A) Le llamamos Esp&iacute;ritu, porque no tiene rostro humano. La sagrada Escritura no presenta una imagen o retrato visible: es amor, fuerza interior, vida, es esp&iacute;ritu. Cristo dijo de &Eacute;l: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Si le dejamos vivir en nosotros, le conoceremos por sus efectos santificadores. S&oacute;lo se le puede conocer si habita en nosotros, si vive en nuestra alma como en su casa; por eso son pocos los cristianos que le conocen porque no tiene rostro y vive en lo interior: hay poca devoci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo. B) Le llamamos esp&iacute;ritu, porque es el alma, la vida de nuestra vida. Lo que es el alma para el cuerpo, as&iacute; es el Esp&iacute;ritu Santo para la Iglesia: La Iglesia, el cristiano no puede vivir sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Como no tiene rostro externo o sensible, para conocerlo hay que dejarse invadir por &Eacute;l, sentir su presencia en nuestro esp&iacute;ritu por la vida de gracia, de amor, por hacernos d&oacute;ciles a sus inspiraciones escuch&aacute;ndole en oraci&oacute;n, aceptar su acci&oacute;n santificadora dentro de nosotros: C) Santo. Santo es igual que santificador. Es la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, unir a Dios, y eso se llama santificar. Sin Esp&iacute;ritu Santo no hay cristiano ni cristianismo. Ser cristiano es &laquo;ser y vivir en el Esp&iacute;ritu&raquo;, es amar y conocer a Dios en el Amor del Esp&iacute;ritu Santo. &Eacute;l es la fuerza de toda oraci&oacute;n que se haga &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, por eso hay que invocarle siempre al empezarla, para escucharle y hacernos d&oacute;ciles a &Eacute;l. &laquo;&iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme por una nueva encarnaci&oacute;n sacramental en humanidad supletoria de Cristo para que &Eacute;l renueve y prologue en mi todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera hacer presente a Cristo, ante la mirada de Dios y de los hombres, como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres, como Redentor del mundo&raquo; 4.- Por eso hay que invocarle con frecuencia, todos los d&iacute;as. Es un signo de vida espiritual aut&eacute;ntica, pujante, encendida llamarle con frecuencia. Este era el secreto para el Cardenal Mercier: &laquo; Os voy a revelar un secreto de santidad y felicidad; si todos los d&iacute;as, durante cinco minutos, sab&eacute;is hacer callar vuestra imaginaci&oacute;n y cerrar vuestros ojos a las cosas sensibles y vuestros o&iacute;dos a todos los ruidos de la tierra para entrar en vosotros mismos y all&iacute;, en el santuario de vuestra alma, dialogar con este divino Esp&iacute;ritu, llegar&eacute;is a gran intimidad con Dios. Esta sumisi&oacute;n al Esp&iacute;ritu es el secreto de la santidad&raquo;. El cristiano es un hombre a quien el amor ha hecho entrar en la esfera de lo divin. San Ireneo se atreve a decir: &laquo;Mientras que el hombre natural est&aacute; compuesto de alma y de cuerpo, el hombre cristiano est&aacute; compuesto de alma, cuerpo y Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. ************************************* FIESTAS DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S JUEVES DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S: FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Este jueves es Jueves Eucar&iacute;stico y todos los jueves nos recuerdan el Jueves Santo, en que Cristo instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, pero tambi&eacute;n el sacerdocio cat&oacute;lico. Del mismo coraz&oacute;n, de un mismo impulso, aquella tarde nacieron la Eucarist&iacute;a y los encargados de hacerla presente. Porque despu&eacute;s de veinte siglos, &iquest;de qu&eacute; nos hubiera servido a nosotros tanto amor, tanta entrega, si no hubiera alguien encargado de multiplicarlo y ponerlo sobre nuestros altares? Por eso, porque en el correr de los siglos Cristo vio una multitud hambrienta de Dios, de cielo, de eternidad... Jes&uacute;s hizo a los encargados de amasar este pan, esta harina divina. Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes, cuando les dio el mandato de seguir celebrando la Eucarist&iacute;a: &ldquo;haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&rdquo;: seguid haciendo esto mismo vosotros; por el amor que tengo a todos los hombres, seguid consagrando vosotros y vuestros sucesores esta Hostia santa. Comunicad este poder sagrado a otros. Haced que otros puedan consagrar, y as&iacute; instituy&oacute; Jes&uacute;s el sacerdocio cat&oacute;lico como prolongaci&oacute;n de su mismo sacerdocio, con poder sobre su cuerpo f&iacute;sico, la Eucarist&iacute;a, y sobre su cuerpo m&iacute;stico, la Iglesia. Qu&eacute; grandeza ser sacerdote, cu&aacute;nta gracia, cuanto poder. Cuando las almas tienen fe, se sobrecogen ante el misterio del sacerdocio, porque el sacerdote cat&oacute;lico tiene poderes divinos, trascendente, es sembrador, cultivador y recolector de eternidades, cultiva la salvaci&oacute;n &uacute;nica y trascendente del hombre, tiene el poder divino de la Eucarist&iacute;a y del perd&oacute;n de los pecados:&ldquo;Dijeron, &eacute;ste blasfema, solo Dios puede perdonar los pecados&rdquo;. Si tuvi&eacute;ramos m&aacute;s fe... &iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or! Para que nunca faltase sobre nuestros altares su ofrenda de adoraci&oacute;n al Padre, en obediencia extrema, hasta dar la vida; para que nunca pas&aacute;semos hambre de Dios, para que siempre tuvi&eacute;ramos el perd&oacute;n de los pecados, hizo a los sacerdotes, como continuadores de su misi&oacute;n y tarea. Aquella noche, de un mismo impulso de su amor, brotaron la Eucarist&iacute;a y los encargados de amasarla. Por eso est&aacute;n y deben permanecer siempre tan unidos la Eucarist&iacute;a y el sacerdocio. La Eucarist&iacute;a necesita esencialmente de sacerdote para realizarse y por eso el sacerdote nunca es tan sacerdote como cuando celebra la Eucarist&iacute;a: el sacerdocio tiene relaci&oacute;n directa con la Eucarist&iacute;a y la Eucarist&iacute;a est&aacute; pidiendo sacerdote que la realice: &ldquo;Y cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;...&rdquo; dice el Se&ntilde;or. Qu&eacute; profundo significado encierran estas palabras para todos, especialmente para nosotros, los sacerdotes. Todos debi&eacute;ramos recordarlas cuando celebramos la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;acordaos de m&iacute;...&rdquo; acordaos de mis sentimientos y deseos de redenci&oacute;n por todos, acordaos de mi emoci&oacute;n y amor por vosotros, acordaos de mis ansias de alimentar en vosotros la misma vida de Dios, acordaos... y nosotros, muchas veces, estamos distra&iacute;dos sin saber lo que hacemos o recibimos; bien estuvo que nos lo recordases, Se&ntilde;or, porque T&uacute; ver&iacute;as muchas distracciones, mucha rutina, muchos olvidos y desprecios, en nuestras Eucarist&iacute;as, en nuestras comuniones, distra&iacute;dos sin darte importancia en los sagrarios olvidados como trastos de la iglesia, sin presencia de amigos agradecidos. Vosotros, los sacerdotes, cuando consagr&eacute;is este pan y vosotros, los comulgantes, cuando comulgu&eacute;is este pan, acordaos de toda esta ternura verdadera que ahora y siempre siento por vosotros, de este cari&ntilde;o que me est&aacute; traicionando y me obliga a quedarme para siempre tan cerca de vosotros en el pan consagrado, en la confianza de vuestra respuesta de amor; acordaos... Nosotros, esta tarde de Jueves Santo, no te olvidamos, Se&ntilde;or, Quisi&eacute;ramos celebrar esta Eucarist&iacute;a y comulgar tu Cuerpo con toda la ternura de nuestro coraz&oacute;n, que te haga olvidar todas las distracciones e indiferencias nuestras y ajenas; nos acordamos agradecidos ahora de todo lo que nos dijiste e hiciste y sentiste y sigues sintiendo por nosotros y te recodamos y recordaremos siempre agradecidos, desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n. El sacerdocio de Cristo, el esp&iacute;ritu sacerdotal de Jes&uacute;s, su amor sacerdotal por nosotros empez&oacute; en el mismo seno de la Sant&iacute;sima Trinidad, cuando los Tres programaron manifestar el amor extremo a los hombres, hasta dar la propia vida encarnada por ellos. El fuego era de Esp&iacute;ritu Santo, de amor loco y total al Padre entristecido porque el hombre hab&iacute;a roto su amistad en el para&iacute;so y ya no pod&iacute;a entrar en la amistad con Dios Trino y Uno para la que hab&iacute;a sido creado. *********************************** DE LA EUCARIST&Iacute;A SACRAMENTO AL SACERDOTE SACRAMENTO DE CRISTO. Y desde esta comprensi&oacute;n de la Eucarist&iacute;a como presencia sacramental-mist&eacute;rica de Cristo, que condensa toda su vida y la presencializa con las palabras y gestos de la consagraci&oacute;n sobre un poco de pan y vino, hay que reflexionar tambi&eacute;n y comprender el sacerdocio como sacramento de Cristo, como signo visible de Cristo invisible, humanidad supletoria sacramental prestada a Cristo, para que pueda seguir realizando en el tiempo su misterio de Salvaci&oacute;n. &laquo;A partir de aqu&iacute;, toma el relieve justo la persona del sacerdote, el cual ofrece el &ldquo;Santo Sacrificio &lsquo;in persona Christi&rsquo; lo cual quiere decir m&aacute;s que &lsquo;en nombre&rsquo;, o tambi&eacute;n &lsquo;en vez de Cristo. &lsquo;In persona&rsquo;: es decir, en la identificaci&oacute;n espec&iacute;fica sacramental con el &lsquo;Sumo y Eterno Sacerdote&rsquo;, que es el Autor y el Sujeto principal de &eacute;ste su propio Sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 4) La Eucarist&iacute;a y el sacerdocio en Cristo son una misma realidad. Y, por eso mismo, sacerdocio y eucarist&iacute;a en nosotros deben estar vitalmente unidos, porque se fundamentan esencialmente el uno en el otro. Por el sacramento del Orden se produce como una encarnaci&oacute;n de Cristo en cada elegido, al que viene para revivir todo su misterio de adorador del Padre, de salvador de los hombres, de redentor del mundo, como consagrante en cada misa de su propio cuerpo: &ldquo;Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre&rdquo;. No el de Pedro, Juan o cualquier sacerdote sino el de Cristo que es el que consagra por medio del sacerdote, es decir, de su sacramento visible. Por el sacramento del orden el sacerdote queda configurado sacramentalmente a Cristo. El gozo sacerdotal vendr&aacute; al experimentar lo que es, de sentirse identificado con Cristo, que vive y act&uacute;a por &eacute;l, de sorprender al Padre inclinado sobre esta pobrecita criatura, que es el sacerdote, porque ha visto en &eacute;l al Amado, en quien tiene puestas todas sus complacencias. El sacerdote es un sacramento de Cristo vivo, como el pan consagrado; por fuera pan, por dentro, Cristo. Es Cristo viviendo y actuando en m&iacute;: es el &ldquo;no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&rdquo;, de San Pablo y el sacerdocio como vivencia, soy yo viviendo en Cristo, identificado con Cristo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;, &ldquo;Estoy crucificado con Cristo...&rdquo; &ldquo;Haced esto en memoria de m&iacute;&rdquo;. En la misa no se repite nada: ni los deseos de Cristo de dar su vida por nosotros, ni su sufrimiento ni su ofrenda, sino que se presencializa el mismo sacerdote y la misma v&iacute;ctima del Cen&aacute;culo, de la cruz y del cielo. Por muchas celebraciones que se hagan, nunca se repite el sacrificio, siempre es el mismo, porque no se representa otra vez sino que se presencializa el mismo y &uacute;nico sacrificio ofrecido de una vez para siempre. Puede haber muchas intenciones sacerdotales en la concelebraci&oacute;n, tantas como sacerdotes, pero el sacrificio siempre es &uacute;nico y el mismo. Por lo tanto, la Eucarist&iacute;a, por ser memorial &laquo;in misterio&raquo; de la realidad <Cristo>, presencializa la misma y eterna pascua, la misma y eterna Alianza, la misma v&iacute;ctima, intenciones, deseos sacerdotales y sacrificiales, el &uacute;nico sacrificio de la cruz ya consumado y aceptado por el Padre porque le resucit&oacute; sent&aacute;ndolo a su derecha y es ya para siempre el cordero degollado y glorioso ante el trono de Dios, pura intercesi&oacute;n por nosotros y con el cual conectamos en cada misa. Es m&aacute;s, me atrevo a decir: si la vida de Cristo hombre naci&oacute; en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad como proyecto salvador de los Tres a realizar por el Verbo: &ldquo;Padre, sacrificios y ofrendas no quieres... aqu&iacute; estoy para hacer tu voluntad...&rdquo; (Hbr. 10,5) y se le dot&oacute; de un cuerpo humano: &ldquo;...pero me has dado un cuerpo&rdquo; (Ibid.) nacido de Mar&iacute;a, esa voluntad ha sido ya consumada pascualmente - mediante el paso definitivo al Padre, a los bienes escatol&oacute;gicos- esjat&oacute;n pascual y ya no hay m&aacute;s novedad posible en el mismo seno del Dios Trino y Uno (seg&uacute;n su proyecto) y el mismo fuego de Esp&iacute;ritu Santo que lo sac&oacute; del seno trinitario, lo impuls&oacute; a encamarse, lo manifest&oacute; como Hijo y lo llev&oacute; sudoroso y polvoriento por lo caminos de Palestina predicando la Buena Nueva de Salvaci&oacute;n y Eternidad para todos los hombres hasta el testimonio martirial de su vida por ellos...&rdquo;ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros...&rdquo; al ser aceptada y recibida ya esa entrega personal de Jesucristo en el mismo seno del Amor Trinitario, por el mismo Esp&iacute;ritu Santo de donde hab&iacute;a nacido.., perdura ya eternamente como sacerdote y v&iacute;ctima ofrecida, aceptada y adorada ante el trono de Dios Trino y Uno, como afirma repetidamente la liturgia del Apocalipsis. As&iacute; pues, todo el misterio de Cristo, desde que nace como, proyecto en el seno del Padre y se encarna en el seno de Mar&iacute;a: &ldquo;La Palabra estaba junto a Dios.... la Palabra se hizo carne&rdquo; (Jn.l,1;14 ) con toda su vida encarnada, con sus ansias de amor y de entrega, &ldquo;Habiendo amado a los suyos, los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo;(Lc.22,l4) y desde la Encarnaci&oacute;n hasta la Ascensi&oacute;n, especialmente pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, es lo que se hace presente, al hacer el sacerdote por el Esp&iacute;ritu Santo la memoria de Cristo como &Eacute;l quiso &laquo;recordarse y ser recordado&raquo; por sacramento memorial de su Iglesia, eternamente ante Dios y ante los hombres. Al hacerse presente todo el misterio de Cristo, cada celebrante o participante puede decir en la misa, con Santa Gertrudis, este texto que le&iacute;, cuando preparaba la charla, en la Liturgia de las Horas en el d&iacute;a de su memoria: &ldquo;Por todo ello, te ofrezco en reparaci&oacute;n, Padre amant&iacute;simo, todo lo que sufri&oacute; tu Hijo amado, desde el momento en que, reclinado sobre paja en el pesebre, comenz&oacute; a llorar, pasando luego por las necesidades de la infancia, las limitaciones de la edad pueril, las dificultades de la adolescencia, los &iacute;mpetus juveniles, hasta la hora en que, inclinando la cabeza, entreg&oacute; su esp&iacute;ritu en la cruz, dando un fuerte grito. Tambi&eacute;n te ofrezco, Padre amant&iacute;simo, para suplir todas mis negligencias, la santidad y perfecci&oacute;n absoluta con que pens&oacute;, habl&oacute; y obr&oacute; siempre tu Unig&eacute;nito, desde el momento en que, enviado desde el trono celestial, hizo su entrada en este mundo hasta el momento en que present&oacute;, ante tu mirada paternal, la gloria de su humanidad vencedora &ldquo; (Libro 2,23,1.3.5.8.10: SCh 139,330-340) (Liturgia de la Horas, IV, pags. 1370-1373) Y tambi&eacute;n, en clave de memorial, se puede rezar este texto de S. Br&iacute;gida, tomado de la Liturgia de las Horas, en su recuerdo: &laquo;Bendito seas t&uacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que anunciaste por adelantado tu muerte y, en la &uacute;ltima cena, consagraste el pan material, convirti&eacute;ndolo en tu cuerpo glorioso y por amor lo diste a los ap&oacute;stoles como memorial de tu dign&iacute;sima pasi&oacute;n Honor a ti, mi Se&ntilde;or Jesucristo, porque el temor de la pasi&oacute;n y muerte hizo que tu cuerpo inocente sudara sangre....Bendito seas t&uacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que fuiste llevado ante Caif&aacute;s... Gloria a t&iacute; por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de p&uacute;rpura y coronado de punzantes espinas... Alabanza a t&iacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que te dejaste ligar a la columna para ser cruelmente flagelado... Bendito seas t&uacute;, glorificado y alabado por los siglos, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que est&aacute;s sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de la divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros sant&iacute;simos, que tomaste de la Virgen&raquo; (Oraci&oacute;n 2: Revelationum 5. Birgittae libri, 2, Roma l628, pp.408-410). Al decir &ldquo;haced esto en memoria m&iacute;a&rdquo; el Se&ntilde;or nos quiere indicar a cada participante: acordaos de mi vida entregada al Padre por vosotros desde mi encarnaci&oacute;n hasta lo &uacute;ltimo que ahora hago presente, de mi amor loco y apasionado hasta el fin de mis fuerzas y de los tiempos.. .de mi voz y mis manos emocionadas... &ldquo;Cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;...&rdquo; No nos olvidamos, Se&ntilde;or. Y todo esto se hace presente en cada misa y Jes&uacute;s &ldquo;se recuerda&rdquo; para la Stma. Trinidad, para &Eacute;l y para nosotros, haci&eacute;ndolo presente. As&iacute; es como Jesucristo, proyecto salvador de los hombres, sale del Padre por el Esp&iacute;ritu Santo y en la eucarist&iacute;a, vuelve a &Eacute;l, como proyecto final escatol&oacute;gico logrado por el mismo Esp&iacute;ritu en el Hijo-hombre, y en ella y por ella participamos de la &uacute;nica e irreversible devoluci&oacute;n del hombre y del mundo al Padre, que &Eacute;l, el Hijo eterno y, al mismo tiempo, verdadero hombre, hizo de una vez para siempre&rdquo;. Por eso, la Eucarist&iacute;a es Cristo entero y completo, el evangelio entero y completo, la fe cristiana entera y completa. Nada del misterio de Cristo queda fuera de la Eucarist&iacute;a. Ni siquiera el misterio de Dios Trino y Uno manifestado por el Padre enviando al Hijo movido por el Esp&iacute;ritu Santo -uni&oacute;n de la Trinidad y Eucarist&iacute;a proclamada y exigida por el Papa en este a&ntilde;o jubilar-. Todo esto, el primer impulso de amor, el proyecto en el Hijo por el Esp&iacute;ritu, la consumaci&oacute;n y la glorificaci&oacute;n eterna -&ldquo;actual&rdquo; en el cielo, se hace presente en la Eucarist&iacute;a. He hablado de la Eucarist&iacute;a, queridos amigos, en la medida en que he podido captarla y expresarla yo mismo corno creyente, no s&oacute;lo como te&oacute;logo. En definitiva, he tratado de expresarla en palabras humanas. Hay otra forma mucho mejor de presentar la eucarist&iacute;a: es la que el sacerdote hace sencillamente cuando eleva el pan consagrado y el c&aacute;liz a la vista de la asamblea y solicita de ella la fe: &ldquo;Este es el sacramento de nuestra fe&rdquo;. ****************************************** DOMINGO DESPUES DE PENTECOST&Eacute;S: SOLEMNIDAD DE LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD QUERIDOS HERMANOS: 1.- Nuestra Madre la Iglesia, como insigne maestra y pedagoga, va proponi&eacute;ndonos progresivamente en el a&ntilde;o lit&uacute;rgico los principales misterios de nuestra fe, para que, celebr&aacute;ndolos, medit&aacute;ndolos y vivi&eacute;ndolos, sirvan para mayor gloria y alabanza de Dios y santificaci&oacute;n nuestra. Despu&eacute;s de haber considerado todos los misterios de la salvaci&oacute;n &mdash;desde el nacimiento de Cristo hasta Pentecost&eacute;s en el &uacute;ltimo domingo&mdash;, la Iglesia dirige su mirada al misterio primordial del cristianismo, la Sant&iacute;sima Trinidad, principio y fin de todo el misterio y vida divina, fuente de todo don y de todo bien. Si el domingo pasado la Iglesia nos invitaba a venerar y alabar al Esp&iacute;ritu Santo en su manifestaci&oacute;n p&uacute;blica de Pentecost&eacute;s, hoy nos invita a los fieles a cantar las alabanzas y dar gracias al Dios Trino y Uno, diciendo, con mayor fe y amor que nunca, esta breve aclamaci&oacute;n, que todos los d&iacute;as repetimos, sin darle excesiva importancia: &laquo;Gloria al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Nada m&aacute;s justo, si echamos una mirada hacia atr&aacute;s, para ver todos los misterios, que han salido del Amor Trinitario del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y que hemos ido celebrando durante todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, que ha terminado. Y si, hace unos d&iacute;as, cant&aacute;bamos a Cristo resucitado que sub&iacute;a a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, y el &uacute;ltimo domingo, honr&aacute;bamos al Esp&iacute;ritu Santo, que inundaba de su fuego y su luz a la Iglesia naciente, hoy queremos adorar a los Tres, porque en consejo trinitario y en poder y sabidur&iacute;a y amor han concebido, han realizado y han consumado esta obra tan maravillosa de la creaci&oacute;n, de la salvaci&oacute;n y de la santificaci&oacute;n de los hombres. 2.- La revelaci&oacute;n de la Trinidad pertenece al Nuevo Testamento: el Antiguo intenta todo &eacute;l proclamar y exaltar la unidad de Dios: uno solo es el Se&ntilde;or. &ldquo;Reconoce y medita en tu coraz&oacute;n &mdash;se lee hoy en la primera lectura (Dt 4, 32-34. 39 40)- que el Se&ntilde;or es el &uacute;nico Dios all&aacute; arriba en el cielo, y aqu&iacute; abajo en la tierra; no hay otro&rdquo;. Y esta insistencia de Dios en la unidad de su ser y existencia tiene una raz&oacute;n pedag&oacute;gica: se ha manifestado poco a poco en su intimidad; y otra raz&oacute;n teol&oacute;gica e hist&oacute;rica: Israel viv&iacute;a en contacto con pueblos id&oacute;latras y paganos, que adoraban varios dioses y necesitaba ser advertido continuamente de esta verdad para no caer en la idolatr&iacute;a; era conveniente no dar apariencia de diversidad de dioses con el misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad. Por eso, el Antiguo Testamento celebra la grandeza de Yahv&eacute;, &uacute;nico Dios: &eacute;l es el Creador de todo el universo, el Se&ntilde;or absoluto. Nosotros podemos cantar y adorar la Trinidad en la Unidad como lo hacemos en el Prefacio de la misa de hoy: &laquo; Es justo darte gracias siempre y en todo lugar, Se&ntilde;or, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu &uacute;nico Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo eres un solo Dios, un solo Se&ntilde;or; no una sola Persona, sino tres personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque t&uacute; lo revelaste, lo afirmamos tambi&eacute;n de tu Hijo, y tambi&eacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, sin diferencia ni distinci&oacute;n. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres personas distintas, de &uacute;nica naturaleza e iguales en su dignidad&raquo;. (MISAL ROMANO, prefacio). 3.- Israel ha experimentado ampliamente el amor y la predilecci&oacute;n de Dios por su pueblo: Dios lo ha elegido para pueblo suyo, lo ha sacado de la esclavitud egipcia con prodigios admirables, le ha ofrecido su alianza, le ha concedido el privilegio de o&iacute;r su voz y gozar de su presencia. &laquo;Desde el d&iacute;a en que Dios cre&oacute; al hombre sobre la tierra, &iquest;hubo jam&aacute;s palabra tan grande como &eacute;sta?, &iquest;se oy&oacute; cosa semejante? (Dt 32). Sin embargo, el nuevo pueblo de Dios &mdash;la Iglesia&mdash; goza de privilegios mayores a&uacute;n, fruto de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios y de su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Con la venida de Cristo, Dios se revela al mundo en el misterio de su vida &iacute;ntima y de la perfecci&oacute;n y fecundidad de su acto cognoscitivo y amoroso, por el que es Padre que engendra al Verbo, su Hijo, y es comuni&oacute;n, beso y abrazo de la que procede el Esp&iacute;ritu Santo. Y la cosa m&aacute;s admirable es que Dios, Trinidad de Personas en una sola Divinidad extiende hasta nosotros esas relaciones personales, siendo Padre que nos ama en su esencia y porque nos ama nos crea: &ldquo;En esto consiste el Amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; primero&rdquo;, haci&eacute;ndonos hijos suyos en el Hijo que nos env&iacute;a y nos salva: &ldquo;Y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;, comunic&aacute;ndonos su mismo Amor, el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l&hellip;&rdquo; ese Amor Personal de Dios es el Esp&iacute;ritu Santo. 4.- Este privilegio no est&aacute; reservado a unos pocos seres privilegiados sino que se extiende a todos los hombres, todos est&aacute;n llamados a formar un solo pueblo, la Iglesia, que se extiende a todos los hombres que aceptan el mensaje de Cristo y han sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Para Dios nuestro Padre, todo bautizado no es s&oacute;lo una criatura, sino un hijo en el Hijo Amado, introducido por el Hijo Amado en la intimidad y familiaridad de la Trinidad para que viva en familia y comuni&oacute;n con las Tres divinas Personas. Esta es la Buena Noticia que Jes&uacute;s, antes de subir al cielo, orden&oacute; a sus Ap&oacute;stoles llevar a todas las gentes y bautizarlas &ldquo;en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Mt 28, 16-20). Todo hombre entra en relaci&oacute;n con la Trinidad mediante el bautismo; por eso renace a una vida nueva: hecho hijo del Padre que ha dispuesto su regeneraci&oacute;n, hermano de Cristo que se la ha merecido con la sangre de la Cruz, y templo del Esp&iacute;ritu Santo que le infunde el Esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n. Ante Dios, el bautizado no es s&oacute;lo una criatura, sino un hijo introducido en la intimidad de su vida trinitaria para que viva en sociedad con las Personas Divinas que moran en &eacute;l. 5.- Todo esto es lo que nos ense&ntilde;a San Pablo en la segunda lectura de la Carta a los Romanos. Ah&iacute; vemos a las Tres Personas Divinas en sus relaciones con el hombre. Dios Padre nos justifica por la gracia, participaci&oacute;n de su misma vida, merecida por la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo Jesucristo, y comunicada por el Esp&iacute;ritu Santo, que mora en nosotros: &ldquo;Hab&eacute;is recibido... un esp&iacute;ritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: &iexcl;Abba! (Padre). Ese Esp&iacute;ritu y nuestro esp&iacute;ritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios&rdquo; (ib 15-16). Para entrar en relaci&oacute;n con los Tres, el hombre debe creer en Jesucristo y su Evangelio y ser bautizado en el nombre de la Sant&iacute;sima Trinidad, para recibir la vida divina y poder amar a Dios como &Eacute;l nos ama y poder gozar un d&iacute;a plenamente de la gloria de los hijos de Dios, en una comuni&oacute;n sin velos de la Sant&iacute;sima Trinidad: &ldquo;Como sois hijos, Dios envi&oacute; a vuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: &iexcl;Abba! Padre&rdquo;. As&iacute; que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres tambi&eacute;n heredero por voluntad de Dios&rdquo; (Gal 4,6-7). El Esp&iacute;ritu Santo ha sido enviado a los hombres para que los transforme interiormente y los convierta en hijos a imagen del Hijo. A &Eacute;l se le atribuye esta regeneraci&oacute;n &iacute;ntima, verdadero renacer espiritual; &Eacute;l es su autor y, al mismo tiempo, su testigo, que infundiendo en el creyente la &iacute;ntima convicci&oacute;n de ser hijo de Dios, lo anima a amarle e invocarle como a Padre. Pero para que el Esp&iacute;ritu Santo pueda cumplir su obra, es necesario dejarse dirigir por &Eacute;l, como Cristo se dej&oacute; llevar por &Eacute;l durante toda su vida: &ldquo;Los que se dejan llevar por el Esp&iacute;ritu de Dios, esos son hijos de Dios&rdquo;. ************************************* DOMINGO de TRINIDAD: EL ALMA EN GRACIA QUERIDOS HERMANOS: 1.- &ldquo;Si alguno me ama guardar&aacute; mi palabra y mi Padre lo amar&aacute;, y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. &iexcl;Cu&aacute;nto y qu&eacute; verdadero debe ser el amor que Dios nos tiene que es capaz de rebajarse y pedirnos nuestro amor! Y uno se pregunta: &iquest;Pero qu&eacute; puedo yo darle a Dios que &Eacute;l no tenga? Si Dios es Dios y lo tiene y lo puede todo porque es infinito, no tiene l&iacute;mites de nada y en nada, &iquest;pero qu&eacute; le puedo dar la criatura a Dios que &Eacute;l no sea o lo tenga en grado infinito. Y Dios responde: lo tengo todo menos tu amor si t&uacute; no me lo das, porque eso es personal y yo te he dado libertad como criatura para amarme o no amarme; yo te he so&ntilde;ado para una eternidad de uni&oacute;n y gozo eterno conmigo y te he hecho libre y t&uacute; puedes hacer con tu amor lo que quieras; puedes hasta ofenderme pero yo desde que vienes a este mundo, respetando tu amor y libertad, quiero vivir en tu alma bautizada y regenerada por la gracia e inhabitada por la Santisima Trinidad y participando en la misma vida divina de nosotros Tres por las virtudes infusas y teologales de fe, esperanza y caridad que nos unen y te hacen vivir ya en la tierra unido y sintiendo a los Tres en tu alma como templo y morada de la Trinidad, vida una y trinitaria de mis tres, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, viendo y sintiendo c&oacute;mo el Padre contempl&aacute;ndo la belleza y plenitudd de su ser y esencia divina ve y contempla al Hijo como Idea e imagen perfecta y total de su mismo ser que le abraza y le besa y se funde en unidad esencial de Amor con su mismo Amor de Esp&iacute;ritu Santo en Unidad Substancial de las Tres Personas divinas con un mismo abrazo y beso de Amor de Esp&iacute;ritu Santo&hellip; Nosotros Tres como un solo ser y existir infinito en unidad de Amor queremos vivir en todos vosotros, amad&iacute;simos hijos, por el santo bautismo que os hace hijos de Dios y herederos del cielo, hijos con nuestra misma vida de belleza y amor Trinitario, ya desde tu santo bautismo, que te hace por la gracia en tu alma morada de la Santisima Trinidad por el gran sacramento del santo bautismo, hoy poco valorado y despreciado por muchos, potenciando esta morada sentida y vivida por muchas alma por las tres virtudes teologales fe, esperanza y caridad, que te unen a Dios Trinidad, empezando ya en la tierra por el santo bautismo y la oraci&oacute;n contemplativa que te purifica y te hace ver en tu alma y vvir y sentir la misma vida de la Trinidad en el cielo pero aqu&iacute; participada de forma limitada por ser criaturas, una vida de amor y amistad eterna que se prologar&aacute; ya para siempre en mi misma esencia y eternidad y ya para siempre contemplada y vivida en gloria celestia con los Tres, vida de amor y gozo en Dios Trinidad que ya no teminar&aacute; nunca porque la eternidad empieza en el tiempo por la gracia del santo bautismo pero se perfecciona y consuma en la misma vida y eternidad de los Tres en su esencia divina y trinitaria. Hermanos, Dios nos ama y no habita, toda persona en gracia de Dios desde el santo bautismo es templo y morada de la Sant&iacute;sima Trinidad: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro presente en mi alma, ayudarme a olvidarme en m&iacute;&hellip; Dice San Juan: &ldquo;Dios es Amor&hellip; en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Queridos hermanos, que Dios existe, que es infinito en todo, que nosotros no podemos darle nada que &Eacute;l no tenga pero El quiere darse totalmente a nosotros&hellip; y por eso Dios es Amor infinito, el Amor m&aacute;s grande que existe y puede existir, porque nos ama no por necesidad de nada sino solo por amor gratuito, para llenarnos de su mismo amor y felicidad y gozo infinito trinitario en di&aacute;logo perpetuo de amor del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, pero ya desde este mundo: almas contemplativas que por la oraci&oacute;n van llegando a estas cimas de uni&oacute;n con la Trinidad y tienen ya en este mundo experiencia de Dios Trinidad. Dios me ha amado y me ha destinado a vivir su mismo amor y felicidad en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad. Cosa que yo no comprendo, porque Dios es ser infinito en amor y en via, no tiene necesidad de nada ni de nadie, nos supera a todo los creado y recreado por gracia, nos supera en amor y gozo y generosidad y en todo, nos supera infinitamente en ser y existir, no tiene en nada absolutamente necesidad del hombre para ser feliz. Y este es el proyecto de Dios sobre el hombre. Dios me ha amado y me ha elegido a compartir con &Eacute;l su misma esencia de vida, de belleza y de gozo en el volc&aacute;n infinito de su divina esencia, contemplando paisajes de luz y esplendor en su Imagen perfecta que el Hijo con su mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo. Si yo le doy entrada en mi coraz&oacute;n al Hijo, &Eacute;l es Hijo porque el Padre est&aacute; eternamente am&aacute;ndole y cre&aacute;ndole como Hijo y &Eacute;l le hace Padre con el mismo Amor de los Tres que es el Esp&iacute;ritu Santo. Lo que ocurre, hermanos, es que hoy muchos cristianos, sobre todo, chicas y chicos j&oacute;venes de este tiempo, qu&eacute; diferencia de mi juventud en que las chicas guardaban la castidad hasta el matrimonio porque se sent&iacute;an morada de Dios y se casaban v&iacute;rgenes, hoy los j&oacute;venes cristianos no piesan ni saben esta verdad fundamental de la fe cat&oacute;lica: la inhabitaci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Trinidad en toda alma que esta en gracia de Dios, sin pecado grave. Por eso, no se pueden separar ninguna de las Personas de la Sant&iacute;sima Trinidad. Si yo amo al Hijo, estoy amando al Padre que esencial y continua y eternamente lo engendra como Hijo en el mismo amor que el Hijo le hace Padre, Esp&iacute;ritu Santo. Y de ese mismo amor participo yo por la gracia, que es vida de Dios participada del Hijo por su mismo Amor de Esp&iacute;ritu Santo. Qu&eacute; bien lo han comprendido y vivido muchos santos, como lo comprendi&oacute; y vivi&oacute; Sor Isabel de la Sant&iacute;sima Trinidad por su oraci&oacute;n m&iacute;stica y contemplativa, sin haber estudiado teolog&iacute;a: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierto en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora&rdquo;. A) Para llegar a la vivencia de este misterio de vida divina y trinitaria, para sentir a la S. Trinidad que vive en nosotros por gracia desde el Bautismo si no la hemos echado fuera de nuestra alma por el pecado mortal o tapado por los pecados veniales, hay que correr el camino de la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n-transformaci&oacute;n: todo por la oraci&oacute;n. Pero para hablar de esto, tengo escrito algunos libros, as&iacute; que nos quedamos adorando en fe y el que pueda en contemplaci&oacute; de amor a los tres que nos habitan: el cielo en la tierra. 2.- &ldquo;Si alguno me ama&hellip;&rdquo; Dios quiere que el hombre le ame y para gan&aacute;rselo le ha enviado a su Hijo, y con &Eacute;l viene su Amor, esto es, su mismo Amor que es Esp&iacute;ritu Santo, y as&iacute; vienen los Tres, viene toda la Trinidad al coraz&oacute;n del que le ame. Y esto no es pura teor&iacute;a; primero porque lo dice el Se&ntilde;or y segundo porque en la historia de la Iglesia personas verdaderamente cristianas, almas todas de oraci&oacute;n purificaci&oacute;n , muchos bautizado santos, m&iacute;sticos que han llegado a sentirse habitados por la Sant&iacute;sima Trinidad en su alma, en su coraz&oacute;n, porque en el santo bautismo todos fuimos hechos templos de la Sant&iacute;sima Trinidad. San Ireneo dir&aacute;: &laquo;La gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es ver a Dios&raquo;, esto es, ver y contemplar en su alma la esencia divina vivida en los Tres.&hellip;&raquo;. 3.- &ldquo;Cuando venga el Par&aacute;clito, el Esp&iacute;ritu Santo que enviar&aacute; el Padre en mi nombre, ser&aacute; quien os lo ense&ntilde;e todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho&rdquo;. Analicemos su nombre: Esp&iacute;ritu Santo a) Le llamamos Esp&iacute;ritu, porque no tiene rostro humano. La sagrada Escritura no presenta una imagen o retrato visible del Esp&iacute;ritu de Dios: es amor, fuerza interior, vida, es esp&iacute;ritu. Cristo dijo de &Eacute;l: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Si le dejamos vivir en nosotros, le conoceremos por sus efectos santificadores. S&oacute;lo se le puede conocer si habita en nosotros, si vive en nuestra alma como en su casa; por eso son pocos los cristianos que le conocen porque no tiene rostro y vive en lo interior: hay poca devoci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo. b) Le llamamos esp&iacute;ritu, porque es el alma, la vida de nuestra vida. Lo que es el alma para el cuerpo, as&iacute; es el Esp&iacute;ritu Santo para la Iglesia: es el principio de todo en el hombre, de su vida, de su inteligencia, de su amor; sin embargo, muchas veces no llegamos a descubrirle, porque nos quedamos en el exterior de nosotros, de la Iglesia, de los sacramentos. La Iglesia, el cristiano, no puede vivir sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Como no tiene rostro externo o sensible, para conocerlo hay que dejarse invadir por &Eacute;l, sentir su presencia en nuestro esp&iacute;ritu por la vida de gracia, hacernos d&oacute;ciles a sus inspiraciones escuch&aacute;ndole en oraci&oacute;n, aceptar su acci&oacute;n santificadora dentro de nosotros: &laquo; &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, Amor increado, que habitas en las almas justas! Ven sobre m&iacute; con un nuevo Pentecost&eacute;s, tray&eacute;ndome la abundancia de dones, de tus frutos, de tu gracia y &uacute;nete a m&iacute; como Esposo dulc&iacute;simo de mi alma. Yo me consagro a ti totalmente: inv&aacute;deme, t&oacute;mame, pos&eacute;eme toda. S&eacute; luz penetrante que ilumine mi entendimiento, suave moci&oacute;n que atraiga y dirija mi voluntad, energ&iacute;a sobrenatural que d&eacute; vigor a mi cuerpo. Completa en m&iacute; tu obra de santificaci&oacute;n y de amor. Hazme pura, transparente, sencilla, verdadera, pac&iacute;fica, suave, quieta y serena, aun en medio del dolor, ardiente caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh ardiente de caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh Esp&iacute;ritu vivificante, sobre esta pobre sociedad y renueva la faz de la tierra, preside las nuevas orientaciones, danos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar. Asiste a tu Iglesia, dale santos sacerdotes, fervorosos ap&oacute;stoles; solicita con suaves invitaciones a las almas buenas, s&eacute; dulce tormento a las almas pecadoras, consolador refrigerio a las almas afligidas, fuerza y ayuda a las tentadas, luz a las que est&aacute;n en las tinieblas y en las sombras de la muerte&raquo; (SOR CARMELA del ESP&Iacute;RITU SANTO). c) Santo. Santo es igual que santificador. Es la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, unir a Dios, y eso se llama santificar. Sin Esp&iacute;ritu Santo no hay cristiano ni cristianismo. Ser cristiano es &laquo;ser y vivir en el Esp&iacute;ritu&raquo;, es amar y conocer a Dios en el Esp&iacute;ritu Santo y la Verdad: Jesucristo. &Eacute;l es la fuerza de toda oraci&oacute;n que se haga &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, por eso hay que invocarle siempre al empezarla, para escucharle y hacernos d&oacute;ciles a &Eacute;l. Y nos santifica como alma de nuestra alma y de nuestra vida, como fuerza que va desde dentro hacia el exterior: &laquo;&iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro y me consagro totalmente a T&iacute;! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme por una nueva encarnaci&oacute;n sacramental en humanidad supletoria de Cristo para que &Eacute;l renueve y prolongue en m&Iacute; todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera hacer presente a Cristo, ante la mirada de Dios y de los hombres, como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres, como Redentor del mundo&raquo;. 4.- Queridos hermanos, &iquest;qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia de Pentecost&eacute;s que Jes&uacute;s nos promete y quiere para todos su disc&iacute;pulos? Primero pedir con insistencia el Esp&iacute;ritu Santo al Padre, en nombre del Se&ntilde;or Resucitado, como &Eacute;l nos lo mand&oacute;, y luego, esperar que el Padre responda, esperar siempre en oraci&oacute;n, en di&aacute;logo, en espera activa, no de brazos cruzados, porque la esperanza, la oraci&oacute;n verdaderamente cristiana es siempre acci&oacute;n por la contemplaci&oacute;n, es suscitar di&aacute;logo con el Se&ntilde;or, deseos de &Eacute;l, pensamientos y fuerzas para seguir trabajando; la oraci&oacute;n, si es oraci&oacute;n y no puro ejercicio mental, es siempre gracia eficaz de Dios y la necesitamos siempre para nosotros, para nuestra parroquia, apostolado y necesidades de todo tipo; la oraci&oacute;n y la liturgia verdaderas siempre son din&aacute;micas, siempre es estar con &Eacute;l para enviarnos a predicar. Se preguntaba San Buenaventura: &iquest;Sobre qui&eacute;n viene el Esp&iacute;ritu Santo? Y contestaba con su acostumbrada concisi&oacute;n: &laquo;Viene donde es amado, donde es invitado, donde es esperado&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; significa decir &iexcl;Ven! a alguien que ya hemos recibido en el Bautismo, Confirmaci&oacute;n, Orden sacerdotal&hellip; decir &ldquo;ven&rdquo; a quien tenemos presente dentro de nosotros? Santo Tom&aacute;s de Aquino nos da una explicaci&oacute;n teol&oacute;gica de las nuevas &ldquo;venidas&rdquo; del Esp&iacute;ritu Santo en nosotros. Observa, ante todo, que el Esp&iacute;ritu Santo &laquo;viene no porque se desplace de lugar, sino porque por gracia empieza a estar de un modo nuevo en aquellos a quienes convierte en templos suyos.&raquo; Textualmente: &laquo;Hay una misi&oacute;n invisible del Esp&iacute;ritu cada vez que se produce un avance en la virtud o un aumento de gracia. Cuando uno, impulsado por un amor ardiente, se expone al martirio o renuncia a sus bienes, o emprende cualquier otra cosa ardua y comprometida&raquo;. (I, q 43,a 6) Y KarL Rahner a&ntilde;ade: &laquo;No podemos negar que el hombre puede hacer en esta vida ciertas experiencias de gracia, que le dan una sensaci&oacute;n de liberaci&oacute;n, le abren horizontes del todo nuevos, se graban profundamente en &eacute;l y le transforman, moldeando, incluso durante mucho tiempo, su actitud cristiana m&aacute;s &iacute;ntima. Nada impide llamar a esta experiencia &ldquo;bautismo del Esp&iacute;ritu&rdquo;. Pentecost&eacute;s es el primer bautismo del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado y sentado a la derecha del Padre, con el mismo poder y amor que &Eacute;l. Jes&uacute;s al anunciarlo antes de la Ascensi&oacute;n, dijo: &ldquo;Juan bautiz&oacute; con agua, pero vosotros ser&eacute;is bautizados con Esp&iacute;ritu Santo dentro de pocos d&iacute;as&rdquo;. Toda su obra mesi&aacute;nica consiste en derramar el Esp&iacute;ritu sobre la tierra. As&iacute; lo dijo en la sinagoga de Cafarna&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal? Primero, pedir con insistencia, como he dicho, el Esp&iacute;ritu Santo al Padre por el Hijo resucitado y glorioso, sentado a su derecha como &Eacute;l nos encomend&oacute;. Y luego esperarlo reunidos con Mar&iacute;a y la Iglesia en oraci&oacute;n personal y comunitaria, en la acci&oacute;n y oraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Esperarlo y pedirlo, porque la iniciativa siempre es de Dios &ldquo;&hellip; y el viento nadie sabe de d&oacute;nde viene ni a d&oacute;nde va&rdquo;. ************************************ SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD: QUERIDOS HERMANOS: 1.- Hoy, fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad, voy a hablar para todos, pero especialmente para las hermanas dominicas contemplativas. Nuestra Madre la Iglesia, como insigne maestra y pedagoga, va celebrando progresivamente durante el a&ntilde;o lit&uacute;rgico los misterios principales de nuestra fe, para que, medit&aacute;ndolos y celebr&aacute;ndolos, lleguemos a vivirlos, y vivi&eacute;ndolos, sirvan para mayor gloria y alabanza de Dios y santificaci&oacute;n nuestra y de toda la Iglesia, raz&oacute;n principal de la vida contemplativa, esto es, de unas mujeres y hombres, que renunciando al mundo y al matrimonio, se sumergen en la soledad de un convento para entregarse totalmente a Dios y vivir totalmente para la santificaci&oacute;n personal y de la Iglesia, mediante su vida de oraci&oacute;n y santidad, es decir, queridas dominicas, vuestra vida es una entrega total y para siempre a Dios, como esposas de Cristo, dedic&aacute;ndoos a la oraci&oacute;n y sacrificio para la mayor gloria de Dios y santificaci&oacute;n personal y de la iglesia. Si el domingo pasado la Iglesia nos invitaba a venerar y esperar al Esp&iacute;ritu Santo como los Ap&oacute;stoles en oraci&oacute;n, hoy nos invita a todos los fieles a vivir la vida de gracia y descubrir que por la gracia que es la vida de Dios en nosotros, sentirnos habitados por la Sant&iacute;sima Trinidad, como lo dijo el Se&ntilde;or y lo han vivido y lo viven las almas de oraci&oacute;n profunda, como ten&eacute;is que ser todas vosotras: &ldquo; Si alguno me ama, mi Padre&hellip;&rdquo;. Y si, hace unos d&iacute;as, cant&aacute;bamos a Cristo resucitado que sub&iacute;a a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, y el &uacute;ltimo domingo, honr&aacute;bamos al Esp&iacute;ritu Santo, que inundaba de su fuego y su luz a la Iglesia naciente, hoy queremos adorar a los Tres, al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo, porque en consejo trinitario han decidido habitar en todas las almas que viven en gracia de Dios desde el santo bautismo que nos perdona los pecados y nos llena de la vida de Dios, de la Sant&iacute;sima Trinidad. En mi juventud y primeros a&ntilde;os de mi sacerdocio, os dir&iacute;a que hasta los a&ntilde;os ochenta muchos cristianos, sobre todo, las mujeres, la chicas se sent&iacute;an templos de Dios y guardaban la castidad hasta el matrimonio, para no arrojar a Dios Trinidad de sus almas, de su coraz&oacute;n. Cosa que hoy no existe y esta era la raz&oacute;n fundamental de la falta de vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa, cosa que hasta los a&ntilde;os 80 no exist&iacute;a este problema para los seminarios y los conventos; hoy, sin vida de oraci&oacute;n y castidad en infancia y juventud, hay una escased angustiosa de vocaciones y se est&aacute;n cerrando muchos conventos y seminaris cada a&ntilde;o. En Plasencia no tenemos seminario y algunos conventos han cerrado. Qu&eacute; pena. 2.-Mirad, hay una realidad misteriosa, pero verdadera y revelada por el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que muchos cristianos han vivido intensamente en su vida; es la inhabitaci&oacute;n de Dios en nuestras almas, en nuestra vida y en nuestros sentimientos. Lo revel&oacute; el mismo Se&ntilde;or: &ldquo;Si alguno me ama, mi padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. Y en esta misma l&iacute;nea van otras afirmaciones de Jes&uacute;s: &ldquo;Que todos sean uno, como t&uacute;, Padre en m&iacute; y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros&rdquo;; &ldquo;No os dejar&eacute; hu&eacute;rfanos, vendr&eacute; a vosotros; en aquel d&iacute;a conocer&eacute;is que yo estoy en el Padre, yo en vosotros y vosotros en m&iacute;&hellip; y yo rogar&eacute; al Padre y os dar&aacute; otro abogado que estar&aacute; con vosotros para siempre, vosotros le conocer&eacute;is porque permanecer&aacute; con vosotros y estar&aacute; con vosotros&rdquo; (Jn 19, 21-25). Es todo un regalo de la bondad de Dios nuestro Padre para con los que le aman con todo el coraz&oacute;n. Vosotras religiosas est&aacute;is llamadas a esto, para eso venis al convento, a la vida contemplativa. San Pablo manifestar&aacute; esta misma vivencia y verdad con innumerables textos: &ldquo;&iquest;No sab&eacute;is que sois templos de Dios y que el Esp&iacute;ritu Santo habita en vosotros?; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;, y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;; &ldquo;No entristezc&aacute;is al Esp&iacute;ritu Santo que mora en vosotros&rdquo;. Sentirse habitados por Dios, primero en la tierra y luego en el cielo, es la meta de la vida cristiana. Lo que pasa es que de esto, de la inhabitaci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Trinidad en las almas por la vida de gracia y cumplimiento de los mandamientos, se habla poco, porque no se vive, incluso en las parte elevadas de la iglesia, religiosos, sacerdotes, almas consagradas. 3.- &iquest;Por qu&eacute; falla la vivencia de este misterio entre los cristianos? &iquest;Por qu&eacute; no es tan frecuente como debiera? Realmente hay que confesar que la experiencia de este misterio pertenece a la cumbre de la m&iacute;stica, de la vida de gracia, en su fase m&aacute;s elevada. La raz&oacute;n de todo est&aacute; en que la vida de gracia se queda en semilla en nuestros corazones, el amor a Dios, a los hermanos, la humildad, la vida de oraci&oacute;n y conversion permanente, absolutamente necesarias para llegar a la vivencia de Dios en nosotros&hellip; y al no convertirse en &aacute;rbol frondoso esta semilla, las verdades de la fe se quedan a medias, en &ldquo;verdad incompleta&rdquo;, al faltar la experiencia de los que creemos, y no llegamos a la plenitud de los Ap&oacute;stoles en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, que sin estar Cristo presente predicando le sintieron con m&aacute;s fueza en su coraz&oacute;n que viendole incluso resucitado, de hecho, Cristo se les hab&aacute; aparecido y permanecieron encerrados con miedo, cuando viene el Espiritu Santo, la vivencia de Cristo en su coraz&oacute;n&hellip; abren la puertas y salen a predicar y todos dieron la vida por &Eacute;l. Y para eso, para que Cristo, la Sants&iacute;ma Trinidad nos puede llenar, el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n permanente, el vaciarnos de nosotros mismos para que Dios pueda habitar en nosotros mismos, de nuestras envidias, murmraciones, cr&iacute;tica y dem&aacute;s, para llenarnos solo de su amor y vivencia por la gracia y las virtudes sobrenaturales de la fe, la esperanza y la caridad. San Juan de la Cruz es el doctor en estas noches y purificaciones que hay que pasar hasta llegar a estas alturas de transfiguraci&oacute;n y transformaci&oacute;n en Dios hasta poder decir: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado; ces&oacute; todo y dej&eacute;me mi cuidado, dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado&raquo;. Para San Juan de la Cruz, Santa Teresa y todos los m&iacute;sticos, la falta esencial de todo esto es la falta de oraci&oacute;n, no haber ascendido por el monte de la oraci&oacute;n o no haber entrado hasta las moradas &uacute;ltimas para entrar y encontrarnos con Dios en el aposento m&aacute;s &iacute;ntimo de las moradas de Dios en nosotros. Y si la falta de oraci&oacute;n impide el desarrollo de la vida de gracia y amistad con Dios, lo peor de todo es el pecado, que pone una separaci&oacute;n, una pared de kil&oacute;metros de ancha para unirse a Dios: &ldquo;Los limpios de coraz&oacute;n ver&aacute;n a Dios&rdquo;. Cuando el alma est&aacute; en gracia es como una piscina limpia, se refleja perfectamente el rostro de Dios en nosotros. Por eso es necesaria la purificaci&oacute;n de los pecados, incluso las mismas ra&iacute;ces que no se ven ni manifiestan. Los pecados veniales consentidos impiden la uni&oacute;n total con Dios y por lo tanto su experiencia. 4.- La experiencia de la Sant&iacute;sima Trinidad. En mis tiempos de Seminario le&iacute; un libro que me impact&oacute; y me hizo mucho bien, porque trataba de estas alturas que yo no comprend&iacute;a pero me entusiasmaba y me encend&iacute;a. Se titulaba la DOCTRINA ESPIRITUAL DE SOR ISABEL DE LA TRINIDAD. Fue una joven francesa que entr&oacute; en el Carmelo de Gij&oacute;n y tom&oacute; el nombre de Sor Isabel de la Trinidad por la devoci&oacute;n a este misterio y porque se sent&iacute;a habitada por Dios. Hace unos a&ntilde;os ha sido beatificada. He de decir que en ella primero fue la experiencia y luego la inteligencia del misterio de la inhabitaci&oacute;n de Dios en su alma. Porque estas verdades no se comprenden hasta que no se viven. Por eso nos quedamos sin comprender muchas verdades de nuestra fe, porque no las vivimos. Y mira que lo dijo claro el Se&ntilde;or: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14,23). Pero esto s&oacute;lo es posible por el Esp&iacute;ritu Santo. Y tambi&eacute;n lo dijo el Se&ntilde;or: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Sor Isabel de la Trinidad fue una de esas almas luminosas y heroicas, que saben adherirse a una de esas grandes verdades, las m&aacute;s sencillas y vitales, lo mismo que Santa Teresita, permaneciendo ni&ntilde;a toda la vida ante el amor de Dios Padre, y encuentran en ella bajo la apariencia de vida sencilla y ordinaria, el secreto de una vida sant&iacute;sima totalmente unida a Dios. Para ella, la inhabitaci&oacute;n de Dios en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su alma fue la gran realidad de su vida espiritual. Lo dice ella misma con estas palabras: &laquo;La Trinidad, he ah&iacute; nuestra morada, nuestra &laquo;casa&raquo;, la casa paterna de la que no debemos salir nunca&hellip; Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios est&aacute; en lo m&aacute;s profundo de mi alma. El d&iacute;a que comprend&iacute; esto, todo se ilumin&oacute; dentro de m&iacute;&raquo;. 5.- Y para vivir estos misterios, como buena disc&iacute;pula de San Juan de la Cruz, sab&iacute;a que el camino eran las virtudes teologales y la purificaci&oacute;n de las mismas. Escrib&iacute;a: &laquo;Para acercarse a Dios hay que creer. La fe es la sustancia de las cosas que hay que esperar y la convicci&oacute;n de las que no se ven. San Juan de la Cruz dice que la fe nos sirve de pies para ir a Dios y que sin la posesi&oacute;n de Dios es todo oscuro. S&oacute;lo ella puede darnos verdaderas luces sobre Aquel que amamos; y nuestra alma debe escogerla como medio para llegar a la uni&oacute;n bienaventurada&rdquo;. El desarrollo de la fe, esperanza y caridad es lo que constituye la vida m&iacute;stica. La v&iacute;spera de su muerte pod&iacute;a escribir: &laquo;Creer que un ser que se llama Amor habita en nosotros en todo instante del d&iacute;a y de la noche y que nos pide que vivamos en Sociedad con &Eacute;l, he ah&iacute;, os lo conf&iacute;o, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado&raquo;. Y esa fue toda su breve vida de carmelita. &laquo;Todo mi ejercicio, escrib&iacute;a ella, es entrar adentro y perderme en los que est&aacute;n ah&iacute;. &iexcl;Lo siento tan vivo en mi alma! No tengo m&aacute;s que recogerme para encontrarlos dentro de m&iacute;. Eso es lo que constituye toda mi felicidad&raquo;. &laquo; Llevamos nuestro cielo en nosotros, puesto que Aquel que sacia a los glorificados en la luz de la visi&oacute;n, se da a nosotros, en la fe y en Misterio. Es el mismo. Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios est&aacute; en mi alma. El d&iacute;a que comprend&iacute; esto, todo se ilumin&oacute; para mi y quisiera decir este secreto en voz muy baja a todos los que amo&hellip;&raquo;. Al acercarse la fiesta lit&uacute;rgica de la Sant&iacute;sima Trinidad, la invad&iacute;a una fuerza irresistible. Durante esa semana la tierra no exist&iacute;a para ella. Dec&iacute;a: &laquo;Esta fiesta de los Tres es por cierto la m&iacute;a. Para m&iacute; no hay otra cosa que se le parezca. En este gran misterio te doy cita para que sea nuestro centro... Que el Esp&iacute;ritu Santo te transporte al Verbo, que el Verbo te conduzca al Padre, para que seas consumada en el Uno, como suced&iacute;a verdaderamente con Cristo y nuestros santos&rdquo;. En este d&iacute;a celebramos la Jornada de la Vida contemplativa, para dar gracias a Dios por tantas personas &ndash;hombres y mujeres&ndash; que han consagrado su vida a la alabanza divina en el claustro o en la soledad erem&iacute;tica. Estas personas nos recuerdan a todos que si Dios se ha abajado hasta nosotros, es para que vivamos pendientes de &eacute;l como lo &uacute;nico necesario para el hombre. Con facilidad nos distraemos de lo fundamental y nos enredamos en tantas cosas que nos despistan. Los contemplativos nos recuerdan, haci&eacute;ndolo vida en sus vidas, que Dios es lo &uacute;nico necesario, y que todo lo dem&aacute;s nos vendr&aacute; por a&ntilde;adidura. &ldquo;S&oacute;lo Dios&rdquo; repet&iacute;a San Rafael Arnaiz. &ldquo;Quien a Dios tiene, nada le falta. S&oacute;lo Dios basta&rdquo;, dec&iacute;a Santa Teresa de Jes&uacute;s. &ldquo;Evangelizamos orando&rdquo; es el lema de esta Jornada. La evangelizaci&oacute;n, que lleva consigo obras de caridad, de predicaci&oacute;n y de culto, debe ir acompa&ntilde;ada por la oraci&oacute;n. Y los contemplativos nos lo recuerdan. En nuestra di&oacute;cesis de C&oacute;rdoba hay monasterios y ermita&ntilde;os, monjas de clausura y contemplativas de distintos carismas. En esta Jornada queremos agradecerles su vocaci&oacute;n y su misi&oacute;n en la Iglesia. &iexcl;Nos hacen tanto bien! Con mi afecto y mi bendici&oacute;n Oh, sant&iacute;sima Trinidad. ************************************ PLEGARIA A LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD Oh D&iacute;os m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierta en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora. Oh amado Cristo m&iacute;o, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro coraz&oacute;n; quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia, y os pido me revist&aacute;is de vos mismo, identifiqu&eacute;is mi alma con todos los movimientos de vuestra alma, me sumerj&aacute;is, me invad&aacute;is, os sustituy&aacute;is a m&iacute;, para que mi vida no sea m&aacute;s que una irradiaci&oacute;n de vuestra vida. Venid a m&iacute; como adorador, como reparador y como salvador. Oh Verbo Eterno, palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuch&aacute;ndoos, quiero ponerme en completa disposici&oacute;n de ser ense&ntilde;ada para aprenderlo todo de vos; y luego, a trav&eacute;s de todas las noches, de todos los vac&iacute;os, de todas las impotencias, quiero tener siempre fija mi vista en vos y permanecer bajo vuestra gran luz. &iexcl;Oh amado astro m&iacute;o! fascinadme, para que nunca pueda ya salir de vuestro resplandor. Oh fuego abrasador, Esp&iacute;ritu de amor, venid sobre m&iacute;, para que en mi alma se realice una como Encarnaci&oacute;n del Verbo; que sea yo para &eacute;l una humanidad supletoria, en la que &eacute;l renueve todo su misterio. Y vos, oh Padre, inclinaos sobre esta vuestra pobrecita criatura; cubridla con vuestra sombra; no ve&aacute;is en ella sino al amado, en quien hab&eacute;is puesto todas vuestras complacencias. Oh mis Tres, mi todo, mi bienaventuranza, soledad infinita, inmensidad en la que me pierdo. Entr&eacute;gome sin reserva a vos como una presa, sepultaos en m&iacute;, para que yo me sepulte en vos, hasta que vaya a contemplaros en vuestra luz, en el abismo de vuestras grandezas. (Sor Isabel de la Sant&iacute;sima Trinidad, 21 noviembre 1904). ********************************************* DOMINGO SEGUNDO DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S: SOLEMNIDAD DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO QUERIDOS HERMANOS: El Papa Juan Pablo II ha declarado este a&ntilde;o 2005 a&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a: Hoy es la festividad del Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or y debemos celebrar esta fiesta con toda nuestra devoci&oacute;n. La mejor manera de hacerlo es mirar con amor encendido a Cristo en su presencia eucar&iacute;stica, desde nos est&aacute; expresando su amor, entreg&aacute;ndonos su salvaci&oacute;n y d&aacute;ndose permanentemente en amistad a todos los hombres. &Eacute;l se qued&oacute; por nosotros en la Eucarist&iacute;a con amor extremo y nosotros, al menos hoy, debemos corresponder a tanto amor, ador&aacute;ndole, vener&aacute;ndole, agradeciendo todo su amor y entrega. CORPUS CHRISTI: QUERIDOS HERMANOS: Con gozo y emoci&oacute;n estamos celebrando la festividad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es decir, de Jesucristo vivo en el pan eucar&iacute;stico. Esta fiesta del Cuerpo de Cristo es una festividad de precepto para toda la Iglesia Universal, manifestando as&iacute; la importancia que tiene para la vida cristiana y para toda la Iglesia la veneraci&oacute;n y adoraci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo en su presencia eucar&iacute;stica. 1.- Jesucristo Eucarist&iacute;a, viviente en el Pan consagrado, en todos los Sagrarios de la tierra, es la mayor prueba de amor a los hombres, despu&eacute;s de su Encarnaci&oacute;n, muerte y Resurrecci&oacute;n, sobre todo, sabiendo adem&aacute;s que no ser&iacute;a correspondido en amor, no digo por los no creyentes, sino incluso por muchos de los que nos llamamos cat&oacute;licos y seguidores suyos. Med&iacute;talo tu mismo: t&uacute; le visitas, t&uacute; crees que Jesucristo, hijo de Dios y Salvador de los hombres est&aacute; en el Sagrario, el mismo que est&aacute; en el cielo con los nuestros, el que estuvo en Palestina, c&oacute;mo correspondes t&uacute;, el pueblo cristiano, a Cristo vivo y real aqu&iacute; presente, tantas iglesias cerradas y sagrarios abandonados incluso por los mismos (sacerdotes), a pesar de la emoci&oacute;n del Se&ntilde;or al quedarse con nosotros y de t&aacute;ntos y t&aacute;ntos milagros hechos en la Eucarist&iacute;a a trav&eacute;s de la historia? Jesucristo, Hijo de Dios y &Uacute;nico Salvador del mundo, quiso quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos en el pan consagrado, como lo hab&iacute;a prometido despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y de los peces y realiz&oacute; esta promesa en la noche del Jueves Santo, diciendo: Esto es mi cuerpo, esta es m sangre, y como &Eacute;l es Dios as&iacute; se hizo y lo sigue haciendo ahora por medio de los sacerdotes. En la Eucarist&iacute;a y en todos los sagrarios de la tierra est&aacute; presente el mismo Cristo venido del seno del Padre, nacido de Mar&iacute;a Virgen, muerto y resucitado por nosotros. No est&aacute; como en Palestina, con presencia temporal y mortal sino que est&aacute; ya glorioso y resucitado, como est&aacute; desde la resurrecci&oacute;n, triunfante y celeste, sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros y esper&aacute;ndonos siempre, desde el Sagrario, lleno de amor, con los brazos abiertos para abrazarnos y escucharnos a todos, como as&iacute; le sienten muchas almas &iquest;entonces para qu&eacute; quiso quedarse en el Sagrario? Para esperarte a ti, y a ti y a todos. Y &eacute;l es Dios... El mismo Cristo que contemplan los bienaventurados en el cielo, es el que nosotros adoramos y contemplamos por la fe en el pan consagrado. Permanece as&iacute; entre los hombres cumpliendo su promesa:&ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. Dice Santo Tom&aacute;s de Aquino en el oficio de las Horas de este d&iacute;a: &laquo;En la &uacute;ltima cena, despu&eacute;s de haber celebrado la Pascua con sus disc&iacute;pulos, cuando iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituy&oacute; este sacramento, como el memorial perpetuo de su pasi&oacute;n... el m&aacute;s grande de los milagros... y les dej&oacute; este sacramento como consuelo incomparable a quienes su ausencia llenar&iacute;a de tristeza...&raquo; El sacramento de la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y presencia de amistad es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene al mismo Cristo, el Evangelio entero y completo, la salvaci&oacute;n entera y completa, que se hace presente para hacernos part&iacute;cipes de su misma vida, alimentando y transformado nuestras vidas, cristific&aacute;ndolas, haci&eacute;ndolas suyas, salv&aacute;ndolas. 2.- En este d&iacute;a del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos fijamos y veneramos especialmente la Eucarist&iacute;a como presencia de Cristo en el pan consagrado, como sacramento permanente en el sagrario. Dice San Cirilo de Jerusal&eacute;n: &laquo;No veas en el pan y en el vino meros elementos naturales, porque el Se&ntilde;or ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos vean otra cosa&raquo; (Catequesis mistag&oacute;gicas, IV,6:SCh 126, 138) Cantemos con el doctor Ang&eacute;lico: &laquo;Adorote devote, latens Deitas&raquo;, Te adoro devotamente, oculta Divinidad, porque el que te contempla con fe desfallece de amor. Ante este misterio de amor infinito de un Dios al hombre, la raz&oacute;n humana experimenta toda su limitaci&oacute;n. Esta Presencia de Jes&uacute;s Sacramentado junto a nosotros, en nuestras iglesias, junto a nuestras casas y nuestras vidas, debe convertirse en el centro espiritual de toda la comunidad cristiana, de toda parroquia y de todo cristiano. Cuando estamos junto al Sagrario estamos junto a Cristo glorioso, con la misma intimidad que si estuvi&eacute;ramos en el cielo en su presencia. Por eso se ha dicho que el sagrario es la puerta del cielo y as&iacute; los experimentan muchas almas, puesto que el cielo es Dios y el mismo Hijo de Dios que contemplan los bienaventurados del cielo, el mismo, vivo y resucitado, lo experimentamos nosotros como amigo y confidente en todos los sagrarios de la tierra. Por eso esta presencia del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a debe ser amada, correspondida y respetada por todos los creyentes con mucho cuidado, con mucho amor, porque nos jugamos toda nuestra vida cristiana y de amistad con &Eacute;l ya en la tierra. Queridos hermanos, termino esta homil&iacute;a repitiendo lo que siento: me gustar&iacute;a que todos los creyentes visitaran al Se&ntilde;or todos los d&iacute;as en el Sagrario y que vinieran a misa los domingos y comulgaran con amor. Es Dios, lo ha dado todo por nosotros, est&aacute; para llevarnos al cielo:&rdquo;El que coma de este pan, vivir&aacute; eternamente; d&eacute;mosle nosotros tambi&eacute;n nuestro amor y compa&ntilde;&iacute;a. El Sagrario es Jesucristo vivo y celeste, am&aacute;ndonos hasta el final de los tiempos, es el cielo en la tierra. ADORADO SEA JESUCRISTO EN EL SANT&Iacute;SIMO SACREMENTO DEL ALTAR, SEA POR SIEMPRE BENDITO Y ADORADO. ********************************************** ******************************************************* LA EUCARIST&Iacute;A COMO PRESENCIA. 1.- Cuando celebramos la Eucarist&iacute;a, despu&eacute;s de haber comulgado, el pan consagrado se guarda en el sagrario para la comuni&oacute;n de los enfermos y para la veneraci&oacute;n de los fieles. All&iacute; permanece el Se&ntilde;or vivo y resucitado en Eucarist&iacute;a perfecta, es decir, no est&aacute;ticamente, como si fuera un cuadro, una imagen, sino vivo, din&aacute;mico, ofreciendo al Padre su vida por nosotros, intercediendo por todos, dando su vida por los hombres. Es un misterio, un sacramento permanente de amor y salvaci&oacute;n. Pablo VI en su enc&iacute;clica Mysterium fidei nos dice: &laquo;Durante el d&iacute;a, los fieles no omitan la visita al Sant&iacute;simo Sacramento... La visita es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoraci&oacute;n a Cristo Nuestro Se&ntilde;or, all&iacute; presente&raquo;. Cada uno de nosotros puede decirle al Se&ntilde;or: Se&ntilde;or, s&eacute; que est&aacute;s ah&iacute;, en el sagrario. S&eacute; que me amas, me miras, me proteges y me esperas todos los d&iacute;as. Lo s&eacute;, aunque a veces viva olvidando esta verdad y me porte como T&uacute; no mereces ni yo debiera. Quisiera sentir m&aacute;s tu presencia y ser atrapado por este ardiente deseo, que se llama Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, porque cuando se tiene, ya no se cura. Quiero saber, Se&ntilde;or, por qu&eacute; me buscas as&iacute;, por qu&eacute; te humillas tanto, por qu&eacute; vienes en mi busca haci&eacute;ndote un poco de pan, una cosa, humill&aacute;ndote m&aacute;s que en la Encarnaci&oacute;n, en que te hiciste hombre. T&uacute; que eres Dios y todo lo puedes &iquest;Por qu&eacute; te has quedado aqu&iacute; en el sagrario? &iquest;Qu&eacute; puedo yo darte que T&uacute; no tengas? 2.- Y Jes&uacute;s nos dice a todos algo que no podemos comprender bien en la tierra sino que tenemos que esperar al cielo para saberlo: Lo tengo todo menos tu amor, si T&uacute; no me lo das. Y sin ti no puedo ser feliz. Vine a buscarte y quiero encontrarte para vivir una amistad eterna que empieza en el tiempo. Y es que debemos de valer mucho para el Padre, por lo mucho que nos ama y ha sufrido por nosotros el Hijo. Nosotros no nos valoramos todo lo que valemos. Solo Dios sabe lo que vale el hombre para &Eacute;l: &ldquo;En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l no am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,3). Entonces, Se&ntilde;or, si yo valgo tanto para Ti, m&aacute;s que lo que yo me valoro y valoro a mis hermanos, ay&uacute;dame a descubrirlo y a vivir s&oacute;lo para Ti, que tanto me quieres, que me quieres desde siempre y para siempre, porque T&uacute; me pensaste desde toda la eternidad. Quiero desde ahora escucharte en visitas hechas a tu casa, quiero contarte mis cosas, mis dudas, mis problemas, que ya los sabes, pero que quieres escucharlos nuevamente de m&iacute;, quiero estar contigo, ay&uacute;dame a creer m&aacute;s en Ti, a quererte m&aacute;s y esperar y buscar m&aacute;s tu amistad: Est&aacute;te, Se&ntilde;or, conmigo, siempre, sin jam&aacute;s partirte, y, cuando decidas irte, ll&eacute;vame, Se&ntilde;or, contigo, porque el pensar que te ir&aacute;s, me causa un terrible miedo, de si yo sin ti me quedo, de si t&uacute; sin m&iacute; te vas. Ll&eacute;vame en tu compa&ntilde;&iacute;a, donde t&uacute; vayas, Jes&uacute;s, porque bien s&eacute; que eres t&uacute; la vida del alma m&iacute;a; si tu vida no me das, yo s&eacute; que vivir no puedo, ni si yo sin ti me quedo, ni si t&uacute; sin m&iacute; te vas. 3.- Las puertas del sagrario son para muchas almas las puertas del cielo y de la eternidad ya en la tierra, las puertas de la esperanza abiertas; el sagrario para la parroquia y para todos los creyentes es &ldquo;la fuente que mana y corre&rdquo;, aunque no lo veamos con los ojos de la carne, porque la Eucarist&iacute;a supera la raz&oacute;n, sino por la fe, que todo lo ve y nos lo comunica; el sagrario es el man&aacute; escondido ofrecido en comida siempre, ma&ntilde;ana y noche, es la tienda de la presencia de Dios entre los hombres. Siempre est&aacute; el Se&ntilde;or, bien despierto, intercediendo y continuando la Eucarist&iacute;a por nosotros ante el altar de la tierra y el altar del Padre en el cielo. Por eso no me gusta que el sagrario est&eacute; muy separado del altar y tampoco me importar&iacute;a si est&aacute; sobre un altar en que ordinariamente no se ofrece la misa. El sagrario para la parroquia es su coraz&oacute;n, desde donde extiende y comunica la sangre de la vida divina a todos los feligreses y al mundo entero. Lo dice Cristo, el evangelio, la Iglesia, los santos, la experiencia de los siglos y de los m&iacute;sticos. As&iacute; los expresa S. Juan de la Cruz: Qu&eacute; bien s&eacute; yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche. Aquesta fonte est&aacute; escondida, en este pan por darnos vida, aunque es de noche. Aqu&iacute; se est&aacute; llamando a las criaturas, y de este agua se hartan aunque a oscuras, porque es de noche. Aquesta eterna fonte que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche. Para S. Juan de la Cruz, como para todos los que quieran adentrarse en el misterio de Dios, tiene que ser a oscuras de todo lo humano; tiene que ser por la fe, que es oscura para el entendimiento, limitado para entender y captar al Dios infinito. Por eso hay que ir hacia Dios &ldquo;toda ciencia trascendiendo&rdquo;, para meterse en el Ser y el Amor Infinitos que todo lo supera. Para las almas que llegan a estas alturas, s&oacute;lo hay una realidad superior a estos ratos de oraci&oacute;n silenciosa y contemplativa ante el sagrario: la Eternidad en el Dios Trinitario, la visi&oacute;n cara a cara de la Sant&iacute;sima Trinidad en su esencia infinita, en el &eacute;xtasis trinitario y eterno, hasta donde es posible a la pura criatura. Por eso, aunque nosotros no lo comprendamos, muchas de estas almas desean de verdad morir para ir a Dios, porque los bienes de esta vida no les dicen nada. Es lo m&aacute;s l&oacute;gico y f&aacute;cil de comprender: &laquo;Vivo sin vivir en m&iacute; y de tal manera espero, que muero porque no muero. S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios y d&aacute;me la muerte, no me tengas impedida en este lazo tan fuerte, mira que peno por verte y mi mal es tan entero, que muero porque no muero&raquo;. Solo desean el encuentro total con Cristo, a quien han llegado a descubrir en la Eucarist&iacute;a y ya no quieren otra compa&ntilde;&iacute;a. Nosotros, si tuvi&eacute;ramos estas vivencias, tambi&eacute;n lo desear&iacute;amos. Es cuesti&oacute;n de amor. Si subi&eacute;ramos hasta esas cumbres, nos quemar&iacute;amos tambi&eacute;n. Para eso hay que purificarse mucho, en el silencio, sin testigos ni excusas ni explicaciones, renunciando a nuestras soberbia, envidia, ira, lujuria.., solo deseando al Se&ntilde;or y cumplir su voluntad. Hay que dejar que el Se&ntilde;or desde el sagrario nos vaya diciendo y quitando nuestros pecados, sin echarnos para atr&aacute;s. &ldquo;Los limpios de coraz&oacute;n ver&aacute;n a Dios.&rdquo; Sentirse amado es la felicidad humana. Sentirse amado por Dios es la felicidad suprema, que desborda la capacidad del hombre limitado. Queridos hermanos y hermanas: Jes&uacute;s lo hab&iacute;a prometido: &ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. Y S. Juan nos dice en su evangelio que Jes&uacute;s: &ldquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo; hasta el extremo de su amor y fuerzas, dando su vida por nosotros, y hasta el extremo de los tiempos, permaneciendo con nosotros en el pan consagrado de todos los sagrarios de la tierra. Las almas de Eucarist&iacute;a, las almas despiertas de fe y amor a Cristo son felices, a&uacute;n en medio de pruebas y sufrimientos en la tierra, porque su coraz&oacute;n se lo ha robado el Se&ntilde;or y ya no saben vivir sin &ldquo;&iquest;Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n, no lo sanaste? Y, pues me lo has robado, &iquest;por qu&eacute; as&iacute; lo dejaste y no tomas el robo que robaste?&rdquo; (C.9) &iexcl;Se&ntilde;or, pues me has robado el coraz&oacute;n, s&eacute; un ladr&oacute;n honrado y ll&eacute;vame ya contigo! ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: Con gozo y emoci&oacute;n estamos celebrando la festividad del Corpus Christi, del Cuerpo y Sangre del Se&ntilde;or. 1.- Jesucristo, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, quiso quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos en el pan consagrado, como lo hab&iacute;a prometido despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y de los peces y realiz&oacute; esta promesa en la noche del Jueves Santo. En la Eucarist&iacute;a y en todos los sagrarios de la tierra est&aacute; presente el mismo Cristo venido del seno del Padre, nacido de Mar&iacute;a Virgen, muerto y resucitado por nosotros. No est&aacute; como en Palestina, con presencia temporal y mortal sino que est&aacute; ya glorioso y resucitado, como est&aacute; desde la resurrecci&oacute;n, triunfante y celeste, sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros desde el sagrario y en el cielo. El mismo Cristo que contemplan los bienaventurados en el cielo, es el que nosotros adoramos y contemplamos por la fe en el pan consagrado. Permanece as&iacute; entre los hombres cumpliendo su promesa:&ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. El sacramento de la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y presencia de amistad es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene al mismo Cristo, el evangelio entero y completo, la salvaci&oacute;n entera y completa, que se hace presente para hacernos part&iacute;cipes de su vida, alimentando y transformando nuestras vidas, cristific&aacute;ndolas, haci&eacute;ndolas como la suya. En este d&iacute;a del Cuerpo y de la Sangre del Se&ntilde;or nos fijamos y veneramos especialmente la Eucarist&iacute;a como presencia de Cristo en el pan consagrado, como sacramento permanente en el Sagrario: &laquo;No veas -exhortaba san Cirilo de Jerusal&eacute;n- en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque el Se&ntilde;or ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otra cosa&raquo; (Catequesis mistag&oacute;gicas, IV,6:SCh 126, 138) 2.-&laquo;Adoro te devote, latens Deitas, seguiremos cantando con el Doctor Ang&eacute;lico. Esta Presencia de Jes&uacute;s Sacramentado junto a nosotros, en nuestras iglesias, junto nuestras vidas, debe convertirse en el centro espiritual de toda la comunidad cristiana, de toda la parroquia y de todo cristiano. Cuando estamos junto al Sagrario estamos con la misma intimidad que si estuvi&eacute;ramos en el cielo en su presencia. Por eso se ha dicho que el Sagrario es la puerta del cielo y as&iacute; lo experimentan muchas almas, puesto que el cielo es Dios y el mismo Hijo de Dios que contemplan los bienaventurados del cielo, el mismo, vivo, vivo y resucitado, lo experimentamos nosotros como amigo y confidente en el Sagrario. Y esta presencia del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a debe ser amada, correspondida y respetada y tratada por todos los creyentes con mucho cuidado, con mucho amor. Al entrar en la iglesia hay que mirar al Sagrario con amor, tenemos que guardar silencio y compostura en su presencia, pensar y vivir en esos momentos para &Eacute;l, hacer bien la genuflexi&oacute;n, siempre que podamos, como signo de adoraci&oacute;n y reconocimiento. Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; lo has dado todo por nosotros, con amor extremo hasta dar la vida. Tambi&eacute;n nosotros queremos darlo todo por Ti, porque&hellip;. **************************************** HOMIL&Iacute;A DEL CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS: Este a&ntilde;o es el a&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a y hoy es la fiesta del CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO, la fiesta de su presencia amiga en medio de los hombres. El pueblo cat&oacute;lico, en estos tiempos tan malos para la fe, va perdiendo poco a poco la clave de su identidad cristiana, que es Cristo Eucarist&iacute;a. Por eso se secan tantas vidas de j&oacute;venes y adultos bautizados, porque se alejan de la &laquo;fuente que mana y corre, aunque es de noche. Aquesta fonte est&aacute; escondida, en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche&raquo;.(Por la fe) Creo que en este d&iacute;a, en que vamos a llevar por nuestras calles y plazas a Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros, los cat&oacute;licos creyentes y convencidos, debemos exponer con claridad, con valent&iacute;a y sin complejos, los motivos de nuestra fe y amor a la Eucarist&iacute;a. Y si alguien nos preguntase por qu&eacute; cantamos, adoramos y sacamos en procesi&oacute;n este pan consagrado, nosotros respondemos con toda claridad: 1.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Amor del Padre que me pens&oacute; para una Eternidad de felicidad con &Eacute;l, y, roto este primer proyecto por el pecado de Ad&aacute;n, me envi&oacute; a su propio Hijo, para recuperarlo y rehacerlo, pero con hechos maravillosos que superan el primer proyecto, como es la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, de su presencia permanente entre los hombres. Por eso, la adoramos y exponemos p&uacute;blicamente al &ldquo;amor de los amores&rdquo;: &ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. 2.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Amor del Hijo que se hizo carne por m&iacute;, para revelarme y realizar este segundo proyecto del Padre, tan maravilloso que la Liturgia Pascual casi blasfema y como si se alegrase de que el primero fuera destruido por el pecado de los hombres: &laquo;&iexcl;Oh feliz culpa, que nos mereci&oacute; un tan grande Salvador!&raquo; La Eucarist&iacute;a y la Encarnaci&oacute;n de Cristo tienen muchas cosas comunes. La Eucarist&iacute;a es una encarnaci&oacute;n continua de su amor en entrega a los hombres. 3.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Cuerpo, sangre, alma y Divinidad de Cristo, que sufri&oacute; y muri&oacute; por m&iacute; y resucit&oacute; para que yo tuviera comuni&oacute;n de vida y amor eternos con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio Hijo para que no perezca ning&uacute;n de los que creen en &Eacute;l&rdquo;; &ldquo;Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan, vivir&aacute; para siempre... vivir&aacute; por m&iacute;...&rdquo; &laquo;La Eucarist&iacute;a es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jes&uacute;s anuncia por primera vez esta comida, los oyentes se quedaron asombrados y confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus palabras: &laquo;En verdad, en verdad os digo: si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre, y no beb&eacute;is su sangre, no tendr&eacute;is vida en vosotros&raquo; (Jn 6,53). No se trata de alimento metaf&oacute;rico: &laquo;Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida&raquo;&rdquo; (Jn 6,55) (Ecclesia de Eucharistia 16)&raquo;. 4.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; Jesucristo vivo, vivo y resucitado, que antes de marcharse al cielo... &ldquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&rdquo;. Y en la noche de la &Uacute;ltima Cena, cogi&oacute; un poco de pan y dijo: &ldquo;Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre que se derrama por vosotros&rdquo; y como &Eacute;l es Dios, as&iacute; se hizo y as&iacute; permanece por los siglos, como pan que se reparte con amor, como sangre que se derrama en sacrificio para el perd&oacute;n de nuestros pecados. &laquo;La eficacia salv&iacute;fica del sacrificio se realiza cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Se&ntilde;or. De por s&iacute;, el sacrificio eucar&iacute;stico se orienta a la &iacute;ntima uni&oacute;n de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comuni&oacute;n: le recibimos a &Eacute;l mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que &Eacute;l ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, &laquo;derramada por muchos para perd&oacute;n de los pecados&raquo; (Mt 26,28). Recordemos sus palabras: &laquo;Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, tambi&eacute;n el que me coma vivir&aacute; por m&iacute;&raquo;. Jes&uacute;s mismo nos asegura que esta uni&oacute;n, que &Eacute;l pone en relaci&oacute;n con la vida trinitaria, se realiza efectivamente&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 16). 5.- PORQUE EN ESTE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el precio que yo valgo, el que Cristo ha pagado para rescatarme; ah&iacute; est&aacute; la persona que m&aacute;s me ha querido, que m&aacute;s me ha valorado, que m&aacute;s ha sufrido por m&iacute;, el que m&aacute;s ha amado a los hombres, el &uacute;nico que sabe lo que valemos cada uno de nosotros, porque ha pagado el precio por cada uno. Cristo es el &uacute;nico que sabe de verdad lo que vale el hombre, la mayor&iacute;a de los pol&iacute;ticos, de los fil&oacute;sofos, de tanto pseudo-salvadores, cient&iacute;ficos y cantama&ntilde;anas televisivos no valoran al hombre, porque no lo saben ni han pagado nada por &eacute;l ni se han jugado nada por &eacute;l; si es mujer, vale lo que valga su f&iacute;sico, y si es hombre, lo que valga su cartilla, su dinero, pero ninguno de esos da la vida por m&iacute;. El hombre es m&aacute;s que hombre, m&aacute;s que esta historia y este espacio, el hombre es eternidad. Solo Dios sabe lo que vale el hombre. Porque Dios pens&oacute; e hizo al hombre, y porque lo sabe, por eso le ama y entreg&oacute; a su propio Hijo para rescatarlo. &iexcl;Cu&aacute;nto valemos! Valemos el Hijo de Dios muerto y resucitado, valemos la Eucarist&iacute;a. 6.- Porque &laquo;&hellip; en la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, pascua y pan vivo que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (PO 6). &laquo;...los otros sacramentos, as&iacute; como todos los ministerios eclesi&aacute;sticos y obras de apostolado, est&aacute;n &iacute;ntimamente unidos a la Sagrada Eucarist&iacute;a y a ella se ordenan.&rdquo; &ldquo;Ninguna Comunidad cristiana se construye si no tiene su ra&iacute;z y quicio en la celebraci&oacute;n de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a, por la que debe, consiguientemente, comenzar toda educaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu de comunidad&raquo; (PO 5 y 6). Por todo ello y mil razones m&aacute;s, que no caben en libros sino s&oacute;lo en el coraz&oacute;n de Dios, los cat&oacute;licos verdaderos, los que creen de verdad y viven su fe, adoramos, visitamos y celebramos los misterios de nuestra fe y salvaci&oacute;n y nos encontramos con el mismo Cristo Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a. Queridos hermanos, en este d&iacute;a del Corpus expresemos nuestra fe y nuestro amor a Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a por las calles de nuestra ciudad, mientras cantamos: &laquo;adoro te devote, latens deitas&raquo;: Te adoro devotamente, oculta divinidad, bajo los signos sencillos del pan y del vino, porque quien te contempla con fe, se extas&iacute;a de amor. &iexcl;Adorado sea el Sant&iacute;simo Sacramento del Altar! 7.-Esta presencia de Cristo no se puede experimentar y vivir con gozo desde los sentidos, s&oacute;lo la fe viva y despierta por el amor nos lleva poco a poco a reconocerla y descubrirla y gozar al Se&ntilde;or, al Amado, bajo las especies del pan y del vino. &ldquo;&iexcl;Es el Se&ntilde;or!&rdquo; exclam&oacute; el ap&oacute;stol Juan en medio de la penumbra y niebla del lago de Genesaret despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, mientras los otros disc&iacute;pulos, menos despiertos en la fe y en el amor, no lo hab&iacute;an descubierto. Si no se descubre su presencia y se experimenta, para lo cual no basta una fe heredada y seca sino que hay que pasar a la fe personal e iluminada por el fuego del amor, el sagrario se convierte en un trasto m&aacute;s de la iglesia y una vida eucar&iacute;stica pobre indica una vida cristiana y un apostolado pobre, incluso nulo. Qu&eacute; vida tan distinta en un seglar, sobre todo en un sacerdote, qu&eacute; apostolado tan diferente entre una catequista, una madre, una novia eucar&iacute;stica y otra que no ha encontrado todav&iacute;a este tesoro y no tiene intimidad con el Se&ntilde;or. Conversar y pasar largos ratos con Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a es vital y esencial para mi vida cristiana, sacerdotal, apost&oacute;lica, familiar, profesional, para ser buen hijo, buen padre, buena madre cristiana. A los pies del Sant&iacute;simo, a solas con &Eacute;l, con la luz de la lamparilla de la fe y del amor encendidos, aprendemos las lecciones de amor y de entrega, de humildad y paciencia que necesitamos para amar y tratar a todos y tambi&eacute;n poco a poco nos vamos encontrando con el Cristo del Tabor en el que el Padre tiene sus complacencias y nosotros, como Pedro, Santiago y Juan, alg&uacute;n d&iacute;a luminoso de nuestra fe, cuando el Padre quiera, oiremos su voz desde el cielo de nuestra alma habitada por los TRES que nos dice: &ldquo;&Eacute;ste es mi Hijo, el amado, escuchadle.&rdquo; 8.- Venerando y amando a Jesucristo Eucarist&iacute;a, no solo me encuentro con &Eacute;l, me voy encontrando poco a poco tambi&eacute;n con todo el misterio de Dios, de la Sant&iacute;sima Trinidad que le env&iacute;a por el Padre, para cumplir su proyecto de Salvaci&oacute;n, por la fuerza y potencia amorosa del Esp&iacute;ritu Santo, que lo forma y consagra en el seno de Mar&iacute;a y en el pan y en el vino, y se nos manifiesta y revela como Palabra y Verbo de Dios, que nos revela todo el misterio de Dios. Vener&aacute;ndole, yo doy gloria al Padre, a su proyecto de Salvaci&oacute;n, que le ha llevado a manifestarme su amor hasta el extremo en el Hijo muy amado, Palabra pronunciada y velada y revelada para m&iacute; en el sagrario por su Amor personal que es el Esp&iacute;ritu Santo y al contemplarle en esos momentos de soledad y de Tabor, iluminado yo por esa Palabra pronunciada con Amor y por el Amor, el Padre no ve en m&iacute; sino al Amado en quien ha puesto todas sus complacencias. ********************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Celebramos en estos d&iacute;as la gran fiesta del Corpus Christi. Es una fiesta que brota del Jueves santo, cuando Jes&uacute;s reunido para la &Uacute;ltima Cena con sus disc&iacute;pulos, instituy&oacute; el sacramento de la Eucarist&iacute;a y el sacramento del Orden sacerdotal, al tiempo que nos dejaba el mandato del amor fraterno. Es una fiesta de gran gozo en honor de nuestro Se&ntilde;or. Es una fiesta para agradecer un don tan inmenso. Es una fiesta para revisar nuestro acercamiento a este divino sacramento, si lo hacemos en condiciones apropiadas y si produce el fruto que pretende. Tenerlo tan cerca que hasta lo puedo tocar es un signo de su cercan&iacute;a. Pero puede tambi&eacute;n prestarse a considerarlo ordinario y rutinario, porque nos acostumbr&aacute;semos a convertir lo siempre extraordinario en cotidiano. Necesitamos esta fiesta para dejarnos invadir por el asombro, al considerar que Jes&uacute;s est&aacute; vivo y glorioso aqu&iacute; en el sacramento, y que a trav&eacute;s de este ingenioso invento &Eacute;l se hace contempor&aacute;neo todos nosotros, a todos los hombres, eternamente joven para cada uno de nosotros, en cada generaci&oacute;n, para acompa&ntilde;arnos en el camino de la vida. Eso es lo que queremos expresar y vivir en las procesiones del Sant&iacute;simo Sacramento, este a&ntilde;o m&aacute;s reducida por las circunstancias de la pandem&iacute;a que estamos viviendo. En el sacramento eucar&iacute;stico Jes&uacute;s cumple su palabra de estar con nosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo. ((Por eso, c&oacute;mo hemos notado no poder acercarnos a recibirlo sacramentalmente durante estos meses de pandemia.)) Que la fiesta de este Corpus nos acerque a &eacute;l en nuestra parroquia, en nuestra comunidad, en la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, en la celebraci&oacute;n de la santa Misa. Queridos hermanos: Necesitamos sentirlo cerca, poder abrazarlo, comerlo sacramentalmente, digerir y asimilar este alimento de vida eterna en el silencio de nuestro coraz&oacute;n, en ratos largos de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante el Sagrario, entablar ese di&aacute;logo de amor con quien sabemos que nos ama. El amor de Cristo hacia cada uno de nosotros no es una teor&iacute;a, no son bellas palabras. Es una realidad muy consoladora que todos podemos experimentar. Cuando profundizamos en ella, constatamos que este amor le ha llevado a Jes&uacute;s a entregar su vida por m&iacute; y por todos los pecadores, para hacernos caer en la cuenta del absurdo del pecado, del desastre de nuestro alejamiento de Dios. No olvidemos que lo empez&oacute; a celebrar en la Cena del Jueves santo, pocas horas antes de empezar su Pasi&oacute;n y Muerte. Y al mismo tiempo, teni&eacute;ndolo cerca, que podamos percibir los abundantes bienes que trae consigo estar con &eacute;l, abrir nuestro coraz&oacute;n a su presencia y a su acci&oacute;n todopoderosa, saciar nuestra hambre y nuestra sed de su amor sin medida. Queridos hermanos y hermanas, hemos nacido para amar y ser amados. La Eucarist&iacute;a es punto de encuentro de esta necesidad vital tan honda. Comer la carne gloriosa de Cristo nos sit&uacute;a en clima eucar&iacute;stico, es decir, de ofrenda, de entrega. No comemos la carne de Cristo para la autocomplacencia, sino para dejarnos contagiar de la entrega que le ha movido a Jesucristo a dar su vida por m&iacute;, por nosotros. Para qu&eacute; vale la vida, sino para entregarla en amor, para gastarla por Dios para los dem&aacute;s. Jesucristo nos introduce en la perspectiva de la vida eterna, que ya ha comenzado por el bautismo y no acabar&aacute; nunca, y ni siquiera quedar&aacute; truncada por la muerte porque &Eacute;l la ha superado con su muerte y resurrecci&oacute;n que hace presente en la santa misa. Y &Eacute;l da la vida y nos alimenta con su cuerpo resucitado, pan de vida eterna, cumpliendo as&iacute; su misi&oacute;n de redimirnos a los que pasamos de la vida de esclavos por el pecado para llevarnos a la libertad gozosa de hijos de Dios, por eso la comuni&oacute;n hay que recibirla en gracia con Dios. Y as&iacute; a nosotros la Eucaristia nos infunde ese dinamismo de donaci&oacute;n de s&iacute; mismo, de gastar la propia vida para que otros tengan vida, nos empuja al amor fraterno que brota de la Eucarist&iacute;a ofrecida y comida en la comuni&oacute;n, nos conduce al amor fraterno, tal como Cristo nos lo ha ense&ntilde;ado: &ldquo;Amaos unos a otros, como yo os he amado&rdquo;, y ese amor incluye el amor incluso a los enemigos. No podemos odiar a nadie porque el Cristo que comulgamos y ofrecemos en la misa y visitamos dio la vida por ellos en la cruz: Padre, perd&oacute;nales, porque no saben lo que hacen. Los que comulgamos no podemos tener odio ni rencor a nadie, hay que perdonar a todos como el Cristo que comulgamos. Por eso el amor cristiano no es un entretenimiento, ni es un juego. El amor cristiano es &ldquo;darse hasta hacerse da&ntilde;o&rdquo; como dec&iacute;a Sta. Teresa de Calcuta. Y la fiesta del Corpus nos impulsa a ello, a acercarnos a todos los que lo pasan mal por una u otra raz&oacute;n, acercarnos a todos los que son v&iacute;ctima de la injusticia de los dem&aacute;s, a los pobres de amor y de dinero. C&aacute;ritas. Porque el Coraz&oacute;n de Cristo, si comulgamos de verdad, &Eacute;l nos va infundiendo este amor suyo, su misma vida entera y completa hasta dar la vida por los hermaos y tambi&eacute;n su amor, su certeza de cielo y eternidad, donde le escucharemos decir: Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, estuve desnudo&hellip; siempre que lo hic&iacute;steis con cualquiera de mis hermanos necesitados. Finalmente quiero deciros que la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante su presencia en los Sagrarios o la Santa Custodia es como una &ldquo;fisi&oacute;n nuclear&rdquo; de amor, cuya onda expansiva es capaz de transformarlo todo, porque poco a poco ador&aacute;ndole y am&aacute;ndole nos va transformado nuestro coraz&oacute;n en el suyo. Qu&eacute; gran invento, Jes&uacute;s est&aacute; vivo junto a nosotros. Vis&iacute;temosle, com&uacute;lguemosle, celebremos con &Eacute;l en cada misa nuestra muerte al pecado y nuestra resurrecci&oacute;n a la vida plena de amor con &Eacute;l y con los hermanos. As&iacute; sea. ********************************** CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Qu&eacute; fiesta tan bonita para acompa&ntilde;ar a Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, para tirarle los p&eacute;talos de nuestro cari&ntilde;o, para agradecerle este gran invento de la Eucarist&iacute;a, Dios con nosotros hasta el final de la historia. Es como una prolongaci&oacute;n del Jueves Santo, cuando Jes&uacute;s, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, cen&oacute; la Pascua con sus ap&oacute;stoles y al final de aquella cena instituy&oacute; el sacramento de la Eucarist&iacute;a y todos comieron aquel pan consagrado como el Cuerpo del Se&ntilde;or y bebieron de aquel c&aacute;liz la Sangre del Se&ntilde;or. El Jueves Santo concluye la santa Misa con una procesi&oacute;n al Monumento, que subraya la presencia de Jesucristo prolongada despu&eacute;s de la celebraci&oacute;n. Ahora, la fiesta del Corpus lleva en procesi&oacute;n al Rey de los reyes, Dios mismo en persona hecho hombre y eucarist&iacute;a por nosotros. Desde su trono regio, desde la custodia (qu&eacute; custodias, qu&eacute; ostensorios tan bonitos), Jes&uacute;s va bendiciendo a todos: en nuestras calles, en nuestras plazas, entrando en nuestros hogares y en nuestros corazones. La fiesta del Corpus nos trae esa compa&ntilde;&iacute;a tan consoladora de Jesucristo cercano, amigo, que recorre nuestro camino para acompa&ntilde;arnos, para que podamos compartir con &Eacute;l nuestras preocupaciones y podamos sentir el consuelo de un amigo que siempre est&aacute; ah&iacute;. Ha decrecido notablemente en nuestros d&iacute;as la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, estar ratos largos con Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a. Y tenemos que fomentarlo mucho m&aacute;s. C&oacute;mo serena el alma esa presencia, c&oacute;mo enciende el coraz&oacute;n en el amor de su Coraz&oacute;n, c&oacute;mo se desvanecen tantas preocupaciones y angustias con tan buen amigo presente. No acabaremos nunca de darle gracias por este precioso regalo de la Eucarist&iacute;a, presente en todos los sagrarios del mundo. Pero tambi&eacute;n este sacramento, Jes&uacute;s trae hasta nosotros su sacrificio realizado una vez para siempre. Lo que en el Calvario fue sacrificio cruento, en la Eucarist&iacute;a es sacrifico incruento. Pero es el mismo y &uacute;nico sacrificio, que nos invita a nosotros a ofrecernos con &eacute;l, a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente. La vida adquiere nuevo valor cuando es ofrecida con Jesucristo, nuestra vida se convierte en ofrenda de amor por la salvaci&oacute;n del mundo entero. Para que esta ofrenda sea agradable a Dios, Dios mismo nos env&iacute;a su Esp&iacute;ritu Santo que nos transforma en ofrenda permanente. Y todo ello se alimenta en la Eucarist&iacute;a. Y finalmente la Eucarist&iacute;a como comuni&oacute;n es sacramento en forma de comida y bebida, invit&aacute;ndonos a comer el Cuerpo del Se&ntilde;or y a beber su sangre redentora. &ldquo;Tomad, comed todos de &eacute;l... Tomad, bebed todos de &eacute;l&rdquo;. Compartir la misma comida nos une en un mismo Cuerpo, eso es la comuni&oacute;n. La comuni&oacute;n tiene su fuente permanente en la Eucarist&iacute;a. Es en este sacramento donde se fragua el amor cristiano, que se desborda en la caridad hacia los hermanos. Comulgar con Cristo nos lleva a comulgar con los hermanos, nos lleva a entregar nuestra vida en favor de los dem&aacute;s, como ha hecho Jesucristo. Por eso, en esta fecha tan se&ntilde;alada se nos recuerda el compromiso cristiano de la caridad para con los dem&aacute;s. Coincidiendo con la fiesta del Corpus, celebramos el D&iacute;a de C&aacute;ritas, como una llamada y una provocaci&oacute;n al ejercicio del amor fraterno. Quiero agradecer a todos los que desde C&aacute;ritas hacen el bien a los dem&aacute;s. Cu&aacute;ntas horas de voluntariado, gratuitamente, por parte de tantas personas en el servicio a los dem&aacute;s: enfermos, pobres, transe&uacute;ntes y sin techo, inmigrantes, mujeres maltratadas, ni&ntilde;os explotados, ancianos solos. &ldquo;Tus buenas obras pueden cambiar miradas&rdquo;, dice el lema de este a&ntilde;o. (En la di&oacute;cesis de Plasencia, 700 voluntarios en 88 C&aacute;ritas parroquiales. 30.000 personas atendidas, 3.000 familias, con una inversi&oacute;n de 2,5 millones de euros, procedentes de la caridad de los fieles). Si C&aacute;ritas no existiera, habr&iacute;a que fundarla. Es la caridad organizada de la Iglesia Cat&oacute;lica. Gracias a todos los que colabor&aacute;is con C&aacute;ritas, haciendo visible el rostro m&aacute;s amable de la Iglesia. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: El Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. **************************** CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La fiesta del Corpus es la fiesta de la Eucarist&iacute;a, el sacramento que contiene a Cristo vivo, en su cuerpo, sangre, alma y divinidad. La Eucarist&iacute;a es el sacramento que Cristo instituy&oacute; en el contexto de su pasi&oacute;n redentora para dejarnos el testamento de su amor y de su presencia viva. &ldquo;&iexcl;Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasi&oacute;n, el alma se llena de gozo y nos da la prenda de la gloria futura!&rdquo;. LA EUCARIST&Iacute;A ES Misa y prolongaci&oacute;n de su presencia despu&eacute;s de la misa, para ser adorado y para llevar la comuni&oacute;n a los enfermos. El sagrario, lugar privilegiado del templo, contiene a Jes&uacute;s sacramentado con su lamparita roja que nos delata esa presencia. La adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que se va incrementando por todas partes. Con la Eucarist&iacute;a, Cristo alimenta nuestra fe. &Eacute;l es el pan vivo bajado del cielo, y el que coma de este pan vivir&aacute; para siempre. &Eacute;l tiene poder para hacerlo, porque es Dios, y lo puede todo, y como es Amor apasionado por el hombre se queda con nosotros todos os d&iacute;as hasta el fin del mundo en nuestros sagrarios. Necesitamos almas de oraci&oacute;n ante el sagrario, almas eucar&iacute;sticas que visiten y oren ante el Se&ntilde;or, por sus hijos, por el mundo, por los necesitados, sobre todo, de amor y tambi&eacute;n de pan material. Por eso hoy d&iacute;a de la Eucarist&iacute;a, del pan celestial que es Jesucristo, celebramos el d&iacute;a de la caridad y del amor para con todos: Amaos como yo he amado y d&iacute;a de caridad para multiplicar y dar de comer a los hambrientos de pan material. Nuestros contempor&aacute;neos 1&ordm; necesitan de Dios. El hombre que no tiene a Dios, padece la mayor y peor de todas las hambres y carencias, o porque no lo ha descubierto o porque lo ha rechazado. Sin Dios el hombre es pobre y est&aacute; vac&iacute;o porque le falta el Todo, el sentido de su vida, la esperanza de la eternidad y padece una orfandaz que le asfixia progresivamente aunque est&eacute; lleno de cosas que no llenan el existir y el coraz&oacute;n, aunque lo tenga todo le falta el Todo de todo que es Dios Amor y Eternidad. Antes de la multiplicaci&oacute;n de los panes, al ver Jes&uacute;s una multitud hambrienta porque llevaban tres d&iacute;as sin comer, lleno de compasi&oacute;n y sabiendo lo que ten&iacute;a que hacer, le dijo a los Ap&oacute;stoles y nos dice ahora a nosotros: &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. Se lo dijo a sus ap&oacute;stoles, recabando un peque&ntilde;o bocadillo, que con su poder multiplic&oacute; para dar de comer a m&aacute;s de cinco mil. Nos lo dice hoy a nosotros, porque pudi&eacute;ndolo hacer &Eacute;l solo, quiere que cooperemos con &Eacute;l en saciar el hambre de nuestros contempor&aacute;neos. Y, &iquest;cu&aacute;l es el hambre de nuestros contempor&aacute;neos? &iquest;Cu&aacute;les son sus necesidades? Nuestros contempor&aacute;neos tienen hambre de pan, y por eso repartimos desde C&aacute;ritas y desde tantas otras instituciones el pan de cada d&iacute;a, hasta que cada uno pueda adquirirlo por s&iacute; mismo, por su trabajo. &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. No podemos esperar a que el mundo cambie, a que se supere la crisis, a que haya para todos. Es urgente dar de comer hoy, para que la gente no quede extenuada por el camino. La caridad cristiana retrasa la justicia (dec&iacute;a Marx). No, no la retrasa. Al contrario, la estimula para hacer un mundo m&aacute;s solidario y fraterno. Y hasta que llegamos a esa meta, salimos al encuentro del hermano para compartir hoy, quit&aacute;ndonoslo de nuestra boca. Es una caridad que proviene del ayuno. Nuestros contempor&aacute;neos necesitan amor, necesitan compasi&oacute;n, incluso ternura. En un mundo en que tenemos de todo, falta a veces ese amor generoso, que brota como respuesta generosa al amor que Dios nos tiene. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pagar&eacute; al Se&ntilde;or todo el bien que me ha hecho?&rdquo; Cuando amo a mis hermanos, no hago m&aacute;s que devolver algo de lo mucho que he recibido de Dios. Esta es la fiesta del Corpus. Pan para todos. No s&oacute;lo el pan material, sino tambi&eacute;n el pan del cielo, Jesucristo Eucarist&iacute;a. La fiesta del Corpus une todos estos aspectos. Y ante todas estas necesidades, escuchamos en el Evangelio: &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. Dios podr&iacute;a hacerlo antes y mejor, pero quiere hacerlo con nosotros, porque quiere que nos hagamos nosotros. &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo; no significa que Dios se desentiende de tantas necesidades, sino que nos pide que aportemos lo que somos y tenemos, poco o mucho, porque es dando como crecemos. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. ************************************* CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La fiesta del Corpus (trasladada de jueves a domingo) es como una prolongaci&oacute;n del Jueves Santo, el d&iacute;a en que Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a. Es un precioso invento. Que Jes&uacute;s haya encontrado la forma de estar en el cielo y estar cerca de nosotros hasta el fin del mundo es verdaderamente asombroso. Por eso, a lo largo de los siglos tantos santos han quedado atra&iacute;dos por la Eucarist&iacute;a, como la mariposa queda fascinada por la luz. Ya no sabe salir de esa &oacute;rbita. No se entiende la vida de un cristiano que no quede asombrado &ndash;y viva de ese asombro&ndash; ante Cristo Eucarist&iacute;a. Este a&ntilde;o damos gracias por la Adoraci&oacute;n Eucar&iacute;stica Perpetua, que ha encontrado eco intenso en tantos adoradores de C&oacute;rdoba, de manera que d&iacute;a y noche todos los d&iacute;as del a&ntilde;o Cristo sea adorado y nos traiga torrentes de gracia para nuestras vidas y nuestras comunidades cristianas. En la Eucarist&iacute;a se hace presente eficazmente el sacrificio redentor de Cristo, que entreg&oacute; su vida en la cruz por la redenci&oacute;n del mundo. Siendo Dios y hombre verdadero, la ofrenda de su vida es de valor infinito y su sangre lava todos los pecados. &ldquo;Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros&rdquo;. Participar en la Eucarist&iacute;a es unirse a Cristo que se ofrece por todos. Todo el sufrimiento del mundo adquiere valor unido a Cristo que se ofrece. Y se nos da como alimento, en la forma de pan y de vino, convertidos en su cuerpo y en su sangre: &ldquo;Tomad, comed, que esto es mi cuerpo. Tomad, bebed, que &eacute;sta es mi sangre&rdquo;. Y al recibirlo como alimento, alimenta nuestra vida. La Eucarist&iacute;a es alimento de vida eterna: &ldquo;El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&rdquo;. Comiendo de la misma comida entramos en comuni&oacute;n unos con otros, es Jesucristo el que nos une en su cuerpo, como el racimo a la vid, para dar frutos de vida eterna. La Eucarist&iacute;a es el sacramento que alimenta en nosotros la caridad cristiana. No tiene sentido que comamos a Cristo en la Eucarist&iacute;a y mantengamos rivalidades, envidias y desamor entre nosotros. Comulgar con Cristo y comulgar con el hermano. Una comunidad eucar&iacute;stica es una comunidad en la que todos se aman con el amor de Cristo, en la que todos aportan lo mejor que tienen y en donde las rivalidades se superan por un amor sincero, que reconoce los valores del otro. La paciencia para soportar los defectos del pr&oacute;jimo es una obra de misericordia que se alimenta en la Eucarist&iacute;a. &ldquo;Mirad c&oacute;mo se aman&rdquo;, ha sido siempre el atractivo de una verdadera comunidad cristiana. Y esa caridad cristiana, alimentada en la Eucarist&iacute;a, se prolonga con los m&aacute;s necesitados, saliendo al encuentro de ellos para compartir con ellos lo que nosotros hemos recibido: los recursos de todo tipo, seg&uacute;n las necesidades de cada uno, e incluso el don precioso de la fe, que se nos da para comunicarla. Este a&ntilde;o en C&oacute;rdoba estamos celebrando el 50 aniversario de C&aacute;ritas diocesana, y es el d&iacute;a del Corpus el d&iacute;a m&aacute;s apropiado de esta instituci&oacute;n de caridad. Damos gracias a Dios por todos los que han colaborado en esta instituci&oacute;n de Iglesia, que promueve la caridad de todos para favorecer a los m&aacute;s necesitados. El mandamiento nuevo del amor fraterno, &ldquo;Amaos unos a otros, como yo os he amado&rdquo;, es el motor constante de C&aacute;ritas. C&aacute;ritas no es una ONG cualquiera, es la caridad de la comunidad cristiana para servir a los pobres de la Di&oacute;cesis. Por todas estas razones, la procesi&oacute;n del Corpus no es una exhibici&oacute;n de los que desfilan, sino una proclamaci&oacute;n solemne de nuestra fe en la presencia de Cristo en este precioso sacramento, y un testimonio agradecido ante los dem&aacute;s de nuestro compromiso de amor con todos, especialmente con los m&aacute;s pobres. La fiesta del Corpus es la presencia viva de Cristo, que alimenta continuamente a su Iglesia. Venid, ador&eacute;mosle. Venid, comamos de este pan bajado del cielo. Venid a reponer fuerzas para seguir amando a todos. Venid, que en este sacramento se encuentra el tesoro de la Iglesia para todos los hombres. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: Corpus Christi, Jesucristo vivo que alimenta a su Iglesia. **************************************** ************************************* VIERNES DESPU&Eacute;S DEL CORPUS: SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S EL CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S EUCARIST&Iacute;A ES REFUGIO DE AMOR QUERIDOS HERMANOS: Esta semana, el viernes, celebraremos la fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Estamos celebrando el triduo al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Vamos a mirar y adorar ese coraz&oacute;n ahora presente en el pan consagrado, que guardamos y veneramos en nuestros Sagrarios de Iglesias cat&oacute;licas. Todo cuerpo tiene un coraz&oacute;n. Es el &oacute;rgano principal. Si el coraz&oacute;n se para, el hombre muere. ATe amo con todo mi coraz&oacute;n,@ Ate lo digo de coraz&oacute;n...@ son expresiones que indican que lo que hacemos o decimos es desde lo m&aacute;s profundo y sincero de nuestro ser, con todas nuestras fuerzas, que no nos reservamos nada, que nos entregamos totalmente. Pues bien, este cuerpo de Cristo Eucarist&iacute;a, que hoy veneramos y comulgamos, tiene un coraz&oacute;n que es el coraz&oacute;n del Verbo Encarnado. El coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Cristo es el que realiz&oacute; este milagro de amor y sabidur&iacute;a y poder de la Eucarist&iacute;a. Este coraz&oacute;n, que est&aacute; con nosotros en el Sagrario y que recibimos en la Comuni&oacute;n, es aquel coraz&oacute;n, que viendo la miseria de la humanidad, sin posibilidad de Dios por el pecado y viendo que los hombres hab&iacute;amos quedado impedidos de subir al cielo, se compromete a bajar a la tierra para buscarnos y salvarnos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Este coraz&oacute;n, centrado en el amor al Padre y al hombre, con una entrega total y victimal hasta la muerte, es el coraz&oacute;n de Cristo que &ldquo;me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;, en adoraci&oacute;n y obediencia perfecta al Padre, hasta el sacrificio de su vida. Y este coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; y en cada Sagrario de la tierra y este coraz&oacute;n quiero ponerlo hoy, como modelo del nuestro, como ideal de vida que agrada a Dios y salva a los hermanos:&ldquo;&hellip;Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav&iacute;a pecadores, muri&oacute; por nosotros&hellip;Si cuando &eacute;ramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, &iexcl;con cu&aacute;nta m&aacute;s raz&oacute;n, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! (Rom 5,9-11). Este coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Cristo, es el mismo de Palestina, que puesto en contacto con las miserias de su tiempo: ignorancia de lo divino, odios fratricidas, miserias de todo tipo, incluso enfermedades f&iacute;sicas, morales, ps&iacute;quicas... fu&eacute; todo compasi&oacute;n, verdad y vida. El a&ntilde;o pasado, en esta fiesta del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, medit&aacute;bamos y nos emocion&aacute;bamos ante acciones de amor y de misericordia que sal&iacute;an todos los d&iacute;as de su Coraz&oacute;n lleno de ternura y compasi&oacute;n por los hombres. Es un coraz&oacute;n que fue atravesado por la lanza del soldado como expresi&oacute;n de su entrega total y de haber derramado todo su amor por nosotros los hombres. Este coraz&oacute;n estaba siempre dispuesto a socorrer y a poner su vida en peligro por la salvaci&oacute;n de los que amaba. Fijaos en este hecho: Est&aacute; en el P&oacute;rtico de Salom&oacute;n; hay una multitud muy selecta de doctores y peritos de la ley, pendiente m&aacute;s de su cumplimiento externo que interno por el amor. Y le presentan una mujer sorprendida en adulterio que la ley manda apedrear. Dice el Evangelio: &ldquo;Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La ley de Mois&eacute;s &ndash; que Jes&uacute;s por cierto, como ellos sab&iacute;an la hab&iacute;a superado por el amor y las obras de misericordia &ndash; manda apedrearla, &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices?&rdquo; Jes&uacute;s no tiene escapatoria. O apedrean a la mujer o le apedrean a &Eacute;l. &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices? Pero, como dijo el fil&oacute;sofo, el coraz&oacute;n tiene razones que la raz&oacute;n no entiende ni se le ocurren, Jes&uacute;s lo tiene claro: su coraz&oacute;n encendido en amor a la mujer y a todos nosotros le sugiere el modo de salvarla, de no morir apedreada. Y su coraz&oacute;n primero medita, deja que todos mediten un poco y escribe en la tierra&hellip; dicen que frases de la Biblia sobre el amor, pero no hicieron caso; como siguieron insistiendo: &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices?, pues dicen que escribi&oacute; los pecados de los acusadores en esa misma materia de adulterio, pero no lo sabemos, s&oacute;lo que escribi&oacute; y como insist&iacute;an, luego habl&oacute;: &ldquo;el que est&eacute; sin pecado que tire la primera piedra&rdquo;. Y nadie tir&oacute; la primera piedra ni la segunda y la mujer qued&oacute; liberada de la pena de la lapidaci&oacute;n. Sin embargo all&iacute; alguno ha quedado condenado desde ese mismo momento: ha sido Jes&uacute;s, por salvar a la mujer, por superar la ley con la misericordia y porque se ha atrevido a dar lecciones a los poderosos y a los cumplidores materiales de la ley. Qued&oacute; condenado a muerte por salvar a la mujer, como muri&oacute; en la cruz por salvarnos a todos. Y es que no lo puede remediar. Su coraz&oacute;n es as&iacute;. El Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Es todo coraz&oacute;n para sus hermanos los hombres, especialmente para los necesitados de misericordia y perd&oacute;n. Y ese coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; en el pan consagrado, es el mismo Cristo y t&uacute; lo vas a recibir. &Aacute;malo y qui&eacute;relo como &Eacute;l te ama. Convi&eacute;rtete a &Eacute;l, vac&iacute;ate de cosas que hay en tu coraz&oacute;n y que impiden que &Eacute;l pueda entrar. Menos orgullo, soberbia, lujuria, ira. D&eacute;jate purificar. &ldquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n porque ellos ver&aacute;n a Dios&rdquo;. Necesitamos un coraz&oacute;n m&aacute;s limpio para poder tener mayor intimidad, para se m&aacute;s amigos, para serlo de verdad. Cuesta matar el yo y el amor que nos tenemos a nosotros mismos, nos queremos m&aacute;s que a Dios, nos consideramos como Dios, somos id&oacute;latras de nosotros mismos, s&oacute;lo &Eacute;l puede perdonarnos, curarnos de esta lepra, de toda impureza. Para eso es la devoci&oacute;n al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, para amar y dejarse amar de este Coraz&oacute;n que lo dio todo por nosotros: tiempo, eternidad, espacio, vida para que pudi&eacute;ramos resucitar, muriendo al pecado, a la vida nueva de la amistad con Dios. Por eso, sabiendo que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros, en el pan consagrado, ese mismo coraz&oacute;n de Cristo, porque no tiene otro, debemos ahora meditar en este coraz&oacute;n que nos am&oacute; hasta el extremo en su Encarnaci&oacute;n, con todos sus dichos y hechos salvadores, sobre todo en el G&oacute;lgota, que nos am&oacute; y sigue am&aacute;ndonos hasta el extremo en la Eucarist&iacute;a. Hoy vamos a fijarnos en los rasgos de su coraz&oacute;n amant&iacute;simo, reflejados en sus palabras, que escuchamos esta ma&ntilde;ana desde su presencia eucar&iacute;stica y que le siguen saliendo de lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n. A trav&eacute;s de la lengua, habla el coraz&oacute;n de los hombres. Jes&uacute;s, el predicador fascinante que arrastraba las multitudes, haciendo que se olvidaran hasta de comer, el que se sent&iacute;a bien entre los sencillos y plantaba cara a los soberbios, el que jugaba con los ni&ntilde;os y miraba con amor a los j&oacute;venes y con misericordia a los pecadores, ten&iacute;a el coraz&oacute;n m&aacute;s compasivo y fuerte de la humanidad. Y hoy tambi&eacute;n su Coraz&oacute;n nos habla a nosotros palabras de amor y compasi&oacute;n. Vamos a fijarnos hoy en algunas de sus palabras, que as&iacute; lo reflejan y que hoy nos las dice desde el Sagrario, haci&eacute;ndonos una imagen bell&iacute;sima de sus ojos y coraz&oacute;n misericordiosos, llenos de ternura, con su coraz&oacute;n compasivo, lleno de perdones, con sus manos que nunca se cansaron de hacer el bien: -- &ldquo;Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo&rdquo; para estar cerca de los hombres y alimentar y fortalecer, con mi energ&iacute;a divina de amor, vuestra debilidad y cansancio en amar y perdonar, de entrega, de entusiasmo, servicio. -- &ldquo;Yo soy la luz del mundo&rdquo;, nos repite todos los d&iacute;as desde el Sagrario, para iluminar vuestra oscuridad de sentido de la vida: por qu&eacute; existimos, para qu&eacute; vivimos, a d&oacute;nde vamos. Yo soy la luz, la verdad y la vida sobre el hombre y su trascendencia. -- &ldquo;Yo soy el pastor bueno&rdquo;, &ldquo;yo soy la puerta&rdquo;, para que el hombre acierte en el camino que lleva a la eternidad. Yo soy la puerta del amor verdadero a Dios, yo soy la puerta de la vida personal o familiar plena, yo soy la puerta de los matrimonios verdaderos para toda la vida, de las familias unidas, que superan todas las dificultades. Yo soy el fundamento de uni&oacute;n y la paz entre los hombres, entre los vecinos. Yo soy la fuente del amor fraterno, del servicio humano y compasivo. -- &ldquo;Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida&rdquo;, todo est&aacute; en m&iacute; para vosotros, para que no caig&aacute;is en las cunetas del error, de la muerte, de los vicios y pecados, que quitan al hombre la libertad, la alegr&iacute;a y lo reducen a las esclavitudes de los vicios, del consumismo que lleva al vac&iacute;o existencial. --&ldquo;Yo he venido a salvar lo que estaba perdido; &ldquo;Yo he venido para que teng&aacute;is vida y la teng&aacute;is abundante&rdquo;. Os he pensado y creado con el Padre desde el Amor del Esp&iacute;ritu Santo. Os he recreado por amor como Hijo desde la Encarnaci&oacute;n. Os he redimido y he sufrido la muerte para que teng&aacute;is vida eterna, y por la potencia de mi Esp&iacute;ritu, consagro el pan en mi cuerpo y sangre para la salvaci&oacute;n del mundo. --&ldquo;Yo he venido a traer fuego a la tierra y s&oacute;lo quiero que arda&rdquo;: que ardan de amor cristiano los matrimonios, que ardan de amor y perd&oacute;n los padres y los hijos, que los esposos ardan de mi amor y superen todos los ego&iacute;smos, incomprensiones, que ardan de amor verdadero los j&oacute;venes, los novios, sin consumismos, sin reducirlo s&oacute;lo a cuerpo. El amor de los m&iacute;os tiene que ser humilde y sin orgullo, sincero y generoso como el m&iacute;o, dador de gracias y dones, sin cansancio, sin ego&iacute;smos, con ardor y fuego humano y divino. -- &ldquo;Si alguien tiene sed que venga a mi y beba&hellip; un agua que salta hasta la vida eterna&hellip;&rdquo; Jes&uacute;s es el agua de la vida de gracia, de la vida eterna. Jes&uacute;s es la misma vida de Dios que viene hasta nosotros y es su felicidad eterna, la que quiere compartir con cada uno de nosotros. Queridos hermanos: repito e insisto: ese coraz&oacute;n lo ten&eacute;is muy cerca, late muy cerca de nosotros en la Eucarist&iacute;a, en la comuni&oacute;n, en el Sagrario, est&aacute; aqu&iacute;. Pidamos la fe necesaria para encontrarlo en este pan consagrado, pid&aacute;mosle con insistencia: &ldquo;Se&ntilde;or, yo creo, pero aumenta mi fe&rdquo;. Vivir en sinton&iacute;a con este coraz&oacute;n de Cristo significa amar y pensar como &Eacute;l, entregarse en servicio al Padre y a los hombres como &Eacute;l, especialmente a los m&aacute;s necesitados. Es aceptar su amistad ofrecida aqu&iacute; y ahora. Esto es lo que pretende y desea con su presencia eucar&iacute;stica. Para esto se qued&oacute; en el Sagrario. &iexcl;Coraz&oacute;n Eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s! &iexcl;Eucarist&iacute;a divina! T&uacute; lo has dado todo por m&iacute;, con amor extremo, hasta dar la vida. Tambi&eacute;n yo quiero darlo todo por ti, porque para m&iacute;, T&uacute; lo eres todo, yo quiero que lo seas todo! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, yo creo en Ti! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, yo conf&iacute;o en Ti! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; eres el Hijo de Dios! ********************************** SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S PRIMERA LECTURA: Dt 7, 6-11 La primera lectura narra la historia de amor de Dios con su pueblo elegido Israel. Dios eligi&oacute; a este pueblo, no porque tuviese m&eacute;ritos especiales, sino por elecci&oacute;n pura y gratuita de su amor libre: &ldquo;Si el Se&ntilde;or se enamor&oacute; de vosotros y os eligi&oacute; no fue por ser vosotros m&aacute;s numerosos que los dem&aacute;s, porque sois el pueblo m&aacute;s peque&ntilde;o, sino por puro amor a vosotros&rdquo;. La historia de Israel tiene una sola explicaci&oacute;n: el amor de Dios. Por amor lo eligi&oacute;, por amor lo libr&oacute; de Egipto, pact&oacute; con &Eacute;l una alianza y le dio en posesi&oacute;n la tierra prometida e hizo nacer de su estirpe al Salvador. Esta es la historia de la Iglesia y de todos los hombres:&ldquo;El amor de Dios hacia nosotros se manifest&oacute; en que Dios envi&oacute; al mundo a su Hijo unig&eacute;nito para que nosotros vivamos por &Eacute;l&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 1Jn 4,-16 Se cree que San Juan escribi&oacute; esta carta poco tiempo despu&eacute;s que su Evangelio. Repite sus &uacute;ltimas recomendaciones, insistiendo en lo que le parece m&aacute;s capital e importante: &ldquo;Am&eacute;monos unos a otros ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios&rdquo;. Escribe a un grupo de iglesias en las que apuntan falsas doctrinas e influencias disolventes. No entra en el juego de las controversias: la soluci&oacute;n es la caridad, el amor. El error divide. El cuidado celoso de preservar la unidad de la caridad constituye en la Iglesia el principal ant&iacute;doto contra el error. La parte del texto, cuya lectura se nos propone hoy, se parece a una maravillosa partitura musical en la que est&aacute; dicho todo desde las primeras notas, y a trav&eacute;s de la cual un mismo tema se desarrolla en sucesivas notas, con aires complementarios, en intuiciones conc&eacute;ntricas, para conducir el esp&iacute;ritu a esta sencilla realidad: &ldquo;Dios es amor&rdquo;. Para leer debidamente este texto hay que ponerse en estado de receptividad contemplativa. Y la iniciativa siempre es de Dios: &ldquo;En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios; sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y no envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MATEO: 11, 25-30 QUERIDOS HERMANOS: Nos hemos reunido aqu&iacute; esta tarde para venerar y adorar al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, este coraz&oacute;n que tanto nos am&oacute; y nos sigue amando en esta presencia eucar&iacute;stica del Sagrario. Este coraz&oacute;n vivo de Cristo, ahora viviente en la Hostia santa, es el mismo Cristo del Evangelio, que ya permanece en nuestros Sagrarios hasta el final de los tiempos, para atender nuestros ruegos y atender a nuestras necesidades. No est&aacute; est&aacute;tico, muerto, sino vivo y resucitado, renovando toda nuestra vida espiritual de amor a Dios y a los hermanos, y ayud&aacute;ndonos en todos nuestros problemas. 1.- Queridos hermanos: Est&aacute; con nosotros aqu&iacute; y ahora, en esta Hostia santa, el cuerpo que se dej&oacute; tocar por un inmundo y un apestado de aquellos tiempos. Mirad c&oacute;mo lo dice el evangelista: se acercan a una aldea Jes&uacute;s y bastante gente, mujeres, hombres y ni&ntilde;os, una peque&ntilde;a multitud. De pronto se oye un grito, un lamento. Es alguien que pide socorro desde un basurero. No se ve a nadie. La gente aprieta el paso para pasar cuanto antes de aquel mal olor. Mezclado entre la basura aparece un leproso&hellip;. La gente huye con las narices tapadas, es un maldito, un castigado por la justicia de Dios. Nadie le puede tocar. Quien le toque queda impuro y debe ser purificado por el sacerdote. Jes&uacute;s, el que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros en el Sagrario, es el &uacute;nico que se para, lo mira con amor y se acerca y lo toca; es el mismo evangelista el que nos lo cuenta sorprendido: &ldquo;En esto, un leproso se acerc&oacute; y se postr&oacute; ante &Eacute;l, diciendo: &laquo;Se&ntilde;or, si quieres, puedes limpiarme&raquo;. &Eacute;l extendi&oacute; la mano, le toc&oacute; y dijo: &laquo;Quiero, queda limpio&raquo;. Y al instante qued&oacute; limpio de su lepra&rdquo; (Mt 8,1-4). Y el leproso ha quedado curado, pero Jes&uacute;s ha quedado manchado seg&uacute;n la Ley de Mois&eacute;s. Sin embargo, Jes&uacute;s no va al templo para purificarse, porque &Eacute;l es m&aacute;s que el templo de la antigua ley. Jes&uacute;s lo ha hecho todo por amor, que es la nueva ley del Evangelio, y lo ha hecho espont&aacute;neamente, no ha podido contenerse, no ha podido reprimir su compasi&oacute;n. Es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. Miremos y contemplemos ahora a este mismo Jes&uacute;s en la Hostia santa que adoramos y comulgamos. Es el mismo con el mismo amor de entonces, la misma compasi&oacute;n, los mismos sentimientos. Mir&eacute;mosle despacio, con mirada fija de amor. 2.- Ahora es en Jeric&oacute;, la ciudad de las palmeras. Otra vez la gente entusiasmada como siempre, no dej&aacute;ndole caminar ni comer ni descansar. Otra vez un grito desde la orilla del camino. Esta vez la gente no corre, pero le quiere hacer callar. Pero esta vez, como la otra vez y como siempre, Jes&uacute;s lo ha o&iacute;do y se para y hace que se pare toda la gente: &ldquo;Cuando sal&iacute;an de Jeric&oacute;, le sigui&oacute; una gran muchedumbre. En esto, dos ciegos que estaban sentados, junto al camino, la enterarse que Jes&uacute;s pasaba, se pusieron a gritar: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, ten compasi&oacute;n de nosotros, Hijo de David&raquo;. La gente les increp&oacute; para que se callaran, pero ellos gritaron m&aacute;s fuerte: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, ten compasi&oacute;n de nosotros!&raquo;. Entonces Jes&uacute;s se detuvo, los llam&oacute; y dijo: &laquo; &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is que os haga?&raquo; D&iacute;cenle: &laquo; &iexcl;Se&ntilde;or, que se abran nuestros ojos!&raquo; Movido a compasi&oacute;n, Jes&uacute;s toc&oacute; sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron&rdquo;. Ante los necesitados, Jes&uacute;s nunca huye, &Eacute;l siempre escucha:&ldquo; Se&ntilde;or, que veamos&rdquo;. Y aquellos ciegos vieron y lo siguieron, porque sus ojos ya no quer&iacute;an dejar de ver a la persona m&aacute;s buena y comprensiva del mundo. Y es que no lo puede remediar. Es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Y ese coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; en el pan consagrado, en nuestros Sagrarios. 3.- Ahora es en Na&iacute;m. Se encuentra un cortejo f&uacute;nebre con una madre viuda, llorando a su hijo muerto, a quien va enterrar. Aqu&iacute; nadie grita ni llama al maestro, porque van muy apenados y nadie, ni la misma madre, se ha dado cuenta de que pasa por all&iacute; el Maestro ni sospecha que Jes&uacute;s pueda prestarle alguna ayuda. Pero &Eacute;l, sin que nadie le pida nada, se ha anticipado personalmente. Dice el evangelista Lucas: &ldquo;El Se&ntilde;or, al verla, se compadeci&oacute; de ella y le dijo: No llores. Luego se acerc&oacute;, toc&oacute; el f&eacute;retro, los que lo llevaban se detuvieron; &Eacute;l dijo: &laquo;Joven, yo te lo mando, lev&aacute;ntate.&raquo; Y se lo entrego a su madre.@ Con su poder divino lo resucit&oacute; y nos demuestra que debemos fiarnos de su palabra: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en m&iacute;, aunque haya muerto, vivir&aacute;&rdquo;. Nosotros resucitaremos. Con su muerte y resurrecci&oacute;n nos ha ganado la resurrecci&oacute;n y la vida eterna para todos. Y ese Jes&uacute;s est&aacute; aqu&iacute;. Y tiene los mismos sentimientos de siempre. Y nos ama y se compadece de todos. Y no lo puede remediar, es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. 4.- Y lo mismo pas&oacute; con su amigo L&aacute;zaro. En aquella ocasi&oacute;n dicen los Evangelios que se emocion&oacute; y llor&oacute;. Es que siente de verdad nuestros problemas y angustias. Le dio pena de sus amigas Marta y Mar&iacute;a, que se hab&iacute;an quedado solas, sin su hermano. Fueron a la tumba y all&iacute; llor&oacute; l&aacute;grimas de amor verdadero. Nos lo dicen testigos que lo vieron. Y L&aacute;zaro resucit&oacute; por su palabra todopoderosa. Y luego todos lloraron de alegr&iacute;a. Y nosotros tambi&eacute;n lloramos de emoci&oacute;n, de saber que es el mismo, que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros, que nos ama as&iacute;, como nadie puede amar, porque as&iacute; lo ha querido &Eacute;l, que es Dios y todo lo puede, y le hace feliz amarnos as&iacute;. Y &eacute;ste es el camino de amor, misericordia y perd&oacute;n que &Eacute;l ha escogido para encontrarse con nosotros, para relacionarse con el hombre. Y &Eacute;l es Dios, es decir, no nos necesita. Todo lo hace gratuitamente. Su coraz&oacute;n es as&iacute;. No lo puede remediar. As&iacute; es el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. Y ten&iacute;a raz&oacute;n Marta, cuando el Se&ntilde;or le pregunt&oacute;: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en m&iacute;, aunque haya muerto, vivir&aacute; y todo el que vive y cree en m&iacute;, no morir&aacute; para siempre. &iquest;Crees esto? Le dice ella: &laquo; S&iacute;, Se&ntilde;or, yo creo que t&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo&raquo;&rdquo; (Jn 11,25-27). Ella no se anduvo con preguntas de c&oacute;mo pod&iacute;a ser esto, ella le dijo: Mira, Se&ntilde;or, d&eacute;jame de complicaciones, yo no s&eacute; c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo ser&aacute; eso, yo creo que T&uacute; eres el Hijo de Dios y basta. T&uacute; lo puedes todo. Y nosotros ante su presencia en el Sagrario decimos lo mismo: Yo no s&eacute; c&oacute;mo puede ser o hacerse esto&hellip; Yo s&oacute;lo s&eacute; que T&uacute; eres el Hijo de Dios y T&uacute; lo puedes todo y est&aacute;s aqu&iacute;. *********************************** CORAZ&Oacute;N DE JESUS QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Dios tiene coraz&oacute;n. El Dios que Jesucristo nos ha revelado no es un Dios lejano e insensible a nuestras necesidades. Por el contrario, es un Dios cercano, que ha enviado a su Hijo &uacute;nico, para que comparta nuestra existencia y nos haga part&iacute;cipes de su gloria. Este Dios cristiano no ha tenido otro motivo para actuar as&iacute; que su inmenso amor por nosotros, que somos criaturas suyas y que quiere hacernos hijos suyos. La fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s (viernes de la semana siguiente al Corpus) quiere recordarnos esto. Celebrar al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s es celebrar un amor m&aacute;s grande, que quiere introducirnos en su &oacute;rbita de amor, para ser amados y ense&ntilde;arnos a amar. La m&aacute;xima expresi&oacute;n visible de ese amor es la Cruz y su prolongaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a. Ante los males del mundo nos interrogamos por qu&eacute;. El Hijo de Dios, enviado por el Padre en la plenitud de los tiempos, nos lo ha explicado. Los males del mundo no tienen su origen en Dios, porque Dios s&oacute;lo es autor del bien. Los males del mundo han sido introducidos en la historia por la incitaci&oacute;n del demonio, padre de la mentira, y por el pecado del hombre, que ha mal usado su libertad. El mal m&aacute;s radical del hombre es querer &ldquo;ser como Dios&rdquo; (Gn 3,5; Flp 2,6) y romper con &Eacute;l para hacerse independiente de Dios, haci&eacute;ndose a s&iacute; mismo norma de sus actos, sin referencia a Dios. Jesucristo, por el contrario, ha entrado en este mundo como hijo, en actitud de amorosa obediencia filial, colgado del Padre, para revelar al mundo que Dios es amor. No hay otro camino para disfrutar de Dios que la actitud de vivir como hijo en relaci&oacute;n de obediencia filial al Padre. Nuestras soberbias y rebeld&iacute;as han llevado a Jes&uacute;s a la Cruz, que &Eacute;l ha vivido con amor, y en la Cruz ha reciclado todos nuestros pecados. &ldquo;Sus heridas nos han curado&rdquo; (1Pe 2,24). El culto y la devoci&oacute;n al sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s ponen ante nuestros ojos el resumen de toda la vida cristiana: el amor. Dios es amor y se mueve por amor. El hombre est&aacute; llamado al amor y hasta que no lo encuentra, hasta que no lo vive, est&aacute; inquieto y desasosegado. El Esp&iacute;ritu Santo es amor de Dios derramado en nuestros corazones. Jes&uacute;s es el Hijo hecho hombre, con un coraz&oacute;n humano como el nuestro, que ama al Padre y a los hombres hasta el extremo y que sufre al ver a los hombres alejados de la casa del Padre. Jes&uacute;s se ha tomado en serio nuestra felicidad y ha ofrecido su vida en rescate por la multitud, para atraer a una multitud de hijos dispersos, haci&eacute;ndolos sus hermanos. &ldquo;Este Coraz&oacute;n que tanto ha amado a los hombres y de los cuales recibe tantas ingratitudes&rdquo;, le dice Jes&uacute;s a santa Margarita. Jes&uacute;s se acerca hasta nosotros y nos ofrece su amor, tantas veces olvidado o rechazado por nuestros pecados. El culto al Sagrado Coraz&oacute;n incluye esa actitud de reparaci&oacute;n por los propios pecados y por los del mundo entero. No partimos de cero, hay toda una historia detr&aacute;s. Por una parte, un amor que nos espera desde toda la eternidad en el coraz&oacute;n de Dios, donde cada uno tenemos un lugar, y adem&aacute;s, el Coraz&oacute;n humano de Cristo, reflejo del coraz&oacute;n de Dios y muy sensible a las necesidades de los hombres. Por otra parte, nuestro alejamiento de Dios: hemos nacido en pecado y, una vez rescatados por la sangre redentora de Cristo, con frecuencia nos apartamos de sus caminos. Celebrar la fiesta del sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s significa dejarse envolver por ese amor, que sana nuestras heridas y nos hace disfrutar de los dones del Padre. Significa caer en la cuenta de tantos desamores o desprecios a Cristo, que tanto nos ha amado, y reparar tanto desamor por nuestra parte. Significa tener sed del Esp&iacute;ritu Santo, que brota a raudales del Coraz&oacute;n de Cristo traspasado de amor. Celebrar el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s consiste en ponernos como &Eacute;l en el lugar de los dem&aacute;s, cargando con sus pecados y con todas las secuelas del pecado, venciendo el mal a fuerza de bien. No hay amor m&aacute;s grande, que el que se encierra en el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Ni hay otra fuerza transformadora m&aacute;s potente para instaurar un mundo nuevo de justicia y de paz. &iexcl;Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o! Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. **************************************** CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S, UN CORAZ&Oacute;N ROTO DE AMOR QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La religi&oacute;n cristiana es la religi&oacute;n del amor, del amor de Dios a nosotros y del amor nuestro a Dios y a los dem&aacute;s. As&iacute; lo ha venido manifestando Dios desde los or&iacute;genes de la revelaci&oacute;n, pero lo ha dicho del todo y exageradamente en el Coraz&oacute;n de su Hijo Jesucristo. Por parte de Dios, hemos venido a la existencia como resultado de su amor. Existo, luego Dios me ama. Ese amor de Dios se ha prolongado en el abrazo amoroso de mis padres que me han engendrado y posteriormente me han acogido en sus brazos, me han cuidado, me han ayudado a crecer en todos los aspectos. Y por parte nuestra, de cada uno de nosotros, somos solidarios en el primer pecado, el pecado original, por el que ya nacemos en pecado y adem&aacute;s a&ntilde;adimos nuestros propios pecados personales a lo largo de nuestra vida. El pecado no es otra cosa que el desamor, decirle &ldquo;no&rdquo; a Dios que nos ama, darle largas, darle la espalda, preferir mi gusto y mi norma a su santa voluntad expresada en los mandamientos. Dios es mi Padre, que me ama y me engendra continuamente a su vida divina, la vida de la gracia, y la criatura humana rechaza muchas veces ese don paternal, cortando la vida y eligiendo la muerte. La relaci&oacute;n de Dios, Padre-Hijo-Esp&iacute;ritu Santo, con el hombre es un drama permanente desde el primer pecado hasta la consumaci&oacute;n de los tiempos, en que triunfe definitivamente su amor. Porque Dios siempre reacciona amando. Cuando este amor se dirige a quien le ha ofendido, ese amor se llama perd&oacute;n, se llama misericordia. El amor de Dios es una continua misericordia con nosotros, es un derroche de misericordia, que nos va sanando, hasta hacernos hijos de Dios en plenitud, hasta la santidad. En el centro de este drama se sit&uacute;a el Coraz&oacute;n de Cristo. En &eacute;l, Dios Padre nos ha dado a su Hijo &uacute;nico, su Hijo amado, como el don m&aacute;s precioso: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo &uacute;nico&hellip; para que el mundo se salve por &eacute;l&rdquo;. Y no lo ha hecho de manera generalizada y como a granel, sino de manera personalizada, por cada uno. &ldquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. En el Coraz&oacute;n de Cristo tenemos por tanto la expresi&oacute;n de un amor por parte de Dios que llega a la m&aacute;xima expresi&oacute;n, darnos a su Hijo y con &eacute;l al Esp&iacute;ritu Santo. Pero este Coraz&oacute;n de Cristo est&aacute; coronado de espinas, est&aacute; herido por los pecados de todos los hombres, y de &eacute;l brota una llama amor al Padre y a toda la humanidad. Es un Coraz&oacute;n roto, herido por la lanza del soldado, efecto del pecado de toda la humanidad. Y roto de amor, porque no es correspondido. &ldquo;He aqu&iacute; este Coraz&oacute;n que tanto ha amado a los hombres&hellip; y a cambio recibe menosprecios e ingratitudes de los hombres&rdquo;, le dice Jes&uacute;s a Santa Margarita Mar&iacute;a Alacoque. A pesar de todo, es un Coraz&oacute;n que sigue amando y busca corazones que se unan al suyo, como v&iacute;ctimas de reparaci&oacute;n por tanto desamor de los hombres. Es un Coraz&oacute;n que acabar&aacute; triunfando por la v&iacute;a del amor en los corazones de quienes le acogen. La solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, este viernes 12 de junio, es un momento propicio para agradecer este amor sin medida, con el que siempre contamos y que nunca nos falta. El mes de junio es el mes del Sagrado Coraz&oacute;n. Es ocasi&oacute;n propicia para reparar tanto desamor por nuestra parte y por parte de toda la humanidad. &iexcl;C&oacute;mo duele ofender a quien amamos de verdad, y ver que el Amor no es amado! Es ocasi&oacute;n para anunciar este Amor a todos los que nos rodean, para que a todos llegue este lubrificante del amor en medio de tanto sufrimiento. Que la fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n nos prepare al A&ntilde;o de la Misericordia. La pr&aacute;ctica de los primeros viernes, la comuni&oacute;n y la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica con tono de reparaci&oacute;n e intercesi&oacute;n, la ofrenda de nuestra vida en amor de correspondencia, la contemplaci&oacute;n de ese Amor incesante, que siempre reacciona amando, nos lleve a todos a exclamar: Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. Un coraz&oacute;n roto de amor, el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. ********************************* LAS L&Aacute;GRIMAS DE JES&Uacute;S: EL CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S El Amor de Jes&uacute;s ama y abraza siempre, no solamente a sus m&aacute;s fieles amigos, sino que, incluso cuando el ser humano resulta ser como Judas, &Eacute;l siempre ama y perdona. Es el Amor que de una forma tan inconcebible se hace presente continuamente sobre el pan consagrado, que permanece con los brazos abiertos para amigos y enemigos, tengan fe o no la tengan. El deseo de amor no podr&iacute;a nacer en el atormentado coraz&oacute;n humano si Dios mismo no lo infundiera en &eacute;l. Dios desea mostrarme su verdadero rostro: el rostro del amor de Dios es su Hijo, encarnado por amor primero en carne humana, y luego en un trozo de pan, mayor expresi&oacute;n de amor, imposible. Es un amor singular, excepcional, dirigido hacia cada uno de nosotros, hacia m&iacute; mismo. Es el amor que de forma maravillosa defini&oacute; el santo padre Benedicto XVI al decir que es al mismo tiempo ag&aacute;pe y eros&rsquo;. Jesucristo, como anotan los evangelios, muchas veces se compadec&iacute;a e, incluso, a veces lloraba: &laquo;Cuando dijo estas palabras, Jes&uacute;s se turb&oacute; en su interior y declar&oacute;: &ldquo;En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregar&aacute;&rdquo;&raquo; (Jn 13,21). Al hablar de la traici&oacute;n de Judas, Jes&uacute;s experiment&oacute; una profunda compasi&oacute;n; tal vez llor&oacute;. Y si se compadeci&oacute; ante la traici&oacute;n de Judas, eso quiere decir que lo amaba mucho. &iquest;Acaso &Eacute;l, quien es el Amor mismo, podr&iacute;a no amarlo? Jes&uacute;s llor&oacute; por Judas, pero &mdash;lo que puede ser m&aacute;s importante-- llor&oacute; en su presencia, no le ocult&oacute; su compasi&oacute;n. Es estremecedor que Judas haya podido ver las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Si me siento pecador, pero al mismo tiempo he perdido la esperanza y no creo en el amor de Jes&uacute;s, puede decirse &mdash;recurriendo a las palabras del Evangelio de la salvaci&oacute;n, como sucede en toda santa Misa&mdash; que Jes&uacute;s, en quien no conf&iacute;o, llora por m&iacute;, en mi presencia. Lo que ocurre es que puedo no verlo. Tal vez Judas tampoco vio las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Porque el ser humano ve solo lo que quiere ver. Los evangelios subrayan que Jes&uacute;s llor&oacute; por Jerusal&eacute;n: &laquo;Al acercarse y ver la ciudad, llor&oacute; por ella, diciendo: &ldquo;&iexcl;Si tambi&eacute;n t&uacute; conocieras en este d&iacute;a el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendr&aacute;n d&iacute;as sobre ti, en que tus enemigos te rodear&aacute;n de empalizadas, te cercar&aacute;n y te apretar&aacute;n por todas partes, y te estrellar&aacute;n contra el suelo a ti y a tus hijos que est&eacute;n dentro de ti, y no dejar&aacute;n en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita&rdquo;&raquo; (Lc 19,41-44). A&uacute;n hay otro gesto de compasi&oacute;n por parte de Jes&uacute;s: las l&aacute;grimas por el dolor humano, por el dolor de una persona a la que amaba mucho. No en raz&oacute;n de su infidelidad sino, al contrario, porque esa persona era muy fiel a &Eacute;l, y lo amaba mucho: &laquo;Vi&eacute;ndola llorar Jes&uacute;s [...], se conmovi&oacute; interiormente, se turb&oacute;&raquo;. Jes&uacute;s se compadeci&oacute; porque Mar&iacute;a de Betania lloraba. As&iacute; es el Amor, todav&iacute;a no descubierto por m&iacute;. El Amor que siempre ama: al que traiciona, al que est&aacute; cerrado, sobre quien tienen que venir tiempos duros, como sucedi&oacute; sobre Jerusal&eacute;n, cuando no qued&oacute; de ella piedra sobre piedra, porque no reconoci&oacute; el tiempo de su visita. Pero Jes&uacute;s tambi&eacute;n llora por el dolor humano, porque &eacute;se dolor es muy entra&ntilde;able para &Eacute;l. Mar&iacute;a lloraba por la muerte de su hermano L&aacute;zaro, y Jes&uacute;s mostr&oacute; su compasi&oacute;n; mostr&oacute; cu&aacute;n entra&ntilde;able era su llanto para &Eacute;l. Aunque sab&iacute;a que el dolor de la separaci&oacute;n ser&iacute;a aliviado &mdash;sab&iacute;a que resucitar&iacute;a a L&aacute;zaro&mdash;, no fue indiferente al sufrimiento, al llanto de Mar&iacute;a, a quien amaba. Puede decirse, incluso, que Jes&uacute;s fue quien le caus&oacute; dolor a ella pues, a pesar de que se hab&iacute;a enterado de la enfermedad de L&aacute;zaro &mdash;&laquo;Se&ntilde;or, aquel a quien t&uacute; quieres, est&aacute; enfermo&raquo;&mdash;, &laquo;permaneci&oacute; dos d&iacute;as m&aacute;s en el lugar donde se encontraba&raquo; (Jn 11,3.6). Es en este sentido como &laquo;caus&oacute;&raquo; el llanto de Mar&iacute;a. Adem&aacute;s, ella lo sab&iacute;a, ya que dijo: &laquo;Se&ntilde;or, si hubieras estado aqu&iacute;, mi hermano no habr&iacute;a muerto&raquo; (Jn 11,32). Aunque se trataba de un pensamiento estrictamente humano, Jes&uacute;s se abaj&oacute; ante &eacute;l y lo respet&oacute;, porque sab&iacute;a que Mar&iacute;a desconoc&iacute;a los planes de Dios, que implicaban su llanto y la &laquo;demora&raquo; de Jes&uacute;s, como una gran prueba de fe&hellip; (Las noches del esp&iacute;ritu de san Juan de la Cruz para vaciar mi coraz&oacute;n de amores humanos y llenarme solo del Esp&iacute;ritu Santo, del mismo amor de Dios verdadero no fabricado por m&iacute; por las &ldquo;nadas&rdquo; purificatorias pasivas, no activas&hellip; y as&iacute; llego a sentir el mismo amor de Dios, Esp&iacute;ritu Santo, el cielo-contemplaci&oacute;n de amor en la tierra). &Eacute;l es quien mejor sabe que las pruebas de fe, aunque son tan necesarias,al mismo tiempo son muy dolorosas, como lo fue esta, en la que se revelar&iacute;a la gloria d Dios, al resucitar a un hombre de entre los muertos para que muchas personas pudieran creer en Jes&uacute;s. Tal vez tambi&eacute;n el Se&ntilde;or pretend&iacute;a, con esta prueba, que Mar&iacute;a de Betania que amaba tanto a Jes&uacute;s, incrementara y purificara a&uacute;n mas su amor por &Eacute;l y descubriera m&aacute;s lo mucho que &Eacute;l la amaba: le muestra su amor con sus l&aacute;grimas y, despu&eacute;s, eliminando la causa de su llanto, restableciendo la temporalidad a la que estaba apegada, la vida de su hermano amado. Precisamente el amor de Jes&uacute;s hizo que se convirtiera en el &Uacute;nico para Mar&iacute;a, cuando visit&oacute; nuevamente Betania, a falta de seis d&iacute;as para la Pascua, ella no prest&oacute; atenci&oacute;n ni a Marta, ni a L&aacute;zaro, ni a los Ap&oacute;stoles que estaban presentes junto al Maestro. Para ella solo &Eacute;l exist&iacute;a. Al realizar esos gestos simb&oacute;licos: arrodillarse a sus pies, derramar sobre ellos un caro perfume de nardo puro y secarlos con sus cabellos, estaba expresando cu&aacute;nto hab&iacute;a descubierto del amor de Jes&uacute;s. Estaba diciendo que, en presencia de quien gradualmente hab&iacute;a llegado a ser para ella todo, pr&aacute;cticamente el mundo entero hab&iacute;a desaparec&iacute;do, toda la temporalidad. Tambi&eacute;n Judas, como Mar&iacute;a de Betania, lo hab&iacute;a recibido todo. Puedo percibir un contraste sorprendente al comparar c&oacute;mo se compadeci&oacute; Jes&uacute;s de Judas y de Mar&iacute;a, estando en la presencia de ambos, derram&oacute; unas l&aacute;grimas por quien le fue tan infiel y su amor, y otras por aquella que fue un signo excepcional de fidelidad... La comparaci&oacute;n de estos dos &laquo;polos humanos&raquo; ense&ntilde;a mucho sobre el amor de Jes&uacute;s. Sin embargo, no lo ense&ntilde;a todo, ya que este amor no se descubre del conocimiento: de saber que &Eacute;l ama, que ama a otros; que es un Amor tal vez abstracto. Cada uno de nosotros en lo personal debe descubrirlo en su propio camino de vida, abri&eacute;ndose a la gracia que viene ahora, en el momento presente. Este privilegiado momento presente, este ahora, es para m&iacute; la Eucarist&iacute;a: Jes&uacute;s eucar&iacute;stico que con un amor tan excepcional me mira desde el Sagrario y el altar del Sacrificio. Mira de tal manera, que yo pueda creer que me mira exclusivamente a m&iacute;, con un amor particular. Y que siempre me ama. SIEMPRE, independientemente de que me encuentre en alguno de esos polos representados por las figuras de Judas y de Mar&iacute;a de Betania. Entre esos polos existe un continuum de posibilidades que no puede abarcarse con la raz&oacute;n. En realidad mi vida corre por un camino tortuoso, por una senda intrincada. Ni siquiera tengo conciencia de d&oacute;nde estoy; aunque efectivamente me estoy aproximando de alguna manera a uno de esos polos. Solo la gracia de Jes&uacute;s eucar&iacute;stico puede mostrarme &mdash;si me abro a ella&mdash; si el camino de mi vida y mi elecci&oacute;n m&aacute;s profunda me est&aacute;n dirigiendo m&aacute;s hacia Judas o hacia Mar&iacute;a de Betania. Porque en esencia mi vida se encuentra extendida entre esos dos polos. En definitiva cuenta solo Cristo, y solo una cosa es importante: mi relaci&oacute;n con &Eacute;l, qui&eacute;n es para m&iacute;. Por eso cada momento es una elecci&oacute;n. Ahora o elijo a &Eacute;l o no lo hago. Jes&uacute;s Eucar&iacute;stico est&aacute; siempre junto a m&iacute;. Si estoy extraviado y por el momento no me puede ayudar &mdash;porque no quiero que me ayude-, entonces tiene que &laquo;llorar&raquo;. Obviamente Cristo no puede llorar, porque est&aacute; sobre el altar, en Cuerpo glorioso; pero si pienso en &Eacute;l solamente de manera abstracta, nunca ver&eacute; lo cerca que est&aacute;. La luz de la Revelaci&oacute;n puede iluminar mi conciencia extraviada y mostrarme a Jes&uacute;s no solamente como un ag&aacute;pe abstracto, sino tambi&eacute;n como amor concreto, es decir, como esa &uacute;nica forma de amor que puedo percibir: el eros. La uni&oacute;n de estos dos tipos de amor me aproxima a Jes&uacute;s. Solo entonces la Liturgia eucar&iacute;stica puede llegar a ser para m&iacute; muy real, sobre todo su parte m&aacute;s extraordinaria, desde la Transubstanciaci&oacute;n hasta la santa Comuni&oacute;n; porque Jes&uacute;s eucar&iacute;stico &mdash;el Amor en toda su esencia&mdash; viene sobre el altar por el poder del Esp&iacute;ritu Santo y de las palabras de la consagraci&oacute;n. Y este Jes&uacute;s viene a m&iacute; en la santa Comuni&oacute;n o, m&aacute;s bien, me recibe a m&iacute;, que soy un pecador porque, independientemente de que me est&eacute; acercando al polo de Judas Iscariote o al de Mar&iacute;a de Betania, siempre me acerco como pecador. A decir verdad, Mar&iacute;a no llor&oacute; por la muerte de su hermano, sino por ella misma, pues hab&iacute;a per ella misma, pues hab&iacute;a perdido algo valioso. Lloraba por su propia p&eacute;rdida. Por eso la Eucarist&iacute;a siempre es Pan para los pecadores, aunque se sientan tan santos como ella. Despu&eacute;s de todo, en ese momento Mar&iacute;a de Betania todav&iacute;a no era santa. Solo cuando el Esp&iacute;ritu Santo la abrace y con su gracia la santifique, ella tendr&aacute; la certeza de que &Eacute;l, Dios, puede darle todo: a s&iacute; mismo, y tambi&eacute;n lo que hab&iacute;a perdido. &iexcl;Le pareci&oacute; que hab&iacute;a perdido tanto!, mientras que Jes&uacute;s quer&iacute;a decirle que si lo elije a &Eacute;l, todo le ser&iacute;a restablecido, incluso L&aacute;zaro: si elije a Cristo, ya nada se lo ocultar&aacute;. ************************************* 2&ordf; MEDITACI&Oacute;N: UNA PALABRA TUYA BASTAR&Aacute;: CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S Son conmovedoras las palabras que Jes&uacute;s le dirige al hombre que le pide que cure a su hijo de epilepsia, utilizando el modo condicional. A su petici&oacute;n: &laquo;Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ay&uacute;danos&raquo;, Jes&uacute;s responde lleno de sorpresa: &laquo;Si puedes...!&raquo;. En estas palabras se entrev&eacute; su gran asombro por la incredulidad humana ante los muchos milagros que constantemente realizaba:&laquo;Todo es posible para el que cree&raquo; (cf Mc 9,23). Para quien cree en el Poder y en el Amor, Dios puede hacer todo. Incluso Judas pudo haber sido salvado si como aquel padre hubiera clamado: &laquo;Creo; ay&uacute;dame porque tengo poca fe&raquo; (Mc 9,24). Es que ni siquiera es necesario creer, basta con reconocer la incredulidad y recurrir a quien con su sorpresa exige de alguna manera no ponerle l&iacute;mites a su poder. Decimos que hay que creer en el amor de Dios, pero eso es demasiado poco; tambi&eacute;n hay que creer en su poder. Solo entonces uno puede descubrir qui&eacute;n es Jes&uacute;s, y recibir paz y felicidad; solo entonces: amor poderoso que obra. Lo que admira a Cristo en la petici&oacute;n del centuri&oacute;n &mdash;&laquo;Se&ntilde;or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar&aacute;&raquo; (Mt 8,8)&mdash; es la fe en su poder. Obviamente, en el fondotambi&eacute;n hay fe en su amor, porque el centuri&oacute;n, al ver que realizaba tantos milagros, de alguna manera toc&oacute; la misericordia de Cristo; por lo tanto, tuvo que haber cre&iacute;do en cierto grado en ese Coraz&oacute;n, que ten&iacute;a piedad de la miseria humana. No obstante, &eacute;l fu&eacute;excepcional en su fe, porque Israel carec&iacute;a, no tanto de fe en la bondad de Jes&uacute;s, sino m&aacute;s bien en su poder. Los Ap&oacute;stoles tambi&eacute;n ve&iacute;an que el Maestro ten&iacute;a piedad de las multitudes, cre&iacute;an en su amor, Sin embargo, la fe del centuri&oacute;n en el poder de Jes&uacute;s, expresada en las categor&iacute;as v&aacute;lidas en el ej&eacute;rcito, es admirable: &laquo;Porque cuando yo, que yosoy m&aacute;s que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que est&aacute;n a mis &oacute;rdenes: &ldquo;Ve&rsquo; &eacute;l va, y a otro: &ldquo;Ven&rsquo; &eacute;l viene; y cuando digo a mi sirviente: &ldquo;Tienes que hacer esto&rsquo; &eacute;l lo hace&raquo; (Mt 8,9). El soldado tiene que obedecer absolutamente al oficial; por lo tanto, el centuri&oacute;n parece comprender que las que hoy llamamos leyes de la naturaleza tambi&eacute;n obedecen a Jes&uacute;s, &Eacute;l sabe que Jes&uacute;s no tiene que ir personalmente, en contra de las convicciones comunes; no tiene que tocar para curar; sabe que ese poder puede actuar incluso desde lejos. &laquo;Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe&raquo; (Mt 8,10), estas extraordinarias palabras de admiraci&oacute;n salen de la boca de Dios mismo. &iexcl;Qu&eacute; importante es la fe en el poder de Dios, en ese poder suyo que puede manifestarse en cada instante de mi vida! La fe en su amor no es suficiente, porque el amor puede ser desvalido. El amor que llora y se compadece es con seguridad un amor excepcional pero eso no es suficiente para el hombre. No basta con que se compadezcan de &eacute;l; el hombre necesita a Dios mismo, a Jesucrist0 y solo a &Eacute;l. Pero lo necesita realmente cuando descubre que el amor de Dios siempre es poder. Que no se puede separar el amor de Jesucristo de su poder. En El, el poder y el amor activo y no meramente pasivo y sentimiento constituyen una unidad. &Eacute;l ama en la misma medida de su poder y tiene poder en la medida de su amor. Porque tanto el amor como el poder son en &Eacute;l infinitos. Y estas dos infinitudes crean tal unidad en &Eacute;l, que al amar siempre quere actuar&hellip; la cruz, su vida, su nacer, predicar, morir quiere salvarme; por medio del Sacriflcio de la Eucarist&iacute;a. Y puede salvarme en la medida de mi apertura de mi disposici&oacute;n. Por esto, en realidad existe solo una fuente del mal: que no crea en Jes&uacute;s, que no crea - a Jes&uacute;s, que no crea en su amor infinito y en su poder infinito. De aqu&iacute; nacen los dem&aacute;s pecados. Si mi vida se orienta hacia el polo de Judas Iscariote, podr&eacute; percibir a lo sumo, las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Y cuando las vea, puede que las interprete falsamente, no como expresi&oacute;n de su amor sino de debilidad. Aqu&iacute; se encuentra el misterio de la maldad humana: Judas no se abri&oacute; al Amor que le mostraba compasi&oacute;n y que al mismo tiempo era el Poder infinito; por eso no sucedi&oacute; milagro alguno. Como Mar&iacute;a de Betania se abri&oacute; al Amor que se compadeCe ese Amor pudo manifestarle su Poder, en el mayor grado en el que un ser humano puede recibirlo. Mar&iacute;a de Betania no pudo conocer a Jes&uacute;s totalmente Era solo un ser humano pecador Por eso la infinitud del poder del Se&ntilde;or y de su amor&rsquo; parad&oacute;jicamente tuvo que &laquo;limitarse&raquo; al mayor milagro desde el punto de vista humano: resucitar a los muertos. Pero para Mar&iacute;a eso era suficiente, y ten&iacute;a que serlo, porque era solamente una Criatura llamada de la nada a la vida, y mayor gloria de Dios no pod&iacute;a ver. En ese sentido Jes&uacute;s, en la medida de las limitaciones humanas de Mar&iacute;a, le revel&oacute; todo Porque cualquier Cosa Superior a eso, Una gloria suya a&uacute;n mayor solo habr&iacute;a podido destruirla. Pero &Eacute;l la amaba tanto que limit&oacute; la manifestaci&oacute;n de su gloria &laquo;&uacute;nicamente&raquo; a la resurrecci&oacute;n de los muertos. Para ella y para quienes vendr&iacute;an despu&eacute;s a Betania a ver a L&aacute;zaro, ese ser&iacute;a un signo excepcional del poder de Jes&uacute;s, suficiente para seguirlo hasta el final. Antes de la santa Comuni&oacute;n repito: &laquo;Se&ntilde;or, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar&aacute; para sanarme&raquo; Entonces se abre paso hacia m&iacute;, aunque sea por un instante, algo de la verdad acerca de mi debilidad, de mis infidelida des Cometidas con tanta frecuencia; pero al mismo tiempo crece el deseo de unirme con Dios. Tal vez durante muchos a&ntilde;os de aspirar a &Eacute;l, mi indignidad ser&aacute; para m&iacute; solo Una palabra vac&iacute;a; pero si alg&uacute;n d&iacute;a se vuelve realidad, el contraste entre mi indignidad y aquello a lo que me llama &Eacute;l, mi Redentor eucar&iacute;stico podr&aacute; ser asombroso. Tal vez me acuerde entonces de las maravillosas palabras que Jes&uacute;s le dijo al padre que pidi&oacute; la curaci&oacute;n de su hijo, y que cre&iacute;a tan poco en su poder. Tal vez me acuerde del asombro de Dios ante la duda de ese hombre. Dios tiene predilecci&oacute;n por los violentos, esos locos que arrebatan el reino de los Cielos (cf Mt 11,12). Lo arrebatan sin ser dignos de ese Reino. Dios no llama a la santidad a los justos sino a los pecadores. Por la gracia tal vez tome conciencia del poder de su palabra. De hecho, en virtud de esa palabra se realiza el mayor milagro del mundo: el descenso de Dios sobre el altar. Las palabras de la consagraci&oacute;n, que en cada santa Misa producen el mayor milagro, &iquest;no ser&aacute;n capaces de abrirme a la gracia vinculada a ellas?, &iquest;de abrirme de tal manera que me impregne en el momento que precede la santa Comuni&oacute;n? Entonces, al repetir la oraci&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, no soy d&iacute;gno...&raquo;, terminar&eacute; con fe: &laquo;pero una palabra tuya bastar&aacute;...&raquo;, y al decir &laquo;una palabra&raquo; me refiero a esa palabra tuya que no tiene l&iacute;mites de poder, que es capaz de realizar la transformaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n, la sanaci&oacute;n de mi alma, ahora mismo. &iquest;Solo la sanaci&oacute;n? O tal vez &mdash;como el loco, como el violento que arrebata el reino de los Cielos&mdash; le dir&eacute; a Jes&uacute;s: &laquo;Una palabra tuya bastar&aacute; para santificarme&raquo;. No deber&iacute;a poner l&iacute;mites a su poder infinito y a su misericordia infinita, De hecho puede suceder que &Eacute;l, Dios presente en la Eucarist&iacute;a, en virtud dv esas palabras maravillosas, en cierto momento realice mi transformaci&oacute;n. Y un d&iacute;a realizar&aacute;s esa transformaci&oacute;n en mi cuando te acoja en mi coraz&oacute;n. Ser&aacute;s solo Tumi Dios y Se&ntilde;or, mi &uacute;nica esperanza. Y ser&aacute;s Ii quien en la santa Comuni&oacute;n te unas a m&iacute; en el amor. Todo esto parece una locura pero, al venir a ml en la Eucarist&iacute;a, Jes&uacute;s de verdad me ama hasta Li locura. Y verdaderamente hasta la locura desea morar en m&iacute;, santificarme, d&aacute;ndoseme, junto conel regalo de mi santidad. Y con ello, todo lo dem&aacute;s: la participaci&oacute;n en su gloria, cuyo anticipo se hace presente sobre el altar. 3.- AMOR INDEFENSO &laquo;ESTOY A LA PUERTA Y LLAMO...&raquo; (Ap 3,20). Pero T&uacute;, Jes&uacute;s presente en la Eucarist&iacute;a, quieres que yo tambi&eacute;n llame a la puerta que tambi&eacute;n golpee. T&uacute;, que quieres depender de m&iacute;, hombre de poca fe, deseas suscitar en m&iacute; la oraci&oacute;n. Estoy encerrado en m&iacute; mismo. No soy capaz, no quiero abandonarme a m&iacute; mismo; sin embargo me encuentro frente a la puerta que conduce a tu Coraz&oacute;n eucar&iacute;stico, por la que deber&iacute;a querer entrar. Ens&eacute;&ntilde;ame a llamar, ens&eacute;&ntilde;ame a tocar la puerta1 porque constantemente me quiero maltratar, herir... Y tal vez no tengo esperanza de que esa puerta se abra alg&uacute;n d&iacute;a. O tal vez no lo deseo. No es tan f&aacute;cil llamar a la puerta porque significa esperar, entrar en comuni&oacute;n, y yo no s&eacute; c&oacute;mo hacerlo. Por lo tanto, ens&eacute;&ntilde;ame, Se&ntilde;or Jes&uacute;s oculto en la Eucarist&iacute;a, a esperarte cada vez m&aacute;s, a entrar cada vez m&aacute;s en comuni&oacute;n contigo. Un ni&ntilde;o es capaz de llamar pateando la puertas pero yo sigo sin ser ni&ntilde;o; no golpeo fuertemente la puerta porque sigo necesit&aacute;ndote demasiado poco. &iexcl;VEN SEFIOR JES&Uacute;S! Jes&uacute;s fue a la tierra de los gerasenos y los liber&oacute; de grandes tormentos. El endemoniado de Gerasa gritaba noche y d&iacute;a, se golpeaba con piedras en los sepulcros y en los montes; en todos despertaba miedo. Los gerasenos estaban totalmente desvalidos ante esa gran desgracia. Y, de repente, vieron sorprendidos c&oacute;mo el hombre que hasta ese momento no se dejaba sujetar porque romp&iacute;a todas las cadenas y grilletes, ahora se encontraba sentado a los pies de Jes&uacute;s, tranquilo y feliz. Si hubieran sido capaces de valorar eso, se habr&iacute;an postrado a los pies de Jes&uacute;s, agradeci&eacute;ndole de coraz&oacute;n el haberlos hecho testigos de un milagro. Pero simplemente se dirigieron a Jes&uacute;s para rogarle que se alejara de ellos lo m&aacute;s pronto posible. Eran m&aacute;s importantes para ellos los puercos ahogados en el lago, que la llegada del poder divino en la persona que hab&iacute;a realizado el milagro. Se dio una situaci&oacute;n de polarizaci&oacute;n, y los habitantes de Gerasa eligieron a los puercos en vez de a Dios. El joven rico tambi&eacute;n ten&iacute;a sus &laquo;puercos&raquo; y, porque tem&iacute;a perderlos, rechaz&oacute; a Jes&uacute;s. Los gerasenos en realidad no eran israelitas como &eacute;l; adem&aacute;s, apacentaban puercos, animales impuros para el pueblo de Israel. Sin embargo, hab&iacute;an sido testigos de un milagro evidente, es decir, de la realidad estreme cedora de la actuaci&oacute;n de Dios delante de sus ojos, Pero eligieron a los puercos. En cada ser humano existe un &laquo;yo&raquo; real y un &laquo;yo&raquo; &iacute;deal. El &laquo;yo&raquo; ideal es una parte de uno mismo, esa &laquo;reserva del coraz&oacute;n&raquo; que est&aacute; vinculada con un profundo deseo, una expectativa Incluso, si una persona parece muy mala, se puede definir con suficiente veracidad tomando como base su &laquo;yo&raquo; ideal, es decir, ese qui&eacute;n quisiera ser, su mejor parte, oculta en su interior, En este sentido puedo decir que, en el fondo, yo soy lo que espero. Los gerasenos no esperaban a Dios; esperaban m&aacute;s bien que el enviado de Dios se lejara de ellos lo m&aacute;s pronto posible, para tener paz en el futuro con sus piaras. Me es tan f&aacute;cil decir despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, present&aacute;ndole a Dios en ese fomento supuestamente lo que espero, como expresando la mejor parte de mi &laquo;yo&raquo;: S&iacute;, Dios m&iacute;o, &iexcl;ven!; espero tu venida gloriosa y que se arroje al lago la piara de mis &laquo;puercos&raquo;: todos mis anhelos, deseos, &iexcl;tan terrenales!; mis intereses, que tal vez no quisiera descubrir delante de nadie. Pero, &iquest;acaso tomo en consideraci&oacute;n que todo eso puede realmente caer al lago si en verdad espero su venida gloriosa? En estas palabras se expresa mi elecci&oacute;n radical de Dios: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!, espero tu venida gloriosa, con todas mis fuerzas&raquo;. Y la medida de m&iacute; apertura a esas palabras se convierte en la de la actuaci&oacute;n milagrosa de Dios Salvador, que est&aacute; obrando ahora mismo: T&uacute; eres el m&aacute;s importante, Dios m&iacute;o, Jesucristo vivo sobre el altar. Haz que esos &laquo;puercos&raquo; mueran en el lago, porque yo te espero a ti, aguardo tu venida, hoy, ahora: la que aproxima tu venida gloriosa definitiva. Solo t&uacute;, Jes&uacute;s presente en la Eucarist&iacute;a, eres mi espera, eres mi esperanza, el sentido de mi existencia: sin ti no puedo vivir. Conf&iacute;o en que ir&aacute;s intensificando en mi coraz&oacute;n la plegaria lit&uacute;rgica: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, con la que me ir&aacute;s llenando cada vez m&aacute;s, de manera que la espera de tu venida se convierta gradualmente en el contenido de mi cotidianidad, y en el de toda mi vida, que es propiedad tuya. La espera de la segunda venida del Se&ntilde;or est&aacute; enraizada internamente en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Las palabras &laquo;ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo; resonaban como &laquo;maran&aacute; th&aacute;&raquo; durante las celebraciones eucar&iacute;sticas en los primeros siglos de la cristiandad. A la luz de la segunda venida de Cristo, la &laquo;gloria&raquo; de la temporalidad deber&iacute;a palidecer ante mis ojos. Asimismo, a la luz de su gloria es necesario que tambi&eacute;n mis aflicciones se reduzcan a polvo. Los problemas deber&iacute;an preocuparme mucho menos, pues &Eacute;l vendr&aacute; n su gloria. Y todo aquello por lo que me preocupo s volver&aacute; absurdo. Estas palabras implican el llamamiento a la conversi&oacute;n porque, si con Sinceridad hago esa aclama aclamaci&oacute;n a Dios REALMENTE PRESENTE sobre el altar, si con sinceridad me Uno a la plegaria Posterior del sacerdote: &laquo;Mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos en esta acci&oacute;n de gracias, el SacrificIo vivo y santo&raquo;, ese Sacrificio ofrecido se realiza efectivamente en m&iacute; en la medida de mi espera, espera que me introduce desde ya en una realidad diferente. La Iglesia evoca en otro momento esa espera, cuando ora antes de la santa Comuni&oacute;n. &laquo;Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo&raquo; Su venida en la santa Comuni&oacute;n es una preparaci&oacute;n para la otra venida; se nos reparte la santa Comuni&oacute;n para que esperemos la segunda venida del Se&ntilde;or, para que vivamos de la fe en esa venida. Fe que llega a ser esperanza, porque es espera. &iexcl;Cu&aacute;n importante es esa espera que me introduce en un mundo diferente!; no en el que estoy sumergido, lleno de mal, deshonestidad y dolor; sino en el mundo de Dios, penetrado de esa triple verdad: &Eacute;l muri&oacute;, resucit&oacute; y vendr&aacute; en su gloria, por m&iacute; as&iacute; como por m&iacute; celebra ahora mismo el sant&iacute;simo Sacri&mdash; ficio: para poder redimir sobre el altar eucar&iacute;stico las zonas de oscuridad que suelen permanecer en m&iacute; despu&eacute;s de la santa Misa. Esta dimensi&oacute;n escatol&oacute;gica de la Eucarist&iacute;a, con tanta frecuencia se escapa a mi atenci&oacute;n, extremadamente importante. Es un continuo llamamiento para que me convierta, para que me amine hacia ese Amor eucar&iacute;stico que tanto me am&oacute;. En realidad, son pocos los que esperan la venida de Cristo, son pocos los que est&aacute;n preparados para esa venida. &Eacute;l vendr&aacute; en su gloria, pero cuando de repente aparezca en esa gloria, &iquest;en qu&eacute; estado me encontrar&aacute;? &iquest;Absorto solo en &Eacute;l, en silencio interior? &iquest;O estar&eacute; tal vez interesado en espejismos temporales, cuidando a los puercos para que no se caigan al lago, persiguiendo extraviado lo que este mundo ofrece? La espera de su venida gloriosa significa que ya desde ahora deseo que reine en mi coraz&oacute;n: A cada paso que doy en el c-amino, a cada movimiento de mi mano al escribir una palabra, cuando presiono el pedal del autom&oacute;vil, espero tu venida gloriosa que me llevar&aacute; a la gloria eterna. Se trata de que me sirva de este mundo con desapego, como si ma&ntilde;ana fuera a desaparecer; pero al mismo tiempo, que trabaje para este mundo con amor, como si nunca fuera a desaparecer. Debo colocar mi vida en la perspectiva del encuentro con el Se&ntilde;or, hacer de ese acontecimiento el polo de atracci&oacute;n. Apenas acaba de venir Jes&uacute;s realmente sobre el altar en el momento de la consagraci&oacute;n, y ya la Iglesia me exhorta a esperar su segunda venida. Un pensador cristiano, refiri&eacute;ndose a la segunda venida del Se&ntilde;or, ve c&oacute;mo el sacerdote levanta la Hostia despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n y, de repente, llega fin del mundo. De esa Hostia levantada surge Cristo rodeado de &aacute;ngeles en toda su gloria. Ya desde ahora deber&iacute;a procurar descubrir &mdash;por medio de la fe&mdash; los coros de &aacute;ngeles que rodean el altar. La celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica es de hecho participaci&oacute;n en la liturgia celestial. Los &aacute;ngeles no pueden dejar a Cristo para quien fueron creados&rsquo;. En la primera plegaria eucar&iacute;stica el sacerdote, despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n, pronuncia estas admirables palabras: &laquo;Te pedimos humildeente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu &aacute;ngel&raquo;: Tu gloria, Dios m&iacute;o, se revela en m&iacute; en el hecho de que, a pesar de mi peque&ntilde;ez, yo no oponga resistencia a la gracia. T&uacute; encuentras tu gloria en la santificaci&oacute;n de los que tanto amas, por los que derramaste tu sangre en la Cruz. &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, este grito significa que ya ha nacido en m&iacute; por lo menos un deseo inicial de ver, por medio de la fe, a los &aacute;ngeles alrededor del altar, el deseo del Cielo. Si pronuncio esas palabras con toda sinceridad y mucho cuidado, se realizar&aacute; en m&iacute; una polarizaci&oacute;n. Ellas me colocan ante las siguientes preguntas: verdaderamente quiero su venida gloriosa, ahora? toy preparado para esa venida? &iquest;La espero? Se trata de no estar asustado por la idea de su venida, que no tema que perturbe mi mundo, en el que e encuentro sumergido; porque esa gloria tendr&aacute; 1ue quemar el mundo en el que vivo &mdash;que es pura temporalidad y transformarlo en la &laquo;nueva tierra&raquo;. Cuando venga en su gloria, Jes&uacute;s traer&aacute; de hecho un cielo nuevo y una nueva tierra; no esa tierra a la que ahora me he adherido con el coraz&oacute;n como si fuera un tesoro. Ser&aacute;n tierra nueva y cielo nuevo. Las palabras &laquo;ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo; son un llamamiento a un cambio total en mi elecci&oacute;n. Significan que quiero ya, ahora mismo, apresurar de alguna manera la venida de su reino. Significan que ya de alguna manera vivo de la certeza en la existencia de una tierra nueva y de un cielo nuevo. Ya ahora s&eacute; &mdash;porque creo&mdash; que T&uacute;, Dios eucar&iacute;stico, deseas abrazarme eternamente con tu gloria inconcebible. ***************************************** ************************************* SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA VIRGEN MAR&Iacute;A (Fue mi primera homil&iacute;a de la Inmaculada, predIcada en mi &uacute;ltimo a&ntilde;o del Seminario-diciembre 1959-, ordenado ya di&aacute;cono, con los tonos de oratoria propios de la &eacute;poca, como nos ense&ntilde;aba en las clases de Oratoria D. Pelayo, can&oacute;nigo magistral; pero, como siempre, con el mismo amor de hijo a la hermosa Nazarena, a la Virgen bella, en la novena del Seminario de Plasencia, en 1959) QUERIDOS HERMANOS: 1.- Al comenzar la santa Misa, la acci&oacute;n de gracias m&aacute;s pura que ofrecemos a Dios todos los d&iacute;as, le pedimos perd&oacute;n de haber pecado con el pensamiento, con las palabras y con las obras. Tenemos conciencia de nuestras obras manchadas de soberbia y de ego&iacute;smo, de nuestras palabras manchadas, de nuestros pensamientos y deseos manchados. Hasta al ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido lo sometemos al rito del bautismo para borrar su pecado de origen. Por eso, el recuerdo anual de la Inmaculada, redimida desde el primer instante de su Concepci&oacute;n, nos llena de alegr&iacute;a y orgullo a nosotros, los manchados hijos de Eva.Todos los hombres necesitamos las aguas bautismales; s&oacute;lo Ella fue siempre tierra virgen, sin pisadas de nadie, excepcionalmente concebida, inmaculada, intacta, impoluta, incontaminada. Por eso, hermanos, este d&iacute;a es de suma veneraci&oacute;n, d&iacute;a grande, cuya solemnidad aventaja a la solemnidad de todos los santos porque en &eacute;l nuestra Virgen, la Pur&iacute;sima, fue concebida Inmaculada, llena de gracia de Dios, sin mancha de pecado original, llena de luz y amor divino en el seno materno. 2.- Queridos hermanos, todos los hombres somos engendrados con el pecado de Ad&aacute;n y necesitamos las aguas bautismales para limpiar esta sombra de luz divina que en todos nosotros empa&ntilde;a el resplandor de nuestra alma. S&oacute;lo ella, la Virgen bella Mar&iacute;a, fue concebida llena de gracia y amor divino y sobrenatural desde el primer instante de su ser, fue siempre tierra virgen, sin pisadas de nadie, llena de Dios Trinidad, porque no hay corriente tan impetuosa que no pueda ser detenida por la Omnipotencia de Dios. El sol sigue siempre su eterna carrera; el agua del r&iacute;o nos impide el camino y el abrazo entre ambas orillas y el fuego nos quema siempre. Sin embargo, cuando Dios quiso, el sol se detuvo en su carrera, para que venciese su pueblo, el Jord&aacute;n y el mar Rojo mostraron un camino seco a los israelitas y el fuego del horno no quem&oacute; a Daniel y sus compa&ntilde;eros. Con esta misma potencia, queridos hermanos, pero con m&aacute;s amor y voluntad que nunca, Dios quiso que la impetuosa corriente del pecado de Ad&aacute;n, que hiere e infarta al hombre en lo m&aacute;s profundo de su ser, no lesionara ni tocara a la que ser&iacute;a su Madre, y as&iacute; fue concebida Mar&iacute;a, Inmaculada. Ella, la &uacute;nica y simplemente por privilegio divino, porque Dios Trinidad quiso y la elegi&oacute; como Madre del Hijo-hijo que se iba a encarnar en su seno, porque fue elegida como madre del Hijo desde el primer momento de su Concepci&oacute;n Inmaculada. 3.- Acabo de decir que Dios lo puede todo y, sin embargo, no es verdad. La Omnipotencia divina que detiene al sol y separa las aguas, tiene tambi&eacute;n sus l&iacute;mites, porque los tiene tambi&eacute;n su libertad. Dios, por ejemplo, no es libre para dejar de ser Dios, ya que el Infinito tiene que existir en raz&oacute;n de su mismo Ser que es vida eterna, sin l&iacute;mites en ninguna direcci&oacute;n. Dios puede s&iacute; colgar m&aacute;s y m&aacute;s estrellas en el cielo para que nosotros inexactamente digamos que son infinitas; puede construir un mundo m&aacute;s dilatado y variado, de colores m&aacute;s brillantes; puede, desde luego y con mucha facilidad, crear otros cielos m&aacute;s limpios, un mar m&aacute;s azul y profundo, unos claveles m&aacute;s rojos, unas cascadas m&aacute;s altas e impresionantes. Puede todo eso y otras cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles que ni siquiera la mente humana puede imaginar. Pero el poder de Dios tiene un l&iacute;mite, se puso un l&iacute;mite, no puede traspasarlo, porque ser&iacute;a crear otro Dios, y por eso no puede ni quiere inventar ni plasmar para su Hijo una madre m&aacute;s buena y hermosa, m&aacute;s limpia y excelente, que la bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Inmaculada desde su Concepci&oacute;n. 4.- Es impresionante el esfuerzo hecho por Dios para realizar en carne humana la idea m&aacute;s perfecta que de mujer haya concebido en su mente divina. Para plasmarla, como hemos dicho, cogi&oacute; el azul de los mares, el resplandor de los soles, el frescor de las auras, la suavidad m&aacute;s dulce de las brisas; lo junt&oacute; todo y lo llam&oacute; Mar&iacute;a. Mar&iacute;a, la misma mujer y humilde jovencita Nazarena, que acarreaba el agua y la le&ntilde;a para su casa y en cuyas manos ponemos nosotros ahora todas nuestras plegarias, Mar&iacute;a es el l&iacute;mite que Dios se ha impuesto a sus esfuerzos creadores. Al conjunto de todas las aguas nosotros lo llamamos en lat&iacute;n:&laquo;maria&raquo;; y Dios, al conjunto de todas las gracias que puede conceder a una criatura, la llam&oacute; &ldquo;Mar&iacute;a&rdquo;. Por esto, Mar&iacute;a es Virgen bella, Estrella de todos los mares, Se&ntilde;ora del buen aire, Reina de los cielos y Se&ntilde;ora de todo lo creado. Nadie puede existir ya m&aacute;s perfecto que ella, simplemente porque Dios as&iacute; lo quiso y lo quiere, porque escogi&oacute; para ella todo lo sobrenatural m&aacute;s bello y gracioso que pueda existir. La Virgen contiene en s&iacute; la suma perfecci&oacute;n de todas las cosas creadas y creables, por eso es distinta de todos y de todo: Es Virgen Inmaculada, impecable, dotada de todas las gracias, en la misma orilla de Dios, casi divina. 5.- Cuando antes de crear los mundos, desfilaron todos los seres posibles ante los ojos de la Sant&iacute;sima Trinidad, se detuvieron amorosos ante una criatura singular. El Padre la am&oacute;, la mir&oacute; y dijo: t&uacute; ser&aacute;s mi Hija Predilecta; el Hijo la bes&oacute; diciendo: ser&aacute;s mi madre amada y el Esp&iacute;ritu Santo la abraz&oacute; lleno de Amor Divino y le dijo: T&uacute; ser&aacute;s mi esposa amada, que por mi poder y el Amor de Dios Trinidad pondr&eacute; en tu seno al Hijo de Dios encarnado haci&eacute;ndose hijo tuyo; los Tres la llenaron de regalos y de gracias sobrenaturales y divinas, y cuando la Reina estuvo vestida de luz, los Tres colocaron sobre sus sienes una corona de gracias y dones, en el centro pon&iacute;a: Inmaculada. Queridos hermanos, en ratos de oraci&oacute;n, contemplando a Mar&iacute;a, con la luz y el fuego del Esp&iacute;ritu Santo, es dulce pensar en aquellas tareas preparatorias de la Trinidad dichosa. Imagin&eacute;monos a Dios Trino y Uno ocupado con Amor de Esp&iacute;ritu Santo, ternura de Hijo y anhelos de Padre creador de vida, trazando el semblante, el rostro y los rasgos de su hija predilecta y escogida con el semblante y hermosura de su mismo Ser contemplado y visto y plasmado con el Esplendor de su Imagen e Idea creadora del Hijo &ldquo;Amado por quien todo ha sido hecho&rdquo;; qu&eacute; miradas entre el Padre y el Hijo, qu&eacute; di&aacute;logos de Amor, qu&eacute; miradas de gozo entre los Tres al crearla, qu&eacute; contemplaci&oacute;n de Amor, qu&eacute; fuerza creadora del Hijo Dios creando a su madre de la tierra como hijo, qu&eacute; Hermosura, Esplendor infinito del Ser y Reflejo del Padre infinito haciendo a su madre, qu&eacute; potencia creadora con su Amor de Esp&iacute;ritu Santo contemplando el poder infinito del Padre. Con qu&eacute; manos temblorosas de emoci&oacute;n el Padre la cre&oacute; en su Mente divina trinitaria; con qu&eacute; manos emocionadas el Hijo la acarici&oacute; en su mismo Ser de Hijo imagen del Padre; con qu&eacute; potencia de beso de amor el Esp&iacute;ritu Santo la plasm&oacute; en cuerpo y alma. Queridos hermanos, nuestras iglesias han de levantarse sobre un terreno bendecido, acotado, libre de todo aprovechamiento humano. Un delito ocurrido en ellas las inutiliza para el culto divino, porque impide la tranquila presencia de Dios. Y es que Dios es Dios y para el Dios Infinito y Grande siempre el templo, limpio; los corporales, bien planchados; la patena, de buen metal y la Madre, Inmaculada. La Madre Inmaculada, asociada por Cristo a la obra redentora de la humanidad conven&iacute;a que desde el primer instante de su ser, en su misma concepci&oacute;n divina y humana, estuviera libre de toda mancha y pecado que hab&iacute;a de redimir como corredentora con el hijo-Hijo Salvador de todos los hombres, hijos de Mar&iacute;a. Muchas son las razones porque las que Dios quiso que Mar&iacute;a estuviera limpia de todo pecado y llena de dones y blancura en la redenci&oacute;n y salvaci&oacute;n de todos sus hijos, los hombres. 6.- Entre estas razones, la principal de tener una madre limpia era la conveniencia que iba a tener de asociarla a su obra salvadora. Todo el que redime de pecados debe estar libre de la culpa, del pecado que quita; lo mismo que, para lavar los objetos o personas, las manos que ayudan a limpiar las manchas deben estar previamente lavadas, limpias de la suciedad que tratan de quitar. Por eso, Mar&iacute;a elegida como madre y corredentora con el hijo-Hijo vino a nuestra tierra en Concepci&oacute;n Inmaculada desde el seno de su madre, Ana, anticipando as&iacute; la venida de su hijo Jes&uacute;s a su seno sin participaci&oacute;n de Jos&eacute;, su esposo que por eso quiso abandonarla, porque as&iacute; nacemos todos nosotros, todos los hombres, menos Jes&uacute;s el Dios que quiso nacer hombre en su seno Inmaculado, por designio de amor del Padre, por exigencia de pureza del Hijo, por necesidad del Amor pleno y total del Esp&iacute;ritu Santo. Y este es el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Mar&iacute;a que hoy estamos celebrando. Si remov&eacute;is el cieno de una fuente, toda el agua que baja al r&iacute;o de la vida humana se enturbia y baja encenagada. Dios constituy&oacute; a Ad&aacute;n, fuente de vida humana; al comer la manzana, al comer del &aacute;rbol del bien y del mal, esto es, al no querer obedecer a Dios y tratar de ser &eacute;l Dios, diciendo lo que est&aacute; bien y mal en contra de lo establecido por Dios, vino el pecado original que a todos nos mancha menos a Mar&iacute;a concebida Inmaculada sin pecado original; nosotros todos sin embargo procedemos de la carne manchada de nuestro primer padre, Ad&aacute;n. Solo ella, procediendo de esa misma fuente, fue preservada de toda mancha de pecado en raz&oacute;n de los m&eacute;ritos y deseos de su Hijo, y recibi&oacute; la vida desde Dios, limpia y transparente y su concepci&oacute;n fue inmaculada desde el seno de madre santa Ana. Dios que estaba preparando a su propia madre no pod&iacute;a consentir que fuera escupida por el veneno de la serpiente, del reptil inmundo, por eso, en la im&aacute;genes de Mar&iacute;a aparece pisoteada. &iquest;Qui&eacute;n de nosotros no lo har&iacute;a si lo hubiera podido hacer? El Hijo no pod&iacute;a consentir que el seno donde &Eacute;l quer&iacute;a nacer entre los hombres para salvarnos y abrirnos las puerta del cielo ni por un momento fuera pisado por la serpiente del pecado, de la enemistad con Dios, esto es, que su madre fuera su enemiga y rebelde por el pecado original. No lo quiso y como pod&iacute;a hacerlo, as&iacute; lo hizo. Si el Hijo se estaba preparando su morada en la tierra, ten&iacute;a que parecerse lo m&aacute;s posible a su morada del Cielo con su Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, a la Santidad Esencial del Dios Trino y Uno lleno de Hermosura y Amor de Esp&iacute;ritu Santo; si Dios se preparaba su primer Templo y Sagrario y Tienda en la tierra no pod&iacute;a consentir que estuviera primero habitada por el pecado contra &Eacute;l mismo, contra Dios Padre y pisoteada por su enemigo, el demonio del pecado, que la estrenase la serpiente. No estar&iacute;a bien en un Dios, en un Hijo, que pudo hacer a su propia madre, el Hijo-hijo Jes&uacute;s, ni estaba bien para el Padre que pudo hacer a su propia hija el Padre y tampoco para el Esp&iacute;ritu Santo que concibi&oacute; en su seno de Madre y Esposa de Esp&iacute;ritu Santo al mismo Hijo de Dios encarnado en el hijo de Mar&iacute;a. Los Tres, en consejo Trinitario, as&iacute; lo decidieron y lo hicieron. Mar&iacute;a, por tanto, fue siempre tierra virgen, limpia de toda mancha de pecado, sin pisadas de nadie, siempre para&iacute;so de Dios entre los hombres, donde Dios Trinidad la posey&oacute; desde el primer instante su Concepci&oacute;n Inmaculada. Por eso, aunque siento amores e ideas encendidas de luz y fuego por mi Dios Trinidad en nuestra Madre, Mar&iacute;a Inmaculada, tengo que hacerlo y quiero hacerlo en poes&iacute;a porque es la forma m&aacute;s bella de hacerlo y lo hago con los versos de la Hidalga del Valle: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a es manifiesta demencia y es faltar a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a; pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. ************************************************* SOLEMNIDAD: LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS:El 8 de diciembre del 1854, el Papa P&iacute;o IX defin&iacute;a en la bula Ineffabilis Deus: &laquo;Es doctrina revelada por Dios y, por tanto, ha de creerse firme y constantemente por todos los fieles, que la Virgen Mar&iacute;a por gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en atenci&oacute;n a los m&eacute;ritos de Cristo Jes&uacute;s, Salvador del g&eacute;nero humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepci&oacute;n&raquo; (DS. 2803). Y el Concilio Vaticano II ha vuelto sobre esta realidad luminosa de la Virgen y nos dice: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). Nuestra Madre la Virgen Maria fue, pues, concebida inmaculada, incontaminada, sin macha alguna, desde el primer instante de su ser. Reflexionemos brevementes sobre este hecho de la gracia de Dios: 1.- Mar&iacute;a fue concebida Inmaculada por voluntad de la Trinidad para ser Madre de Jesucristo, Hijo de Dios. As&iacute; la llam&oacute; el &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;llena de gracia&rdquo;. No estaba bien que ni por un momento el pecado la poseyese, la hiciera enemiga de Dios a la destinada a ser su madre en la tierra.As&iacute; que Maria fue redimida perfecta desde el vientre de su madre. 2.- Fue concebida Inmaculada por voluntad del Hijo para ser corredentora. Conven&iacute;a que fuera preservada de todo pecado desde el primer instante de su ser la que iba a estar muy unida a Cristo, &Uacute;nico Redentor, que quiso asociarla a su madre y tenerla junto a la cruz. 3.- Inmaculada, finalmente, por amor de Esp&iacute;ritu Santo, para ser modelo e imagen de la Iglesia, santa e inmaculada, de toda la humanidad redimida. Mar&iacute;a es tipo y modelo de todos los hombres, de lo que Dios quiere y nos pide a todos nosotros. Bien est&aacute; el que se arrepiente y se levanta. Pero mejor es no caer en pecado alguno. Maria por ser elegida como madre de Dios, tuvo este privilegio. Es la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis. En el anuncio del G&eacute;nesis sobre la estirpe de la mujer que aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente, la tradici&oacute;n eclesial siempre ha visto a Mar&iacute;a, como nueva Eva. En los versos de la Hidalga del Valle, de nuestros poetas cl&aacute;sicos, queda perfectamente reflejada esta teolog&iacute;a: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a, es manifiesta demencia, y es falta a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a. Pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. 4.- Queridos hermanos: qu&eacute; grande hizo Dios a su madre, y no s&oacute;lo para &Eacute;l sino para todos nosotros, Nuestros sentimientos hacia ella en este d&iacute;a en que celebramos su Concepci&oacute;n Inmaculada son estos: &acute; a) El primer sentimiento ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales desde el primer momento de su Concepci&oacute;n. Y lo hacemos con sus mismas palabras: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) El segundo sentimientos debe ser deseos de imitarla en lo que podamos porque los hijos deben imitar a sus madres y nosotros vemos en Mar&iacute;a el modelo de vida cristiana querida por Dios. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. En ella tenemos que mirarnos y tratar de vivir su pureza y humildad, su confianza y su fiarse totalmente de Dios en las dificultades, aprender de ella la escucha atenta de la Palabra, con obediencia y seguimiento total a Dios &ldquo;h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;, como le dijo al &aacute;ngel . Mar&iacute;a, madre de todos los creyentes en Cristo, es modelo de fe, de amor y de esperanza cristiana en la Palabra y promesas de Dios. Crey&oacute; siempre y esper&oacute; contra toda esperanza creyendo que era el Salvador del mundo el hijo que naci&oacute; en su seno y mor&iacute;a en la cruz. Sola se qued&oacute; en el Calvario, creyendo que era el Salvador del mundo el que mor&iacute;a abandonado de todos en la cruz, hasta de sus mismos disc&iacute;pulos. Todo este misterio de Mar&iacute;a elegida por Dios como madre inmaculada provoca en todos nosotros confianza y amor total; si Dios confi&oacute; y se fi&oacute; de ella, c&oacute;mo no hacerlo nosotros, ella nos provoca sentimientos de hijos, sentimientos de petici&oacute;n y de s&uacute;plica. &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. Queremos ser buenos cristianos, seguidores de tu Hijo, pero caemos a cada paso. Queremos salvar a los hermanos, pero nos cansamos. &iexcl;Ay&uacute;danos t&uacute;, Virgen santa y bendita, Virgen Inmaculada, Auxiliadora del pueblo de Dios. Porque eres tan grande y poderosa ante Dios, Virgen Santa e Inmaculada, que eres omnipotente suplicando a tu Hijo y lo consigues todo. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. Todos recurrimos a ti. Queridos hermanos: pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada. Ella es la mejor madre de la fe y del amor y de la esperanza. &iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a todos los creyentes! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal! &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazaretana, Virgen bella, Madre del alma, cu&aacute;nto nos quieres, cuanto te queremos. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre, madre y modelo; gracias. ********************************************** QUERIDOS HERMANOS: Al comenzar la santa misa, la acci&oacute;n de gracias y la oblaci&oacute;n m&aacute;s pura que ofrecemos a Dios todos los d&iacute;as, le pedimos perd&oacute;n por haber pecado con el pensamiento con las palabras y con las obras. Tenemos conciencia de nuestras palabras manchadas de orgullo, de nuestros pensamientos manchados de materialismo, de nuestros deseos manchados de consumismo. Hasta al ni&ntilde;o inocente y reci&eacute;n nacido le sometemos al rito del bautismo, para borrarle su pecado de origen. El recuerdo y la mirada filial que dirigimos hoy a la Virgen toda limpia, en su misterio de Concepci&oacute;n Inmaculada, nos llena de gozo y alegr&iacute;a y est&iacute;mulo a nosotros, sus hijos, los manchados desde nuestro nacimiento, los hijos de Eva. Ella, concebida sin pecado, nos est&aacute; invitando a todos nosotros, sus hijos, a vivir la pureza recibida en las aguas bautismales, a vivir siempre la gracia y la vida plena de Dios. 1.-En el contexto del tiempo lit&uacute;rgico del Adviento, en que salimos con gozo a esperar al Se&ntilde;or, la Iglesia quiere que dirijamos nuestra mirada hoy a la Madre, por la que nos vino la Salvaci&oacute;n. Celebramos hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen Maria: &laquo;comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura&raquo; (Prefacio) El 8 de diciembre del 1854, P&iacute;o IX defin&iacute;a en la bula Ineffabilis Deus: &laquo;Es doctrina revelada por Dios y, por tanto, ha de creerse firme y constantemente por todos los fieles, que la Virgen Mar&iacute;a por gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en atenci&oacute;n a los m&eacute;ritos de Cristo Jes&uacute;s, Salvador del g&eacute;nero humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepci&oacute;n&raquo; (DS. 2803). El Concilio Vaticano II ha vuelto sobre esta realidad luminosa de la Virgen y nos dice: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida por Dios con dones dignos de tan gran dignidad&hellip; enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). Nuestra Madre la Virgen Maria fue, pues, concebida inmaculada, impecable, incontaminada, sin macha alguna, desde el primer instante de su ser. 1.- El testimonio m&aacute;s singular y v&aacute;lido de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen lo constituyen las palabras tra&iacute;das desde el seno de Dios por el &aacute;ngel Gabriel, al anunciarla que ser&aacute; Madre de Dios: &ldquo;Salve, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo; (Lc1,8). No ser&iacute;a &ldquo;llena de gracia&rdquo; si en alg&uacute;n momento no lo hubiera estado; no ser&iacute;a en sentido total si el pecado la hubiera tocado aun levemente en cualquier momento de su vida. Mar&iacute;a es la &ldquo;llena de gracia&rdquo; por antonomasia, porque su vida estuvo siempre rebosante de vida divina de amor a Dios. 3.- Inmaculada por Madre. El saludo a la &ldquo;llena de gracia&rdquo; fue precisamente para anunciarla este mensaje de parte de Dios. Mar&iacute;a estaba destinada por Dios para ser la madre de su Hijo. Desde su Concepci&oacute;n deb&iacute;a estar llena totalmente de Dios, en cuanto a una criatura le es posible. Su maternidad deb&iacute;a ser un denso reflejo de la Paternidad Santa de Dios Padre y por otra parte, deb&iacute;a estar llena del Esp&iacute;ritu de Dios, pues por su potencia deb&iacute;a colaborar con ella en la generaci&oacute;n humana del Verbo de Dios en Jes&uacute;s de Nazaret. No estaba bien que ni por un momento el pecado la poseyese, la hiciera enemiga de Dios. As&iacute; que Maria fue un S&iacute; total a Dios desde el primer instante de su ser. Fue la Gracia perfecta, la redimida perfecta. 4.- Inmaculada por corredentora. Es una conveniencia que pide que Maria sea concebida sin pecado y llena de la gracia de Dios. Conven&iacute;a que fuera preservada de todo pecado desde el primer instante de su existir en funci&oacute;n de estar muy unida a Cristo, &Uacute;nico Redentor, que quiso asociar a su madre y tenerla junto a la cruz cuando mor&iacute;a por la salvaci&oacute;n de los hombres sus hermanos. Era congruente y estaba perfecto que estuviera limpia de toda mancha, de todo pecado como corredentora subordinada en esta tarea por su Hijo, la que iba a colaborar con su Hijo en la limpieza del mundo; por eso fue preservada de toda mancha para ejercer su misi&oacute;n adecuada y coherentemente. 5.- Inmaculada por ser modelo e imagen de la humanidad redimida. Mar&iacute;a es tipo y modelo de todo creyente, de toda la Iglesia, santa e inmaculada. Ella ha sido elegida por Dios para ser imagen de lo quiere de todos nosotros. Bien est&aacute; el que se arrepiente y se levanta. Pero mejor es no caer por su gracia. Maria tuvo este privilegio. Maria, desde el primer instante de su ser ten&iacute;a que se la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis y es, en definitiva, la nueva criatura, la nueva creaci&oacute;n. En el anuncio del G&eacute;nesis sobre la estirpe de la mujer que aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente, la tradici&oacute;n eclesial siempre ha visto a Mar&iacute;a, como nueva Eva. La desobediencia de la primera Eva fue reparada por la obediencia de la Mar&iacute;a, que por eso ha recibido el t&iacute;tulo de la Iglesia como &ldquo;la madre de los vivientes&rdquo;. Cristo y Maria representan a la nueva Humanidad restaurada de su condici&oacute;n primera. En los versos de la Hidalga del Valle, de nuestros poetas cl&aacute;sicos, queda perfectamente reflejada esta teolog&iacute;a: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a, es manifiesta demencia, y es falta a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a. Pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. 6.- Queridos hermanos: Qu&eacute; gran madre tenemos, qu&eacute; grande hizo Dios a Mar&iacute;a y no s&oacute;lo para &Eacute;l sino para nosotros, qu&eacute; plenitud de gracia, hermosura y amor. Nuestros sentimientos hacia ella en el d&iacute;a su fiesta son: a) El primer sentimiento nuestro para con Mar&iacute;a ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales desde el primer momento de su Concepci&oacute;n. Lo hacemos con sus mismas palabras: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) Dios ha hecho tan grande y limpia a Maria como icono y modelo nuestro. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. En ella tenemos que mirarnos y tratar de vivir su humildad en la grandeza, su fiarse totalmente de Dios en las dificultades, aprender de ella la escucha atenta de la Palabra, obediencia y seguimiento total. Es modelo de santidad en la fe, en el amor, en la esperanza cristianas. Crey&oacute; siempre y esper&oacute; contra toda esperanza; am&oacute; hasta olvidarse de s&iacute;, creyendo que era el Salvador del mundo el hijo que mor&iacute;a en la cruz. Sola se qued&oacute; en el Calvario, creyendo que era el Salvador del mundo e el que mor&iacute;a abandonado de todos, hasta de sus mismos disc&iacute;pulos. c) &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. Queremos ser buenos cristianos, seguidores de tu Hijo, pero caemos a cada paso. Queremos salvar a los hermanos, pero nos cansamos. &iexcl;Ay&uacute;danos tu, Virgen bella, Inmaculada, Auxiliadora del pueblo de Dios. Es tan grande tu poder ante Dios, porque eres omnipotente suplicando a tu Hijo que es omnipotente realizando, porque es Dios. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. Todos recurrimos a ti. Queridos hermanos: pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada, recemos con ella con plena confianza. Ella es la mejor madre de la fe y del amor y de la esperanza. &iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a los creyentes! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal! &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazaretana, Virgen guapa, Madre del alma, cu&aacute;nto te quiero, cu&aacute;nto nos quieres. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre y modelo; gracias. &Eacute;sta ha de ser la propuesta permanente de la nueva evangelizaci&oacute;n: la belleza de la vida cristiana, de la vida de hijos de Dios, que en Mar&iacute;a resplandece plenamente: LA PUR&Iacute;SIMA. ***************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:La fiesta de la Inmaculada brilla con esplendor de cielo azul. Un cielo limpio en el que brilla el sol de la pureza y de la gracia. La fiesta de la Inmaculada llena de alegr&iacute;a el alma del pueblo cristiano. Ella anuncia la cercan&iacute;a de la redenci&oacute;n, que viene a traer al mundo el Hijo de sus entra&ntilde;as, Jesucristo, que nacer&aacute; en la Nochebuena como fruto bendito de su vientre virginal. Mar&iacute;a es el primer fruto de la redenci&oacute;n, porque ha sido preparada por Dios para ser la madre de su Hijo divino hecho hombre. Ella no conoci&oacute; el pecado. Fue toda limpia y hermosa, llena de gracia y santidad. Vale la pena mirar a Mar&iacute;a continuamente, pero m&aacute;s todav&iacute;a cuando llegan sus fiestas, y de manera singular esta fiesta de la Inmaculada. En un mundo como el nuestro, la vieja Europa nuestra que ignora sus ra&iacute;ces cristianas, va creciendo el ate&iacute;smo militante, fruto del alejamiento de Dios de muchedumbres inmensas, en una &ldquo;apostas&iacute;a silenciosa&rdquo; generalizada, como dec&iacute;a san Juan Pablo II. Todo ello es fruto del pecado, del ego&iacute;smo en todas sus formas. Injusticias, corrupci&oacute;n, desprecio de la vida y de los derechos humanos, odios, guerras. El pecado ha hecho y sigue haciendo estragos en la historia de la humanidad. En medio de todo ese esti&eacute;rcol ha brotado una flor, cuyo fruto maduro va a ser su Hijo, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para el cristiano en todo tiempo mirar a Mar&iacute;a, la Pur&iacute;sima, la concebida sin pecado, la llena de gracia. Nosotros que somos pecadores, y que no somos capaces de salir de nuestro pecado por nuestras solas fuerzas, al mirarla a ella sentimos el alivio de la gracia, que en ella resplandece con toda plenitud. El coraz&oacute;n se nos llena de esperanza. Nosotros hemos nacido en pecado, el pecado original, y el bautismo nos ha librado de la muerte eterna, haci&eacute;ndonos hijos de Dios. En nosotros permanece la inclinaci&oacute;n al pecado, el atractivo del pecado (la concupiscencia, que no es pecado, pero procede del pecado e inclina al pecado). Mar&iacute;a, sin embargo ha sido librada de todo pecado antes de cometerlo. Ni siquiera el pecado original ha tenido lugar en ella. Ni tampoco sombra alguna de pecado personal mortal o venial, ni la m&aacute;s m&iacute;nima connaturalidad con el pecado. &ldquo;El pecado m&aacute;s grande de nuestros d&iacute;as es la p&eacute;rdida del sentido del pecado&rdquo;, dec&iacute;a hace poco el papa Francisco recordando esta misma expresi&oacute;n del papa P&iacute;o XII. Ciertamente, es necesario contemplar la belleza de Mar&iacute;a para sentirnos atra&iacute;dos por esa meta a la que Dios quiere llevarnos: libres de todo pecado y llenos de gracia y santidad. Y esta ha de ser la propuesta permanente de la nueva evangelizaci&oacute;n: la belleza de la vida cristiana, de la vida de hijos de Dios, que en Mar&iacute;a resplandece plenamente. Muchos de nuestros contempor&aacute;neos han perdido el sentido de Dios, andan perdidos entre los afanes de este mundo, desnortados sin saber a d&oacute;nde dirigir sus pasos, esclavos de tantas torceduras del coraz&oacute;n humano, v&iacute;ctimas de sus propios vicios que a&iacute;slan y encierran a la persona en s&iacute; misma y la incapacitan para amar. Todas estas y muchas m&aacute;s son las consecuencias del pecado, del alejamiento de Dios. Muchos incluso han perdido el sentido del pecado, porque su vida no hace referencia a Dios para nada. Muchos viven en esas periferias existenciales, lejos de la casa de Dios, y al encontrarse con Mar&iacute;a recuperan el sentido de lo bello, la verdad de la vida, la fuerza para realizar el bien. La fiesta de la Inmaculada quiere traernos a todos esta buena noticia. Por la encarnaci&oacute;n redentora de su Hijo divino Jesucristo, por su muerte y resurrecci&oacute;n, se nos han abierto de par en par las puertas del cielo. Es posible la esperanza, es posible otra forma de vida, es posible amar y salir de uno mismo para entregarse a los dem&aacute;s, es posible la vida de gracia y santidad. M&aacute;s a&uacute;n, hemos nacido para eso. Y si alguna vez nos viene la duda o se oscurece el horizonte, levantemos los ojos a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, la llena de gracia, la toda limpia, la Pur&iacute;sima. Que el Se&ntilde;or os conceda a todos una profunda re- novaci&oacute;n en este A&ntilde;o de la misericordia que, en el d&iacute;a de la Inmaculada, es abierto para toda la Iglesia. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: ************************************** INMACULADA Queridos hermanos: Estamos celebrando con gozo la fiesta de Mar&iacute;a en su Inmaculada Concepci&oacute;n; todos los hombres necesitamos el bautismo para liberarnos del pecado original; Mar&iacute;a fue concebida y permaneci&oacute; siempre limpia de todo pecado, fue concebida intacta, impoluta, llena de gracia y belleza divina. Mar&iacute;a es el primer fruto de la redenci&oacute;n, porque ha sido preparada por Dios para ser la madre de su Hijo divino hecho hombre. Ella no conoci&oacute; el pecado. Fue toda limpia y hermosa, llena de gracia y santidad. Vale la pena mirar a Mar&iacute;a continuamente, pero m&aacute;s todav&iacute;a cuando llegan sus fiestas, y, de manera singular, esta fiesta de la Inmaculada. En un mundo como el nuestro, la vieja Europa que va olvid&aacute;ndose y alej&aacute;ndose de sus ra&iacute;ces cristianas, y va creciendo el ate&iacute;smo militante, fruto del alejamiento de Dios de muchedumbres inmensas, de hijos y nietos, en una &ldquo;apostas&iacute;a silenciosa&rdquo; generalizada, como dec&iacute;a san Juan Pablo II. El pecado ha hecho y sigue haciendo estragos en la historia de la humanidad con abortos, cr&iacute;menes de padres a hijos y de hijos a padres, con familias rotas, divorcios, guerras por dineros, petr&oacute;leos, apostas&iacute;as. En medio de todo ese pecado ha brotado una flor, cuyo fruto maduro va a ser su Hijo, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, el &uacute;nico que puede salvar el mundo de ahora y de siempre, miremos las historia. Es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para el cristiano en todo tiempo, mirar a Mar&iacute;a, la Pur&iacute;sima, la concebida sin pecado, la llena de gracia, auxilio para todos, especialmente para las familias que antes rezaban el rosario unidas, porque familia que reza unida permanece unida. Hoy no digo el rosario, ni el ave mar&iacute;a saben ni rezan los ni&ntilde;os que vienen el primer a&ntilde;o a la catequesis. Familia que reza unida, que viene a misa los domingos, permanece unida. Ver as&iacute; a Mar&iacute;a, tan bella y limpia, concebida sin pecado, nos est&aacute; indicando el amor y predilecci&oacute;n del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo sobre la elegida por la Sant&iacute;sima Trinidad para ser Madre del Hijo, preparando as&iacute; una digna morada al Verbo de Dios encarnado en su seno, y nos invita a todos nosotros, sus hijos, a imitarla, a invocarla, a recurrir a ella en nuestras necesidades. Nos llena de gozo y alegr&iacute;a a todos nosotros, sus hijos, los manchados hijos de Eva, que caminamos en este mundo necesitados de su protecci&oacute;n y ayuda permanente; esto nos da certeza y confianza a todos los hombres, los hijos de nuestra madre Inmaculada porque sabemos que nuestra oraciones y novenas y peticiones son siempre atendidas y escuchadas; y finalmente nuestra Madre, limpia de pecado, se convierte en modelo e imagen de lo que Dios quiere de todos nosotros, porque al verla as&iacute; tan bella y limpia de toda mancha, nosotros sus hijos hemos de esforzarnos por parecernos a Ella, luchar para vivir siempre la gracia y la vida plena de amor a Dios y nuestros hermanos los hombres, recibida en las aguas bautismales. 1.- El Concilio Vaticano II nos dice al presentarnos a Mar&iacute;a: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida por Dios con dones dignos de tan gran dignidad&hellip; enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). &ldquo;Salve, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo;, &rdquo;Salve&rdquo;, es decir, al&eacute;grate, regoc&iacute;jate, &ldquo;llena de gracia&rdquo;, porque Dios te ha predestinado ser Madre del Hijo encarnado. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo;, prosigue el divino mensajero. Nuestra Madre estuvo desde el primer instante de su ser m&aacute;s rebosante de gracia que todos los &aacute;ngeles y santos juntos. Y as&iacute; lo expres&oacute; p&uacute;blicamente su prima Isabel, al verla pre&ntilde;ada del Hijo de Dios: &ldquo;bendita t&uacute; entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&rdquo;. POR TRES MOTIVOS PRINCIPALES hizo Dios a Mar&iacute;a tan grande y bella: 2.- Inmaculada por Madre. No estaba bien que ni por un momento el maligno y el pecado poseyese a la que iba a ser morada y templo de Dios. 3.- Inmaculada por corredentora. Conven&iacute;a que estuviera limpia de toda mancha, de todo pecado la que el Hijo quer&iacute;a que fuera corredentora subordinada y unida a &Eacute;l en su tarea de &Uacute;nico Salvador del los hombres; 4.- Inmaculada tambi&eacute;n por ser modelo e imagen de la humanidad redimida. Es la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis. Queridos hermanos: Qu&eacute; gran madre tenemos, qu&eacute; plenitud de gracia hermosura y amor. Nuestros sentimientos hacia ella deben ser: 1) El primer sentimiento ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales y rezar con ella el magn&iacute;ficat &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) El segundo sentimiento es tratar de imitarla, parecernos a ella. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. c) Recemos y hablemos todos los d&iacute;as con nuestra madre del cielo. &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. T&uacute; eres omnipotente suplicando y pidiendo a tu Hijo Dios. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. d) Queridos hermanos: recemos todos los d&iacute;as a Mar&iacute;a nuestra Madre; pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal!&iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a todos sus hijos! &iexcl;Qu&eacute; poder tiene ante Dios! &iexcl;Madre Inmaculada, Madre del alma, cu&aacute;nto nos quieres, cu&aacute;nto te queremos todos tus hijos. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre y modelo; gracias. *********************************************** INDICE Pr&oacute;logo &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 5 Introducci&oacute;n&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;.&hellip;..7 Adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;..13 Retiro de Adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;14 Primera meditaci&oacute;n del retiro: vivir el adviento con Mar&iacute;a&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;20 Segunda meditaci&oacute;n: implicaciones espirituales de la encarnaci&oacute;n&hellip;&hellip;.28 Tercera Meditaci&oacute;n&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.31 I domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;...40 II domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.54 III domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.63IV domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..72 Tiempo de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;83 Retiro de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;83 1&ordf; Meditaci&oacute;n: &ldquo;el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo; &hellip;&hellip;&hellip;..83 2&ordf; Meditaci&oacute;n: Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..87 25 de diciembre: Solemnidad: Natividad del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;98 Misa de medianoche&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..98 Misa del d&iacute;a&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;101 Domingo. fiesta: la Sagrada Familia: Jes&uacute;s, Maria y Jos&eacute;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.112 1&ordm; de enero: Solemnidad: Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios. &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 114 Segundo Domingo de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;123 6 de enero: Solemnidad: Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.126 Domingo: fiesta: Bautismo del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;.137 Tiempo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;..145 Retiro de Cuaresma&ldquo;convert&iacute;os y creer en el evangelio&rdquo;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..145 Mi&eacute;rcoles de ceniza&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;.159 I domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;163 II domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.166 III domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;..170 IV domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 174 V domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.. &hellip;181 Domingo de Ramos en la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..187 Jueves Santo de la Cena del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;194 Hora santa ante el Monumento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..203 Viernes Santo de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;......&hellip;..216 Retiro de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 219 Sabado Santo: Vigilia Pascual en la Noche Santa&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;..&hellip;.&hellip;.224 Domingo de Pascua de la Resurreci&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;...&hellip;&hellip;.230 II domingo de Pacua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;...&hellip;&hellip;239 III domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;.&hellip;.&hellip;.245 IV domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;250 V domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;.. 254 VI domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;263 VII domingo de Pascua. Solemnidad: Ascenci&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;.&hellip; 272 Retiro de Pentecost&eacute;s &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;....&hellip;&hellip;&hellip;..278 Domingo de Pentecost&eacute;s&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.296 Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;299 Solemnidad: Sant&iacute;sima Trinidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;....&hellip;&hellip;&hellip;304 Solemnidad: Sant&iacute;simo Cuerpo y Sangre de Cristo&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;....&hellip;&hellip;.. 317. Viernes. Solemnidad: Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;337 Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, roto por amor&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;342 GONZALO APARICIO S&Aacute;NCHEZ B-I PARROQUIA DE SAN PEDRO. PLASENCIA. 1966-2018 GONZALO APARICIO S&Aacute;NCHEZ ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N B-I COMENTARIO A LAS LECTURAS Y EVANGELIOS DOMINICALES Y FESTIVOS PROLOGO Me ha sorprendido; pero a la vez me ha hecho ilusi&oacute;n, que mi compa&ntilde;ero y antiguo Coadjutor de Aldeanueva de la Vera, me pida que le prologue la publicaci&oacute;n de sus Homil&iacute;as del Ciclo B. Aunque no soy escritor, espero que el Se&ntilde;or me ayude a poner mi coraz&oacute;n en este escrito, que para m&iacute; es una deuda de amistad y gratitud con mi coadjutor tan paciente, D. Gonzalo Aparicio S&aacute;nchez. No dudo de la eficacia que estas homil&iacute;as van a producir en la mente y el coraz&oacute;n de todos los que las meditemos y oremos. Le conozco muy bien y ellas son fruto de una intensa y prolongada oraci&oacute;n del autor, como tambi&eacute;n de un intenso y prologado estudio de los textos b&iacute;blicos que las dan base. Las lecturas del Antiguo Testamento, las cartas de San Pablo y el corto Evangelio de San Marcos que condensa la predicaci&oacute;n del Ap&oacute;stol San Pedro, que es el titular de la Parroquia, que en Plasencia regenta Gonzalo, van a calar muy dentro de nuestras almas, pues el autor nos va transmitir no solo lo que &eacute;l escribe y dice, sino tambi&eacute;n lo que convencid&iacute;simo vive y testimonia. Sin duda viviremos con &eacute;l en el tiempo de Adviento y Navidad la esperanza y la alegr&iacute;a del Mes&iacute;as que esperamos y que nos ha venido ya. En Cuaresma y Tiempo de Pasi&oacute;n nos mover&aacute; a un sosegado reconocimiento de nuestros pecados, al arrepentimiento de ellos y a la gratitud al Dios, que entreg&oacute; su Hijo por nosotros y al Hijo, que como Hermano Mayor, da la vida por sus hermanos. Ni que decir tiene que el Jueves Santo, Gonzalo nos har&aacute; amar m&aacute;s la Eucarist&iacute;a y el Sacerdocio, que son las dos Verdades, que Gonzalo vive hasta la locura. En la Cincuentena Pascual nos har&aacute; sentir la gozosa noticia de que Aquel, que muriendo por nosotros el Viernes Santo, vive ya entre nosotros, Resucitado, y nos da la esperanza de que tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. En Pentecost&eacute;s nos dir&aacute; que no olvidemos al Dulce Hu&eacute;sped de nuestras almas, que sigue la obra de Jes&uacute;s en su Iglesia; no omitir&aacute; hablarnos con fervor de la labor de la Madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen Mar&iacute;a, la llena de Gracia, la &laquo;hermosa Nazaretana y Virgen bella&raquo;, como &eacute;l siempre la llama; es la mejor ayuda para nuestra santificaci&oacute;n y salvaci&oacute;n. En los domingos del Tiempo Ordinario, con maestr&iacute;a, nos har&aacute; ver cada domingo alguna ense&ntilde;anza del Maestro, que nos vaya ayudando a ser santos como Nuestro Padre Celestial es Santo. Esto es lo que espero y pido a Dios que sea para todos la Publicaci&oacute;n de las Homil&iacute;as del Ciclo B de nuestro querido amigo GONZALO. VALENT&Iacute;N DE LA FUENTE FUERTES Sacerdote Jubilado, de 76 A&ntilde;os de edad y 53de Sacerdocio, con el que trabaj&eacute; como Coadjutor en Aldeanueva de la Vera, a&ntilde;os1960-1962. INTRODUCCI&Oacute;N Jesucristo es la PALABRA DE DIOS, en la que el Padre se dice a S&iacute; mismo total y eternamente en plenitud de Ser, Verdad y Amor. Y esta misma PALABRA la pronuncia para nosotros en carne humana, con palabras y hechos salvadores para todos los hombres, por la potencia y fuego de su mismo Esp&iacute;ritu de Amor, que es el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;En el principio exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron&hellip;La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo&hellip;, a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre&hellip;&rdquo; (Jn 1, 1-5, 9, 12). Jesucristo, el Hijo de Dios, es, por tanto, la &Uacute;nica Palabra Salvadora para este mundo. Y hay que escucharla. Porque a este mundo no le salvan los pol&iacute;ticos, ni los cient&iacute;ficos, ni los antrop&oacute;logos, ni los sic&oacute;logos ni los economistas&hellip; este mundo s&oacute;lo tiene un Salvador, es Jesucristo: &Uacute;nica Palabra y proyecto de salvaci&oacute;n del Dios Uno y Trino y no hay m&aacute;s proyectos salvadores. S&oacute;lo &Eacute;l es el Camino de venida y de ida a Dios, y solo &Eacute;l tiene la formula y la clave del hombre y de su plan de encuentro eterno con Dios. &laquo;En efecto, en la liturgia Dios habla a su pueblo: Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oraci&oacute;n&raquo; (SC 33). Por favor, interpretemos correctamente estos verbos: &laquo;Dios habla a su pueblo&raquo; &laquo;Cristo sigue anunciando el Evangelio&raquo; en tiempo presente, tal como la Iglesia nos lo ense&ntilde;a. No es que Dios habl&oacute; o Cristo anunci&oacute;; sino que Dios habla ahora a su pueblo y Cristo sigue anunciando ahora el Evangelio por la humanidad supletoria de otros hombres que lo hacen presente sacramentalmente. &laquo;Cristo est&aacute; presente en su Iglesia, sobre todo en la acci&oacute;n lit&uacute;rgica&rdquo; (SC 7). Y refiri&eacute;ndose a la lectura de la Palabra, lo expresa claramente: &laquo;Cristo est&aacute; presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es &Eacute;l quien habla&rdquo; (SC 7). &laquo;As&iacute; el Esp&iacute;ritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena, hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo (cfr. Col 3,16)&rdquo; (DV 8). Subrayemos la presencia actual y santificadora de la Palabra en los mismos t&eacute;rminos del texto: &laquo;voz viva del Evangelio&raquo; &laquo;verdad plena&raquo; &laquo;habite intensamente la Palabra de Cristo&raquo;. Y todo esto hace que &laquo;las riquezas van pasando a la pr&aacute;ctica y a la vida de la Iglesia, que cree y ora&hellip;&raquo; (Ibid). Se quiere dejar bien claro que la predicaci&oacute;n no es solo para escuchar, sino que debe llegar a la vida de los creyentes, &laquo;a la vida de la Iglesia&raquo;. LA HOMIL&Iacute;A Es una parte importante de la Liturgia de la Palabra, que expone, &laquo;a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana&raquo; (SC 52). La homil&iacute;a se compone, por tanto, de tres elementos principales: -- Explicaci&oacute;n de los textos sagrados y de la doctrina revelada. -- Iluminaci&oacute;n, desde esta explicaci&oacute;n, de las necesidades particulares de los oyentes. -- La homil&iacute;a conduce a los fieles a penetrar en la liturgia sacramental del misterio que se celebra para que sea un encuentro sacramental con Cristo, que act&uacute;a en la liturgia de la Palabra y del Sacramento. Como tratamos de homil&iacute;as festivas y dominicales, conviene tener presente la relaci&oacute;n &iacute;ntima que existe entre la palabra y el sacramento en la misma Eucarist&iacute;a: &laquo;Las dos partes de que de alguna manera consta la Misa, a saber: la liturgia de la Palabra y la Eucarist&iacute;a, est&aacute;n tan &iacute;ntimamente unidas, que constituyen un solo acto de culto&raquo; (SC 56). &laquo;Por tanto, los fieles, al escuchar la Palabra de Dios, comprendan que las maravillas que le son anunciadas tienen su punto culminante en el misterio pascual, cuyo memorial es celebrado sacramentalmente en la Misa. De este modo, escuchando la Palabra de Dios y alimentados por ella, los fieles son introducidos en la acci&oacute;n de gracias a una participaci&oacute;n fructuosa de los misterios de salvaci&oacute;n. As&iacute; la Iglesia se nutre del pan de la vida tanto en la mesa de la Palabra de Dios como en la del Cuerpo de Cristo&raquo; (EM 10). En las Eucarist&iacute;as dominicales y de festivos la liturgia de la Palabra consta ordinariamente de tres lecturas: la primera del Antiguo Testamento, casi siempre en relaci&oacute;n con el Evangelio; la segunda, tomada de los escritos de los Ap&oacute;stoles, casi siempre de las Cartas, y, finalmente, la tercera, de los Evangelios. En la introducci&oacute;n a las lecturas del Misal he seguido especialmente a ACHILE DEGEEST, LA PALABRA DE DIOS, Ed. Mensajero, Bilbao. En la primera ma&ntilde;ana de Pascua, el Resucitado se hace presente a los dos que se dirigen desanimados hacia Ema&uacute;s. La forma con la que el Se&ntilde;or procede se convierte en norma para la comunidad apost&oacute;lica: &ldquo;Comenzando por Mois&eacute;s y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a &Eacute;l se refer&iacute;a en todas las Escrituras&rdquo; (Lc 24,27). De esta manera les descubre su presencia en el Antiguo Testamento y as&iacute; qued&oacute; establecido en la Tradici&oacute;n Apost&oacute;lica. Y aqu&iacute; es donde entra de lleno la realidad y necesidad de la homil&iacute;a, que debe servir fielmente a esta din&aacute;mica de la Palabra de Dios. Su ministerio es de pura mediaci&oacute;n. Por eso el Concilio le pide al predicador que &laquo;escuche por dentro&raquo; (DV 25) la palabra para que no sea un predicador vac&iacute;o. Necesitar&aacute;, por tanto, la lectura y el estudio, pero, sobre todo, la contemplaci&oacute;n, porque la palabra tiene que plantarse primero y fructificar en el coraz&oacute;n del que ha de sembrarla en los dem&aacute;s. No puede comprenderla, actualizarla y comunicarla si no la vive, si no la medita. Cuando el pastor encarna la palabra, la actualizaci&oacute;n, la siembra y la siega van muy unidas. PALABRA Y PROFETISMO Hoy hacen falta profetas, al estilo de Cristo, que nos prediquen y pronuncien claro y fuerte su Palabra salvadora. Porque no se trata de hablar, de predicar, sino de hablar y predicar la Verdad de Cristo y de su Evangelio. Sobran profetas profesionales y palaciegos, que buscan m&aacute;s agradar a los hombres que a Dios, que no hablan en nombre del Cristo que les env&iacute;a, sino en nombre propio, tratando de agradar a los que les escuchan. Todos tememos la cr&iacute;tica, la incomprensi&oacute;n, la muerte de nuestra fama. Pero hoy necesitamos esta fuerza del Esp&iacute;ritu de Cristo para hablar claro como &Eacute;l: &ldquo;Maestro, sabemos que eres sincero y que ense&ntilde;as el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie porque no te fijas en las apariencias&rdquo; (Mt 22, 16 ). S&oacute;lo en cristiano se puede ser profeta si uno mira a Cristo y est&aacute; dominado por su mismo Esp&iacute;ritu, Esp&iacute;ritu Santo de Verdad, que nos hace valientes en confesar su Evangelio, porque con su potencia nos hace humildes, libres interior y exteriormente, y con &Eacute;l no buscamos nada, no tememos nada, s&oacute;lo decir la Verdad, predicar a Cristo. La Didaj&eacute; afirma que &laquo;el profeta que busca dinero es falso profeta&raquo;, es decir, no es verdadero profeta de Cristo quien se va buscando a s&iacute; mismo m&aacute;s que la verdad de Cristo, quien busca aplausos, agradar a los hombres, escalar, quien no quiere vivir <el esc&aacute;ndalo de la cruz> y por eso calla o disimula el mensaje o le quita las aristas que duelen y acusan. Para ser profeta verdadero, ap&oacute;stol verdadero, para vivir el mensaje del Evangelio y predicarlo, hay que estar dispuestos a pisar las mismas huellas de Cristo, a morir abandonado por los propios amigos o perseguido por los que son se&ntilde;alados por el mensaje de Dios. Y la verdad predicada y vivida es la &uacute;nica que nos lleva a la religi&oacute;n verdadera, al Dios verdadero, al predicado por Cristo, al Cristo verdadero, que existe y es verdad; no al que cada uno nos inventamos a la medida de nuestras mediocridades y cobard&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute; no soy un profeta verdadero? &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer para ser un profeta convencido? Ser santo, vivir totalmente el mensaje, comer y asimilar totalmente la Palabra: &ldquo;El que me come vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo; (Jn 6, 57). Sin esta identificaci&oacute;n, sin esta comuni&oacute;n de sentimientos con Cristo, la Palabra llega muy empobrecida al predicador que tiene que transmitirla, y, consiguientemente, al oyente, que tiene que escucharla. Este libro de la Palabra hay que comerlo para comprenderlo, como Ezequiel: &laquo;Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel. Yo abr&iacute; mi boca y &Eacute;l me hizo comer el rollo y me dijo: &laquo;Hijo de hombre, alim&eacute;ntate y s&aacute;ciate de este rollo que yo te doy.&raquo; Lo com&iacute; y fue en mi boca dulce como la miel&raquo; (Ez 3,1-3). La vivencia m&iacute;stica conoce por experiencia, por amor, vivi&eacute;ndola en su coraz&oacute;n lo que otros conocen s&oacute;lo por inteligencia, con un conocimiento fr&iacute;o, te&oacute;rico, sin vida; el que quiera conocer la Palabra para predicarla, el predicador, el profeta verdadero tiene que arrodillarse primero, ha de leer &ldquo;y comerse el rollo&rdquo; de la palabra, y cuando le queme el coraz&oacute;n, entonces puede predicarla. Y los que la escuchen ser&aacute;n incendiados en la escucha, los quemar&aacute; el coraz&oacute;n y la vida. LA RESPUESTA A LA PALABRA Cuando decimos s&iacute; a la Palabra, pero luego pecamos y nos alejamos por un no pr&aacute;ctico y real, no pasa nada, absolutamente nada, si nos levantamos y vivimos en conversi&oacute;n permanente, porque nuestra actitud sigue siendo s&iacute;. Si permanecemos as&iacute; toda la vida, la Palabra sigue siendo siempre eficaz y necesitamos el mensaje, porque alimenta esta conversi&oacute;n permanente hacia Dios, queriendo amarle sobre todas las cosas. Y, viviendo en esta actitud, la gracia y la ayuda de Dios nos ir&aacute; transformando por su fortaleza. Cuando tratamos de vivir la Palabra, aunque pequemos y caigamos, no pasa nada, &ldquo;porque el esp&iacute;ritu est&aacute; pronto, pero la carne es d&eacute;bil&rdquo; (Mt 26, 41). Pero si me instalo y no me levanto y permanezco sin esforzarme en vivir la Palabra, entonces me he inutilizado para la escucha, digo, no, con mi actitud y mi vida a la Palabra y estoy edificando sobre arena movediza, no sobre roca; aunque parezca piedra, ser&aacute; imitaci&oacute;n piedra. Lo dice el Se&ntilde;or: &ldquo;Todo el que oye mis palabras y no las pone en pr&aacute;ctica, se parece a un hombre que construy&oacute; su casa sobre arena; vinieron las lluvias, vinieron los vientos y se la llevaron&hellip;&rdquo; (Mt 7, 27). LA PALABRA es una persona, es JESUCRISTO, su vida y su obra, sus dichos y hechos salvadores. Y Jesucristo es un mensaje, que no son un sistema de verdades encerradas en s&iacute; mismas, es un mensaje personal o una persona mensajera que nos trae y nos lleva a las Tres Persona de la Sant&iacute;sima Trinidad, principio y fin de todo, tiempo, eternidad, mensaje y final de la Historia de Salvaci&oacute;n. Hoy muchos han reducido la predicaci&oacute;n de la Palabra a la exposici&oacute;n <homil&eacute;tica> de un conjunto de verdades encerradas en s&iacute; mismas o de un c&oacute;digo moral sin relaci&oacute;n a Jesucristo o de un sistema de verdades religiosas que nos instruyen igual que los sistemas filos&oacute;ficos; pero no nos llevan al encuentro y vivencia de una Persona, la &Uacute;nica que da sentido al hombre, a la existencia y vida humana, al matrimonio y a la familia, la &uacute;nica que puede salvar este mundo: Jesucristo. El sistema acepta y explica la realidad, el mensaje la asume y quiere transformarla: es historia de Salvaci&oacute;n. El marxismo es un mensaje, el cristianismo es un mensaje, porque los dos hablan y trabajan para transformar la realidad; los dos predican una revoluci&oacute;n para conseguirlo: uno, la del odio y lucha de clases; el cristianismo, la vida y la palabra de Jes&uacute;s de Nazareth. &Eacute;sta es la originalidad del Evangelio, del cristianismo, es un mensaje de salvaci&oacute;n que se dice y se hace en una persona, Jesucristo; esta persona se hace presente por la Palabra y sobre todo, por la Eucarist&iacute;a, que hace presentes todas las palabras, sentimientos, actitudes y hechos salvadores de Cristo, especialmente su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, de forma sacramental. CICLO LIT&Uacute;RGICO Es ya conocida por todos la distribuci&oacute;n de las Lecturas de la Sagrada Escritura en un ciclo de tres a&ntilde;os, que designamos ciclo A, B y C, que forman una unidad de toda la Revelaci&oacute;n. Cada uno de los tres a&ntilde;os lit&uacute;rgicos tiene un ritmo teol&oacute;gico particular, que se manifiesta en los Evangelios de los domingos durante el a&ntilde;o. El a&ntilde;o lit&uacute;rgico A sigue el Evangelio seg&uacute;n San Mateo; el B expone el Evangelio seg&uacute;n San Marcos, y en el ciclo C leemos el Evangelio seg&uacute;n San Lucas, quedando San Juan para los tiempos de Navidad, Cuaresma y Pascua. Porque la Sagrada Escritura como &laquo;ha de ser le&iacute;da e interpretada con el mismo esp&iacute;ritu con que fue escrita para llegar a penetrar con exactitud el verdadero sentido de los textos sagrados, hay que tener en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, sin olvidar la Tradici&oacute;n viviente de toda la Iglesia y la analog&iacute;a de la fe&raquo; (DV 12). De esta forma, &laquo;en el c&iacute;rculo del a&ntilde;o desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnaci&oacute;n y la Navidad hasta la Ascensi&oacute;n, Pentecost&eacute;s y la expectativa de dicha esperanza y venida del Se&ntilde;or&raquo; (SC 102). La raz&oacute;n es conocer todo el proyecto de Dios a trav&eacute;s de la Historia de la Salvaci&oacute;n. Dice el Vaticano II: &laquo;Quiso Dios en su bondad y sabidur&iacute;a revelarse a s&iacute; mismo y manifestar el misterio de su voluntad por medio de Cristo&hellip; En esta revelaci&oacute;n, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos, para invitarlos y recibirlos en su compa&ntilde;&iacute;a&raquo; (DV 2). Dios se revel&oacute; primero y nos revel&oacute; a su Hijo como Palabra creadora del mundo y de los hombres: &ldquo;Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe&rdquo; (Jn 1, 3). Y todo fue por amor: &ldquo;porque Dios es amor&rdquo;, no exist&iacute;a nada, s&oacute;lo Dios, y Dios, entrando dentro de s&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de Vida, de Amor, de Felicidad quiso crear a otros seres para hacerlos part&iacute;cipes de su mismo gozo Esencial y Personal: &ldquo;En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute;&hellip;&rdquo; (1Jn 4, 10) primero, a&ntilde;ade la l&oacute;gica del sentido. Destrozado este primer proyecto de Dios, el Consejo Trinitario pens&oacute; y realiz&oacute; por el Hijo el segundo, mucho m&aacute;s maravilloso, que hace blasfemar a la Liturgia de la Semana Santa: &laquo;Oh felix culpa&raquo;, oh feliz pecado&hellip;&iquest;C&oacute;mo llamar feliz y dichoso al pecado? Pues porque el pecado hizo que Dios nos expresara m&aacute;s infinitamente su amor y su ternura por el hombre, por su Hijo Amado: &ldquo;&hellip; porque Dios es Amor. En esto se manifest&oacute; el amor que Dios nos tiene: en que Dios envi&oacute; al mundo a su Hijo &uacute;nico para que vivamos por medio de &Eacute;l. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4, 8. 10). Y Cristo se encarn&oacute; y se hizo Palabra reveladora del proyecto de Dios Amor, con sus hechos y dichos salvadores: &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros&rdquo; (Jn 1, 14). &iquest;Por qu&eacute; muri&oacute; Cristo? &iquest;Por qu&eacute; le condenaron a muerte? Por predicar la Verdad del Padre sobre el hombre y por predicar y realizar el proyecto salvador de nuestro Dios Trino y Uno: &ldquo;que somos hijos de Dios y, si hijos, tambi&eacute;n herederos, coherederos con Cristo&rdquo;. Muri&oacute; por predicar y querer establecer el reino de Dios en el mundo; el reino de Dios es que Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todos los &iacute;dolos: el <yo>, el dinero, el sexo&hellip;; todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa grande, muy grande, de hermanos, donde todos se sienten, pero especialmente los que nunca son invitados por el mundo: los pobres, los tristes, los que sufren, los deprimidos, los que nos piden tiempo, humildad, paciencia, afecto, porque lo necesitan y no pueden devolvernos nada a cambio, porque son as&iacute; de pobres; por eso el mundo no los invita nunca a su mesa, y nosotros tenemos que hacerlo por Dios, porque Dios quiere y porque solamente &Eacute;l puede amar as&iacute; y darnos la fuerza para amar de este modo. Por esto muri&oacute; Cristo, porque los poderosos de entonces y de siempre no aceptaron el proyecto del Padre sobre su reino, que empieza ya en la tierra y nosotros tenemos que predicarlo y vivirlo. Muri&oacute; Cristo por ser profeta verdadero que habla en nombre del Padre, sin enmudecer y sin tergiversar la verdad: &ldquo;&hellip;desde entonces decretaron darle muerte&hellip; los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban c&oacute;mo podr&iacute;an matarlo&hellip;&rdquo; (Mc 11, 18). USO DE ESTE LIBRO Damos material abundante para que cada uno tome las notas que prefiera y elabore sus homil&iacute;as. Mi intenci&oacute;n es esta: te ofrezco estas reflexiones; yo las suelo predicar as&iacute;, t&uacute; pred&iacute;calas como m&aacute;s te guste y sea tu estilo. El estilo es la persona. T&uacute; escoges las ideas y formas que m&aacute;s adecuadas te parezcan para el auditorio y circunstancias. Y en cuanto al tiempo, ya sabes que la gente no aguanta mucho. Deja algo para otro a&ntilde;o. Tambi&eacute;n ofrezco Retiros y Meditaciones para los tiempos fuertes del a&ntilde;o lit&uacute;rgico. Puedes comprobarlo r&aacute;pidamente por el &iacute;ndice del libro. Con todo afecto. Que seas un aut&eacute;ntico profeta de Cristo. TIEMPO DE ADVIENTO El tema central del Adviento es la espera del Se&ntilde;or, considerada bajo diversos aspectos. En primer lugar, la espera del Antiguo Testamento, encaminado hacia la venida del Mes&iacute;as prometido. De ella hablan las profec&iacute;as que la Liturgia presenta en estos d&iacute;as a la consideraci&oacute;n de los fieles para despertar en ellos aquel profundo deseo y anhelo de Dios, que vivi&oacute; todo el Antiguo Testamento, especialmente los profetas, que se encargaron, por parte de Dios, de mantener esta esperanza en el pueblo fiel. Una vez que vino el Mes&iacute;as prometido, Jesucristo, termin&oacute; el Antiguo y empieza el Nuevo Testamento, con la realizaci&oacute;n de las promesas; se han colmado todas las esperanzas. Y ahora, en esta etapa nueva que vive la Iglesia, debemos vivir y actuar en nuestro coraz&oacute;n y en nuestra vida cristiana esta venida, mientras la historia de la humanidad se dirige a la &uacute;ltima venida del Se&ntilde;or, a la parus&iacute;a, a la venida gloriosa de Cristo, al final de los tiempos. Y en esta perspectiva de la primera y segunda venida de Cristo debemos vivir este tiempo de Adviento; con esta visi&oacute;n deben ser escuchadas y meditadas las lecturas de estos d&iacute;as. Por eso, el tiempo de Adviento, con el que se inicia el nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico, presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparaci&oacute;n a la solemnidad de la Navidad, en la cual se conmemora la primera &ldquo;venida&rdquo; del Hijo de Dios, y por otra, mira y hace que nos preparemos para la segunda venida, al final de los tiempos. Debemos esperar al Se&ntilde;or en esta Navidad con los deseos y anhelos del Antiguo Testamento, y esta es a su vez la mejor forma de prepararse para su venida gloriosa al final de los tiempos. Por eso, el Adviento siempre debe ser espera confiada y segura de la salvaci&oacute;n de Dios y del cumplimiento de sus promesas primeras y &uacute;ltimas, con el nacimiento del Enviado del Padre. Toda nuestra vida cristiana debe ser una mirada continua a estos dos hechos del Adviento, que enmarcan y dan sentido pleno a nuestra existencia humana y cristiana: la Encarnaci&oacute;n, que nos salva, y la parus&iacute;a, que la lleva a su total cumplimiento. Y en ambos sentidos, siempre esperando al Se&ntilde;or, siempre en vigilia permanente con deseos de encuentro. La historia de la liturgia de Adviento manifiesta que la asamblea cristiana, al reunirse en este tiempo santo, celebra la venida de Jes&uacute;s en Bel&eacute;n, la presencia del Se&ntilde;or en su Iglesia, particularmente en las acciones lit&uacute;rgicas, y la venida definitiva del Rey de la gloria al final de los tiempos. Este hecho de la venida del Se&ntilde;or debe despertar en el cristiano una actitud personal de fe y vigilancia, para que se realice este encuentro personal, objeto principal de la pastoral del Adviento. Las primeras lecturas de los Profetas nos invitan a levantar la mirada hacia la salvaci&oacute;n que nos viene de Yahv&eacute; en cumplimiento de sus promesas. Las segundas lecturas de las Cartas Apost&oacute;licas m&aacute;s que de la venida, hablan de la presencia de Cristo en la Comunidad. Y los Evangelios dirigen la atenci&oacute;n hacia la venida escatol&oacute;gica y la venida hist&oacute;rica. Para preparar estas venidas necesitamos: -- Actitud de fe. Por la fe no solamente admitimos un n&uacute;mero determinado de verdades sino que llegamos al conocimiento de la presencia misteriosa del Se&ntilde;or en los sacramentos, en su palabra, en la asamblea cristiana y en los creyentes. Sensibilizar nuestra fe es llegar a descubrir a Cristo presente entre nosotros. La vigilancia no debe entenderse solamente como defensa del mal que nos acecha, sino espera confiada y gozosa del Dios que viene a salvarnos. La vigilancia es una actitud de fe que descubre el paso de Dios sobre nuestras vidas. De esta forma la fe nos lleva a vivir el Adviento en una actitud de esperanza. -- Actitud de esperanza. Esperar no es cruzarse de brazos y quedarse parado hasta que venga el Esperado. Es preparar el camino y prepararnos para salir a su encuentro, porque creemos que vendr&aacute; y porque creemos que &Eacute;l nos salvar&aacute;. Creemos primero y porque creemos esperamos, trabajamos, preparamos la casa, salimos al encuentro. La esperanza es una virtud din&aacute;mica. Dir&iacute;amos que es el cenit, la cima de la fe y del amor, porque si creemos y amamos no podemos quedarnos parados. C&oacute;mo decir que creo en Cristo y le amo y luego no salgo, no me preparo, no deseo el encuentro con &Eacute;l. Por eso, la esperanza del Adviento me lleva al amor. -- Actitud de amor. Pensar por las lecturas de este tiempo que Dios viene a mi encuentro, el Dios infinito que no necesita nada del hombre y que solo viene para llenarme de su plenitud, del sentido de la vida, de por qu&eacute; vivo y para qu&eacute; vivo&hellip; provoca en mi naturalmente amor hacia esa persona si creo en su misterio. Pensar como dijo Jes&uacute;s a Nicodemo: &ldquo;tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan la vida eterna&rdquo;, me lleva naturalmente a amarle y esperarle. Pero para eso, como estoy errado en el camino, necesito la conversi&oacute;n. -- Actitud de conversi&oacute;n. Por eso, para recibir a un Dios que se humilla y se abaja hasta este extremo: &iexcl;Cumbres abajo! &laquo;MONTES ET OMNES COLLES HUMILIABUNTUR; ET ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN VIAS PLANAS; VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;: Todos los montes y colinas ser&aacute;n allanados: Y lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso debe allanarse: Ven ya, Se&ntilde;or, no quieras tardar&rdquo;. Para recibir a este Dios que se hace Ni&ntilde;o y se humilla para llegar hasta nosotros&hellip; cumbres del orgullo y soberbia humana: &iexcl;abajo! &iexcl;Humillaos, rebajaos ante Dios y los hermanos&hellip; que as&iacute; nos viene el Dios infinito...! Por eso, al empezar los tiempos fuertes de la liturgia de la Iglesia, necesitamos retirarnos al desierto para hacer oraci&oacute;n m&aacute;s intensa, necesitamos un tiempo de retiro espiritual RETIRO DE ADVIENTO El retiro o desierto espiritual del Adviento es un tiempo m&aacute;s intenso de oraci&oacute;n, que lo podemos hacer en el Iglesia, en lugares o casas destinadas a la oraci&oacute;n o en la misma soledad de la naturaleza, solos o acompa&ntilde;ados. Para preparar esta venida del Se&ntilde;or, como hemos dicho, necesitamos retirarnos a la oraci&oacute;n, hacer un poco de desierto en nuestra vida. El Adviento es el recuerdo de aquel duro y largo adviento de siglos, desde Ad&aacute;n hasta la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, que estuvo invadido por el deseo y anhelo del Salvador prometido. Todo el Antiguo Testamento es espera ansiada del Mes&iacute;as. Y esto es lo que la Liturgia de estos d&iacute;as quiere suscitar en nosotros. &Eacute;sta es la primera actitud que debemos potenciar y alimentar en nosotros, por la lectura de los Profetas que nos hablan en este tiempo lit&uacute;rgico. El mundo actual no espera a Cristo, no siente necesidad de Cristo. Por eso, no siente necesidad de su venida. Y por eso precisamente lo necesita mucho m&aacute;s. El mundo actual tiene muchas esperas: espera ganar m&aacute;s dinero, conquistar la t&eacute;cnica, los medios de producci&oacute;n, vivir m&aacute;s a&ntilde;os, tener m&aacute;s y m&aacute;s cosas que le llenen y le hagan ser m&aacute;s feliz&hellip; todos tenemos muchas esperas, un n&uacute;mero ingente de deseos y anhelos; pero son muy pocos los que esperan al &uacute;nico que puede llenar todas estas ansias y salvar a este mundo: Jesucristo. La Navidad y el Adviento, incluso tambi&eacute;n para nosotros, los cristianos, &iquest;son realmente tiempo de gracia y de salvaci&oacute;n, o se han apoderado de ellos la multinacionales y las han convertido en tiempos de consumismo, de champ&aacute;n y turrones? Y los creyentes, los cristianos, &iquest;sentimos necesidad de Cristo, de su salvaci&oacute;n, de su presencia en nosotros, en nuestra juventud para que la oriente, en nuestra familia, en el mundo, para que le haga fraterno y habitable? &Eacute;sta es la primera actitud que quiere suscitar en nosotros este tiempo santo del Adviento. Por eso, qu&eacute; conveniente y necesario es este retiro, para prepararnos mejor as&iacute; a una celebraci&oacute;n cristiana de la Navidad, esperando a Cristo. _____________________ Canto de entrada VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR; VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. Vendr&aacute; el Se&ntilde;or con la aurora, &Eacute;l brillar&aacute; en la ma&ntilde;ana, pregonar&aacute; la verdad. Vendr&aacute; el Se&ntilde;or con su fuerza, &Eacute;l romper&aacute; las cadenas, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. &Eacute;l estar&aacute; a nuestro lado, &Eacute;l guiar&aacute; nuestros pasos, &Eacute;l nos dar&aacute; la Salvaci&oacute;n. Nos limpiar&aacute; del pecado, ya no seremos esclavos, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR; VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. Visitar&aacute; nuestras casas, nos llenar&aacute; de esperanza, &Eacute;l nos dar&aacute; la Salvaci&oacute;n. Compartir&aacute; nuestros cantos, todos seremos hermanos, El nos dar&aacute; la libertad. Caminar&aacute; con nosotros, nunca estaremos ya solos, &Eacute;l nos dar&aacute; la salvaci&oacute;n. &Eacute;l cumplir&aacute; la promesa, y llevar&aacute; nuestras penas, &Eacute;l nos dar&aacute; la libertad. VAMOS A PREPARAR EL CAMINO DEL SE&Ntilde;OR, VAMOS A CONSTRUIR LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS. &ldquo;Mirad a vuestro Dios que viene en persona.... El desierto y el yermo se regocijar&aacute;n, se alegrar&aacute; el p&aacute;ramo y la estepa....&rdquo; (Is 35,1-2) DIOS M&Iacute;O, VEN EN MI AUXILIO, SE&Ntilde;OR, DATE PRISA EN SOCORRERME. Gloria al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo, Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Am&eacute;n. Salmo 62, 2-9 EL ALMA SEDIENTA DE DIOS (Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas). 1.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo, bendita t&uacute; entre todas las mujeres&raquo;. Salmo 64, 2-12 Oh Dios, t&uacute; eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma est&aacute; sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. &iexcl;C&oacute;mo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale m&aacute;s que la vida, te alabar&aacute;n mis labios. Toda mi vida te bendecir&eacute; y alzar&eacute; las manos invoc&aacute;ndote. Me saciar&eacute; como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabar&aacute;n jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con j&uacute;bilo; mi alma est&aacute; unida a ti, y tu diestra me sostiene. Gloria al Padre. 1.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo, bendita t&uacute; entre todas las mujeres&raquo;. 2.- Ant&iacute;fona: Los profetas anunciaron que el Salvador nacer&iacute;a de la Virgen Mar&iacute;a. Oh Dios, t&uacute; mereces un himno en Si&oacute;n, y a ti se te cumplen los votos, porque t&uacute; escuchas las s&uacute;plicas. A ti acude todo mortal, a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero t&uacute; los perdonas. Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; t&uacute;, esperanza del conf&iacute;n de la tierra y del oc&eacute;ano remoto. T&uacute;, que afianzas los montes con tu fuerza, ce&ntilde;ido de poder; t&uacute; que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos. Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y a las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de j&uacute;bilo. T&uacute; cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia del Se&ntilde;or va llena de agua, coronas el a&ntilde;o con tu bienes. Gloria al Padre. 2.- Ant&iacute;fona: Los profetas anunciaron que el Salvador nacer&iacute;a de la Virgen Mar&iacute;a. 3.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo; bendita t&uacute; entre las mujeres.&raquo; Abridme las puertas del triunfo, y entrar&eacute; para dar gracias al Se&ntilde;or. Esta es la puerta del Se&ntilde;or: los vencedores entrar&aacute;n por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvaci&oacute;n. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. es el Se&ntilde;or quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. &Eacute;ste es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or: sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo. Se&ntilde;or, danos la salvaci&oacute;n; Se&ntilde;or, danos prosperidad. Ordenad una procesi&oacute;n con ramos basta los &aacute;ngulos del altar. T&uacute; eres mi Dios, te doy gracias; Dios m&iacute;o, yo te ensalzo. Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia 3.- Ant&iacute;fona: El &aacute;ngel Gabriel dijo a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo; bendita t&uacute; entre las mujeres.&raquo; LECTURA BREVE (Is 45,8) Cielos, destilad el roc&iacute;o; nubes, derramad al Justo; &aacute;brase la tierra y brote la salvaci&oacute;n, y con ella germine la justicia. RESPONSORIO BREVE R. Sobre ti, Jerusal&eacute;n, * Amanecer&aacute; el Se&ntilde;or.// Sobre ti, V. Su gloria aparecer&aacute; sobre ti. *Amanecer&aacute; el Se&ntilde;or. Gloria al Padre. *Sobre ti. Benedictus, ant. &laquo;Aguardar&eacute; al Se&ntilde;or, mi salvador, y esperar&eacute; en &Eacute;l mientras se acerca. Aleluya&raquo;. Benedictus Lc 1, 68-79 El Mes&iacute;as y su Precursor Bendito sea el Se&ntilde;or, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscit&aacute;ndonos una fuerza de salvaci&oacute;n en la casa de David, su siervo, seg&uacute;n lo hab&iacute;a predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvaci&oacute;n que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que jur&oacute; a nuestro padre Abrah&aacute;n. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros d&iacute;as. Y a ti, ni&ntilde;o, te llamar&aacute;n profeta del Alt&iacute;simo, porque ir&aacute;s delante del Se&ntilde;or a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvaci&oacute;n, el perd&oacute;n de sus pecados. Por la entra&ntilde;able misericordia de nuestro Dios, nos visitar&aacute; el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre. Ant. &laquo;Aguardar&eacute; al Se&ntilde;or, mi salvador, y esperar&eacute; en &Eacute;l mientras se acerca. Aleluya&raquo;. PRECES Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabidur&iacute;a de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y dig&aacute;mosle: Qu&eacute;date junto a nosotros, Se&ntilde;or. Se&ntilde;or Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz, &mdash; haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre. T&uacute; que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros, &mdash; manifiesta tu rostro a todos los hombres. T&uacute; que est&aacute;s m&aacute;s cerca de nosotros que nosotros mismos, &mdash; fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvaci&oacute;n. T&uacute; que eres la fuente de toda santidad, &mdash; cons&eacute;rvanos santos y sin tacha hasta el d&iacute;a de tu venida. Padre nuestro. Oraci&oacute;n Se&ntilde;or, Dios todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, que va a nacer, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; gu&iacute;anos hasta &Eacute;l con sabidur&iacute;a divina para que podamos participar plenamente de su salvaci&oacute;n. Por Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n. Canto final LA VIRGEN SUE&Ntilde;A CAMINOS, est&aacute; a la espera; la Virgen sabe que el Ni&ntilde;o est&aacute; muy cerca. De Nazaret a Bel&eacute;n hay una senda; por ella van lo que creen en las promesas LOS QUE SO&Ntilde;&Aacute;IS Y ESPER&Aacute;IS LA BUENA NUEVA, ABRID LAS PUERTAS AL NI&Ntilde;O, QUE EST&Aacute; MUY CERCA. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L VIENE CON LA PAZ. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L TRAE LA VERDAD. EN ESTOS D&Iacute;AS DEL A&Ntilde;O, el pueblo espera, que venga pronto el Mes&iacute;as a nuestra tierra. En la ciudad de Bel&eacute;n, llama a las puertas, pregunta en las posadas y no hay respuesta. LOS QUE SO&Ntilde;&Aacute;IS Y ESPER&Aacute;IS LA BUENA NUEVA, ABRID LAS PUERTAS AL NI&Ntilde;O, QUE EST&Aacute; MUY CERCA. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L VIENE CON LA PAZ. EL SE&Ntilde;OR CERCA EST&Aacute;, &Eacute;L TRAE LA VERDAD. PRIMERA MEDITACI&Oacute;N (Ver otras Meditaciones de Adviento en mis libros: ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N, ciclo A y C) CONTEMPLACI&Oacute;N DE ADVIENTO QUERIDOS HERMANOS: 1.- &laquo;PROPE EST JAM DOMINUS&raquo;; &laquo;JERUSALEM, GAUDE GAUDIO MAGNO, QUIA VENIET TIBI SALVATOR, ALLELUIA&raquo;: &laquo;El Se&ntilde;or est&aacute; ya cerca; al&eacute;grate, Jerusal&eacute;n, con gozo grande, porque vendr&aacute; a ti el Salvador, aleluya&raquo;: As&iacute; canta la Liturgia de estos d&iacute;as. As&iacute; quiere nuestra Madre la Iglesia que nos preparemos para recibir al Se&ntilde;or, que viene de nuevo para vivir con nosotros, los hombres del siglo XXI, su entrada salvadora en el mundo. La Iglesia quiere que todos nos preparemos para este encuentro; quiere que nadie falte a esta cita por falta de fe, de esperanza o de amor. Venid todos, mayores y peque&ntilde;os, de todos los colores y nacionalidades, y adoremos al Se&ntilde;or. Para eso celebra este tiempo del Adviento, de espera gozosa del Dios que viene a salvarnos. Esta es la gran esperanza de la Iglesia, de la Sant&iacute;sima Trinidad, que nos env&iacute;a lo que m&aacute;s quiere, nos env&iacute;a al Hijo Amado, para que le explique al hombre su nuevo proyecto, una re-creaci&oacute;n nueva, llena de amor infinito, que le recupere totalmente para Dios y lo saque del camino errado, de una vida sin sentido, alejada de la Salvaci&oacute;n, y lo lleve a la vida de plenitud de amistad divina y felicidad para la que fue creado. &laquo;VENIET DOMINUS ET NON TARDABIT, UT ILLIMINET ABSCONDITA TENEBRARUM, ET MANIFESTABIT SE AD OMNES GENTES, ALLELUIA&raquo;. &laquo;Vendr&aacute; el Se&ntilde;or y no tardar&aacute;, para iluminar lo escondido por las tinieblas y se manifestar&aacute; a todas las gentes, aleluya&raquo;. Llenos de alegr&iacute;a salgamos a recibirlo, pero debidamente preparados. Para eso, como nos dicen las Lecturas de estos d&iacute;as, debemos hacerlo: a) Rellenando baches; b) Allanando cumbres; c) Enderezando las veredas y caminos; d) Suavizando asperezas. 2.-Le sobran a la Iglesia deseos de que venga el Se&ntilde;or, de que llegue la hora, por tanto tiempo suspirada, de su nacimiento en el mundo y en cada uno de nosotros. Por eso cantamos continuamente en estos d&iacute;as, en eco que perdura desde los tiempos y la espera mesi&aacute;nica, manifestando nuestro deseo que venga a cada uno de nosotros el Enviado por el Padre para salvarnos: &laquo;RORATE, COELI DESUPER Y NUBES PLUANT JUSTUM: APERIATUR TERRA, ET GERMINET SALVATOREM&raquo; &laquo;Enviad, cielos, vuestro roc&iacute;o, y que las nubes lluevan al Justo: que se abra la tierra y germine el Salvador&raquo;. Pero el mismo pueblo de Dios, la misma Iglesia, al verse tan pobre y deficiente, tan llena de miserias, de pecados, de baches y desniveles por los pecados de sus hijos, a&ntilde;ade llorando: &laquo;No te enfades, Se&ntilde;or, no te acuerdes ya m&aacute;s de nuestras iniquidades. Mira que la Ciudad Santa ha quedado desierta, desierta est&aacute; Si&oacute;n, desolada Jerusal&eacute;n, la casa de tu santidad y de tu gloria, donde te alabaron nuestros padres. Rociad, Cielos, rociad. &iexcl;Oh nubes &iexcl; lloved al Santo. Hemos pecado y nos hemos hecho como inmundos gentiles y hemos ca&iacute;do como una hoja que arrebata el viento; nuestras maldades nos han arrastrado como a las hojas el vendaval y T&uacute;, Se&ntilde;or, nos has escondido tu rostro y nos has estrellado contra el poder de nuestros enemigos. Rociad, Cielos, rociad. Oh nubes, lloved al Santo&raquo;. Conmovido el Se&ntilde;or antes estos ruegos, levanta el &aacute;nimo de sus hijos ungidos de l&aacute;grimas, y les dice: &laquo;Consu&eacute;late, an&iacute;mate, pueblo m&iacute;o, ya se acerca tu salvaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; te consumes de tristeza? Ya que el dolor te lleg&oacute; a lo vivo, yo te salvar&eacute;; no temas, porque yo soy el Se&ntilde;or tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor&raquo;. 3.- &laquo;JUSTE Y PIE VIVAMUS, EXSPECTANTES BEATAM SPEM ET ADVENTUM DOMINI&raquo;. &laquo;Vivamos con santidad y justicia, esperando la dichosa espera y venida del Se&ntilde;or&raquo;. Con estas palabras, nos hace ver la Iglesia los desniveles, los desatinos, los desv&iacute;os que hemos tenido en este caminar a la casa del Padre; arrepint&aacute;monos sinceramente de nuestra vida pecadora, de vivir esta vida sin ilusiones de cielo, una vida llena de rutina y migajas de criaturas, y de tanto hacer y esperar y esperar sin esperar al &Uacute;nico que nos puede salvar de nuestras mediocridades y limitaciones, al Ni&ntilde;o que nos va a nacer, a este Cristo que nos trae la verdadera salvaci&oacute;n y dimensi&oacute;n del hombre, hecho para la hartura de la divinidad, y tan hambriento actualmente por tantas migajas de criaturas, que no llenan, sino que m&aacute;s bien nos producen y llenan de vac&iacute;os y faltas de sentido para vivir y trabajar con miradas de eternidad y trascendencia. Este Hijo del Padre, este Ni&ntilde;o viene para alimentar nuestra &uacute;nica esperanza, la de lo infinito, la del Dios, del Bien y de la Verdad y Felicidad y Plenitud Absolutas, porque &Eacute;l es la revelaci&oacute;n del amor invisible del Padre y naciendo y haci&eacute;ndose carne, hace sensible y corporal y presente la Benignidad y la Misericordia del Padre, del Dios Amor, que no puede dejar de amar al hombre porque su esencia es amar, es Trinidad, es Familia, es Abrazo, y si deja de amar, de ser familia divina, deja de existir. 4.- &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN V&Iacute;AS PLANAS: VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;. &laquo;Lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso se allanar&aacute;: Ven ya, Se&ntilde;or, y no quieras tardar&raquo;. A los pies de este Ni&ntilde;o que nos va a nacer, hasta los que no lo conocen, hasta sus enemigos, pensando en guerrillas y pa&iacute;ses no cristianos, deponen en estos d&iacute;as los odios y las armas. Al menos es una tregua. Quitemos del camino todo lo que obstaculice nuestro encuentro y abrazo con &Eacute;l. Porque la Navidad es, debe ser fundamente un encuentro de amor con el Dios Amigo. Poned flores de amor y comprensi&oacute;n y perd&oacute;n a los hermanos en el camino, poner alfombras de humildad y de conversi&oacute;n, que viene el Pr&iacute;ncipe de la Paz y no quiere otras alfombras en su carrera. Se ha abajado, se ha humillado. Imit&eacute;mosle. Nosotros lo alabamos y adoramos y le decimos llenos de gozo con San Pablo a los Efesios: &ldquo;Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. &Eacute;l nos eligi&oacute;, en la persona de Cristo, antes de la creaci&oacute;n del mundo, por pura iniciativa suya, para que fu&eacute;ramos santos y inmaculados en el amor para alabanza de su gloria. En &Eacute;l hemos obtenido, por medio de su sangre, la redenci&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados, seg&uacute;n la riqueza de su gracia, que ha prodigado sobre nosotros con toda sabidur&iacute;a e inteligencia, d&aacute;ndonos a conocer el Misterio de su voluntad, que por pura gracia, se propuso realizar en &Eacute;l en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que est&aacute; en los cielos y lo que est&aacute; en la tierra&rdquo; (Efe 1,3-12). 5.- !Ser&eacute;is como dioses! Dijo el maligno disfrazado de serpiente en el para&iacute;so a nuestros primeros padres Ad&aacute;n y Eva. Y arrojados del para&iacute;so de la amistad con Dios, -- que bajaba todas las tardes a hablar con el hombre, -- y haberse atrevido a comer del &aacute;rbol del bien y del mal, -- como seguimos haciendo muchas veces nosotros, -- esto es, por haber querido ellos hacer de dios y haber decidido, por insinuaci&oacute;n del maligno, cu&aacute;l es lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal, sin obedecer a Dios que es quien nos asegura lo bueno y lo malo, el Hijo, viendo entristecido al Padre, porque su plan y su amistad con el hombre se hab&iacute;a roto, se ofrece ante la Sant&iacute;sima Trinidad como ofrenda y sacrificio de salvaci&oacute;n para todos los hombres: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo; (Hebr 10,7 ). Y para recobrar la amistad perdida y superar las distancias entre Dios y los hombres, el Hijo se hace hombre y atraviesa todos los obst&aacute;culos y barreras entre el Creador y la criatura finita: &ldquo;Buscando mis amores, ir&eacute; por esos sotos y riberas, ni coger&eacute; las flores, ni temer&eacute; las fieras y pasar&eacute; los fuertes y fronteras&rdquo;. No viene en plan de turismo a la tierra, a recibir honores y alabanzas, sino todo lo contrario, tiene que sufrir pobreza y persecuci&oacute;n desde el primer momento, y luego, por no temer a las fieras, esto es, por ser profeta verdadero que dice la verdad y no teme la reacci&oacute;n de los que no quieren aceptar su persona y mensaje, los hombres acabar&aacute;n con &Eacute;l por predicar que Dios los ama y por exigir a Dios la obediencia perdida por Ad&aacute;n y Eva. Todo fue por amor loco y apasionado. Meditemos un poco, queridos hermanos, qu&eacute; le puede dar el hombre a Dios que &Eacute;l no tenga? , &iquest;Qu&eacute; puede necesitar Dios del hombre? &iquest;Qu&eacute; puede buscar Dios en el hombre que le haga m&aacute;s grande? El Dios infinito se hace hombre para hacernos m&aacute;s semejantes a &Eacute;l, para hacernos hijos suyos, para salvarnos a todos, para ser un amigo del hombre e introducirnos en su intimidad. Y se hace un ni&ntilde;o, se hace pobre, peque&ntilde;o, un paisano y aldeanito. Y el critiano, pesar de todas las Navidades, todav&iacute;a no ha comprendido todo el amor que hay en el Ni&ntilde;o que nos nace, por falta de silencio meditativo del misterio, que le haga mirar al Ni&ntilde;o que nos nace y le aumente su fe y amor en &Egrave;. &iexcl;Qu&eacute; ligereza de coraz&oacute;n, que superficialidad en la celebraci&oacute;n de los misterios del amor de Dios, qu&eacute; poca sensibilidad, qu&eacute; sensibles somos para todo lo nuestro, para nuestros afectos y desprecios, qu&eacute; poco sentimos los de Dios! C&oacute;mo hacemos y decimos cosas de Dios pero a veces nos aburre la contemplaci&oacute;n directa de Dios, el silencio y el desierto con Dios, el di&aacute;logo y encuentro de t&uacute; a t&uacute; con Dios, sin mediaciones de liturgias y acciones que llamamos apostolado&hellip; 6.- Por eso, para recibir a un Dios que se humilla y se abaja hasta este extremo: &iexcl;Cumbres abajo! &laquo;MONTES ET OMNES COLLES HUMILIABUNTUR: ET ERUNT PRAVA IN DIRECTA ET ASPERA IN VIAS PLANAS: VENI, DOMINE, ET NOLI TARDARE&raquo;: Todos los montes y colinas ser&aacute;n allanados: Y lo torcido se enderezar&aacute; y lo escabroso debe allanarse: Ven ya, Se&ntilde;or, no quieras tardar. Para recibir a este Dios que se hace Ni&ntilde;o y quiere humillarse para llegar hasta nosotros&hellip; cumbres del orgullo y soberbia humana, no se lo impidais &iexcl;abajo! Humillaos, rebajaos ante Dios y los hermanos&hellip; que as&iacute; nos viene el Dios infinito...! Cumbres, abajo! Frente a un Dios que nos nace ni&ntilde;o, necesitando de todos los cuidados de hombre y de infante, dice mal tanta soberbia de esp&iacute;ritu en nosotros que creemos ser m&aacute;s hombres en la medida en que creemos necesitar menos de los hombres y hasta del mismo Dios infinito, esto es, en la medida nuestras riquezas intelectuales, cargos, aspiraciones humanas, dineros, t&iacute;tulos y consumismos de todo tipo. Si Dios se abaja, el camino para encontrarnos con &Eacute;l siempre ser&aacute; la humildad, dejar tanto orgullo, que nos llena de nosotros mismos y nos vac&iacute;a de Dios y de su gracia, sin poder as&iacute; sentir la plenitud de la divino, de la fe, esperanza y caridad verdaderas, de la fuerza y presencia de Dios. El Camino, que el Hijo de Dios y Amigo de los hombres sigue para llegar hasta nosotros, es el que nosotros tenemos que emplear hasta subir hasta &Eacute;l, porque &Eacute;l es ese camino, &Eacute;l es &ldquo;el camino, la verdad y la vida&rdquo;. 7.- &laquo;DEUS HUMILIA RESPICIT ET ALTA A LONGE CONSPICIT&raquo;: &laquo;Dios se agacha hasta el hombre humilde y mira de lejos a los soberbios&raquo;; Dios se inclina desde la altura y se reclina en la carne humana para mirar de cerca y con cari&ntilde;o a los humildes, y se encumbra para mirar de lejos y con indignaci&oacute;n a los soberbios. &laquo;PROPE EST JAM DOMINUS, VENITE, ADOREMUS ET PROCEDAMUS ANTE EUM&raquo;: &laquo;El Se&ntilde;or ya est&aacute; cerca, venid, adoremosle y postr&eacute;monos ante &Eacute;l&raquo;. As&iacute; de rodillas, adoremos a Dios que ya se acerca. Pero si nosotros estamos de rodillas tambi&eacute;n deben estar nuestros criterios, nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestros afectos, toda nuestra vida; al fin y al cabo, la genuflexi&oacute;n es un gesto que manifiesta la disposici&oacute;n interna que tenemos dentro; al ponernos de rodillas, ponemos tambi&eacute;n de rodillas y en estado de adoraci&oacute;n toda nuestra vida, nuestro ser y existir, con todo lo que lleva consigo. Al ponernos de rodillas de verdad ante Dios, le decimos: Dios, Tu eres lo absoluto y lo primero de mi vida; quiero ponerlo todo de rodillas, a tus pies, adorarte, reconocerte como el amor primero y esencial de mi vida, queremos amarte con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro coraz&oacute;n, con toda nuestra alma; abajo todos los &iacute;dolos, todas las idolatr&iacute;as que nos esclavizan porque vivimos todo el d&iacute;a para ellas, estamos todos los momentos del d&iacute;a pensando en ellas y d&aacute;ndoles culto, t&aacute;nto culto a &iacute;dolos y al propio yo que nos vac&iacute;an de de ti, Dios santo, y nos impiden el amor y plenitud y vivir en amistad total y sentida contigo, nos vac&iacute;an del sentido verdadero en nuestro ser y existir. 8.- &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA&raquo;: &laquo;las v&iacute;as torcidas deber enderezarse&raquo;. Nuestras vidas deben coger la &uacute;nica vereda, la recta, que nos lleva a Dios, por el que fuimos y para el que fuimos creados: &laquo;Nos hiciste, Se&ntilde;or, para Ti, y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en Ti&raquo; (San Agust&iacute;n). Hablando de la vida humana cant&oacute; el poeta: &laquo;Nuestras vidas son los r&iacute;os que van a dar a la mar, que es el morir&raquo;: Y cantando de esta manera la vida, no s&oacute;lo reflejaba la brevedad de la vida; sino el final de todo los r&iacute;os de las vidas humanas en el oc&eacute;ano infinito y quieto de pura eternidad de ser y de vida de Dios. Como los r&iacute;os van rectos a la mar, que los llama con gemidos maternales, as&iacute; tambi&eacute;n nuestras vidas s&oacute;lo tienen una direcci&oacute;n y una desembocadura: un Dios Amor, Trino y Uno, Familia de Padre, de Hijo y de hijos en el Hijo en su mismo Amor-Esp&iacute;ritu Santo. Un Dios que nos espera porque hemos salido de El, que es Amor, porque hemos salido de su amor, &ldquo;... en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4, 7-11 verlo). Porque esto es la Navidad; esto es y significa la vida cristiana: Es un adviento continuo de encuentro de amistad con Dios, que est&aacute; viniendo continuamente en todos los acontecimientos de nuestra vida, porque nos am&oacute; &laquo;primero&raquo; y nosotros tenemos que responderle con el mismo Amor, con amor del Hijo Amado, del Verbo de Dios, que es su Esp&iacute;ritu Santo; tenemos que subir hasta &Eacute;l por el camino que ese Ni&ntilde;o que nos sale al encuentro, porque nos ama gratuitamente y quiere ser nuestro hermano, quiere hacernos y que seamos por &Eacute;l hijos en el Hijo Encarnado. Este ni&ntilde;o viene, en definitiva, porque quiere meternos con &Eacute;l en el seno del Padre, donde &Eacute;l es eternamente Hijo amado, con amor y ternura y fuego infinito de Esp&iacute;ritu Santo. 9.- Este adviento, esta espera de la Navidad es s&oacute;lo un paso m&aacute;s, pero necesario, hasta el encuentro definitivo. Por eso no podemos equivocarnos, ni coger caminos torcidos, ni ser soberbios y engre&iacute;dos, ni entretenemos con consumismos vanos, porque hay un Dios que nos est&aacute; esperando desde toda la eternidad: de ah&iacute; los evangelios que nos hablan estos d&iacute;as del adviento final, del d&iacute;a &uacute;ltimo, de la venida en gloria del Dios infinito para recoger a todos sus hijos; para eso, en definitiva viene y nace este Ni&ntilde;o, necesitado de cari&ntilde;o y de compa&ntilde;&iacute;a, que est&aacute;con los brazos tendidos, para provocar esta amistad y darnos su salvaci&oacute;n. Todo pecado, todo amor propio a uno mismo por la soberbia, avaricia, lujuria, ira&hellip;es rechazar y despreciar el abrazo de Dios, para recibirlo de las criaturas, de nosotros mismos, de preferirnos a nosotros mismo al abrazo de Dios. Y al no abrazar a Dios con nuestra vida, con nuestros criterios y actitudes, no podemos sentir l&oacute;gicamente ni experimentar que Dios existe y nos ama, que Dios viene en mi busca y &uacute;nicamente quiere decirme que se encarna por m&iacute;, y que si viene y hay Navidad es que Dios ama al hombre y no se olvida del hombre, quiere ense&ntilde;arme que Dios tiene un proyecto de eternidad bienaventurada para cada uno de nosotros en su misma esencia divina, que es su misma felicidad de Dios Trino y Uno. Y esto es verdaderamente la Navidad, y esto es lo que Dios busca y quiere para nosotros en el Hijo que nos env&iacute;a, y estos son los actos de fe y de amor y de esperanza verdaderos que tenemos que hacer y para esto es este tiempo santo de Adviento y no tengamos otros advientos y esperas que pueden hacer que no sea verdaderamente Navidad en nuestra vida. De este encuentro, de esta amistad, de esta Navidad y de este adviento nos alejamos nos alejamos siempre que no amamos a Dios sobre todas las cosas, siempre que nos preferimos a los dem&aacute;s y no queremos reconocer lo bueno y las cualidades y los derechos de los dem&aacute;s. !Qu&eacute; caminos y conductas tan tortuosas a veces en nuestras vidas! Todas las veces que Dios no deseado y buscado como lo primero en nuestra vida. 10.- Jes&uacute;s se encarna y nace entre nosotros porque &Eacute;l es el Camino recto hasta el Padre, y la Verdad completa, y la Puerta de entrada en la Sant&iacute;sima Trinidad, en la amistad con Dios, en la Salvaci&oacute;n eterna. Y me pregunto: &iquest;C&oacute;mo podremos llegar hasta &Eacute;l nosotros, si nuestras intenciones son torcidas y el coraz&oacute;n est&aacute; lleno de rencores, cuando nuestras miradas son indiferentes y nubladas, c&oacute;mo podremos salir a recibirle as&iacute;, sin cambiar un poco en esta Navidad, ensayo de la Navidad Eterna? &laquo;ERUNT PRAVA IN DIRECTA&raquo; Hay que rectificar y enderezar nuestros odios y rencores, porque con ellos en el alma, Cristo no puede nacer en nuestro coraz&oacute;n y no habr&aacute; Navidad; porque aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, en nuestro interior, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no habr&aacute; Navidad cristiana, sino pagana, esto es, navidad de champ&aacute;n y turrones. El Ni&ntilde;o que nos nace es el Pr&iacute;ncipe de la paz, del amor, de la caridad fraterna, del &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Queridos hermanos, seamos los top&oacute;grafos de nuestro propio coraz&oacute;n, de nuestra alma, de nuestro interior; descubramos las colinas y baches y caminos torcidos de nuestro coraz&oacute;n, que hay que enderezar; tiremos una l&iacute;nea recta hacia este Ni&ntilde;o, que es Dios que viene a nuestro encuentro, por el camino de la oraci&oacute;n, que es el primero y fundamental encuentro personal con &Eacute;l; por la v&iacute;a llana de la humildad, que rebaja nuestra soberbia; por el camino recto del perd&oacute;n que endereza el amor recto hasta los hermanos, por la vida de gracia del Amor y Ternura de Dios que viene a compartirla con el hombre. Por la oraci&oacute;n contemplativa descubrimos, se nos manifiesta, se nos descubre y se nos presenta el mismo Dios y vemos que Dios existe y es verdad. Y este Ni&ntilde;o es la prueba y la verdad del amor infinito del Dios que me am&oacute; primero, y por eso existo, si existe es que &Eacute;l me ama y me ha preferido a millones y millones de seres que no existir&aacute;n nunca y si existo es que &Eacute;l me ha destinado a compartir su misma felicidad eterna con &Eacute;l. Como top&oacute;grafos de nuestros caminos y carreteras para ir a Dios, no hay m&aacute;s Camino y Verdad y Vida que este Ni&ntilde;o; y como ya viene y le estamos esperando, porque estamos en tiempo de espera y de Adviento, -- a ver si resulta que estamos en Adviento, pero no vivimos el Adviento, no vivimos en la espera de Dios&hellip; enderecemos caminos, allanemos monta&ntilde;as, elevemos hundimientos, para que no haya impedimentos y tropiezos que impidan la venida del Se&ntilde;or hasta nosotros; perdonemos de coraz&oacute;n; sonriamos y perdamos tiempo con los inoportunos de turno; miremos con una sonrisa a la gente; acord&eacute;monos de los padres, los t&iacute;os ancianos y enfermos, los vecinos y, sobre todo, seamos amables con los que no pueden darnos nada, porque son pobres. 11.- En son de paz viene Jes&uacute;s. Paz al mundo y a los hombres cantan los &aacute;ngeles al nacer este Ni&ntilde;o; paz respiran los pastores y paz respiran todos los que le rodean. A los pies de este Ni&ntilde;o, que es el Pr&iacute;ncipe de la Paz, los mayores enemigos han depuesto las armas, y han suavizado sus asperezas. Hasta los que no le conocen palpan en la atm6sfera que en estos d&iacute;as debe reinar la paz, y cantan en las trincheras canciones de paz. Si as&iacute; se portan los que no esperan Cristo, los que no celebran el adviento cristiano, qu&eacute; debemos hacer nosotros, los que esperamos al Pr&iacute;ncipe de la paz, a nuestro Dios. Salgamos todos a esperarle, enlazando los brazos, pero sobre todo uniendo nuestros corazones. Se acaben, al menos en estas fiestas, los odios a&ntilde;ejos y las contiendas reprimidas. Son d&iacute;as de Amor, perd&oacute;n y de paz. 12.- &laquo;APERAS IN VIAS PLANAS&raquo;. Quitemos del camino los obst&aacute;culos que impiden este abrazo, este encuentro con Cristo, que m&iacute;sticamente vuelve a nacer para los hombres del siglo XXI. Poned flores de comprensi&oacute;n y perd&oacute;n en el camino, porque viene el Pr&iacute;ncipe de la Paz, del amor, y no quiere otra alfombra en su carrera. El grito &laquo;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo; pervive en el coraz&oacute;n de la Iglesia y atraviesa los siglos, a veces sereno y claro, como en un gran coro; otras veces blando y callado, aparentemente ahogado por el ruido del mundo y el estruendo de la historia universal; siempre empero, penetr&aacute;ndolo imperceptiblemente todo. Un d&iacute;a se lo cuenta a otro d&iacute;a, como reza el salmo, y una noche da a otra la noticia, entonces &laquo;se alegrar&aacute;n los cielos, la tierra saltar&aacute; de regocijo, los &aacute;rboles aplaudir&aacute;n a la venida del Se&ntilde;or, cuando venga a ser Rey, soberano del mundo&raquo;. SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N: 3. Dijo, pues, Mar&iacute;a al &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; Primero, sin duda, call&oacute; como prudente, cuando todav&iacute;a dudosa pensaba entre s&iacute; qu&eacute; salutaci&oacute;n ser&iacute;a &eacute;sta, queriendo m&aacute;s por su humildad no responder que temerariamente hablar lo que no sab&iacute;a. Pero ya confortada y habi&eacute;ndolo premeditado bien, habl&aacute;ndola a la verdad en lo exterior el &aacute;ngel, pero persuadi&eacute;ndola interiormente Dios (pues estaba con ella seg&uacute;n lo que dice el &aacute;ngel: &ldquo;El Se&ntilde;or es contigo&rdquo;); as&iacute;, pues, confortada, expeliendo sin duda la fe al temor, la alegr&iacute;a al empacho, le dijo al &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; No duda del hecho, pregunta acerca del modo y del orden; porque no pregunta si se har&aacute; esto, sino c&oacute;mo. Al modo que si dijera: sabiendo mi Se&ntilde;or que su esclava tiene hecho voto de no conocer var&oacute;n; &iquest;con qu&eacute; disposici&oacute;n, con qu&eacute; orden le agradar&aacute; que se haga esto? Si su Majestad ordena otra cosa y dispensa en este voto para tener tal Hijo, al&eacute;grome del Hijo que me da, mas du&eacute;leme de que se dispense en el voto; sin embargo, h&aacute;gase su voluntad en todo; pero, si he de concebir virgen y virgen tambi&eacute;n he de dar a luz, lo cual, ciertamente, si le agrada, no le es imposible, entonces verdaderamente conocer&eacute; que mir&oacute; la humildad de su esclava. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo, pues, se har&aacute; esto, porque yo no conozco var&oacute;n?&rdquo; Y respondiendo el &aacute;ngel, le dijo: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la virtud del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Hab&iacute;a dicho antes que estaba llena de gracia; pues &iquest;c&oacute;mo dice ahora: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la virtud del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo; &iquest;Por ventura pod&iacute;a estar llena de gracia y no tener todav&iacute;a al Esp&iacute;ritu Santo, siendo &Eacute;l el dador de las gracias? Y si el Esp&iacute;ritu Santo estaba en ella, &iquest;c&oacute;mo todav&iacute;a se le vuelve a prometer como que vendr&aacute; sobre ella nuevamente? Por eso acaso no dijo absolutamente vendr&aacute; a ti, sino que a&ntilde;adi&oacute; sobre; porque, aunque a la verdad primero estuvo con Mar&iacute;a por su copiosa gracia, ahora se la anuncia que vendr&aacute; sobre ella por la m&aacute;s abundante plenitud de gracia que en ella ha de derramar. Pero, estando ya llena, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;a caber en ella aquello m&aacute;s? Y si todav&iacute;a puede caber m&aacute;s en ella, &iquest;c&oacute;mo se ha de entender que antes estaba llena de gracia? Acaso la primera gracia hab&iacute;a llenado solamente su alma, y la siguiente hab&iacute;a de llenar tambi&eacute;n su seno; a fin de que la plenitud de la Divinidad, que ya habitaba antes espiritualmente en ella, como en muchos de los santos, como en ninguno de los santos comenzase a habitar en ella tambi&eacute;n corporalmente. 8. O&iacute;ste, &iexcl;oh Virgen!, el hecho; o&iacute;ste el modo tambi&eacute;n; lo uno y lo otro es cosa maravillosa, lo uno y lo otro es cosa agradable. &ldquo;G&oacute;zate, hija de Si&oacute;n; al&eacute;grate, hija de Jerusal&eacute;n&rdquo;. Y pues a tus o&iacute;dos ha dado el Se&ntilde;or gozo y alegr&iacute;a, oigamos nosotros de tu boca la respuesta de alegr&iacute;a que deseamos para que con ella entre la alegr&iacute;a y el gozo en nuestros huesos afligidos y humillados. O&iacute;ste, vuelvo a decir, el hecho, y lo cre&iacute;ste; cree lo que o&iacute;ste tambi&eacute;n acerca del modo. O&iacute;ste que concebir&aacute;s y dar&aacute;s a luz a un hijo; o&iacute;ste que no ser&aacute; por obra de var&oacute;n, sino por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Mira que el &aacute;ngel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Se&ntilde;or que le envi&oacute;. Esperamos tambi&eacute;n nosotros, Se&ntilde;ora, esta palabra de misericordia, a los cuales tiene condenados a muerte la divina sentencia, de que seremos librados por tus palabras. Ve que se pone entre tus manos el precio de nuestra salud; al punto seremos librados si consientes. Por la palabra eterna de Dios fuimos todos criados, y con todo eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para no volver a morir. Esto te suplica, &iexcl;oh piadosa Virgen!, el triste Ad&aacute;n, desterrado del para&iacute;so con toda su miserable posteridad. Esto Abraham, esto David con todos los santos Padres tuyos, los cuales est&aacute;n detenidos en la regi&oacute;n de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redenci&oacute;n de los cautivos, la libertad de los condenados, la salud, finalmente, de todos los hijos de Ad&aacute;n, de todo vuestro linaje. Da, &iexcl;oh Virgen!, aprisa la respuesta. &iexcl;Ah! se&ntilde;ora, responde aquella palabra que espera la tierra, que espera el infierno, que esperan tambi&eacute;n los ciudadanos del cielo. El mismo Rey y Se&ntilde;or de todos, cuanto dese&oacute; tu hermosura, tanto desea ahora la respuesta de tu consentimiento; en la cual sin duda se ha propuesto salvar el mundo. A quien agradaste por tu silencio agradar&aacute;s ahora mucho m&aacute;s por tus palabras, pues &Eacute;l te habla desde el cielo diciendo &iexcl;Oh hermosa entre las mujeres, hazme que oiga tu voz! Si t&uacute; le haces o&iacute;r tu voz, El te har&aacute; ver el misterio de nuestra salud. &iquest;Por ventura no es esto lo que buscabas, por lo que gem&iacute;as, por lo que orando d&iacute;as y noches suspirabas? &iquest;Qu&eacute; haces, pues? &iquest;Eres t&uacute; aquella para quien se guardan estas promesas o esperamos otra? No, no; t&uacute; misma eres, no es otra. T&uacute; eres, vuelvo a decir, aquella prometida, aquella esperada, aquella deseada, de quien tu santo padre Jacob, estando para morir, esperaba la vida eterna, diciendo &ldquo;Tu salud esperar&eacute;, Se&ntilde;or&rdquo;. En quien y por la cual Dios mismo, nuestro Rey, dispuso antes de los siglos obrar la salud en medio de la tierra. Por qu&eacute; esperar&aacute;s de otra lo que a ti misma te ofrecen? &iquest;Por qu&eacute; aguardar&aacute;s de otra lo que al punto se har&aacute; por ti, como des tu consentimiento y respondas una palabra? Responde, pues, presto al &aacute;ngel, o, por mejor decir, al Se&ntilde;or por el &aacute;ngel; responde una palabra y recibe otra palabra; pronuncia la tuya y concibe la divina; articula la transitoria y admite en ti la eterna. &iquest;Qu&eacute; tardas? &iquest;Qu&eacute; recelas? Cree, di que s&iacute; y recibe. Cobre ahora aliento tu humildad y tu verg&uuml;enza confianza. De ning&uacute;n modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aqu&iacute; de la prudencia. En s&oacute;lo este negocio no temas, Virgen prudente, la presunci&oacute;n; porque, aunque es agradable la verg&uuml;enza en el silencio, pero m&aacute;s necesaria es ahora la piedad en las palabras. Abre, Virgen dichosa, el coraz&oacute;n a la fe, los labios al consentimiento, las castas entra&ntilde;as al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes est&aacute; llamando a tu puerta. &iexcl;Ay si, deteni&eacute;ndote en abrirle, pasa adelante, y despu&eacute;s vuelves con dolor a buscar al amado de tu alma! Lev&aacute;ntate, corre, abre. Lev&aacute;ntate por la fe, corre por la devoci&oacute;n, abre por el consentimiento. &ldquo;He aqu&iacute;, dice la Virgen, la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. 11. Esto sin duda entendi&oacute; la Virgen prudente, cuando, al anticipado don de la gratuita promesa, junt&oacute; el m&eacute;rito de su oraci&oacute;n diciendo: &ldquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. H&aacute;gase en m&iacute; del Verbo seg&uacute;n tu palabra; el Verbo, que en el principio estaba en Dios, h&aacute;gase carne de mi carne seg&uacute;n tu palabra. H&aacute;gase en m&iacute;, suplico, la palabra, no pronunciada que pase, sino concebida que permanezca, vestida ciertamente no de aire, sino de carne. H&aacute;gase en m&iacute; no s&oacute;lo perceptible al o&iacute;do, sino tambi&eacute;n visible a los ojos, palpable a las manos, f&aacute;cil de llevar en mis hombros. Ni se haga en m&iacute; la palabra escrita y muda, sino encarnada y viva; esto es, no escrita en mudos caracteres, en pieles muertas, sino impresa vitalmente en la forma humana en mis castas entra&ntilde;as, y esto no con el rasgo de una pluma, sino por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Para decirlo de una vez, h&aacute;gase para m&iacute; de aquel modo con que para ninguno se ha hecho hasta ahora antes de m&iacute; y para ninguno despu&eacute;s de m&iacute; se ha de hacer. De muchos y varios modos habl&oacute; Dios en otro tiempo a nuestros padres por sus profetas, y tambi&eacute;n se hace menci&oacute;n en las Escrituras de que la palabra de Dios se hizo para unos en el o&iacute;do, para otros en la boca, para otros aun en la mano; pero yo pido que para m&iacute; se haga en mi seno seg&uacute;n tu palabra. No quiero que se haga para m&iacute; o predicada ret&oacute;ricamente, o significada figuradamente o so&ntilde;ada imaginariamente, sino inspirada silenciosamente, encarnada personalmente. El Verbo, pues, que ni puede hacerse en s&iacute; mismo ni lo necesita, d&iacute;gnese en m&iacute;, d&iacute;gnese tambi&eacute;n para m&iacute; ser hecho seg&uacute;n tu palabra. H&aacute;gase desde luego generalmente para todo el mundo, pero h&aacute;gase para m&iacute; con especialidad seg&uacute;n tu palabra. TERCERA MEDITACI&Oacute;N VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como dije antes, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad por esperas y encuentros y navidades puramente humanas, y a veces, sencillamente paganas, puro consumismo. Nosotros no podemos dejarnos arrastrar por la televisi&oacute;n y los medios, debemos recogernos en silencio de ruidos mundanos ahora para meditar los textos sagrados. Para eso estamos reunidos aqu&iacute; y no podemos dejar pasar esta oportunidad que el Se&ntilde;or nos ofrece. &iquest;Por d&oacute;nde vendr&aacute; Cristo esta Navidad? Si yo tengo que salir al encuentro de mi hijo o de una persona, si yo quiero llegar a Madrid, tengo que ir por una carretera distinta que si voy a Salamanca. &iquest;Por qu&eacute; caminos tengo que esperar a Cristo en este tiempo de Adviento, para que nazca en mi coraz&oacute;n o para que aumente su presencia de amor? En este tiempo de Adviento la Iglesia pone a nuestra consideraci&oacute;n diversos personajes que se prepararon muy bien para este encuentro con el Se&ntilde;or y vivieron el verdadero Adviento cristiano. Hay dos que sobresalen: Mar&iacute;a y Juan, el precursor. Hoy vamos a tomar como modelo a Mar&iacute;a. Vamos a vivir el Adviento con Mar&iacute;a y como Mar&iacute;a. Y &iquest;c&oacute;mo vivi&oacute; la Virgen el Adviento de Cristo? &iquest;Qu&eacute; Navidad vivi&oacute; la Virgen? &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N, COMO MAR&Iacute;A La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Y orando fue a visitar a su prima Isabel, recogida y contemplando en su seno, mientras caminaba por aquellas monta&ntilde;as de Palestina hasta la casa de Isabel, que empez&oacute; con di&aacute;logo de fe y esperanza y se remat&oacute; con la oraci&oacute;n de alabanza del Magnificat, que Jes&uacute;s y Juan recitaron en voz baja, &eacute;ste saltando en el vientre de su madre Isabel, y Jes&uacute;s llenando de alegr&iacute;a a su Madre para que lo pronunciara fuerte, confirm&aacute;ndole que era verdad todo lo que dec&iacute;a, ya que no estaba bien que tan ni&ntilde;o empezara haciendo milagros; as&iacute; que una parte del Magnificat se la debemos a &Eacute;l. Por otra parte, no ser&iacute;a bueno para nosotros, que tenemos que recorrer a veces este camino, con frecuencia duro y seco aparentemente de fe, esperanza y amor, sin ver ni sentir nada, que es la oraci&oacute;n. Mar&iacute;a nos invita a entrar en clima de Adviento por el camino de la oraci&oacute;n. Es un camino absolutamente necesario e imprescindible si queremos de verdad vivir el adviento cristiano. Sin oraci&oacute;n meditativa, no digamos afectiva y contemplativa, no hay Adviento ni Navidad cristiana, de encuentro con Cristo, aunque hay villancicos y turrones y reuni&oacute;n de familia. Falta Cristo, que siempre vino y vendr&aacute; para las almas que le esperan por el camino de la oraci&oacute;n. Sin ella, sin oraci&oacute;n personal, aun la lit&uacute;rgica carece de alma. La gran pobreza de la Iglesia es pobreza de oraci&oacute;n, meditaci&oacute;n, contemplaci&oacute;n. La oraci&oacute;n es absolutamente necesaria para el encuentro con Dios en la Palabra, en la Eucarist&iacute;a, en la vida cristiana, en la conversi&oacute;n, en la fe, esperanza y amor. Y si la hacemos ante el Sagrario, que es Encarnaci&oacute;n continua y continuada, Navidad permanente y Venida y Presencia permanente de Cristo en amistad, mucho mejor. Sin oraci&oacute;n eucar&iacute;stica no hay encuentro con Cristo &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;. Para demostrar esta verdad bastar&iacute;a leer la definici&oacute;n de Santa Teresa sobre la oraci&oacute;n: &laquo;Que no es otra cosa oraci&oacute;n mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama&raquo; (V 8,5). Parece como si la santa hubiera hecho esta descripci&oacute;n mirando al sagrario, porque all&iacute; es donde est&aacute; m&aacute;s presente el que nos ama: Jesucristo vivo, vivo y resucitado. De esta forma, Jesucristo presente en el sagrario, se convierte en el mejor maestro de oraci&oacute;n, y el sagrario, en la mejor escuela. Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, Ael que nos ama@ nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse... Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo. Esto me parece que es la santidad cristiana. De esta forma, la escuela de amistad pasa a ser escuela de santidad. Finalmente y como consecuencia l&oacute;gica, esta vivencia de Cristo eucarist&iacute;a, trasplantada a nosotros por la uni&oacute;n de amor y la experiencia, se convierte o nos transforma en llamas de amor viva y apost&oacute;lica: la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de apostolado. Toda oraci&oacute;n, especialmente la eucar&iacute;stica, es un itinerario de encuentro personal con Jesucristo. No olvidemos que el Verbo de Dios se hizo carne, y luego una cosa, un poco de pan, por amor extremo al Padre, cumpliendo su voluntad, y por los hombres, para salvarlos. Su presencia eucar&iacute;stica perpet&uacute;a y prolonga su encarnaci&oacute;n salvadora, con amor extremado, hasta el f&iacute;n de los tiempos, en amistad y salvaci&oacute;n permanentemente ofrecidas a todos los hombres. Desde su presencia en la eucarist&iacute;a, sigue dici&eacute;ndonos a todos, de palabra y de obra: &ldquo;Vosotros sois mis amigos&rdquo;, &ldquo;me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;, &ldquo;ya nos os llamo siervos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre, os lo he dado a conocer;&rdquo; &ldquo;yo doy la vida por mis amigos;@ ANadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;. Esta amistad salvadora para con nosotros ha sido el motivo principal de su Encarnaci&oacute;n y de la Eucarist&iacute;a, que es una encarnaci&oacute;n continuada. Y esto es lo que busca siempre en cada misa y comuni&oacute;n y desde cualquier sagrario de la tierra: salvarnos desde la cercan&iacute;a de una amistad rec&iacute;proca. Y esto es tambi&eacute;n lo que pretendo recordar ahora en esta meditaci&oacute;n: que Jesucristo est&aacute; vivo, vivo y resucitado, y en esta Navidad viene a nuestro encuentro, y nosotros tenemos que orar, salir a su encuentro mediante ratos de silencio y meditaci&oacute;n sobre los textos sagrados de estos d&iacute;as, o en contemplaci&oacute;n silenciosa ante su presencia de Amor encarnado en un trozo de pan. Ah&iacute;, en la Eucarist&iacute;a, que es una Encarnaci&oacute;n continuada, est&aacute; viniendo en mi busca para salvarme, para perdonarme, para los mismos fines de su primera venida, de su Encarnaci&oacute;n y Navidad, y busca nuestra amistad, no porque &Eacute;l necesite de nosotros, &Eacute;l es Dios, &iquest;qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Somos nosotros lo que nosotros necesitamos de &Eacute;l, para realizar el proyecto maravilloso de eternidad, que la Sant&iacute;sima Trinidad tiene sobre cada uno de nosotros y por el cual existimos. Ya no podemos renunciar a este proyecto, porque si existimos, ya no dejaremos de existir; los que tenemos la dicha de vivir, ya no moriremos, somos eternidad, aqu&iacute; nadie muere ya, somos eternidad iniciada en el tiempo para fundirse en la misma eternidad de Dios Trino y Uno. De aqu&iacute; la gravedad de no encontrarnos con Cristo, de equivocarnos de camino en la vida, porque nos podemos equivocar para siempre. Cristo se encarna, viene a nosotros, porque nosotros valemos mucho, mi vida es m&aacute;s que esta vida, el hombre es m&aacute;s que hombre, es un misterio, que s&oacute;lo Dios Trino y Uno conoce, porque nos ha creado a su imagen y semejanza y todo esto nos lo ha revelado por la Palabra hecha carne. Dios entrando dentro de s&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de vida y de amor, cre&oacute; a otros seres para hacerlos part&iacute;cipes de su misma dicha. &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios... Todas las cosas fueron hechas por &Eacute;l y sin &Eacute;l no se hizo nada de cuanto se ha hecho&rdquo; (Jn 1,1-3), pero no s&oacute;lo este mundo, sino la misma realidad divina, porque al contemplarse el Padre a s&iacute; mismo, en su mismo serse por s&iacute; mismo y verse tan lleno de vida, de amor, de felicidad, de hermosura, Ade t&uacute;neles y cavernas insospechadas@, de paisajes y felicidad y fuego de las relaciones divinas del volc&aacute;n divino en eterna erupci&oacute;n de su esencia, se vio plenamente en su Idea y la pronunci&oacute; en Palabra llena de amor para s&iacute; y se am&oacute; con fuego de su mismo Esp&iacute;ritu y luego la pronunci&oacute; para nosotros en carne humana. Por eso, meditando todo esto, con qu&eacute; amor voy a celebrar y a vivir el Adviento; con qu&eacute; cuidado voy a preparar en este Adviento la Navidad, este nuevo encuentro lit&uacute;rgico con Cristo, que especialmente por la Eucarist&iacute;a hace presente todos sus sentimientos, vivencias y amores al hombre; con qu&eacute; hambre y sed la voy a comer, con qu&eacute; ternura y piedad y cuidado voy a besar, tocar y venerar en cada sagrario, en cada pesebre, en cada imagen de Ni&ntilde;o.&laquo;&ldquo;Ven, Se&ntilde;or, y no tardes&raquo;. 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; expres&oacute; Mar&iacute;a su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creer que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Pero la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de demostrarlas o comprobarlas con la raz&oacute;n; y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Tenemos que apoyarnos, como Mar&iacute;a, s&oacute;lo en Dios. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero casi grande en su interior, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando todo pensamiento, acciones, tiempo en otros asuntos y esperas, que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos nada nos ayude a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente, materialismo, desenfreno secularista, persecuci&oacute;n clara y manifiesta del gobierno y de los medios de comunicaci&oacute;n de todo lo que huele a Iglesia, Dios, Evangelio&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo, pero est&aacute; triste, porque le falta todo, porque le falta Dios. Y estamos todos m&aacute;s tristes, m&aacute;s solos: los matrimonios, los padres, los hijos, los amigos&hellip; nos falta Dios; es necesario que Dios nazca en los hombres, viva en los matrimonios, sea invitado y comensal diario en nuestros hogares. Por eso, lo primero de todo ser&aacute; la fe, fe en su Venida, en su Encarnaci&oacute;n, en su nacimiento, en su presencia eucar&iacute;stica; si creo en Cristo, no puedo separar unas realidades de otras, tengo que creer en el Cristo completo. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo s&oacute;lo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como Mar&iacute;a, por una fe viva. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumple, todo tiene sentido, todo nos prepara para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotros. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros no le fallemos a Dios. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su venida de amor a este mundo. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella. &iexcl;Madre, ens&eacute;&ntilde;anos a esperarlo y recibirlo as&iacute;! 3.- POR EL CAMINO DEL AMOR AGRADECIDO, COMO MAR&Iacute;A Mar&iacute;a expres&oacute; maravillosamente este sentimiento ante su prima Isabel con el canto del Magnificat: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo; (Lc 1,46-47). Aun los ateos y los que no saben de qu&eacute; va la Navidad, no digamos los creyentes, nos sentimos llenos de amor en estos d&iacute;as, agradecidos, m&aacute;s hermanos, m&aacute;s solidarios y abiertos a los dem&aacute;s, nos entran ganas de ayudar a la gente, especialmente a los necesitados. Como la Virgen: visit&oacute; a su prima y la ayud&oacute; en su parto. Pero en estos d&iacute;as, como siempre, lo primero debe ser Dios. Y si alguien nos pregunta, tanto ahora en Navidad como en cualquier tiempo del a&ntilde;o, &iquest;por qu&eacute; el hombre tiene que amar a Dios? Pues porque &Eacute;l nos am&oacute; primero. Dios nos visita, se hace cercano, se hace hombre y viene a nosotros por amor y para que nos amemos y le amemos: &ldquo;Porque Dios es Amor&hellip; En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute;, y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,8.10). Qu&eacute; claro lo vio Juan: Dios nos am&oacute; primero y, roto este amor por el pecado de Ad&aacute;n, Dios volvi&oacute; a amar m&aacute;s intensamente al hombre, envi&aacute;ndonos a su propio Hijo para salvarnos. Santa Catalina de Siena nos describe as&iacute; todo el amor de Dios en la creaci&oacute;n del hombre y, sobre todo, una vez ca&iacute;do, en la recreaci&oacute;n, por el amor del Hijo amado: &laquo;Quiero, por tanto, y te pido como gracia singular, Padre Dios, que la inestimable caridad que te impuls&oacute; a crear al hombre a tu imagen y semejanza no se vuelva atr&aacute;s ante esto. &iquest;Qu&eacute; cosa, o qui&eacute;n, te ruego, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella. Pero reconozco abiertamente que, a causa de la culpa del pecado, perdi&oacute; con toda justicia la dignidad en que la hab&iacute;as puesto. A pesar de lo cual, impulsado por este mismo amor, y con el deseo de reconciliarte de nuevo por gracia al g&eacute;nero humano, nos entregaste la palabra de tu Hijo unig&eacute;nito. El fue efectivamente el mediador y reconciliador entre nosotros y t&uacute;, y nuestra justificaci&oacute;n, al castigar y cargar sobre s&iacute; todas nuestras injusticias e iniquidades. &Eacute;l lo hizo en virtud de la obediencia que t&uacute;, Padre eterno, le impusiste, al decretar que asumiese nuestra humanidad. &iexcl;Inmenso abismo de caridad! &iquest;Puede haber un coraz&oacute;n tan duro que pueda mantenerse entero y no partirse al contemplar el descenso de la infinita sublimidad hasta lo m&aacute;s hondo de la vileza, como es la de la condici&oacute;n humana? Nosotros somos tu imagen, y t&uacute; eres la nuestra, gracias a la uni&oacute;n que realizaste en el hombre, al ocultar tu eterna deidad bajo la miserable nube e infecta masa de la carne de Ad&aacute;n. Y esto, &iquest;por qu&eacute;? No por otra causa que por tu inefable amor. Por este inmenso amor es por el que suplico humildemente a tu Majestad, con todas las fuerzas de mi alma, que te apiades con toda tu generosidad de tus miserables criaturas&raquo; (Santa Catalina de Siena, Di&aacute;logo, Cap. 4). Y Balduino de Cantorbery nos dice:&laquo; &ldquo;Porque &Eacute;l nos am&oacute; primero&hellip;&rdquo; porque en esto nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas... Por esto dice: Gr&aacute;bame como un sello en tu coraz&oacute;n. Es como si dijera: &Aacute;mame, como yo te amo. Tenme en tu pensamiento, en tu recuerdo, en tu deseo, en tus suspiros, en tus gemidos y sollozos. Acu&eacute;rdate, hombre, qu&eacute; tal te he hecho, cu&aacute;n por encima te he puesto de las dem&aacute;s criaturas, con qu&eacute; dignidad te he ennoblecido, c&oacute;mo te he coronado de gloria y de honor, c&oacute;mo te he hecho un poco inferior a los &aacute;ngeles, c&oacute;mo he puesto bajo tus pies todas las cosas. Acu&eacute;rdate no s&oacute;lo de cu&aacute;n grandes cosas he hecho para ti, sino tambi&eacute;n de cu&aacute;n duras y humillantes cosas he sufrido por ti; y dime si no obras perversamente cuando dejas de amarme. &iquest;Qui&eacute;n te ama como yo? &iquest;Qui&eacute;n te ha creado sino yo? &iquest;Qui&eacute;n te ha redimido sino yo? Quita de m&iacute;, Se&ntilde;or, este coraz&oacute;n de piedra, quita de m&iacute; este coraz&oacute;n endurecido, incircunciso. T&uacute; que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesi&oacute;n de mi coraz&oacute;n y habita en &eacute;l, ll&eacute;nalo con tu presencia, t&uacute; que eres superior a lo m&aacute;s grande que hay en m&iacute; y que est&aacute;s m&aacute;s dentro de m&iacute; que mi propia intimidad. T&uacute; que eres el modelo perfecto de la belleza y el sello de la santidad, sella mi coraz&oacute;n con la impronta de tu imagen; sella mi coraz&oacute;n, por tu misericordia, t&uacute;, Dios por quien se consume mi coraz&oacute;n, mi lote perpetuo. Am&eacute;n.&raquo; (Balduino de Cantorbery, Tratado 10, PL 204, 514, 516). Esta debe ser una actitud fuerte en estos d&iacute;as: amor agradecido al Se&ntilde;or, que nos quiere salvar, que viene a nosotros, que viene desde su Felicidad infinita a complicar su vida por nosotros. Procuremos retirarnos a la oraci&oacute;n, revisar nuestro comportamientos para con &Eacute;l, corrijamos, enderecemos los caminos, salgamos a su encuentro, mirando a los hermanos. M&aacute;s frecuencia y m&aacute;s fervor en todo: oraci&oacute;n, misas, comuniones, obras de caridad con los hermanos, control de la soberbia y orgullo, porque Cristo se hizo peque&ntilde;o, visitemos a los necesitados como Mar&iacute;a a su prima santa Isabel. 4.- POR EL CAMINO DE LA CONVERSI&Oacute;N, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; Mar&iacute;a al &aacute;ngel, a la maternidad que le anunciaban, porque sus pensamientos y su planes no eran esos. Pero se convirti&oacute; totalmente a la voluntad y a los deseos de Dios, como nosotros tenemos que hacer en nuestras vidas, cuando sus planes no coincidan con los nuestros. Hemos de responder como Mar&iacute;a: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. A veces estamos tan llenos de nuestro yo, de nuestros criterios, de nuestros planes&hellip; que no caben los de Dios. El hombre, desde que existe, por impulso natural, tiende a amarse a s&iacute; mismo m&aacute;s que a Dios. El mandamiento de &ldquo;amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios, con todo tu coraz&oacute;n, con todas tus fuerzas, con todo tu ser&rdquo;, el hombre, por el pecado original, lo convierte en me amar&eacute; a m&iacute; mismo con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas, con todo mi ser&hellip; Y esto es idolatr&iacute;a. Pero que uno la ve mucho dentro de la misma Iglesia, en los de arriba, muy arriba y en los de abajo. Dios no es lo absoluto de nuestra vida. En el centro de nuestro coraz&oacute;n nos entronizamos a nosotros mismos y nos damos culto idol&aacute;trico, de la ma&ntilde;ana a la noche. Por esta raz&oacute;n, si queremos que Cristo nazca en esta Navidad, dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, en nuestro ser y existir, tenemos que destronar este <yo> del centro de nuestro coraz&oacute;n y de nuestra vida. Porque estamos tan llenos de nosotros mismos que no cabe ni su Evangelio, ni sus criterios, ni sus mandatos, no cabe ni Dios porque nosotros nos hemos constituido en dioses de nuestra vida. Por tanto, si queremos que Cristo nazca dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, en nuestra vida, tenemos que vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros criterios, y de esos amores ego&iacute;stas y consumistas, que nos invaden totalmente y nos vac&iacute;an de Dios que es el Todo. Y ese es el vac&iacute;o que siente el mundo actual, muchos hombres y mujeres, las familias estamos, los matrimonios, m&aacute;s solos y tristes, porque nos falta Dios. Necesitamos que Dios llene nuestra vida, nuestro coraz&oacute;n; necesitamos la Navidad; pero la Navidad cristiana, porque, aunque Cristo naciese mil veces, si no nace dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, no habr&aacute; Navidad; no habr&aacute; encuentro con Dios; todo habr&aacute; sido in&uacute;til, aunque sobren champ&aacute;n y turrones, no podremos tener Navidad. Y para eso, repito, es necesaria la conversi&oacute;n, el vaciarnos de nosotros mismos y de tantas cosas que impiden el nacimiento de Dios en nosotros. Hay que perdonar a todos, no puede haber soberbia y rencor en nuestro coraz&oacute;n para que Cristo pueda nacer; hay que ser generosos en tiempo y amor con nuestros padres, familiares, amigos; hay que convertirse de la cr&iacute;tica continua a los hermanos a la comprensi&oacute;n, a la aceptaci&oacute;n, jam&aacute;s criticar, no podemos criticar si queremos tener el coraz&oacute;n dispuesto para que nazca Cristo; la soberbia, la murmuraci&oacute;n y la falta de caridad con los hermanos impiden este nacimiento. Todo debe ser buscado, rezado y realizado conforme a la voluntad de Dios, mediante una conversi&oacute;n sincera. Por eso, repito, que, unido a la fe, va el amor, la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n... Estos tres verbos ORAR-AMAR-CONVERTIRSE tienen para m&iacute; casi el mismo significado y se conjugan igual y el orden tampoco altera el producto, pero siempre en l&iacute;nea de experiencia de Cristo vivo, vivo y resucitado, que vuelve por la Liturgia Eucar&iacute;stica a repetir su historia y su nacimiento para nosotros. Orar es querer convertirse a Dios en todas las cosas. La conversi&oacute;n debe durar toda la vida, porque siempre tendemos a ponernos y colocar nuestra voluntad y deseos delante de los de Dios, a amarnos m&aacute;s que a Dios, que debe ser lo primero y absoluto. Por eso, la conversi&oacute;n debe ser permanente y exige oraci&oacute;n permanente. Y la oraci&oacute;n, si verdaderamente lo es, debe ser permanente y debe ser y llevarnos a la conversi&oacute;n permanente. Porque si orar es querer amar a Dios sobre todas las cosas, como orar es convertirse, autom&aacute;ticamente, orar es querer convertirse a Dios en todas las cosas. Sin conversi&oacute;n permanente, no puede haber oraci&oacute;n permanente. Sin conversi&oacute;n permanente no puede haber oraci&oacute;n continua y permanente. Esta es la dificultad m&aacute;xima para orar en cristiano, prescindo de otras religiones, y la causa principal de que se ore tan poco en el pueblo cristiano y la raz&oacute;n fundamental del abandono de la oraci&oacute;n por parte de sacerdotes, religiosos y almas consagradas. Lo dir&eacute; una y mil veces, ahora y siempre y por todos los siglos: la oraci&oacute;n, desde el primer arranque, desde el primer kil&oacute;metro hasta el &uacute;ltimo, nos invita, nos pide y exige la conversi&oacute;n, aunque el alma no sea muy consciente de ello en los comienzos, porque se trata de empezar a amar o querer amar a Dios sobre todas las cosas, es decir, como &Eacute;l se ama esencialmente y nos ama y permanece en su serse eternamente amado de su misma esencia.&ldquo;Dios es amor&rdquo;, dice S. Juan, su esencia es amar y amarse para serse en acto eterno de amar y ser amado, y si dejara de amar y amarse as&iacute;, dejar&iacute;a de existir. Pod&iacute;a haber dicho San Juan que Dios es el poder, omnipotente, porque lo puede todo, o que es la Suprema Sabidur&iacute;a, porque es la Verdad, pero no, cuando San Juan nos quiere definir a Dios en una palabra, nos dice que Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar, dejar&iacute;a de existir. Y ese amor se ha hecho carne, se ha hecho hombre, y ese amor de Dios al hombre se llama Jesucristo, y esto es la Navidad cristiana, el misterio del Amor de Dios Encarnado. Si es Navidad Dios sigue amando al Hombre; si Dios nace, quiere decir que Dios no se olvida del hombre; si Dios nace, el mundo tiene salvaci&oacute;n, no debemos desesperar; si Dios nace, todo hombre es mi hermano y el hombre vale infinito, vale una eternidad. Somos m&aacute;s que este espacio y este tiempo, para eso ha nacido Jesucristo. Si Cristo nace, s&iacute; hay Navidad, Dios me ama, Dios me ama, Dios me ama: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le entreg&oacute; a su propio Hijo para que todo el que crea en &Eacute;l no perezca, sino que tenga la vida eterna&rdquo; (Jn 3,17). ****************************************** PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 63, 16b-17; 64, 3b-8 En esta primera lectura se recoge la ingrata experiencia del pueblo de Dios una vez regresado de la esclavitud: el per&iacute;odo tras el exilio resulta m&aacute;s duro que el mismo destierro. Se ha difuminado la alegr&iacute;a del retorno y el pueblo se halla en una situaci&oacute;n desesperada; a la opresi&oacute;n del pecado que degrada al hombre y lo hace impuro y repugnante se a&ntilde;ade que no ha logrado instaurar un nivel social aceptable ni la independencia nacional. Desde esta situaci&oacute;n angustiosa el pueblo invoca al Se&ntilde;or: que rasgue los cielos y baje a salvarlo; &eacute;l es el &uacute;nico que puede salvarlo porque han fracasado todos los salvadores humanos. De ah&iacute; el clamor del profeta que, reconociendo la situaci&oacute;n lamentable del pueblo, levanta su voz a Dios como una s&uacute;plica a su ternura y amor por su pueblo, esper&aacute;ndolo todo de su omnipotencia. Para Isa&iacute;as, en medio del fracaso y del pecado, surge la esperanza en Dios que es &ldquo;Padre&rdquo;, &ldquo;Redentor&rdquo; y &ldquo;Salvador&rdquo;. Nosotros, como el profeta nos indica, en medio de nuestros fracasos y pecados, de nuestras noches y dudas, levantamos con esperanza nuestros ojos al Se&ntilde;or, porque lo esperamos todo de su misericordia. SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 1,3-9 Comienza Pablo esta carta con un saludo y una acci&oacute;n de gracias. Es habitual en &eacute;l. La acci&oacute;n de gracias es por la profusi&oacute;n de carismas que Dios ha derramado entre los Corintios. Pero deben permanecer vigilantes hasta el final &ldquo;para que no tengan de qu&eacute; acusaros en el tribunal de Jesucristo, Se&ntilde;or Nuestro&rdquo;. La seguridad del augurio paulino se basa en la fidelidad de Dios: el Dios que los llam&oacute; a la incorporaci&oacute;n a Cristo realizar&aacute; su plenitud. Esta carta cuadra perfectamente con la condici&oacute;n del Adviento cristiano, porque justificados ya por el santo bautismo y por las gracias recibidas, caminamos hacia la Parus&iacute;a que en cada adviento se nos hace m&aacute;s pr&oacute;xima. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 13,33-37. QUERIDOS HERMANOS: el tiempo de Adviento, con el que se inicia el nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico, que hoy comenzamos, presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparaci&oacute;n a la Navidad, en la cual se conmemora la primera &laquo;venida&raquo; de Cristo, del Hijo de Dios; y por otra parte, el evangelio de este domingo mira y hace que nos preparemos para la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos, que pr&aacute;cticamente para nosotros es el d&iacute;a de nuestra muerte, de nuestra partida a la eternidad con Dios; para ambas esperas, hay que prepararse por una vida de fe y oraci&oacute;n, practicada por la Palabra meditada y los sacramentos recibidos, principalmente santa misa y comuni&oacute;n verdaderas. Por eso, refiri&eacute;ndome a la venida de Cristo en la Navidad, y mirando nuestra espera en este tiempo de adviento, quisiera empezar con una frase que repito muchas veces durante este tiempo: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, ser&aacute; una Navidad pagana,no cristiana, perdida, porque no habr&aacute; nacido Cristo en nuestras vidas, en nuestros j&oacute;venes, en nuestras familias. Y si miramos la navidad anunciada por televisi&oacute;n o preparada por los gobernantes de muchas ciudades espa&ntilde;olas y puestas como ejemplares o formas modelo de celebrar la navidad, all&iacute; no aparece ni Cristo ni nacimientos ni nada religioso, sino luces y motivos y adornos paganos. As&iacute; que muchos de nuestros j&oacute;venes y peque&ntilde;os ya no saben de qu&eacute; va la navidad cristiana, sino el blac Friday y dem&aacute;s de estos d&iacute;as. El Adviento cristiano debe ser vivido cristianamente, como espera del Se&ntilde;or, de que nazca en el coraz&oacute;n de mayores y peque&ntilde;os, es tiempo de rezar m&aacute;s estos d&iacute;as, venir m&aacute;s a la iglesia, comulgar y venir a misa o de visitar y ayudar a pobres y ancianos, como era en nuestros tiempos pasados, en nosotros. Por eso, como digo y predico mucho en estos d&iacute;as: aunque sobren champ&aacute;n y turrones, si Cristo no nace en nosotros, habr&aacute; sido una Navidad in&uacute;til. Queridos hermanos, vamos a vivir estas cuatro semanas de adviento para que sea navidad cristiana en nuestros hogares, en nosotros, en nuestras famil&iacute;as, en el mundo, para que Cristo aumente su presencia en nuestras vidas, en nuestros corazones, mediante una vida m&aacute;s fervorosa de oraci&oacute;n, rezando m&aacute;s, teniendo todos los dias un rato de oraci&oacute;n, si es ante su presencia en el Sagrario, mejor; vamos a procurar rezar el rosario en casa o en familia, si podemos, vamos a esforzarnos por vivir mejor el amor fraterno en nuestro ambiente y famiia, haciendo las paces con todos, vamos a perdonar si tenemos alg&uacute;n problema en el trabajo o con vecinos. Eso es vivir el adviento cristiano, preparar la venida de Cristo a nuestras vidas, en nuestro coraz&oacute;n. En este tiempo de espera, para que el Se&ntilde;or nazca o aumente su presencia en nosotros, desde el cura hasta el &uacute;ltimo, os invito a a venir m&aacute;s a la iglesia; pero hacer hoy mismo este prop&oacute;sito y compromiso con el Se&ntilde;or&hellip;, &Eacute;l que viene lleno de amor e ilusi&oacute;n para nacer o aumentar su presencia de gracia y amor y felicidad en todos nosotros, en todos los hombres. Y pidamos y habamos alg&uacute;n sacrificio por los nuestros que est&eacute;n un poco alejados de Cristo, de la fe, para que sea navidad en ellos. Y en los conventos, queridas hermanas, es tiempo de m&aacute;s oraci&oacute;n y conversi&oacute;n, sobre todo, de conversi&oacute;n y penitencia m&aacute;s profunda, m&aacute;s aut&eacute;ntica, m&aacute;s verdadera y comunitaria, desde las superioras hasta la religiosa &uacute;ltima, para que sea Navidad aut&eacute;ntica y cristiana y no solo en vuestro convento, sino que vosotras religiosas contemplativas lo ten&eacute;is que hacer principalmente por la iglesia, por el mundo entero, por todos los hombres, vuestros hermanos, por lo cuales hab&eacute;is renunciado a todo, por savarlos. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como digo con frecuencia, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad cristiana, por esperas y encuentros y navidades puramente paganas, puro consumismo, incluso en famil&iacute;as cristianas. Mirad la televisi&oacute;n y los guasad. Y como tantas veces repito en este tiempo de adviento: &ldquo;aunque sobren champan y turrones, si Cristo no nace en nuestro coraz&oacute;n por un aumento de fe y amor, todo habr&aacute; sido in&uacute;til. Es as&iacute; como lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&hellip; a nosotros&raquo;. ************************************************************** ADVIENTO CON MAR&Iacute;A: VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A Y COMO MAR&Iacute;A Queridas hermanas religiosas Carmelitas y Dominicas: Como sois mujeres y religiosas y este domingo tengo la gracia de celebrar en vuestros conventos el tercer domingo de adviento, vamos a meditar en la primera mujer que vivi&oacute; con plenitud el primer adviento de la historia, la espera y venida de la primera Navidad, para todo el pueblo cristiano, especiamente para vosotras, religiosas y v&iacute;rgenes entregada al Se&ntilde;or. Lo queremos hacer para vivir con la Virgen y como la Virgen el primer adviento de la historia vivido por una mujer como vosotras, por Mar&iacute;a, mujer y virgen como vosotras, y madres de gracia y salvaci&oacute;n para el mundo como ten&eacute;is que ser todas vosotras por vuestra vida de oraci&oacute;n, santidad y penitencia. Queridas hermanas Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos en todos los tiempos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Oremos en estos d&iacute;as ccon verdad e intensidad y pidamos al Se&ntilde;or que nos explique tanto amor como tuvo y tiene y que desgraciadamente hoy es poco valorado y reconocido por el mundo. Y aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace en la Navidad en nuestros corazones habr&aacute; sido un navidad in&uacute;til, descepcionante para Dios y nosotros. Pero de la necesidad de la oraci&oacute;n para celebrar la Navidad cristiana ya hablamos el domingo pasado. Hoy queremos reflexionar sobre el camino de la fe y certeza como Mar&iacute;a. &iquest;Por donde vendr&aacute; Cristo a cada uno de nosotros en esta y todas las navidades? 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; la Virgen a la propuesta de Dios por medio del &aacute;ngel y as&iacute; debemos responder siempre nosotros ante los mandatos y designios y proyectos de Dios en nuestras vidas. Mar&iacute;a expres&oacute; su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creyendo que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; con fe tuvo que superar dudas y dificultades, como nosotros tenemos que hacer muchas veces en nuestra vida. &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Y la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada, en el misterio que nac&iacute;a en ella. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros en nuestras vidas cuando haya cosas que no comprendemos, responder fi&aacute;ndonos de Dios m&aacute;s que de nosotros mismos. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de comprobarlas con nuestra raz&oacute;n y egoismo innato y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros mismos, de propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Hermanas, como Mar&iacute;a, tenemos que apoyarnos m&aacute;s en Dios y en su Palabra, que en nosotros mismos, aunque muchas veces no lo comprendamos. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero infinito en su ser, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando en nosotros acciones, pensamientos y defectos que le impidan nacer dentro de nuestras almas y que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Tenemos que creer que ese mismo hijo de Dios e hijo de Mar&iacute;a est&aacute; en el pan consagrado, en todos los sagrarios de la tierra y tenemos que adorarlo todos los d&iacute;as como ella en silencio y adoraci&oacute;n continua&hellip; o creemos o no creemos o creemos pero no le amamos y respetamos, tenemos que vivir en continuo di&aacute;logo de oraci&oacute;n y amor con este mismo Cristo Hijo de Dios y de Mar&iacute;a que loco de amor por nosotros primero se hizo hombre, carne humana y luego un trozo de pan&hellip; pero qu&eacute; locura&hellip; T&uacute; est&aacute;s loco, no puedes ser Dios&hellip; Nosotros tambi&eacute;n tenemos que estar locos de fe y amor por ti para vivir este gozo y para eso tenemos que dejar todos nuestros defectos y egoismos para vivir solo para ti en un convento, pero que lo hagamos de verdad, no solo externamente. Tenemos el ejemplo de Mar&iacute;a como modelo de amor total, Virgen, virgen y madre, amor total que por &Eacute;l acept&oacute; este camino. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijas religiosas, todos los cristianos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros y al mundo entero y ser&aacute; navidad aut&eacute;ntica, no solo de champan y turrones. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos pocas cosas nos ayuden a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente secularista, materialismo, desenfreno, persecuci&oacute;n clara y manifiesta a la Iglesia del gobierno y de los medios, Dios, el Evangelio no existen para ellos&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo y ahora resulta que est&aacute; vacio de todo, de amor, de familia, est&aacute; triste, porque le falta Dios. Este mundo, lo primero que necesita es fe, fe en Dios, en la Navidad, en su amor, en su Encarnaci&oacute;n por salvar al hombre, en la Navidad, en su nacimiento de amor todos los d&iacute;as en la Eucarist&iacute;a, En su amor de su presencia eucar&iacute;stica. Y esta es la raz&oacute;n de oraci&oacute;n y penitencia de vuestra vida de clausura. Por falta de este amor es por lo que no hay vocaciones, entregas de amor a El en el sacerdocio o en la vida consagrada. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as de adviento, a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como t&uacute;, Mar&iacute;a, con fe viva y despierta. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer en Dios, creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumplir&aacute;, todo tendr&eacute; sentido, todo nos preparar&aacute; la Navidad, para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotras almas. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros, religiosas y seglares, no le fallemos a Dios. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella.: &ldquo;He aqu&iacute;, la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su amor, en su salvaci&oacute;n, en su venida de amor a cada uno de nosotros. &ldquo;Y el Hijo de Dios se hizo hombre y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Y Jesucristo, Hijo de Dios y de Mar&iacute;a, vino, naci&oacute; y nos salv&oacute; y se qued&oacute; por amor a todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra y muchas, como vosotras, religiosas contemplativas, hab&eacute;is renunciado al mundo y a todo para vivir solo para &Eacute;l y la salvaci&oacute;n de todos los hombres, vuestros hermanos. Que los cristianos y la Iglesia entera seamos agradecidos a todos los conventos del mundo. ****************************************** QUERIDOS HERMANOS: Hoy es primer domingo de Adviento; Adviento significa espera; la iglesia, los cristianos esperamos el nacimiento de N.S. Jesucristo; y la Iglesia quiere que nos preparemos, que salgamos a esperarlo durante cuatro semanas para encontrarnos con &Eacute;l en la Navidad, en su nacimiento entre nosotros, que la liturgia lo hace presente. El evangelio de este domingo nos habla de una doble espera: de la espera de adviento para la fiesta de la navidad; es el tiempo de preparaci&oacute;n a la solemnidad de la Navidad, en la cual se conmemora la primera &laquo;venida&raquo; de Cristo, del Hijo de Dios; y por otra parte, el evangelio de este domingo mira y hace que nos preparemos para la segunda venida de Cristo, al final de los tiempos, que pr&aacute;cticamente para nosotros es el d&iacute;a de nuestra muerte, de nuestra partida a la eternidad con Dios; para ambas esperas, hay que prepararse por una vida la fe y la oraci&oacute;n, practicada por la Palabra meditada y los sacramentos recibidos y el cumplimiento de la mandamientos de Dios. Y as&iacute; ha de nacer Cristo en nosotros en cada Navidad; y para esto nos prepara el Adviento. Por eso quisiera empezar con una frase que repito muchas veces durante este tiempo: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no habr&aacute; Navidad cristiana, nacimiento de Cristo en nuestra vida; el Adviento no ha sido vivido y aprovechado, no ha habido encuentro de gracia y de fe en el Se&ntilde;or, no puede haber Navidad cristiana, de Cristo, en nosotros, ser&aacute; una fiesta pagana. Por eso os invito en este tiempo a rezar m&aacute;s, a venir m&aacute;s a la iglesia, todos los d&iacute;as hay misa por la ma&ntilde;ana y por la tarde, los jueves exponemos al Se&ntilde;or alg&uacute;n d&iacute;a en el adviento pod&eacute;is venir. Si no lo hacemos, no habr&aacute; servido para nada este tiempo, no habremos vivido el adviento cristiano. Y la Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y como tantas veces repetir&eacute; en este tiempo de adviento: &ldquo;aunque sobren champan y turrones, si Cristo no es acogido por fe y oraci&oacute;n personal, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, una navidad perdida en cristiano. Es as&iacute; como lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&hellip; a nosotros&raquo;. Actualmente, en este mundo que se aleja de la fe cristiana, los grandes medios de comunicaci&oacute;n, como digo con frecuencia, se empe&ntilde;an en sustituir la verdadera Navidad cristiana, de Cristo, por esperas y encuentros y navidades puramente humanas, y a veces, sencillamente paganas, puro consumismo. Mirad la televisi&oacute;n y los guasad. Y celebrar la Navidad en cristiano es la mejor forma de prepararnos para la segunda venida de Cristo al final de los tiempos de que nos habla el evangelio de hoy&hellip; y que es la &uacute;nica raz&oacute;n de la Navidad, de su venida a la tierra desde el cielo. Cristo vino no para hacer milagros ni dar de comer a las multitudes, Cristo vino para predicarnos que somos hijos de Dios, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que para eso muri&oacute; y resucit&oacute;&hellip; y as&iacute; lo cantan algunos villancicos de la Navidad. Por la venida de Cristo la muerte ha sido vencida&hellip;) ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: Comenzamos hoy el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, en que celebraremos los misterios m&aacute;s importantes de la vida de Cristo; y es l&oacute;gico que empecemos por el principio, esto es, prepar&aacute;ndonos para celebrar el nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, como Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen Mar&iacute;a, la Madre bella y hermosa, que, con su Concepci&oacute;n Inmaculada y alumbramiento, llen&oacute; el mundo de luz, de sentido y de esperanza. Como todos sab&eacute;is, este tiempo fuerte de la liturgia de la Iglesia se llama Adviento. Adviento viene de advenimiento y significa espera de una venida, salir al encuentro de alguien que viene: Jesucristo. Es la preparaci&oacute;n de la Navidad. 1.- Velando en oraci&oacute;n (1&ordf; Lectura), nos situamos, desde la fe, la esperanza y el amor, entre la celebraci&oacute;n de la primera venida del Se&ntilde;or, ya realizada, y la espera de su vuelta definitiva al final de los tiempos (Evangelio); pero no debe ser la nuestra una espera est&aacute;tica, de brazos cruzados, sino trabajando para que Cristo nazca en nosotros y en el mundo, esto es, trabajando para que el reino de Dios llegue ahora a todos los hombres: primero a nosotros, para que podamos luego transmitirlo por la palabra y el testimonio a los dem&aacute;s (2&ordf; Lectura y Evangelio). La Iglesia pone estas lecturas en este tiempo de Adviento, porque este tiempo fuerte de la Liturgia, por una parte, es el <ahora> de la Salvaci&oacute;n para nosotros, que lo actualizamos o hacemos presente prepar&aacute;ndonos para la Navidad; y por otra parte, con este recuerdo y preparaci&oacute;n, nos estamos preparando para la &uacute;ltima venida de Cristo, en la parus&iacute;a, al final de los tiempos. Por esta raz&oacute;n, el tiempo de Adviento, que abarca las cuatro semanas que preceden a la Navidad, se presenta en la Liturgia como tiempo de alegre esperanza, de preparaci&oacute;n vigilante y gozosa del Nacimiento de Cristo en el <ahora> de nuestra salvaci&oacute;n. De esta forma, nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos hist&oacute;ricos: el nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y la Parus&iacute;a o venida &uacute;ltima que lleva esta obra a su total cumplimiento, a la raz&oacute;n &uacute;ltima de la Encarnaci&oacute;n. Este pensamiento lo refleja perfectamente la oraci&oacute;n colecta, que hemos rezamos en esta misa: &laquo;Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompa&ntilde;ado de las buenas obras, para que, colocados un d&iacute;a a su derecha, merezcamos poseer el reino eterno&raquo;. Y lo complementa la oraci&oacute;n que rezaremos despu&eacute;s de la comuni&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, que fructifique en nosotros la celebraci&oacute;n de estos sacramentos, con los que t&uacute; nos ense&ntilde;as, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro coraz&oacute;n&raquo; (Misal Romano). 2.- Este tiempo de Adviento que hoy comenzamos nos habla precisamente de esta primera espera del Se&ntilde;or preparada no siempre con esperanza cierta y vigilancia constante por el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento; en esta espera van a insistir todas las primeras Lecturas de estos domingos, que son de los Profetas del Israel. Ellos se esforzaron por mantener aquel profundo deseo y anhelo de Dios en el pueblo de la promesa durante siglos. Por eso la Liturgia de estos domingos reserva la primera lectura para ellos. 3.- Pero el Se&ntilde;or ya vino. El Mes&iacute;as, Jesucristo ya no puede ser esperado de la misma forma que entonces, porque desde hace veinti&uacute;n siglos se han convertido en realidad hist&oacute;rica su Encarnaci&oacute;n y Nacimiento en Bel&eacute;n de Jud&aacute;. Ha venido ya el Salvador, que eso significa su mismo nombre, Jes&uacute;s, y en &Eacute;l se han colmado las esperanzas del Antiguo Testamento y se han abierto las puertas del Nuevo Testamento., Para que esto pueda ser realidad santificadora hoy, en el <ahora> de nuestra historia personal y comunitaria, esta venida de Cristo debe hacerse presente en el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros, por medio de la Eucarist&iacute;a que estamos celebrando y que actualiza todos sus misterios, especialmente el de su venida salvadora, porque la Eucarist&iacute;a es una Encarnaci&oacute;n continuada, que hace presente todos los misterios de su vida y colma las esperanzas de todos los hombres de todos los tiempos. En esta perspectivas deben ser actualizados y vividos todos los misterios de Cristo y deben ser escuchadas y meditadas todas las Palabras de ambos Testamentos, especialmente las Lecturas de este tiempo de Adviento. De ah&iacute; esa verdad sencilla pero con contenido teol&oacute;gico y lit&uacute;rgico aut&eacute;ntico, que repito estos d&iacute;as a modo de estribillo para despertar de posibles rutinas navide&ntilde;as: Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en tu coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, no ser&aacute; ni habr&aacute; navidad cristiana en tu vida. 4.- Podemos comprobar un poco la vivencia de nuestro Adviento personal de Cristo, haci&eacute;ndonos una pregunta: &iquest;Os producir&iacute;a alegr&iacute;a escuchar la noticia de que Cristo ha vuelto a la tierra? Hace algunos a&ntilde;os se hizo una encuesta entre los directores de diarios de los Estados Unidos sobre qu&eacute; les gustar&iacute;a anunciar en la primera p&aacute;gina de sus peri&oacute;dicos. Entre varias noticias interesantes de algunos colegas, el director del <Vindicator>, diario de una peque&ntilde;a localidad, contest&oacute; que le gustar&iacute;a poner como portada de su peri&oacute;dico: &ldquo;Cristo ha vuelto a la tierra&rdquo;. Buena noticia. Pues bien, y para vosotros que me escuch&aacute;is &iquest;ser&iacute;a buena noticia? &iquest;Lo ser&iacute;a para la mayor&iacute;a de los que se llaman cristianos hoy d&iacute;a? &iquest;Decepcionar&iacute;an a Cristo nuestras respuestas? &iquest;Nos preparamos cristianamente, con la oraci&oacute;n, la caridad, con misas y comuniones fervorosas&hellip; a su venida en la Navidad? &iquest;Estamos m&aacute;s preocupados por comidas familiares, turrones, regalos&hellip; que por preparar nuestro coraz&oacute;n y el de nuestros hijos o hermanos en la fe para Cristo? &iquest;La venida de Cristo en la Navidad nos llena de alegr&iacute;a porque vamos a tratar de que aumente su presencia en nosotros por una fe, esperanza y amor m&aacute;s verdaderos y profundos, con largos ratos de contemplaci&oacute;n del misterio y obras de caridad? 5.- Yo deseo y espero que nuestras respuestas no sean de pasotismo o negativas; yo quiero que todos nos alegremos con esta noticia que os doy hoy en este primer domingo de Adviento: &laquo;Cristo vuelve a la tierra&raquo;. Y esta noticia se va a hacer realidad en esta Eucarist&iacute;a, que hace presente todo el misterio de Cristo entero y completo, desde que nace hasta que sube a los cielos, al Cristo Ni&ntilde;o y tambi&eacute;n Glorioso que viene en su &uacute;ltima venida: todo se hace presente en la Eucarist&iacute;a. Por eso, aunque sea verdad, que si Cristo naciese mil veces, pero si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til, eso no va a ocurrir entre nosotros, los presentes, porque vamos a ser testigos fervorosos y agradecidos del nacimiento de Cristo en nosotros en esta Eucarist&iacute;a plenamente participada por una comuni&oacute;n eucar&iacute;stica fervorosas: que vamos a vivir luego esta semana, dedicando un poco m&aacute;s de tiempo y perseverancia a nuestra oraci&oacute;n con &Eacute;l; vamos a tratar de vivirla siendo m&aacute;s caritativos y humildes como esposos, como hijos, como profesionales; vamos a perdonar a los que nos han ofendido y no hablar mal de ellos, para que nuestro coraz&oacute;n est&eacute; limpio de suciedades y Cristo pueda nacer en &eacute;l; vamos a prepararnos y vivir as&iacute; nuestro adviento y espera de Cristo, que quiere nacer y hacerse m&aacute;s plenamente presente en nuestras vidas. Y as&iacute; ser&aacute; Navidad en cada uno de nosotros. Se&ntilde;or, quiero comprender el amor extremo que encierra tu Eucarist&iacute;a, que es como una Navidad continua, tu entrega y tu sacrificio por m&iacute;, por mi salvaci&oacute;n; quiero saber por qu&eacute; me amas tanto y deseas ser mi alimento de vida evang&eacute;lica y cristiana; por qu&eacute; permaneces en el sagrario en amistad eternamente ofrecida a todos los hombres; quiero saber todos estos misterios que encierra la Eucarist&iacute;a, como Navidad continuada y permanente, para que nosotros seamos testigos de tu amor. El mismo amor, que te movi&oacute; a venir en busca del hombre y encarnarte en una humanidad como la nuestra para salvarnos, es el que te mueve ahora a &ldquo;encarnarte&rdquo; en un poco de pan. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da? Lo que importa es el amor que te hace venir hasta m&iacute;. Me alegro de tu Nacimiento y quiero celebrarlo en lo m&aacute;s profundo de mi ser y de mi coraz&oacute;n. Todo para Ti. Te amo, Se&ntilde;or, T&uacute; me has convencido totalmente de que me quieres y me amas locamente por tu nacimiento, por todo el amor que encierra y me demuestras, haci&eacute;ndote hombre para encontrarme. 6.- &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer para que Cristo nazca plenamente en mi vida, en mi coraz&oacute;n? San Pablo, en la segunda Lectura, nos dice precisamente qu&eacute; debemos hacer para esto: a) despojarse de las obras de las tinieblas, es decir, del yo y del pecado en todas sus formas; b) vestirse de las armas de la luz, es decir, vestirse, practicar las virtudes, especialmente las teologales de fe, esperanza y caridad, esto es, vivir en concreto lo que hemos pedido en la oraci&oacute;n colecta: &laquo;Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompa&ntilde;ado de las buenas obras&hellip;&raquo; *************************************** PENT&Aacute;LOGO DEL ADVIENTO Vivimos en una sociedad que ha asesinado el Adviento. Tras orar junto a la tumba de nuestros difuntos en el mes de noviembre, regresamos del cementerio y nos topamos con unas calles vestidas totalmente de Navidad. Es un cambio vertiginoso que impide cualquier preparaci&oacute;n psicol&oacute;gica o espiritual. Sin embargo, la sabidur&iacute;a multisecular de la Iglesia sigue convocando a los cristianos a situarse en Adviento; a vivir este tiempo de cuatro semanas como preparaci&oacute;n a las pr&oacute;ximas y solemnes fiestas de la Natividad o Nacimiento de Jesucristo. Para redescubrir personal y comunitariamente este hermoso tiempo lit&uacute;rgico, subrayo cinco acentos, a modo de pent&aacute;logo: 1.- Esperanza. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; cerca&rdquo; (Flp 4,5) Adviento es tiempo de espera. La vida del hombre es un continuo peregrinar a trav&eacute;s del tiempo, -que es historia de salvaci&oacute;n-, hasta encontrar el &uacute;ltimo descanso en Dios. As&iacute; lo afirmaba san Agust&iacute;n con aquellas palabras que invitan a convertir el tiempo de la vida en un camino esperanzado hacia la plena felicidad: el d&iacute;a octavo seremos finalmente nosotros mismos. El d&iacute;a octavo es el encuentro definitivo con Cristo y la plenitud del hombre, que vuelve al seno del que ha salido. La primera parte del Adviento recuerda esta tensi&oacute;n de toda la historia de la salvaci&oacute;n hacia su meta, y celebra la segunda venida de Cristo al final de los tiempos: el adviento escatol&oacute;gico. A partir del 17 de diciembre los textos de la liturgia se centran en la primera venida de Cristo: el adviento natalicio, se&ntilde;alado por las ant&iacute;fonas &ldquo;Oh&rdquo; de las II v&iacute;speras de cada d&iacute;a. En ambas partes, el cristiano vive la llegada del Se&ntilde;or en actitud de espera esperanzada. Es una espera vigilante, atenta a las se&ntilde;ales del Se&ntilde;or, que llega. Este es el grito orante de las I v&iacute;speras en la &ldquo;noche-nueva&rdquo; dominical con la que inicia el santo Adviento. Es una espera paciente, como Dios lo es con nosotros. La paciencia divina siempre espera el momento de cada uno y ofrece una oportunidad porque Dios &ldquo;no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan&rdquo; (2 P 3,9). Es una espera comunitaria, eclesial, porque esperamos juntos la venida del Se&ntilde;or; mejor dicho, m&aacute;s que esperar nosotros, es el Se&ntilde;or el que lleva esper&aacute;ndonos dos mil a&ntilde;os. 2.- Conversi&oacute;n. &ldquo;Convert&iacute;os&hellip;preparad el camino del Se&ntilde;or &rdquo; ( Mt 3,1.3 ) Adviento es tiempo de conversi&oacute;n. Juan el Bautista aparece como el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de los antiguos profetas, que a lo largo de siglos anunciaron y mantuvieron la esperanza de Israel. Es el profeta del Alt&iacute;simo, m&aacute;s grande que profeta, porque conoce anticipadamente el momento designado por de Dios para la llegada del Mes&iacute;as. Es el &ldquo;pr&oacute;dromos&rdquo;, es decir, el inmediato precursor, que anuncia la presencia del Mes&iacute;as en medio de su pueblo. Como conocedor del misterio mesi&aacute;nico, predica la conversi&oacute;n en el desierto, ofrece el bautismo para limpiar los pecados y prepararse a la inmediata llegada del Reino de Dios. Invita a preparar y reparar el camino del Se&ntilde;or: enderezar el camino extraviado, limar asperezas&hellip; para que no haya ning&uacute;n obst&aacute;culo ni barrera que dificulte la llegada del Mes&iacute;as. No hay que detenerse en la figura y personalidad de Juan, sino en el contenido y urgencia de su mensaje. Lo primero es expresi&oacute;n de lo segundo. La conversi&oacute;n es la mejor forma de prepararnos y reparar el coraz&oacute;n humano cerrado, tantas veces, a la llegada de Dios y de los hermanos. 3.- Alegr&iacute;a: &ldquo;Estad siempre alegres en el Se&ntilde;or&rdquo; (Flp 4,4) Adviento es tiempo de alegr&iacute;a. Se trata de la alegr&iacute;a previa a la venida del Se&ntilde;or; no la alegr&iacute;a subsiguiente. Es la alegr&iacute;a de las v&iacute;speras, de los buenos y deseados acontecimientos, mezclada con espera y expectaci&oacute;n; la alegr&iacute;a de los preparativos emocionados que no cansan; la alegr&iacute;a previsora que nos despierta y nos mantiene vigilantes, pensando en el acontecimiento futuro. As&iacute; aparece el tercer domingo, denominado Gaudete, -por ser esta la primera palabra latina de la misa de este d&iacute;a-, que presiente cercana la fiesta de Navidad, y anticipa como resplandor del misterio navide&ntilde;o la alegr&iacute;a jubilar por el Nacimiento de Cristo. Se repite tambi&eacute;n en la proclamaci&oacute;n del texto de Filipenses: Estad siempre alegres en el Se&ntilde;or; os lo repito, estad alegres. El Se&ntilde;or est&aacute; cerca. El Adviento nos prepara para llegar a la meta del camino con una nota caracter&iacute;stica del cristiano: la alegr&iacute;a. Cuando se celebr&oacute; el a&ntilde;o santo de 1975, pidieron un documento jubilar a Pablo VI, que tanto hab&iacute;a sufrido por la Iglesia y que conoc&iacute;a muy bien el coraz&oacute;n moderno de la humanidad, y public&oacute; la exhortaci&oacute;n Gaudete in Domino ("Alegraos en el Se&ntilde;or") para hablar de la alegr&iacute;a como nota evang&eacute;lica del cristiano y un apostolado que hacer en esta sociedad. 4.- Mar&iacute;a. &ldquo;La virgen concebir&aacute;&rdquo; (Is 7,14) Adviento es el tiempo mariano por excelencia. Con Mar&iacute;a y como Mar&iacute;a esperamos la venida del Se&ntilde;or. En este tiempo celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n como triunfo de la gracia divina sobre el pecado humano. Ella es la &ldquo;sin pecado concebida&rdquo;, &ldquo;la llena de gracia&rdquo;, porque Dios la preserv&oacute; del pecado inherente a la humanidad pecadora, necesitada de salvaci&oacute;n. Se turb&oacute; ante las sorprendentes noticias anunciadas por el &aacute;ngel Gabriel porque compromet&iacute;an el futuro de su propia historia personal. Pero era la elegida por el Padre para ser la madre de su Hijo. Y ante esa misi&oacute;n, se fi&oacute; de Dios, confi&oacute; en El y afront&oacute; su misi&oacute;n con fe. Por eso, nos alienta a saber esperar incluso en la adversidad. El Adviento descubre nuestros miedos y dudas paralizantes. Pero a pesar de las contrariedades inevitables de la vida, la fe nos invita a confiar en Dios, a no temer y a saber esperar el momento de Dios, sin evadirnos de nuestra responsabilidad en el presente. La Iglesia espera la venida del Se&ntilde;or junto a Mar&iacute;a. Ella es ejemplo y modelo de la Iglesia que peregrina, cada a&ntilde;o y siempre, para conmemorar y revivir el misterio de la Natividad del Se&ntilde;or. 5. &ndash; Salvaci&oacute;n. &ldquo;El desierto florecer&aacute;&rdquo; (Is 35,1) Adviento es tiempo de salvaci&oacute;n. Isa&iacute;as habla a un pueblo dominado por la oscuridad de un destierro violento, y con una gran dosis de sufrimiento interno y externo. La voz luminosa de Isa&iacute;as profetiza la venida esperanzadora del Mes&iacute;as, que provocar&aacute; signos extraordinarios y quebrantar&aacute; incluso las leyes estables de la naturaleza: los ojos del ciego se abrir&aacute;n&hellip; los cojos saltar&aacute;n&hellip; el desierto florecer&aacute;. &iexcl;Qu&eacute; hermosa met&aacute;fora! El yermo, el desierto o la estepa son signo de esterilidad. La venida del Salvador manifiesta la gloria y el poder de Dios, que transformar&aacute; el mundo conocido y salvar&aacute; a la humanidad. Isa&iacute;as es consciente del amor que Dios tiene al pueblo elegido. Se convierte en heraldo divino para hablar a un pueblo desconsolado y anunciarle el consuelo de Dios en medio de la desgracia. Isa&iacute;as consuela al pueblo, conf&iacute;a en Dios y espera. La voz de los profetas no se dirige exclusivamente a Israel, sino al universo entero. El anuncio del advenimiento de Cristo no se circunscribe al pueblo jud&iacute;o o al mundo cristiano, sino que se abre a toda la humanidad pasada, presente y futura. Dios ofrece su salvaci&oacute;n a toda la humanidad: &ldquo;y todos ver&aacute;n la salvaci&oacute;n de Dios&rdquo; (Lc 3,6). Cristo es el Esperado de los tiempos, el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios enviado al mundo para salvar al mundo. Celebrar el Adviento supone para el cristiano una intensa experiencia espiritual de conversi&oacute;n constante, de esperanza paciente, de consuelo caritativo, de alegr&iacute;a universal, porque Dios no abandona a la humanidad creada, sino que le env&iacute;a al &uacute;nico posible Salvador del hombre, nacido de las entra&ntilde;as pur&iacute;simas de Mar&iacute;a. &iexcl;Se&ntilde;or, ven pronto! Te necesitamos. Marana tha! ***************************************** SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 40, 1-5. 9-11. Exiliado largo tiempo Israel perd&iacute;a la esperanza de volver a su tierra y la tentaci&oacute;n de asentarse en Babilonia parec&iacute;a inevitable. Dios env&iacute;a un profeta al pueblo en el destierro, con un mensaje de consuelo y alegr&iacute;a: el castigo por el pecado termina ya, el crimen ha sido pagado con creces. Va a comenzar la vuelta del destierro. Ser&aacute; un nuevo &eacute;xodo, m&aacute;s glorioso a&uacute;n que el primero. Ahora bien, el pueblo ha de ponerse en movimiento, no puede quedarse de brazos cruzados; el pueblo ha de liberarse de cuanto lo atenaza y salir a preparar el camino de su Dios: &ldquo;Una voz grita: en el desierto prepararle un camino al Se&ntilde;or; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen; que lo torcido se enderece y los escabroso se iguale&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 2 Pedro 3, 8-14. Toda la segunda carta de San Pedro est&aacute; centrada en el tema del retorno de Cristo y las circunstancias que acompa&ntilde;ar&aacute;n este acontecimiento misterioso y trascendental. Los cristianos de la primera edad esperaban estar presentes cuando sonase la trompeta de su retorno. San Pedro les recuerda que Dios est&aacute; muy por encima de las categor&iacute;a humanas del tiempo. Lo importante es cuando venga nos encuentre en paz. Por eso no podemos intranquilizarnos por su aparente silencio; ni tampoco querer apresurar su venida. El d&iacute;a del Se&ntilde;or llegar&aacute;: &ldquo;No perd&aacute;is de vista una cosa: para el Se&ntilde;or un d&iacute;a es como mil a&ntilde;os para nosotros&hellip;El Se&ntilde;or no tarda en cumplir sus promesas&hellip;Por tanto, hermanos, mientras esper&aacute;is estos acontecimiento, procurad que Dios os encuentre en paz con &Eacute;l, inmaculado e irreprochables&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 1, 1-8. HOMILIA Y RETIRO ESPIRITUAL QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo;. As&iacute; inicia San Marcos su Evangelio, que vamos a meditar durante todo este a&ntilde;o lit&uacute;rgico; &eacute;ste es el t&iacute;tulo que quiere dar a todo lo que va a escribir a continuaci&oacute;n y que a la vez se convierte en la s&iacute;ntesis m&aacute;s clara y concisa del mismo. Para San Marcos evangelio, en griego <euangelion>, es y significa <buena noticia> y esta buena noticia no es una cosa o verdad o noticia sino una persona: Jesucristo. San Marcos es el &uacute;nico de los cuatro evangelistas que abre su narraci&oacute;n con la predicaci&oacute;n del Bautista en el desierto. La presencia de Juan el Bautista en su evangelio es sint&eacute;tica y est&aacute; al servicio del objetivo b&aacute;sico. Como hemos dicho, para Marcos el evangelio es la persona de Jesucristo y parece que tiene prisa para llegar a &Eacute;l, pasando por alto su infancia, a diferencia de Mateo y Lucas. 1.- &ldquo;Est&aacute; escrito en el Profeta Isa&iacute;as: Yo env&iacute;o mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Se&ntilde;or, allanad sus senderos&rdquo;. Vemos c&oacute;mo en la persona de Juan empiezan a verificarse las antiguas profec&iacute;as. &Eacute;sta, en concreto, la leemos en la profec&iacute;a de Isa&iacute;as, en la primera Lectura. Como el desierto fue el camino de liberaci&oacute;n para Israel, hay que preparar ahora tambi&eacute;n en el desierto un camino al Se&ntilde;or que viene con gloria a liberar definitivamente a su pueblo. La profec&iacute;a alcanz&oacute; su plenitud en Jes&uacute;s, el Ungido, a quien el Bautista anuncia ya presente. Vemos c&oacute;mo una vez m&aacute;s desierto y camino son conceptos b&iacute;blicos m&aacute;s que geogr&aacute;ficos. El desierto es el lugar de las grandes teofan&iacute;as y encuentros con Dios, y el camino significa el sentido y la direcci&oacute;n moral y espiritual de nuestro caminar en la vida. En este tiempo de oto&ntilde;o avanzado, cuando las hojas se caen en colores variopintos de los &aacute;rboles y los p&aacute;jaros empiezan a emigrar, viene Juan con su voz tonante a preparar todos los a&ntilde;os el camino del Se&ntilde;or que viene a nosotros: &ldquo;Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonase sus pecados y &eacute;l los bautizaba en el Jord&aacute;n&rdquo;. Toda la vida de Juan estuvo determinada por esta misi&oacute;n que Dios le hab&iacute;a confiado. Esta era su vocaci&oacute;n: tendr&aacute; que preparar a Jes&uacute;s un pueblo capaz de recibir al enviado de Dios y el reino de Dios, dando p&uacute;blicamente testimonio de Jes&uacute;s. No parte de &eacute;l la iniciativa, sino de Dios y sabe hasta donde le puede llevar ser profeta verdadero de Dios. Pero esto no le hace cambiar en su misi&oacute;n ni enmudecer. &Eacute;l realizar&aacute; cumplidamente su cometido hasta dar la vida por la misi&oacute;n recibida. He aqu&iacute; un ejemplo y un testimonio claro y manifiesto para todos nosotros, cristianos del siglo XXI, y para todos los sacerdotes de todos los tiempos, enviados a dar la buena noticia de Jes&uacute;s, a veces en un mundo pagano e ignorante de los designios divinos. Debemos de preparar los caminos que llevan a nuestros hermanos los hombres hasta Cristo. Los padres deben ser los primeros educadores de la fe de sus hijos. De ellos deben aprender a rezar y a venir a la asamblea eucar&iacute;stica. Los ni&ntilde;os que se preparan en mi parroquia para la primera comuni&oacute;n repiten con frecuencia en voz alta para que los oigan sus padres en misa: &laquo;Si tenemos padres cristianos, no necesitamos ni curas&raquo;. Y de esto estamos convencidos todos los sacerdotes del mundo. Si un padre no reza, si un padre no viene a misa, los hijos tampoco lo har&aacute;n, sencillamente porque para un ni&ntilde;o, sus padres son modelo, los que m&aacute;s los quieren y le proporcionan todo lo necesario para la vida; por eso, si su padre no reza, no es religioso, Dios, la religi&oacute;n, la primera comuni&oacute;n vale poco, porque sus padres, que son lo que m&aacute;s los quieren y le dan todo lo necesario, no les hablan de Dios, ni rezan ni comulgan como s&iacute; lo hacen con las clases del colegio, con el ingl&eacute;s, el deporte. La mejor forma de ser profetas de Cristo, de anunciarle y preparar sus caminos en nuestro mundo es dar un buen testimonio de vida cristiana y familiar. En esta Navidad vamos a ser buenos precursores de Cristo en nuestro ambiente y familia, dando buen testimonio de fe, esperanza y amor cristianos. Vamos a defender la Navidad cristiana, vamos a hablar claramente de que Dios nace entre los hombres porque sigue amando a los hombres de hoy; vamos a luchar para que no se pierda el sentido cristiano con tanta navidad pagana, sin Cristo, con muchos turrones y champ&aacute;n pero sin fe y amor sincero a Jesucristo que viene a nosotros. Debemos ser precursores y profetas de Cristo, como Juan, ante nuestra familia, amigos y compa&ntilde;eros de trabajo, con palabras, testimonio de vida y la oraci&oacute;n por ellos. Nuestra tarea, como la de Juan, en este Adviento, es preparar el camino del Se&ntilde;or para que muchos, que est&aacute;n indiferentes, alejados o despistados, se encuentren con el Se&ntilde;or. Seamos profetas de Cristo como Juan, sin miedo, sin complejos ni cobard&iacute;as. 2.- &ldquo;Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados&rdquo;. Este mensaje de Juan sigue siendo actual&iacute;simo en nuestra sociedad actual. Porque todos percibimos que este mundo nuestro ha cambiado much&iacute;simo en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, y no precisamente a mejor en relaci&oacute;n con Cristo y su evangelio, con el concepto cristiano de matrimonio y familia para siempre, con el respeto a la vida tanto al comienzo como al final: hay muchas separaciones, divorcios, abortos, eutanasias, uniones homosexuales... El auge de la increencia, fen&oacute;meno caracterizado no tanto por un sistema de pensamiento cuanto por una mentalidad y unas actitudes de pragmatismo consumista, antes por la mentalidad materialista ahora desde la misma vida materializada por su estilo superficial de disfrute inmediato sin trabas de moral y de religi&oacute;n alguna, sin mirada trascendente a preguntas y respuestas &uacute;ltimas, consecuencia de todos esos desencantos que proclama la postmodernidad, todo esto ha hecho la no necesidad de Dios, a quien por otra parte tampoco se le echa en falta, a la hora de orientar la vida ordinaria, porque &eacute;sta funciona con criterios m&aacute;s simples para los que basta vivir instalados en la finitud como en la propia piel y disfrutar lo m&aacute;s que se pueda del presente, porque son dos d&iacute;as, haciendo lo que me apetece, sin importarme los dem&aacute;s&hellip; As&iacute; vive especialmente nuestra juventud. Y esta es la atm&oacute;sfera que se respira en los laboratorios actuales de la cultura: La ley de educaci&oacute;n actual, potencializada por una televisi&oacute;n pansensual y unos medios superficiales, ha transformada a Espa&ntilde;a en un laicismo militante, en una Espa&ntilde;a m&aacute;s vac&iacute;a de contenidos trascendentes y eternos, m&aacute;s tristes, con matrimonios mas tristes, sin seguridad en el amor y familias m&aacute;s tristes y vac&iacute;as, que lo tienen todo, pero les falta todo, porque les falta Dios. Y ese laicismo se va manifestando cada vez m&aacute;s como una persecuci&oacute;n descarada y abierta a todo lo religioso. Y me encuentro ya con j&oacute;venes en la calle, que, al verme con cleryman y saber que soy sacerdote, empiezan a hacerme p&uacute;blicamente mofa, ri&eacute;ndose de lo religioso que represento e incluso blasfemando p&uacute;blicamente de Dios en mi presencia. Hasta ah&iacute; les est&aacute; llevando la falta de valores puramente humanos y morales de una educaci&oacute;n vac&iacute;a y t&eacute;cnica. 3.- Nosotros debemos escuchar la voz de Juan que todos los Advientos nos invita a preparar los caminos del Se&ntilde;or mediante la conversi&oacute;n: a) Conversi&oacute;n del alma: En pecado mortal no se puede celebrar la Navidad cristiana. Ser&aacute; una Navidad pagana. No podemos celebrar la Navidad con turrones y villancicos y luego el Se&ntilde;or tiene que nacer fuera de nosotros porque nuestra alma est&aacute; tan llena de cosas y cosas que no cabe &Eacute;l, que no hay tiempo ni amor para &Eacute;l, o tal vez ocupada desde hace tiempo por los pecados, que no confesamos y nos impiden comulgar, alimentarnos de su cuerpo y sangre para vivir en cristiano. La mejor forma de celebrar la Navidad cristiana es comulgando, haciendo morada y nacimiento a Cristo dentro de nosotros. Toda la familia debe recibir sacramentalmente a Cristo en estos d&iacute;as. Es el signo y la forma mejor de celebrar la Navidad, recibiendo a Cristo en nosotros. Y para eso, confesemos humildemente nuestros pecados, porque viene precisamente nuestro Salvador y &eacute;sta es la mejor forma que tiene de salvarnos, limpiando nuestro coraz&oacute;n. &Eacute;sta es la mejor forma de celebrar la Navidad cristiana: con Cristo en el alma. Preparemos la cuna dentro de nosotros. b) Conversi&oacute;n del coraz&oacute;n. Porque son fiestas del amor de Dios a los hombres: amor loco y apasionado del Padre que nos lo env&iacute;a; del Hijo que viene lleno de amor al hombre para salvarlo; y del Esp&iacute;ritu Santo que lo realiza con su potencia de Amor infinito y Personal en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad, donde se decide este proyecto de amor, en Consejo Trinitario, y luego, en el tiempo, con su poder infinito, en el seno de la Virgen nazarena, madre del Verbo Encarnado. La mejor preparaci&oacute;n para la Navidad, fiesta del amor divino, es poner al d&iacute;a nuestra caridad con Dios y con los hermanos. El amor a Dios pasa por el amor a los hombres. Son d&iacute;as de olvidar, perdonar, ayudar, visitar a enfermos y ancianos, de hacer obras de caridad. En estos d&iacute;as hay que poner m&aacute;s cuidado en todo esto. Hay que tener entra&ntilde;as de cercan&iacute;a, de amor y misericordia, como Dios con nosotros en la Navidad. M&aacute;s tolerancia y comprensi&oacute;n en estos d&iacute;as. Siempre hay que amar, pero la Navidad exige esta conversi&oacute;n al amor, porque por aqu&iacute;, por esta vereda vendr&aacute; ciertamente el Se&ntilde;or. Hay que hacer obras concretas de caridad con la familia y con los pobres, enfermos, necesitados de todo tipo. Una verdadera conversi&oacute;n de coraz&oacute;n. c) Conversi&oacute;n de la mente. Convertir nuestros criterios a los de Cristo, a los del evangelio: &ldquo;Acud&iacute;a la gente de Judea y de Jerusal&eacute;n, confesaban sus pecados y &eacute;l los bautizaba en el Jord&aacute;n. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre&rdquo;. Necesitamos nuevamente la voz de Juan el Bautista que predique un bautismo de penitencia en un mundo donde los p&aacute;rrocos y los catequistas nos las vemos y deseamos para hacer cre&iacute;ble el evangelio a los ni&ntilde;os y a los mayores, que por la tarde comulgan con Cristo en nuestras reuniones o misas y catequesis, y nada m&aacute;s salir de estos centros se encuentran con una prensa, televisi&oacute;n, ambiente y dem&aacute;s totalmente paganizados, a veces en sus mismos hogares, y comulgan con el paganismo y la increencia; j&oacute;venes que un d&iacute;a de Pentecost&eacute;s se confirman en la fe y otro d&iacute;a andan pregonando y confirmando que lo &uacute;nico que les importa es disfrutar sin normas ni trabas de ning&uacute;n g&eacute;nero. Juan el Bautista, una vez m&aacute;s, en este tiempo de adviento, con su figura austera, aliment&aacute;ndose de ra&iacute;ces y miel silvestre, con voz ronca y tonante, invitando a la conversi&oacute;n y al arrepentimiento de ego&iacute;smos y consumismos, nos produce la impresi&oacute;n de un hombre entero, de una sola pieza, traspasado por la verdad y el amor de Dios hasta los tu&eacute;tanos de sus huesos, hombre de Dios libre de esclavitudes consumistas, libre ante el dinero, libre ante el poder pol&iacute;tico y religioso, libre ante el honor y la misma vida por ser fiel a la verdad. Me encanta y me seduce este hombre. Qu&eacute; pocos encontramos as&iacute; en la misma Iglesia de Cristo, -- y no s&oacute;lo en la parte baja sino en la parte alta de la Iglesia --, hombres convencidos, perseverantes, sin doblegarse por los acontecimientos y las presiones favorables o desfavorables. Invoquemos hoy a San Juan Bautista, pidamos para la Iglesia de Cristo su presencia de testimonio entre nosotros y que nos lleve a vivir nuestra fe y a dar testimonio de la verdad de Cristo con su misma valent&iacute;a y totalidad. 4.- &ldquo;Y proclamaba: Detr&aacute;s de m&iacute; viene el que puede m&aacute;s que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero &Eacute;l os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Y aqu&iacute; viene otra gran paradoja de estos tiempos actuales. Junto al fen&oacute;meno de la increencia, se est&aacute; produciendo en la sociedad el fen&oacute;meno parad&oacute;jico de los nuevos cultos y las nuevas creencias. Apoyados en los poderosos medios de la propaganda enga&ntilde;osa y f&aacute;cil, basta tener dinero, surgen nuevas creencias, cultos, nueva era, nuevos fen&oacute;menos religiosos, quiz&aacute; como nostalgia de la verdadera dimensi&oacute;n religiosa perdida. Lo cierto es que cuando el hombre moderno hab&iacute;a secularizado su vida, curiosamente la sociedad actual ofrece un gran supermercado de dioses de toda especie y para todos los gustos &ndash; dioses y religiones a la carta- muy bien surtidos y en buenas condiciones de pr&aacute;cticas. Es el consumismo que ha entrado tambi&eacute;n en la esfera religiosa: ritos negros, azules, s&aacute;dicos, demon&iacute;acos, hor&oacute;scopos, amuletos, brujas, tarot, espiritismo, magias, adivinos, videntes&hellip;. Esto es malo por una parte; pero por otra nos demuestra que hombre, la sociedad, no pueden vivir sin religi&oacute;n, y si la sociedad es pagana, al Dios verdadero, que exige el culto de sus criaturas, la adoraci&oacute;n de su voluntad y el cumplimiento de unos preceptos, se le sustituye por los &iacute;dolos que nos sirven a nuestros instintos y desenfrenos, que m&aacute;s que servirlos, nos servimos de ellos o ellos nos sirven para nuestros ego&iacute;smos y desenfrenos. Ya lo advert&iacute;a Chesterton y no olvidemos nunca esta afirmaci&oacute;n: &ldquo;Desde que los hombres ha dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada; es que creen en todo&rdquo;. Y esto mismo Bernanos lo dec&iacute;a de otra forma: &ldquo;Un sacerdote menos, mil pitonisas m&aacute;s&rdquo;. Juan el Bautista se mantiene siempre fiel al que le ha enviado; predica una fe y una religi&oacute;n dura, antip&aacute;tica, exigente, sabiendo que muchos la rechazar&aacute;n; pero el no vive para el aplauso y el voto, como los pol&iacute;ticos, &eacute;l vive para preparar los caminos del Se&ntilde;or, de este Cristo que luego predicar&aacute;: &ldquo;Si alguno quiere ser mi disc&iacute;pulo, ni&eacute;guese a s&iacute; mismo, tome su cruz y me siga&rdquo;. Los dos murieron por predicar la verdad de Dios y del hombre, como han muertos tantos por predicar la verdad y echar en cara a los hombres tanta falta de amor a Dios y a los hombres, tanta mediocridad, tantas esclavitudes en el seguimiento de los propios instintos, pasiones, inclinaciones de pecado y consumismos sin amor. 5.- Juan predicaba a orillas del Jord&aacute;n la conversi&oacute;n de los pecados para poder recibir &ldquo;al que viene despu&eacute;s de m&iacute;&hellip; &Eacute;l os bautizar&aacute; en Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Esta conversi&oacute;n consiste en un cambio radical de criterios y mentalidad, de actitudes internas y de comportamientos externos seg&uacute;n la moral evang&eacute;lica. Y la finalidad de esta conversi&oacute;n tan profunda es poder recibir al Se&ntilde;or en nuestro coraz&oacute;n, porque si seguimos llenos de nuestro yo y de nuestros ego&iacute;smos, no cabe Cristo en nosotros. Por eso, Juan el Bautista nos pide que preparemos bien nuestro coraz&oacute;n de donde nacen los comportamientos y las actitudes para hacer camino al Se&ntilde;or que ya viene; para eso nos pide que renovemos la fe y la conversi&oacute;n prometida en nuestro bautismo para el perd&oacute;n de nuestros pecados que impiden el nacimiento del Se&ntilde;or en nosotros. Juan era consciente que el bautismo que &eacute;l administraba en el desierto no es m&aacute;s que un signo provisional del nuevo bautismo en el Esp&iacute;ritu Santo que impartir&aacute; el que viene detr&aacute;s de &eacute;l, Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as prometido, al que &eacute;l no se considera digno de desatarle las correas de las sandalias. El mensaje de la conversi&oacute;n que proclama el Bautista para preparar el camino al Se&ntilde;or encuentra eco en la magn&iacute;fica Carta de San Pedro en la Segunda Lectura de este domingo: &ldquo;Esperad y apresurar la venida del Se&ntilde;or, cuando desaparecer&aacute;n los cielos consumidos por el fuego y se derretir&aacute;n los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Se&ntilde;or, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esper&aacute;is estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con &Eacute;l, inmaculados e irreprochables&rdquo;. Estas palabras de Pedro son un s&iacute;ntesis estupenda de todo lo que nos pide este tiempo de Adviento para preparar los caminos del Se&ntilde;or que viene a inaugurar el reinado de Dios entre nosotros, reino de amor, de justicia, de verdad y de paz hasta la culminaci&oacute;n final del Reino, que seguiremos esperando despu&eacute;s del Adviento, porque confiados en el Se&ntilde;or, &ldquo;esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia&rdquo;. La condici&oacute;n indispensable para acelerar esta venida salvadora de Cristo a nosotros y al mundo es la conversi&oacute;n, dejar de caminar en la direcci&oacute;n que llevamos de yo y consumismo y empezar a mirar en la direcci&oacute;n de Cristo que viene a nosotros por el camino de la conversi&oacute;n de nuestros criterios y faltas de amor, de fe, de esperanza cristiana, de humildad, de que Dios sea lo primero de nuestra vida, lo absoluto, de que todos sean hermanos, de hacer una mesa muy grande donde se puedan sentar todos los hombres. Y eso no es fruto de cambios puramente estructurales sino de cambio y conversi&oacute;n interior de las personas. Para esto se ha encarnado Cristo, para esto viene al hombre, para liberarle con su evangelio y su gracia de todas las esclavitudes. No hay posibilidad de amor al hombre, de fraternidad universal sin aceptaci&oacute;n del proyecto de Dios sobre el hombre, la familia, el matrimonio, las riquezas, el amor, el sexo&hellip; en todo esto tenemos que convertirnos al proyecto de Dios venciendo todo consumismo puramente ego&iacute;sta. No hay fraternidad universal ni paternidad universal de Dios. Por eso han fracasado todos los profetas y programas laicos de humanismos horizontales, agn&oacute;sticos, que prescinden de Dios, pues nada hay verdaderamente humano y durable que pueda construirse negando la referencia a Dios y a su Enviado Jesucristo, &uacute;nico salvador de los hombres. Y &eacute;ste es precisamente el drama del humanismo ateo de ahora y de todos los tiempos. Repasad el marxismo &uacute;ltimo. Si la conversi&oacute;n no se hace por Dios y est&aacute; abierta a la trascendencia, no habr&aacute; eficacia en el cambio que se pretenda. Porque todo cambio ser&aacute; aparente, sin actitudes internas, porque el eterno y viejo ego&iacute;smo de Ad&aacute;n, &ldquo;ser&eacute;is como dioses&rdquo; minar&aacute; solapadamente, como un camale&oacute;n, todo cambio de leyes y estructuras. Queridos hermanos, convirtamos nuestra mente, nuestro coraz&oacute;n y nuestras actitudes seg&uacute;n las indicaciones de Juan y San Pedro en este Adviento y solo as&iacute; ser&aacute; Navidad cristiana en este mundo, porque s&oacute;lo Cristo puede salvarlo en justicia y santidad verdaderas. Por eso, lo de siempre, convirt&aacute;monos, miremos a nuestro coraz&oacute;n y preparemos los caminos al Se&ntilde;or, porque, aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, no habr&aacute; Navidad, no habr&aacute; hombre nuevo y sociedad renovada, todo ser&aacute; in&uacute;til. &iquest;Cu&aacute;l es el drama del mundo actual? Que necesitamos preparar el encuentro con Cristo mediante una sincera conversi&oacute;n que nos haga preparar el camino al Se&ntilde;or que viene para nacer en nuestro coraz&oacute;n y en nuestra alma, en nuestra vida, y para eso necesitamos vaciarnos de tanto ego&iacute;smo y consumismo, y precisamente estos ego&iacute;smos y consumismos por otra parte nos embotan y nos impiden ver la necesidad que tenemos del Adviento, tiempo intenso de preparaci&oacute;n para un encuentro m&aacute;s santificador con Cristo, con sus criterios y actitudes de amor, humildad, entrega, adoraci&oacute;n del Padre y de aceptaci&oacute;n de su plan de salvaci&oacute;n sobre nosotros. El mundo no siente necesidad de Dios, de Cristo, de trascendencia, de cielo&hellip; Y nosotros podemos contaminarnos de este lluvia &aacute;cida, de esta mentalidad laicista y atea, sin darnos cuenta, porque es lo que vemos en la tele o leemos en la prensa; por eso, podemos no sentir necesidad de esperar y salir al encuentro de Cristo, porque no sentimos necesidad de esa salvaci&oacute;n que nos trae. Necesitamos convertirnos. Es una pena, que no esperemos a Cristo, teniendo como tenemos todos, tanta necesidad de su presencia, de su gracia, de cambio de nuestra vida por la suya, de nuestros criterios por los suyos, de nuestro amor conyugal, familiar, fraternal por el suyo... La liturgia nos pide este cambio, esta conversi&oacute;n, ese encuentro con la gracia y la salvaci&oacute;n del Enviado mediante la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n y las obras de penitencia y caridad. Aunque no sintamos estos deseos, leamos estos textos de Adviento y hagamos oraci&oacute;n por ellos, para que siembren en nosotros esta esperanza que nos haga prepararnos para un aumento de la presencia de Cristo en nuestra vida. Salgamos a esperar al Se&ntilde;or que viene para salvarnos, para liberarnos de nuestras esclavitudes y limitaciones. 6.- Este hecho de la venida del Se&ntilde;or lit&uacute;rgica y sacramentalmente en la Navidad debe provocar en nosotros los siguientes sentimientos concretos: A) Orar m&aacute;s y mejor. Largos ratos de silencio, desierto y contemplaci&oacute;n del Misterio del Amor de Dios y del Hijo que nos viene. Dice San Bernardo: &ldquo;Hermanos, profundizad en el sentido del Adviento. Fijaos qui&eacute;n es el que viene, de donde viene, a donde viene, para qu&eacute;, cu&aacute;ndo y por donde viene&rdquo;. Meditemos e interioricemos todo este proceso. B) Preparemos este encuentro con Cristo que viene y quiere nacer de nuevo en nosotros aumentando su presencia, mediante una conversi&oacute;n sincera limpiando nuestro coraz&oacute;n de todo pecado mediante una confesi&oacute;n sincera, para recibirlo en nuestra alma por una comuni&oacute;n fervorosa. C) Alguna obra de caridad para con los m&aacute;s necesitados: Que la Virgen del Adviento no ense&ntilde;e a prepararnos como ella al nacimiento del Hijo. Con ella y junto a ella, con sus mismas actitudes de fe, esperanza y amor, sabremos vivir mejor este tiempo de espera. En unos de los cantos de Adviento, le decimos: Santa Mar&iacute;a de la esperanza, mant&eacute;n el ritmo de nuestra espera, mant&eacute;n el ritmo de nuestra espera. Nos diste al esperado de los tiempos, mil veces prometido en los profetas, y nosotros so&ntilde;amos con su vuelta, queremos la llegada de su reino. &iexcl;Santa Mar&iacute;a del Adviento, ruega por nosotros! Virgen de la espera gozosa del Se&ntilde;or, ens&eacute;&ntilde;anos a esperar a tu Hijo como t&uacute;. Am&eacute;n. *********************************************** TERCER DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 61, 1-2&ordf;.10-11 Tras la liberaci&oacute;n de Babilonia, la tarea de restaurar la naci&oacute;n se fue haciendo m&aacute;s penosa de lo pensado: las promesas de Dios no parec&iacute;an cumplirse y el pueblo no sal&iacute;a de su postraci&oacute;n; no llegaba su so&ntilde;ada salvaci&oacute;n. En este ambiente, el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or invade al profeta y le env&iacute;a como mensajero de buenas noticias: la justicia del Se&ntilde;or se implantar&aacute; en la tierra. El hombre se llenar&aacute; de gozo como un rey despu&eacute;s de la victoria. Nosotros vivimos ya en la etapa de liberaci&oacute;n realizada por Jesucristo: &ldquo;Hoy se ha cumplido ante vosotros esta profec&iacute;a&rdquo;, dijo Jes&uacute;s en la sinagoga de Nazaret. La comunidad cristiana debe alegrarse porque el Se&ntilde;or viene a salvarnos. SEGUNDA LECTURA: 1Tesalonicenses 5, 16-24. Como Isa&iacute;as y Juan Bautista, Pablo, heraldo de Cristo, exhorta a los fieles a trabajar en la propia santificaci&oacute;n en funci&oacute;n del advenimiento de Cristo. La meta del cristiano es el encuentro con Cristo. M&aacute;s que comportamientos concretos Pablo exhorta a tener actitudes b&aacute;sicas para un cristiano que vive esperando al Se&ntilde;or: alegr&iacute;a, oraci&oacute;n y acci&oacute;n de gracias lit&uacute;rgica y constante. Alegr&iacute;a, por sentirse llamado a vivir una comunidad de fe, de esperanza y amor. Oraci&oacute;n, porque es la manera de mantener nuestro di&aacute;logo constante con Dios. Y acci&oacute;n de gracias eucar&iacute;stica porque la Eucarist&iacute;a es una Encarnaci&oacute;n continuada y nos trae nuevamente a Cristo lleno de amor y gracias de salvaci&oacute;n. &ldquo;El que os ha llamado es fiel y cumplir&aacute; sus promesas.&rdquo; LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 1,6-8. 19-28. QUERIDOS HERMANOS: 1.- &ldquo;Desbordo de gozo con el Se&ntilde;or y me alegro con mi Dios porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.&rdquo; Este grito de j&uacute;bilo pertenece a la secci&oacute;n final del libro de Isa&iacute;as, llamado frecuentemente tercer Isa&iacute;as, escrito a la vuelta del exilio. Es el canto de alegr&iacute;a de la Jerusal&eacute;n salvada y recobrada despu&eacute;s del destierro y que hoy se aplica a la Iglesia que se alegra y da gracias por la salvaci&oacute;n que nos trae el Enviado. La misi&oacute;n confiada al Ungido de Dios, la tarea que va a realizar el Enviado debe ser motivo de esperanza y de alegr&iacute;a para todos los que sufren y viven en la angustia. Tras la liberaci&oacute;n y el retorno de Babilonia la tarea de restaurar la naci&oacute;n jud&iacute;a se fue haciendo m&aacute;s penosa de lo pensado porque las promesas de Dios no parec&iacute;an cumplirse y el pueblo no sal&iacute;a de su postraci&oacute;n: su so&ntilde;ada salvaci&oacute;n eran s&oacute;lo sue&ntilde;os. Era tal la desesperanza del pueblo de Dios que el anunciar que ya est&aacute; elegido un mes&iacute;as supone un verdadero evangelio, una buena noticia: no est&aacute; muy lejos un Dios que ya ha pensado en enviar su consagrado; no se ha olvidado de su pueblo un Dios que ya elegido a su lugarteniente. La Comunidad se alegra, por lo que tiene sino por lo que espera: tiene futuro, tiene un pueblo que tiene un Dios que se cuida de los m&aacute;s necesitados; la presencia del enviado de Dios vuelve a generar vida y esperanza. Queridos hermanos: Hagamos un esfuerzo por captar este mensaje de esperanza y alegr&iacute;a que se renueva cada Adviento y que nos repite la Primera Lectura. Porque estamos hoy viviendo una &eacute;poca de desesperanza y desilusi&oacute;n generalizada en lo social, moral, religioso, familiar&hellip;La Navidad pr&oacute;xima, en la que viene el Enviado de Dios, nos dice claramente que Dios no se olvida del hombre, de nosotros. Creamos y esperemos en &Eacute;l contra toda esperanza humana. Hay que esperar, el tiempo de Adviento nos invita a esperar al Salvador; este mundo, si hay Navidad cristiana, tiene salvaci&oacute;n, tiene un Redentor de todos nuestros pecados; si hay Navidad, Dios sigue amando al mundo, Dios no se olvida del hombre. Frente al auge de la increencia, el desencanto de las utop&iacute;as humanas vac&iacute;as de vida y amor, frente a la corrupci&oacute;n y la ca&iacute;da de la ideolog&iacute;as que promet&iacute;an la felicidad del hombre, oponi&eacute;ndose a Dios, frente a las actitudes de un consumismo, caracterizado de una trivialidad sin compromisos de tipo moral o religioso, unido a la alergia del hombre actual a la reflexi&oacute;n y a las preguntas &uacute;ltimas, resumen de un hombre que quiere orientar su vida al margen de Dios, tomando &eacute;l la iniciativa de decir qu&eacute; es lo que est&aacute; bien o mal en el orden moral, nosotros, los cristianos, debemos mirar a Dios que nos dijo que comi&eacute;ramos de todos los frutos del para&iacute;so del mundo, menos del &aacute;rbol de la ciencia del bien y del mal, porque saber lo que es buenos y malo, lo que es pecado o gracia, solo le corresponde a Dios. Por eso, el hombre moderno, queri&eacute;ndose apropiar de esta propiedad esencial de Dios, ha ca&iacute;do en la corrupci&oacute;n y en la autodestrucci&oacute;n, matando al mismo hombre, a la misma vida, con el aborto y la eutanasia y manipulaci&oacute;n de embriones, que son vida humana. Frente a los laboratorios de la inmoralidad, de la increencia, del laicismo militante que son la televisi&oacute;n y ciertos medios de comunicaci&oacute;n social, no desesperemos y esperemos tiempos mejores, porque Dios no deja de enviar a su Ungido, viene a salvarnos y nos rescatar&aacute; de tanta superficialidad: &ldquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnist&iacute;a a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar e a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&rdquo;. 2.- Precisamente San Pablo, en la segunda Lectura, exhorta a los fieles de Tesal&oacute;nica vivir alegres esperando el encuentro con el Se&ntilde;or, trabajando en la propia santificaci&oacute;n, que es el verdadero encuentro por la fe y la gracia con el Se&ntilde;or. Este encuentro se realiza en muchas circunstancias y a trav&eacute;s de diversas etapas. Hay que descubrir en los acontecimientos diarios, en el pr&oacute;jimo, en la vida lit&uacute;rgica al Se&ntilde;or que viene para salvarnos, hasta que se consume la salvaci&oacute;n definitiva al final de los tiempos. Para conseguirlo: &ldquo;Hermanos, estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasi&oacute;n tened la Acci&oacute;n de Gracias: &eacute;sta es la voluntad de Dios en Cristo Jes&uacute;s respecto de vosotros. No apagu&eacute;is el esp&iacute;ritu, no despreci&eacute;is el don de profec&iacute;a; sino examinadlo todo, qued&aacute;ndoos con lo bueno&hellip; El que os ha llamado es fiel y cumplir&aacute; sus promesas&rdquo;. San Bernardo, en uno de sus sermones: en el Adviento del Se&ntilde;or, exclama: &laquo;A los hombres nos es necesaria tu venida &iexcl;Oh Salvador nuestro! Nos es necesaria tu presencia, &iexcl;Oh Cristo! Y ojal&aacute; vengas de tal manera, que, por tu copios&iacute;sima designaci&oacute;n, habitando en nosotros por la fe, ilumines nuestra ceguedad; permaneciendo en nosotros, ayudes nuestra debilidad, y estando por nosotros, protejas y defiendas nuestra fragilidad. Si t&uacute; est&aacute;s con nosotros, &iquest;qui&eacute;n nos enga&ntilde;ar&aacute;? Si est&aacute;s con nosotros, &iquest;qu&eacute; no podremos hacer con el Se&ntilde;or que nos conforta? Si est&aacute;s por nosotros, &iquest;qui&eacute;n podr&aacute; nada contra nosotros?&raquo; 3.- En el evangelio se nos presenta el Bautista como modelo de testimonio de Cristo: con fe vigorosa, con vida austera, desinter&eacute;s, humildad y caridad: &ldquo;Surgi&oacute; un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan: &eacute;ste ven&iacute;a como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por &eacute;l todos vinieran a la fe. No era &eacute;l la luz, sino testigo de la luz&rdquo;. Juan, como precursor del Mes&iacute;as, como &ldquo;voz que clama en el desierto&rdquo;, llega puntual cada a&ntilde;o en el Adviento para preparar el camino del Se&ntilde;or. Su misma vida y su misma persona son el mejor camino de encuentro con el viene a nosotros en la Navidad. Por eso la Iglesia, en este tiempo de Adviento, nos pone delante su persona y su mensaje. La figura de Juan sigue siendo actual igual que su palabra. Es un profeta libre, austero, humilde, que vive para la misi&oacute;n que le han confiado: preparar los caminos del Se&ntilde;or; por eso, todo lo somete a esta tarea: su palabra, su prestigio, su fama, su gloria, su misma vida. Es un aut&eacute;ntico cristiano, hombre de Cristo y para Cristo. Juan es: a) Un profeta. Se siente profeta, enviado por Dios delante de la luz. &Eacute;l vive totalmente para la misi&oacute;n que se le ha confiado. &Eacute;l es solo la voz que anuncia al Mes&iacute;as y le prepara el camino para que la luz llegue a los corazones de los hombres. Su funci&oacute;n es ser testigo de ella. Nos da un ejemplo a seguir. Pero &eacute;l no es la luz, por eso debe ocultarse para no hacer sombra a la luz, para servirle a &eacute;sta de pedestal. Como testigo garantiza lo que ha visto, iluminado por el Esp&iacute;ritu: que el Enviado y la Luz es Cristo, aunque los hombres no le reconozcan. El Bautista se ve obligado a dar raz&oacute;n de su actividad y de su misi&oacute;n: todo lo que es y hace est&aacute; en funci&oacute;n del que ha de venir detr&aacute;s de &eacute;l y que ya est&aacute; presente, aunque no lo conocen. Con la triple negaci&oacute;n corrige las posibles expectativas de los jud&iacute;os; no es &eacute;l a quien esperan, tan s&oacute;lo es su portavoz. b) Es un hombre sincero y valiente y leal en proclamar la verdad: &ldquo;Confes&oacute; sin reservas&rdquo;. Este amor a la verdad le costar&aacute; la vida al censurar a los poderosos, como Herodes Antipas, casado con Herod&iacute;as, la mujer de su hermano Filipo. c) Es un hombre humilde: &ldquo;Yo no soy el Mes&iacute;as&hellip;&iquest;qu&eacute; dices de ti mismo? &Eacute;l contest&oacute;: Yo soy &laquo;la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Se&ntilde;or&raquo; (como dijo el profeta El&iacute;as&rdquo;. No sucumbe a la vanidad de embriagarse con el aplauso de la multitud. &Eacute;l sabe bien que su persona y su ministerio son en funci&oacute;n de otros superior a &eacute;l &ldquo;al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias&rdquo;. &Eacute;l es s&oacute;lo voz que anuncia al Mes&iacute;as y le prepara los caminos del coraz&oacute;n humano. Buen ejemplo para todos los creyentes, los bautizados, que debemos ser profetas y sacerdotes de Cristo, anunciando su evangelio, predicando en nuestro ambiente, instruyendo a nuestros hijos, amigos&hellip; preparando el camino de encuentro para con el Se&ntilde;or. 4.- LA LITURGIA DE ADVIENTO ES LITURGIA DE LA ESPERANZA Cristo naci&oacute; hist&oacute;ricamente en un momento determinado en cuanto hombre, porque en cuanto Dios es infinito en la pura eternidad del Padre con Amor de Esp&iacute;ritu Santo. En cuanto Dios su historia no se puede contar, porque no esta delimitada por las m&aacute;rgenes del espacio y del tiempo. En cuanto hombre ha nacido, tiene antes y despu&eacute;s y, por eso, su historia humana se puede contar. La historia humana empez&oacute; como la de todos los hombres, naciendo de una madre. Este es el misterio que celebramos en la Navidad y al cual nos prepara este tiempo de Adviento. La liturgia hace presente estos hechos de Cristo, porque hace presente todo el misterio de Cristo. Podemos sentir, para las almas bien despiertas en la fe, la fatiga de la Virgen que viene de camino con el ni&ntilde;o en su seno; podemos sentir el llanto del ni&ntilde;o que nace, todo el amor que nos tiene, todos los deseos de ser nuestro amigo y salvador, s&oacute;lo hace falta escuchar con fe la Palabra y celebrar con amor y esperanza cierta y despierta la Eucarist&iacute;a. La liturgia har&aacute; presente este hecho de Cristo, y nos brinda a todos la oportunidad de poder recibirle al Cristo, que viene por vez primera a nuestra tierra. El hombre moderno conoce un n&uacute;mero extraordinario de esperas. Espera dominar al mundo sideral, los astros, y hace viajes espaciales cada vez m&aacute;s intensos y perfectos. Espera conseguir la paz del mundo y organiza la ONU A nivel personal todos esperamos tener m&aacute;s dinero para disfrutar m&aacute;s y se m&aacute;s felices; esperamos piso nuevo, coche nuevo, &eacute;xitos nuevos, nuevos viajes&hellip;Estos son los advientos del hombre moderno. &iquest;Qui&eacute;n vive el Adviento cristiano, qui&eacute;n espera a Cristo, qui&eacute;n se prepara y le ama y le agradece su venida para liberarnos precisamente de tantos vac&iacute;os existenciales como han producido en nosotros y en el mundo el esperar y llenarnos de tantas cosas, porque cre&iacute;amos que con ellas nos llen&aacute;bamos del todo y ahora resulta que nos falta todo? &iquest;Por qu&eacute; los matrimonios m&aacute;s tristes, las familias m&aacute;s tristes, los j&oacute;venes m&aacute;s tristes vac&iacute;os, necesitados de pastillas y alcohol para pasarlo bien porque no tienen nada en su mente y coraz&oacute;n, por qu&eacute; tantos padres mayores y ancianos y madres y padres tristes? La raz&oacute;n es evidente: porque llenamos nuestros corazones y nuestros hogares de todo y ahora resulta que nos falta todo, porque nos falta Dios. He aqu&iacute; que el Adviento nos da la oportunidad de salir al encuentro de Cristo. La liturgia e Adviento hace presente ante nosotros su vida entera, desde que nace hasta que sube al cielo, y por eso la Liturgia es fuente y cima de toda la vida de la Iglesia, de cada uno de los cristianos. &Eacute;l viene de muchas formas; viene en su Palabra que proclamamos y meditamos; viene en la respuesta y la oraci&oacute;n que hacemos; viene en la consagraci&oacute;n del pan y del vino; viene en la Comuni&oacute;n eucar&iacute;stica. Y desde aqu&iacute; podemos luego esperarlo y salir a su encuentro en todos los acontecimientos de nuestra jornada. El viene todos los d&iacute;as, porque quiere nacer para nosotros, en la dicha, para alegrarse con nosotros; en la desgracia, para consolarnos; en la dificultades, para ayudarnos; en los momentos tristes, para acompa&ntilde;arnos y estar junto a nosotros. Sigamos nosotros tambi&eacute;n el consejo de Pablo a los Tesalonicenses: &ldquo;Alegraos en el Se&ntilde;or, os lo digo de nuevo, alegraos, porque el Se&ntilde;or ya est&aacute; cerca&rdquo;. Tengamos esperanza. Creamos de verdad y esperemos en &Eacute;l, que nos quiere, que viene por amor. Esperemos siempre en su amor, que no siempre nos ayudar&aacute; como lo deseamos nosotros, porque &Eacute;l sabe mejor lo que nos conviene. Pidamos esta esperanza, esta seguridad y certeza, que es verdad, que no nos abandona, que nos escucha siempre y nos atiende siempre. No desconfiemos de &Eacute;l. Cristo est&aacute; vivo y nos ama. Dios existe y nos ama. Tengo un amigo que, cuando tiene problemas, como todos, va al Se&ntilde;or y le dice: mira, Jes&uacute;s, yo este problema lo veo as&iacute; y as&iacute; y la soluci&oacute;n para m&iacute; ser&iacute;a &eacute;sta; pero si la tuya es otra, yo se que ser&aacute; mejor. Y as&iacute; vive siempre feliz y confiado. Y le va bien, aunque muchas soluciones fueron como el Se&ntilde;or quiso. Y ahora reconoce que ha sido lo mejor. Pero de verdad. ********************************** TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Carmelitas y Dominicas) ADVIENTO CON MAR&Iacute;A: VIVIR EL ADVIENTO CON MAR&Iacute;A Queridas hermanas religiosas Carmelitas y Dominicas: Como sois mujeres y religiosas y este domingo tengo la gracia de celebrar en vuestros conventos el tercer domingo de adviento, vamos a meditar en la primera mujer que vivi&oacute; con plenitud el primer adviento de la historia, la espera y venida de la primera Navidad, para todo el pueblo cristiano, especiamente para vosotras, religiosas y v&iacute;rgenes entregada al Se&ntilde;or. Lo queremos hacer para vivir con la Virgen y como la Virgen el primer adviento de la historia vivido por una mujer como vosotras, por Mar&iacute;a, mujer y virgen como vosotras, y madres de gracia y salvaci&oacute;n para el mundo como ten&eacute;is que ser todas vosotras por vuestra vida de oraci&oacute;n, santidad y penitencia. Queridas hermanas Aunque Cristo naciese mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til; el Adviento no ha existido en nosotros. Cristo viene todos los a&ntilde;os, lit&uacute;rgica y sacramentalmente, a nuestro encuentro en este tiempo de Adviento, si no salimos a esperarle, no puede haber encuentro de gracia y salvaci&oacute;n con &Eacute;l. La Navidad no ser&aacute; una Navidad cristiana sino pagana. Y as&iacute; lo cantamos en estos d&iacute;as de Adviento: &laquo;Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cart&oacute;n, mas no habr&aacute; de verdad Nacimiento, si a nosotros nos falta el amor. Si seguimos viviendo en pecado o hay un ni&ntilde;o que llora sin pan, aunque sobren champ&aacute;n y turrones (canciones y fiestas), no podremos tener Navidad&hellip; Esperamos&hellip; esperamos, Se&ntilde;or, tu venida; tu venida de verdad&raquo;. Adviento es una palabra contracta de advenimiento; significa llegada, venida de alguien que se acerca&hellip; El Se&ntilde;or, la Navidad. El Adviento es la venida del Se&ntilde;or a este mundo, a estos hombres creados por amor de Dios, pero que se alejaron de su proyecto de eternidad; por eso fue y siempre ser&aacute; una venida salvadora, una venida para salvarnos. Es una venida para liberarnos de tantas esclavitudes como tenemos en todos los tiempos, para iluminarnos del verdadero concepto de hombre, mujer, familia, matrimonio, sentido de vida humana. Es una venida, por tanto, sumamente deseable y necesaria, que debemos pedir y preparar para celebrarla en plenitud de encuentro salvador. Y as&iacute; se prepara la Iglesia y lo canta y reza por nosotros en su Liturgia: &laquo;Ven, Se&ntilde;or, no tardes, ven que te esperamos, ven pronto y no tarde m&aacute;s&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; caminos esper&oacute; Mar&iacute;a el nacimiento de su hijo? 1.- POR EL CAMINO DE LA ORACI&Oacute;N La Virgen estaba orando cuando la visit&oacute; el &aacute;ngel y le anunci&oacute; que Dios la hab&iacute;a escogido para ser la madre del Hijo; la Virgen sigui&oacute; orando y dialogando con el &aacute;ngel y sigui&oacute; orando y dialogando con el Padre y su Hijo, que empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as. Oremos en estos d&iacute;as ccon verdad e intensidad y pidamos al Se&ntilde;or que nos explique tanto amor como tuvo y tiene y que desgraciadamente hoy es poco valorado y reconocido por el mundo. Y aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace en la Navidad en nuestros corazones habr&aacute; sido un navidad in&uacute;til, descepcionante para Dios y nosotros. Pero de la necesidad de la oraci&oacute;n para celebrar la Navidad cristiana ya hablamos el domingo pasado. Hoy queremos reflexionar sobre el camino de la fe y certeza como Mar&iacute;a. &iquest;Por donde vendr&aacute; Cristo a cada uno de nosotros en esta y todas las navidades? 2.- POR EL CAMINO DE LA FE VIVA Y DESPIERTA, COMO MAR&Iacute;A &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. As&iacute; respondi&oacute; la Virgen a la propuesta de Dios por medio del &aacute;ngel y as&iacute; debemos responder siemprenosotros ante los mandatos y designios y proyectos de Dios en nuestras vidas. Mar&iacute;a expres&oacute; su total seguridad y confianza en la palabra y el anuncio del &aacute;ngel. Mar&iacute;a vivi&oacute; el primer Adviento con fe, con fe viva, superando dudas e incertidumbre inevitables: creyendo que era el Hijo de Dios el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as&hellip; por qu&eacute; ella y no otra&hellip; ella no se sent&iacute;a digna ni grande ni preparada para este misterio&hellip; qu&eacute; iba a creer su esposo&hellip; qu&eacute; dir&iacute;a la familia&hellip; con fe tuvo que superar dudas y dificultades, como nosotros tenemos que hacer muchas veces en nuestra vida. &iquest;Y c&oacute;mo ser&aacute; eso si no conozco var&oacute;n? Y la Virgen se fi&oacute; totalmente de la Palabra de Dios. Y crey&oacute; contra toda evidencia en el misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as. Se fi&oacute; totalmente de Dios y crey&oacute; sola, sin apoyo de nadie ni de nada, en el misterio que nac&iacute;a en ella. As&iacute; debemos creer tambi&eacute;n nosotros en nuestras vidas cuando haya cosas que no comprendemos, responder fi&aacute;ndonos de Dios m&aacute;s que de nosotros mismos. Sin tratar de apoyarnos en motivos o razones humanas, porque en el fondo, muchas veces dudamos de las verdades y acciones exigidas por la fe, porque no somos capaces de comprobarlas con nuestra raz&oacute;n y egoismo innato y porque nos fiamos m&aacute;s de nuestros mismos, de propios criterios que de lo que nos dicta la fe, dudamos de lo que Dios nos dice por el Evangelio, porque supera toda comprensi&oacute;n humana. Hermanas, como Mar&iacute;a, tenemos que apoyarnos m&aacute;s en Dios y en su Palabra, que en nosotros mismos, aunque muchas veces no lo comprendamos. Tenemos que creer de verdad que ese ni&ntilde;o, hijo de una mujer sencilla en lo externo, pero infinito en su ser, es el Hijo de Dios, y por eso merece todo nuestro cuidado y dedicaci&oacute;n y espera y amor, rectificando o corrigiendo o quitando en nosotros acciones, pensamientos y defectos que le impidan nacer dentro de nuestras almas y que impidan la vivencia de esa fe, que lleva consigo nuestro amor a Dios sobre otras cosas o criterios. Tenemos que creer que ese mismo hijo de Dios e hijo de Mar&iacute;a est&aacute; en el pan consagrado, en todos los sagrarios de la tierra y tenemos que adorarlo todos los d&iacute;as como ella en silencio y adoraci&oacute;n continua&hellip; o creemos o no creemos o creemos pero no le amamos y respetamos, tenemos que vivir en continuo di&aacute;logo de oraci&oacute;n y amor con este mismo Cristo Hijo de Dios y de Mar&iacute;a que loco de amor por nosotros primero se hizo hombre, carne humana y luego un trozo de pan&hellip; pero qu&eacute; locura&hellip; T&uacute; est&aacute;s loco, no puedes ser Dios&hellip; Nosotros tambi&eacute;n tenemos que estar locos de fe y amor por ti para vivir este gozo y para eso tenemos que dejar todos nuestros defectos y egoismos para vivir solo para ti en un convento, pero que lo hagamos de verdad, no solo externamente. Tenemos el ejemplo de Mar&iacute;a como modelo de amor total, Virgen, virgen y madre, amor total que por &Eacute;l acept&oacute; este camino. Ella, Mar&iacute;a, crey&oacute; y nos trajo la Salvaci&oacute;n; nosotros, sus hijas religiosas, todos los cristianos, queremos y pedimos creer como ella, y as&iacute; vendr&aacute; la Salvaci&oacute;n de Dios hasta nosotros y al mundo entero y ser&aacute; navidad aut&eacute;ntica, no solo de champan y turrones. Pedimos esta fe, aunque en estos tiempos pocas cosas nos ayuden a creer y esperar a Cristo como &uacute;nico Salvador del mundo: ambiente secularista, materialismo, desenfreno, persecuci&oacute;n clara y manifiesta a la Iglesia del gobierno y de los medios, Dios, el Evangelio no existen para ellos&hellip;; este mundo que ha querido encontrar la felicidad de Dios en la cosas finitas; este mundo, que se ha llenado de todo y cree que lo tiene todo y ahora resulta que est&aacute; vacio de todo, de amor, de familia, est&aacute; triste, porque le falta Dios. Este mundo, lo primero que necesita es fe, fe en Dios, en la Navidad, en su amor, en su Encarnaci&oacute;n por salvar al hombre, en la Navidad, en su nacimiento de amor todos los d&iacute;as en la Eucarist&iacute;a, En su amor de su presencia eucar&iacute;stica. Y esta es la raz&oacute;n de oraci&oacute;n y penitencia de vuestra vida de clausura. Por falta de este amor es por lo que no hay vocaciones, entregas de amor a El en el sacerdocio o en la vida consagrada. &iexcl;Mar&iacute;a, madre de fe y por la fe, ens&eacute;&ntilde;ame a esperar como t&uacute; a Cristo! Que como t&uacute; salga en estos d&iacute;as de adviento, a esperar a Cristo en la oraci&oacute;n, especialmente eucar&iacute;stica, por la fe viva y verdadera. Que como t&uacute;, yo viva para Cristo y desde Cristo oriente mi vida y toda mi existencia. Que Cristo, porque creo que es Dios, sea lo primero y lo absoluto en mi vida. Y someta todo mi yo y mis criterios y mis actitudes y mis deseos y proyectos a su amor, a su palabra, como t&uacute;, Mar&iacute;a, con fe viva y despierta. Desde que el ni&ntilde;o empez&oacute; a nacer en sus entra&ntilde;as, ella s&oacute;lo vivi&oacute; para &Eacute;l. Era su Hijo, era su Dios, Dios y Todo. Sobre el fondo de sus miradas, trabajos y preocupaciones, todo era Navidad. Igual nosotros. La Navidad fundamentalmente es creer en Dios, creer que Dios ama al hombre, sigue amando al hombre, sigue amando y perdonando a este mundo. La Virgen mereci&oacute; la alabanza de su prima por su fe: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque todo lo que te ha dicho el Se&ntilde;or, se cumplir&aacute;&rdquo;. Si creemos, todo se cumplir&aacute;, todo tendr&eacute; sentido, todo nos preparar&aacute; la Navidad, para el nacimiento m&aacute;s profundo de Cristo en nosotras almas. La fe es un don de Dios. Pero hay que pedirla y disponerse, cooperar con ella, sobre todo, pedirla muchas veces, siempre. Con la Virgen y como la Virgen que nosotros, religiosas y seglares, no le fallemos a Dios. Con qu&eacute; fe, con qu&eacute; certeza, con qu&eacute; emoci&oacute;n y temblor lo recibi&oacute; ella.: &ldquo;He aqu&iacute;, la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Que merezcamos su alabanza por haber cre&iacute;do en su amor, en su salvaci&oacute;n, en su venida de amor a cada uno de nosotros. &ldquo;Y el Hijo de Dios se hizo hombre y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Y Jesucristo, Hijo de Dios y de Mar&iacute;a, vino, naci&oacute; y nos salv&oacute; y se qued&oacute; por amor a todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra y muchas, como vosotras, religiosas contemplativas, hab&eacute;is renunciado al mundo y a todo para vivir solo para &Eacute;l y la salvaci&oacute;n de todos los hombres, vuestros hermanos. Que los cristianos y la Iglesia entera seamos agradecidos a todos los conventos del mundo. ****************************************** CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 1-5; 8b-11-16 El rey David logra alcanzar la paz en su reino. Y, como acci&oacute;n de gracias, quiere compartir su bienestar con el Se&ntilde;or, de quien hab&iacute;a recibido la paz tan esperada por todo el pueblo. Por ello quiere construir un lugar adecuado, una &ldquo;casa-templo&rdquo;, en donde pueda ser depositada el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Quiere una morada digna para Dios. Ante este gesto de generosidad, Dios le revela por medio del profeta Nat&aacute;n, que ser&aacute; &Eacute;l quien le haga una &laquo;cada-dinast&iacute;a&raquo; a David, porque el Mes&iacute;as nacer&iacute;a de su descendencia. Ser&iacute;a el &ldquo;continuador de un reino que no tendr&aacute; fin&rdquo;. En Bel&eacute;n, Mar&iacute;a, cumpliendo la promesa de Dios, hace presente a Jes&uacute;s en medio de su pueblo. Y Dios permanece en quienes la abren el coraz&oacute;n, como lo hizo nuestra Se&ntilde;ora, como Salvador y Redentor. SEGUNDA LECTURA: Romanos 16, 25-27 San Pablo termina su carta a los Romanos con un canto de acci&oacute;n de gracias a Dios porque el proyecto del Salvaci&oacute;n del Padre ha sido revelado y manifestado por su Hijo Jesucristo. La espina dorsal del mismo es el misterio de la Encarnaci&oacute;n revelado por el Evangelio, revelaci&oacute;n del misterio de Cristo, misterio largo y oculto hasta su manifestaci&oacute;n por la venida de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo en carne, que la Escrituras santas predijeron. Esta manifestaci&oacute;n no es exclusiva para los jud&iacute;os. Los gentiles son admitidos a su revelaci&oacute;n salvadora. Este plan eterno y su gradual ejecuci&oacute;n manifiestan la infinita sabidur&iacute;a y prudencia de Dios en el desarrollo de la Historia. A veces nosotros no logramos comprender el alcance del Evangelio de Jes&uacute;s. Por eso debemos hacer lo que Mar&iacute;a en este tiempo de espera de su hijo: &ldquo;conservaba todas estas cosas en su coraz&oacute;n&rdquo;. Esto es, oraba en silencio e interiorizaba el misterio de la Encarnaci&oacute;n. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN LUCAS 1, 26-38. QUERIDOS HERMANOS:La Virgen, en el evangelio de este domingo, nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Se&ntilde;or, por donde viene y podemos encontranos con &Eacute;l todos los d&iacute;as: A) Cristo vienen todos los d&iacute;as a nosotros por el camino de la oraci&oacute;n. Vayamos al evangelio de hoy. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado virginal aun estando desposada con Jos&eacute;, es una simple objeci&oacute;n del modo que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela el &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n y salvaci&oacute;n de los hombres. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de todos los hombres, sus hijos, como Madre del Salvador y lo hizo con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida hasta la muerte de hijo por los hijos en la cruz. Como tenemos que hacer todos nosotros, especialmente los sacerdotes y consagrados. Hermanos, Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado su misi&oacute;n y el sentido de su vida. Hablando, orando con Dios, escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Como nosotros tenemos que hacer en nuestra vida. En la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica en di&aacute;logo de amor con Dios debemos recibir las respuestas de Dios sobre nuestra vocaci&oacute;n y misi&oacute;n en nuestra vida. Tan convencido estoy de esto, que he tratado de esto en varios de mis libros. Pues bien, oraci&oacute;n, oraci&oacute;n y oraci&oacute;n todos los d&iacute;as y personal, como Mar&iacute;a, nuestra madre y modelo. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n y di&aacute;logo con el Se&ntilde;or descubri&oacute; su voluntad y el modo de realizarla. Este es el camino obligatorio para todos nosotros y para toda la Iglesia. Problema eterno, del que Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a el camino y su fruto y eficacia. Por la oraci&oacute;n diaria y continua llegamos a vivir la fe, a encontrar a Dios como principio y fin de todo, a escuchar a Cristo desde el Sagrario, a encontrar soluci&oacute;n divina a nuestros problemas. La oraci&oacute;n diaria y personal es el ejercicio m&aacute;s firme y convincente de la fe en Dios, porque demostramos que Dios es Dios, que creemos en &Eacute;l y que es loprimero yabsoluto de nuestras vidas. Luego, Mar&iacute;a, hecha templo, morada y templo de la presencia de Dios en la tierra, primer sagrario del mundo y arca de la Alianza nueva y eterna, fue a visitar a su prima Isabel como tenemos que hacer todos los sacerdotes, llenos de Cristo Eucarist&iacute;a encontrado en la oraci&oacute;n personal y recibido no solamente en comida sino en comuni&oacute;n de vida y sentimienos tenemos que visitar, hacer el apostolado sacerdotal. La oraci&oacute;n todo lo alcanza, cant&aacute;bamos al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en mis a&ntilde;os juveniles. En oraci&oacute;n recibi&oacute; Mar&iacute;a el mensaje; en oraci&oacute;n vio el camino a seguir; con su actitud de escucha recibi&oacute; luz y aclaraci&oacute;n, resolvi&oacute; sus dudas y encontr&oacute; la fuerza para llevarlo a efecto en medio de duras pruebas. Por la oraci&oacute;n recibi&oacute; a Cristo en su seno, lo pase&oacute; por las monta&ntilde;as de Judea en su visita a Isabel y ya no se apart&oacute; de &Eacute;l, ni en la cruz, cuando todos le dejaron y ella sigui&oacute; creyendo que era el Hijo de Dios, el &uacute;nico Salvador del mundo, como tenemos que hacer todos nosotros, toda la iglesia, especialmente los sacerdotes y consagradas. Con su s&iacute; por la fe personal en la oraci&oacute;n personal: &ldquo;c&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n&rdquo; y la respuesta divina manifestada por el &aacute;ngel &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo; fue Navidad en el mundo: &ldquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;., sacerdotes y religiosas que respondan de palabra y de obra por la oraci&oacute;n diaria y la fe: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra. &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. Que el pueblo cristiano, especialmente todos los sacerdotes y consagrados respondamos as&iacute; con Mar&iacute;a: &ldquo;He aqu&iacute; tu siervo, tu sacerdote, Se&ntilde;or, tu consagrada, h&aacute;gase en m&iacute; tu Palabra&rdquo;. 1.- El rey David deseaba construir una &ldquo;casa&rdquo;, un templo a Dios; pero Yahv&eacute; le hace saber por el profeta Nat&aacute;n que su voluntad es otra: que m&aacute;s bien Dios mismo se preocupar&aacute; de la <casa> de David, es decir de prolongar su descendencia, porque de ella deber&aacute; nacer el Salvador: &ldquo;Te pondr&eacute; en paz con todos tus enemigos, te har&eacute; grande y te dar&eacute; una dinast&iacute;a. Tu casa y tu reino durar&aacute;n por siempre en mi presencia y tu trono durar&aacute; por siempre&rdquo;. La elecci&oacute;n de David, como toda elecci&oacute;n, es pura gracia y benevolencia de Dios. El Se&ntilde;or ha protegido a David, su siervo; por amor a &eacute;l y a su pueblo le promete la permanencia de su reino. Israel ha visto en la profec&iacute;a de Nat&aacute;n, la promesa del rey Mes&iacute;as. Esta promesa se realizar&aacute; en la persona del Se&ntilde;or Jesucristo, hijo de David por excelencia. Muchas veces a trav&eacute;s de las vicisitudes de la historia pareci&oacute; que la estirpe dav&iacute;dica estuviese para extinguirse, pero Dios la salv&oacute; siempre: &ldquo;Jos&eacute;, el esposo de Mar&iacute;a, de la cual naci&oacute; Jes&uacute;s, llamado Cristo&rdquo;. (Mt 1,16); &ldquo;Le dar&aacute; el Se&ntilde;or Dios el trono de David, su padre, y reinar&aacute;&hellip; por los siglos, y su reino no tendr&aacute; fin&rdquo; (Lc.1, 32-33) 2.-Este proyecto lo realiz&oacute; Dios por medio de Mar&iacute;a. Mar&iacute;a es el templo de la Nueva Alianza, inmensamente m&aacute;s precioso que el que David deseaba construir al Se&ntilde;or, templo vivo que encierra en si no el arca santa, sino al Hijo de Dios. El &ldquo;h&aacute;gase&rdquo; de Dios cre&oacute; de la nada todas las cosas; el &ldquo;h&aacute;gase&rdquo; de Mar&iacute;a dio curso a la redenci&oacute;n de todas las criaturas. Mar&iacute;a fue templo de Dios porque estuvo totalmente disponible a la voluntad y al proyecto de Dios. Ya en el para&iacute;so, inmediatamente despu&eacute;s del pecado original, Dios prometi&oacute; la salvaci&oacute;n del hombre por la descendencia de una mujer que aplastar&iacute;a la cabeza de la serpiente tentadora: &ldquo;Luego dijo Yahv&eacute; Dios a la serpiente: Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; este te aplastar&aacute; la cabeza, y t&uacute; le acechar&aacute;s el calca&ntilde;al&rdquo;. El pueblo elegido esper&oacute; con ansias durante siglos esa descendencia, ese Mes&iacute;as que le hab&iacute;an prometido y que le liberar&iacute;a de las consecuencias del pecado. Tan intensa se hizo esa espera en aquellos tiempos que cualquier hombre extraordinario les parec&iacute;a a los jud&iacute;os que era el Mes&iacute;as prometido. As&iacute; pas&oacute; con Juan el Bautista. &ldquo;Le preguntaron: &iquest;eres t&uacute; el Mes&iacute;as o tenemos que esperar a otro?&rdquo; Y la Samaritana dir&aacute; a Jes&uacute;s en el di&aacute;logo junto al pozo: &ldquo;S&eacute; que el Mes&iacute;as est&aacute; por venir&rdquo;. As&iacute; quiere la Iglesia que nos preparemos para la venida de Cristo en la Navidad. As&iacute; quiere que deseemos su Encarnaci&oacute;n. La pena grande es que en este tiempo de Adviento en que la Iglesia nos dice que vendr&aacute; ciertamente el Se&ntilde;or en la Navidad y nos quiere preparar para esta venida, gran parte de los suyos, la mayor parte de los cristianos no sale al encuentro del Se&ntilde;or, el Se&ntilde;or no es esperado y deseado, llegar&aacute; porque avanzan los d&iacute;as y llegar&aacute; la fecha del 25 de diciembre, pero pocos son los que preparan su coraz&oacute;n para recibirle, se alegran con su venida y agradecen a Cristo su Encarnaci&oacute;n. 3.- El hombre moderno conoce un n&uacute;mero extraordinario de esperas y desea muchas venidas, y vive muchos advientos. Pero son paganos, de cosas y dineros y consumismos y realidades mundanas, pero no esperan con ansias al &Uacute;nico Salvador que tiene este mundo. Estos matrimonios, estas familias, estos hombres, esta humanidad esclavizada por tantos &iacute;dolos de barro, que se compran con el dios dinero para sumergirnos en la idolatr&iacute;a del consumismo de una vida vac&iacute;a sin sentido. La Iglesia nos invita en este Adviento a esperar al Mes&iacute;as Salvador y el mejor modelo de esta espera es Mar&iacute;a (Ver Retiro de Adviento ciclo A). Hace ya m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os que el &aacute;ngel Gabriel transmiti&oacute; a la hermosa Nazarena la noticia m&aacute;s luminosa y llena de gracia de la historia de la humanidad: que Dios no se olvidaba del hombre, que Dios ama al hombre, que Dios vendr&iacute;a en busca del hombre para que el hombre pudiera encontrarse con su Dios y Creador y vivir la historia de amor y amistad m&aacute;s hermosa que se pueda concebir, escribir y vivir: Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse hijo de Dios, para que pueda llamarle Padre y vivir su misma felicidad y amistad; la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad vino a realizar por nosotros lo que nosotros no pod&iacute;amos realizar. Este es el hecho m&aacute;s importante que ha ocurrido en este mundo; por eso toda la vida de la humanidad se mide por esta fecha, desde el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros: &laquo;Por nosotros los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo; y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a&raquo; (Credo). Por la Palabra de Dios fueron hechas todas las cosas y esa misma &ldquo;Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. ********************************************** RETIRO ESPIRITUAL DE ADVIENTO QUERIDOS HERMANOS: La Virgen nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Salvador, por donde viene el Se&ntilde;or: El hombre moderno, TODOS NOSOTROS conocemos un n&uacute;mero extraordinario de esperas y deseamos muchas venidas, y vivimos muchos advientos. Pero son advientos paganos, esperas de cosas y dineros y consumismos y realidades mundanas. Estos matrimonios, estas familias, estos hombres, esta humanidad esclavizada por tantos &iacute;dolos de barro, que se compran con el dios dinero para sumergirnos en la idolatr&iacute;a del consumismo de una vida vac&iacute;a sin sentido. Nosotros, los creyentes, los cristianos celebramos hoy el cuarto domingo de adviento, del adviento cristiano, la espera con ansias del &Uacute;nico Salvador que tiene este mundo: Jesucristo. La Iglesia nos invita en este Adviento a esperar al Mes&iacute;as Salvador y en este domingo cuarto de adviento nos propone el mejor modelo de esta espera es Mar&iacute;a. Hace ya m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os que el &aacute;ngel Gabriel transmiti&oacute; a la hermosa Nazarena la noticia m&aacute;s luminosa y llena de gracia de la historia de la humanidad: que Dios no se olvidaba del hombre, que Dios ama al hombre, que Dios vendr&iacute;a en busca del hombre para que el hombre pudiera encontrarse con su Dios y Creador y vivir la historia de amor y amistad m&aacute;s hermosa que se pueda concebir, escribir y vivir: Dios se hace hombre para que el hombre pueda hacerse hijo de Dios, para que pueda llamarle Padre y vivir su misma felicidad y amistad; la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad vino a realizar por nosotros lo que nosotros no pod&iacute;amos realizar. Este es el hecho m&aacute;s importante que ha ocurrido en este mundo; por eso toda la vida de la humanidad se mide por esta fecha, desde el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros: &laquo;Por nosotros los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo; y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a&raquo; (Credo). Por la Palabra de Dios fueron hechas todas las cosas y esa misma &ldquo;Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. La Virgen, en el evangelio de este domingo, nos ense&ntilde;a c&oacute;mo hay que esperar al Salvador, por donde viene el Se&ntilde;or: A) Por la oraci&oacute;n. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Ha empezado a verificarse la profec&iacute;a de Isa&iacute;as,14: la promesa mesi&aacute;nica de un reino eterno, hecha a David por el profeta Nat&aacute;n, de parte de Dios y le&iacute;da en la primera Lectura de este domingo. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado todav&iacute;a c&eacute;libe, aunque desposada o simple objeci&oacute;n del modo en que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela de parte de Dios el &aacute;ngel: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de los hombres como Madre del Salvador con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida. Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado el sentido de su vida y misi&oacute;n. Or&oacute; y escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Pues bien, la contestaci&oacute;n y respuesta de Mar&iacute;a debe convertirse en misi&oacute;n y programa para la comunidad cristiana, comunidad orante, que en la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica debe recibir las respuestas de Dios sobre la vocaci&oacute;n y la misi&oacute;n que tiene que cumplir en la tierra en el ministerio de la Salvaci&oacute;n de los hombres. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n silenciosa fue m&aacute;s eficaz que todas las palabras. B) Por la fe. Porque orando crey&oacute; con total certeza en la promesa de Dios, y crey&oacute; que era el Hijo de Dios quien nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as, y vivi&oacute; ya totalmente para &Eacute;l en fe, porque en ese momento no florecieron los rosales de Nazaret, ni se oyeron cantos de &aacute;ngeles ni se par&oacute; el sol&hellip; no paso nada extraordinario, tuvo que creer a palo seco y sufriendo incomprensiones de todo tipo, porque no anduvo dando explicaciones a nadie, si siquiera a su esposo Jos&eacute;. Por eso paso lo que pas&oacute; con &eacute;l. Luego, hecha templo y morada y tienda de la presencia de Dios en la tierra, primer sagrario del mundo y arca de la Alianza nueva y eterna, llena de esa fe y certeza con inmensa alegr&iacute;a, pre&ntilde;ada del Dios que la tom&oacute; por Madre, Esposa e hija especial en el Hijo Amado, sinti&eacute;ndose plenamente habitada por la Sant&iacute;sima Trinidad, fue a visitar a su prima sin mirar aquellos paisajes hermosos de las monta&ntilde;as de Palestina, porque ya s&oacute;lo viv&iacute;a para el que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as; ya todo era silencio, contemplaci&oacute;n del misterio, amor y compromiso y fidelidad, en medio de las incomprensiones de su familia, de Jos&eacute; y de sus vecinos. Y no dio explicaciones ni se excus&oacute; ante nadie; dej&oacute; que Dios lo hiciera todo por ella, como &Eacute;l y cuando &Eacute;l quisiera. La oraci&oacute;n todo lo alcanza, cant&aacute;bamos al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en mis a&ntilde;os juveniles. En oraci&oacute;n recibi&oacute; Mar&iacute;a el mensaje; en oraci&oacute;n vio el camino a seguir; con su actitud de escucha recibi&oacute; luz y aclaraci&oacute;n, resolvi&oacute; sus dudas y encontr&oacute; la fuerza para llevarlo a efecto en medio de duras pruebas. Por la oraci&oacute;n recibi&oacute; a Cristo en su seno, lo pase&oacute; por las monta&ntilde;as de Judea en su visita a Isabel y ya no se apart&oacute; de &Eacute;l, ni en la cruz, cuando todos le dejaron y ella sigui&oacute; creyendo que era el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Con su s&iacute; fue Navidad en el mundo. Dios ten&iacute;a necesidad de ella, de una criatura totalmente dispuesta a seguir y cooperar con su plan de salvaci&oacute;n en medio de dificultades; una criatura que no pusiera resistencia ni pegas al plan de Dios; una criatura que al contrario de Eva, obedeciera totalmente a la voluntad de Dios, para que recuper&aacute;semos por su obediencia lo que hab&iacute;amos perdido por la desobediencia de Eva: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra. &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo;. C) Por el amor. Amor a la voluntad de Dios y amor a los hombres, a Jos&eacute; y a su prima Isabel. El amor a Dios pasa por el amor a los hermanos. Primero hay que tener un coraz&oacute;n limpio de rencores y de pecados. En pecado, de cualquier clase que sea, no se puede celebrar la Navidad cristiana. Hay que vivir en gracia. Ella estaba llena de gracia. Si hay pecado Cristo no puede nacer dentro de nosotros. La Navidad es la fiesta del amor de Dios a los hombres y en correspondencia de los hombres a Dios y a los hermanos, porque si Cristo nace todo hombre es mi hermano. Hay que amar m&aacute;s. Hay que visitar a los amigos y necesitados como Mar&iacute;a a su prima Isabel para ayudarla. Hay que llenarse del amor que Cristo nos trae y que nos hace hermanos de la misma fe, gracia, esperanza y destino. Hay que comulgar y pasar ratos largos de oraci&oacute;n ante Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, ante el Sagrario. As&iacute; ser&aacute; navidad en nuestro coraz&oacute;n, en nuestra vida. Es lo que pido al Se&ntilde;or en esta santa misa para vosotros y todos los vuestros. Feliz navidad en paz con Dios y los hombres. A) Por la oraci&oacute;n. La Virgen est&aacute; orando cuando la sorprende el &aacute;ngel. Est&aacute; orando mientras cos&iacute;a o barr&iacute;a o hac&iacute;a otra cualquier cosa, o sencillamente orando, sin hacer otra cosa m&aacute;s que orar. Y en oraci&oacute;n recibe el mensaje del &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&hellip; No temas&hellip;Dar&aacute;s a luz un hijo&rdquo;. Ha empezado a verificarse la profec&iacute;a de Isa&iacute;as,14: la promesa mesi&aacute;nica de un reino eterno, hecha a David por el profeta Nat&aacute;n, de parte de Dios y le&iacute;da en la primera Lectura de este domingo. Y Mar&iacute;a sigue orando, hablando y preguntando a Dios por medio del &aacute;ngel: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso pues no conozco var&oacute;n?&rdquo;; es una simple constataci&oacute;n de su estado todav&iacute;a c&eacute;libe, aunque desposada o simple objeci&oacute;n del modo en que tiene que proceder ante este plan de Dios. Y la soluci&oacute;n se la revela de parte de Dios el &aacute;ngel: &ldquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&rdquo;. Esto nos recuerda la presencia de Dios en la Nube, cubriendo la Tienda del Encuentro, que conten&iacute;a el Arca de la Alianza y se inundaba de la gloria de Yav&eacute; (Ex 18, 1-14). Y Mar&iacute;a acepta el plan divino y ser madre del Hijo de Dios: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;. De esta forma, al abrazar la voluntad de Dios se consagr&oacute; totalmente a la persona y obra de su Hijo, sirviendo al misterio de redenci&oacute;n. Cooperando as&iacute; Mar&iacute;a no fue un instrumento meramente pasivo en las manos de Dios, sino que ayud&oacute; a la salvaci&oacute;n de los hombres como Madre del Salvador con una fe y amor y obediencia totalmente personal y libre, que mantendr&aacute; fielmente toda su vida. Mar&iacute;a orando y hablando con Dios ha encontrado el sentido de su vida y misi&oacute;n. Or&oacute; y escuch&oacute; a Dios y recibi&oacute; de &Eacute;l las respuestas a sus preguntas. Pues bien, la contestaci&oacute;n y respuesta de Mar&iacute;a debe convertirse en misi&oacute;n y programa para la comunidad cristiana, comunidad orante, que en la oraci&oacute;n privada y p&uacute;blica debe recibir las respuestas de Dios sobre la vocaci&oacute;n y la misi&oacute;n que tiene que cumplir en la tierra en el ministerio de la Salvaci&oacute;n de los hombres. Mar&iacute;a, con su oraci&oacute;n silenciosa fue m&aacute;s eficaz que todas las palabras. ******************************************* QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: En el Evangelio de hoy, Jos&eacute; aparece con su duda, asombrado y perplejo, como hombre bueno y honrado, ante una realidad que no comprende, porque conoce a Mar&iacute;a y no le entra en la cabeza que su estado de embarazada obedezca a una infidelidad. Desposado con ella, observa c&oacute;mo Mar&iacute;a espera un hijo antes de vivir juntos. Quiere repudiar en secreto a su esposa. Pero, cuando el &aacute;ngel del Se&ntilde;or le asegura y le ordena &ldquo;No tengas reparo en llevarte a Mar&iacute;a, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Esp&iacute;ritu Santo,&rdquo; Jos&eacute;, &ldquo;que era bueno&rdquo;, &ldquo;hombre justo&rdquo;, como nos dice el evangelio de hoy, que vive de la fe, obedece aceptando con humildad su arriesgada misi&oacute;n de esposo de la Virgen-Madre y de padre virginal del Hijo de Dios; qu&eacute; grandeza a la vez en medio de la prueba y qu&eacute; confianza de Dios en &eacute;l, como en nosotros al elegirnos sacerdotes. Pero le cuesta, le cuesta much&iacute;simo, porque Mar&iacute;a, por su parte, no le ha explicado nada. Mar&iacute;a se ha fiado; es m&aacute;s, se ha confiado tanto en Dios, que lo ha dejado todo en sus manos, incluso lo que ella pod&iacute;a haber hecho para defenderse, porque, a pesar de las sospechas y desconfianzas l&oacute;gicas de Jos&eacute;, ella no ha dicho nada, no ha aclarado nada. Ella lo ha sufrido todo en secreto y ha dejado a Dios la tarea de aclararlo y explicarlo todo. Aprendamos tambi&eacute;n nosotros a confiar en Dios nuestro Padre cuando tengamos pruebas duras en la vida sacerdotal y humana. Jos&eacute;, adem&aacute;s, aun obedeciendo al mandato del &aacute;ngel, no sabe c&oacute;mo debe desempe&ntilde;ar ese papel, c&oacute;mo hacer de padre con una persona que es infinitamente superior a &Eacute;l, no sabe c&oacute;mo y por d&oacute;nde debe hacer de padre con esta criatura, con una misi&oacute;n tan extraordinaria y, por otra parte, aparentemente como otra ordinaria; por eso, le parece que lo m&aacute;s honrado es retirarse discretamente, en silencio, a pesar de la advertencia del &aacute;ngel. Pero por fe, supera la prueba y coopera al misterio de la Salvaci&oacute;n. Se f&iacute;a y se adentra en el misterio. San Jos&eacute; es prototipo y modelo de fe, sincera y profunda. Aprendamos nosotros para cuando vengan pruebas en nuestra vida. En este ambiente de fe se realiza el nacimiento de Jes&uacute;s y en este ambiente tambi&eacute;n debemos celebrarlo todos nosotros. Fe, obediencia a Dios, humildad y amor son las virtudes necesarias para celebrar la Navidad, para recibir al Se&ntilde;or, que est&aacute; a punto de llegar.Primeramente, fe, una fe generosa y viva como la de Mar&iacute;a, que acepta y cree totalmente que es el Mes&iacute;as Salvador el que se encarna en ella, sabiendo que va a sufrir por la duda y sospecha de su esposo, de su familia, pero no da explicaciones a nadie y se f&iacute;a y lo conf&iacute;a todo al Padre Dios. Fe, como t&uacute;, querido hermano, en el pan eucar&iacute;stico que consagras, es Jesucristo, que nace todos los d&iacute;as en tus manos sacerdotales y permanece en el Sagrario. Fe viva y siempre despierta, no dormida y menos muerta, &aacute;malo, v&iacute;sitalo,. Hermanos, necesitamos una fe como la de Jos&eacute;, reverente y aceptando la palabra de Dios contra toda l&oacute;gica humana. En los dos hay pura obediencia de fe y por la fe. Mar&iacute;a cree plenamente y acoge el misterio y da a luz al Salvador de los hombres. Jos&eacute;, cuando el &aacute;ngel le anuncia el misterio, acepta el plan de Dios, y cree firmemente que ese ni&ntilde;o Jes&uacute;s salvar&aacute; a su pueblo y, por tanto, que su esposa no le ha traicionado y la acoge con humildad, y, porque creyeron, fue Navidad. Hermano, aunque Cristo nazca mil veces, si no nace con fe viva en tu coraz&oacute;n y en nuestra vida, habr&aacute; sido una navidad in&uacute;til, aunque seamos curas, obispos ocardenales. Para celebrar la Navidad en estos tiempos de increencia, nosotros y todo el pueblo cristiano necesitamos pedir a Dios por medio de Mar&iacute;a y Jos&eacute; que nos ayuden a creer verdaderamente en la Navidad, como ellos, fe verdadera no puro conocimiento en todo lo que encierra de amor, de entrega y de misterios la Navidad, creer de verdad que Dios ama al hombre, que sigue viniendo enamorado a la tierra en cada Navidad para buscar y llevar al hombre, a cada uno de nosotros a la plenitud de la amistad divina. Cada Eucarist&iacute;a es Navidad. En cada Eucarist&iacute;a como en Navidad, viene con estos deseos. Necesitamos la fe de Mar&iacute;a y Jos&eacute; para creer que el mismo Hijo de Dios que procede eternamente del Padre es el todos los d&iacute;as se encarna, viene a nosotros en un trozo de pan y siempre con amor y por el poder del mismo Espiritu Santo. Necesitamos fe para superar nuestros juicios y criterios humanos en la vida, nuestras evidencias y seguridades terrenas y creer en la Palabra eterna del Padre pronunciada con amor de Esp&iacute;ritu Santo en el seno de la Virgen bella, invit&aacute;ndonos a ser peque&ntilde;os, humildes y obedientes como &Eacute;l, que siendo Dios se hace ni&ntilde;o necesitado, y nos perdona a todos, y viene para el bien de todos. Imit&eacute;mosle. Necesitamos la fe para creer en cada Navidad que Dios sigue amando a los hombres y perdonando nuestras faltas de fe y amor y que nos se olvida de nosotros. Por eso necesitamos este cuarto domingo de adviento, para meditar y disponernos a recibir esta plenitud de Dios en nosotros. Porque aunque sobren champ&aacute;m y turrones si Cristo no nace en el coraz&oacute;n de los creyentes, habr&aacute; sido una Navidad in&uacute;til. Feliz Navidad a todos. Que &Eacute;l nos ayude. Que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, a quienes la Iglesia nos pone como modelos, en este domingo &uacute;ltimo de Adviento, nos ayuden y nos ense&ntilde;en el camino que ellos recorrieron. Que as&iacute; sea. Necesitamos la fe de Jos&eacute; y Mar&iacute;a para vivir este reto perenne, este fiarnos de Dios m&aacute;s que de nuestros criterios para vivir la vida del Evangelio, para renunciar a nuestros consumismos inmediatos y terrenos, pensando m&aacute;s en el reino de Dios. Necesitamos la fe para estar diaria y constantemente abiertos y disponibles a los planes de Dios, que superan todos nuestros ego&iacute;smos de mente y coraz&oacute;n, en apertura filial a Dios y fraterna a los hermanos. Necesitamos la fe, como Jos&eacute; y Mar&iacute;a, en medio de tanta incomprensi&oacute;n de las gentes, que ha dejado la fe cristiana y la Iglesia, porque les cuesta obedecer a Dios en sus mandamientos, en lo que nos pide en el uso y disfrute de las cosas creadas, a las que han convertido en lo absoluto de sus vidas, d&aacute;ndole el culto que s&oacute;lo pertenece a Dios. Necesitamos la fe para vivir el matrimonio sin divorcios, la familia sin abortos ni eutanasias, con m&aacute;s amor a los padres y ancianos, como Dios nos pide, en contra del ambiente y de la corriente del mundo, S&oacute;lo con esta fe honda, sincera, profunda, superadora de criterios y mentalidades paganas, podremos celebrar una Navidad verdaderamente cristiana, donde Cristo sea recibido, amado y celebrado como Dios y Se&ntilde;or, como &uacute;nico Salvador de nuestras vidas. Que &Eacute;l nos ayude. Que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, a quienes la Iglesia nos pone como modelos, en este domingo &uacute;ltimo de Adviento, nos ayuden y nos ense&ntilde;en el camino que ellos recorrieron. Que as&iacute; sea. *************************************** SE ACERCA LA NAVIDAD: TIEMPO DE NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Permitidme que hoy diga en voz alta para todos un poco de lo que a veces oigo que me dice Jes&uacute;s, Cristo Eucar&iacute;stia desde el Sagrario, lo que me dice su mismo Esp&iacute;ritu Santo de Amor en ratos de oraci&oacute;n y silencio. Cuarto domingo de Adviento. Adviento. Jesus, siendo Dios, se hace hombre en el seno de la Virgen Madre, y al unir lo humano con lo divino empieza a ser Sacerdote eterno en el seno de la Virgen Madre, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, el mismo Esp&iacute;ritu que a todos nosotros nos ungi&oacute; en el d&iacute;a de nuestra ordenaci&oacute;n y nos ha hecho sacerdotes eternamente en El y con El para salvaci&oacute;n de todos los hombres nuestros hermanos, hijos todos de la Virgen Madre, Virgen Madre, que concibi&oacute; en su seno al Sacerdote y V&iacute;ctima de Salvaci&oacute;n, Jesucristo, que se form&oacute; y naci&oacute; en su seno, en Maria, Virgen Sacerdotal y madre de todos los sacerdotes, que encarnamos esta uni&oacute;n entre lo divino y lo humano, este poder divino, esta union entre Cristo y cada uno de nosotros sacerdotes, sobre todo cuando en la santa misa con toda verdad y maravillosa grandeza decimos: &ldquo;Este es mi Cuerpo, esta es sangre&hellip;., &iquest;la m&iacute;a, la tuya? No, la de Jesucristo, &Uacute;nico Sacerdote nacido en el seno de la Virgen, Madre de todos los sacerdotes porque en ella tuvo ser y nacimiento el Hijo de Dios hecho hombre y &Uacute;nico y eterno sacerdote. ((Hermanos sacerdotes, Amemos a la Virgen, ama a tu madre sacerdotal y sacerdote&hellip; como algunas veces me atrevo a llamarla en privado y sin que nadie me oiga)) &hellip;Mar&iacute;a, madre sacerdotal y sacerdote del Alt&iacute;simo.)) Hermano, pide a la Madre y nuestra madre Maria, amor y ternura para el ni&ntilde;o que nace en su seno, que es Dios loco de amor por los hombres&hellip; y que nace en un pesebre y luego permancece para siempre en el sagrario, a veces, en iglesias cerradas todo el d&iacute;a&hellip; &iquest;pero Hijo de Dios que te haces hombre, para salvarnos, qu&eacute; te puede dar el hombre que t&uacute; no tengas, qu&eacute; buscas en mi si tu lo tienes todo, eres Dios y por eso har&aacute;s milagros, resucitar&aacute;s muertos, y desp&uacute;es de dar la vida por m&iacute;, por todos, te resucitar&aacute;s como Dios al hombre nacido de Mar&iacute;a y primer resucitado de entre los hombres&hellip; sabes Cristo que tanto amor de tu parte me provoca crisis de fe&hellip; pero c&oacute;mo puede ser Dios y hacer eso&hellip; c&oacute;mo puede nacer as&iacute; pobre en un establo el creador del mundo y de todo, c&oacute;mo tiene que huir siendo ni&ntilde;o y no habiendo hecho nada malo&hellip; y luego morir, bueno toda tu vida&hellip;. Y naces para esto, qu&eacute; locura de amor&hellip; c&oacute;mo nos amas&hellip; Nosotros tambi&eacute;n, vi&eacute;ndote nacer as&iacute; tan pobre y dem&aacute;s, queremos amarte eternamente y ser tuyos y amar al Padre que acept&oacute; este plan de salvaci&oacute;n tan maravilloso y sentir su mismo fuego de amor al Padre y al Hijo en Amor de su Esp&iacute;ritu Santo. C&oacute;mo quiero vivir el Adviento, esperarte, besarte y comerte, adorarte en el establo, mejor, en tu Sagrario. Hermano, hermanas, vivamos con fe profunda y amor, vivamos con Mar&iacute;a el Adviento que termina porque el ni&ntilde;o ya tiene deseos de nacer y abrazarnos y hablarnos del Padre eterno que nos ama, que nos ha so&ntilde;ado para una eternidad de gozo con El y todos los hombres nuestros hermanos en Fuego y Amor de su mimo Amor y Eterna felicidad, Esp&iacute;ritu Santo&hellip; Si existo, es que Dios me ama.. Por eso, todos nosotros los sacerdotes, para ser sacerdotes de salvaci&oacute;n para todos, para el mundo entero como El, &uacute;nico Salvador y sacerdote, tenemos y debemos imitarle en todo, en su vida, tenemos que seguir e imitarle en nuestras vidas, tenemos que vivir esta vida, este amor, esta entrega y fidelidad y union de Jes&uacute;s al Padre Dios y a todos los hombres nuestros hermanos&hellip;. La Iglesia nos invita en estos d&iacute;as santos a vivir con Mar&iacute;a sant&iacute;sima estos acontecimientos en oracion, como ella, desde que la sorprendio el angel y le anunci&oacute; el misterio que se iba a realzar en ella y que Jos&eacute; fue testigo tan verdadero que penso abandonarla porque no hab&iacute;a tenido parte en ello. Viv&aacute;moslo con su misma esperanza, confianza, con su misma fe en estos misterios. El Hijo de Dios ha querido entrar en la historia humana, no por el camino solemne de una victoria triunfal. Podr&iacute;a haberlo hecho, puesto que es el Rey del universo. Pero no. &Eacute;l ha venido por el camino de la humildad, que incluye pobreza, marginaci&oacute;n y desprecio, anonimato, ocultamiento, etc. Y por este camino quiere ser encontrado. Hacerse como ni&ntilde;o, hacerse peque&ntilde;o, buscar el &uacute;ltimo puesto, pasar desapercibido... en miedio de los hermanos son las primeras actitudes que nos ense&ntilde;a la Navidad. Para acoger a Jes&uacute;s, &eacute;l busca corazones humildes, sencillos y limpios, como el coraz&oacute;n de su madre Mar&iacute;a y del que hace las veces de padre, Jos&eacute;. El misterio de la Encarnaci&oacute;n del Hijo que se hace hombre lleva consigo la solidaridad que brota de este misterio. &ldquo;El Hijo de Dios por su encarnaci&oacute;n se ha unido de alguna manera con cada hombre&rdquo; (GS 22), nos recuerda el Vaticano II. El misterio de la Encarnaci&oacute;n se prolonga en cada hombre, ah&iacute; est&aacute; Jes&uacute;s, sobre todo en nosotros, sacerdotes. Y sobre todo se prolonga en los pobres y necesitados de nuestro mundo. Con ellos ha querido identificarse Jes&uacute;s naciendo pobre para reclamar de nosotros la compasi&oacute;n y la misericordia con ellos. El anuncio de este acontecimiento produce alegr&iacute;a. Es la alegr&iacute;a de la Navidad. RETIRO DE NAVIDAD PRIMERA MEDITACI&Oacute;N QUERIDOS HERMANOS: Un a&ntilde;o m&aacute;s el Se&ntilde;or nos concede la gracia de celebrar la Navidad, fiesta del amor de Dios a todos los hombres. Nosotros, como creyentes, queremos celebrarla cristianamente, para que no sea s&oacute;lo una fiesta s&oacute;lo de champ&aacute;n y turrones y comidas familiares, sino que vivamos este misterio de la filantrop&iacute;a de Dios al hombre, que se manifiesta en el Ni&ntilde;o que nace, para buscarnos a todos los hombres y meternos en la salvaci&oacute;n y amistad de un Dios Amigo del hombre. 1.- San Pablo nos dice en la segunda lectura del d&iacute;a de Navidad: &ldquo;Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador y su amor al hombre&rdquo;. La Navidad cristiana se fundamenta en este hecho; la Navidad cristiana es creer y amar esta manifestaci&oacute;n del Amor de Dios en este Ni&ntilde;o que nace. &ldquo;Hoy ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador y su amor al hombre&rdquo;, porque el Dios infinito, que no necesita absolutamente nada del hombre para ser Dios de felicidad y amor infinitos, no ha querido ser ego&iacute;sta en su dicha eterna y trinitaria, y ha concebido un proyecto de eternidad y felicidad para el hombre, destin&aacute;ndonos a ser hijos en el Hijo. Este es el fundamento y la raz&oacute;n de la Navidad, del env&iacute;o del Hijo Amado, que se hace hombre, para que el hombre pueda ser hijo de Dios. En la Navidad &ldquo;ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre&rdquo;, porque ha decido venir en busca del hombre y hacerse hombre para encontrarlo, de igual a igual; por eso la Navidad cristiana es la explosi&oacute;n reveladora del Amor divino y la mayor manifestaci&oacute;n de amor que ha existido en el mundo. La navidad cristiana es la revelaci&oacute;n de la Palabra de Salvaci&oacute;n pronunciada con fuego de Esp&iacute;ritu Santo por el Padre en su Hijo amado, enviado para salvar a los hombres de su finitud y lejan&iacute;a de Dios; la Navidad cristiana es la gloria y la luz inmarcesible de Dios que aparece revestida de la carne humana de un ni&ntilde;o que se nos da y se nos ofrece, humilde, peque&ntilde;o, para que todos podamos acercarnos a &eacute;l sin miedo, con cari&ntilde;o, con respuesta de amor; la navidad cristiana es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s concreta del proyecto de Salvaci&oacute;n del Dios Uno y Trino en forma concreta, hist&oacute;rica y humana. 2.- San Bernardo, en uno de su sermones de Navidad (De los sermones de san Bernardo, abad (Serm&oacute;n 1 en la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, 1-2: PL133,141-143), que leemos estos d&iacute;as en la Liturgia de las Horas, comentando este texto de San Pablo, dice: &laquo;Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinaci&oacute;n, de este destierro, de esta miseria. Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba tambi&eacute;n oculta, aunque &eacute;sta ya exist&iacute;a, pues la misericordia del Se&ntilde;or es eterna. &iquest;Pero c&oacute;mo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no cre&iacute;an en ella. Efectivamente, &ldquo;en distintas ocasiones y de muchas maneras habl&oacute; Dios por los profetas&rdquo;. Y dec&iacute;a: Yo tengo &ldquo;designios de paz y no de aflicci&oacute;n&rdquo;. Pero &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a responder el hombre que s&oacute;lo experimentaba la aflicci&oacute;n e ignoraba la paz? &iquest;Hasta cu&aacute;ndo vais a estar diciendo: &laquo;Paz, paz&raquo;, y no hay paz? A causa de lo cual &ldquo;los mensajeros de paz lloraban amargamente&rdquo;, diciendo: &ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;qui&eacute;n crey&oacute; nuestro anuncio?&rdquo; Pero ahora los hombres tendr&aacute;n que creer a sus propios ojos, ya que &ldquo;los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente cre&iacute;bles&rdquo;. Pues para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso &ldquo;su tienda al sol&rdquo;. Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su env&iacute;o; no de la dilataci&oacute;n de su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio prof&eacute;tico, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habr&iacute;a de desfondarse en la pasi&oacute;n, para que se derramara nuestro precio, oculto en &eacute;l; un saco peque&ntilde;o, pero lleno. Ya que &ldquo;un ni&ntilde;o se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad&rdquo;. Ya que, cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo, hizo tambi&eacute;n su aparici&oacute;n la plenitud de la divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse as&iacute; ante quienes eran carnales, en la aparici&oacute;n de su humanidad, se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. &iquest;De qu&eacute; manera pod&iacute;a manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La m&iacute;a, no la de Ad&aacute;n, es decir, no la que Ad&aacute;n tuvo antes del pecado. &iquest;Hay algo que pueda declarar m&aacute;s inequ&iacute;vocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? &iquest;Qu&eacute; hay m&aacute;s rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? &ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; es el hombre, para que te acuerdes de &eacute;l, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aqu&iacute; los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, t&uacute;, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufri&oacute; &eacute;l. Deduce de todo lo que sufri&oacute; por ti, en cu&aacute;nto te tas&oacute;, y as&iacute; su bondad se te har&aacute; evidente por su humanidad. Cuanto m&aacute;s peque&ntilde;o se hizo en su humanidad, tanto m&aacute;s grande se revel&oacute; en su bondad; y cuanto m&aacute;s se dej&oacute; envilecer por m&iacute;, tanto m&aacute;s querido me es ahora. &ldquo;Ha aparecido &mdash;dice el Ap&oacute;stol&mdash; la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre.&rdquo; Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad revel&oacute; quien se preocup&oacute; de a&ntilde;adir a la humanidad el nombre de Dios&raquo;. Y el responsorio que sigue a esta Lectura en la Liturgia de las Horas, resume y reza estos textos de San Pablo (Ef 1, 5. 6; Rm 8, 29): R. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. * Por pura iniciativa suya, para que la gloria de su gracia redunde en alabanza suya. V. A los que hab&iacute;a escogido, &eacute;l los predestin&oacute; a ser imagen de su Hijo. *por pura iniciativa suya. 3.- San Pablo nos descubre la teolog&iacute;a del misterio de la Navidad en este texto de la Carta a los Hebreos: &ldquo;Muchas veces y de muchas maneras habl&oacute; Dios antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas; ahora, en esta etapa final de la historia, nos ha hablado por medio de sus Hijo...&rdquo; (Hbr 1,1-2). El Padre nos lo ha dicho todo por su Palabra encarnada, por el Hijo hecho hombre y nos la ha dicho, nos ha pronunciado esta Palabra con amor de Esp&iacute;ritu Santo. &iquest;Pues a cual de los &aacute;ngeles dijo alguna vez:. &laquo;Hijo m&iacute;o eres T&uacute;, yo te he engendrado hoy? (Ibi.5) La liturgia del d&iacute;a de Navidad nos introduce en el misterio de la existencia eterna del Hijo, m&aacute;s all&aacute; del tiempo y del espacio, engendrado de la misma naturaleza que el Padre, que, contemplando su esencia divina, se descubre Padre por el Hijo: &ldquo;Yo ser&eacute; para &Egrave;l Padre y &Eacute;l ser&aacute; Hijo para m&iacute;&rdquo; (Ibi5). Este es el misterio que celebramos en la Navidad y para el cual nos preparamos y la mejor forma de hacerlo es meditarlo, interiorizarlo y orarlo, es decir, hablarlo con Dios porque ha sido &Eacute;l el que ha iniciado este di&aacute;logo con su Palabra pronunciada desde toda la eternidad, dice San Juan de la Cruz, en silencio amoroso: &ldquo;Dios nos ha hablado por el Hijo&rdquo; (Hb 1, 2). Muchas veces y de muchas maneras Dios hab&iacute;a hablado por los profetas, pero cuando &ldquo;se cumpli&oacute; el tiempo&rdquo; (Ga 4, 4), habl&oacute; por el Hijo. El Hijo es el reflejo de la gloria del Padre; la irradiaci&oacute;n de su naturaleza, que lo sostiene todo con el poder de su palabra. San Pablo dice esto, refiri&eacute;ndose al reci&eacute;n nacido, que es tambi&eacute;n hijo de Mar&iacute;a, por la naturaleza humana adquirida de la &ldquo;mujer&rdquo; anunciada por Dios en el G&eacute;nesis. Ese ni&ntilde;o que nos ha sido dado es Dios y hombre verdadero. Es Dios, porque, por medio de &eacute;l, Dios Padre cre&oacute; el cosmos; &Eacute;l es tambi&eacute;n el Primog&eacute;nito y el Heredero de toda la creaci&oacute;n (cf. Hb 1, 1-2). Este pobre Ni&ntilde;o, para el cual &ldquo;no hab&iacute;a sitio en la posada&rdquo;, es, a pesar de las apariencias, el &uacute;nico Heredero de la creaci&oacute;n entera. Vino para compartir con nosotros esta herencia suya, a fin de que nosotros, hechos hijos de la adopci&oacute;n divina, participemos de la herencia que &Eacute;l ha tra&iacute;do consigo al mundo. Se&ntilde;or Jesucristo, Palabra eterna del Padre, pronunciada con la potencia del Esp&iacute;ritu Santo, nosotros contemplamos hoy tu gloria, &ldquo;gloria propia del Hijo &uacute;nico del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo; (Jn 1, 14). Te pedimos, pues para esto ha venido y T&uacute; lo puedes todo, que la gozosa noticia de tu Nacimiento, antiguo y siempre nuevo, llegue, a trav&eacute;s de las ondas del viento y del sonido, hasta los pueblo y las naciones de todos los continentes, y nos traiga al mundo la paz. 4.- San Juan nos revela este origen divino de este ni&ntilde;o que nos he dado en la Navidad en el pr&oacute;logo de su evangelio: &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios&rdquo;. (Jn 1,1-2). Y en el Credo profesamos la misma verdad: &ldquo;Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n baj&oacute; del cielo, y por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a y se hizo hombre&rdquo;. Este es el misterio que nos revela la Navidad, esta es la alegre noticia que anuncian los &aacute;ngeles en la Nochebuena, esta es la fe que nos han transmitido los evangelistas y la tradici&oacute;n apost&oacute;lica de la Iglesia. La teolog&iacute;a de la Navidad nos revela siempre el amor misericordioso y filantr&oacute;pico de Dios. Antes de la Navidad se nos revela el amor misericordioso de Dios que perdona al hombre y le promete un Salvador: Ya en el para&iacute;so, inmediatamente despu&eacute;s del pecado de nuestros primeros padres, Dios proclam&oacute; la salvaci&oacute;n del hombre por la descendencia de una mujer que aplastar&iacute;a la cabeza de la serpiente tentadora: &ldquo;Dijo luego Yav&eacute;h Dios a la serpiente: &laquo;Por haber hecho esto, maldita ser&aacute;s entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo&hellip;Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer. Y entre su linaje y el suyo; este te aplastar&aacute; la cabeza, y t&uacute; le acechar&aacute;s el calca&ntilde;al&raquo;. El pueblo elegido esper&oacute; con ansias, durante siglos, esa descendencia que hab&iacute;a de venir por una mujer que nos librar&iacute;a a todos de las consecuencias de ese pecado. L&oacute;gicamente el canal tambi&eacute;n deb&iacute;a estar limpio. Era Mar&iacute;a; este es el sentido de la fiesta de la Inmaculada en medio del Adviento. Esta primera espera fue el largo adviento del todo el Antiguo Testamento, comienzo de toda la historia de Salvaci&oacute;n, que Dios iniciaba con su pueblo escogido, y alimentaba con la predicaci&oacute;n de los Profetas, como nos lo expresa muy bien el segundo prefacio de Adviento: &ldquo;&hellip; por Cristo, Se&ntilde;or nuestro. A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esper&oacute; con inefable amor de Madre, Juan lo proclam&oacute; ya pr&oacute;ximo y se&ntilde;al&oacute; despu&eacute;s entre los hombres&rdquo;. Por eso, el Precursor de la Navidad, San Juan Bautista, con su voz tonante, ronca y exigente, pidiendo la conversi&oacute;n, siempre es fiel a esta cita el Adviento, para que preparemos los caminos del Se&ntilde;or, &ldquo;quien, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realiz&oacute; el plan de redenci&oacute;n trazado desde antiguo y nos abri&oacute; el camino de la salvaci&oacute;n&rdquo; (Prefacio). 5.- La ESPIRITUALIDAD de la Navidad ser&iacute;a vivir seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu de Dios todo este misterio, vivir y sentir todas estas verdades con los mismos sentimientos que suscita; ser&iacute;a tratar de imitarle, de coger este camino inaugurado por &Eacute;l para encontrar cada uno de nosotros a Cristo donde est&aacute;: en la humildad, en el amor total, siendo Jes&uacute;s, es decir, Salvador, buscando al hombre, haci&eacute;ndose hombre, todo hombre es mi hermano, tengo que amar como &Eacute;l, perdonar como &Eacute;l, servir como &Eacute;l.... Esto ser&iacute;a la espiritualidad de la Navidad, es decir, buscar a Cristo encarnado, tratar de vivir lo que &Eacute;l vive y como &Eacute;l lo vive, imitarlo: espiritualidad es vivir seg&uacute;n su Esp&iacute;ritu, tener sus mismos sentimientos y actitudes, vivir su misma vida: &ldquo;Tened vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jes&uacute;s, quien siendo Dios no se anonad&oacute;, tomando la forma de siervo y haci&eacute;ndose semejante a los hombres&rdquo; (Fp 2, 6-7). SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N SENTIMIENTOS Y ACTITUDES DE NAVIDAD 1.- La Navidad, fiesta de la fe cristiana. Ante el anuncio de la Buena Nueva del Nacimiento, la respuesta del hombre debe ser la fe total y confiada: CREO EN JESUCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS. Dios ha enviado su Hijo al mundo: &ldquo;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&rdquo; (Ga 4, 4-5). He aqu&iacute; &ldquo;la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo; (Mc 1, 1): &ldquo;Dios ha visitado a su pueblo&rdquo; (cf Lc 1, 68), ha cumplido las promesas hechas a Abraham y a su descendencia (cf Lc 1, 55); lo ha hecho m&aacute;s all&aacute; de toda expectativa: &Eacute;l ha enviado a su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mc 1, 11). Nosotros creemos y confesamos que Jes&uacute;s de Nazaret, nacido jud&iacute;o de una hija de Israel, en Bel&eacute;n en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador C&eacute;sar Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusal&eacute;n, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha &ldquo;salido de Dios&rdquo; (Jn 13, 3), &ldquo;baj&oacute; del cielo&rdquo; (Jn 3, 13; 6, 33), &ldquo;ha venido en carne&rdquo; (1 Jn 4, 2), porque &ldquo;la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia&rdquo; (Jn 1, 14.16). Movidos por este amor y obra del Esp&iacute;ritu Santo y atra&iacute;dos por el Padre, nosotros creemos y confesamos a prop&oacute;sito de Jes&uacute;s: &ldquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&rdquo; (Mt 16, 16). Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (cf Mt 16, 18; San Le&oacute;n Magno, serm. 4, 3; 51, 1; 62,2; 83, 3). La transmisi&oacute;n de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en &Eacute;l. Desde el principio, los primeros disc&iacute;pulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: &ldquo;No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y o&iacute;do&rdquo; (Hch 4, 20).Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegr&iacute;a de su comuni&oacute;n con Cristo: &ldquo;Lo que exist&iacute;a desde el principio, lo que hemos o&iacute;do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida &mdash;pues la V&iacute;da se manifest&oacute;, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifest&oacute;&mdash;, lo que hemos visto y o&iacute;do, os lo anunciamos, para que tambi&eacute;n vosotros est&eacute;is en comuni&oacute;n con nosotros. Y nosotros estamos en comuni&oacute;n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 1-4). (CATECISMO DE LA IGLESIA CAT&Oacute;LICA, N&ordm; 422,423, 424,425) 2.- La Navidad fiesta del amor. La Navidad es un misterio todo lleno de amor. Amor del Padre, que ha enviado al mundo a su Hijo Unig&eacute;nito, para darnos su propia vida: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que nos dio su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan vida eterna&rdquo; (cf. 1 Jn 4, 8-9). Amor del &ldquo;Dios con nosotros&rdquo;, el Emmanuel, que ha venido a la tierra para salvarnos y morir por nosotros en una Cruz: &ldquo;Nadie ama m&aacute;s que el que da la vida por los amigos&rdquo;. En el fr&iacute;o portal, en medio del silencio, la Virgen Madre, le da todo el amor que tiene y que nosotros no manifestamos a veces: &laquo;&iexcl;Oh Dios m&iacute;o!, hazme digna de conocer el misterio de la caridad ardent&iacute;sima que se esconde en ti, esto es, la obra excelent&iacute;sima de la Encarnaci&oacute;n que has puesto como principio de nuestra salud. Este beneficio inefable nos produce dos efectos: el primero es que nos llena de amor; el segundo, que nos da la certeza de nuestra salud. &iexcl;Oh inefable caridad, la m&aacute;s grande que puede darse: que Dios creador de todo se haga criatura, para hacer que yo sea semejante a Dios! &iexcl;Oh amor entra&ntilde;able! te has anonadado a ti mismo, tomando la forma vil&iacute;sima de siervo, para darme a m&iacute; un ser casi divino. Aunque al tomar mi naturaleza no disminuiste ni viniste a menos en tu sustancia ni perdiste la m&aacute;s m&iacute;nima parte de tu divinidad, el abismo de tu humild&iacute;sima Encarnaci&oacute;n me empuja a prorrumpir en estas palabras: &iexcl;Oh incomprensible, te has hecho por mi comprensible! &iexcl;Oh increado, te has hecho creado! &iexcl;Oh impalpable, te has hecho palpable!... Hazme digna de conocer lo profundo de tu amor y el abismo de tu ardent&iacute;sima caridad, la cual nos has comunicado en tu sant&iacute;sima Encarnaci&oacute;n&raquo;. (B. ANGELA DE FOLIGNO, II libro della B. Angela). &laquo;&iexcl;Oh amor sumo y transformado! &iexcl;Oh visi&oacute;n divina! Oh misterio inefable! &iquest;Cu&aacute;ndo, oh Jes&uacute;s, me har&aacute;s comprender que naciste por m&iacute; y que es tan glorioso el comprenderlo? En verdad, el ver y comprender que has nacido para m&iacute; me llena de toda delectaci&oacute;n. La certeza que nos viene de la Encarnaci&oacute;n es la misma que se deriva de la Navidad: ha nacido para el mismo fin por que quiso encarnarse. Oh admirable, cu&aacute;n admirables son las obras que realizas por nosotros!&raquo; (B. ANGELA DE FOLIGNO, II Libro della 8. Angela). 3.- Queridos hermanos: En este tiempo de Navidad hemos de creer en el Amor de Dios, hemos de rendirnos a su amor: &ldquo;Cantar&eacute; eternamente tus misericordias, oh Se&ntilde;or, las misericordias de tu amor&hellip;&rdquo; (Ps 89. 2). La Navidad es la fiesta por excelencia del amor, de un amor que se revela, no en los sufrimientos de la cruz, sino en la amabilidad de un Ni&ntilde;o, Dios nuestro, que extiende hacia nosotros sus brazos para darnos a entender que nos ama y necesita de nuestro amor. Por eso justamente queremos abismarnos en la contemplaci&oacute;n del misterio natalicio. &ldquo;Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria propia del Unig&eacute;nito del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo; (Jn 1, 14). En Bel&eacute;n, la gloria del Verbo Eterno, Consustancial al Padre y como &Eacute;l, eterno, omnipotente, omnisciente, creador del universo, se halla del todo escondida en un Ni&ntilde;o que desde el primer instante de su vida terrena no s&oacute;lo acepta de lleno todas las debilidades humanas, sino que las experimenta en las condiciones m&aacute;s pobres y despreciadas. &laquo;Acu&eacute;rdate, oh Creador de las cosas&mdash;canta la liturgia natalicia&mdash; que un d&iacute;a, naciendo del seno pur&iacute;simo de la Virgen, tomaste un cuerpo semejante al nuestro... T&uacute; solo desde el seno del Padre viniste a salvar al mundo&raquo; (Breviario Romano). S&iacute;, la oraci&oacute;n habla conmovida al coraz&oacute;n de Dios y al coraz&oacute;n del creyente: recuerda a Dios las maravillas realizadas por su amor a los hombres, y recuerda al creyente la gran verdad de Dios: &ldquo;Dios es amor&rdquo;. Ante el pesebre de Bel&eacute;n repitamos incesantemente: &ldquo;Hemos conocido y cre&iacute;do en el amor que Dios nos tiene&rdquo; (1 Jn 4, 16). &ldquo;Dios es amor&rdquo; (1 Jn 4, 16). Es inmenso el tesoro que encierran estas palabras, tesoro que Dios descubre y revela al alma que quiere concentrarse totalmente en la contemplaci&oacute;n del Verbo Encarnado. Mientras no se comprende que Dios es amor infinito, infinita bondad, que se da y se derrama a todos los hombres, para comunicarles su bien y su felicidad, la vida espiritual est&aacute; todav&iacute;a en etapas iniciales, no se ha desarrollado a&uacute;n, ni es suficientemente profunda. Mas cuando el alma, iluminada por el Esp&iacute;ritu Santo, penetra en el misterio de la caridad divina, del Amor Personal del Esp&iacute;ritu Santo, que es su misma esencia: &ldquo;Dios es Amor&rdquo;, -- si dejara de amar, dejar&iacute;a de existir -- , la vida espiritual del orante o creyente llega a su plenitud de transformaci&oacute;n en Dios y de vida divina. Dios ha bajado de la altura de su divinidad a la bajeza del fango de tu humanidad, movido &uacute;nicamente por su inmensa caridad: &laquo;Oh Se&ntilde;or m&iacute;o, que de todos los bienes que nos hicisteis, nos aprovechamos mal. Vuestra Majestad, buscando modos y maneras e invenciones para mostrar el amor que nos ten&eacute;is; nosotros, como mal experimentados en amaros a Vos, ten&eacute;moslo tan en poco, que de mal ejercitados en esto, vanse los pensamientos adonde est&aacute;n siempre y dejan de pensar los grandes misterios que este lenguaje encierra en s&iacute;, dicho por el Esp&iacute;ritu Santo... El amor que nos tuviste y tienes me espanta a m&iacute; m&aacute;s y me desatina, siendo lo que somos; que teni&eacute;ndole, ya entiendo que no hay encarecimiento de palabras con que nos le muestras, que no le hayas mostrado m&aacute;s con obras&raquo;. (STA TERESA DE JESUS). 3.- La Navidad, fiesta tambi&eacute;n de corresponder al amor de Dios. &laquo;En tu Navidad, Se&ntilde;or, te ofrecemos como tributo el himno de nuestra alabanza y amor&raquo;. (Breviario Romano). &ldquo;&Eacute;l, de naturaleza divina.., se anonad&oacute;, tomando la forma de siervo y haci&eacute;ndose semejante a los hombres&rdquo; (Fp 2, 6-7). Para unirse a la naturaleza humana, el Verbo eterno ha ocultado su divinidad, su majestad, su potencia y sabidur&iacute;a infinita; se ha hecho ni&ntilde;o que no puede hablar, que no puede moverse y que en todo depende y todo lo espera de su madre, criatura suya. El amor verdadero vence cualquier obst&aacute;culo, acepta cualquier condici&oacute;n y sacrificio con tal de poder unirse a ama. Si queremos unirnos a Dios, hemos de recorre camino semejante al que el Verbo recorri&oacute; para asumir la naturaleza humana: camino de prodigioso abatimiento, de infinita humildad. Ante nosotros se abre el camino mostrado por S. Juan de la Cruz a las almas que quieren llegar a la suprema uni&oacute;n con Dios: <&iexcl;Todo!> <&iexcl;Nada!>; &laquo;Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer nada&raquo; (Monte de la perfecci&oacute;n). Para corresponder a su amor infinito y demostrarle el nuestro, tenemos que despojarnos generosamente de todo lo que pueda retardar nuestra semejanza y uni&oacute;n con &Eacute;l: un despojo que ha de comenzar por nuestro amor propio, orgullo, vanidad, por esas pretensiones en nuestros derechos, nuestros puntillos de honra&hellip; inmenso contraste entre estas vanas exigencias de nuestro yo y la conmovedora humildad del Verbo encarnado: &ldquo;Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes&uacute;s, quien -- repite S. Pablo-- siendo de naturaleza divina, se anodad&oacute;, tomando la forma de siervo&rdquo; (Fp 2, 7). &iquest;Qui&eacute;n pagar&aacute; con amor a quien tanto nos ha amado? &ldquo;Conoc&eacute;is la benevolencia de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro&rdquo; (2 Cr 8, 9). Por amor del hombre y enriquecerlo con dones divinos, Jes&uacute;s eligi&oacute; para s&iacute; la condici&oacute;n de los pobres: Mar&iacute;a &ldquo;lo envolvi&oacute; en pa&ntilde;ales y le acost&oacute; en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mes&oacute;n&rdquo; (Lc 2, 7). Quien desea seguir a Jes&uacute;s m&aacute;s de cerca, debe despojarse voluntariamente y de coraz&oacute;n por amor suyo del ego, del amor propio, del amor a las riquezas y al consumismo, que nos esclavizan y nos impiden darle a Dios el culto verdadero. 4.- La Navidad, fiesta de salvaci&oacute;n: &ldquo;Os ha nacido el Salvador&rdquo;, anuncian los &aacute;ngeles a los pastores. La Navidad nos salva del pecado, de todo pecado. &laquo;Reconoce, cristiano, tu dignidad&raquo;. &laquo;Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegr&eacute;monos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegr&iacute;a de la eternidad prometida. Nadie tiene por qu&eacute; sentirse alejado de la participaci&oacute;n de semejante gozo, a todos es com&uacute;n la raz&oacute;n para el j&uacute;bilo: porque nuestro Se&ntilde;or, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Al&eacute;grese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regoc&iacute;jese el pecador, puesto que se le invita al perd&oacute;n; an&iacute;mese el gentil, ya que se le llama a la vida. Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos, establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumi&oacute; la naturaleza del g&eacute;nero humano para reconciliarla con su Creador, de modo que el demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a la cual hab&iacute;a vencido. Por eso, al nacer el Se&ntilde;or, los &aacute;ngeles cantan llenos de gozo: &ldquo;&rdquo;Gloria Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Ellos ven, en efecto, que la Jerusal&eacute;n celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. &iquest;C&oacute;mo, pues, no habr&iacute;a de alegrarse la peque&ntilde;ez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los &aacute;ngeles encontraban en ella un gozo tan intenso? Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Esp&iacute;ritu Santo, puesto que se apiad&oacute; de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos am&oacute;; estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a &eacute;l fu&eacute;semos una nueva criatura, una nueva creaci&oacute;n. Despoj&eacute;monos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participaci&oacute;n de la generaci&oacute;n de Cristo, renunciemos a las obras de la carne. Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho part&iacute;cipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas&raquo;. (San Le&oacute;n Magno, papa: Serm&oacute;n 1 en la Natividad del Se&ntilde;or, 1-3: PL 54, 190-193) 5.- La Navidad, fiesta del amor fraterno. Si Dios se hace hombre, todo hombre es mi hermano. Para vivir la Navidad hay que deshacer muchas fronteras, porque nacen muchos misterios y comportamientos humanos que deben estar provocados por el amor divino, por el amor de Jesucristo hecho hombre por amor, sin fronteras de razas y colores. No se puede vivir la Navidad, no se puede amar como Cristo nos ama y quiere, si primero no creemos y oramos el misterio de la Encarnaci&oacute;n. Si Dios se hace hombre por amor, todo hombre es mi hermano y debe ser respetado como hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Este amor llena de sentido cristiano la vida, el hombre, el matrimonio, la familia. Hay que amar como Cristo, superando todas las barreras y dificultades. Si yo creo en la Navidad, debo adorar al Ni&ntilde;o, debo agradecer a Dios este don y adorar su designio de amor y fraternidad y debo amar a los hombres como &Eacute;l lo am&oacute;, haci&eacute;ndose hombre igual a todos menos en el pecado. La navidad provoca este amor. Si Dios se hace hombre, todo hombre queda sacralizado, porque queda consagrado por la presencia del Hijo en nuestra humanidad, uni&eacute;ndose a todo el g&eacute;nero humano, a toda la raza humana. Este es el fundamento teol&oacute;gico de todo el valor de los humano y de la caridad fraterna: &ldquo;lo que hicisteis con cualquiera conmigo lo hicisteis&rdquo;. La Navidad se abre en fraternidad: &ldquo;Uno solo es nuestro Padre y todos vosotros sois hermanos&rdquo;. La Navidad nos invita a ser solidarios. El consumismo nos divide. Si Dios se hace hombre, &Eacute;l acepta al hombre, menos el pecado. El dolor, las pruebas, las limitaciones. La Navidad nos invita a aceptar todo lo humano, a quererlo, a asumirlo mediante el amor a Jesucristo encarnado. 6.- La Navidad, fiesta de la Luz de Dios. Nos dice San Juan en el Pr&oacute;logo de su Evangelio: &ldquo;En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. &Eacute;l estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por &Eacute;l, y sin &Eacute;l no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En &Eacute;l estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron. Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Vino &eacute;ste a dar testimonio de la luz, para testificar de ella y que todos creyeran por &eacute;l. No era &Eacute;l la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y por &Eacute;l fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoci&oacute;. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron, Dios les dio poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre&hellip; Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unig&eacute;nito del Padre, lleno de gracia y de verdad&rdquo;. Como vemos, en el Pr&oacute;logo de su Evangelio, Juan nos eleva a los or&iacute;genes eternos del Verbo, para descender luego a su existencia hist&oacute;rica. Expone primero sus relaciones con Dios, en quien est&aacute; (1-2); con el mundo, que fue hecho por &Eacute;l (3), y con los hombres, de quien es luz y vida (4-5). Para mejor declarar este &uacute;ltimo pensamiento, nos habla de Juan, que no era la luz, pero que ten&iacute;a la misi&oacute;n de dar testimonio de ella (6-8). Vuelve otra vez a la luz verdadera, que viene a este mundo para iluminar a todos los hombres, los cuales no le dieron la acogida que deb&iacute;an, sobre todo, los suyos, su pueblo, que estaban m&aacute;s obligados 9-11) Pero este juicio negativo no es universal, porque muchos le recibieron, y a &eacute;stos les otorga la dignidad de ser hijos de Dios (12-13). Termina enunciando de nuevo el misterio de la encamaci&oacute;n, del que Juan da testimonio, y que, en vez de la Ley de Mois&eacute;s, nos comunica la gracia y la verdad (14-87). El vers&iacute;culo 8 viene a ser como la s&iacute;ntesis de todo el pr&oacute;logo: El Verbo, que es Dios Unig&eacute;nito y que por esto mora en el seso del Padre, ha venido a darnos a conocer a &eacute;ste y otorgamos la filiaci&oacute;n divina. En el Credo profesamos nuestra fe en &ldquo; Creo en Jesucristo &hellip;Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero&hellip;Y San Juan nos dir&aacute;: &ldquo;En &eacute;l estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la recibieron&rdquo; (cf. Jn 1, 4-5). En la noche de Navidad surge la luz que es Cristo. Esta luz brilla y penetra en los corazones de los hombres, infundiendo en ellos la nueva vida. Enciende en ellos la luz eterna, que siempre ilumina al ser humano, incluso cuando las tinieblas de la muerte envuelven su cuerpo. Por esto &ldquo;la Palabra se hizo carne, y acamp&oacute; entre nosotros&rdquo; (Jn 1, 14).Y esta luz est&aacute; provocada por el fuego del Amor de Dios. Por eso es como llama de amor viva que tiernamente hiere en lo m&aacute;s profundo del alma: &ldquo;&iexcl;Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro!; pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres; rompe la tela de este dulce encuentro.&rdquo; 7.- La Navidad, misterio de alegr&iacute;a, a pesar de todo, porque &ldquo;hoy os ha nacido, en la ciudad de David, un salvador&rdquo; (Lc 2, 11). De este mismo gozo participa la Iglesia, inundada hoy por la luz del Hijo de Dios: &laquo;Misterio adorable del Verbo Encarnado. Junto a ti, Virgen Madre, permanecemos pensativos ante el pesebre donde est&aacute; acostado el Ni&ntilde;o, para participar de tu mismo asombro ante la inmensa condescendencia de Dios. Danos tus ojos, Mar&iacute;a, para descifrar el misterio que se oculta tras la fragilidad de los miembros del Hijo. Ens&eacute;&ntilde;anos a reconocer su rostro en los ni&ntilde;os de toda raza y cultura. Ay&uacute;danos a ser testigos cre&iacute;bles de su mensaje de paz y de amor, para que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, caracterizado a&uacute;n por tensos contrastes e inauditas violencias, reconozcan en el Ni&ntilde;o que est&aacute; en tus brazos al &uacute;nico Salvador del mundo, fuente inagotable de la paz verdadera, a la que todos aspiran en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n. Las tinieblas jam&aacute;s podr&aacute;n apagarla. Es la gloria del Verbo eterno, que, por amor, se ha hecho uno de los nuestros. La Navidad es misterio de paz. En esa noche los &aacute;ngeles han cantado: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;(Lc 2, 14). Han anunciado el acontecimiento a los pastores (Lc 2, 10). Alegr&iacute;a, incluso estando lejos de casa, y con la pobreza del pesebre, la indiferencia del pueblo, la hostilidad del poder. Desde la gruta de Bel&eacute;n se eleva hoy una llamada apremiante para que el mundo no caiga en la indiferencia, la sospecha y la desconfianza, aunque el tr&aacute;gico fen&oacute;meno del terrorismo acreciente incertidumbres y temores. Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminaci&oacute;n, est&aacute;n llamados a construir la paz: ante todo en Tierra Santa, para detener finalmente la in&uacute;til espiral de ciega violencia, y en Oriente Medio, para apagar los siniestros destellos de un conflicto que puede ser evitado con el esfuerzo de todos; en Africa, donde carest&iacute;as devastadoras y luchas intestinas agravan las condiciones, ya precarias, de pueblos enteros, si bien no faltan indicios de optimismo; en Latinoam&eacute;rica, en Asia, en otras partes del mundo, donde crisis pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales inquietan a numerosas familias y naciones. &iexcl;Que la humanidad acoja el mensaje de paz de la Navidad!&raquo; (Angelus, Juan Pablo II: Original italiano; traducci&oacute;n espa&ntilde;ola, Sala de Prensa de la Santa Sede.) 8.- La M&Iacute;STICA de la Navidad es sentir todo esto dentro, gustarlo, sentirse amado, buscado por Dios en ese ni&ntilde;o Jes&uacute;s, experimentar que naci&oacute; y que nace y es verdad, que existe; el &eacute;xtasis de la Navidad es vivir y experimentar toda la teolog&iacute;a que hemos dicho antes, ver que Dios ha enviado a su Hijo por m&iacute;, sentir el beso del mismo Dios en este ni&ntilde;o, no que yo le bese que ser&iacute;a la teolog&iacute;a, ni tratar de besarle como El me besa, que ser&iacute;a la moral y espiritualidad, sino sentirlo y vivirlo dentro de ti, que ser&iacute;a la m&iacute;stica de la Navidad; sentir este beso de Dios en mi alma, como lo sienten los santos, especialmente los m&iacute;sticos, como se sienten las emociones que nos hacen llorar y gozar y decir: GLORIA TI, PADRE DIOS, porque me has creado hombre, porque existo y has pensado y creado y realizado para m&iacute; este proyecto de salvaci&oacute;n. GLORIA A TI, HIJO DE DIOS, Palabra de salvaci&oacute;n y revelaci&oacute;n de todo este amor escondido por siglos en el coraz&oacute;n de Dios.GLORIA A TI, ESPIRITU SANTO, porque por la potencia de tu amor formaste esta rosa de ni&ntilde;o en el seno de Maria. LO CREO, LO CREO Y ES VERDAD. Hazme gozar y sentir y experimentar como otros los vivieron. Bueno, y para ser educado y completo: GRACIAS, Jos&eacute;, porque queriendo repudiar a Mar&iacute;a, porque t&uacute; no hab&iacute;as tenido parte en nada, cre&iacute;ste y esperaste y amaste a este ni&ntilde;o, m&aacute;s que si fuera tuyo. Y gracias, Mar&iacute;a, hermosa nazarena, virgen bella, madre del alma, cu&aacute;nto te quiere, cu&aacute;nto me quieres&hellip;porque sin tino hubiera sido posible este misterio de amor y salvaci&oacute;n. Ay&uacute;dame a vivirlo y sentirlo como t&uacute;. &laquo;Nonos escandalicemos tontamente de las esperas interminables que nos ha impuesto el Mes&iacute;as. Eran necesarios nada menos que los trabajos tremendos y an&oacute;nimos del Hombre primitivo, y la larga hermosura egipcia, y la espera inquieta de Israel, y el perfume lentamente destilado de las m&iacute;sticas orientales, y la sabidur&iacute;a cien veces refinada de los griegos para que sobre el &aacute;rbol de Jes&eacute; y de la Humanidad pudiera brotar la Flor. Todas estas preparaciones eran necesarias c&oacute;smicamente, biol&oacute;gicamente, para que Cristo hiciera su entrada en la escena humana. Y todo este trabajo estaba maduro por el despertar activo y creador de su alma, en cuanto esta alma humana hab&iacute;a sido elegida para animar al Universo. Cuando Cristo apareci&oacute; entre los brazos de Mar&iacute;a, acababa de revolucionar el Mundo&raquo;. (TEILHARD DE CHARDIN) SE ACERCA LA NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: En nuestro ambiente actual, Navidad suena a muchas cosas. Suena a bulla, a regalos y compras, suena a fiesta, a reuni&oacute;n de familia, a encuentro, a tiempo de vacaci&oacute;n y descanso. Suena a alegr&iacute;a de los ni&ntilde;os, a a&ntilde;oranza de los mayores, a nostalgia de los que nos ha precedido y ya no est&aacute;n entre nosotros. Decir Navidad es decir todo esto y mucho m&aacute;s. Sin embargo, Navidad es una persona. Navidad es Jesucristo, el Hijo de Dios que nace como hombre para compartir la vida humana en su etapa terrena y llevarla a plenitud en el cielo. Navidad es Mar&iacute;a, su madre bendita; y junto a ella, su esposo san Jos&eacute;. Navidad son los &aacute;ngeles que anuncian la buena noticia, son los pastores que van corriendo a ver al Ni&ntilde;o, son los Magos que vienen de Oriente guiados por una estrella. Navidad es la irrupci&oacute;n de Dios en la historia humana, para hacer de esta historia el lugar de su gloria, llevando a plenitud la historia humana y en ella a todos y cada uno de sus componentes. &iquest;No tiene que ver lo uno con lo otro? &ndash;Si, est&aacute; &iacute;ntima y profundamente relacionado lo uno y lo otro. Pero una vez m&aacute;s hemos de ir a lo esencial, al fundamento de todo, a no quedarnos por las ramas, sino ir a la ra&iacute;z del acontecimiento. Y lo fundamental de la Navidad es la persona, no las cosas, ni el ruido, ni la fiesta. En primer lugar, la persona de Cristo. Hacemos fiesta porque ha nacido el Hijo de Dios. Llegada la plenitud de los tiempos, Dios ha enviado a su Hijo, que ha nacido de mujer y se ha hecho hombre, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. La relaci&oacute;n del hombre con Dios se llena de estupor al contemplar que Dios se ha hecho uno de los nuestros. Nos llena de asombro tanta cercan&iacute;a de Dios, tanta ternura, tanto amor. Para que ya no nos sintamos solos, sino que alentados por esa profunda y metaf&iacute;sica solidaridad de Dios con nosotros, se llene nuestro coraz&oacute;n de esperanza, la esperanza de los hijos de Dios. Junto a Jesucristo, su Madre Santa Mar&iacute;a. Para realizar la obra de la redenci&oacute;n de los hombres, Dios ha elegido una mujer y la ha colmado de gracias, la ha hecho inmaculada, la ha dotado de la capacidad de ser madre sin dejar de ser virgen, para luego d&aacute;rnosla como madre nuestra. Dios ha elegido a una mujer, bendita entre todas las mujeres, se&ntilde;alando as&iacute; la m&aacute;s alta dignidad de la persona humana en una mujer privilegiada. Y junto a Mar&iacute;a, san Jos&eacute;, al que dedicamos especialmente este a&ntilde;o. Es una figura grandiosa, humilde y escondida, pero es una pieza fundamental para que Jes&uacute;s haya nacido como hombre. &Eacute;l no es el padre biol&oacute;gico de Jes&uacute;s, como dejan claramente expresado los relatos evang&eacute;licos, pero ha acogido en su casa a Mar&iacute;a y al Ni&ntilde;o, y &eacute;ste ha podido nacer y crecer en una familia cobijado por el amor de sus padres. Jos&eacute; ha puesto su vida entera al servicio de Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, ha cumplido su misi&oacute;n en la entrega total de su vida, es el hombre justo a quien Dios ha confiado a su Hijo y a su Iglesia, la principal haza&ntilde;a humana. Por eso, la alegr&iacute;a de la Navidad tiene pleno sentido. Hacemos fiesta y hacemos bulla, porque celebramos un acontecimiento hist&oacute;rico que ha transformado la historia. Pero aunque no hubiera fiesta externa, ni ruido, ni bulla, celebrar&iacute;amos tambi&eacute;n la Navidad. Porque Dios sigue estando cerca de nosotros, incluso cuando nosotros nos olvidamos de &eacute;l. Por eso, en Navidad hemos de acercarnos m&aacute;s a &eacute;l, que viene a nosotros en los sacramentos, en una buena confesi&oacute;n y con una fervorosa comuni&oacute;n. Navidad es tambi&eacute;n la fiesta de los pobres, pues a los pobres viene a salvar este Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n. La profunda solidaridad que este Ni&ntilde;o ha establecido con su nacimiento, con su Navidad, nos hace salir al encuentro del que no tiene, llev&aacute;ndonos a compartir lo que tenemos. Por causa de la pandemia, muchas personas est&aacute;n solas, y hemos de acercarnos a ellas especialmente en estos d&iacute;as. Otras, no tienen casa, ni trabajo, ni esperanza. Podemos acercarnos para hacerles part&iacute;cipes de la alegr&iacute;a de la Navidad. La Navidad nos abre los ojos ante la dignidad humana despreciada, pisoteada, ninguneada. La Navidad, el nacimiento del Se&ntilde;or, viene a dignificar la persona humana. Abramos nuestro coraz&oacute;n, y saldremos todos ganando. Feliz y santa Navidad. Recibid mi afecto y mi ORACI&Oacute;N: Se acerca la Navidad. sIN RATOS DE ORACI&Oacute;N, DE ENCUENTRO CON CRISTO EN EL SAGRARIO, NO HAY NAVIDAD CRISTIANA. ********************************************* 25 DE DICIEMBRE: NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR MISA DE MEDIANOCHE PREG&Oacute;N DE NAVIDAD:(El Papa todos a&ntilde;os tiene unos pregones preciosos) PREG&Oacute;N DE LA NOCHEBUENA: Hermanos, esta noche es especial. Esta noche se une el cielo con la tierra. Desde que hace miles de millones de a&ntilde;os comenz&oacute; la vida sobre la tierra, la creaci&oacute;n entera suspir&oacute; siempre por esta noche. Abraham, padre de los creyentes, se puso en camino hacia la tierra prometida y as&iacute; surgi&oacute; un pueblo que vivi&oacute; con la esperanza de ver al Mes&iacute;as. Un sinf&iacute;n de profetas alimentaron las esperanzas de esta venida de Dios, que hoy celebramos en el coraz&oacute;n de la noche. David, rey y profeta, recibi&oacute; la promesa de que de su tronco nacer&iacute;a el Hijo de Dios. Esperanzas y desesperanzas han ido sucedi&eacute;ndose en el seno del pueblo que fue llamado para ver la glor&iacute;a del Hijo de Dios. Jud&iacute;os fieles a la ley a la palabra de Dios caminaron con la certeza de que un d&iacute;a las nubes llover&iacute;an del cielo la salvaci&oacute;n de nuestro Dios. Muchos murieron sin ver cumplidas sus esperanzas, y muchos desesperaron porque Dios siempre se retrasaba. Por f&iacute;n, hace ahora 200... a&ntilde;os en lo escondido de un pueblo de Judea, en Bel&eacute;n, seg&uacute;n todas las profec&iacute;as, acompa&ntilde;ado de los animales de un establo, porque el Rey que cre&oacute; el mundo no ten&iacute;a otro sitio dado por los hombres, porque no ten&iacute;a posada donde reclinar la cabeza ,al entrar en el territorio que &Eacute;l hab&iacute;a confiado a los hombres, all&iacute;, s&iacute;, all&iacute; naci&oacute; el Hijo de Dios, de una mujer llamada Mar&iacute;a, esposa de Jos&eacute;, el carpintero, de la familia de David, como se hab&iacute;a anunciado. Este Hijo es el Mes&iacute;as esperado de todos, Salvador de la humanidad, estrella luciente en la noche para todos los que buscan la luz y miran al cielo buscando el rostro de Dios. Nosotros, los que creemos en El, nos hemos reunido aqu&iacute;, o mejor, nos ha reunido el Dios de Jes&uacute;s, el reci&eacute;n nacido, para festejar con gozo este hecho que hace entonar cantos de fiesta a los coros de los &aacute;ngeles y que hace saltar el coraz&oacute;n de todos los que buscan los rastros de Dios en la historia. Alegr&eacute;monos y gocemos pues Dios nos ha visitado en la persona de su querido Hijo. Esta es la noticia de la historia: Dios se ha hecho ciudadano del mundo, Dios nos ha visitado y nos ha elevado a la categor&iacute;a de compa&ntilde;eros de su Hijo Jes&uacute;s. En nombre de todos los hombres de buena voluntad que suene la fiesta, que nazca la paz, que canten los oprimidos, que exulten los tristes. Dios est&aacute; con nosotros y trae secretos divinos. Ya es posible conocer a Dios, ya es posible acercarse a Dios sin temor a ser aniquilados. Dios se ha acercado a los hombres en la Navidad del 200. NOCHE DE NAVIDAD HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Y vinieron los mismos &aacute;ngeles del cielo a cantar al Ni&ntilde;o y pregonar al mundo entero el mensaje de paz de la Noche Buena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or.&rdquo; Este es el preg&oacute;n de la salvaci&oacute;n divina que nos trae este Ni&ntilde;o para toda la humanidad, que es Dios hecho hombre, Consejero, Palabra, Rey y pr&iacute;ncipe de la Paz, anunciado desde antiguo por los profetas. Al nacer Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as, en Bel&eacute;n de Jud&aacute;, se cumplen todas las Escrituras y Profec&iacute;as del Antiguo Testamento y empieza el Nuevo, inaugurando el <hoy> de la Salvaci&oacute;n prometida por Dios, el <hoy> atemporal ya de la gracia. El Padre, como leemos estos d&iacute;as en el Pr&oacute;logo de San Juan, nos lo ha dicho todo, nos ha revelado todo su proyecto de amor y salvaci&oacute;n en su Hijo hecho hombre y todo su misterio esencial ha quedado revelado y velado a la vez porque al ser palabra encarnada no puede expresar en plenitud todo el Misterio de Dios Uno y Trino. Pero nos ha expresado muy claro y manifiestamente por su venida a la tierra, que nos ama, que no se olvida del hombre, que viene a buscarnos para salvarnos y meternos en su intimidad. Dios m&iacute;o &iquest;Por qu&eacute; me buscas as&iacute;? &iquest;Qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas? &iquest;Por qu&eacute; lo haces de esta forma tan apasionada y extrema de amor? El Ni&ntilde;o que nos nace es un infante, infans>, en lat&iacute;n, significa el que no sabe hablar; pero naciendo, aun si hablar, nos dice, nos revela, nos est&aacute; diciendo muchas cosas: que nos ama eternamente, infinitamente, hasta el extremo de asumir todo lo humano, haci&eacute;ndose hombre; nos dice que Dios no se olvida del hombre y que el hombre est&aacute; salvado. Ese Ni&ntilde;o sin hablar nos dice que Dios ama apasionadamente al hombre, a todos los hombres, a toda la humanidad, que asume a todo lo humano y lo salva y quiere ser nuestro hermano. Por eso se llama Jes&uacute;s, que significa salvador. El Esp&iacute;ritu Santo, Amor eterno e infinito entre el Padre y el Hijo, inspir&oacute; este proyecto de encuentro salvador con el hombre, rescat&aacute;ndolo totalmente para la intimidad y felicidad y amistad eterna con la Sant&iacute;sima Trinidad; el Hijo vio al Padre entristecido por el pecado de Ad&aacute;n y Eva que destruy&oacute; su primer plan de amistad con el hombre y no pudiendo aguantar su tristeza, porque lo ama infinitamente con Amor de Esp&iacute;ritu Santo, se ofrece para hacer un segundo plan de salvaci&oacute;n: &ldquo;Padre no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;, un plan de re-creaci&oacute;n del plan primero, pero mucho m&aacute;s lleno de luz, gracia, salvaci&oacute;n, amistad, hasta el punto que en la Semana Santa hace como blasfemar a la Iglesia, que exclama ante tanto amor de la cruz y de la Eucarist&iacute;a: &ldquo;Oh felix culpa&rdquo;, Oh feliz pecado de Ad&aacute;n que nos mereci&oacute; un tal Salvador tan grande de entrega y amor. En la Navidad el Hijo ama al Padre haci&eacute;ndose obediente hasta la cruz, que as&iacute; lo cantaban algunos villancicos de mi infancia, donde cant&aacute;ndolo en la cuna ya anunciaban que morir&iacute;a en la cruz por amor a los hombres. Queridos hermanos: He aqu&iacute; la &ldquo;Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo;; &ldquo;Dios ha enviado a su Hijo amado&rdquo; (Mc1, 11) y ha cumplido las promesas hechas a Abrah&aacute;n y a su descendencia. El Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, en sus n&uacute;meros 422- 423, dice as&iacute;: 422 &ldquo;Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&rdquo; (Ga 4, 4-5). He aqu&iacute; &ldquo;la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios&rdquo; (Mc 1, 1): Dios ha visitado a su pueblo (cf Lc 1, 68), ha cumplido las promesas hechas a Abraham y a su descendencia (cf Lc 1, 55); lo ha hecho m&aacute;s all&aacute; de toda expectativa: &Eacute;l ha enviado a su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mc 1, 11). 423 Nosotros creemos y confesamos que Jes&uacute;s de Nazaret, nacido jud&iacute;o de una hija de Israel, en Bel&eacute;n en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador C&eacute;sar Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusal&eacute;n, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha &ldquo;salido de Dios&rdquo; (Jn 13, 3), &ldquo;baj&oacute; del cielo&rdquo; (Jn 3, 13; 6, 33), &ldquo;ha venido en carne&rdquo; (1 Jn 4, 2), porque &ldquo;la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia&rdquo; (Jn 1, 14.16). Y este mismo, queridos hermanos, es tambi&eacute;n el anuncio, que hago con todo el gozo y alegr&iacute;a de mi coraz&oacute;n, en esta noche santa del Nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo entre los hombres. Todos nosotros, movidos por la gracia del Esp&iacute;ritu Santo y atra&iacute;dos por el Padre, nosotros creemos y confesamos y le decimos, al adorarle en su cuna: &ldquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&rdquo; (Mt 16, 16). Sobre la roca de fe y amor, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (Mc 16,18; San Le&oacute;n Magno, serm.4,3f; F 51,1; 62,2; 83,3). En esta noche quiero con toda emoci&oacute;n y verdad &ldquo;Anunciar.., la inescrutable riqueza de Cristo&rdquo; (Ef 3, 8) &ldquo;Los pastores&hellip; al verlo, les contaron lo que les hab&iacute;an dicho de aquel ni&ntilde;o. Y todos los que lo o&iacute;an se admiraban de lo que dec&iacute;an los pastores. Y Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo; (Lc 2, 16-17). La transmisi&oacute;n de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en El. Desde el principio, los primeros disc&iacute;pulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: &ldquo;No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y o&iacute;do&rdquo; (Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegr&iacute;a de su comuni&oacute;n con Cristo: &ldquo;Lo que exist&iacute;a desde el principio, lo que hemos o&iacute;do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida &mdash;pues la Vida se manifest&oacute;, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifest&oacute;&mdash;, lo que hemos visto y o&iacute;do, os lo anunciamos, para que tambi&eacute;n vosotros est&eacute;is en comuni&oacute;n con nosotros. Y nosotros estamos en comuni&oacute;n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo&rdquo; (1 Jn 1, 1-4). MISA DEL D&Iacute;A 1.- QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. As&iacute; describe San Juan, en el Pr&oacute;logo de su Evangelio, la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios en su Divinidad, e hijo de Mar&iacute;a por su humanidad,. Nosotros celebramos hoy el cumplimiento de todas estas promesas del A. T. en la Liturgia de este d&iacute;a, que hace presente mist&eacute;ricamente todo el misterio de la primera Navidad. 2.- Todo era silencio aquella noche. Dorm&iacute;an los hombres y &laquo;cuando la noche llevaba mediado su camino y las cosas se hallaban en medio del silencio, baj&oacute; a la tierra la Palabra omnipotente&raquo;, esto es, el Hijo de Dios. La liturgia estalla de gozo recordando a los profetas que lo anunciaron. Todo es gozo y alegr&iacute;a: Aleluya, aleluya: &ldquo;Sabed que hoy vendr&aacute; el Se&ntilde;or y ma&ntilde;ana ver&eacute;is su rostro&rdquo;. Y suenan en el cielo las voces del coro de &aacute;ngeles que cantan el primer villancico de la Navidad: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Han pasado miles de a&ntilde;os; y nosotros hoy, llenos de gozo, podemos cantar: &laquo;En el portal de Bel&eacute;n/ hay estrellas, sol y luna:/ la Virgen y San Jos&eacute;/ y el Ni&ntilde;o que est&aacute; en la cuna&raquo;. 3.- &ldquo;Y sucedi&oacute; que estando all&iacute; se le cumpli&oacute; la hora del parto&rdquo;. Nos lo cuenta San Lucas. &ldquo;Mar&iacute;a envolvi&oacute; a Jes&uacute;s en unos pa&ntilde;ales y le recost&oacute; con amor en el pesebre&rdquo;. S&oacute;lo Mar&iacute;a pod&iacute;a hacer este trabajo porque s&oacute;lo ella estaba llena de gracia y de fe y de amor para hacerlo, porque es la criatura m&aacute;s divina y perfecta que ha existido en este mundo. Todos los gestos fueron expresi&oacute;n de su fe y ternura en su hijo, Hijo de Dios. Le besar&iacute;a los pies, porque era su Se&ntilde;or; le besar&iacute;a las manos y la cara porque era su hijo. Y se quedar&iacute;a mucho tiempo contempl&aacute;ndole, tratando de comprenderle, porque era la Palabra eterna del Padre a los hombres, el Amor Infinito de Dios, a quien ella hab&iacute;a dado carne. Porque el pesebre es una c&aacute;tedra de la revelaci&oacute;n del Amor de Dios para todos los que creemos en Jesucristo. Desde la c&aacute;tedra del pesebre, el Ni&ntilde;o Dios, hecho hombre, tiempo, l&iacute;mite, pobre, necesitado e indigente, nos ense&ntilde;a muchas cosas: 1&ordm; primero: El ni&ntilde;o nacido en Bel&eacute;n nos revela el amor que Dios siente por el hombre. Es un amor sin l&iacute;mites de tiempo y espacio, infinito, gratuito, Dios no necesita del hombre y viene para llenarle de su plenitud: &ldquo;En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Es un amor que se manifiesta en obras, encarn&aacute;ndose en la humildad de la carne humana. Es misericordioso: viene a salvar, a perdonar. Es un amor que escoge el camino de la pobreza y la austeridad para demostrarnos que s&oacute;lo le interesa el hombre, no sus cosas, ni sus posesiones, ni sus palacios, como los reyes de la tierra. Por eso la liturgia de este d&iacute;a exclama: &laquo;Rey del Universo, a quien los pastores encontraron envuelto en pa&ntilde;ales, ay&uacute;danos a imitar siempre tu pobreza y sencillez&raquo;. 2.- Segundo: En este d&iacute;a de Navidad, fiesta cristiana del amor de Dios y de la alegr&iacute;a humana, todos nosotros, como los pastores, debemos dirigirnos por la fe y el amor al portal para adorar a nuestro Salvador, como cantamos en los villancicos. San Le&oacute;n Magno exclama: &laquo;no puede haber lugar a la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad y nos infunde la alegr&iacute;a de la eternidad prometida&raquo;. Queridos hermanos: cuando en el d&iacute;a de hoy contemplemos un nacimiento o nos acerquemos a besar al Ni&ntilde;o, que nos sintamos todos amados, buscados, salvados por Dios y experimentemos la alegr&iacute;a que brota de este Nacimiento de Dios entre los hombres. Demos gracias a Dios por ello, y pidamos a Mar&iacute;a, la Madre, creer como ella que Dios nace ni&ntilde;o por amor a los hombres, amarle como ella que se hizo su esclava por amor, y esperar como ella esper&oacute; a pesar de la pruebas que es el &uacute;nico Salvador de los hombres y ella nos consiga del su hijo la gracia de permanecer siempre fieles a este Ni&ntilde;o Dios, misterio de amor, hasta siempre, hasta la eternidad. Am&eacute;n, as&iacute; sea para todos. NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: El domingo siguiente a la Navidad es siempre la fiesta de la Sagrada Familia, familia formada por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;; pero como este a&ntilde;o no hay domingo intermedio porque la Navidad cay&oacute; en domingo y a los siete d&iacute;as, domingo siguiente, que es hoy, es 1&ordm; de enero, fiesta de santa Mar&iacute;a, Madre de Dios, pues no hemos podido celebrarla en domingo, lo hicimos el viernes. Hoy quiero hacer una homil&iacute;a que abarque Navidad, Sagrada Familia y Mar&iacute;a, Madre de Dios. Navidad es una de las fiestas m&aacute;s importantes del calendario cristiano, que ha impregnado el tejido social y las costumbres de nuestros ambientes. El que nace Ni&ntilde;o en Bel&eacute;n es el Hijo eterno del Padre, que se ha hecho verdadero hombre en el seno de Mar&iacute;a Virgen. Y viene para hacernos hijos de Dios, para hacernos hermanos unos de otros, viene para traernos la paz con perd&oacute;n abundante para nuestras vidas redimidas. Todo ello es motivo de gran alegr&iacute;a, y por eso hacemos fiesta. En nuestra sociedad descristianizada, se va evaporando el motivo hondo de la Navidad. Algunos pol&iacute;ticos no saben qu&eacute; hacer, otros toman medidas que ofenden a los cristianos. En una sociedad con profundas ra&iacute;ces cristianas no se puede arrancar sin hacer da&ntilde;o todo lo referente a la fe cristiana. Asistimos a expresiones de un laicismo radical, que quisiera borrar a Dios del mapa, de la convivencia, de las expresiones culturales. Es una aberraci&oacute;n. A nadie se le obliga a creer y nadie tiene que molestarse porque otros tengan fe. La verdadera aconfesionalidad consiste en admitir a todos, fomentando incluso lo que es de cada uno y de cada grupo en el respeto de la convivencia. Nunca la aconfesionalidad es ataque, abuso de autoridad para suprimir expresiones que son de la inmensa mayor&iacute;a de los ciudadanos. Eso ya no es aconfesionalidad, sino militancia laicista y ataque a los creyentes. La religi&oacute;n es mucho m&aacute;s tolerante que la militancia atea. Por eso, por mucho que se empe&ntilde;en en ignorarlo o suprimirlo, Navidad es Navidad, no es el solsticio de invierno. Navidad es Jesucristo que nace de Mar&iacute;a virgen. Ahora bien, la verdadera reivindicaci&oacute;n de la Navidad consiste en vivirla y mostrarla a quienes no la viven, respetando a todos. Hemos de reconocer entre los cristianos que, si nos quedamos en lo puramente externo, habremos vaciado nuestro coraz&oacute;n de lo m&aacute;s bonito que se celebra en estos d&iacute;as: el encuentro con Jes&uacute;s, que viene a salvarnos. Cada uno de nosotros necesita esa salvaci&oacute;n para salir de los enredos del pecado y del ego&iacute;smo. Nuestros contempor&aacute;neos necesitan esa salvaci&oacute;n que trae Jes&uacute;s. Nuestro mundo necesita al Pr&iacute;ncipe de la paz, que nos restaura en la relaci&oacute;n con Dios y con los dem&aacute;s. En Navidad hemos de abrir de par en par el coraz&oacute;n para que entre Jesucristo, limpie nuestro coraz&oacute;n y nos restaure. Celebramos Navidad para acercarnos al Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n y adorarlo con todo nuestro ser. No ador&eacute;is a nadie m&aacute;s que a &Eacute;l, cantamos en un villancico. Nos preparamos a la Navidad con una buena confesi&oacute;n, que nos deje bien dispuestos para este encuentro. Navidad es Mar&iacute;a, la virgen madre del Ni&ntilde;o que nace en Bel&eacute;n. La persona humana m&aacute;s importante de la historia, una mujer sencilla y humilde, dispuesta a servir, entregada de lleno a la misi&oacute;n encomendada. &iexcl;C&oacute;mo nos ense&ntilde;a Mar&iacute;a a vivir la Navidad verdadera! Y junto a ella, Jos&eacute; su esposo, verdadero padre (no biol&oacute;gico) de Jes&uacute;s, que se ocupa de su familia, la protege, le da cobijo. He aqu&iacute; la familia de Nazaret: Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Un hogar inspirador y protector para la familia cristiana. Navidad es la fiesta de la familia, donde se refuerzan los lazos del amor, donde cada uno se siente querido gratuitamente, el nido donde los esposos (var&oacute;n y mujer) se complementan y se ayudan, el hogar donde nacen los hijos y crecen sanos alimentados por el amor fiel de sus padres. Navidad es la fiesta de la solidaridad de unos con otros. El Hijo de Dios, al hacerse hombre, se ha unido de alguna manera con cada hombre (GS 22) y ha establecido lazos de uni&oacute;n de unos con otros. Es m&aacute;s fuerte lo que nos une con cada persona, que lo que pudiera separarnos. Jesucristo ha compartido con nosotros su vida divina, en actitud de humildad y servicio al hacerse hombre, para que nosotros prolonguemos ese amor fraterno, cuidando especialmente de los m&aacute;s necesitados. Navidad es fiesta de solidaridad, no una solidaridad superficial, sino la que brota de nuestra m&aacute;s profunda uni&oacute;n con Cristo. A todos os deseo una santa y feliz Navidad. Si vivimos la Navidad de coraz&oacute;n, de verdad, en nuestra familia, en nuestra parroquia, la Navidad transformar&aacute; el mundo, transformando nuestros corazones. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n NAVIDAD EN EL HOGAR SACERDOTAL QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero ahora compartir con vosotros este gozo de ser cat&oacute;lico y creyente en la Navidad porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de encontrarnos con la locura de amor de un Dios hecho ni&ntilde;o por amor a todos los hombres, Jesucristo, y poder celebrarla con fe y amor. La Navidad cristiana nos dice muchas cosas a todos los hombres, al mundo entero: nos dice que somos eternos y estamos salvados porque el Hijo de Dios con amor infinito al hombre se hace hombre para decirnos que Dios Trinidad nos ama y nos espera para una eternidad de gozo con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo. Y para quitarnos toda duda de su amor y salvaci&oacute;n ese ni&ntilde;o Dios naci&oacute; humano porque quiso morir en una cruz para abrirnos a todos la eternidad de gozo con Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo y para que nunca dud&aacute;semos de su Amor. Y ese Dios hecho ni&ntilde;o, qu&eacute; misterio de amor, cuando vino ya sab&iacute;a lo que ten&iacute;a que sufrir por todos nosotros. La pena es que muchos humanos no lo sepan o no lo crean, incluso gobernantes que lo rechcen, qu&eacute; pena, Se&ntilde;or, y T&uacute; lo sab&iacute;as y T&uacute; todos los a&ntilde;os haces presente este misterio de amor aunque muchos hombres lo ignoren o lo nieguen y no crean&hellip; qu&eacute; pena, Se&ntilde;or, este mundo actual, es m&aacute;s, incluso los que creemos qu&eacute; pena que no lo vivamos con ese amor tuyo tan loco y apasionado por nosotros porque siendo Dios y no necesitando nada de nosotros viniste con amor infinito para ser amigo y salvador de todos los hombres, y eso es la Navidad cristiana porque aunque sobren champ&aacute;n y turrones si Cristo no nace por amor en el coraz&oacute;n de los creyentes no ser&aacute; aut&eacute;ntica Navidad Cristiana. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas, si eres infinito, lo tienes todo?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor, para llenarme de tu misma felicidad, que nos trajo tu Hijo amado hecho hombre en el seno de la Virgen bella y Madre Mar&iacute;a. Querido Dios hecho ni&ntilde;o, creo, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo y que cada uno de nosotros, hombre finito y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Queridos hermanos, cuando el creyente cree de verdad, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de creer m&aacute;s y m&aacute;s y cantar villancicos, porque la Navidad es una locura de amores infinitos y eternos hechos tiempo y humano, que no se curan porque son infinitos, vienen del mismo Dios, que herido de amor, se hace ni&ntilde;o &ndash; pero Dios hecho ni&ntilde;o, qu&eacute; locura, pero &iquest;lo creo o no lo creo? y viene a mi encuentro, a nuestro encuentro&hellip;, la Navidad es Dios amando locamente al hombre que viene a un encuentro de amor y felicidad&hellip; es la mayor locura de amor&hellip; es que no tiene explicaci&oacute;n: que el Dios infinito se haga criatura, hombre finito y sabiendo lo que le iba a pasar, c&oacute;mo corresponder&iacute;an los hombres de entonces y de ahora y de todos los tiempos&hellip;, porque no siempre ha sido correspondido con amor por los hombres. Por eso, nosotros, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en la cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte razones y motivos de este misterio de amor, es decir, orar, contemplarte, mirarte, orar mucho, pasar largos ratos contempl&aacute;ndote, contemplando el misterio de tu Navidad, recogerse en tu presencia ahora en todos los Sagrarios de las iglesias y en la misa-eucar&iacute;stica y meditar muy despacio, sin prisas, como fuera del tiempo y del espacio, estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprenderemos nunca sino que solamente tocamos y barruntamos por amor en ratos de oraci&oacute;n: &iquest; Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n de amor, no le sanaste&hellip;. Descubre tu presencia y m&aacute;teme tu rostro y... &iexcl;Dios santo, T&uacute; existes, querido hermano, la Navidad existi&oacute; y existe de verdad, porque &Eacute;l te am&oacute; y nos ama y ca&iacute;dos en el pecado se hizo hombre y luego un poco de pan para salvarnos y llevarnos desde el tiempo a su gozo eterno que empieza en la tierra en ratos de Sagrario! T&uacute; nos amas de verdad, Dios ni&ntilde;o en Bel&eacute;n y te haces un trozo de pan para alimentar nuestra fe, esperanza y caridad sobrenatural en cielo anticipado. Hermanos todos, que es verdad, que Dios existe y nos ama. Y se ha hecho hombre para hacernos divinos, eternos. Eso es la Navidad. Es Dios amando apasionadamente a los hombres para hacernos herederos de su cielo y eternidad. &iexcl;Dios existe y nos ama, es verdad! Basta creer en la Navidad y celebrarla con fe y amor y esperanza sobrenatural. La Navidad es Dios amando apasionadamente a todos los hombres creados y redimidos por un Dios que se hace hombre por salvar al hombre. Correspondamos a tanto amor de Dios en Navidad. Celebremos as&iacute; la Navidad cristiana. ********************************** Por eso, el hombre, los hombres modernos, alej&aacute;ndose de Ti con estos pol&iacute;ticos ateos, nos estamos quedando vac&iacute;os de la Navidad cristiana, de Cristo, de la verdadera Navidad del amor verdadero y fraterno de un Dios hecho hombre. En cuanto nos hemos alejado de ti, ni&ntilde;o Dios nacido en Bel&eacute;nn en esta sociedad de pol&iacute;tico ateos, tenemos m&aacute;s sexo y placeres que nunca, incluso desde la infancia, qu&eacute; pena estas leyes espa&ntilde;olas, pero estamos todos m&aacute;s tristes, porque nos falta Dios, porque T&uacute; eres el amor y la felicidad verdadera, plena e infinita. El hombre moderno necesita volver a Dios, creer en la Navidad, vivir la Navidad para encontrar el motivo de su existencia y la raz&oacute;n de su caminar por este mundo. Tambi&eacute;n estoy un poco triste, mi Dios hecho ni&ntilde;o y te lo digo en voz un poco baja, porque algunos de tus cristianos, algunos solo no te buscan y vienen a encontrarse contigo en ratos de oraci&oacute;n, de amor, sobre todo ante tu presencia en los Sagrarios de las parroquias&hellip; no tienen tiempo para agradecer tu amor hasta el extremo, para estar contigo en oraci&oacute;n y di&aacute;logo de amor, por pura rutina, sin entrar en contacto contigo especialmente en la cuna de tu presencia permanente en el Sagrario. Queridos hermanos: Ha nacido el Se&ntilde;or, queridos hermanos, ha nacido el Redentor del mundo y de los hombres, venid y ador&eacute;mosle. Ha nacido en carne humana el eterno, el invisible, el Hijo de Dios, que, por los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n, descendi&oacute; de los cielos y se encarn&oacute; en el seno de la hermosa nazarena, Virgen bella y hermosa, Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Hermanos, Dios te ama, tu vida es m&aacute;s que esta vida, &Eacute;l ha venido para hacernos eternos con &Eacute;l en el cielo, por eso se hizo no solo ni&ntilde;o, carne humana, sino un trozo de pan para elimentar nuestra hambre de Dios y eternidad ya en la tierra. Alegr&eacute;monos y felicit&eacute;monos en Dios Padre, que hizo la Navidad, este proyecto de amor Salvador para los hombres por medio del Hijo; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en el Hijo, que nos am&oacute; tanto que obedeci&oacute; y se hizo hombre como nosotros por amor de hermano; alegr&eacute;monos y felicitemos al Esp&iacute;ritu Santo que realiz&oacute; este misterio amor infinito y salvaci&oacute;n en Mar&iacute;a, Madre de Cristo y Madre nuestra que se hizo esclava de Dios por amor a &Eacute;l y a todos los hombres; y no nos olvidemos de felicitar y alegrarnos tambien en Jos&eacute;, que fue humilde y crey&oacute; y colabor&oacute; en el plan de Dios. DIOS M&Iacute;O, TRINIDAD SANT&Iacute;SIMA, PADRE, HIJO Y ESP&Iacute;RITU SANTO, CREO, CREO, ADORO, ESPERO Y TE AMO, Y TE PIDO PERD&Oacute;N EN ESTE D&Iacute;A DE NAVIDAD POR TODOS LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN. Y CONF&Iacute;O Y ESPERO TU ABRAZO ETERNO DE AMOR EN TU HIJO ENCARNADO POR AMOR DE ESP&Iacute;RITU SANTO A TODOS LOS HOMBRES. AM&Eacute;N, AS&Iacute; SEA, AS&Iacute; LO PIDO EN ESTA SANTA MISA. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Nos dice el evangelio en estos d&iacute;as.- &ldquo;Y sucedi&oacute; que estando all&iacute; se le cumpli&oacute; la hora del parto&rdquo;. &ldquo;Mar&iacute;a envolvi&oacute; al ni&ntilde;o Jes&uacute;s en unos pa&ntilde;ales y le recost&oacute; con amor en el pesebre&rdquo;. Hermanos, es la navidad cristiana, el nacimientos de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, de un Dios que se hace hombre para salvar a los hombres, creamos, amemos, confesemos con fe viva y agradecida este misterio. S&oacute;lo Mar&iacute;a pod&iacute;a hacer este trabajo porque s&oacute;lo ella estaba llena de gracia y de fe y de amor para hacerlo, porque es la criatura m&aacute;s divina y perfecta que ha existido en este mundo. Todos los gestos fueron expresi&oacute;n de su fe y ternura en su hijo, Hijo de Dios. Le besar&iacute;a los pies, porque era su Se&ntilde;or; le besar&iacute;a las manos y la cara porque era su hijo. Y se quedar&iacute;a mucho tiempo contempl&aacute;ndole, tratando de comprenderle, porque era la Palabra eterna del Padre a los hombres, el Amor Infinito de Dios, a quien ella hab&iacute;a dado carne. Porque el pesebre es una c&aacute;tedra de la revelaci&oacute;n del Amor de Dios para todos los que creemos en Jesucristo. Imitemos tambi&eacute;n nosotros este d&iacute;a a Mar&iacute;a, adoremos, besemos, acariciemos con amor al mismo Hijo de Dios, que se ha hecho ni&ntilde;o y pobre para salvarnos. Desde la c&aacute;tedra del pesebre, el Ni&ntilde;o Dios, hecho hombre, hecho tiempo, l&iacute;mite, pobre, necesitado e indigente, nos ense&ntilde;a muchas cosas: 1&ordm; primero: El ni&ntilde;o nacido en Bel&eacute;n nos revela el amor que Dios siente por el hombre. Dios te ama, Dios existe, Dios te busca y viene a tu encuentro, querido hermano. Es un amor sin l&iacute;mites de tiempo y espacio, abarca a todos los hombres, es infinito y gratuito, porque Dios no necesita del hombre y viene para llenarle de su plenitud: &ldquo;En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;, nos dice San Juan. Vemos que es un un amor que se manifiesta en obras, encarn&aacute;ndose en la humildad de nuestra carne. Es misericordioso: viene a salvarnos, a perdonarnos, a dar su vida para que todos la tengamor eterna. Por eso la liturgia de este d&iacute;a exclama: &laquo;Rey del Universo, a quien los pastores encontraron envuelto en pa&ntilde;ales, ay&uacute;danos a imitar siempre tu pobreza y sencillez&raquo;. 2&ordm;.- Para comprender verdaderamente este misterio de la Navidad, hay que contemplarlo en oraci&oacute;n, en silencio, hay que pasar ratos mirando al Ni&ntilde;o en el portal de nuestros nacimientos, sobre todo en los Sagrarios de la tierra, porque es el mismo de ayer y de siempre, el que naci&oacute; y muri&oacute; y permanece ah&iacute;, en todos los sagrarios, para llevarnos a todos al cielo, a la vida eterna, &uacute;nica raz&oacute;n de su nacimiento como hombre, por la que vino en la Navidad. Hermanos, agradezamos este amor viniendo a misa estos d&iacute;as, confesando y comulgando, oremos ante el sagrario, s&oacute;lo orando, el coraz&oacute;n puede llegar a sentir y vivir estos misterios de amor que la raz&oacute;n no entiende ni comprende. Y 3&ordm;: Que Cristo no encontrase hospedaje entonces, lo puedo comprender por las circunstancias hist&oacute;ricas de su nacimiento; pero lo que no se puede explicar, es que t&uacute; y yo y nosotros no le demos hospedaje de amor y de fe en nuestros corazones, que pasemos indiferentes ante este misterio, que no le recibamos estos d&iacute;as en nuestras vidas y familias y no recemos y le comulguemos con un coraz&oacute;n lleno de amor a Dios y a todos, que no hagamos las paces en los matrimonios, en las familias, entre hijos y padres y los vecinos y amigos. Nos duele much&iacute;simo que estos tiempos de ate&iacute;smo e indiferencia y lejan&iacute;a religiosa, muchos han cerrado las puertas a Cristo y no le han dejado nacer en ellos, en sus vidas y familia, basta mirar la pol&iacute;tica y las televisi&oacute;ones, es que la mayor parte ni mencionan la navidad y si la mencionan lo hacen sin Cristo, sin iglesia, sin religiosidad alguna. Hermanos, recemos y pidamos por los nuestros y por todos los cristianos y por el mundo entero. Porque &laquo;Aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, no ser&aacute; Navidad cristiana, todos habr&aacute; sido in&uacute;til, aunque sobren champ&aacute;n y turrones. Y nada m&aacute;s, queridos hermanos. Pido y deseo de todo coraz&oacute;n, como los &aacute;ngeles del cielo que anunciaron la primera navidad, que el feliz acontecimiento del Nacimiento de Jesucristo, sirva para gloria de Dios en las alturas y salvaci&oacute;n de los hombres en la tierra. As&iacute; sea y as&iacute; se lo pido al Se&ntilde;or en esta santa misa, especiamente por vosotros y vuestras familias. ****************************************** QUERIDOS HERMANOS: Hoy es Navidad. Alegr&eacute;monos y acojamos con cari&ntilde;o al Ni&ntilde;o Dios que nos ha nacido para nuestra salvaci&oacute;n. Y al contemplar al Dios infinito hecho ni&ntilde;o, ador&eacute;moslo profundamente con todo nuestro coraz&oacute;n. Que &Eacute;l nos aumente la fe para encontrarle en ese ni&ntilde;o indefenso; que &Eacute;l nos limpie los ojos para que podamos descubrir y contemplar en &Eacute;l al Dios Encarnado; que lo adoremos como Mar&iacute;a y Jos&eacute; y creamos en su amor extremo, para que nada impida este encuentro y su nacimiento en nosotros por un aumento de fe, esperanza y amor, virtudes sobrenaturales que nos unen directamente con Dios. La Navidad es el lenguaje m&aacute;s personal, m&aacute;s tierno, m&aacute;s &iacute;ntimo e insinuante, m&aacute;s extremado de amor y conquista que Dios ha tenido con el hombre. Como nos dice San Pablo en la segunda Lectura de hoy con su Carta Hebreos: &ldquo;En distintas ocasiones y de muchas maneras habl&oacute; Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. El es reflejo de su gloria, impronta de su ser. El sostiene el universo con su palabra poderosa. Y habiendo realizado la purificaci&oacute;n de los pecados, est&aacute; sentado a la derecha de Su Majestad en las alturas; tanto m&aacute;s encumbrado sobre los &aacute;ngeles, cuanto m&aacute;s sublime es el nombre que ha heredado&rdquo;. El Hijo de Dios, al ver en la esencia infinita del Dios Trino y Uno entristecido a su Padre porque su primer plan de salvaci&oacute;n hab&iacute;a quedado roto totalmente y ya no era posible la amistad del Padre con los hombres, creados por su amor de Padre, lleno de su mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo, le dijo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. En la carta a los Hebreos encontramos esta explicaci&oacute;n: Padre, aunque te sacrifiquen todos los terneros y corderos del mundo, no pueden merecer esa amistad que T&uacute; has proyectado con el hombre, porque en definitiva son finitos y limitados; voy a ofrecerte toda mi persona de Hijo tuyo, cogiendo un cuerpo humano, voy a manifestarles todo lo que los ama, voy a dar mi vida por ello, y entonces no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que rendirse a nuestro amor, a tu amor de Padre que me env&iacute;as y me mandas dar la vida por ellos y a m&iacute;, como hijo obediente, que ejecuto este plan duro. Ya ver&aacute;s c&oacute;mo se rinden a nuestro amor. Y eso es la Navidad. O si quieres te lo digo de otra forma. El Padre amando al Hijo y el Hijo amado al Padre desde toda la eternidad, conoci&eacute;ndose totalmente en su esencia que es Amor de Esp&iacute;ritu Santo, en di&aacute;logo eterno de Amor y de Vida y de Ser, di&aacute;logo del Hijo que le hace Padre aceptando ser dicho por el Padre, lleno del amor del Esp&iacute;ritu Santo, libremente, desde ese amor infinito, decidieron en consejo trinitario un hecho inaudito, incre&iacute;ble. Dijo la Sant&iacute;sima Trinidad: vamos a manifestar nuestra predilecci&oacute;n y amor por el hombre de una manera tan clara e irresistible, que el hombre no tendr&aacute; m&aacute;s remedio que rendirse ante nuestro amor, porque los har&aacute; a todos los hombres hijos en el Hijo; s&iacute;, les dir&eacute; palabras tan tiernas y estremecedoras, les dar&eacute; pruebas de mi amor tan manifiesto y extremo, con signos tan palpables de mi entrega y deseos de amistad, les har&eacute; gestos tan evidentes de mi amor loco y gratuito por el hombre, que los hombres no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que creer en nuestro amor, amarnos y entrar en la amistad trinitaria, el m&aacute;ximo gozo del que pueden participar. Vamos a ver: -- T&uacute;, querido hombre, eres tremendamente celoso de tu dignidad humana, de tu puesto social, de tus conquistas ; pues bien, yo, aunque soy Dios tomar&eacute; forma de criatura, como si una hormiga que ve que un hormiguero est&aacute; taponado y no pueden salir a la luz y morir&aacute;n, dice: yo hombre me hago hormiga para salvarlas a todas. Es as&iacute;, solo que es infinitamente mayor la distancia entre Dios y el hombre, que entre un hombre y las hormigas. -- T&uacute; te pasas toda la vida buscando grandezas, honores, t&iacute;tulos, puestos elevados&hellip; pues bien, yo me rebajo, los pierdo todos por ti, y de Dios me hago criatura para conquistarte y hacer divino, hijo verdadero de Dios. -- T&uacute;, querido hombre, buscar la felicidad a toda costa; quieres ser feliz. Pues bien, yo que soy la felicidad infinita, la dejo en el cielo y vengo a la tierra a ofrec&eacute;rsela a todos los hombres de buena voluntad; y para eso estoy dispuesto a sufrir lo inaudito y s&eacute; lo que me espera y lo hago gozoso &uacute;nicamente para que t&uacute; seas feliz. Yo sufrir&eacute; lo indecible para que t&uacute; sea feliz. -- T&uacute; buscas no morir, vivir siempre, ser eterno como Dios; pues bien, yo me hago tiempo para comunicarte mi eternidad; yo vengo a morir por el hombre para que seas eterno&hellip; Y vamos a ver ahora si, al hacerme hombre y ni&ntilde;o indefenso, ese coraz&oacute;n del hombre es capaz de vibrar, de amarme, de agradecerme todo el bien que le traigo; vamos ver si es capaz de resistirse a mi amor, vamos a ver si tiene coraz&oacute;n para m&iacute;..Y como el enamorado que no repara en su entrega, cuando verdaderamente siente la pasi&oacute;n de amor por su amada, el Hijo de Dios infinito se lanza a esta conquista y viene a la tierra. Yo ir&eacute; y le hablar&eacute; al hombre en su coraz&oacute;n, ese coraz&oacute;n que ha sido tan duro para mi y empezar&aacute; a sentir mi amor; cambiar&eacute; ese coraz&oacute;n tan sensible para los afectos puramente terrenos y los placeres mundanos y le hablar&eacute; con palabras tan dulces y gestos tan llenos de amor que no podr&aacute; resistirse&hellip; Queridos hermanos: Y &iquest;Cu&aacute;l es nuestra respuesta? &iquest;Cu&aacute;l ha sido la respuesta del hombre? &iquest;Cu&aacute;l es nuestra respuesta a tanto amor de Dios? Que responda cada uno por s&iacute; mismo&hellip; C&oacute;mo vamos a hablar de respuestas cuando muchos de los cristianos ni vienen a misa estos d&iacute;as para agradec&eacute;rselo, ni confiesan ni comulgan estos d&iacute;as para amar y abrazar a Jes&uacute;s, todo amor y ternura por nosotros, ni tienen una oraci&oacute;n ni un gesto ni una mirada de amor&hellip;.No hay ni respeto al misterio, que en muchos escaparates que profanado por cerditos puestos en la cuna en lugar de un ni&ntilde;o. Y otros muchos tienen una navidad pagana, llena de champ&aacute;n y turrones, pero ausente de amor y admiraci&oacute;n y adoraci&oacute;n por el Ni&ntilde;o que nos nace; una navidad sin Dios. Queridos hermanos, que al menos nosotros no le fallemos a Cristo, que comprendamos su amor, que nos acerquemos a recibirlo bien dispuestos en cuerpo y alma, que no te quedes en los turrones y villancicos sino que pases a una oraci&oacute;n y comuni&oacute;n fervorosas, que vayas a la busca del Dios que viene a buscarte. Te busca a ti, a ti en concreto, singularmente. Este es el sentido de la Navidad para cada uno de nosotros, el encuentro personal con Jesucristo Encarnado. Nuestra respuesta ser&aacute;: Dios me busca y yo quiero encontrarme con &Eacute;l. Porque en la Navidad Cristo busca el encuentro personal y afectivo con cada uno de nosotros. Navidad es caer de rodillas ante el Ni&ntilde;o y decir: creo, creo y amo y espero. Creo que este Ni&ntilde;o es la revelaci&oacute;n del amor de Dios, su Palabra de ternura infinita, pronunciada para nosotros, reveladora de todo lo que el Padre nos quiere decir, de todo lo que me ama y me quiere; Jesucristo Ni&ntilde;o es la revelaci&oacute;n de su Palabra llena de amor para m&iacute;. Y yo amo esta manifestaci&oacute;n, esta Palabra de amor pronunciada por el Padre para m&iacute;. Y espero, espero totalmente, confiado en su verdad y amor. Por ser Navidad, espero, , deseo y quiero vivir en paz con Dios y los hermanos; me esforzar&eacute; por agradar y complacer a este Ni&ntilde;o y quiero ser la felicidad de este Ni&ntilde;o y hacer felices a los que conviven conmigo; por ser Navidad quiero acordarme de los m&aacute;s necesitados y tener espacios para la oraci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n de este Ni&ntilde;o, que es el Amor de Dios hecho carne humana. ******************************************* NAVIDAD 2019. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero en esta eucarist&iacute;a compartir con vosotros este gozo porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de creer y encontrarnos con Jesucristo, de ser cat&oacute;licos y creyentes. Hermanos, la Navidad nos dice que somos eternos, que estamos salvados, pregonarlo alto y claro a este mundo que se est&aacute; quedando triste, roto, sin fe porque no cree en la Navidad. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor gratuito, para llenarme de tu misma felicidad, que es tu Hijo amado hecho hombre en el seno de Mar&iacute;a y dado a luz en Bel&eacute;n en este d&iacute;a. Querido Ni&ntilde;o Dios que acabas de nacer para salvarme y llevarnos contigo a la gloria del Padre, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo, como cada uno de nosotros. Y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y cuando elcreyente,el cat&oacute;lico de verdad cree esta locura de un Dios todo amor y hecho criatura por amor al hombre, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de besarte y adorarte y cantarte villancicos y quiere creer m&aacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s, porque le hace feliz sentirse tan amado. La Navidad es una enfermedad de amores divinos al hombre y ansias eternas, que no se curan porque son infinitas y vienen del mismo Dios a todos los hombres; todo un Dios, que herido de amor a sus criaturas, se hace ni&ntilde;o y viene a nuestro encuentro, a mi encuentro en la Navidad; la Navidad es Dios amando locamente a los hombres. Pero Dios m&iacute;o, por qu&eacute; me amas tanto y me buscas as&iacute;, pero qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas? Por eso, nosotros, en este d&iacute;a, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en el seno de la Virgen bella y hermosa y puesto en cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte razones y motivos de este amor, es decir, orar, orar mucho, pasar largos ratos contemplando este misterio, tu rostro humano y divino, recogernos en tu presencia eucar&iacute;stica estos d&iacute;as y meditar muy despacio estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprendemos, sino que solamente barruntamos por la fe y el amor sobrenatural de tu gracia. Por eso, en estos d&iacute;as, quiero solo besarte, contemplarte, adorarte, quiero comerte de amor en comuniones de fe, amor y fuego divino. En fin, hermanos, felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos todos en este d&iacute;a en el Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, porque, si Cristo nace, Dios AMA AL HOMBRE, sigue amando y perdonando al hombre; si Cristo nace, Dios no se olvida del hombre; si Cristo nace, nuestra vida tiene sentido, y somos eternos, si ES NAVIDAD, SOMO ETERNOS, no moriremos porque &ldquo;Dios envi&oacute; a su HIJO AL MUNDO al mundo, para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan vida eterna&hellip;&rdquo;. FELIZ NAVIDAD A TODOS. ************************************************************ HOMIL&Iacute;A DEL D&Iacute;A DE NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS: Con emoci&oacute;n profunda y religiosa quiero anunciaros el hecho que hoy celebramos, la Navidad, la natividad de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, hijo de Dios, hecho hombre en Bel&eacute;n de Jud&aacute;, y hermano de todos los hombres. Y quisiera decirlo tan alto y a todos los hombres de manera que sonara a modo de preg&oacute;n, el preg&oacute;n de la Navidad. Preg&oacute;n es anunciar con voz potente y clara una noticia. En esta tarde y en este momento, quisiera yo tener la voz m&aacute;s potente y clara del mundo para anunciar todos los hombres esta alegr&iacute;a y emoci&oacute;n que siento, la mejor noticia que puedo dar a este mundo: Que Dios ama al hombre y por amor se ha hecho hombre. Quisiera salir a la puerta de esta Iglesia y para toda la circulaci&oacute;n y a todos los viandantes para repetirles el mensaje de los &aacute;ngeles en la Nochebuena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Este a&ntilde;o de gracia del 200.. de nuevo ha sido Navidad. Navidad es que Dios no se olvida del hombre; Navidad es que Dios ama al hombre; Navidad es que Dios perdona y salva al hombre; Navidad es que Dios viene al encuentro del hombre porque quiere hacer hijo suyo para compartir con &eacute;l toda la eternidad de amor y felicidad de la Sant&iacute;sima Trinidad y por eso nace y viene a nuestro encuentro, porque desea el encuentro con cada uno de los hombres, conmigo y contigo y por eso se humilla y viene desde su infinitud y se rebaja y busca el encuentro con todos los hombres. Esta es la consecuencia de amar al hombre con amor infinito Dios solo se ha equivocado una vez en su vida. S&oacute;lo una vez. Pero ya no puede liberarse de ese error; lo lleva grabado en su coraz&oacute;n, en su misma esencia trinitaria, lo tiene como un sello en su frente. Dios s&oacute;lo ha cometido un error en su vida: Am&oacute; y confi&oacute; excesivamente en el hombre que hizo y con el que so&ntilde;&oacute; para una eternidad feliz con &eacute;l. Porque Dios es amor, su esencia es amar y si deja de amar, deja de existir. Cuando San Juan quiere definir a Dios, lo define as&iacute;: &ldquo;Dios es amor&hellip; y en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y entreg&oacute; a su propio hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. La Encarnaci&oacute;n fue la primera entrega del Padres a los hombres de su propio Hijo, que luego se consumar&iacute;a en la Cruz. Por eso, muchos villancicos de mi infancia hac&iacute;an alusi&oacute;n a la cruz porque un&iacute;an la cuna y la raz&oacute;n de su venida: salvarnos por la muerte en cruz. Por eso el ni&ntilde;o que nace est&aacute; condenado ya a morir por amor extremo a los hombres que ahora hacemos presente en esta Eucarist&iacute;a que es una Encarnaci&oacute;n continuada. Por eso, qu&eacute; alegr&iacute;a, qu&eacute; confianza, qu&eacute; seguridad del amor de Dios nos da la Navidad. Es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s evidente del amor de Dios al hombre, que se completar&aacute; en la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. La Navidad es la vivencia anticipada de todo este testimonio de amor, es el amor infinito encarnado, hecho ni&ntilde;o indefenso y necesitado. En este ni&ntilde;o se nos revela el misterio de Dios, el amor de Dios Trino y Uno, de Dios familia que quiere hacer familia divina a los hombres. La Navidad naci&oacute; en el coraz&oacute;n y en el amor infinito del Dios Trino y Uno, en la esencia infinita de amor de un Dios Padre, que contempl&aacute;ndose a S&iacute; mismo y vi&eacute;ndose tan lleno de felicidad y de amor, vida, eternidad, luz&hellip; se expresa en totalidad de ser y de vida y de amor en el Hijo, Imagen perfecta de su Ser infinito, que luego lo expresa y lo pronuncia con ese mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo para toda la humanidad en la carne de un Ni&ntilde;o, &ldquo;que nos ha nacido, que nos ha sido dado&rdquo;. Por eso, qu&eacute; alegr&iacute;a siento en la Navidad de existir, de ser hombre; es un privilegio porque estoy destinado por Dios a compartir su misma dicha y felicidad en la eternidad de mi Dios. Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga divino. Qu&eacute; grande es ahora ser hombre. Qu&eacute; alegr&iacute;a descubrir este misterio para los cristianos en la Navidad. Ante este misterio debemos ejercitar nuestra fe, pedir m&aacute;s fe, m&aacute;s luz para ver la verdad de este misterio, comprenderlo y poder vivirlo en plenitud. Tener vivencia, experiencia del Amor de Dios en el Ni&ntilde;o que nos nace, que nos ama, que nos busca. No estamos solo en el espacio, perdidos sin sentido, sin saber de d&oacute;nde venimos y a d&oacute;nde vamos. Venimos de Dios y perdidos por el pecado, Dios nos ha buscado para llevarnos a su Amor y Felicidad. Por eso en pecado no se puede celebrar la Navidad cristiana. Ser&iacute;a una Navidad sin Navidad. Tenemos que abrir nuestro coraz&oacute;n a Dios, hay que confesar y comulgar en amistad con &Eacute;l, sin odios y mentiras en nosotros, hay que amar y perdonar como Dios nos perdona a todos. Porque aunque Cristo naciese mil veces, si no nace dentro de nuestro coraz&oacute;n, todo habr&aacute; sido in&uacute;til. Cristo viene para nacer en cada uno de nosotros. Y la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica en gracia de Dios es la mejor forma. Cristo, naciendo como hombre, nos hace a todos los hombres hermanos de &Eacute;l y entre nosotros. Si Cristo nace, todo hombre es mi hermano. Por eso la Navidad nos empuja al amor fraterno. Nos hace hermanos en Cristo y nos recuerda el mandato del Se&ntilde;or: &ldquo;Amaos los unos a los otros, como yo os he amado&hellip;. En esto conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os, si os am&aacute;is los unos a los otros&hellip;. Lo que hicisteis con cualquiera, conmigo lo hicisteis&hellip;&rdquo; En la Navidad todos nos sentimos m&aacute;s fraternos y hacemos obras de caridad: damos limosnas, visitamos a los enfermos y familiares ancianos, nos acordamos de todos los que sufren en el mundo. Hasta los que no creen en la Navidad, sienten deseos de caridad hacia todos los hombres y hay campa&ntilde;as de ayuda para todos. Y para todo esto, para comprender la Navidad y todo el misterio que encierra, para escuchar la Palabra llena de amor que el Padre ha pronunciado para todos nosotros, necesitamos silencio, oraci&oacute;n, contemplaci&oacute;n, meditaci&oacute;n&hellip;como Mar&iacute;a, que despu&eacute;s de contemplarlo y ver a los pastores que le adoraban, el evangelio dice que &ldquo;conservaba todas estas cosas medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo;. As&iacute; tenemos que hacer nosotros en estos d&iacute;as, tenemos que venir a la Iglesia y hacer oraci&oacute;n, silencio de todo para escuchar esta Palabra llena de amor que el Padre ha pronunciado para nosotros. Y as&iacute; ser&aacute; Navidad. Y as&iacute; celebraremos comprenderemos este misterio del Amor Divino. Feliz Navidad a todos. NAVIDAD QUERIDOS HERMANOS: Hace poco rez&aacute;bamos con la liturgia de la Misa y de las Horas: &ldquo;Ven, ven Se&ntilde;or no tardes, ven, ven que esperamos&hellip;&rdquo; Hoy, llenos de alegr&iacute;a, cantamos con toda la Iglesia, con todos los creyentes: &laquo;Christus natus est nobis, venite, adoremos&raquo;; Cristo ha nacido hoy por y para nosotros, venid, ador&eacute;mosle. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Feliz Navidad! Quiero ahora compartir con vosotros este gozo porque la Navidad nos ense&ntilde;a muchas cosas a todos los que hemos tenido el gozo de creer y encontrarnos con Jesucristo, de ser cat&oacute;licos y creyentes. Somos eternos, estamos salvados. &iexcl;Dios eterno! creo, creo, creo que T&uacute; EXISTES Y NOS AMAS CON AMOR ETERNO, y sin necesitar nada del hombre -- &iquest;qu&eacute; te puede dar el hombre que T&uacute; no tengas?&mdash;has bajado a la tierra para buscarme &uacute;nicamente por amor gratuito, para llenarme de tu misma felicidad, que es tu Hijo amado hecho hombre en el seno de Mar&iacute;a y dado a luz en Bel&eacute;n. Querido Ni&ntilde;o Dios, creo que vienes en mi busca y me amas como soy, hombre finito y limitado; creo que por amor loco, apasionado e incomprensible, no has reparado en hacerte igual que yo, que cada uno de nosotros. Y T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y el creyente, cuando cree de verdad, se llena de gozo y felicidad en la Navidad, y no se cansa de cantar villancicos y quiere creer m&aacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s, porque la Navidad es una enfermedad de amores y ansias infinitas y eternas, que no se curan porque son infinitas, vienen del mismo Dios, que herido de amor, se hace ni&ntilde;o y viene a mi encuentro, a nuestro encuentro, la Navidad es que Dios ama locamente al hombre. (es que no tiene explicaci&oacute;n: que Dios infinito se haga criatura, hombre, pero que le puedo dar que &Eacute;l no tenga) Por eso, nosotros, contemplando a un Dios hecho ni&ntilde;o en la cuna, s&oacute;lo queremos adorarte, Ni&ntilde;o Dios, hablar contigo, darte gracias, alabarte, bendecirte, preguntarte cosas, razones, motivos de este misterio de amor, es decir, orar, orar mucho, pasando largos ratos contemplando este misterio, recogerse en tu presencia y meditar muy despacio, como fuera del tiempo y del espacio, estas realidades del amor divino, que nos superan, que no comprendemos, sino que solamente tocamos y barruntamos por amor: &iquest; Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n, no le sanaste&hellip;. Descubre tu presencia y m&aacute;teme tu rostro y... &iexcl;Dios santo, T&uacute; existes, existes de verdad, eres Verdad! T&uacute; nos amas de verdad. Hermanos todos, que es verdad, que Dios existe y nos ama. Mirad la Navidad. Es Dios amando apasionadamente a los hombres. &iexcl;Dios existe y nos ama, es verdad! Mirad la Navidad. Es Dios amando apasionaamnte a los hombres. &iexcl;Dios eciste y nos ama,es verdad! Correspondamos a tanto amor de Navidad al menos en estos d&iacute;as en que la celebramos. Por eso, el hombre, los hombres modernos, alej&aacute;ndose de Ti con estos pol&iacute;ticos ateos, nos estamos quedando vac&iacute;os de verdad, de amor verdadero y fraterno, de honradez, de gozo y alegr&iacute;a sin matrimonios unidos para siempre en tu mismo Amor divino. En cuanto nos hemos alejado de ti, estamos todos m&aacute;s tristes, porque T&uacute; eres el amor y la felicidad infinitas. El hombre moderno necesita volver a Dios, creer en la Navidad, vivir la Navidad para encontrar el motivo de su existencia y la raz&oacute;n de su caminar por este mundo. Tambi&eacute;n estoy un poco triste, mi Dios hechos ni&ntilde;o y te lo digo en voz un poco baja, porque algunos de tus sacerdotes, algunos solo no te buscan en ratos de oraci&oacute;n, sobre todo ante tu presencia en los Sagrarios de sus parroquias&hellip; no tienen tiempo para estar contigo en oraci&oacute;n y di&aacute;logo de amor, su piedad&hellip; pura rutina, los ritos&hellip; eso, puro rito sin entrar en contacto contigo especialmente en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a&hellip; pura rutina, puro rito&hellip; tienen poco tiempo de estar contigo junto a tu cuna en este tiempo o en tu presencia permanente en el Sagrario. Queridos hermanos: Ha nacido el Se&ntilde;or, queridos hermanos, ha nacido el Redentor del mundo y de los hombres, venid y ador&eacute;mosle. Ha nacido en carne humana el eterno, el invisible, el Hijo de Dios, que, por los hombres y por nuestra salvaci&oacute;n, descendi&oacute; de los cielos y se encarn&oacute; en el seno de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Alegr&eacute;monos y felicit&eacute;monos en Dios Padre, que hizo la Navidad, este proyecto de amor Salvador para los hombres por medio del Hijo; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en el Hijo, que nos am&oacute; tanto que obedeci&oacute; y se hizo hombre como nosotros por amor de hermano; alegr&eacute;monos y felicitemos a Mar&iacute;a, que se hizo esclava por amor a Dios y a todos sus hijos, los hombres; felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos en Jos&eacute;, que fue humilde y colabor&oacute; en el plan de Dios; CREO, CREO&hellip; TE ESPERO Y TE AMO, SE&Ntilde;OR, Y TE PIDO POR TODOS LOS QUE NO CREEN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN. En fin, hermanos, felicit&eacute;monos y alegr&eacute;monos todos en este d&iacute;a en el Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, porque, si Cristo nace, Dios AMA AL HOMBRE, sigue amando y perdonando al hombre; si Cristo nace, Dios no se olvida del hombre; si Cristo nace, nuestra vida tiene sentido, y somos eternos, si ES NAVIDAD, SOMO ETERNOS, no moriremos, si Dios viene en Navidad, es porque nuestra vida es m&aacute;s que esta vida: &ldquo;S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios y d&aacute;me la muerte&hellip;&rdquo;, porque &ldquo;Dios envi&oacute; a su HIJO AL MUNDO al mundo, para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan vida eterna&hellip;&rdquo;. Que as&iacute; sea y se realice en todos nosotros, en el mundo entero, recemos y pidamos que sea una Navidad como la quiso y so&ntilde;&oacute; Cristo que vino para salvarnos como lo cantamos en muchos villancicos de la Navidad. Hermanos, creamos y celebremos con fe y amor la Navidad, CREAMOS EN CRISTO, CREAMOS EN EL AMOR DE DIOS, DIOS EXISTE Y NOS AMA Y NOS ESPERA PARA UNA ETERNIDAD DE GOZO con &Eacute;l, en este mundo que no cree en Dios y ha perdido el Amor, los matrimonios para siempre, la fraternidad, la familia&hellip;los padres ancianos amados hasta la muerte. Hoy es un d&iacute;a de amarnos, de perdonarnos, de hacer familia como Dios quiere&hellip; Amaos, hermanos, familia, hijos, padres, abuelos, perdon&eacute;monos, abrac&eacute;monos que hay muchos que no sienten el amor y el abrazo sincero de los suyos&hellip; Por eso, llenos de alegr&iacute;a, repitamos el anuncio de los &aacute;ngeles en la Noche buena: &ldquo;Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or&rdquo;. Repit&aacute;moslo muchas veces en estos d&iacute;as de Navidad. Confesemos nuestros pecados, comulguemos a Cristo Eucarist&iacute;a, ayudemos a los m&aacute;s pobres y necesitados de pan y de amor, los enfermos, vivamos el amor de padres, hermanos e hijos. Feliz Navidad. Que sea Navidad para todos. 1&ordm;.- Para comprender verdaderamente este misterio de Navidad, hay que contemplarlo en oraci&oacute;n, en silencio, hay que pasar ratos mirando al Ni&ntilde;o en el portal de nuestros nacimientos, sobre todo en los Sagrarios de la tierra, porque es el mismo de ayer y de siempre, el que naci&oacute; y muri&oacute; para llevanos a todos al cielo, a la vida eterna, esta es la &uacute;nica raz&oacute;n de la Navidad, de su nacimiento como hombre. Oremos en misa, ante el sagrario en estos d&iacute;as. S&oacute;lo orando, el coraz&oacute;n puede llegar a sentir y vivir lo que la raz&oacute;n no entiende, no comprende. 2&ordm;.- Que Cristo no encontrase hospedaje entonces, lo puedo comprender por las circunstancias; Pero lo que no se puede explicar, es que t&uacute; y yo y nosotros no le recibamos estos d&iacute;as en nuestras vidas con un coraz&oacute;n limpio y confesado, con un alma llena de amor y ternura por &Eacute;l. En estos tiempos de ate&iacute;smo e indiferencia y lejan&iacute;a religiosa, muchos han cerrado las puertas a Cristo y no le han dejado nacer dentro de ellos, de su vida, de su familia, de su amor. Recemos y pidamos por ellos, sobre todo, si son amigos y familiares nuestros. &laquo;Aunque Cristo nazca mil veces, si no nace en nuestro coraz&oacute;n, la Navidad habr&aacute; sido in&uacute;til&raquo;. Y nada m&aacute;s, queridos hermanos; yo s&eacute; que todos comulgar&eacute;is estos d&iacute;as, confesando, si fuera necesario. Mis deseos y mi oraci&oacute;n en esta Nochebuena se confunden con el anuncio de los &aacute;ngeles. Deseo de todo coraz&oacute;n, como los &aacute;ngeles del Se&ntilde;or, que el feliz acontecimiento del Nacimiento de Jesucristo, sirva para gloria de Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. *************************************** I DOMINGO DE NAVIDAD: FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: JES&Uacute;S, MAR&Iacute;A Y JOS&Eacute; PRIMERA LECTURA: Eclesi&aacute;stico 3,3-7.14-17 La Palabra de Dios, en esta primer Lectura, nos da unos consejos sumamente sensatos para todos los miembros de la familia, recogidos por el llamado Jes&uacute;s ben Sira. Basta leerlos y meditarlos. SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3,12-21 En esta segunda Lectura el Ap&oacute;stol Pablo dice que el perd&oacute;n, la dulzura, la comprensi&oacute;n, la misericordia deben estar siempre presentes en las comunidades cristianas. Todo esto es necesario en nuestras familias. El ejemplo de la Sagrada Familia, cuya fiesta celebramos hoy, nos invita &ldquo;a tener en medio de nosotros siempre la presencia de Dios&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN LUCAS: 2,22-40 QUERIDOS HERMANOS: Hoy, fiesta de la Sagrada Familia nos invita la Iglesia a que pidamos y recemos a Dios Padre por las familias del mundo. La fiesta de la Sagrada Familia, colocada lit&uacute;rgicamente en pleno clima navide&ntilde;o, pone de relieve que el Hijo de Dios, viniendo al mundo, ha querido inserirse, como todos los hombres, en un n&uacute;cleo familiar; ha querido seguir el camino de todos los hombres, tener una familia como la nuestra, incluso m&aacute;s humilde y pobre. La Sagrada Familia es propuesta por la Iglesia en esta solemnidad como modelo de toda familia, especialmente cristiana. Ante todo, por la supremac&iacute;a de Dios reconocida profundamente, a&uacute;n en medio de dificultades y escollos casi insuperables. Por eso, cuando en una familia, todo se inspira en semejantes principios, en el amor y uni&oacute;n con Dios y con sus miembros, la familia no se rompe, sino que esta armon&iacute;a y uni&oacute;n se fortalece m&aacute;s a&uacute;n en medio de las penas y dificultades, superando con dolor y l&aacute;grimas a veces, incomprensiones entre esposos, comportamientos, palabras a veces inoportunas que pueden romper la uni&oacute;n familiar; el amor y santo temor de Dios les ayuda a obedecer a Dios y sus mandamientos, a perdonarse, a respetarse, a honrar a los padres, a servir a los hermanos, a comprenderse y amarse mutuamente, a sacrificarse los unos por los otros y a educar y vivir respetando la voluntad de Dios que quiere que permanezcan todos unidos hasta que la muerte nos separe temporalmente. En una familia verdaderamente cristiana lo primero es el amor, porque Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar dejar&iacute;a de existir; lo mismo en la familia, en el matrimonio, lo primero es el amor, porque el hombre y la mujer est&aacute;n hechos a semejanza de Dios, dice la primera p&aacute;gina de la Biblia, y, si dejan de amar, dejan de asemejarse a su Creador y se autodestruyen. Que es lo que est&aacute; pasando hoy d&iacute;a con muchas leyes destructivas del plan y proyecto de Dios sobre el hombre y la familia, dando lugar a separaciones y divorcios, que no niego que sean necesarios en algunos casos, pero como norma la ley debiera favorecer el amor y la uni&oacute;n. Y desde luego, el que se case en cristiano, el matrimonio es para toda la vida, por voluntad de Cristo: &ldquo;Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre&rdquo;. Hoy, festividad de la Sagrada Familia, vamos a pedir dos dones divinos y humanos para todas las familias, especialmente cristianas. Lo primero que pedimos para todos, como he dicho, es el amor, una uni&oacute;n familiar que no se rompa nunca y que no se compra hecha en ninguna parte, sino que hay que hacerla rezando, orando y sacrific&aacute;ndose con la ayuda de Dios y de todos sus miembros:&rdquo;Familia que reza unida, se mantine unida&rdquo;. Lo primero en la famiia es el amor, no como una realidad totalmente conseguida, sino como proyecto permanente de cultivo y conservaci&oacute;n entre todos los miembros de la familia; el amor familiar como ilusi&oacute;n y conquista, en tensi&oacute;n permanente, sin descanso y desfallecimiento, superando dificultades, con la mirada siempre en Dios y mirando siempre el ejemplo de Mar&iacute;a y de Jos&eacute; que permanecieron fieles siempreen medio de todas lasdificultades. Y para que esto sea as&iacute;, para que la familia sea comunidad de amor, pedimos que sea comunidad de fe, que recen, que tengan presente a Dios en sus vidas. Es la segunda gracia que pido en esta santa misa para todos los matrimonios actuales. Si queremos construir una familia verdaderamente cristiana, donde crezca el amor, la paz, y la armon&iacute;a y las vocacones religiosas, lo primero es rezar unidos en familia para crecer en la fe, cultivar la fe y desde la fe viva en Dios habr&aacute; amor en los padres para toda la vida y vocaciones sacerdotales y religiosas para la iglesia y el mundo. As&iacute; lo pedimos hoy a Dios en esta santa misa. ************************************* QUERIDOS HERMANOS: La fiesta de la Sagrada Familia, colocada lit&uacute;rgicamente en pleno tiempo y clima navide&ntilde;o, pone de relieve que el Hijo de Dios, viniendo al mundo, ha querido inserirse, como todos los hombres, en un n&uacute;cleo familiar; haci&eacute;ndose hombre, ha querido seguir el camino de todos los hombres, tener una familia como la nuestra, incluso m&aacute;s humilde y pobre. Es hermoso recorrer el evangelio en algunos de los episodios en los que nos habla de la Sagrada Familia formada por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, para sentir y admirar su talante eminentemente espiritual. Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento de Jes&uacute;s, Jos&eacute; y Mar&iacute;a se dirigen al templo con el ni&ntilde;o para presentarlo al Se&ntilde;or, seg&uacute;n estaba escrito en la ley de Mois&eacute;s (Lc 2,22-23). All&iacute;, en el templo de Jerusal&eacute;n espera Sime&oacute;n, que iluminado por el Esp&iacute;ritu Santo, reconoci&oacute; al &ldquo;ungido del Se&ntilde;or&rdquo;, y tomando en brazos al ni&ntilde;o, bendice al Se&ntilde;or y despu&eacute;s, dirigi&eacute;ndose a la madre, le dice: &ldquo;una espada atravesar&aacute; tu alma&hellip;&rdquo; (Lc 2, 23-25). Con esta presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, m&aacute;s que cumplir una formalidad externa, renuevan el ofrecimiento de su entrega y obediencia absoluta a Dios, que ya hab&iacute;an tenido en todo el proceso de la Encarnaci&oacute;n del Hijo y en su nacimiento. Por eso, en las palabras de Sime&oacute;n, perciben la seguridad de que su ofrecimiento ha sido acogido por Dios. La bendici&oacute;n del anciano Sime&oacute;n estimula y potencia su seguimiento de la voluntad de Dios, en medio de unas circunstancias nada f&aacute;ciles para ambos: nacimiento fuera del hogar, persecuci&oacute;n del ni&ntilde;o, huida a Egipto&hellip;Les queda la amarga experiencia de la p&eacute;rdida del ni&ntilde;o en el templo donde Jes&uacute;s les confirmar&aacute; en el sentido de su Encarnaci&oacute;n: cumplir la voluntad del Padre. Precisamente ese cumplimiento de la voluntad del Padre ha sido el lema de toda la vida de los dos esposos, situaci&oacute;n que ha exigido por su parte el m&aacute;ximo desinter&eacute;s y obediencia, dando a sus vida un sentido de servicio total a la causa divina, en colaboraci&oacute;n &iacute;ntima con la obra salvadora del Hijo, que siendo tambi&eacute;n el hijo de Mar&iacute;a, ha permanecido obediente a sus padres en Nazaret, donde seg&uacute;n el evangelio: &ldquo;les estaba sujeto y crec&iacute;a en sabidur&iacute;a y edad y gracia ante Dios y ante los hombres&rdquo; ( Lc 2, 51-52). Es una nota precisa que nos indica c&oacute;mo la familia debe ser una &ldquo;iglesia dom&eacute;stica&rdquo;, donde padres e hijos deben estar sujetos a la voluntad de Dios y &eacute;stos deben crecer en amor y servicio ante Dios y ante los hombres. La Sagrada Familia es propuesta por la Iglesia en esta solemnidad como modelo de toda familia cristiana. Ante todo, por la supremac&iacute;a de Dios reconocida profundamente, a&uacute;n en medio de dificultades y escollos casi insuperables. En la casa de Nazaret, Dios est&aacute; en primer lugar y todo est&aacute; subordinado a su voluntad. Los gozos son vividos como don de Dios y los sufrimientos son aceptados como purificaci&oacute;n y salvaci&oacute;n de todos, siempre dentro de un plan divino, que no siempre comprendemos los hombres. Nada turba la armon&iacute;a familiar precisamente porque todo es contemplado a la luz del misterio y del designio divino. Por eso, cuando en una familia, todo se inspira en semejantes principios, la uni&oacute;n con Dios y con la familia no se rompe, sino que esta armon&iacute;a y uni&oacute;n se fortalece m&aacute;s, por encima de penas y dificultades; todo lleva a obedecer a Dios y sus mandamientos, a honrar a los padres, a servir a los hermanos, a comprenderse y amarse mutuamente, a sacrificarse los unos por los otros y a educar y vivir respetando los derechos de Dios sobre toda la familia. En una familia verdaderamente cristiana lo primero es el amor, porque Dios es Amor, su esencia es amar y si dejara de amar dejar&iacute;a de existir; los mismo en la familia, en el matrimonio, lo primero es el amor, porque el hombre y la mujer est&aacute;n hechos a semejanza de Dios y, si dejan de amar, dejan de asemejarse a su Creador y se autodestruyen. Y al destruirse el amor entre ellos y dar lugar a separaciones y divorcios, los que sufren m&aacute;s y sufrir&aacute;n las consecuencias de su falta de amor ser&aacute;n los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, que tienen derecho a que sus padres se quieran siempre y vivir en el abrazo de ambos. El amor es la felicidad del hogar: una esposa y un esposo es feliz cuando se siente amado y amada y los hijos crecen con alegr&iacute;a y sin complejos de ning&uacute;n tipo cuando no existe violencia entre los padres o entre los hijos. Los hijos de los divorciados sufren consecuencias y complejos psicol&oacute;gicos, a veces durante toda la vida, al no haber vivido en el amor de los padres, para lo que fueron creados. Sobre el derecho de los padres a separarse est&aacute; el derecho de los hijos a crecer en una atm&oacute;sfera de amor, concordia y perd&oacute;n. En la segunda Lectura de hoy nos dice San Pablo: &ldquo;Hermanos, revest&iacute;os de entra&ntilde;as de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, longanimidad, soport&aacute;ndoos y perdon&aacute;ndoos mutuamente siempre que alguno diere a otro motivo de queja&rdquo; (Col 3, 12-14). Si hay amor, respeto mutuo, obediencia debida, todos ganan y superan dificultades y son felices. Si no hay amor, servicio mutuo, no hay familia, convivencia y felicidad, aunque no se rompa el matrimonio o la familia, es pura pensi&oacute;n. Y el &uacute;nico amor que supera y sostiene todos los dem&aacute;s amores para que no se rompan es el amor de Dios sobre todas las cosas. Hoy, festividad de la Sagrada Familia, vamos a pedir tres dones para todas las familias, especialmente para los que creemos y veneramos a la Familia de Nazaret. Lo primero que pedimos para todos es el amor. Ya lo hemos dicho. Lo primero es el amor, no como una realidad totalmente conseguida, sino como proyecto permanente de aumento y desarrollo entre todos los miembros de la familia; el amor familiar como ilusi&oacute;n y conquista, en tensi&oacute;n permanente, sin descanso y desfallecimiento, con la mirada siempre en Dios y en su ayuda, mirando siempre a Mar&iacute;a y a Jos&eacute; que permanecieron fieles en medio de todas las dificultades. Pedimos, por vosotros, queridos esposos y queridas familias, que no abandon&eacute;is nunca esta ascesis y cultivo, porque el amor es la base, el fundamento y la esencia de la familia, de su armon&iacute;a y de su felicidad, y lo pedimos hoy m&aacute;s que nunca cuando se han roto tantos hogares y el ambiente no ayuda nada en este sentido, con tantos divorcios, separaciones, promiscuidad y relaciones prematrimoniales, donde el amor es sustituido por el sexo, que luego, al casarse, por no haber purificado el amor y haber llegado a su verdad completa, porque solo era buscar el placer material, ante la menor dificultad, se rompe. Hoy hay mucho sexo y poco amor. Me ha impresionado lo que le&iacute; en una revista: En el hospital, el m&eacute;dico va acompa&ntilde;ado por la enfermera, al llegar junto a una cama donde hay uno ni&ntilde;o, le dice: al ni&ntilde;o de la n&uacute;mero 33 hay que recetarla una raci&oacute;n de besos. Eso mismo pido yo esta ma&ntilde;ana para todos los matrimonios y familias presentes. Hoy los matrimonios est&aacute;n m&aacute;s tristes, las familias m&aacute;s triste, los j&oacute;venes y los hijos m&aacute;s tristes, porque falta el amor; y ahora que lo tenemos todo, estamos m&aacute;s solos y tristes y m&aacute;s vac&iacute;os, porque nos falta el amor, nos falta Dios, porque nos falta la fe y el amor a Dios sobre todas las cosas. Estos matrimonios de ahora tan tristes y divorciados est&aacute;n aburridos teniendo todo, consumiendo todo y de todo, poseyendo todo, porque les falta la raci&oacute;n de amor sin la cual nadie puede vivir y nos sobra ego&iacute;smo, individualismo, materialismo, esp&iacute;ritu de sacrificio y ascesis en el amor. Los matrimonios y las familias, si no tienen la raz&oacute;n diaria y necesaria de amor verdadero, de amor integral, que es cuerpo y alma, con una parte importante de amor sexual, querido y bendecido por Dios: &ldquo;Por eso abandonar&aacute; el hombre a su padre y a su madre y se unir&aacute; a su mujer y ser&aacute;n los dos una sola carne&rdquo;, necesario porque somos carne y esp&iacute;ritu, a&uacute;n permaneciendo en el mismo techo, se van separando cada d&iacute;a un poco m&aacute;s, porque no viven unidos en el mismo amor. Por eso, para que nuestras familias sean como la de Nazaret, verdaderas comunidades de amor, deben ser primero comunidades de fe. Es la segunda gracia que pido en esta santa misa para todos: la fe en Dios, en Cristo. Los padres, verdaderos creyentes, saben que la transmisi&oacute;n de la fe a sus hijos no puede reducirse a la ense&ntilde;anza de una doctrina, ni de unas costumbres o pr&aacute;cticas religiosas. Ha de ser la propia vivencia de fe la que sirva de testimonio vivo que suscite y eduque la fe de los hijos. Y es que nadie da lo que no tiene. Ya sab&eacute;is lo que dicen los ni&ntilde;os de Primera Comuni&oacute;n de nuestra parroquia: Si tenemos padres cristianos, no necesitamos ni curas. Si un ni&ntilde;o ve rezar a sus padres, si un ni&ntilde;o ve a su padre de rodilllas, esto no lo olvidar&aacute; nunca en la vida. Pero aunque tenga los mejores catequistas del mundo o vengan los &aacute;ngeles del cielo a darle catequesis, si sus padres no rezan, &eacute;l tampoco rezar&aacute; en cuanto haga la Primera Comuni&oacute;n. La fe es el fundamento del amor verdaderamente cristiano, de la familia verdaderamente cristiana, en un mundo descristianizado, laico, ateo. Si queremos constituir una familia verdaderamente cristiana, donde crezca el amor, la paz, y la armon&iacute;a, lo primero es crecer en la fe, cultivar la fe. Y para terminar, un tercer fundamento de la familia es que tienen que comer juntos, hablar y jugar juntos. Y si a mis oraciones hoy por la familia cristiana tuviera que darle un tono lit&uacute;rgico lo har&iacute;a as&iacute;: Oraci&oacute;n colecta: &laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; quisiste que tu Hijo viviera la vida de familia en el hogar de Nazaret como hijo obediente, amante y obsequios de Mar&iacute;a y Jos&eacute;; t&uacute; sabes tambi&eacute;n que nuestras familias actuales, por diversas causas, est&aacute;n lejos de este ideal, querido por ti y vivido por Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Conc&eacute;denos imitar a la Sagrada Familia en el amor y obediencia a tus mandatos, para que reine en nuestras casas un clima de amor, de alegr&iacute;a y servicio mutuo. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or&raquo;. Amen Oraci&oacute;n sobre las ofrendas: &laquo;Con estos dones te presentamos, Se&ntilde;or, nuestras alegr&iacute;as y nuestras dificultades familiares y te pedimos, por intercesi&oacute;n de Jes&uacute;s, Maria y Jos&eacute;, que edifiques nuestras familias en el amor y en la paz&raquo;. Postcomuni&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, nos hemos reunido en una misma mesa como una sola familia y hemos participado de un mismo pan, consagrado en tu amor extremo por nosotros hasta da la vida; conc&eacute;denos amar as&iacute;, para que nuestros hogares cristianos, imitando a la familia de Nazaret, sean un testimonio vivo de tu Iglesia para el mundo, que anime e invite a todos los hombres a formar parte de la gran familia de los hijos de Dios&raquo;. Por JNS. *************************************** 1 DE ENERO: SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS QUERIDOS HERMANOS: en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o estamos celebrando la solemnidad de Mar&iacute;a Madre de Dios que, por ser la Madre de Dios, es tambi&eacute;n Madre de la Iglesia y Madre de todos los creyentes. 1.- El Evangelio de hoy nos muestra a Mar&iacute;a cumpliendo su misi&oacute;n de madre de su hijo, Dios encarnado: dice claramente que los pastores encontraron a Mar&iacute;a junto al ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, por ser y hacer de madre, por ejercer su funci&oacute;n maternal,. Y esto es lo que hace hoy la Iglesia. Quiere llevarnos a todos a Jesucristo, su hijo, por el mejor camino que existe, que es su Madre, Mar&iacute;a. As&iacute; que en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o, nos pone a la Madre, porque sabe que esta Madre no vive m&aacute;s que para su Hijo, nuestro Salvador. En la Navidad el Hijo nos viene por Mar&iacute;a; al comenzar el a&ntilde;o y durante toda la vida hay que ir al Hijo por la Madre. Queridos hermanos: Si Dios se fi&oacute; de ella, si el Hijo la eligi&oacute; por Madre&hellip; &iquest;no nos vamos a fiar nosotros de ella? &iquest;No nos vamos a confiar con ella y a poner bajo su protecci&oacute;n materna el nuevo a&ntilde;o que empieza? C&oacute;mo es nuestra devoci&oacute;n a la Virgen, qu&eacute; tiempo le dedicamos en nuestra vida? Eso es lo que hace hoy la Iglesia, poniendo el primer d&iacute;a del a&ntilde;o a Mar&iacute;a como Madre y Protectora de todos los hombres. La Iglesia sabe muy bien que la meta de la vida cristiana y de todo es Dios; Dios debe ser lo absoluto y lo primero de todo; pero para que esto sea as&iacute;, el camino m&aacute;s seguro hasta Dios, para vivir la vida cristiana, es Mar&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; certeza, qu&eacute; confianza, qu&eacute; fuerza nos da ser devotos de la Virgen, qu&eacute; poder tiene intercediendo ante Dios, qu&eacute; seguridad nos da ante Dios! Estoy totalmente convencido de lo que os digo. Soy totalmente mariano, devoto de la Virgen, por mi experiencia cristiana de muchos a&ntilde;os y de muchas luchas y de muchas penas y alegr&iacute;as y ayudas recibidas. Estoy totalmente seguro y convencido de esta verdad. Mar&iacute;a y Sagrario y todo se soluciona en nuestras vidas, amad a la Virgen y a su hijo Eucarist&iacute;a y tendr&eacute;is fuerza para amar, perdonar, gozar y sufrir en este mundo hasta la eternidad. 2.- Por eso, la Iglesia quiere empezar el a&ntilde;o mirando a la Virgen Madre, tom&aacute;ndola como modelo de vida cristiana y poniendo todo el a&ntilde;o que empieza bajo su protecci&oacute;n maternal. Hag&aacute;moslo todos nosotros, pong&aacute;monos y pongamos a nuestras familias bajo su protecci&oacute;n, todos los d&iacute;as, el rosario o los tres avemar&iacute;as la acostarnos. Sabe muy bien la Iglesia la importancia de una madre para la vida de los hombres. Malo es que en una casa falte el padre, pero la experiencia demuestra a cada paso que se nota mucho m&aacute;s la ausencia de la madre. Si la madre vive, los hijos siguen adelante, se mantiene el orden, la limpieza y las comidas en casa y todos llegan a su t&eacute;rmino. Precisamente esta es una de mis principales preocupaciones como sacerdotes, falla el cristianismo actual en Espa&ntilde;a, porque faltan madres cristianas de 50 a&ntilde;os para abajo, lo noto en la iglesia, en primeras comuniones, en la vida pastoral, no tenemos grupos cristianos, como hace 20 a&ntilde;os, de mujeres de 50 a&ntilde;os para abajo. Ya esta ser&iacute;a la otra nota importante de la fiesta de hoy. Descubrir la importancia que la Iglesia da y quiere que tenga Mar&iacute;a madre, como ejemplo y modelo de todas las madres, en nuestra vida cristiana, individual y familiar; es tan importante la funci&oacute;n maternal de Mar&iacute;a, dentro de la fe y de la vida cristiana, que se la pone en alto en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o para que todos la invoquen y se consagren a su amor maternal en esta fiesta primera del a&ntilde;o. Secundemos, pues, los deseos de la Iglesia: miremos en este d&iacute;a primero y en todo el a&ntilde;o a la Virgen, invoquemos a Mar&iacute;a, sigamos su ejemplo de fe, humildad, silencio, obediencia a Dios, trabajo. Al comenzar el a&ntilde;o, pongamos bajo su protecci&oacute;n maternal, nuestra familia, hijos, trabajo, salud, vida y enfermedad, alegr&iacute;as y tristezas&hellip; todo bajo su mirada protectora y su intercesi&oacute;n. Que todo este a&ntilde;o lo vivamos bajo su protecci&oacute;n maternal y as&iacute; nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil el camino. Repito, el rosario, las tres avemar&iacute;as al acostarnos, nosotros y nuestros hijos, como nos ense&ntilde;aron nuestras madres, a los que tenemos a&ntilde;os&hellip; En realidad, la importancia de Mar&iacute;a en la obra de la Salvaci&oacute;n se la empez&oacute; dando el mismo Dios, que quiso contar con ella para que fuera la Madre de su Hijo cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos. Toda la grandeza de Mar&iacute;a, todos sus dones y privilegios radican en su maternidad divina. Es el origen de todas sus gracias. Es Madre y Modelo de la fe para nosotros, que debemos imitar, porque por la fe crey&oacute; el misterio que se realizaba en ella: &ldquo;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&rdquo;. le dijo su prima santa Isabel. Es Madre y Modelo del amor salvador de Cristo porque lo concibi&oacute; y se uni&oacute; a &Eacute;l junto a la cruz, en el momento del amor extremo de su Hijo en su muerte, acompa&ntilde;ando a su Hijo y uni&eacute;ndose a &Eacute;l en su ofrenda al Padre por los hombres, sus hermanos, sus hijos, como la proclam&oacute; el Hijo desde la cruz. Es Madre y Modelo de la esperanza cristiana, porque ella fue la &uacute;nica que permaneci&oacute;, esperando contra toda esperanza, junto a su Hijo en la cruz, que mor&iacute;a solo y abandonado por todos, creyendo que era el Salvador del mundo y de los hombres, quien mor&iacute;a de esa manera, y esperando su resurrecci&oacute;n. &iexcl;Bien sab&iacute;a el Se&ntilde;or la elecci&oacute;n que hab&iacute;a hecho! Esta es la verdadera grandeza de Mar&iacute;a, que pod&iacute;a pasar desapercibida para los ojos de los hombres, pero no para Dios. Dios busc&oacute; en Mar&iacute;a fidelidad en la fe, en el amor, en la esperanza, en las alegr&iacute;as y en las penas. Eso mismo podemos encontrar nosotros en ella, si, desde el comienzo del a&ntilde;o, la invocamos como Madre, como auxiliadora, como intercesora de todo el pueblo santo de Dios. Por eso tiene tanto poder ante &Eacute;l. Es omnipotente suplicando. Si Dios la quiso por madre, esto nos inspira a todos tranquilidad, seguridad, certezas, consuelo. Encomend&eacute;monos a ella al empezar el a&ntilde;o, para que ella nos lleve siempre de su mano. Queridos hermanos: un hijo puede olvidarse de su madre, pero una madre no se olvida nunca de sus hijos. &laquo;&iquest;A qui&eacute;n debo llamar yo vida m&iacute;a, sino a ti, Virgen Mar&iacute;a? Nunca me ver&aacute;n decir: vida m&iacute;a, sino a ti, Virgen Mar&iacute;a&raquo;. SENTIMIENTOS ANTE ESTA FIESTA DE LA MATERNIDAD DIVINA DE LA VIRGEN A) Alegrarnos y felicitarla de que Dios la haya hecho tan grande, tan divina, tan llena de gracia y de Dios por este hecho de ser la madre del Hijo de Dios en la tierra. Me alegro, Madre, de que seas tan grande: Mar&iacute;a, hermosa nazarena, Virgen bella, madre del alma, cu&aacute;nto te quiero, cu&aacute;nto nos amas; gracias por habernos dado a tu Hijo; gracias por habernos llevado hasta &Eacute;l; y gracias tambi&eacute;n por querer ser nuestra Madre, nuestra madre y modelo, gracias. B) Cantar con Ella el Magnificat, agradeciendo a Dios la grandeza de su maternidad divina, origen y fundamento de todas sus grandezas y elegirla tambi&eacute;n as&iacute; para madre de todos los hombres: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or y se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava; desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes en m&iacute;...&rdquo; C) Si Dios confi&oacute; totalmente en ella, y la eligi&oacute; entre todas las mujeres, yo tambi&eacute;n la elijo como Madre y Reina, la elijo yo y la prefiero a todas y me consagro y le consagro el nuevo a&ntilde;o que empieza: Oh Se&ntilde;ora m&iacute;a, oh Madre m&iacute;a, yo me ofrezco enteramente a vos y en prueba de mi filial afecto te consagro en este nuevo a&ntilde;o mis ojos, mis o&iacute;dos, mi coraz&oacute;n; en una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad; gu&aacute;rdame y defi&eacute;ndeme, como cosa y posesi&oacute;n tuya. D) Y como madre del Dios que todo lo puede y madre de la Iglesia, que vive en este mundo, le pido por la paz, paz del mundo y de las familias, lo ponemos todo en sus manos, y le pido por todos vosotros en esta misa que la ofrezco con ella al Padre por vuestras familias y vuestros hijos, por el mundo, por los ni&ntilde;os, por los j&oacute;venes, por los mayores, por los enfermos, los ancianos, los abandonados. Ella es madre, y los hijos pueden olvidarse de su madre, pero una madre no se olvida jam&aacute;s de sus hijos. ********************************* QUERIDOS HERMANOS: Nuevamente mi felicitaci&oacute;n m&aacute;s afectuosa y sincera en este a&ntilde;o que comienza. Es una nueva gracia que Dios nos concede y debemos aprovecharla. Y en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o civil, octava de la Natividad del Se&ntilde;or, celebramos la fiesta religiosa y lit&uacute;rgica de la Maternidad divina de Maria y la jornada mundial de oraci&oacute;n por la paz. Todas estas efem&eacute;rides deben ocupar un lugar en nuestro coraz&oacute;n y en nuestras oraciones, especialmente Mar&iacute;a, como madre de Jesucristo, Hijo de Dios e hijo suyo. Hace ocho d&iacute;as hemos celebrado con gozo el nacimiento en carne humana del Hijo de Dios entre nosotros. Conmemor&aacute;bamos aquel hecho trascendental para la humanidad del nacimiento en carne humana del Hijo eterno de Dios, de la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. Ahora bien, nosotros sabemos que todo nacimiento humano supone una madre: madre e hijo son realidades inseparables. La Iglesia, despu&eacute;s de haberse extasiado durante ocho d&iacute;as adorando al Ni&ntilde;o divino, quiere que hoy levantemos nuestra mirada y contemplemos a la Madre de aquel ni&ntilde;o: a Mar&iacute;a, a esos ojos que le miraron por nosotros con tanto amor, a esos brazos maternos que lo cuidaron y nos lo dieron, porque toda madre es el mejor camino para encontrar a los hijos. Es lo que dice el evangelio de hoy. &iquest;Qu&eacute; pretende la Iglesia al proponernos en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o a Mar&iacute;a, como madre del Redentor? 1.- Proclamar admirada, ante todo, el hecho hist&oacute;rico y trascendental de la <theotocos>, de Madre de Dios, proclamar y venerar el hecho singular de que una mujer haya sido madre de esa carne, asumida por el Verbo, la segunda persona de la Trinidad, que el Padre eterno hizo germinar en el seno virginal de esta hermosa nazarena, por el poder del Esp&iacute;ritu Santo. Dios en cuanto Dios no tiene origen, ni principio ni fin. Pero ese Dios infinito, por amor al hombre, decidi&oacute; venir a salvarnos de nuestros pecados y limitaciones, y decidi&oacute; hacerse hombre, tener una naturaleza humana como la nuestra, y en este sentido se hizo tiempo y espacio en el seno de Mar&iacute;a, en qui&eacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, con su potencia de Amor, form&oacute; el cuerpo de Jes&uacute;s. Como veis, este hecho nos habla muy claro del amor, de la humildad, de la predilecci&oacute;n de Dios por el hombre y por todo lo humano. &iquest;Qu&eacute; busca el Dios Trino y Uno, el Infinito en el hombre? &iquest;Qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Dios es Amor y su esencia es amar y s&oacute;lo se realiza en el Amor esencial de la Sant&iacute;sima Trinidad del cual nos hace part&iacute;cipes por la Encarnaci&oacute;n del Hijo. Dios s&oacute;lo busca nuestro amor y felicidad. &iexcl;Qu&eacute; grande es nuestra madre! &iexcl;Qu&eacute; grande es Mar&iacute;a! Ella ha sido escogida por Dios con amor de predilecci&oacute;n para esta misi&oacute;n tan gloriosa, pero a la vez tan arriesgada, ser madre del Infinito, del Dios Omnipotente y Eterno. Mirad a Mar&iacute;a en este misterio y os llenar&eacute;is de amor, de fe, de confianza, de seguridad en su valimiento. Lo expresa muy bien la oraci&oacute;n de postcomuni&oacute;n de esta fiesta: &laquo;Hemos recibido con alegr&iacute;a los sacramentos del cielo: te pedimos ahora, Se&ntilde;or, que ellos nos ayuden para la vida eterna, a cuantos proclamamos a Mar&iacute;a Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia&raquo;. Pedimos, al comenzar el a&ntilde;o, la protecci&oacute;n y la ayuda poderosa de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, Madre de Cristo y, por la misma raz&oacute;n, Madre de la Iglesia. 2.- Consecuentemente, quiere nuestra Madre la Iglesia que todos los creyentes felicitemos a Mar&iacute;a por haber cumplido perfectamente con su misi&oacute;n. No fue f&aacute;cil. Lo arriesg&oacute; todo a la baza de la fe y confianza en Dios: &ldquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo; Y os he dicho que una de las maravillas que m&aacute;s admiro de nuestra Madre, Mar&iacute;a, fue su confianza y seguridad en Dios, guardando silencio, sin dar explicaciones del misterio que nac&iacute;a en sus entra&ntilde;as para evitarse murmuraciones e incomprensiones. La Virgen del silencio me admira a m&iacute;, que enseguida empiezo a dar explicaciones de todo, especialmente si me sirven como excusa de hechos o acontecimientos personales, que me cuestan. Maria no dio explicaciones a nadie, ni a Jos&eacute;, ni a su familia y esta fe la vivi&oacute; y mantuvo hasta la cruz, donde se qued&oacute; pr&aacute;cticamente sola, creyendo contra toda evidencia, que era Dios y Salvador del mundo el que mor&iacute;a as&iacute; en la cruz, como fracasado. Yo pido, quiero esa fe, ese silencio, esa confianza en el evangelio de Dios, en los planes de Dios sobre mi vida, aunque me hagan pasar por hechos y realidades que no comprendo, m&aacute;s, que me parecen por la evidencia humana que son contrarias a mi realizaci&oacute;n como persona humana e hijo de Dios. Por eso, Mar&iacute;a, la Madre de Dios y madre nuestra, merece nuestra felicitaci&oacute;n m&aacute;s sincera y lo haremos cantando en la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica de esta misa con la recitaci&oacute;n de su oraci&oacute;n, del Magnificat: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or y se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute; y su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&hellip;&rdquo; 3.- L&oacute;gicamente esta admiraci&oacute;n debe movernos a la imitaci&oacute;n y a la s&uacute;plica: Madre, haznos semejantes a ti, danos esa fe, esperanza y amor, esa disponibilidad a la voluntad de Dios. T&uacute; eres nuestro auxilio y nuestra ayuda protectora. Lleva en nosotros a plenitud la obra salvadora de tu Hijo. As&iacute; lo pedimos en la oraci&oacute;n colecta de esta fiesta: &laquo;Se&ntilde;or y Dios nuestro&hellip; conc&eacute;denos experimentar la intercesi&oacute;n de aquella de quien hemos recibido a tu hijo Jesucristo, el autor de la vida&hellip;&raquo; Y tambi&eacute;n en la oraci&oacute;n sobre las ofrendas: &laquo;Se&ntilde;or y Dios nuestro&hellip; concede, te rogamos, a cuantos celebramos hoy la fiesta de la Madre de Dios, santa Maria, que as&iacute; como nos llena de gozo celebrar el comienzo de nuestra salvaci&oacute;n, nos alegremos un d&iacute;a de alcanzar su plenitud&raquo;. &iexcl;Ay&uacute;danos, Madre de Dios y Madre nuestra, t&uacute; que eres abogada de gracia, distribuidora de la piedad, auxiliadora del pueblo de Dios, reina de la caridad, reina de la misericordia, esclava del Se&ntilde;or. La Iglesia nos invita a poner el a&ntilde;o nuevo en manos de Maria. No tiene nada de particular. Si Dios la escogi&oacute; como madre y confi&oacute; totalmente en ella, c&oacute;mo no lo haremos nosotros, los desterrados hijos de Eva. Hagamos una consagraci&oacute;n total de nuestra vida y de este a&ntilde;o entero que empieza, poni&eacute;ndolo todo en sus manos. Oremos todos juntos esta consagraci&oacute;n que aprendimos desde ni&ntilde;os: &laquo;Oh Se&ntilde;or m&iacute;a, oh Madre m&iacute;a, yo me ofrezco enteramente a Ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro al comenzar este a&ntilde;o mis ojos, mis o&iacute;dos, mi lengua y mi coraz&oacute;n, en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo/a, oh Madre de bondad, gu&aacute;rdanos y defi&eacute;ndenos como cosa y posesi&oacute;n tuya&raquo;. ******************************************* 1&ordm; DE ENERO: MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Hoy, esta palabra &laquo;hermanos&raquo;, tiene una resonancia especial y un sentido pleno y total. Porque en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o estamos celebrando la solemnidad de Mar&iacute;a Madre de Dios; y Mar&iacute;a, al ser la Madre de Dios es autom&aacute;ticamente tambi&eacute;n Madre de la Iglesia construida por su hijo Jesucristo. Y todo esto por disposici&oacute;n de Dios, porque Dios la quiso y eligi&oacute; as&iacute; como madre para su Hijo y autom&aacute;ticamente la quiere como madre de todos los hombres, especialmente nosotros, los cristianos creyentes en su hijo y en ella 1.- El Evangelio de hoy, con discreci&oacute;n y naturalidad, nos presenta a Mar&iacute;a, cumpliendo su funci&oacute;n de madre, cuidando &ldquo;del ni&ntilde;o acostado en el pesebre&rdquo;. La narraci&oacute;n de Lucas deja entrever a Mar&iacute;a, que, poco despu&eacute;s del nacimiento de su hijo, acoge a los pastores y les muestra al reci&eacute;n nacido y ella escucha atenta todo lo que ellos cuentan de la aparici&oacute;n de la estrella y el anuncio del &aacute;ngel. Luego, cuando se van los pastores glorificando y alabando a Dios por lo que hab&iacute;an visto y o&iacute;do (Lc 2,20): &ldquo;Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas, medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&rdquo;, nos narran los Evangelios. Mar&iacute;a es madre de Jes&uacute;s no s&oacute;lo porque le ha dado la carne y la sangre, sino tambi&eacute;n porque ha penetrado &iacute;ntimamente en su misterio y se ha unido a &Eacute;l de la manera m&aacute;s profunda que pueda existir. Dice el Vaticano II: &laquo;se consagr&oacute; totalmente a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redenci&oacute;n con &Eacute;l y bajo &Eacute;l&rdquo;&raquo; (LG 56). Por eso Mar&iacute;a &laquo;es nuestra Madre en el orden de la gracia&raquo; (LG 61), concluye el Vaticano II. El Evangelio nos dice claramente que los pastores encontraron al Ni&ntilde;o en los brazos de su madre Mar&iacute;a que ejerc&iacute;a as&iacute; su misi&oacute;n maternal, confiada por el Padre. Y esto es lo que hace hoy la Iglesia. Hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o, quiere llevarnos a todos ante Jesucristo, nuestro Dios y Salvador por el mejor camino que existe en la tierra, que es su Madre, Mar&iacute;a. As&iacute; que al comenzar el a&ntilde;o, nos pone todos los hombres, especialmente a los creyentes, bajo la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre, de Dios y de la Iglesia porque sabe que esta Madre no vive m&aacute;s que para su Hijo, nuestro Salvador y sus hijos, todos los hombres por los cuales naci&oacute; el Hijo en su seno. En la Navidad el Hijo nos viene por Mar&iacute;a; al comenzar el a&ntilde;o y durante toda la vida la Iglesia quiere que vayamos al Hijo por su Madre. Am&eacute;mos a la Virgen, recemos a Mar&iacute;a, la Iglesia nos pide en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o que si Dios la eligi&oacute; como Madre es porque quiere y sabe que es la mejor madre del mundo y de todos los hombres. Y nosotros, queridos hermanos, si Dios la eligi&oacute; por Madre y el Hijo se confi&oacute; totalmente en ella&hellip; &iquest;no la vamos nosotros a elegir como madre de gracia y no vamos a confiarnos totalmente a ella? &iquest;No nos vamos a fiar a ella y a poner bajo su protecci&oacute;n materna nuestras vidas en el nuevo a&ntilde;o que empieza? Eso es lo que quiere nuestra madre la Iglesia en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o, quiere en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o que si Dios la eligi&oacute; como Madre nosotros la elijamos tambien madre nuestra, madre de todos los hombres, Madre de la Iglesia y Protectora de todos sus hijos los hombres. La Iglesia sabe muy bien que la meta de la vida cristiana y de todo es Dios; Dios debe ser lo absoluto y lo primero para todos los hombres; pero para que esto sea as&iacute;, el camino m&aacute;s seguro que &Eacute;l eligi&oacute; para venir a nosotros fue y siempre ser&aacute; Mar&iacute;a, la mejor madre y el mejor camino para vivir la vida de Cristo su hijo como ella lo vi&oacute;. Por eso, hermanos, elijamos a Mar&iacute;a como madre de gracia y amor a su hijo. Por eso, nuestra madre la Iglesia pone esta fiesta de Mar&iacute;a madre de Dios al comenzar el a&ntilde;o. &iexcl;Qu&eacute; confianza y seguridad nos da Mar&iacute;a en este d&iacute;a primero del a&ntilde;o, qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder tiene ante Dios, qu&eacute; seguridad hasta Dios! Estoy totalmente convencido de lo que os digo, porque como vosotros lo he experimentado muchas veces en mi vida. Soy totalmente mariano, devoto de la Virgen, por experiencia de muchos a&ntilde;os y muchas luchas. Estoy seguro de esta verdad, como vosotros. En este d&iacute;a primero del a&ntilde;o renovemos nuestra filiaci&oacute;n mariana, renovemos nuestra consagraci&oacute;n a Mar&iacute;a madre de Dios y de todos los creyentes, consagremos nuestras vidas y del mundo a Mar&iacute;a, madre de la Iglesia y de todos los hombres. MAR&Iacute;A, HERMOSA NAZARENA, VIRGEN BELLA, MADRE DEL ALMA, CUANTO NOS QUIERES, CU&Aacute;NTO TE QUEREMOS. *************************************** II DOMINGO DE NAVIDAD PRIMER LECTURA: Eclesi&aacute;stico 24,1-4.12-16. En los libros sapienciales la sabidur&iacute;a se describe en algunos pasajes con rasgos personales e incluso divinos. Este fragmento es, sin duda, el que recoge las ideas m&aacute;s evolucionadas sobre la sabidur&iacute;a. La sabidur&iacute;a est&aacute; unida &iacute;ntimamente a Dios, pero es distinta de Dios: es su criatura, aunque para el autor del libro, Ben Sira, realiza acciones que en otros libros del Antiguo Testamento son propias de Dios: cubre la tierra, como el Esp&iacute;ritu de Dios; se identifica con la nube que gu&iacute;a a los israelitas; participa en el culto&hellip; Es el modo m&aacute;s completo de significar la presencia de Dios en el mundo. SEGUNDA LECTURA: Efesios 1,36. 1518. San Pablo expone en su carta dos de las seis bendiciones en que sintetiza el Misterio de la salvaci&oacute;n: El Dios, al que San Pablo presenta su acci&oacute;n de gracias, no es el Dios lejano que no quiere acercarse al hombre, sino el Dios cercano que nos ha elegido y nos ha hecho hijos suyos de adopci&oacute;n por medio de Jesucristo. En la segunda parte nos dice c&oacute;mo se realiza principalmente esta adopci&oacute;n: por la fe que nos une a Cristo y por el amor a los hermanos. A esto nos ayuda el esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a que ilumina la inteligencia y enciende el coraz&oacute;n para vivir en esa esperanza de la herencia de los santos. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Ugrave;N SAN JUAN: 1,1-8 QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;El Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo;. Este vers&iacute;culo del evangelio de San Juan, que hemos proclamado hoy, repetido como estribillo en el salmo responsorial, sintetiza la liturgia de este domingo segundo de la Navidad, que prolonga la reflexi&oacute;n meditativa sobre el misterio del Verbo Encarnado. Muchas veces me he preguntado si los cristianos entender&aacute;n esa profunda teolog&iacute;a encerrada en el pr&oacute;logo de Evangelio de este cuarto evangelista, m&iacute;stico y te&oacute;logo. Vamos a intentarlo un poco. Dice el evangelio de hoy: &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios&rdquo;. En castellano, el significado de los t&eacute;rminos <palabra> y verbo> puede ser el mismo, y as&iacute; decimos &laquo;es un hombre de verbo o palabra f&aacute;cil y elegante&raquo;. Cuando en la Biblia lo ve&aacute;is escrito con letra may&uacute;scula se refiere a Jesucristo, como Hijo de Dios, segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad, que existi&oacute; siempre, infinito y eterno como el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, igual en Gloria, Poder, Amor&hellip; &ldquo;En el principio ya exist&iacute;a la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios&rdquo;. Aqu&iacute; se encierra todo el misterio trinitario de Dios y San Juan trata de explicarlo utilizando la analog&iacute;a, la semejanza con la inteligencia y la palabra humana. Es una explicaci&oacute;n, una asimilaci&oacute;n del proceso intelectivo humano. &iquest;Por qu&eacute; San Juan llama a la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad Verbo o Palabra? Para los que hayan estudiado en Filosof&iacute;a la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del conocimiento es muy sencillo: de la misma forma que al pensar en una realidad, esa realidad la hago existir dentro de m&iacute; y la doy un nombre, el Dios infinito, entrando dentro de si mismo y vi&eacute;ndose todo entero e infinito concibe una idea, que abarca y refleja y contiene todo su mismo ser infinito y esa idea se identifica con &Eacute;l mismo y es eterna e infinita como &Eacute;l y eternamente la tiene, la ve y se la est&aacute; diciendo o pronunciando en su esencia para s&iacute; solo con fuego de Esp&iacute;ritu Santo. Y como al existir al mismo tiempo dentro de si mismo se ven y se descubren amando, en ese eterno y continuo amanecer infinito y sin l&iacute;mites de tiempo, poder, conocimiento y amor, al contemplarse tan llenos de Verdad y de Vida se aman con amor tan grande a ellos, tan infinito que abarca todo su ser y ese amor tan infinito como ellos es el Esp&iacute;ritu Santo. Y por eso el Padre es Padre en cuanto existe y se mira a s&iacute; mismo y tiene su idea y visi&oacute;n de su esencia, y esa idea, ese verbo y palabra con que se explica totalmente a si mismo es el Hijo, que le hace Padre, al aceptarse como Imagen suya perfecta. Y por eso, el Padre es Padre en cuanto el Hijo es Hijo. Y al verse y conocer as&iacute;, simult&aacute;neamente se aman y ese amor es el Esp&iacute;ritu Santo, eterno, infinito y uno como el Padre y el Hijo. En el lenguaje humano idea es una realidad en cuanto est&aacute; en mi mente y es inmaterial; se hace verbo o palabra cuando la pronuncio para otros con signos materiales para que los dem&aacute;s la conozcan. Pues bien, Jesucristo es Idea y Palabra en Dios, porque en cuanto amanece, aparece en Dios, el Padre la pronuncia con todo su Amor de Esp&iacute;ritu Santo para s&iacute; en eterno silencio y por eso es eterno como el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo. Cuando esa idea la pronuncia lleno de amor para nosotros, es Jesucristo, nacido en Bel&eacute;n. El Padre se conoce plenamente en su Idea, que es engendrada por &Eacute;l desde toda la eternidad y por eso le llamamos Hijo, que luego la expresa lleno de amor para nosotros y por eso le llamamos Verbo, Palabra, Revelaci&oacute;n del Padre, en cuanto que la pronuncia para nosotros para que le conozcamos, igual que nosotros comunicamos nuestras ideas, las que nadie conoce porque est&aacute;n en nuestra mente y las pronunciamos en palabras para que los dem&aacute;s las conozcan. En el principio, es decir, desde siempre ha existido esta idea en Dios, que es a la vez expresi&oacute;n de la totalidad de la divina esencia y por tanto Verbo o Palabra del Padre, que estaba junto a Dios, en la que el Padre se dice enteramente a s&iacute; mismo y se ve enteramente a si mismo en totalidad de ser y amor: el Padre y el Hijo, al existir y verse totalmente, se aman y ese amor es y llamamos Esp&iacute;ritu Santo, tercera persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. Y esa Palabra y ese Amor son personales, son personas divinas, iguales en poder, amor, verdad y vida. As&iacute; nos presenta Juan la segunda persona de la Sant&iacute;sima Trinidad que preside la creaci&oacute;n del mundo, porque es la palabra que el Padre pronuncia para crearlo; pero sobre todo la presenta como vida y luz de los hombres que viene al mundo para iluminarlos y llenarlos de vida, porque es luz que ilumina nuestra inteligencia y nuestra vida. Es el mismo pensamiento que nos ha presentado San Pablo en la segunda Lectura: La Palabra, el Verbo de Dios, Hijo de Dios, encarn&aacute;ndose, tomando carne humana, viene al mundo, nos revela y expresa el proyecto del Padre y se llama Cristo Jes&uacute;s y los que lo reciben, o sea, los que creen en su nombre, se hacen por &Eacute;l y en &Eacute;l hijos de Dios, se hacen hijos en el Hijo. Por otra parte, seg&uacute;n San Juan, nosotros, nuestro entendimiento puede tener muchas ideas y necesita de muchas ideas para comprender y saber de todo; sin embargo, el Padre Dios todo lo sabe con una sola idea, una sola palabra; y esa palabra contiene todo, porque es infinita, es Dios como el Padre que la concibe. Dios Padre s&oacute;lo tiene una Palabra, una Idea y en esa Idea lo contiene todo. Si la pronuncia fuera de s&iacute;, es Idea se convierte en Palabra para nosotros, que nos da todo lo que tiene el Padre en su esencia y por Ella le comprendemos hasta donde nos es posible. Por esa Palabra se ha hecho el mundo y todo lo que contiene el mundo. El pr&oacute;logo del evangelio de San Juan culmina con la contemplaci&oacute;n del Verbo o Palabra encarnada, hecha carne: &ldquo;Y la Palabra se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria propia del Hijo &uacute;nico de Dios, lleno de gracia y de verdad.&rdquo; El evangelista habla de &Eacute;l como testigo ocular, que lo ha tocado y lo ha visto con sus propios ojos y le ha escuchado con sus propios o&iacute;dos; lo ha visto hombre entre los hombres, pero al mismo tiempo ha podido contemplar su gloria: en el Tabor, en las apariciones del Resucitado, en la Ascensi&oacute;n a los cielos. Todo lo que San Juan ha visto y contemplado quiere comunicarlo a los que lean su testimonio, para que crean en Cristo, Palabra divina, encarnada para que todos conozcan al Padre y reciban gracia tras gracias, especialmente la gracia de conocer por &Eacute;l al Dios Trino y Uno, su amor a los hombre y su plan divino de Salvaci&oacute;n Este ha sido tambi&eacute;n mi intento en esta homil&iacute;a: daros a conocer un poco el misterio de Dios encerrado en el pr&oacute;logo de San Juan. As&iacute; sea. Que Dios os conceda esa gracia. ************************************************ 6 DE ENERO: SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 60, 1-6 El profeta Isa&iacute;as canta bajo el s&iacute;mbolo de la luz el triunfo de la nueva Jerusal&eacute;n que disipar&aacute; las tinieblas que cubren el mundo. Dios mismo ser&aacute; la aurora de ese nuevo amanecer; &Eacute;l iluminar&aacute; la ciudad y la oscuridad de los pueblos porque su gloria aparecer&aacute; sobre ella. Jes&uacute;s es la luz que iluminar&aacute; a la Iglesia. La luz de Dios que sigue viviendo en ella, es portadora de la salvaci&oacute;n de Dios para todos los pueblos hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra, para todos los hombres que crean en &Eacute;l. SEGUNDA LECTURA: Efesios 3, 2-3&ordf;. 5-6 La salvaci&oacute;n ofrecida por Dios para Jerusal&eacute;n en la primera Lectura no queda restringida s&oacute;lo para el pueblo de Israel. Ahora, San Pablo, en esta Lectura nos dice: &ldquo;Que tambi&eacute;n los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y part&iacute;cipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio&rdquo;. Nosotros, como depositarios de esta misma salvaci&oacute;n, no la podemos guardar para nosotros solos. Hemos de ser misioneros de la Buena Noticia para todo el mundo pagano, que a&uacute;n no la conoce. Porque Jes&uacute;s es el Salvador de todos los hombres. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MATEO: 2, 1-12 QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Epifan&iacute;a es una palabra griega que significa manifestaci&oacute;n. Y es que hoy, el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que en Nochebuena y en la Navidad, por medio de los pastores, fue manifestado como Salvador al pueblo jud&iacute;o, hoy, por los Reyes Magos, que no pertenecen al pueblo jud&iacute;o y que representan a todos los pueblos del mundo, es manifestado como Salvador de todos los hombres. Hoy, con los reyes magos venidos de oriente para adorar al Se&ntilde;or, celebramos la manifestaci&oacute;n de Jesucristo como Salvador universal de todos los pueblos. 1.- Esto es lo que San Mateo quiere ense&ntilde;arnos en su Evangelio de hoy: Jesucristo, aunque prometido y esperado por el pueblo jud&iacute;o, no es solo el Salvador de ese pueblo sino &uacute;nico Salvador del todos los hombres. Como hemos le&iacute;do en la primera Lectura, Jes&uacute;s es la luz que ilumina a todos los pueblos. 2.- El Evangelio de los reyes Magos es una catequesis maravillosa sobre la fe. De los Magos debemos aprender a estar siempre alertas, mirando al cielo, para captar las estrellas que Dios nos env&iacute;a para guiarnos en nuestra vida personal y comunitaria, esto es, hacer oraci&oacute;n todos los d&iacute;as. Sin oraci&oacute;n diaria no hay encuentro con Cristo. Toda nuestra vida cristiana depende de la oraci&oacute;n: &laquo;Que no es otra cosa sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con aquel que sabemos que nos ama&raquo; (Santa Teresa). Si los magos no mirasen al cielo todos los d&iacute;as, no se hubieran encontrado con la estrella, la oraci&oacute;n, que les llev&oacute; a encontrar a Cristo. Este ser&aacute; siempre el problema de la Iglesia siempre, de todo cristiano, sea cura o seglar: hoy se mira poco al cielo, se ora poco por parte de todos, tanto de los de arriba como de los de abajo. La oraci&oacute;n siempre es encuentro con Dios, di&aacute;logo con Dios. Nosotros conocemos a las personas en la medida en que hablamos con ellas y as&iacute; las vamos conociendo. Sin di&aacute;logo no hay conocimiento, y sin conocimiento, no hay amor. Lo mismo nos pasa Dios. La mayor pobreza de los cristianos ser&aacute; siempre la pobreza de oraci&oacute;n, de conocimiento personal de Dios, de trato personal con &Eacute;l hasta llegar a conocerlo, a sentirlo, a la experiencia de fe, a experimentar lo que creemos, hasta la vida o conocimiento m&iacute;stico, como los santos, santa Teresa y S. Juan y de la Cruz, y de miles y miles de santos y personas actuales que no ser&aacute;n canonizadas ni hace falta, pero que han llegado a esta experiencia y conocimiento m&iacute;stico y espiritual de Cristo por la oraci&oacute;n. Sin oraci&oacute;n no hay encuentro, experiencia, vida cristiana, ni apostolado, ni gozo, ni convencimiento sino rutina y mediocridad. Porque no hay encuentro vivo con Jesucristo vivo; sino s&oacute;lo te&oacute;rico y abstracto. Y a Cristo, el Evangelio de Cristo no se comprende hasta que no se vive y se siente por la oraci&oacute;n personal. 3.- Los Magos, siguiendo la estrella, se encontraron con Dios. Nosotros, siguiendo la estrella de la fe por la oraci&oacute;n diaria, nos encontraremos con Dios, sobre todo, con Cristo Eucarist&iacute;a. Para eso, los Magos tuvieron que dejar sus casas, sus posesiones, su pa&iacute;s, su comodidad y salieron tras la estrella al encuentro de Cristo. Para llegar a conocer y amar a Cristo as&iacute; nosotros tenemos que dejar nuestras pasiones y pecados, soberbia, envidias, lujurias, odios y rencores&hellip; Todo esto se hizo y se hace ahora siguiendo la estrella de la oraci&oacute;n. Hay que contar con noches de la fe, esto es, etapas de oraci&oacute;n, de estar en la iglesia ante el Sagrario y no sentir nada, o sentir dudas, pruebas, noches de fe&hellip; &iquest;ser&aacute; verdad, estar&aacute; en el Sagrario Cristo, y d&oacute;nde est&aacute; Dios cuando le rezo y no siento nada? A todos nos pasa. No hay que asustarse. La crisis es buena, si nos ayuda a convertirnos m&aacute;s a Dios, a poner en &Eacute;l, en su palabra del evangelio nuestra seguridad m&aacute;s que en nosotros mismos, en nuestras ideas y pensamientos. La sequedad en la oraci&oacute;n, no sentir a veces nada a veces en la Iglesia, es bueno, porque Dios quiere que pasemos de nuestros criterios, apoyos y seguridades de todo tipo, de nuestras posesiones afectivas, de la posesi&oacute;n de una fe heredada a una fe m&aacute;s personal y purificada, por vivencias propias y no de otros. Si no hay crisis en nuestra fe es que estamos instalados, y no avanzamos. Y cuando uno llega a purificarse de sus pecados y empalma con Dios, el di&aacute;logo ya no se acaba y siempre es subir y subir hasta el &eacute;xtasis, hasta lo infinito, hasta el cielo en la tierra, hasta el el qued&eacute;me y olv&iacute;deme&hellip; 4.- Y una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or as&iacute;, le adoramos y ponemos nuestra vida de rodillas ante &Eacute;l. &ldquo;Entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Por qu&eacute; pues has llagado este coraz&oacute;n no le sanaste&hellip; 5.- Finalmente, para los que quieran encontrar a Cristo as&iacute;, algo que nunca debe faltar ni faltar&aacute; en nuestra vida, es Mar&iacute;a: Ahora y siempre, el mejor camino para encontrarnos con Jes&uacute;s es Mar&iacute;a, la devoci&oacute;n a la Virgen. Resumiendo: Dios nos env&iacute;a a todos la estrella de la fe para encontrarnos con &Eacute;l; la mejor y permanente estrella de la fe es la oraci&oacute;n personal, ratos de Sagrario, la misa del domingo, lectura y meditaci&oacute;n diaria del los evangelio o libros santos; desde el primer kil&oacute;metro de este camino de encuentro con Cristo hay que dejar la propia casa, esto es, ego&iacute;smos, comodidades, pecados de soberbia, avaricia, ira&hellip;siguiendo a la estrella que nos ilumina e inspira en esos ratos de oraci&oacute;n y as&iacute;, limpios de pecados e imperfecciones, nos encontramos con Cristo aqu&iacute; en la tierra, en la oraci&oacute;n, santa Teresa, s Juan de la cruz y todos los santos. ******************************************* REYES MAGOS. QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS DOMINICAS: El evangelio de hoy, el camino de los Reyes Magos hasta encontrarse con Cristo, es una catequesis profunda sobre el camino de la fe por la oraci&oacute;n diaria que todos tenemos que recorrer si queremos encontrarnos con Cristo ya en esta vida, es el camino de la fe que han de recorrer todos aquellos que quieran encontrarse con Jes&uacute;s ya en este mundo, el mismo que naci&oacute; en Bel&eacute;n y est&aacute; en el cielo y en todos los sagrarios de la tierra y adorarlo como Dios y salvador del mundo y sentirlo y vivirlo y gozarlo. Y eso solo se consigue en esta vida por medio de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, es decir, ir convirti&eacute;ndonos a lo que el Se&ntilde;or nos dice en la meditaci&oacute;n del evangelio, de su palabra y de lo que nos dice en ese rato diario de conversaci&oacute;n con &Eacute;l, primero con libro, y luego sin libros y ayudas porque &Eacute;l nos va instruyendo por la oraci&oacute;n-meditaci&oacute;n primero y luego contemplativa, sin necesidad de libros, solo con mirarle y estar en su presencia. Y este camino de la oracion tiene diversas etapas, son las etapas de purificacion de nuestra fe y amor a Dios, de nuestra conversi&oacute;n primero por la oraci&oacute;n meditativa, cuando hay que coger el evangelio y meditarlo, porque si no, no te sale el di&aacute;logo con Dios; luego viene la oraci&oacute;n contemplativa, ya no te hace tanta falta coger un libro para meditar porque el Esp&iacute;ritu Santo nos va comunicando los pensamientos y sentimientos de Cristo, y finalmente, viene la oraci&oacute;n de uni&oacute;n o transformaci&oacute;n total en Cristo, en que el alma ya no necesita meditar o contemplar porque est&aacute; unida, se siente habitada, templo y morada de la Trinidad: &ldquo;Qued&eacute;me y olvideme&hellip;&rdquo; A este estado de contemplaci&oacute;n y vida est&aacute;is llamadas todas vosotras Y todo esto, desde el primer Kil&oacute;metro, se va realizando en el alma, por la oraci&oacute;n- conversi&oacute;n, oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, en que a traves de los a&ntilde;os el alma va vaci&aacute;ndose de s&iacute; misma, de su yo,de sus ideas y egoismos e imperfecciones y va convirti&eacute;ndose a Cristo, va llen&aacute;ndose solo de Cristo hasta poder decir con S. Pablo &ldquo;ya no soy yo es Cristo quien vive en mi&rdquo; o como todos los m&iacute;sticos que llegan al gozo y experiencia de Dios ya en este vida: descubre tu presencia y m&aacute;teme&hellip;. Y esta es la vocaci&oacute;n a la que estamos llamados todos los cristianos por la vida de gracia desde el santo bautismo, vida de Dios Trinidad en nosotros, especialmete mediante la vida de oraci&oacute;n, pero especialmente vosotras que Dios os ha llamado y regalado esta vocaci&oacute;n. Todo esto lo tengo escrito y desarrollado en varios de mis libros. Por eso, no quiero alargarme m&aacute;s y empiezo desarrollando este camino en los Reyes Magos. Empezamos: los reyes magos, siguiendo la estrella, encontraron a Jes&uacute;s &iquest;qu&eacute; nos ense&ntilde;a esto? Lo que os he dicho:Nos ense&ntilde;a que la fe es la estrella que debe quiar nuestras vidas, sobre todo de contemplativas y esta fe cultivada y progresando por la vida de oraci&oacute;n-conversion, nos lleva poco a poco a Cristo a trav&eacute;s de los a&ntilde;os y purificaciones de nuestrso defectos, a ver y sentir a Cristo, como los magos; para eso tuvieron que salir de sus casas, y preguntar y caminar y pasar diversas pruebas; son las pruebas y las noches fe y amor que describe muy bien S. Juan de la Cruz y que este cura tuvo la gracia de Dios de hacer su tesis doctoral en teolog&iacute;a en Roma, y es camino obligado para todos los m&iacute;sticos, para todos los que queramos llegar a la uni&oacute;n total con Cristo. Pues bien, todos nosotros, como los magos, tenemos muchas estrellas que nos llevan a Dios en nuestras vidas: padres cristianos catequistas, sacerdotes, acontecimientos diversos, son &laquo;los signos de los tiempos&raquo;, que nos llevan a Dios. Los Magos, mirando la estrella, encontraron a Cristo; nosotros, mirando la estrella de la fe todos los d&iacute;as por la oraci&oacute;n personal, especialmente ante el Sagrario, nos encontramos con Cristo. Toda nuestra vida de santidad depende de la oraci&oacute;n y la oraci&oacute;n, seg&uacute;n santa Teresa: &laquo; no es otra cosa sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con aquel que sabemos que nos ama&raquo;. Y esto, seas cura, fraile o monja, y obispo, como no hagas oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria, no llegas a estas alturas, al gozo y a la experiencia de la fe, que creemos. Y de esto tiene mucha necesidad hoy la Iglesia sobre todo en sus sacerdotes, obispos y y&hellip; Y una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, es decir, tenemos que poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, como hicieron los magos y este es el sentido de la vida religiosa de estas monjas contemplativas sean dominicas o carmelitas o trinitarias&hellip; renunciando a todo, solo para ser de Dios, solo Dios, solo Dios en su vida, y el cielo ha comenzado ya para ellas en la tierra, si llegan a este estado de conversi&oacute;n y oraci&oacute;n. Bien, y ahora y siempre, la mejor ayuda para encontrarnos con Jes&uacute;s es su madre:Mar&iacute;a: &ldquo;los mago entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Lo dice el evangelio y la experiencia y la vida de los santos. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS DOMINICAS: Dec&iacute;amos ayer y dir&eacute; siempre que el mejor camino, la mejor ayuda para encontrarnos con Jes&uacute;s es su madre:Mar&iacute;a:&ldquo;los mago entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Lo dice el evangelio y la experiencia y la vida de los santos. Dios mismo escogi&oacute; este camino; Cristo nos vino por Mar&iacute;a; los magos encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su Madre. Nosotros tenemos que ir a Cristo por el mejor camino que existe: su Madre, Mar&iacute;a. Queridos hermanos, recemos a Mar&iacute;a, buscad a Mar&iacute;a y encontraremos a Cristo en sus brazos. &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazarena, Virgen guapa, Madre del alma; &iexcl;cu&aacute;nto te quiero! &iexcl;Cu&aacute;nto nos quieres! Gracias por habernos dado a tu Hijo, gracias por querer ser nuestro camino para encontrar a tu Hijo; y gracias tambi&eacute;n por ser nuestra madre y modelo. Gracias, Madre. Virgen guapa, Hermosa nazarena. &ldquo;Encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su madre&rdquo;.Mar&iacute;a ocupa un lugar importante en este caminar. Jes&uacute;s nos vino por Mar&iacute;a. Y Dios quiere que nuestro camino de fe hasta encontrar a Cristo pase por Mar&iacute;a. No olvidarlo. No es sentimentalismo, piedad popular, no, es plan y proyecto de Dios: Hay que cultivar la devoci&oacute;n a Mar&iacute;a, como madre y modelo de la fe y camino para encontrarnos con Cristo. As&iacute; lo hizo y lo quiere su Hijo. En las grandes pruebas de la fe, cuando todos dejaron a Cristo abandonado en la cruz, all&iacute; &laquo;no sin designio divino&raquo; quiso el Se&ntilde;or que estuviera su Madre para entreg&aacute;rnosla tambi&eacute;n como Madre en la persona de Juan. Jes&uacute;s permiti&oacute; el abandono de todos los suyos, menos Juan, pero no quiso estar sin su Madre. Por algo ser&aacute;. Nosotros, tampoco, en nuestro camino de santidad y perfecci&oacute;n cristiana. Repito: algo que nunca debe faltar ni faltar&aacute; en nuestra vida, si queremos encontrarnos con el Se&ntilde;or, es Mar&iacute;a: &ldquo;Entraron en casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron&rdquo;. Ahora y siempre, el mejor camino para encontrarnos con Jes&uacute;s, es Mar&iacute;a. Lo dice la experiencia, la historia, los santos. Dios mismo escogi&oacute; este camino; Cristo nos vino por Mar&iacute;a; los magos encontraron al ni&ntilde;o en brazos de su Madre. Nosotros tenemos que ir a Cristo por el mejor camino que existe: su Madre, Mar&iacute;a. &ldquo;Lo encontraron en los brazos de Mar&iacute;a&rdquo;. Mar&iacute;a es el camino elegido por Dios para venir hasta nosotros. Es a su vez, el camino que Dios quiere para que lleguemos hasta &Eacute;l. Por eso, es Madre de la Iglesia, de todos los hombres. Mar&iacute;a nos ofrece, como madre, el fruto de su vientre. Es la nota mariol&oacute;gica de la Navidad. Maria, hermosa nazarena, Virgen bella, gracias por haber querido darnos a tu hijo. Gracias por querer ser su madre, su madre y nuestra madre; gracias. &iexcl;Cu&aacute;nto nos quieres, cu&aacute;nto te queremos! Gracias. Con Mar&iacute;a y por Mar&iacute;a llegamos al encuentro gozoso de Cristo, meta de nuestro caminar en la fe y en el amor cristiano sobre todo por la oracion, el mejor camino de la vida cristiana. Y le adoramos, es decir, le ofrecemos toda nuestra persona, nuestro ser y existir queda consagrado a &Eacute;l, porque le reconocemos como &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todos los &iacute;dolos que hasta entonces hemos dado culto. El encuentro con el Se&ntilde;or te har&aacute; feliz, querido hermano, como a los magos. Pregunta a todos los santos que en el mundo han existido. Por eso, Se&ntilde;or, c&oacute;mo te deseo, c&oacute;mo te busco, con qu&eacute; hambre de T&iacute; camino por la vida. Quiero verte para tener la luz del &ldquo;camino, de la verdad y de la vida&rdquo;. Quiero comulgarte para tener tu misma vida, tus mismos sentimientos, tu mismo amor. Y en tu entrega eucar&iacute;stica, quiero hacerme contigo una sola ofrenda agradable al Padre, cumpliendo tu voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida. Quiero entrar as&iacute; en el misterio de mi Dios Trino y Uno, por la potencia de Amor del Esp&iacute;ritu Santo. POR MAR&Iacute;A, A JES&Uacute;S Y CON JES&Uacute;S EUCARIST&Iacute;A, A LA STMA.TRI. Una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, como los Magos, tenemos que ponernos y poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, porque &Eacute;l es Dios, lo absoluto en nuestra vida, y nosotros somos simples criaturas. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Todas vosotras, por la oraci&oacute;n y vocaci&oacute;n de Dominicas, ten&eacute;is que llegar hasta aqu&iacute;, como todo cristiano, por el santo bautismo. La oraci&oacute;n-adoraci&oacute;n es personal. Es un encuentro que comprend&iacute;a tambi&eacute;n sus presentes de oro, incienso y mirra, dones que se hac&iacute;an a un Rey por considerado divino, como nosotros tenemos que hacer con nuestras vidas. Adorar a Dios es reconocerle como el &uacute;nico absoluto de su vida. Y para esto hay que orar, orar y convertirse, y preguntar y buscar a Dios como los magos hasta encontrarlo por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n elevadas, siempre con ayuda de Mar&iacute;a, saliendo de nosotros mismos. Hermanos y hermanas, adoremos s&oacute;lo a Dios, pongamos nuestro y posesiones a sus pies &iexcl;Queridas hermanas dominicas, queridos hermanos y feligreses, salid de la comodidad y la pereza al encuentro de Cristo. Lo encontrar&eacute;is en brazos de su Madre, Mar&iacute;a. Rezad a la Virgen, imitad a la Virgen, amad a la Virgen, seguid a la Virgen. Queridas hermanas, que la fiesta de los Reyes Magos nos ayude a todos nosotros, fieles cristianos, a valorar la estrella de nuestra fe cristiana y a seguirla con la perseverancia de los Reyes Magos hasta que lleguemos al encuentro gozoso y verdadero con Jesucristo, &Uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres, y siempre en los brazos de su madre, Mar&iacute;a, esper&aacute;ndonos a cada uno de nosotros, a todos sus hijos e hijas, los hombres, las Dominicas, con St. Domingo, devot&iacute;simo de Mar&iacute;a, a su lado en el cielo.Am&eacute;n. ******************************************** Una vez que hemos encontrado al Se&ntilde;or, tenemos que adorarlo, como los Magos, tenemos que ponernos y poner nuestra vida y todas nuestras cosas de rodillas ante &Eacute;l, porque &Eacute;l es Dios, lo absoluto en nuestra vida, y nosotros somos simples criaturas. Y aqu&iacute; est&aacute; el gozo. Cuando uno encuentra al Dios vivo, uno lo da todo y no quiere m&aacute;s riqueza y posesi&oacute;n que Dios mismo. Este encuentro ya no se olvida: los santos, los m&iacute;sticos, las personas buenas ya no saben vivir de otra forma. Su adoraci&oacute;n es personal. Es una adoraci&oacute;n que comprend&iacute;a tambi&eacute;n sus presentes oro, incienso y mirra, dones que se hac&iacute;an a un Rey considerado divino. Adorar a Dios es reconocerle como el &uacute;nico absoluto de su vida. Y para esto hay que orar, orar mucho y preguntar y buscar a Dios como los magos hasta encontrarlo por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n elevadas, saliendo de nosotros mismos. Hermanos, adoremos s&oacute;lo a Dios, pongamos riquezas y persona a sus pies &iexcl;Queridos feligreses, salid de la comodidad y la pereza al encuentro de Cristo. Lo encontrar&eacute;is en brazos de su Madre, Mar&iacute;a. Rezad a la Virgen. Sed devotos de Mar&iacute;a. Queridos hermanos, que la fiesta de los Reyes Magos nos ayude a todos nosotros, fieles cristianos, a valorar la estrella de nuestra fe cristiana y a seguirla con la perseverancia de los Reyes Magos hasta que lleguemos al encuentro gozoso y verdadero con Jesucristo, &Uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres.Am&eacute;n. ******************************************* QUERIDOS HERMANOS: La fiesta de hoy, que popularmente llamamos de los Reyes Magos, en t&eacute;rminos lit&uacute;rgicos se denomina fiesta de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Epifan&iacute;a es una palabra griega que significa manifestaci&oacute;n. Y es que el Ni&ntilde;o, que en el d&iacute;a de Navidad se ha manifestado al pueblo jud&iacute;o, como el Mes&iacute;as prometido, por medio de los pastores, hoy, por medio de los Reyes Magos, se manifiesta a todos los pueblos, fuera del pueblo jud&iacute;o, como Salvador del mundo. La idea central de esta fiesta es, pues, la manifestaci&oacute;n de la Salvaci&oacute;n de Dios por Cristo Jes&uacute;s, que resume perfectamente el prefacio de la misa de hoy: &ldquo;Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvaci&oacute;n; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste part&iacute;cipes de la gloria de su inmortalidad.&rdquo; &ldquo;Hemos venido a adorarle&rdquo;(Mt 2, 2): &Eacute;sta es una afirmaci&oacute;n que puede convertirse en el mejor programa de vida de todo cristiano; con este deseo podemos recorrer todo nuestro itinerario espiritual hasta el encuentro existencial con Cristo y encontrar, como ellos, al Mes&iacute;as Salvador de todos los pueblos. En verdad, la luz de Cristo ya iluminaba la inteligencia y el coraz&oacute;n de los Reyes Magos. &ldquo;Se pusieron en camino&rdquo; (Mt 2, 9), cuenta el evangelista, lanz&aacute;ndose con coraje por caminos desconocidos, emprendiendo un largo viaje nada f&aacute;cil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que hab&iacute;an visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2, 2). Imitando a los Reyes Magos, tambi&eacute;n nosotros, queridos hermanos, debemos emprender un viaje desde todas las edades de nuestra vida y situaci&oacute;n religiosa para encontrarnos con el Se&ntilde;or, en una atm&oacute;sfera de fe y de escucha de la Palabra de Dios. &ldquo;Y la estrella... iba delante de ellos, hasta que lleg&oacute; y se detuvo encima del lugar donde estaba el ni&ntilde;o&rdquo; (Mt 2, 9). Los Reyes Magos llegaron a Bel&eacute;n, porque se dejaron guiar d&oacute;cilmente por la estrella. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al ver la estrella se llenaron de inmensa alegr&iacute;a&rdquo; (Mt 2, 10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos gu&iacute;a. Cuando somos conscientes de ser guiados por &Eacute;l, el coraz&oacute;n experimenta una aut&eacute;ntica y profunda alegr&iacute;a, acompa&ntilde;ada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo luego d&oacute;cilmente. &ldquo;Entraron en la casa, vieron al ni&ntilde;o con Maria su madre&rdquo; (Mt 2, 11). Nada de extraordinario a simple vista. Sin embargo, aquel Ni&ntilde;o es diferente a los dem&aacute;s: es el Hijo primog&eacute;nito de Dios que se despoj&oacute; de su gloria (cfr. Fil 2, 7) y vino a la tierra para salvar al hombre con muerte de cruz. Descendi&oacute; hasta nosotros y se despoj&oacute; de su gloria divina para hacernos a todos part&iacute;cipes de ese designio glorioso &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a haber inventado un signo de amor m&aacute;s grande? Permanecemos extasiados ante el misterio de un Dios que se humilla para asumir nuestra condici&oacute;n humana hasta inmolarse por nosotros en la cruz (cfr. Fil 2, 6-8). En su pobreza, vino para ofrecer la salvaci&oacute;n a los pecadores. Aquel que &mdash;como nos recuerda San Pablo&mdash; &ldquo;siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no dar gracias a Dios por tanta bondad condescendiente? Los Reyes Magos encontraron a Jes&uacute;s en &laquo;B&eacute;t-lehem&raquo;, que significa &laquo;casa del pan&raquo;. En la humilde cueva de Bel&eacute;n yace, sobre un poco de paja, el &laquo;grano de trigo&raquo; que muriendo dar&aacute; &ldquo;mucho fruto&rdquo; (cfr. Jn 12, 24). Para hablar de s&iacute; mismo y de su misi&oacute;n salv&iacute;fica, Jes&uacute;s, en el curso de su vida p&uacute;blica, recurrir&aacute; a la imagen del pan. Dir&aacute;: &ldquo;Yo soy el pan de vida&rdquo;, &ldquo;Yo soy el pan que baj&oacute; del cielo&rdquo;, &ldquo;El pan que yo le dar&eacute; es mi carne, vida del mundo&rdquo; (Jn 6, 35.41.51). Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad. El Ni&ntilde;o, colocado suavemente en el pesebre por Mar&iacute;a, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor est&aacute; presente en el sacramento de la Eucarist&iacute;a. En el establo de Bel&eacute;n se dej&oacute; adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por Maria, Jos&eacute; y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y &Eacute;l se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna. La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquel que se nos ha dado enteramente. No dud&eacute;is, queridos hermanos, en responderle, con una comuni&oacute;n entra&ntilde;able, cuando os invita &ldquo;al banquete de bodas del Cordero&rdquo; (cfr. Ap 19, 9). Escuchadlo, preparaos adecuadamente y acercaos al Sacramento del Altar, especialmente en este A&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a (octubre 2004&mdash; 2005) con actos intensos de fe y amor. &ldquo;Y postr&aacute;ndose le adoraron&rdquo; (Mt 2, 11). Si en el Ni&ntilde;o que Maria estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes, anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucarist&iacute;a y reconocerlo como nuestro Creador, &uacute;nico Se&ntilde;or y Salvador. &ldquo;Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra&rdquo; (Mt 2, 11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mes&iacute;as simbolizan la verdadera adoraci&oacute;n. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramar&aacute; la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre. Queridos hermanos, ofreced tambi&eacute;n vosotros al Se&ntilde;or el oro de vuestra existencia, o sea, la libertad de seguirlo por amor, respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia &Eacute;l el incienso de vuestra oraci&oacute;n ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia &Eacute;l, verdadero hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el G&oacute;lgota. Sed adoradores del &uacute;nico y verdadero Dios, reconoci&eacute;ndole el primer puesto en vuestra existencia. La idolatr&iacute;a es una tentaci&oacute;n constante del hombre. Hay gente que busca la soluci&oacute;n de los problemas en pr&aacute;cticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del &eacute;xito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energ&iacute;a c&oacute;smica, o de otras maneras no concordes con la doctrina cat&oacute;lica. Queridos hermanos &iexcl;no cre&aacute;is en falaces ilusiones y modas ef&iacute;meras que no pocas veces dejan un tr&aacute;gico vac&iacute;o espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicaci&oacute;n. La adoraci&oacute;n del Dios verdadero constituye un aut&eacute;ntico acto de resistencia contra toda forma de idolatr&iacute;a. Adorad a Cristo: &Eacute;l es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo m&aacute;s justo y solidario. Jes&uacute;s es el Pr&iacute;ncipe de la paz, la fuente del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana. &ldquo;Se retiraron a su pa&iacute;s por otro camino&rdquo; (Mt 2, 12). El Evangelio precisa que, despu&eacute;s de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su pa&iacute;s &ldquo;por otro camino&rdquo;. Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversi&oacute;n a la que est&aacute;n llamados los que encuentran a Jes&uacute;s para convertirse en los verdaderos adoradores que &Eacute;l desea (cfr. Jn 4, 23-24). Esto conlleva la imitaci&oacute;n de su modo de actuar transform&aacute;ndose, como escribe el ap&oacute;stol Pablo, en una &ldquo;hostia viva, santa, grata a Dios&rdquo;. A&ntilde;ade despu&eacute;s el ap&oacute;stol que no hay que conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovaci&oacute;n de la mente, &ldquo;para que sep&aacute;is discernir cu&aacute;l es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta&rdquo; (cfr. Rom 12, 1&mdash;2). Queridos hermanos, especialmente hermanos j&oacute;venes, escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jes&uacute;s es exigente porque quiere nuestra aut&eacute;ntica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitaci&oacute;n no tenga miedo de responderle &laquo;s&iacute;&raquo; y le siga generosamente. Pero m&aacute;s all&aacute; de las vocaciones de especial consagraci&oacute;n, est&aacute; la vocaci&oacute;n propia de todo bautizado: tambi&eacute;n es esta una vocaci&oacute;n a aquel &laquo;alto grado&raquo; de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jes&uacute;s y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los dem&aacute;s la propia experiencia. Son tantos nuestros compa&ntilde;eros que todav&iacute;a no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el coraz&oacute;n con suced&aacute;neos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor en Cristo. Queridos hermanos y hermanas, especialmente j&oacute;venes, la Iglesia necesita aut&eacute;nticos testigos para la nueva evangelizaci&oacute;n: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jes&uacute;s; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los dem&aacute;s. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y s&oacute;lo los santos pueden renovar la humanidad. Que Maria, &laquo;mujer eucar&iacute;stica&raquo;, que nos dio al Verbo encarnado y tiene en sus brazos al Ni&ntilde;o para que le adoremos, nos ayude en nuestro caminar, ilumine nuestras decisiones y nos ense&ntilde;e a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella nos conduzca a su Hijo, el &uacute;nico que puede satisfacer las esperanzas m&aacute;s &iacute;ntimas de la inteligencia y del coraz&oacute;n del hombre. Que esta fiesta haga realidad en todos nosotros lo que narra el evangelio &ldquo;Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegr&iacute;a. Entraron en la casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; despu&eacute;s, abriendo su cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra&rdquo;. ********************************************* DOMINGO DESPU&Eacute;S DE LA EPIFAN&Iacute;A: FIESTA: BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 42, 1-4. 6-7 Este texto nos ofrece una s&iacute;ntesis del primer canto del Siervo de Yahv&eacute;. No podemos definir la identidad de este Siervo. Es posible que represente al mismo Israel. Pero es m&aacute;s probable que se trate de exaltar la figura de una persona ideal, con rasgos mesi&aacute;nicos. El poema presenta a un Siervo de Yahv&eacute;, elegido por &Eacute;l, lleno de su esp&iacute;ritu, consagrado para establecer entre los pueblos el derecho que es la ley del Se&ntilde;or. El siervo se presenta humilde, sencillo, manso, delicado; pero en su actuaci&oacute;n es firme, fiel y tenaz hasta conseguir la aceptaci&oacute;n de su mensaje. Dios estar&aacute; con &Eacute;l y &Eacute;l ser&aacute; la alianza entre las naciones, juez de los pueblos, libertador de los oprimidos. La salvaci&oacute;n divina se hace inmediata, personal y actual en la figura de su Siervo. La descripci&oacute;n prof&eacute;tica de Isa&iacute;as tiene su plena realizaci&oacute;n hist&oacute;rica en Jes&uacute;s de Nazaret. En &Eacute;l brilla en todo su esplendor y significado mesi&aacute;nico. SEGUNDA LECTURA: Hechos 10, 34-38 Estos vers&iacute;culos son la conclusi&oacute;n de la conversi&oacute;n de Cornelio. El discurso de Pedro es una s&iacute;ntesis de la proclamaci&oacute;n del Evangelio, tal como lo presentaban los Ap&oacute;stoles: s&iacute;ntesis de toda la fe. En este pasaje se advierte tambi&eacute;n la importancia que en la primitiva predicaci&oacute;n tuvo el bautismo de Jes&uacute;s: fue el momento de su entronizaci&oacute;n como Siervo prometido y la investidura oficial de su misi&oacute;n como Salvador. San Pedro, testigo del bautismo del Se&ntilde;or, lo presenta, en su discurso a Cornelio, como el principio de su vida apost&oacute;lica, ungido por la potencia del Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Conoc&eacute;is lo que sucedi&oacute; en el pa&iacute;s de los jud&iacute;os, cuando Juan predicaba el bautismo&hellip;Me refiero a Jes&uacute;s de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que pas&oacute; haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con &Eacute;l&rdquo;. Por el bautismo el cristiano nace a la vida de Cristo por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que lo justifica y renueva todo su ser, formando en &Eacute;l al hijo de Dios. BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR QUERIDAS HERMANAS DOMINICAS: Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Se&ntilde;or, motivo especial para recordar nuestro propio bautismo y las riquezas y obligaciones del mismo, aunque sabemos que el bautismo de Cristo no es igual al nuestro porque Jes&uacute;s no ten&iacute;a pecado original y estaba lleno de la gracia y del amor a Dios, su Padre desde el primer instante de su existencia en cuanto hombre. Como he dicho, el bautismo de Cristo nos recuerda nuestro propio bautismo, sacramento que nos llen&oacute; de la gracia santificante y que nos hece a todos los bautizados hijos y templos de la Sant&iacute;sima Trinidad por su inhabilitaci&oacute;n en nuestras almas y que algunos cristianos, sobre todo, vosotras, consagradas y religiosas, si viv&iacute;is en plenitud esta vida de gracia y de amor a Dios y os dej&aacute;is purificar de vuestros defectos e imperfeccines por las etapas activas y pasivas de la oraci&oacute;n primero activas luego pasivas-- son las noches activas y pasivas de S. Juan de la Cruz- llegar&eacute;is ya en esta vida purificada, llegar&eacute;is a tener el cielo en la tierra, esto es, a sentir y vivir la vida trinitaria en vosotras, a vivir el amor y la presencia de Dios Trinidad en vuestras almas, a sentiros amadas y habitadas por Dios Trinidad como hijas predilectas y elegidas por &Eacute;l para una vida totalmente de amor y plenitud ya en este mundo. Esto es de lo que os hablo muchas veces y os hablar&eacute; siempre porque todas vosotras est&aacute;is llemadas a este grado de oraci&oacute;n contemplativa, a este amor e intimidad con la Sant&iacute;sima Trinidad y porque adem&aacute;s lo tengo muy estudiado desde mi juventud ya que por mi vida de oraci&oacute;n y por desear vivirlo hize incluso mis estudios especiales, mi tesis doctoral en Teolog&iacute;a en la Universidad de Roma por este motivo. QUERIDAS HERMANAS: esto es lo que proclama muy claro el prefacio de este d&iacute;a: &ldquo;En el bautismo del Se&ntilde;or, Dios Padre realiz&oacute; signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo bautismo, y, por medio del Esp&iacute;ritu, ungi&oacute; a su Siervo Jes&uacute;s&hellip;&rdquo;.La liturgia, pues, de este d&iacute;a, fiesta del bautismo del Se&ntilde;or, nos recuerda nuestro propio bautismo y nos invita a hablar de &eacute;l y a revisarnos y a vivirlo en plenitud ya que hoy d&iacute;a por la falta de oraci&oacute;n y purificaci&oacute;n, &uacute;nico camino para llegar a este experiencia, son muy pocos los que llegan a estas alturas de oraci&oacute;n e intimidad con nuestro Dios Trino y Uno que nos habita por la gracia desde nuestro bautismo porque quiere ya en esta vida empezar el cielo en cada uno de los bautizados, a que tengamos ya por la vida de oraci&oacute;n y purificaci&oacute;n un poco elevada la experiencia de Dios Trino y Uno habit&aacute;ndonos y am&aacute;ndonos en su mismo amor trinitario ya en esta vida. En nuestro bautismo, queridas hermanas dominicas, realizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo y limpi&aacute;ndonos de todo pecado original y personal, Dios Trinidad nos ama tanto que limpiados de pecado y llenos de su gracia y amor viene a habitarnos porque nos ama con amor de Padre y para esto nos envi&oacute; y muri&oacute; y resucit&oacute; su Hijo amado. En nuestro bautismo nos convertimos en moradas de la Sant&iacute;sima Trinidad, somos hechos templos y moradas de Dios Trino y Uno, es el cielo ya en la tierra que vivir&aacute; en el cristiano mientras permanezca en la vida de gracia recibida ya en el bautismo y en los dem&aacute;s sacramentos, sobre todo vivida y potenciada por nuestra vida de oraci&oacute;n un poco elevada y purificada, no basta cantar muy bien ni celebrar lit&uacute;rgicamente la santa misa, todo sacerdote, necesita vaciarse de s&iacute; mismo para que Dios Trinidad le pueda llenar y desgraciadamente de esto veo muy poco incluso en obispos y cardenales. Pero repito, esta vivencia es la raz&oacute;n de vuestra vida de religosas contemplativas, de que ten&eacute;is que llegar a este grado de oraci&oacute;n y amaor a Dios Trinidad desde la oraci&oacute; primero vocal, luego meditativa y finalmente contemplativa por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanente, por el vac&iacute;o de si mismos para que Dios nos pueda llenar y vivir por la vida de gracia en plenitud hasta experimentar y sentir a las Tres divinas Personas que nos habitan por la vida de gracia y de amor como ya nos prometi&oacute; Jesucristo: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l haremos morada en &eacute;l.&rdquo; Hoy es un buen d&iacute;a para revisar si vamor progresando en esta vida de gracia y amor total a Dios por la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n, vaci&aacute;ndonos de nosotros mismos para que Dios Trinidad nos pueda llenar y habitar y as&iacute; poder sentirlo. Y este es el sentido principal de vuestra vida de clausura, alejaros del mundo y vanidades para vivir solo y principalmente para Dios, esta es la raz&oacute;n de la vida contemplativa hoy tan necesaria en la Iglesia, sobre todo en sus ministros sacerdotes y religiosos-as: llegar por la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n de pecados y defectos veniales hasta esta uni&oacute;n y experiencia de Dios Trinidad. Porque como no nos vaci&eacute;mos de nosotros mismos y nos llene Dios, aunque seamos curas y obispos y cardenales y religiosas contemplativas, no podremos llegar a esta alturas y santificarnos y santificar a la Iglesia aunque prediquemos y hagamos apostolados. Y desgraciadamente oraci&oacute;n-conversi&oacute;n muy poco pero en la Iglesia actual, en obispos, sacerdotes y cardenales. Porque para esto el &uacute;nico camimo es la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria y profunda y&ntilde; al hacerlo as&iacute; &ldquo; Si alguno me ama, me Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. Queridas hermanas: Que vivamos la vida de gracia en plenitud, para eso Dios nos ha dado esta vocaci&oacute;n tan privilegiada y el &uacute;nico camino en nosotros es por la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n permanente hasta llegar a sentir a la Sant&iacute;sima Trinidad que nos habita por la gracia desde el santo bautismo, y nada de comuniones o misas aunque sean catadas y celebradas muy liturgicamente, como no te vaci&eacute;s de ti mismo, auque comulgues y digas misa y seas cura y obispo, Dios no te puede llenar. Queridas hermanas, que hagamos de nuestra vida una ofrenda pura a la Sant&iacute;sima Trinidad y que un d&iacute;a, en su presencia del cielo, gocemos en plenitud lo que ahora hacemos y poseemos por la fe y la esperanza y la caridad sobrenaturales, sobre todo en ratos de oraci&oacute;n un poco purificada de nuestros defectos e imperfeciones: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierto en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora. Oh amado Cristo m&iacute;o, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro coraz&oacute;n; quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros hasta morir de amor. Oh mis Tres, mi todo, mi bienaventuranza, soledad infinita, inmensidad en la que me pierdo. Entr&eacute;gome sin reserva a vos como una presa, sepultaos en m&iacute;, para que yo me sepulte en vos, hasta que vaya a contemplaros en vuestra luz, en el abismo de vuestras grandezas. (Sor Isabel de la Stsma Trinidad, 21-11- 1904). ******************************************** QUERIDOS HERMANOS, queridos paisanos: Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Cristo, motivo especial para recordar nuestro propio bautismo y las riquezas y obligaciones del mismo, aunque sabemos que el bautismo de Cristo no es igual al nuestro porque Jes&uacute;s, en cuanto hombre nacido de nuestra madre la Virgen del Salobrar, no ten&iacute;a pecado original y estaba lleno de gracia y amor a Dios, su Padre, y a todos nosotros, los hombres, y por eso naci&oacute; y se hizo hombre y muri&oacute; y resucit&oacute; y demostr&oacute; que era Dios haciendo milagros, calmando tempestades y resucitando a muertos. Como he dicho, el bautismo de Cristo nos recuerda nuestro propio bautismo, sacramento que nos marc&oacute; con el signo de Cristo, nos llen&oacute; de la gracia santificante que nos hizo hijos de Dios y herederos del cielo, como nos dice el Catecismo de la Iglesia. Por eso me da mucha pena, que hoy muchos padres no bauticen a sus hijos porque somos eternos y un d&iacute;a tenemos que presentarnos ante el Padre y los que no est&eacute;n bautizados, no pueden entrar en el cielo, porque no se hicieron hijos de Dios por el bautismo y no pueden ser herederos, no pueden entrar en la herencia eterna de Dios nuestro Padre, herencia que ya algunas personas santas, almas de misa o comuni&oacute;n o visita al Sant&iacute;simo diaria esperimentan ya en esta vida con sumo gozo, santos y santas de todos los tiempos, que incluso gozaban tanto y lo sentian tan fuertemente que deseaban morirse para irse con &Eacute;l. Yo conozco a personas de esta altura espiritual y religiosa que con santa Teresa pueden decir: S&aacute;came de aquesta vida&hellip; esta vida que yo vivo&hellip; y reconozco y algunos de los mayores que est&aacute;n aqu&iacute; ahora escuch&aacute;ndome tambi&eacute;n lo pueden decir, porque antes, hasta hace treinta a&ntilde;os, hasta los a&ntilde;os 1990 m&aacute;s o menos, en mis 30 primeros a&ntilde;os de sacerdocio, hab&iacute;a m&aacute;s y mejores cristianos con esta altura de fe y amor cristiano, aqu&iacute; mismo en Jaraiz, esposos y esposas, madres de familias que no solo bautizaban a todos sus hijos sino que los llevaban a la iglesia y ven&iacute;an a misa todos los domingos, hac&iacute;an la primera comuni&oacute;n todos los ni&ntilde;os y se confirmban&hellip; Yo he visto totalmente llenas las dos iglesias de mi querido pueblo de Jaraiz, llenas de feligreses, pero ahora si no vienen los padres&hellip; c&oacute;mo van a venir los hijos&hellip;y no solo los domingos y fiestas, sino las dos parroquias, al menos de la san Miguel que yo conoc&iacute;a mejor, permanec&iacute;an abiertas todo el d&iacute;a y la gente, mayores y peque&ntilde;os, los novios, al salir de paseo por la tarde, ven&iacute;an a visitar al Se&ntilde;or en el Sagrario, lo he visto yo, que fui monaguillo varios a&ntilde;os de san Miguel, y luego durante mis doce a&ntilde;os en el seminario, durante las vacacones de verano, cuando yo ven&iacute;a a hacer oraci&oacute;n.. y no digamos qu&eacute; novenas&hellip; al Corarz&oacute;n de Jes&uacute;s&hellip; con exposici&oacute;n del Se&ntilde;or.. Por eso, aunque algunos de vuestros hijos no sean creyentes o practicantes, procurad que todos sus hijos est&aacute;n bautizados, hechos hijos de Dios por la gracia, vida de Dios en nosotros y marcados con el signo de la salvaci&oacute;n. Y hoy es un d&iacute;a para que todos nosotros demos gracias a Dios, hagamos una comuni&oacute;n fervorosa y demos gracias al Se&ntilde;or porque por su gracia recibida en el bautismo y que conversamos, estamos salvados y procuremos que todos nuestros hijos y nietos lo est&eacute;n y procurad bautizarlos. Queridos paisanos, por el santo bautismo somos eternos, somos hijos de Dios y herederos del cielo, nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, estar bautizado en Cristo Jes&uacute;s, nuestra vida no termina con la muerte, los muertos bautizados, nuestros padres y mayores, todos los bautizados en Cristo est&aacute;n vivos con Dios en el cielo&hellip; est&aacute;n salvados aunque algunos tengan o hayan tenido que purificarse en el Purgatorio, pero no est&aacute;n en el otro sitio, que no me gusta ni mencionar y donde pueden caer todos los que no fueron bautizados o no vivieron la fe y el amor a Dios y no cumplieron sus mandamientos, como hay tantos hoy desgraciadamente. C&oacute;mo ha cambiado Espa&ntilde;a, la vida, los pueblos, sobre todo inducidos por muchos pol&iacute;ticos ateos y vac&iacute;os del sentido no digo ya cristiano, sino incluso humano de la vida, abortos, divorcios a montones, esposos que se matan entre s&iacute;, hijos que matan a sus padres, y lo que no hacen ni los animales, madres que matan a sus hijos, pero d&oacute;nde estamos llegando, padres mayores abandonados y todo, porque nos estamos alejando de Dios por estas televisiones y radios y guassads y m&oacute;viles y medios modernos donde no aparece Dios, ni iglesia, ni Cristo, ni bautizos, ni sacramentos y si ponen bodas, ocultan o silencian la parte de la iglesia y solo ponen las fotos de fuera. Termino, queridos paisanos, hoy es d&iacute;a de agradecer a Dios ser cat&oacute;licos, estar bautizados, venir a misa los domintos, d&iacute;a de esperar en Dios nuestro Padre por la virtud de la esperanza cristiana del cielo que practicamos poco. Por vosotros y los vuestros ofrezco esta santa misa que es Cristo dando su vida para que todos la tengamos eterna. Para esto vino en la Navidad que hoy terminamos y para esto muri&oacute; y resucit&oacute;, para que todos tengamos vida eterna y para esto se hace ahora pan de vida eterna que comulgamos y para esto permanece en todos los sagrarios de la tierra para llevarnos a la vida eterna. Visitadle con frecuencia. Am&eacute;n. Asi sea. ************************************ QUERIDOS HERMANOS: Dice el Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica: &laquo; N&ordm; 535. El comienzo (cf Lc 3, 23) de la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s es su bautismo por Juan en el Jord&aacute;n (cf Hch 1, 22). Juan proclamaba &ldquo;un bautismo de conversi&oacute;n para el perd&oacute;n de los pecados&rdquo; (Lc 3, 3). Una multitud de pecadores, publicanos y soldados (cf Lc 3, 10-14), fariseos y saduceos (cf Mt 3, 7) y prostitutas (cf Mt 21, 32) viene a hacerse bautizar por &eacute;l. &ldquo;Entonces aparece Jes&uacute;s&rdquo;. El Bautista duda. Jes&uacute;s insiste y recibe el bautismo. Entonces el Esp&iacute;ritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jes&uacute;s, y la voz del cielo proclama que &eacute;l es &ldquo;mi Hijo amado&rdquo; (Mt 3, 13-17). Es la manifestaci&oacute;n (&laquo;Epifan&iacute;a&raquo;) de Jes&uacute;s como Mes&iacute;as de Israel e Hijo de Dios. N&ordm;.-536. El bautismo de Jes&uacute;s es, por su parte, la aceptaci&oacute;n y la inauguraci&oacute;n de su misi&oacute;n de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf Is 53, 12); es ya &ldquo;el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo&rdquo; (Jn 1, 29); anticipa ya el &ldquo;bautismo&rdquo; de su muerte sangrienta (cf Mc 10, 38; Le 12, 50). Viene ya a &ldquo;cumplir toda justicia&rdquo; (Mt 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisi&oacute;n de nuestros pecados (cf Mt 26, 39). A esta aceptaci&oacute;n responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo (cf Le 3, 22; Js 42, 1). El Esp&iacute;ritu que Jes&uacute;s posee en plenitud desde su concepci&oacute;n viene a &ldquo;posarse&rdquo; sobre &eacute;l (Jn 1, 32-33; cf Is 739 11, 2). De &eacute;l manar&aacute; este Esp&iacute;ritu para toda la humanidad. En su bautismo, &ldquo;se abrieron los cielos&rdquo; (Mt 3, 16) que el pecado de Ad&aacute;n hab&iacute;a cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jes&uacute;s y del Esp&iacute;ritu como preludio de la nueva creaci&oacute;n. N&ordm;.-537. Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jes&uacute;s que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrecci&oacute;n: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jes&uacute;s, para subir con &eacute;l, renacer del agua y del Esp&iacute;ritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y &ldquo;vivir una vida nueva&rdquo; (Rm 6, 4): Enterr&eacute;monos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con &eacute;l; descendamos con &eacute;l para ser ascendidos con &eacute;l; ascendamos con &eacute;l para ser glorificados con &eacute;l (5. Gregorio Nacianc, Or. 40, 9). Todo lo que aconteci&oacute; en Cristo nos ense&ntilde;a que despu&eacute;s del ba&ntilde;o de agua, el Esp&iacute;ritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios (S. Hilario, Mat. 2)&raquo;. Los sentimientos que suscitan en nosotros estas palabras del Catecismo son actitudes de agradecimiento a Dios por el sacramento del santo bautismo recibido y de mayor exigencia en el desarrollo de la vida cristiana que hemos recibido como semilla y que debemos por la fe hacer crecer en santidad y buenas obras. Este ha sido nuestro compromiso al recibirlo. Por el santo bautismo todos nos hemos convertido en misioneros de nuestra fe, en sacerdotes de ofrendas espirituales y en disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or. Todo bautizado, si entra dentro de s&iacute; mismo, se descubre enviado, misionero. En el Catecismo del Concilio de Trento leemos: &laquo; En verdad nuestro Se&ntilde;or instituy&oacute; este sacramento, cuando bautizado &Eacute;l mismo por San Juan dio al agua la virtud de santificar&hellip;y para esto supo servir de gran argumento el que la Sant&iacute;sima Trinidad, en cuyo nombre se administra el bautismo declar&oacute; entonces que estaba presente su divinidad. Porque entonces se oy&oacute; la voz del Padre, estaba presente la persona del Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; en forma de paloma, abri&eacute;ndose entonces ya los cielos donde podemos subir por el bautismo. Y si alguien desea saber por qu&eacute; el Se&ntilde;or concedi&oacute; a las aguara poder tan grande y tan divino, esto, a la verdad supera la inteligencia humanan, mas puede bastarnos que al ser bautizado nuestro Se&ntilde;or, qued&oacute; el agua consagrada para el uso tan saludable del bautismo con el contacto de su cuerpo sant&iacute;simo y pur&iacute;simo, pero de manera tal que aunque es te sacramento fue instituido antes de su Pasi&oacute;n, con todo se debe creer que recibi&oacute; toda su virtud y eficacia de la Pasi&oacute;n, la cual fue como el remate y fin de todos los actos de Cristo&raquo; (1545). Dice San Gregorio Nacianceno: &laquo;El bautismo es el m&aacute;s bello y magn&iacute;fico de los dones de Dios... los llamamos don, gracia, unci&oacute;n iluminaci&oacute;n, vestidura de incorruptibilidad, ba&ntilde;o de regeneraci&oacute;n sellos y todo lo m&aacute;s precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a los culpables; bautismo porque el pecado es sepultado en el agua; unci&oacute;n porque el pecado es sagrado y real (tales son los ungidos); iluminaci&oacute;n, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestras verg&uuml;enzas; ba&ntilde;o, por que lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberan&iacute;a de Dios&rdquo;. El Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica a&ntilde;ade: N&ordm;.-1223. Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jes&uacute;s. Comienza su vida p&uacute;blica despu&eacute;s de hacerse bautizar por S. Juan el Bautista en el Jord&aacute;n (cf Mt 3, 13 ), y, despu&eacute;s de su Resurrecci&oacute;n, confiere esta misi&oacute;n a sus ap&oacute;stoles: &ldquo;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado&rdquo; (Mt 28, 19-20; cf Mc 16, 15-16). N.- 1224. Nuestro Se&ntilde;or se someti&oacute; voluntariamente al Bautismo de S. Juan, destinado a los pecadores, para &ldquo;cumplir toda justicia&rdquo; (Mt 3, 15). Este gesto de Jes&uacute;s es una manifestaci&oacute;n de su &ldquo;anonadamiento&rdquo; (Hbr 2, 7). El Esp&iacute;ritu que se cern&iacute;a sobre las aguas de la primera creaci&oacute;n desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creaci&oacute;n, y el Padre manifiesta a Jes&uacute;s como su &ldquo;Hijo amado&rdquo; (Mt 3, 16). N&ordm;.-1225. En su Pascua, Cristo abri&oacute; a todos los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, hab&iacute;a hablado ya de su pasi&oacute;n que iba a sufrir en Jerusal&eacute;n como de un &ldquo;Bautismo&rdquo; con que deb&iacute;a ser bautizado (Mc l0, 38; cf Lc 12, 50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jes&uacute;s crucificado (cf Jn 19, 34) son figuras del Bautismo y de la Eucarist&iacute;a, sacramentos de la vida nueva (cf 1 Jn 5, 6-8): desde entonces, es posible &ldquo;nacer del agua y del Esp&iacute;ritu&rdquo; para entrar en el Reino de Dios (Jn 3, 5). &laquo;Considera d&oacute;nde eres bautizado, de d&oacute;nde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ah&iacute; est&aacute; todo el misterio: El padeci&oacute; por ti. En &eacute;l eres rescatado, en &eacute;l eres salvado&raquo;. (S. Ambrosio, sacr. 2, 6). El bautismo en la Iglesia N&ordm;.-1226. Desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, Pedro declara a la multitud conmovida por su predicaci&oacute;n: &ldquo;Convert&iacute;os y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi&oacute;n de vuestros pecados; y recibir&eacute;is el don del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Hch 2, 38). Los ap&oacute;stoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jes&uacute;s: jud&iacute;os, hombres temerosos de Dios, paganos (Hch 2, 41; 8, 12-13; 10, 48; 16, 15). El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: &ldquo;Ten fe en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s y te salvar&aacute;s t&uacute; y tu casa&rdquo;, declara S. Pablo a su carcelero en Filipos. El relato contin&uacute;a: &ldquo;el carcelero inmediatamente recibi&oacute; el bautismo, &eacute;l y todos los suyos&rdquo; (Hch 16, 3 1-33). N&ordm;.-1227 Seg&uacute;n el ap&oacute;stol S. Pablo, por el Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con El: &ldquo;&iquest;O es que ignor&aacute;is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes&uacute;s, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con &eacute;l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros vivamos una vida nueva&rdquo; (Rm 6, 3-4; cf Col 2, 12). Los bautizados se han &ldquo;revestido de Cristo&rdquo; (Ga 3, 27). Por el Esp&iacute;ritu Santo, el Bautismo es un ba&ntilde;o que purifica, santifica y justifica(cf 1 Co 6,11; 12, 13). N&ordm;.-1228. El Bautismo es, pues, un ba&ntilde;o de agua en el que la &ldquo;semilla incorruptible&rdquo; de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador (cf 1 P 1, 23; Ef 5, 26). S. Agust&iacute;n dir&aacute; del Bautismo: &laquo;Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum&raquo; (&laquo;Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento&raquo;, Ev. Jo. 80, 3). La iniciaci&oacute;n cristiana N&ordm;.-1229. Desde los tiempos apost&oacute;licos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciaci&oacute;n que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido r&aacute;pida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversi&oacute;n, la profesi&oacute;n de fe, el Bautismo, la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, el acceso a la comuni&oacute;n. N&ordm;.-231 Desde que el bautismo de los ni&ntilde;os vino a ser la forma habitual de celebraci&oacute;n de este sacramento, &eacute;sta se ha convertido en un acto &uacute;nico que integra de manera muy abreviada las etapas previas a la iniciaci&oacute;n cristiana. ************************************************* TIEMPO DE CUARESMA RETIRO DE CUARESMA: PRIMERA MEDITACI&Oacute;N 1.- LA CUARESMA, CAMINO HACIA LA PASCUA. Pero qu&eacute; lejos estamos todav&iacute;a, queridos hermanos, de haber llegado a la meta. Por eso, necesitamos muchas cuaresmas o cuarentenas de oraci&oacute;n y penitencia de nuestros pecados para llegar a morir y resucitar con Cristo, para vivir y celebrar la Pascua con Cristo. Es tiempo de adentrarnos por la oraci&oacute;n y los sacramentos en los misterios de Cristo, que son los misterios de la misma vida de Dios y de los hombres, el misterio de la vida y de la muerte humana a la luz de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Es tiempo de retirarnos al desierto de la soledad meditativa, al desierto del ayuno y penitencia de nuestras soberbias, consumismos y pecados. En este tiempo santo de la cuaresma vuelven a hacerse presentes el para&iacute;so y el pecado de Ad&aacute;n y Eva, la promesa de Salvaci&oacute;n, la liberaci&oacute;n de Egipto y la Alianza en la sangre, el madero y la cruz, el pecado y la misericordia, el bautismo y el sacramento de la Penitencia con el nacer y renacer a la vida de Dios, y la cena eucar&iacute;stica, como la nueva y definitiva Alianza en la sangre del Cordero, que quita el pecado del mundo y es el triunfo definitivo sobre el pecado y la muerte, por la pascua de Cristo Resucitado. Para todo esto es la Cuaresma. Para que lo recordemos, lo meditemos y lo vivamos. Y para todo esto es absolutamente necesario el desierto y la oraci&oacute;n, &ldquo;el silencio de los sentidos&rdquo; que dir&iacute;a San Juan de la Cruz, para poder percibir mejor la voz del Se&ntilde;or en nuestra conciencia. 2.- LA CUARESMA FUE INAUGURADA POR CRISTO EN EL DESIERTO PARA PREDICAR EL REINO DE DIOS POR LA CONVERSI&Oacute;N Queridos hermanos, todos necesitamos del desierto en nuestras vidas. Hasta el mismo Cristo lo necesit&oacute; y no lo hizo para darnos ejemplo; sino que se retir&oacute; a orar al comienzo de su vida p&uacute;blica para descubrir y poder vencer las falsas concepciones del Reino de Dios, que sus contempor&aacute;neos ten&iacute;an en relaci&oacute;n con el Mes&iacute;as prometido y con su mensaje; necesit&oacute; la soledad y el silencio de las criaturas para orar y no desviarse por la tentaci&oacute;n de mesianismos puramente terrenos, consumistas y temporalistas, a los que el mundo quiere siempre reducir todo, hasta el mismo evangelio y el reino de Dios sobre la tierra. La Iglesia y los cristianos tendremos siempre esa tentaci&oacute;n. Por eso necesitamos rezar bien el tercero de los misterios luminosos del santo rosario: la predicaci&oacute;n del reino de Dios por la conversi&oacute;n. Por eso nosotros y todos los seguidores de Cristo necesitaremos siempre la soledad y el desierto para encontrarnos con Dios y con nosotros mismos, y de esta forma, lejos de influencias mundanas del poder y &eacute;xito terrenos, poder descubrir las verdaderas razones de nuestro vivir cristiano y tener el gozo de encontrarnos a solas con &Eacute;l, con el Eterno, el Infinito, el Trascendente y perdernos por alg&uacute;n tiempo en la inmensidad del Absoluto. Para la mentalidad b&iacute;blica, el desierto nunca es un t&eacute;rmino, sino un lugar de paso, como en el caso de El&iacute;as: &ldquo;Y levant&aacute;ndose, comi&oacute; y bebi&oacute;; y con la fuerza de aquel manjar camin&oacute; cuarenta d&iacute;as y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Orbe&rdquo; (1 Re 19, 8). El desierto fue el camino del &eacute;xodo del pueblo jud&iacute;o desde la esclavitud hasta la libertad de la tierra prometida: &ldquo;Acu&eacute;rdate, Israel, del camino que Yav&eacute; te ha hecho andar durante cuarenta a&ntilde;os a trav&eacute;s del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu coraz&oacute;n y ver si guardabas o no sus mandamientos. Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre para alimentarte luego con el man&aacute;, desconocido de tus mayores, para que aprendieras que no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino de cuanto procede de la boca de Yav&eacute;. Tus vestidos no se gastaron sobre ti, ni se hincharon tus pies durante esos cuarenta a&ntilde;os. Reconoce, pues, en tu coraz&oacute;n que Yav&eacute;, tu Dios, te corrige a la manera como un padre lo hace con su hijo. Guarda los mandamientos de Yav&eacute;, tu Dios, sigue sus caminos y prof&eacute;sale temor&rdquo; (1Re 18. 2-6). En la vida de Jes&uacute;s el desierto es un per&iacute;odo de preparaci&oacute;n inmediata a su ministerio p&uacute;blico: &ldquo;Al punto el Esp&iacute;ritu lo empuj&oacute; hacia el desierto. Y estuvo en &eacute;l durante cuarenta d&iacute;as, siendo tentado por Satan&aacute;s, y viv&iacute;a entre las fieras, pero los &aacute;ngeles le serv&iacute;an&rdquo; (Mc 1, 12). Es tambi&eacute;n una evasi&oacute;n frente al acoso de las turbas: &ldquo;Y &Eacute;l les dijo: &ldquo;Venid tambi&eacute;n vosotros a un lugar apartado en el desierto, y descansad un poco&rdquo; (Mc 6, 31). Es un ambiente propicio para la oraci&oacute;n: &ldquo;Una vez que despidi&oacute; al pueblo, subi&oacute; al monte a solas para orar&rdquo; (Mt 14, 23); y para la meditaci&oacute;n prolongada: &ldquo;Por aquellos d&iacute;as fue Jes&uacute;s a la monta&ntilde;a para orar, y pas&oacute; la noche orando a Dios. Cuando lleg&oacute; el d&iacute;a, llam&oacute; a sus disc&iacute;pulos y eligi&oacute; doce de entre ellos, a los que llam&oacute; tambi&eacute;n ap&oacute;stoles&rdquo; (Lc 6, 12). El desierto, en fin, es un manantial donde saciar la sed de verse a solas con el Padre: &ldquo;Quedaos aqu&iacute; mientras voy a orar... Y adelant&aacute;ndose El un poco, cay&oacute; en tierra y rogaba: &iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&rdquo; (Mc 14, 32-35). Si Jes&uacute;s y los profetas y los hombres de Dios se retiraron con frecuencia al desierto para descubrir y seguir su voluntad, es l&oacute;gico que nosotros tambi&eacute;n lo hagamos. Retirarse al desierto no es s&oacute;lo ir all&iacute; materialmente. Para muchos podr&iacute;a ser un lujo. Se trata de hacer un poco de desierto en la propia vida. Hacer el desiertointerior significa retirarse a solas con Dios en la oraci&oacute;n personal, habituarse a la autonom&iacute;a personal, a encerrarse con los propios pensamientos y sentimientos, sin testigos ajenos, para meditar, reflexionar, discernir, potenciar y seguir la voz del Se&ntilde;or. Hacer el desierto significa dedicar peri&oacute;dicamente tiempo largo a la oraci&oacute;n; significa subir a una monta&ntilde;a solitaria; significa levantarse de noche para orar. En fin, hacer el desierto no significa otra cosa que obedecer a Dios. Porque existe un mandamiento, sin duda el m&aacute;s olvidado, especialmente por quienes se dicen &laquo;comprometidos&raquo;, por los militantes, los sacerdotes y tambi&eacute;n los obispos&hellip;, que nos manda interrumpir el trabajo, desprendernos de nuestros compromisos y aceptar cierta inactividad en beneficio de la contemplaci&oacute;n. No tem&aacute;is que la comunidad sufra alg&uacute;n da&ntilde;o a causa de vuestro aislamiento moment&aacute;neo. No tem&aacute;is que disminuya vuestro amor por el pr&oacute;jimo; sino todo lo contrario, al aumentar vuestra relaci&oacute;n y amor personal con Dios, como todo amor verdadero a Dios pasa por el amor a los hermanos, ya se encargar&aacute; Dios mismo de que revisemos y potenciemos nuestro amor a los hermanos y todo nuestro apostolado. S&oacute;lo un amor intenso y personal a Dios puede sostener y conservar la caridad a los hermanos en toda su frescura y lozan&iacute;a divinas. Por eso negar el desierto implica negar la dimensi&oacute;n espiritual, el contacto con Dios, la necesidad de la oraci&oacute;n personal prolongada, el trato cara a cara con Dios y con nosotros mismos sin otras mediaciones, la dimensi&oacute;n vertical de la existencia propiamente cristiana. La gran conquista hecha en nuestros d&iacute;as por la comunidad y el cristianismo comunitario en la vida cristiana, a saber, la superaci&oacute;n del individualismo lit&uacute;rgico y oracional precedente, el gozo de orar en com&uacute;n en el marco de una liturgia renovada, no puede ser en detrimento de la oraci&oacute;n personal que debe ser fuente, marco y jugo transformador de toda gracia y experiencia y celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica y comunitaria. La oraci&oacute;n y la experiencia personal de Dios es la &uacute;nica que puede llevarnos a la plena madurez de la uni&oacute;n con Dios, a la santidad, la vivencia de lo que celebramos y vivimos en la liturgia, a la contemplaci&oacute;n de los misterios celebrados. No quisiera, por &uacute;ltimo, que la obediencia a esta palabra de Jes&uacute;s &ldquo;Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, all&iacute; estoy Yo en medio de ellos&rdquo; (Mt 18. 20), nos hiciese olvidar esta otra palabra tambi&eacute;n suya: &ldquo;Cuando ores entra en tu habitaci&oacute;n y, habiendo cerrado la puerta, ora a tu Padre que est&aacute; presente en el secreto&rdquo; (Mi 6, 6), potenciadas con su mismo comportamiento, especialmente en aquellos momentos de su vida, en que, para realizar mejor las obras del Padre y amar m&aacute;s y mejor a los hermanos, como cuando quer&iacute;an proclamarle rey, se retira por las noches o en medio de la multitud, al desierto de la oraci&oacute;n. Quisiera terminar este apartado con unas palabras del Vaticano II: &laquo;Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados m&aacute;s intensamente a o&iacute;r la Palabra de Dios y a la oraci&oacute;n, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo y la preparaci&oacute;n del Bautismo y mediante la Penitencia, d&eacute;se particular relieve en la liturgia y en la catequesis lit&uacute;rgica al doble car&aacute;cter de dicho tiempo&raquo; (SC109). 3.- NECESIDAD DE LA ORACI&Oacute;N COMO APOSTOLADO PRIMERO Y BASE DE TODA ACCI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA. He formulado as&iacute; este apartado, porque seguimos con un concepto anticuado y parcial de apostolado, que hace que sea in&uacute;til tanto trabajo y acciones llamadas apost&oacute;licas, porque el &ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; o &ldquo;venid vosotros a un sitio aparte&rdquo;, no cuenta para nada. Para hacer las acciones verdaderamente apost&oacute;licas, que son acciones de Cristo, necesitamos el esp&iacute;ritu de Cristo, los sentimientos de Cristo y la fuente principal para beber este esp&iacute;ritu, es la oraci&oacute;n; lo ha dicho y realizado en su vida Cristo; lo ha dicho infinidad de veces el Papa Juan Pablo II; lo han dicho y testimoniado todos los santos, todos los verdaderos ap&oacute;stoles que han existido y existir&aacute;n y nada, seguimos con un concepto rancio y anticuado de apostolado de pensar que apostolados son s&oacute;lo y principalmente acciones. El cristiano, sobre todo, si es sacerdote, debe ser, como el mismo Cristo, hombre de oraci&oacute;n. Esta es su verdadera identidad. Lo ha dicho muy claro el Papa Juan Pablo II en la Carta Apost&oacute;lica NMI, que cito varias veces en este libro. Por otra parte, basta abrir el evangelio para ver y convencerse de que Jes&uacute;s es un hombre de oraci&oacute;n: comienza su vida p&uacute;blica con cuarenta d&iacute;as en el desierto; se levanta muy de madrugada cuando todav&iacute;a no ha salido el sol, para orar en descampado; pasa la noche en oraci&oacute;n antes de elegir a los Doce; ora despu&eacute;s del milagro de los panes y los peces, retir&aacute;ndose solo, al monte; ora antes de ense&ntilde;ar a sus disc&iacute;pulos a orar; ora antes de la Transfiguraci&oacute;n; ora antes de realizar cualquier milagro; ora en la &Uacute;ltima Cena para confiar al Padre su futuro y el de su Iglesia. En la oraci&oacute;n de Getseman&iacute; se entrega por completo a la voluntad del Padre. En la cruz le dirige las &uacute;ltimas invocaciones, llenas de angustia y de confianza. Por todo lo cual, para ayudarnos en este camino de conversi&oacute;n, ning&uacute;n maestro mejor, ninguna ayuda mejor que Jes&uacute;s. Por la oraci&oacute;n, que nos hace encontrarnos con &Eacute;l y con su palabra y Evangelio, vamos cambiando nuestra mente y nuestro esp&iacute;ritu por el suyo: &ldquo;Pues el hombre natural no comprende las realidades que vienen del Esp&iacute;ritu de Dios; son necedad para &eacute;l y no puede comprenderlas porque deben juzgarse espiritualmente. Por el contrario, el hombre espiritual lo comprende, sin que &eacute;l pueda ser comprendido por nadie. Porque &iquest;qui&eacute;n conoci&oacute; la mente del Se&ntilde;or de manera que pueda instruirle? (Is 40,3)&rdquo;. Sin embargo, nosotros poseemos la mente de Cristo&rdquo; (1Cor 2,16-18). Es aqu&iacute;, en la oraci&oacute;n de conversi&oacute;n, donde nos jugamos toda nuestra vida espiritual, sacerdotal, cristiana, el apostolado... todo nuestro ser y existir, desde el Papa hasta el &uacute;ltimo creyente, todos los bautizados en Cristo: o descubres al Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a y empiezas a amarle, es decir, a convertirte a &Eacute;l o no quieres convertirte a &Eacute;l y pronto empezar&aacute;s a dejar la oraci&oacute;n porque te resulta duro estar delante de &Eacute;l sin querer corregirte de tus defectos; adem&aacute;s, no tendr&iacute;a sentido contemplarle, escucharle, para hacer luego lo contrario de lo que &Eacute;l te pide o ense&ntilde;a desde la oraci&oacute;n y su misma presencia eucar&iacute;stica; igualmente la santa Misa no tendr&aacute; sentido espiritual para nosotros, si no queremos ofrecernos con &Eacute;l en adoraci&oacute;n a la voluntad del Padre, que es nuestra santificaci&oacute;n, y menos sentido tendr&aacute; la comuni&oacute;n, donde Cristo viene para vivir su vida en nosotros y salvar as&iacute; actualmente a sus hermanos los hombres, por medio de nuestra humanidad prestada. Queridos hermanos, no podemos hacer las obras de Cristo sin el amor y el esp&iacute;ritu de Cristo. Si no nos convertimos, si no estamos unidos a Cristo como el sarmiento a la vid, la savia ir&aacute; por un sarmiento lleno de obst&aacute;culos, por una vena sangu&iacute;nea tan obstruida por nuestros defectos y pecados, que apenas puede llevar sangre y salvaci&oacute;n de Cristo al cuerpo de tu parroquia, de tu familia, de tu grupo, de tu apostolado. Sin uni&oacute;n vital y fuerte con Cristo, poco a poco tu cuerpo apenas recibir&aacute; la vida de Cristo e ir&aacute; debilit&aacute;ndose tu fuego y santidad evang&eacute;lica. No podemos hacer las obras de Cristo sin el esp&iacute;ritu de Cristo. Y para llenarnos de su Esp&iacute;ritu, Esp&iacute;ritu Santo, antes hay que vaciarse. Es l&oacute;gico. No hay otra posibilidad ni nunca ha existido ni existir&aacute;, sin uni&oacute;n con Dios. En esto est&aacute;n de acuerdo todos los santos. Ahora bien, a nadie le gusta que le se&ntilde;alen con el dedo, que le descubran sus pecados y esta es la raz&oacute;n de la dificultad de toda oraci&oacute;n, especialmente de la oraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante el Se&ntilde;or, que nos quiere totalmente llenar de su amor, y nosotros preferimos seguir llenos de nuestros defectos, de nuestro amor propio, del total e inmenso amor que nos tenemos y por eso no la aguantamos. Y as&iacute; nos va. Y as&iacute; le va a la Iglesia. Y as&iacute; tambi&eacute;n a organigramas y acciones, que llamamos apostolado, pero que son puras acciones nuestras, porque no est&aacute;n hechas unidos a Cristo, con el esp&iacute;ritu de Cristo:&ldquo;Si el sarmiento no est&aacute; unido a la vid, no puede dar fruto&rdquo;. El primer apostolado es cumplir la voluntad del Padre, como Cristo: &ldquo;Mi comida es hacer la voluntad del que me envi&oacute; y acabar su obra&rdquo; (Jn 4,34), o con S. Pablo: &ldquo;Porque la voluntad de Dios es vuestra santificaci&oacute;n&rdquo; (1Tes 4,3). El apostolado primero y m&aacute;s esencial de todos es ser santos, es estar y vivir unidos a Dios, y para ese apostolado, la oraci&oacute;n es lo primero y esencial. Lo ha dicho muy claro el Papa Juan Pablo II en la Carta Apost&oacute;lica NMI. Y lamento enormemente c&oacute;mo esto se sigue ignorando en S&iacute;nodos y reuniones arciprestales y pastorales, donde seguimos con un concepto rancio de apostolado, anticuado, identificado con actividades m&aacute;s que en la oraci&oacute;n, el mejor y el fundamento de todos los apostolados cristianos porque nos une directamente con la fuente de todo apostolado, que es Cristo. Hacia &Eacute;l tienen que ir dirigidos todos nuestros pasos, cosa imposible cuando no oramos ni nosotros. Y por esta raz&oacute;n, la oraci&oacute;n ha de ser siempre el coraz&oacute;n y el alma de todo apostolado. Hay muchos apostolados sin Cristo, aunque se guarden las formas; pero sin conversi&oacute;n, no podemos llegar al amor personal de Cristo y sin amor personal a Cristo, puede haber acciones, muy bien programadas, muy llamativas, pero no son apostolado, porque no se hacen con Cristo, mirando y llevando las almas a Cristo. As&iacute; es como defin&iacute;amos antes al apostolado: llevar las almas a Dios. Ahora, la verdad es que no se a d&oacute;nde las llevamos muchas veces, incluso en los mismos sacramentos, por la forma de celebrarlos. Desde el momento en que renunciamos a la conversi&oacute;n permanente, nos hemos cargado la parte principal de nuestro sacerdocio como sacramento de Cristo, prolongaci&oacute;n de Cristo, humanidad supletoria de Cristo, porque no podremos llegar a una amistad sincera y vivencial con &Eacute;l y l&oacute;gicamente se perder&aacute; la eficacia principal de nuestro apostolado. Cristo no lo pudo decir m&aacute;s claro, pero en las programaciones pastorales se ignora con mucha frecuencia: &ldquo;Yo soy la vid verdadera y mi padre es el vi&ntilde;ador. Todo sarmiento que en mi no lleve fruto, lo cortar&aacute;; y todo el que de fruto, lo podar&aacute;, para que de mas fruto.... como el sarmiento no puede dar fruto de s&iacute; mismo si no permaneciere en la vid, tampoco vosotros si no permanec&eacute;is en mi. Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en m&iacute; y yo en el, ese da mucho fruto, porque sin mi no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; (Jn 15 1-5). Si no se llega a esta uni&oacute;n con el &uacute;nico Sacerdote y Ap&oacute;stol y Salvador que existe, tendr&aacute;s que sustituirlo por otros sacerdocios, apostolados y salvaciones, sencillamente porque no has querido que Dios te limpie del amor idol&aacute;trico que te tienes y as&iacute;, aunque llegues a altos cargos y dem&aacute;s... estar&aacute;s tan lleno de ti mismo que en tu coraz&oacute;n no cabe Cristo, al menos en la plenitud que &Eacute;l quiere y para la que te ha llamado. Pero eso s&iacute;, esto no es impedimento para que seas buena persona, tolerante, muy comprensivo, pero de hablar y actuar claro y encendido y eficazmente en Cristo, nada de nada; y no soy yo, lo ha dicho Cristo: trabajar&aacute;s m&aacute;s mirando tu gloria que la de Dios, sencillamente porque pescar sin Cristo es trabajo in&uacute;til y las redes no se llenan de peces, de eficacia apost&oacute;lica. Y as&iacute; es sencillamente la vida de muchos cristianos, sacerdotes, religiosos, que, al no estar unidos a &Eacute;l con toda la intensidad y uni&oacute;n que el Se&ntilde;or quiere, l&oacute;gicamente no podr&aacute;n producir los frutos para los que fuimos elegidos por &Eacute;l. &iquest;De d&oacute;nde les ha venido a todos los santos, as&iacute; como a tantos ap&oacute;stoles, obispos, sacerdotes, hombres y mujeres cristianas, religiosos/as, padres y madres de familia, misioneros y catequistas, que han existido y existir&aacute;n, su eficacia apost&oacute;lica y su entusiasmo por Cristo? De la experiencia de Dios, de constatar que Cristo existe y es verdad y vive y sentirlo y palparlo, no meramente estudiarlo, aprenderlo o creerlo como si fuera verdad. Esta fe vale para salvarse, pero no para contagiar pasi&oacute;n por Cristo. &iquest;Por qu&eacute; los Ap&oacute;stoles permanecieron en el Cen&aacute;culo, llenos de miedo, con las puertas cerradas, antes de verle a Cristo resucitado? &iquest;Por qu&eacute; incluso, cuando Cristo se les apareci&oacute; y les mostr&oacute; sus manos y sus pies traspasados por los clavos, permanecieron todav&iacute;a encerrados y con miedo? &iquest;Es que no hab&iacute;an constatado que hab&iacute;a resucitado, que estaba en el Padre, que ten&iacute;a poder para resucitar y resucitarnos? &iquest;Por qu&eacute; el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s abrieron las puertas y predicaron abiertamente y se alegraron de poder sufrir por Cristo? Porque ese d&iacute;a lo sintieron dentro, Cristo vino como hecho fuego, como llama ardiente en su coraz&oacute;n, y eso vale m&aacute;s que todo lo que vieron sus ojos de carne en los tres a&ntilde;os de Palestina e incluso en la mismas apariciones de resucitado. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s vino Cristo todo hecho fuego y llama de Esp&iacute;ritu Santo a sus corazones, no con experiencia puramente externa de aparici&oacute;n corporal, sino con presencia y fuerza de Esp&iacute;ritu quemante, sin mediaciones exteriores o de carne, sino hecho Allama de amor viva@, y esto les quem&oacute; y abras&oacute; las entra&ntilde;as, el cuerpo y el alma y esto no se puede sufrir sin comunicarlo. &ldquo;Mar&iacute;a guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&rdquo;. Ah&iacute; es donde nuestra hermosa Nazaretana, la Virgen bella aprendi&oacute; a conocer a su hijo Jesucristo y todo su misterio, y lo guardaba y lo amaba y lo llenaba con su amor, pero a oscuras, por la fe, y as&iacute; lo fue conociendo, &laquo;concibiendo antes en su coraz&oacute;n que en su cuerpo&raquo;. Pablo no conoci&oacute; al Cristo hist&oacute;rico, no le vio, no habl&oacute; con &Eacute;l, en su etapa terrena. Y &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? Pues que para m&iacute; y para mucha gente le am&oacute; m&aacute;s que otros ap&oacute;stoles que lo vieron f&iacute;sicamente. El lo vio en vivencia y experiencia m&iacute;stica, espiritual, sinti&eacute;ndolo dentro, vivo y resucitado sin mediaciones de carne, sino de esp&iacute;ritu a esp&iacute;ritu. De ah&iacute; le vino toda su sabidur&iacute;a de Cristo, todo su amor a Cristo, toda su vida en Cristo hasta decir: &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;@ Este Cristo, fuego de vivencia y Pentecost&eacute;s personal lo derrib&oacute; del caballo y le hizo cambiar de direcci&oacute;n, convertirse del camino que llevaba, transformarse por dentro con amor de Esp&iacute;ritu Santo. Nos los dice El mismo: &ldquo;Yo s&eacute; de un cristiano, que hace catorce a&ntilde;os fue arrebatado hasta el tercer cielo, con el cuerpo o sin el cuerpo &iquest;qu&eacute; se yo? Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al para&iacute;so y oy&oacute; palabras arcanas que un hombre no es capaz de repetir, con el cuerpo o sin el cuerpo &iquest;qu&eacute; se yo?, Dios los sabe&rdquo; (2Cor 12,2-4). Esta experiencia m&iacute;stica, esta contemplaci&oacute;n infusa, vale m&aacute;s que cien apariciones externas del Se&ntilde;or. Tengo amigos, con tal certeza y seguridad y fuego de Cristo, que si se apareciese fuera de la Iglesia, permanecer&iacute;an ante el Sagrario o en la misa o en el trabajo, porque esta manifestaci&oacute;n, que reciben todos los d&iacute;as del Se&ntilde;or por la oraci&oacute;n, no aumentar&iacute;a ni una mil&eacute;sima su fe y amor vivenciales, m&aacute;s quemantes y convincentes que todas las manifestaciones externas. La mayor pobreza de la Iglesia es la pobreza m&iacute;stica. Y lo peor es que hoy est&aacute; tan generalizada esta pobreza, tanto arriba como abajo, que resulta dif&iacute;cil encontrar personas que hablen encendidamente de la persona de Cristo, de su presencia y misterio, y los escritos m&iacute;sticos y exigentes ordinariamente no son &eacute;xitos editoriales ni de revistas. Repito: la mayor pobreza de la iglesia es la pobreza de vida m&iacute;stica, de vivencia de Dios, de deseos de santidad, de oraci&oacute;n, de transformaci&oacute;n en Cristo:&ldquo;Estoy crucificado con Cristo, vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo...&rdquo;, pero conocimiento vivencial, de esp&iacute;ritu a esp&iacute;ritu, o si quieres, comunicado por el Esp&iacute;ritu Santo, fuego, alma y vida de Dios Trino y Uno. Todos y cada uno de nosotros, desde que somos engendrados en el seno de nuestra madre, nos queremos infinito a nosotros mismos, m&aacute;s que a nuestra madre, m&aacute;s que a Dios, y si no nos convertimos y matamos este yo, permanecemos siempre llenos y dominados por nuestro amor propio, incluso en muchas cosas que hacemos en nombre de Dios. Por eso sin oraci&oacute;n no hay conversi&oacute;n y sin conversi&oacute;n no puede haber uni&oacute;n con Cristo, y sin uni&oacute;n con Cristo, no podemos hacer las acciones de Cristo, no podemos llevar las almas a Cristo, aunque hagamos cosas muy lindas y llamativas, porque estamos llenos de nosotros mismos y no cabe Cristo en nuestro coraz&oacute;n y sin amor a Cristo sobre el amor propio, algo haremos, pero muy bajito de amor a Cristo. Por otra parte, si alguno trata de expresarnos defectos o deficiencias apost&oacute;licas que observa, aunque sea con toda la delicadeza y prudencia del mundo, qu&eacute; dif&iacute;cil escucharle y valorarlo y tenerlo junto a nosotros y darle confianza; as&iacute; que para escalar puestos, a cualquier nivel que sea, ya sabemos todos lo que tenemos que hacer: dar la raz&oacute;n en todo al superior de turno y silenciar todos sus fallos, aunque la vida apost&oacute;lica no avance, el seminario est&eacute; bajo m&iacute;nimos y los sacerdotes ni hablen ni entiendan de santidad y perfecci&oacute;n en el amor a Dios. Hay demasiados profetas palaciegos en la misma Iglesia de Cristo, dentro y fuera del templo, m&aacute;s preocupados por agradar a los hombres y buscar la propia gloria que la de Dios, que la verdadera verdad y eficacia del evangelio. Jerem&iacute;as se quej&oacute; de esto ante el Dios, que lo eleg&iacute;a para estas misiones tan exigentes; el temor a sufrir, a ser censurado, rechazado, no escalar puestos, perder popularidad, ser tachado de intransigente, no justificar&aacute; nunca nuestro silencio o falsa prudencia. &ldquo;La palabra del Se&ntilde;or se volvi&oacute; para m&iacute; oprobio y desprecio todo el d&iacute;a. Me dije: no me acordar&eacute; de el, no hablar&eacute; m&aacute;s en su nombre; pero la palabra era en mis entra&ntilde;as fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerla, y no pod&iacute;a&rdquo; (Jr 20,7-9). El profeta de Dios corregir&aacute;, aunque le cueste la vida. As&iacute; lo hizo Jes&uacute;s, aunque sab&iacute;a que esto le llevar&iacute;a a la muerte. No se puede hablar tan claro a los poderosos, sean pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos o religiosos. &Eacute;l lo sab&iacute;a y los profetiz&oacute;, les habl&oacute; en nombre de Dios. Y ya sabemos lo que le pas&oacute; por hablarles as&iacute;. Hoy y siempre seguir&aacute; pasando y repiti&eacute;ndose su historia en otros hermanos. Lo natural es rehuir ser perseguidos y ocupar &uacute;ltimos puestos. As&iacute; que por estos y otros motivos, porque la santidad es siempre costosa en s&iacute; misma por la muerte del yo que exige y porque adem&aacute;s resulta dif&iacute;cil hablar y ser testigos del evangelio en todos los tiempos, los profetas del Dios vivo y verdadero, en ciertas &eacute;pocas de la historia, quiz&aacute;s cuando son m&aacute;s necesarios, son cada vez menos o no los colocamos en alto y en los p&uacute;lpitos elevados para que se les oiga. Y eso que todos hemos sido enviados desde el santo bautismo a predicar y ser testigos de la Verdad. Por eso escasean los profetas a ejemplo de Cristo, del Bautista, de los verdaderos y evang&eacute;licos que nos hablen en nombre de Dios y nos digan no con claridad a muchas de nuestras actitudes y criterios; primero, porque hay que estar muy limpios, y segundo, porque hay que estar dispuestos a sufrir por el reinado de Dios y quedar en segundos puestos. Y esto se nota y de esto se resiente luego la Iglesia. &Uacute;nica medicina: la experiencia de Jesucristo vivo mediante la oraci&oacute;n y la conversi&oacute;n permanente, que da fuerzas y &aacute;nimo para estas empresas. La paz de la oraci&oacute;n consiste en sentirse lleno de Dios, plenificado por Dios en el propio ser y, al mismo tiempo, completamente vac&iacute;o de s&iacute; mismo, a fin de que &Eacute;l sea Todo en todas las cosas. Todo en mi nada. En la oraci&oacute;n, todos somos como Mar&iacute;a Virgen: sin vac&iacute;o interior, sin la pobreza radical, no hay oraci&oacute;n, pero tampoco la hay sin la Acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Porque orar es tomar conciencia de mi nada ante Quien lo es todo. Porque orar es disponerme a que &Eacute;l me llene, me fecunde, me penetre, hasta que sea una sola cosa con &Eacute;l. Como Mar&iacute;a Virgen: alumbradora de Dios en su propia carne, pues para Dios nada hay imposible. Vac&iacute;o es pobreza. Pero pobreza asumida y ofrecida en la alegr&iacute;a. Nadie m&aacute;s alegre ante los hombres que el que se siente pobre ante Dios. Cuanto menos sea yo desde mi mismo, desde mi voluntad de poder, tanto m&aacute;s ser&eacute; yo mismo de &Eacute;l y para los dem&aacute;s. Donde no hay pobreza no hay oraci&oacute;n, porque el humano (hombre o mujer ) que quiere hacerse a s&iacute; mismo, no deja lugar dentro de s&iacute;, de su existencia, de su psiquismo a la acci&oacute;n creadora y recreadora del Esp&iacute;ritu. (ANTONIO L&Oacute;PEZ BAEZA: Un Dios locamente enamorado de t&iacute;, Sal Terrae, 2002, pag. 93-4) SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N EL REINO DE DIOS ES QUE DIOS SEA EL &Uacute;NICO DIOS DE NUESTRA VIDA, ABAJO TODOS LOS &Iacute;DOLOS; QUE TODOS LOS HOMBRES SEAN HERMANOS; Y HACER UNA MESA MUY GRANDE, DONDE TODOS SE SIENTEN, ESPECIALMENTE LOS POBRES El tiempo designado por Dios para la redenci&oacute;n de la humanidad se ha cumplido; el Hijo ha sido enviado para dar la buena noticia e instaurar en la tierra el reino de Dios. Para eso es necesario creer en el Evangelio predicado por Cristo y pasar de una mentalidad y unos criterios puramente humanos a la nueva mentalidad y realidades que implanta el reino o reinado de Dios en la tierra; el reino de Dios es que Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida; todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa muy grande, muy grande, donde todos se sienten, pero especialmente los que ordinariamente nos son invitados: los pobres, los incultos, los marginados, los desheredados&hellip; Para esto envi&oacute; el Padre a su Hijo y este era el alimento y la comida de la que &Eacute;l se alimentaba en su oraci&oacute;n, apostolado y relaci&oacute;n con el Padre: &ldquo;Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado&rdquo;. Implantar en la tierra por medio de su Iglesia el reinado de Dios, el proyecto del Padre sobre los hombres y la humanidad fue la raz&oacute;n de su ser y existir, de su vivir y predicar, de su amar y sufrir y morir diciendo: &ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;. El deseo de que Dios fuera reconocido como el &uacute;nico Dios de la humanidad, destronando del coraz&oacute;n de los hombres los &iacute;dolos fabricados por el materialismo y el consumismo, vencer todos los rencores y odios que dividen a los hombres, y superar todos los ego&iacute;smos que nos dividen en ricos y pobres, en cultos e incultos, en poderosos y esclavos, constituyendo una nueva humanidad basada en el amor, la verdad y la justicia. Este empe&ntilde;o centr&oacute; todos sus esfuerzos, motiv&oacute; todas sus decisiones y dio sentido a toda su actividad aqu&iacute; en la tierra, donde Dios fue lo primero y lo absoluto, y los peque&ntilde;os y los pobres en sus diversas denominaciones fueron los preferidos. El reino de Dios es un proyecto de nueva humanidad, anticipo del cielo, esto es, del Reino del Amor Trinitario, que Cristo baj&oacute; en su misma persona desde el cielo y que era &Eacute;l mismo; esta fue su misma vivencia de Amor esencial al Padre como primero y absoluto de su existencia, vivido en plenitud en su misma vida, en totalidad de amor y obediencia al Padre, en adoraci&oacute;n y obediencia total hasta dar la vida, y destronando de su coraz&oacute;n el culto idol&aacute;trico al dinero, al ego&iacute;smo, a la comodidad, a los cargos y honores, a toda clase de becerros dorados que el hombre entroniza en su coraz&oacute;n, destronando al Dios verdadero. Y si Dios es lo primero, el amor a Dios pasa, como podemos observar por la vida y el evangelio de Cristo, por el amor a los hermanos. No se puede amar a Dios en plenitud y perfecci&oacute;n sin amar a los hermanos, que por la fe son hijos de Dios, con opci&oacute;n preferencial y no exclusiva por los pobre, los humillados, los marginados y necesitados de cualquier clase. Y como este era el encargo y mandato principal del Padre y la raz&oacute;n de su Encarnaci&oacute;n y de su misi&oacute;n, inici&oacute; su actividad diciendo: &ldquo;Se ha cumplido el plazo, el reino de Dios est&aacute; cerca, convert&iacute;os y creed la buena noticia&rdquo;. (Mc 1,3). Esta predicaci&oacute;n del reino de Dios choc&oacute; frontalmente con los poderosos de su tiempo. La marginaci&oacute;n, el sectarismo y la falta de comuni&oacute;n nada ten&iacute;a que ver con la alianza pactada con Dios, donde la gloria de Dios ser&iacute;a lo primero y los derechos ser&iacute;an los mismos para todos. Hab&iacute;a mucha separaci&oacute;n y marginaci&oacute;n motivada por el orgullo del saber de los escribas, el orgullo de la ley en su cumplimiento externo por los fariseos, el orgullo del servicio del templo por la casta de los sacerdotes, para rematar con la eterna idolatr&iacute;a del becerro de oro y del tener de los ricos y el orgullo de los pol&iacute;ticos. Si Dios no es lo Absoluto y lo primero, el amor a los hermanos no es posible. A&uacute;n hoy d&iacute;a, en la misma Iglesia de Cristo, nosotros, los creyentes y seguidores de su evangelio, no formamos una mesa grande ni un pueblo unido ni vivimos la fraternidad del reino predicada y vivida por Cristo, y seguimos teniendo separaciones en raz&oacute;n del poder, de dinero o de la posici&oacute;n social o de rentabilidad. No es esto lo que predic&oacute; y por lo que muri&oacute; Cristo: &ldquo;Sab&eacute;is&hellip; que los poderosos oprimen con su poder. Pero no as&iacute; entre vosotros; sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser&aacute; vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, ser&aacute; esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos&rdquo; (Mc 10, 43-54). Vivir la teolog&iacute;a del Reino de Dios, pasar del orgullo del tener y de los reinos de la tierra o jefes de los pueblos al servicio del tener y compartir que es el reino de Dios y el plan de Dios sobre los hombres, no se puede hacer sin la gracia de Dios, sin la ayuda de Dios, que nos viene por la oraci&oacute;n y los sacramentos, especialmente de la Eucarist&iacute;a, donde Cristo ama a los hermanos hasta el extremo de dar la vida. Sin la gracia de Dios es imposible cumplir el deseo de Cristo, de que los primeros se pongan los &uacute;ltimos, de que el que quiera ser el primero se haga el servidor de todos. Esto exige una verdadera &laquo;metanoia&raquo;, un verdadero cambio de criterios y actitudes y esto se llama conversi&oacute;n. Es dejar de vivir, de pensar, de caminar en un sentido para caminar en sentido contrario por amor a Dios. Y este camino de conversi&oacute;n es el &uacute;nico para entrar en el Reino de Dios. Si sigo adorando el dinero, el poder, el consumismo, Dios no puede ser el Se&ntilde;or y Due&ntilde;o de mi vida. Es f&aacute;cil predicar el reino de Dios, pero el vivirlo exige esfuerzo y mucha gracia de Dios. Nosotros no podemos. Porque naturalmente, por el pecado original nos adoramos a nosotros mismos y nos damos culto de la ma&ntilde;ana a la noche. Siempre nos estamos prefiriendo a Dios y a los hermanos. El reino de Dios exige oraci&oacute;n permanente porque hay que vivir en conversi&oacute;n permanente. Si uno se instala en la no exigencia permanente, se instala en la mediocridad y no puede realizar en su vida el Reino de Dios, porque el Dios de Jesucristo deja de ser lo primero y lo absoluto. Por eso dir&aacute; el Se&ntilde;or que &ldquo;el reino de Dios sufre violencia&rdquo;. Queridos hermanos, no hay otro camino para ser santos, para vivir el evangelio, para realizar el proyecto de Dios sobre nuestra vida, para entrar en el Reino de Dios: hay que convertirse. Sacerdotes, laicos, j&oacute;venes y ni&ntilde;os, todos tenemos que vivir en actitud de conversi&oacute;n permanente. Este tiempo santo de Cuaresma nos prepara para vivir la vida nueva de la Pascua, de la humanidad nueva redimida por Cristo, donde Dios se el &uacute;nico Dios de nuestra vida, abajo todo los &iacute;dolos del poder y del dinero y del propio yo y orgullo; todos tenemos que ser o trabajar por ser hermanos, porque somos hijos del mismo Padre Dios y tenemos que hacer entre todos una mesa muy grande del mundo, donde puedan sentarse todos, especialmente los marginados y los pobres, que el mundo no sienta nunca a su mesa. &iquest;QU&Eacute; LLEVA CONSIGO VIVIR PENDIENTE DE QUE DIOS SEA LO PRIMERO DE NUESTRA VIDA? Dice San Pablo: &ldquo;Haceos cuenta de que est&aacute;is muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes&uacute;s&rdquo; (Rom 6,10-11). Para que Dios sea lo primero en nuestra vida y vivir en este amor, dos cosas son necesarias. La primera es morir al pecado, romper completamente y sin ambig&uuml;edades y sin piedad alguna con el pecado de cualquier clase que sea; y no s&oacute;lo el pecado mortal, sino con el venial consentido que nos hace mediocres y mata el amor fervoroso a Dios y a los hombre para siempre en nuestra vida cristiana; hay que luchar toda la vida y con todas las fuerzas contra la imperfecciones, infidelidades conscientes y deliberadas. Si queremos vivir para Dios, debemos liberarnos de toda esclavitud de pecado venial consentido; debemos estar dispuestos a cualquier sacrificio para romper los h&aacute;bitos de faltas de caridad, amor propio, orgullo, envidia que matan todo fervor de vida espiritual. Debemos alejarnos con voluntad inflexible de toda ocasi&oacute;n de pecado. No es el pecado mortal el que solo mata al alma; los pecados veniales meten el aburrimiento en la oraci&oacute;n, la rutina en la liturgia y las faltas consentidas veniales en nuestra vida de amor, que terminan matando el fervor y la santidad y la ilusi&oacute;n por Dios y los hermanos. Esta lucha contra los pecados veniales supone renuncias y sacrificios, porque hay que abandonar los anchos caminos de la mediocridad, del consumismo, del escalar y buscar lo primeros puestos, de la envidia que matan el amor fraterno querido por Dios, del organizar nuestra vida seg&uacute;n nuestro criterios y no seg&uacute;n el plan de Dios. Los criterios y opiniones de un mundo decadente y paganizado no deben influir nunca en nuestro comportamiento, debemos superarlo con los criterios y las actitudes evang&eacute;licas, ya que sabemos por S. Juan que &ldquo;todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida&rdquo; (Jn 2,16). Para avanzar por este camino de conversi&oacute;n, especialmente de lucha abierta contra nuestro propio yo, que quiere entronizarse permanentemente en nuestro coraz&oacute;n como &iacute;dolo, que exige consiguientemente culto y adoraci&oacute;n continua y permanente de la ma&ntilde;ana a la noche, hay que orar y recibir la gracia de Dios, especialmente por la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y visita, y por ellas la vida de Dios entra y se potencia en nosotros y vamos avanzando en la muerte del yo y del pecado. Hay que vivir en un di&aacute;logo permanente de oraci&oacute;n y conversi&oacute;n con Dios por medio de Cristo y ayudados por la Madre. De esta forma, nuestros ojos, iluminados por la fe, la esperanza y el amor ver&aacute;n a Dios en todo. Y nuestro coraz&oacute;n y amor guardar&aacute; las justas relaciones con &Eacute;l y con los hombres y con el mundo y con las cosas. Y si caemos, nos levantamos, porque somos d&eacute;biles. Y si caemos mil veces, nos levantamos y no pasa nada. Y si toda la vida seguimos cayendo en caridad y soberbia, tenemos que convertirnos toda la vida y no pasa nada porque si nos convertimos, la gracia nos va transformando por dentro y tenemos vida y llegaremos a la uni&oacute;n con Dios. La santa voluntad de Dios ser&aacute; nuestra norma y nuestra fuerza en cada instante. Este fue el ideal de Cristo. Este debe ser el nuestro. Es estar dispuesto en cada momento a vivir mirando a Dios para cumplir su voluntad. Qui&eacute;n se decide a vivir en esta lucha continua, que nos libera de nosotros mismos, de nuestras esclavitudes, del culto que damos a los &iacute;dolos del mundo: dinero, sexo, consumismo, materialismo&hellip;, &eacute;ste termina siendo santo, unido a Dios. Porque la santidad no consiste en no caer, sino en levantarse siempre con la gracia de Dios, que termina llen&aacute;ndonos de su fuerza y fervor. Tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas. Quiere decir esto que vamos a buscar siempre y en primer lugar a Dios y a su gloria. Y elevarnos sobre el amor propio y el consumismo. Y esta actitud de amor a Dios nos eleva sobre todo lo creado y nos da la seguridad de que Dios nos ama y nos ayuda a soportar con paz lo penoso y duro de este combate. &ldquo;Yo soy el Se&ntilde;or tu Dios, no tendr&aacute; otro dios fuera de mi&rdquo; (Ex 20,2). &iexcl;Ning&uacute;n &iacute;dolo en nuestra vida! Qu&eacute; hermoso ideal. Vamos a vivirlo. Adem&aacute;s no tenemos otra alternativa: o poner en Dios nuestro coraz&oacute;n y todo, o buscarnos a nosotros mismos en todo, incluso en las cosas de Dios, de religi&oacute;n y de culto. &ldquo;Cristo, muriendo, muri&oacute; al pecado de una vez para siempre&rdquo;(Rom 6,11). Nosotros tambi&eacute;n hemos de morir al pecado para siempre si queremos entrar en la intimidad con Dios, si queremos gustar y sentirnos amados por Dios, si queremos llegar a decir las afirmaciones de San Pablo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;; &ldquo;no quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Estoy crucificado con Cristo, vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&hellip;&rdquo; Para esto hay que luchar y desterrar de nosotros toda envidia, provocada por el amor primero y sobre todas las cosas, incluso sobre Dios, que nos tenemos a nosotros mismos y nos hace preferirnos y ponernos delante de los hermanos, no aceptar segundos puestos, ni ser menos honrados y valorados, y de ah&iacute; la cr&iacute;tica, la maledicencia; de ah&iacute; surgen todas nuestras envidias que nos hacen criticar continuamente de los hermanos, entristecernos de sus &eacute;xitos y minar su fama con nuestras murmuraciones que ofenden a Dios y al pr&oacute;jimo; esta cr&iacute;tica amarga y habitual nos impide amar y gustar y tener vivencias y gozo y &eacute;xtasis espirituales de Cristo, oraci&oacute;n, Eucarist&iacute;a&hellip; &ldquo;Amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Este debe ser el lema y la raz&oacute;n de nuestro vivir cristiano, si queremos agradar a Dios, parecernos cada vez m&aacute;s al Hijo Amado, que nos am&oacute; con amor extremo y lav&oacute; los pies de sus disc&iacute;pulos antes de la Cena de Pascua. No debi&eacute;ramos olvidar esto cuando celebramos la Eucarist&iacute;a, con envidias y rencores en nuestro coraz&oacute;n. Que la santa Cuaresma nos d&eacute; fuerzas para seguir en esta lucha cont&iacute;nua. Y luego que este amor se manifieste en mesa grande de caridad para los pobres, que hoy tienen nombres diversos: los deprimidos, los que no dan nada pero necesitan mucho tiempo y cuidado, los enfermos, los ancianos, los mayores abandonados, los hospitales, los hogares para ancianos, los que no tienen cargos ni honores, los que ocupan los segundos y terceros puestos en la vida. Hay que visitarlos, cuidarlos para que sientan la presencia de Dios, para animarlos, para que se sientan apreciados. Examin&eacute;monos: la santa Cuaresma es para eso tambi&eacute;n. Repito, hagamos mucha oraci&oacute;n de conversi&oacute;n, para que en este tiempo de gracia, Dios sea el &uacute;nico Dios de nuestra vida &iexcl;abajo los &iacute;dolos! Todos los hombres, hermanos; y hacer una mesa grande, muy grande, donde todos se sienten, pero especialmente los pobres de cualquier clase que sean, porque ordinariamente no son invitados. ************************************************* ********************************************** MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Con el mi&eacute;rcoles de ceniza, que celebramos hoy, comienza la santa cuaresma. La cuaresma es tiempo de gracia, concedido por Dios a sus hijos para la conversi&oacute;n y para la renovaci&oacute;n espiritual. La perspectiva de la cuaresma es la Pascua, es decir, la celebraci&oacute;n anual del misterio central de la fe y salvaci&oacute;n cristianas: Jesucristo es entregado a la muerte para el perd&oacute;n de nuestros pecados como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n y Jesucristo resucita de entre los muertos, venciendo a su muerte y la nuestra, abri&eacute;ndonos de par en par las puertas del cielo a toda la humanidad. Son cuarenta d&iacute;as de preparaci&oacute;n, cincuenta d&iacute;as de celebraci&oacute;n hasta la fiesta de Pentecost&eacute;s. En la Pascua, Dios quiere renovar nuestras vidas con la vida que viene del Resucitado y con la fuerza de su Esp&iacute;ritu Santo, quiere hacer de nosotros nuevas criaturas, quiere hacernos hijos suyos d&aacute;ndonos su misma vida. La cuaresma que comenzamos hoy dura 40 d&iacute;as, evocando los cuarenta d&iacute;as que Jes&uacute;s vivi&oacute; en el desierto en ayuno y oraci&oacute;n, enfrent&aacute;ndose al diablo que vino a tentarle y al que venci&oacute; ya desde el comienzo de su ministerio. Evoca tambi&eacute;n los cuarenta a&ntilde;os que el pueblo de Dios vivi&oacute; peregrino en el desierto camino de la tierra prometida, sometido a todo tipo de pruebas. La Iglesia con el mi&eacute;rcoles de ceniza nos invita a la penitencia y a la conversi&oacute;n. La ceniza es signo de esa actitud humilde de penitencia, porque somos pecadores e imploramos de Dios su misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero. Las pautas de este camino catecumenal hacia la Pascua son: el ayuno, la oraci&oacute;n y la limosna. Por el ayuno, se nos invita a privarnos de aquello que nos estorba en el camino de la vida cristiana. Hemos caminado muchas veces dando gusto a nuestros caprichos, necesitamos austeridad de vida y actuar en contra de nuestros defectos y pecados. Hemos de privarnos no s&oacute;lo de comida, sino de tantas cosas que nos impiden en el camino de la santidad y amor total a Dios. Por la oraci&oacute;n se nos invita a estar m&aacute;s con Dios, a acercarnos todos los d&iacute;as m&aacute;s a &eacute;l, a cuidar esta relaci&oacute;n de nuestra vida, que a veces dejamos desatendida. Nuestra relaci&oacute;n con Dios es filial desde el santo bautismo que nos hace hijos de Dios por la vida de gracia, que nos configura con su Hijo &uacute;nico, Jesucristo. Y esto lleva trato de amistad frecuente, abundantepara vivirla y desarrollarla. La cuaresma es tiempo especial de oraci&oacute;n, para vivir nuestra vida desde Dios y ver nuestra historia y los acontecimientos que nos rodean con los ojos de Dios. Es decir, por una vida m&aacute;s intensa de oraci&oacute;n que alimenta las virtudes teologales que nos unen a Dios,fe, esperanza y caridad y nos hacen templos de la Stma. Trinidad. Finalmente la limosna es la apertura del coraz&oacute;n a los dem&aacute;s, es la caridad con los hermanos, especialmente m&aacute;s necesitados de ayuda tanto material como espiritual. Rezar y pedir por ellos porque por naturaleza humana nos blindamos en nosotros mismos y vivimos y pensamos solo en nosotros y para nosotros. La apertura a Dios por la oraci&oacute;n y el ayuno, nos disponen al amor a los hermanos para compartir con los dem&aacute;s lo que somos y lo que tenemos. La relaci&oacute;n con los dem&aacute;s nos hace crecer en santidad, en amor a Dios y a los hermanos, cumpliendo su mandato: &ldquo;Amaos los unos a los otros como yo os amo&rdquo;. Queridos hermanos, que la santa cuaresma que empezamos hoy, mi&eacute;rcoles de ceniza, nos ayude en este sentido y sea eso para todos nosotros y para toda la iglesia, para el mundo entero, sea santa y santificadora porque la santa cuaresma es tiempo de oraci&oacute;n con Cristo, de caridad, de solidaridadcon los hermanos, de acercarnos a Dios y a los que sufren f&iacute;sica o moralmente y de compartir sus sufrimientos. Queridos hermanos: Que la santa cuaresma que empiezamos hoy sea para toda la iglesia un tiempo de profunda renovaci&oacute;n espiritual de nuestras vidas por la oraci&oacute;n y la penitencia para purificar y aumentar nuestro amor a Dios sobre todas las cosas y a los hermanos. Vivamos as&iacute; la santa cuaresma m&aacute;s unidos a Cristo por la oraci&oacute;n para llegar con &Eacute;la la vida nueva de la Pascua, de la resurrecci&oacute;n con Cristo a su misma vida de amor y entrega total al Padre y a los hermanos. As&iacute; sea. MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA Queridos hermanos: Este mi&eacute;rcoles, 14 de febrero, celebramos el Mi&eacute;rcoles de Ceniza, que marca el comienzo de la santa Cuaresma, que son los 40 d&iacute;as antes del Domingo de Ramos, d&iacute;a de inicio de la Semana Santa. La Iglesia llama en estos cuarenta d&iacute;as a todos los fieles a la conversi&oacute;n y a prepararse para la Pascua mediante la oraci&oacute;n, la limosna y el ayuno. El Mi&eacute;rcoles de Ceniza se caracteriza adem&aacute;s por el rito de la imposici&oacute;n de la ceniza en la frente, haciendo la se&ntilde;al de la cruz, mientras el sacerdote dice las siguientes frases extra&iacute;das de la Biblia: &laquo;Acu&eacute;rdate que eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&raquo; o &laquo;Convi&eacute;rtete y cree en el Evangelio&raquo;. La ceniza se obtiene tras quemar los ramos de olivo y las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del a&ntilde;o anterior. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda, que en pena de nuestras culpas, un d&iacute;a tendremos que volver al polvo. Adem&aacute;s, el mi&eacute;rcoles de ceniza es un d&iacute;a de ayuno y abstinencia obligatoria, al igual que el Viernes Santo, para los mayores de 18 a&ntilde;os y los menores de 60. El ayuno consiste en hacer una comida al d&iacute;a, pero no se proh&iacute;be tomar algo por la ma&ntilde;ana o por la noche. Todos los viernes de Cuaresma los fieles mayores de 14 a&ntilde;os deben abstenerse de comer carne. La palabra Cuaresma proviene de la contracci&oacute;n del t&eacute;rmino latino &laquo;quadragesima (dies&raquo;, &laquo;cuarenta d&iacute;as&raquo;. De hecho, el n&uacute;mero 40 simboliza en la Biblia un tiempo de preparaci&oacute;n y de renovaci&oacute;n espiritual, que recuerdan los 40 d&iacute;as que de Cristo en el desierto antes del comienzo de su vida p&uacute;blica o los cuarenta a&ntilde;os que pas&oacute; en el desierto el pueblo de Israel tras huir de Egipto conducido por Mois&eacute;s. Toda la cuaresma mira a la preparaci&oacute;n y celebraci&oacute;n de la Pascua, de la Resurrecci&oacute;n de Cristo venciendo a la muerte merecida por nuestros pecados. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental del cristianismo, la Iglesia siempre la vivi&oacute; con solemnidad, con verdad y profundidad de fe y religiosidad. Y se preparaba durante estos cuarenta d&iacute;as y noches para celebrarla, a imitaci&oacute;n de Cristo, que se prepar&oacute; durante cuarenta d&iacute;as en el desierto para predicar e instaurar el Reino de Dios en la tierra, por la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados. La Iglesia nos invita hoy a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda que as&iacute; debemos preparamos a celebrar la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, que es garant&iacute;a y fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna conseguida por su muerte y resurrecci&oacute;n para toda la humanidad. Queridos hermanos, vivamos as&iacute; la santa Cuaresma. Retir&eacute;monos durante este tiempo con m&aacute;s frecuencia al desierto de la oraci&oacute;n, vengamos m&aacute;s a la iglesia, a la santa misa durante la semana, al viacrucis los viernes, recemos el rosario solos o en familia, hagamos alguna obra de caridad, visitemos a los enfermos, alg&uacute;n sacrifico o mortificaci&oacute;n de la lengua, de cosas que nos gustan&hellip; para resucitar con Cristo en la pascua con m&aacute;s fe y amor y caridad a Dios y nuestros hermanos los hombres. Lo necesitan nuestras familias, nuestros hijos, este mundo que se est&aacute; quedando tan solo, triste y pagano, sin Dios, sin amor, sin amigos. Sacrifiqu&eacute;monos y vivamos este a&ntilde;o la santa cuaresma. Lo necesitamos todos, lo necesita la Iglesia de Cristo. ******************************************** QUERIDOS HERMANOS: &ldquo;Eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&rdquo; (Gen 3,19). Estas palabras del Se&ntilde;or, dirigidas por vez primera a Ad&aacute;n a causa del pecado cometido, las repite hoy la Iglesia a todo cristiano, en la liturgia de la imposici&oacute;n de la ceniza, para recordarle tres verdades fundamentales: su nada, su condici&oacute;n de pecador y la realidad de la muerte. El polvo &mdash;la ceniza colocada sobre la cabeza de los fieles&mdash;, algo tan ligero que basta un leve soplo de aire para dispersarlo, expresa muy bien c&oacute;mo el hombre es nada. &ldquo;Se&ntilde;or... mi existencia cual nada es ante ti&rdquo; (Sal 39, 6), exclama el salmista. C&oacute;mo necesita hacerse a&ntilde;icos el orgullo humano delante de esta verdad. Y es que el hombre, por s&iacute; mismo, no s&oacute;lo es nada, es tambi&eacute;n pecador; precisamente porque se sirve de los mismos dones recibidos de Dios, como Ad&aacute;n, para ofenderle. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos a inclinar la cabeza para recibir la ceniza en se&ntilde;al de humildad y a pedir perd&oacute;n por los pecados; al mismo tiempo nos recuerda, que en pena de nuestras culpas, un d&iacute;a tendremos que volver al polvo. Pecado y muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeld&iacute;a del hombre ante el Se&ntilde;or. &ldquo;Dios no cre&oacute; la muerte&rdquo; (Sab. 1. 13), ella entr&oacute; en el mundo mediante el pecado y es su triste salario (Rom 6, 23). El hombre fue creado por Dios para la vida, la alegr&iacute;a y la amistad eterna con Dios; por el pecado, pasar&aacute; por la muerte de yo pecador, para resucitar con Cristo a la vida nueva de la gracia. Y este camino es la Santa Cuaresma que hoy inauguramos. Queridos hermanos: Con el mi&eacute;rcoles de ceniza, comenzamos la santa Cuaresma. Santa, porque es tiempo de gracia y de salvaci&oacute;n. Cuaresma, porque son cuarenta d&iacute;as de preparaci&oacute;n para la Pascua. Como hemos repetido muchas veces, la Cuaresma es camino hacia la Pascua, no tiene otra raz&oacute;n de existir. La pascua es el paso salvador de Cristo por la tierra, consumado especialmente con su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Sin pascua no hay resurrecci&oacute;n y sin resurrecci&oacute;n no hay salvaci&oacute;n. Por eso la Pascua, la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el hecho m&aacute;s importante de su vida y de la nuestra, es el acontecimiento de la Salvaci&oacute;n que da sentido y fuerza a toda su vida y su mensaje, autentific&aacute;ndolos. Porque Cristo ha resucitado, todo lo que ha dicho y hecho es verdad, Cristo es la Verdad. Sin Pascua no hay cristianismo; porque sin Pascua, Cristo no ha resucitado y &ldquo;si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe&rdquo;. La fe cat&oacute;lica tiene su fundamento en la Pascua de la Resurrecci&oacute;n de Cristo. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental del cristianismo, la Iglesia siempre la vivi&oacute; con solemnidad, con verdad y profundidad de fe y religiosidad. Y se preparaba durante cuarenta d&iacute;as y noches para celebrarla, a imitaci&oacute;n de Cristo, que se prepar&oacute; durante cuarenta d&iacute;as en el desierto para predicar e instaurar el Reino de Dios en la tierra, por la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados. En la Iglesia primitiva era tiempo de desierto, de oraci&oacute;n, de ascesis y catequesis prebautismales, de penitencia y mortificaci&oacute;n de los pecados para recibir la gracia del Resucitado por medio del bautismo de los catec&uacute;menos, revestidos de t&uacute;nicas blanca, iconos de la nueva vida del Resucitado por la gracia de los sacramentos del Bautismo y la Eucarist&iacute;a; por eso, la santa cuaresma era y es tiempo de vivir m&aacute;s profundamente los compromisos bautismales. 2.- SIGNOS CUARESMALES. El tiempo de Cuaresma nos ofrece una gran cantidad de signos y s&iacute;mbolos lit&uacute;rgicos, llenos de mensajes, que debemos saber interpretar. Siguiendo el libro publicado por C&aacute;ritas los resumir&iacute;amos as&iacute;: CENIZA: Quiere ser el reconocimiento de nuestra condici&oacute;n de hombres mortales, que hemos de pasar por la corrupci&oacute;n de la materia: &ldquo;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y en polvo te convertir&aacute;s&rdquo;. Es una mirada a nuestra condici&oacute;n humana, tan limitada y corruptible. Quiere ser un toque de atenci&oacute;n a nuestro orgullo y autosuficiencia, pero sobre todo, una llamada a poner en Dios el &uacute;nico fundamento de nuestra existencia; no en nosotros ni en nuestras posesiones, sino en Cristo, el &uacute;nico que puede librarnos de la muerte y corrupci&oacute;n mediante su vida y resurrecci&oacute;n. Por eso, al imponernos la ceniza, nos dicen: &ldquo;Convert&iacute;os y creed la buena noticia&rdquo;. LA CENIZA QUE DIOS QUIERE: * Que no te glor&iacute;es de tus talentos, los recibiste para servir. * Que no te consideres due&ntilde;o de nada sino simple administrador. * Que aprecies el valor de las cosas sencillas. * Que no temas la muerte, porque Cristo la ha vencido AYUNO Y ABSTINENCIA. Antes era, sobre todo, de la carne, porque supon&iacute;a un gran sacrificio. Hoy hay otros manjares m&aacute;s caros y exquisitos. Hemos de preferir siempre los bienes espirituales a los terrenos, hemos de saber superar hambres y sed de consumismos para servir m&aacute;s 1ibremente a Dios y poder as&iacute; ofrecer el fruto de nuestro ayuno y abstinencia a los m&aacute;s necesitados del mundo. EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA QUE DIOS QUIERE: &mdash; Que no seas esclavo del consumo, del tabaco, del alcohol... &mdash; Que no gastes tanto en modas, caprichos, marcas. &mdash; Que no pases tanto tiempo en la tele y sepas controlarte y discernir lo bueno. &mdash; Que seas solidario y generoso. CRUZ. El cristiano debe gloriarse en la cruz de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Por eso, la cruz preside siempre los templos, nuestras celebraciones, los hogares cristianos. La cruz no es s&oacute;lo dolor y sufrimiento sino amor hasta la muerte, hasta salvaci&oacute;n y victoria. La cruz no es solo para lucirla, sino para vivirla. Tenemos que amar a los hermanos como Cristo, cumpliendo la voluntad del Padre, con amor extremo, hasta dar la vida. La cruz es meta, est&iacute;mulo, camino, abrazo con Cristo. LA CRUZ QUE DIOS QUIERE: * Que sepas llevar la cruz de cada d&iacute;a, en uni&oacute;n con Cristo, para ser corredentor. * Que sepas morir al yo, soberbia y ego&iacute;smo, por amor a Dios y a los hermanos.* Que seamos cirineo de los sufrimientos ajenos. * Que nunca pongas cruces a los dem&aacute;s. **************************************** I DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 9,8-15 Seg&uacute;n la concepci&oacute;n b&iacute;blica, el aspecto negativo de la salvaci&oacute;n se caracteriza por una serie de rupturas: ruptura con Dios, ruptura entre los hombres, ruptura con la creaci&oacute;n&hellip; La alianza y el pacto significa encontrarse nuevamente con Dios, con los hermanos, con la creaci&oacute;n. Dentro de este marco general de la Historia de la Salvaci&oacute;n debe leerse la primera Lectura de este d&iacute;a. El pacto con No&eacute; inaugura la cadena de alianzas que culminar&aacute;n en Cristo. SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro, 3,18-22. Ser cristiano no es precisamente un camino ancho, c&oacute;modo, un lujo; no es vivir para darnos gustos, sino vivir los compromisos bautismales que nos configuraron con Cristo en su muerte y resurrecci&oacute;n. Frente a la debilidad y limitaci&oacute;n del cuerpo de pecado, est&aacute; la vida nueva del cuerpo resucitado por Cristo a una vida nueva de amor y de entrega a Dios y a los hombres, como Cristo. SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 1,12-15 Queridas hermanas: Estamos en el primer domingo de Cuaresma. Pocos tiempos lit&uacute;rgicos, en su retorno anual, han dejado tan profunda huella en la Iglesia y en el pueblo cristiano, como la Cuaresma. Desde los primeros siglos este ha sido uno de los tiempos fuertes de la Liturgia de la Iglesia. La cuaresma es un verdadero sacramental, puesto a disposici&oacute;n de toda la comunidad cristiana, para que cada a&ntilde;o reviva el paso de la muerte a la vida, del hombre viejo de pecado al hombre nuevo de la gracia. As&iacute; lo pido y lo espero del Se&ntilde;or para vosotras y para m&iacute; en esta Eucarist&iacute;a especialmente para toda la Iglesia de estos tiempos que tanto lo necesita. El camino de la cuaresma que comenz&aacute;bamos el mi&eacute;rcoles de Ceniza est&aacute; estructurado bajo la tipolog&iacute;a b&iacute;blica de cuarenta, de ah&iacute; su nombre: cuaresma, abarcando otros momentos de la historia de la Salvaci&oacute;n, que culminar&aacute; en la Pascua: Cuarenta fueron lo d&iacute;as que Mois&eacute;s pas&oacute; en oraci&oacute;n en el monte Sina&iacute;, en cuya falda se hizo la primera alianza de Dios con su pueblo Israel; cuarenta a&ntilde;os pas&oacute; el pueblo de Israel por el desierto hasta llegar a la tierra prometida desde la esclavitud y liberaci&oacute;n de Egipto y cuarenta, finalmente, son los d&iacute;as que el Se&ntilde;or quiso pasar en el desierto en oraci&oacute;n antes de comenzar publicamente el camino de nuestra Salvaci&oacute;n, que le llevar&iacute;a por la pasi&oacute;n y la muerte hasta la nueva y definitiva pascua de cuarenta d&iacute;as, como nosotros lo celebramos en la liturg&iacute;a anual de la Iglesia. La cuaresma es el camino hasta la Pascua, coraz&oacute;n de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico y fundamento de todo el Credo cat&oacute;lico. Sin pascua de Resurrecci&oacute;n, Cristo no es Dios, no nos ha salvado, la religi&oacute;n cat&oacute;lica no tiene fundamento. Al ser la fiesta m&aacute;s trascendental de la fe, la Iglesia siempre la prepar&oacute; con esmero y cuidado. La Cuaresma es el camino que nos prepara para el misterio pascual de Cristo, que debe hacerse nuestro y de la Iglesia, por unirnos y vivir con Cristo la muerte y resurrecci&oacute;n eterna que nos gan&oacute; y mereci&oacute; con la suya. Somo eternos por Cristo, muerto y resucitado. Desde la antig&uuml;edad este camino cuaresmal ha estado dominado por la oraci&oacute;n, la conversi&oacute;n y la penitencia, a ejemplo de Cristo, que pas&oacute; cuarenta d&iacute;as de ayuno y oraci&oacute;n en el desierto para prepararse para cumplir su misi&oacute;n en conformidad absoluta a la voluntad del Padre. En cada cuaresma tenemos que vivir los compromisos del santo bautismo, por los cuales morimos al pecado y renacemos a la vida de gracia y amor pascual de Cristo. Es lo que nos dice el prefacio cuaresmal de la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;Porque Cristo, al abstenerse durante cuarenta d&iacute;as de tomar alimento, inaugur&oacute; la pr&aacute;ctica de nuestra penitencia cuaresmal, y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos ense&ntilde;&oacute; a sofocar la fuerza de pecado&raquo;. Y en esto consiste para la Iglesia, para nosotros el camino de la santa Cuaresma hasta la Pascua, es decir, nuestro paso cada a&ntilde;o a trav&eacute;s de estos cuarenta d&iacute;as por el desierto de una oraci&oacute;n personal y comunitaria m&aacute;s cuidada y participada como Cristo en sillecio y soledad que nos lleve a una mejor conversi&oacute;n de nuestras vidas en Cristo por la penitencia de nuestras pasiones egoistas del yo que tiene que reducirse a ceniza para llegar nuevas y renovadas a la celebraci&oacute;n jubilosa de la Pascua, de la resurrecci&oacute;n de la nueva vida de amor y amistad con Cristo Resucitado y con tadas vosotras en nuestras vidas. Esto debe ser para vosotras este tiempo santo de cuaresma. Repito: esencialmente la Cuaresma para toda la iglesia, pero sobre todo para vosotras y para m&iacute;, como sacerdote, debe concretarse en cuidar y cultivar con m&aacute;s esmero nuestra oraci&oacute;n diaria para una mayor conversi&oacute;n de los peque&ntilde;os defectos de caridad y egoismos que nos acompa&ntilde;an para llegar as&iacute; a una vida personal nueva, renovada y resucitada en Cristo, especialmente por los sacramentos de la penitencia y Eucarist&iacute;a y mortificaci&oacute;n de nuestros egosimos. En el evangelio de este domingo 1&ordm; de Cuaresma se nos recuerda que Cristo lo super&oacute; todo por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n y as&iacute; tienen que ser superadas siempre por todos sus disc&iacute;pulos, por todos los cristianos, obispos, curas, frailes y monjas, como tanto lo necesita siempre la Iglesia, especialmente en esta &eacute;poca, porque &ldquo;No s&oacute;lo de pan vive el hombres sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.&rdquo; Y para esto la Palabra de Dios, asimilada, cre&iacute;da y vivida por la oraci&oacute;n, la penitencia y los sacramentos. Dime c&oacute;mo es tu oraci&oacute;n, especialmente tu vida eucar&iacute;stica y te dir&eacute; c&oacute;mo es tu cristianismo, tu vida cristiana, tu vida religiosa, tu santidad y esto seas obispo, cura, fraile o monja. Queridas hermanas, vivamos as&iacute; la santa Cuaresma. Lo expresa maravillosamente esta oraci&oacute;n de Cuaresma: &laquo;Despu&eacute;s de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero y nos hagas vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca. Por Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or&raquo;. Am&eacute;n. ********************************** II DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 22,1-2. 9&ordf;, 10-13, 15-18 Lo que nos quiere ense&ntilde;ar este pasaje b&iacute;blico del sacrifico de Isaac lo encontramos en las primeras palabras: &ldquo;Dios puso a prueba a Abrah&aacute;n&rdquo;. Se trata de la gran prueba al viejo Patriarca, cuya fe y obediencia ya hab&iacute;an conocido otras dos grandes pruebas. La primera coincide con el momento de su vocaci&oacute;n, cuando ha de abandonar sus tierras y familia y marchar a un pa&iacute;s extranjero. La segunda, cuando le fue renovada la promesa. V&eacute;ase el profundo comentario que San Pablo hace de este pasaje en Rm 4,18-22. Estas pruebas son exigidas hoy tambi&eacute;n a los que han de encontrarse en mayor plenitud con Dios, purific&aacute;ndose ya en esta vida de todo apego al yo: son las noches de San Juan de la Cruz. SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 31b- 34 La idea principal est&aacute; en las primeras palabras de esta Lectura: &ldquo;Si Dios est&aacute; con nosotros, &iquest;qui&eacute;n estar&aacute; contra nosotros?&rdquo; San Pablo trata de infundir a los Romanos y a todos los cristianos la seguridad de la protecci&oacute;n y de la ayuda de Dios en los momentos de persecuci&oacute;n. Y esta esperanza cristiana tiene su fundamento en la redenci&oacute;n de Cristo, que nos ha hecho amigos del Padre y del Hijo. Los cristianos confiamos totalmente en el Padre, que entreg&oacute; a su Hijo por nosotros, y en el Hijo que &ldquo;muri&oacute;, m&aacute;s a&uacute;n, resucit&oacute; y est&aacute; a la derecha de Dios.&rdquo; LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 9, 1-9 QUERIDOS HERMANOS: Tres ense&ntilde;anzas principales encierra para todos nosotros la Transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or, estad atentos porque hoy os voy a dar una lecci&oacute;n de oraci&oacute;n contemplativa, de m&iacute;stica: 1&ordm;) Es una revelaci&oacute;n palmaria de la divinidad de Jesucristo, apoyada tambi&eacute;n por la voz del Padre: &ldquo;Este es mi Hijo muy amado, escuchadle&rdquo;. El Hijo de Dios, al encarnarse, tom&oacute; forma humana. La divinidad estaba oculta bajo el celaje de su humanidad y s&oacute;lo se descubr&iacute;a un poco a trav&eacute;s principalmente de sus hechos milagrosos y palabras eficaces. En la Transfiguraci&oacute;n se manifiesta abiertamente su divinidad; m&aacute;s que un milagro, fue la interrupci&oacute;n del milagro permanente de su ocultaci&oacute;n y rebajamiento por la humanidad recibida de la Virgen para poder ser y manifestarse como hombre. Y se realiz&oacute; para demostrarle a Pedro y dem&aacute;s Ap&oacute;stoles que lo dicho anteriormente por Cristo sobre su pasi&oacute;n como hombre no se opon&iacute;a a su poder como Hijo de Dios. La ense&ntilde;anza de todo esto es que Jes&uacute;s quiere que no nos desconcertemos, ante los sufrimientos de la vida, como si Dios no nos quisiera o no atendiera nuestros ruegos, porque nos deja pasar, como a Cristo, por el dolor, para llevarnos a la vida plena y total de la salvaci&oacute;n. Por eso, ante las pruebas, la enfermedad, el dolor, el fracaso de algunos deseos y proyectos, debemos confiar siempre en Dios, como Cristo, sabiendo que hemos de pasar como &Eacute;l por la pasi&oacute;n y la muerte para llegar a la resurrecci&oacute;n y a la vida nueva. Tengamos paciencia, fortaleza, confianza: venceremos con &Eacute;l, resucitaremos con &Eacute;l, al morir seremos transfigurados en su gloria. 2&ordm;) Estamos llamados a ser transformados en Cristo, en el cielo, por la visi&oacute;n celeste, aqu&iacute; en la tierra para los que se esfuercen y suban por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, por la contemplaci&oacute;n, por la oraci&oacute;n contemplativa: s. Juan de la Cruz, santa Teresa... todos los m&iacute;sticos. Para esto nos ha llamado Dios a la existencia, a la fe, a la confianza en &Eacute;l. Esa transformaci&oacute;n en Cristo se realizar&aacute; plenamente en el cielo por la visi&oacute;n celeste; aqu&iacute; en la tierra, por la oraci&oacute;n contemplativa y unitiva. Este es el t&eacute;rmino de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n contemplaci&oacute;n transformaci&oacute;n-uni&oacute;n total. Al morir, seremos transformados en Cristo por la resurrecci&oacute;n. Pero antes tambi&eacute;n por la oraci&oacute;n contemplativa, como nos aseguran los que llegaron a sentirlo y vivirlo por la experiencia de Dios; todos podemos y estamos llamados a anticipar el cielo en la tierra, porque el cielo es Dios, y Dios nos habita y se manifiesta a los que suben por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n hasta las alturas de la contemplaci&oacute;n pasiva inundada de la experiencia de Dios: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me&hellip; C) En el hombre de oraci&oacute;n, la transformaci&oacute;n en Dios por la oraci&oacute;n va operando lentamente esta realidad maravillosa descrita y vivida en los escritos de nuestros m&iacute;sticos, hasta que llegue la transformaci&oacute;n total de nuestro cuerpo de miseria en cuerpo de gloria. Mientras tanto queda una gran tarea que hacer, llena de esfuerzo por realizar. Es la conversi&oacute;n permanente de nuestros pecados, pisando las mismas huellas de Jes&uacute;s, tener en nosotros las marcas de la pasi&oacute;n de Cristo que nos llevar&aacute;n a la transfiguraci&oacute;n eterna y para siempre. Hasta llegar a esa transfiguraci&oacute;n eterna hay que ir pasando por transfiguraciones personales en la tierra. Es el desarrollo de la vida de gracia que recibimos en el santo Bautismo. Y el camino es la oraci&oacute;n. Lo dicen todos los santos. Ni uno que no haya seguido este camino para ver y sentir a Cristo en el Tabor de la contemplaci&oacute;n. San Juan de la Cruz lo describe largamente en su Subida al monte Carmelo, en el C&aacute;ntico Espiritual, en las Noches; para llegar a ver a Cristo transfigurado en el Tabor, hay que subir por el monte de la oraci&oacute;n, pasando por la meditaci&oacute;n, que es oraci&oacute;n discursiva, pasando por la oraci&oacute;n afectiva, donde el coraz&oacute;n empieza a sentir y dialogar con amor de tu a t&uacute; con el Se&ntilde;or, hasta llegar a la oraci&oacute;n contemplativa. Sobre este tema hice mi tesis doctoral en teolog&iacute;a, describiendo las etapas de las noches y purificaciones que hay que pasar para llegar a la uni&oacute;n total con Dios. ***************************************** 2&ordf; HOMIL&Iacute;A. QUERIDOS HERMANOS: El Tabor es la experiencia del Dios vivo por la oraci&oacute;n. Sin Tabor no hay experiencia de Dios ni gozo de la fe ni posibilidad de transformaci&oacute;n de la vida de gracia en plenitud de gozo y tabor, en sentir y palpar a Dios. Y sin Tabor no hay santidad ni seguimiento total de Cristo. Y el camino es la oraci&oacute;n. El trascendental pasaje de la Transfiguraci&oacute;n en el Tabor comienza dejando constancia de que Jes&uacute;s &laquo;subi&oacute; con ellos a una monta&ntilde;a alta&raquo;. Es decir, Jes&uacute;s llama a sus &iacute;ntimos a las alturas de la monta&ntilde;a, porque s&oacute;lo en el silencio de las cosas y de las voces humanas se puede o&iacute;r la voz de Dios. Los santos, las personas buenas que yo conozco tambi&eacute;n necesitan del silencio de la oraci&oacute;n para encontrarse con Dios. En el llano, en el ruido del mundo y de los negocios intereses humanos, no es posible, no es posible ver y sentir a Dios. All&iacute;, en la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, es donde el Cristo de la fe se transfigura en el Cristo luminoso y resplandeciente del Tabor, es el mismo, solo que por la fe creemos pero no le vemos y sentimos, por la oraci&oacute;n contemplativa, de sentimos y le experimentamos. Hermanos, Cristo existe, y sigue transfigur&aacute;ndose ante los que suben por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n, del di&aacute;logo amoroso y diario con &Eacute;l. Todos estamos invitados a la oraci&oacute;n, a subir por ella al Tabor para llegar a la uni&oacute;n plena con &Eacute;l. &ldquo;Este es mi Hijo amado, escuchadle&rdquo;. Para orar, para hablar con Dios, lo mejor y el primer paso es escucharle. Hay que leer m&aacute;s el evangelio, escucharle en ratos de silencio, de Sagrario, de oraci&oacute;n para contemplarle. Y el camino es el de siempre: Lectio, meditatio-oratio, conversi&oacute;n, y contemplatio. Este es el camino y las etapas principales. &ldquo;Qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;&hellip;&rdquo; responde Pedro por todos nosotros. Y el evangelista comenta: &ldquo;No sab&iacute;a lo que dec&iacute;a&rdquo;. &iexcl;Vaya que si sabe! Como San Juan y San Pablo, santa Teresa, S. Juan de la Cruz, santa Teresita, Sor Isabel de la Trinidad, Madre Teresa de Calcuta... y miles y miles de contemplativos, de almas que han subido por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n. Pero qui&eacute;n llena los conventos de clausura. Y as&iacute; es como Dios entra, me invade y va realizando el encuentro de amor y transformaci&oacute;n total en &Eacute;l: &ldquo;Oh llama de amor vida, qu&eacute; tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro. Qued&eacute;me y olv&iacute;deme&hellip;&rdquo; Tambi&eacute;n hoy Jes&uacute;s sigue invitando a los suyos a dejar la llanura de la comodidad para subir por el camino de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n diaria que conduce a la altura del Tabor para contemplar el misterio del Hijo y del Dios Trino y Uno. HERMANOS: HOY el mundo, nosotros mismos damos varias horas diarias a mirar y contemplar el televisor, y negamos tiempo a la meditaci&oacute;n del evangelio, a la contemplaci&oacute;n de Dios, del Sagrario. La Cuaresma es un tiempo especialmente apto para subir al Tabor por la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n meditaci&oacute;n, de la contemplaci&oacute;n, donde Jes&uacute;s nos descubrir&aacute; su rosto luminoso. La contemplaci&oacute;n paciente y activa de los misterios divinos nos inducir&aacute; a conversar con Jes&uacute;s como San Pedro en la Transfiguraci&oacute;n: &ldquo;Maestro, &iexcl;qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;!&rdquo;. Ante la revelaci&oacute;n de Dios podemos manifestar nuestros sentimientos y deseos. Si somos fieles a la oraci&oacute;n contemplativa, si nos adentramos sinceramente en la nube de Dios, tambi&eacute;n se realizar&aacute; para nosotros lo que ocurri&oacute; a los disc&iacute;pulos en la Transfiguraci&oacute;n: &ldquo;Sali&oacute; una voz de la nube: Este es mi Hijo amado&rdquo;. En la meditaci&oacute;n descubriremos a Jes&uacute;s como Hijo querido del Padre en cuanto Dios y en cuanto hombre. En ese clima de oraci&oacute;n tambi&eacute;n nosotros escucharemos la consigna del Padre relativa a Jes&uacute;s: &ldquo;&iexcl;Escuchadlo!&rdquo;. Y luego hay que bajar de la monta&ntilde;a de la oraci&oacute;n diaria, de haber contemplado a Cristo, a trabajar con Cristo por el reino de Dios, hay que bajar de las alturas m&iacute;sticas de la oraci&oacute;n para &laquo;comunicar a los dem&aacute;s lo contemplado&raquo;, en f&oacute;rmula de Santo Tom&aacute;s. Invito a todos a la oraci&oacute;n diaria para contemplar a Cristo transfigurado. Y as&iacute; podremos decir con San Pedro: &ldquo;Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;!&rdquo;. Para pasar luego a trabajar por el reinado de Dios en el mundo. ******************************************* DOMINGO III DE CUARESMA B: EL TEMPLO, CASA DE ORACI&Oacute;N. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 2,13-25 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: El evangelista S. Juan se dirige hoy a nosotros, los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, que nos preparamos para celebrar la Pascua, es decir, la muerte y la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, fundamento del cristianismo y de nuestra vida eterna. Nos demuestra que la muerte del Se&ntilde;or, entre otros motivos, estuvo motivada tambi&eacute;n por hablar y actuar claro y duro, esto es, por el profetismo verdadero y valiente de su predicaci&oacute;n y su comportamiento, que denunci&oacute; la falsedad del culto dado a Dios por los intereses ego&iacute;stas de los hombres que lo manipulaban para ganar dinero m&aacute;s que dar culto verdadero a Dios. Os predico esta homil&iacute;a que es un poco dura como fue el comportamiento de Cristo en el templo pero que es la que prediqu&eacute; muchas veces en mi parroquia y por la cual y otras cosas me toc&oacute; sufrir un poco pero lo hice y lo hago por el bien de mis hermanos por la importancia excesiva dada al dinero en la Iglesia, en el mismo clero. La opci&oacute;n de Cristo por su Padre, fue siempre radical y verdadera, por encima de todo inter&eacute;s y con el riesgo de la propia vida, sin concesiones al ego&iacute;smo y mediocridad y materialismo de los mismos servidores del templo. Este hecho, que nos narra el evangelio de este domingo, estuvo motivado por el hecho de haber subido Cristo a orar y encontrarse dentro del recinto sagrado con los vendedores de animales para el sacrificio, as&iacute; como a los cambistas del dinero, que proporcionaban moneda jud&iacute;a para los sacrificios y ofrendas de los israelitas que ven&iacute;an de todas partes del mundo. &Eacute;l, paciente y humilde de coraz&oacute;n y ejemplo de todo para nosotros, se rebela contra este comercio y haciendo un azote de cordeles, expuls&oacute; airada y violentamente a los primeros con sus mercados y volc&oacute; las mesas y desparram&oacute; por el suelo el dinero de los segundos. Todo para conservar la dignidad del templo y del culto debido a Dios. L&oacute;gicamente la expulsi&oacute;n de los vendedores y cambistas del templo fue un acto peligroso para Jes&uacute;s, por las consecuencias econ&oacute;micas que esto ten&iacute;a para el templo, como hoy lo puede tener para visitar nuestras catedrales, templos de culto o en nuestras parroqu&iacute;as para la administraci&oacute;n de los sacramentos. Con este acto sab&iacute;a que provocar&iacute;a el odio de las autoridades religiosas y que su vida ser&iacute;a amenazada y perseguida, pero Jes&uacute;s a&uacute;n sabiendo lo que su comportamiento de expulsar del templo iba a provocar en los jefes jud&iacute;os y en los mismo vendedores, lo realiza todo desde su conciencia de provocar el culto verdadero a Dios y que &Eacute;l como instaurador el verdadero culto a Dios tiene la obligaci&oacute;n de instaurar, velando as&iacute; porque el templo sea lo que tiene que ser, lugar de oraci&oacute;n y servicio a Dios y velando as&iacute; por la casa y el verdadero culto a Dios, a su Padre que &Eacute;l sabe muy bien en qu&eacute; consiste. Para nuestra reflexi&oacute;n y conversi&oacute;n cristiana en este domingo hay tres aspectos que conviene resaltar y que debemos practicar a ejemplo de lo que nos ense&ntilde;a el Se&ntilde;or: 1&ordm;.- En nuestra vida y no digamos como p&aacute;rrocos y sacerdotes Dios debe ser lo primero y absoluto, antes que el dinero y que los intereses materiales y que hasta la misma vida, que Jes&uacute;s la arriesga por cumplir la voluntad del Padre. A nosotros, el cumplimiento del evangelio y de los mandamientos del Se&ntilde;or en verdad y justicia nos llevar&aacute; muchas veces al sufrimiento, a ser perseguidos e incomprendidos incluso envidiados por predicar claro y exigir esta verdad, incluso a ocupar segundos puestos en parroquias y dem&aacute;s, por fidelidad a Dios y a su causa. 2&ordm;.- Debemos aprender de Jes&uacute;s a luchar por la dignidad del templo, como casa de oraci&oacute;n. Los primeros en dar ejemplo debemos ser los mismos sacerdotes, que hablamos y nos comportamos a veces en la Iglesia, como si fuera un sal&oacute;n, y pasamos ante el sagrario, como si fuera un trasto m&aacute;s de la Iglesia o pura imagen inerte de Cristo. Hay que exigir y sufrir la incomprensi&oacute;n de las gentes por exigir silencio en los templos, en funerales y bodas; pero si creemos de verdad en los sagrarios, en que Cristo est&aacute; vivo y resucitado en ellos, debemos educar a los feligreses en el respeto al templo como casa de Dios y de oraci&oacute;n y para eso los primeros en hacerlo y dar ejemplo es el p&aacute;rroco. Es un contrasentido hablar de la Eucarist&iacute;a, de la presencia real y verdadera de Cristo en el pan consagrado, del respeto y adoraci&oacute;n que merece y luego los primeros en no dar ejemplo somos nosotros que nos comportamos como si el Se&ntilde;or no estuver vivo y vi&eacute;ndonos y esperando nuestro di&aacute;olog de amor desde el Sagrario. 3&ordf; reflexi&oacute;n: &ldquo;Muchos creyeron por los milagros que hac&iacute;a&hellip; pero &Eacute;l no se fiaba de ellos, porque los conoc&iacute;a a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque &eacute;l sab&iacute;a lo que hab&iacute;a dentro de cada hombre&rdquo;. Me pregunto y os pregunto: Jes&uacute;s ve todo nuestro interior &iquest;Se fiar&aacute; el Se&ntilde;or de nosotros? Porque no basta creer y decir que creemos y tener ciertas pr&aacute;cticas religiosas, Jes&uacute;s sabe si nuestra fe y amor son aut&eacute;nticos, si creemos y vivimos lo que rezamos. Porque si somos disc&iacute;pulos suyos, se tiene que notar en casa, en el trabajo, en el uso de los bienes, en nuestra relaci&oacute;n con los hermanos. Al Se&ntilde;or no podemos enga&ntilde;arle. &iquest;Se fiar&aacute; el Se&ntilde;or de nosotros? &iquest;Se fiar&aacute; de m&iacute;? A meditarlo, Gonzalo. Incluso algunos comulgan; pero eso no es comulgar, es siemplemente comer el pan consagrado, porque no comulgar con Cristo, con su vida y sentimientos, aunque seas cura o religiosa. Pidamos esta gracia, comulgar con la vida y sentimientos de Cristo y para eso visitarlo y hablar con &Eacute;l todos los d&iacute;as en el Sagrario. ************************************** DOMINGO III DE CUARESMA B: EL TEMPLO, CASA DE ORACI&Oacute;N. QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:La ense&ntilde;anza primera y esencial de este pasaje evang&eacute;lico, de este comportamiento de Cristo Jes&uacute;s en el evangelio de este domingo es que las iglesias, los templos, sobre todo cat&oacute;licos, con el Sagrario en el centro, deben ser Casa de oraci&oacute;n. Jes&uacute;s subi&oacute; al templo como lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El templo era para &Eacute;l la casa de su Padre, una casa de oraci&oacute;n y se indigna porque estaba convertida en un mercado. Si se atreve a expulsar a los mercaderes y cambistas es porque est&aacute;n profanando la casa de Dios y &Eacute;l quiere restituir la dignidad y el honor debidos a la presencia y al culto de Dios en el templo: No hag&aacute;is la casa de mi Padre una casa de mercado, de tertulia, de materialismo, de hablar y comportaros como si estuvi&eacute;ramos en la calle. Deber&iacute;amos aprender a exigir silencio, respeto, oraci&oacute;n en los templos, en nuestras iglesias y capillas porque est&aacute;n habitadas por Dios. Y de paso deber&iacute;amos revisar nuestras misas y comuniones y visitas al Sant&iacute;simo para que verdaderamente sean celebraciones aut&eacute;nticas de oraci&oacute;n y encuentro con Dios, de amor y de fe y salvaci&oacute;n en Dios. En concreto, como sacerdotes y educadores de la fe y liturgia del Se&ntilde;or debemos primero nosotros dar ejemplo de saber estar y actuar en las iglesia, de luchar y esforzanos por vivir y practicar lo que creemos y predicamos, que la gente vea a los sacerdotes hacer oraci&oacute;n en el templo, porque Dios est&aacute; en todas partes, pero hay un sitio donde ha querido quedarse singularmente presente: en el Sagrario, en todos los Sagrarios de nuestras parroquias; yo creo que en estos tiempos actuales necesita ser reconocido y amado, especialmente por los sacerdotes y tambi&eacute;n el pueblo cristiano. &iquest;C&oacute;mo decir o predicar que Jesucristo por amor loco a todos los hombres, a nosotros, que Dios est&aacute; en el sagrario y luego nos comportamos o hablamos como si &Eacute;l no estuvera o no pasamos ratos junto a &Eacute;l durante el d&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo predicar que Cristo nos ama hasta el extremo del amor y del tiempo y luego durante el d&iacute;a no nos ven a nosotros, sacerdotes y p&aacute;rrocos orar y pasar ratos junto al Sagrario? Pues esta es la mejor oraci&oacute;n y la mejor forma de hacer apostolado y predicar a Cristo Eucarist&iacute;a, Centro y Culmen de la vida cristiana, como afirm&oacute; y prob&oacute; el Vaticano II, esta es la mejor predicaci&oacute;n de Cristo Eucar&iacute;st&iacute;a de un p&aacute;rroco en su parroquia y en toda la Iglesia, porque si la gente no nos ven hacer oraci&oacute;n, estar junto al Se&ntilde;or en el Sagrario, no se fiar&aacute;n de nosotros, de nuestra predicaci&oacute;n, as&iacute; como de nuestras misas y comuniones, si ven que nos comportamos como si el Se&ntilde;or no estuvera vivo y real en el pan consagrado y luego en los Sagrarios. Querido hermano sacerdote si no vives y te goza la presencia de Cristo en el Sagrario c&oacute;mo vas a entusiasmar a tu parroquia con &Eacute;l, con el &uacute;nico Salvador del mundo y de los hombres? Los hombres y mujeres de nuestras parroquias necesitan vernos orar en las iglesias. Todos los cristianos, los creyentes, pero especialmente nosotros, los sacerdotes, debemos orar ante el Sagrario porque el Se&ntilde;or est&aacute; en todas partes pero especialmente quiso quedarse en el pan consagrado para ser nuestro amigo y compa&ntilde;ero de viaje hasta la eternidad. Queridos hermanos, resumiendo y concretando: Escuchemos al Se&ntilde;or que desde el Sagrario nos est&aacute; diciendo a todos, pero especialmente a los sacerdotes como a los Ap&oacute;stoles: &ldquo;Vosotros venid a un sitio aparte&rdquo; 1&ordm; Si creo en &Eacute;l y est&aacute; vivo en el Sagrario, no puedo menos de manifestarlo en un encuentro vivo, diario y permanente con &Eacute;l, primero meditativo con el libro en las manos y luego ya, purificado un poco de mis defectos, en oraci&oacute;n afectiva sin necesidad de libro. M&aacute;xime, sabiendo que ha querido quedarse tan cerca de nosotros precisamente para ayudarnos.&rdquo;me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;, sabiendo que a nosotros, sacerdotes, nos ha elegido como a los 12 &ldquo;para estar con &Eacute;l y enviarnos a predicar&rdquo;. Pero como &Eacute;l nos dice en el evangelio, lo primero es estar con &Eacute;l, oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, y luego salir a predicar de lo que hemos visto y le hemos o&iacute;do a &Eacute;l en la oraci&oacute;n junto al Sagrario. 2&ordm;.- Orar principalmente es amar, querer amar. Si quiero amar a una persona necesito hablar con ella. Y Dios, y Cristo est&aacute; en todas partes pero quiso quedarse especiamente y para siempre entre nosotros en la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y Sagrario. &ldquo;Que no es otra cosa oraci&oacute;n mental sino trato de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama&rdquo;: Santa Teresa. Por eso, si no oro, es que no amo, no deseo amar a Dios. A Dios se le conoce amando, como a los amigos, a los esposos, a la gente. Y por qu&eacute; tenemos que amar a Dios? Porque &Eacute;l nos am&oacute; primero y para esto vino a nosotros primero hecho hombre y luego un trozo de pan&hellip;.eso es estar loco de amor, Cristo te lo mereces todo, todo el amor de los hombres. Y 3&ordm;, orar en cristiano es querer convertirse a &Eacute;l, es desear vivir como &Eacute;l, es ir pensando y haciendo como &Eacute;l, teniendo sus mismos sentimientos y actitudes. Esta es la mayor dificultad para hacer verdadera oraci&oacute;n, para irnos encontrando con Cristo en la oraci&oacute;n personal y lit&uacute;rgica, porque esto no es f&aacute;cil. Muchos creen que la dificultad est&aacute; en meditar, y si se distraen, creen que no hacen oraci&oacute;n. Lo importante y esencial de la oraci&oacute;n es convertirse a los que Cristo nos dice en ella; por eso, oraci&oacute;n permanente exige conversi&oacute;n permanente. Si uno se cansa de convertirse se acab&oacute; la oraci&oacute;n y la amistad con Cristo, aunque celebre misa y comulgue, porque le come, s&iacute;, pero no comulga con la vida y los sentimientos de Cristo. Por eso se ora tan poco, porque son pocos los que viven en conversi&oacute;n permanente. Cuando oro, abro las puertas de mi vida y de mi coraz&oacute;n a Dios y el digo: pasa y ordena y reforma todo a tu antojo, quita lo que creas equivocado, a&ntilde;ade lo que creas necesario, tira tabiques de cr&iacute;ticas y murmuraciones, y tira paredes de separaciones, odios, rencores y haz estancias amplias donde todos quepan. Estamos en la meditaci&oacute;n. Luego una vez que yo he hecho este trabajo el Se&ntilde;or va limpiando mis ojos para que puedan ver al Padre, a la Trinidad y a los hombres como &Eacute;l los ve y yo ya no medito ni reflexiono ni necesito libros en mis manos, simplemente contemplo, he pasado de la meditaci&oacute;n a la contemplaci&oacute;n y veo ya con su misma luz y amor y sentimientos. El Esp&iacute;ritu de amor, el Esp&iacute;ritu Santo me ha llevado a la oraci&oacute;n-contemplaci&oacute;n, ya no soy yo el que act&uacute;a y medita, simplemente contemplo lo que &Eacute;l me manifiesta y descubre, como en Pentecost&eacute;s a los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de haber estado y eschado al Se&ntilde;or, llegan a la verdad plena, a la contemplaci&oacute;n, no a lo que yo he sido capaz de ver y reflexionar. Pero para llegar aqu&iacute;, hay mucho que limpiar para ver a Dios y a los hermanos como &Eacute;l los ve y ama, para que mi coraz&oacute;n pueda ser morada de Dios Trinidad. Si &Eacute;l entra, si me voy vaci&aacute;ndo de mi mismo y le dejo entrar, &Eacute;l va poco a poco purificando todo, limpiando, sanando, alimentando y fortaleci&eacute;ndolo todo: criterios, afectos, desafectos, envidias, pero para eso, tengo que vaciarme de m&iacute; mismo, y esto aunque sea papa, obispo, sacerdote o religiosa. Y todo y siempre caminando por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n hasta llegar a esta uni&oacute;n total en Cristo, a la transformaci&oacute;n total en Cristo. Am&eacute;n, as&iacute; sea en todos nosotros. Y siempre por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n. ************************************* IV DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: 2 Cr&oacute;nicas 36,14-16. 19-23 Dios se mantiene fiel a la Alianza, aunque el pueblo la olvide y la rompa con frecuencia: &ldquo;Todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, seg&uacute;n las costumbre abominables de los gentiles y mancharon la casa del Se&ntilde;or&hellip;&rdquo;. Dios no se olvida de su pueblo y le env&iacute;a mensajeros: &ldquo;El Se&ntilde;or, Dios de sus padres, les envi&oacute; desde el principio avisos por medio de mensajeros&rdquo;. El pueblo de Israel no hace caso, es esclavizado por Nabucodonosor y desterrado a Babilonia. Los sufrimientos del destierro son el fuego purificador del pueblo infiel: el pueblo recapacita y se convierte. Dios es misericordioso y Ciro, rey pagano, es el elegido para devolver al pueblo elegido a Jerusal&eacute;n y edificar el nuevo templo de Yav&eacute;h. SEGUNDA LECTURA: Efesios 2, 4-10 Dios es amor y su amor se manifest&oacute; hacia nosotros en que nos am&oacute; a&uacute;n antes de que existi&eacute;ramos: &ldquo;Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am&oacute;&hellip;&rdquo;; es m&aacute;s, nos salv&oacute; en el Hijo y nos destin&oacute; a su felicidad: Dios nos am&oacute; gratuitamente en su Hijo: &ldquo;Estando nosotros muertos por el pecado, por pura gracia est&aacute;is salvados&hellip;&rdquo;. Nosotros no podemos dar nada a Dios que &Eacute;l no tenga, nos salva por amor gratuito; nada exist&iacute;a en nosotros que pudiera estimularle a salvarnos. As&iacute; es Dios. Y Pablo trata de que los Efesios correspondan a este amor gratuito y generoso de Dios. QUERIDAS HERMANAS Y HERMANOS: 1. En la primera lectura de este domingo vemos c&oacute;mo Dios ofreci&oacute; y otorg&oacute; a los jud&iacute;os poder salvarse de la muerte provocada por las picaduras de las serpientes venenosas en la traves&iacute;a por el desierto, mand&aacute;ndoles que elevaran una serpiente de cobre, para que todos la pudieran mirar, y los que lo hicieran quedar&iacute;an curados y salvados de la muerte. Este hecho no es m&aacute;s que una profec&iacute;a y una p&aacute;lida figura de la salvaci&oacute;n tra&iacute;da por Jes&uacute;s a toda la humanidad mediante su elevaci&oacute;n en la cruz, para que como dice san Pablo: &ldquo;para que todo el que cree en &Eacute;l tenga vida eterna&rdquo;. Cristo crucificado es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del amor de Dios por los hombres: &ldquo;tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio hijo&hellip;.Y contin&uacute;a el evangelio de hoy: &ldquo;Porque Dios no mand&oacute; a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por &Eacute;l&rdquo;. Yo quisiera que todos ahora, con nuestro amor y desde la fe, ador&aacute;semos y bes&aacute;semos a Cristo crucificado por nuestros pecados, para liberarnos de la muerte eterna. La santa cuaresma nos invita a mirar al crucificado, a celebrar el viacrucis y los hechos de la pasi&oacute;n, donde encontramos a un Dios que ama al hombre hasta dar la vida por &eacute;l para librarle de la muerte eterna y hacerle feliz. Lo expresa muy bien esa poes&iacute;a que los de mi tiempo aprend&iacute;amos en la escuelas de entonces y que os invito a rezarla, porque es una oraci&oacute;n de gratitud y amor a Cristo crucificado, que la mayor&iacute;a de vosotros sab&eacute;is, porque sois mayores: &ldquo; no me mueve mi Dios Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que es y significa, c&oacute;mo nos salv&oacute; en la cruz para que tuvi&eacute;ramos la felicidad eterna con &Eacute;l y con el Padre. Hermanos, que nadie dude que nadie dude del amor del Padre Dios y del Hijo, crucificado por nuestra salvaci&oacute;n : &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; (traicion&oacute;)a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en &Eacute;l&hellip;&rdquo; Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno. Da v&eacute;rtigo pensarlo. T&uacute; eres Dios, t&uacute; lo tienes todo, eres infinito amor, poder, felicidad, qu&eacute; te puede dar el hombre que t&uacute; no tengas&hellip; c&oacute;mo nos amas tanto&hellip; y adem&aacute;s, sab&iacute;as todos los olvidos, desprecios, ofensas del hombre. T&uacute; sab&iacute;as que muchos ni creer&iacute;an en tu Hijo ni en su gesto de amor y que incluso los creyentes algunos ser&iacute;an m&aacute;s de nombre que de verdad y de comportamiento. T&uacute; sab&iacute;as de mis negaciones y debilidades en reconocerle como Dios de mi vida y defenderle ante los hombres, como Pedro en la noche de la condena de Cristo, y sin embargo, nos amaste tanto que enviaste a tu hijo represent&aacute;ndote a ti para que no dud&aacute;semos jam&aacute;s de tu amor, para que nos abriera de la camino de la felicidad y el encuentro eterno contigo cerrado por nuestros pecados; y para que no tuvi&eacute;ramos dudas de tu verdad y amor entregaste al Hijo amado a la cruz para salvarnos a todos tus hijos, los hombres. Gracias, padre, te amo. Nosotros no sabemos amar as&iacute;. Eres un Dios infinito de amor, un padre inimaginable para nosotros. Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que significa, Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno, al hombre que no te puede dar nada que tu no tengas porque T&uacute; eres Dios y lo tienes todo. Y, sin embargo, T&uacute; sales siempre a nuestro encuentro para que una sola palabra nuestra, un gesto de humildad y arrepentimiento en nosotros provoque tu mirada misericordiosa, llena de amor y de perd&oacute;n, ganado totalmente como est&aacute;s por la obediencia hasta la muerte de tu Hijo amado. Padre bueno, conc&eacute;deme la gracia de reconocerme pecador y necesitado de la salvaci&oacute;n de Cristo crucificado por mis pecados; ens&eacute;&ntilde;ame a pararme delante de la cruz, contemplarla y ver en ella la mansedumbre, la humildad, la generosidad, el perd&oacute;n y el amor extremo del Padre y del Hijo por los hombres. Padre, ens&eacute;&ntilde;ame a mirar la cruz y contemplarla de tal manera que me sienta amado y salvado. Se&ntilde;or, que yo sea capaz de crucificarme en las cruces peque&ntilde;as de cada d&iacute;a, de amar a mis hermanos los hombres como T&uacute;, uni&eacute;ndome a Ti, para que me santifique y pueda salvar a los m&iacute;os, a los que me has confiado. Se&ntilde;or, todo esto te lo pido de verdad, son deseos sinceros de mi coraz&oacute;n, proposiciones de amor, que brotan en entrega y fidelidad desde el fondo de mi alma, porque te amo y quiero serte fiel y vivir en mi tu entrega de amor extremo por m&iacute; hasta la muerte. Ay&uacute;dame, Se&ntilde;or, a vivirlas. En Ti pongo mi esperanza. *************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.- En el Antiguo Testamento Dios permiti&oacute; que el pueblo elegido fuera esclavizado por los egipcios y destruida la ciudad santa de Jerusal&eacute;n, despu&eacute;s que se burlaron de los mensajeros que les envi&oacute;; no hicieron caso a sus palabras y se burlaron de sus amenazas. Esto es lo que nos dice la primera Lectura. Es una lecci&oacute;n dura para nosotros y una seria advertencia para todos los hombres. Un d&iacute;a puede colmarse la medida de la misericordia de Dios ante tanta dureza y frialdad de la humanidad para con &Eacute;l. Esto puede interpretarse tambi&eacute;n en clave personal: Dios me invita a la conversi&oacute;n, al sincero cumplimiento de su santa ley, de sus mandamientos. Abusando de la misericordia, me puedo encontrar con la justicia y la ira santa de Dios. Por no tener en cuenta este mensaje de la misericordia divina, puedo estar abusando de sus dones, no creyendo ni profesando de palabra y de obra el amor que le debo como criatura y redimida por su Hijo. &iquest;Temo a Dios? &iquest;Tengo un santo temor que me haga ser m&aacute;s respetuoso y obediente con su voluntad? &iquest; Me exijo y me obligo a ser mejor? &iquest;Estoy abusando del amor misericordioso de mi Padre Dios? Ser&iacute;a bueno en este momento echar una mirada sobre mi vida actual y examinar mis acciones e intenciones. Ver mi poca correspondencia al amor de Dios y mi poco inter&eacute;s en servirle y adorarle con mi vida, cumpliendo su voluntad hasta metas elevadas de mayor exigencia en mi seguimiento de Cristo en humildad, caridad, castidad, generosidad&hellip; 2.- En la segunda Lectura, San Pablo nos dice que ahora Dios s&oacute;lo castiga al hombre, despu&eacute;s de haber agotado para con &eacute;l los supremos recursos de su amor infinito: &ldquo;Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am&oacute;, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir en Cristo&rdquo; (Ef 2,4-5). Es &eacute;ste el gesto supremo de la misericordia divina; en lugar de castigar el pecado en el hombre ingrato y reincidente, los castig&oacute; en su Hijo Unig&eacute;nito, a fin de que creyendo en Cristo Crucificado se salve el hombre: &ldquo;Por pura gracia est&aacute;is salvados, &ndash; exclama San Pablo. Porque est&aacute;is salvados por su gracia y mediante la fe y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios&rdquo; (Ef 2, 5-8). Es un don absolutamente gratuito, que ninguna criatura habr&iacute;a podido nunca ni esperar ni merecer. Y sin embargo, desde hace dos mil a&ntilde;os este don ha sido otorgado a toda la humanidad y para beneficiarse de &eacute;l, el hombre no tiene m&aacute;s que creer en Cristo y adherirse a su evangelio. 3.- Tambi&eacute;n a los jud&iacute;os les hab&iacute;a ofrecido Dios dones gratuitos de Salvaci&oacute;n, como cuando para inmunizarse de las picaduras de las serpientes venenosas hab&iacute;a ordenado a Mois&eacute;s que elevara en el desierto una serpiente de cobre, para que todos la pudieran mirar, y los que lo hicieran quedar&iacute;an curados y salvados de la muerte. Este hecho no es m&aacute;s que una p&aacute;lida figura de la salvaci&oacute;n tra&iacute;da por Jes&uacute;s, que en su crucifixi&oacute;n fue elevado sobre la tierra &ldquo;para que todo el que cree en &Eacute;l tenga vida eterna&rdquo;. Y contin&uacute;a el evangelio de hoy: &ldquo;Porque Dios no mand&oacute; a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por &Eacute;l&rdquo;. Realmente si pens&aacute;ramos con m&aacute;s profundidad y frecuencia en el Crucificado y en lo que significa, qui&eacute;n le mand&oacute; salvarnos as&iacute;, c&oacute;mo le olvid&oacute; en aquellos momentos tan dur&iacute;simos para que pudiera sufrir, pensad que es su Padre y &Eacute;l es el Hijo amado infinitamente: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; (traicion&oacute;)a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en &Eacute;l&hellip;&rdquo; Por qu&eacute; tanto amor, Padre eterno. Da v&eacute;rtigo pensarlo. T&uacute; sab&iacute;as todos los olvidos, desprecios, ofensas del hombre. T&uacute; sab&iacute;as que muchos ni creer&iacute;an en Jes&uacute;s ni en su gesto de amor y que incluso los creyentes ser&iacute;an m&aacute;s de nombre que de verdad y de comportamiento, T&uacute; sab&iacute;as de mis negaciones y debilidades en reconocer y defenderle, como Pedro, y sin embargo, nos amaste tanto que entregaste al Hijo amado a la cruz para salvarnos a nosotros. Nosotros no sabemos amar as&iacute;. Eres un padre inimaginable para nosotros. Nos amas con amor infinito, incomprensible, apasionado. A todas horas, de la ma&ntilde;ana a la noche, piensas en cada uno de nosotros y tu cuidado y tu cari&ntilde;o es tan grande que no podemos escapar de &eacute;l. T&uacute; sales siempre a nuestro encuentro para que una sola palabra nuestra, un gesto de humildad y arrepentimiento en nosotros provoque tu mirada misericordiosa, llena de amor y de perd&oacute;n, ganado totalmente por la obediencia hasta la muerte de tu Hijo amado en la cruz. Y por &Eacute;l echas en olvido nuestras ofensas y pecados. Padre bueno, conc&eacute;deme la gracia de elevarme hasta Ti, para alabarte y adorarte por tu amor extremo manifestado en la muerte del Hijo amado; ens&eacute;&ntilde;ame a pararme delante de la cruz, contemplarla y ver en ella la mansedumbre, la humildad, la generosidad, el perd&oacute;n y el amor extremo del Padre y del Hijo por los hombres. Padre, ens&eacute;&ntilde;ame a mirar la cruz y contemplarla de tal manera que sepa ver en ella crucificado tambi&eacute;n el dolor y el desamor del que sufre por causa de la injusticia de otros por raz&oacute;n de raza, incultura, pobreza, enga&ntilde;o, rapi&ntilde;a de bienes; que al verte, sean capaces de unirse a Ti. Cristo fue crucificado injustamente, para que su dolor no quede vald&iacute;o, sino que sea santificador y salvador de toda la humanidad. Se&ntilde;or, que yo sea capaz de crucificarme en las cruces peque&ntilde;as de cada d&iacute;a, uni&eacute;ndome a Ti, para que me santifique y pueda salvar a los m&iacute;os. Se&ntilde;or, todo esto te lo pido de verdad, son deseos sinceros de mi coraz&oacute;n, proposiciones de amor, que espero conseguir con tu ayuda, pero que brotan en entrega y fidelidad desde el fondo de mi alma, porque te amo y quiero serte fiel y vivir en mi tu entrega de amor extremo por m&iacute; hasta la muerte. Ay&uacute;dame, Se&ntilde;or, a vivirlas. En Ti pongo mi esperanza. Resumiendo: 1.- No abusar de la misericordia divina; 2.- Creer y vivir en la seguridad de que Dios nos ama y nos perdona, pero tenemos que pedir este perd&oacute;n reconociendo que somos pecadores, y 3.- Mirar con m&aacute;s frecuencia y amor al Crucificado y tratar de seguirle para sentir su amor y salvaci&oacute;n en nosotros. ******************************** QUERIDOS HERMANOS: S. Juan, que estuvo junto a Cristo en la cruz, resumi&oacute; todo este misterio de dolor y de entrega total de Dios y de Cristo a los hombres en estas palabras que hemos le&iacute;do en el evangelio de hoy : &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre, que entreg&oacute; a su propio Hijo para que no perezca ninguno de los creen en el&rdquo;(Jn 3,16). No le entra en la cabeza que Dios ame as&iacute; al hombre hasta este extremo. Y realmente, en el momento cumbre de la vida de Cristo, que es su pasi&oacute;n y muerte, esta realidad de crudeza impresionante es percibida por S. Pablo como plenitud de amor y totalidad de entrega dolorosa y extrema. Al contemplar a Cristo doliente y torturado, no puede menos de exclamar: &lsquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo; Por eso, S. Pablo, que lo considera &lsquo;&lsquo;todo basura y esti&eacute;rcol, comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo;, llegar&aacute; a decir: &lsquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste, crucjficado...&rdquo; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;, y mientras vivo en esta carne&hellip; Queridos hermanos, qu&eacute; ser&aacute; el hombre, qu&eacute; encerrar&aacute; en su realidad para el mismo Dios que lo crea.... qu&eacute; ser&eacute; yo, qu&eacute; ser&aacute;s t&uacute;, y todos los hombres, pero qu&eacute; ser&aacute; el hombre para Dios, que lo crea por puro amor, &ldquo;Dios es amor.. en esto consiste el amor&hellip;&rdquo; y no le abandona ni ca&iacute;do y no le deja postrado en su muerte pecadora. Yo creo que Dios se ha pasado con nosotros. &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre que entreg&oacute; a su propio Hijo&rdquo; Porque no hay justicia. No me dig&aacute;is que Dios fue justo. Cay&oacute; el &aacute;ngel, cay&oacute; el hombre. Para el hombre hubo un redentor, su propio Hijo, para el &aacute;ngel no hubo redentor. Por qu&eacute; para nosotros s&iacute; y para ellos no. D&oacute;nde est&aacute; la igualdad, qu&eacute; ocurre aqu&iacute;.... es el misterio de predilecci&oacute;n de amor de Dios por el hombre. &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al hombre, que... &rdquo; Por esto, Cristo crucificado es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del amor del Padre y del Hijo: &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos &ldquo;y Cristo la dio por todos nosotros. Este Dios infinito, lleno de compasi&oacute;n y ternura por el hombre, vi&eacute;ndole ca&iacute;do y alejado para siempre de su proyecto de felicidad, entra dentro de s&iacute; mismo, y mirando todo su ser, que es amor tambi&eacute;n misericordioso, y toda su sabidur&iacute;a y todo su poder, descubre un nuevo proyecto de salvaci&oacute;n, que a nosotros nos escandaliza, porque en &eacute;l abandona a su propio Hijo, prefiri&oacute; en ese momento el amor a los hombres al de su Hijo. No tiene nada de particular que la Iglesia, al celebrar este misterio en su liturgia, lo exprese admirativamente casi con una blasfemia: &laquo;ofelix culpa...&rdquo; oh feliz culpa, que nos ha merecido un tal Salvador. Esto es blasfemo, la liturgia ha perdido la cabeza, oh feliz pecado, pero c&oacute;mo puede decir esto, d&oacute;nde est&aacute; la prudencia y la moderaci&oacute;n de las palabras sagradas, llamar cosa buena al pecado, oh feliz culpa, que nos ha merecido un tal salvador, un proyecto de amor todav&iacute;a m&aacute;s lleno de amor y condescendencia divina y plenitud que el primero. Cuando en los d&iacute;as de la Semana Santa, leo la Pasi&oacute;n o la contemplo en las procesiones, que son una catequesis puesta en acci&oacute;n, me conmueve ver pasar a Cristo junto a m&iacute;, escupido, abofeteado, triturado... Y siempre me pregunto lo mismo: por qu&eacute;, Se&ntilde;or, por qu&eacute; fue necesario tanto sufrimiento, tanto dolor, tanto escarnio... Fue necesario para que el hombre nunca pueda dudar de la verdad del amor de Dios. No los ha dicho hoy en su evangelio San Juan: &lsquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio Hijo&rdquo; Por todo esto, cuando miro al Sagrario y descubro ese amor, y veo que es verdad, sigue siendo verdad porque la santa misa no es otra cosa que hacer presente ese amor, esa entrega y ese sacrificio, cuando durante la santa misa y la comuni&oacute;n el Se&ntilde;or me explica todo lo que nos ama y sufri&oacute; por m&iacute; y por todos, desde la Encarnaci&oacute;n hasta su Resurrecci&oacute;n, yo solo veo una cosa: amor, amor loco de Dios al hombre. Jesucristo, la Eucarist&iacute;a, Jesucristo Eucarist&iacute;a, Jesucristo en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a es Dios personalmente amando locamente a los hombres. Este es el &uacute;nico sentido de su vida, desde la Encarnaci&oacute;n hasta la muerte y la resurrecci&oacute;n, que se hacen presentes en cada misa.. el Cristo polvoriento y jadeante de los caminos de Palestina, que no tiene tiempo a veces ni para comer ni descansar, el Cristo de la Samaritana, a la que va a buscar y se sienta agotado junto al pozo porque tiene sed de su alma, en el Cristo de la ad&uacute;ltera, de Zaqueo... solo veo amor; y como aquel es el mismo Cristo del sagrario, en el sagrario solo veo amor, amor extremo, apasionado, ofreci&eacute;ndose sin imponerse, hasta dar la vida en silencio y olvidos, solo amor Y todav&iacute;a este coraz&oacute;n m&iacute;o, tan sensible para otros amores y otros afectos y otras personas, tan sentido en las penas propias y ajenas, no se va a conmover ante el amor tan &ldquo;lastimado&rdquo; de Dios, de mi Cristo.. .tan duro va a ser para su Dios Se&ntilde;or y tan sensible para los amores humanos. Dios m&iacute;o, pero qui&eacute;n y qu&eacute; soy yo, qu&eacute; es el hombre, para que le busques de esta manera; qu&eacute; puede darte el hombre que T&uacute; no tengas, qu&eacute; buscas en m&iacute;, qu&eacute; ves en nosotros para buscamos as&iacute;... .no lo comprendo, no me entra en la cabeza. Cristo, quiero amarte, amarte de verdad, ser todo y s&oacute;lo tuyo, porque nadie me ha amado como T&uacute;. Ay&uacute;dame. Aumenta mi fe, mi amor, mi deseo de T&iacute;. Se&ntilde;or, T&uacute; lo sabes todo, T&uacute; sabes que te amo. Se&ntilde;or, dime qu&eacute; soy yo para ti, qu&eacute; es el hombre para tu Padre. Dios m&iacute;o, quiero amarte. Quiero corresponder a tanto amor y quiero que me vayas explicando desde tu presencia en el sagrario, por qu&eacute; tanto amor del Padre, porque T&uacute; eres el &uacute;nico que puedes explic&aacute;rmelo, el &uacute;nico que lo comprendes, porque ese amor te ha herido y llagado, lo has sentido, T&uacute; eres ese amor hecho carne y hecho pan, T&uacute; eres el &uacute;nico que lo sabes, porque te entregaste totalmente a &eacute;l y lo abrazaste y te empuj&oacute; hasta dar la vida y yo necesito saberlo, para corresponder y no decepcionar a un Dios tan generoso y tan bueno, al Dios m&aacute;s grande, al Dios revelado por Jesucristo, en su persona, palabras y obras, un Dios que me quiere de esta forma tan extremada. Se&ntilde;or, si t&uacute; me predicas y me pides tan dram&aacute;ticamente, con tu vida y tu muerte y tu palabra, mi amor para el Padre, si el Padre lo necesita y lo quiere tanto, como me lo ha demostrado, no quiero fallarle, no quiero faltar a un Dios tan bueno, tan generoso y si para eso tengo que mortificar mi cuerpo, mi inteligencia, mi voluntad, para adecuarlas a su verdad y su amor, purifica cuanto quieras y como quieras, que venga abajo mi vida, mis ideales ego&iacute;stas, mis cargos y honores... .s&oacute;lo quiero ser de un Dios que ama as&iacute;. Toma mi coraz&oacute;n, purif&iacute;calo de tanto ego&iacute;smo, de tanta suciedad, de tanto yo, de tanta carne pecadora, de tanto afecto desordenado..., pero de verdad. Quiero amarte de verdad, quiero serlo todo para ti. ***************************************** V DOMINGO DE CUARESMA PRIMERA LECTURA: Jerem&iacute;as 31, 31-34 Yav&eacute;h e Israel se re&uacute;nen para hacer una Nueva Alianza, porque el pueblo ha roto el pacto antiguo, a pesar de que Yav&eacute;h ha permanecido fiel a este pacto y no ha cesado de perdonarlos, olvidando sus pecados: &ldquo;cuando perdone sus cr&iacute;menes y no recuerde sus pecados&rdquo;. Para esta vuelta a Dios, Israel debe convertirse, debe interiorizar la ley, debe meterla en su coraz&oacute;n. Para eso su Dios le facilitar&aacute; el camino, porque le tomar&aacute; de la mano y les dar&aacute; la fuerza para hacerlo. Dios llegar&aacute; a su intimidad, al interior de cada hombre, para que no necesiten salir fuera a buscarle en el templo, o en los sacerdotes o en el rey que no tienen; Dios realizar&aacute; esta Nueva Alianza en el coraz&oacute;n de los hombres y la ruptura terminar&aacute;. Esta Nueva Alianza se realiza por Jes&uacute;s, que nos dio su Esp&iacute;ritu. SEGUNDA LECTURA: Hebreos 5, 7-9 En la carta a los Hebreos San Pablo vuelve sobre el tema de la Nueva Alianza, describiendo de un modo viv&iacute;simo los sufrimientos y las angustias de Cristo en Getseman&iacute; y en toda la pasi&oacute;n y muerte, &ldquo;cuando con gritos y l&aacute;grimas present&oacute; oraciones y s&uacute;plicas al que pod&iacute;a salvarlo de la muerte&rdquo;. Siendo Hijo de Dios, no ten&iacute;a necesidad alguna de someterse a la muerte ni de obedecer a trav&eacute;s del sufrimiento, pero abraz&oacute; ambas cosas &ldquo;para convertirse en autor de salvaci&oacute;n eterna para todos lo que le obedecen&rdquo;. La Pasi&oacute;n revela el amor extremo del Padre y del Hijo a los hombres. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 11,1-45 Domingo V de Cuaresma B Queridos hermanos y hermanas: Ya dijimos, al comenzar este tiempo santo, que la Cuaresma es un camino hacia la Pascua; la Cuaresma no tiene otro sentido ni otra finalidad que prepararnos para vivir cristiana y fructuosamente la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y as&iacute; resucitar con Cristo a la nueva vida de la gracia y amistad con Dios en este mundo y luego eternamente. Por eso, a medida que nos acercamos al final de la misma van adquiriendo m&aacute;s relevancia y presencia estos misterios. Ya se anunciaban estos misterios con las palabras de Cristo en el &uacute;ltimo domingo: &ldquo;Lo mismo que Mois&eacute;s elev&oacute; la serpiente en el desierto, as&iacute; tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en &eacute;l tenga vida eterna&rdquo;; &ldquo;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo reedificar&eacute;&hellip;&eacute;l lo dec&iacute;a del templo de su cuerpo&rdquo;. Estamos ya en el quinto domingo de Cuaresma. El pr&oacute;ximo ser&aacute; el domingo de Ramos o de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or; es el comienzo de la Semana Santa por excelencia de la Iglesia. Cristo advierte claramente el sentido redentor de su muerte al decir en este evangelio: &ldquo;Os seguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muerte da mucho fruto&rdquo;. Cristo Jes&uacute;s, al morir como el grano de trigo que cae en tierra, da el fruto de la salvaci&oacute;n de los hombres con Dios por su sangre y obediencia hasta la muerte, que, por la resurrecci&oacute;n, le convertir&aacute; en Se&ntilde;or de una nueva alianza para cuantos creen en &eacute;l: &ldquo;A quien me sirva, mi Padre le premiar&aacute;&rdquo;. El evangelio de hoy empieza, sin embargo, con un ruego a los gentiles, que nosotros debemos hacerlo nuestro: &ldquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&rdquo; En la Enc&iacute;clica Novo Millennio Ineunte trae el Papa Juan Pablo II un comentario muy oportuno que quiero meditar hoy con vosotros; nos viene a decir el Papa lo que repetir&eacute; toda mi vida: para ver y contemplar el rostro de Cristo el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n, hay que retirarse sobre todo ante el Sagrario en ratos de oraci&oacute;n para encontrarse con el Se&ntilde;or, hay que orar. La oraci&oacute;n-conversi&oacute;n es el camino absolutamente necesario para ver el rostro de Cristo, para sentir a Cristo y gozarlo. Dice el Papa: n&ordm;16. &laquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&raquo; (Jn 12,21). Esta petici&oacute;n, hecha al ap&oacute;stol Felipe por algunos griegos que hab&iacute;an acudido a Jerusal&eacute;n para la peregrinaci&oacute;n pascual, ha resonado tambi&eacute;n espiritualmente en nuestros o&iacute;dos&hellip; Como aquellos peregrinos de hace dos mil a&ntilde;os, los hombres de nuestro tiempo, quiz&aacute;s no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no s&oacute;lo que &laquo;hablen&raquo; de Cristo, sino en cierto modo hac&eacute;rselo &laquo;ver&raquo;, repito, no solo hablen de Cristo sino hacerselo ver&hellip; &iquest;Y no es este el cometido princiipal de la Iglesia de todos los tiempos reflejar la luz de Cristo en cada &eacute;poca de la historia y hacer resplandecer tambi&eacute;n su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio ser&iacute;a, adem&aacute;s, enormemente deficiente si nosotros no fu&eacute;semos los primeros contempladores de su rostro&hellip; nos dice el Papa&hellip; Queridos hermanos, sabiendo esto cuando pido por las vocaciones hay una petici&oacute;n que siempre hago en silencio porque s&eacute; que podr&iacute;a molestar. La primera me la hab&eacute;is o&iacute;do muchas veces: que en el mundo haya padres, sobre todo madres verdaderamente cristianas, porque entonces a trav&eacute;s de ellas Dios siembra la vocaci&oacute;n en los hijos, los padres, sobre todo las madres cristianas son semilleros de vocacione por su amor a Cristo. La segunda petici&oacute;n es que los sacerdotes y religiosas vivamos con tal amor y entusiasmo y gozo nuestra vocaci&oacute;n que la contagiemos sobre todo los j&oacute;venes con solo escucharnos,; a mi me parece que a la Iglesia de hoy le falta en gran parte este gozo y esta vivencia de su vocaci&oacute;n sacerdotal o religiosa. Y sigue el Papa en el n&ordm;20 y con esto termino. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; Pedro a esta fe? &iquest;Y qu&eacute; se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez m&aacute;s convencido sus pasos? Mateo nos da una indicaci&oacute;n clarificadora en las palabras con que Jes&uacute;s acoge la confesi&oacute;n de Pedro: &laquo;No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en los cielos)) (16,17). La expresi&oacute;n &laquo;carne y sangre&raquo; evoca al hombre y el modo com&uacute;n de conocer. Esto, en el caso de Jes&uacute;s, no basta. Es necesaria una gracia de &laquo;revelaci&oacute;n&raquo; que viene del Padre (cf. ibid.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma direcci&oacute;n, haciendo notar que este di&aacute;logo con los disc&iacute;pulos se desarroll&oacute; mientras Jes&uacute;s &laquo;estaba orando a solas&raquo; Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplaci&oacute;n plena del rostro del Se&ntilde;or no llegamos s&oacute;lo con nuestras fuerzas, sino dej&aacute;ndonos guiar por la gracia. S&oacute;lo la experiencia del silencio de la oraci&oacute;n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m&aacute;s aut&eacute;ntico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresi&oacute;n culminante en la solemne proclamaci&oacute;n del evangelista Juan: &laquo;Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad&raquo; (Jn 1,14). /// *************************************** /// En la Enc&iacute;clica Novo Millennio Ineunte trae el Papa Juan Pablo II un comentario muy oportuno. Dice as&iacute;: CAP&Iacute;TULO II UN ROSTRO PARA CONTEMPLAR 16. &laquo;Queremos ver a Jes&uacute;s&raquo; (Jn 12,21). Esta petici&oacute;n, hecha al ap&oacute;stol Felipe por algunos griegos que hab&iacute;an acudido a Jerusal&eacute;n para la peregrinaci&oacute;n pascual, ha resonado tambi&eacute;n espiritualmente en nuestros o&iacute;dos&hellip; Como aquellos peregrinos de hace dos mil a&ntilde;os, los hombres de nuestro tiempo, quiz&aacute;s no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no s&oacute;lo &laquo;hablen&raquo; de Cristo, sino en cierto modo hac&eacute;rselo &laquo;ver&raquo;. &iquest;Y no es quiz&aacute; cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada &eacute;poca de la historia y hacer resplandecer tambi&eacute;n su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio ser&iacute;a, adem&aacute;s, enormemente deficiente si nosotros no fu&eacute;semos los primeros contempladores de su rostro&hellip; El testimonio de los Evangelios 17.- La contemplaci&oacute;n del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de &eacute;l dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, est&aacute; impregnada de este misterio, se&ntilde;alado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que San Jer&oacute;nimo afirma con vigor: &laquo;Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo&raquo; Teniendo como fundamento la Escritura, nos abrimos a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu (cf. Jn 15,26), que es el origen de aquellos escritos, y, a la vez, al testimonio de los Ap&oacute;stoles (cf. ibid., 27), que tuvieron la experiencia viva de Cristo, la Palabra de vida, lo vieron con sus ojos, lo escucharon con sus o&iacute;dos y lo tocaron con sus manos (cf. 1 Jn 1,1). Lo que nos ha llegado por medio de ellos es una visi&oacute;n de fe, basada en un testimonio hist&oacute;rico preciso. Es un testimonio verdadero que los Evangelios, no obstante su compleja redacci&oacute;n y con una intenci&oacute;n primordialmente catequ&eacute;tica, nos transmitieron de una manera plenamente comprensible. 18. En realidad los Evangelios no pretenden ser una biografia completa de Jes&uacute;s seg&uacute;n los c&aacute;nones de la ciencia hist&oacute;rica moderna. Sin embargo, de ellos emerge el rostro del Nazareno con un fundamento hist&oacute;rico seguro, pues los evangelistas se preocuparon de presentarlo recogiendo testimonios fiables (cf. Lc 1,3) y trabajando sobre documentos sometidos al atento discernimiento eclesial. Sobre la base de estos testimonios iniciales ellos, bajo la acci&oacute;n iluminada del Esp&iacute;ritu Santo, descubrieron el dato humanamente desconcertante del nacimiento virginal de Jes&uacute;s de Mar&iacute;a, esposa de Jos&eacute;. De quienes lo hab&iacute;an conocido durante los casi treinta a&ntilde;os transcurridos por &eacute;l en Nazaret (cf. Lc 3,23), recogieron los datos sobre su vida de &laquo;hijo del carpintero&raquo; (Mt 13,55) y tambi&eacute;n como &laquo;carpintero&raquo;, en medio de sus parientes (cf. Mc 6,3). Hablaron de su religiosidad, que lo mov&iacute;a a ir con los suyos en peregrinaci&oacute;n anual al templo de Jerusal&eacute;n (cf. Lc 2,41) y sobre todo porque acud&iacute;a de forma habitual a la sinagoga de su ciudad (cf. Lc 4,16). Despu&eacute;s los relatos ser&aacute;n m&aacute;s extensos, aun sin ser una narraci&oacute;n org&aacute;nica y detallada, en el per&iacute;odo del ministerio p&uacute;blico, a partir del momento en que el joven galileo se hace bautizar por Juan Bautista en el Jord&aacute;n y, apoyado por el testimonio de lo alto, con la conciencia de ser el &laquo;Hijo amado&raquo; (cf. Lc 3,22), inicia su predicaci&oacute;n de la venida del Reino de Dios, ense&ntilde;ando sus exigencias y su fuerza mediante palabras y signos de gracia y misericordia. Los Evangelios nos lo presentan as&iacute; en camino por ciudades y aldeas, acompa&ntilde;ado por doce Ap&oacute;stoles elegidos por &Eacute;l (cf. Mc 3,13-19), por un grupo de mujeres que los ayudan (cf. Lc 8,2-3), por muchedumbres que lo buscan y lo siguen, por enfermos que imploran su poder de curaci&oacute;n, por interlocutores que escuchan, con diferente eco, sus palabras. La narraci&oacute;n de los Evangelios coincide adem&aacute;s en mostrar la creciente tensi&oacute;n que hay entre Jes&uacute;s y los grupos dominantes de la sociedad religiosa de su tiempo, hasta la crisis final, que tiene su ep&iacute;logo dram&aacute;tico en el G&oacute;lgota. Es la hora de las tinieblas, a la que seguir&aacute; una nueva, radiante y definitiva aurora. En efecto, las narraciones evang&eacute;licas terminan mostrando al Nazareno victorioso sobre la muerte, se&ntilde;alan la tumba vac&iacute;a y lo siguen en el ciclo de las apariciones, en las cuales los disc&iacute;pulos, perplejos y at&oacute;nitos antes, llenos de indecible gozo despu&eacute;s, lo experimentan vivo y radiante, y de &Eacute;l reciben el don del Esp&iacute;ritu Santo (cf. Jn 20,22) y el mandato de anunciar el Evangelio a &laquo;todas las gentes&raquo; (Mt 28,19). El camino de la fe 19. &laquo;Los disc&iacute;pulos se alegraron de ver al Se&ntilde;or&raquo; (Jn 20,20). El rostro que los Ap&oacute;stoles contemplaron despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n era el mismo de aquel Jes&uacute;s con quien hab&iacute;an vivido unos tres a&ntilde;os, y que ahora los convenc&iacute;a de la verdad asombrosa de su nueva vida mostr&aacute;ndoles &laquo;las manos y el costado&raquo; (ibid.). Ciertamente no fue f&aacute;cil creer. Los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s creyeron s&oacute;lo despu&eacute;s de un laborioso itinerario del esp&iacute;ritu (cf. Lc 24,13-35). El ap&oacute;stol Tom&aacute;s crey&oacute; &uacute;nicamente despu&eacute;s de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, s&oacute;lo la fe pod&iacute;a franquear el misterio de aquel rostro. &Eacute;sta era una experiencia que los disc&iacute;pulos deb&iacute;an haber hecho ya en la vida hist&oacute;rica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sent&iacute;an interpelados por sus gestos y por sus palabras. A Jes&uacute;s no se llega verdaderamente m&aacute;s que por la fe, a trav&eacute;s de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los disc&iacute;pulos, como haciendo un primer balance de su misi&oacute;n, Jes&uacute;s les pregunta qui&eacute;n dice la &laquo;gente&raquo; que es &eacute;l, recibiendo como respuesta: &laquo;Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que Jerem&iacute;as o uno de los profetas&raquo; (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante a&uacute;n &mdash;jy cu&aacute;nto!&mdash; de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensi&oacute;n religiosa realmente excepcional de este rabb&iacute; que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad &iexcl;Jes&uacute;s es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que ata&ntilde;e al nivel profundo de su persona, lo que &Eacute;l espera de los &laquo;suyos&raquo;: &laquo;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&raquo; (Mt 16,15). S&oacute;lo la fe profesada por Pedro, y con &eacute;l por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al coraz&oacute;n, yendo a la profundidad del misterio: &laquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&raquo; (Mt 16,16). 20. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; Pedro a esta fe? &iquest;Y qu&eacute; se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez m&aacute;s convencido sus pasos? Mateo nos da una indicaci&oacute;n clarificadora en las palabras con que Jes&uacute;s acoge la confesi&oacute;n de Pedro: &laquo;No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en los cielos)) (16,17). La expresi&oacute;n &laquo;carne y sangre&raquo; evoca al hombre y el modo com&uacute;n de conocer. Esto, en el caso de Jes&uacute;s, no basta. Es necesaria una gracia de &laquo;revelaci&oacute;n&raquo; que viene del Padre (cf. ibid.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma direcci&oacute;n, haciendo notar que este di&aacute;logo con los disc&iacute;pulos se desarroll&oacute; mientras Jes&uacute;s &laquo;estaba orando a solas&raquo; Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplaci&oacute;n plena del rostro del Se&ntilde;or no llegamos s&oacute;lo con nuestras fuerzas, sino dej&aacute;ndonos guiar por la gracia. S&oacute;lo la experiencia del silencio de la oraci&oacute;n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m&aacute;s aut&eacute;ntico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresi&oacute;n culminante en la solemne proclamaci&oacute;n del evangelista Juan: &laquo;Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo &uacute;nico, lleno de gracia y de verdad&raquo; (Jn 1,14). /// ********************************************* DOMINGO DE RAMOS EN LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Isa&iacute;as 50, 4-7 Est&aacute; tomada del tercer canto del Siervo de Yav&eacute;h. Capacita al siervo para cumplir su misi&oacute;n como consolador de los abatidos. &Eacute;l est&aacute; siempre a la escucha de lo que Dios habla. La salvaci&oacute;n que traer&aacute; consolar&aacute; a los que sufren, les ayudar&aacute; a confiar en Dios por encima de todas las pruebas, aceptando la propia muerte, sin revelarse contra Dios. Esta profec&iacute;a explica perfectamente la pasi&oacute;n y muerte de Cristo. Los cristianos acudieron a ella para explicar los primeros sufrimientos y persecuciones. Al final, la confianza salva al Siervo. SEGUNDA LECTURA: Filipenses 2,6-11 Esta Lectura es un himno primitivo que canta el Misterio de la Encarnaci&oacute;n, afirmando la existencia divina de Cristo, que, en su vida humana, no deslumbr&oacute; por su atributos divinos y el esplendor de su gloria infinita, sino que se singulariz&oacute; por su humildad y servicio a todos los hombres, manifestado en su amor extremo, que le llev&oacute; a la pasi&oacute;n y la muerte, para ganarlos para Dios. El Padre acept&oacute; su sacrificio por los hombres y le resucit&oacute; y le volvi&oacute; a su gloria y esplendor primero, sent&aacute;ndolo a su derecha como Dios-hombre y recibiendo el nombre de Se&ntilde;or. Dif&iacute;cilmente se puede decir m&aacute;s y mejor de Jesucristo. ************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Con el Domingo de Ramos, con la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n a lomos de la borriquita, comenzamos la Semana Santa, la semana en que celebramos anualmente los misterios centrales de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrecci&oacute;n de Jesucristo. Hemos venido prepar&aacute;ndonos durante la cuaresma (40 d&iacute;as) y lo celebraremos durante el tiempo pascual (50 d&iacute;as), para rematar en Pentecost&eacute;s con la venida del Esp&iacute;ritu Santo. En este domingo aparece Jes&uacute;s que camina libremente hacia la muerte. &ldquo;Nadie me quita la vida, la doy yo libremente&rdquo; (Jn 10,18). Jes&uacute;s no es sorprendido por lo que le viene encima, sino que lo conoce y desea que se cumpla. &ldquo;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer&rdquo; (Lc 22,15). Llama la atenci&oacute;n la libertad con la que Jes&uacute;s se enfrenta a su muerte redentora. M&aacute;s que un reo, aparece como un juez poderoso, due&ntilde;o de la situaci&oacute;n. El secreto de todo ello est&aacute; en el amor que mueve su coraz&oacute;n. Jes&uacute;s no va a la muerte a empujones o a la fuerza, va libremente, como libre es el amor que le acompa&ntilde;a. Amor al Padre, al que se entrega en obediencia amorosa. Jes&uacute;s conoce el plan redentor de su Padre Dios y ha entrado de lleno en esa voluntad de salvar a todos, entreg&aacute;ndose a la muerte. Su obediencia es un acto de amor y la ofrenda de su vida tiene ante todo esa direcci&oacute;n vertical de darle a su Padre lo que se merece, y lo que tantas veces los humanos le hemos robado por el pecado. Y amor a los hombres, por los que se entrega voluntariamente en actitud de servicio, ocupando el &uacute;ltimo puesto, para que nosotros recuperemos la dignidad de hijos de Dios. Los sufrimientos de la pasi&oacute;n que le viene encima ser&aacute;n terribles. Sufrimientos f&iacute;sicos: azotes, corona de espinas, clavado en cruz, sed agotadora, muerte por asfixia. Sufrimientos sicol&oacute;gicos: humillaci&oacute;n, tremenda humillaci&oacute;n. Es tratado como un malhechor, siendo el hijo de Dios. Sometido a una sentencia injusta, &eacute;l no abri&oacute; la boca. Tremendamente llamativo el silencio de Jes&uacute;s a lo largo de la pasi&oacute;n. &ldquo;Jes&uacute;s, sin embargo, callaba&rdquo; (Mt 26,62), recordando al Siervo de Yav&eacute;, que iba mudo como cordero llevado al matadero. Pero lo m&aacute;s misterioso es ese silencio de Dios, que le hace gritar a Jes&uacute;s: &ldquo;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?&rdquo;(Mt 27, 46). Dios Padre no abandon&oacute; nunca a su Hijo, y bien lo sab&iacute;a Jes&uacute;s que el Padre nunca le abandona. Sin embargo, la zona inferior de su humanidad se sinti&oacute; desgarrada ya desde la oraci&oacute;n en el huerto. Jes&uacute;s quiso tocar de esta manera tantas situaciones humanas donde se palpa el silencio de Dios. Y es que todo ese sufrimiento humano, que muchas personas arrastran en su vida es peor que la muerte. Y Jes&uacute;s ha pasado por ese trago, para que cuando nos toque pasarlo a nosotros no nos sintamos solos. Ha sido muy honda la humillaci&oacute;n y el descenso hasta lo m&aacute;s inferior. Y es que ser&aacute; muy grande la exaltaci&oacute;n por la resurrecci&oacute;n. Bien lo expresa el himno que cantamos en la liturgia y que ya cantaban aquellos primeros cristianos como respuesta a la predicaci&oacute;n de los ap&oacute;stoles, y concretamente a la predicaci&oacute;n del ap&oacute;stol Pablo. &ldquo;Cristo, siendo de condici&oacute;n divina... se despoj&oacute; de su rango, obediente hasta la muerte de Cruz. Por eso, Dios lo exalt&oacute; sobre todo&rdquo; (Flp 2, 6-11). Queridos hermanos y hermanas: Entremos con Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, aclam&eacute;mosle con palmas y ramos, uni&eacute;ndonos al griter&iacute;o de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes que le aclaman como rey: &ldquo;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or&rdquo;. Participemos, pues, en la liturgia de estos d&iacute;as santos. La Misa Crismal del martes, donde se consagra el santo Crisma para los sacramentos y los sacerdotes renuevan sus promesas (invitados tambi&eacute;n especialmente los que se van a confirmar). Especialmente participemos en la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica del triduo pascual, jueves santo en la tarde, viernes y vigilia pascual. Y, si le acompa&ntilde;amos en la muerte, tendremos parte en la alegr&iacute;a de su resurrecci&oacute;n. Las procesiones de Semana Santa sean todas expresi&oacute;n de este acompa&ntilde;amiento a Jes&uacute;s que camina libre hacia la muerte para llevarnos a todos a la resurrecci&oacute;n de una nueva vida. Santa Semana para todos y feliz Pascua de resurrecci&oacute;n. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. ******************************************* PASI&Oacute;N DE N.S. JESUCRISTO HOMILIA: QUERIDOS HERMANOS: Se abre la Semana Santa con este recuerdo de la entrada triunfal de Cristo en Jerusal&eacute;n, que se verific&oacute; exactamente el domingo de Ramos antes de su pasi&oacute;n. El domingo de Ramos, que estamos celebrando, es el p&oacute;rtico grande de esta semana mayor de la Iglesia, en la que celebramos los misterios m&aacute;s grandes de nuestra fe cristiana: -- el Jueves Santo es el d&iacute;a de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a: &ldquo;este es mi cuerpo&hellip;, y d&iacute;a de la instituci&oacute;n del Sacerdocio: &ldquo;haced&hellip; -- d&iacute;a del mandato nuevo: Amaos los unos a los otros&hellip;; -- el Viernes Santo es el d&iacute;a de la pasi&oacute;n y de muerte del Se&ntilde;or; -- para terminar en el domingo que es el domingo primero y origen de todos los domingos, o Pascua de Resurrecci&oacute;n, en la que celebramos la Resurrecci&oacute;n de Cristo, que es tambi&eacute;n la nuestra, hacia donde todos los cristianos se encaminan, para la cual nos preparamos durante la Cuaresma y que es el fin de toda la Semana Santa, fundamento de nuestra fe en Jesucristo: Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres y principio y fin de toda la vida cristiana. La Resurrecci&oacute;n de Cristo es la prueba suprema de su divinidad, de su vida y misi&oacute;n salvadora y fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna, y repito: centro y culmen de toda la semana santa, de toda la vida y misi&oacute;n de Cristo y certeza de nuestra resurrecci&oacute;n. Y con creer y esperar y pedir esto est&aacute; ya toda la raz&oacute;n de nuestro ser y existir. 1.- Por eso, Jes&uacute;s es y tiene que ser el protagonista de toda la Semana Santa en la iglesia, empezando por este domingo de Ramos, celebrado en las iglesias y no en las procesiones y dem&aacute;s, porque esto es un sacramento de Cristo y aquello son actos piadosos del pueblo cristiano. No es que yo est&eacute; en contra, pero la misa de hoy y de estos d&iacute;as es m&aacute;s importante que las procesiones y dem&aacute;s actos que se puedan hacer. La semana santa aut&eacute;ntica y sacramental se celebra en las iglesias. Y para celebrar todos estos misterios, es necesario que est&eacute; presente el que los realiz&oacute; entonces y siempre, Jesucristo. Por eso es bueno y necesario venir a la iglesia estos d&iacute;as para celebrar con Cristo, por medio del sacerdote que le representa, estos misterios de nuestra salvaci&oacute;n y de nuestros hijos, a los que tenemos que hablarles de esto. Ya s&eacute; que lo hac&eacute;is y lo dif&iacute;cil que lo est&aacute; poniendo esta sociedad, pero yo como sacerdote y en nombre de Cristo tengo el deber de proclamarlo. Os espero en las celebraciones lit&uacute;rgicas de la iglesia. El Se&ntilde;or os espera. El Se&ntilde;or vendr&aacute; y har&aacute; presente todos estos misterios el Jueves y Viernes santo, sobre todo, la Vigilia y Domingo de Resurrecci&oacute;n para decirnos que somos eternos, que &Eacute;l ha vencido la muerte para que todos tengamos vida eterna y de gozo celestial en el cielo para siempre, para siempre, eternamente. As&iacute; sea y lo espero de todos. Pero mirad Jes&uacute;s, que se hab&iacute;a opuesto siempre a toda manifestaci&oacute;n p&uacute;blica y que huy&oacute; cuando el pueblo quiso proclamarlo rey, hoy se deja llevar en triunfo, en un humilde asno. Ahora que est&aacute; a punto de ser llevado a la muerte, acepta su aclamaci&oacute;n p&uacute;blica como Mes&iacute;as. Acepta ser reconocido como Rey, pero como un Rey con caracter&iacute;sticas inconfundibles: humilde y manso, que entre en la ciudad santa montado en un asnillo. Es un rey que proclamar&aacute; su realeza s&oacute;lo ante los tribunales y aceptar&aacute; que se ponga la inscripci&oacute;n de su t&iacute;tulo de rey solamente en la cruz. La entrada jubilosa en Jerusal&eacute;n constituye el homenaje espont&aacute;neo del pueblo a Jes&uacute;s, que se encamina, a trav&eacute;s de la pasi&oacute;n y de la muerte, a la plena manifestaci&oacute;n de su Realeza divina. Aquella muchedumbre, que hoy le aclama, no pod&iacute;a comprender el alcance de su gesto, pero la comunidad y los fieles que hoy lo celebramos s&iacute; podemos comprenderlo y proclamar con el pueblo jud&iacute;o de entonces: &laquo;T&uacute; eres el Rey de Israel y el noble hijo de David, t&uacute;, que vienes, Rey bendito, en nombre del Se&ntilde;or. Ellos te aclamaban jubilosamente, cuando ibas a morir; nosotros celebramos tu gloria, oh Rey eterno&raquo; (MR). 2.- Nosotros tambi&eacute;n, este domingo, tenemos que abrir nuestro coraz&oacute;n a Cristo para que entre como rey victorioso en nuestras vidas, al menos en esta semana, que debemos vivirla toda para &Eacute;l y con &Eacute;l, participando, no s&oacute;lo en las procesiones de nuestras calles, sino, sobre todo, en los actos lit&uacute;rgicos y sacramentales, portadores de su gracia y celebrados por las comunidades cristianas en las iglesias. No podemos decepcionar a Cristo, dej&aacute;ndole s&oacute;lo en sus celebraciones lit&uacute;rgicas, que son las verdaderamente cristianas y santificadoras, celebradas por &Eacute;l. Hay que vencer toda pereza y rutina, para que &eacute;sta sea verdaderamente una Semana Santa y cristiana para todos, no pagana. Si todos nosotros deseamos vernos rodeados por familiares y amigos en los momentos trascendentales de nuestra vida, ahora vamos a celebrar los m&aacute;s importantes de la vida de Cristo y de la humanidad. Y quiere estar acompa&ntilde;ado por todos los suyos, todos nosotros. Que nadie falte a estas citas y presencias de fe y amor en los cultos de las iglesias. Que no dejemos solo a Cristo otra vez con la cruz. 3.- Cuando se lee este Domingo de Ramos la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, uno queda tan profundamente impresionado, que no tiene &aacute;nimos para hacer comentario alguno sobre tan estremecedor acontecimiento. Pero la Liturgia lo advierte expresamente. H&aacute;gase una breve homil&iacute;a. Y a m&iacute; no se me ocurre otra cosa que decir extasiado con San Pablo, al contemplar estos hechos: &ldquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;,&rdquo; y luego guardar silencio y seguir meditando todos estos hechos salvadores en contemplaci&oacute;n interior. San Pablo qued&oacute; profundamente impresionado toda su vida por estos &uacute;ltimos hechos estremecedores de la pasi&oacute;n y muerte del Se&ntilde;or; s&oacute;lo con repetir frases suyas har&iacute;amos hoy la mejor homil&iacute;a. Voy a a&ntilde;adir dos textos m&aacute;s: &ldquo; No quiero saber m&aacute;s que mi Cristo y &eacute;ste, crucificado&hellip;&rdquo;; &ldquo;Los griegos buscan sabidur&iacute;a; los jud&iacute;os buscan &eacute;xito, pero nosotros predicamos a Cristo y &eacute;ste crucificado, esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os, necedad para los griegos, pero fuerza y sabidur&iacute;a de Dios para los que le aman&rdquo;. Para terminar con este texto tan maravilloso de su Carta a los Filipenses: &ldquo;Estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;; y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;. La Liturgia hoy nos invita a fijar la mirada en la gloria de Cristo, Rey eterno, para que los fieles est&eacute;n preparados para comprender mejor el valor de su humillante pasi&oacute;n, camino necesario para la exaltaci&oacute;n suprema. No se trata, pues, de acompa&ntilde;ar a Jes&uacute;s en el triunfo de una hora, sino de seguirle hasta el Calvario, donde, muriendo en la cruz, triunfar&aacute; para siempre del pecado y de la muerte. Estos son los sentimientos que la Iglesia expresa cuando, al bendecir los ramos, ora para que el pueblo cristiano complete el rito externo con devoci&oacute;n interna y espiritual, triunfando del enemigo y honrando de todo coraz&oacute;n la misericordiosa obra de la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or. No hay un modo m&aacute;s bello de honrar la pasi&oacute;n de Cristo que conform&aacute;ndose con ella para triunfar con Cristo en la Pascua de la Resurrecci&oacute;n. Vivamos toda la Semana Santa que hoy iniciamos con estos sentimientos de sufrir y morir con Cristo; acompa&ntilde;&eacute;mosle en su entrada triunfal en Jerusal&eacute;n; ha subido para morir por todos nosotros. No faltemos a la liturgia del Jueves y del Viernes Santo. Y vivamos su triunfo en la Pascua, resucitando con &Eacute;l a la vida nueva y eterna. El Se&ntilde;or lo merece. Muri&oacute; y Resucit&oacute; por nosotros. ********************************************** PASI&Oacute;N DE NUESTRO SE&Ntilde;OR JESUCRISTO EN SAN MARCOS,14,1-15. QUERIDOS HERMANOS: En este domingo de Ramos en la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, la Iglesia recomienda que se haga una breve homil&iacute;a, porque la misma narraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n y Muerte del Se&ntilde;or es la mejor predicaci&oacute;n para comprender todo el amor de Esp&iacute;ritu Santo del Padre y del Hijo a los hombres. Entramos en la Semana Santa por excelencia de la Iglesia y me gustar&iacute;a que estren&aacute;semos ojos nuevos y puros, en gracia y amor de Dios, para contemplar tanto misterio de amor de Dios a los hombres. Refiri&eacute;ndose a Cristo crucificado, las Sagradas Escrituras dicen: &ldquo;Mirar&aacute;n al que traspasaron&rdquo;. Y el mismo Cristo dir&aacute; de si mismo: &ldquo;Cuando sea elevado, atraer&eacute; a todos hacia mi&rdquo;. Nosotros, al escuchar la Pasi&oacute;n, la Crucifixi&oacute;n y la Muerte de Cristo, nos sentimos todos atra&iacute;dos hacia &Eacute;l; pero queremos que nuestra mirada sea de amor y no meramente de curiosidad; queremos responder con amor al que tanto nos am&oacute;. Por eso, vamos a fijarnos brevemente sobre las diversas miradas que Jes&uacute;s tuvo que gozar o sufrir durante su vida y, sobre todo, durante su Pasi&oacute;n y Muerte. El pueblo de Israel, primer espectador directo y activo de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, reaccion&oacute; de muy diferentes maneras. Hay en la historia de la Pasi&oacute;n una serie de posturas diversas: unos reaccionaron cobardemente, como los Ap&oacute;stoles; otros mal&eacute;volamente, como las autoridades y jefes; otros, pol&iacute;ticamente, como Pilato; y otros, finalmente, con indiferencia o apat&iacute;a, como la masa. &iquest;C&oacute;mo reaccionan hoy los cristianos? &iquest;Acaso toman estos d&iacute;as de Semana Santa como tiempo de gracia y salvaci&oacute;n, acompa&ntilde;ando al Se&ntilde;or, o como d&iacute;as de vacaci&oacute;n incluso religiosa? Las mismas procesiones deben purificarse en el modo y la forma para que no se conviertan en puro folklore o dato &ldquo;cultural&rdquo;, como se dice modernamente, olvidando su fundamento y sentido religioso. Pensemos que las procesiones, como los dem&aacute;s actos de la Semana Santa, no valen nada si no son expresi&oacute;n de fe y amor a Cristo. &iquest;C&oacute;mo miramos nosotros a Cristo? &iquest;C&oacute;mo vivimos, con qu&eacute; actitudes y disposiciones nos acercamos a estos d&iacute;as? Para nosotros deben ser d&iacute;as preferentemente para meditar, orar y celebrar nuestra fe en Cristo y en su Salvaci&oacute;n, para acompa&ntilde;arle en sus alegr&iacute;as y penas, en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, en la celebraci&oacute;n de su Muerte y Resurrecci&oacute;n. Sin embargo, en la vieja Europa de pol&iacute;ticos ateos y laicistas, que no quieren ni reconocer sus ra&iacute;ces cristianas, hay mucha propaganda de persecuci&oacute;n a la Iglesia y lo que ella representa, y muchos ni&ntilde;os, j&oacute;venes y adultos viven en una mentalidad pagana, por no haber recibido la m&aacute;s m&iacute;nima formaci&oacute;n cristiana y religiosa desde el hogar y las escuelas. Son miradas de frivolidad, porque incluso muchos bautizados han perdido el sentido de la Semana Santa y la han convertido en d&iacute;as de puro descanso, sin programaci&oacute;n de vida espiritual y religiosa. Vivimos en una sociedad que se va descristianizando; sin embargo, nosotros tenemos que vivirla cristianamente. Nosotros tenemos que mirar a Cristo en estos d&iacute;as con mirada compasiva, dolorida, amiga, agradecida, como las miradas de su Madre, como la mirada de Mar&iacute;a Magdalena, como la de Juan, &uacute;nico disc&iacute;pulo que permaneci&oacute; junto a la cruz de Cristo, como la mirada agradecida y sorprendida del buen ladr&oacute;n, mirada llena de fe como la del centuri&oacute;n romano: &ldquo;verdaderamente este hombre era justo&rdquo;; mirada de creyente y enamorado de Cristo como la de Pablo y de todos los cristianos que le aman de verdad: &ldquo;me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo es Cristo quien vive en mi y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;. Muchas son las lecciones que nos ense&ntilde;a Cristo desde la cruz; nos lo dice claramente San Pablo: &ldquo;no quiero saber nada m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado, necedad para los griegos, esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os&hellip; pero fuerza y sabidur&iacute;a de Dios para los que el aman&rdquo;. Jes&uacute;s y el Padre nos manifiestan desde la cruz su amor a todos los hombres; Jes&uacute;s:&ldquo;Nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;; el Padre: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su Hijo Unig&eacute;nito para que no perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l, sin que tengan la vida eterna&rdquo;, nos dice San Juan. Y San Agust&iacute;n dir&aacute;: &laquo;M&aacute;s me amaste a mi que a ti, pues moriste por mi&raquo; Jes&uacute;s en la cruz nos ense&ntilde;a a orar, es la lecci&oacute;n m&aacute;s importante, porque orando y recitando los salmos, recibimos la gracia de Dios para amar, perdonar y sufrir como &Eacute;l. Or&oacute; &ldquo;con l&aacute;grimas y gemidos al que pod&iacute;a librar de la muerte&rdquo;, nos dice San Pablo en su Carta a los Hebreos. Eran l&aacute;grimas de sangre. Oremos tambi&eacute;n nosotros en los momentos de dolor y pasi&oacute;n, en la soledad y desamparo. Jes&uacute;s en su Pasi&oacute;n y cruz nos ense&ntilde;a a perdonar: &ldquo;Padre, perd&oacute;nales porque no saben lo que hacen&rdquo;. Perdona a los amigos que le han abandonado y a los enemigos que le est&aacute;n crucificando e insultando. Como Cristo nosotros tenemos que aprender a perdonar a todos, amigos y enemigos, a rezar por los que nos hacen mal, por los que nos crucifican cada d&iacute;a con sus palabras y acciones. Una Semana Santa bien celebrada nos pide y exige este perd&oacute;n. Jes&uacute;s en su Pasi&oacute;n y cruz nos ense&ntilde;a a sufrir con paciencia, ofreciendo a Dios nuestro dolor y l&aacute;grimas. Por muchos que sean nuestros sufrimientos en la vida, m&aacute;s sufri&oacute; el Se&ntilde;or y as&iacute; nos salv&oacute; y as&iacute; tenemos que salvar nosotros a este mundo alejado de la fe. Suframos con paciencia, con humildad, con fortaleza heroica, a semejanza de Cristo y sus santos. Y finalmente Jes&uacute;s en la cruz nos ense&ntilde;a a morir. Muri&oacute; entregando su alma a Dios: &ldquo;Padre, a tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&rdquo;. Muri&oacute; obedeciendo y cumpliendo y adorando la voluntad del Padre, con amor extremo, hasta dar la vida por amor a Dios y a los hermanos. Pero adem&aacute;s, desde la cruz, Jes&uacute;s quiso hacernos el regalo m&aacute;s maravilloso de su vida: nos dio su misma Madre, la Virgen. De todos prescindi&oacute; Cristo en la hora de su muerte, pero no quiso que su madre estuviera ausente, porque necesitaba su ayuda y su mirada maternal. Como nosotros. No olvidemos nunca a Mar&iacute;a en nuestra vida. ********************************************** TIEMPO PASCUAL TRIDUO PASCUAL JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SE&Ntilde;OR (Para homil&iacute;as del Jueves Santo pueden consultar mi libro: &iexcl;TU CUERPO Y SANGRE, SE&Ntilde;OR! o tambi&eacute;n &ldquo;ARD&Iacute;A NUESTRO CORAZ&Oacute;N, ciclo A y C, Edibesa, Madrid) EL JUEVES SANTO, D&Iacute;A DE LA EUCARIST&Iacute;A: INSTITUCI&Oacute;N (Jn 13,1-15) QUERIDOS HERMANOS: En estos d&iacute;as solemn&iacute;simos de la Semana Santa Cristo en persona deber&iacute;a realizar la liturgia, porque nuestras manos son torpes para tanto misterio y nuestro coraz&oacute;n d&eacute;bil para tantas emociones. Pero Cristo con su presencia corporal e hist&oacute;rica, quiso hacerla visiblemente s&oacute;lo una vez, la primera, y luego, oculto en en el pan consagrado de la &Uacute;ltima Cena y en la humanidad de otros hombres, los sacerdotes, quiso continuar su obra hasta el final de los tiempos. Por eso, ya que indignamente me toca esta tarde hacer presente ante vosotros a Cristo en la &Uacute;ltima Cena que estamos celebrando, os pido que me cre&aacute;is, porque os digo la verdad, siempre os digo la verdad, pero hoy de una forma especial en nombre de Cristo, a quien represento, aunque mi pobre vida sacerdotal m&aacute;s que revelaros esta presencia de Cristo en medio de vosotros, alguna vez pueda velarla. Os pido que me cre&aacute;is, cuando os hable esta tarde de esta maravillosa presencia de Cristo en su ofrenda total al Padre por nosotros y nuestra salvaci&oacute;n, de esta presencia para siempre en el pan consagrado; de su presencia tambi&eacute;n en el barro de otros hombres, los sacerdotes, y cuando os recuerde tambi&eacute;n su presencia en los hermanos, con el mandato de amarnos los unos a los otros como &Eacute;l nos am&oacute;. 1.- Todos record&aacute;is aquella escena. La acabamos de evocar en la lectura del Evangelio. Fue hace venti&uacute;n siglos, aproximadamente sobre estas horas, en la paz del atardecer m&aacute;s luminoso de la historia, Cristo nos am&oacute; hasta el extremo, hasta el extremo de su amor, hasta el extremo del tiempo y de sus fuerzas, instituyendo el sacramento de la Eucarist&iacute;a, de su Amor extremo hasta la muerte y hasta el final de los tiempos. Aquel primer Jueves Santo de la Historia Jes&uacute;s estaba emocionado, no lo pod&iacute;a disimular, le temblaba el pan en las manos porque sus palabras eran efluvios de su coraz&oacute;n: &ldquo;Tomad y Comed, esto es mi cuerpo... bebed todos de la copa, esta es mi sangre que se derrama por vosotros..&rdquo;. Y como &Eacute;l es Dios, as&iacute; se hizo, porque su poder y su amor es infinito, &Eacute;l que hace el mundo, los claveles tan rojos, unos cielos de estrellas tan bellas e incontables. Por eso, queridos hermanos, antes de seguir adelante, hagamos un acto de fe plena y total en la presencia real y verdadera de Cristo en el pan consagrado por &Eacute;l en la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y sagrario. Porque &Eacute;l est&aacute; aqu&iacute;. Siempre est&aacute; ah&iacute; esper&aacute;ndonos con los brazos abiertos,, en el pan consagrado, pero hoy, Jueves Santo, d&iacute;a de la instituci&oacute;n de este misterio casi lo vemos y barruntamos, sentimos m&aacute;s vivamente su presencia, que quisiera como saltar de nuestros manos sacerdotales o salir de nuestros sagrarios para vivir y establecerse en el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros aqu&iacute; presentes. 2.- Queridos hermanos, esta entrega, esta presencia de amor debiera revolucionar toda nuestra vida, si tenemos una fe viva y despierta en su presencia eucar&iacute;stica en la santa misa, en nuestras comuniones y en todos los Sagrarios de la tierra. Este Cristo Eucarist&iacute;a nos est&aacute; diciendo: Hombres, mujeres, ni&ntilde;os, yo s&eacute; de otros cielos, de otras realidades insospechadas para vosotros, que os he venido a decir y conquistar para todos, Dios existe y os ama y por mi quiere se el camino y el alimento para la vida eterna, una vida que no terminar&aacute; nunca ya, porque est&aacute; llena Dios Trinidad, de su amor y felicidad infinitas. Y Jes&uacute;s en el evangelio de hoy nos viene a decir: Yo he venido a la tierra y he predicado este amor y os he amado hasta dar la vida para deciros y demostraros que todo esto es verdad, y desde el Pan eucar&iacute;stico os estoy diciendo que todo el evangelio es verdad, que el Padre existe y os ama por m&iacute; pan consagrado os alimentais para la vida eterna con Dios; yo soy&ldquo;el testigo fiel&rdquo; de todo esto que, y por estar convencido de ellas, vine a vosotros, me hice hombre y luego un poco de pan dando mi vida para que vosotros todos tengaisla tengais eterna, desde cada Sagrario y misa y comuni&oacute;n os lo estoy diciendo y haciendo: Yo soy el pan de la vida, el que come de este pan vivir&aacute; eternamente: Yo soy el pan de la vida eterna, el que come de este pan tiene la vida eterna&rdquo; porque&ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio hijo para que perezca ninguno de los que creen en &Eacute;l sino que tengan vida eterna&rdquo;. Tambi&eacute;n el sacerdote, que os est&aacute; predicando en este momento, se siente pobre y falto de palabras para describir toda la emoci&oacute;n y profundidad del amor de Cristo en la &Uacute;ltima Cena que estamos haciendo presente y celebrando esta tarde, pero todos vosotros que estais ahora aqu&iacute;, dice el Se&ntilde;or, sois unos privilegiados porque me hab&eacute;is descubierto en el pan consagrado, rezad por este mundo que se est&aacute; alejadando de m&iacute;, de la eternidad de vida y gozo con Dios Trinidad. Se&ntilde;or, todos los que estamos aqu&iacute; creemos y confiamos en Ti. Sobre todo nosotros sacerdotes y religiosas con nuestra vida y entrega total te hemos demostrado que confiamos en Ti y vivimos para la vida eterna renunciando a muchas cosas de este mundo y todos, al pecado. Y en ratos de Sagrario o misa o comuni&oacute;n queremos que T&uacute; nos incendies de amor y nos abrases, misas y comuniones m&aacute;s fervorosas, visitas todos los d&iacute;as a tu Presencia de amor en todos los Sagrarios de la tierra y te pedimos especialmente por todos los hombres y parte del pueblo cristiano que no cree en tu presencia de amor en los Sagrarios, ni viene a misa los domingos ni comulgan en su vid. Se&ntilde;or, nosotros creemos en Ti porque T&uacute; conservas intactas en tu coraz&oacute;n todas las emociones del primer Jueves Santo, T&uacute; puedes hacerlas ahora presentes para todos nosotros; Se&ntilde;or, qu&eacute;manos con ellas el coraz&oacute;n, porque estas cosas no se comprenden si no se viven, solo se comprenden si amamos como T&uacute;... y nosotros no podemos, s&oacute;lo un coraz&oacute;n en llamas como el tuyo del primer jueves santo puede captar estas realidades divinas, inabarcables para la inteligencia humana, solo tu amor puede tocarlas y fundirnos en una sola realidad en llamas contigo, pan divino de Eucarist&iacute;a. Se&ntilde;or, danos ese amor, tu amor, para que yo pueda amarte como T&uacute; me amas en la Eucarist&iacute;a, en la santa misa, en la Comuni&oacute;n, en todos los Sagrarios de la tierra. ******************************** EL JUEVES SANTO, D&Iacute;A DE LA INSTITUCI&Oacute;N DEL SACERDOCIO Queridos hermanos: El Jueves Santo es el d&iacute;a de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a,pero tambi&eacute;n delSacerdocio cat&oacute;lico que la realiza.Cristo hizo a los sacerdotes porque en el correr de los siglos vio una multitud necesitada de Salvaci&oacute;n y hambrienta de Dios, de cielo, de eternidad...Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes encargados de amasar este pan de Eucarist&iacute;a, esta harina divina, Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes, cuando les dio el mandato de seguir celebrando la Eucarist&iacute;a: &ldquo;Haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&rdquo;: seguid haciendo esto mismo vosotros; por el amor que tengo a todos los hombres de todos los tiempos, seguid vosotros y vuestros sucesores consagrando esta Hostia santa en mi nombre y as&iacute; hizo Jes&uacute;s a los sacerdotes, as&iacute; instituy&oacute; Jes&uacute;s el sacerdocio cat&oacute;lico como prolongaci&oacute;n de su mismo sacerdocio, con su mismo poder sobre su cuerpo f&iacute;sico, la Eucarist&iacute;a, y sobre su cuerpo m&iacute;stico, la Iglesia. &iexcl;Qu&eacute; grandeza ser sacerdote, cu&aacute;nta gracia, cu&aacute;nto poder! Cuando las almas tienen fe, se sobrecogen ante el misterio del sacerdocio, porque el sacerdote cat&oacute;lico tiene poderes divinos, es sembrador, cultivador y recolector de eternidades, cultiva la salvaci&oacute;n eterna, &uacute;nica y trascendente del hombre, y para eso tiene el poder divino de la Eucarist&iacute;a y del perd&oacute;n de los pecados. Si tuvi&eacute;ramos m&aacute;s fe, pero fe viva, viva... &iexcl;Qu&eacute; grande es ser sacerdote! &iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or! Para que nunca faltase sobre nuestros altares su ofrenda de adoraci&oacute;n al Padre y salvaci&oacute;n de los hombres; para que nunca pas&aacute;semos hambre de eternidad y de Dios, para que siempre tuvi&eacute;ramos el perd&oacute;n de los pecados, Je&uacute;s hizo a los sacerdotes, como sembradores de eternidades y continuadores de su vida y misi&oacute;n salvadora y santificadora. Aquella noche santa, de un mismo impulso de su amor, brotaron la Eucarist&iacute;a y los encargados de amasarla. Por eso est&aacute;n y deben permanecer siempre tan unidos la Eucarist&iacute;a y el sacerdote. La Eucarist&iacute;a necesita esencialmente del sacerdote para realizarse y por eso el sacerdote nunca es tan sacerdote como cuando celebra la Eucarist&iacute;a: el sacerdocio tiene relaci&oacute;n directa con la Eucarist&iacute;a y la Eucarist&iacute;a est&aacute; pidiendo un sacerdote que la realice con el poder y el amor del &Uacute;nico Sacerdote, Jesucristo, y la siga ador&aacute;ndo con su vida. 4.-&ldquo;Y cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;..&rdquo;.dice el Se&ntilde;or. Qu&eacute; profundo significado encierran estas palabras para todos, especialmente para nosotros, los sacerdotes. Todos debi&eacute;ramos recordarlas cuando celebramos la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;acordaos de m&iacute;...&rdquo;. acordaos de mis sentimientos y deseos de redenci&oacute;n por todos los hombres, acordaos de mi emoci&oacute;n y amor por vosotros, acordaos de mis ansias de alimentar en vosotros mi misma vida de amor, de amor divino de Dios hecho hombre hasta morir por amor en la cruz para la salvaci&oacute;n de todos y todo esto, todo, por amor gratuito, toda su vida, toda su muerte y resurrecci&oacute;n se hacen presente por medio de nosotros, los sacerdotes, o mejor, de Cristo Sacerdote en nosotros y por nosotros&hellip;, qu&eacute; misterio, qu&eacute; grandeza ser sacerdote&hellip;y nosotros a veces, distraidos olvidando, estamos distra&iacute;dos en nuestras Eucarist&iacute;as, en nuestras comuniones, pasamos poco ratos de amor ante el Sagrario, ante los sagrarios olvidados de nuestras parroquias, iglesias muchas veces sin presencia de amor diarias de sacerdotes o religiosos como amigos agradecidos al amor y confianza y responsabilidad de eternidades de los hombres nuestros hermanos que Dios ha puesto sobre nosotros, pasamos ante el Sagrario como si el sagrario fuera un trasto m&aacute;s de la iglesia, s&iacute;, al que tal vez ponemos flores a veces, pero sin nosotros, sin nuestra presencia diaria de amor, sin nuestra amistad y compa&ntilde;&iacute;a. El Se&ntilde;or siempre nos est&aacute; diciendo desde la Eucarist&iacute;a: Vosotros, los sacerdotes, cuando consagr&eacute;is este pan y vosotros, los comulgantes, cuando comulgu&eacute;is este pan, acordaos de toda esta ternura verdadera que ahora y siempre siento por vosotros, de este cari&ntilde;o que me est&aacute; traicionando y me obliga a quedarme para siempre tan cerca de vosotros en el pan consagrado, sabi&eacute;ndolo todo, s&iacute;, pero confiando en vuestra respuesta de amor... &ldquo;Acordaos de m&iacute;&hellip;&rdquo; &ldquo;Acordaos de m&iacute;&hellip;&rdquo;Nosotros, Se&ntilde;or, esta tarde de Jueves Santo, NO TE OLVIDAMOS. Quisi&eacute;ramos celebrar esta Eucarist&iacute;a y comulgar tu Cuerpo con toda la ternura de nuestro coraz&oacute;n, que te haga olvidar todas las traiciones y sufrimientos que sufriste entonces y por las de ahora, por tantos olvidos y distracciones e indiferencias nuestras y de tantos cristianos; nosotros ahora, Se&ntilde;or, nos acordamos agradecidos de todo lo que nos dijiste e hiciste y sentiste y sigues sintiendo por nosotros: os amo, doy mi vida por vosotros, me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos. Tomad y comed, esto es mi cuerpo&hellip; vosoros sois mis amigos, nadie ama m&aacute;s que el da la vida por los amigos&rdquo; y t&uacute; la das por todos en cada Eucarist&iacute;a, en cada Sagrario como la diste entonces y ahora y por eso te recordamos y recordaremos siempre agradecidos, desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n. Jueves Santo, d&iacute;a grande cargado de misterios, d&iacute;a especial para la comunidad creyente, nuestro d&iacute;a m&aacute;s amado, deseado y celebrado, porque es el d&iacute;a en que Jes&uacute;s se qued&oacute; para siempre con nosotros de dos formas: una, material, en el pan consagrado; otra, humana, bajo la humanidad de otros hombres. Porque la Eucarist&iacute;a es Cristo oculto y sacramentado bajo las especies del pan y del vino, y el sacerdote es tambi&eacute;n Cristo mismo, bajo el barro de otros hombres. Las apariencias son accidentales, pero los sacerdotes y el pan y el vino consagrados, por dentro, son Jes&uacute;s. Y por eso, en cada misa el sacerdote puede decir: &ldquo;Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre&rdquo;&hellip; la m&iacute;a, la de Gonzalo, no la de Cristo&hellip; y sin olvidar la tercera verdad y ense&ntilde;anza de Cristo en el Jueves Santo: &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;todos los que venimos a misa o comulgamos o visitamos a Cristo en el Sagrario tenemos que amar y amarnos como &Eacute;l nos am&oacute;: tercera verdad que debemos meditar en el jueves santo para practicarla en nuestra vida, el amor fraterno que Cristo instituy&oacute; y quiere que vivamos los creyentes. Este mandato de amor del Cristo Eucarist&iacute;a no lo debemos olvidar nunca sobre todo cuando cumulgamos y le visitamos en el Sagrario. As&iacute; lo deseo y lo pido en este d&iacute;a del Jueves Santo. Am&eacute;n, as&iacute; sea. ************************************* JUEVES SANTO: PRIMERA HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Qu&eacute; fe, qu&eacute; amor m&aacute;s grandes son necesarios para captar un poco toda la emoci&oacute;n de Cristo, toda su entrega al Padre y a nosotros, los hombres en este d&iacute;a del Jueves Santo, por medio de esta liturgia memorial, que hace presente toda aquella primera y &uacute;nica realidad, con los mismos sentimientos y emoci&oacute;n de Cristo en el Cen&aacute;culo. Cada palabra, cada gesto de Cristo con sus disc&iacute;pulos en el Cen&aacute;culo son un misterio de amor hasta el extremo, son expresiones de entrega total y generosa de amigo que da la vida por los amigos. Es tan denso el Jueves Santo, que de su contenido, de su esp&iacute;ritu y vida, de su espiritualidad podemos y debemos vivir todo el a&ntilde;o, toda la vida: partir y repartir la vida como Jes&uacute;s, perdonamos y lavamos mutuamente los pies, perdonar a los que nos crucifican, obedecer y cumplir la voluntad del Padre, aunque nos lleve a la muerte del yo. En el silencio emocionado de la noche han sonado las palabras solemnes de Cristo: &ldquo;Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros..., esta es mi sangre derramada por todos...&rdquo; Cuando todas las palabras ya han sido pronunciadas, solamente quedan los gestos, como s&iacute;mbolos definitivos que encierran todos esos sentidos y misterios, que las palabras no pueden explicar ni encerrar. La instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a como sacrificio, como comuni&oacute;n y como presencia eterna de amistad ofrecida al hombre es el mayor gesto, el mayor s&iacute;mbolo de amor dado en la historia. Solo Cristo pod&iacute;a hacerlo. Toda su vida, desde el seno de Mar&iacute;a, hab&iacute;a sido eucarist&iacute;a perfecta: adoraci&oacute;n al Padre hasta la muerte: &ldquo;mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado&hellip;&rdquo; y entrega total y hasta el extremo a los hombres, predicando, sanando y dando la vida por nosotros: &ldquo;Nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&hellip;&rdquo; y &Eacute;l la dio por todos los hombres. Arranc&oacute; desde su ofrecimiento al Padre en la carta a los Hebreos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad...&rdquo;, y ahora, en el &uacute;ltimo instante de su vida, quiere confirmar esta ofrenda como sacramento perenne de su amor al Padre y a los hombres. El sacramento de la Eucarist&iacute;a, prolongaci&oacute;n en el tiempo de la Cena &Uacute;ltima del Se&ntilde;or con sus disc&iacute;pulos, es la prolongaci&oacute;n en el tiempo de su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, es presencia humilde y silenciosa de Jesucristo entre nosotros; es deseo de alimentar nuestras vidas en direcci&oacute;n de fraternidad humana y trascendencia divina como alimento de eternidad. La Eucarist&iacute;a es a la vez Cristo presente, como ofrenda y v&iacute;ctima, que se sacrifica, es amigo que permanece por amor junto los suyos, es comida y alimento de nuestra fe, nuestro amor y nuestra esperanza cristiana. Adoremos, pues, con sincero amor y veneremos este misterio, contemplemos a Cristo presente en el pan consagrado con fe y devoci&oacute;n rendida, vivamos en comuni&oacute;n con &Eacute;l amando hasta el extremo, repartiendo nuestra vida en pedazos de Salvaci&oacute;n entre los hermanos, con una presencia humilde como la suya. La Eucarist&iacute;a es un misterio que nos estimula con suavidad y fuerza a vivir lo que contemplamos en este Misterio, haci&eacute;ndolo vida de nuestra vida. Comulgando con los sentimientos de Cristo tambi&eacute;n nosotros nos iremos haciendo Eucarist&iacute;a perfecta, vida entregada y repartida, como pan de Cristo, que adora al Padre, cumpliendo su voluntad, y alimenta a los hermanos. &laquo;Ave, verum corpus natum de Maria Virgine...&rdquo;&raquo;: &laquo;Te adoro verdadero cuerpo nacido de Mar&iacute;a Virgen, que has padecido y has sido inmolado cruelmente en la cruz ...&raquo; &laquo;Oh memoriale mortis Domini, panis vivus vitam prestans homini&raquo;: &laquo;Oh memorial de la muerte del Se&ntilde;or, pan vivo, que das vida al hombre, haz que mi alma viva de t&iacute; y que siempre te guste y saboree dulcemente&raquo;; &laquo;Jesum, quem velatum, nunc aspicio...&raquo;: &laquo;Oh Jes&uacute;s, a quien ahora veo velado y oculto, cuando llegar&aacute; el d&iacute;a en que se realice lo que tanto deseo: verte al descubierto cara a cara, siendo siempre feliz contigo, en la visi&oacute;n de tu gloria&raquo;. En este d&iacute;a, Jes&uacute;s, despu&eacute;s de instituir la eucarist&iacute;a, instituy&oacute; el sacerdocio. El sacerdocio es como otra eucarist&iacute;a. La eucarist&iacute;a es Cristo presente en las especies de pan y de vino. El sacerdote es Cristo presente en el barro de otros hombres. En la Eucarist&iacute;a, por fuera se ve pan, por dentro es Cristo. En el sacerdocio, por fuera, el barro de otros hombres, por dentro, Cristo. Es siempre el mismo Cristo pero encarnado de dos maneras. Y esto es Palabra y Milagro de Dios, sin nada de fantas&iacute;a ni literatura. Es la realidad hecha por Jesucristo en esta noche y para toda la vida con pan y vino y con el barro de otros hombres que se le entregan y son consagrados por el Esp&iacute;ritu Santo. El mismo Esp&iacute;ritu Santo, el Dios Amor que hizo posible la Encarnaci&oacute;n, formando el cuerpo de Cristo, en el seno de Mar&iacute;a, ese mismo Amor Personal de Dios es el que forma y transforma la humanidad de otros hombres en humanidad supletoria de Cristo, en sacramento de Cristo, para que &Eacute;l pueda seguir realizando hasta el final de los tiempos el encargo de Salvaci&oacute;n confiado por el Padre: &ldquo;Yo me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos...&rdquo; Se queda hasta el final de los tiempos especialmente con dos presencias sacramentales: presencia sacramental en el pan y en el vino, y esta otra, igualmente verdadera y sacramental: la presencia de Cristo en los sacerdotes. Cuando hay mucha fe, el pueblo cristiano vio esto siempre claro &ndash; el sacerdote, otro Cristo- y vener&oacute; el sacerdocio y las madres ten&iacute;an como una gracia especial de Dios y un privilegio el que alguno de sus hijos fuera llamado por el Se&ntilde;or y los mismos j&oacute;venes y ni&ntilde;os expresaban claramente en la catequesis o en la escuela sus deseos de ser sacerdote; se veneraba al sacerdote y los j&oacute;venes se entusiasmaban con esta realidad sobrenatural. Cuando la fe decrece y no hay ambiente creyente, pasa lo que ahora: Cristo abandonado en el sagrario, Cristo abandonado en los sacerdotes; misas dominicales vac&iacute;as, seminarios vac&iacute;os, no hay hambre de pan eucar&iacute;stico, no hay hambre de ser sacerdote, de entrega, de santidad, y si les pregunta a los ni&ntilde;os, ni uno levanta la mano porque saben que eso no es valorado ni en su casas ni en la escuela. La valoraci&oacute;n y la estima del sacerdocio cat&oacute;lico dice y habla muy claro de la profundidad de la fe cat&oacute;lica en nuestras comunidades y de la sinceridad de la comuniones de nuestras madres cristianas: no se puede comulgar con Cristo y luego hablar mal de los sacerdotes, no se puede ser padres y madres fervorosas y luego recibir un disgusto, si alguno de sus hijos quiere ser sacerdote. Para consuelo nuestro y aliento en el camino el Se&ntilde;or siempre nos concede tropezarnos con almas verdaderamente creyentes y sacerdotales, llenas de fuego y amor, que veneran y valoran el sacerdocio cat&oacute;lico. Tambi&eacute;n todav&iacute;a quedan en estos tiempos madres sacerdotales&hellip; que Dios os bendiga. Personalmente, no me cansar&eacute; de repetirlo; ser sacerdote es lo m&aacute;s grande y maravilloso que Dios me ha concedido. Hoy renuevo mi entrega con el fervor, verdad y humildad del primer a&ntilde;o, adem&aacute;s con la misma ropa y c&aacute;liz de mi primera misa. Reconozco con San Pablo que este misterio lo llevamos en vasijas de barro, el barro de mi debilidad y pecado. Mucho ha de esforzarse el sacerdote para que no se rompa ni corrompa esta vasija con imperfecciones y pecados personales. Mucho debe rezar y cultivar y regar esta semilla que Dios deposit&oacute; en su coraz&oacute;n. Y mucho tambi&eacute;n ha de valorar y proteger el pueblo cristiano a sus sacerdotes, a los portadores de su salvaci&oacute;n. Pidamos todos los d&iacute;as, pero especialmente todos los jueves, que deben ser eucar&iacute;sticos y sacerdotales, orando por las vocaciones, por la santidad de los elegidos, pidiendo insistentemente al due&ntilde;o de la mies que d&eacute; decisi&oacute;n, valent&iacute;a, fe viva a nuestros j&oacute;venes para que entreguen su vida para la gloria de Dios y la salvaci&oacute;n de los hermanos. Tengamos todo esto presente hoy en nuestra comuni&oacute;n y oraci&oacute;n personal y comunitaria y record&eacute;moslo tambi&eacute;n todos los jueves del a&ntilde;o. Finalmente, en la cena de despedida, hay dos gestos de Cristo reveladores del amor fraterno: son el lavatorio de pies y la cena compartida. &ldquo;Hijos m&iacute;os, me queda poco tiempo de estar con vosotros; un mandamientos nuevo os doy: que os am&eacute;is los unos a los otros como yo os he amado. La se&ntilde;al por la que conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os ser&aacute; que os am&aacute;is los unos a los otros.&rdquo; Y as&iacute; nos qued&oacute; Cristo el amor fraterno como signo de su presencia de amor y pertenencia y tarea eclesial para toda la vida. Desde entonces un disc&iacute;pulo debe tener como meta y referencia el amor extremo de Cristo a los suyos: &ldquo;Como yo os he amado&rdquo;. Por eso es precisamente nuevo, porque ya no es amar ni siquiera como uno se ama a s&iacute; mismo sino como Cristo nos ha amado, hasta dar la vida. El cumplimiento de este mandato hay que renovarlo todos los d&iacute;as para vivirlo todos los instantes de nuestra jornada, porque es mandato de Cristo, porque &Eacute;l lo quiere, porque &Eacute;l nos lo qued&oacute; como tarea permanente, fruto de su misi&oacute;n y alabanza de su gloria. Hay mucho que meditar, reflexionar, revisar y esforzarse en este sentido, hasta vivirlo como Cristo hizo y nos mand&oacute;. Oremos y pidamos estos d&iacute;as para que as&iacute; sea, para que sea el signo de nuestra identidad cristiana y parroquial, especialmente con los que tenemos cerca, con los que conviven con nosotros. No es f&aacute;cil; todos los d&iacute;as y a todas las horas tenemos que amamos por voluntad y deseo de Cristo, teniendo un cuidado especial para con los pobres y enfermos y necesitados de cualquier clase. Se&ntilde;or, ay&uacute;danos, danos tu amor, de otra forma nosotros no podremos. Tenemos que amar m&aacute;s, amar como T&uacute;, Se&ntilde;or; necesitamos tu amor para amar a Dios y a los hombres, como T&uacute; lo hiciste; necesitamos este mismo amor para comprender el sacerdocio cat&oacute;lico y, sobre todo, para saber y comprender toda tu entrega en este sacramento del sacrificio eucar&iacute;stico y de tu permanencia sacramental en el sagrario hasta el final de los tiempos, presencia real y verdadera del Dios infinito, que no necesita nada de nosotros y s&oacute;lo lo hace por amor extremo y loco y apasionado e incomprensible a los hombres. Se&ntilde;or, aqu&iacute; nos tienes esta tarde dispuestos a celebrar con humildad y recogimiento tu cena, nuestra cena, la cena tan deseada por Ti para entregarte a todos y cada uno de nosotros. Por eso, nos dices ahora, como a los ap&oacute;stoles aquella tarde: &ldquo;ardientemente he deseado comer esta cena pascual con vosotros&rdquo;. Nosotros tambi&eacute;n deseamos comer esta Cena Pascual contigo, Se&ntilde;or. Nos gustar&iacute;a no decepcionarte. &iexcl;Jesucristo, Eucarist&iacute;a divina, T&uacute; los ha dado todo por nosotros, con amor extremo, hasta dar la vida. Tambi&eacute;n nosotros queremos darlo todo por Ti, porque para nosotros T&uacute; lo eres todo, queremos que lo seas todo. Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros creemos en Ti; Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros confiamos en Ti; Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; eres el Hijo de Dios. ******************************************* SEGUNDA HOMIL&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS: Para celebrar bien la fiesta que aqu&iacute; nos congrega, la fiesta de la Cena del Se&ntilde;or, de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, del sacerdocio y del amor fraterno, es necesario mucho silencio interior y una luz especial del Esp&iacute;ritu Santo, que nos permita penetrar en las realidades misteriosas que Jesucristo, Hijo de Dios y hombre verdadero, realiz&oacute; en esta noche memorable. Esta tarde estamos reunidos una comunidad de cat&oacute;licos, unidos por la misma fe y en la misma caridad, somos una comunidad viva en virtud de una animaci&oacute;n vital, que nos llega del Se&ntilde;or, del mismo Cristo y que alimenta su Esp&iacute;ritu. Somos su Iglesia, su mismo cuerpo y lo sentimos. Esta Iglesia posee dentro de s&iacute; un secreto, un tesoro escondido, como un coraz&oacute;n interior; posee al mismo Jesucristo, su fundador, su maestro, su redentor. Y fijaos bien en lo que digo: lo posee presente. &iquest;Realmente presente? S&iacute;. &iquest;En la presencia de la comunidad porque donde dos o tres reunidos en mi nombre all&iacute; estoy yo en medio de ellos? S&iacute;. Pero algo m&aacute;s. &iquest;En la presencia de su Palabra? S&iacute;, pero m&aacute;s, m&aacute;s todav&iacute;a. &iquest;En la presencia de sus ministros, porque el Se&ntilde;or ha dado a los sacerdotes un poder propio personal casi intransferible? S&iacute;, ciertamente. Pero, por encima de todas estas presencias, Jes&uacute;s ha querido quedarse presente y vivo en una presencia que es toda ella adoraci&oacute;n al Padre y amor a los hermanos, Jes&uacute;s ha querido quedarse especialmente presente, todo entero y completo, en el pan y el vino consagrados, d&aacute;ndose y ofreci&eacute;ndose en cada Eucarist&iacute;a, en amor extremo al Padre y a los hombres, es decir, vivo y resucitado, con su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, con toda su vida, desde que nace hasta que sube al cielo. &laquo;Este pensamiento nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud, -- dice el Papa Juan Pablo II en su Enc&iacute;clica Ecclesia de Eucharistia. -- El acontecimiento pascual y la Eucarist&iacute;a que lo actualiza a los largo de los siglos tienen una <capacidad> verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redenci&oacute;n. Este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Pero, de modo especial, debe acompa&ntilde;ar al ministro de la Eucarist&iacute;a. En efecto, es &eacute;l quien, gracias a la facultad concedida por el sacramento del Orden sacerdotal, realiza la consagraci&oacute;n. Con la potestad que le viene del Cristo del Cen&aacute;culo, dice: &ldquo;Esto es mi cuerpo, que ser&aacute; entregado por vosotros&hellip; &Eacute;ste es el c&aacute;liz de mi sangre, que ser&aacute; derramada por vosotros&rdquo;. El sacerdote pronuncia estas palabras o, m&aacute;s bien, pone su boca y su voz a disposici&oacute;n de Aqu&eacute;l que las pronunci&oacute; en el Cen&aacute;culo y quiso que fueran repetidas de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n por todos los que en la Iglesia participan ministerialmente del su sacerdocio&rdquo; (Ecclesia de Eucharistia, 5b). En la Eucarist&iacute;a est&aacute; presente totalmente Cristo, Dios y hombre, toda su vida y existencia, toda su salvaci&oacute;n, aunque no se vea con lo ojos de la carne, porque es una presencia sacramental, es decir, escondida, velada, pero a la vez revelada, identificable. Se trata de una presencia revestida de se&ntilde;ales especiales, que no nos dejan ver su divina y humana figura, tal como estaba en Palestina o est&aacute; ahora en el cielo, pero que nos aseguran con certeza mayor que la misma visi&oacute;n corporal, que &Eacute;l, el Jes&uacute;s del Evangelio y ahora el Cristo de la gloria, resucitado y vivo, est&aacute; aqu&iacute;, est&aacute; aqu&iacute; en la Eucarist&iacute;a. Creer esto es un don de la fe, sentirlo y vivirlo es un don especial de Dios para los creyentes que lo buscan y est&aacute;n dispuestos a sacrificar, a vaciarse de s&iacute; mismo, del propio yo, para llenarse de &Eacute;l, para realizar este encuentro vital con &Eacute;l, porque la vivencia existe y es una realidad, llena de gozo, que anticipa el cielo en la tierra. &laquo;La Iglesia vive del Cristo eucar&iacute;stico, de &Eacute;l se alimenta y por &Eacute;l es iluminada. La Eucarist&iacute;a es misterio de fe y, al mismo tiempo, misterio de luz. Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de alg&uacute;n modo la experiencia de los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s: &ldquo;Entonces se le abrieron los ojos y le reconocieron&rdquo; &raquo;(Lc 24,31) (Ecclesia de Eucharistia 6). Son multitud los que han experimentado estos gozos eucar&iacute;sticos, almas fuertes, heroicas, ocultas, silenciosas que se lo juegan todo por &Eacute;l, hambrientas de lo divino. A las puertas de estas vivencias quedan los rutinarios, los idolatras de s&iacute; mismos y de sus glorias, los que no renunciaron al pecado totalmente, aunque celebren o coman la Eucarist&iacute;a, pero no pueden comulgar con &Eacute;l, tener sus mismos sentimientos y actitudes, porque est&aacute;n llenos de s&iacute; mismos y no tienen tiempo ni espacio para &Eacute;l. Faltan almas silenciosas que se lo quieran jugar todo a la baza del Se&ntilde;or, almas serias y eucar&iacute;sticas, almas con la luz del Misterio sobre el rostro, adoradores del Absoluto en esp&iacute;ritu y en verdad, en este misterio lleno de vida y amor. (Por qu&eacute; tan flacas y sin vida tantas almas, tantas parroquias, tantos bautizados, tantos catequistas, ap&oacute;stoles, tantos pastores! Queridos hermanos, grande es el misterio de nuestra fe, aclamamos a la Eucarist&iacute;a en la liturgia. Pero si el misterio es grande, grande correlativamente es el poder de los sacerdotes instituidos por el Se&ntilde;or en esta noche santa para perpetuar la Eucarist&iacute;a, que contiene la humanidad y divinidad de Jesucristo. Es un misterio, pero todo &eacute;l esta lleno de vida y verdad. Y es precisamente esta verdad milagrosa, pose&iacute;da por la Iglesia Cat&oacute;lica y guardada con conciencia celosa y silenciosa, la que nosotros celebramos hoy y con todas nuestras fuerzas deseamos manifestar y publicar, hacer ver y comprender, exaltar y adorar. Para llegar a este misterio, el camino es la oraci&oacute;n y la fe. La fe que acepta lo que no ve ni comprende, fe, en el primer paso, heredada, que habr&aacute; que ir haciendo cada d&iacute;a m&aacute;s personal por la oraci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n, fe seca y &aacute;rida al principio, pero que barrunta con la confianza puesta en la palabra de Cristo:AEsto es mi cuerpo, esta es mi sangre@; luego, en la oraci&oacute;n y con el evangelio en la mano y mirando todos los d&iacute;as al sagrario, vamos aprendiendo poco a poco, en la medida en que nos convertimos y nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de &Eacute;l, todas las lecciones que encierra para nosotros, vamos comulgando con sus mismos sentimientos y actitudes hasta convertirse en vivencias tan suyas y tan nuestras, que ya no podemos vivir sin ellas, que ya no sabemos distinguirlas, saber si son suyas o nuestras, porque son nuestra misma vida, vida de nuestra vida, porque a esta alturas podemos decir, como Pablo: &ldquo;para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;. Desde la Eucarist&iacute;a, Cristo nos ense&ntilde;a primeramente su amor. Fijaos bien en que Jes&uacute;s se presenta en este misterio, no como &Eacute;l es, sino como quiere que nosotros lo veamos y consideremos, como quiere que nosotros nos acerquemos a &Eacute;l. &Eacute;l se nos presenta bajo el aspecto de se&ntilde;ales especiales y expresivas, pan y vino, que son para ser comidos y asimilados. La intenci&oacute;n de su amor es darse, entregarse, comunicarse a todos. El pan y el vino sobre nuestras mesas no sirven sino para ser consumidos, no tienen otro sentido. Este fue el sentido de su Encarnaci&oacute;n. &laquo;Nobis natus, nobis datus&hellip;&raquo;, nacido para nosotros, se nos dio en comida. Este amor de entrega fue la motivaci&oacute;n de toda su vida. Y la Eucarist&iacute;a es el resumen de toda su existencia. &ldquo;Habiendo amado a los suyos....los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo; Cuando mire y contemple y comulgue la Eucarist&iacute;a, puedo decir: Ah&iacute; est&aacute; Jes&uacute;s amando, ofrecido en amistad a todos, deseando ser comido, visitado. S&iacute;, para eso est&aacute; Jes&uacute;s ah&iacute;. Para esto ha multiplicado su presencia sacramental en cada uno de los sagrarios de la tierra, desde los de las chozas africanas hasta los de la Catedrales rom&aacute;nicas, g&oacute;ticas, barrocas...etc. Bueno ser&iacute;a en este momento examinar mi respuesta a tanto amor, cu&aacute;nto y c&oacute;mo es mi amor a Cristo Eucarist&iacute;a, c&oacute;mo son mis Eucarist&iacute;as y comuniones, mis visitas al sagrario, mi oraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Otro aspecto del amor eucar&iacute;stico es la unidad de los creyentes: &ldquo;los que comemos un mismo pan, formamos un mismo cuerpo...&rdquo; nos dir&aacute; S. Pablo. Por eso, Cristo Jes&uacute;s, en esta noche, en que instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, lav&oacute; los pies de sus disc&iacute;pulos y nos dio el mandamiento nuevo:&ldquo;Amaos lo unos a los otros, como yo os he amado&rdquo;. S. Juan no trae la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a en su evangelio, en cambio s&iacute; narra el lavatorio y el mandamiento nuevo, que, para algunos biblistas, son los frutos y efectos de la Eucarist&iacute;a, contiene la instituci&oacute;n misma. El lavarse los pies unos a otros, el perdonarnos los pecados que nos separan y nos dividen, es efecto directo de toda Eucarist&iacute;a, supone haberla celebrado bien o disponerse y querer celebrarla como Cristo lo hizo, quiso y quiere siempre. Por eso, al Jueves Santo, como al Corpus Christi, unimos espont&aacute;neamente la colecta de caridad, pero sin perder el orden, primero la Eucarist&iacute;a, y desde ah&iacute;, si est&aacute; bien celebrada, como Cristo quiere, nace la caridad, el partir el pan material entre todos, la Iglesia unida en las necesidades, el &ldquo;amaos los unos a los otros&hellip;&rdquo;. Pero no s&oacute;lo de dinero, hay otras muchas formas de caridad, m&aacute;s importantes y heroicas, que no pueden ser ejercidas con dinero, sino que necesitan la misma fuerza de Cristo para perdonar a los que nos han calumniado, da&ntilde;ado en los hijos o en la familia, nos odian o hablan mal de los hermanos. Lo que no comprendo es c&oacute;mo seguir odiando y a la vez comulgar con el Cristo que nos dijo: &ldquo;amaos los unos a los otros como yo os he amado&rdquo;. Para amar como Cristo nos manda e hizo en la Eucarist&iacute;a no basta s&oacute;lo la caridad del dinero, de la limosna. Y, como ya hemos repetido varias veces, Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a en una cena pascual, queriendo expresar y realizar por ella el pacto con Dios y la uni&oacute;n de todos los comensales. Y este sentimiento, esta uni&oacute;n, este amor fraterno, en la intenci&oacute;n de Jes&uacute;s, es esencial para poder celebrar su cena eucar&iacute;stica. &ldquo;Nosotros formamos un solo cuerpo, todos nosotros los que comemos un mismo pan&rdquo;. Con esta verdad teol&oacute;gica San Pablo nos quiere decir: de la misma forma que los granos de trigo dispersos por el campo, triturados forman un mismo pan, as&iacute; la diversidad de creyentes, esparcidos por el mundo, si amamos como Cristo, formamos su cuerpo. Es l&oacute;gico que no debamos comer el mismo pan y en la misma mesa eucar&iacute;stica, si no hay en nosotros una actitud de acogida y de amor y de perd&oacute;n a todos los comensales de aqu&iacute; y del mundo entero. Es necesario exclamar con S. Agust&iacute;n: &laquo;Oh sacramento de bondad, oh signo de unidad, oh v&iacute;nculo de caridad&raquo;. Es este otro momento para pararnos y examinar nuestras Eucarist&iacute;as: quien no perdone, quien no tenga estos deseos de amor fraterno, quien no rompa dentro de s&iacute; envidias y celotipias, no puede entrar en comuni&oacute;n con Cristo. Cristo viene y me alimenta de estas actitudes suyas, que a nosotros nos cuestan tanto y que &Eacute;l quiere que vivan todos sus seguidores. Solo &Eacute;l puede perdonar, amar a fondo perdido... Quiero, Se&ntilde;or, tener estos mismos sentimientos tuyos, al participar de la Eucarist&iacute;a, al comer tu cuerpo con mis hermanos, quiero amar m&aacute;s, pensar bien, hablar bien y hacer bien a todos, para eso vienes a m&iacute;, ya no soy yo, eres T&uacute;, quien quieres venir a m&iacute; por la comuni&oacute;n para vivir tu misma vida en m&iacute;, para que yo viva tu misma vida. Queridos hermanos, estamos viendo c&oacute;mo estos signos utilizados por Cristo en la cena, se convierten en irradiaci&oacute;n permanente de amor, en signos de amor universal sin l&iacute;mites de tiempo ni de espacio. Debemos examinarnos sobre nuestras actitudes y disposiciones al celebrar o participar en la Eucarist&iacute;a Pero avancemos un poco m&aacute;s en el significado de los signos del pan y del vino. La intenci&oacute;n de Jes&uacute;s es clar&iacute;sima; antes de nada, dijo: &ldquo;Tomad y comed... Tomad y bebed...&rdquo; Todo alimento entra dentro de aquel que lo come y forma la unidad de su existir. La primera comuni&oacute;n fue el primer d&iacute;a que Jes&uacute;s form&oacute; esta unidad, o mejor, nosotros formamos esta unidad de vida con Jes&uacute;s y qu&eacute; fuerte fue en algunos de nosotros, que no lo hemos olvidado nunca y todav&iacute;a recordamos con frescura y emoci&oacute;n lo que Jes&uacute;s nos dijo y nosotros dijimos a Jes&uacute;s. En la intenci&oacute;n de Jes&uacute;s lo primero es que comi&eacute;semos su cuerpo:&ldquo;Tomad y comed&rdquo;, para entrar en comuni&oacute;n con cada uno de nosotros. Y esta es tambi&eacute;n la intencionalidad de Jes&uacute;s en el signo elegido, el pan, que es para ser comido. Pregunto ahora: )Se pod&iacute;a amar m&aacute;s, realizar m&aacute;s, expresar m&aacute;s el amor? Solo una mente divina pudo imaginar tales cosas y hacerlas con la perfecci&oacute;n que las hizo. Y todo esto porque quiere ser para cada uno de nosotros lo que el alimento es para nuestro cuerpo. Quiere ser principio de vida, pero de vida nueva, de vida de gracia, no del hombre viejo, del hombre de pecado de antes. Ya lo hab&iacute;a dicho: &ldquo;Quien me coma, vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo;. Queridos hermanos: esta intencionalidad de Cristo suscita en nosotros otros sentimientos: Oh cristianos, ten&eacute;is junto a vosotros la vida, el agua viva, no mur&aacute;is de hambre, de tristeza, comulgad, comulgad bien, comulgad todos los d&iacute;as y sabr&eacute;is lo que es vida y felicidad, comulgad como Cristo desea y quiere ser comido, con sus sentimientos de amor y de ofrenda, y encontrar&eacute;is descanso y refrigerio en la lucha, compa&ntilde;&iacute;a en la soledad, sentido de vuestro ser y existir en el mundo y en la eternidad. Aprendamos hoy y para siempre todas estas lecciones que Jes&uacute;s nos da en y desde la Eucarist&iacute;a. El sacramento eucar&iacute;stico no solo es un denso misterio y compendio de verdades, es, sobre todo, un testimonio, un ejemplo, un mandamiento, una vida, todo el evangelio, Cristo entero y completo, vivo y ofrecido en ofrenda salvadora al Padre y en amistad y salvaci&oacute;n permanentes a todos los hombres. Es justo que hoy, Jueves Santo, celebremos este amor de Cristo, que lo adoremos y lo comulguemos. Es justo tambi&eacute;n que celebremos en este d&iacute;a nuestro amor a Jesucristo, que realiz&oacute; este misterio de amor; que celebremos tambi&eacute;n nuestro amor al Padre, que lo program&oacute; y al Esp&iacute;ritu Santo, que lo llev&oacute; a t&eacute;rmino con su potencia de Amor y ahora, invocado en la consagraci&oacute;n, lo hace presente transformando el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Hoy es la fiesta del Amor del Dios infinito, Trino y Uno, en Cristo, a los hombres: Se&ntilde;or, aqu&iacute; nos tienes dispuestos a celebrar con humildad y recogimiento tu cena, la cena de tu Amor entregado hasta el extremo, hasta dar la vida por la salvaci&oacute;n de tus hermanos, los hombres. ***************************************** HORA SANTA ANTE EL SE&Ntilde;OR SACRAMENTADODEL MONUMENTO (Seguimos el Manual de la Adoraci&oacute;n Nocturna Espa&ntilde;ola) CANTO Pange, lengua, gloriosi corporis mysterium, sanguinisque pretiosi, quem in mundi pretium, fructus ventris generosi Rex effudit gentium In supremae nocte coenae recumbens cum fratribus, observata lege plene cibis in legalibus, cibum turbae duodenae, se dat suis manibus. MONITOR: Hermanos, esta noche en que la Iglesia conmemora la Ultima Cena del Se&ntilde;or y su oraci&oacute;n en el Huerto de los Olivos, en las que quiso estar acompa&ntilde;ado de su &iacute;ntimos, nos reunimos en torno al Sacramento de su Presencia real para recordar sus &uacute;ltimas palabras y recoger con &aacute;nimo agradecido los preciosos dones de la Eucarist&iacute;a y del sacerdocio, cuya instituci&oacute;n conmemoramos. ORACI&Oacute;N DE TODOS LOS PRESENTES SE&Ntilde;OR NUESTRO JESUCRISTO, COMO PEDRO, SANTIAGO Y JUAN, QUE OYERON TU VOZ ANGUSTIADA EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS AL DECIRLES: &ldquo;VELAD CONMIGO&rdquo;, TAMBI&Eacute;N NOSOTROS ESTA NOCHE LA ESCUCHAMOS Y QUEREMOS ESTAR MUY CERCA DE TI. HACE POCO QUE LES HAS ENTREGADO TU CUERPO Y TU SANGRE, HECHOS &ldquo;ALIMENTO PARA LA VIDA DE LOS HOMBRES&rdquo;. POR ESO HOY TU PRESENCIA, EN MEDIO DE NOSOTROS, ES UNA REALIDAD. D&Eacute;JANOS ESTAR CONTIGO. TENEMOS MUCHO QUE AGRADECERTE POR TU LEGADO A LA IGLESIA EN LA &Uacute;LTIMA CENA: INSTITUCION DE LA EUCARISTIA, INSTITUCI&Oacute;N DEL SACERDOCIO Y MANDATO DEL AMOR FRATERNO. EN LA LARGA ORACI&Oacute;N DE AQUELLA NOCHE PEDISTE AL PADRE POR TODOS LO QUE CREERIAMOS EN TI. NOSOTROS, FRUTO DE TU ORACI&Oacute;N Y DE TU SALVACI&Oacute;N, HEMOS VENIDO A TU PRESENCIA PARA AGRADERCERTE TODOS ESTOS DONES, ESPECIALMENTE TU PRESECIA EUCAR&Iacute;TICA, PRESENCIA DE AMIGO, OFRECIDA PERMANENTEMENTE A TODOS LOS HOMBRES, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA. NECESITAMOS PERDIRTE MUCHAS COSAS PARA NOSOTROS Y PARA EL MUNDO, COMO TU LO HICISTE, AQUELLA NOCHE EN LA CENA, CENA DE LA AMISTAD, DEL SACERDOCIO Y DEL AMOR FRATERNO, AMPLIAMENTE EXPLICADO EN TODOS LOS EVANGELIOS. NOSOTROS TAMBI&Eacute;N QUEREMOS ORAR Y PEDIR ESTA NOCHE EN TU PRESENCIA EUCAR&Iacute;STICA, PORQUE &ldquo;EL ESPIRITU ESTA PRONTO PERO LA CARNE ES DEBIL.&rdquo;. Y QUEREMOS, SOBRE TODO, ACOMPA&Ntilde;ARTE EN LA NOCHE EN QUE TE ENTREGASTE EN OFRENDA SACRICIAL, EN BANQUETE DE ALIANZA Y EN AMISTAD PERMANENTE EN EL PAN CONSAGRADO, QUE ADORAMOS Y VENERAMOS EN ESTOS MOMENTOS, Y QUE ERES T&Uacute; MISMO, JESUCRISTO, VIVO Y RESUCITADO. AC&Eacute;PTANOS, SE&Ntilde;OR, EN TU COMPA&Ntilde;IA. QUEREMOS ACOMPA&Ntilde;ARTE EN ESTA NOCHE EN QUE TANTO SUFRISTE POR NOSOTROS. QUEREMOS CORRESPONDERTE. HAZ QUE SEA AS&Iacute; FECUNDO EN NOSOTROS TU SACRIFICIO REDENTOR. JESUCRISTO, EUCARIST&Iacute;A DIVINA, T&Uacute; LO HAS DADO POR NOSOTROS, CON AMOR EXTREMO, HASTA DAR LA VIDA. TAMBI&Eacute;N NOSOTROS QUEREMOS DARLO TODO POR TI, PORQUE PARA NOSOTROS, T&Uacute; LO ERES TODO; NOSOTROS QUEREMOS QUE LO SEAS TODO. JESUCRISTO EUCARIST&Iacute;A, YO CREO EN TI. JESUCRISTO EUCARISTIA, YO CONF&Iacute;O EN TI JESUCRISTO EUCARIST&Iacute;A, T&Uacute; ERES EL HIJO DE DIOS. MONITOR: El Se&ntilde;or esta noche nos prometi&oacute; que no nos dejar&iacute;a hu&eacute;rfanos. Y no nos dej&oacute;. Se qued&oacute; perpetuamente con nosotros en la Eucarist&iacute;a hasta la consumaci&oacute;n de los siglos. LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS: ll, 23-26 (SILENCIO MEDITATIVO) MONITOR: Por eso nosotros hoy no tenemos por qu&eacute; envidiar a la hemorroisa que toc&oacute; la fimbria de su vestido, ni a Zaqueo que le hosped&oacute; en su casa, ni a los hermanos de Betania que tanta veces se sentaron a la mesa con &Eacute;l. CANTO (DE PIE) CANTEMOS AL AMOR DE LOS AMORES, CANTEMOS AL SE&Ntilde;OR&hellip; MONITOR: Por eso, porque est&aacute; aqu&iacute;, nosotros podemos hablarle esta noche, como le hablaban las gentes de su tiempo en Palestina. Y lo vamos a hacer con las mismas palabras que sus o&iacute;dos de carne escucharon entonces. Avivemos nuestra fe en la presencia de Jes&uacute;s Sacramentado, repitiendo las palabras del Ap&oacute;stol Santo Tom&aacute;s: (Ver el Manual de la Adoraci&oacute;n Nocturna) &iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o! T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. T&uacute; eres el Hijo de Dios, T&uacute; eres el Rey de Israel. S&iacute;, Se&ntilde;or, yo creo que t&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo que ha venido a este mundo. Se&ntilde;or, aumenta nuestra fe. Creo, Se&ntilde;or, pero ayuda T&uacute; mi incredulidad. __________________ Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or. Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te alimentaron. Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or. Hosanna en las alturas. ____________________ Dichosos los ojos que ven lo que nosotros vemos y los o&iacute;dos que oyen lo que nosotros o&iacute;mos; porque muchos patriarcas y profetas quisieron verlo y no lo vieron, o&iacute;rlo y no lo oyeron. Se&ntilde;or, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar&aacute; para sanarme. Se&ntilde;or, &iexcl;qu&eacute; bien estamos aqu&iacute;! Qu&eacute;date con nosotros, Se&ntilde;or, que anochece. Jes&uacute;s, hijo de David, ten compasi&oacute;n de nosotros. _____________________ Se&ntilde;or, si T&uacute; quieres, puedes limpiarme. Se&ntilde;or, que se abran nuestros ojos y veamos. Expl&iacute;canos, Se&ntilde;or, estas par&aacute;bolas. Se&ntilde;or, el que amas est&aacute; enfermo. Se&ntilde;or, danos siempre de ese pan, que eres T&uacute; en la Eucarist&iacute;a. Se&ntilde;or, danos siempre de esa agua, que eres T&uacute;, fuente de vida. Ens&eacute;&ntilde;anos a orar. MONITOR: Fieles a la recomendaci&oacute;n del Se&ntilde;or y siguiendo su divina ense&ntilde;anza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro&hellip; *************************************** MEDITACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA (En mi libro &iexcl;TU CUERPO Y SANGRE, SE&Ntilde;OR! hay m&aacute;s homil&iacute;as y meditaciones del Jueves Santo) QUERIDOS HERMANOS: En este d&iacute;a tan entra&ntilde;able para la Comunidad cristiana, nosotros, seguidores y amigos de Jes&uacute;s, hacemos memoria de sus palabras y gestos &uacute;ltimos, especialmente en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. El Jueves Santo es el d&iacute;a eucar&iacute;stico por excelencia: d&iacute;a de su entrega en sacrificio martirial por nosotros, d&iacute;a de sus deseos de ser comido en comida fraterna por todos los suyos, d&iacute;a en que quiso quedarse para siempre en el sagrario en amistad ofrecida permanentemente a todos. Ante este misterio de la Eucarist&iacute;a, me vienen espont&aacute;neamente a los labios las palabras del himno eucar&iacute;stico de Santo Tom&aacute;s de Aquino, que cantamos en la festividad del Corpus Christi, pero tambi&eacute;n en muchas otras ocasiones: &laquo;Adoro te devote, latens Deitas&raquo;: Te adoro devotamente, oculta divinidad, que vives bajo estos signos sencillos del pan y del vino. Todo mi ser y mi coraz&oacute;n se doblan y se arrodillan ante T&iacute;, porque, quien te contemple con fe, desfallece y se extas&iacute;a de amor...&raquo; O aquella estrofa del C&aacute;ntico Espiritual de San Juan de la Cruz: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado&raquo;. Estos d&iacute;as son para pasar largos ratos ante el Se&ntilde;or Eucarist&iacute;a, para contemplar y extasiarse de amor eucar&iacute;stico, para mirar al Amado y dejar nuestros cuidados del mundo y de las cosas entre las azucenas olvidado. Para un cristiano, la Semana Santa debe ser toda entera para el Se&ntilde;or, para vivir y meditar sus misterios santos, que son muchos y muy profundos, todos llenos de amor loco y apasionado por los hombre. Desde la Hostia Santa, que queda expuesta como siempre despu&eacute;s de la Cena del Se&ntilde;or, Jes&uacute;s me est&aacute; ense&ntilde;ando amor hasta el extremo, entrega total; me ense&ntilde;a humildad: se olvida de s&iacute; mismo, de lo que es y se rebaja y se arrodilla pidiendo mi amor y mi amistad; me ense&ntilde;a servicio: se pone a servir a los Ap&oacute;stoles y quiere llenarme de sus actitudes y alimentar sentimientos evang&eacute;licos en mi vida; me ense&ntilde;a tambi&eacute;n fidelidad plena: aunque los hombres no comprendan tanto amor, ni crean en su presencia, &Eacute;l cumple su palabra de quedarse con nosotros en el pan consagrado hasta el final de los tiempos, todo un Dios se humilla y busca al hombre para llenarle de divinidad; qu&eacute; bueno es Jes&uacute;s, &Eacute;l s&iacute; que es un amigo verdadero, sin ego&iacute;smos ni traiciones, lleno de delicadezas y perdones. Es Dios, el Infinito hecho pan por amor al hombre. &iquest;Qu&eacute; queremos decir hoy de Cristo hecho pan de Eucarist&iacute;a? Queremos decir que ese trozo de pan es el quicio y gozne de toda di&oacute;cesis, de toda parroquia, de todo cat&oacute;lico. Todo cristianismo, todo cristiano, que no gire en torno a la Eucarist&iacute;a, est&aacute; desquiciado. Toda parroquia, que no gira en torno a la Eucarist&iacute;a, est&aacute; desquiciada. Quiere decir que toda parroquia y todo creyente tiene que girar en torno a la Eucarist&iacute;a, porque el cristianismo no son cosas ni ritos ni preceptos, el cristianismo esencialmente es una persona, es Cristo mismo, y sin Cristo, sin Eucarist&iacute;a, no hay cristianismo, ni fraternidad, ni comunidad. Es m&aacute;s, tenemos que observar nuestro comportamiento con la presencia de Cristo en el sagrario, nuestra relaci&oacute;n con el pan consagrado, porque lo que hacemos con el pan, se lo estamos haciendo al mismo Cristo, directamente, no a una imagen o figura. No amo, no me arrodillo, no venero, no respeto, no valoro el pan consagrado, celebro de cualquier modo, no respeto al mismo Cristo. Por eso, para saber de la santidad de una persona, sea sacerdote o seglar, hay que tener mucho cuidado con su comportamiento con Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, porque de ah&iacute; han de recibir su fuerza y verdad nuestra vida cristiana, nuestra relaciones con los dem&aacute;s, nuestras predicaciones sobre Cristo o su evangelio, todo nuestro apostolado, todo recibe su fuerza de la Eucarist&iacute;a como de su fuente; toda nuestra vida personal y apost&oacute;lica nos lo jugamos en nuestra relaci&oacute;n y comportamiento con Jesucristo Eucarist&iacute;a. Cuando veo tanta ligereza despu&eacute;s de la Eucarist&iacute;a, hablando o comport&aacute;ndonos como si Cristo ya no estuviese presente en el sagrario, no valorando que es Dios, como si no viera lo que hacemos, me da pena, porque esto indica que no hemos tocado y sentido a Cristo vivo. Si queremos enfervorizar una parroquia, empecemos por revisar nuestras celebraciones eucar&iacute;sticas, nuestras visitas al Sant&iacute;simo, nuestras comuniones, nuestras liturgias y acciones eucar&iacute;sticas. Si queremos enfervorizar a nuestra familia y nuestros hijos, empecemos por revisar nuestra vida eucar&iacute;stica: si queremos enfervorizar nuestras catequesis y catequistas, nuestros grupos cristianos de cualquier clase que sean, empecemos por revisar nuestra relaci&oacute;n con la Eucarist&iacute;a, tratemos todos, sacerdotes y seglares, de amar m&aacute;s a Cristo Eucarist&iacute;a, de imitar sus virtudes eucar&iacute;sticas: humildad, entrega, silencio, perd&oacute;n continuo; revisemos nuestra relaci&oacute;n eucar&iacute;stica con &Eacute;l, nuestra oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, nuestros comportamientos eucar&iacute;sticos. El Vaticano II nos dice:&laquo;...en la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida los hombres, vivificada y vivificante por el Esp&iacute;ritu Santo...los otros sacramentos, as&iacute; como todos los ministerios eclesi&aacute;sticos y obras de apostolado, est&aacute;n &iacute;ntimamente trabados con la sagrada Eucarist&iacute;a y a ella se ordenan...@(PO 5). ANinguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su ra&iacute;z y quicio en la celebraci&oacute;n de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a, por la que debe, consiguientemente, comenzarse toda educaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu de comunidad &raquo;(PO 6). Horas de sagrario y adoraci&oacute;n eucar&iacute;sticas son horas de santificaci&oacute;n directa y llameante, apost&oacute;licas y salvadoras para el mundo y los hombres, redentoras de tanto pecado y materialismo inundante y secularizante, que ya no respetan ni los dinteles de los templos y entra dentro de nuestras iglesias. Necesitamos iglesias abiertas todo el d&iacute;a para que los creyentes puedan visitar, orar y adorar a Jesucristo Sacramentado, fuente y manantial de vida cristiana para todos los hombres:&laquo;... la Eucarist&iacute;a aparece como la fuente y la culminaci&oacute;n de toda la predicaci&oacute;n evang&eacute;lica&raquo; (PO 5). &laquo;Si la Eucarist&iacute;a es centro y cumbre de la vida de la Iglesia, tambi&eacute;n lo es del ministerio sacerdotal. Por eso, con &aacute;nimo agradecido a Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or, reitero que la Eucarist&iacute;a &laquo;es la principal y central raz&oacute;n de ser del sacramento del sacerdocio, nacido efectivamente en el momento de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a y a la vez que ella&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 31b). En esta tarde del Jueves Santo, Cristo no s&oacute;lo ha querido prolongar su presencia en el pan de la Eucarist&iacute;a sino tambi&eacute;n en la presencia de otros hombres, los sacerdotes, a los que confiere su misi&oacute;n y el encargo recibido del Padre. Toda la carta a los Hebreos nos repite que Cristo es el &uacute;nico sacerdote del Nuevo Testamento de modo que los dem&aacute;s, que han sido elegidos por &Eacute;l, no son sino prolongaci&oacute;n suya, prolongadores de su misi&oacute;n de santificar, predicar y guiar al pueblo de Dios. Jes&uacute;s fue sacerdote por su misma Encarnaci&oacute;n, por la uni&oacute;n en su persona de la naturaleza divina y humana, que le convierte as&iacute; en puente, en pont&iacute;fice entre lo divino y lo humano. Por eso rompi&oacute; radicalmente con el sacerdocio del Antiguo Testamento que lo era por l&iacute;nea de sangre o de familia. No necesita el sacramento del Orden porque Jes&uacute;s por su mismo ser y existir, es y fue mediador entre Dios y los hombres. No hubo un instante en que su naturaleza divino-humana no fuera sacerdotal. Lo fue desde la misma Encarnaci&oacute;n. Y ejerci&oacute; su sacerdocio desde el mismo instante de su concepci&oacute;n en el seno de Mar&iacute;a y lo consum&oacute; en la Ultima Cena anticipando el Viernes y el S&aacute;bado de Gloria. &laquo;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n, ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;. Los sacerdotes prolongan la Encarnaci&oacute;n de Cristo, son Cristo Encarnado, son presencia sacramental de Cristo, prolongan su Palabra y su Salvaci&oacute;n y su Vida No hay en esta asamblea alg&uacute;n joven o adulto que quiera ser prolongaci&oacute;n de Cristo? Queridas madres, que am&aacute;is tanto a Cristo y a su Iglesia, por qu&eacute; no ech&aacute;is esta simiente en vuestro coraz&oacute;n y la cultiv&aacute;is con vuestra oraci&oacute;n eucar&iacute;stica para que nazcan hijos que quieran ser sacerdotes? Necesitamos madres sacerdotales. Queridos cristianos, necesitamos vuestra oraci&oacute;n y vuestras obras y sufrimientos por las vocaciones, para que surjan en vuestras familias hijos o hermanos sacerdotes. &iquest;No podr&iacute;ais rezar un poco m&aacute;s, querer y ayudar un poco m&aacute;s a los que ya son sacerdotes? Porque al ser sacramento de Cristo, no en una materia muerta, como un trozo de pan, sino en carne viva, en el barro de los hombres, esto nos obliga a vivir su misma vida, a pisar sus mismas huellas, a ser santos como Cristo y esto cuesta y a veces no podemos y necesitamos vuestra oraci&oacute;n y vuestra ayuda. El sacerdote es sacramento de la presencia y de la vida de Cristo, de la mediaci&oacute;n de Cristo, de la ofrenda victimal de Cristo, de la salvaci&oacute;n de Cristo, de su perd&oacute;n, de sus gracias, de sus dones, pero tambi&eacute;n de su testimonio, de su amor al Padre y a los hombres y nuestro coraz&oacute;n es de carne y se cansa y duda y no abarca &iquest;Pod&eacute;is ayudarnos con vuestro cari&ntilde;o? Con vuestra ayuda nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil, menos costoso prolongar a Cristo, representar y reproducir a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres, como puse en la estampa de mi ordenaci&oacute;n y primera Eucarist&iacute;a, ser, en definitiva, un signo sencillo pero viviente de Cristo. El sacerdote, en raz&oacute;n del sacramento, est&aacute; m&aacute;s obligado a una santidad de vida, porque &Eacute;l es el que act&uacute;a a trav&eacute;s de mi humanidad; yo se la he prestado para siempre, para este tiempo y para toda la eternidad y no la quiero tener para ninguna otra persona u ocupaci&oacute;n. Estoy consagrado a &Eacute;l de por vida y jam&aacute;s me desposar&iacute;a con nadie aunque me estuviera permitido, porque me he entregado a &Eacute;l totalmente y he perdido la capacidad de poder amar esponsalmente a nadie. Mi coraz&oacute;n solo quiero que sea para &Eacute;l, pero soy pecador, por eso pido vuestra oraci&oacute;n, vuestro acompa&ntilde;amiento, vuestra ayuda espiritual. Al tener que pisar sus mismas huellas, tengo tambi&eacute;n que llevar en mi cuerpo las se&ntilde;ales de la pasi&oacute;n de Cristo, sus mismas marcas de amor y dolor. Por eso, como San Pablo a su disc&iacute;pulo Timoteo, valoro este don y doy gracias por &eacute;l al Se&ntilde;or: &ldquo;Doy gracias a Cristo Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or, que me hizo capaz, se fi&oacute; de mi y me confi&oacute; este ministerio&rdquo; (1Tim 1,12). Doy gracias a Dios con S. Pablo porque me ha llamado y me ha hecho capaz de ser y realizar un misterio y ministerio que yo no pod&iacute;a imaginar. Como rezamos en el prefacio de este d&iacute;a:&ldquo;Cristo, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que por la imposici&oacute;n de las manos, participen de su sagrada misi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Se fi&oacute; de m&iacute;&rdquo;, a pesar del pasado de Pablo, a pesar de mi pasado... Cristo me ha preferido, me ha llamado y me sigue llamando en un acto de confianza plena a estar con &Eacute;l y enviarme a predicar, en un acto de predilecci&oacute;n eterna, que jam&aacute;s sabr&eacute; agradecer ni por toda la eternidad, cuando todo lo vea a plena luz y amor y me goce eternamente en la contemplaci&oacute;n de mi identificaci&oacute;n con su sacerdocio celeste a la derecha del Padre y as&iacute; ya para siempre, para siempre, para siempre...toda la eternidad sacerdote celeste con Cristo glorioso para alabanza de gloria de la Sant&iacute;sima Trinidad y mis hermanos, los redimidos. Y esta confianza depositada por el Se&ntilde;or en nosotros, los sacerdotes, debe llevarnos a una correspondencia de gratitud y confianza inquebrantable en su persona y en su misi&oacute;n: &ldquo;S&eacute; de quien me ha fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a el encargo que me dio&rdquo;. Por eso, perdonad que en esta tarde de tan profundos ecos sacerdotales, yo p&uacute;blicamente agradezca a Cristo este don y renueve mi entrega sacerdotal con San Pablo: &ldquo;Doy gracias a Cristo Jes&uacute;s, que me hizo capaz, se fi&oacute; de m&iacute; y me confi&oacute; este ministerio&rdquo;. Finalmente, la celebraci&oacute;n de la &Uacute;ltima Cena incluye el don de la comuni&oacute;n fraterna y solidaria, que nos obliga en el Se&ntilde;or a compartir cuanto somos y tenemos:&ldquo;Un mandamiento nuevo os doy... Hab&eacute;is visto lo que he hecho con vosotros... haced vosotros lo mismo...&rdquo; Hoy es el d&iacute;a de la Eucarist&iacute;a, pero por ello mismo y por voluntad de Cristo, es un d&iacute;a especial de vivir y recordar la obligaci&oacute;n de amarnos fraternalmente, d&iacute;a del encuentro y acogida entre todos los hombres. Y ahora ya, sent&eacute;monos a la mesa y celebremos la Eucarist&iacute;a **************************** SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N DEL JUEVES SANTO, MIRANDO YA EL VIERNES SANTO Hoy quiero que escuch&eacute;is un serm&oacute;n del siglo XVI, de San Juan de &Aacute;vila, pero hecho con tanto amor y sabidur&iacute;a que vale para todos los tiempos. Es sencillamente un Serm&oacute;n sobre la Soledad de la Virgen y de este serm&oacute;n s&oacute;lo he tomado el comienzo del mismo y algunos textos de su desarrollo. Como est&aacute; en castellano del tiempo, ir&eacute; explicando con palabras actuales su significado y sentido. Este es el resumen del Serm&oacute;n de la Soledad de Mar&iacute;a, que he realizado. Exordio &laquo; &ldquo;Flere con flentibus et gaudere cum gaudentibus&rdquo; (Rom 12, 15). Dice el ap&oacute;stol San Pablo: La ley de amor pide esto: quiere que lloremos con los que lloran, y que nos gocemos con los que se gozan. Cosa usada es entre los que se aman ser com&uacute;n a ellos la alegr&iacute;a y la tristeza; de tal manera, que si vos am&aacute;is a alguno mucho y le sucede alguna cosa de que se debe alegrar, vos tambi&eacute;n os alegr&aacute;is como si a vos mismo os sucediera; y, por el contrario, os entristec&eacute;is si alguna cosa adversa le viene. El presente d&iacute;a es dispuesto para acompa&ntilde;ar a la sacrat&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a en sus dolores y trabajos; la devoci&oacute;n de este d&iacute;a es atribuida a ella, y no le cost&oacute; poco. Por cierto, digno de reprensi&oacute;n ser&iacute;a el hijo que, viendo a su madre muy atribulada, llorando afligida, no se entristeciese con ella y le ayudase a llorar sus trabajos; cu&aacute;nto m&aacute;s si hubiese sido causa de lo que la madre padece. Nosotros somos la causa de la pasi&oacute;n de Jesucristo y de las angustias de su Madre. Du&eacute;lente, Se&ntilde;or, no tus pecados, sino los m&iacute;os; te dueles, te afliges, te cansas, no por lo que hiciste, sino por lo que nosotros cometimos. Porque, mira, Jesucristo no ten&iacute;a pecados, ni por qu&eacute; padecer de su parte, no deb&iacute;a nada de s&iacute;. Si tuviese una madre un hijo que se le hubiese muerto por amor de m&iacute;, y viese que yo estaba riendo y que no le ayudaba a llorar su hijo, &iquest;qu&eacute; tanto le pesar&iacute;a? No s&eacute; qu&eacute; mala ventura es &eacute;sta; ya no hay tiempo de pasi&oacute;n, no se celebran estas fiestas como sol&iacute;an. En otro tiempo hab&iacute;a sentimiento de la pasi&oacute;n de Jesucristo; en la primitiva Iglesia duraba la misa y el oficio hasta la ma&ntilde;ana que Jesucristo resucit&oacute;. Ya no hay nada de esto, sino, en pasando el viernes, &iexcl;alto!, ya es Pascua. &iexcl;Sus!, a entender en lo que habemos de comer, en lo que habemos de vestir. &iexcl;Qu&eacute; gentil celebrar de pasi&oacute;n, por cierto! &iquest;Y as&iacute; se hab&iacute;a de hacer ello? &iquest;No os durar&aacute; la devoci&oacute;n de estos sant&iacute;simos d&iacute;as un momento? Gastad, ahora, por reverencia de Dios, este d&iacute;a en acompa&ntilde;ar a la Viuda, (y a su Hijo) y dadle cada uno en su rinconcillo ayudarle a llorar y a estar all&iacute; con ella, pues sois la causa de sus dolores. Celebrad la pasi&oacute;n de Jesucristo, si quer&eacute;is sentir los gozos de su resurrecci&oacute;n. Todo cristiano debe gastar este d&iacute;a en acompa&ntilde;ar a (Jes&uacute;s) y a la Virgen. (Hemos le&iacute;do la escena del Huerto de los Olivos) Van a prender a Jesucristo el jueves de la cena en la noche, y lo primero que dice, olvidado de s&iacute;: No toqu&eacute;is a &eacute;stos! Prenden al libre, &iquest;y mand&aacute;is que no toquen a los siervos? &iquest;Qu&eacute; justicia es &eacute;sta, Se&ntilde;or? Prenden al inocente, &iquest;y mand&aacute;is que dejen a los culpados? Atan al mayorazgo de Dios y dejan ir libres a los esclavos; llevan preso a Jesucristo, dejan al malhechor en casa. &iexcl;Oh, bendita sea tu misericordia! &iexcl;Que no se ponga el cristiano en medio y diga: &laquo;Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; es esto? &iquest;Qu&eacute; justicia es &eacute;sta? Vu&eacute;lvase vuestra espada contra m&iacute;; ejecutad en m&iacute; la ira de vuestra justicia, que yo soy el que merezco el castigo. &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iquest;Por qu&eacute; as&iacute; mat&aacute;is a vuestro mayorazgo y as&iacute; atorment&aacute;is a vuestra sierva Mar&iacute;a? La respuesta de Jesucristo clara est&aacute;; cay&oacute; sobre &eacute;l castigo, por el cual fue adquirida la paz entre Dios y nosotros. Cay&oacute; sobre &eacute;l la ira del castigo por que nosotros fu&eacute;semos remediados&hellip;&mdash;Pues &iquest;por qu&eacute; muere? &mdash;Propter scelera populi mei percussi eum. Eso s&iacute;, &laquo;por los pecados de mi pueblo, porque me ofendieron los hombres, por eso le castigo yo&raquo;, dice el Padre Eterno, por que ellos no se perdiesen para siempre en el infierno. Pues es la culpa de los hombres que han pecado, ellos son la causa de la muerte de Jesucristo; luego &iquest;qu&eacute; justicia es &eacute;sta, Se&ntilde;or, que castig&aacute;is al justo por los pecadores, que muera el inocente por los culpados? Se&ntilde;or, parece que hay escr&uacute;pulo en vuestra justicia, pues castig&aacute;is al que no tiene culpa y dej&aacute;is ir libres a los que hicieron el mal. Si lo quiso El, &iquest;qu&eacute; haremos? Si quiso morir por nosotros, si nos am&oacute; tanto hasta perder la vida por nosotros, &iquest;qu&eacute; diremos? Luego as&iacute; hab&iacute;a de decir el preg&oacute;n: &laquo;Esta es la justicia que manda hacer el Eterno Padre a Jesucristo, su Hijo, porque am&oacute; a los hombres. Quien a tantos y tales ama, que tal haya&raquo;.&mdash; Por qu&eacute; moriste, Se&ntilde;or? &mdash;Por el amor que te tuve, &mdash; &iquest;Qui&eacute;n te cans&oacute;, Se&ntilde;or, tanto? &iquest;Qui&eacute;n te afligi&oacute;? &iquest;Qui&eacute;n te hizo haber hambre y sed? &iquest;Qui&eacute;n te hizo sudar? &iquest;Qui&eacute;n te par&oacute; tal hasta morir desnudo en una cruz? &mdash;El amor que tuve a los hombres. &mdash; &iquest;Por qu&eacute;, Padre, afligiste tanto a la Madre y al Hijo? &iquest;Qu&eacute; culpa tienen? Ovejas son inocent&iacute;simas. &mdash;El amor que tuvo a los hombres Jesucristo, eso es. &iquest;Por qu&eacute; tan afligida la Virgen nuestra Se&ntilde;ora? Pero &iquest;qu&eacute; tiene que ver con eso la Virgen Mar&iacute;a nuestra Se&ntilde;ora? &iquest;Por qu&eacute; tan afligida? &iquest;Por qu&eacute; tanto la atribul&oacute; el Eterno Padre el d&iacute;a de hoy? &iquest;No est&aacute; escrito: Si topareis en el campo alg&uacute;n nido de p&aacute;jaros y estuviera en &eacute;l su madre, tomad los p&aacute;jaros y no llegu&eacute;is a la p&aacute;jara; tomad los hijos y dejad la madre? &iquest;No mandaba Dios en el &Eacute;xodo: No cuezas el cabrito en la leche de su madre? &ldquo;Ne coxeris haedum in lacte matris suae&rdquo;. Se&ntilde;or, &iquest;ten&eacute;is cuidado de las aves, ten&eacute;is cuidado de los animales? &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iquest;No bastaba matar al hijo y ponerle en una cruz, sin matar tambi&eacute;n a la Madre? &iquest;Por qu&eacute; se cuece a Jesucristo en las l&aacute;grimas de su Madre? Si lo quer&eacute;is asado, asado est&aacute; en el fuego de tan grandes tormentos, asado lo tiene el fuego del amor, que en su bendit&iacute;simo coraz&oacute;n ard&iacute;a mientras estaba padeciendo en la cruz; y si lo quer&eacute;is cocido, cocido est&aacute; en l&aacute;grimas, que de los ojos de su sacrat&iacute;sima Madre sal&iacute;an, viendo lo que estaba padeciendo. &iexcl;Oh, bendita sea vuestra misericordia, Se&ntilde;or! &iquest;Y qu&eacute; os ha hecho esta bienaventurada Virgen? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que todos los d&iacute;as de su vida os sirvi&oacute;? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que, mientras en esta vida estaba, en otra cosa no gast&oacute; su tiempo sino en agradaros? &iquest;Qu&eacute; os hizo la que tan desvelada andaba todas las noches y los d&iacute;as por contentaros? &iquest;Qu&eacute; hizo su virginal coraz&oacute;n, en el cual aun un pensamiento el m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo, nunca hubo de que vos, Se&ntilde;or, os ofendieseis, que as&iacute; la hab&eacute;is hoy lastimado, que as&iacute; la hab&eacute;is hoy entristecido? &iquest;Qu&eacute; os hizo, Se&ntilde;or, esta Virgen limp&iacute;sima, en quien nunca hubo pecado? &iquest;Por qu&eacute; tanto la hab&eacute;is afligido el d&iacute;a de hoy? &iexcl;Oh Virgen bendita! Y quien te preguntase: &iquest;En qui&eacute;n estaba tu consuelo? &iquest;En qui&eacute;n esperabas? &iquest;Qu&eacute; era lo que m&aacute;s amabas? &iquest;Por ventura no era Jesucristo? El uno y solo era tu consuelo y esposo, tu Hijo, tu alegr&iacute;a, tu remedio; El solo te era todas las cosas; con solo El estabas, Se&ntilde;ora, contenta y ninguna cosa echabas de menos; teniendo a El, ninguna cosa faltaba; falt&aacute;ndote El, todo tu bien has perdido; no lo trocar&aacute;s por cielos y tierra. Ella es la que m&aacute;s perdi&oacute;, la m&aacute;s entristecida, la m&aacute;s desconsolada, la m&aacute;s afligida de cuantas hubo ni habr&aacute;. Cuando lo viese que ya quer&iacute;a expirar, cuando viese aquellos lucientes ojos oscurecerse, cuando viese alz&aacute;rsele el pecho, cuando lo viese resollar tan aprisa con las ansias de la muerte, la Madre que tal vio, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a? No hay coraz&oacute;n que sepa sentirlo, no hay lengua que sepa explicarlo No te qued&oacute; consuelo ni arrimo en la tierra, muerto tu sant&iacute;simo Hijo, porque en &eacute;l tenias todas las cosas. Oh, bendito seas, Se&ntilde;or, que fuiste servido que el amor grande de esta Virgen fuera say&oacute;n que la atormentase tanto, que dice San Jer&oacute;nimo, que cada punzada, que daban a Jesucristo en el cuerpo era una lanzada que atravesaba el coraz&oacute;n de la Virgen; cada bofetada, cada azote, cada llaguita que hac&iacute;an a Jesucristo, tantas pu&ntilde;aladas eran para el coraz&oacute;n de esta Virgen! &iexcl;Oh, bendita sea tu misericordia, que tantas saetas tuviste para herir y traspasar el coraz&oacute;n de esta Virgen! Pues si el cuerpo de Jesucristo estaba con cinco mil azotes repartidos en un cuerpo como el suyo, su sacrat&iacute;sima cabeza atravesada por tantas partes de las espinas, horadados con clavos tan crueles sus pies y manos, todo corriendo sangre, sus sacrat&iacute;simas barbas peladas, escupido, abofeteado, aquel delicado cuerpo descoyuntado y sus tiernos miembros desencajados, &iquest;qu&eacute; tal os parece que estar&iacute;a el coraz&oacute;n de la Virgen, que esto ten&iacute;a delante de los ojos? &iexcl;Oh virginal coraz&oacute;n! La pint&aacute;is con siete cuchillos, con setecientos la hab&iacute;ais de pintar! No tienen cuenta las gotas de la mar y sus arenas, no tienen cuenta las estrellas del cielo con los dolores de la Virgen Mar&iacute;a. La muerte y la lanzada Alz&oacute; los ojos la primera madre Eva para ver el &aacute;rbol del que Dios le hab&iacute;a mandado que no comiese. Alz&oacute; los ojos la Virgen Mar&iacute;a a Jesucristo en la cruz. M&aacute;s lastim&oacute; a la Virgen ver cu&aacute;l estaba Jesucristo que agrad&oacute; y deleit&oacute; ver a la primera doncella el &aacute;rbol que le estaba vedado que no comiese. &iquest;Para qu&eacute; son ojos hoy, Se&ntilde;ora? Deseaba la Virgen sacrat&iacute;sima ver a Jesucristo. Alzaba los ojos a mirarlo. Era tanto el dolor que recib&iacute;a de verlo, que tanto padec&iacute;a, que cuan presto alzaba los ojos, tan presto los bajaba, no pudi&eacute;ndolo sufrir. Dec&iacute;a al Eterno Padre: &laquo;Se&ntilde;or, no te pido vida para mi Hijo; ya veo, Se&ntilde;or, que est&aacute; muy cerca de su muerte; recibid, Se&ntilde;or, su muerte en recompensa de los pecados de los hombres. Cese ya tu justicia; no castigues tus esclavos, pues as&iacute; has castigado a tu mayorazgo por que ellos no se perdieran. Con alegr&iacute;a, Se&ntilde;or, le recib&iacute;, y con grande dolor te lo torno. Grande fue el gozo que mi alma recibi&oacute; el d&iacute;a que el &aacute;ngel me trajo la nueva de que le hab&iacute;a le parir; pero grand&iacute;simo dolor sent&iacute; en mi coraz&oacute;n al verle partirse de mi con tanto trabajo&raquo;. &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? Cuando lleg&oacute; la hora en que expir&oacute;, &iquest;qu&eacute; sinti&oacute; tu coraz&oacute;n al verle agonizar con la muerte aquellas ansias mortales? Muere el uno en la cruz, y cae el otro al pie de ella. &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? A Abraham mand&oacute;le Dios que subiese al monte y sacrificase a su hijo, pero despu&eacute;s content&oacute;se Dios con sola su obediencia de coraz&oacute;n, y di&oacute;le un carnero que sacrificase. Al monte subi&oacute; con su hijo Isaac, y del monte baj&oacute; con &eacute;l; mas la Virgen nuestra Se&ntilde;ora no as&iacute;. Al monte Calvario subi&oacute; con su Hijo; mas no le trajo a la vuelta consigo, que all&aacute; le dej&oacute;. &laquo;Padre de misericordia &mdash;dec&iacute;a la Virgen&mdash;, veis aqu&iacute; vuestra esclava, c&uacute;mplase en m&iacute; vuestra voluntad. Este Hijo me disteis; con gran alegr&iacute;a le recib&iacute;. Vedle, ah&iacute; os lo torno; vos me lo disteis, vos me lo quitasteis, c&uacute;mplase vuestra sant&iacute;sima voluntad; esclava soy para todo lo que vuestra majestad quisiere hacer de m&iacute;. El d&iacute;a de mi alegr&iacute;a os cant&eacute;: Engrandezca mi alma al Se&ntilde;or y g&oacute;cese mi esp&iacute;ritu con Dios mi salud; el d&iacute;a de mi tristeza y dolores supl&iacute;coos le recib&aacute;is en agradable sacrificio por los pecados de los hombres&raquo;. El Hijo en sus brazos Lev&aacute;ntase la Virgen para tomar a Jesucristo en sus brazos; con el dolor no pod&iacute;a reposar; ni descansar en pie, ni descansar sentada: &mdash;&laquo;&iexcl;D&aacute;dmele ac&aacute;!&mdash;&raquo; jOh Se&ntilde;ora, que no sab&eacute;is lo que ped&iacute;s! Mirad que no descansar&eacute;is con eso, antes se doblar&aacute; vuestro dolor&raquo;. Tornan el cuerpo y p&oacute;nenselo en sus faldas. Toma San Juan la cabeza y la Magdalena los pies; comienzan todos a llorar tan reciamente, por una parte de ver aquel bendito cuerpo tan atormentado, por otra parte de ver las l&aacute;stimas que la sacrat&iacute;sima Virgen hac&iacute;a. &iexcl;Oh gran dolor! &iquest;A qui&eacute;n te comparar&eacute;? Comienza la Virgen a allegarle las manos a la cabeza y topaba con las espinas que le hab&iacute;an quedado hincadas al quitar de la corona; todos los cabellos llenos de sangre. No hac&iacute;a sino rodear aquel cuerpo; no se hartaba de mirarlo; por otra parte, desfallec&iacute;a del gran dolor. Toma las manos, velas hechas pedazos; pone los ojos en el rostro de su Hijo, abre aquella boca y comienza a hablar; quebraba el coraz&oacute;n al que la o&iacute;a: &iquest;Qu&eacute; es esto, Se&ntilde;or? &iexcl;Hijo m&iacute;o, Dios m&iacute;o y consuelo m&iacute;o!, &iquest;c&oacute;mo me has dejado, sabiendo que tanto te amaba? &iquest;Para qu&eacute; me has guardado para tanto dolor? &iquest;Este es el cuerpo que yo tan tiernamente trataba y envolv&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n, Se&ntilde;or, te ha parado tal? &iquest;Qu&eacute; coraz&oacute;n bast&oacute; a hacerte tanto mal? &iexcl;Oh Verdad de Dios escupida! &iexcl;Oh hermosura afeada! &iexcl;Oh lumbre del cielo oscurecida! &iexcl;Oh rostro que alegras en el cielo los bienaventurados!, &iquest;y qui&eacute;n te ha desfigurado de tal manera? &iexcl;Oh lengua que a tantos consolaste, que a nadie supiste decir mala palabra! &iquest;Ad&oacute;nde est&aacute;s que no me respondes? &iquest;C&oacute;mo se ha tornado mi arpa en lloro y mi m&uacute;sica en l&aacute;grimas?&raquo; El coraz&oacute;n m&aacute;s tierno de las madres del mundo fue el de Maria. Y si de ver a un pobre llora, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a de ver padecer al Hijo, de verlo muerto sobre sus faldas y tan atormentado como estaba? Es tan tierna, que si viera padecer alg&uacute;n mal, alg&uacute;n trabajo a los mismos que crucificaron a su Hijo y trataron tan cruelmente, se le doliera de ello. Pues decidme, &iquest;qu&eacute; os parece que sentir&iacute;a de ver padecer tanto a un su &uacute;nico Hijo, y tal Hijo? Consu&eacute;late, cristiana mujercita, hombrecito, que est&aacute;is en trabajo; s&aacute;bete que tienes una Madre en los cielos, que se duele de tus fatigas m&aacute;s que t&uacute; mismo te dueles, y as&iacute; procura remediarlas. El mayor dolor de cuantos se pueden pensar en el mundo, en el coraz&oacute;n m&aacute;s tierno: &iquest;qu&eacute; os parece que sentir&aacute;? &laquo;Padre de misericordia &mdash;dec&iacute;a la Virgen&mdash;, veis aqu&iacute; vuestra esclava, c&uacute;mplase en m&iacute; vuestra voluntad. Este Hijo me disteis; con gran alegr&iacute;a le recib&iacute;. Vedle, ah&iacute; os lo torno; vos me lo disteis, vos me lo quitasteis, c&uacute;mplase vuestra sant&iacute;sima voluntad; esclava soy para todo lo que vuestra majestad quisiere hacer de m&iacute;. El d&iacute;a de mi alegr&iacute;a os cant&eacute;: Engrandezca mi alma al Se&ntilde;or y g&oacute;cese mi esp&iacute;ritu con Dios mi salud; el d&iacute;a de mi tristeza y dolores supl&iacute;coos le recib&aacute;is en agradable sacrificio por los pecados de los hombres&raquo;. &laquo;Oh pecadores, &iexcl;cu&aacute;n caro me cost&aacute;is! &iexcl;C&oacute;mo por amor de vosotros ha pasado mi coraz&oacute;n trance tan amargo como ha sido &eacute;ste, ver a mi Hijo Jesucristo padecer tan cruel muerte y pasi&oacute;n! Lo que vosotros hicisteis, &Eacute;l lo ha pagado, y mi alma lo ha sentido: por bien empleado vaya, aunque ha pasado tantos trabajos, por que vosotros recib&aacute;is el fruto de ello y alcanc&eacute;is perd&oacute;n de Dios&raquo;. &iexcl;Oh Se&ntilde;ora! bendita se&aacute;is vos, que a&uacute;n ten&eacute;is el sonido de las palabras de vuestro Hijo: &iexcl;Perdonadlos! &laquo;Yo los perdono, Se&ntilde;or; y por la parte que me cabe de los trabajos que os he visto padecer por amor de ellos, perdonadlos, Se&ntilde;or; hacedles bien; consoladlos en sus tribulaciones; socorredlos en sus necesidades; ayudadlos en sus trabajos; o&iacute;dios, Se&ntilde;or, cuando os llamaren; alegradlos; hacedles bien por m&iacute;, Se&ntilde;or&raquo;. &ldquo;Ecce ancilla&rdquo;. Aqu&iacute; se cumpli&oacute; bien el conformarse con la voluntad de Dios. &iexcl;Oh dechado de madres! Perdonad; no esper&eacute;is que os vengan a rogar. &iquest;No veis a Mar&iacute;a, Madre bendita, que de buena gana perdon&oacute; la muerte de su bendito Hijo, y estando a&uacute;n corriendo sangre, fresco, reci&eacute;n muerto; y no espera que le vengan a rogar, antes ella ruega por los que le hab&iacute;an dado la muerte, y por los que hab&iacute;an sido causa de ella? Recogida en el Cen&aacute;culo Busca m&aacute;s; (busca a los Ap&oacute;stoles) y h&aacute;llalos todos; vanse para el cen&aacute;culo. Hablan a la Virgen, llegan todos, los ojos por el suelo: &laquo;Se&ntilde;ora, he aqu&iacute; los malos, los cobardes, todos huimos y le dejamos; sola vos no hu&iacute;steis, Se&ntilde;ora. Todos perdimos la fidelidad; vos no la perdisteis; alcanzadnos perd&oacute;n, Se&ntilde;ora. J&uacute;ntanse all&iacute; todos; toda la noche y el d&iacute;a era en pensar c&oacute;mo le crucificaron; su pl&aacute;tica no era otra. Dec&iacute;a San Juan, que lo vio todo: &laquo;Oh hermanos, si le vierais en la columna, si en la coronaci&oacute;n de espinas; si le vierais con tanto trabajo llevar la cruz sobre sus benditos hombros, pregon&aacute;ndole por traidor, con cu&aacute;nta deshonra, con cu&aacute;nto cansancio; si le vierais en la cruz perdido el color de su bendita cara, las l&aacute;grimas en aquellos ojos, su cabeza corriendo sangre, sus pies y sus manos hechos tambi&eacute;n fuentes, y dar con tan gran trabajo el alma al Padre! As&iacute; pasaron la noche; as&iacute; pasemos nosotros, acompa&ntilde;ando y consolando a la Virgen y llorando con ella tanto dolor como por nuestra causa le vino; y esta Se&ntilde;ora, por cuya honra os juntasteis aqu&iacute;, os la pagar&aacute; rogando por vosotros cuando le llamareis. Os consolar&aacute; en vuestras tibiezas, os socorrer&aacute; en vuestros trabajos; os alcanzar&aacute; gracia y despu&eacute;s gloria, ad quam nos perducat. Amen.&raquo; ****************************************** VIERNES SANTO DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDOS HERMANOS: 1.- En la cruz casi infinitamente grande y dolorosa, formada por nuestros delitos y pecados, quiso Cristo ser clavado para redimir al mundo y al hombre de su condena. En esta tarde memorable del Viernes Santo, la sombra gigantesca de un crucificado se desploma aplastante de dolor y de tristeza sobre nosotros, sobre nuestras cabezas, sobre nuestros corazones y sobre nuestros ojos. A la sombra de esta cruz formada por nuestros pecados debemos permanecer silenciosamente hasta la ma&ntilde;ana pascual de la resurrecci&oacute;n, porque Jesucristo Dios de amor por los hombres ha muerto en su humanidad que hab&iacute;a asumido para salvarnos. No se trata de la muerte de un hombre santo, sino de un hombre en quien Dios se encarn&oacute; y se hizo presente con nuestra carne para poder sufrir por el hombre y demostrarle su amor. Es un hecho &uacute;nico e inaudito que no existe en ninguna otra religi&oacute;n, y que nosotros no podr&iacute;amos haber ni sospechado si &Eacute;l no nos lo hubiera revelado y realizado con palabras y gestos muy reales y concretos, que sobrepasan toda comprensi&oacute;n puramente humana. Es una realidad, un hecho que si lo creemos es para quedarse aqu&iacute; para siempre y morir de amor por &Eacute;l como &Eacute;l muri&oacute; por todos nosotros. Debi&oacute; ser un espect&aacute;culo impresionante. El Evangelio lo expresa as&iacute;: &ldquo;Viendo el centuri&oacute;n que estaba frente a &Eacute;l de qu&eacute; manera mor&iacute;as, dijo: verdaderamente este hombres era Hijo de Dios.&rdquo; Igual la multitud de personas que lo hab&iacute;an presenciado y que, &ldquo;golpe&aacute;ndose el pecho&rdquo;, marchaban a sus casas. Nosotros tambi&eacute;n, Se&ntilde;or, contempl&aacute;ndote esta tarde del Viernes Santo clavado en la cruz, no podemos menos de admirarte, venerarte y reconocer tu amor, que te hizo pasar por dolores y humillaciones y sufrimientos atroces de todo tipo para que el hombre no dudase nunca del amor y perd&oacute;n del Padre. Era yo el que ten&iacute;a que sufrir esos dolores por mis pecados, &eacute;ramos nosotros los que merec&iacute;amos tanto escarnio, tantas humillaciones por nuestras infidelidades; &eacute;ramos nosotros los que est&aacute;bamos condenados a morir con muerte eterna por nuestros pecados, pero T&uacute; quisiste sufrirlo todo por nosotros para librarnos a todos los hombre de la condena a muerte merecida por nuestros pecados. Por eso, Se&ntilde;or, tu cruz y tus sufrimientos me echan en cara en pirmer lugar mis pecados y mis faltas de amor, todos mis pecados, todas mis cobard&iacute;as en seguirte cuando me exiges el cumplimientos de tus mandamientos y evangelio, son un reproche vivo y sangrante contra mi faltas de amor, de entusiasmo, mi flojedad, mi rutina, ni pereza en el seguimiento de tu vida y consejos evang&eacute;licos. T&uacute; eres inocente, yo soy el culpable. Mis pecados y mis faltas de amor te crucificaron. &ldquo;Padre, perd&oacute;nales porque no saben lo que hacen, lo que hacemos muchas veces en nuestras vidas. Por eso, hoy, Se&ntilde;or, la verte sufrir y clavado en esa cruz, no basta llorar, tengo que amarte, convertirme de verdad a tu amor, hacer cambios en mi vida. Si, queridos hermanos, &ldquo;Consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; ya terminado, consumado, conseguido, su salvaci&oacute;n y nuestro perd&oacute;n. Lo acaba de decir Cristo desde la cruz: &ldquo;Consumatum est&rdquo;, Todo esta rematado. Entre todos hemos matado a Cristo con nuestros pecados. Ya no podemos volvernos atr&aacute;s. Porque todos hemos pecado. Tenemos por eso las manos a&uacute;n manchadas, te&ntilde;idas de sangre y con salpicaduras sobre nuestro cuerpo pecador y sobre nuestro rostro que ha injuriado a Dios con palabras y juicios contrarios al evangelio, no cumpliendo la voluntad del Padre. Nos dijeron siempre que el hombre no puede vencer a Dios, pero en esta ocasi&oacute;n lo hemos logrado por nuestros pecados y del mundo y sobre todo por su exceso de amor de su parte. Ha sido la &uacute;nica vez que todos los hombres de todos los tiempos y de todas las razas nos hemos puesto de acuerdo para hacer algo memorable, algo imponente, algo que ya nada ni nadie podr&aacute; borrar de la historia. &ldquo;consumatum est&rdquo; Todo ha sido consumado, realizado por el amor m&aacute;s extremo e infinito que existe y puede existir: que Dios ha muerto. Hemos merecido que por amor entregado Dios entregue su vida por sus criaturas. Eso es un Cricifijo: el amor extremado de un Dios hecho hombre para poder morir por el hombre, por sus criaturas que no lo quieren y reconocen. Porque si t&uacute;, querido hermanos, le amas a Cristo y te acercas a &Eacute;l crucificado, El se descuelga y te abraza con esos mismos brazos de Amor. Hag&aacute;moslo un momento ahora porque &Eacute;l lo est&aacute; esperando y lo merece y&hellip; lo necesita en estos tiempos de pol&iacute;ticos ateos y sin fe y amor. (Silencio) Los te&oacute;logos y los fil&oacute;sofos nos dijeron que Dios no pod&iacute;a morir porque su poder es infinito; pero no sab&iacute;an que su amor es infinito tambi&eacute;n y lo puede hacer en carne humana. Por eso se encarn&oacute; y se hizo hombre. Que vengan los te&oacute;logos y lo vean. Pero sobre todos que nos lo expliquen los m&iacute;sticos de todos los tiempos que lo han sentido y vivido. 2.- &ldquo;Consumatum est&hellip; todo est&aacute; cumplido&rdquo;&rdquo;. Vamos a ver, Jes&uacute;s, esto s&oacute;lo lo puede decir uno que sabia lo que iba a pasar. Luego T&uacute;, Jes&uacute;s, lo dijiste porque sab&iacute;as lo que te iba a suceder. Entonces, perdona, Se&ntilde;or, pero no mereces compasi&oacute;n porque T&uacute; lo sab&iacute;as, lo sab&iacute;as y no lo evitaste, lo has cumplido y sufrido todo por amor. Entonces, perdona Jes&uacute;s que te lo diga, T&uacute; estuviste loco, T&uacute; est&aacute;s loco de amor a los hombres, a cada uno de nosotros, t&uacute; me amas locamente porque era yo quien merec&iacute;a esos sufrimientos por mis pecados. T&uacute; te has buscado esta locura de sufrimientos y deprecios, esa muerte, estos sufrimientos; T&uacute; sab&iacute;as que muchos te escupir&iacute;an, que te crucificar&iacute;an con su desprecios, pecados, con sus falta de fe en tu amor, T&uacute; sab&iacute;as que el crucifijo y el crucificado no significar&iacute;an nada en la vida de muchos hombres, incluso bautizados, que quitan im&aacute;genes y crucifijos de sus casas, habitaciones, despachos, T&uacute; sab&iacute;as que te dejar&iacute;an solo, abandonado camino del Calvario porque se avergonzar&iacute;an de ti en la televisi&oacute;n, en la prensa, T&uacute; lo sab&iacute;as todo y, sin embargo, dejaste que te clavasen en la cruz para que el Padre los perdonase a todos, nos perdonase todos nuestros pecados y para que nosotros nunca dud&aacute;semos de tu amor, del amor de un Dios infinito que nos crea y ca&iacute;dos y alejados de su amistad por el pecado, se hace hombre viene a nuestro encuentro de salvacion y para eso y por eso se deja clavar en la cruz por todos nosotros, para que volvamos a tener vida de amistad contigo y con Dios Padre y se no abriesen las puertas del cielo eternamente. T&uacute; estuviste loco de amor. El crucifijo es la mayor muestra de amor y pasi&oacute;n por el hombre que existe en el mundo y nosotros lo creemos y lo besaremos siempre, especialmente en este d&iacute;a. 3.- Por eso, &ldquo;consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; terminado por el amor loco, infinito y apasionado de un Dios loco de amor por su criatura. Hab&iacute;a olvidado que T&uacute; antes de morir hab&iacute;as dicho que &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;, T&uacute; eres el mejor amigo del hombre, el mejor amigo que tengo, que existe y puede existir, porque eres infinito amando. T&uacute; eres Amor y si dejas de amar dejas de existir. Por eso, Se&ntilde;or, ese tu rostro muerto y crucificado me est&aacute; volviendo loco, yo quiero estar tambi&eacute;n como T&uacute; loco de amor a mi Cristo crucificado. Por eso quiero terminar esta tarde del Viernes Santo con las palabras del poeta: No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. T&uacute; me mueves, Se&ntilde;or, mu&eacute;veme el verte clavado en una cruz y escarnecido, mu&eacute;veme ver tu cuerpo tan herido, mu&eacute;venme tus afrentas y tu muerte. Mu&eacute;veme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Jes&uacute;s, hab&iacute;a olvidado que al ver a tu Padre entristecido por el pecado, que imped&iacute;a al hombre entrar en su amistad, T&uacute; te ofreciste voluntariamente en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad para decirle: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Nosotros jam&aacute;s comprenderemos este amor, porque los hombres sabemos matem&aacute;ticas y derechos e igualdad y en un crucificado no existe nada de eso; por eso no lo comprenderemos nunca. 4.- Ese rostro, Se&ntilde;or, condena abiertamente mi falta de amor, mi comodidad, mi poca exigencia en seguirte, mis cobard&iacute;as en llevar tu cruz sobre mis hombros. Por otra parte, hubiera bastado una gota de tu sangre, pero quisiste darla toda para que nunca dudase de la verdad de tu amor. Por eso, siempre que vea un crucifijo, puedo estar segura de que alguien me ama hasta dar su vida por m&iacute;. Mir&aacute;ndote en la cruz me explico y comprendo todas las frases de San Pablo: &ldquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo y una ganancia el morir&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo, por el cual yo estoy crucificado y el mundo para mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute; y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Comprendo tambi&eacute;n al poeta: &laquo;No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte&hellip;T&uacute; me mueves, mu&eacute;veme el verte, clavado en esa cruz y escarnecido&hellip; Mu&eacute;veme y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno te temiera.&raquo; ************************************* VIERNES SANTO DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDOS HERMANOS: 1.- En la cruz casi infinitamente grande y dolorosa, formada por nuestros delitos y pecados, quiso Cristo ser clavado para redimir al mundo y al hombre de su condena. En esta tarde memorable del Viernes Santo, la sombra gigantesca de un crucificado se desploma aplastante de dolor y de tristeza sobre nosotros, sobre nuestras cabezas, sobre nuestros corazones y sobre nuestros ojos. A la sombra de esta cruz debemos permanecer silenciosamente hasta la ma&ntilde;ana pascual de la resurrecci&oacute;n, porque Dios ha muerto. No se trata de la muerte de un hombre santo, sino de un hombre en quien Dios se encarn&oacute; y se hizo presente con nuestra carne para poder sufrir por el hombre y demostrarle su amor. Es un hecho &uacute;nico e inaudito que no existe en ninguna otra religi&oacute;n, y que nosotros no podr&iacute;amos haber ni sospechado si &Eacute;l no nos lo hubiera revelado y realizado con palabras y gestos muy reales y concretos, que sobrepasan toda comprensi&oacute;n puramente humana. Debi&oacute; ser un espect&aacute;culo impresionante. El Evangelio lo expresa as&iacute;: &ldquo;Viendo el centuri&oacute;n que estaba frente a &Eacute;l de qu&eacute; manera mor&iacute;as, dijo: verdaderamente este hombres era Hijo de Dios.&rdquo; Igual la multitud de personas que lo hab&iacute;an presenciado y que, &ldquo;golpe&aacute;ndose el pecho&rdquo;, marchaban a sus casas. Nosotros tambi&eacute;n, Se&ntilde;or, contempl&aacute;ndote clavado en la cruz esta tarde del Viernes Santo, no podemos menos de venerarte y reconocer tu amor, que te hizo pasar por dolores y humillaciones y sufrimientos atroces de todo tipo. Era yo el que ten&iacute;a que sufrir esos dolores, &eacute;ramos nosotros los que merec&iacute;amos tanto escarnio, tantas humillaciones; &eacute;ramos nosotros los que est&aacute;bamos condenados a morir con muerte eterna por nuestros pecados, pero T&uacute; quisiste sufrir por nosotros la condena y la muerte. Tu cruz y tus sufrimientos me echan en cara mi falta de amor, todos mis pecados, todas mis cobard&iacute;as en seguirte cuando me exiges, son un reproche vivo y sangrante contra mi falta de entusiasmo, mi flojedad, mi rutina, ni pereza en el seguimiento de su evangelio. T&uacute; eres inocente, yo soy el culpable. Mis pecados te crucificaron. Por eso, no basta llorar, tengo que convertirme de verdad a tu amor. Si, queridos hermanos, ya est&aacute; todo terminado. Lo acaba de decir Cristo desde la cruz: &ldquo;Consumatum est&rdquo;. Todo esta rematado. Entre todos hemos matado a Cristo con nuestros pecados. Ya no podemos volvernos atr&aacute;s. Porque todos hemos pecado. Tenemos por eso las manos a&uacute;n manchadas, te&ntilde;idas de sangre y con salpicaduras sobre nuestro cuerpo pecador y sobre nuestro rostro que ha injuriado a Dios con palabras y juicios contrarios al evangelio, no cumpliendo la voluntad del Padre. Nos dijeron siempre que el hombre no puede vencer a Dios, pero en esta ocasi&oacute;n hemos logrado hacerlo por su exceso de amor de su parte y por nuestros pecados que exig&iacute;an esta redenci&oacute;n. Ha sido la &uacute;nica vez que todos los hombres de todos los tiempos y de todas las razas nos hemos puesto de acuerdo para hacer algo memorable, algo imponente, algo que ya nada ni nadie podr&aacute; borrar de la historia. Hemos merecido que por amor entregado Dios entregue su vida por sus criaturas. Los te&oacute;logos y los fil&oacute;sofos nos dijeron que Dios no pod&iacute;a morir porque su poder es infinito; pero no sab&iacute;an que su amor es infinito tambi&eacute;n y lo puede hacer en carne humana. Por eso se encarn&oacute; y se hizo hombre. Que vengan los te&oacute;logos y lo vean. Pero que nos lo expliquen los m&iacute;sticos de todos los tiempos. 2.- &ldquo;Consumatum est&rdquo;. Vamos a ver, Jes&uacute;s, T&uacute; en la cruz dijiste &ldquo;todo est&aacute; cumplido&rdquo; y esto s&oacute;lo lo puede decir uno que sabe lo que tiene que hacer. Esto quiere decir que T&uacute; sabias lo que te iba a suceder. Es m&aacute;s, lo profetizaste y lo dijiste por tres veces a los Ap&oacute;stoles antes de que sucediera. Es como si vamos al cine con un amigo que ha visto una pel&iacute;cula y un segundo antes de terminar me dice, v&aacute;monos, ha terminado. Luego T&uacute;, Jes&uacute;s, sab&iacute;as lo que te iba a suceder. Pues entonces no mereces compasi&oacute;n. Has ido directamente a cumplir lo que te hab&iacute;as propuesto. Todo est&aacute; terminado. Luego no mereces compasi&oacute;n, como una persona que sabe que va a morir y se expone al peligro en la carretera, en una guerra o donde sea, porque se lo ha buscado. Entonces, perdona que te lo diga, T&uacute; est&aacute;s loco, T&uacute; te has buscado esta locura, esta muerte, estos sufrimientos; T&uacute; sab&iacute;as que muchos te escupir&iacute;an, que te crucificar&iacute;an con su desprecios, pecados, con su falta de fe en tu amor, T&uacute; sab&iacute;as que el crucifijo y el crucificado no significar&iacute;an nada en la vida de muchos bautizados, incluso le quitan de sus habitaciones, de sus despachos, sab&iacute;as que te dejar&iacute;an solo, abandonado camino del Calvario porque se avergonzar&iacute;an de ti, T&uacute; lo sab&iacute;as todo y, sin embargo, te clavastes en la cruz para que no dud&aacute;semos nunca del amor de un Dios infinito que nos crea y ca&iacute;dos y alejados de su amistad por el pecado, se deja clavar en la cruz por todos nosotros, para que volvamos a tener vida de amistad con &Eacute;l. T&uacute; estuviste loco de amor. El crucifijo es la mayor muestra de amor y pasi&oacute;n por el hombre que existe en el mundo, si creemos de verdad. 3.- Por eso, &ldquo;consumatum est&rdquo;, todo est&aacute; terminado por el amor loco, infinito y apasionado de un Dios loco de amor por su criatura. Hab&iacute;a olvidado que T&uacute; antes de morir hab&iacute;as dicho que &ldquo;nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;, T&uacute; eres el mejor amigo del hombre, el mejor amigo que tengo, que existe y puede existir, porque eres infinito amando. T&uacute; eres Amor y si dejas de amar dejas de existir. Por eso, Se&ntilde;or, ese tu rostro muerto y crucificado me est&aacute; volviendo loco, yo quiero estar tambi&eacute;n como T&uacute; loco de amor a mi Cristo crucificado. Hab&iacute;a olvidado que al ver a tu Padre entristecido por el pecado, que imped&iacute;a al hombre entrar en su amistad, T&uacute; te ofreciste voluntariamente en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad para decirle: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Nosotros jam&aacute;s comprenderemos este amor, porque los hombres sabemos matem&aacute;ticas y derechos e igualdad y en un crucificado no existe nada de eso; por eso no lo comprenderemos nunca. 4.- Ese rostro, Se&ntilde;or, condena abiertamente mi falta de amor, mi comodidad, mi poca exigencia en seguirte, mis cobard&iacute;as en llevar tu cruz sobre mis hombros. Por otra parte, hubiera bastado una gota de tu sangre, pero quisiste darla toda para que nunca dudase de la verdad de tu amor. Por eso, siempre que vea un crucifijo, puedo estar segura de que alguien me ama hasta dar su vida por m&iacute;. Mir&aacute;ndote en la cruz me explico y comprendo todas las frases de San Pablo: &ldquo;No quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;; &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo y una ganancia el morir&rdquo;; &ldquo;Todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Se&ntilde;or Jesucristo, por el cual yo estoy crucificado y el mundo para mi&rdquo;; &ldquo;estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute; y mientras vivo en esta carne vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Comprendo tambi&eacute;n al poeta: &laquo;No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte&hellip;T&uacute; me mueves, mu&eacute;veme el verte, clavado en esa cruz y escarnecido&hellip; Mu&eacute;veme y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno te temiera.&raquo; ********************************************** TIEMPO DE PASCUA RETIRO DE PASCUA DE RESURRECCI&Oacute;N MEDITACI&Oacute;N (Inspirada en una Audiencia general del Papa Juan Pablo II, mi&eacute;rcoles 25 de enero 1995) Queridos hermanos: 1.-En esta meditaci&oacute;n vamos a reflexionar sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo, verdad culminante de nuestra fe en Cristo, documentada por el Nuevo Testamento, cre&iacute;da y vivida como fundamento de la fe cristiana por las primeras comunidades, transmitida como esencial por la tradici&oacute;n, jam&aacute;s olvidada por los verdaderos cristianos, y hoy muy estudiada y predicada como parte esencial del misterio de Cristo, juntamente con la cruz. De Cristo, en efecto, el S&iacute;nodo de los Ap&oacute;stoles dice que &laquo;al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de la muerte&raquo;; y el S&iacute;mbolo nicenoconstantinopolitano precisa: &laquo;Al tercer d&iacute;a resucit&oacute; seg&uacute;n las Escrituras&raquo;. Es un dogma de la fe cristiana que se enmarca en un hecho hist&oacute;ricamente sucedido y comprobado. Trataremos de reflexionar, &laquo;con las rodillas de la mente inclinadas&raquo;, el misterio enunciado por el dogma y contenido en este hecho hist&oacute;rico, comenzando por el examen de los textos b&iacute;blicos que lo atestiguan. Testimonios de la resurrecci&oacute;n 2.- El primero y m&aacute;s antiguo testimonio escrito sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo se encuentra en la primera Carta de San Pablo a los Corintos. En ella el Ap&oacute;stol recuerda a los destinatarios de la carta (hacia la Pascua del a&ntilde;o 57 despu&eacute;s de Cristo): &ldquo;Pues, a la verdad, os he transmitido, en primer lugar, lo que yo mismo he recibido, que Cristo muri&oacute; por nuestros pecados, seg&uacute;n las Escrituras; que fue sepultado, que resucit&oacute; al tercer d&iacute;a, seg&uacute;n las Escrituras, y que se apareci&oacute; a Cefas y luego a los Doce. Despu&eacute;s se apareci&oacute; una vez a m&aacute;s de quinientos hermanos, de los cuales muchos permanecen todav&iacute;a, y algunos durmieron. Luego se apareci&oacute; a Santiago, luego a todos los ap&oacute;stoles; y despu&eacute;s de todos, como a un aborto, se me apareci&oacute; tambi&eacute;n a m&iacute;&raquo; (1 Cor. 15, 3-8). Como se ve, el Ap&oacute;stol habla aqu&iacute; de la viva tradici&oacute;n de la resurrecci&oacute;n, de la que &eacute;l hab&iacute;a tenido conocimiento despu&eacute;s de su conversi&oacute;n a las puertas de Damasco (Cfr. Hechos, 9, 3-18). Durante su viaje a Jerusal&eacute;n se hab&iacute;a reunido con el ap&oacute;stol Pedro y tambi&eacute;n con Santiago, como es concretado en la Carta a los G&aacute;latas (1,18, 3), que ahora cita como a los dos principales testigos del Cristo resucitado. 3.-Debe observarse tambi&eacute;n que, en el texto citado, San Pablo no solo habla de la resurrecci&oacute;n acaecida en el tercer d&iacute;a &ldquo;seg&uacute;n las Escrituras&rdquo; (referencia b&iacute;blica que ya afecta a la dimensi&oacute;n teol&oacute;gica del hecho), sino que al mismo tiempo recurre a los testigos, a aquellos a los que Cristo se ha aparecido personalmente. Es una se&ntilde;al, entre otras, de que la fe de la primera comunidad de los creyentes, expresada por San Pablo en la Carta a los Corintos, est&aacute; basada en el testimonio de hombres concretos, conocidos por los cristianos y en gran parte todav&iacute;a vivientes en medio de ellos. Estos &ldquo;testigos de la resurrecci&oacute;n de Cristo&rdquo; (Cfr. Hechos 1,22) son, en primer lugar, los doce ap&oacute;stoles, pero no solamente ellos. Pablo habla expresamente de m&aacute;s de quinientas personas, a las cuales Jes&uacute;s se apareci&oacute; tambi&eacute;n y muchos viven todav&iacute;a. Hip&oacute;tesis no cre&iacute;bles 4.- Frente a este texto paulino pierden toda credibilidad las hip&oacute;tesis con las que, bajo diversas formas, se ha pretendido interpretar la resurrecci&oacute;n de Cristo prescindiendo del orden f&iacute;sico, a fin de no reconocerla como un hecho hist&oacute;rico. Por ejemplo, la hip&oacute;tesis, seg&uacute;n la cual la resurrecci&oacute;n no ser&iacute;a otra cosa que una especie de interpretaci&oacute;n del estado en el que Cristo se encuentra despu&eacute;s de la muerte (estado de vida y no de muerte), o bien la otra hip&oacute;tesis que reduce la resurrecci&oacute;n a la influencia que Cristo, despu&eacute;s de su muerte, no ces&oacute; de ejercer &mdash;y que, m&aacute;s a&uacute;n, reiter&oacute; con nueva e irresistible fuerza&mdash; sobre sus disc&iacute;pulos. Estas hip&oacute;tesis parecen implicar una prejudicial repugnancia con la realidad de la resurrecci&oacute;n, considerada solamente como el &laquo;producto&raquo; del ambiente, o sea, de la comunidad de Jerusal&eacute;n. Ni la interpretaci&oacute;n ni el prejuicio encuentran correspondencia en los hechos. San Pablo, en cambio, en el texto citado, recurre a los testigos oculares del &laquo;hecho&raquo;. Su convencimiento sobre la resurrecci&oacute;n de Cristo tiene, pues, una base experimental. Est&aacute; unida a aquel argumento &laquo;ex factis&raquo;, que vemos elegido y seguido por los ap&oacute;stoles justamente en aquella primera comunidad de Jerusal&eacute;n. Cuando, en efecto, se trata de la elecci&oacute;n de Mat&iacute;as, uno de los disc&iacute;pulos m&aacute;s constantes de Jes&uacute;s, para completar el n&uacute;mero de los &laquo;Doce&raquo; que hab&iacute;a quedado incompleto por la traici&oacute;n y el final de Judas Iscariote, los ap&oacute;stoles exigen como condici&oacute;n que aquel que resulte elegido no solamente haya sido su &laquo;compa&ntilde;ero&raquo; en el periodo en el que Jes&uacute;s ense&ntilde;a y actuaba, sino que, sobre todo, &eacute;l pueda ser &ldquo;testigo de su resurrecci&oacute;n&rdquo; gracias a la experiencia hecha en los d&iacute;as anteriores al momento en el que Cristo &mdash;como dicen ellos&mdash; &ldquo;ha subido al cielo de entre nosotros&rdquo; (Hechos, 1,22). 5.- No se puede, pues, presentar como hacer una cierta cr&iacute;tica neo-testamentaria poco respetuosa de los datos hist&oacute;ricos, la resurrecci&oacute;n como un &laquo;producto&raquo; de la primera comunidad cristiana, la de Jerusal&eacute;n. La verdad sobre la resurrecci&oacute;n no es un producto do la fe de los ap&oacute;stoles o de los dem&aacute;s disc&iacute;pulos ante o pos-pascuales. De los textos se deduce m&aacute;s bien que la fe &laquo;prepascual&raquo; de los seguidores de Cristo ha sido sometida a la prueba radical de la pasi&oacute;n y de la muerte en cruz de su Maestro. &Eacute;l mismo hab&iacute;a anunciado esta prueba, especialmente con las palabras dirigidas a Sim&oacute;n Pedro cuando se encontraba ya en el umbral de los tr&aacute;gicos acontecimientos de Jerusal&eacute;n: &ldquo;Sim&oacute;n, Sim&oacute;n, Satan&aacute;s os busca para echaros como trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe&rdquo; (Luc. 22,31-32). La sacudida provocada por la pasi&oacute;n y muerte de Cristo fue tan grande que los disc&iacute;pulos (al menos, algunos entre ellos) inicialmente no dieron cr&eacute;dito a la noticia de la resurrecci&oacute;n. En todos los evangelios encontramos pruebas de ello. En particular, Lucas nos da a conocer que cuando las mujeres, volviendo del sepulcro, anunciaron todo esto a los once y a todos los dem&aacute;s, diciendo que el sepulcro estaba vac&iacute;o, aquellas palabras les parecieron como desatinos y no las creyeron (Lc 24, 9-11). No es producto de la fe de los Ap&oacute;stoles 6.- Por otra parte, la hip&oacute;tesis, que en la resurrecci&oacute;n quiere ver un &laquo;un producto&raquo; de la fe de los ap&oacute;stoles, es rechazada tambi&eacute;n por cuanto es narrado, cuando el resucitado en persona se apareci&oacute;, en medio de ellos, y dijo: &ldquo;&iexcl;Paz a vosotros!&rdquo;. &ldquo;Ellos, en efecto, cre&iacute;an ver un fantasma&rdquo;. En aquella ocasi&oacute;n, Jes&uacute;s mismo debi&oacute; vencer sus dudas y su temor y convencerlos de que &ldquo;era &Eacute;l&rdquo;: &ldquo;Palpadme y ved, que el esp&iacute;ritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo&rdquo;. Y dado que ellos &ldquo;todav&iacute;a no cre&iacute;an y estaban asombrados&rdquo;, Jes&uacute;s les pidi&oacute; que le dieran alguna cosa para comer y &ldquo;lo comi&oacute; delante de ellos&rdquo; (Cfr Luc 24, 36-43). 7.- Adem&aacute;s, es bien conocido el episodio de Tom&aacute;s, el cual no se encontraba con los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, cuando Jes&uacute;s lleg&oacute; a ellos por vez primera, entrando en el Cen&aacute;culo, a pesar de que la puerta estaba cerrada (Cfr Juan 20,19). Cuando, a su entrada, los dem&aacute;s disc&iacute;pulos le dijeron: &ldquo;Hemos visto al Se&ntilde;or&rdquo;, Tom&aacute;s se mostr&oacute; maravillado e incr&eacute;dulo, y respondi&oacute;: &ldquo;S&iacute; no veo en sus manos la se&ntilde;al de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creer&eacute;&rdquo;. Despu&eacute;s de ocho d&iacute;as Jes&uacute;s vino nuevamente al Cen&aacute;culo, para satisfacer la petici&oacute;n de Tom&aacute;s &ldquo;incr&eacute;dulo&rdquo; y le dijo: &ldquo;Alarga ac&aacute; tu dedo y tiende tu mano y m&eacute;tela en mi costado, y no seas incr&eacute;dulo sino fiel&rdquo;. Y cuando Tom&aacute;s profes&oacute; su fe con las palabras &ldquo;jSe&ntilde;or mio y Dios m&iacute;o!&rdquo;, Jes&uacute;s le dijo: &ldquo;Porque me has visto has cre&iacute;do; dichosos los que sin ver creyeron&rdquo; La exhortaci&oacute;n a creer, sin pretender ver lo que est&aacute; oculto en el misterio de Dios y de Cristo, sigue siendo siempre v&aacute;lida; pero la dificultad del ap&oacute;stol Tom&aacute;s para admitir la resurrecci&oacute;n sin haber experimentado personalmente la presencia de Jes&uacute;s viviente, y despu&eacute;s su cesi&oacute;n ante las pruebas que le hab&iacute;a sido facilitadas por Jes&uacute;s mismo, confirman lo que se deduce de los evangelios sobre la resistencia de los ap&oacute;stoles y de los disc&iacute;pulos a admitir la resurrecci&oacute;n. No tiene, por ello, consistencia la hip&oacute;tesis de que la resurrecci&oacute;n ha sido un &laquo;producto&raquo; de la fe (o de la credulidad) de los ap&oacute;stoles. Su fe en la resurrecci&oacute;n hab&iacute;a nacido, en cambio &mdash;bajo la acci&oacute;n de la gracia divina&mdash; de la directa experiencia de la realidad del Cristo resucitado. El cuerpo crucificado es el resucitado 8.- Es Jes&uacute;s mismo el que despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n se pone en contacto con los disc&iacute;pulos a fin de comunicarles el sentido de la realidad y de disipar la opini&oacute;n (o el miedo) de que se trata de un &ldquo;fantasma&rdquo;, y, por tanto, de ser v&iacute;ctima de una ilusi&oacute;n. En efecto, &Eacute;l establece con ellos relaciones directas, justamente mediante el tacto. As&iacute; en el caso de Tom&aacute;s, que acabamos de recordar, pero tambi&eacute;n en el encuentro descrito en el Evangelio de San Lucas, cuando Jes&uacute;s dice a los disc&iacute;pulos asustados: &ldquo;Palpadme y ved: Un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo&rdquo;(Lc 24, 39). Les invita a comprobar que el cuerpo resucitado, con el cual se presenta ante ellos, es el mismo que ha sido martirizado y crucificado. Aquel cuerpo posee, sin embargo, al mismo tiempo nuevas propiedades. Se ha &ldquo;hecho espiritual&rdquo; y &ldquo;glorificado&rdquo;, y, por tanto, ya no est&aacute; sometido a las limitaciones connaturales a los seres materiales y, por ello, a un cuerpo humano. (En efecto, Jes&uacute;s entra en el Cen&aacute;culo a pesar de estar cerradas las puertas, aparece y desaparece, etc.). Pero, al mismo tiempo, aquel cuerpo es aut&eacute;ntico y real. En su identidad material est&aacute; la demostraci&oacute;n de la resurrecci&oacute;n de Cristo. 9.- El encuentro en el camino de Ema&uacute;s, narrado en el Evangelio de San Lucas, es un acontecimiento que hace visible de forma particularmente evidente c&oacute;mo ha madurado en la conciencia de los disc&iacute;pulos la persuasi&oacute;n de la resurrecci&oacute;n justamente mediante el contacto con el Cristo resucitado (Cfr. Luc. 24, 15-21). Aquellos dos disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, que al comienzo del camino se encontraban &ldquo;tristes y abatidos&rdquo;, ante el recuerdo de cuanto hab&iacute;a sucedido al Maestro el d&iacute;a de la crucifixi&oacute;n y no ocultaban la desilusi&oacute;n experimentada al ver hundida la esperanza depositada en &Eacute;l como Mes&iacute;as liberador: &ldquo;Nosotros esper&aacute;bamos que ser&iacute;a &Eacute;l quien liberar&iacute;a a Israel&rdquo;, experimentan inmediatamente una transformaci&oacute;n total, cuando para ellos aparece claro que el desconocido, con el que han hablado, es justamente el mismo Cristo de antes, y se dan cuenta de que &Eacute;l, por tanto, ha resucitado. De toda la narraci&oacute;n se deduce que la certeza de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s hab&iacute;a hecho de ellos casi hombres nuevos. No solamente hab&iacute;an recuperado la fe en Cristo, sino que estaban tambi&eacute;n dispuestos a dar testimonios sobre la verdad de la resurrecci&oacute;n. Todos estos elementos del texto evang&eacute;lico, entre s&iacute; convergentes, demuestran el hecho de la resurrecci&oacute;n, que constituye el fundamento de la fe de los ap&oacute;stoles y del testimonio que, como podemos comprobar por su vida y actividades, est&aacute; en el centro de su predicaci&oacute;n. **************************************** Queridos hermanos: -- Si Cristo ha resucitado, como lo hab&iacute;a prometido, &Eacute;l es la Verdad, es Verdad, es Hijo de Dios, y todo lo que dijo e hizo, todo el Evangelio es Verdad. Tenemos que creerlo y vivirlo. Tenemos que fiarnos totalmente de &Eacute;l y de que cumplir&aacute; en nosotros todo lo que nos ha prometido. &Eacute;l es nuestra fuerza y tenemos que amarlo como &Uacute;nica Verdad y Vida. Es el Hijo de Dios. -- Si Cristo ha resucitado, tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. Porque Cristo ha resucitado, tenemos que esperar totalmente en &Eacute;l. Nuestra esperanza en &Eacute;l es totalmente segura. Porque Cristo ha resucitado, tambi&eacute;n nosotros resucitaremos. Somos eternos, porque &Eacute;l nos lo ha merecido y nos lo ha prometido. Los muertos ya gozan de esta gloria. Nuestros difuntos no est&aacute;n muertos, est&aacute;n todos vivos en Dios. El cielo es Dios. Aqu&iacute; nadie muere. O se acierta para siempre o se equivoca uno para siempre, para siempre. -- Porque Cristo ha resucitado, nosotros somos m&aacute;s que este tiempo y este espacio. Somos semilla de eternidad y de cielo. Por eso vivamos ya la esperanza del encuentro definitivo con Dios, vivamos ya para &Eacute;l, vivamos este tiempo con esperanza y desde la esperanza. Esforz&aacute;ndonos por conseguir los bienes de all&aacute; arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Lo expresa muy claramente San Pablo: &ldquo;Porque hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba, donde est&aacute; Cristo, sentado a la derecha del Padre&rdquo; (Col 3,1-3). -- Porque Cristo ha resucitado, celebremos la Pascua, nos dice este mismo Ap&oacute;stol. Pascua en Cristo es paso de la muerte a la vida, pasemos de nuestro hombre viejo de pecado, que nos lleva a la muerte, al hombre nuevo creado seg&uacute;n Cristo. Recordemos ahora las promesas que anoche renovamos de nuestro bautismo: &iquest;Renunci&aacute;is al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios? &iquest;Renunci&aacute;is a vuestras soberbias, avaricias, envidias&hellip;.? -- Si Cristo ha resucitado y permanece vivo en la Eucarist&iacute;a es porque busca, sigue buscando al hombre para salvarlo. &ldquo;El que me coma vivir&aacute; por m&iacute;&rdquo;; &ldquo;Yo soy el pan de vida, el que coma de este pan vivir&aacute; para siempre&rdquo;. Son d&iacute;as de comer la carne resucitada de Cristo, de comer vida nueva, renovaci&oacute;n interior y espiritual con Cristo. Jesucristo resucitado vive en el cielo en manifestaci&oacute;n gloriosa y en el pan consagrado, en Presencia de amistad permanentemente ofrecida a todos los hombres. &ldquo;Hay que comulgar por pascua florida,&rdquo; dec&iacute;a el catecismo de Ripalda, hay que comulgar por educaci&oacute;n cristiana, por fe, por coherencia con lo que creemos y amamos. Hay que hacer una comuni&oacute;n cari&ntilde;osa, afectuosa, agradecida, nada de oraciones de otros ni rezos; di&aacute;logo de t&uacute; a tu con el Amado. ************************************ S&Aacute;BADO. VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA Seg&uacute;n una antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n, &eacute;sta es una noche de vela en honor del Se&ntilde;or, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Se&ntilde;or resucit&oacute;, ha de considerarse como &laquo;la madre de todas las santas Vigilias&raquo; (San Agust&iacute;n). Durante la Vigilia, la Iglesia espera la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y la celebra con los sacramentos de la iniciaci&oacute;n cristiana (Ceremonial de los Obispos, n&uacute;m. 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12,35-48), deben asemejarse a los criados que con las l&aacute;mparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Se&ntilde;or, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. Toda la celebraci&oacute;n de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche ni tan tard&iacute;a que concluya despu&eacute;s del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier costumbre o abuso contrarios han de ser reprobados. Esta vigilia es figura de la Pascua aut&eacute;ntica de Cristo, de la noche de la verdadera liberaci&oacute;n, en la cual, &laquo;rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo&raquo; (Preg&oacute;n pascual). Desde su comienzo la Iglesia ha celebrado con una solemne vigilia nocturna la Pascua anual, solemnidad de las solemnidades. La resurrecci&oacute;n de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y, por medio del Bautismo y de la Confirmaci&oacute;n, somos injertados en el misterio pascual de Cristo, morimos con &Eacute;l, somos sepultados con &Eacute;l y resucitamos con &Eacute;l, para reinar con &Eacute;l para siempre (cf. SC 6; Rm 6,3-6; Ef 2,5-6; Col 2,12-13; 2 Tm 2,11-12). La pr&aacute;ctica de organizar en una misma comunidad parroquial dos vigilias pascuales, una abreviada y otra muy desarrollada, es incorrecta, como contraria a los m&aacute;s elementales principios de la celebraci&oacute;n pascual, que requieren una &uacute;nica asamblea, signo de la &uacute;nica Iglesia que se renueva en la celebraci&oacute;n de los misterios pascuales (Epacta y Misal Romano). ************************************* VIGILIA PASCUAL PRIMERA PARTE: SERVICIO DE LA LUZ Introducci&oacute;n del Celebrante Despu&eacute;s SE BENDICE EL FUEGO, SE ENCIENDE EL CIRIO PASCUAL, se hace la procesi&oacute;n a la Iglesia y se canta EL PREG&Oacute;N PASCUAL. SEGUNDA PARTE: LITURGIA DE LA PALABRA: 2&ordf; fija, LAS 3 del ANTIGUO TESTAMENTO. TERMINADA LA PALABRA: GLORIA CANTADO&hellip; Y ORACI&Oacute;N COLECTA Y SE ENCIENDEN LAS VELAS DEL ALTAR LECTURAS PROPIAS DE LA MISA. EVANGELIO: HOMILIA TERCERA PARTE: LA LITURGIA DEL BAUTISMO Nota: Si no hay bautismos ni se bendice la pila bautismal, las letan&iacute;as de los santos se omiten, y se hace inmediatamente la bendici&oacute;n del agua, seguida de la renovaci&oacute;n de las promesas del bautismo. RENOVACI&Oacute;N DE LAS PROMESAS BAUTISMALES ORACI&Oacute;N DE LOS FIELES RESTO: MISAL ROMANO POD&Eacute;IS IR EN PAZ, ALLELUYA, ALLELUYA, ALLELUYA DEMOS GRACIAS A DIOS&hellip; Celebraci&oacute;n del fuego: en este acto el sacerdote bendice el fuego y enciende el cirio pascual. Liturgia de la palabra: se leen siete pasajes de la Biblia, desde la Creaci&oacute;n hasta la Resurrecci&oacute;n. Liturgia bautismal: durante es este momento se bendice el agua, se bautiza a los nuevos cristianos y se renuevan los compromisos bautismales. Liturgia de la Eucarist&iacute;a: es la Eucarist&iacute;a m&aacute;s especial. Los cristianos reciben la bendici&oacute;n. LITURGIA DE LA PALABRA.En esta Noche Santa se proponen siete lecturas, aparte de la Ep&iacute;stola y el Evangelio. Se pueden omitir algunas del Antiguo Testamento, pero no la del &Eacute;xodo. PRIMERA LECTURA: G&eacute;nesis 1, 1-31; 2,1- 2 Nos ofrece el misterio del origen de la creaci&oacute;n, seg&uacute;n la tradici&oacute;n Sacerdotal. El poema exalta el s&aacute;bado como d&iacute;a dedicado al culto de Yahv&eacute;. Toda la creaci&oacute;n ha salido de Dios, culmina en el s&aacute;bado y vuelve a &Eacute;l en los cultos sab&aacute;ticos. SEGUNDA LECTURA: G&eacute;nesis 22, 1-18 Prueba de la fe de Abrah&aacute;n, cuando Dios le pide que sacrifique a su hijo Isaac. El texto proviene de la tradici&oacute;n Eloh&iacute;sta. El proceder de Dios con Abrah&aacute;n habr&aacute; de quedar como camino a recorrer por la fe y la confianza total en Yahv&eacute;. TERCERA LECTURA: Exodo 14, 15-15, 1 Es la narraci&oacute;n del paso del Mar Rojo. Este texto es un t&iacute;pico ejemplo de amalgama de las diversas fuentes, yahvista, elohista y sacerdotal. Este &uacute;ltimo tiende a magnificar los prodigios. Pero ambos autores coinciden en que Yahv&eacute; actu&oacute; prodigiosamente en favor de su pueblo. CUARTA LECTURA: Isa&iacute;as 54, 5-14. Promesa de una nueva Alianza de paz entre Dios y el pueblo de Israel, y anuncio de la reconstrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n. Es un mensaje de consuelo dirigido por el Deutero-Isa&iacute;as a los desterrados de Babilonia. QUINTA LECTURA: Isa&iacute;as 55, 1-11 Como un vendedor ambulante Isa&iacute;as pregona y trata de ofrecer gratis al pueblo la Palabra de Dios. Promete de parte de Dios una alianza perpetua. Para encontrarse con Dios hay que hacer un &eacute;xodo; hay que salir del pecado porque los caminos del Se&ntilde;or no son nuestros caminos. SEXTA LECTURA: Baruc 3, 9-15. 32-4, 4 Es una invitaci&oacute;n a seguir el camino de la sabidur&iacute;a y de la Ley, porque &uacute;nicamente en ellas se fundan la salvaci&oacute;n y redenci&oacute;n y la unidad nacional. Este texto es una reflexi&oacute;n sapiencial sobre la situaci&oacute;n presente. La supervivencia del pueblo de Dios depende del cumplimiento de la Ley. S&Eacute;PTIMA LECTURA: Ezequiel 36, 16-28 En pleno destierro, rota la antigua alianza por las infidelidades, Dios anuncia una vez m&aacute;s la Nueva Alianza. Su v&iacute;nculo &iacute;ntimo es la uni&oacute;n perfecta con Dios; la fuente es el amor puro de Dios que obra por s&iacute; mismo; su principio vivificante y transformador es el Esp&iacute;ritu de Dios EP&Iacute;STOLA: Romanos 6, 3-11 La historia de la salvaci&oacute;n culmina en el misterio pascual de Cristo y se hace historia de cada hombre mediante el bautismo, que lo inserta en este misterio. De hecho, por este sacramento &ldquo;fuimos sepultados con &Eacute;l en la muerte, para que, as&iacute; como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros andemos en una vida nueva&rdquo;. Esto explica por qu&eacute; ocupa un lugar tan importante el bautismo en la Liturgia de la Vigilia Pascual, tanto en los textos escritur&iacute;sticos y en oraciones, especialmente en el rito de la bendici&oacute;n del agua y de la administraci&oacute;n del sacramento a los ne&oacute;fitos, como en la renovaci&oacute;n de las promesas bautismales. Celebrar el bautismo es celebrar sacramentalmente la Pascua, es morir al pecado para vivir la resurrecci&oacute;n: &ldquo;Porque si nuestra existencia est&aacute; unida a &Eacute;l en una muerte como la suya, lo estar&aacute; tambi&eacute;n en una resurrecci&oacute;n como la suya&rdquo;. Todo esto no debe quedarse en teor&iacute;a o puros deseos sino que requiere nuestro esfuerzo y nuestro compromiso: &ldquo;Comprendamos que nuestra vieja condici&oacute;n ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud del pecado, porque el que muere ha quedado absuelto del pecado&rdquo;. Y este es el gozo y el compromiso de la Pascua cristiana y de cantar el Aleluya: &ldquo;Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes&uacute;s, Se&ntilde;or Nuestro&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS: 16, 1-8. QUERIDOS HERMANOS: &iexcl;Aleluya! &iexcl;Cristo ha resucitado! &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo, dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia!&raquo; Este es el primer domingo del a&ntilde;o, imagen y memorial de todos los dem&aacute;s domingos. &laquo;Este es el d&iacute;a santo, en que rotas las cadenas de la muerte y del pecado, Cristo asciende victorioso del sepulcro&raquo;. Queridos hermanos y hermanas: Cristo ha resucitado. Nos lo dice muy claro el evangelio que acabamos de leer de San Marcos: &ldquo;No os asust&eacute;is. &iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;. ha resucitado&rdquo;. Lo constataron las mujeres del evangelio de hoy, que muy de ma&ntilde;ana, el primer d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado, fueron a embalsamar el cuerpo de Cristo, porque por el descanso sab&aacute;tico no pudieron hacerlo ni la tarde del viernes. As&iacute; lo narra el evangelio de esta noche santa: &ldquo;En aquel tiempo Mar&iacute;a la Magdalena, Mar&iacute;a la de Santiago y Salom&eacute; compraron aromas para ir a embalsamar a Jes&uacute;s. Y muy temprano, el primer d&iacute;a de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se dec&iacute;an unas a otras: &iquest;Qui&eacute;n nos correr&aacute; la piedra a la entrada del sepulcro? Al mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. El les dijo: No os asust&eacute;is. &iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;. HA RESUCITADO&rdquo;. &iexcl;Ha resucitado! Este es el grito que desde hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os no cesa de repetirse y resonar por el mundo entero y que nosotros, esta noche, hemos o&iacute;do de los &aacute;ngeles a las mujeres del evangelio, que lo transmitieron a los Ap&oacute;stoles y luego ellos personalmente constataron y comprobaron y vieron al Resucitado, que se les apareci&oacute; este mismo d&iacute;a, al anochecer, y lo atestiguaron con el martirio de sus propias vidas, afirmando que Jes&uacute;s es el Resucitado, Hijo de Dios y Salvador de los hombres. En esta noche santa y por no prolongar mucho esta Vigilia, hagamos primero un acto de fe. Los evangelios, al hablar de la resurrecci&oacute;n de Cristo, hablan unas veces activamente: Cristo se ha resucitado a si mismo porque la divinidad que hay en &Eacute;l ha actuado con su poder infinito y ha resucitado su parte humana, su naturaleza humana. Otras veces habla pasivamente: Dios Padre ha resucitado a Cristo. Es lo mismo. Yo lo creo, Se&ntilde;or, y afirmo mi fe en la resurrecci&oacute;n del crucificado, porque en la debilidad de su carne, se ha manifestado el poder de Dios, resucit&aacute;ndolo para que todos tengamos vida eterna. Lo profesamos en el Credo de la Iglesia Cat&oacute;lica: &laquo;Creo que ha resucitado y est&aacute; sentado a la derecha del Padre&raquo;; &laquo;al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos y subi&oacute; al cielo y est&aacute; sentado a la derecha de Dios Padre&raquo;. Si Cristo ha resucitado, si Dios Padre ha resucitado a su Hijo hecho carne, todo lo que Cristo ha dicho y ha hecho es verdad; su persona es verdad; su evangelio es verdad; su palabra es la verdad y la salvaci&oacute;n eterna. Si Cristo ha resucitado es verdad su nacimiento, la Navidad, el Jueves y el Viernes Santo, es verdad su Iglesia; es verdad que somos eternos y que aqu&iacute; nadie muere definitivamente; porque Cristo ha resucitado, todos resucitamos. Aqu&iacute; nadie muere porque Cristo es el primer resucitado entre los hermanos. Nuestra vida tiene sentido y somos hechos hijos de Dios para una eternidad feliz con la Sant&iacute;sima Trinidad. De ah&iacute; la pr&aacute;ctica del bautismo de los catec&uacute;menos en esta Vigilia durante los primeros siglos de la Iglesia. Si Cristo ha resucitado, es porque ha muerto por nosotros, por nuestros pecados; &eacute;ramos nosotros los que ten&iacute;amos que pagar esta deuda, pero &Eacute;l ha querido hacerlo por nosotros, con amor extremo, entregando su vida en rescate nuestro. Por eso te doy las gracias, Cristo resucitado, porque moriste por m&iacute;, pero tambi&eacute;n resucitaste para que yo tuviera vida eterna con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo. Me amaste hasta el extremo. Quiero amarte tambi&eacute;n as&iacute;. Quiero corresponder a tanto amor. Identificarme contigo, morir a mi mismo, &ldquo;perder mi vida por ti&rdquo;, para resucitar contigo. Gracias, mi Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado. Finalmente quiero esperarlo todo de Ti. Quiero tener mi esperanza solo en Ti. Esperar no es quedarme con los brazos cruzados. La esperanza es una virtud teologal din&aacute;mica, me invita y me empuja a trabajar por el reino de los cielos. Creo y porque creo, espero el cielo, que eres t&uacute; mismo. Desde el &aacute;mbito de la fe, desde la luz de tu resurrecci&oacute;n todo adquiere valor eterno, solo me importa el cielo, solo me importas T&uacute;, en mi vida s&oacute;lo estar&eacute; esperando tu encuentro. Quisiera expresarlo tan ardientemente como los que te sintieron vivo, vivo y resucitado en el pan eucar&iacute;stico: &laquo;Vivo sin vivir en mi, y de tal manera espero, que muero porque no muero&raquo;; &laquo;Est&aacute;te, Se&ntilde;or, conmigo, siempre sin jam&aacute;s partirte,y cuando decidas irte, ll&eacute;vame Se&ntilde;or contigo, porque el pensar que te ir&aacute;s, me causa un terrible miedo, de si yo sin ti me quedo, de si t&uacute; sin mi te ir&aacute;s. Por eso m&aacute;s que la muerte, temo, Se&ntilde;or, tu partida, y quiero perder la vida, mil veces m&aacute;s que perderte; pues la inmortal que t&uacute; das, s&eacute; que alcanzarla no puedo, cuando yo sin ti me quedo, cuando t&uacute; sin m&iacute; te vas&raquo;. *************************************** VIGILIA PASCUAL (2017) QUERIDOS HERMANOS: Llenos de alegr&iacute;a, por la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, gritemos con la Liturgia de este noche (d&iacute;a): &laquo;Esta es la noche santa en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo&raquo;. &iexcl;Aleluya! &iexcl;El Se&ntilde;or ha resucitado y vive para siempre, aleluya! Nos lo dice el mismo Resucitado: &ldquo;Soy yo, no tem&aacute;is &ldquo;, porque a unos les parec&iacute;a un jardinero, a otros, un fantasma, para los dos de Ema&uacute;s fue un simple compa&ntilde;ero de viaje que les explic&oacute; las Escrituras referentes a El y s&oacute;lo le reconocieron en la cena al partir el pan eucar&iacute;stico; cuando fueron a dec&iacute;rselo a los otros disc&iacute;pulos, estos ya lo hab&iacute;an recibido al manifestarse a ellos reunidos. Y a ellos y todos nosotros nos dice el Se&ntilde;or resucitado en el libro del Apocalipsis: &ldquo;No tem&aacute;is nada, yo soy el primero y el &uacute;ltimo, el Viviente, Estuve entre los muertos, pero ahora vivo por los siglos &ldquo;. &iexcl;Aleluya! Hermanos, llenos de alegr&iacute;a recemos con la sagrada liturgia, &laquo; esta noche santa, ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los ca&iacute;dos, da alegr&iacute;a a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos&raquo;. Este es el preg&oacute;n pascual de los &aacute;ngeles, manifestado a las mujeres que iban al sepulcro para embalsamar al Se&ntilde;or: &ldquo;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que vive? No est&aacute; aqu&iacute; ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho&ldquo;. La resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el misterio central de nuestra fe, constituye el fundamento de nuestra salvaci&oacute;n y liberaci&oacute;n del pecado y de la muerte y nos abre las puertas de la eternidad, de la esperanza cristiana. La Vigilia Pascual, que estamos celebrando, es cumbre y cenit de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico; la liturgia de la Vigilia Pascual, que comenz&oacute; a celebrarse en la iglesia romana a mediados del siglo II, posee en su estructura actual una rica simbolog&iacute;a bautismal, ya que era el d&iacute;a en que recib&iacute;an el santo bautismo los catec&uacute;menos que se hab&iacute;an estrado preparando durante el a&ntilde;o, sobre todo en el santo tiempo de cuaresma. 2.- Por eso, hermanos, recordando nuestro bautismo y los efectos de gracia y salvaci&oacute;n que ha producido en nosotros, os invito a que nos mantengamos fieles en las promesas hechas, para que as&iacute;, esta Vigilia santa sea una noche de gracia, sea pascua verdadera, es decir, paso salvador de Cristo junto a nosotros. Y no lo olvid&eacute;is, hermanos, este misterio pascual de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra es lo que celebramos todos los domingos. El domingo es la Pascua del Se&ntilde;or, la celebraci&oacute;n de su resurrecci&oacute;n y de la nuestra. &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo; dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&raquo;. As&iacute; lo cantamos con frecuencia al comenzar nuestras Eucarist&iacute;as dominicales. La pascua cristiana es la fiesta de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra, es la fiesta de la fe llena de esperanza en Jesucristo vivo y resucitado, en la Alianza Eterna con Dios, que siempre nos perdona por la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo; es el triunfo total de Cristo sobre su muerte y la nuestra, que arroja la luz del resucitado sobre toda la existencia humana y la convierte en historia de salvaci&oacute;n. Queridos hermanos y hermanas, Cristo, resucitando, ha demostrado que es verdaderamente Hijo de Dios, que todo lo que dijo e hizo es verdad. Que es verdaderamente Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres. Confiemos en &eacute;l, esperemos en El. 3.- En estos d&iacute;as los cristianos orientales se saludan con unas palabras que me gustar&iacute;a que fueran tambi&eacute;n nuestro saludo en este tiempo de Pascua: &laquo;Xristos anest&eacute;, &laquo;Cristo ha resucitado&raquo; y responden: <<alez&oacute;s anest&eacute;&raquo; &laquo;Verdaderamente ha resucitado&raquo;. Querid&iacute;simos hermanos y hermanas, feliz Pascua de Resurrecci&oacute;n de Cristo 2017; Yo tambi&eacute;n quiero despedirme con este rito de nuestros hermanos del Oriente cristiano: y espero que me respond&aacute;is, a ver, atentos: &laquo;Cristo ha resucitado&raquo;. (Responden los fieles): &laquo;Verdaderamente ha resucitado&raquo;. Que os salud&eacute;is as&iacute; estos d&iacute;as entre vosotros: somos eternos, Cristo con su muerte y resurrecci&oacute;n nos ha ganado la vida eterna. No moriremos para siempre, somos eternos. Gracias, Cristo Jes&uacute;s, muerto y resucitado por m&iacute; y por todos. Am&eacute;n. Alleluya. ************************************* DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PREG&Oacute;N PASCUAL (Mensaje pascual &laquo;Urbi et Orbi&raquo; de Juan Pablo II (15&mdash;4&mdash;2001) QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: 1.- &iexcl;Cristo ha resucitado! Y &ldquo;en la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;(cf. Prefacio pascual II). Que el anuncio pascual llegue a todos los pueblos de la tierra y que toda persona de buena voluntad se sienta protagonista en este d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, el d&iacute;a de su Pascua, en el que la Iglesia, con gozosa emoci&oacute;n, proclama que el Se&ntilde;or ha resucitado realmente. Este grito que sale del coraz&oacute;n de los disc&iacute;pulos en el primer d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado, ha recorrido los siglos, y ahora, en este preciso momento de la historia, vuelve a animar las esperanzas de la humanidad con la certeza inmutable de la resurrecci&oacute;n de Cristo, Redentor del hombre. 2.- &ldquo;En la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;. El asombro incr&eacute;dulo de los ap&oacute;stoles y las mujeres que acudieron al sepulcro al salir el sol, hoy se convierte en experiencia colectiva de todo el Pueblo de Dios. Mientras el nuevo milenio da sus primeros pasos, queremos llegar a las j&oacute;venes generaciones la certeza fundamental de nuestra existencia: Cristo ha resucitado y, en &Eacute;l, hemos resucitado todos. &laquo;Gloria a ti, Cristo Jes&uacute;s, ahora y siempre t&uacute; reinar&aacute;s&raquo;. Vuelve a la memoria este canto de fe, que tantas veces, a lo largo del periodo jubilar, hemos repetido alabando a Aquel que es &ldquo;el Alfa y la Omega, el Primero y el &Uacute;ltimo, el Principio y el Fin&rdquo; (Ap 22, 13). A &Eacute;l permanece fiel la Iglesia peregrina &laquo;entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios&raquo; (S. Agust&iacute;n). A &Eacute;l dirige la mirada y no teme. Camina con los ojos fijos en su rostro, y repite a los hombres de nuestro tiempo, que &Eacute;l, el Resucitado, es &ldquo;el mismo ayer, hoy y siempre&rdquo; (Hb 13, 8). 3.- En aquel dram&aacute;tico viernes de Pasi&oacute;n, en que el Hijo del hombre &ldquo;obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz&rdquo; (Flp2, 8), terminaba la vida terrena del Redentor. Una vez muerto, fue depositado de prisa en el sepulcro, al ponerse el sol. &iexcl;Qu&eacute; ocaso tan singular! Aquella hora oscurecida por el avanzar de las tinieblas se&ntilde;alaba el fin del &laquo;primer acto&raquo; de la obra de la creaci&oacute;n, turbada por el pecado Parec&iacute;a el triunfo de la muerte, la victoria del mal En cambio, en la hora del g&eacute;lido silencio de la tumba, comenzaba el pleno cumplimiento del designio salv&iacute;fico, comenzaba la &laquo;nueva creaci&oacute;n&raquo;. Hecho obediente por el amor hasta al sacrificio extremo, Jesucristo es ahora &ldquo;exaltado&rdquo; por Dios que &ldquo;le otorg&oacute; el Nombre, que est&aacute; sobre todo nombre&rdquo; (Flp2, 9). En su nombre recobra esperanza toda existencia humana. En su nombre el ser humano es rescatado del poder del pecado y de la muerte y devuelto a la Vida y al Amor. 4.- Hoy el cielo y la tierra cantan &laquo;el nombre&raquo; inefable y sublime del Crucificado resucitado. Todo parece como antes, pero, en realidad, nada es ya como antes. &Eacute;l, la Vida que no muere, ha redimido y vuelto a abrir a la esperanza a toda existencia humana. &ldquo;Pas&oacute; lo viejo, todo es nuevo&rdquo; (2 Co5, 17). Todo proyecto y designio del ser humano, esta noble y fr&aacute;gil criatura, tiene hoy un nuevo &laquo;nombre&raquo; en Cristo resucitado de entre los muertos, porque &ldquo;en El hemos resucitado todos&rdquo;. En esta nueva creaci&oacute;n se realiza plenamente la palabra del G&eacute;nesis: &ldquo;Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza&rdquo;(Gn1, 26). En la Pascua Cristo, el nuevo Ad&aacute;n que se ha hecho &ldquo;esp&iacute;ritu que da vida&rdquo; (1 Co 15, 45), rescata al antiguo Ad&aacute;n de la derrota de la muerte. 5.- Hombres y mujeres del tercer milenio, el don pascual de la luz es para todos, que ahuyente las tinieblas del miedo y de la tristeza; el don de la paz de Cristo resucitado es para todos, que rompa las cadenas de la violencia y del odio. Redescubrid hoy, con alegr&iacute;a y estupor, que el mundo no es ya esclavo de acontecimientos inevitables. Este mundo nuestro puede cambiar: la paz es posible tambi&eacute;n all&iacute; donde desde hace demasiado tiempo se combate y se muere&hellip; Vosotros, hombres y mujeres de todo continente, sacad de su tumba ya vac&iacute;a para siempre, el vigor necesario para vencer las fuerzas del mal y de la muerte, y poned toda investigaci&oacute;n y progreso t&eacute;cnico y social al servicio de un futuro mejor para todos. 6.- &ldquo;En la resurrecci&oacute;n de Cristo hemos resucitado todos&rdquo;. Desde que tu tumba, Oh Cristo, fue encontrada vac&iacute;a y Cefas, los disc&iacute;pulos, las mujeres, y &ldquo;m&aacute;s de quinientos hermanos&rdquo; (1 Co 15, 6) te vieron resucitado, ha comenzado el tiempo en que toda la creaci&oacute;n canta tu nombre &ldquo;que est&aacute; sobre todo nombre&rdquo; y espera tu retorno definitivo en la gloria. En este tiempo, entre la Pascua y la venida de tu Reino sin fin, tiempo que se parece a los dolores de un parto (cf Rm 8, 22), sost&eacute;nnos en el compromiso de construir un mundo m&aacute;s humano, vigorizado con el b&aacute;lsamo de tu amor. V&iacute;ctima pascual, ofrecida por la salvaci&oacute;n del mundo, haz que no decaiga este compromiso nuestro, a&uacute;n cuando el cansancio haga lento nuestro paso. T&uacute;, Rey victorioso, &iexcl;danos, a nosotros y al mundo la salvaci&oacute;n eterna! **************************************** DOMINGOS DE PASCUA: CRISTO HA RESUCITADO, QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Estamos celebrando la Pascua del Se&ntilde;or. Feliz Pascua a todos. &iexcl;Cristo ha resucitado! Verdaderamente ha resucitado! Cristo ha resucitado para que todos tengamos vida eterna con &Eacute;l y por El. Y el domingo, as&iacute; se llam&oacute; ese d&iacute;a, es el d&iacute;a en que celebramos la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, que es la nuestra, la primera de todos los redimidos por su muerte y resurrecci&oacute;n, todos los domingos son el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el d&iacute;a de su resurrecci&oacute;n y de la nuestra, por eso un cristiano no puede faltar a misa el domingo porque es el d&iacute;a en que celebramos la resurrecci&oacute;n Cristo que es la nuestra. Por eso la resurrecci&oacute;n de Cristo llena de alegr&iacute;a el mundo entero, especialmente de los cristianos, de los que creemos en Cristo muerto y resucitado para que todos tengamos vida eterna en el cielo. El acontecimiento de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or ha cambiado por completo la historia humana, llen&aacute;ndola de esperanza. La muerte ya no es la &uacute;ltima palabra; la &uacute;ltima palabra la tiene el Dios de la vida y es una palabra de vida en favor de los hombres. La resurrecci&oacute;n de Cristo es la realidad m&aacute;s importante de la vida humana, somos eternos, nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, viviremos eternamente porque Cristo ha muerto y resucitado para que todos tengamos vida eterna en el cielo con todos los nuestros en la Gloria de nuestro Dios Trinidad, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. Celebrarlo cada a&ntilde;o de manera solemne enciende en nosotros santos deseos de que esa vida llegue a todos, incluso a los que todav&iacute;a no creen en Cristo resucitado. Y una forma de recargar permanentemente esa nueva vida del Resucitado en nosotros es la celebraci&oacute;n semanal del domingo, d&iacute;a en que todos los domingos celebramos la resurrecci&oacute;n de Cristo y la nuestra, es la pascua semanal de la comunidad cristiana. Somos convocados cada domingo a reiterar la victoria de Cristo sobre su muerte y a apropiarnos esa victoria, a traducirla y vivirla mediante la fe y el amor a Dios y a los hermanos en nuestra vida. Para muchos el domingo se ha convertido sin m&aacute;s en el descanso semanal, cuando coincide en este d&iacute;a, puesto que las condiciones laborales, sobre todo en el sector servicios, obligan al trabajo todos los d&iacute;as de la semana, reservando al descanso las jornadas que toquen, sean o no domingos. Para otros, el domingo se ha convertido en un d&iacute;a l&uacute;dico, dedicado al deporte u otras actividades l&uacute;dicas, tan necesarias en el mundo en el que vivimos, trepidante de prisas. Para otros, el domingo o el fin de semana es el momento de encuentro con las familias. Los miembros de la familia viven en otra ciudad, por razones de estudio o de trabajo. A su vez, esta familia tiene los abuelos en el pueblo. El domingo es ocasi&oacute;n de encontrarse, reunirse, visitarse. Todos estos son elementos y aspectos positivos de la vida, pero obligan a replantear el domingo de otra manera. El domingo, sin embargo, para nosotros los cat&oacute;licos es el primer d&iacute;a de la semana &ndash;&ldquo;este es el d&iacute;a que ha hecho el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo&rdquo;&ndash;, es el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo &ndash;al tercer d&iacute;a resucit&oacute;&ndash;, es el octavo d&iacute;a despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, instituido por el mismo Jes&uacute;s. &ldquo;A los ocho d&iacute;as...&rdquo; Jes&uacute;s se apareci&oacute; de nuevo a sus ap&oacute;stoles, cuando Tom&aacute;s estaba con todos. Tom&aacute;s hab&iacute;a expresado su incredulidad ante la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or: &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;, y Jes&uacute;s tuvo la delicadeza y la misericordia de hacerse presente al domingo siguiente y certificarle que estaba vivo y resucitado. Nos ha hecho m&aacute;s bien esta duda de Tom&aacute;s que la facilidad en creer de los dem&aacute;s ap&oacute;stoles. Porque todos tenemos nuestras vacilaciones, no tanto en el hecho de la resurrecci&oacute;n cuanto en las consecuencias para nuestra vida. Viendo a Tom&aacute;s que dudaba y que despu&eacute;s confiesa abiertamente su fe en Jes&uacute;s resucitado, nos devuelve la esperanza de que a pesar de nuestras dudas, Jes&uacute;s seguir&aacute; haci&eacute;ndose presente &ndash;domingo tras domingo&ndash; para afianzar nuestra fe y y esperanza de eternidad, para disipar todo genero de dudas en nuestra vida futura de eternidad y de cielo con Dios, nuestro Padre. Los m&aacute;rtires del Abitene (s. IV) fueron llevados ante el gobernador, que hab&iacute;a prohibido la celebraci&oacute;n del domingo, la reuni&oacute;n de los cristianos para celebrar el misterio de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Ellos comparecieron ante el gobernador, que los amenaz&oacute; con la muerte, y ellos prefirieron el martirio a dejar la celebraci&oacute;n del domingo: &ldquo;no podemos vivir sin el domingo&rdquo;. Prefirieron morir antes que dejar de celebrar la misa del domingo. Un gran ejemplo para los cristianos de nuestro tiempo. Para ellos, quitarles el domingo, quitarles la celebraci&oacute;n de la victoria de Cristo sobre su muerte y la nuestra hacia que la vida no tuviera sentido, porque el domingo, en lat&iacute;n, es dia del Se&ntilde;or, d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la nuestra. Sin el domingo no somos nada. Nuestra vida no es eternidad con Dios. Sin el domingo, el tiempo discurre sin Jesucristo y sin su victoria sobre la muerte. Sin el domingo el &uacute;nico horizonte es la muerte. Por eso, los cristianos, como los m&aacute;rtires de Abiten, no podemos vivir sin el domingo. Cada domingo celebramos en la santa misa la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or que es la nuestra; por eso que la celebraci&oacute;n del domingo, la misa de los domingos estimule en nosotros la certeza del encuentro con el Se&ntilde;or Resucitado, para sentir su amor y salvaci&oacute;n eterna, para entrar en su Coraz&oacute;n, para compartir sus sentimientos y para participar en su victoria. Que la misa del domingo nos haga cada vez m&aacute;s aficionados al domingo, como d&iacute;a del encuentro con el Se&ntilde;or resucitado y con la comunidad de hermanos con los que compartimos nuestra fe en el Resucitado. El Domingo es el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or la nuestra. Am&eacute;n, as&iacute; sea *********************************************** DOMINGO PRIMERO DESPU&Eacute;S DE PASCUA: DIVINA MISERICORDIA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La aparici&oacute;n de Jes&uacute;s resucitado al ap&oacute;stol Tom&aacute;s remata el ciclo de las apariciones del Resucitado en la octava de Pascua. A cual m&aacute;s bonita, cada una de las apariciones nos va presentando a Jes&uacute;s, que ha vencido la muerte, y vive glorioso y gozoso junto al Padre, tirando de nosotros hacia esa nueva realidad en la que &eacute;l vive para siempre. La resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s ha introducido una novedad en la historia de la humanidad, un factor de transformaci&oacute;n desde dentro, que nos va divinizando por la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que brota del Coraz&oacute;n traspasado de Cristo. La aparici&oacute;n a Tom&aacute;s reviste caracter&iacute;sticas especiales, porque se trata de convertir a un incr&eacute;dulo. Algo de incr&eacute;dulos tenemos todos, por eso la aparici&oacute;n a Tom&aacute;s nos dice algo especial a cada uno de nosotros tambi&eacute;n. Jes&uacute;s ven&iacute;a apareci&eacute;ndose de distintas maneras a diferentes destinatarios, entre ellos al grupo de los Once, entre los que Tom&aacute;s no se encontraba ese d&iacute;a. Se lo contaron sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Hemos visto al Se&ntilde;or resucitado&rdquo;, y &eacute;l respondi&oacute;: &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;. Y a los ocho d&iacute;as, al domingo siguiente, Jes&uacute;s vino al Cen&aacute;culo donde estaban todos, incluido Tom&aacute;s. &ldquo;Trae tu dedo, aqu&iacute; tienes mis manos; trae tu mano y m&eacute;tela en mi costado; y no seas incr&eacute;dulo sino creyente&rdquo;. Y Tom&aacute;s contest&oacute;: &ldquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&rdquo;. San Gregorio Magno comenta: &ldquo;Aquel disc&iacute;pulo que hab&iacute;a dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, cur&oacute; las heridas de nuestra incredulidad. M&aacute;s provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tom&aacute;s que la fe de los otros disc&iacute;pulos, ya que, al ser &eacute;l inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe.&rdquo; (Homil&iacute;a 26, oficio lectura del santo). El costado del Se&ntilde;or fue abierto por la lanzada a las tres de la tarde del viernes santo (la hora de la misericordia), y una novena despu&eacute;s, el segundo domingo de Pascua, Jes&uacute;s le muestra a Tom&aacute;s ese costado abierto como se&ntilde;al de su resurrecci&oacute;n. El domingo de la Divina Misericordia es la ocasi&oacute;n para revalidar nuestra fe y afianzarla mucho m&aacute;s al palpar con Tom&aacute;s ese costado herido por nuestros pecados y que conserva esa herida para mostrarla al que dude de su amor. &Eacute;l fue traspasado por la lanza del soldado, fue traspasado por nuestros pecados, y reacciona amando a quienes le hemos crucificado. De su costado brota sangre y agua, como signos del bautismo y la eucarist&iacute;a, con los que alimenta en nosotros la vida divina. El Coraz&oacute;n de Cristo se muestra como una gran planta de reciclaje, una purificadora, en donde volcamos nuestros pecados, nuestros delitos. Y &eacute;l nos devuelve purificado un amor m&aacute;s grande, un amor de misericordia que lava nuestras culpas y pecados. &ldquo;Nadie tendr&aacute; disculpa / diciendo que cerrado / hall&oacute; jam&aacute;s el cielo, / si el cielo va buscando. / Pues vos, con tantas puertas / en pies, mano y costado, / est&aacute;is de puro abierto / casi descuartizado&rdquo;, dice una preciosa poes&iacute;a del viernes santo. La Divina Misericordia no es s&oacute;lo perd&oacute;n por parte de Dios a nosotros pecadores, sino que cura nuestras heridas precisamente en las heridas que nosotros le hemos infligido. Sus heridas nos han curado, porque de ellas mana el Esp&iacute;ritu Santo a raudales para que nosotros los bebamos a sorbos y saciemos nuestra sed. El agua de la gracia es el Esp&iacute;ritu Santo, y esa agua s&oacute;lo la encontramos en las llagas de Cristo, que se prolongan en nuestras heridas y en las heridas de nuestros hermanos. &ldquo;De lo que era nuestra ruina has hecho nuestra salvaci&oacute;n&rdquo;, reza el prefacio III dominical TO. Encontraremos la salvaci&oacute;n all&iacute; mismo donde se ha producido la herida, porque Cristo la transforma en fuente de Esp&iacute;ritu Santo para nosotros. Domingo de la Misericordia, acudamos con confianza a la fuente de la gracia. Recibid m afecto y mi bendici&oacute;n: Domingo de la Misericordia ***************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: 1.-&ldquo;&iexcl;No tem&aacute;is!&rdquo; Les dice el &aacute;ngel a las mujeres que van al sepulcro y lo encuentran vac&iacute;o. &ldquo;&iexcl;No tem&aacute;is, ha resucitado!&rdquo; Esta exhortaci&oacute;n del &aacute;ngel recorre los siglos y llega hasta nosotros en este d&iacute;a glorioso, lleno de luz del Resucitado, en que celebramos su triunfo y el nuestro sobre la muerte y el pecado. &ldquo;No os asust&eacute;is, no busqu&eacute;is a Jes&uacute;s de Nazaret en el sepulcro: ha resucitado; ya no est&aacute; aqu&iacute;. Ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho&rdquo;. &ldquo;Ha resucitado&rdquo;. Este es el anuncio sorprendente de la Pascua. Ha resucitado como lo hab&iacute;a predicho, dando pleno cumplimiento a las Escrituras. La resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or es el coraz&oacute;n de la Pascua, el centro vital de todo el cristianismo; si Cristo ha resucitado, todo lo que ha dicho y hecho es verdad. &Eacute;l es la Verdad, el Hijo de Dios con poder sobre la vida y la muerte. Este es el misterio central de toda la liturgia de la Iglesia: la celebraci&oacute;n del &laquo;domingo, d&iacute;a en que Cristo resucit&oacute; y nos hizo part&iacute;cipes de su vida inmortal&raquo; (Plegar&iacute;a E. III). 2.- El hecho de la resurrecci&oacute;n de Cristo no se fundamenta en la fe bobalicona o ingenua de unos hombres cualesquiera. Los Ap&oacute;stoles son el signo de la cobard&iacute;a y de la traici&oacute;n, porque al encontrarse en peligro de morir con el maestro, todos han huido y le han dejado solo. Y despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, no se lo creyeron a la primera ni creyeron a los primeros testigos, que fueron las mujeres. Y cuando se les apareci&oacute;, dudaron al principio. Tuvo que hablar y comer con ellos y para que vieran que no era un fantasma. Sin embargo, despu&eacute;s, al estar convencidos de su resurrecci&oacute;n, como lo hab&iacute;an estado de su muerte, no dudan en extenderse por el mundo para predicar su evangelio y dar la vida en testimonio de su resurrecci&oacute;n, para decir a toda la humanidad que Dios ha destinado al hombre a su misma eternidad de gozo y felicidad por la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo, Hijo de Dios y &uacute;nico Salvador de los hombres. Los Ap&oacute;stoles est&aacute;n convencidos porque le han visto, le han tocado, han hablado con &Eacute;l. Pero no le ha sido f&aacute;cil al Se&ntilde;or convencerles de su nueva vida de Resucitado. Los Ap&oacute;stoles fueron duros en creer, obstinados, recalcitrantes. Es m&aacute;s, cuando ya est&aacute;n todos convencidos, hay uno que se resiste, es Tom&aacute;s: si no veo, si no meto mis dedos en su llagas&hellip; Y el Se&ntilde;or con toda humildad tiene que manifest&aacute;rsele para que entre dentro del grupo de los Ap&oacute;stoles creyentes. Bendito sea Jesucristo, por su humildad y paciencia en su resurrecci&oacute;n, y los Ap&oacute;stoles, por su dureza en creer, porque eso nos quita ahora a nosotros motivos de duda; dice un padre de la Iglesia que m&aacute;s nos aprovecha la dureza de los Ap&oacute;stoles en creer que la facilidad de Mar&iacute;a Magdalena, que por la voz, reconoci&oacute; al Se&ntilde;or. Era mujer&hellip; &iexcl;mujer tenia que ser! Las mujeres son m&aacute;s intuitivas que los hombres y por el amor y por la intuici&oacute;n descubren la presencia y los problemas de los hijos y de los que aman mejor que los hombres. 3.- Porque Cristo ha resucitado, todos nosotros resucitaremos. &Eacute;l lo ha prometido: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi, aunque haya muerto, vivir&aacute;, y todo el que vive y cree en mi no morir&aacute; para siempre&rdquo;. Porque Cristo ha resucitado tenemos que pensar y vivir m&aacute;s para el cielo. Tenemos que trabajar m&aacute;s pensando en el cielo. El cielo es Dios. Nosotros somos para Dios, para la eternidad. Porque Cristo ha resucitado, el hombre es m&aacute;s que hombre, es una eternidad. Cristo, resucitando, ha vencido al tiempo y al espacio. Somos eternidad con Dios. Tenemos resurrecci&oacute;n y vida eterna. Porque Cristo no s&oacute;lo ha resucitado para nosotros sino en nosotros. &Eacute;l es el primero entre muchos hermanos. Porque Cristo ha resucitado, el dinero y los bienes de la tierra no son lo primero. Dios es lo primero y absoluto. Abajo todos los &iacute;dolos del dinero, consumismo, sexo, posesi&oacute;n. Porque Cristo ha resucitado no podemos dar culto idol&aacute;trico a los becerros de oro o sexo o vivir para el momento presente. Somos eternidad con Dios Porque Cristo ha resucitado, bienaventurados los pobres, los humildes, los que sufren aqu&iacute; abajo por el nombre de Dios, o simplemente sufren pobreza, desprecios, humillaci&oacute;n por el reino de los cielos, porque ser&aacute;n recompensados, porque la &uacute;ltima palabra ser&aacute; la de Cristo. Porque Cristo ha resucitado, no podemos caminar sin sentido por la vida, como si no supi&eacute;ramos a d&oacute;nde vamos: somos ciudadanos del cielo, moradores de la casa del Se&ntilde;or Resucitado, vamos caminando y peregrinos a las moradas eternas. Porque Cristo ha resucitado y el sepulcro est&aacute; vac&iacute;o no podemos estar corriendo de un lado para otro sin sentido, como si el sepulcro no estuviera vac&iacute;o y Cristo no hubiera resucitado. M&aacute;s. Mucho m&aacute;s claro. Si nos amamos, si nos perdonamos, si vivimos el evangelio, si hacemos oraci&oacute;n, si vivimos en gracia sin pecar, es que Cristo ha resucitado y est&aacute; resucitado en medio de nosotros; si nos queremos, Cristo ha resucitado en nosotros y en el mundo. 4.- Desde aquel amanecer del primer domingo de la historia cristiana hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os, la Luz de Cristo Resucitado brilla en el mundo. La luz que nace de la Resurrecci&oacute;n de Cristo ya no se extinguir&aacute; aunque las fuerzas del mal traten de oscurecerla: &ldquo;Las puertas del infierno no prevalecer&aacute;n sobre ella&rdquo;. En aquella ma&ntilde;ana del primer d&iacute;a de la semana del calendario jud&iacute;o, primer domingo de la historia de la Iglesia, las mujeres recibieron el mensaje que anunciaron los &aacute;ngeles para ellas y para el mundo entero:&ldquo;&iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Crucificado? No est&aacute; aqu&iacute; &iexcl;Ha resucitado!&rdquo; En la segunda Lectura de este domingo, San Pablo nos dice: &ldquo;Ya que hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all&aacute; arriba donde est&aacute; Cristo.&rdquo; La resurrecci&oacute;n de Cristo no s&oacute;lo es garant&iacute;a de la nuestra, sino que tiene que influir en nuestra vida presente, tiene que hacerse presente en nuestros criterios y actitudes y sentimientos. Nos lo dice San Pablo: &ldquo;Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su Muerte, por el bautismo fuimos sepultados con &Eacute;l, porque as&iacute; como Cristo fue despertado de entre los muertos por la Gloria del Padre, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros andemos en una vida nueva. Nuestra vieja condici&oacute;n humana ha sido crucificada con Cristo y nosotros libres de la esclavitud del pecado&rdquo;. 5.- Resucitar con Cristo es barrer lo viejo, es ser hombres nuevos, es buscar lo de all&iacute; arriba. Cu&aacute;nto nos cuesta ser hombre y mujeres nuevas, dejar el hombre viejo de pecado. Nos cuesta la conversi&oacute;n a Cristo resucitado, porque nuestras tendencias son de la carne y no del esp&iacute;ritu; por eso continuamos en nuestros pecados y no resucitamos a la vida nueva de resucitados en Cristo. Resucitar significa vida nueva, relaciones nuevas con Dios y con los hermanos, actitudes nuevas de vida resucitada, esp&iacute;ritu nuevo, reci&eacute;n estrenado, ser hombres y mujeres nuevas. Hermanos y hermanas, alegraos, Aleluya, Cristo ha resucitado. ************************************ DOMINGOSDE PASCUA: CRISTO HA RESUCITADO QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Estamos celebrando el domingo, la Pascua de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, que es la garant&iacute;a de nuestra resurrecci&oacute;n y la de todos los que han muerto y viven ya eternamente&hellip;&iquest;hab&eacute;is entendido bien?, que nuestros difuntos viven, que todos los que han muerto est&aacute;n vivos con Dios&hellip; porque Cristo vino a este mundo, muri&oacute; y resucit&oacute; &uacute;nicamete para esto, para que todos tuvi&eacute;ramos vida eterna, y &Eacute;l lo dijo muchas veces: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi aunque&hellip; y lo rezamos en el prefacio de las misas de difuntos: &ldquo;porque la vida de los que en ti creemos no termina&hellip;y lo constatamos en las apariciones que Cristo y la Virgen siguen realizando, porque est&aacute;n vivos, Lourdes, F&aacute;tima, Siracusa&hellip;&Eacute;l es Dios y no miente y lo puede todo Esta es nuestra certeza y la verdad fundamental de nuestra fe cristiana. Si Cristo no hubiera resucitado, vana ser&iacute;a nuestra fe, y ser&iacute;amos los m&aacute;s necios del mundo, pero no, Cristo ha resucitado y con &Eacute;l todos resucitaremos, nos dice San Pablo, que fue perseguidor suyo, y se convirti&oacute; a Cristo al ser derribado del caballo cuando iba camino de Damasco persequiendo a los cristianos que dec&iacute;an que Cristo hab&iacute;a resucitado y estaba vivo como lo hab&iacute;a dicho y se estaba apareciendo a los cristianos, no solo a los ap&oacute;stoles. Y Pablo no se lo cre&iacute;a y por eso los persegu&iacute;a y el Se&ntilde;or tuvo que tirarlo del caballo y tuvo que empezar el camino de la fe como todos nosotros, para encontrar a Cristo resucitado; ya sab&eacute;is que se retir&oacute; tres a&ntilde;os al desierto de Arabia en oraci&oacute;n y all&iacute;, por la oraci&oacute;n, encontr&oacute; y am&oacute; a Cristo m&aacute;s que los mismos disc&iacute;pulos que hab&iacute;an estado con &Eacute;l durante su vida en la tierra. Hermano, haz oraci&oacute;n y encontrar&aacute;s t&uacute; tambi&eacute;n a Cristo vivo y resucitado en el Sagrario. Hermanos &iquest;cu&aacute;nto tiempo pasamos en oraci&oacute;n ante el Se&ntilde;or en nuestras iglesias, cu&aacute;nto tiempo te pasas t&uacute; junto al sagrario de tu parroquia, cu&aacute;ntos cristianos visitan y rezan al Se&ntilde;or resucitado o vienen a misa los domingos? C&oacute;mo van a tener experiencia de &Eacute;l sin visitarlo, sin hablar con &Eacute;l, sin comulgar ni una vez al a&ntilde;o? Repito, hermanos, la resurrecci&oacute;n de Cristo es el fundamento de nuestra resurrecci&oacute;n y de la vida eterna con Dios que nos espera a todos y para la cual vino Cristo, y muri&oacute; y resucit&oacute; para que todos tengamos vida eterna, y os digo la verdad, si yo no tuviera experiencia y certeza de que Cristo vive y est&aacute; resucitado, no ser&iacute;a sacerdote, es m&aacute;s, dejar&iacute;a de ser cura ahora mismo; yo solo soy cura porque Cristo est&aacute; vivo y resucitado y llena mi vida y lo siento en ratos de oraci&oacute;n, sobre todo, ante el sagrario;de hecho algunos de mis libros los escrib&iacute; as&iacute; mirando al Sagrario. Por lo tanto, hermanos, Cristo resucit&oacute; y a este d&iacute;a los disc&iacute;pulos lo llamaron domingo, que significa d&iacute;a del Se&ntilde;or y este domingo que estamos celebrando, como todos los domingos, es el d&iacute;a en que la Iglesia, todos los cristianos celebramos con Cristo en la santa misa su resurrecci&oacute;n, que es el fundamento y garant&iacute;a de la nuestra y por eso es obligatoria para todos los cristianos. Por eso, NING&Uacute;N DOMINGO SIN MISA, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, venir a misa los domingos, saber que mi vida es m&aacute;s que esta vida, que mi vida no termina con la muerte y celebrar todos los domingos, en la resurrecci&oacute;n de Cristo, la nuestra, comulgando adem&aacute;s con &Eacute;l, hecho pan de la vida eterna:&rdquo;Yo soy el pan de vida.. Hermanos, rezad por vuestros hijos y nietos, que no vienen a misa, son eternidades, que Dios os ha confiado, sus vidas son m&aacute;s que esta vida. S&eacute; que esto os puede molestar, pero tengo la obligaci&oacute;n de decirlo, para eso soy sacerdote de Cristo, porque soy sembrador y recolector de eternidades mediante los sacramentos del bautismo, de la comuni&oacute;n y la santa misa. Hoy, los domingos on una pena en muchos lugares; actualmente para muchos el domingo se ha convertido sin m&aacute;s en el descanso semanal, para otros, el domingo se ha convertido en un d&iacute;a dedicado al deporte u otras actividades l&uacute;dicas y para otros, el domingo o el fin de semana es el momento de encuentro con las familias. Est&aacute; bien, pero el domingo es fundamente el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y de la nuestra, como lo celebr&oacute; el Se&ntilde;or resucitado en el primer domingo de la historia apareci&eacute;ndose a los disc&iacute;pulos y celebrando la santa misa con ellos en el Cen&aacute;culo. Hermanos, qu&eacute; gozo ser cat&oacute;lico, creer, amar y esperar a Jesucristo, saber que mi vida es m&aacute;s que esta vida, que vivir&eacute; ya siempre con el Se&ntilde;or y los m&iacute;os en el cielo. Qu&eacute; gozo sentirlo esto algunas veces en la tierra en oraci&oacute;n ante el Sagrario. Celebremos as&iacute; cada domingo en uni&oacute;n con los nuestros que ya lo celebran eternamente en el cielo, como lo rezaremos en el memento de difuntos ahora en la misa, porque que ya todos viven con Dios en el domingo eterno del cielo y como un d&iacute;a nosotros eternamente lo celebraremos, esto le pedir&eacute; al Se&ntilde;or en esta misa del domingo, con Cristo, y la Virgen y los nuestros para siempre, para siempre. Am&eacute;n, As&iacute; sea. Qu&eacute; gozo y qu&eacute; certeza ser cat&oacute;lico, venir a misa los domingos. ****************************************** II DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 32-35 Ya en el primer &laquo;sumario&raquo; (2,42-47)- res&uacute;menes de la vida de la primera comunidad bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo encontramos una breve alusi&oacute;n a la &laquo;comunidad de bienes&raquo;. Aqu&iacute; se encuentra m&aacute;s detallado y desarrollado teol&oacute;gicamente. Lo primero y esencial siempre es la uni&oacute;n de todos los creyentes en Jes&uacute;s de Nazaret: &ldquo; la multitud de los que hab&iacute;an cre&iacute;do ten&iacute;an un coraz&oacute;n y un alma sola&rdquo;. Esta era la caracter&iacute;stica fundamental de la primera comunidad cristiana, icono de todas, nacida del &ldquo;vigor&rdquo; con que &ldquo;los Ap&oacute;stoles atestiguaban la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s&rdquo; y de la respuesta de fe de los que ingresaban en la Iglesia. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 5,1-6 En su primera carta San Juan hace una defensa de la fe sincera en Cristo que debe llevar al amor de Dios y de los hermanos. Fe tan fuerte, que como hemos visto anteriormente, llevaba a renunciar a los propios bienes en servicio de los hermanos, considerados como verdaderos hermanos en Cristo. Era una fe que daba una impronta a la vida de los creyentes en la relaci&oacute;n con Dios y con los hermanos. &ldquo;Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. &iquest;Y qui&eacute;n es el que vence al mundo sino el que cree que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios?&rdquo; En esta fe se injerta toda la fuerza de la gracias y de la victoria de Cristo por su resurrecci&oacute;n. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 20,19-31 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Este segundo domingo de Pascua nos permite observar que no les fue f&aacute;cil a los Ap&oacute;stoles aceptar y creer en la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Lo digo especialmente por la obstinaci&oacute;n de Tom&aacute;s, lo cual, por una parte, es deplorable para el Resucitado, que se aparece lleno de vida, de paz y alegr&iacute;a para ellos. Esta obstinaci&oacute;n en no creer, como ya he dicho m&aacute;s de una vez, muestra ciertamente la poca fe de los Ap&oacute;stoles, pero, por otra parte, nos viene bien a nosotros, porque nos ayuda a ver en los Ap&oacute;stoles a unas personas, que no se lo creen todo a la primera, sino que exigen pruebas y demostraciones que nos ayuden a nosotros en nuestras posibles dudas y desconfianzas. El estado de &aacute;nimo de los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de la muerte de Jes&uacute;s es deplorable: &ldquo;puertas cerradas por miedo a los jud&iacute;os&rdquo;, tristeza, aislamiento e incomunicaci&oacute;n, duda radical en Jes&uacute;s de Nazaret, en quien hab&iacute;an puesto tantas esperanzas, y oposici&oacute;n abierta a recibir el testimonio de las mujeres. En este contexto comunitario tiene lugar la inesperada aparici&oacute;n de Jes&uacute;s al atardecer. Cristo les saluda: &ldquo;Paz a vosotros&rdquo;. Es maravilloso y digno de ser meditado e imitado este primer gesto de perd&oacute;n del Se&ntilde;or resucitado ante unos disc&iacute;pulos que no se lo merec&iacute;an, porque le han abandonado cobardemente. Si hubi&eacute;ramos sido alguno de nosotros en circunstancias similares hubi&eacute;ramos empezado con una censura. Esta es la vida nueva que tenemos que vivir, porque Cristo ha resucitado y nos la ha comunicado. Hay que perdonar, hay que reaccionar amando ante las ofensas. Con este saludo Cristo ha empezado su nueva vida de resucitado perdonando todas sus huidas y traiciones. No les echa en cara su traici&oacute;n y cobard&iacute;a. Es un anticipo y una experiencia del poder que le va a comunicar de perdonar los pecados de los hombres. Primero perdona personalmente y luego les env&iacute;a a perdonar y practicar y ense&ntilde;ar este perd&oacute;n a todos los hombres en nombres suyo. Este poder hay que vivirlo y practicarlo especialmente en la &laquo;pascua florida&raquo; como ense&ntilde;aba el antiguo catecismo. Todos nosotros tenemos que participar por el Sacramento de la Penitencia en la nueva vida del Resucitado. No podemos permanecer muertos y sin vida resucitada y nueva. La Iglesia tiene este poder recibido del Se&ntilde;or. Cristo resucitado nos trae el perd&oacute;n de nuestros pecados y cobard&iacute;as en confesar y vivir nuestra fe, nos trae la alegr&iacute;a de la reconciliaci&oacute;n y del encuentro con Dios y con los hermanos; hacerlo y vivirlo es un ejercicio humildad y de fe y amor a Dios y a los hombres. 2.- El Resucitado que tienen ante ellos es el mismo que fue crucificado y que vivi&oacute; y predic&oacute; junto a ellos durante tres a&ntilde;os. Es el mismo Jes&uacute;s de Nazaret en quien Dios se ha manifestado en poder y gloria de resurrecci&oacute;n para todos nosotros. Ha cumplido lo que hab&iacute;a profetizado y prometido, pero ellos no hab&iacute;an captado. Ellos entonces como muchos hombres de nuestro tiempo, que todav&iacute;a no creen, est&aacute;n de ac&aacute; para all&aacute;, en teor&iacute;as, disquisiciones y dudas eternas, y todo porque no se han enterado de que el sepulcro est&aacute; vac&iacute;o: &ldquo;&iquest;Busc&aacute;is a Jes&uacute;s el Nazareno, el crucificado? No est&aacute; aqu&iacute;, ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron&rdquo;. El sepulcro est&aacute; y sigue vac&iacute;o, pero muchos no se han enterado. Las mujeres fueron tambi&eacute;n a buscarle muerto, pero se encontraron con &Eacute;l vivo, vivo y resucitado. Porque fueron a buscarle. Es que los Ap&oacute;stoles no esperaban su resurrecci&oacute;n, por eso ni se movieron en principio y luego corrieron, pero sin creer que el sepulcro estaba vac&iacute;o: &ldquo;vinieron unas mujeres&hellip;&rdquo; Jesucristo vive y ha resucitado para siempre; este es el letrero luminoso que puse en el Cen&aacute;culo de la Parroquia de San Pedro, al a&ntilde;o de llegar. All&iacute; permanece como signo de fe y esperanza. Con este hecho de la resurrecci&oacute;n Cristo est&aacute; cumpliendo lo que les hab&iacute;a dicho: &ldquo;Me ir&eacute; y volver&eacute; a vosotros y vuestra tristeza se convertir&aacute; en gozo&rdquo; (Jn 16, 20). Efectivamente, el Se&ntilde;or ha resucitado y esta profesi&oacute;n de fe pascual, basada en su experiencia y constataci&oacute;n inmediata de ver y hablar y comer con el Resucitado es la esperanza y el fundamento y la base del anuncio y del mandato de Cristo de pregonarlo por el mundo entero; es la base del Credo y de la Liturgia y de la Vida de la Iglesia: es su fundamento y coraz&oacute;n de vida. 3.- &ldquo;Al resucitar Cristo, todos hemos resucitado&rdquo;; esta afirmaci&oacute;n de San Pablo a los Romanos es la mejor noticia que podemos recibir los hombres. Nosotros ya no moriremos para siempre. Mi vida es m&aacute;s que esta vida, que este espacio y este tiempo, mi vida es una eternidad de vida y felicidad con el Resucitado que empieza ya en esta vida y muchos la han experimentado. Creamos a Cristo resucitado que nos dice: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en mi aunque haya muerto vivir&aacute;; y todo el que vive y cree en mi, no morir&aacute; para siempre&rdquo;. Creamos a la liturgia de la Iglesia que en su prefacio de misa de difuntos reza para todos: &laquo;Porque la vida de los que en Ti creemos, Se&ntilde;or, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&raquo;. Digamos con San Pablo: &ldquo;Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y nosotros somos los m&aacute;s necios del mundo;&rdquo; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi, y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. Este es nuestro gozo y alegr&iacute;a en esta Pascua de Resurrecci&oacute;n que estamos celebrando, la fiesta principal de la Iglesia. Recemos y cantemos con el salmista, como lo hemos hecho al comenzar la santa misa: &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo; dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia; que lo diga la casa de Israel, es eterna su misericordia; que lo diga la casa de Aar&oacute;n, es eterna su misericordia; que lo digan los fieles del Se&ntilde;or, es eterna su misericordia&raquo;. En el Apocalipsis de San Juan, Cristo resucitado nos dice a todos: &ldquo;No temas nada, yo soy el primero y el &uacute;ltimo, el Viviente; estuve entre los muertos, pero ahora vivo para siempre&rdquo;. Y termino con un texto de San Pablo a los Romanos: &ldquo;Si el Esp&iacute;ritu de Aquel que resucit&oacute; a Jes&uacute;s de entre los muertos habita en vosotros, el que resucit&oacute; a Cristo Jes&uacute;s de entre los muertos dar&aacute; tambi&eacute;n vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Esp&iacute;ritu que habita en vosotros&rdquo; (Rom 8, 11). 4.- Quiero citar unos textos del Vaticano II, que nos ayudan a reflexionar y comprender este misterio: &laquo;El m&aacute;ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disoluci&oacute;n progresiva del cuerpo. Pero su m&aacute;ximo tormento es el temor por la desaparici&oacute;n perpetua. Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adi&oacute;s definitivo. La semilla de eternidad que en s&iacute; lleva, por ser irreductible a la sola materia, se levanta contra la muerte&raquo; (GS18). &laquo;&hellip; son cada d&iacute;a m&aacute;s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci&oacute;n las cuestiones m&aacute;s fundamentales: &iquest;Qu&eacute; es el hombre? &iquest;Cu&aacute;l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsiste todav&iacute;a? (GS10). &laquo;La fe cristiana ense&ntilde;a que la muerte corporal, que entr&oacute; en la historia a consecuencia del pecado, ser&aacute; vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvaci&oacute;n perdida por el pecado&raquo; (GS!18). &laquo;Cristo resucit&oacute;; con su muerte destruy&oacute; la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Esp&iacute;ritu: &ldquo;&iexcl;Abba, Padre!&rdquo;&raquo; (GS 22). &laquo;Constituido Se&ntilde;or por su resurrecci&oacute;n, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp&iacute;ritu en el coraz&oacute;n del hombre, no s&oacute;lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi&eacute;n con ese deseo aquellos generosos prop&oacute;sitos con los que la familia humana intenta hacer m&aacute;s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin&raquo; (GS 38). Normas de vida espiritual que surgen de la resurrecci&oacute;n a la vida nueva de Cristo Resucitado: &laquo;&hellip;el nuevo convertido emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la muerte y de la resurrecci&oacute;n, pasa del hombre viejo al nuevo hombre perfecto en Cristo&raquo; (AG 13). &laquo; Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a El hasta el extremo de que Cristo quede formado en ellos (cf. Gal 4,19). Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El...&raquo; (LG 7). &laquo; [La Iglesia] est&aacute; fortalecida, con la virtud del Se&ntilde;or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas...&raquo; (GS8). &laquo;&hellip; la norma cristiana es que hay que purificar por la cruz y la resurrecci&oacute;n de Cristo y encauzar por caminos de perfecci&oacute;n todas las actividades humanas...&raquo; (AG 37 ). **************************************** TOM&Aacute;S EL AGN&Oacute;STICO EL DIA DE LA DIVINA MISERICORDIA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: A los ocho d&iacute;as de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, concluyendo la octava de Pascua, celebramos el domingo de la Divina Misericordia, domingo in albis, porque los nuevos bautizados dejaban la t&uacute;nica blanca del bautismo, de la gracia recibida. se aparece de nuevo a los ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo, con el saludo que trae la paz: &ldquo;La paz est&eacute; con vosotros&rdquo; (Jn 20, 21). Una paz que no viene del mundo ni de las componendas humanas, sino que es un don de Dios y que el coraz&oacute;n humano tanto ans&iacute;a. En esta ocasi&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n Tom&aacute;s, el ausente del domingo pasado, el que estaba fuera de la comunidad, haciendo su vida, cuando Jes&uacute;s vino al Cen&aacute;culo ya resucitado. Los ap&oacute;stoles se lo contaron a Tom&aacute;s, y Tom&aacute;s no les crey&oacute;. Para Tom&aacute;s no era suficiente el testimonio de los dem&aacute;s ap&oacute;stoles ni la alegr&iacute;a rebosante con se lo contaban. &Eacute;l no lo hab&iacute;a visto, no se hab&iacute;a encontrado personalmente con &Eacute;l. &ldquo;Si no lo veo, no lo creo&rdquo;, pensaba Tom&aacute;s con una mezcla de indiferencia y escepticismo despu&eacute;s de lo vivido en torno al Calvario y con un poco de envidia e inseguridad que se refugia en el desprecio. Seguro que en el fondo deseaba encontrarse con Jes&uacute;s, pero se hab&iacute;a declarado agn&oacute;stico, la postura c&oacute;moda de muchas personas que ni siquiera buscan a Dios, aunque tampoco se encuentran a gusto consigo mismo ni con su actual situaci&oacute;n. Y en estas circunstancias, a los ocho d&iacute;as aparece de nuevo Jes&uacute;s en medio de sus ap&oacute;stoles. &ldquo;La paz est&eacute; con vosotros&rdquo;. Y se dirige a Tom&aacute;s el incr&eacute;dulo. Jes&uacute;s conoce bien de d&oacute;nde cojea Tom&aacute;s, pero no le reprocha nada. &Eacute;l ha venido a buscar no a los justos, sino a los pecadores. Hoy Jes&uacute;s ha venido a buscar a Tom&aacute;s, a encontrarse con &eacute;l, a hacerle part&iacute;cipe de su gozo. Jes&uacute;s busca a cada hombre, a cada persona. Y los busca, no porque necesite de nosotros. &Eacute;l est&aacute; en la gloria. Nos busca, porque quiere hacernos part&iacute;cipes de su gozo y de su gloria. Cuando uno quiere a otra persona, quiere comunicarle al otro los bienes que &eacute;l tiene. Jes&uacute;s, al acercarse a Tom&aacute;s, se pone a su altura. Tom&aacute;s hab&iacute;a dicho: &ldquo;Si no meto mi mano en su costado, no creer&eacute;&rdquo; (Jn 20, 25), y Jes&uacute;s le dice precisamente eso: &ldquo;Trae tu mano y m&eacute;tela en mi costado&rdquo; (Jn 20, 27). La fe viene de lo alto, es un don de Dios, nunca una elucubraci&oacute;n humana ni el fruto de un esfuerzo nuestro. La fe no es fruto de la raz&oacute;n. Pero, al mismo tiempo, la fe no va contra la raz&oacute;n, sino que se hace razonable verific&aacute;ndose en los signos que Dios pone a nuestro alcance. Jes&uacute;s le da se&ntilde;ales a Tom&aacute;s de que &Eacute;l est&aacute; resucitado, de que ha superado la muerte y est&aacute; vivo de una manera nueva. Satisfecha esa pregunta, Tom&aacute;s est&aacute; abierto al don de la fe que Jes&uacute;s le infunde en su coraz&oacute;n. &ldquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&rdquo; (Jn 20, 28), dice Tom&aacute;s en actitud adorante, postrado de rodillas ante su Se&ntilde;or. Tom&aacute;s entonces vio a Jes&uacute;s con ojos nuevos, se encontr&oacute; con Jes&uacute;s resucitado, y &eacute;l mismo se sent&iacute;a un hombre nuevo. La gran misericordia que Jes&uacute;s ha tenido con Tom&aacute;s, por causa de su incredulidad, es la misericordia que Jes&uacute;s quiere tener con cada uno de nosotros, que somos pecadores como Tom&aacute;s. La incredulidad de Tom&aacute;s ha sido ocasi&oacute;n para una misericordia m&aacute;s grande, pues donde abund&oacute; el pecado, sobreabund&oacute; la gracia. En estos d&iacute;as de Pascua nos acogemos especialmente a esa Divina Misericordia y le pedimos a Jes&uacute;s que nos salga al encuentro como lo hizo con Tom&aacute;s, el incr&eacute;dulo. Celebremos este domingo de la misericordia del Se&ntilde;or confesando y comulgando y haciendo un rato de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, una visita al Se&ntilde;or en el Sagrario, d&aacute;ndole gracias por su pasi&oacute;n que debi&oacute; ser nuestra porque nuestros son los pecados y por los pecados del mundo y de nuestros hermanos o hijos. Vengamos alg&uacute;n d&iacute;a entre semana a misa, que es la acci&oacute;n de gracias, eucarist&iacute;a, que Cristo da al Padre por nuestra salvaci&oacute;n. Somos eternos, iremos al cielo. *********************************** III DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 3,13-15. 17-19 En los domingos despu&eacute;s de Pascua las lecturas del Antiguo Testamento son sustituidas por los Hechos de los Ap&oacute;stoles, que, a trav&eacute;s de la predicaci&oacute;n primitiva, testimonian la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or y demuestran c&oacute;mo la Iglesia naci&oacute; en nombre del Resucitado. En la primera Lectura de hoy, San Pedro presenta la resurrecci&oacute;n de Cristo como cumplimiento de los designios salvadores de Dios, mediante su muerte, realizada por la ignorancia de los jud&iacute;os. Pedro exhorta al arrepentimiento y a la conversi&oacute;n para recibir los frutos de la salvaci&oacute;n por el perd&oacute;n de los pecados, incluido el haber matado al autor de la vida. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan, 1-5&ordf; A esto mismo se refiere esta Lectura de Juan. No puede tener adhesi&oacute;n al pecado, quien ha conocido a Cristo morir por los pecados. Todos somos pecadores, pero debemos arrepentirnos, porque tenemos un abogado que consigue ese perd&oacute;n, habiendo muerto por ellos: &ldquo;&Eacute;l es v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados, no s&oacute;lo por los nuestros, sino tambi&eacute;n por los del mundo entero&rdquo;. San Juan nos dice que, adem&aacute;s de no pecar, todo el que quiere amar a Dios, debe cumplir sus mandamientos. No puede uno arrepentirse o decir de verdad que ama a Dios y luego no esforzarse en cumplir su voluntad. EVANGELIO DEL III DE PASCUA: EMA&Uacute;S (S. Lucas 24,35-48) QUERIDOS HERMANOS: Los cincuenta d&iacute;as que median entre Pascua y Pentecost&eacute;s son como una celebraci&oacute;n ininterrumpida del misterio pascual, de la resurrecci&oacute;n de Cristo, anticipo de la nuestra, que celebramos cada domingo, llamado as&iacute;, domingo- del lat&iacute;n dominicus-d&iacute;a del Se&ntilde;or, porque es el d&iacute;a en que resucit&oacute; el Se&ntilde;or y la Eucarist&iacute;a dominical no solo lo recuerda sino que lo hace singularmente presente para todos los hombres de todos los tiempos. 2.- El evangelio de hoy nos dice que el mismo d&iacute;a de la Pascua por la tarde, Jes&uacute;s, bajo las apariencias de un caminante, se junta a dos disc&iacute;pulos que se dirig&iacute;an a Ema&uacute;s y hablaban entre s&iacute; de los hechos acaecidos en Jerusal&eacute;n el viernes anterior. Ellos, como Mar&iacute;a Magdalena en el jard&iacute;n, tampoco le reconocen al Se&ntilde;or porque cre&iacute;an que todo hab&iacute;a terminado con su muerte y por es por eso precisamenteo por lo que se marchan decepcionados de Jerusal&eacute;n: &ldquo;Nosotros esper&aacute;bamos que &Eacute;l fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos d&iacute;as que sucedi&oacute; todo esto&rdquo;. Este hecho de los dos dicipulos de Ema&uacute;s es muy importante para los hombres de todos los tiempos porque vemos que ellos le siguieron a Cristo porque esperaban triunfos y &eacute;xitos materiales y por eso le siguieron hasta su muerte donde vieron fracasar todas su esperanzas con su muerte. 3.-Y vemos por otra parte en estos hechos, c&ograve;mo Jes&uacute;s, el mismo que est&aacute; en este y en todos los Sagrarios de la tierra y que hab&iacute;a venido lleno de fuego y amor a los hombres &uacute;nicamene para salvarnos, para conseguirnos la resurrecci&oacute;n y la vida eterna para todos, vemos que les dice lo que tal vez nosotros hemos escuchado alguna vez cuando solo buscamos y pedimos intereses ego&iacute;stas: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! &iquest;No era necesario que el Mes&iacute;as padeciera todo esto para entrar as&iacute; en su gloria?&rdquo;. Como vosotras y todos los verdaderos seguidores de Cristo, tenemos que sufrir y purificarnos de nuestros egoismos para entrar en la amistad con &Eacute;l Hermanos, nosotros y todos los humanos lo primero que buscamos y rezamos y pedimos incluso cuando buscamos a Dios en la vida cristiana es el &eacute;xito, la saluz, el dinero y lo que les impide aceptar a Cristo alos dos disc&iacute;pulos y a tantos y tantos hombres de todos los tiempos y de todas las culturas, lo que nos impide aceptar a Cristo es verlo desnudo y crucificado por amor a nosotros, a todos los hombre, porque, como dijo San Pablo, eso &ldquo;es necedad para los griegos y esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os&rdquo;. Lo que ellos quieren y el mundo entero y los humanos de todos los tiempos es un Dios, un Mes&iacute;as de gloria y triunfos, que nos abra las puertas de la prosperidad material y del dinero, y del &eacute;xito y poder humano; como sigue ocurriendo hoy d&iacute;a. Esta es la crisis del cristianismo incluso dentro de la Iglesia, por eso muchos se han alejado de la Iglesia y de Cristo, porque no da &eacute;xitos materiales y por eso no hay vocaciones y el cristianismo en Espa&ntilde;a y Europa sufre una huida de los hombre y mujeres de sobre todo de 50 a&ntilde;os para abajo, lo podemos ver y comprobar en nuestras parroquias. Por eso se han alejado muchos cat&oacute;licos de la Iglesia y de Cristo, y laa pol&iacute;tica no favorece a la Iglesia, sobre todo en los tiempos actuales. La Iglesia no da dinero, &eacute;xito material, es m&aacute;s te complica tu vida de egoismos y placeres. Por favor, que no nos pase a nosotros sacerdotes y religosas lo mismo, buscar m&aacute;s e interesarnos m&aacute;s lo material que lo espiritual. Tenemos que aprender y no olvidar tan pronto las lecciones de Cristo y de su evangelio. 4.- Y &ldquo;comenzando por Mois&eacute;s y siguiendo por los profetas les explic&oacute; lo que se refer&iacute;a a &Eacute;l en toda la Escritura&rdquo;. Y los dos disc&iacute;pulos escuchan complacidos todo lo que les explica el caminante. Esta es la segunda y m&aacute;s importante lecci&oacute;n, la importancia en nuestra vida de escuchar a Cristo todos los d&iacute;as por la oraci&oacute;n: Hay que hablar con Cristo, la oraci&oacute;n es camino absolutamente necesario para ser cristiano de verdad, para vivir la fe, para conocer y amar a Jesucristo, para ser cristiano y vivir la vida cristiana, para salvarse: &iquest;No ard&iacute;a nuestro coraz&oacute;n mientras nos explicaba las Escrituras? Hermanos, que no nos falte el hablar todos los d&iacute;as y revisarnos ante Cristo ante el Sagrario, en la oraci&oacute;n vigilante, en ratos de oraci&oacute;n todos los d&iacute;as y sentir&aacute;s a Cristo vivo y resucitado en tu vida, en tu coraz&oacute;n, al Cristo del cielo y del Sagrario. En esto insitir&eacute; toda mi vida, porque es el primero y principal camino que conozco y he seguido para conocer y amar a Cristo y sentirlo, de superar las pruebas y dificultades de la fe hasta llegar a la experiencia de Cristo, vivo y resucitado en el cielo, pero para nosotros, caminantes, en todos los Sagrarios de la tierra. Y aqu&iacute; ten&eacute;is que encontrarlo si quer&eacute;is amarlo totalmente y ser religiosas felices. (Ma&ntilde;ana continuar&eacute; para no alargarme). 5.- Cuando el misterioso viandante est&aacute; para dejarles, los dos disc&iacute;pulos le ruegan diciendo: &ldquo;Qu&eacute;date con nosotros, porque atardece y el d&iacute;a va de ca&iacute;da&rdquo;. Y esta caridad, esta hospitalidad les honra a los dos disc&iacute;pulos. Y &ldquo;sentado a la mesa con ellos, tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio&rdquo;. Entonces a ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron. Como a nosotros cuando no solo cantamos o comemos la Eucarist&iacute;a sino que nos ofrecemos con &Eacute;l al Padre y comulgamos con su amor hasta el extremo, con sus sentimientos de entrega yamor a Dios y a nuestros hermanos los hombres. Queridos hermanos, esta es la tercera lecci&oacute;n de este evangelio: que a nosotros tambi&eacute;n se nos abran los ojos de la fe y veamos a Cristo cuando celebramos o participamos en la Eucarist&iacute;a, cuando comulgamos esta tarde, es el mismo Cristo de Ema&uacute;s, con el mismo amor y las mismas intenciones de encontrarnos, de llenarnos de su vida y amor esta tarde, es la misma misa, la misma comuni&oacute;n del mismo pan eucar&iacute;stico de los de Ema&uacute;s. Hermanos, tengamos m&aacute;s fe y amor al celebrarla y comulgar el pan Cristo; el camino ha sido la meditaci&oacute;n que Jes&uacute;s les ha dado, la oraci&oacute;n, explic&aacute;ndoles los textos de la Escritura, referentes al Mes&iacute;as, como a nosotros; pero la fe viva y la experiencia de la fe, como encuentro personal de amistad con Cristo, ha venido al partir el pan y bendecirlo, consagrarlo. Hermanos, hermanas, si tu amor y nuestra fe de creyentes est&aacute; fr&iacute;a entoces no ve ni siente a Cristo en el Sagrario o en la misa o en la Comuni&oacute;n, es incapaz de sentir al Se&ntilde;or y transformar nuestra vida, y esto se debe principalmente como he dicho a la falta de oraci&oacute;n y de intimidad eucar&iacute;stica y personal con Jesucristo Eucarist&iacute;a. &iquest;T&uacute; hablas, visitas, meditas todos los d&iacute;as un poco ante Cristo Eucarist&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo son nuestros ratos de oraci&oacute;n, de eucarist&iacute;a, de Sagrario todos los d&iacute;as, qu&eacute; pena dentro de la misma parroquia lo poco o nada que se ve a sus sacerdotes en oraci&oacute;n, ante el Sagrario&hellip; &Eacute;ste es mi convencimiento y el t&iacute;tulo que puse al primero de mis libros: &ldquo;LA EUCARIST&Iacute;A, LA MEJOR ESCUELA DE ORACI&Oacute;N, SANTIDAD Y APOSTOLADO&rdquo;. En el pr&oacute;logo del libro escribo: &ldquo;Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, &ldquo;el que nos ama&rdquo;, el que est&aacute; en el sagrario nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse. Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo que tanto necesita la Iglesia de todos los tiempos, especialmente la actual, y especialmente en sus obispos y sacerdotes. Que nuestra fe y oraci&oacute;n y amor a Cristo Eucarist&iacute;a se manifieste en nuestro silencio, respeto, veneraci&oacute;n permanente y continua ante los Sagrarios donde Cristo est&aacute; vivo y presente. Queridos hermanos: Que somos eternos, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que para eso vino, muri&oacute; y resucit&oacute; Cristo y se qued&oacute; en el Sagrario y celebramos su resurrecci&oacute;n en cada misa y comulgamos para llevarnos aqu&iacute; en la tierrra a una amistad sentida y verdadera y empezar ya el sielo de la vida eterna. Venid m&aacute;s a visitarle, a misa, y procuremos no solo comer, sino comulgar su vida nueva y resucitada en nosotros por la gracia y amistad con &Eacute;l. *************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.-Ser&iacute;a bueno que medit&aacute;ramos, al comenzar esta homil&iacute;a, sobre las primeras palabras del Evangelio, referentes a los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, que han vuelto llenos de gozo por haber reconocido a Jes&uacute;s, mientras se encend&iacute;a su coraz&oacute;n, al escucharle la explicaci&oacute;n de las Escrituras y celebrar la Eucarist&iacute;a con &Eacute;l: &ldquo;En aquel tiempo contaban los disc&iacute;pulos lo que les hab&iacute;a acontecido en el camino y c&oacute;mo reconocieron a Jes&uacute;s en el partir del pan.&rdquo; Mucho ten&iacute;amos que aprender todos, los que predicamos y los que escuchan de este comportamiento de Cristo y los dos disc&iacute;pulos. 2.-En primer lugar, hay que escuchar primero al Se&ntilde;or para luego predicar; ya dijo el Se&ntilde;or en otra ocasi&oacute;n: &ldquo;sin mi no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; y menos tratar de entusiasmar a la gente con su persona y evangelio, cuando el mismo que predica no tratar de vivir totalmente unido por amor y vida de gracias a Cristo. Muchas veces nuestras predicaciones y homil&iacute;as casan y aburren y no entusiasman en el seguimiento de Cristo por que el mismo predicador, el catequista, el padre de familia no vive en esta din&aacute;mica y nadie pueda dar lo que no tiene. Haber pasado largos ratos de oraci&oacute;n con el que le env&iacute;a es imprescindible para poder predicar en su nombre, esto es, en su lugar, con sus mismos sentimientos y actitudes. La oraci&oacute;n es la que nos hace que le conozcamos mejor y nos entusiasmemos con &Eacute;l, lleguemos a su intimidad: &laquo;que no es otra cosa oraci&oacute;n mental sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama&raquo; (Santa Teresa V 8,5). Parece como si la santa hubiera hecho esta descripci&oacute;n mirando al Sagrario, porque all&iacute; es donde est&aacute; m&aacute;s presente el que nos ama: Jesucristo vivo, vivo y resucitado. De esta forma, Jesucristo presente en el Sagrario, se convierte en el mejor maestro de oraci&oacute;n, y el Sagrario, en la mejor escuela. Tratando muchas veces a solas de amistad con Jesucristo Eucarist&iacute;a, casi sin darnos cuenta nosotros, &laquo;el que nos ama&raquo; nos invita a seguirle y vivir su misma vida eucar&iacute;stica, silenciosa, humilde, entregada a todos por amor extremo, d&aacute;ndose pero sin imponerse. Y es as&iacute; como la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de santidad, de uni&oacute;n y vivencia de los sentimientos y actitudes de Cristo. Esto me parece que es la santidad cristiana. De esta forma, la escuela de amistad pasa a ser escuela de santidad. Finalmente y como consecuencia l&oacute;gica, esta vivencia de Cristo eucarist&iacute;a, trasplantada a nosotros por la uni&oacute;n de amor y la experiencia, se convierte o nos transforma en llamas de amor viva y apost&oacute;lica: la presencia eucar&iacute;stica se convierte en la mejor escuela de apostolado. Ni un solo ap&oacute;stol, ni un solo santo que no haya hecho largos ratos de oraci&oacute;n y no haya sido eucar&iacute;stico. Ni uno solo que no haya sentido necesidad de Eucarist&iacute;a, de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que no la haya vivido y amado, ni uno solo. All&iacute; lo aprendieron todo. Y de aqu&iacute; sacaron la luz y la fuerza necesarias para desarrollar luego su actividad o el carisma propio de cada uno, muy diversos unos de otros, pero todos bebieron en la fuente de la Eucarist&iacute;a, que mana y corre siempre abundantemente, Aaunque es de noche@, aunque tiene que ser por la fe. Todos pusieron all&iacute; su tienda, el centro de sus miradas, pasando todos los d&iacute;as largos ratos con &Eacute;l, primero en fe seca, como he dicho, a palo seco, sin sentir gran cosa, luego poco a poco pasaron de acompa&ntilde;ar al Se&ntilde;or a sentirse acompa&ntilde;ados, ayudados, fortalecidos, una veces rezando, otras leyendo, otras meditando con libros o sin libros, en oraci&oacute;n discursiva, mental, avanzando siempre en amistad personal, otras, m&aacute;s avanzados, dialogando, &laquo;tratando a solas&raquo;, trato de amistad, oraci&oacute;n afectiva, luego con una mirada simple de fe, con ojos contemplativos, silencio, quietud, simple mirada, recogimientos de potencias, una etapa importante, se acab&oacute; la necesidad del libro para meditar y empieza el t&uacute; a t&uacute;, simple mirada de amor y de fe, &laquo;noticia amorosa&raquo; de Dios, &laquo;ciencia infusa,&raquo; &laquo;contemplaci&oacute;n de amor&raquo;. Se&ntilde;or, ahora empiezo a creer de verdad en T&iacute;, a sentir tu presencia y ayuda, ahora s&iacute; que s&eacute; que eres verdad y vives de verdad y est&aacute;s aqu&iacute; de verdad para m&iacute;, no s&oacute;lo como objeto de fe sino tambi&eacute;n de mi amor y felicidad. Hasta ahora he vivido de fe heredada, estudiada, examinada y aprobada, que era cosa buena y estaba bien, pero no me llenaba, porque muchas veces era puro contenido te&oacute;rico; ahora, Se&ntilde;or, te siento viviente, por eso me sale espont&aacute;neo el di&aacute;logo contigo, ya no digo Dios, el Se&ntilde;or, es decir, no te trato de Ud, sino de t&uacute; a t&uacute;, de amigo a amigo, mi fe es m&iacute;a, es personal y viva y afectiva, no puramente heredada, me sale el di&aacute;logo y la relaci&oacute;n directa contigo. Te quiero, Se&ntilde;or, y te quiero tanto que deseo voluntariamente atarme a la sombra de tu santuario, para permanecer siempre junto a ti, mi mejor amigo. 3.- &ldquo;Mientras hablaban, se present&oacute; Jes&uacute;s en medio de sus disc&iacute;pulos y les dijo: &laquo;Paz a vosotros&raquo;. Llenos de miedo por la sorpresa, cre&iacute;an ver un fantasma&rdquo;. Este saludo del Se&ntilde;or llega con todo su esplendor y su fuerza hasta nosotros esta ma&ntilde;ana a trav&eacute;s de los siglos. Paz a todos los hombres, porque Cristo ha pagado totalmente ante el Padre toda la deuda y ya tenemos entrada en la amistad con Dios, en la vida eterna, en la resurrecci&oacute;n y en la vida del Resucitado. &iexcl;Ha resucitado!: &ldquo;&iquest;por qu&eacute; os alarm&aacute;is? &iquest;Por qu&eacute; surgen dudas en vuestro interior&hellip;Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona, palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo &laquo;como lo hab&iacute;a predicado&raquo;&rdquo;. Queridos hermanos, Cristo ha resucitado y vive eternamente como lo hab&iacute;a predicho. Su resurrecci&oacute;n tiene un indudable valor apolog&eacute;tico. Un conocido estudioso de nuestro siglo, Romano Guardini, meditando en el Misterio pascual y en sus consecuencias para la vida del creyente y de la Iglesia, afirma que &laquo;la fe cristiana se mantiene o se pierde en la medida en que se cree o no se cree en la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. La resurrecci&oacute;n no es un fen&oacute;meno mitol&oacute;gico, que la fe hubiera tomado de la historia, y que m&aacute;s tarde pudo desaparecer sin perder su contenido: es su centro&raquo; (ROMANO GUARDINI, El Se&ntilde;or, parte VI, 1). El anuncio de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo es el centro de la fe. De la adhesi&oacute;n d&oacute;cil y firme a este misterio brota el aut&eacute;ntico seguimiento y toda la vida cristiana y todo el apostolado con su misi&oacute;n salv&iacute;fica a la espera de la vuelta gloriosa del Se&ntilde;or Jes&uacute;s. A la luz de esta verdad evang&eacute;lica tan fundamental, se comprende plenamente que Jesucristo y solo Jesucristo es realmente el camino, la verdad y la vida, la luz del mundo y el &uacute;nico Salvador de los hombres. Si Cristo ha resucitado, la vida tiene un sentido trascendente y cristoc&eacute;ntrico. Si Cristo ha resucitado, la muerte ha sido vencida, somos eternos, viviremos eternamente en Dios. Si Cristo ha resucitado, vivamos ya la vida nueva, tengamos el coraz&oacute;n en Dios, bien supremo y absoluto de nuestra vida: &ldquo;Ya que hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad los bienes de all&aacute; arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la derecha del Padre&hellip;&rdquo; Os invito a vivir esta alegr&iacute;a en estos d&iacute;as de la Pascua de la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. &iexcl;El Se&ntilde;or ha resucitado! ******************************************** DOMINGO IV DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 8-12 La resurrecci&oacute;n de Cristo, que conmemoramos y hacemos presente en la Eucarist&iacute;a, es la fuerza que salva a los cristianos de todos los tiempos de todas las dificultades: &ldquo;Jes&uacute;s es la piedra&hellip; que se ha convertido en piedra angular&hellip; y bajo el cielo no se ha dado otro nombre que pueda salvarnos.&rdquo; La vida de la Iglesia siempre estar&aacute; marcada por la persecuci&oacute;n al Evangelio, como ya profetiz&oacute; el Se&ntilde;or, especialmente en el ministerio de la predicaci&oacute;n. Porque la causa principal de la misma ser&aacute; siempre la proclamaci&oacute;n del poder salvador del nombre de Jes&uacute;s. Otra situaci&oacute;n que se repite la Iglesia de todos los tiempos es el contraste entre el pueblo que cree y las autoridades que persiguen a los evangelizadores. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3, 1-2 Nosotros somos hijos de Dios, porque el Padre nos ha hecho part&iacute;cipes de su vida divina por la gracia del santo Bautismo. Esta nueva naturaleza, comunicada gratuitamente por el amor de Dios, no puede poseerla el mundo. La filiaci&oacute;n divina no es una imagen sino una realidad, que todav&iacute;a no se ha manifestado en plenitud, porque lo vivimos entre sombras y dificultades en este mundo, pero que se manifestar&aacute; en el cielo en toda su grandeza. Por eso se convierte en fuente de inagotable esperanza, que vence todas las dificultades de este mundo hostil a la fe cristiana. Esta vida, sembrada por el bautismo como semilla, debe desarrollarse cada d&iacute;a m&aacute;s en todos los hijos de Dios. DOMINGO IV DE PASCUA: EL BUEN PASTOR: El testimonio suscita vocaciones QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Celebramos en este domingo IV de Pascua, domingo del &ldquo;Buen Pastor&rdquo;, La Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las Vocaciones, tan necesarias hoy en la Iglesia y esto me ofrece la oportunidad de proponeros una breve reflexi&oacute;n sobre el tema y lo quiero hacer en concreto sobre una realidad que todos hemos podido vivir y comprobar en nuestras vidas y en nuestra experiencia sacerdotal y apost&oacute;lica y es esto: que El testimonio sacerdotal suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, el suscitar vocaciones en nuestras parroquias, en la Iglesia, depende primariamente de la acci&oacute;n gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, esta llamada divina est&aacute; favorecida tambi&eacute;n por la cualidad y la riqueza del testimonio personal del sacerdote, del p&aacute;rroco y el ambiente eucar&iacute;stico y comunitario que se cree en la misma parroquia, de cuantos han respondido en la parroquia ya a la llamada del Se&ntilde;or en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con la misma generosidad a la llamada de Cristo. Como hemos podido comprobar en nuestras vidas este tema est&aacute;, pues, estrechamente unido a la vida y a la misi&oacute;n de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitaros (esta tarde) en primer lugar ante la presencia de Cristo Sacerdote &Uacute;nico a todos los que el Se&ntilde;or ha llamado a trabajar en su vi&ntilde;a a renovar nuestra fiel respuesta a su elecci&oacute;n y llamada, teniendo siempre muy presente en este d&iacute;a a esos hemanos nuestros sacerdotes ya en el cielo y a los que hoy en medio de dificultades siguen trabando por el reino de Dios entre los hombres. Como sab&eacute;is sobre este tema hay muchos y muy buenos documentos de los Papas y sacerdotes, incluso en alguno de mis libros dedicados &uacute;nicamente a este tema. Yo, por brevedad, quiero limitarme a meditar sobre tres aspectos que considero los m&aacute;s importantes de nuestra vida del presb&iacute;tero, esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz que suscite vocaciones. El primer elemento fundamental y reconoscible de toda vocaci&oacute;n al sacerdocio y a la vida consagrada es la amistad con Cristo. Jes&uacute;s viv&iacute;a en constante uni&oacute;n con el Padre, y esto era lo que suscitaba en los disc&iacute;pulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo de &Eacute;l la comuni&oacute;n y el di&aacute;logo incesante con Dios. De este tema hablo en casi todos mis libros pero dos est&aacute;n especialmente dedicados a este tema. Personalmente todos los d&iacute;as rezo por las vocaciones, y lo expreso as&iacute;, los primero que pido todos los d&iacute;as y que Dios sea reconocido, amado y santificado en el mundo entero, eso es lo primero; en segundo lugar pido por el Papa y la santidad de la Iglesia, especialmente de los obispos, sacerdotes&hellip; en 3&ordm; lugar por mi amada Di&oacute;cesis de Plasencia, por su obispo&hellip; luego por mi parroquia de S. Pedro&hellip;. Queridos hermanos y hermanas, para que el sacerdote sea el &ldquo;hombre de Dios&rdquo;, que pertenece a Dios y que dedica su vida a darlo a conocer y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda intimidad con &Eacute;l por medio de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria que tantas veces predico. La oraci&oacute;n es el primer testimonio y canal de gracia para sus feligreses y que suscita amor y conocimiento de Dios y vocaciones para la tarea sacerdotal. Como el ap&oacute;stol Andr&eacute;s, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente quien quiere ser disc&iacute;pulo y testigo de Cristo debe haberlo &ldquo;visto&rdquo; personalmente, debe haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo ya estar con &Eacute;l para predicarlo y que todos le sigan. Por lo tanto, el p&aacute;rroco debe ser hombre de oraci&oacute;n para vivir el amor y la vida de Cristo y que todos los d&iacute;as sus feligreses le vean junto al Sagrario y puedan comprobar que es verdad lo que predica. Porque c&oacute;mo entusiasmar con Cristo y su evangelio y hacer que otros le sigan si a ti, p&aacute;rroco, no te ven todos los d&iacute;as junto a &Eacute;l en di&aacute;logo de amor y seguimiento. Necesitamos p&aacute;rrocos orando ante el Sagrario todos los d&iacute;as que es donde m&aacute;s presente y con m&aacute;s amor lo encuentramos y as&iacute; susciten imitadores y seguidores. Y de aqu&iacute; surge el segundo aspecto de la consagraci&oacute;n sacerdotal y de la vida religiosa que es el don total de s&iacute; mismo a Dios y a los hermanos. Escribe el ap&oacute;stol Juan: &ldquo;En esto hemos conocido lo que es el amor: en que &eacute;l ha dado su vida por nosotros. Tambi&eacute;n nosotros debemos dar la vida por los hermanos&rdquo; (1 Jn 3, 16). Desde la oraci&oacute;n diaria y conversi&oacute;n permanente de amor ante Cristo Eucarist&iacute;a surge la identificaci&oacute;n total con &Eacute;l en el amor a los hermanos y desde ah&iacute; &Eacute;l &uacute;nico sacerdote y buen pastor alimenta su espiritu sacerdotal de entrega total a Dios y a los hermanos en nosotros sus sacerdotes, sus encarnaciones de amor y entrega total a Dios y a los hermanos. Por eso, la historia de cada vocaci&oacute;n va unida casi siempre con el testimonio de un sacerdote, de nuestros p&aacute;rrocos que viv&iacute;an con alegr&iacute;a el don de s&iacute; mismo a los hermanos por el Reino de los Cielos y tambi&eacute;n por el amor a Cristo de nuestras madres eucar&iacute;sticas sacerdotales. Es que la cercan&iacute;a de un sacerdote o p&aacute;rroco fervoroso y eucar&iacute;stico, no digamos de una madre, son capaces de suscitar amor a Cristo Eucarist&iacute;a y vocaciones sacerdotales y religiosas. Por &uacute;ltimo, queridos hermanos y hermanas, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comuni&oacute;n. Jes&uacute;s indic&oacute;, como signo distintivo de quien quiere ser su disc&iacute;pulo, la profunda comuni&oacute;n en el amor: &ldquo;Por el amor que os teng&aacute;is los unos a los otros reconocer&aacute;n todos que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os&rdquo; (Jn 13, 35). De manera especial, el sacerdote en su parroquia y en casas de acogida y permanencia como la nuestra, debe ser hombre de comuni&oacute;n, abierto a todos, capaz de caminar unido con todos los que la habitan en diversidad de edades, mentalidades, gustos. En una parroquia o en una casa como la nuestra nadie debe sentirse solo o extra&ntilde;o o no cuidado y amado. Y en este sentido todos los sacerdotes pero especialmente los que estamos jubilados y vivimos en casas hogares de mayores como el nuestro debemos de tener muy presentes estos aspectos porque si los j&oacute;venes del mundo ven sacerdotes muy aislados y tristes incluso en sus parroquias, entonces no se sentir&aacute;n muy animados a seguir sus vidas y su ejemplo; se sentir&aacute;n muy indecisos cuando vena y puedan creer que &eacute;se es el futuro de un sacerdote. Queridos hermanos, que tengamos todo esto en cuenta incluso para la promoci&oacute;n de vocaciones porque si los cristianos, los cat&oacute;licos especialmente padres y madres, ven a los sacerdotes, a los p&aacute;rrocos de una ciudad, de una di&oacute;cesis, que no se tratan mucho, o pasean juntos o que se preocupan los unos por los otros, ese comportamiento no engendr&aacute; entusiasmo no solo en padres y madres posiblemente sacerdotales, es que ni en monaguillos ni en j&oacute;venes y dem&aacute;s personas de los movimientos ap&oacute;stolicos. Por tanto, es importante llevar una vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote. Entonces, el joven dir&aacute;:" me gusta esto, s&iacute; este puede ser mi futuro, lo pensar&eacute; tambi&eacute;n para m&iacute;, porque me gusta&rdquo;. El Concilio Vaticano II, refiri&eacute;ndose al testimonio que suscita vocaciones, subraya el ejemplo de caridad y de colaboraci&oacute;n fraterna entre s&iacute; que deben ofrecer los sacerdotes (cf. Optatam totius, 2). Esto vale tambi&eacute;n para la vida consagrada. La existencia misma de los religiosos y de las religiosas habla del amor de Cristo, cuando le siguen con plena fidelidad al Evangelio y asumen con alegr&iacute;a sus criterios de juicio y conducta. Llegan a ser &ldquo;signo de contradicci&oacute;n&rdquo; para el mundo, cuya l&oacute;gica est&aacute; inspirada muchas veces por el ego&iacute;smo y el individualismo. Su fidelidad y la fuerza de su testimonio, porque se dejan conquistar por Dios renunciando a s&iacute; mismos, sigue suscitando en el alma de muchos j&oacute;venes el deseo de seguir a Cristo para siempre, generosa y totalmente. Imitar a Cristo casto, pobre y obediente, e identificarse con &Eacute;l: he aqu&iacute; el ideal de la vida consagrada, testimonio de la primac&iacute;a absoluta de Dios en la vida y en la historia de los hombres. Todo presb&iacute;tero, todo consagrado y toda consagrada, fieles a su vocaci&oacute;n, transmiten la alegr&iacute;a de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones espec&iacute;ficas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer m&aacute;s vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de sacerdotes y religiosas, de todos los que ya han dicho su &ldquo;s&iacute;&rdquo; a Dios y al proyecto de vida que &Eacute;l tiene sobre cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animar&aacute; a los j&oacute;venes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro. Para ayudarles es necesario el arte del encuentro y del di&aacute;logo capaz de iluminarles y acompa&ntilde;arles, a trav&eacute;s sobre todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocaci&oacute;n. (Carta para la convocaci&oacute;n del A&ntilde;o Sacerdotal, 16 junio 2009).)) Que esta Jornada Mundial de oraci&oacute;n por las vocaciones ofrezca de nuevo una preciosa oportunidad a muchos j&oacute;venes, ellos y ellas, para reflexionar sobre su vocaci&oacute;n, entreg&aacute;ndose a ella con sencillez, confianza y plena disponibilidad. Que la Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, fidel&iacute;sima a su vocaci&oacute;n a&uacute;n sin entenderla en un principio ayude tambi&eacute;n a las y los j&oacute;venes de hoy d&iacute;a a poder decir: &ldquo;Ha aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en mi seg&uacute;n tu palabra&rdquo; y custodie hasta el m&aacute;s peque&ntilde;o germen de vocaci&oacute;n en el coraz&oacute;n de quienes el Se&ntilde;or llama a seguirle m&aacute;s de cerca, hasta que se conviertan en &aacute;rbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Rezemos por esta intenci&oacute;n, en esta jornada mundial por las vocaciones, y que algunos de nosotros rezamos todos los d&iacute;as por esta intenci&oacute;n. *************************************** LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 10, 11-18 QUERIDOS HERMANOS: El misterio pascual se no presenta este domingo bajo la imagen de Jes&uacute;s, buen Pastor y piedra angular de la Iglesia.Para entender el sentido de la imagen de Jes&uacute;s como pastor, hay que trasladarse al ambiente cultural pastoril de su &eacute;poca. Hoy, la imagen del pastor tiene s&oacute;lo connotaciones rom&aacute;nticas, y la imagen de reba&ntilde;o se usa m&aacute;s bien en sentido negativo, despectivo, como borreguil. Al hombre de hoy no le gusta ser &laquo;oveja&raquo; y no se entusiasma ante la idea de ser Pastor. Pero en tiempos de Jes&uacute;s no era as&iacute;. Para los orientales el pastoreo era una gran profesi&oacute;n: los reyes de los sumerios, acadios o los egipcios les gustaba representarse como pastores de su pueblo. El Antiguo Testamento adopta todas estas im&aacute;genes. Los reyes de Israel son presentados como &laquo;pastores&raquo; de su pueblo llamados a guiarle a los pastos de la vida. Los profetas Ezequiel, Isa&iacute;as, Jerem&iacute;as y los salmos presentan al Mes&iacute;as bajo la figura de pastor. En el mundo b&iacute;blico la imagen del pastor no tiene nada de connotaciones rom&aacute;nticas o negativas. El pastor vive en un mundo dif&iacute;cil, lleno de peligros, en el que no faltan los ladrones, los lobos y alima&ntilde;as contra los cuales el pastor debe estar bien preparado y apercibido para luchar contra ellos. Todo esto que han anunciado los profetas, Jes&uacute;s se lo aplica a s&iacute; mismo. As&iacute; lo expresa hoy San Juan en su evangelio: El buen pastor no abandona el reba&ntilde;o en la hora del peligro, como hace el mercenario, sino que se entrega a si mismo a los enemigos hasta dar la vida por la ovejas para ponerlas a salvo: &ldquo;El buen pastor da la vida por las ovejas&rdquo; (Jn 10,11). Y no lo hace a la fuerza, sino que es fruto de su amor extremo por las ovejas: &ldquo;Nadie me quita la vida, soy yo quien la doy por m&iacute; mismo&rdquo;. En este misterio de la misericordia infinita, el amor de Jes&uacute;s se entrelaza y se confunde con el amor del Padre. El Padre es quien lo ha enviado para que los hombres tengan en &Eacute;l al Pastor que los guarde y se asegure la verdadera vida. Dice San Juan en la segunda Lectura: &ldquo;Ved qu&eacute; amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y lo seamos&rdquo; (1Jn 3, 1). El Padre nos ha dado este amor en el Hijo, que por medio de su sacrificio, ha librado a los hombres del pecado y los ha hecho participantes no s&oacute;lo de un nombre, sino de un nuevo modo de ser, de una nueva vida: el ser y la vida de hijos de Dios. En virtud de la obra redentora de Cristo, todo hombre est&aacute; llamado a formar parte de una &uacute;nica familia, que tiene a Dios, por Padre, y de un &uacute;nico reba&ntilde;o, que tiene por &uacute;nico Pastor, a Cristo. Este reba&ntilde;o y esta familia se identifican con la Iglesia, de la cual, como dice San Pedro, en la primera Lectura, Jes&uacute;s es la piedra fundamental: &ldquo;&Eacute;l es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser piedra angular&rdquo; (Hch 4,11). Cristo, buen pastor y piedra angular de la Iglesia, es la &uacute;nica esperanza de salvaci&oacute;n para todo el g&eacute;nero humano: &ldquo;Pues ning&uacute;n otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo&hellip; por el cual podamos ser salvos&rdquo; (Hch 12). Por eso la urgencia de cumplir el mandato de Cristo: &ldquo;Tengo otras ovejas que no son de este redil, y es preciso que yo las traiga&rdquo;. De hecho son innumerables las ovejas que no pertenecen a la Iglesia y deben o&iacute;r &ldquo;su voz&rdquo;. La oir&aacute;n a trav&eacute;s de nosotros, porque todo creyente debe comprometerse en esta misi&oacute;n salvar a los hermanos haci&eacute;ndole entrar dentro del reba&ntilde;o de Cristo con la palabra, con la oraci&oacute;n, con el sacrificio, para conducir a las extraviadas, a las equivocadas y olvidadizas hasta el aprisco de Cristo, para que sea cumplido el deseo de Cristo, de que haya &ldquo;un solo reba&ntilde;o y un solo pastor&rdquo;. El evangelio del d&iacute;a nos sugiere una &uacute;ltima reflexi&oacute;n: &ldquo;Conozco a mis ovejas &ndash; dice Jes&uacute;s &ndash; y las m&iacute;as me conocen a mi, como el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre&rdquo; (Jn 10,14-15). No se trata de un simple conocimiento te&oacute;rico, sino de un conocimiento vital que lleva consigo relaciones de amor y de amistad entre el buen Pastor y sus ovejas, relaciones que Jes&uacute;s no duda en comparar con las que existen entre &Eacute;l y su Padre. Del humilde trato y comuni&oacute;n de vida entre las ovejas y el pastor de nuestros campos, Jes&uacute;s se levanta a proponer la de la vida de comuni&oacute;n que lo une a su Padre, insertando en tal relaci&oacute;n y perspectiva sus relaciones con los hombres. Esta es la verdadera vida de los hijos de Dios, que comienza en la tierra por la fe y el amor y culminar&aacute; en el cielo, donde &ldquo;seremos semejantes a Dios porque le veremos tal cual es&rdquo; (1Jn 3,2). 5.- San Gregorio Magno, en una de sus homil&iacute;as sobre este tema, se expresa as&iacute;: &laquo;&iexcl;Oh Se&ntilde;or!, t&uacute; dices: &ldquo;Como el Padre me conoce a mi y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas&rdquo; (Jn 10. Es como si dijeras: en esto se manifiesta que yo conozco al Padre y soy conocido por &eacute;l, en que doy mi vida por la ovejas... La caridad que te hace morir por tus ovejas, demuestra tu amor al Padre... Y dices tambi&eacute;n: &ldquo;Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna&rdquo; (ib. 27). Poco antes hab&iacute;as dicho: &ldquo;El que por m&iacute; entrare se salvar&aacute;, entrar&aacute; y saldr&aacute; y hallar&aacute; pastos&rdquo; (ib. 9). Entrar&aacute; con la fe, pero saldr&aacute; pasando de la fe a la visi&oacute;n, de la facilidad de creer a la contemplaci&oacute;n y hallar&aacute; los pastos del eterno fest&iacute;n. Tus ovejas hallar&aacute;n pastos, porque quien te sigue con coraz&oacute;n sencillo es apacentado con pastos eternamente abundosos&hellip; Haz, Se&ntilde;or, que yo busque estos pastos para gozar Con todos los ciudadanos del cielo... Haz que me llene de ardor por las cosas celestiales: amar as&iacute; es ya ponerse en camino (S. GREGORIO MAGNO, Homiliae in Evangelia. 14, 4-6). 2.- CUALIDADES DEL BUEN PASTOR. En el texto evang&eacute;lico de este domingo, San Juan, nos presenta las cualidades del buen pastor Jes&uacute;s, a quien am&oacute; y por el que fue conocido y amado: Es bueno y las ovejas le quieren; est&aacute; entregado a ellas y las ovejas le son d&oacute;ciles. Les habla y las ovejas est&aacute;n atentas. Es fuerte y las ovejas se encuentran seguras; es generoso y las ovejas tendr&aacute;n la vida eterna. Ama hasta dar la vida por sus ovejas y por eso las ovejas no perecer&aacute;n, y nadie las arrebatar&aacute; de mi mano, porque est&aacute; sostenida y fortalecida por misma mano del Padre: &ldquo;El Padre y yo somos uno&rdquo;. Esta fortaleza invencible da seguridad a las ovejas ante las dificultades. 3.- ACTITUDES POSITIVAS DE LAS OVEJAS. Hay ovejas que siguen al Pastor a todas partes, en los medios y terrenos m&aacute;s dif&iacute;ciles, arriesgando su vida y su amor por el Pastor: profetas, misioneros, testimoniales en los diversos campos de la Iglesia. Hay ovejas que se identifican con el Pastor en sus sentimientos de cada d&iacute;a, viviendo el evangelio en sus partes m&aacute;s dif&iacute;ciles: atenci&oacute;n a los peque&ntilde;os, ancianos, abandonados, enfermos. Hay ovejas que completan la pasi&oacute;n de Cristo en sus sufrimientos: los perseguidos, los pacientes y humildes de coraz&oacute;n. Hay ovejas que hacen las veces de pastores y viven exclusivamente para el pastoreo y prolongan el pastoreo de Cristo con sus palabras y signos: interceden, santifican, predican, bautizan&hellip;Ser&iacute;an los sacerdotes. 4.- ACTITUDES NEGATIVAS DE LAS OVEJAS: Hay ovejas que no obedecen al pastor y viven lejos de su redil, aunque sigan llam&aacute;ndose cristianos: ovejas que llevan la marca de Cristo por el bautismo, pero no escuchan su palabra ni valoran su vida; ovejas que se dicen creyentes, pero no practicantes, y a mi me gustar&iacute;a saber en qu&eacute; Cristo creen o en qu&eacute; evangelio, sobre todo, cuando oyen a Cristo decir que &ldquo;sus ovejas escuchar&aacute;n su voz&rdquo;, o decir &ldquo;mi comida es hacer la voluntad de mi Padre&rdquo; y esas ovejas, esos cristianos no cumplen con el primer mandamiento que es amar a Dios sobre todas las cosas y han olvidado el dicho de Cristo: &ldquo;El que no est&aacute; conmigo est&aacute; contra mi&rdquo;; ovejas que nunca tienen tiempo para escucharle en la oraci&oacute;n o en la santa misa, que no se alimentan de su Palabra, que no han hecho de la Santa Eucarist&iacute;a &laquo;el centro y c&uacute;lmen de su vida cristiana&raquo; &iquest;A qu&eacute; lado estamos nosotros? ****************************************** V DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 9, 26-31 Saulo, el &ldquo;perseguidor de la Iglesia&rdquo; se ha &ldquo;convertido&rdquo; en &ldquo;testigo&rdquo; de Cristo resucitado, en &ldquo;instrumento elegido&rdquo; para la expansi&oacute;n del Evangelio. Este acontecimiento ha sido debido a la experiencia de Cristo que ha tenido camino de Damasco. Con todo, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, sube a Jerusal&eacute;n, para que su misi&oacute;n quede oficialmente reconocida y avalada por el Colegio Apost&oacute;lico. Por otra parte, no era f&aacute;cil admitir como cristiano a un perseguidor tan fan&aacute;tico: &ldquo;Todos le tem&iacute;an, no creyendo que fuese disc&iacute;pulo&rdquo;. La predicaci&oacute;n de Pablo se centra principalmente en la persona de Cristo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo... &ldquo;no quiero saber m&aacute;s que de mi Cristo y &eacute;ste crucificado&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3,18-24 Para San Juan el amor a Dios pasa siempre por el amor a los hermanos. Por eso no se f&iacute;a del amor a Dios si no hay obras de caridad fraterna. El ejercicio de la caridad fraterna es la se&ntilde;al distintiva del cristiano, precisamente porque atestigua su comuni&oacute;n vital con Cristo; sin amor al hermano, sin vivir su mandamiento nuevo, no podemos vivir unidos a Cristo, que es esencialmente amor. Este amor aut&eacute;ntico y la caridad fraterna s&oacute;lo nacen de una persona que vive la vida de gracia, llena de amor a Dios, que es el amor esencial y fuente de todos los dem&aacute;s amores. Quien ama de esta manera, no tiene nada que temer a Dios. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 15,1-8 DOMINGO V DE PASCUA: SIN MI NO POD&Eacute;IS HACER NADA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: &iquest;Qui&eacute;n es &eacute;ste que se presenta ante nosotros con una afirmaci&oacute;n tan absoluta? Jes&uacute;s viene como maestro para ense&ntilde;arnos el camino de la vida, Jes&uacute;s viene como profeta para hablarnos de parte de Dios. Pero presentarse con caracteres tan absolutos, &ndash;&ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;&ndash; s&oacute;lo puede hacerlo Dios. Jes&uacute;s reivindica para s&iacute; la categor&iacute;a de Dios cuando nos invita a seguirle. No es un l&iacute;der entre tantos, ni siquiera es el mejor de los l&iacute;deres. Sencillamente, es el Hijo de Dios, es Dios como su Padre, que se ha acercado hasta nosotros haci&eacute;ndose verdaderamente hombre. S&oacute;lo en &eacute;l podemos encontrar la felicidad que Dios tiene preparada para quienes le buscan. S&oacute;lo en &eacute;l hay salvaci&oacute;n. Jesucristo nos presenta esta realidad mediante una par&aacute;bola, la par&aacute;bola de la vid y los sarmientos, que cualquiera que conozca la cultura del vino, la entiende s&oacute;lo con escucharla. El tronco de la cepa genera los p&aacute;mpanos, por los cuales circula la linfa que revienta en frutos abundantes, en racimos de uvas de distintas calidades. La uva pisada en el lagar, dar&aacute; mosto, que fermentado se convierte en vino sabroso. Pero la ra&iacute;z de todo se encuentra en la cepa, de la que brotan frutos abundantes. Pues bien, Jes&uacute;s nos dice que &eacute;l es la cepa, la vid fundamental. Quien est&aacute; unido a &eacute;l, como lo est&aacute;n los sarmientos vivos, recibe linfa de la cepa y produce frutos abundantes. En esta imagen, el Padre es el vi&ntilde;ador, es decir el que va cultivando el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros. Cuando llega el tiempo de la poda, se cortan los sarmientos que no dan fruto para que no chupen linfa in&uacute;tilmente. E incluso se cortan algunos sarmientos que dan fruto para que no se desparrame la linfa, sino se concentre en aquellos sarmientos escogidos para producir racimos bien cargados de fruto. Se podan los secos y se podan tambi&eacute;n los superfluos, para que la linfa se concentre pujante en aquellos que se dejan para dar m&aacute;s fruto. Un documento reciente de doctrina de la Iglesia, &ldquo;Placuit Deo&rdquo;, denunciaba que uno de los desv&iacute;os de nuestro tiempo es pensar que si quieres puedes, que el hombre puede alcanzar todo lo que se propone. Todo es cuesti&oacute;n de propon&eacute;rselo. Nada m&aacute;s falso. Hay cosas que no podemos aunque queramos. Y sobre todo en estas realidades profundas, necesitamos continuamente la gracia de Dios para la salvaci&oacute;n. Es un mal generalizado en nuestra &eacute;poca, la &eacute;poca de tantos progresos t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos, que el hombre piense que todo lo puede. Y se hace la ilusi&oacute;n de que todo depende de su esfuerzo, de manera que cuantas m&aacute;s metas alcanza m&aacute;s se apoya en s&iacute; mismo, m&aacute;s se enorgullece ante Dios, m&aacute;s se aparta de Dios y de su gracia. Luego sucede que, cuando esa persona se topa con una dificultad insuperable, se desespera y se hunde. Dios quiere nuestro progreso, nuestra felicidad, pero esa felicidad es un regalo suyo para nosotros cada d&iacute;a, es un don de su gracia. El secreto de nuestra vida est&aacute; en permanecer unidos a la vid, como el sarmiento, para chupar continuamente la linfa que nos aporta la cepa. Es decir, el secreto de nuestra vida est&aacute; en vivir muy unidos a Jesucristo &ndash; cuanto m&aacute;s, mejor&ndash;, para que &eacute;l pueda producir en nosotros frutos abundantes, frutos de vida eterna, incluida la poda que sea necesaria. Porque &ldquo;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;. La uni&oacute;n con Jesucristo se llama gracia. Vivir en gracia de Dios es vivir recibiendo continuamente la vida de Dios, que el Padre nos da por su Hijo Jes&uacute;s. Consiste en recibir continuamente el Esp&iacute;ritu Santo, que nos va haciendo parecidos a Jes&uacute;s, nos va haciendo hijos de Dios. El tiempo de Pascua es tiempo de gozo desbordante, porque durante estos cincuenta d&iacute;as celebramos la victoria de Cristo que ha vencido la muerte, el pecado, a Satan&aacute;s y todo lo que conduce a la muerte eterna. Agarrados a Jesucristo somos sacados de la muerte y podemos gozar de su gozo, que ya nada ni nadie podr&aacute; arrebatarnos. &ldquo;El que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da fruto abundante&rdquo;, nos dice Jes&uacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: &laquo; *************************************** DOMINGO V DE PASCUA B: NECESIDAD DE LA ORACI&Oacute;N-CONVERSI&Oacute;N PARA LA SANTIDAD DE VIDA, PARA SER SANTOS QUERIDOS HERMANAS: En el evangelio de este domingo Jes&uacute;s nos habla de la necesidad absoluta de permanecer unidos a &Eacute;l por las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, llamadas as&iacute;, teologales, dec&iacute;a el Catecismo de Ripalda, porque nos unen directamente con Dios. Hermanos: Si queremos ser cristianos aut&eacute;nticos, si queremos avanzar en nuestra vida cristiana o sacerdotal, en la vida de gracia, si queremos santificarnos y santificar a los dem&aacute;s, a nuestros feligreses, a nuestros hijos, si queremos ser buenos sacerdotes, esposos, religiosas, buenos padres cristianos, y dar frutos de fe, y gracia y apostolado en nosotros y entre nuestros hijos, entre los nuestros, debemos permanecer unidos al Se&ntilde;or por la vida de gracia y de oraci&oacute;n porque &Eacute;l nos dice en el evangelio de hoy: &ldquo;Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da fruto abundante; porque sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada. Si yo, Gonzalo, en mi parroquia quiero que mis feligreses se conviertan a Dios y sean buenos cristianos, no me basta con decir misa y bautizar y predicar muy bien y saber mucha teolog&iacute;a&hellip; yo, sacerdote, lo primero que tengo que hacer, es esforzarme por estar unido a Dios, a Cristo por la vida de fe y amor, la vida de la gracia, progresar en esta uni&oacute;n que empez&oacute; sacramentalmente en el santo bautismo y se potencia por los sacramentos y la vida de oraci&oacute;n, especialmente por la eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n o Sagrario, y para todo esto, el mejor camino es la oraci&oacute;n, la uni&oacute;n con Dios por la oraci&oacute;n personal que debe unirse siempre y desarrollarse tambi&eacute;n durante la lit&uacute;rgica y es esencial, porque si solo es liturgia externa, recitar salmos o cantar y decir misa, incluso comer el pan consagrado sin unirme con di&aacute;logo personal de amor al Se&ntilde;or despues de comulgar o estar en su presencia, no es entonces un encuentro de vida y santificaci&oacute;n verdadera y profunda, y esto, aunque sea cura, obispo o el papa. Es m&aacute;s, queridas hermanas, sin oraci&oacute;n-conversi&oacute;n personal, , poco aprovecha la oraci&oacute;n personal o lit&uacute;rgica&hellip; y si crees que exagero, exam&iacute;nemosnos personalmente en nuestras vidas en esta materia para ver si despues de tantas misas y comuniones y rezo de las horas he progresado, voy progresando en mi vida de amor y santidad, en experiencia de fe y amor, si verdaderamente Cristo me habita y vive su vida de amor al Padre y los hermanos en m&iacute;. Para ser m&aacute;s santo cada d&iacute;a, para estar m&aacute;s unidos a Cristo, tanto como sacerdote como cristiano, tengo que ser un sarmiento unido a Cristo por la vida de gracia y amor a Dios y para desarrollar esta vida de fe y de gracia y amor a Dios y a los hermanos el mejor, yo dir&iacute;a, el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n, S. Juan de la Cruz y todos los m&iacute;sticos, oraci&oacute;n-conversi&oacute;n diaria activa m&iacute;a primero y luego pasiva producida por el Esp&iacute;ritu Santo y que me lleve a vivir las virtudes teologales y sobrenaturales de fe, esperanza y caridad, no solo predicadas o estudiadas como sacerdote, sino practicadas y vividas, quitando toda falta, aunque sea venial, que impide mi uni&oacute;n amor personal total con Cristo, con Dios, con la Trinidad que me habita y no puedo sentirla por el velo de mis faltas veniales y que me impide tambi&eacute;n el avance en la vida sobrenatual, en la experiencia de la fe y amor a Dios, porque aunque esas faltas sean veniales y aunque sea cura, obispo o superiora general me impiden la uni&oacute;n total con Cristo porque son un velo, un obst&aacute;culo para que vea y sienta esa vida de gracia y de amor y de fe y me haga vivir y sentir a Cristo vivo y lleno de amor y sentimientos en m&iacute; y por &Eacute;l y con &Eacute;l sentirme habitado y amado por la Santisima Trinidad: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudarme a olvidarme enteramente de mi para establerme en vos...Que nada pueda turbar mi paz y hacerme salir de vos&hellip;. Yo tengo que luchar todos los d&iacute;as, hasta que me muera, contra mis imperfecciones y pecados, para que la vida de gracia, la vida de Dios, la Sant&iacute;sima Trinidad, que tiene que venir a nosotros sarmientos unidos a la vid que es Cristo, pueda habitarnos y vivir en nosotros y sentirla como un anticipo del cielo, a trav&eacute;s de la vida de gracia en Cristo y por Cristo, como &Eacute;l nos dice: &ldquo;yo soy la vid, vosotros, los sarmientos, que mis pecados e imperfecciones personales y veniales no impidan esta uni&oacute;n y experiencia de fe viva por una oraci&oacute;n contemplativa limpia ya de imperfecciones. Y esta es la mayor dificultad de curas, frailes y monjas y padres y madres de familia y de todo cristiano para ser canales de gracia limpios y no obstruidos para transmitir el cristianismo, la fe y la gracia a nuestros hijos, a nuestros feligreses, al mundo entero porque lo transmitiremos como conocimiento pero no como vida, como experiencia de amor de vida transformada en Cristo. Yo, sacerdote, vosotros, queridos padres, hermanos no sois canales de fe y amor cristiano para vuestros hijos y para los dem&aacute;s, si no os esforz&aacute;is por rezar con ellos en casa, por venir a misa los domingos, por hablar de Dios a vuestros hijos, si no sois canales limpios de gracia sino canales obstruidos por la falta vida cristiana, y esto, por falta de fe, de oraci&oacute;n, de no rezar&hellip; no podr&eacute;is transmitir la fe cristiana y la salvaci&oacute;n a vuestros hijos, no pod&eacute;is dar lo que no ten&eacute;is, no pod&eacute;is transmitir la fe, la vida cristiana que no practic&aacute;is, Por eso lo que llevo diciendo m&aacute;s cincuenta a&ntilde;os, desde la experiencia, preparando a vuestros hijos para la primera comuni&oacute;n: SI TENEMOS PADRES CRISTIANOS&hellip;NADIE DA LO QUE NO TIENE&hellip; ************************************* 1.- &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;, para tener vida cristiana en nosotros y poder comunicarla y dar frutos de Cristo y de evangelio tenemos que estar unidos a Cristo por la oraci&oacute;n diaria, todos los d&iacute;as, y por la eucarist&iacute;a dominical. No basta decir soy cristiano, y luego no vivimos unidos a &Eacute;l por la gracia, por la fe y la misa del domingo, y no practicamos la fe y los mandamientos de Dios. Es un cristianismo vac&iacute;o de amor a Dios y a los hermanos. El sarmiento debe permanecer siempre unido a la vid, como el cristiano a Cristo por la gracia, por la fe y el amor de las buenas obras. Y para eso, lo de siempre: rezar un poco todos los d&iacute;as, misa de domingo, tratar de amar como Dios nos ama y cumplir sus mandamientos. Y como uno falla y peca, levantarse todos los d&iacute;as, confesarse con frecuencia, dos o tres veces al a&ntilde;o y seguir caminando. Y para eso, lo que llevo diciendo siempre: sin misa de domingo, no hay cristianismo, no hay primera comuni&oacute;n; y rezar todos los d&iacute;as un poco, si es ante el Sagrario, en la visita al Se&ntilde;or, mejor, para pedir perd&oacute;n seguir caminando. 2.- Los medios para permanecer unidos a Cristo son un rato de oraci&oacute;n o lectura espiritual y la conersi&oacute;n permanente todos los d&iacute;as, los sacramentos recibidos con frecuencia y las obras de caridad y servicio a los hermanos. En pecado grave, el sarmiento, no est&aacute; unido a Cristo y est&aacute; seco y no puede dar frutos de Cristo. En pecados leves o veniales, est&aacute; obstruido el canal y da frutos, pero pocos. Y eso nos puede pasar a nosotros. Dos cristianos, dos catequistas, dos sacerdotes parecen iguales y hacen las mismas obras, y predican muy bien, sin embargo su eficacia es totalmente distinta en raz&oacute;n de su santidad, de la uni&oacute;n con Cristo, aunque aparentemente no se note, es m&aacute;s, muchos santos fueron perseguidos, olvidados durante su vida terrena, pero realmente luego se comprob&oacute; el bien que hicieron y siguen haciendo con su vida, su doctrina y su oraci&oacute;n. 3.- Y una idea m&aacute;s, la positiva y la que deber ser nuestra vida. La ofrece la vid con sus sarmientos unidos a Cristo que somos todos nosotros, toda la Iglesia. &iexcl;Qu&eacute; hermosura! Todos unidos por la fe y el amor a Dios. As&iacute; tambi&eacute;n cuando en una familia, en una parroquia, en una congregaci&oacute;n religiosa todos est&aacute;n unidos a Cristo y en Cristo, todos se quieren y ayudan y todos est&aacute;n unidos entre s&iacute;. Los sarmientos unidos a la vid nos hablan de fraternidad. Eso es lo que quiere Cristo que sea su Iglesia, la parroquia, la familia cristiana. Qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder, qu&eacute; gozo cuando una familia est&aacute; unida por la fe y amor a Cristo. Pidamos en esta santa misa y comuni&oacute;n que sea as&iacute; entre nosotros. ********************************************* DOMINGO V DE PASCUA QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La relaci&oacute;n que Jes&uacute;s quiere establecer con nosotros, con cada uno de nosotros, es una relaci&oacute;n de amistad, no una relaci&oacute;n de esclavitud. &ldquo;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo; (Jn 15,15). La amistad hace a dos personas iguales, sin dependencias ni prepotencias. Jes&uacute;s nos quiere amigos, no siervos. Jes&uacute;s nos ofrece su amistad, se iguala con nosotros, para igualarnos a nosotros con &eacute;l. Se trata, adem&aacute;s, de una amistad en la que el mismo Jes&uacute;s tiene la iniciativa: &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que deis fruto&rdquo;. Cu&aacute;ntas veces nos parece que esta amistad la hemos empezado nosotros, y no es as&iacute;. A nosotros nos toca secundarla, alimentarla, corresponderla. Pero la amistad con Jes&uacute;s la ha empezado &Eacute;l, por eso es duradera. Por eso, aunque se rompa o se debilite, puede volver a reanudarse o fortalecerse, porque &Eacute;l es fiel y no se arrepiente de llamarnos amigos, e incluso est&aacute; dispuesto a devolvernos la amistad perdida perdon&aacute;ndonos. Ya desde antiguo se preguntaban: &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; naci&oacute;n grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como est&aacute; el Se&ntilde;or nuestro Dios, siempre que le invocamos?&rdquo; (Dt 4,7). La venida de Jes&uacute;s en carne ha desbordado toda expectativa en este sentido. Pues no es s&oacute;lo que Dios est&aacute; cerca de nosotros, como afirmaban nuestros padres en el Antiguo Testamento, sino que Dios se ha acercado en su Hijo Jesucristo, hecho hombre como nosotros, para entablar con nosotros una relaci&oacute;n de amistad de igual a igual, d&aacute;ndonos su Esp&iacute;ritu Santo. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al que me ama..., mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos nuestra morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14, 23). No cabe mayor cercan&iacute;a, pues la amistad pone en com&uacute;n los bienes de uno y de otro, y Dios nos da su misma vida, nos da su Esp&iacute;ritu Santo, poniendo su morada en nuestro mismo coraz&oacute;n. Estamos llamados al amor, nuestra vocaci&oacute;n es amar: &ldquo;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo... permaneced en mi amor&rdquo; (Jn 15, 9). Pero en el origen de este amor est&aacute; el sentirnos amados previamente. &ldquo;En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,10). El amor de Dios nos &ldquo;primerea&rdquo;, gusta decir el papa Francisco, es decir, se nos adelanta, es anterior a nosotros. La consecuencia inmediata es la de corresponder a esa amistad. &ldquo;Amor saca amor&rdquo; (Sta. Teresa), es decir, sentirse amado suscita en nosotros amor. Amor, en primer lugar, a quien tanto nos ama. &ldquo;La oraci&oacute;n es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama&rdquo; (Sta. Teresa, V 8,5). La oraci&oacute;n no es una obligaci&oacute;n que brota de m&iacute;, una pr&aacute;ctica de piedad que yo me impongo. La oraci&oacute;n ante todo es caer en la cuenta de que soy amado, de que las Personas divinas viven en mi alma y complacerse en ello muchas veces. Eso es lo que alimenta el amor en nuestro coraz&oacute;n. Y junto a este caer en la cuenta y corresponder al amor de Dios, &ldquo;si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros hemos de amarnos unos a otros&rdquo; (1Jn 4, 11). El amor al pr&oacute;jimo no brota de una decisi&oacute;n voluntarista, sino de un desbordamiento que se traduce en servicio a los dem&aacute;s para corresponder de alguna manera al amor que Dios nos tiene. El amor de solidaridad con los dem&aacute;s, el amor del buen samaritano que se acerca al descartado en la cuneta de la vida brota en nuestro coraz&oacute;n como una prueba irrefutable de que nos sentimos amados y agradecidos al amor de Dios, y queremos servirle en aquellos que le representan, los indigentes. &ldquo;Si alguno dice &laquo;amo a Dios&raquo; y no ama a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve&rdquo; (1Jn 4, 20). Amor a Dios y amor al pr&oacute;jimo van unidos siempre, m&aacute;s a&uacute;n dependen mutuamente. No puede darse el uno sin el otro. La Pascua de Cristo muerto y resucitado ha renovado las relaciones humanas en el amor gratuito, que procede de Dios y se desborda en el amor a los dem&aacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: ************************************** QUERIDOS HERMANOS: En el evangelio de este domingo Jes&uacute;s nos habla de la necesidad absoluta de permanecer unidos a &Eacute;l por la fe y el amor, si queremos dar frutos de gracia y apostolado; y lo hace tomando como imagen la vid, a saber, la parra, como decimos vulgarmente en Extremadura. 1.- Todos sab&eacute;is lo que es una parra, una vid. Se compone de unas ra&iacute;ces, la cepa, el tronco y los sarmientos. Por el sarmiento y la cepa corre la savia, que es la vida de la vid y de los racimos. Por tanto, est&aacute; claro, que un sarmiento separado de la cepa, es algo muerto, sin vida. Esto es lo que nos dice abiertamente Jes&uacute;s en este evangelio: &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo; en la santificaci&oacute;n personal o en el apostolado: para tener vida en nosotros y poder comunicarla y dar frutos, tenemos que estar unidos a &Eacute;l, como los sarmientos tienen que estar unidos a la cepa. 2.- En el Antiguo Testamento la vi&ntilde;a era Israel. Pero una vez que Cristo se encarna, &Eacute;l es la vida verdadera, la &uacute;nica, que da vida a todo, que lo sustenta todo y mantiene la vida espiritual y apost&oacute;lica de los sarmientos que somos nosotros. El que quiera vivir como cristiano ha de alimentarse de las verdades de Cristo, de la gracia de Cristo, de los sacramentos de Cristo, de la Eucarist&iacute;a de Cristo, vivir la moral de Cristo. Seg&uacute;n Flavio Josefo, uno de los m&aacute;s admirables adornos del templo de Jerusal&eacute;n era una enorme vid de oro, s&iacute;mbolo de Israel, con racimos tan grandes como un hombre. Pero ahora Cristo dice que &Eacute;l es la verdadera vid, el nuevo Israel, que sustituye a la antigua vi&ntilde;a, arrasada porque no dio m&aacute;s que agrazones. La savia que salva al mundo de los pecados y le hace fructificar para la eternidad viene &uacute;nicamente de esta vid, que es Cristo. Quien est&aacute; unido a otra vida que no sea la de Cristo, quien viva de otra forma distinta a Cristo, quien defienda verdades opuestas al evangelio de Cristo, no est&aacute; unido a &Eacute;l. Cada uno debe meditar d&oacute;nde se encuentra, c&oacute;mo es su uni&oacute;n con Cristo y esforzarse por vivir unido a Cristo por la fe, la esperanza y el amor. 3.- El fruto viene de Cristo a trav&eacute;s de los sarmientos que permanecen unidos por la fe y el amor a &Eacute;l y as&iacute; pueden producir los frutos de Cristo, las obras espirituales, evang&eacute;licas y apost&oacute;licas de Cristo, porque tiene su mismo Esp&iacute;ritu, que es Esp&iacute;ritu Santo. Por eso, no todas nuestras obras son apostolado o son eficaces o son de Cristo; solamente las que hacemos unidos a Cristo, en Cristo y por Cristo. No basta tampoco decir soy cristiano, si luego no vivimos unidos a &Eacute;l sino contrariamente a lo que &Eacute;l quiere y hace, porque entonces seremos sarmientos separados de la vid y no podremos dar frutos de santidad, sencillamente porque no estamos unidos a la savia de la santidad que viene de Cristo; estaremos secos espiritualmente, por estar separados de &Eacute;l. El sarmiento debe permanecer siempre unido a la vid, como el cristiano a Cristo por la gracia, por la fe y el amor. 4.- Entre los cristianos hay muchos sarmientos secos; todo el que piensa y act&uacute;a contra la fe y la moral cat&oacute;lica, los que defienden el aborto, la eutanasia, el amor libre, la uni&oacute;n entre homosexuales&hellip; son sarmientos separados de la vid, de Cristo. Y puede ser que una persona sea buena, honrada, pero si est&aacute; separada de Cristo, porque piensa contrariamente a su evangelio, no puede dar frutos cristianos, aunque se llame cristiano, no puede dar frutos de evangelio, de Cristo. Por eso, todos los que est&aacute;n unidos a otras cepas que no est&aacute;n unidas a Cristo ni tienen la vida de Cristo, sean las cepas de la pol&iacute;tica, del sexo, del consumismo, contrarios en su programas al Evangelio y a la moral cat&oacute;lica, no pueden llamarse cristianos, porque no est&aacute;n unidos a Cristo y sus frutos no son cristianos. Sin Cristo no hay fruto cristiano, aunque a veces lo parezca, porque de &Eacute;l viene toda la vida de gracia. Y por la misma raz&oacute;n, a mayor uni&oacute;n con Cristo, mayor fruto de gracia y salvaci&oacute;n cristiana. 5.- Los medios para permanecer unidos a Cristo son la oraci&oacute;n de todos los d&iacute;as, los sacramentos recibidos con fe, esperanza y amor cristianos, no rutinarios, y las obras de caridad y servicio a los hermanos. En pecado, el sarmiento, que somos cada uno de nosotros, estamos secos y no podemos dar frutos de Cristo. Dos cristianos, dos catequistas, dos sacerdotes parecen iguales y hacen las mismas obras, sin embargo su eficacia es totalmente distinta en raz&oacute;n de la santidad, de la uni&oacute;n con Cristo, aunque aparentemente no se note, es m&aacute;s, muchos santos fueron perseguidos, olvidados durante su vida terrena, no tuvieron &eacute;xito manifiesto en su apostolado, pero realmente luego se comprob&oacute; el bien que hicieron y siguen haciendo con su vida, su doctrina y su oraci&oacute;n. 6.- Esta doctrina la ha defendido muy claramente el Papa Juan Pablo II en la Novo Milennio Ineunte: LA SANTIDAD 30.- AEn primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la de la santidad...Este don de santidad, por as&iacute; decir, se da a cada bautizado....AEsta es la voluntad de Dios; vuestra santificaci&oacute;n@ (1Tes 4,3). Es un compromiso que no afecta s&oacute;lo a algunos cristianos: ATodos los cristianos, de cualquier clase o condici&oacute;n, est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n del amor&rdquo; (Lumen Gentium, 40). N�1 31.- ARecordar esta verdad elemental, poni&eacute;ndola como fundamento de la programaci&oacute;n pastoral que nos ata&ntilde;e al inicio del nuevo milenio, podr&iacute;a parecer, en un primer momento, algo poco pr&aacute;ctico. )Acaso se puede Aprogramar@ la santidad? ) Qu&eacute; puede significar esta palabra en la l&oacute;gica de un plan pastoral? En realidad, poner la programaci&oacute;n pastoral bajo el signo de la santidad es una opci&oacute;n llena de consecuencias...Como el Concilio mismo explic&oacute;, este ideal de perfecci&oacute;n no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable s&oacute;lo por algunos Agenios@ de la santidad. Los caminos de la santidad son m&uacute;ltiples y adecuados a la vocaci&oacute;n de cada uno... Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicci&oacute;n este alto grado de vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta direcci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagog&iacute;a de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagog&iacute;a debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas m&aacute;s recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia.@ LA ORACI&Oacute;N N�1 32.- APara esta pedagog&iacute;a de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oraci&oacute;n... Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros disc&iacute;pulos:ASe&ntilde;or, ens&eacute;&ntilde;anos a orar@ (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese di&aacute;logo con Cristo que nos convierte en sus &iacute;ntimos: APermaneced en m&iacute;, como yo en vosotros@ (Hn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condici&oacute;n para toda vida pastoral aut&eacute;ntica. Realizada en nosotros por el Esp&iacute;ritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplaci&oacute;n del rostro del Padre. Aprender esta l&oacute;gica trinitaria de la oraci&oacute;n cristiana, vivi&eacute;ndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial (cfr. SC.10), pero tambi&eacute;n de la experiencia personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas@. 7.- Tres eran las palabra claves de este evangelio: vid, sarmientos y poda; ya hemos descrito dos: vid y sarmiento, nos queda la &uacute;ltima: la poda: &ldquo;A todo sarmiento m&iacute;o que da fruto, mi Padre le poda para que d&eacute; m&aacute;s fruto&rdquo;. La poda, sin necesidad de arrancar el sarmiento de la vid, los agricultores la practican para que el sarmiento de m&aacute;s fruto, comunicando toda su vida a los racimos sin hoja y ramos in&uacute;tiles. Cristo dice que la poda es absolutamente necesaria para dar buena cosecha de frutos maduros. Hay que podar lo defectos de los sarmientos, de los cristianos, de los catequistas y sacerdotes si queremos que el fruto por el testimonio sea mayor. Si no se podan los defectos, las vides se quedan sin fuerza y sin fruto para los racimos en dos o tres a&ntilde;os. Hay que podar de nuestras vidas los defectos personales de la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia&hellip; que impiden la uni&oacute;n con Dios y con los hermanos. Sin conversi&oacute;n permanente no hay uni&oacute;n permanente con el Se&ntilde;or. La poda debe ser voluntaria y activa; tambi&eacute;n pasiva, soportando las contrariedades o las purificaciones que el Se&ntilde;or nos haga. Hay muchas pruebas de la vida que uno no las busca ni las quiere. Te vienen, unas veces de los hombres, otras, si son espirituales y de fe, esperanza y amor son purificaciones que Dios causa directamente en el alma. Son las purificaciones pasivas, la noche del esp&iacute;ritu de San Juan de la Cruz. Es la hora de permanecer unidos a Cristo m&aacute;s que nunca, en fe seca y &aacute;rida, sin sentir nada de amor y gusto, en noche profunda de sentido. Cuanto m&aacute;s purifica el Se&ntilde;or, cuanto m&aacute;s poda al alma, m&aacute;s santa, m&aacute;s unida permanece a Cristo y m&aacute;s fruto dar&aacute; de buenas obras. Conven&iacute;a meditar m&aacute;s en estas cosas, sobre todo, los sacerdotes y los consagrados al Se&ntilde;or, para no rechazar la poda cuando viene y vivir m&aacute;s unidos a Cristo que muere para vivir la vida nueva del Resucitado, de una vida m&aacute;s limpia y santa y apost&oacute;lica y fruct&iacute;fera. La gran pobreza de la Iglesia actual es la pobreza de santidad, de uni&oacute;n con Dios, por no querer sufrir la poda de sus soberbias, envidias y mala vida, aunque sea oculta. As&iacute; no se puede dar fruto de santidad y uni&oacute;n con Dios. Muchas acciones y poco apostolado. &iquest;C&oacute;mo unir a las almas a Cristo cuando t&uacute; est&aacute;s separado? &iquest;C&oacute;mo unir y entusiasmar con Cristo cuando a ti te aburre y no hacer oraci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; poner tanta fuerza en los medios, en los m&eacute;todos, en los organigramas, en los canales, cuando falta la savia que debe llegar a los racimos? Lo dicho: mucho ruido, muchas acciones y poco apostolado. 6.- Hay una idea m&aacute;s. Es interesante y la ofrece la vid con sus sarmientos unidos. &iexcl;Qu&eacute; hermosura! As&iacute; tambi&eacute;n cuando en una familia, en una parroquia, en una congregaci&oacute;n religiosa todos est&aacute;n unidos a Cristo y en Cristo todos est&aacute;n unidos entre s&iacute;. Los sarmientos unidos a la vid nos hablan de fraternidad, de intercambio de vida, de uni&oacute;n entre todos, de uni&oacute;n con el Se&ntilde;or, de uni&oacute;n de los disc&iacute;pulos entre s&iacute; por el Se&ntilde;or. Eso es una vid. Eso es lo que quiere Cristo que sea su Iglesia, la parroquia, la familia cristiana. Qu&eacute; fuerza, qu&eacute; poder apost&oacute;lico si todos estamos unidos a la vida, que es Cristo. ************************************** VI DOMINGO DE PASCUA PRIMERA LECTURA: Hechos 10, 25-26. 34-35. 44.48 La admisi&oacute;n de los gentiles en la comunidad cumple, por una parte, el mandato de Cristo de &ldquo;predicar el evangelio a toda criatura&rdquo; y por otra, se&ntilde;ala el fin del exclusivismo jud&iacute;o. Lo dice Pedro, que tiene que vencer esta oposici&oacute;n reinante todav&iacute;a en la Iglesia naciente: &ldquo;Est&aacute; claro que Dios no hace distinciones&hellip; acepta de la naci&oacute;n que sea&rdquo;. La Iglesia, por tanto, tampoco conoce fronteras de raza y color, de pobres o ricos, de progresistas o conservadores. El Esp&iacute;ritu cae tambi&eacute;n sobre los gentiles como un nuevo Pentecost&eacute;s y nos une a todos en el amor. El sello de nuestro bautismo es el gran principio de unidad universal, que cobra sentido y se renueva en la Eucarist&iacute;a. SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 4,7-10 &ldquo;La caridad procede de Dios&hellip; Dios es amor&rdquo;. Estas palabras de San Juan sintetizan el mensaje de la Liturgia de hoy. El amor consiste &ldquo;en que Dios nos am&oacute;&rdquo; primero; Cuando no exist&iacute;a nada, Dios pens&oacute; en m&iacute;; si existo, es que Dios me ama y me ha preferido a millones de seres que no existir&aacute;n. Dios tiene un proyecto de eternidad feliz conmigo. Dios me ama tambi&eacute;n porque &ldquo;nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo;. El Hijo me ama: &ldquo;Porque nadie ama m&aacute;s que aquel que da la vida por los amigos&rdquo;. Y &Eacute;l la ha dado por m&iacute;. Dios es la fuente de la vida y del amor. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 15-9-17 QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La relaci&oacute;n que Jes&uacute;s quiere establecer con nosotros, con cada uno de nosotros, es una relaci&oacute;n de amistad, no una relaci&oacute;n de puro servicio o de obediencia y menos de esclavitud. &ldquo;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo; (Jn 15,15). La amistad hace a dos personas iguales, sin dependencias ni prepotencias. Jes&uacute;s nos quiere amigos, no siervos. Jes&uacute;s nos ofrece su amistad, se iguala con nosotros, para igualarnos a nosotros con &eacute;l. Se trata, adem&aacute;s, de una amistad en la que el mismo Jes&uacute;s tiene la iniciativa: &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que deis fruto&rdquo;. Cu&aacute;ntas veces nos parece que esta amistad la hemos empezado nosotros, y no es as&iacute;. A nosotros nos toca secundarla, alimentarla, corresponderla. Pero la amistad con Jes&uacute;s la ha empezado &Eacute;l, por eso es duradera. Por eso, aunque se rompa o se debilite, puede volver a reanudarse o fortalecerse, porque &Eacute;l es fiel y no se arrepiente de llamarnos amigos, e incluso est&aacute; dispuesto a devolvernos la amistad perdida perdon&aacute;ndonos. Ya desde antiguo se preguntaban: &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; naci&oacute;n grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como est&aacute; el Se&ntilde;or nuestro Dios, siempre que le invocamos?&rdquo; (Dt 4,7). La venida de Jes&uacute;s en carne ha desbordado toda expectativa en este sentido. Pues no es s&oacute;lo que Dios est&aacute; cerca de nosotros, como afirmaban nuestros padres en el Antiguo Testamento, sino que Dios se ha acercado en su Hijo Jesucristo, hecho hombre como nosotros, para entablar con nosotros una relaci&oacute;n de amistad de igual a igual, d&aacute;ndonos su Esp&iacute;ritu Santo. M&aacute;s a&uacute;n, &ldquo;al que me ama..., mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos nuestra morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14, 23). No cabe mayor cercan&iacute;a, pues la amistad pone en com&uacute;n los bienes de uno y de otro, y Dios nos da su misma vida, nos da su Esp&iacute;ritu Santo, poniendo su morada en nuestro mismo coraz&oacute;n. Estamos llamados al amor, nuestra vocaci&oacute;n es amar: &ldquo;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo... permaneced en mi amor&rdquo; (Jn 15, 9). Pero en el origen de este amor est&aacute; el sentirnos amados previamente. &ldquo;En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,10). El amor de Dios nos &ldquo;primerea&rdquo;, gusta decir el papa Francisco, es decir, se nos adelanta, es anterior a nosotros. La consecuencia inmediata es la de corresponder a esa amistad. &ldquo;Amor saca amor&rdquo; (Sta. Teresa), es decir, sentirse amado suscita en nosotros amor. Amor, en primer lugar, a quien tanto nos ama. &ldquo;La oraci&oacute;n es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama&rdquo; (Sta. Teresa, V 8,5). La oraci&oacute;n no es una obligaci&oacute;n que brota de m&iacute;, una pr&aacute;ctica de piedad que yo me impongo. La oraci&oacute;n ante todo es caer en la cuenta de que soy amado, de que las Personas divinas viven en mi alma y complacerse en ello muchas veces. Eso es lo que alimenta el amor en nuestro coraz&oacute;n. Y junto a este caer en la cuenta y corresponder al amor de Dios, &ldquo;si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros hemos de amarnos unos a otros&rdquo; (1Jn 4, 11). El amor al pr&oacute;jimo no brota de una decisi&oacute;n voluntarista, sino de un desbordamiento que se traduce en servicio a los dem&aacute;s para corresponder de alguna manera al amor que Dios nos tiene. El amor de solidaridad con los dem&aacute;s, el amor del buen samaritano que se acerca al descartado en la cuneta de la vida brota en nuestro coraz&oacute;n como una prueba irrefutable de que nos sentimos amados y agradecidos al amor de Dios, y queremos servirle en aquellos que le representan, los indigentes. &ldquo;Si alguno dice &laquo;amo a Dios&raquo; y no ama a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve&rdquo; (1Jn 4, 20). Amor a Dios y amor al pr&oacute;jimo van unidos siempre, m&aacute;s a&uacute;n dependen mutuamente. No puede darse el uno sin el otro. La Pascua de Cristo muerto y resucitado ha renovado las relaciones humanas en el amor gratuito, que procede de Dios y se desborda en el amor a los dem&aacute;s. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: No sois siervos, sino amigos. ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: 1.- El evangelio de este domingo pertenece al coloquio que Jes&uacute;s tuvo con sus disc&iacute;pulos en la &Uacute;ltima Cena. Como todo testamento y &uacute;ltima voluntad, expresa lo que Jes&uacute;s m&aacute;s &iacute;ntimamente desea y pide a los suyos: &ldquo;Hijos m&iacute;os, me queda poco tiempo de estar con vosotros&hellip;&rdquo; &ldquo;Nadie tiene amor m&aacute;s grande que el que da la vida por sus amigos&rdquo;. 2. Cristo es la plenitud del amor de Dios a los hombres y de esa plenitud todos participamos y nos lo comunica especialmente por la oraci&oacute;n personal y los sacramentos. &Eacute;l debe ser siempre nuestro modelo. Por eso, cuando surgen dificultades para cumplirlo, uno mira a Cristo Eucarist&iacute;a o Crucificado que es la expresi&oacute;n del amor hasta el extremo, hasta dar la vida y se anima y se fortalece para superar todas las pruebas. Un cat&oacute;lico creyente y fervoroso le puede decir al Se&ntilde;or en el Sagrario y cuando comulga: Cristo al verte dar la vida por mi, te debo y te quiero tanto, que estoy dispuesto a sufrir lo necesario por ti, porque T&uacute; lo has dado todo por mi. Tambi&eacute;n yo quiero darlo por Ti, porque para mi T&uacute; lo eres todo, yo quiero que lo seas todo. Esto es m&aacute;s f&aacute;cil decirlo y experimentarlo cuando uno tiene experiencia y vivencia del amor de Dios, de sentirse amado por Dios, como dice la segunda Lectura. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento y el arranque de toda la m&iacute;stica o experiencia de Dios. Yo afirmo y testifico que esto es posible ya algunos cristianos llegan a estas alturas en esta vida. Y con esta experiencia de Cristo hace m&aacute;s f&aacute;cil la vida, incluso lo dif&iacute;cil y extraordinario: perd&oacute;n, pobreza, castidad, y todo con alegr&iacute;a. 3.- En este evangelio Jes&uacute;s nos pide amor; est&aacute; necesitado de amor, pero no porque &eacute;l lo necesite, es Dios, sino porque nosotros lo necesitamos, necesitamos del amor de Dios para ser felices incluso ya en esta vida y para ser su amigos nos basta con palabras, hay que cumplir sus mandamientos, y aqu&iacute; es donde veo yo el fallo del mundo actual, de los creyentes, no basta rezar, hay que vivir el cristianismo, el evangelio, lo que Cristo nos dice: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo;. S&oacute;lo los cristianos y cristianas aut&eacute;nticos, las almas santas que hay en cada parroquia perciben esta necesidad, esta llamada de Cristo y lo hacen. El resto y son buena gente, muchas veces no perciben estos gemidos, esta honda silenciosa, esta &laquo;m&uacute;sica callada&raquo;, que dir&iacute;a san Juan de +. A veces, ni el mismo sacerdote lo percibe. Porque aqu&iacute; no hay excepciones, uno tiene que amar y cumplir los mandamientos de Dios. Cristo se queda en el sagrario ofreciendo esta amistad, este amor, quiere entregarlo, quiere entregarse y hacernos felices ya en la tierra, y mira que a veces se entrega por nada, porque nos quiere tanto y est&aacute; tan necesitado de cari&ntilde;o, que se da por una simple mirada de amor. Pero Cristo en el Sagrario no encuentra esta mirada de amor, almas que quieran vivir esa amistad con &Eacute;l. Y as&iacute; est&aacute; abandonado en muchos sagrarios de la tierra, de nuestras parroquias, porque lo est&aacute; en la vida de muchos bautizados que ya no practican la fe, no son cristianos, no vienen a misa, no cumplen los mandamientos, no buscan ni aman a Cristo. Y Jes&uacute;s se ha quedado en el Sagrario precisamente para esto, para ser amigo y salvador de todos los hombres, en amistad permanente, porque Jes&uacute;s quiere nuestra amistad para llenarnos de su felicidad, de salvaci&oacute;n eterna, pero el mundo ya veis como est&aacute;, pensad en vuestros hijos&hellip; ya s&eacute; que esto molesta a algunos, pero yo le quiero y quiero su salvaci&oacute;n y no puedo callarlo, porque para eso soy sacerdote de Cristo, responsable da la eternidad de mis hermanos, los hombres, me lo dice Jes&uacute;s claramente en esta declaraci&oacute;n de amor: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&rdquo;. La primera frase: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando,&rdquo; hab&iacute;a que ponerla en la portada de las casas de todos los cat&oacute;licos, especialmente de los que dicen que son creyentes, pero no practicantes, no practican el amor a Cristo, no van a misa los domingos, no rezan, o no cumplen los mandamientos de Dios o votan opciones humanas o pol&iacute;ticas que van contra los mandamientos de Dios: separaciones, divorcios, abortos, p&iacute;ldoras que matan al que nace en el seno de la madre... Todo esto es quitar a Cristo, el crucifijo, no s&oacute;lo de las escuelas sino del propio coraz&oacute;n, del propio seno. Ante estas palabras de Cristo es muy &uacute;til que cada uno de nosotros se pregunte: &iquest;Y c&oacute;mo sabr&eacute; yo que soy amigo de Cristo? &iquest;C&oacute;mo s&eacute; yo si permanezco en su amor?: &ldquo;Si guard&aacute;is mis mandamientos&rdquo;. &ldquo;Si guard&aacute;is mis mandamientos, permanecer&eacute;is en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor&rdquo;. 4.- Jes&uacute;s pide que le amemos, que permanezcamos unidos a &Eacute;l, pero no como siervos fr&iacute;os y obedientes, sino como iguales a &Eacute;l con amor rec&iacute;proco: &ldquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando,&rdquo; &ldquo;No sois vosotros los que me hab&eacute;is elegido, soy yo quien os he elegido&rdquo;. Si existimos es porque Dios nos ha amado primero y nos ha preferido a millones y millones de seres que no existir&aacute;n nunca. Estamos llamados a su misma felicidad esencial en la Sant&iacute;sima Trinidad porque Dios tiene este proyecto de amor y &Eacute;l ha dado la vida por nosotros: En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l no am&oacute; primero y nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Por eso, si alguien pregunta &iquest;y por qu&eacute; tengo yo que amar a Dios? Responderemos: Porque &Eacute;l nos amo primero y te ha destinado a ser feliz eternamente con &eacute;l en el cielo. 5.- &ldquo;Este es mi mandamiento: que os am&eacute;is unos a otros como yo os he amado&rdquo;; &ldquo;Esto os mando: que os am&eacute;is unos a otros&rdquo; Este es el mandamientos nuevo del amor; es nuevo porque abarca a todos los hombres, no s&oacute;lo a los de la misma raza o religi&oacute;n como en el pueblo jud&iacute;o; es nuevo porque no es &ldquo;como a ti mismo&rdquo; sino como &ldquo;como yo os he amado&rdquo;; es nuevo porque Cristo se identifica con el hermano, especialmente necesitado de cualquier tipo, no solo de pan o dinero, sino de compa&ntilde;&iacute;a, de amor: &ldquo;Lo que hicisteis con estos mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os conmigo lo hicisteis&rdquo;. &Eacute;sta forma de amar debe ser el distintivo de los cristianos. Y as&iacute; se amaron los primeros disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or. Dec&iacute;an de ellos &ldquo;mirad c&oacute;mo se aman&rdquo;. Este amor, ya hemos dicho, no lo podemos fabricar nosotros, lo recibimos del Se&ntilde;or. Por eso es la se&ntilde;al distintiva de los cristianos: &ldquo;En esto conocer&aacute;n que sois mis disc&iacute;pulos, en que os am&aacute;is los unos a los otros.&rdquo; Conven&iacute;a hacer un recorrido por nuestras parroquias y comunidades cristianas para ver si nos amamos, especialmente de los que venimos a misa; si el amor sigue siendo distintivo de nuestra fe cat&oacute;lica y cristiana. 6.- Ciento cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde de haberlo promulgado Cristo en el Cen&aacute;culo, este amor segu&iacute;a siendo distintivo entre las comunidades cristianas, de forma que al ver a los cristianos, comentaban, seg&uacute;n el testimonio de Tertuliano: &laquo;mirad c&oacute;mo se aman&raquo;. En cambio, muchos siglos m&aacute;s tarde, el poeta hind&uacute; Tabindanath Tagore (1861-1941), despu&eacute;s de un largo viaje por las viejas naciones de Europa, al volver a la India, dijo que el Rab&iacute; de Galilea, Jesucristo, debiera haber vivido en torno al Ganges, pues su mensaje de amor y fraternidad habr&iacute;a sido captado con mucha m&aacute;s sensibilidad. Seg&uacute;n Jes&uacute;s debemos diferenciarnos de los no cristianos en que nos amamos y amamos a los hermanos, ayud&aacute;ndoles en sus necesidades, d&aacute;ndoles tiempo y dedicaci&oacute;n, perdon&aacute;ndolos, comprendi&eacute;ndoles pacientemente, quitando todo atisbo de soberbia en nosotros y de orgullo en el trato, sin desd&eacute;n o menosprecio. Repito la pregunta anterior: &iquest;Me reconocer&aacute;n a m&iacute;, a cada uno de los cristianos en concreto como disc&iacute;pulo de Jes&uacute;s por mi amor al hermano? Pues si quiero amar a Cristo, si quiero agradarle, ya se lo que tengo que hacer. El amor fraterno es term&oacute;metro de mi santidad, de mi amor a Cristo, de la profundidad de mi fe y amor y esperanza sobrenaturales que me unen a Dios, de mi salvaci&oacute;n eterna... en esto consistir&aacute; el examen final: venid, benditos de mi padre&hellip; alejaos de mi, malditos de mi padre, porque tuve&hellip; ****************************************** VII DOMINGO DE PASCUA. SOLEMNIDAD: LA ASCENSI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR PRIMERA LECTURA: Hechos 1, 1-11 Los Hechos de los Ap&oacute;stoles son, en cierto modo, el tomo segundo del Evangelio de Lucas. Despu&eacute;s de haber narrado, en un primer libro, la historia humana de Jes&uacute;s hasta su subida al cielo, el autor da el sentido de esta marcha y muestra c&oacute;mo empieza una nueva historia, la de la acci&oacute;n de Jes&uacute;s presente en el mundo por medio de su Iglesia. El Evangelio se cerr&oacute; en cuanto libro, pero, en cuanto historia, la Iglesia sigue y seguir&aacute; vivi&eacute;ndolo hasta el final del mundo. Ella abre un nuevo libro cuya &uacute;ltima p&aacute;gina ser&aacute; firmada el &uacute;ltimo d&iacute;a. Los Hechos de los Ap&oacute;stoles son las primeras p&aacute;ginas de ese libro, tal como las redact&oacute; San Lucas. Comienza subrayando un punto capital que constituye la base de la obra de evangelizaci&oacute;n: Jes&uacute;s se mostr&oacute; vivo despu&eacute;s de su pasi&oacute;n. Despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, el Maestro se aparece a sus Ap&oacute;stoles y les instruye acerca del Reino de Dios. Estos, al no haber recibido a&uacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, no entienden bien, pero lo entender&aacute;n el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. La Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or significa su entrada en la gloria, es decir, en la etapa definitiva en la que es reconocido por toda la creaci&oacute;n como Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre. SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 17-23 El cristiano est&aacute; llamado a participar de todo el misterio de Cristo y por lo tanto tambi&eacute;n de su glorificaci&oacute;n. &Eacute;l mismo lo hab&iacute;a dicho: &ldquo;Voy a prepararos sitio. Y cuando yo me haya ido... volver&eacute; y os tomar&eacute; conmigo para que donde yo estoy est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&rdquo; (Jn 14, 2-3). La Ascensi&oacute;n constituye, por lo tanto, un argumento de esperanza para el hombre, que en su peregrinaci&oacute;n terrena, se siente lejos de Dios. Esta es la esperanza que San Pablo invocaba para los Efesios y quer&iacute;a que estuviera siempre viva en sus corazones, para que no se sintieran como desterrados durante la peregrinaci&oacute;n terrena: &ldquo;El Dios de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y Padre de la gloria.., ilumine los ojos de vuestro coraz&oacute;n, para que pod&aacute;is comprender cu&aacute;l es la esperanza a que os ha llamado&rdquo;. &iquest;Y en qu&eacute; fundaba el Ap&oacute;stol esta esperanza? En el gran poder de Dios &ldquo;que despleg&oacute; en Cristo resucit&aacute;ndole de entre los muertos y sent&aacute;ndole a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, fuerza&hellip;y de todo nombre conocido.&rdquo; Y esta es la esperanza del cristiano aut&eacute;ntico: creer y nutrir la firme esperanza de que, as&iacute; como hoy el creyente toma parte mediante las tribulaciones de su vida en la muerte de Cristo, tambi&eacute;n un d&iacute;a tendr&aacute; parte en su gloria eterna. ASCENSI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR QUERIDAS HERMANAS DOMINICAS: Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. La Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or al cielo es el punto culminante de su Resurrecci&oacute;n, de la victoria total y definitiva de Cristo sobre la muerte. Hoy, subiendo al cielo, vence tambi&eacute;n el tiempo y el espacio y entra como vencedor y como Se&ntilde;or de la creaci&oacute;n en la Gloria, &ldquo;Gloria propia del hijo &uacute;nico de Dios...&rdquo;.Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, Cristo hombre, despu&eacute;s de las humillaciones de la Pasi&oacute;n y del Calvario; es la vuelta al Padre del Hijo Dios, cumplida la misi&oacute;n que el Padre le hab&iacute;a confiado: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo;. 1.- En este d&iacute;a, toda la naturaleza humana, todos nosotros, toda la familia humana es elevada al cielo y su resurrecci&oacute;n y ascensi&oacute;n es garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento de nuestra fe y esperanza cristiana, de vuestra vocaci&oacute;n total contemplativa como religiosas, porque todo lo hac&eacute;is y est&aacute;is aqu&iacute; en renuncia del mundo por la certeza y esperanza del cielo, de la vida eterna con Dios Trinidad. Vosotras sois la certeza del cielo, de la vida eterna por la cual hab&eacute;is renunciado a los gustos y placeres de este mundo, sois eternidades comenzadas, pero para gozarlo y sentirlo, lo de siempre, ten&eacute;is que avanzar en santidad, especialmente por el camino de la oraci&oacute;n conversi&oacute;n de vida para que Dios, Cristo y en &uacute;ltimas etapas, la Sant&iacute;sima Trinidad os pueda llenar de su presencia, amor y felicidad en la tierra por su inhabitaci&oacute;n en vuestras almas, pero para eso, es necesaria vuestra santidad en vuestras vidas, vac&iacute;o de si mismas para que la Sant&iacute;sima Trinidad pueda llenaros. Este es el fin y sentido fundamental de vuestras vidas de oraci&oacute;n continua y contemplativa. Y es lo que expresamos y pedimos en la oraci&oacute;n colecta de este d&iacute;a: &ldquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido &Eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros, como miembros de su cuerpo&rdquo;, Vosotras, generosas y decididas hab&eacute;is comenzado ya este camino de esperanza y fe profunda y verdadera en vuestras vidas, precisamente por esto, porque quer&eacute;is vivir ya para la vida eterna en plenitud renunciando a cosas de este mundo y como esta fe y valent&iacute;a escasea en la vida y juventud de estos tiempos por eso hoy hay tan pocas o nulas vocaciones religiosas contemplativas, porque no hay fe ni esperanza de eternidad, de Dios,de cielo en este mundo materialista y ateo. Sois unas privilegiadas, todas vosotras pod&eacute;is rezar: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudar a olvidarme de m&iacute; misma para establecerme en Vos, tranquila y serena&hellip; Los evangelistas refieren el hecho de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or con mucha sobriedad, y, sin embargo, su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria:&ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip; fue levantado a los cielos y est&aacute; sentado a la derecha de Dios&rdquo;. El Se&ntilde;or habla como quien todo lo puede y les env&iacute;a a sus Ap&oacute;stoles por el mundo entero para dar la buena noticia de la Salvaci&oacute;n:&ldquo;Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra&hellip; Id al mundo entero y predicad el Evangelio&rdquo;. Cristo se va, pero no nos deja solos, se queda vivo y real y gloriso, como est&aacute; ahora en el cielo, en todos los Sagrarios de la tierra y nos promete su presencia espiritual en nuestras almas por su mismo Esp&iacute;ritu de Amor, Esp&iacute;ritu Santo del Padre y del Hijo, mediante la vida de gracia que podemos vivir y sentir nuestras vidas, sobre todo en ratos de oraci&oacute;n un poco elevada, nos lo asegura el mismo Cristo antes de partir:&ldquo;Enviar&eacute; el Esp&iacute;ritu Santo, que os llevar&aacute; hasta la verdad completa&rdquo;, la verdad completa, el cristianismo completo es la inhabitaci&oacute;n y experiencia de Dios Trinidad en nuestas almas, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo por la vida de gracia plena y oraci&oacute;n contemplativa: &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. 2.- Queridas hermanas. Meditemos ahora brevemente en los diversos aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: 1) meditemos el hecho: Asciende, no es ascendido; porque lo hace con su propia fuerza y virtud y poder. Ya lo hab&iacute;a anunciado. Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios Trinidad y asciende por su divinidad a la que est&aacute; unida su humanidad que representa a todas las nuestras, por eso puede decir: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. 2) Un sentimiento: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho y ha sufrido por nosotros. Vino del cielo para salvar a todos los hombres y morir por ellos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. El Padre se lo agradece y sienta hoy a su derecha su humanidad, es decir, al hombre Jes&uacute;s, haci&eacute;ndo as&iacute; totalmente hijo, hombre con el Hijo, Dios. Por eso, hoy hay que agradecer a Cristo todo lo que ha hecho y sufrido por nosotros, porque todos podamor gozar de Dios Trinidad, en su mismo gozo y amor de Esp&iacute;ritu Santo, eso es el cielo; hoy hay quehacer una comuni&oacute;n fervorosa. Nada de padres nuestros o rezos de libros. Abracemos en Cristo pan de vida eterna a la Stma. Trinidad que nos ama y habita, vivamos para este cielo en nuestras almas, agradecidos a Cristo Eucarist&iacute;a y visit&eacute;smosle con amor por todo lo que ha hecho y nos quiere y sigue haciendo por nosotros. Tenemos que hacerlo hoy y todos los d&iacute;as, en estos tiempos en que la humanidad se est&aacute; olvidando de Dios en medios y televisiones, pero sobre todo en las juvnetudes, donde le se olvidan o le niegan en sus vidas y en los medios y guassads y en que tan pocos cristianos vienen a su presencia en los Sagrarios o en las misas dominicales para honrarle y agradecerle todo lo que ha sufrido y conseguido por todos nosotros. 3) El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, al despedirse de los disc&iacute;pulos y de la Iglesia naciente, nos dej&oacute; un mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo;. Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la tarea de los Ap&oacute;stoles, la de la Iglesia, la tuya y la m&iacute;a. &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. Hoy es un d&iacute;a para renovar nuestro compromiso misionero, nuestra vocaci&oacute;n de ap&oacute;stoles de Cristo, todos los bautizados, sobre todo los sacerdotes y religiosos, sobre todo los de vida contemplativa. Todos somos misioneros desde el santo bautismo, y sobre todo, desde el Sacerdocio o profesi&oacute;n religiosa:&ldquo;Ser&eacute;is mis testigos&hellip; id por el mundo entero y predicad el evangelio&rdquo;: Vosotras, por la oraci&oacute;n y el sacrificio de vuestras vidas, ten&eacute;is que rezar y sacrificaros por el mundo entero &iquest;Lo cumplimos todos los creyentes? Padres y madres de familia, sobre todo, los sacerdotes y vosotras religiosas contemplativas, toda nuestra vida tiene que se una ofrenda de santidad por la salvaci&oacute;n de todos los hombres, para eso no ha elegido el Se&ntilde;or: hay que hacerlo, ten&eacute;is que hacerlo, mirando al cielo, pero no para nosotros solos, sino para todos. Esta es la grandeza de nuestra vocaci&oacute;n de creyentes, sobre todo de nosotros elegidos, por medio de nuestra vida de oraci&oacute;n y penitencia para el cielo nuestro y de todos los hombres. Para eso el Se&ntilde;or nos llam&oacute; al sacerdocio y a la vida religiosa. *************************** 2&ordm; D&Iacute;A (Guardanto minutos de silencio despu&eacute;s de cada punto&hellip;(bueno si no estuvi&eacute;ramos en la capilla, yo invitar&iacute;a a que cada una dijera en voz alta lo que el Esp&iacute;ritu Santo le inspira al oir estas reflexiones, como hac&iacute;a en mis grupos de oraci&oacute;n en la parroquia) 4) La virtud que realiza todo esto, este deseo de cielo es la esperanza cristiana, virtud muy olvidada hoy por los creyentes y poco predicada incluso por los sacerdotes y menos cre&iacute;da y vivida hoy por el pueblo cristiano. Qu&eacute; diferencia de otros tiempos que hac&iacute;a exclamar a nuestros m&iacute;sticos: &ldquo;vivo sin vivir en mi&hellip; s&aacute;came de aquesta&hellip; Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, amar m&aacute;s el cielo, trabajar m&aacute;s por el cielo. Este deseo de Dios, de cielo debe influir m&aacute;s en nuestras vidas. Queridas hermanas: Hoy muchos no creen en el cielo, en Dios del que S. Pablo convertido a Cristo y sinti&eacute;ndolo, dec&iacute;a: &ldquo;Ni el ojo vio ni el o&iacute;do oy&oacute; lo que Dios tiene preparado para los que le aman, deseo morir para estar con Cristo&hellip;.deseo morir para estar con Cristo&rdquo;... y fijaos que fue perseguidor de los cristianos&hellip;Vosotras, en cambio, sois unas creyentes y practicantes de cielo anticipando en nuestros conventos por medio de la oraci&oacute;n un poco elevada y purificada y por eso hab&eacute;is renunciado al mundo y sus placeres, como todos los santos; pod&eacute;is decir con S. Juan de la Cruz, &ldquo;S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios, y dame la muerte&hellip; Yo he conocido feligreses que lo ha sentido y vivido. Y algunos ya est&aacute;n con &Eacute;l para siempre. 3&ordm; D&Iacute;A (Guardanto minutos de silencio despu&eacute;s de cada punto&hellip;(bueno si no estuvi&eacute;ramos en la capilla, yo invitar&iacute;a a que cada una dijera en voz alta lo que el Esp&iacute;ritu Sato le inspira, como hac&iacute;a en mis grupos de oraci&oacute;n en la parroquia) 2.- Vamos a meditar ahora en las diversas realidades y aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: a) El hecho: Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios, de donde hab&iacute;a bajado: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. As&iacute; todos nosotros en el momento de dejar este mundo. b) Un sentimiento: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho por nosotros. Ha tenido que sufrir mucho. Vino del cielo sabi&eacute;ndolo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Hoy hay que vivir una misa y una comuni&oacute;n fervorosa. Nada de padres nuestros o rezos. De t&uacute; a t&uacute; con el Se&ntilde;or del cielo, con palabras de amor salidas del alma. gracias, Se&ntilde;or, no somos dignos de ti. Gracias. T&uacute; s&iacute; que nos amas, te quiero y agradezco lo que has hecho por todos; por ah&iacute; tiene que ir el di&aacute;logo. c) Hay un mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo; &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;.VEAMOS C&Oacute;MO LO ESTAMOS CUMPLIENDO CON NUESTRA VIDA Y NUESTRA ORACI&Oacute;N. Es el mandato de Cristo. Todos debemos ayudar y cooperar para que el Evangelio sea conocido y vivido en el mundo entero. CADA UNO DESDE SU VOCACI&Oacute;N ESPEC&Iacute;FICA. &ldquo;Sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&rdquo;, y para que Cristo lo haga por medio de nosotros, especialmente sacerdotes y religiosas, es necesario la santidad de vida por una oraci&oacute;n permanente que nos purifique de nuestros pecados que le impiden a Cristo vivir plenamente en nosotros. Ser&eacute;is mis testigos&hellip;&rdquo; Todos podemos y debemos ayudar en esta tarea, cada uno desde su vocaci&oacute;n de critiano o religioso o sacerdote debe ayudar a que todos conozcan a Cristoy se salven, y es porque lo vivimos, Y ORAMOS Y ESTAMOS EN UN CONVENTO DEDICADADAS TOTALMENTE A LA SALVACI&Oacute;N ETERNA NUESTRA Y DE TODOS LOS HOMBRES, DEL MUNDO ENTERO. Cristo necesita de nosotros. DE VOSOTRAS, DE TODOS LOS CRISTIANOS. Ha querido darnos esta vocaci&oacute;n, este apostolado, este trabajo, este gozo. No le decepcionemos. 4&ordm; D&Iacute;A LA ASCENSI&Oacute;N DE JES&Uacute;S AL CIELO PROVOCA Y ALIMENTA EN TODOS NOSOTROS una virtud: la esperanza, DE LA CUAL VOSOTRAS TEN&Eacute;IS QUE VIVIR Y PRACTICAR ESPECIALMENTE. Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, trabajar m&aacute;s para el cielo, vivir m&aacute;s de los bienes del cielo que de los de la tierra. En sus cartas lo repite muchas veces San Pablo. No se puede vivir sin esperanza. La nuestra es el cielo, es el encuentro con Dios, es sumergirnos en la misma Esencia Infinita de Amaneceres de Amor de Padre y de Hijo y de Esp&iacute;ritu Santo. Este deseo de Dios, de cielo debe influir m&aacute;s en nuestras vidas. Toda ella debemos vivirla mirando la eternidad con Dios que nos espera. Es el fin de nuestra fe, esperanza y amor. La esperanza es el culmen del amor y de la fe. Poca fe y poco amor hay si no deseamos a Dios: &ldquo;Ni el ojo vio ni el o&iacute;do oy&oacute; lo que Dios tiene preparado para los que le aman&rdquo;. As&iacute; los santos: lo deseaban, incluso quer&iacute;an morirse, porque estaban convencidos y amaban y deseaban a Dios: &ldquo;que muero porque no muero,&rdquo; porque eran sinceros en su esperanza, porque deseaban irse con &Eacute;l, porque estaban convencidos; no como nosotros, que creemos pero no vivimos la esperanza. Por eso, no actuemos desconociendo lo que nos espera, no preparando la marcha, o hacerlo solo por temor, por miedo a Dios, aunque mejor es esperar con miedo que perderla. De todas formas &iquest;c&oacute;mo es posible creer y amar y ESPERAR EL CIELO Y NO TRABAJAR POR EL CIELO,POR EL ENCUENTRO DEFINITO Y ETERNO CON DIOS NUESTRO PADRE, CON CRISTO, NUESTRO SALVADOR Y AMOR QUE LO DIO TODO PARA CONSEGUIRNOS LA ETERNIDAD DE GOZO EN LA SANTISIMA TIRNIDAD.., &iquest;C&oacute;mo decir que creemos, que amamos y luego no trabajamos ni deseamos estar con &Eacute;l? La esperanza cristiana es una virtud din&aacute;mica, por eso no es cruzarse de brazos esperando el cielo; es din&aacute;mica: es trabajar y vivir para alcanzar el cielo:&laquo;Tu resurrecci&oacute;n, oh Se&ntilde;or, es nuestra esperanza, tu Ascensi&oacute;n es nuestra glorificaci&oacute;n... Haz que ascendamos contigo y que nuestro coraz&oacute;n se eleve hacia ti. Pero, haz que levant&aacute;ndose, no nos enorgullezcamos ni presumamos de nuestros m&eacute;ritos como si fuesen de nuestra propiedad: haz que tengamos el coraz&oacute;n en alto, pero junto a ti, porque elevar el coraz&oacute;n no siendo hacia ti, es soberbia, elevarlo a t&iacute;, es seguridad; T&uacute; ascendido al cielo te has hecho nuestro refugio...&iquest;Qui&eacute;n es ese que asciende? El mismo que descendi&oacute;. Has descendido por sanarme, has ascendido para elevarme. Si me elevo a m&iacute; mismo caigo; si me levantas t&uacute;, permanezco alzado... A ti que te levantas digo: Se&ntilde;or, t&uacute; eres mi esperanza, t&uacute; que asciendes al cielo; s&eacute; mi refugio&raquo;. (San AGUSTIN, Ser. 261. 1). ************************************* LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MARCOS 16, 15-20 QUERIDOS HERMANOS: Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. La Ascensi&oacute;n es el punto culminante de su Resurrecci&oacute;n, de la victoria total y definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte. Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, despu&eacute;s de las humillaciones de la Pasi&oacute;n y del Calvario; es la vuelta al Padre, en el d&iacute;a de Pascua, cumplida la misi&oacute;n que el Padre le hab&iacute;a confiado: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo;. 1.- En este d&iacute;a, toda la naturaleza humana, toda la familia humana es elevada al cielo, porque la resurrecci&oacute;n y la ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or es garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; est&aacute; el fundamento de nuestra esperanza. Es lo que expresamos y pedimos en la oraci&oacute;n colecta de este d&iacute;a: &laquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido &Eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros, como miembros de su cuerpo&raquo;. Los evangelistas refieren el hecho con mucha sobriedad, y, sin embargo, su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria: &ldquo;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&rdquo;; &ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip;fue levantado a los cielos y est&aacute; sentado a la derecha de Dios&rdquo;. El Se&ntilde;or habla como quien todo lo puede y les env&iacute;a a sus Ap&oacute;stoles por el mundo entero para dar la buena noticia de la Salvaci&oacute;n: &ldquo;Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra&hellip; Id al mundo entero y predicad el Evangelio&rdquo;. Se va, pero no nos deja solos, abandonados a nuestra suerte, &ldquo;me ir&eacute; per volver&eacute; a vosotros&rdquo;, nos promete su presencia en la Eucarist&iacute;a y por su mismo Esp&iacute;ritu, que es Esp&iacute;ritu Santo, que &Eacute;l nos enviar&aacute; desde el cielo y cuya fiesta, tan importante, celebraremos el pr&oacute;ximo domingo: &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. 2.- Meditemos brevemente en los diversos aspectos que constituyen este misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos. En primer lugar: a) El hecho: Asciende, no es ascendido; porque lo hace con su propia fuerza, virtud, poder. Ya lo hab&iacute;a anunciado. Asciende no a un lugar, el cielo no es un lugar, sino Dios mismo en su esencia, es la Trinidad, origen de todo y principio y fin de todo lo que existe, de donde hab&iacute;a bajado para manifestarnos el proyecto salvador del Padre: &ldquo;Subo a mi Padre y vuestro Padre&rdquo;. b) Un sentimiento que debe invadirnos a todos nosotros: Hoy debemos dar gracias a Cristo por todo lo que ha hecho por nosotros. Ha tenido que sufrir mucho. Vino del cielo sabi&eacute;ndolo: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. No lo tuvo todo claro ni f&aacute;cil. Se pas&oacute; en el amor; porque nos am&oacute; hasta el extremo, hasta dar la vida. El Padre se lo agradece y lo sienta hoy a su derecha, en su misma gloria y poder divino, para que siga intercediendo y salvando al mundo entero. Por eso, os invito a que hagamos una comuni&oacute;n fervorosa, personal, sin padres nuestros o rezos. De t&uacute; a t&uacute; con el Se&ntilde;or, que asciende al cielo pero permanece en el pan consagrado que comulgamos, con palabras de amor salidas del alma: gracias, Cristo Jes&uacute;s, te quiero y te agradezco tu salvaci&oacute;n, el cielo que nos has ganado y merecido. Te amo y conf&iacute;o totalmente en Ti. c) Y que actualiz&aacute;semos su mandato: &ldquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu; y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he mandado&rdquo;. Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la tarea de los Ap&oacute;stoles, la de la Iglesia, la tuya y la m&iacute;a. Hay una doble partida: la del Se&ntilde;or al cielo y la de los Ap&oacute;stoles a la evangelizaci&oacute;n. &ldquo;Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo;. Hoy, Espa&ntilde;a, el mundo entero necesita esta evangelizaci&oacute;n, necesita de padres y madres cristiana que den testimonio de Jesucristo, de la fe cristiana, sobre de todo, de j&oacute;venes, ellos y ellas, que est&aacute;n dispuestos a dejarlo todo, Cristo les llenar&aacute; de todo, para anunciar al mundo que Dios existe, que nuestra vida es m&aacute;s que esta vida, que hemos sido salvados para vivir eternamente, eternamente en la misma felicidad de Dios Trino y Uno. Y el &uacute;nico camino y salvador es Jesucristo. Hoy es el d&iacute;a de la esperanza cristiana: hay que pensar m&aacute;s en el cielo, trabajar m&aacute;s por el cielo, vivir esperando siempre el cielo. Mi vida es eterna, vivir&eacute; siempre en Dios. Todo lo dem&aacute;s pasar&aacute;, lo estamos viendo, solo Dios permanece. ************************************** QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. Es la manifestaci&oacute;n total y definitiva de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte; es la culminaci&oacute;n de la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n de Se&ntilde;or y, por otra parte, el inicio p&uacute;blico de la misi&oacute;n de la Iglesia, continuadora de su obra de Salvaci&oacute;n. 1.- En primer lugar la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or es el coronamiento de su Resurrecci&oacute;n. Es la entrada oficial en la gloria que correspond&iacute;a al Resucitado, conforme a las manifestaciones hechas durante su vida, despu&eacute;s de las humillaciones y de la muerte que ha sufrido por cumplir la voluntad del Padre: &ldquo;El Hijo del hombre tiene que padecer mucho&hellip;hasta entrar as&iacute; en su gloria&rdquo;. Esta vuelta al Padre hab&iacute;a sido anunciada ya por &Eacute;l a Mar&iacute;a Magdalena en el mismo d&iacute;a de su Resurrecci&oacute;n, que para San Juan est&aacute; muy unida a la Ascensi&oacute;n y confluyen en un solo momento teol&oacute;gico: la &ldquo;vuelta&rdquo; al Padre: &ldquo;Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios&rdquo; (Jn 30,17). Por eso, el evangelio que hemos le&iacute;do, oraci&oacute;n de despedida en la &Uacute;ltima Cena, es la oraci&oacute;n de despedida de Jes&uacute;s de todos los disc&iacute;pulos de todos los tiempos, antes de desaparecer externamente, antes de subir al Cielo. (&ccedil;fr. 17, 20). Y esa despedida se centra en unas ideas y peticiones al Padre, que se repiten continuamente en la oraci&oacute;n de despedida: &ldquo;Padre santo: gu&aacute;rdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba y ninguno de ellos se perdi&oacute;&hellip; No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santif&iacute;calos en la verdad: tu Palabra es verdad&rdquo;. Esta uni&oacute;n entre Resurrecci&oacute;n y Ascensi&oacute;n se repite en el texto de Lucas sobre los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s: &ldquo;&iquest;No era necesario que el Mes&iacute;as padeciese esto y entrase en su gloria? Este modo de expresarse indica no s&oacute;lo una vuelta y una gloria futuras, sino inmediatas y ya presentes en cuanto estrechamente ligadas a la Resurrecci&oacute;n. Sin embargo, para confirmar a los disc&iacute;pulos en la fe, era necesario que esto sucediese de manera visible, como se verific&oacute; cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Pascua. Los que hab&iacute;an visto morir al Se&ntilde;or en la cruz, entre insultos y burlas, deb&iacute;an ser los testigos de su exaltaci&oacute;n suprema a los cielos. 2.- Los evangelistas refieren este hecho con sobriedad, y sin embargo su narraci&oacute;n hace resaltar el poder de Cristo y su gloria en el texto de Mateo: &ldquo;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&rdquo; (Mt 28,18), y Marcos a&ntilde;ade: &ldquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s&hellip; fue levantado a los cielos y esta sentado a la derecha de Dios&rdquo; (Mc 16,19). Por su parte Lucas recuerda la &uacute;ltima bendici&oacute;n de Cristo a los Ap&oacute;stoles: &ldquo;Mientras los bendec&iacute;a se alejaba de ellos y era llevado al cielo&rdquo; (Lc 24,51), que empalmar&iacute;a con los ruegos y oraciones de la &Uacute;ltima Cena contenidas el evangelio de hoy, pidiendo la protecci&oacute;n del Padre, a quien Jes&uacute;s encomienda a los suyos en su ausencia. Cristo los bendecir&aacute;, -pedir&aacute; cosas buenas al Padre para ellos,&ndash; y &laquo;los consagrar&aacute;&raquo; para su misi&oacute;n de predicar el evangelio en medio de persecuciones y sentir&aacute;n gozo y alegr&iacute;a: &ldquo;Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo, para que en ellos mismos tengan mi alegr&iacute;a cumplida. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo&hellip; Santif&iacute;calos en la verdad; tu Palabra es verdad&hellip;y por ellos me consagro yo, para que tambi&eacute;n ellos se consagren en la verdad&rdquo;. Los Hechos de los Ap&oacute;stoles atestiguan la verdad y verificaci&oacute;n de todas estas oraciones y promesas de Cristo. Y Lucas, tanto en la conclusi&oacute;n de su Evangelio como en los Hechos de los Ap&oacute;stoles habla de la venida del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s. Porque esta santificaci&oacute;n, esta consagraci&oacute;n en la verdad: &ldquo;os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;, esta alegr&iacute;a cumplida prometida por Cristo tuvo lugar con la venida del Esp&iacute;ritu Santo, que confirm&oacute; a los Ap&oacute;stoles en la misi&oacute;n y encargo recibido de Cristo:&ldquo;Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; lo env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo&rdquo;. Y &laquo;Cristo vino por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo&raquo;, vino como Palabra de Salvaci&oacute;n pronunciada por Amor de Esp&iacute;ritu Santo del Padre. 3.- La Ascensi&oacute;n de Cristo es la respuesta del Padre a su Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n: &ldquo;Era necesario que el Mes&iacute;as padeciera para entrar as&iacute; en su gloria&rdquo;. El retorno al Padre y su Ascensi&oacute;n a los cielos es el triunfo de Cristo con la misi&oacute;n completamente cumplida de la salvaci&oacute;n y victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. La Ascensi&oacute;n revela y manifiesta a los disc&iacute;pulos que &Eacute;l es el Mes&iacute;as definitivamente glorificado, lleno de poder y majestad, que ha vencido el tiempo y el espacio como Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre, que domina el mundo y es Se&ntilde;or de la creaci&oacute;n. El cristiano est&aacute; llamado a participar de todo el misterio de Cristo y por lo tanto tambi&eacute;n de su glorificaci&oacute;n. El Verbo que sali&oacute; del Padre vuelve a &Eacute;l enriquecido como hombre tambi&eacute;n hermano y cabeza de los hombres. En Cristo ascendido a los cielos queda elevada la naturaleza humana y su resurrecci&oacute;n es anticipo y garant&iacute;a de la nuestra. Aqu&iacute; radica el fundamento de nuestra esperanza: &laquo;Conc&eacute;denos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la Ascensi&oacute;n de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido &eacute;l, que es nuestra cabeza, esperamos llegar tambi&eacute;n nosotros como miembros de su cuerpo&raquo;. (Oraci&oacute;n colecta de la misa) La Ascensi&oacute;n que estamos celebrando constituye, por lo tanto, un gran argumento de esperanza para el hombre, que, en su peregrinaci&oacute;n terrena, se siente desterrado y sufre alejado de Dios. Es la esperanza que San Pablo invocaba para los Efesios y quer&iacute;a que estuviera siempre viva en su Corazones. &ldquo;El Dios de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y Padre de la gloria... ilumine los ojos de vuestro coraz&oacute;n, para que pod&aacute;is entender cu&aacute;l es la esperanza a la que os ha llamado&rdquo; (Ef 1,17-18). Para San Pablo, la gloria de Cristo, levantado por encima de toda criatura es la prueba de lo que Dios har&aacute; en favor de aquellos que est&eacute;n unidos a Cristo Cabeza, por ser sus miembros. Esto lleva consigo vivir aut&eacute;nticamente nuestra fe, para llenar de esperanza toda nuestra vida, tomando parte en los sufrimientos que lleva consigo vivir y predicar el evangelio, para tener parte un d&iacute;a en la posesi&oacute;n del reino. Tenemos que vivir m&aacute;s para el cielo; pensar y esperar m&aacute;s el cielo; no se ejercita mucho ni vivimos la virtud de la esperanza cristiana, que es esperar el encuentro final con Dios; eso indica que nuestra virtud de la esperanza sobrenatural no es profunda; indica que dudamos, que no estamos convencidos plenamente de la gloria, del encuentro glorioso con Cristo. S&oacute;lo los santos, que tuvieron experiencia de Dios aqu&iacute; abajo, tuvieron deseos de encuentro; incluso deseaban la muerte: &laquo;que muero porque no muero&raquo;. Es un buen d&iacute;a hoy, para revisarnos en la virtud de la esperanza cristiana, sobrenatural, en la vida m&aacute;s all&aacute; de esta vida. 4.- Con la Ascensi&oacute;n termina la misi&oacute;n terrena de Cristo y empieza la de sus disc&iacute;pulos, la de la Iglesia. Cristo nos hace a todos responsables de la evangelizaci&oacute;n y de la salvaci&oacute;n de todos los hombres. Es el d&iacute;a de la misi&oacute;n universal de la Iglesia. Todos somos hechos misioneros del Evangelio. No podemos considerarnos extra&ntilde;os a esta misi&oacute;n. Si entramos dentro de nosotros mismo, por el santo bautismo, fuimos consagrados misioneros y evangelizadores del Evangelio. Todos somos, por el santo bautismo, sacerdotes, profetas y reyes &iquest;Ejercemos estos ministerios, cada uno en nuestro ambiente y circunstancias? &iquest;Vivimos nuestros compromisos bautismales? &iquest;Estamos cumpliendo el mandato de Cristo de predicar al mundo entero?. &laquo;Tu resurrecci&oacute;n, oh Se&ntilde;or, es nuestra esperanza, tu Ascensi&oacute;n es nuestra glorificaci&oacute;n... Haz que ascendamos contigo y que nuestro coraz&oacute;n se eleve hacia ti. Pero, haz que levant&aacute;ndose, no nos enorgullezcamos ni presumamos de nuestros m&eacute;ritos como si fuesen de nuestra propiedad: haz que tengamos el coraz&oacute;n en alto, pero junto a ti, porque elevar el coraz&oacute;n no siendo hacia ti, es soberbia, elevarlo a ti, es seguridad; T&uacute; ascendido al cielo te has hecho nuestro refugio... &iquest;Qui&eacute;n es ese que asciende? El mismo que descendi&oacute;. Has descendido por sanarme, has ascendido para elevarme. Si me elevo a m&iacute; mismo caigo; si me levantas t&uacute;, permanezco alzado... A ti que te levantas digo: Se&ntilde;or, t&uacute; eres mi esperanza, t&uacute; que asciendes al cielo; s&eacute; mi refugio&raquo;. (S. AGUSTIN, Ser. 261. 1). ************************************************* ************************************ *********************** TIEMPO DE PENTECOST&Eacute;S RETIRO DE PENTECOST&Eacute;S PRIMERA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos sacerdotes: Me alegr&oacute; mucho que Valerio me invitara a dar este retiro de Pentecost&eacute;s, porque el Esp&iacute;ritu Santo es el que nos ha consagrado sacerdotes para siempre para la gloria de Dios Uno y Trino y la salvaci&oacute;n de nuestros hermanos, los hombres. En nuestro tiempo &eacute;ramos consagrados sacerdotes en la Vigilia de Pentecost&eacute;s y esto no lo olvidamos, porque cant&aacute;bamos tambi&eacute;n nuestra primera misa en estas fechas. Por otra parte, ahora, estamos en el tiempo de la Iglesia, en la econom&iacute;a salvadora del Santo Esp&iacute;ritu de Dios, y los sacramentos, acciones salvadoras de Cristo, mediante su Esp&iacute;ritu, no son posibles sin la ep&iacute;clesis, sin la invocaci&oacute;n y la presencia del Divino Esp&iacute;ritu. El Esp&iacute;ritu Santo es la respiraci&oacute;n, la misma vida y alma de nuestro Dios Trinidad, y de nuestro &uacute;nico Sacerdote y sacerdocio, su mismo Esp&iacute;ritu, por el que &Eacute;l quiere renovarnos, especialmente ahora, en Pentecost&eacute;s, en que se hace presente el primero y &uacute;nico y eterno Pentecost&eacute;s. Nosotros, ahora, podemos vivirlo y hacerlo personal, mediante los sacramentos, especialmente la Eucarist&iacute;a y la oraci&oacute;n, como los Ap&oacute;stoles reunidos con Mar&iacute;a. Para eso es este retiro, la oportunidad y la necesidad de este retiro. Por el respeto y amor que os tengo he procurado todos estos d&iacute;as prepararme mediante el estudio y la oraci&oacute;n, y reunido con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s y madre nuestra, he invocado con ella para vosotros y para m&iacute;, pero de verdad, al Esp&iacute;ritu Divino, fuego de mi Dios, alma de nuestra alma, vida de nuestra vida, Amor de nuestra alma y nuestra vida, sellada para siempre por la ep&iacute;clesis de la ordenaci&oacute;n sacerdotal como humanidad supletoria de Cristo Sacerdote, prolongaci&oacute;n de su ser y existir sacerdotal en su mismo Esp&iacute;ritu. 2.- Los sacerdotes de mi tiempo y quiz&aacute;s en general, aunque sea parad&oacute;jico, teol&oacute;gicamente estamos un poco heridos en Pneumatolog&iacute;a. Y es parad&oacute;jico, porque por designio de la Sant&iacute;sima Trinidad, nada m&aacute;s nacer, recibimos el bautismo del agua y del Esp&iacute;ritu y, por voluntad de Cristo, toda nuestra vida cristiana se desarrolla en la econom&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo. Por curiosidad he mirado el texto de Lercher que estudiamos los seminaristas de mi generaci&oacute;n, y nosotros tenemos s&oacute;lo dos tesis del Esp&iacute;ritu Santo, 14 p&aacute;ginas, incluidas en el tratado de Trinidad, como as&iacute; titul&aacute;bamos el tratado o la materia: &laquo;De Deo Uno et Trino, Creante y Elevante&raquo;. Y las dos tesis eran: primera: S.Sanctus a Padre Filioque procedit, y la segunda: por viam voluntatis. Eso fue todo lo que yo estudi&eacute; en Teolog&iacute;a sobre el Esp&iacute;ritu Santo, la tercera Persona de la Sant&iacute;sima Trinidad. La verdad que el problema del filioque, del Concilio de Constantinopla, a&ntilde;o 381, sigue dominando en el subsconsciente de la teolog&iacute;a, incluso de autores modernos y consiguientemente en la vida de la misma Iglesia y de los cristianos, quitando algunos movimientos concretos o carism&aacute;ticos, porque, aunque los libros de texto le dediquen m&aacute;s p&aacute;ginas actualmente, nos s&eacute; si porque el Esp&iacute;ritu Santo no tiene rostro, no s&eacute; si porque ya lo dijo el Se&ntilde;or : &ldquo; le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;&hellip;, la verdad es que no se le da toda la importancia que tiene y que Cristo nos dijo que hab&iacute;a de tener en nuestra vida y en la vida de la Iglesia. Por eso, quitando tiempos espec&iacute;ficos, seguimos hablando y predicando y viviendo m&aacute;s del Padre y del Hijo, es decir, de una teolog&iacute;a bipolar, en general. Yo no quiero ser malicioso, pero para m&iacute; la verdad es que al Esp&iacute;ritu Santo no se le descubre y no se le ama de verdad sino por el amor, como dijo el Se&ntilde;or: &ldquo; Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;, es decir, tiene que estar en nosotros por amor y hay que conocerlo por v&iacute;a de oraci&oacute;n de amor m&aacute;s que por teolog&iacute;a, y, si no se le ama y se le busca intensamente, porque nos sintamos necesitados de su fuego, de su amor, de su luz para sentir y vivir los misterios de Dios, no se le conoce de verdad, no baja de ser concepto teol&oacute;gico a ser vida y aliento espiritual, a sentirlo y experimentarlo dentro de nosotros; 3.- Un profesor actual de la Gregoriana, por tanto m&aacute;s autorizado que yo, en la introducci&oacute;n de su texto del 2001 dice que la Pneumatolog&iacute;a sigue consider&aacute;ndose pr&aacute;cticamente como un ap&eacute;ndice de la Teolog&iacute;a. Y claro, esto influye en nuestra vida y consiguientemente en la vida de los que instruimos y formamos, porque formamos seg&uacute;n nos forman. Todav&iacute;a sigo recordando algunas pl&aacute;ticas de D. Eutimio sobre Trinidad, Esp&iacute;ritu Santo, y que a veces no era tanto lo que dec&iacute;a, sino el modo, el viento y fuego del coraz&oacute;n, con que respiraba. Desgraciadamente sobre estos temas no me han hablado mucho en mi vida sacerdotal posteriormente, incluso alguna vez he podido comprobar que no son ni comprendidos ni valorados entre los mismos sacerdotes. A este respecto y por no alargarme en este aspecto quisiera citar a Durwwell que tiene dos libros muy actuales sobre estos temas de la Pascua y del Esp&iacute;ritu Santo: EUCARIST&Iacute;A, SACRAMENTO PASCUAL y &uacute;ltimamente CRISTO, NUESTRA PASCUA. De &eacute;l he tomado unas notas muy interesantes que quiero compartir con vosotros. Afirma claramente ya desde el principio que en la enumeraci&oacute;n trinitaria, el Esp&iacute;ritu ocupa ordinariamente el tercer lugar. Por lo general, ni la Escritura lo menciona con las otras dos personas, dada la bipolaridad dominante del misterio. Sin embargo, el Esp&iacute;ritu Santo, aunque tercera, no es &uacute;ltima persona. Porque no sucede a las otras, ni en el tiempo ni aun l&oacute;gicamente: es su simultaneidad. Sin ser principio, el Esp&iacute;ritu es en el principio; sin ser t&eacute;rmino, es tambi&eacute;n y est&aacute; en ese final. Si el Padre es Padre que engendra, lo es en el Esp&iacute;ritu. Si el Hijo es Hijo que se deja engendrar, lo es en el Esp&iacute;ritu Santo. Los dos son, respectivamente, Padre e Hijo en el Esp&iacute;ritu del Hijo, inconcebibles sin el que es Esp&iacute;ritu del Padre en su paternidad y Esp&iacute;ritu del Hijo en su filialidad. Y as&iacute; lo es en el misterio pascual: ni el Padre resucita a Jes&uacute;s sin el poder vivificante del Esp&iacute;ritu, ni el Hijo es resucitado sin &ldquo;el Esp&iacute;ritu eterno&rdquo; en el que se ofreciera (Hbr 9, 14). El Esp&iacute;ritu est&aacute; en medio, es el medio; el misterio pascual se realiza en &eacute;l. As&iacute; habr&aacute; de serlo en la Trinidad. El Esp&iacute;ritu es amor; en Dios-amor (1 Jn 4, 8) todo se realiza amando. Tres son ellos: el Progenitor, el Engendrado, y la Potencia divina de generaci&oacute;n. Tres son ellos: el Amante, el Amado, y el Amor, como dice San Agust&iacute;n. El Amante engendra al Amado amando. El Esp&iacute;ritu es la Persona mediadora, com&uacute;n a las otras dos. Se realiza el misterio en el fuego que abrasa al Padre y al Hijo. Aunque el Esp&iacute;ritu les sea com&uacute;n, como &uacute;nico Esp&iacute;ritu del Padre y del Hijo, Padre e Hijo son, no obstante, infinitamente diferentes dentro de su indivisible unidad. Comprensible parece que pueda diversificarse infinitamente el Esp&iacute;ritu como Esp&iacute;ritu del Padre en su autodonaci&oacute;n y del Hijo en su receptividad. Amar es darse al otro acogi&eacute;ndolo en s&iacute;. El amor tiene dos facetas: de donaci&oacute;n y de acogida. En el Esp&iacute;ritu, el Padre se da y, d&aacute;ndose, es acogido en el Hijo; el Hijo acoge y, acogiendo, se da con amor de Hijo al Padre, aceptando ser su Hijo amado. En los dos es el Amor de Esp&iacute;ritu Santo donaci&oacute;n y acogida; primeramente, don en el Padre, acogida en el Hijo; y, en segundo lugar, acogida en el Padre, donaci&oacute;n de s&iacute; en el Hijo. El Padre es Padre en cuanto el Hijo acepta ser Hijo, haci&eacute;ndole Padre por la aceptaci&oacute;n de su amor que le hace Hijo porque el Padre se lo entrega. Las teolog&iacute;as trinitarias no presentan de ordinario el misterio seg&uacute;n mi esquema bipolar, en el que el movimiento va por entero del Padre al Hijo en el poder del Esp&iacute;ritu Santo. Seg&uacute;n algunos te&oacute;logos, el Padre engendra al Hijo y &laquo;espira&raquo; al Esp&iacute;ritu como a trav&eacute;s del Hijo, sin que &eacute;ste tome parte en tal &laquo;espiraci&oacute;n&raquo;. Seg&uacute;n otros, el Padre engendra al Hijo y, adem&aacute;s, &laquo;espira&raquo; al Esp&iacute;ritu. Seg&uacute;n la idea m&aacute;s divulgada en la teolog&iacute;a latina, el Padre y el Hijo &laquo;espiran&raquo; al Esp&iacute;ritu Santo no en cuanto Padre e Hijo sino en la unidad de su divina naturaleza. Pero pueden hacerse diversas cr&iacute;ticas a tales teor&iacute;as. Baste decir que parecen ignorar c&oacute;mo en la Escritura el Esp&iacute;ritu es la persona-poder de Dios. No acuden, adem&aacute;s, al misterio pascual del que ha nacido, sin embargo, la fe en la Trinidad. En el misterio pascual la tercera Persona no es la &uacute;ltima; el Esp&iacute;ritu Santo no ha surgido en Cristo despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, como tampoco en la vida terrena actu&oacute; el Esp&iacute;ritu en &Eacute;l s&oacute;lo despu&eacute;s de su concepci&oacute;n: Jes&uacute;s fue concebido y resucitado en el Esp&iacute;ritu Santo. No es, pues, est&eacute;ril ni en Cristo ni en sus fieles: en el Esp&iacute;ritu es como nacen Cristo y los fieles. De igual manera, dentro de la Trinidad, &mdash;es menester repetirlo&mdash;, no es el Esp&iacute;ritu el &uacute;ltimo, no surge despu&eacute;s de la generaci&oacute;n del Hijo; no es el final del movimiento trinitario. &Eacute;l mismo es el movimiento, la potencia generadora, el amor con la que el Padre engendra. Lejos de ser est&eacute;ril, es la divina fecundidad. 4.- Queridos hermanos, el domingo celebraremos Pentecost&eacute;s, &iquest;qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal que tuvieron los Ap&oacute;stoles con Mar&iacute;a? Primero pedir con insistencia el Esp&iacute;ritu Santo al Padre, en nombre del Se&ntilde;or Resucitado, como &Eacute;l nos lo mand&oacute;, y luego, esperar que el Padre responda, esperar siempre en oraci&oacute;n, en di&aacute;logo, en espera activa, no de brazos cruzados, porque la esperanza, la oraci&oacute;n verdaderamente cristiana es siempre acci&oacute;n por la contemplaci&oacute;n, es suscitar di&aacute;logo con el Se&ntilde;or, deseos de &Eacute;l, pensamientos y fuerzas para seguir trabajando; la oraci&oacute;n, si es oraci&oacute;n y no puro ejercicio mental, es siempre gracia eficaz de Dios y la necesitamos siempre para nosotros, para nuestra parroquia, apostolado y necesidades de todo tipo; la oraci&oacute;n y la liturgia verdaderas siempre son din&aacute;micas, siempre es estar con &Eacute;l para enviarnos a predicar. Se preguntaba S. Buenaventura: &laquo;&iquest;Sobre qui&eacute;n viene el Esp&iacute;ritu Santo?, y contestaba con su acostumbrada concisi&oacute;n: Viene donde es amado, donde es invitado, donde es esperado&raquo;. &iquest;Qu&eacute; significa decir &iexcl;Ven! a alguien que ya hemos recibido en el Bautismo, Confirmaci&oacute;n, orden sacerdotal&hellip;decir <ven> a quien tenemos presente dentro de nosotros&hellip;? Santo Tom&aacute;s de Aquino nos da una explicaci&oacute;n teol&oacute;gica de las nuevas <venidas> del Esp&iacute;ritu Santo en nosotros. Observa, ante todo, que el Esp&iacute;ritu Santo viene no porque se desplace de lugar, sino porque por gracia empieza a estar de un modo nuevo en aquellos a quienes convierte en templos suyos. Textualmente: &laquo;Hay una misi&oacute;n invisible del Esp&iacute;ritu cada vez que se produce un avance en la virtud o un aumento de gracia. Cuando uno, impulsado por un amor ardiente, se expone al martirio o renuncia a sus bienes, o emprende cualquier otra cosa ardua y comprometida&raquo;. (I, q 43, a6) Y Kart Rhaner a&ntilde;ade: &laquo;No podemos negar que el hombre puede hacer en esta vida ciertas experiencias de gracia, que le dan una sensaci&oacute;n de liberaci&oacute;n, le abren horizontes del todo nuevos, se graban profundamente en &eacute;l y le transforman, moldeando, incluso durante mucho tiempo, su actitud cristiana m&aacute;s &iacute;ntima. Nada impide llamar a esta experiencias bautismo del Esp&iacute;ritu&rdquo;&raquo;. Pentecost&eacute;s es el primer bautismo del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado y sentado a la derecha del Padre, con el mismo poder y amor que &Eacute;l. Jes&uacute;s al anunciarlo antes de la Ascensi&oacute;n, dijo: &ldquo;Juan bautiz&oacute; con agua, pero vosotros ser&eacute;is bautizados con Esp&iacute;ritu Santo dentro de pocos d&iacute;as&rdquo;. Toda su obra mesi&aacute;nica consiste en derramar el Esp&iacute;ritu sobre la tierra. As&iacute; lo dijo en la sinagoga de Cafarna&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal? Primero, pedir con insistencia, como he dicho, el Esp&iacute;ritu Santo al Padre por el Hijo resucitado y glorioso, sentado a su derecha como &Eacute;l nos encomend&oacute;. Y luego esperarlo reunidos con Mar&iacute;a y la Iglesia en oraci&oacute;n personal y comunitaria, en la acci&oacute;n y oraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Esperarlo y pedirlo, porque la iniciativa siempre es de Dios &ldquo;&hellip; y el viento nadie sabe de donde viene ni a donde va&hellip;&rdquo; *************************************** SEGUNDA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos sacerdotes: Si queremos recibirlo, si queremos sentir su presencia, sus dones, su aliento, su acci&oacute;n santificadora, tenemos que ser un&aacute;nimes y perseverantes, como fueron los ap&oacute;stoles con Maria en el Cen&aacute;culo, venciendo rutinas, cansancios, desesperanzas, experiencias vac&iacute;as del pasado, de ahora mismo&hellip; El Esp&iacute;ritu nos ama, es Dios en infinita ternura al hombre, amor gratuito, &iquest;qu&eacute; le puede dar el hombre que &Eacute;l no tenga? Me ama porque me ama, porque su esencia es amor, porque le ha dado la gana, gratuitamente, es m&aacute;s, aunque todav&iacute;a no lo comprendo, me ama porque amor es su Ser infinito y Ser Amor Infinito le hace ser feliz, algo que nunca comprenderemos hasta que no lleguemos al cielo, Dios es &ldquo;abba&rdquo;, Pap&aacute; del alma. Tambi&eacute;n tenemos que estar preparados para que algo cambie en nuestra vida. En positivo, ser m&aacute;s hijos en el Hijo Amado, en su misma vida que &Eacute;l nos da, con su mismo Esp&iacute;ritu, qu&eacute; maravilla, a qu&eacute; intimidad estamos llamados&hellip; Y luego en negativo, porque somos carne, tienen que luchar esp&iacute;ritu y carne dentro de nosotros, morir al hombre viejo de pecado para vivir la novedad de la vida en Cristo; esta es parte importante de la pneumatolog&iacute;a paulina, hay quitar todo lo que nos impida ser hijos en el Hijo, en el Amado, lo que nos impida tener su mismo Esp&iacute;ritu, sentimientos, actitudes de amor y de vida. Para esto hay que estar dispuestos a vaciarse para que &Eacute;l nos llene, nos amamos mucho a nosotros mismos, nos tenemos un cari&ntilde;o muy grande y nos damos un culto idol&aacute;trico, de la ma&ntilde;ana a la noche, a veces estamos tan llenos de nosotros mismos que no cabe ni Dios en nuestro coraz&oacute;n. Digo ni Dios, porque suena m&aacute;s fuerte, como a blasfemia; la verdad es que ha habido temporadas en mi vida en que me he amado as&iacute; y por eso me he tenido odio, a veces odio a mi yo, hombre carnal, que se pone delante de Dios... me duele por no haber amado a Dios con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas, con todo mi ser. Me he odiado por haberme pasado a&ntilde;os y a&ntilde;os busc&aacute;ndome a mi mismo como lo primero y a veces &uacute;nico y lo digo p&uacute;blicamente; c&oacute;mo odio ese tiempo, esas conquistas, esos honores&hellip;ese tiempo perdido para mi Dios, siempre pensando y viviendo para m&iacute; mismo, como punto permanente de referencia, tantas acciones, tantas cosas, incluso piadosas, que no llegaban hasta Dios, precisamente porque me faltaba su Esp&iacute;ritu; no se pueden hacer las acciones de Cristo sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Y a&uacute;n en lo que hace referencia a Dios, en el apostolado, tengo que mirar m&aacute;s intensamente a Dios, tengo que trabajar en perspectiva de eternidad, somos sembradores y cultivadores de eternidades, tengo que estar m&aacute;s pendiente de lo eterno que de lo temporal de los sacramentos, del apostolado, que lleve verdaderamente las almas a Dios, a la uni&oacute;n con &Eacute;l, a la santidad; no bautizar por bautizar, casar por casar, m&aacute;s all&aacute; de lo creado, de lo que se ve; los sacramentos tienen que ser lo que son, para santificar, acercar a Dios, descubrir el misterio; soy responsable de la eternidades de mis feligreses, si creo en la eternidad, tengo que vivir m&aacute;s preocupado por ella que por lo que aparece. Hasta all&iacute;, hasta Dios, hasta la eternidad, hasta la salvaci&oacute;n eterna y no puramente temporal tiene que apuntar toda mi persona, todo mi apostolado, tambi&eacute;n todos mis bautizos, primeras comuniones, bodas, la liturgia, la Palabra, tantas ceremonias y ritos que terminan en s&iacute; mismos, sin tener en cuenta la Ep&iacute;clesis en la que invoco la presencia y la potencia del Esp&iacute;ritu Santo para que en ellos se encarne la gracia y la vida de Dios, que &Eacute;l hace presente, y para eso viene y para eso le invoco: los sacramentos, el apostolado en general, no puedo hacerlos mirando m&aacute;s a los hombres que a Dios. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la verdad, el profeta, el bautismo de fuego? &ldquo;Con un bautismo tengo que ser bautizado&rdquo;, dec&iacute;a Cristo, y lo hac&iacute;a en referencia a su muerte obedeciendo al Padre y a los hombres, con amor extremo, hasta dar la vida. As&iacute; tengo que hacerlo yo. 2.- Hermanos, somos simples criaturas, solo Dios es Dios. Qu&eacute; grande vivir en la Trinidad que me habita, me llena, me invade, me posee, quiero que me habite y quiero vaciarme para esto hasta las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas de mi ser, para llenarlo todo de divinidad, de amor trinitario, de di&aacute;logo amor, de verdad y de vida en los Tres, pero de verdad, no de s&oacute;lo palabra: &laquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute;&hellip; para establecerme en vos, tranquilo y sereno, como si mi alma ya estuviera en la eternidad&hellip; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la inmensidad de vuestro misterio&hellip; Oh mis Tres, mi Todo, mi bienaventuranza, Soledad infinita en la que me pierdo, entr&eacute;game sin reservas a Vos&hellip;&raquo; Lo que el Esp&iacute;ritu toca, el Esp&iacute;ritu cambia, dec&iacute;an los padres griegos. El que clama al Esp&iacute;ritu: &laquo;Ven, visita, llena&hellip;&raquo;, le da la llave de su casa para que el Esp&iacute;ritu entre, cambie, ordene, lleve la direcci&oacute;n de su vida. No podemos con la voz de la Iglesia decir: Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles&hellip; y luego en voz baja a&ntilde;adir: pero no me pidas que cambie mucho, porque es una contradicci&oacute;n, la eterna contradicci&oacute;n o lucha de lo que somos: carne y esp&iacute;ritu, naturaleza y gracia, hombre viejo y hombre nuevo. Si viene el Esp&iacute;ritu Santo ordena nuestro amor, la gracia mete en m&iacute; ese amor del mismo Dios Trinitario, yo no puedo amar sino como Dios se ama y ama a los hombres y Dios se ama como primero y absoluto por ser quien es, por s&iacute; mismo y yo solo puedo amar as&iacute; si el me lo comunica y mora en m&iacute;, entonces Dios ser&aacute; lo primero y lo absoluto. Por eso, esto ni lo entiendo ni puedo ni se de qu&eacute; va si &Eacute;l no me lo da por su Esp&iacute;ritu, y para esto tengo que estar dispuesto a vaciarme de m&iacute; mismo, de mi amor propio, de mis criterios, sentimientos y comportamientos motivados por mi yo en contra del Esp&iacute;ritu de mi Dios. Dios es Dios, nosotros somos simples criaturas y no sabemos ni podemos, aunque seamos sacerdotes y esto es lo primero que nos ense&ntilde;a el Esp&iacute;ritu de Dios si le dejamos que permanezca en nosotros. Guiados por el Esp&iacute;ritu de Cristo, hay que seguir sus mociones y pisar sus mismas huellas, adorando al Padre en obediencia total guiados por su Esp&iacute;ritu, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida, hasta la muerte del propio yo, del amor propio, del amor que me tengo a mi mismo, y esto cuesta, cuesta sangre y es para toda la vida. Los sacramentos son eficaces, la gracia, la eucarist&iacute;a, Cristo&hellip; pero tengo que estar dispuesto a ser bautizado con el fuego del amor de Dios, que me comunican. El Esp&iacute;ritu Santo viene a m&iacute; por la gracia de los sacramentos, por la oraci&oacute;n personal, para meterme en la misma vida de Dios, y esto supone conversi&oacute;n permanente del amor permanente que me tengo a m&iacute; mismo, de preferirme a m&iacute; mismo a Dios. Porque soberbia, avaricia, lujuria envidia&hellip; en el fondo &iexcl;qu&eacute; es? preferirme a m&iacute; mismo m&aacute;s que a Dios, buscar honores, poder, &iquest;qu&eacute; es? Lo primero y Absoluto de mi vida es Dios y eso supone conversi&oacute;n permanente. El Esp&iacute;ritu de Dios viene en mi ayuda, me ilumina en mi interior para que vea claro las ra&iacute;ces de mi yo, me da fuerzas para decirle que s&iacute;, luego Dios empieza su obra, por la oraci&oacute;n personal y la Eucarist&iacute;a la voy realizando, cooperando con el amor de Dios que mora en m&iacute;, a qui&eacute;n cada d&iacute;a voy conociendo mejor por el amor que obra en m&iacute; y me dice cosas y sentimientos que yo antes no ten&iacute;a ni sab&iacute;a fabricar y as&iacute; voy entrando en el santuario de mi Dios y as&iacute; le voy amando y conociendo de verdad. Y como veo que cada d&iacute;a &Eacute;l lo hace mejor y yo no s&eacute; ni puedo ni se de qu&eacute; va todo esto, hasta que lo encuentro hecho a pesar de mis despistes y ca&iacute;das, -- aqu&iacute; nadie est&aacute; confirmado en gracia,-- precisamente por eso, porque caigo, necesito de &Eacute;l siempre para levantarme, para seguir avanzando, amando, porque quiero amar con todo mi coraz&oacute;n, con todas mis fuerzas y con todo mi ser a Dios sobre m&iacute; mismo. Pero caigo una y otra vez. Por eso, necesito de &Eacute;l, de su gracia, de su luz, de la oraci&oacute;n diaria y afectiva, de los sacramentos vividos con su mismo Esp&iacute;ritu, sentimientos, actitudes. Ahora bien, pero si no quiero que &Eacute;l sea de verdad lo primero, si me canso de luchar, si me instalo en la mediocridad, si mis labios profesan y predican amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma, con todo tu ser, pero luego no estoy en esta l&iacute;nea, no me esfuerzo, no lucho todos los d&iacute;as, entonces en el fondo no tengo necesidad de &Eacute;l, ni de oraci&oacute;n, ni de gracia, ni de sacramentos ni de Cristo ni de Dios, porque para vivir como vivo me basto a m&iacute; mismo. Este es el problema del mundo. No siente necesidad de Dios, para vivir como vive, como un animalito, se basta a s&iacute; mismo y no siente necesidad de Dios, de amar como Dios, y consecuentemente de gozar, de sentirse lleno de su amor, de experimentar que Dios existe y me ama de verdad, no se siente amado por el Infinito Amor, no hay &eacute;xtasis, ni emoci&oacute;n, ni &laquo;qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el Amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado&raquo;. Yo necesito verdaderamente de &Eacute;l, nosotros necesitamos verdaderamente de &Eacute;l, por eso estamos aqu&iacute;, necesito del Esp&iacute;ritu, de la fuerza, del Amor personal del Padre y del Hijo. Soy un poco duro en describir este camino, es que me retrato a m&iacute; mismo y me lo s&eacute; muy bien, es que me da rabia y pena de tanto pecado original bautizado s&oacute;lo con agua en m&iacute;, pero no destruido por la potencia y el fuego de amor del Esp&iacute;ritu Santo, ante esta maravilla de vida a la que Dios me llama y para que me ha pensado y creado y dado el beso de amor de la vida. 3.- Queridos hermanos: siempre el amor de Dios, el Esp&iacute;ritu de Dios: necesitamos el amor de Dios para contagiar de amor a los nuestros, necesitamos su Esp&iacute;ritu para que sean bautizados en Esp&iacute;ritu Santo, necesitamos que el Esp&iacute;ritu de Cristo venga a nosotros para predicar la verdad completa de que &Eacute;l nos habla tantas veces, necesitamos el Esp&iacute;ritu de Cristo para vivir la vida de Cristo y hacerla vivir y as&iacute; nuestros apostolados ser&aacute;n verdaderamente apostolado, porque nuestra humanidad ser&aacute; humanidad prestada para que &Eacute;l pueda seguir amando, predicando, salvando. Recuerdo ahora esta oraci&oacute;n de un obispo oriental, que le&iacute; por vez primera en una carta, quiz&aacute;s la primera del general actual de los Jesuitas, el holand&eacute;s Kolvenvach : Sin el Esp&iacute;ritu Santo Dios est&aacute; lejos; Cristo queda en el pasado; el Evangelio es letra muerta; la Iglesia, una simple organizaci&oacute;n; la autoridad, una dominaci&oacute;n la misi&oacute;n, una propaganda; la vida cristiana, una moral de esclavos. En cambio, con el Esp&iacute;ritu Santo, el cosmos se levanta y gime en el parto del Reino; el hombre lucha contra la carne; Cristo est&aacute; presente; el Evangelio es fuerza de vida; la Iglesia, signo de comuni&oacute;n trinitaria; la autoridad, servicio liberador; la misi&oacute;n, un Pentecost&eacute;s; la liturgia, memorial y anticipaci&oacute;n; la vida humana es divinizada. ********************************************** TERCERA MEDITACI&Oacute;N 1.- Queridos hermanos: La Biblia empieza dici&eacute;ndonos que el Esp&iacute;ritu de Dios, &laquo;ruah&raquo; en hebreo, &laquo;pneuma-atos&raquo;, en griego, se cern&iacute;a sobre la aguas. Los cient&iacute;ficos modernos van a dar la raz&oacute;n a la Biblia y la van a convertir de un libro religioso en cient&iacute;fico. Porque parece ser que la vida viene del agua. La &laquo;ruah Yahve&raquo;, como soplo o respiraci&oacute;n de vida de Dios, indica lo m&aacute;s vital y secreto que hay en Dios, su vida m&aacute;s &iacute;ntima; y si lo referimos al hombre &laquo;ruah&raquo; significa su aliento, su principio de vida, su alma. En este sentido escribe San Pablo que nadie conoce lo &iacute;ntimo del hombre a no ser el mismo esp&iacute;ritu del hombre que est&aacute; en &eacute;l, y nadie conoce las cosas de Dios salvo el Esp&iacute;ritu de Dios.(cf 1Cor 2,11). De ah&iacute; la necesidad de recibir al Esp&iacute;ritu para conocerlo. Hermanos, qu&eacute; pasa si por cualquier circunstancia estamos demasiado tiempo sin respirar? Pues que morimos; y no hay que morir, hay que aspirar y respirar a Dios, hay que vivir del Esp&iacute;ritu de Dios, de la vida de Dios. Respira hondo, decimos cuando alguno se marea o se desmaya; pues esto mismo es lo que os digo esta ma&ntilde;ana y me digo: respira, respira hondo, hermano, en el Esp&iacute;ritu Santo mediante la oraci&oacute;n, la eucarist&iacute;a, el apostolado. Sobre todo, la oraci&oacute;n, que es como el jugo g&aacute;strico que debe asimilarlo todo en Esp&iacute;ritu Santo, en vida de amor a Dios y desde Dios, a los hermanos. Si no respiramos, si no oramos, morimos, aunque digamos misa. Y podemos celebrar misa, y morir espiritualmente, porque no la aspiramos, no vivimos la Eucarist&iacute;a &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, comemos pero no comulgamos con Cristo, porque no comemos espiritualmente su carne y su sangre, es decir, no vivimos seg&uacute;n su Esp&iacute;ritu, no nos identificamos con su Esp&iacute;ritu, no comemos sus mismos sentimientos y actitudes. Y Dios tambi&eacute;n, si no espira y aspira su Esp&iacute;ritu, se muere. Dios no puede existir sin espirar su Esp&iacute;ritu, y el Esp&iacute;ritu de Dios es Amor. Ya lo dice San Juan: &ldquo;Dios es Amor&rdquo;, su esencia es amar, si deja de amar, deja de existir. Por eso no tiene m&aacute;s remedio que amar, que amarnos y lo digo para que nos llenemos de esperanza; Dios nos ama, aunque seamos pecadores, Dios no tiene m&aacute;s remedio que amarnos, porque esa es su esencia, esa es su vida. Para el Oriente, la Pneumatololog&iacute;a, el Esp&iacute;ritu Santo es fundamentalmente luz; Para Occidente, desde San Agust&iacute;n, el Esp&iacute;ritu Santo es amor, para S. Juan de la Cruz es &laquo;Llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en mi m&aacute;s profundo centro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro.&raquo; Es Llama de amor viva, y como toda llama, lumbre y fuego, a la vez que calienta, alumbra, dice el Santo. Mirad c&oacute;mo llega San Agust&iacute;n a la conclusi&oacute;n de que Dios es Trinidad: &ldquo;Para amar se necesita una persona que ama, otra que es amada, y el amor mismo. En la Trinidad, el Padre es el que ama, la fuente y el principio de todo; el Hijo es el amado; el Esp&iacute;ritu Santo es el amor con el que se aman. Por supuesto, no es m&aacute;s que una analog&iacute;a humana, pero sin duda es la que mejor nos ayuda a penetrar en las profundidades arcanas de Dios&rdquo;. 3.- EL HOMBRE Y EL MISTERIO DE LA SALVACI&Oacute;N TAMBI&Eacute;N PROCEDEN DEL AMOR DE DIOS. &ldquo;Porque Dios es Amor&hellip; en esto consiste el Amor no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; ( 1 Jn 4, 7.10 ). Viene a decirnos que todo es posible, porque nos ha dado su mismo Esp&iacute;ritu Santo, su Amor Personal, que es tan infinito en su ser y existir, que es una persona divina, tan esencial, que sin ella no pueden vivir y existir el Padre y el Hijo, porque es su vida-amor-felicidad que funde a los tres en la Unidad, en la que entra el alma por ese mismo Esp&iacute;ritu, comunicado al hombre por gracia, para que pueda comunicarse con el Padre y el Hijo por el Amor participado, que es la misma vida y alma de Dios Uno y Trino. Y todo esto y lo anterior y lo posterior que se pueda decir, dentro y fuera de la Trinidad: &ldquo;Porque Dios es AmorB. Dios, por su infinito ser, es eterno. Y este Ser infinito y eterno no es otra cosa que un Acto de Ser infinitamente fecundo en Tres Personas. Y este Ser eterno, por su mismo amor, es tan potente, es tal la potencia de su amar que le hace Padre por el amor infinito personal al Hijo. Dentro del misterio trinitario el Esp&iacute;ritu Santo no es la &uacute;ltima persona, el tercero, no surge de la generaci&oacute;n del Hijo sino que su potencia infinita de amor y donaci&oacute;n y poder hace Padre e Hijo, porque &Eacute;l es la potencia engendradora, la fuerza de amor con la que el Padre engendra al Hijo que acoge y acepta totalmente este mismo actor infinito de Amor que hace al Padre y al Hijo, que refleja a la vez y hace paternidad y filiaci&oacute;n por la potencia infinita del Amor-Esp&iacute;ritu Santo; el Padre, por su fuego de amor divino-Esp&iacute;ritu - Santo, da al Hijo el ser filial, y el Hijo acoge la paternidad del Padre, que sin el Hijo no ser&iacute;a Padre, por la misma potencia infinita de Amor, siendo uno en el mismo serse infinitamente feliz el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu de Amor Personal, que los hace personas distintas y una, en un mimo amor y esencia infinita, con que el Padre se dice totalmente en Hijo, en canci&oacute;n eterna de Amor de Esp&iacute;ritu Santo y el Hijo al Padre en la misma Palabra-Canci&oacute;n llena de Amor. Jes&uacute;s es el Hijo que sale del Padre y viene a este mundo (Jn13,3). La venida al mundo prolonga su salida eterna, porque es el Padre el que ha pronunciado para nosotros la Palabra con la que se dice totalmente a s&iacute; mismo en silencio eterno, lleno de amor. Con su glorificaci&oacute;n junto al Padre y sentado ya a su derecha (Jn 17,5; Mt 26,64) Jes&uacute;s ha asumido plenamente su condici&oacute;n de Hijo, de Verbo eterno, que ten&iacute;a en el principio (Jn 1,1-3; Ap 19,13). Con su Pascua, Jes&uacute;s-Cristo-Se&ntilde;or se hace puerta de entrada en el misterio trinitario para todos nosotros, los pascuales, los pasados del mundo al Padre la &uacute;ltima y definitiva Alianza. &Eacute;l, que es Amor, quiere comunicarse, quiere hacer a otros part&iacute;cipes por gracia, de su misma dicha, quiere ser conocido y amado en la grande e infinita y total belleza y gloria y luz y vida, en que se es por s&iacute; mismo en acto eterno de felicidad y amor. &Eacute;l quiere ser nuestra &uacute;nica felicidad por amor, d&aacute;ndose y recibi&eacute;ndose en totalidad de ser y amor, por la gracia comunicada por el Esp&iacute;ritu en los sacramentos y por la oraci&oacute;n B conversi&oacute;nB uni&oacute;n transformante- transformaci&oacute;n. El Padre, lleno de amor, ha pronunciado para todos nosotros esta Palabra transformante de la debilidad humana en hijo adoptado, elevado y amado. AYUDA DE SAN JUAN DE LA CRUZ: &iquest;Nos sumergimos un poco por una contemplaci&oacute;n infusa, que dir&iacute;a S. Juan de la Cruz, en la esencia de nuestro bueno y amad&iacute;simo y adorado Dios Uno y Trino&hellip;? Para San Juan de la Cruz contemplaci&oacute;n infusa es aquella forma de orar o estar con Dios en la que uno no tiene que leer y meditar y discurrir nada para sacar conclusiones o afectos para su vida y su relaci&oacute;n con Dios y los hermanos, propio de la oraci&oacute;n discursiva como &eacute;l la llama, en todo o gran parte depende de nuestro esfuerzo con la ayuda de Dios siempre. Cuando el alma avanza y se ha purificado un poco, -- y todo pecado, todo &laquo;afecto desordenado&raquo;, como &eacute;l dice, es una barrera, una pared entre Dios y nosotros, que nos impide verle y sentirlo cerca--, pasa de una oraci&oacute;n discursiva a afectiva, donde empieza a sentir la cercan&iacute;a y el amor de Dios muy cerca porque van desapareciendo murallas. Son las moradas interiores de Santa Teresa, hacia las que el alma ha empezado a caminar dentro de s&iacute; misma para llegar hasta el trono de Dios que habita en la s&eacute;ptima, en la morada m&aacute;s interior&hellip; &laquo;de mi alma en el m&aacute;s profundo centro&raquo; que dice el Santo. All&iacute; uno no discurre, ni discurre, ni se esfuerza, all&iacute; es pat&oacute;geno, sufre la presencia de Dios y de su amor que le invade&hellip; es el &eacute;xtasis, la experiencia de Dios de los m&iacute;sticos. Entonces, al ver a Dios en mi alma, en el centro y alma de mi alma, se convierte en el Amor y Vida de mi vida y empezamos a sentirlo dentro, muy dentro, y a sentirnos lleno de su presencia, habitados por los Tres, y empezamos una forma de hablar y dialogar distinta, en un di&aacute;logo sin palabras, de t&uacute; a t&uacute; con &Eacute;l en contemplaci&oacute;n amorosa: ya no es el Se&ntilde;or dice, habla, me descubre; ni tampoco: &iexcl;Oh Se&ntilde;or o Dios todopoderoso, infinito, eterno, sino: &laquo;qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado, ces&oacute; todo y dej&eacute;me, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado&raquo;. Y dos cosas: esto no es teor&iacute;a, cada uno puede hacer este recorrido; y segundo, esto no se aprende estudiando teolog&iacute;a ni haciendo ceremonias que no se viven. El camino es la oraci&oacute;n, la oraci&oacute;n y la oraci&oacute;n, que luego invadir&aacute; la liturgia, los sacramentos de di&aacute;logo amoroso y eficaz espiritualmente con Dios. Cuando uno ha pasado a&ntilde;os en esta oraci&oacute;n discursiva o meramente afectiva, seg&uacute;n los planes de Dios y la generosidad del alma, empieza Dios a actuar m&aacute;s descaderadamente. Tanto, que el alma, acostumbrada a leer, meditar, hablar todos los d&iacute;as con Dios, lo primero que siente es que no puede discurrir y al no poder discurrir, cree que ya no hace oraci&oacute;n, y al no poder hacer oraci&oacute;n, piensa que no tiene fe, que no ama a Dios y m&aacute;s y m&aacute;s cosas de las cuales hablo en mi libro LA EUCARIST&Iacute;A, LA MEJOR ESCUELA DE ORACI&Oacute;N, SANTIDAD Y APOSTOLADO. Son las &laquo;noches del sentido y del esp&iacute;ritu&raquo; que tan maravillosamente describe San Juan de la Cruz. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando? Pues que ha dicho Dios: eres una buena persona, te has esforzado y purificado hasta donde has podido, pero quedan las ra&iacute;ces de tus pecados, y ahora vengo yo directamente, con mi fuego de Esp&iacute;ritu Santo, el detergente m&aacute;s poderoso que existe y te voy a limpiar bien, a purificar de cosas que t&uacute; ni sabes ni descubres dentro de ti, porque est&aacute;n en tu mismo ser, son las ra&iacute;ces de tu yo, y ah&iacute; ni sabes ni puedes. Vengo yo en persona de Esp&iacute;ritu Santo, en fuego que lo quema todo por amor y al quedar limpia me ver&aacute;s, porque te sentir&aacute;s habitada, amada por m&iacute; y no necesitar&aacute;s de hablar y de amar porque te lo dar&eacute; todo hecho. Pero antes tienes que purificarte mucho, sufrir porque tocan las ra&iacute;ces del ser, pecado original, me amo m&aacute;s que a Dios y me doy culto sin darme cuenta de la ma&ntilde;ana a la noche, y esto le lleva a&ntilde;os y a&ntilde;os al Esp&iacute;ritu Santo. Es esa parte de la vida espiritual de los santos, que al no comprenderla ni saber explicarla los mismos hagi&oacute;grafos, incluso creyendo que es falta de fe o confianza o amor a Dios, pasan por encima casi sin mencionarla, hasta que viene los entendidos y lo explican mejor. Y de aqu&iacute; viene tambi&eacute;n la devoci&oacute;n intensa que todos los santos tienen al Esp&iacute;ritu Santo, pero que la mayor&iacute;a de los creyentes no tenemos ni practicamos. Pues bien, todo esto quiere decir que hemos llegado a la contemplaci&oacute;n infusa y a la transformaci&oacute;n de nuestra vida en Dios. Se acab&oacute; el discurrir, el pensar, el fabricar mis ideas y mis afectos, te los da directamente Dios sin esfuerzo tuyo; t&uacute; s&oacute;lo contemplas y vives y amas infusamente, porque es Dios quien lo hace en Ti. Esto lo llama San Juan de la Cruz contemplaci&oacute;n infusa: &ldquo;Si alguno me ama, mi padre le amar&aacute; y vendremos a El y haremos morada en El&rdquo;. Fijaos bien: El Se&ntilde;or nos dice a todos: si alguno me ama, no dice, si alguno me estudia, me conoce por discurso mental meditando, o estudia teolog&iacute;a, incluso aunque tenga un doctorado en teolog&iacute;a&hellip;Jes&uacute;s dice expresamente: Si alguno me ama se sentir&aacute; lleno de mi Esp&iacute;ritu infinito en su ser y existir, que es una persona divina, tan esencial que sin ella no pueden vivir y existir el Padre y el Hijo, porque es su vida-amor-felicidad que funde a los tres en la Unidad, en la que entra el alma por ese mismo Esp&iacute;ritu, que se comunica al hombre por la gracia, y as&iacute; puede participar y comunicarse con el Padre y el Hijo por el Amor participado, que es la misma vida y alma de Dios Uno y Trino. Y todo esto y lo anterior y lo posterior que se pueda decir, dentro y fuera de la Trinidad: &ldquo;Porque Dios es Amor &ldquo;. A mi me alegra pensar que hubo un tiempo en que no exist&iacute;a nada, solo Dios, Dios infinito al margen del tiempo, ese tiempo, que nos mide a todo lo creado en un antes y despu&eacute;s, porque &Eacute;l existe en su mismo Serse de su infinito acto de Ser eterno, fuera del antes y despu&eacute;s, fuera del tiempo. Por eso, en esto del ser como del amor, la iniciativa siempre es de Dios. El hombre, cualquier criatura, cuando mira hacia Dios, se encuentra con una mirada que le ha estado mirando con amor desde siempre, desde toda la eternidad. Todo amor en el hombre, es reflejo. No exist&iacute;a nada, solo Dios. El Padre, al contemplarse en s&iacute; y por s&iacute;, sacia infinitamente su capacidad infinita de ser y existir y en esto se es felicidad sin l&iacute;mites. Su serse, su esencia amor es lo que su existir refleja lleno de luz y abrasado de amor. Y la contempla en tal infinitud y fecundidad y perfecci&oacute;n que engendra una imagen igual, esencialmente igual a s&iacute; mismo que es y podemos llamarle Hijo y en tal infinitud de ser feliz surge un amor que contiene en si, recibido del Padre y del Hijo, todo el ser divino: el Esp&iacute;ritu Santo. Y este ser infinito y eterno no es otra cosa que un Acto de ser infinitamente fecundo en Tres Personas. Y este Ser eterno, por su mismo amor, quiere comunicarse, quiere hacer a otros part&iacute;cipes por gracia, de su misma dicha, comunic&aacute;ndoles su misma vida y gozo, quiere ser conocido en la grande e infinita y total belleza y gloria y luz y vida en que se es en acto eterno de felicidad y amor, para que nosotros seamos felices con su misma felicidad, am&aacute;ndole, alab&aacute;ndole, agradeci&eacute;ndose como el Hijo al Padre y el Padre al Hijo en su mismo Esp&iacute;ritu-Amor-Felicidad. El quiere ser nuestra &uacute;nica felicidad y amor, d&aacute;ndose y recibi&eacute;ndose en totalidad de ser y amor, por la gracia comunicada por el Esp&iacute;ritu en los sacramentos y en la oraci&oacute;n- conversi&oacute;n transfiguraci&oacute;n-uni&oacute;n transformante. Dice S. Juan de la Cruz: &laquo;Porque no ser&iacute;a verdadera y total transformaci&oacute;n si no se transformase el alma en las Tres Personas de la Sant&iacute;sima Trinidad en revelado y manifiesto grado&raquo;. &laquo; Y esta tal aspiraci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en el alma, con que Dios la transforma en s&iacute; les es a ella de tan subido y delicado y profundo deleite, que no hay que decirlo por lengua mortal...; porque el alma unida y transformada en Dios aspira en Dios a Dios las misma aspiraci&oacute;n divina que Dios, estando ella en El transformada, aspira en si mismo a ella...&raquo; &laquo;Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta, que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado. Porque dado que Dios la haga la merced de unirla en la Sant&iacute;sima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por participaci&oacute;n, )qu&eacute; incre&iacute;ble cosa es que obre ella tambi&eacute;n su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad? Pero por modo comunicado y participado, obr&aacute;ndolo como Dios en la misma alma; porque es estar transformada en las Tres Divinas Personas en potencia, sabidur&iacute;a y amor, y en esto es semejante el alma a Dios; y para que pudiese venir a esto la cri&oacute; a su imagen y semejanza&raquo; (Can B 39, 4). Dios quiere darse esencialmente como &Eacute;l es en su esencia por participaci&oacute;n de este ser esencial suyo para que el hombre tambi&eacute;n pueda entrar dentro de este c&iacute;rculo trinitario. Y por eso crea al hombre &laquo;a su imagen y semejanza&raquo;: es un proyecto de Dios: &laquo;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales. &Eacute;l nos eligi&oacute; en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fu&eacute;ramos santos e irreprochables ante &Eacute;l por el amor. &Eacute;l nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya... El tesoro de su gracia, sabidur&iacute;a y prudencia ha sido un derroche de su voluntad. Este es el plan que hab&iacute;a proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante, recapitulando en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra&raquo; (Ef 1,3.10). ************************ ORACIONES E INVOCACIONES AL ESP&Iacute;RITU SANTO INVOCACI&Oacute;N AL ESP&Iacute;RITU SANTO VEN, ESP&Iacute;RITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR V. ENV&Iacute;A TU ESP&Iacute;RITU Y SER&Aacute;N CREADOS R. Y RENOVAR&Aacute;S LA FAZ DE LA TIERRA OREMOS: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz amorosa del Esp&iacute;ritu Santo, danos sentir lo recto seg&uacute;n el mismo Santo Esp&iacute;ritu y gozar siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n *** ORACI&Oacute;N SACERDOTAL AL ESP&Iacute;RITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Abrazo de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, Amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro y me consagro a Ti totalmente! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme, por una nueva Encarnaci&oacute;n sacramental, en humanidad supletoria de Cristo, para que &Eacute;l renueve y prolongue en m&iacute; todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera reproducir a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres y Redentor del mundo. In&uacute;ndame, ll&eacute;name, rev&iacute;steme de sus mismos sentimientos y actitudes sacerdotales. Haz de toda mi vida una ofrenda agradable a la Sant&iacute;sima Trinidad, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida. &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Alma y Vida de mi Dios! Ilum&iacute;name, gu&iacute;ame, fortal&eacute;ceme, consu&eacute;lame, f&uacute;ndeme en Amor Trinitario, para que sea Amor Creador de vida en el Padre; Amor Salvador de vida por el Hijo; Amor Santificador de vida con el Esp&iacute;ritu Santo, para alabanza de gloria de la Trinidad y bien de mis hermanos los hombres. SECUENCIA DEL ESP&Iacute;RITU SANTO Ven, Esp&iacute;ritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espl&eacute;ndido; luz que penetras las almas;fuente del mayor consuelo. Ven, dulce hu&eacute;sped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las l&aacute;grimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriqu&eacute;cenos. Mira el vac&iacute;o del hombre si t&uacute; le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no env&iacute;as tu aliento. Riega la tierra en sequ&iacute;a, sana el coraz&oacute;n enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el esp&iacute;ritu ind&oacute;mito, gu&iacute;a al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones seg&uacute;n la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su m&eacute;rito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Am&eacute;n. *********************************************** ORACI&Oacute;N AL ESP&Iacute;RITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, Amor increado, que habitas en las almas justas! Ven sobre m&iacute; con un nuevo Pentecost&eacute;s, tray&eacute;ndome la abundancia de dones, de tus frutos, de tu gracia y &uacute;nete a m&iacute; como Esposo dulc&iacute;simo de mi alma. Yo me consagro a ti totalmente: inv&aacute;deme, t&oacute;mame, pos&eacute;eme toda. S&eacute; luz penetrante que ilumine mi entendimiento, suave moci&oacute;n que atraiga y dirija mi voluntad, energ&iacute;a sobrenatural d&eacute; vigor a mi cuerpo. Completa en m&iacute; tu obra de santificaci&oacute;n y de amor. Hazme pura, transparente, sencilla, verdadera, pac&iacute;fica, suave, quieta y serena, aun en medio del dolor, ardiente caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh fuego ardiente de caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh Esp&iacute;ritu vivificante, sobre esta pobre sociedad y renueva la faz de la tierra, preside las nuevas orientaciones, danos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar. Asiste a tu Iglesia, dale santos sacerdotes, fervorosos ap&oacute;stoles; solicita con suaves invitaciones a las almas buenas, s&eacute; dulce tormento a las almas pecadoras, consolador refrigerio a las almas afligidas, fuerza y ayuda a las tentadas, luz a las que est&aacute;n en las tinieblas y en las sombras de la muerte. (SOR CARMELA SANTO). **************************************** ORACI&Oacute;N AL ESPIRITU SANTO &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo Consolador, que en el d&iacute;a santo de Pentecost&eacute;s descendiste sobre los Ap&oacute;stoles y henchiste aquellos sagrados pechos de caridad, de gracia y de sabidur&iacute;a! Supl&iacute;cote, Se&ntilde;or, por esta inefable largueza y misericordia, hinches mi &aacute;nima de tu gracia y todas mis entra&ntilde;as de la dulzura inefable de tu amor. Ven, oh Esp&iacute;ritu Sant&iacute;simo, y env&iacute;anos desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, oh Padre de los pobres. Ven, dador de las lumbres y lumbre de los corazones. Ven, Consolador muy bueno, dulce hu&eacute;sped de las almas y dulce refrigerio de ellas. Ven a m&iacute;, limpieza de los pecados y M&eacute;dico de las enfermedades. Ven, fortaleza de flacos y remedio de ca&iacute;dos. Ven, Maestro de los humildes y destruidor de los soberbios. Ven singular gloria de los que viven y salud de los que mueren. Ven, Dios m&iacute;o, y disponme para T&iacute; con la riqueza de tus dones y misericordias. Embri&aacute;game con el don de la sabidur&iacute;a, al&uacute;mbrame con el don del entendimiento, r&iacute;geme con el don del consejo, conf&iacute;rmame con el don de la fortaleza, ens&eacute;&ntilde;ame con el don de la ciencia, hi&eacute;reme con el don de la piedad y traspasa mi coraz&oacute;n con el don del temor. &iexcl;Oh dulc&iacute;simo amador de los limpios de coraz&oacute;n! Enciende y abrasa todas mi entra&ntilde;as con aquel suav&iacute;simo fuego de tu amor, para que todas ellas, as&iacute; abrasadas sean arrebatadas y llevadas a T&iacute;, que eres mi &uacute;ltimo fin y abismo de todos los bienes. &iexcl;Oh dulc&iacute;simo amador de las almas limpias! Pues T&uacute; sabes, Se&ntilde;or, que yo ninguna cosa puedo, extiende tu piadosa mano sobre mi, para que as&iacute; pueda pasar a T&iacute;. Y para esto, Se&ntilde;or, derriba, mortifica, aniquila y deshaz en m&iacute; todo lo que quisieres, para que del todo me halles a tu voluntad, para que toda mi vida sea un sacrificio perfecto, que todo se abrase en el fuego de tu amor. &iexcl;Oh, qui&eacute;n me diese que me quisieses admitir a tu grande bien! Mira que a T&iacute; suspira esta pobre y miserable criatura tuya, d&iacute;a y noche. Tuvo sed mi &aacute;nima del Dios vivo: &iquest;Cu&aacute;ndo vendr&eacute; y parecer&eacute; ante la cara de todas las gracias? &iquest;Cu&aacute;ndo entrar&eacute; en el lugar de aquel tabern&aacute;culo admirable hasta la casa de mi Dios? &iquest;Cu&aacute;ndo me ver&eacute; harto con tu gloriosa presencia? &iquest;Cu&aacute;ndo por T&iacute; ser&eacute; librado de la tentaci&oacute;n y en Ti traspasar&eacute; el muro de esta mortalidad? &iexcl;Oh fuente de resplandores eternos! Vu&eacute;lveme, Se&ntilde;or, a aquel abismo de donde proced&iacute;, donde te conozca de la manera que me conociste y te ame como me amaste y te vea para siempre en compa&ntilde;&iacute;a de tus escogidos. AMEN. (Fray Lu&iacute;s de Granada) PLEGARIA A LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD OH D&Iacute;OS M&Iacute;O, TRINIDAD A QUIEN ADORO, AYUDADME A OLVIDARME ENTERAMENTE DE MI PARA ESTABLECERME EN VOS, INM&Oacute;VIL Y TRANQUILA, COMO SI MI ALMA YA ESTUVIERA EN LA ETERNIDAD; QUE NADA PUEDA TURBAR MI PAZ NI HACERME SALIR DE VOS, OH MI INMUTABLE, SINO QUE CADA MINUTO ME SUMERJA M&Aacute;S EN LA PROFUNDIDAD DE VUESTRO MISTERIO. PACIFICAD MI ALMA; HACED DE ELLA VUESTRO CIELO, VUESTRA MANSI&Oacute;N AMADA Y EL LUGAR DE VUESTRO REPOSO; QUE NUNCA OS DEJE SOLO; ANTES BIEN, PERMANEZCA ENTERAMENTE ALL&Iacute;, BIEN DESPIERTA EN MI FE, EN TOTAL ADORACI&Oacute;N, ENTREGADA SIN RESERVAS A VUESTRA ACCI&Oacute;N CREADORA. OH AMADO CRISTO M&Iacute;O, CRUCIFICADO POR AMOR, QUISERA SER UNA ESPOSA PARA VUESTRO CORAZ&Oacute;N; QUISIERA CUBRIROS DE GLORIA, QUISIERA AMAROS HASTA MORIR DE AMOR. PERO SIENTO MI IMPOTENCIA, Y OS PIDO ME REVISTAIS DE VOS MISMO, IDENTIFIQU&Eacute;IS MI ALMA CON TODOS LOS MOVIMIENTOS DE VUESTRA ALMA, ME SUMERJ&Aacute;IS, ME INVAD&Aacute;IS, OS SUSTITUY&Aacute;IS A MI, PARA QUE MI VIDA NO SEA MAS QUE UNA IRRADIACI&Oacute;N DE VUESTRA VIDA. VENID A MI COMO ADORADOR, COMO REPARADOR Y COMO SALVADOR. OH VERBO ETERNO, PALABRA DE MI DIOS, QUIERO PASAR MI VIDA ESCUCH&Aacute;NDOOS, QUIERO PONERME EN COMPLETA DISPOSICI&Oacute;N DE SER ENSE&Ntilde;ADA PARA APRENDERLO TODO DE VOS; Y LUEGO, A TRAV&Eacute;S DE TODAS LAS NOCHES, DE TODOS LOS VAC&Iacute;OS, DE TODAS LAS IMPOTENCIAS, QUIERO TENER SIEMPRE FIJA MI VISTA EN VOS Y PERMANECER BAJO VUESTRA GRAN LUZ. OH AMADO ASTRO M&Iacute;O, FASCINADME, PARA QUE NUNCA PUEDA YA SALIR DE VUESTRO RESPLANDOR. OH FUEGO ABRASADOR, ESP&Iacute;RITU DE AMOR, VENID SOBRE M&Iacute;, PARA QUE EN MI ALMA SE REALICE UNA COMO ENCARNACION DEL VERBO; QUE SEA YO PARA &Eacute;L UNA HUMANIDAD SUPLETORIA, EN LA QUE &Eacute;L RENUEVE TODO SU MISTERIO. Y VOS, OH PADRE, INCLINAOS SOBRE ESTA VUESTRA POBRECITA CRIATURA; CUBRIDLA CON VUESTRA SOMBRA; NO VE&Aacute;IS EN ELLA SINO AL AMADO, EN QUIEN HAB&Eacute;IS PUESTO TODAS VUESTRAS COMPLACENCIAS. OH MIS TRES, MI TODO, MI BIENAVENTURANZA, SOLEDAD INFINITA, INMENSIDAD EN LA QUE ME PIERDO. ENTR&Eacute;GOME SIN REVERSA A VOS COMO UNA PRESA, SEPULTAOS EN M&Iacute;, PARA QUE YO ME SEPULTE EN VOS, HASTA QUE VAYA A CONTEMPLAROS EN VUESTRA LUZ, EN EL ABISMO DE VUESTRAS GRANDEZAS. (SOR ISABEL DE LA SANTISIMA TRINIDAD, 21 NOVIENBRE 1904) DOMINGO DE PENTECOST&Eacute;S PRIMERA LECTURA: Hechos 2,1-11 &ldquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or llena todo el mundo, y &eacute;l, que mantiene todo unido, habla con sabidur&iacute;a&rdquo; Esta realidad, anunciada en el libro de la Sabidur&iacute;a, se cumpli&oacute; en toda su plenitud el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, cuando los Ap&oacute;stoles y los que estaban con ellos &ldquo;se llenaron todos de Esp&iacute;ritu Santo y empezaron a hablar en leguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Esp&iacute;ritu le suger&iacute;a&rdquo; SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 12, 3b-7. 12-13 Pentecost&eacute;s no es un episodio que se cumpli&oacute; cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s de Pascua y ha quedado ya cerrado. Pentecost&eacute;s sigue presente en la comunidad de Corinto, que, como toda la Iglesia, est&aacute; gobernada por el Esp&iacute;ritu Santo. &Eacute;l siembra de dones y carismas el coraz&oacute;n de todos los creyentes para el servicio de la comunidad. El que todos los dones procedan del Esp&iacute;ritu Santo hace que, a pesar de su diversidad, contribuyan a la construcci&oacute;n y unidad de toda la Iglesia. Pablo lo explica sirvi&eacute;ndose de la descripci&oacute;n del cuerpo humano. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN JUAN 20, 19-23 PENTECOST&Eacute;S Queridos hermanos: Estamos celebrando la festividad de Pentecost&eacute;s, la venida del Esp&iacute;ritu Santo sobre los Ap&oacute;stoles y la Virgen Madre y toda la Iglesia naciente. Y esta venida del Esp&iacute;ritu Divino, del Dios Amor, seg&uacute;n el Evangelio, se manifiesta principalmente con signos y gracias de transformaci&oacute;n interior. Por esta transformaci&oacute;n interior del Esp&iacute;ritu los ap&oacute;stoles pasaron de tener &ldquo;las puertas cerradas por miedo a los judios&rdquo;, nos dicen los evangelios, pasaron a abrirlas y predicar abiertamente a Cristo, al muerto resucitado y mira que Jes&uacute;s resucitado se les habia aparecido y manifestado de muchas maneras, pero hasta que no viene hecho vivencia de amor, vivencia del Cristo que han visto y vivido, todos permanecieron con miedo y las puertas cerradas. Y esto pas&oacute; y seguir&aacute; pasando siempre en la Iglesia a trav&eacute;s de los siglos; ya puede ser uno papa, obispo, sacerdote y religioso, y saber toda la teolog&iacute;a, ser doctor en teolog&iacute;a y dominar la Cristolog&iacute;a entera y completa, pero como no llegue a tener vivencia de todo esto interioremente por obra del Esp&iacute;ritu Santo por medio del amor de Cristo en una oraci&oacute;n un poco elevada, no solo reflexi&oacute;n, sino contemplaci&oacute;n pasiva provocada en nosotros no por nuestras facultades activas de comprensi&oacute;n e inteligencia sino pasivas, recibidas del mismo Santo Esp&iacute;ritu que vino sobre los Ap&oacute;stoles, hasta que por la oraci&oacute;n m&iacute;stica y contemplativa, esto es, viva y vivida, no lleguemos a sentir y vivir lo que sabemos por teolog&iacute;a o celebramos ritualmente o comulgamos, no tendremos experiencia del misterio que predicamos o celebramos y recibimos, no podremos contagiar de Cristo vivo, vivo y resucitado con fuego y amor de Esp&iacute;ritu Santo a nuestros hermanos, porque nadie da lo que no tiene, daremos teolog&iacute;a, conocimientos de Dios y desde luego salvaci&oacute;n, pero no experiencia de su amor, sencillamente porque no lo tenemos y a estas alturas, a esta situaci&oacute;n, como los ap&oacute;stoles, solo se llega &ldquo;estando en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a la madre de Jes&uacute;s&rdquo;, lo dicen los evangelios. 1.- Cristo manifest&oacute; repetidas veces a los ap&oacute;stoles la necesidad absoluta de recibir al Esp&iacute;ritu Santo para &ldquo;llegar a la verdad completa&rdquo; y poder cumplir la misi&oacute;n salvadora que les hab&iacute;a confiado: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&hellip; &Eacute;l os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;. Verdad completa de la fe y de la religi&oacute;n cristiana no es solo saber sino sentir y gustar la Verdad del Verbo del Padre pronunciado y venido hasta los hombres por Amor de Esp&iacute;ritu Santo. Mi pregunta es &eacute;sta: &iquest;es que Cristo, el Verbo y la Palabra del Padre no les hab&iacute;a dicho la verdad completa, no les hab&iacute;a dicho todo lo que ten&iacute;an que saber y practicar? &iquest;Qu&eacute; indica esto de que es el Esp&iacute;ritu Santo el que tiene que llevarlos a la verdad completa? &iquest; Es que &Eacute;l no puede llevarlos? Pod&iacute;amos responder aprior&iacute;sticamente diciendo que la afirmaci&oacute;n de Cristo es verdad por el mero hecho de que est&aacute; dicha por &Eacute;l. Pero es Pentecost&eacute;s lo que nos demuestra el sentido y la verdad de esta afirmaci&oacute;n de Cristo, son los efectos y gracias de Pentecost&eacute;s los que confirmaron el sentido y la verdad de lo que Cristo les dec&iacute;a. No es que Cristo no les hubiera manifestado y predicado toda la verdad, todo el evangelio. Lo que pasa es que a Cristo y su evangelio, a Cristo Eucarist&iacute;a y Sagrario, a Cristo comuni&oacute;n o teolog&iacute;a no se le comprende y descubre en verdad completa hasta que no se vive, es que los dogmas y las verdades cristianas no se comprenden hasta que no se viven; una verdad no es completa, no llega a ser verdad completa en nosotros, aunque seamos te&oacute;logos y sepamos toda la teolog&iacute;a, hasta que no se vive y experimenta. Cristo, el Evangelio, la Eucarist&iacute;a, los sacramentos, las verdades de la fe todos las creemos y nos van a salvar, nos van a salvar y est&aacute;n salvando, pero no las experimentamos, no las vivimos como las viviremos en el cielo, como la vivieron muchos santos y santas ya en la tierra y las contagiaron, sin amor y fuego y vivencia de amor de Esp&iacute;ritu Santo. Y esto solo es posible como en los Ap&oacute;stoles &ldquo;por estar reunidos en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s&rdquo;, solo por la oraci&oacute;n. Porque a Cristo, su Evangelio, la Eucarist&iacute;a, la fe cristiana no se comprende en verdad completa,repito, hasta que no se vive, aunque seas doctor en Teolog&iacute;a. ((QUERIDOS HERMANOS, aunque seamos te&oacute;logos, Dios, Cristo, la Eucaristia, la santa misa, la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica o los ratos de Sagrario con Cristo, no se comprenden perfectamente y con amor y fuego hasta que no se viven con fuego de Esp&iacute;ritu Santo; estas realidades s&oacute;lo se comprenden cuando se viven, cuando se experimentan y esto solo es posible cuando el alma cuando la persona, sea cura, obispo o papa se ha vaciado de si mismo, de su yo por el camino de la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanente en que me voy vaciando de m&iacute; mismo y Dios me va llenado de su vida y amor y conocimiento de verdad completa)). La Iglesia siempre necesita y necesitar&aacute; esta experiencia para poder comunicarla, lo vemos en este d&iacute;a de Pentecostes y en la historia de la Iglesia, almas que vivan y prediquen a Cristo y su evangelio vivido y experiemtado por la oraci&oacute;n-conversi&oacute;n permanentes de sus vidas en que se van vaciando de s&iacute; mismas para que el Esp&iacute;ritu Santo les vaya llenando de la vivencia de lo que oran y meditan de Cristo, como les pas&oacute; a los Ap&oacute;stoles; los Ap&oacute;stoles han visto su vida y sus milagros, han escuchado sus palabras y amor que le llev&oacute; hasta la muerte y resurrecci&oacute;n, le han visto y hablado resucitado, pero hasta que no viene el mismo Cristo hecho fuego de Esp&iacute;ritu Santo, hecho experiencia y llama de amor viva, permanecieron con las puertas cerradas. Pidamos que esta fiesta renueve a los ap&oacute;stoles de Cristo y a toda la Iglesia con este fuego de Pentecost&eacute;s. Lo necesitamos ahora y siempre y por todos los siglos, necesitamos Pentecost&eacute;s, la venida permanente del Esp&iacute;ritu Santo sobre la Iglesia, especialmente sobre los sacerdotes para que podamos contagiar a los dem&aacute;s. As&iacute; lo vamos a pedir a Cristo en esta santa misa siguiendo sus consejos: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&hellip; &Eacute;l os llevar&aacute; a la verdad completa&rdquo;. Que se cumplan en nosotros estos deseos de Cristo y que venga sobre la Iglesia y sobre cada uno de nosotros el Esp&iacute;ritu de amor y santidad de Dios que tanto necesimos siempre, pero especialmente en estos tiempos. Am&eacute;n, as&iacute; sea. ***************************************** PENTECOST&Eacute;S Queridos hermanos: Estamos celebrando la festividad de Pentecost&eacute;s, la venida del Esp&iacute;ritu Santo sobre los Ap&oacute;stoles y la Virgen, Madre sobre la Iglesia naciente. Y esta venida del Esp&iacute;ritu Divino, seg&uacute;n el Evangelio, se manifiesta con signos internos y externos. Los signos externos de esta venida son el viento, el ruido, las lenguas de fuego&hellip; signos sensibles de la presencia de la fuerza interna y operante del Esp&iacute;ritu, que con su impulso lo penetra todo y lo transforma. 1.- Cristo manifest&oacute; repetidas veces a los ap&oacute;stoles la necesidad absoluta de recibir al Esp&iacute;ritu Santo para &ldquo;llegar a la verdad completa&rdquo; y poder cumplir la misi&oacute;n salvadora que le ha confiado: &ldquo;porque os he dicho estas cosas, os hab&eacute;is puesto tristes, pero os digo la verdad, os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendr&aacute; a vosotros el Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Mi pregunta es &eacute;sta: &iquest;es que &Eacute;l no les hab&iacute;a dicho toda la verdad, no les hab&iacute;a dicho todo lo que ten&iacute;an que saber? &iquest;qu&eacute; indica esto de que es el Esp&iacute;ritu Santo el que tiene que llevarlos a la verdad completa? &iquest; es que &Eacute;l no puede llevarlos? Pod&iacute;amos responder aprior&iacute;sticamente diciendo que la afirmaci&oacute;n de Cristo es verdad por el mero hecho de que est&aacute; dicha por &Eacute;l. Pero es que los efectos del d&iacute;a de Pentecost&eacute;s confirmaron la verdad de lo que Cristo les hab&iacute;a dicho. No es que Cristo no les hubiera manifestado toda la verdad. Lo que ocurre es que una verdad no se comprende hasta que no se vive; una verdad no es completa hasta que no se experimenta. Cristo, el Evangelio, la Eucarist&iacute;a, los sacramentos, las verdades de la fe todos las creemos, pero s&oacute;lo se comprenden cuando se viven. A Cristo, a la Eucarist&iacute;a, el Evangelio no se comprende hasta que no se vive. Por eso, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, los Ap&oacute;stoles no recibieron ninguna verdad nueva, s&oacute;lo experimentaron lo que cre&iacute;an y celebraban en la Eucarist&iacute;a. &ldquo;Me voy y vuelvo a vosotros&rdquo;, les hab&iacute;a dicho el Se&ntilde;or. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s es el mismo Cristo el que viene, pero viene no hecho idea, ni palabra ni signos externos, sino hecho fuego, llama que se funde en llama viva con el que lo recibe y as&iacute; se llega al hond&oacute;n de las realidades y se hace una sola cosa con ellas. Pentecost&eacute;s es Cristo hecho fuego y &laquo;llama de amor viva, qu&eacute; tiernamente hieres de mi alma en el m&aacute;s profundo centro; pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro&raquo;. 2.- Hoy tambi&eacute;n es necesario un nuevo Pentecost&eacute;s sobre la Iglesia, sobre cada uno de nosotros. La mayor pobreza de la Iglesia es la pobreza m&iacute;stica, falta experiencia de Dios, sentir y vivir los que creemos y celebramos. Esto no es posible, si no nos vaciamos de tantas cosas que impiden la presencia de Dios en nosotros, porque nuestro coraz&oacute;n est&aacute; lleno de muchas cosas y no cabe Dios. Tenemos que vaciarnos de tanto yo, de tanto consumismo. Tenemos hambre de cosas, pero nos falta hambre de Dios; hemos llenado nuestro coraz&oacute;n, nuestros hogares, a nuestros hijos de todo y ahora resulta que le falta todo porque le falta Dios, que es el Todo. Hoy es necesario recorrer el camino que ordinariamente nos lleva a la verdad completa de Dios: conocer y amar a un Dios que es Padre, porque nos crea y nos da la vida; conocer y tener trato de amistad con un Dios Hijo, que nos has redimido y salvado; conocer en etapas &uacute;ltimas a un Dios que es Esp&iacute;ritu Santo que nos descubre el misterio trinitario, esto es, a un Dios Trino y Uno que nos habita: Toda mi vida, siempre he empezado toda clase de grupos, invocando la luz, fuerza, amor del Esp&iacute;ritu Santo: Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu y ser&aacute;n. .. 3.- Analicemos su nombre: Esp&iacute;ritu Santo A) Le llamamos Esp&iacute;ritu, porque no tiene rostro humano. La sagrada Escritura no presenta una imagen o retrato visible: es amor, fuerza interior, vida, es esp&iacute;ritu. Cristo dijo de &Eacute;l: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Si le dejamos vivir en nosotros, le conoceremos por sus efectos santificadores. S&oacute;lo se le puede conocer si habita en nosotros, si vive en nuestra alma como en su casa; por eso son pocos los cristianos que le conocen porque no tiene rostro y vive en lo interior: hay poca devoci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo. B) Le llamamos esp&iacute;ritu, porque es el alma, la vida de nuestra vida. Lo que es el alma para el cuerpo, as&iacute; es el Esp&iacute;ritu Santo para la Iglesia: La Iglesia, el cristiano no puede vivir sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Como no tiene rostro externo o sensible, para conocerlo hay que dejarse invadir por &Eacute;l, sentir su presencia en nuestro esp&iacute;ritu por la vida de gracia, de amor, por hacernos d&oacute;ciles a sus inspiraciones escuch&aacute;ndole en oraci&oacute;n, aceptar su acci&oacute;n santificadora dentro de nosotros: C) Santo. Santo es igual que santificador. Es la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, unir a Dios, y eso se llama santificar. Sin Esp&iacute;ritu Santo no hay cristiano ni cristianismo. Ser cristiano es &laquo;ser y vivir en el Esp&iacute;ritu&raquo;, es amar y conocer a Dios en el Amor del Esp&iacute;ritu Santo. &Eacute;l es la fuerza de toda oraci&oacute;n que se haga &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, por eso hay que invocarle siempre al empezarla, para escucharle y hacernos d&oacute;ciles a &Eacute;l. &laquo;&iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme por una nueva encarnaci&oacute;n sacramental en humanidad supletoria de Cristo para que &Eacute;l renueve y prologue en mi todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera hacer presente a Cristo, ante la mirada de Dios y de los hombres, como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres, como Redentor del mundo&raquo; 4.- Por eso hay que invocarle con frecuencia, todos los d&iacute;as. Es un signo de vida espiritual aut&eacute;ntica, pujante, encendida llamarle con frecuencia. Este era el secreto para el Cardenal Mercier: &laquo; Os voy a revelar un secreto de santidad y felicidad; si todos los d&iacute;as, durante cinco minutos, sab&eacute;is hacer callar vuestra imaginaci&oacute;n y cerrar vuestros ojos a las cosas sensibles y vuestros o&iacute;dos a todos los ruidos de la tierra para entrar en vosotros mismos y all&iacute;, en el santuario de vuestra alma, dialogar con este divino Esp&iacute;ritu, llegar&eacute;is a gran intimidad con Dios. Esta sumisi&oacute;n al Esp&iacute;ritu es el secreto de la santidad&raquo;. El cristiano es un hombre a quien el amor ha hecho entrar en la esfera de lo divin. San Ireneo se atreve a decir: &laquo;Mientras que el hombre natural est&aacute; compuesto de alma y de cuerpo, el hombre cristiano est&aacute; compuesto de alma, cuerpo y Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Ven, Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. ************************************* FIESTAS DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S JUEVES DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S: FIESTA DE JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE QUERIDOS HERMANOS: Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Este jueves es Jueves Eucar&iacute;stico y todos los jueves nos recuerdan el Jueves Santo, en que Cristo instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, pero tambi&eacute;n el sacerdocio cat&oacute;lico. Del mismo coraz&oacute;n, de un mismo impulso, aquella tarde nacieron la Eucarist&iacute;a y los encargados de hacerla presente. Porque despu&eacute;s de veinte siglos, &iquest;de qu&eacute; nos hubiera servido a nosotros tanto amor, tanta entrega, si no hubiera alguien encargado de multiplicarlo y ponerlo sobre nuestros altares? Por eso, porque en el correr de los siglos Cristo vio una multitud hambrienta de Dios, de cielo, de eternidad... Jes&uacute;s hizo a los encargados de amasar este pan, esta harina divina. Jes&uacute;s hizo a los sacerdotes, cuando les dio el mandato de seguir celebrando la Eucarist&iacute;a: &ldquo;haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&rdquo;: seguid haciendo esto mismo vosotros; por el amor que tengo a todos los hombres, seguid consagrando vosotros y vuestros sucesores esta Hostia santa. Comunicad este poder sagrado a otros. Haced que otros puedan consagrar, y as&iacute; instituy&oacute; Jes&uacute;s el sacerdocio cat&oacute;lico como prolongaci&oacute;n de su mismo sacerdocio, con poder sobre su cuerpo f&iacute;sico, la Eucarist&iacute;a, y sobre su cuerpo m&iacute;stico, la Iglesia. Qu&eacute; grandeza ser sacerdote, cu&aacute;nta gracia, cuanto poder. Cuando las almas tienen fe, se sobrecogen ante el misterio del sacerdocio, porque el sacerdote cat&oacute;lico tiene poderes divinos, trascendente, es sembrador, cultivador y recolector de eternidades, cultiva la salvaci&oacute;n &uacute;nica y trascendente del hombre, tiene el poder divino de la Eucarist&iacute;a y del perd&oacute;n de los pecados:&ldquo;Dijeron, &eacute;ste blasfema, solo Dios puede perdonar los pecados&rdquo;. Si tuvi&eacute;ramos m&aacute;s fe... &iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or! Para que nunca faltase sobre nuestros altares su ofrenda de adoraci&oacute;n al Padre, en obediencia extrema, hasta dar la vida; para que nunca pas&aacute;semos hambre de Dios, para que siempre tuvi&eacute;ramos el perd&oacute;n de los pecados, hizo a los sacerdotes, como continuadores de su misi&oacute;n y tarea. Aquella noche, de un mismo impulso de su amor, brotaron la Eucarist&iacute;a y los encargados de amasarla. Por eso est&aacute;n y deben permanecer siempre tan unidos la Eucarist&iacute;a y el sacerdocio. La Eucarist&iacute;a necesita esencialmente de sacerdote para realizarse y por eso el sacerdote nunca es tan sacerdote como cuando celebra la Eucarist&iacute;a: el sacerdocio tiene relaci&oacute;n directa con la Eucarist&iacute;a y la Eucarist&iacute;a est&aacute; pidiendo sacerdote que la realice: &ldquo;Y cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;...&rdquo; dice el Se&ntilde;or. Qu&eacute; profundo significado encierran estas palabras para todos, especialmente para nosotros, los sacerdotes. Todos debi&eacute;ramos recordarlas cuando celebramos la santa Eucarist&iacute;a: &ldquo;acordaos de m&iacute;...&rdquo; acordaos de mis sentimientos y deseos de redenci&oacute;n por todos, acordaos de mi emoci&oacute;n y amor por vosotros, acordaos de mis ansias de alimentar en vosotros la misma vida de Dios, acordaos... y nosotros, muchas veces, estamos distra&iacute;dos sin saber lo que hacemos o recibimos; bien estuvo que nos lo recordases, Se&ntilde;or, porque T&uacute; ver&iacute;as muchas distracciones, mucha rutina, muchos olvidos y desprecios, en nuestras Eucarist&iacute;as, en nuestras comuniones, distra&iacute;dos sin darte importancia en los sagrarios olvidados como trastos de la iglesia, sin presencia de amigos agradecidos. Vosotros, los sacerdotes, cuando consagr&eacute;is este pan y vosotros, los comulgantes, cuando comulgu&eacute;is este pan, acordaos de toda esta ternura verdadera que ahora y siempre siento por vosotros, de este cari&ntilde;o que me est&aacute; traicionando y me obliga a quedarme para siempre tan cerca de vosotros en el pan consagrado, en la confianza de vuestra respuesta de amor; acordaos... Nosotros, esta tarde de Jueves Santo, no te olvidamos, Se&ntilde;or, Quisi&eacute;ramos celebrar esta Eucarist&iacute;a y comulgar tu Cuerpo con toda la ternura de nuestro coraz&oacute;n, que te haga olvidar todas las distracciones e indiferencias nuestras y ajenas; nos acordamos agradecidos ahora de todo lo que nos dijiste e hiciste y sentiste y sigues sintiendo por nosotros y te recodamos y recordaremos siempre agradecidos, desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n. El sacerdocio de Cristo, el esp&iacute;ritu sacerdotal de Jes&uacute;s, su amor sacerdotal por nosotros empez&oacute; en el mismo seno de la Sant&iacute;sima Trinidad, cuando los Tres programaron manifestar el amor extremo a los hombres, hasta dar la propia vida encarnada por ellos. El fuego era de Esp&iacute;ritu Santo, de amor loco y total al Padre entristecido porque el hombre hab&iacute;a roto su amistad en el para&iacute;so y ya no pod&iacute;a entrar en la amistad con Dios Trino y Uno para la que hab&iacute;a sido creado. *********************************** DE LA EUCARIST&Iacute;A SACRAMENTO AL SACERDOTE SACRAMENTO DE CRISTO. Y desde esta comprensi&oacute;n de la Eucarist&iacute;a como presencia sacramental-mist&eacute;rica de Cristo, que condensa toda su vida y la presencializa con las palabras y gestos de la consagraci&oacute;n sobre un poco de pan y vino, hay que reflexionar tambi&eacute;n y comprender el sacerdocio como sacramento de Cristo, como signo visible de Cristo invisible, humanidad supletoria sacramental prestada a Cristo, para que pueda seguir realizando en el tiempo su misterio de Salvaci&oacute;n. &laquo;A partir de aqu&iacute;, toma el relieve justo la persona del sacerdote, el cual ofrece el &ldquo;Santo Sacrificio &lsquo;in persona Christi&rsquo; lo cual quiere decir m&aacute;s que &lsquo;en nombre&rsquo;, o tambi&eacute;n &lsquo;en vez de Cristo. &lsquo;In persona&rsquo;: es decir, en la identificaci&oacute;n espec&iacute;fica sacramental con el &lsquo;Sumo y Eterno Sacerdote&rsquo;, que es el Autor y el Sujeto principal de &eacute;ste su propio Sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 4) La Eucarist&iacute;a y el sacerdocio en Cristo son una misma realidad. Y, por eso mismo, sacerdocio y eucarist&iacute;a en nosotros deben estar vitalmente unidos, porque se fundamentan esencialmente el uno en el otro. Por el sacramento del Orden se produce como una encarnaci&oacute;n de Cristo en cada elegido, al que viene para revivir todo su misterio de adorador del Padre, de salvador de los hombres, de redentor del mundo, como consagrante en cada misa de su propio cuerpo: &ldquo;Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre&rdquo;. No el de Pedro, Juan o cualquier sacerdote sino el de Cristo que es el que consagra por medio del sacerdote, es decir, de su sacramento visible. Por el sacramento del orden el sacerdote queda configurado sacramentalmente a Cristo. El gozo sacerdotal vendr&aacute; al experimentar lo que es, de sentirse identificado con Cristo, que vive y act&uacute;a por &eacute;l, de sorprender al Padre inclinado sobre esta pobrecita criatura, que es el sacerdote, porque ha visto en &eacute;l al Amado, en quien tiene puestas todas sus complacencias. El sacerdote es un sacramento de Cristo vivo, como el pan consagrado; por fuera pan, por dentro, Cristo. Es Cristo viviendo y actuando en m&iacute;: es el &ldquo;no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&rdquo;, de San Pablo y el sacerdocio como vivencia, soy yo viviendo en Cristo, identificado con Cristo: &ldquo;Para m&iacute; la vida es Cristo&rdquo;, &ldquo;Estoy crucificado con Cristo...&rdquo; &ldquo;Haced esto en memoria de m&iacute;&rdquo;. En la misa no se repite nada: ni los deseos de Cristo de dar su vida por nosotros, ni su sufrimiento ni su ofrenda, sino que se presencializa el mismo sacerdote y la misma v&iacute;ctima del Cen&aacute;culo, de la cruz y del cielo. Por muchas celebraciones que se hagan, nunca se repite el sacrificio, siempre es el mismo, porque no se representa otra vez sino que se presencializa el mismo y &uacute;nico sacrificio ofrecido de una vez para siempre. Puede haber muchas intenciones sacerdotales en la concelebraci&oacute;n, tantas como sacerdotes, pero el sacrificio siempre es &uacute;nico y el mismo. Por lo tanto, la Eucarist&iacute;a, por ser memorial &laquo;in misterio&raquo; de la realidad <Cristo>, presencializa la misma y eterna pascua, la misma y eterna Alianza, la misma v&iacute;ctima, intenciones, deseos sacerdotales y sacrificiales, el &uacute;nico sacrificio de la cruz ya consumado y aceptado por el Padre porque le resucit&oacute; sent&aacute;ndolo a su derecha y es ya para siempre el cordero degollado y glorioso ante el trono de Dios, pura intercesi&oacute;n por nosotros y con el cual conectamos en cada misa. Es m&aacute;s, me atrevo a decir: si la vida de Cristo hombre naci&oacute; en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad como proyecto salvador de los Tres a realizar por el Verbo: &ldquo;Padre, sacrificios y ofrendas no quieres... aqu&iacute; estoy para hacer tu voluntad...&rdquo; (Hbr. 10,5) y se le dot&oacute; de un cuerpo humano: &ldquo;...pero me has dado un cuerpo&rdquo; (Ibid.) nacido de Mar&iacute;a, esa voluntad ha sido ya consumada pascualmente - mediante el paso definitivo al Padre, a los bienes escatol&oacute;gicos- esjat&oacute;n pascual y ya no hay m&aacute;s novedad posible en el mismo seno del Dios Trino y Uno (seg&uacute;n su proyecto) y el mismo fuego de Esp&iacute;ritu Santo que lo sac&oacute; del seno trinitario, lo impuls&oacute; a encamarse, lo manifest&oacute; como Hijo y lo llev&oacute; sudoroso y polvoriento por lo caminos de Palestina predicando la Buena Nueva de Salvaci&oacute;n y Eternidad para todos los hombres hasta el testimonio martirial de su vida por ellos...&rdquo;ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros...&rdquo; al ser aceptada y recibida ya esa entrega personal de Jesucristo en el mismo seno del Amor Trinitario, por el mismo Esp&iacute;ritu Santo de donde hab&iacute;a nacido.., perdura ya eternamente como sacerdote y v&iacute;ctima ofrecida, aceptada y adorada ante el trono de Dios Trino y Uno, como afirma repetidamente la liturgia del Apocalipsis. As&iacute; pues, todo el misterio de Cristo, desde que nace como, proyecto en el seno del Padre y se encarna en el seno de Mar&iacute;a: &ldquo;La Palabra estaba junto a Dios.... la Palabra se hizo carne&rdquo; (Jn.l,1;14 ) con toda su vida encarnada, con sus ansias de amor y de entrega, &ldquo;Habiendo amado a los suyos, los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo;(Lc.22,l4) y desde la Encarnaci&oacute;n hasta la Ascensi&oacute;n, especialmente pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, es lo que se hace presente, al hacer el sacerdote por el Esp&iacute;ritu Santo la memoria de Cristo como &Eacute;l quiso &laquo;recordarse y ser recordado&raquo; por sacramento memorial de su Iglesia, eternamente ante Dios y ante los hombres. Al hacerse presente todo el misterio de Cristo, cada celebrante o participante puede decir en la misa, con Santa Gertrudis, este texto que le&iacute;, cuando preparaba la charla, en la Liturgia de las Horas en el d&iacute;a de su memoria: &ldquo;Por todo ello, te ofrezco en reparaci&oacute;n, Padre amant&iacute;simo, todo lo que sufri&oacute; tu Hijo amado, desde el momento en que, reclinado sobre paja en el pesebre, comenz&oacute; a llorar, pasando luego por las necesidades de la infancia, las limitaciones de la edad pueril, las dificultades de la adolescencia, los &iacute;mpetus juveniles, hasta la hora en que, inclinando la cabeza, entreg&oacute; su esp&iacute;ritu en la cruz, dando un fuerte grito. Tambi&eacute;n te ofrezco, Padre amant&iacute;simo, para suplir todas mis negligencias, la santidad y perfecci&oacute;n absoluta con que pens&oacute;, habl&oacute; y obr&oacute; siempre tu Unig&eacute;nito, desde el momento en que, enviado desde el trono celestial, hizo su entrada en este mundo hasta el momento en que present&oacute;, ante tu mirada paternal, la gloria de su humanidad vencedora &ldquo; (Libro 2,23,1.3.5.8.10: SCh 139,330-340) (Liturgia de la Horas, IV, pags. 1370-1373) Y tambi&eacute;n, en clave de memorial, se puede rezar este texto de S. Br&iacute;gida, tomado de la Liturgia de las Horas, en su recuerdo: &laquo;Bendito seas t&uacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que anunciaste por adelantado tu muerte y, en la &uacute;ltima cena, consagraste el pan material, convirti&eacute;ndolo en tu cuerpo glorioso y por amor lo diste a los ap&oacute;stoles como memorial de tu dign&iacute;sima pasi&oacute;n Honor a ti, mi Se&ntilde;or Jesucristo, porque el temor de la pasi&oacute;n y muerte hizo que tu cuerpo inocente sudara sangre....Bendito seas t&uacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que fuiste llevado ante Caif&aacute;s... Gloria a t&iacute; por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de p&uacute;rpura y coronado de punzantes espinas... Alabanza a t&iacute;, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que te dejaste ligar a la columna para ser cruelmente flagelado... Bendito seas t&uacute;, glorificado y alabado por los siglos, mi Se&ntilde;or Jesucristo, que est&aacute;s sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de la divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros sant&iacute;simos, que tomaste de la Virgen&raquo; (Oraci&oacute;n 2: Revelationum 5. Birgittae libri, 2, Roma l628, pp.408-410). Al decir &ldquo;haced esto en memoria m&iacute;a&rdquo; el Se&ntilde;or nos quiere indicar a cada participante: acordaos de mi vida entregada al Padre por vosotros desde mi encarnaci&oacute;n hasta lo &uacute;ltimo que ahora hago presente, de mi amor loco y apasionado hasta el fin de mis fuerzas y de los tiempos.. .de mi voz y mis manos emocionadas... &ldquo;Cuantas veces hag&aacute;is esto, acordaos de m&iacute;...&rdquo; No nos olvidamos, Se&ntilde;or. Y todo esto se hace presente en cada misa y Jes&uacute;s &ldquo;se recuerda&rdquo; para la Stma. Trinidad, para &Eacute;l y para nosotros, haci&eacute;ndolo presente. As&iacute; es como Jesucristo, proyecto salvador de los hombres, sale del Padre por el Esp&iacute;ritu Santo y en la eucarist&iacute;a, vuelve a &Eacute;l, como proyecto final escatol&oacute;gico logrado por el mismo Esp&iacute;ritu en el Hijo-hombre, y en ella y por ella participamos de la &uacute;nica e irreversible devoluci&oacute;n del hombre y del mundo al Padre, que &Eacute;l, el Hijo eterno y, al mismo tiempo, verdadero hombre, hizo de una vez para siempre&rdquo;. Por eso, la Eucarist&iacute;a es Cristo entero y completo, el evangelio entero y completo, la fe cristiana entera y completa. Nada del misterio de Cristo queda fuera de la Eucarist&iacute;a. Ni siquiera el misterio de Dios Trino y Uno manifestado por el Padre enviando al Hijo movido por el Esp&iacute;ritu Santo -uni&oacute;n de la Trinidad y Eucarist&iacute;a proclamada y exigida por el Papa en este a&ntilde;o jubilar-. Todo esto, el primer impulso de amor, el proyecto en el Hijo por el Esp&iacute;ritu, la consumaci&oacute;n y la glorificaci&oacute;n eterna -&ldquo;actual&rdquo; en el cielo, se hace presente en la Eucarist&iacute;a. He hablado de la Eucarist&iacute;a, queridos amigos, en la medida en que he podido captarla y expresarla yo mismo corno creyente, no s&oacute;lo como te&oacute;logo. En definitiva, he tratado de expresarla en palabras humanas. Hay otra forma mucho mejor de presentar la eucarist&iacute;a: es la que el sacerdote hace sencillamente cuando eleva el pan consagrado y el c&aacute;liz a la vista de la asamblea y solicita de ella la fe: &ldquo;Este es el sacramento de nuestra fe&rdquo;. ****************************************** DOMINGO DESPUES DE PENTECOST&Eacute;S: SOLEMNIDAD DE LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD QUERIDOS HERMANOS: 1.- Nuestra Madre la Iglesia, como insigne maestra y pedagoga, va proponi&eacute;ndonos progresivamente en el a&ntilde;o lit&uacute;rgico los principales misterios de nuestra fe, para que, celebr&aacute;ndolos, medit&aacute;ndolos y vivi&eacute;ndolos, sirvan para mayor gloria y alabanza de Dios y santificaci&oacute;n nuestra. Despu&eacute;s de haber considerado todos los misterios de la salvaci&oacute;n &mdash;desde el nacimiento de Cristo hasta Pentecost&eacute;s en el &uacute;ltimo domingo&mdash;, la Iglesia dirige su mirada al misterio primordial del cristianismo, la Sant&iacute;sima Trinidad, principio y fin de todo el misterio y vida divina, fuente de todo don y de todo bien. Si el domingo pasado la Iglesia nos invitaba a venerar y alabar al Esp&iacute;ritu Santo en su manifestaci&oacute;n p&uacute;blica de Pentecost&eacute;s, hoy nos invita a los fieles a cantar las alabanzas y dar gracias al Dios Trino y Uno, diciendo, con mayor fe y amor que nunca, esta breve aclamaci&oacute;n, que todos los d&iacute;as repetimos, sin darle excesiva importancia: &laquo;Gloria al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Nada m&aacute;s justo, si echamos una mirada hacia atr&aacute;s, para ver todos los misterios, que han salido del Amor Trinitario del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y que hemos ido celebrando durante todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, que ha terminado. Y si, hace unos d&iacute;as, cant&aacute;bamos a Cristo resucitado que sub&iacute;a a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, y el &uacute;ltimo domingo, honr&aacute;bamos al Esp&iacute;ritu Santo, que inundaba de su fuego y su luz a la Iglesia naciente, hoy queremos adorar a los Tres, porque en consejo trinitario y en poder y sabidur&iacute;a y amor han concebido, han realizado y han consumado esta obra tan maravillosa de la creaci&oacute;n, de la salvaci&oacute;n y de la santificaci&oacute;n de los hombres. 2.- La revelaci&oacute;n de la Trinidad pertenece al Nuevo Testamento: el Antiguo intenta todo &eacute;l proclamar y exaltar la unidad de Dios: uno solo es el Se&ntilde;or. &ldquo;Reconoce y medita en tu coraz&oacute;n &mdash;se lee hoy en la primera lectura (Dt 4, 32-34. 39 40)- que el Se&ntilde;or es el &uacute;nico Dios all&aacute; arriba en el cielo, y aqu&iacute; abajo en la tierra; no hay otro&rdquo;. Y esta insistencia de Dios en la unidad de su ser y existencia tiene una raz&oacute;n pedag&oacute;gica: se ha manifestado poco a poco en su intimidad; y otra raz&oacute;n teol&oacute;gica e hist&oacute;rica: Israel viv&iacute;a en contacto con pueblos id&oacute;latras y paganos, que adoraban varios dioses y necesitaba ser advertido continuamente de esta verdad para no caer en la idolatr&iacute;a; era conveniente no dar apariencia de diversidad de dioses con el misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad. Por eso, el Antiguo Testamento celebra la grandeza de Yahv&eacute;, &uacute;nico Dios: &eacute;l es el Creador de todo el universo, el Se&ntilde;or absoluto. Nosotros podemos cantar y adorar la Trinidad en la Unidad como lo hacemos en el Prefacio de la misa de hoy: &laquo; Es justo darte gracias siempre y en todo lugar, Se&ntilde;or, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu &uacute;nico Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo eres un solo Dios, un solo Se&ntilde;or; no una sola Persona, sino tres personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque t&uacute; lo revelaste, lo afirmamos tambi&eacute;n de tu Hijo, y tambi&eacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, sin diferencia ni distinci&oacute;n. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres personas distintas, de &uacute;nica naturaleza e iguales en su dignidad&raquo;. (MISAL ROMANO, prefacio). 3.- Israel ha experimentado ampliamente el amor y la predilecci&oacute;n de Dios por su pueblo: Dios lo ha elegido para pueblo suyo, lo ha sacado de la esclavitud egipcia con prodigios admirables, le ha ofrecido su alianza, le ha concedido el privilegio de o&iacute;r su voz y gozar de su presencia. &laquo;Desde el d&iacute;a en que Dios cre&oacute; al hombre sobre la tierra, &iquest;hubo jam&aacute;s palabra tan grande como &eacute;sta?, &iquest;se oy&oacute; cosa semejante? (Dt 32). Sin embargo, el nuevo pueblo de Dios &mdash;la Iglesia&mdash; goza de privilegios mayores a&uacute;n, fruto de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios y de su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Con la venida de Cristo, Dios se revela al mundo en el misterio de su vida &iacute;ntima y de la perfecci&oacute;n y fecundidad de su acto cognoscitivo y amoroso, por el que es Padre que engendra al Verbo, su Hijo, y es comuni&oacute;n, beso y abrazo de la que procede el Esp&iacute;ritu Santo. Y la cosa m&aacute;s admirable es que Dios, Trinidad de Personas en una sola Divinidad extiende hasta nosotros esas relaciones personales, siendo Padre que nos ama en su esencia y porque nos ama nos crea: &ldquo;En esto consiste el Amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; primero&rdquo;, haci&eacute;ndonos hijos suyos en el Hijo que nos env&iacute;a y nos salva: &ldquo;Y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;, comunic&aacute;ndonos su mismo Amor, el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l&hellip;&rdquo; ese Amor Personal de Dios es el Esp&iacute;ritu Santo. 4.- Este privilegio no est&aacute; reservado a unos pocos seres privilegiados sino que se extiende a todos los hombres, todos est&aacute;n llamados a formar un solo pueblo, la Iglesia, que se extiende a todos los hombres que aceptan el mensaje de Cristo y han sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Para Dios nuestro Padre, todo bautizado no es s&oacute;lo una criatura, sino un hijo en el Hijo Amado, introducido por el Hijo Amado en la intimidad y familiaridad de la Trinidad para que viva en familia y comuni&oacute;n con las Tres divinas Personas. Esta es la Buena Noticia que Jes&uacute;s, antes de subir al cielo, orden&oacute; a sus Ap&oacute;stoles llevar a todas las gentes y bautizarlas &ldquo;en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Mt 28, 16-20). Todo hombre entra en relaci&oacute;n con la Trinidad mediante el bautismo; por eso renace a una vida nueva: hecho hijo del Padre que ha dispuesto su regeneraci&oacute;n, hermano de Cristo que se la ha merecido con la sangre de la Cruz, y templo del Esp&iacute;ritu Santo que le infunde el Esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n. Ante Dios, el bautizado no es s&oacute;lo una criatura, sino un hijo introducido en la intimidad de su vida trinitaria para que viva en sociedad con las Personas Divinas que moran en &eacute;l. 5.- Todo esto es lo que nos ense&ntilde;a San Pablo en la segunda lectura de la Carta a los Romanos. Ah&iacute; vemos a las Tres Personas Divinas en sus relaciones con el hombre. Dios Padre nos justifica por la gracia, participaci&oacute;n de su misma vida, merecida por la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo Jesucristo, y comunicada por el Esp&iacute;ritu Santo, que mora en nosotros: &ldquo;Hab&eacute;is recibido... un esp&iacute;ritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: &iexcl;Abba! (Padre). Ese Esp&iacute;ritu y nuestro esp&iacute;ritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios&rdquo; (ib 15-16). Para entrar en relaci&oacute;n con los Tres, el hombre debe creer en Jesucristo y su Evangelio y ser bautizado en el nombre de la Sant&iacute;sima Trinidad, para recibir la vida divina y poder amar a Dios como &Eacute;l nos ama y poder gozar un d&iacute;a plenamente de la gloria de los hijos de Dios, en una comuni&oacute;n sin velos de la Sant&iacute;sima Trinidad: &ldquo;Como sois hijos, Dios envi&oacute; a vuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: &iexcl;Abba! Padre&rdquo;. As&iacute; que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres tambi&eacute;n heredero por voluntad de Dios&rdquo; (Gal 4,6-7). El Esp&iacute;ritu Santo ha sido enviado a los hombres para que los transforme interiormente y los convierta en hijos a imagen del Hijo. A &Eacute;l se le atribuye esta regeneraci&oacute;n &iacute;ntima, verdadero renacer espiritual; &Eacute;l es su autor y, al mismo tiempo, su testigo, que infundiendo en el creyente la &iacute;ntima convicci&oacute;n de ser hijo de Dios, lo anima a amarle e invocarle como a Padre. Pero para que el Esp&iacute;ritu Santo pueda cumplir su obra, es necesario dejarse dirigir por &Eacute;l, como Cristo se dej&oacute; llevar por &Eacute;l durante toda su vida: &ldquo;Los que se dejan llevar por el Esp&iacute;ritu de Dios, esos son hijos de Dios&rdquo;. ************************************* DOMINGO de TRINIDAD: EL ALMA EN GRACIA QUERIDOS HERMANOS: 1.- &ldquo;Si alguno me ama guardar&aacute; mi palabra y mi Padre lo amar&aacute;, y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. &iexcl;Cu&aacute;nto y qu&eacute; verdadero debe ser el amor que Dios nos tiene que es capaz de rebajarse y pedirnos nuestro amor! Y uno se pregunta: &iquest;Pero qu&eacute; puedo yo darle a Dios que &Eacute;l no tenga? Si Dios es Dios y lo tiene y lo puede todo porque es infinito, no tiene l&iacute;mites de nada y en nada, &iquest;pero qu&eacute; le puedo dar la criatura a Dios que &Eacute;l no sea o lo tenga en grado infinito. Y Dios responde: lo tengo todo menos tu amor si t&uacute; no me lo das, porque eso es personal y yo te he dado libertad como criatura para amarme o no amarme; yo te he so&ntilde;ado para una eternidad de uni&oacute;n y gozo eterno conmigo y te he hecho libre y t&uacute; puedes hacer con tu amor lo que quieras; puedes hasta ofenderme pero yo desde que vienes a este mundo, respetando tu amor y libertad, quiero vivir en tu alma bautizada y regenerada por la gracia e inhabitada por la Santisima Trinidad y participando en la misma vida divina de nosotros Tres por las virtudes infusas y teologales de fe, esperanza y caridad que nos unen y te hacen vivir ya en la tierra unido y sintiendo a los Tres en tu alma como templo y morada de la Trinidad, vida una y trinitaria de mis tres, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, viendo y sintiendo c&oacute;mo el Padre contempl&aacute;ndo la belleza y plenitudd de su ser y esencia divina ve y contempla al Hijo como Idea e imagen perfecta y total de su mismo ser que le abraza y le besa y se funde en unidad esencial de Amor con su mismo Amor de Esp&iacute;ritu Santo en Unidad Substancial de las Tres Personas divinas con un mismo abrazo y beso de Amor de Esp&iacute;ritu Santo&hellip; Nosotros Tres como un solo ser y existir infinito en unidad de Amor queremos vivir en todos vosotros, amad&iacute;simos hijos, por el santo bautismo que os hace hijos de Dios y herederos del cielo, hijos con nuestra misma vida de belleza y amor Trinitario, ya desde tu santo bautismo, que te hace por la gracia en tu alma morada de la Santisima Trinidad por el gran sacramento del santo bautismo, hoy poco valorado y despreciado por muchos, potenciando esta morada sentida y vivida por muchas alma por las tres virtudes teologales fe, esperanza y caridad, que te unen a Dios Trinidad, empezando ya en la tierra por el santo bautismo y la oraci&oacute;n contemplativa que te purifica y te hace ver en tu alma y vvir y sentir la misma vida de la Trinidad en el cielo pero aqu&iacute; participada de forma limitada por ser criaturas, una vida de amor y amistad eterna que se prologar&aacute; ya para siempre en mi misma esencia y eternidad y ya para siempre contemplada y vivida en gloria celestia con los Tres, vida de amor y gozo en Dios Trinidad que ya no teminar&aacute; nunca porque la eternidad empieza en el tiempo por la gracia del santo bautismo pero se perfecciona y consuma en la misma vida y eternidad de los Tres en su esencia divina y trinitaria. Hermanos, Dios nos ama y no habita, toda persona en gracia de Dios desde el santo bautismo es templo y morada de la Sant&iacute;sima Trinidad: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro presente en mi alma, ayudarme a olvidarme en m&iacute;&hellip; Dice San Juan: &ldquo;Dios es Amor&hellip; en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que &Eacute;l nos am&oacute; primero y envi&oacute; a su hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo;. Queridos hermanos, que Dios existe, que es infinito en todo, que nosotros no podemos darle nada que &Eacute;l no tenga pero El quiere darse totalmente a nosotros&hellip; y por eso Dios es Amor infinito, el Amor m&aacute;s grande que existe y puede existir, porque nos ama no por necesidad de nada sino solo por amor gratuito, para llenarnos de su mismo amor y felicidad y gozo infinito trinitario en di&aacute;logo perpetuo de amor del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, pero ya desde este mundo: almas contemplativas que por la oraci&oacute;n van llegando a estas cimas de uni&oacute;n con la Trinidad y tienen ya en este mundo experiencia de Dios Trinidad. Dios me ha amado y me ha destinado a vivir su mismo amor y felicidad en el seno de la Sant&iacute;sima Trinidad. Cosa que yo no comprendo, porque Dios es ser infinito en amor y en via, no tiene necesidad de nada ni de nadie, nos supera a todo los creado y recreado por gracia, nos supera en amor y gozo y generosidad y en todo, nos supera infinitamente en ser y existir, no tiene en nada absolutamente necesidad del hombre para ser feliz. Y este es el proyecto de Dios sobre el hombre. Dios me ha amado y me ha elegido a compartir con &Eacute;l su misma esencia de vida, de belleza y de gozo en el volc&aacute;n infinito de su divina esencia, contemplando paisajes de luz y esplendor en su Imagen perfecta que el Hijo con su mismo amor de Esp&iacute;ritu Santo. Si yo le doy entrada en mi coraz&oacute;n al Hijo, &Eacute;l es Hijo porque el Padre est&aacute; eternamente am&aacute;ndole y cre&aacute;ndole como Hijo y &Eacute;l le hace Padre con el mismo Amor de los Tres que es el Esp&iacute;ritu Santo. Lo que ocurre, hermanos, es que hoy muchos cristianos, sobre todo, chicas y chicos j&oacute;venes de este tiempo, qu&eacute; diferencia de mi juventud en que las chicas guardaban la castidad hasta el matrimonio porque se sent&iacute;an morada de Dios y se casaban v&iacute;rgenes, hoy los j&oacute;venes cristianos no piesan ni saben esta verdad fundamental de la fe cat&oacute;lica: la inhabitaci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Trinidad en toda alma que esta en gracia de Dios, sin pecado grave. Por eso, no se pueden separar ninguna de las Personas de la Sant&iacute;sima Trinidad. Si yo amo al Hijo, estoy amando al Padre que esencial y continua y eternamente lo engendra como Hijo en el mismo amor que el Hijo le hace Padre, Esp&iacute;ritu Santo. Y de ese mismo amor participo yo por la gracia, que es vida de Dios participada del Hijo por su mismo Amor de Esp&iacute;ritu Santo. Qu&eacute; bien lo han comprendido y vivido muchos santos, como lo comprendi&oacute; y vivi&oacute; Sor Isabel de la Sant&iacute;sima Trinidad por su oraci&oacute;n m&iacute;stica y contemplativa, sin haber estudiado teolog&iacute;a: &ldquo;Oh Dios m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierto en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora&rdquo;. A) Para llegar a la vivencia de este misterio de vida divina y trinitaria, para sentir a la S. Trinidad que vive en nosotros por gracia desde el Bautismo si no la hemos echado fuera de nuestra alma por el pecado mortal o tapado por los pecados veniales, hay que correr el camino de la oraci&oacute;n-purificaci&oacute;n-transformaci&oacute;n: todo por la oraci&oacute;n. Pero para hablar de esto, tengo escrito algunos libros, as&iacute; que nos quedamos adorando en fe y el que pueda en contemplaci&oacute; de amor a los tres que nos habitan: el cielo en la tierra. 2.- &ldquo;Si alguno me ama&hellip;&rdquo; Dios quiere que el hombre le ame y para gan&aacute;rselo le ha enviado a su Hijo, y con &Eacute;l viene su Amor, esto es, su mismo Amor que es Esp&iacute;ritu Santo, y as&iacute; vienen los Tres, viene toda la Trinidad al coraz&oacute;n del que le ame. Y esto no es pura teor&iacute;a; primero porque lo dice el Se&ntilde;or y segundo porque en la historia de la Iglesia personas verdaderamente cristianas, almas todas de oraci&oacute;n purificaci&oacute;n , muchos bautizado santos, m&iacute;sticos que han llegado a sentirse habitados por la Sant&iacute;sima Trinidad en su alma, en su coraz&oacute;n, porque en el santo bautismo todos fuimos hechos templos de la Sant&iacute;sima Trinidad. San Ireneo dir&aacute;: &laquo;La gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es ver a Dios&raquo;, esto es, ver y contemplar en su alma la esencia divina vivida en los Tres.&hellip;&raquo;. 3.- &ldquo;Cuando venga el Par&aacute;clito, el Esp&iacute;ritu Santo que enviar&aacute; el Padre en mi nombre, ser&aacute; quien os lo ense&ntilde;e todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho&rdquo;. Analicemos su nombre: Esp&iacute;ritu Santo a) Le llamamos Esp&iacute;ritu, porque no tiene rostro humano. La sagrada Escritura no presenta una imagen o retrato visible del Esp&iacute;ritu de Dios: es amor, fuerza interior, vida, es esp&iacute;ritu. Cristo dijo de &Eacute;l: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Si le dejamos vivir en nosotros, le conoceremos por sus efectos santificadores. S&oacute;lo se le puede conocer si habita en nosotros, si vive en nuestra alma como en su casa; por eso son pocos los cristianos que le conocen porque no tiene rostro y vive en lo interior: hay poca devoci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo. b) Le llamamos esp&iacute;ritu, porque es el alma, la vida de nuestra vida. Lo que es el alma para el cuerpo, as&iacute; es el Esp&iacute;ritu Santo para la Iglesia: es el principio de todo en el hombre, de su vida, de su inteligencia, de su amor; sin embargo, muchas veces no llegamos a descubrirle, porque nos quedamos en el exterior de nosotros, de la Iglesia, de los sacramentos. La Iglesia, el cristiano, no puede vivir sin el Esp&iacute;ritu de Cristo. Como no tiene rostro externo o sensible, para conocerlo hay que dejarse invadir por &Eacute;l, sentir su presencia en nuestro esp&iacute;ritu por la vida de gracia, hacernos d&oacute;ciles a sus inspiraciones escuch&aacute;ndole en oraci&oacute;n, aceptar su acci&oacute;n santificadora dentro de nosotros: &laquo; &iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Amor sustancial del Padre y del Hijo, Amor increado, que habitas en las almas justas! Ven sobre m&iacute; con un nuevo Pentecost&eacute;s, tray&eacute;ndome la abundancia de dones, de tus frutos, de tu gracia y &uacute;nete a m&iacute; como Esposo dulc&iacute;simo de mi alma. Yo me consagro a ti totalmente: inv&aacute;deme, t&oacute;mame, pos&eacute;eme toda. S&eacute; luz penetrante que ilumine mi entendimiento, suave moci&oacute;n que atraiga y dirija mi voluntad, energ&iacute;a sobrenatural que d&eacute; vigor a mi cuerpo. Completa en m&iacute; tu obra de santificaci&oacute;n y de amor. Hazme pura, transparente, sencilla, verdadera, pac&iacute;fica, suave, quieta y serena, aun en medio del dolor, ardiente caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh ardiente de caridad hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Ven, oh Esp&iacute;ritu vivificante, sobre esta pobre sociedad y renueva la faz de la tierra, preside las nuevas orientaciones, danos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar. Asiste a tu Iglesia, dale santos sacerdotes, fervorosos ap&oacute;stoles; solicita con suaves invitaciones a las almas buenas, s&eacute; dulce tormento a las almas pecadoras, consolador refrigerio a las almas afligidas, fuerza y ayuda a las tentadas, luz a las que est&aacute;n en las tinieblas y en las sombras de la muerte&raquo; (SOR CARMELA del ESP&Iacute;RITU SANTO). c) Santo. Santo es igual que santificador. Es la misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, unir a Dios, y eso se llama santificar. Sin Esp&iacute;ritu Santo no hay cristiano ni cristianismo. Ser cristiano es &laquo;ser y vivir en el Esp&iacute;ritu&raquo;, es amar y conocer a Dios en el Esp&iacute;ritu Santo y la Verdad: Jesucristo. &Eacute;l es la fuerza de toda oraci&oacute;n que se haga &ldquo;en esp&iacute;ritu y verdad&rdquo;, por eso hay que invocarle siempre al empezarla, para escucharle y hacernos d&oacute;ciles a &Eacute;l. Y nos santifica como alma de nuestra alma y de nuestra vida, como fuerza que va desde dentro hacia el exterior: &laquo;&iexcl;Oh Esp&iacute;ritu Santo, Fuego de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro y me consagro totalmente a T&iacute;! Qu&eacute;mame, abr&aacute;same por dentro con tu fuego transformante y convi&eacute;rteme por una nueva encarnaci&oacute;n sacramental en humanidad supletoria de Cristo para que &Eacute;l renueve y prolongue en m&Iacute; todo su misterio de Salvaci&oacute;n. Quisiera hacer presente a Cristo, ante la mirada de Dios y de los hombres, como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres, como Redentor del mundo&raquo;. 4.- Queridos hermanos, &iquest;qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia de Pentecost&eacute;s que Jes&uacute;s nos promete y quiere para todos su disc&iacute;pulos? Primero pedir con insistencia el Esp&iacute;ritu Santo al Padre, en nombre del Se&ntilde;or Resucitado, como &Eacute;l nos lo mand&oacute;, y luego, esperar que el Padre responda, esperar siempre en oraci&oacute;n, en di&aacute;logo, en espera activa, no de brazos cruzados, porque la esperanza, la oraci&oacute;n verdaderamente cristiana es siempre acci&oacute;n por la contemplaci&oacute;n, es suscitar di&aacute;logo con el Se&ntilde;or, deseos de &Eacute;l, pensamientos y fuerzas para seguir trabajando; la oraci&oacute;n, si es oraci&oacute;n y no puro ejercicio mental, es siempre gracia eficaz de Dios y la necesitamos siempre para nosotros, para nuestra parroquia, apostolado y necesidades de todo tipo; la oraci&oacute;n y la liturgia verdaderas siempre son din&aacute;micas, siempre es estar con &Eacute;l para enviarnos a predicar. Se preguntaba San Buenaventura: &iquest;Sobre qui&eacute;n viene el Esp&iacute;ritu Santo? Y contestaba con su acostumbrada concisi&oacute;n: &laquo;Viene donde es amado, donde es invitado, donde es esperado&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; significa decir &iexcl;Ven! a alguien que ya hemos recibido en el Bautismo, Confirmaci&oacute;n, Orden sacerdotal&hellip; decir &ldquo;ven&rdquo; a quien tenemos presente dentro de nosotros? Santo Tom&aacute;s de Aquino nos da una explicaci&oacute;n teol&oacute;gica de las nuevas &ldquo;venidas&rdquo; del Esp&iacute;ritu Santo en nosotros. Observa, ante todo, que el Esp&iacute;ritu Santo &laquo;viene no porque se desplace de lugar, sino porque por gracia empieza a estar de un modo nuevo en aquellos a quienes convierte en templos suyos.&raquo; Textualmente: &laquo;Hay una misi&oacute;n invisible del Esp&iacute;ritu cada vez que se produce un avance en la virtud o un aumento de gracia. Cuando uno, impulsado por un amor ardiente, se expone al martirio o renuncia a sus bienes, o emprende cualquier otra cosa ardua y comprometida&raquo;. (I, q 43,a 6) Y KarL Rahner a&ntilde;ade: &laquo;No podemos negar que el hombre puede hacer en esta vida ciertas experiencias de gracia, que le dan una sensaci&oacute;n de liberaci&oacute;n, le abren horizontes del todo nuevos, se graban profundamente en &eacute;l y le transforman, moldeando, incluso durante mucho tiempo, su actitud cristiana m&aacute;s &iacute;ntima. Nada impide llamar a esta experiencia &ldquo;bautismo del Esp&iacute;ritu&rdquo;. Pentecost&eacute;s es el primer bautismo del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or Jesucristo Resucitado y sentado a la derecha del Padre, con el mismo poder y amor que &Eacute;l. Jes&uacute;s al anunciarlo antes de la Ascensi&oacute;n, dijo: &ldquo;Juan bautiz&oacute; con agua, pero vosotros ser&eacute;is bautizados con Esp&iacute;ritu Santo dentro de pocos d&iacute;as&rdquo;. Toda su obra mesi&aacute;nica consiste en derramar el Esp&iacute;ritu sobre la tierra. As&iacute; lo dijo en la sinagoga de Cafarna&uacute;n. &iquest;Qu&eacute; hace falta para que tambi&eacute;n nosotros podamos tener esta experiencia pentecostal? Primero, pedir con insistencia, como he dicho, el Esp&iacute;ritu Santo al Padre por el Hijo resucitado y glorioso, sentado a su derecha como &Eacute;l nos encomend&oacute;. Y luego esperarlo reunidos con Mar&iacute;a y la Iglesia en oraci&oacute;n personal y comunitaria, en la acci&oacute;n y oraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Esperarlo y pedirlo, porque la iniciativa siempre es de Dios &ldquo;&hellip; y el viento nadie sabe de d&oacute;nde viene ni a d&oacute;nde va&rdquo;. ************************************ SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD: QUERIDOS HERMANOS: 1.- Hoy, fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad, voy a hablar para todos, pero especialmente para las hermanas dominicas contemplativas. Nuestra Madre la Iglesia, como insigne maestra y pedagoga, va celebrando progresivamente durante el a&ntilde;o lit&uacute;rgico los misterios principales de nuestra fe, para que, medit&aacute;ndolos y celebr&aacute;ndolos, lleguemos a vivirlos, y vivi&eacute;ndolos, sirvan para mayor gloria y alabanza de Dios y santificaci&oacute;n nuestra y de toda la Iglesia, raz&oacute;n principal de la vida contemplativa, esto es, de unas mujeres y hombres, que renunciando al mundo y al matrimonio, se sumergen en la soledad de un convento para entregarse totalmente a Dios y vivir totalmente para la santificaci&oacute;n personal y de la Iglesia, mediante su vida de oraci&oacute;n y santidad, es decir, queridas dominicas, vuestra vida es una entrega total y para siempre a Dios, como esposas de Cristo, dedic&aacute;ndoos a la oraci&oacute;n y sacrificio para la mayor gloria de Dios y santificaci&oacute;n personal y de la iglesia. Si el domingo pasado la Iglesia nos invitaba a venerar y esperar al Esp&iacute;ritu Santo como los Ap&oacute;stoles en oraci&oacute;n, hoy nos invita a todos los fieles a vivir la vida de gracia y descubrir que por la gracia que es la vida de Dios en nosotros, sentirnos habitados por la Sant&iacute;sima Trinidad, como lo dijo el Se&ntilde;or y lo han vivido y lo viven las almas de oraci&oacute;n profunda, como ten&eacute;is que ser todas vosotras: &ldquo; Si alguno me ama, mi Padre&hellip;&rdquo;. Y si, hace unos d&iacute;as, cant&aacute;bamos a Cristo resucitado que sub&iacute;a a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, y el &uacute;ltimo domingo, honr&aacute;bamos al Esp&iacute;ritu Santo, que inundaba de su fuego y su luz a la Iglesia naciente, hoy queremos adorar a los Tres, al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo, porque en consejo trinitario han decidido habitar en todas las almas que viven en gracia de Dios desde el santo bautismo que nos perdona los pecados y nos llena de la vida de Dios, de la Sant&iacute;sima Trinidad. En mi juventud y primeros a&ntilde;os de mi sacerdocio, os dir&iacute;a que hasta los a&ntilde;os ochenta muchos cristianos, sobre todo, las mujeres, la chicas se sent&iacute;an templos de Dios y guardaban la castidad hasta el matrimonio, para no arrojar a Dios Trinidad de sus almas, de su coraz&oacute;n. Cosa que hoy no existe y esta era la raz&oacute;n fundamental de la falta de vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa, cosa que hasta los a&ntilde;os 80 no exist&iacute;a este problema para los seminarios y los conventos; hoy, sin vida de oraci&oacute;n y castidad en infancia y juventud, hay una escased angustiosa de vocaciones y se est&aacute;n cerrando muchos conventos y seminaris cada a&ntilde;o. En Plasencia no tenemos seminario y algunos conventos han cerrado. Qu&eacute; pena. 2.-Mirad, hay una realidad misteriosa, pero verdadera y revelada por el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que muchos cristianos han vivido intensamente en su vida; es la inhabitaci&oacute;n de Dios en nuestras almas, en nuestra vida y en nuestros sentimientos. Lo revel&oacute; el mismo Se&ntilde;or: &ldquo;Si alguno me ama, mi padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo;. Y en esta misma l&iacute;nea van otras afirmaciones de Jes&uacute;s: &ldquo;Que todos sean uno, como t&uacute;, Padre en m&iacute; y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros&rdquo;; &ldquo;No os dejar&eacute; hu&eacute;rfanos, vendr&eacute; a vosotros; en aquel d&iacute;a conocer&eacute;is que yo estoy en el Padre, yo en vosotros y vosotros en m&iacute;&hellip; y yo rogar&eacute; al Padre y os dar&aacute; otro abogado que estar&aacute; con vosotros para siempre, vosotros le conocer&eacute;is porque permanecer&aacute; con vosotros y estar&aacute; con vosotros&rdquo; (Jn 19, 21-25). Es todo un regalo de la bondad de Dios nuestro Padre para con los que le aman con todo el coraz&oacute;n. Vosotras religiosas est&aacute;is llamadas a esto, para eso venis al convento, a la vida contemplativa. San Pablo manifestar&aacute; esta misma vivencia y verdad con innumerables textos: &ldquo;&iquest;No sab&eacute;is que sois templos de Dios y que el Esp&iacute;ritu Santo habita en vosotros?; &ldquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;, y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&rdquo;; &ldquo;No entristezc&aacute;is al Esp&iacute;ritu Santo que mora en vosotros&rdquo;. Sentirse habitados por Dios, primero en la tierra y luego en el cielo, es la meta de la vida cristiana. Lo que pasa es que de esto, de la inhabitaci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Trinidad en las almas por la vida de gracia y cumplimiento de los mandamientos, se habla poco, porque no se vive, incluso en las parte elevadas de la iglesia, religiosos, sacerdotes, almas consagradas. 3.- &iquest;Por qu&eacute; falla la vivencia de este misterio entre los cristianos? &iquest;Por qu&eacute; no es tan frecuente como debiera? Realmente hay que confesar que la experiencia de este misterio pertenece a la cumbre de la m&iacute;stica, de la vida de gracia, en su fase m&aacute;s elevada. La raz&oacute;n de todo est&aacute; en que la vida de gracia se queda en semilla en nuestros corazones, el amor a Dios, a los hermanos, la humildad, la vida de oraci&oacute;n y conversion permanente, absolutamente necesarias para llegar a la vivencia de Dios en nosotros&hellip; y al no convertirse en &aacute;rbol frondoso esta semilla, las verdades de la fe se quedan a medias, en &ldquo;verdad incompleta&rdquo;, al faltar la experiencia de los que creemos, y no llegamos a la plenitud de los Ap&oacute;stoles en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, que sin estar Cristo presente predicando le sintieron con m&aacute;s fueza en su coraz&oacute;n que viendole incluso resucitado, de hecho, Cristo se les hab&aacute; aparecido y permanecieron encerrados con miedo, cuando viene el Espiritu Santo, la vivencia de Cristo en su coraz&oacute;n&hellip; abren la puertas y salen a predicar y todos dieron la vida por &Eacute;l. Y para eso, para que Cristo, la Sants&iacute;ma Trinidad nos puede llenar, el &uacute;nico camino es la oraci&oacute;n y conversi&oacute;n permanente, el vaciarnos de nosotros mismos para que Dios pueda habitar en nosotros mismos, de nuestras envidias, murmraciones, cr&iacute;tica y dem&aacute;s, para llenarnos solo de su amor y vivencia por la gracia y las virtudes sobrenaturales de la fe, la esperanza y la caridad. San Juan de la Cruz es el doctor en estas noches y purificaciones que hay que pasar hasta llegar a estas alturas de transfiguraci&oacute;n y transformaci&oacute;n en Dios hasta poder decir: &laquo;Qued&eacute;me y olvid&eacute;me, el rostro reclin&eacute; sobre el amado; ces&oacute; todo y dej&eacute;me mi cuidado, dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado&raquo;. Para San Juan de la Cruz, Santa Teresa y todos los m&iacute;sticos, la falta esencial de todo esto es la falta de oraci&oacute;n, no haber ascendido por el monte de la oraci&oacute;n o no haber entrado hasta las moradas &uacute;ltimas para entrar y encontrarnos con Dios en el aposento m&aacute;s &iacute;ntimo de las moradas de Dios en nosotros. Y si la falta de oraci&oacute;n impide el desarrollo de la vida de gracia y amistad con Dios, lo peor de todo es el pecado, que pone una separaci&oacute;n, una pared de kil&oacute;metros de ancha para unirse a Dios: &ldquo;Los limpios de coraz&oacute;n ver&aacute;n a Dios&rdquo;. Cuando el alma est&aacute; en gracia es como una piscina limpia, se refleja perfectamente el rostro de Dios en nosotros. Por eso es necesaria la purificaci&oacute;n de los pecados, incluso las mismas ra&iacute;ces que no se ven ni manifiestan. Los pecados veniales consentidos impiden la uni&oacute;n total con Dios y por lo tanto su experiencia. 4.- La experiencia de la Sant&iacute;sima Trinidad. En mis tiempos de Seminario le&iacute; un libro que me impact&oacute; y me hizo mucho bien, porque trataba de estas alturas que yo no comprend&iacute;a pero me entusiasmaba y me encend&iacute;a. Se titulaba la DOCTRINA ESPIRITUAL DE SOR ISABEL DE LA TRINIDAD. Fue una joven francesa que entr&oacute; en el Carmelo de Gij&oacute;n y tom&oacute; el nombre de Sor Isabel de la Trinidad por la devoci&oacute;n a este misterio y porque se sent&iacute;a habitada por Dios. Hace unos a&ntilde;os ha sido beatificada. He de decir que en ella primero fue la experiencia y luego la inteligencia del misterio de la inhabitaci&oacute;n de Dios en su alma. Porque estas verdades no se comprenden hasta que no se viven. Por eso nos quedamos sin comprender muchas verdades de nuestra fe, porque no las vivimos. Y mira que lo dijo claro el Se&ntilde;or: &ldquo;Si alguno me ama, mi Padre le amar&aacute; y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&rdquo; (Jn 14,23). Pero esto s&oacute;lo es posible por el Esp&iacute;ritu Santo. Y tambi&eacute;n lo dijo el Se&ntilde;or: &ldquo;Le conocer&eacute;is porque permanece en vosotros&rdquo;. Sor Isabel de la Trinidad fue una de esas almas luminosas y heroicas, que saben adherirse a una de esas grandes verdades, las m&aacute;s sencillas y vitales, lo mismo que Santa Teresita, permaneciendo ni&ntilde;a toda la vida ante el amor de Dios Padre, y encuentran en ella bajo la apariencia de vida sencilla y ordinaria, el secreto de una vida sant&iacute;sima totalmente unida a Dios. Para ella, la inhabitaci&oacute;n de Dios en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su alma fue la gran realidad de su vida espiritual. Lo dice ella misma con estas palabras: &laquo;La Trinidad, he ah&iacute; nuestra morada, nuestra &laquo;casa&raquo;, la casa paterna de la que no debemos salir nunca&hellip; Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios est&aacute; en lo m&aacute;s profundo de mi alma. El d&iacute;a que comprend&iacute; esto, todo se ilumin&oacute; dentro de m&iacute;&raquo;. 5.- Y para vivir estos misterios, como buena disc&iacute;pula de San Juan de la Cruz, sab&iacute;a que el camino eran las virtudes teologales y la purificaci&oacute;n de las mismas. Escrib&iacute;a: &laquo;Para acercarse a Dios hay que creer. La fe es la sustancia de las cosas que hay que esperar y la convicci&oacute;n de las que no se ven. San Juan de la Cruz dice que la fe nos sirve de pies para ir a Dios y que sin la posesi&oacute;n de Dios es todo oscuro. S&oacute;lo ella puede darnos verdaderas luces sobre Aquel que amamos; y nuestra alma debe escogerla como medio para llegar a la uni&oacute;n bienaventurada&rdquo;. El desarrollo de la fe, esperanza y caridad es lo que constituye la vida m&iacute;stica. La v&iacute;spera de su muerte pod&iacute;a escribir: &laquo;Creer que un ser que se llama Amor habita en nosotros en todo instante del d&iacute;a y de la noche y que nos pide que vivamos en Sociedad con &Eacute;l, he ah&iacute;, os lo conf&iacute;o, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado&raquo;. Y esa fue toda su breve vida de carmelita. &laquo;Todo mi ejercicio, escrib&iacute;a ella, es entrar adentro y perderme en los que est&aacute;n ah&iacute;. &iexcl;Lo siento tan vivo en mi alma! No tengo m&aacute;s que recogerme para encontrarlos dentro de m&iacute;. Eso es lo que constituye toda mi felicidad&raquo;. &laquo; Llevamos nuestro cielo en nosotros, puesto que Aquel que sacia a los glorificados en la luz de la visi&oacute;n, se da a nosotros, en la fe y en Misterio. Es el mismo. Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios est&aacute; en mi alma. El d&iacute;a que comprend&iacute; esto, todo se ilumin&oacute; para mi y quisiera decir este secreto en voz muy baja a todos los que amo&hellip;&raquo;. Al acercarse la fiesta lit&uacute;rgica de la Sant&iacute;sima Trinidad, la invad&iacute;a una fuerza irresistible. Durante esa semana la tierra no exist&iacute;a para ella. Dec&iacute;a: &laquo;Esta fiesta de los Tres es por cierto la m&iacute;a. Para m&iacute; no hay otra cosa que se le parezca. En este gran misterio te doy cita para que sea nuestro centro... Que el Esp&iacute;ritu Santo te transporte al Verbo, que el Verbo te conduzca al Padre, para que seas consumada en el Uno, como suced&iacute;a verdaderamente con Cristo y nuestros santos&rdquo;. En este d&iacute;a celebramos la Jornada de la Vida contemplativa, para dar gracias a Dios por tantas personas &ndash;hombres y mujeres&ndash; que han consagrado su vida a la alabanza divina en el claustro o en la soledad erem&iacute;tica. Estas personas nos recuerdan a todos que si Dios se ha abajado hasta nosotros, es para que vivamos pendientes de &eacute;l como lo &uacute;nico necesario para el hombre. Con facilidad nos distraemos de lo fundamental y nos enredamos en tantas cosas que nos despistan. Los contemplativos nos recuerdan, haci&eacute;ndolo vida en sus vidas, que Dios es lo &uacute;nico necesario, y que todo lo dem&aacute;s nos vendr&aacute; por a&ntilde;adidura. &ldquo;S&oacute;lo Dios&rdquo; repet&iacute;a San Rafael Arnaiz. &ldquo;Quien a Dios tiene, nada le falta. S&oacute;lo Dios basta&rdquo;, dec&iacute;a Santa Teresa de Jes&uacute;s. &ldquo;Evangelizamos orando&rdquo; es el lema de esta Jornada. La evangelizaci&oacute;n, que lleva consigo obras de caridad, de predicaci&oacute;n y de culto, debe ir acompa&ntilde;ada por la oraci&oacute;n. Y los contemplativos nos lo recuerdan. En nuestra di&oacute;cesis de C&oacute;rdoba hay monasterios y ermita&ntilde;os, monjas de clausura y contemplativas de distintos carismas. En esta Jornada queremos agradecerles su vocaci&oacute;n y su misi&oacute;n en la Iglesia. &iexcl;Nos hacen tanto bien! Con mi afecto y mi bendici&oacute;n Oh, sant&iacute;sima Trinidad. ************************************ PLEGARIA A LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD Oh D&iacute;os m&iacute;o, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de m&iacute; para establecerme en vos, inm&oacute;vil y tranquila, como si mi alma ya estuviera en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja m&aacute;s en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma; haced de ella vuestro cielo, vuestra mansi&oacute;n amada y el lugar de vuestro reposo; que nunca os deje solo; antes bien, permanezca enteramente all&iacute;, bien despierta en mi fe, en total adoraci&oacute;n, entregada sin reservas a vuestra acci&oacute;n creadora. Oh amado Cristo m&iacute;o, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro coraz&oacute;n; quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia, y os pido me revist&aacute;is de vos mismo, identifiqu&eacute;is mi alma con todos los movimientos de vuestra alma, me sumerj&aacute;is, me invad&aacute;is, os sustituy&aacute;is a m&iacute;, para que mi vida no sea m&aacute;s que una irradiaci&oacute;n de vuestra vida. Venid a m&iacute; como adorador, como reparador y como salvador. Oh Verbo Eterno, palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuch&aacute;ndoos, quiero ponerme en completa disposici&oacute;n de ser ense&ntilde;ada para aprenderlo todo de vos; y luego, a trav&eacute;s de todas las noches, de todos los vac&iacute;os, de todas las impotencias, quiero tener siempre fija mi vista en vos y permanecer bajo vuestra gran luz. &iexcl;Oh amado astro m&iacute;o! fascinadme, para que nunca pueda ya salir de vuestro resplandor. Oh fuego abrasador, Esp&iacute;ritu de amor, venid sobre m&iacute;, para que en mi alma se realice una como Encarnaci&oacute;n del Verbo; que sea yo para &eacute;l una humanidad supletoria, en la que &eacute;l renueve todo su misterio. Y vos, oh Padre, inclinaos sobre esta vuestra pobrecita criatura; cubridla con vuestra sombra; no ve&aacute;is en ella sino al amado, en quien hab&eacute;is puesto todas vuestras complacencias. Oh mis Tres, mi todo, mi bienaventuranza, soledad infinita, inmensidad en la que me pierdo. Entr&eacute;gome sin reserva a vos como una presa, sepultaos en m&iacute;, para que yo me sepulte en vos, hasta que vaya a contemplaros en vuestra luz, en el abismo de vuestras grandezas. (Sor Isabel de la Sant&iacute;sima Trinidad, 21 noviembre 1904). ********************************************* DOMINGO SEGUNDO DESPU&Eacute;S DE PENTECOST&Eacute;S: SOLEMNIDAD DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO QUERIDOS HERMANOS: El Papa Juan Pablo II ha declarado este a&ntilde;o 2005 a&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a: Hoy es la festividad del Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or y debemos celebrar esta fiesta con toda nuestra devoci&oacute;n. La mejor manera de hacerlo es mirar con amor encendido a Cristo en su presencia eucar&iacute;stica, desde nos est&aacute; expresando su amor, entreg&aacute;ndonos su salvaci&oacute;n y d&aacute;ndose permanentemente en amistad a todos los hombres. &Eacute;l se qued&oacute; por nosotros en la Eucarist&iacute;a con amor extremo y nosotros, al menos hoy, debemos corresponder a tanto amor, ador&aacute;ndole, vener&aacute;ndole, agradeciendo todo su amor y entrega. CORPUS CHRISTI: QUERIDOS HERMANOS: Con gozo y emoci&oacute;n estamos celebrando la festividad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es decir, de Jesucristo vivo en el pan eucar&iacute;stico. Esta fiesta del Cuerpo de Cristo es una festividad de precepto para toda la Iglesia Universal, manifestando as&iacute; la importancia que tiene para la vida cristiana y para toda la Iglesia la veneraci&oacute;n y adoraci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo en su presencia eucar&iacute;stica. 1.- Jesucristo Eucarist&iacute;a, viviente en el Pan consagrado, en todos los Sagrarios de la tierra, es la mayor prueba de amor a los hombres, despu&eacute;s de su Encarnaci&oacute;n, muerte y Resurrecci&oacute;n, sobre todo, sabiendo adem&aacute;s que no ser&iacute;a correspondido en amor, no digo por los no creyentes, sino incluso por muchos de los que nos llamamos cat&oacute;licos y seguidores suyos. Med&iacute;talo tu mismo: t&uacute; le visitas, t&uacute; crees que Jesucristo, hijo de Dios y Salvador de los hombres est&aacute; en el Sagrario, el mismo que est&aacute; en el cielo con los nuestros, el que estuvo en Palestina, c&oacute;mo correspondes t&uacute;, el pueblo cristiano, a Cristo vivo y real aqu&iacute; presente, tantas iglesias cerradas y sagrarios abandonados incluso por los mismos (sacerdotes), a pesar de la emoci&oacute;n del Se&ntilde;or al quedarse con nosotros y de t&aacute;ntos y t&aacute;ntos milagros hechos en la Eucarist&iacute;a a trav&eacute;s de la historia? Jesucristo, Hijo de Dios y &Uacute;nico Salvador del mundo, quiso quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos en el pan consagrado, como lo hab&iacute;a prometido despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y de los peces y realiz&oacute; esta promesa en la noche del Jueves Santo, diciendo: Esto es mi cuerpo, esta es m sangre, y como &Eacute;l es Dios as&iacute; se hizo y lo sigue haciendo ahora por medio de los sacerdotes. En la Eucarist&iacute;a y en todos los sagrarios de la tierra est&aacute; presente el mismo Cristo venido del seno del Padre, nacido de Mar&iacute;a Virgen, muerto y resucitado por nosotros. No est&aacute; como en Palestina, con presencia temporal y mortal sino que est&aacute; ya glorioso y resucitado, como est&aacute; desde la resurrecci&oacute;n, triunfante y celeste, sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros y esper&aacute;ndonos siempre, desde el Sagrario, lleno de amor, con los brazos abiertos para abrazarnos y escucharnos a todos, como as&iacute; le sienten muchas almas &iquest;entonces para qu&eacute; quiso quedarse en el Sagrario? Para esperarte a ti, y a ti y a todos. Y &eacute;l es Dios... El mismo Cristo que contemplan los bienaventurados en el cielo, es el que nosotros adoramos y contemplamos por la fe en el pan consagrado. Permanece as&iacute; entre los hombres cumpliendo su promesa:&ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. Dice Santo Tom&aacute;s de Aquino en el oficio de las Horas de este d&iacute;a: &laquo;En la &uacute;ltima cena, despu&eacute;s de haber celebrado la Pascua con sus disc&iacute;pulos, cuando iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituy&oacute; este sacramento, como el memorial perpetuo de su pasi&oacute;n... el m&aacute;s grande de los milagros... y les dej&oacute; este sacramento como consuelo incomparable a quienes su ausencia llenar&iacute;a de tristeza...&raquo; El sacramento de la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y presencia de amistad es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene al mismo Cristo, el Evangelio entero y completo, la salvaci&oacute;n entera y completa, que se hace presente para hacernos part&iacute;cipes de su misma vida, alimentando y transformado nuestras vidas, cristific&aacute;ndolas, haci&eacute;ndolas suyas, salv&aacute;ndolas. 2.- En este d&iacute;a del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos fijamos y veneramos especialmente la Eucarist&iacute;a como presencia de Cristo en el pan consagrado, como sacramento permanente en el sagrario. Dice San Cirilo de Jerusal&eacute;n: &laquo;No veas en el pan y en el vino meros elementos naturales, porque el Se&ntilde;or ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos vean otra cosa&raquo; (Catequesis mistag&oacute;gicas, IV,6:SCh 126, 138) Cantemos con el doctor Ang&eacute;lico: &laquo;Adorote devote, latens Deitas&raquo;, Te adoro devotamente, oculta Divinidad, porque el que te contempla con fe desfallece de amor. Ante este misterio de amor infinito de un Dios al hombre, la raz&oacute;n humana experimenta toda su limitaci&oacute;n. Esta Presencia de Jes&uacute;s Sacramentado junto a nosotros, en nuestras iglesias, junto a nuestras casas y nuestras vidas, debe convertirse en el centro espiritual de toda la comunidad cristiana, de toda parroquia y de todo cristiano. Cuando estamos junto al Sagrario estamos junto a Cristo glorioso, con la misma intimidad que si estuvi&eacute;ramos en el cielo en su presencia. Por eso se ha dicho que el sagrario es la puerta del cielo y as&iacute; los experimentan muchas almas, puesto que el cielo es Dios y el mismo Hijo de Dios que contemplan los bienaventurados del cielo, el mismo, vivo y resucitado, lo experimentamos nosotros como amigo y confidente en todos los sagrarios de la tierra. Por eso esta presencia del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a debe ser amada, correspondida y respetada por todos los creyentes con mucho cuidado, con mucho amor, porque nos jugamos toda nuestra vida cristiana y de amistad con &Eacute;l ya en la tierra. Queridos hermanos, termino esta homil&iacute;a repitiendo lo que siento: me gustar&iacute;a que todos los creyentes visitaran al Se&ntilde;or todos los d&iacute;as en el Sagrario y que vinieran a misa los domingos y comulgaran con amor. Es Dios, lo ha dado todo por nosotros, est&aacute; para llevarnos al cielo:&rdquo;El que coma de este pan, vivir&aacute; eternamente; d&eacute;mosle nosotros tambi&eacute;n nuestro amor y compa&ntilde;&iacute;a. El Sagrario es Jesucristo vivo y celeste, am&aacute;ndonos hasta el final de los tiempos, es el cielo en la tierra. ADORADO SEA JESUCRISTO EN EL SANT&Iacute;SIMO SACREMENTO DEL ALTAR, SEA POR SIEMPRE BENDITO Y ADORADO. ********************************************** ******************************************************* LA EUCARIST&Iacute;A COMO PRESENCIA. 1.- Cuando celebramos la Eucarist&iacute;a, despu&eacute;s de haber comulgado, el pan consagrado se guarda en el sagrario para la comuni&oacute;n de los enfermos y para la veneraci&oacute;n de los fieles. All&iacute; permanece el Se&ntilde;or vivo y resucitado en Eucarist&iacute;a perfecta, es decir, no est&aacute;ticamente, como si fuera un cuadro, una imagen, sino vivo, din&aacute;mico, ofreciendo al Padre su vida por nosotros, intercediendo por todos, dando su vida por los hombres. Es un misterio, un sacramento permanente de amor y salvaci&oacute;n. Pablo VI en su enc&iacute;clica Mysterium fidei nos dice: &laquo;Durante el d&iacute;a, los fieles no omitan la visita al Sant&iacute;simo Sacramento... La visita es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoraci&oacute;n a Cristo Nuestro Se&ntilde;or, all&iacute; presente&raquo;. Cada uno de nosotros puede decirle al Se&ntilde;or: Se&ntilde;or, s&eacute; que est&aacute;s ah&iacute;, en el sagrario. S&eacute; que me amas, me miras, me proteges y me esperas todos los d&iacute;as. Lo s&eacute;, aunque a veces viva olvidando esta verdad y me porte como T&uacute; no mereces ni yo debiera. Quisiera sentir m&aacute;s tu presencia y ser atrapado por este ardiente deseo, que se llama Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, porque cuando se tiene, ya no se cura. Quiero saber, Se&ntilde;or, por qu&eacute; me buscas as&iacute;, por qu&eacute; te humillas tanto, por qu&eacute; vienes en mi busca haci&eacute;ndote un poco de pan, una cosa, humill&aacute;ndote m&aacute;s que en la Encarnaci&oacute;n, en que te hiciste hombre. T&uacute; que eres Dios y todo lo puedes &iquest;Por qu&eacute; te has quedado aqu&iacute; en el sagrario? &iquest;Qu&eacute; puedo yo darte que T&uacute; no tengas? 2.- Y Jes&uacute;s nos dice a todos algo que no podemos comprender bien en la tierra sino que tenemos que esperar al cielo para saberlo: Lo tengo todo menos tu amor, si T&uacute; no me lo das. Y sin ti no puedo ser feliz. Vine a buscarte y quiero encontrarte para vivir una amistad eterna que empieza en el tiempo. Y es que debemos de valer mucho para el Padre, por lo mucho que nos ama y ha sufrido por nosotros el Hijo. Nosotros no nos valoramos todo lo que valemos. Solo Dios sabe lo que vale el hombre para &Eacute;l: &ldquo;En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &Eacute;l no am&oacute; primero y envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n de nuestros pecados&rdquo; (1Jn 4,3). Entonces, Se&ntilde;or, si yo valgo tanto para Ti, m&aacute;s que lo que yo me valoro y valoro a mis hermanos, ay&uacute;dame a descubrirlo y a vivir s&oacute;lo para Ti, que tanto me quieres, que me quieres desde siempre y para siempre, porque T&uacute; me pensaste desde toda la eternidad. Quiero desde ahora escucharte en visitas hechas a tu casa, quiero contarte mis cosas, mis dudas, mis problemas, que ya los sabes, pero que quieres escucharlos nuevamente de m&iacute;, quiero estar contigo, ay&uacute;dame a creer m&aacute;s en Ti, a quererte m&aacute;s y esperar y buscar m&aacute;s tu amistad: Est&aacute;te, Se&ntilde;or, conmigo, siempre, sin jam&aacute;s partirte, y, cuando decidas irte, ll&eacute;vame, Se&ntilde;or, contigo, porque el pensar que te ir&aacute;s, me causa un terrible miedo, de si yo sin ti me quedo, de si t&uacute; sin m&iacute; te vas. Ll&eacute;vame en tu compa&ntilde;&iacute;a, donde t&uacute; vayas, Jes&uacute;s, porque bien s&eacute; que eres t&uacute; la vida del alma m&iacute;a; si tu vida no me das, yo s&eacute; que vivir no puedo, ni si yo sin ti me quedo, ni si t&uacute; sin m&iacute; te vas. 3.- Las puertas del sagrario son para muchas almas las puertas del cielo y de la eternidad ya en la tierra, las puertas de la esperanza abiertas; el sagrario para la parroquia y para todos los creyentes es &ldquo;la fuente que mana y corre&rdquo;, aunque no lo veamos con los ojos de la carne, porque la Eucarist&iacute;a supera la raz&oacute;n, sino por la fe, que todo lo ve y nos lo comunica; el sagrario es el man&aacute; escondido ofrecido en comida siempre, ma&ntilde;ana y noche, es la tienda de la presencia de Dios entre los hombres. Siempre est&aacute; el Se&ntilde;or, bien despierto, intercediendo y continuando la Eucarist&iacute;a por nosotros ante el altar de la tierra y el altar del Padre en el cielo. Por eso no me gusta que el sagrario est&eacute; muy separado del altar y tampoco me importar&iacute;a si est&aacute; sobre un altar en que ordinariamente no se ofrece la misa. El sagrario para la parroquia es su coraz&oacute;n, desde donde extiende y comunica la sangre de la vida divina a todos los feligreses y al mundo entero. Lo dice Cristo, el evangelio, la Iglesia, los santos, la experiencia de los siglos y de los m&iacute;sticos. As&iacute; los expresa S. Juan de la Cruz: Qu&eacute; bien s&eacute; yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche. Aquesta fonte est&aacute; escondida, en este pan por darnos vida, aunque es de noche. Aqu&iacute; se est&aacute; llamando a las criaturas, y de este agua se hartan aunque a oscuras, porque es de noche. Aquesta eterna fonte que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche. Para S. Juan de la Cruz, como para todos los que quieran adentrarse en el misterio de Dios, tiene que ser a oscuras de todo lo humano; tiene que ser por la fe, que es oscura para el entendimiento, limitado para entender y captar al Dios infinito. Por eso hay que ir hacia Dios &ldquo;toda ciencia trascendiendo&rdquo;, para meterse en el Ser y el Amor Infinitos que todo lo supera. Para las almas que llegan a estas alturas, s&oacute;lo hay una realidad superior a estos ratos de oraci&oacute;n silenciosa y contemplativa ante el sagrario: la Eternidad en el Dios Trinitario, la visi&oacute;n cara a cara de la Sant&iacute;sima Trinidad en su esencia infinita, en el &eacute;xtasis trinitario y eterno, hasta donde es posible a la pura criatura. Por eso, aunque nosotros no lo comprendamos, muchas de estas almas desean de verdad morir para ir a Dios, porque los bienes de esta vida no les dicen nada. Es lo m&aacute;s l&oacute;gico y f&aacute;cil de comprender: &laquo;Vivo sin vivir en m&iacute; y de tal manera espero, que muero porque no muero. S&aacute;came de aquesta vida, mi Dios y d&aacute;me la muerte, no me tengas impedida en este lazo tan fuerte, mira que peno por verte y mi mal es tan entero, que muero porque no muero&raquo;. Solo desean el encuentro total con Cristo, a quien han llegado a descubrir en la Eucarist&iacute;a y ya no quieren otra compa&ntilde;&iacute;a. Nosotros, si tuvi&eacute;ramos estas vivencias, tambi&eacute;n lo desear&iacute;amos. Es cuesti&oacute;n de amor. Si subi&eacute;ramos hasta esas cumbres, nos quemar&iacute;amos tambi&eacute;n. Para eso hay que purificarse mucho, en el silencio, sin testigos ni excusas ni explicaciones, renunciando a nuestras soberbia, envidia, ira, lujuria.., solo deseando al Se&ntilde;or y cumplir su voluntad. Hay que dejar que el Se&ntilde;or desde el sagrario nos vaya diciendo y quitando nuestros pecados, sin echarnos para atr&aacute;s. &ldquo;Los limpios de coraz&oacute;n ver&aacute;n a Dios.&rdquo; Sentirse amado es la felicidad humana. Sentirse amado por Dios es la felicidad suprema, que desborda la capacidad del hombre limitado. Queridos hermanos y hermanas: Jes&uacute;s lo hab&iacute;a prometido: &ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. Y S. Juan nos dice en su evangelio que Jes&uacute;s: &ldquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo...&rdquo; hasta el extremo de su amor y fuerzas, dando su vida por nosotros, y hasta el extremo de los tiempos, permaneciendo con nosotros en el pan consagrado de todos los sagrarios de la tierra. Las almas de Eucarist&iacute;a, las almas despiertas de fe y amor a Cristo son felices, a&uacute;n en medio de pruebas y sufrimientos en la tierra, porque su coraz&oacute;n se lo ha robado el Se&ntilde;or y ya no saben vivir sin &ldquo;&iquest;Por qu&eacute;, pues has llagado aqueste coraz&oacute;n, no lo sanaste? Y, pues me lo has robado, &iquest;por qu&eacute; as&iacute; lo dejaste y no tomas el robo que robaste?&rdquo; (C.9) &iexcl;Se&ntilde;or, pues me has robado el coraz&oacute;n, s&eacute; un ladr&oacute;n honrado y ll&eacute;vame ya contigo! ***************************************** QUERIDOS HERMANOS: Con gozo y emoci&oacute;n estamos celebrando la festividad del Corpus Christi, del Cuerpo y Sangre del Se&ntilde;or. 1.- Jesucristo, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, quiso quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos en el pan consagrado, como lo hab&iacute;a prometido despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y de los peces y realiz&oacute; esta promesa en la noche del Jueves Santo. En la Eucarist&iacute;a y en todos los sagrarios de la tierra est&aacute; presente el mismo Cristo venido del seno del Padre, nacido de Mar&iacute;a Virgen, muerto y resucitado por nosotros. No est&aacute; como en Palestina, con presencia temporal y mortal sino que est&aacute; ya glorioso y resucitado, como est&aacute; desde la resurrecci&oacute;n, triunfante y celeste, sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros desde el sagrario y en el cielo. El mismo Cristo que contemplan los bienaventurados en el cielo, es el que nosotros adoramos y contemplamos por la fe en el pan consagrado. Permanece as&iacute; entre los hombres cumpliendo su promesa:&ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. El sacramento de la Eucarist&iacute;a como misa, comuni&oacute;n y presencia de amistad es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene al mismo Cristo, el evangelio entero y completo, la salvaci&oacute;n entera y completa, que se hace presente para hacernos part&iacute;cipes de su vida, alimentando y transformando nuestras vidas, cristific&aacute;ndolas, haci&eacute;ndolas como la suya. En este d&iacute;a del Cuerpo y de la Sangre del Se&ntilde;or nos fijamos y veneramos especialmente la Eucarist&iacute;a como presencia de Cristo en el pan consagrado, como sacramento permanente en el Sagrario: &laquo;No veas -exhortaba san Cirilo de Jerusal&eacute;n- en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque el Se&ntilde;or ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otra cosa&raquo; (Catequesis mistag&oacute;gicas, IV,6:SCh 126, 138) 2.-&laquo;Adoro te devote, latens Deitas, seguiremos cantando con el Doctor Ang&eacute;lico. Esta Presencia de Jes&uacute;s Sacramentado junto a nosotros, en nuestras iglesias, junto nuestras vidas, debe convertirse en el centro espiritual de toda la comunidad cristiana, de toda la parroquia y de todo cristiano. Cuando estamos junto al Sagrario estamos con la misma intimidad que si estuvi&eacute;ramos en el cielo en su presencia. Por eso se ha dicho que el Sagrario es la puerta del cielo y as&iacute; lo experimentan muchas almas, puesto que el cielo es Dios y el mismo Hijo de Dios que contemplan los bienaventurados del cielo, el mismo, vivo, vivo y resucitado, lo experimentamos nosotros como amigo y confidente en el Sagrario. Y esta presencia del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a debe ser amada, correspondida y respetada y tratada por todos los creyentes con mucho cuidado, con mucho amor. Al entrar en la iglesia hay que mirar al Sagrario con amor, tenemos que guardar silencio y compostura en su presencia, pensar y vivir en esos momentos para &Eacute;l, hacer bien la genuflexi&oacute;n, siempre que podamos, como signo de adoraci&oacute;n y reconocimiento. Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; lo has dado todo por nosotros, con amor extremo hasta dar la vida. Tambi&eacute;n nosotros queremos darlo todo por Ti, porque&hellip;. **************************************** HOMIL&Iacute;A DEL CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS: Este a&ntilde;o es el a&ntilde;o de la Eucarist&iacute;a y hoy es la fiesta del CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO, la fiesta de su presencia amiga en medio de los hombres. El pueblo cat&oacute;lico, en estos tiempos tan malos para la fe, va perdiendo poco a poco la clave de su identidad cristiana, que es Cristo Eucarist&iacute;a. Por eso se secan tantas vidas de j&oacute;venes y adultos bautizados, porque se alejan de la &laquo;fuente que mana y corre, aunque es de noche. Aquesta fonte est&aacute; escondida, en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche&raquo;.(Por la fe) Creo que en este d&iacute;a, en que vamos a llevar por nuestras calles y plazas a Jesucristo Eucarist&iacute;a, nosotros, los cat&oacute;licos creyentes y convencidos, debemos exponer con claridad, con valent&iacute;a y sin complejos, los motivos de nuestra fe y amor a la Eucarist&iacute;a. Y si alguien nos preguntase por qu&eacute; cantamos, adoramos y sacamos en procesi&oacute;n este pan consagrado, nosotros respondemos con toda claridad: 1.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Amor del Padre que me pens&oacute; para una Eternidad de felicidad con &Eacute;l, y, roto este primer proyecto por el pecado de Ad&aacute;n, me envi&oacute; a su propio Hijo, para recuperarlo y rehacerlo, pero con hechos maravillosos que superan el primer proyecto, como es la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, de su presencia permanente entre los hombres. Por eso, la adoramos y exponemos p&uacute;blicamente al &ldquo;amor de los amores&rdquo;: &ldquo;Me quedar&eacute; con vosotros hasta el final de los tiempos&rdquo;. 2.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Amor del Hijo que se hizo carne por m&iacute;, para revelarme y realizar este segundo proyecto del Padre, tan maravilloso que la Liturgia Pascual casi blasfema y como si se alegrase de que el primero fuera destruido por el pecado de los hombres: &laquo;&iexcl;Oh feliz culpa, que nos mereci&oacute; un tan grande Salvador!&raquo; La Eucarist&iacute;a y la Encarnaci&oacute;n de Cristo tienen muchas cosas comunes. La Eucarist&iacute;a es una encarnaci&oacute;n continua de su amor en entrega a los hombres. 3.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el Cuerpo, sangre, alma y Divinidad de Cristo, que sufri&oacute; y muri&oacute; por m&iacute; y resucit&oacute; para que yo tuviera comuni&oacute;n de vida y amor eternos con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su propio Hijo para que no perezca ning&uacute;n de los que creen en &Eacute;l&rdquo;; &ldquo;Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan, vivir&aacute; para siempre... vivir&aacute; por m&iacute;...&rdquo; &laquo;La Eucarist&iacute;a es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jes&uacute;s anuncia por primera vez esta comida, los oyentes se quedaron asombrados y confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus palabras: &laquo;En verdad, en verdad os digo: si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre, y no beb&eacute;is su sangre, no tendr&eacute;is vida en vosotros&raquo; (Jn 6,53). No se trata de alimento metaf&oacute;rico: &laquo;Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida&raquo;&rdquo; (Jn 6,55) (Ecclesia de Eucharistia 16)&raquo;. 4.- PORQUE EN ESE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; Jesucristo vivo, vivo y resucitado, que antes de marcharse al cielo... &ldquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&rdquo;. Y en la noche de la &Uacute;ltima Cena, cogi&oacute; un poco de pan y dijo: &ldquo;Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre que se derrama por vosotros&rdquo; y como &Eacute;l es Dios, as&iacute; se hizo y as&iacute; permanece por los siglos, como pan que se reparte con amor, como sangre que se derrama en sacrificio para el perd&oacute;n de nuestros pecados. &laquo;La eficacia salv&iacute;fica del sacrificio se realiza cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Se&ntilde;or. De por s&iacute;, el sacrificio eucar&iacute;stico se orienta a la &iacute;ntima uni&oacute;n de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comuni&oacute;n: le recibimos a &Eacute;l mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que &Eacute;l ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, &laquo;derramada por muchos para perd&oacute;n de los pecados&raquo; (Mt 26,28). Recordemos sus palabras: &laquo;Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, tambi&eacute;n el que me coma vivir&aacute; por m&iacute;&raquo;. Jes&uacute;s mismo nos asegura que esta uni&oacute;n, que &Eacute;l pone en relaci&oacute;n con la vida trinitaria, se realiza efectivamente&raquo; (Ecclesia de Eucharistia 16). 5.- PORQUE EN ESTE PAN EUCAR&Iacute;STICO est&aacute; el precio que yo valgo, el que Cristo ha pagado para rescatarme; ah&iacute; est&aacute; la persona que m&aacute;s me ha querido, que m&aacute;s me ha valorado, que m&aacute;s ha sufrido por m&iacute;, el que m&aacute;s ha amado a los hombres, el &uacute;nico que sabe lo que valemos cada uno de nosotros, porque ha pagado el precio por cada uno. Cristo es el &uacute;nico que sabe de verdad lo que vale el hombre, la mayor&iacute;a de los pol&iacute;ticos, de los fil&oacute;sofos, de tanto pseudo-salvadores, cient&iacute;ficos y cantama&ntilde;anas televisivos no valoran al hombre, porque no lo saben ni han pagado nada por &eacute;l ni se han jugado nada por &eacute;l; si es mujer, vale lo que valga su f&iacute;sico, y si es hombre, lo que valga su cartilla, su dinero, pero ninguno de esos da la vida por m&iacute;. El hombre es m&aacute;s que hombre, m&aacute;s que esta historia y este espacio, el hombre es eternidad. Solo Dios sabe lo que vale el hombre. Porque Dios pens&oacute; e hizo al hombre, y porque lo sabe, por eso le ama y entreg&oacute; a su propio Hijo para rescatarlo. &iexcl;Cu&aacute;nto valemos! Valemos el Hijo de Dios muerto y resucitado, valemos la Eucarist&iacute;a. 6.- Porque &laquo;&hellip; en la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, pascua y pan vivo que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (PO 6). &laquo;...los otros sacramentos, as&iacute; como todos los ministerios eclesi&aacute;sticos y obras de apostolado, est&aacute;n &iacute;ntimamente unidos a la Sagrada Eucarist&iacute;a y a ella se ordenan.&rdquo; &ldquo;Ninguna Comunidad cristiana se construye si no tiene su ra&iacute;z y quicio en la celebraci&oacute;n de la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a, por la que debe, consiguientemente, comenzar toda educaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu de comunidad&raquo; (PO 5 y 6). Por todo ello y mil razones m&aacute;s, que no caben en libros sino s&oacute;lo en el coraz&oacute;n de Dios, los cat&oacute;licos verdaderos, los que creen de verdad y viven su fe, adoramos, visitamos y celebramos los misterios de nuestra fe y salvaci&oacute;n y nos encontramos con el mismo Cristo Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a. Queridos hermanos, en este d&iacute;a del Corpus expresemos nuestra fe y nuestro amor a Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a por las calles de nuestra ciudad, mientras cantamos: &laquo;adoro te devote, latens deitas&raquo;: Te adoro devotamente, oculta divinidad, bajo los signos sencillos del pan y del vino, porque quien te contempla con fe, se extas&iacute;a de amor. &iexcl;Adorado sea el Sant&iacute;simo Sacramento del Altar! 7.-Esta presencia de Cristo no se puede experimentar y vivir con gozo desde los sentidos, s&oacute;lo la fe viva y despierta por el amor nos lleva poco a poco a reconocerla y descubrirla y gozar al Se&ntilde;or, al Amado, bajo las especies del pan y del vino. &ldquo;&iexcl;Es el Se&ntilde;or!&rdquo; exclam&oacute; el ap&oacute;stol Juan en medio de la penumbra y niebla del lago de Genesaret despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, mientras los otros disc&iacute;pulos, menos despiertos en la fe y en el amor, no lo hab&iacute;an descubierto. Si no se descubre su presencia y se experimenta, para lo cual no basta una fe heredada y seca sino que hay que pasar a la fe personal e iluminada por el fuego del amor, el sagrario se convierte en un trasto m&aacute;s de la iglesia y una vida eucar&iacute;stica pobre indica una vida cristiana y un apostolado pobre, incluso nulo. Qu&eacute; vida tan distinta en un seglar, sobre todo en un sacerdote, qu&eacute; apostolado tan diferente entre una catequista, una madre, una novia eucar&iacute;stica y otra que no ha encontrado todav&iacute;a este tesoro y no tiene intimidad con el Se&ntilde;or. Conversar y pasar largos ratos con Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a es vital y esencial para mi vida cristiana, sacerdotal, apost&oacute;lica, familiar, profesional, para ser buen hijo, buen padre, buena madre cristiana. A los pies del Sant&iacute;simo, a solas con &Eacute;l, con la luz de la lamparilla de la fe y del amor encendidos, aprendemos las lecciones de amor y de entrega, de humildad y paciencia que necesitamos para amar y tratar a todos y tambi&eacute;n poco a poco nos vamos encontrando con el Cristo del Tabor en el que el Padre tiene sus complacencias y nosotros, como Pedro, Santiago y Juan, alg&uacute;n d&iacute;a luminoso de nuestra fe, cuando el Padre quiera, oiremos su voz desde el cielo de nuestra alma habitada por los TRES que nos dice: &ldquo;&Eacute;ste es mi Hijo, el amado, escuchadle.&rdquo; 8.- Venerando y amando a Jesucristo Eucarist&iacute;a, no solo me encuentro con &Eacute;l, me voy encontrando poco a poco tambi&eacute;n con todo el misterio de Dios, de la Sant&iacute;sima Trinidad que le env&iacute;a por el Padre, para cumplir su proyecto de Salvaci&oacute;n, por la fuerza y potencia amorosa del Esp&iacute;ritu Santo, que lo forma y consagra en el seno de Mar&iacute;a y en el pan y en el vino, y se nos manifiesta y revela como Palabra y Verbo de Dios, que nos revela todo el misterio de Dios. Vener&aacute;ndole, yo doy gloria al Padre, a su proyecto de Salvaci&oacute;n, que le ha llevado a manifestarme su amor hasta el extremo en el Hijo muy amado, Palabra pronunciada y velada y revelada para m&iacute; en el sagrario por su Amor personal que es el Esp&iacute;ritu Santo y al contemplarle en esos momentos de soledad y de Tabor, iluminado yo por esa Palabra pronunciada con Amor y por el Amor, el Padre no ve en m&iacute; sino al Amado en quien ha puesto todas sus complacencias. ********************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Celebramos en estos d&iacute;as la gran fiesta del Corpus Christi. Es una fiesta que brota del Jueves santo, cuando Jes&uacute;s reunido para la &Uacute;ltima Cena con sus disc&iacute;pulos, instituy&oacute; el sacramento de la Eucarist&iacute;a y el sacramento del Orden sacerdotal, al tiempo que nos dejaba el mandato del amor fraterno. Es una fiesta de gran gozo en honor de nuestro Se&ntilde;or. Es una fiesta para agradecer un don tan inmenso. Es una fiesta para revisar nuestro acercamiento a este divino sacramento, si lo hacemos en condiciones apropiadas y si produce el fruto que pretende. Tenerlo tan cerca que hasta lo puedo tocar es un signo de su cercan&iacute;a. Pero puede tambi&eacute;n prestarse a considerarlo ordinario y rutinario, porque nos acostumbr&aacute;semos a convertir lo siempre extraordinario en cotidiano. Necesitamos esta fiesta para dejarnos invadir por el asombro, al considerar que Jes&uacute;s est&aacute; vivo y glorioso aqu&iacute; en el sacramento, y que a trav&eacute;s de este ingenioso invento &Eacute;l se hace contempor&aacute;neo todos nosotros, a todos los hombres, eternamente joven para cada uno de nosotros, en cada generaci&oacute;n, para acompa&ntilde;arnos en el camino de la vida. Eso es lo que queremos expresar y vivir en las procesiones del Sant&iacute;simo Sacramento, este a&ntilde;o m&aacute;s reducida por las circunstancias de la pandem&iacute;a que estamos viviendo. En el sacramento eucar&iacute;stico Jes&uacute;s cumple su palabra de estar con nosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo. ((Por eso, c&oacute;mo hemos notado no poder acercarnos a recibirlo sacramentalmente durante estos meses de pandemia.)) Que la fiesta de este Corpus nos acerque a &eacute;l en nuestra parroquia, en nuestra comunidad, en la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, en la celebraci&oacute;n de la santa Misa. Queridos hermanos: Necesitamos sentirlo cerca, poder abrazarlo, comerlo sacramentalmente, digerir y asimilar este alimento de vida eterna en el silencio de nuestro coraz&oacute;n, en ratos largos de oraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante el Sagrario, entablar ese di&aacute;logo de amor con quien sabemos que nos ama. El amor de Cristo hacia cada uno de nosotros no es una teor&iacute;a, no son bellas palabras. Es una realidad muy consoladora que todos podemos experimentar. Cuando profundizamos en ella, constatamos que este amor le ha llevado a Jes&uacute;s a entregar su vida por m&iacute; y por todos los pecadores, para hacernos caer en la cuenta del absurdo del pecado, del desastre de nuestro alejamiento de Dios. No olvidemos que lo empez&oacute; a celebrar en la Cena del Jueves santo, pocas horas antes de empezar su Pasi&oacute;n y Muerte. Y al mismo tiempo, teni&eacute;ndolo cerca, que podamos percibir los abundantes bienes que trae consigo estar con &eacute;l, abrir nuestro coraz&oacute;n a su presencia y a su acci&oacute;n todopoderosa, saciar nuestra hambre y nuestra sed de su amor sin medida. Queridos hermanos y hermanas, hemos nacido para amar y ser amados. La Eucarist&iacute;a es punto de encuentro de esta necesidad vital tan honda. Comer la carne gloriosa de Cristo nos sit&uacute;a en clima eucar&iacute;stico, es decir, de ofrenda, de entrega. No comemos la carne de Cristo para la autocomplacencia, sino para dejarnos contagiar de la entrega que le ha movido a Jesucristo a dar su vida por m&iacute;, por nosotros. Para qu&eacute; vale la vida, sino para entregarla en amor, para gastarla por Dios para los dem&aacute;s. Jesucristo nos introduce en la perspectiva de la vida eterna, que ya ha comenzado por el bautismo y no acabar&aacute; nunca, y ni siquiera quedar&aacute; truncada por la muerte porque &Eacute;l la ha superado con su muerte y resurrecci&oacute;n que hace presente en la santa misa. Y &Eacute;l da la vida y nos alimenta con su cuerpo resucitado, pan de vida eterna, cumpliendo as&iacute; su misi&oacute;n de redimirnos a los que pasamos de la vida de esclavos por el pecado para llevarnos a la libertad gozosa de hijos de Dios, por eso la comuni&oacute;n hay que recibirla en gracia con Dios. Y as&iacute; a nosotros la Eucaristia nos infunde ese dinamismo de donaci&oacute;n de s&iacute; mismo, de gastar la propia vida para que otros tengan vida, nos empuja al amor fraterno que brota de la Eucarist&iacute;a ofrecida y comida en la comuni&oacute;n, nos conduce al amor fraterno, tal como Cristo nos lo ha ense&ntilde;ado: &ldquo;Amaos unos a otros, como yo os he amado&rdquo;, y ese amor incluye el amor incluso a los enemigos. No podemos odiar a nadie porque el Cristo que comulgamos y ofrecemos en la misa y visitamos dio la vida por ellos en la cruz: Padre, perd&oacute;nales, porque no saben lo que hacen. Los que comulgamos no podemos tener odio ni rencor a nadie, hay que perdonar a todos como el Cristo que comulgamos. Por eso el amor cristiano no es un entretenimiento, ni es un juego. El amor cristiano es &ldquo;darse hasta hacerse da&ntilde;o&rdquo; como dec&iacute;a Sta. Teresa de Calcuta. Y la fiesta del Corpus nos impulsa a ello, a acercarnos a todos los que lo pasan mal por una u otra raz&oacute;n, acercarnos a todos los que son v&iacute;ctima de la injusticia de los dem&aacute;s, a los pobres de amor y de dinero. C&aacute;ritas. Porque el Coraz&oacute;n de Cristo, si comulgamos de verdad, &Eacute;l nos va infundiendo este amor suyo, su misma vida entera y completa hasta dar la vida por los hermaos y tambi&eacute;n su amor, su certeza de cielo y eternidad, donde le escucharemos decir: Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, estuve desnudo&hellip; siempre que lo hic&iacute;steis con cualquiera de mis hermanos necesitados. Finalmente quiero deciros que la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica ante su presencia en los Sagrarios o la Santa Custodia es como una &ldquo;fisi&oacute;n nuclear&rdquo; de amor, cuya onda expansiva es capaz de transformarlo todo, porque poco a poco ador&aacute;ndole y am&aacute;ndole nos va transformado nuestro coraz&oacute;n en el suyo. Qu&eacute; gran invento, Jes&uacute;s est&aacute; vivo junto a nosotros. Vis&iacute;temosle, com&uacute;lguemosle, celebremos con &Eacute;l en cada misa nuestra muerte al pecado y nuestra resurrecci&oacute;n a la vida plena de amor con &Eacute;l y con los hermanos. As&iacute; sea. ********************************** CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Qu&eacute; fiesta tan bonita para acompa&ntilde;ar a Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, para tirarle los p&eacute;talos de nuestro cari&ntilde;o, para agradecerle este gran invento de la Eucarist&iacute;a, Dios con nosotros hasta el final de la historia. Es como una prolongaci&oacute;n del Jueves Santo, cuando Jes&uacute;s, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, cen&oacute; la Pascua con sus ap&oacute;stoles y al final de aquella cena instituy&oacute; el sacramento de la Eucarist&iacute;a y todos comieron aquel pan consagrado como el Cuerpo del Se&ntilde;or y bebieron de aquel c&aacute;liz la Sangre del Se&ntilde;or. El Jueves Santo concluye la santa Misa con una procesi&oacute;n al Monumento, que subraya la presencia de Jesucristo prolongada despu&eacute;s de la celebraci&oacute;n. Ahora, la fiesta del Corpus lleva en procesi&oacute;n al Rey de los reyes, Dios mismo en persona hecho hombre y eucarist&iacute;a por nosotros. Desde su trono regio, desde la custodia (qu&eacute; custodias, qu&eacute; ostensorios tan bonitos), Jes&uacute;s va bendiciendo a todos: en nuestras calles, en nuestras plazas, entrando en nuestros hogares y en nuestros corazones. La fiesta del Corpus nos trae esa compa&ntilde;&iacute;a tan consoladora de Jesucristo cercano, amigo, que recorre nuestro camino para acompa&ntilde;arnos, para que podamos compartir con &Eacute;l nuestras preocupaciones y podamos sentir el consuelo de un amigo que siempre est&aacute; ah&iacute;. Ha decrecido notablemente en nuestros d&iacute;as la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, estar ratos largos con Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a. Y tenemos que fomentarlo mucho m&aacute;s. C&oacute;mo serena el alma esa presencia, c&oacute;mo enciende el coraz&oacute;n en el amor de su Coraz&oacute;n, c&oacute;mo se desvanecen tantas preocupaciones y angustias con tan buen amigo presente. No acabaremos nunca de darle gracias por este precioso regalo de la Eucarist&iacute;a, presente en todos los sagrarios del mundo. Pero tambi&eacute;n este sacramento, Jes&uacute;s trae hasta nosotros su sacrificio realizado una vez para siempre. Lo que en el Calvario fue sacrificio cruento, en la Eucarist&iacute;a es sacrifico incruento. Pero es el mismo y &uacute;nico sacrificio, que nos invita a nosotros a ofrecernos con &eacute;l, a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente. La vida adquiere nuevo valor cuando es ofrecida con Jesucristo, nuestra vida se convierte en ofrenda de amor por la salvaci&oacute;n del mundo entero. Para que esta ofrenda sea agradable a Dios, Dios mismo nos env&iacute;a su Esp&iacute;ritu Santo que nos transforma en ofrenda permanente. Y todo ello se alimenta en la Eucarist&iacute;a. Y finalmente la Eucarist&iacute;a como comuni&oacute;n es sacramento en forma de comida y bebida, invit&aacute;ndonos a comer el Cuerpo del Se&ntilde;or y a beber su sangre redentora. &ldquo;Tomad, comed todos de &eacute;l... Tomad, bebed todos de &eacute;l&rdquo;. Compartir la misma comida nos une en un mismo Cuerpo, eso es la comuni&oacute;n. La comuni&oacute;n tiene su fuente permanente en la Eucarist&iacute;a. Es en este sacramento donde se fragua el amor cristiano, que se desborda en la caridad hacia los hermanos. Comulgar con Cristo nos lleva a comulgar con los hermanos, nos lleva a entregar nuestra vida en favor de los dem&aacute;s, como ha hecho Jesucristo. Por eso, en esta fecha tan se&ntilde;alada se nos recuerda el compromiso cristiano de la caridad para con los dem&aacute;s. Coincidiendo con la fiesta del Corpus, celebramos el D&iacute;a de C&aacute;ritas, como una llamada y una provocaci&oacute;n al ejercicio del amor fraterno. Quiero agradecer a todos los que desde C&aacute;ritas hacen el bien a los dem&aacute;s. Cu&aacute;ntas horas de voluntariado, gratuitamente, por parte de tantas personas en el servicio a los dem&aacute;s: enfermos, pobres, transe&uacute;ntes y sin techo, inmigrantes, mujeres maltratadas, ni&ntilde;os explotados, ancianos solos. &ldquo;Tus buenas obras pueden cambiar miradas&rdquo;, dice el lema de este a&ntilde;o. (En la di&oacute;cesis de Plasencia, 700 voluntarios en 88 C&aacute;ritas parroquiales. 30.000 personas atendidas, 3.000 familias, con una inversi&oacute;n de 2,5 millones de euros, procedentes de la caridad de los fieles). Si C&aacute;ritas no existiera, habr&iacute;a que fundarla. Es la caridad organizada de la Iglesia Cat&oacute;lica. Gracias a todos los que colabor&aacute;is con C&aacute;ritas, haciendo visible el rostro m&aacute;s amable de la Iglesia. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: El Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. **************************** CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La fiesta del Corpus es la fiesta de la Eucarist&iacute;a, el sacramento que contiene a Cristo vivo, en su cuerpo, sangre, alma y divinidad. La Eucarist&iacute;a es el sacramento que Cristo instituy&oacute; en el contexto de su pasi&oacute;n redentora para dejarnos el testamento de su amor y de su presencia viva. &ldquo;&iexcl;Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasi&oacute;n, el alma se llena de gozo y nos da la prenda de la gloria futura!&rdquo;. LA EUCARIST&Iacute;A ES Misa y prolongaci&oacute;n de su presencia despu&eacute;s de la misa, para ser adorado y para llevar la comuni&oacute;n a los enfermos. El sagrario, lugar privilegiado del templo, contiene a Jes&uacute;s sacramentado con su lamparita roja que nos delata esa presencia. La adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que se va incrementando por todas partes. Con la Eucarist&iacute;a, Cristo alimenta nuestra fe. &Eacute;l es el pan vivo bajado del cielo, y el que coma de este pan vivir&aacute; para siempre. &Eacute;l tiene poder para hacerlo, porque es Dios, y lo puede todo, y como es Amor apasionado por el hombre se queda con nosotros todos os d&iacute;as hasta el fin del mundo en nuestros sagrarios. Necesitamos almas de oraci&oacute;n ante el sagrario, almas eucar&iacute;sticas que visiten y oren ante el Se&ntilde;or, por sus hijos, por el mundo, por los necesitados, sobre todo, de amor y tambi&eacute;n de pan material. Por eso hoy d&iacute;a de la Eucarist&iacute;a, del pan celestial que es Jesucristo, celebramos el d&iacute;a de la caridad y del amor para con todos: Amaos como yo he amado y d&iacute;a de caridad para multiplicar y dar de comer a los hambrientos de pan material. Nuestros contempor&aacute;neos 1&ordm; necesitan de Dios. El hombre que no tiene a Dios, padece la mayor y peor de todas las hambres y carencias, o porque no lo ha descubierto o porque lo ha rechazado. Sin Dios el hombre es pobre y est&aacute; vac&iacute;o porque le falta el Todo, el sentido de su vida, la esperanza de la eternidad y padece una orfandaz que le asfixia progresivamente aunque est&eacute; lleno de cosas que no llenan el existir y el coraz&oacute;n, aunque lo tenga todo le falta el Todo de todo que es Dios Amor y Eternidad. Antes de la multiplicaci&oacute;n de los panes, al ver Jes&uacute;s una multitud hambrienta porque llevaban tres d&iacute;as sin comer, lleno de compasi&oacute;n y sabiendo lo que ten&iacute;a que hacer, le dijo a los Ap&oacute;stoles y nos dice ahora a nosotros: &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. Se lo dijo a sus ap&oacute;stoles, recabando un peque&ntilde;o bocadillo, que con su poder multiplic&oacute; para dar de comer a m&aacute;s de cinco mil. Nos lo dice hoy a nosotros, porque pudi&eacute;ndolo hacer &Eacute;l solo, quiere que cooperemos con &Eacute;l en saciar el hambre de nuestros contempor&aacute;neos. Y, &iquest;cu&aacute;l es el hambre de nuestros contempor&aacute;neos? &iquest;Cu&aacute;les son sus necesidades? Nuestros contempor&aacute;neos tienen hambre de pan, y por eso repartimos desde C&aacute;ritas y desde tantas otras instituciones el pan de cada d&iacute;a, hasta que cada uno pueda adquirirlo por s&iacute; mismo, por su trabajo. &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. No podemos esperar a que el mundo cambie, a que se supere la crisis, a que haya para todos. Es urgente dar de comer hoy, para que la gente no quede extenuada por el camino. La caridad cristiana retrasa la justicia (dec&iacute;a Marx). No, no la retrasa. Al contrario, la estimula para hacer un mundo m&aacute;s solidario y fraterno. Y hasta que llegamos a esa meta, salimos al encuentro del hermano para compartir hoy, quit&aacute;ndonoslo de nuestra boca. Es una caridad que proviene del ayuno. Nuestros contempor&aacute;neos necesitan amor, necesitan compasi&oacute;n, incluso ternura. En un mundo en que tenemos de todo, falta a veces ese amor generoso, que brota como respuesta generosa al amor que Dios nos tiene. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pagar&eacute; al Se&ntilde;or todo el bien que me ha hecho?&rdquo; Cuando amo a mis hermanos, no hago m&aacute;s que devolver algo de lo mucho que he recibido de Dios. Esta es la fiesta del Corpus. Pan para todos. No s&oacute;lo el pan material, sino tambi&eacute;n el pan del cielo, Jesucristo Eucarist&iacute;a. La fiesta del Corpus une todos estos aspectos. Y ante todas estas necesidades, escuchamos en el Evangelio: &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo;. Dios podr&iacute;a hacerlo antes y mejor, pero quiere hacerlo con nosotros, porque quiere que nos hagamos nosotros. &ldquo;Dadles vosotros de comer&rdquo; no significa que Dios se desentiende de tantas necesidades, sino que nos pide que aportemos lo que somos y tenemos, poco o mucho, porque es dando como crecemos. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. ************************************* CORPUS CHRISTI QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La fiesta del Corpus (trasladada de jueves a domingo) es como una prolongaci&oacute;n del Jueves Santo, el d&iacute;a en que Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a. Es un precioso invento. Que Jes&uacute;s haya encontrado la forma de estar en el cielo y estar cerca de nosotros hasta el fin del mundo es verdaderamente asombroso. Por eso, a lo largo de los siglos tantos santos han quedado atra&iacute;dos por la Eucarist&iacute;a, como la mariposa queda fascinada por la luz. Ya no sabe salir de esa &oacute;rbita. No se entiende la vida de un cristiano que no quede asombrado &ndash;y viva de ese asombro&ndash; ante Cristo Eucarist&iacute;a. Este a&ntilde;o damos gracias por la Adoraci&oacute;n Eucar&iacute;stica Perpetua, que ha encontrado eco intenso en tantos adoradores de C&oacute;rdoba, de manera que d&iacute;a y noche todos los d&iacute;as del a&ntilde;o Cristo sea adorado y nos traiga torrentes de gracia para nuestras vidas y nuestras comunidades cristianas. En la Eucarist&iacute;a se hace presente eficazmente el sacrificio redentor de Cristo, que entreg&oacute; su vida en la cruz por la redenci&oacute;n del mundo. Siendo Dios y hombre verdadero, la ofrenda de su vida es de valor infinito y su sangre lava todos los pecados. &ldquo;Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros&rdquo;. Participar en la Eucarist&iacute;a es unirse a Cristo que se ofrece por todos. Todo el sufrimiento del mundo adquiere valor unido a Cristo que se ofrece. Y se nos da como alimento, en la forma de pan y de vino, convertidos en su cuerpo y en su sangre: &ldquo;Tomad, comed, que esto es mi cuerpo. Tomad, bebed, que &eacute;sta es mi sangre&rdquo;. Y al recibirlo como alimento, alimenta nuestra vida. La Eucarist&iacute;a es alimento de vida eterna: &ldquo;El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&rdquo;. Comiendo de la misma comida entramos en comuni&oacute;n unos con otros, es Jesucristo el que nos une en su cuerpo, como el racimo a la vid, para dar frutos de vida eterna. La Eucarist&iacute;a es el sacramento que alimenta en nosotros la caridad cristiana. No tiene sentido que comamos a Cristo en la Eucarist&iacute;a y mantengamos rivalidades, envidias y desamor entre nosotros. Comulgar con Cristo y comulgar con el hermano. Una comunidad eucar&iacute;stica es una comunidad en la que todos se aman con el amor de Cristo, en la que todos aportan lo mejor que tienen y en donde las rivalidades se superan por un amor sincero, que reconoce los valores del otro. La paciencia para soportar los defectos del pr&oacute;jimo es una obra de misericordia que se alimenta en la Eucarist&iacute;a. &ldquo;Mirad c&oacute;mo se aman&rdquo;, ha sido siempre el atractivo de una verdadera comunidad cristiana. Y esa caridad cristiana, alimentada en la Eucarist&iacute;a, se prolonga con los m&aacute;s necesitados, saliendo al encuentro de ellos para compartir con ellos lo que nosotros hemos recibido: los recursos de todo tipo, seg&uacute;n las necesidades de cada uno, e incluso el don precioso de la fe, que se nos da para comunicarla. Este a&ntilde;o en C&oacute;rdoba estamos celebrando el 50 aniversario de C&aacute;ritas diocesana, y es el d&iacute;a del Corpus el d&iacute;a m&aacute;s apropiado de esta instituci&oacute;n de caridad. Damos gracias a Dios por todos los que han colaborado en esta instituci&oacute;n de Iglesia, que promueve la caridad de todos para favorecer a los m&aacute;s necesitados. El mandamiento nuevo del amor fraterno, &ldquo;Amaos unos a otros, como yo os he amado&rdquo;, es el motor constante de C&aacute;ritas. C&aacute;ritas no es una ONG cualquiera, es la caridad de la comunidad cristiana para servir a los pobres de la Di&oacute;cesis. Por todas estas razones, la procesi&oacute;n del Corpus no es una exhibici&oacute;n de los que desfilan, sino una proclamaci&oacute;n solemne de nuestra fe en la presencia de Cristo en este precioso sacramento, y un testimonio agradecido ante los dem&aacute;s de nuestro compromiso de amor con todos, especialmente con los m&aacute;s pobres. La fiesta del Corpus es la presencia viva de Cristo, que alimenta continuamente a su Iglesia. Venid, ador&eacute;mosle. Venid, comamos de este pan bajado del cielo. Venid a reponer fuerzas para seguir amando a todos. Venid, que en este sacramento se encuentra el tesoro de la Iglesia para todos los hombres. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: Corpus Christi, Jesucristo vivo que alimenta a su Iglesia. **************************************** ************************************* VIERNES DESPU&Eacute;S DEL CORPUS: SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S EL CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S EUCARIST&Iacute;A ES REFUGIO DE AMOR QUERIDOS HERMANOS: Esta semana, el viernes, celebraremos la fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Estamos celebrando el triduo al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Vamos a mirar y adorar ese coraz&oacute;n ahora presente en el pan consagrado, que guardamos y veneramos en nuestros Sagrarios de Iglesias cat&oacute;licas. Todo cuerpo tiene un coraz&oacute;n. Es el &oacute;rgano principal. Si el coraz&oacute;n se para, el hombre muere. ATe amo con todo mi coraz&oacute;n,@ Ate lo digo de coraz&oacute;n...@ son expresiones que indican que lo que hacemos o decimos es desde lo m&aacute;s profundo y sincero de nuestro ser, con todas nuestras fuerzas, que no nos reservamos nada, que nos entregamos totalmente. Pues bien, este cuerpo de Cristo Eucarist&iacute;a, que hoy veneramos y comulgamos, tiene un coraz&oacute;n que es el coraz&oacute;n del Verbo Encarnado. El coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Cristo es el que realiz&oacute; este milagro de amor y sabidur&iacute;a y poder de la Eucarist&iacute;a. Este coraz&oacute;n, que est&aacute; con nosotros en el Sagrario y que recibimos en la Comuni&oacute;n, es aquel coraz&oacute;n, que viendo la miseria de la humanidad, sin posibilidad de Dios por el pecado y viendo que los hombres hab&iacute;amos quedado impedidos de subir al cielo, se compromete a bajar a la tierra para buscarnos y salvarnos: &ldquo;Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aqu&iacute; estoy yo para hacer tu voluntad&rdquo;. Este coraz&oacute;n, centrado en el amor al Padre y al hombre, con una entrega total y victimal hasta la muerte, es el coraz&oacute;n de Cristo que &ldquo;me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;, en adoraci&oacute;n y obediencia perfecta al Padre, hasta el sacrificio de su vida. Y este coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; y en cada Sagrario de la tierra y este coraz&oacute;n quiero ponerlo hoy, como modelo del nuestro, como ideal de vida que agrada a Dios y salva a los hermanos:&ldquo;&hellip;Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav&iacute;a pecadores, muri&oacute; por nosotros&hellip;Si cuando &eacute;ramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, &iexcl;con cu&aacute;nta m&aacute;s raz&oacute;n, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! (Rom 5,9-11). Este coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Cristo, es el mismo de Palestina, que puesto en contacto con las miserias de su tiempo: ignorancia de lo divino, odios fratricidas, miserias de todo tipo, incluso enfermedades f&iacute;sicas, morales, ps&iacute;quicas... fu&eacute; todo compasi&oacute;n, verdad y vida. El a&ntilde;o pasado, en esta fiesta del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, medit&aacute;bamos y nos emocion&aacute;bamos ante acciones de amor y de misericordia que sal&iacute;an todos los d&iacute;as de su Coraz&oacute;n lleno de ternura y compasi&oacute;n por los hombres. Es un coraz&oacute;n que fue atravesado por la lanza del soldado como expresi&oacute;n de su entrega total y de haber derramado todo su amor por nosotros los hombres. Este coraz&oacute;n estaba siempre dispuesto a socorrer y a poner su vida en peligro por la salvaci&oacute;n de los que amaba. Fijaos en este hecho: Est&aacute; en el P&oacute;rtico de Salom&oacute;n; hay una multitud muy selecta de doctores y peritos de la ley, pendiente m&aacute;s de su cumplimiento externo que interno por el amor. Y le presentan una mujer sorprendida en adulterio que la ley manda apedrear. Dice el Evangelio: &ldquo;Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La ley de Mois&eacute;s &ndash; que Jes&uacute;s por cierto, como ellos sab&iacute;an la hab&iacute;a superado por el amor y las obras de misericordia &ndash; manda apedrearla, &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices?&rdquo; Jes&uacute;s no tiene escapatoria. O apedrean a la mujer o le apedrean a &Eacute;l. &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices? Pero, como dijo el fil&oacute;sofo, el coraz&oacute;n tiene razones que la raz&oacute;n no entiende ni se le ocurren, Jes&uacute;s lo tiene claro: su coraz&oacute;n encendido en amor a la mujer y a todos nosotros le sugiere el modo de salvarla, de no morir apedreada. Y su coraz&oacute;n primero medita, deja que todos mediten un poco y escribe en la tierra&hellip; dicen que frases de la Biblia sobre el amor, pero no hicieron caso; como siguieron insistiendo: &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices?, pues dicen que escribi&oacute; los pecados de los acusadores en esa misma materia de adulterio, pero no lo sabemos, s&oacute;lo que escribi&oacute; y como insist&iacute;an, luego habl&oacute;: &ldquo;el que est&eacute; sin pecado que tire la primera piedra&rdquo;. Y nadie tir&oacute; la primera piedra ni la segunda y la mujer qued&oacute; liberada de la pena de la lapidaci&oacute;n. Sin embargo all&iacute; alguno ha quedado condenado desde ese mismo momento: ha sido Jes&uacute;s, por salvar a la mujer, por superar la ley con la misericordia y porque se ha atrevido a dar lecciones a los poderosos y a los cumplidores materiales de la ley. Qued&oacute; condenado a muerte por salvar a la mujer, como muri&oacute; en la cruz por salvarnos a todos. Y es que no lo puede remediar. Su coraz&oacute;n es as&iacute;. El Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Es todo coraz&oacute;n para sus hermanos los hombres, especialmente para los necesitados de misericordia y perd&oacute;n. Y ese coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; en el pan consagrado, es el mismo Cristo y t&uacute; lo vas a recibir. &Aacute;malo y qui&eacute;relo como &Eacute;l te ama. Convi&eacute;rtete a &Eacute;l, vac&iacute;ate de cosas que hay en tu coraz&oacute;n y que impiden que &Eacute;l pueda entrar. Menos orgullo, soberbia, lujuria, ira. D&eacute;jate purificar. &ldquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n porque ellos ver&aacute;n a Dios&rdquo;. Necesitamos un coraz&oacute;n m&aacute;s limpio para poder tener mayor intimidad, para se m&aacute;s amigos, para serlo de verdad. Cuesta matar el yo y el amor que nos tenemos a nosotros mismos, nos queremos m&aacute;s que a Dios, nos consideramos como Dios, somos id&oacute;latras de nosotros mismos, s&oacute;lo &Eacute;l puede perdonarnos, curarnos de esta lepra, de toda impureza. Para eso es la devoci&oacute;n al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, para amar y dejarse amar de este Coraz&oacute;n que lo dio todo por nosotros: tiempo, eternidad, espacio, vida para que pudi&eacute;ramos resucitar, muriendo al pecado, a la vida nueva de la amistad con Dios. Por eso, sabiendo que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros, en el pan consagrado, ese mismo coraz&oacute;n de Cristo, porque no tiene otro, debemos ahora meditar en este coraz&oacute;n que nos am&oacute; hasta el extremo en su Encarnaci&oacute;n, con todos sus dichos y hechos salvadores, sobre todo en el G&oacute;lgota, que nos am&oacute; y sigue am&aacute;ndonos hasta el extremo en la Eucarist&iacute;a. Hoy vamos a fijarnos en los rasgos de su coraz&oacute;n amant&iacute;simo, reflejados en sus palabras, que escuchamos esta ma&ntilde;ana desde su presencia eucar&iacute;stica y que le siguen saliendo de lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n. A trav&eacute;s de la lengua, habla el coraz&oacute;n de los hombres. Jes&uacute;s, el predicador fascinante que arrastraba las multitudes, haciendo que se olvidaran hasta de comer, el que se sent&iacute;a bien entre los sencillos y plantaba cara a los soberbios, el que jugaba con los ni&ntilde;os y miraba con amor a los j&oacute;venes y con misericordia a los pecadores, ten&iacute;a el coraz&oacute;n m&aacute;s compasivo y fuerte de la humanidad. Y hoy tambi&eacute;n su Coraz&oacute;n nos habla a nosotros palabras de amor y compasi&oacute;n. Vamos a fijarnos hoy en algunas de sus palabras, que as&iacute; lo reflejan y que hoy nos las dice desde el Sagrario, haci&eacute;ndonos una imagen bell&iacute;sima de sus ojos y coraz&oacute;n misericordiosos, llenos de ternura, con su coraz&oacute;n compasivo, lleno de perdones, con sus manos que nunca se cansaron de hacer el bien: -- &ldquo;Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo&rdquo; para estar cerca de los hombres y alimentar y fortalecer, con mi energ&iacute;a divina de amor, vuestra debilidad y cansancio en amar y perdonar, de entrega, de entusiasmo, servicio. -- &ldquo;Yo soy la luz del mundo&rdquo;, nos repite todos los d&iacute;as desde el Sagrario, para iluminar vuestra oscuridad de sentido de la vida: por qu&eacute; existimos, para qu&eacute; vivimos, a d&oacute;nde vamos. Yo soy la luz, la verdad y la vida sobre el hombre y su trascendencia. -- &ldquo;Yo soy el pastor bueno&rdquo;, &ldquo;yo soy la puerta&rdquo;, para que el hombre acierte en el camino que lleva a la eternidad. Yo soy la puerta del amor verdadero a Dios, yo soy la puerta de la vida personal o familiar plena, yo soy la puerta de los matrimonios verdaderos para toda la vida, de las familias unidas, que superan todas las dificultades. Yo soy el fundamento de uni&oacute;n y la paz entre los hombres, entre los vecinos. Yo soy la fuente del amor fraterno, del servicio humano y compasivo. -- &ldquo;Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida&rdquo;, todo est&aacute; en m&iacute; para vosotros, para que no caig&aacute;is en las cunetas del error, de la muerte, de los vicios y pecados, que quitan al hombre la libertad, la alegr&iacute;a y lo reducen a las esclavitudes de los vicios, del consumismo que lleva al vac&iacute;o existencial. --&ldquo;Yo he venido a salvar lo que estaba perdido; &ldquo;Yo he venido para que teng&aacute;is vida y la teng&aacute;is abundante&rdquo;. Os he pensado y creado con el Padre desde el Amor del Esp&iacute;ritu Santo. Os he recreado por amor como Hijo desde la Encarnaci&oacute;n. Os he redimido y he sufrido la muerte para que teng&aacute;is vida eterna, y por la potencia de mi Esp&iacute;ritu, consagro el pan en mi cuerpo y sangre para la salvaci&oacute;n del mundo. --&ldquo;Yo he venido a traer fuego a la tierra y s&oacute;lo quiero que arda&rdquo;: que ardan de amor cristiano los matrimonios, que ardan de amor y perd&oacute;n los padres y los hijos, que los esposos ardan de mi amor y superen todos los ego&iacute;smos, incomprensiones, que ardan de amor verdadero los j&oacute;venes, los novios, sin consumismos, sin reducirlo s&oacute;lo a cuerpo. El amor de los m&iacute;os tiene que ser humilde y sin orgullo, sincero y generoso como el m&iacute;o, dador de gracias y dones, sin cansancio, sin ego&iacute;smos, con ardor y fuego humano y divino. -- &ldquo;Si alguien tiene sed que venga a mi y beba&hellip; un agua que salta hasta la vida eterna&hellip;&rdquo; Jes&uacute;s es el agua de la vida de gracia, de la vida eterna. Jes&uacute;s es la misma vida de Dios que viene hasta nosotros y es su felicidad eterna, la que quiere compartir con cada uno de nosotros. Queridos hermanos: repito e insisto: ese coraz&oacute;n lo ten&eacute;is muy cerca, late muy cerca de nosotros en la Eucarist&iacute;a, en la comuni&oacute;n, en el Sagrario, est&aacute; aqu&iacute;. Pidamos la fe necesaria para encontrarlo en este pan consagrado, pid&aacute;mosle con insistencia: &ldquo;Se&ntilde;or, yo creo, pero aumenta mi fe&rdquo;. Vivir en sinton&iacute;a con este coraz&oacute;n de Cristo significa amar y pensar como &Eacute;l, entregarse en servicio al Padre y a los hombres como &Eacute;l, especialmente a los m&aacute;s necesitados. Es aceptar su amistad ofrecida aqu&iacute; y ahora. Esto es lo que pretende y desea con su presencia eucar&iacute;stica. Para esto se qued&oacute; en el Sagrario. &iexcl;Coraz&oacute;n Eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s! &iexcl;Eucarist&iacute;a divina! T&uacute; lo has dado todo por m&iacute;, con amor extremo, hasta dar la vida. Tambi&eacute;n yo quiero darlo todo por ti, porque para m&iacute;, T&uacute; lo eres todo, yo quiero que lo seas todo! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, yo creo en Ti! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, yo conf&iacute;o en Ti! &iexcl;Jesucristo Eucarist&iacute;a, T&uacute; eres el Hijo de Dios! ********************************** SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S PRIMERA LECTURA: Dt 7, 6-11 La primera lectura narra la historia de amor de Dios con su pueblo elegido Israel. Dios eligi&oacute; a este pueblo, no porque tuviese m&eacute;ritos especiales, sino por elecci&oacute;n pura y gratuita de su amor libre: &ldquo;Si el Se&ntilde;or se enamor&oacute; de vosotros y os eligi&oacute; no fue por ser vosotros m&aacute;s numerosos que los dem&aacute;s, porque sois el pueblo m&aacute;s peque&ntilde;o, sino por puro amor a vosotros&rdquo;. La historia de Israel tiene una sola explicaci&oacute;n: el amor de Dios. Por amor lo eligi&oacute;, por amor lo libr&oacute; de Egipto, pact&oacute; con &Eacute;l una alianza y le dio en posesi&oacute;n la tierra prometida e hizo nacer de su estirpe al Salvador. Esta es la historia de la Iglesia y de todos los hombres:&ldquo;El amor de Dios hacia nosotros se manifest&oacute; en que Dios envi&oacute; al mundo a su Hijo unig&eacute;nito para que nosotros vivamos por &Eacute;l&rdquo;. SEGUNDA LECTURA: 1Jn 4,-16 Se cree que San Juan escribi&oacute; esta carta poco tiempo despu&eacute;s que su Evangelio. Repite sus &uacute;ltimas recomendaciones, insistiendo en lo que le parece m&aacute;s capital e importante: &ldquo;Am&eacute;monos unos a otros ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios&rdquo;. Escribe a un grupo de iglesias en las que apuntan falsas doctrinas e influencias disolventes. No entra en el juego de las controversias: la soluci&oacute;n es la caridad, el amor. El error divide. El cuidado celoso de preservar la unidad de la caridad constituye en la Iglesia el principal ant&iacute;doto contra el error. La parte del texto, cuya lectura se nos propone hoy, se parece a una maravillosa partitura musical en la que est&aacute; dicho todo desde las primeras notas, y a trav&eacute;s de la cual un mismo tema se desarrolla en sucesivas notas, con aires complementarios, en intuiciones conc&eacute;ntricas, para conducir el esp&iacute;ritu a esta sencilla realidad: &ldquo;Dios es amor&rdquo;. Para leer debidamente este texto hay que ponerse en estado de receptividad contemplativa. Y la iniciativa siempre es de Dios: &ldquo;En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios; sino en que &Eacute;l nos am&oacute; y no envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&rdquo;. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEG&Uacute;N SAN MATEO: 11, 25-30 QUERIDOS HERMANOS: Nos hemos reunido aqu&iacute; esta tarde para venerar y adorar al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, este coraz&oacute;n que tanto nos am&oacute; y nos sigue amando en esta presencia eucar&iacute;stica del Sagrario. Este coraz&oacute;n vivo de Cristo, ahora viviente en la Hostia santa, es el mismo Cristo del Evangelio, que ya permanece en nuestros Sagrarios hasta el final de los tiempos, para atender nuestros ruegos y atender a nuestras necesidades. No est&aacute; est&aacute;tico, muerto, sino vivo y resucitado, renovando toda nuestra vida espiritual de amor a Dios y a los hermanos, y ayud&aacute;ndonos en todos nuestros problemas. 1.- Queridos hermanos: Est&aacute; con nosotros aqu&iacute; y ahora, en esta Hostia santa, el cuerpo que se dej&oacute; tocar por un inmundo y un apestado de aquellos tiempos. Mirad c&oacute;mo lo dice el evangelista: se acercan a una aldea Jes&uacute;s y bastante gente, mujeres, hombres y ni&ntilde;os, una peque&ntilde;a multitud. De pronto se oye un grito, un lamento. Es alguien que pide socorro desde un basurero. No se ve a nadie. La gente aprieta el paso para pasar cuanto antes de aquel mal olor. Mezclado entre la basura aparece un leproso&hellip;. La gente huye con las narices tapadas, es un maldito, un castigado por la justicia de Dios. Nadie le puede tocar. Quien le toque queda impuro y debe ser purificado por el sacerdote. Jes&uacute;s, el que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros en el Sagrario, es el &uacute;nico que se para, lo mira con amor y se acerca y lo toca; es el mismo evangelista el que nos lo cuenta sorprendido: &ldquo;En esto, un leproso se acerc&oacute; y se postr&oacute; ante &Eacute;l, diciendo: &laquo;Se&ntilde;or, si quieres, puedes limpiarme&raquo;. &Eacute;l extendi&oacute; la mano, le toc&oacute; y dijo: &laquo;Quiero, queda limpio&raquo;. Y al instante qued&oacute; limpio de su lepra&rdquo; (Mt 8,1-4). Y el leproso ha quedado curado, pero Jes&uacute;s ha quedado manchado seg&uacute;n la Ley de Mois&eacute;s. Sin embargo, Jes&uacute;s no va al templo para purificarse, porque &Eacute;l es m&aacute;s que el templo de la antigua ley. Jes&uacute;s lo ha hecho todo por amor, que es la nueva ley del Evangelio, y lo ha hecho espont&aacute;neamente, no ha podido contenerse, no ha podido reprimir su compasi&oacute;n. Es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. Miremos y contemplemos ahora a este mismo Jes&uacute;s en la Hostia santa que adoramos y comulgamos. Es el mismo con el mismo amor de entonces, la misma compasi&oacute;n, los mismos sentimientos. Mir&eacute;mosle despacio, con mirada fija de amor. 2.- Ahora es en Jeric&oacute;, la ciudad de las palmeras. Otra vez la gente entusiasmada como siempre, no dej&aacute;ndole caminar ni comer ni descansar. Otra vez un grito desde la orilla del camino. Esta vez la gente no corre, pero le quiere hacer callar. Pero esta vez, como la otra vez y como siempre, Jes&uacute;s lo ha o&iacute;do y se para y hace que se pare toda la gente: &ldquo;Cuando sal&iacute;an de Jeric&oacute;, le sigui&oacute; una gran muchedumbre. En esto, dos ciegos que estaban sentados, junto al camino, la enterarse que Jes&uacute;s pasaba, se pusieron a gritar: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, ten compasi&oacute;n de nosotros, Hijo de David&raquo;. La gente les increp&oacute; para que se callaran, pero ellos gritaron m&aacute;s fuerte: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, ten compasi&oacute;n de nosotros!&raquo;. Entonces Jes&uacute;s se detuvo, los llam&oacute; y dijo: &laquo; &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is que os haga?&raquo; D&iacute;cenle: &laquo; &iexcl;Se&ntilde;or, que se abran nuestros ojos!&raquo; Movido a compasi&oacute;n, Jes&uacute;s toc&oacute; sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron&rdquo;. Ante los necesitados, Jes&uacute;s nunca huye, &Eacute;l siempre escucha:&ldquo; Se&ntilde;or, que veamos&rdquo;. Y aquellos ciegos vieron y lo siguieron, porque sus ojos ya no quer&iacute;an dejar de ver a la persona m&aacute;s buena y comprensiva del mundo. Y es que no lo puede remediar. Es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Y ese coraz&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; en el pan consagrado, en nuestros Sagrarios. 3.- Ahora es en Na&iacute;m. Se encuentra un cortejo f&uacute;nebre con una madre viuda, llorando a su hijo muerto, a quien va enterrar. Aqu&iacute; nadie grita ni llama al maestro, porque van muy apenados y nadie, ni la misma madre, se ha dado cuenta de que pasa por all&iacute; el Maestro ni sospecha que Jes&uacute;s pueda prestarle alguna ayuda. Pero &Eacute;l, sin que nadie le pida nada, se ha anticipado personalmente. Dice el evangelista Lucas: &ldquo;El Se&ntilde;or, al verla, se compadeci&oacute; de ella y le dijo: No llores. Luego se acerc&oacute;, toc&oacute; el f&eacute;retro, los que lo llevaban se detuvieron; &Eacute;l dijo: &laquo;Joven, yo te lo mando, lev&aacute;ntate.&raquo; Y se lo entrego a su madre.@ Con su poder divino lo resucit&oacute; y nos demuestra que debemos fiarnos de su palabra: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en m&iacute;, aunque haya muerto, vivir&aacute;&rdquo;. Nosotros resucitaremos. Con su muerte y resurrecci&oacute;n nos ha ganado la resurrecci&oacute;n y la vida eterna para todos. Y ese Jes&uacute;s est&aacute; aqu&iacute;. Y tiene los mismos sentimientos de siempre. Y nos ama y se compadece de todos. Y no lo puede remediar, es as&iacute; su coraz&oacute;n, el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. 4.- Y lo mismo pas&oacute; con su amigo L&aacute;zaro. En aquella ocasi&oacute;n dicen los Evangelios que se emocion&oacute; y llor&oacute;. Es que siente de verdad nuestros problemas y angustias. Le dio pena de sus amigas Marta y Mar&iacute;a, que se hab&iacute;an quedado solas, sin su hermano. Fueron a la tumba y all&iacute; llor&oacute; l&aacute;grimas de amor verdadero. Nos lo dicen testigos que lo vieron. Y L&aacute;zaro resucit&oacute; por su palabra todopoderosa. Y luego todos lloraron de alegr&iacute;a. Y nosotros tambi&eacute;n lloramos de emoci&oacute;n, de saber que es el mismo, que est&aacute; aqu&iacute; con nosotros, que nos ama as&iacute;, como nadie puede amar, porque as&iacute; lo ha querido &Eacute;l, que es Dios y todo lo puede, y le hace feliz amarnos as&iacute;. Y &eacute;ste es el camino de amor, misericordia y perd&oacute;n que &Eacute;l ha escogido para encontrarse con nosotros, para relacionarse con el hombre. Y &Eacute;l es Dios, es decir, no nos necesita. Todo lo hace gratuitamente. Su coraz&oacute;n es as&iacute;. No lo puede remediar. As&iacute; es el coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s. Y ten&iacute;a raz&oacute;n Marta, cuando el Se&ntilde;or le pregunt&oacute;: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, el que cree en m&iacute;, aunque haya muerto, vivir&aacute; y todo el que vive y cree en m&iacute;, no morir&aacute; para siempre. &iquest;Crees esto? Le dice ella: &laquo; S&iacute;, Se&ntilde;or, yo creo que t&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo&raquo;&rdquo; (Jn 11,25-27). Ella no se anduvo con preguntas de c&oacute;mo pod&iacute;a ser esto, ella le dijo: Mira, Se&ntilde;or, d&eacute;jame de complicaciones, yo no s&eacute; c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo ser&aacute; eso, yo creo que T&uacute; eres el Hijo de Dios y basta. T&uacute; lo puedes todo. Y nosotros ante su presencia en el Sagrario decimos lo mismo: Yo no s&eacute; c&oacute;mo puede ser o hacerse esto&hellip; Yo s&oacute;lo s&eacute; que T&uacute; eres el Hijo de Dios y T&uacute; lo puedes todo y est&aacute;s aqu&iacute;. *********************************** CORAZ&Oacute;N DE JESUS QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: Dios tiene coraz&oacute;n. El Dios que Jesucristo nos ha revelado no es un Dios lejano e insensible a nuestras necesidades. Por el contrario, es un Dios cercano, que ha enviado a su Hijo &uacute;nico, para que comparta nuestra existencia y nos haga part&iacute;cipes de su gloria. Este Dios cristiano no ha tenido otro motivo para actuar as&iacute; que su inmenso amor por nosotros, que somos criaturas suyas y que quiere hacernos hijos suyos. La fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s (viernes de la semana siguiente al Corpus) quiere recordarnos esto. Celebrar al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s es celebrar un amor m&aacute;s grande, que quiere introducirnos en su &oacute;rbita de amor, para ser amados y ense&ntilde;arnos a amar. La m&aacute;xima expresi&oacute;n visible de ese amor es la Cruz y su prolongaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a. Ante los males del mundo nos interrogamos por qu&eacute;. El Hijo de Dios, enviado por el Padre en la plenitud de los tiempos, nos lo ha explicado. Los males del mundo no tienen su origen en Dios, porque Dios s&oacute;lo es autor del bien. Los males del mundo han sido introducidos en la historia por la incitaci&oacute;n del demonio, padre de la mentira, y por el pecado del hombre, que ha mal usado su libertad. El mal m&aacute;s radical del hombre es querer &ldquo;ser como Dios&rdquo; (Gn 3,5; Flp 2,6) y romper con &Eacute;l para hacerse independiente de Dios, haci&eacute;ndose a s&iacute; mismo norma de sus actos, sin referencia a Dios. Jesucristo, por el contrario, ha entrado en este mundo como hijo, en actitud de amorosa obediencia filial, colgado del Padre, para revelar al mundo que Dios es amor. No hay otro camino para disfrutar de Dios que la actitud de vivir como hijo en relaci&oacute;n de obediencia filial al Padre. Nuestras soberbias y rebeld&iacute;as han llevado a Jes&uacute;s a la Cruz, que &Eacute;l ha vivido con amor, y en la Cruz ha reciclado todos nuestros pecados. &ldquo;Sus heridas nos han curado&rdquo; (1Pe 2,24). El culto y la devoci&oacute;n al sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s ponen ante nuestros ojos el resumen de toda la vida cristiana: el amor. Dios es amor y se mueve por amor. El hombre est&aacute; llamado al amor y hasta que no lo encuentra, hasta que no lo vive, est&aacute; inquieto y desasosegado. El Esp&iacute;ritu Santo es amor de Dios derramado en nuestros corazones. Jes&uacute;s es el Hijo hecho hombre, con un coraz&oacute;n humano como el nuestro, que ama al Padre y a los hombres hasta el extremo y que sufre al ver a los hombres alejados de la casa del Padre. Jes&uacute;s se ha tomado en serio nuestra felicidad y ha ofrecido su vida en rescate por la multitud, para atraer a una multitud de hijos dispersos, haci&eacute;ndolos sus hermanos. &ldquo;Este Coraz&oacute;n que tanto ha amado a los hombres y de los cuales recibe tantas ingratitudes&rdquo;, le dice Jes&uacute;s a santa Margarita. Jes&uacute;s se acerca hasta nosotros y nos ofrece su amor, tantas veces olvidado o rechazado por nuestros pecados. El culto al Sagrado Coraz&oacute;n incluye esa actitud de reparaci&oacute;n por los propios pecados y por los del mundo entero. No partimos de cero, hay toda una historia detr&aacute;s. Por una parte, un amor que nos espera desde toda la eternidad en el coraz&oacute;n de Dios, donde cada uno tenemos un lugar, y adem&aacute;s, el Coraz&oacute;n humano de Cristo, reflejo del coraz&oacute;n de Dios y muy sensible a las necesidades de los hombres. Por otra parte, nuestro alejamiento de Dios: hemos nacido en pecado y, una vez rescatados por la sangre redentora de Cristo, con frecuencia nos apartamos de sus caminos. Celebrar la fiesta del sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s significa dejarse envolver por ese amor, que sana nuestras heridas y nos hace disfrutar de los dones del Padre. Significa caer en la cuenta de tantos desamores o desprecios a Cristo, que tanto nos ha amado, y reparar tanto desamor por nuestra parte. Significa tener sed del Esp&iacute;ritu Santo, que brota a raudales del Coraz&oacute;n de Cristo traspasado de amor. Celebrar el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s consiste en ponernos como &Eacute;l en el lugar de los dem&aacute;s, cargando con sus pecados y con todas las secuelas del pecado, venciendo el mal a fuerza de bien. No hay amor m&aacute;s grande, que el que se encierra en el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Ni hay otra fuerza transformadora m&aacute;s potente para instaurar un mundo nuevo de justicia y de paz. &iexcl;Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o! Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. **************************************** CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S, UN CORAZ&Oacute;N ROTO DE AMOR QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS: La religi&oacute;n cristiana es la religi&oacute;n del amor, del amor de Dios a nosotros y del amor nuestro a Dios y a los dem&aacute;s. As&iacute; lo ha venido manifestando Dios desde los or&iacute;genes de la revelaci&oacute;n, pero lo ha dicho del todo y exageradamente en el Coraz&oacute;n de su Hijo Jesucristo. Por parte de Dios, hemos venido a la existencia como resultado de su amor. Existo, luego Dios me ama. Ese amor de Dios se ha prolongado en el abrazo amoroso de mis padres que me han engendrado y posteriormente me han acogido en sus brazos, me han cuidado, me han ayudado a crecer en todos los aspectos. Y por parte nuestra, de cada uno de nosotros, somos solidarios en el primer pecado, el pecado original, por el que ya nacemos en pecado y adem&aacute;s a&ntilde;adimos nuestros propios pecados personales a lo largo de nuestra vida. El pecado no es otra cosa que el desamor, decirle &ldquo;no&rdquo; a Dios que nos ama, darle largas, darle la espalda, preferir mi gusto y mi norma a su santa voluntad expresada en los mandamientos. Dios es mi Padre, que me ama y me engendra continuamente a su vida divina, la vida de la gracia, y la criatura humana rechaza muchas veces ese don paternal, cortando la vida y eligiendo la muerte. La relaci&oacute;n de Dios, Padre-Hijo-Esp&iacute;ritu Santo, con el hombre es un drama permanente desde el primer pecado hasta la consumaci&oacute;n de los tiempos, en que triunfe definitivamente su amor. Porque Dios siempre reacciona amando. Cuando este amor se dirige a quien le ha ofendido, ese amor se llama perd&oacute;n, se llama misericordia. El amor de Dios es una continua misericordia con nosotros, es un derroche de misericordia, que nos va sanando, hasta hacernos hijos de Dios en plenitud, hasta la santidad. En el centro de este drama se sit&uacute;a el Coraz&oacute;n de Cristo. En &eacute;l, Dios Padre nos ha dado a su Hijo &uacute;nico, su Hijo amado, como el don m&aacute;s precioso: &ldquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo &uacute;nico&hellip; para que el mundo se salve por &eacute;l&rdquo;. Y no lo ha hecho de manera generalizada y como a granel, sino de manera personalizada, por cada uno. &ldquo;Me am&oacute; y se entreg&oacute; por mi&rdquo;. En el Coraz&oacute;n de Cristo tenemos por tanto la expresi&oacute;n de un amor por parte de Dios que llega a la m&aacute;xima expresi&oacute;n, darnos a su Hijo y con &eacute;l al Esp&iacute;ritu Santo. Pero este Coraz&oacute;n de Cristo est&aacute; coronado de espinas, est&aacute; herido por los pecados de todos los hombres, y de &eacute;l brota una llama amor al Padre y a toda la humanidad. Es un Coraz&oacute;n roto, herido por la lanza del soldado, efecto del pecado de toda la humanidad. Y roto de amor, porque no es correspondido. &ldquo;He aqu&iacute; este Coraz&oacute;n que tanto ha amado a los hombres&hellip; y a cambio recibe menosprecios e ingratitudes de los hombres&rdquo;, le dice Jes&uacute;s a Santa Margarita Mar&iacute;a Alacoque. A pesar de todo, es un Coraz&oacute;n que sigue amando y busca corazones que se unan al suyo, como v&iacute;ctimas de reparaci&oacute;n por tanto desamor de los hombres. Es un Coraz&oacute;n que acabar&aacute; triunfando por la v&iacute;a del amor en los corazones de quienes le acogen. La solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, este viernes 12 de junio, es un momento propicio para agradecer este amor sin medida, con el que siempre contamos y que nunca nos falta. El mes de junio es el mes del Sagrado Coraz&oacute;n. Es ocasi&oacute;n propicia para reparar tanto desamor por nuestra parte y por parte de toda la humanidad. &iexcl;C&oacute;mo duele ofender a quien amamos de verdad, y ver que el Amor no es amado! Es ocasi&oacute;n para anunciar este Amor a todos los que nos rodean, para que a todos llegue este lubrificante del amor en medio de tanto sufrimiento. Que la fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n nos prepare al A&ntilde;o de la Misericordia. La pr&aacute;ctica de los primeros viernes, la comuni&oacute;n y la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica con tono de reparaci&oacute;n e intercesi&oacute;n, la ofrenda de nuestra vida en amor de correspondencia, la contemplaci&oacute;n de ese Amor incesante, que siempre reacciona amando, nos lleve a todos a exclamar: Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n. Un coraz&oacute;n roto de amor, el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. ********************************* LAS L&Aacute;GRIMAS DE JES&Uacute;S: EL CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S El Amor de Jes&uacute;s ama y abraza siempre, no solamente a sus m&aacute;s fieles amigos, sino que, incluso cuando el ser humano resulta ser como Judas, &Eacute;l siempre ama y perdona. Es el Amor que de una forma tan inconcebible se hace presente continuamente sobre el pan consagrado, que permanece con los brazos abiertos para amigos y enemigos, tengan fe o no la tengan. El deseo de amor no podr&iacute;a nacer en el atormentado coraz&oacute;n humano si Dios mismo no lo infundiera en &eacute;l. Dios desea mostrarme su verdadero rostro: el rostro del amor de Dios es su Hijo, encarnado por amor primero en carne humana, y luego en un trozo de pan, mayor expresi&oacute;n de amor, imposible. Es un amor singular, excepcional, dirigido hacia cada uno de nosotros, hacia m&iacute; mismo. Es el amor que de forma maravillosa defini&oacute; el santo padre Benedicto XVI al decir que es al mismo tiempo ag&aacute;pe y eros&rsquo;. Jesucristo, como anotan los evangelios, muchas veces se compadec&iacute;a e, incluso, a veces lloraba: &laquo;Cuando dijo estas palabras, Jes&uacute;s se turb&oacute; en su interior y declar&oacute;: &ldquo;En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregar&aacute;&rdquo;&raquo; (Jn 13,21). Al hablar de la traici&oacute;n de Judas, Jes&uacute;s experiment&oacute; una profunda compasi&oacute;n; tal vez llor&oacute;. Y si se compadeci&oacute; ante la traici&oacute;n de Judas, eso quiere decir que lo amaba mucho. &iquest;Acaso &Eacute;l, quien es el Amor mismo, podr&iacute;a no amarlo? Jes&uacute;s llor&oacute; por Judas, pero &mdash;lo que puede ser m&aacute;s importante-- llor&oacute; en su presencia, no le ocult&oacute; su compasi&oacute;n. Es estremecedor que Judas haya podido ver las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Si me siento pecador, pero al mismo tiempo he perdido la esperanza y no creo en el amor de Jes&uacute;s, puede decirse &mdash;recurriendo a las palabras del Evangelio de la salvaci&oacute;n, como sucede en toda santa Misa&mdash; que Jes&uacute;s, en quien no conf&iacute;o, llora por m&iacute;, en mi presencia. Lo que ocurre es que puedo no verlo. Tal vez Judas tampoco vio las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Porque el ser humano ve solo lo que quiere ver. Los evangelios subrayan que Jes&uacute;s llor&oacute; por Jerusal&eacute;n: &laquo;Al acercarse y ver la ciudad, llor&oacute; por ella, diciendo: &ldquo;&iexcl;Si tambi&eacute;n t&uacute; conocieras en este d&iacute;a el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendr&aacute;n d&iacute;as sobre ti, en que tus enemigos te rodear&aacute;n de empalizadas, te cercar&aacute;n y te apretar&aacute;n por todas partes, y te estrellar&aacute;n contra el suelo a ti y a tus hijos que est&eacute;n dentro de ti, y no dejar&aacute;n en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita&rdquo;&raquo; (Lc 19,41-44). A&uacute;n hay otro gesto de compasi&oacute;n por parte de Jes&uacute;s: las l&aacute;grimas por el dolor humano, por el dolor de una persona a la que amaba mucho. No en raz&oacute;n de su infidelidad sino, al contrario, porque esa persona era muy fiel a &Eacute;l, y lo amaba mucho: &laquo;Vi&eacute;ndola llorar Jes&uacute;s [...], se conmovi&oacute; interiormente, se turb&oacute;&raquo;. Jes&uacute;s se compadeci&oacute; porque Mar&iacute;a de Betania lloraba. As&iacute; es el Amor, todav&iacute;a no descubierto por m&iacute;. El Amor que siempre ama: al que traiciona, al que est&aacute; cerrado, sobre quien tienen que venir tiempos duros, como sucedi&oacute; sobre Jerusal&eacute;n, cuando no qued&oacute; de ella piedra sobre piedra, porque no reconoci&oacute; el tiempo de su visita. Pero Jes&uacute;s tambi&eacute;n llora por el dolor humano, porque &eacute;se dolor es muy entra&ntilde;able para &Eacute;l. Mar&iacute;a lloraba por la muerte de su hermano L&aacute;zaro, y Jes&uacute;s mostr&oacute; su compasi&oacute;n; mostr&oacute; cu&aacute;n entra&ntilde;able era su llanto para &Eacute;l. Aunque sab&iacute;a que el dolor de la separaci&oacute;n ser&iacute;a aliviado &mdash;sab&iacute;a que resucitar&iacute;a a L&aacute;zaro&mdash;, no fue indiferente al sufrimiento, al llanto de Mar&iacute;a, a quien amaba. Puede decirse, incluso, que Jes&uacute;s fue quien le caus&oacute; dolor a ella pues, a pesar de que se hab&iacute;a enterado de la enfermedad de L&aacute;zaro &mdash;&laquo;Se&ntilde;or, aquel a quien t&uacute; quieres, est&aacute; enfermo&raquo;&mdash;, &laquo;permaneci&oacute; dos d&iacute;as m&aacute;s en el lugar donde se encontraba&raquo; (Jn 11,3.6). Es en este sentido como &laquo;caus&oacute;&raquo; el llanto de Mar&iacute;a. Adem&aacute;s, ella lo sab&iacute;a, ya que dijo: &laquo;Se&ntilde;or, si hubieras estado aqu&iacute;, mi hermano no habr&iacute;a muerto&raquo; (Jn 11,32). Aunque se trataba de un pensamiento estrictamente humano, Jes&uacute;s se abaj&oacute; ante &eacute;l y lo respet&oacute;, porque sab&iacute;a que Mar&iacute;a desconoc&iacute;a los planes de Dios, que implicaban su llanto y la &laquo;demora&raquo; de Jes&uacute;s, como una gran prueba de fe&hellip; (Las noches del esp&iacute;ritu de san Juan de la Cruz para vaciar mi coraz&oacute;n de amores humanos y llenarme solo del Esp&iacute;ritu Santo, del mismo amor de Dios verdadero no fabricado por m&iacute; por las &ldquo;nadas&rdquo; purificatorias pasivas, no activas&hellip; y as&iacute; llego a sentir el mismo amor de Dios, Esp&iacute;ritu Santo, el cielo-contemplaci&oacute;n de amor en la tierra). &Eacute;l es quien mejor sabe que las pruebas de fe, aunque son tan necesarias,al mismo tiempo son muy dolorosas, como lo fue esta, en la que se revelar&iacute;a la gloria d Dios, al resucitar a un hombre de entre los muertos para que muchas personas pudieran creer en Jes&uacute;s. Tal vez tambi&eacute;n el Se&ntilde;or pretend&iacute;a, con esta prueba, que Mar&iacute;a de Betania que amaba tanto a Jes&uacute;s, incrementara y purificara a&uacute;n mas su amor por &Eacute;l y descubriera m&aacute;s lo mucho que &Eacute;l la amaba: le muestra su amor con sus l&aacute;grimas y, despu&eacute;s, eliminando la causa de su llanto, restableciendo la temporalidad a la que estaba apegada, la vida de su hermano amado. Precisamente el amor de Jes&uacute;s hizo que se convirtiera en el &Uacute;nico para Mar&iacute;a, cuando visit&oacute; nuevamente Betania, a falta de seis d&iacute;as para la Pascua, ella no prest&oacute; atenci&oacute;n ni a Marta, ni a L&aacute;zaro, ni a los Ap&oacute;stoles que estaban presentes junto al Maestro. Para ella solo &Eacute;l exist&iacute;a. Al realizar esos gestos simb&oacute;licos: arrodillarse a sus pies, derramar sobre ellos un caro perfume de nardo puro y secarlos con sus cabellos, estaba expresando cu&aacute;nto hab&iacute;a descubierto del amor de Jes&uacute;s. Estaba diciendo que, en presencia de quien gradualmente hab&iacute;a llegado a ser para ella todo, pr&aacute;cticamente el mundo entero hab&iacute;a desaparec&iacute;do, toda la temporalidad. Tambi&eacute;n Judas, como Mar&iacute;a de Betania, lo hab&iacute;a recibido todo. Puedo percibir un contraste sorprendente al comparar c&oacute;mo se compadeci&oacute; Jes&uacute;s de Judas y de Mar&iacute;a, estando en la presencia de ambos, derram&oacute; unas l&aacute;grimas por quien le fue tan infiel y su amor, y otras por aquella que fue un signo excepcional de fidelidad... La comparaci&oacute;n de estos dos &laquo;polos humanos&raquo; ense&ntilde;a mucho sobre el amor de Jes&uacute;s. Sin embargo, no lo ense&ntilde;a todo, ya que este amor no se descubre del conocimiento: de saber que &Eacute;l ama, que ama a otros; que es un Amor tal vez abstracto. Cada uno de nosotros en lo personal debe descubrirlo en su propio camino de vida, abri&eacute;ndose a la gracia que viene ahora, en el momento presente. Este privilegiado momento presente, este ahora, es para m&iacute; la Eucarist&iacute;a: Jes&uacute;s eucar&iacute;stico que con un amor tan excepcional me mira desde el Sagrario y el altar del Sacrificio. Mira de tal manera, que yo pueda creer que me mira exclusivamente a m&iacute;, con un amor particular. Y que siempre me ama. SIEMPRE, independientemente de que me encuentre en alguno de esos polos representados por las figuras de Judas y de Mar&iacute;a de Betania. Entre esos polos existe un continuum de posibilidades que no puede abarcarse con la raz&oacute;n. En realidad mi vida corre por un camino tortuoso, por una senda intrincada. Ni siquiera tengo conciencia de d&oacute;nde estoy; aunque efectivamente me estoy aproximando de alguna manera a uno de esos polos. Solo la gracia de Jes&uacute;s eucar&iacute;stico puede mostrarme &mdash;si me abro a ella&mdash; si el camino de mi vida y mi elecci&oacute;n m&aacute;s profunda me est&aacute;n dirigiendo m&aacute;s hacia Judas o hacia Mar&iacute;a de Betania. Porque en esencia mi vida se encuentra extendida entre esos dos polos. En definitiva cuenta solo Cristo, y solo una cosa es importante: mi relaci&oacute;n con &Eacute;l, qui&eacute;n es para m&iacute;. Por eso cada momento es una elecci&oacute;n. Ahora o elijo a &Eacute;l o no lo hago. Jes&uacute;s Eucar&iacute;stico est&aacute; siempre junto a m&iacute;. Si estoy extraviado y por el momento no me puede ayudar &mdash;porque no quiero que me ayude-, entonces tiene que &laquo;llorar&raquo;. Obviamente Cristo no puede llorar, porque est&aacute; sobre el altar, en Cuerpo glorioso; pero si pienso en &Eacute;l solamente de manera abstracta, nunca ver&eacute; lo cerca que est&aacute;. La luz de la Revelaci&oacute;n puede iluminar mi conciencia extraviada y mostrarme a Jes&uacute;s no solamente como un ag&aacute;pe abstracto, sino tambi&eacute;n como amor concreto, es decir, como esa &uacute;nica forma de amor que puedo percibir: el eros. La uni&oacute;n de estos dos tipos de amor me aproxima a Jes&uacute;s. Solo entonces la Liturgia eucar&iacute;stica puede llegar a ser para m&iacute; muy real, sobre todo su parte m&aacute;s extraordinaria, desde la Transubstanciaci&oacute;n hasta la santa Comuni&oacute;n; porque Jes&uacute;s eucar&iacute;stico &mdash;el Amor en toda su esencia&mdash; viene sobre el altar por el poder del Esp&iacute;ritu Santo y de las palabras de la consagraci&oacute;n. Y este Jes&uacute;s viene a m&iacute; en la santa Comuni&oacute;n o, m&aacute;s bien, me recibe a m&iacute;, que soy un pecador porque, independientemente de que me est&eacute; acercando al polo de Judas Iscariote o al de Mar&iacute;a de Betania, siempre me acerco como pecador. A decir verdad, Mar&iacute;a no llor&oacute; por la muerte de su hermano, sino por ella misma, pues hab&iacute;a per ella misma, pues hab&iacute;a perdido algo valioso. Lloraba por su propia p&eacute;rdida. Por eso la Eucarist&iacute;a siempre es Pan para los pecadores, aunque se sientan tan santos como ella. Despu&eacute;s de todo, en ese momento Mar&iacute;a de Betania todav&iacute;a no era santa. Solo cuando el Esp&iacute;ritu Santo la abrace y con su gracia la santifique, ella tendr&aacute; la certeza de que &Eacute;l, Dios, puede darle todo: a s&iacute; mismo, y tambi&eacute;n lo que hab&iacute;a perdido. &iexcl;Le pareci&oacute; que hab&iacute;a perdido tanto!, mientras que Jes&uacute;s quer&iacute;a decirle que si lo elije a &Eacute;l, todo le ser&iacute;a restablecido, incluso L&aacute;zaro: si elije a Cristo, ya nada se lo ocultar&aacute;. ************************************* 2&ordf; MEDITACI&Oacute;N: UNA PALABRA TUYA BASTAR&Aacute;: CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S Son conmovedoras las palabras que Jes&uacute;s le dirige al hombre que le pide que cure a su hijo de epilepsia, utilizando el modo condicional. A su petici&oacute;n: &laquo;Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ay&uacute;danos&raquo;, Jes&uacute;s responde lleno de sorpresa: &laquo;Si puedes...!&raquo;. En estas palabras se entrev&eacute; su gran asombro por la incredulidad humana ante los muchos milagros que constantemente realizaba:&laquo;Todo es posible para el que cree&raquo; (cf Mc 9,23). Para quien cree en el Poder y en el Amor, Dios puede hacer todo. Incluso Judas pudo haber sido salvado si como aquel padre hubiera clamado: &laquo;Creo; ay&uacute;dame porque tengo poca fe&raquo; (Mc 9,24). Es que ni siquiera es necesario creer, basta con reconocer la incredulidad y recurrir a quien con su sorpresa exige de alguna manera no ponerle l&iacute;mites a su poder. Decimos que hay que creer en el amor de Dios, pero eso es demasiado poco; tambi&eacute;n hay que creer en su poder. Solo entonces uno puede descubrir qui&eacute;n es Jes&uacute;s, y recibir paz y felicidad; solo entonces: amor poderoso que obra. Lo que admira a Cristo en la petici&oacute;n del centuri&oacute;n &mdash;&laquo;Se&ntilde;or, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanar&aacute;&raquo; (Mt 8,8)&mdash; es la fe en su poder. Obviamente, en el fondotambi&eacute;n hay fe en su amor, porque el centuri&oacute;n, al ver que realizaba tantos milagros, de alguna manera toc&oacute; la misericordia de Cristo; por lo tanto, tuvo que haber cre&iacute;do en cierto grado en ese Coraz&oacute;n, que ten&iacute;a piedad de la miseria humana. No obstante, &eacute;l fu&eacute;excepcional en su fe, porque Israel carec&iacute;a, no tanto de fe en la bondad de Jes&uacute;s, sino m&aacute;s bien en su poder. Los Ap&oacute;stoles tambi&eacute;n ve&iacute;an que el Maestro ten&iacute;a piedad de las multitudes, cre&iacute;an en su amor, Sin embargo, la fe del centuri&oacute;n en el poder de Jes&uacute;s, expresada en las categor&iacute;as v&aacute;lidas en el ej&eacute;rcito, es admirable: &laquo;Porque cuando yo, que yosoy m&aacute;s que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que est&aacute;n a mis &oacute;rdenes: &ldquo;Ve&rsquo; &eacute;l va, y a otro: &ldquo;Ven&rsquo; &eacute;l viene; y cuando digo a mi sirviente: &ldquo;Tienes que hacer esto&rsquo; &eacute;l lo hace&raquo; (Mt 8,9). El soldado tiene que obedecer absolutamente al oficial; por lo tanto, el centuri&oacute;n parece comprender que las que hoy llamamos leyes de la naturaleza tambi&eacute;n obedecen a Jes&uacute;s, &Eacute;l sabe que Jes&uacute;s no tiene que ir personalmente, en contra de las convicciones comunes; no tiene que tocar para curar; sabe que ese poder puede actuar incluso desde lejos. &laquo;Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe&raquo; (Mt 8,10), estas extraordinarias palabras de admiraci&oacute;n salen de la boca de Dios mismo. &iexcl;Qu&eacute; importante es la fe en el poder de Dios, en ese poder suyo que puede manifestarse en cada instante de mi vida! La fe en su amor no es suficiente, porque el amor puede ser desvalido. El amor que llora y se compadece es con seguridad un amor excepcional pero eso no es suficiente para el hombre. No basta con que se compadezcan de &eacute;l; el hombre necesita a Dios mismo, a Jesucrist0 y solo a &Eacute;l. Pero lo necesita realmente cuando descubre que el amor de Dios siempre es poder. Que no se puede separar el amor de Jesucristo de su poder. En El, el poder y el amor activo y no meramente pasivo y sentimiento constituyen una unidad. &Eacute;l ama en la misma medida de su poder y tiene poder en la medida de su amor. Porque tanto el amor como el poder son en &Eacute;l infinitos. Y estas dos infinitudes crean tal unidad en &Eacute;l, que al amar siempre quere actuar&hellip; la cruz, su vida, su nacer, predicar, morir quiere salvarme; por medio del Sacriflcio de la Eucarist&iacute;a. Y puede salvarme en la medida de mi apertura de mi disposici&oacute;n. Por esto, en realidad existe solo una fuente del mal: que no crea en Jes&uacute;s, que no crea - a Jes&uacute;s, que no crea en su amor infinito y en su poder infinito. De aqu&iacute; nacen los dem&aacute;s pecados. Si mi vida se orienta hacia el polo de Judas Iscariote, podr&eacute; percibir a lo sumo, las l&aacute;grimas de Jes&uacute;s. Y cuando las vea, puede que las interprete falsamente, no como expresi&oacute;n de su amor sino de debilidad. Aqu&iacute; se encuentra el misterio de la maldad humana: Judas no se abri&oacute; al Amor que le mostraba compasi&oacute;n y que al mismo tiempo era el Poder infinito; por eso no sucedi&oacute; milagro alguno. Como Mar&iacute;a de Betania se abri&oacute; al Amor que se compadeCe ese Amor pudo manifestarle su Poder, en el mayor grado en el que un ser humano puede recibirlo. Mar&iacute;a de Betania no pudo conocer a Jes&uacute;s totalmente Era solo un ser humano pecador Por eso la infinitud del poder del Se&ntilde;or y de su amor&rsquo; parad&oacute;jicamente tuvo que &laquo;limitarse&raquo; al mayor milagro desde el punto de vista humano: resucitar a los muertos. Pero para Mar&iacute;a eso era suficiente, y ten&iacute;a que serlo, porque era solamente una Criatura llamada de la nada a la vida, y mayor gloria de Dios no pod&iacute;a ver. En ese sentido Jes&uacute;s, en la medida de las limitaciones humanas de Mar&iacute;a, le revel&oacute; todo Porque cualquier Cosa Superior a eso, Una gloria suya a&uacute;n mayor solo habr&iacute;a podido destruirla. Pero &Eacute;l la amaba tanto que limit&oacute; la manifestaci&oacute;n de su gloria &laquo;&uacute;nicamente&raquo; a la resurrecci&oacute;n de los muertos. Para ella y para quienes vendr&iacute;an despu&eacute;s a Betania a ver a L&aacute;zaro, ese ser&iacute;a un signo excepcional del poder de Jes&uacute;s, suficiente para seguirlo hasta el final. Antes de la santa Comuni&oacute;n repito: &laquo;Se&ntilde;or, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar&aacute; para sanarme&raquo; Entonces se abre paso hacia m&iacute;, aunque sea por un instante, algo de la verdad acerca de mi debilidad, de mis infidelida des Cometidas con tanta frecuencia; pero al mismo tiempo crece el deseo de unirme con Dios. Tal vez durante muchos a&ntilde;os de aspirar a &Eacute;l, mi indignidad ser&aacute; para m&iacute; solo Una palabra vac&iacute;a; pero si alg&uacute;n d&iacute;a se vuelve realidad, el contraste entre mi indignidad y aquello a lo que me llama &Eacute;l, mi Redentor eucar&iacute;stico podr&aacute; ser asombroso. Tal vez me acuerde entonces de las maravillosas palabras que Jes&uacute;s le dijo al padre que pidi&oacute; la curaci&oacute;n de su hijo, y que cre&iacute;a tan poco en su poder. Tal vez me acuerde del asombro de Dios ante la duda de ese hombre. Dios tiene predilecci&oacute;n por los violentos, esos locos que arrebatan el reino de los Cielos (cf Mt 11,12). Lo arrebatan sin ser dignos de ese Reino. Dios no llama a la santidad a los justos sino a los pecadores. Por la gracia tal vez tome conciencia del poder de su palabra. De hecho, en virtud de esa palabra se realiza el mayor milagro del mundo: el descenso de Dios sobre el altar. Las palabras de la consagraci&oacute;n, que en cada santa Misa producen el mayor milagro, &iquest;no ser&aacute;n capaces de abrirme a la gracia vinculada a ellas?, &iquest;de abrirme de tal manera que me impregne en el momento que precede la santa Comuni&oacute;n? Entonces, al repetir la oraci&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, no soy d&iacute;gno...&raquo;, terminar&eacute; con fe: &laquo;pero una palabra tuya bastar&aacute;...&raquo;, y al decir &laquo;una palabra&raquo; me refiero a esa palabra tuya que no tiene l&iacute;mites de poder, que es capaz de realizar la transformaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n, la sanaci&oacute;n de mi alma, ahora mismo. &iquest;Solo la sanaci&oacute;n? O tal vez &mdash;como el loco, como el violento que arrebata el reino de los Cielos&mdash; le dir&eacute; a Jes&uacute;s: &laquo;Una palabra tuya bastar&aacute; para santificarme&raquo;. No deber&iacute;a poner l&iacute;mites a su poder infinito y a su misericordia infinita, De hecho puede suceder que &Eacute;l, Dios presente en la Eucarist&iacute;a, en virtud dv esas palabras maravillosas, en cierto momento realice mi transformaci&oacute;n. Y un d&iacute;a realizar&aacute;s esa transformaci&oacute;n en mi cuando te acoja en mi coraz&oacute;n. Ser&aacute;s solo Tumi Dios y Se&ntilde;or, mi &uacute;nica esperanza. Y ser&aacute;s Ii quien en la santa Comuni&oacute;n te unas a m&iacute; en el amor. Todo esto parece una locura pero, al venir a ml en la Eucarist&iacute;a, Jes&uacute;s de verdad me ama hasta Li locura. Y verdaderamente hasta la locura desea morar en m&iacute;, santificarme, d&aacute;ndoseme, junto conel regalo de mi santidad. Y con ello, todo lo dem&aacute;s: la participaci&oacute;n en su gloria, cuyo anticipo se hace presente sobre el altar. 3.- AMOR INDEFENSO &laquo;ESTOY A LA PUERTA Y LLAMO...&raquo; (Ap 3,20). Pero T&uacute;, Jes&uacute;s presente en la Eucarist&iacute;a, quieres que yo tambi&eacute;n llame a la puerta que tambi&eacute;n golpee. T&uacute;, que quieres depender de m&iacute;, hombre de poca fe, deseas suscitar en m&iacute; la oraci&oacute;n. Estoy encerrado en m&iacute; mismo. No soy capaz, no quiero abandonarme a m&iacute; mismo; sin embargo me encuentro frente a la puerta que conduce a tu Coraz&oacute;n eucar&iacute;stico, por la que deber&iacute;a querer entrar. Ens&eacute;&ntilde;ame a llamar, ens&eacute;&ntilde;ame a tocar la puerta1 porque constantemente me quiero maltratar, herir... Y tal vez no tengo esperanza de que esa puerta se abra alg&uacute;n d&iacute;a. O tal vez no lo deseo. No es tan f&aacute;cil llamar a la puerta porque significa esperar, entrar en comuni&oacute;n, y yo no s&eacute; c&oacute;mo hacerlo. Por lo tanto, ens&eacute;&ntilde;ame, Se&ntilde;or Jes&uacute;s oculto en la Eucarist&iacute;a, a esperarte cada vez m&aacute;s, a entrar cada vez m&aacute;s en comuni&oacute;n contigo. Un ni&ntilde;o es capaz de llamar pateando la puertas pero yo sigo sin ser ni&ntilde;o; no golpeo fuertemente la puerta porque sigo necesit&aacute;ndote demasiado poco. &iexcl;VEN SEFIOR JES&Uacute;S! Jes&uacute;s fue a la tierra de los gerasenos y los liber&oacute; de grandes tormentos. El endemoniado de Gerasa gritaba noche y d&iacute;a, se golpeaba con piedras en los sepulcros y en los montes; en todos despertaba miedo. Los gerasenos estaban totalmente desvalidos ante esa gran desgracia. Y, de repente, vieron sorprendidos c&oacute;mo el hombre que hasta ese momento no se dejaba sujetar porque romp&iacute;a todas las cadenas y grilletes, ahora se encontraba sentado a los pies de Jes&uacute;s, tranquilo y feliz. Si hubieran sido capaces de valorar eso, se habr&iacute;an postrado a los pies de Jes&uacute;s, agradeci&eacute;ndole de coraz&oacute;n el haberlos hecho testigos de un milagro. Pero simplemente se dirigieron a Jes&uacute;s para rogarle que se alejara de ellos lo m&aacute;s pronto posible. Eran m&aacute;s importantes para ellos los puercos ahogados en el lago, que la llegada del poder divino en la persona que hab&iacute;a realizado el milagro. Se dio una situaci&oacute;n de polarizaci&oacute;n, y los habitantes de Gerasa eligieron a los puercos en vez de a Dios. El joven rico tambi&eacute;n ten&iacute;a sus &laquo;puercos&raquo; y, porque tem&iacute;a perderlos, rechaz&oacute; a Jes&uacute;s. Los gerasenos en realidad no eran israelitas como &eacute;l; adem&aacute;s, apacentaban puercos, animales impuros para el pueblo de Israel. Sin embargo, hab&iacute;an sido testigos de un milagro evidente, es decir, de la realidad estreme cedora de la actuaci&oacute;n de Dios delante de sus ojos, Pero eligieron a los puercos. En cada ser humano existe un &laquo;yo&raquo; real y un &laquo;yo&raquo; &iacute;deal. El &laquo;yo&raquo; ideal es una parte de uno mismo, esa &laquo;reserva del coraz&oacute;n&raquo; que est&aacute; vinculada con un profundo deseo, una expectativa Incluso, si una persona parece muy mala, se puede definir con suficiente veracidad tomando como base su &laquo;yo&raquo; ideal, es decir, ese qui&eacute;n quisiera ser, su mejor parte, oculta en su interior, En este sentido puedo decir que, en el fondo, yo soy lo que espero. Los gerasenos no esperaban a Dios; esperaban m&aacute;s bien que el enviado de Dios se lejara de ellos lo m&aacute;s pronto posible, para tener paz en el futuro con sus piaras. Me es tan f&aacute;cil decir despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, present&aacute;ndole a Dios en ese fomento supuestamente lo que espero, como expresando la mejor parte de mi &laquo;yo&raquo;: S&iacute;, Dios m&iacute;o, &iexcl;ven!; espero tu venida gloriosa y que se arroje al lago la piara de mis &laquo;puercos&raquo;: todos mis anhelos, deseos, &iexcl;tan terrenales!; mis intereses, que tal vez no quisiera descubrir delante de nadie. Pero, &iquest;acaso tomo en consideraci&oacute;n que todo eso puede realmente caer al lago si en verdad espero su venida gloriosa? En estas palabras se expresa mi elecci&oacute;n radical de Dios: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!, espero tu venida gloriosa, con todas mis fuerzas&raquo;. Y la medida de m&iacute; apertura a esas palabras se convierte en la de la actuaci&oacute;n milagrosa de Dios Salvador, que est&aacute; obrando ahora mismo: T&uacute; eres el m&aacute;s importante, Dios m&iacute;o, Jesucristo vivo sobre el altar. Haz que esos &laquo;puercos&raquo; mueran en el lago, porque yo te espero a ti, aguardo tu venida, hoy, ahora: la que aproxima tu venida gloriosa definitiva. Solo t&uacute;, Jes&uacute;s presente en la Eucarist&iacute;a, eres mi espera, eres mi esperanza, el sentido de mi existencia: sin ti no puedo vivir. Conf&iacute;o en que ir&aacute;s intensificando en mi coraz&oacute;n la plegaria lit&uacute;rgica: &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, con la que me ir&aacute;s llenando cada vez m&aacute;s, de manera que la espera de tu venida se convierta gradualmente en el contenido de mi cotidianidad, y en el de toda mi vida, que es propiedad tuya. La espera de la segunda venida del Se&ntilde;or est&aacute; enraizada internamente en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Las palabras &laquo;ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo; resonaban como &laquo;maran&aacute; th&aacute;&raquo; durante las celebraciones eucar&iacute;sticas en los primeros siglos de la cristiandad. A la luz de la segunda venida de Cristo, la &laquo;gloria&raquo; de la temporalidad deber&iacute;a palidecer ante mis ojos. Asimismo, a la luz de su gloria es necesario que tambi&eacute;n mis aflicciones se reduzcan a polvo. Los problemas deber&iacute;an preocuparme mucho menos, pues &Eacute;l vendr&aacute; n su gloria. Y todo aquello por lo que me preocupo s volver&aacute; absurdo. Estas palabras implican el llamamiento a la conversi&oacute;n porque, si con Sinceridad hago esa aclama aclamaci&oacute;n a Dios REALMENTE PRESENTE sobre el altar, si con sinceridad me Uno a la plegaria Posterior del sacerdote: &laquo;Mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos en esta acci&oacute;n de gracias, el SacrificIo vivo y santo&raquo;, ese Sacrificio ofrecido se realiza efectivamente en m&iacute; en la medida de mi espera, espera que me introduce desde ya en una realidad diferente. La Iglesia evoca en otro momento esa espera, cuando ora antes de la santa Comuni&oacute;n. &laquo;Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo&raquo; Su venida en la santa Comuni&oacute;n es una preparaci&oacute;n para la otra venida; se nos reparte la santa Comuni&oacute;n para que esperemos la segunda venida del Se&ntilde;or, para que vivamos de la fe en esa venida. Fe que llega a ser esperanza, porque es espera. &iexcl;Cu&aacute;n importante es esa espera que me introduce en un mundo diferente!; no en el que estoy sumergido, lleno de mal, deshonestidad y dolor; sino en el mundo de Dios, penetrado de esa triple verdad: &Eacute;l muri&oacute;, resucit&oacute; y vendr&aacute; en su gloria, por m&iacute; as&iacute; como por m&iacute; celebra ahora mismo el sant&iacute;simo Sacri&mdash; ficio: para poder redimir sobre el altar eucar&iacute;stico las zonas de oscuridad que suelen permanecer en m&iacute; despu&eacute;s de la santa Misa. Esta dimensi&oacute;n escatol&oacute;gica de la Eucarist&iacute;a, con tanta frecuencia se escapa a mi atenci&oacute;n, extremadamente importante. Es un continuo llamamiento para que me convierta, para que me amine hacia ese Amor eucar&iacute;stico que tanto me am&oacute;. En realidad, son pocos los que esperan la venida de Cristo, son pocos los que est&aacute;n preparados para esa venida. &Eacute;l vendr&aacute; en su gloria, pero cuando de repente aparezca en esa gloria, &iquest;en qu&eacute; estado me encontrar&aacute;? &iquest;Absorto solo en &Eacute;l, en silencio interior? &iquest;O estar&eacute; tal vez interesado en espejismos temporales, cuidando a los puercos para que no se caigan al lago, persiguiendo extraviado lo que este mundo ofrece? La espera de su venida gloriosa significa que ya desde ahora deseo que reine en mi coraz&oacute;n: A cada paso que doy en el c-amino, a cada movimiento de mi mano al escribir una palabra, cuando presiono el pedal del autom&oacute;vil, espero tu venida gloriosa que me llevar&aacute; a la gloria eterna. Se trata de que me sirva de este mundo con desapego, como si ma&ntilde;ana fuera a desaparecer; pero al mismo tiempo, que trabaje para este mundo con amor, como si nunca fuera a desaparecer. Debo colocar mi vida en la perspectiva del encuentro con el Se&ntilde;or, hacer de ese acontecimiento el polo de atracci&oacute;n. Apenas acaba de venir Jes&uacute;s realmente sobre el altar en el momento de la consagraci&oacute;n, y ya la Iglesia me exhorta a esperar su segunda venida. Un pensador cristiano, refiri&eacute;ndose a la segunda venida del Se&ntilde;or, ve c&oacute;mo el sacerdote levanta la Hostia despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n y, de repente, llega fin del mundo. De esa Hostia levantada surge Cristo rodeado de &aacute;ngeles en toda su gloria. Ya desde ahora deber&iacute;a procurar descubrir &mdash;por medio de la fe&mdash; los coros de &aacute;ngeles que rodean el altar. La celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica es de hecho participaci&oacute;n en la liturgia celestial. Los &aacute;ngeles no pueden dejar a Cristo para quien fueron creados&rsquo;. En la primera plegaria eucar&iacute;stica el sacerdote, despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n, pronuncia estas admirables palabras: &laquo;Te pedimos humildeente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu &aacute;ngel&raquo;: Tu gloria, Dios m&iacute;o, se revela en m&iacute; en el hecho de que, a pesar de mi peque&ntilde;ez, yo no oponga resistencia a la gracia. T&uacute; encuentras tu gloria en la santificaci&oacute;n de los que tanto amas, por los que derramaste tu sangre en la Cruz. &laquo;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;, este grito significa que ya ha nacido en m&iacute; por lo menos un deseo inicial de ver, por medio de la fe, a los &aacute;ngeles alrededor del altar, el deseo del Cielo. Si pronuncio esas palabras con toda sinceridad y mucho cuidado, se realizar&aacute; en m&iacute; una polarizaci&oacute;n. Ellas me colocan ante las siguientes preguntas: verdaderamente quiero su venida gloriosa, ahora? toy preparado para esa venida? &iquest;La espero? Se trata de no estar asustado por la idea de su venida, que no tema que perturbe mi mundo, en el que e encuentro sumergido; porque esa gloria tendr&aacute; 1ue quemar el mundo en el que vivo &mdash;que es pura temporalidad y transformarlo en la &laquo;nueva tierra&raquo;. Cuando venga en su gloria, Jes&uacute;s traer&aacute; de hecho un cielo nuevo y una nueva tierra; no esa tierra a la que ahora me he adherido con el coraz&oacute;n como si fuera un tesoro. Ser&aacute;n tierra nueva y cielo nuevo. Las palabras &laquo;ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo; son un llamamiento a un cambio total en mi elecci&oacute;n. Significan que quiero ya, ahora mismo, apresurar de alguna manera la venida de su reino. Significan que ya de alguna manera vivo de la certeza en la existencia de una tierra nueva y de un cielo nuevo. Ya ahora s&eacute; &mdash;porque creo&mdash; que T&uacute;, Dios eucar&iacute;stico, deseas abrazarme eternamente con tu gloria inconcebible. ***************************************** ************************************* SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA VIRGEN MAR&Iacute;A (Fue mi primera homil&iacute;a de la Inmaculada, predIcada en mi &uacute;ltimo a&ntilde;o del Seminario-diciembre 1959-, ordenado ya di&aacute;cono, con los tonos de oratoria propios de la &eacute;poca, como nos ense&ntilde;aba en las clases de Oratoria D. Pelayo, can&oacute;nigo magistral; pero, como siempre, con el mismo amor de hijo a la hermosa Nazarena, a la Virgen bella, en la novena del Seminario de Plasencia, en 1959) QUERIDOS HERMANOS: 1.- Al comenzar la santa Misa, la acci&oacute;n de gracias m&aacute;s pura que ofrecemos a Dios todos los d&iacute;as, le pedimos perd&oacute;n de haber pecado con el pensamiento, con las palabras y con las obras. Tenemos conciencia de nuestras obras manchadas de soberbia y de ego&iacute;smo, de nuestras palabras manchadas, de nuestros pensamientos y deseos manchados. Hasta al ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido lo sometemos al rito del bautismo para borrar su pecado de origen. Por eso, el recuerdo anual de la Inmaculada, redimida desde el primer instante de su Concepci&oacute;n, nos llena de alegr&iacute;a y orgullo a nosotros, los manchados hijos de Eva.Todos los hombres necesitamos las aguas bautismales; s&oacute;lo Ella fue siempre tierra virgen, sin pisadas de nadie, excepcionalmente concebida, inmaculada, intacta, impoluta, incontaminada. Por eso, hermanos, este d&iacute;a es de suma veneraci&oacute;n, d&iacute;a grande, cuya solemnidad aventaja a la solemnidad de todos los santos porque en &eacute;l nuestra Virgen, la Pur&iacute;sima, fue concebida Inmaculada, llena de gracia de Dios, sin mancha de pecado original, llena de luz y amor divino en el seno materno. 2.- Queridos hermanos, todos los hombres somos engendrados con el pecado de Ad&aacute;n y necesitamos las aguas bautismales para limpiar esta sombra de luz divina que en todos nosotros empa&ntilde;a el resplandor de nuestra alma. S&oacute;lo ella, la Virgen bella Mar&iacute;a, fue concebida llena de gracia y amor divino y sobrenatural desde el primer instante de su ser, fue siempre tierra virgen, sin pisadas de nadie, llena de Dios Trinidad, porque no hay corriente tan impetuosa que no pueda ser detenida por la Omnipotencia de Dios. El sol sigue siempre su eterna carrera; el agua del r&iacute;o nos impide el camino y el abrazo entre ambas orillas y el fuego nos quema siempre. Sin embargo, cuando Dios quiso, el sol se detuvo en su carrera, para que venciese su pueblo, el Jord&aacute;n y el mar Rojo mostraron un camino seco a los israelitas y el fuego del horno no quem&oacute; a Daniel y sus compa&ntilde;eros. Con esta misma potencia, queridos hermanos, pero con m&aacute;s amor y voluntad que nunca, Dios quiso que la impetuosa corriente del pecado de Ad&aacute;n, que hiere e infarta al hombre en lo m&aacute;s profundo de su ser, no lesionara ni tocara a la que ser&iacute;a su Madre, y as&iacute; fue concebida Mar&iacute;a, Inmaculada. Ella, la &uacute;nica y simplemente por privilegio divino, porque Dios Trinidad quiso y la elegi&oacute; como Madre del Hijo-hijo que se iba a encarnar en su seno, porque fue elegida como madre del Hijo desde el primer momento de su Concepci&oacute;n Inmaculada. 3.- Acabo de decir que Dios lo puede todo y, sin embargo, no es verdad. La Omnipotencia divina que detiene al sol y separa las aguas, tiene tambi&eacute;n sus l&iacute;mites, porque los tiene tambi&eacute;n su libertad. Dios, por ejemplo, no es libre para dejar de ser Dios, ya que el Infinito tiene que existir en raz&oacute;n de su mismo Ser que es vida eterna, sin l&iacute;mites en ninguna direcci&oacute;n. Dios puede s&iacute; colgar m&aacute;s y m&aacute;s estrellas en el cielo para que nosotros inexactamente digamos que son infinitas; puede construir un mundo m&aacute;s dilatado y variado, de colores m&aacute;s brillantes; puede, desde luego y con mucha facilidad, crear otros cielos m&aacute;s limpios, un mar m&aacute;s azul y profundo, unos claveles m&aacute;s rojos, unas cascadas m&aacute;s altas e impresionantes. Puede todo eso y otras cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles que ni siquiera la mente humana puede imaginar. Pero el poder de Dios tiene un l&iacute;mite, se puso un l&iacute;mite, no puede traspasarlo, porque ser&iacute;a crear otro Dios, y por eso no puede ni quiere inventar ni plasmar para su Hijo una madre m&aacute;s buena y hermosa, m&aacute;s limpia y excelente, que la bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Inmaculada desde su Concepci&oacute;n. 4.- Es impresionante el esfuerzo hecho por Dios para realizar en carne humana la idea m&aacute;s perfecta que de mujer haya concebido en su mente divina. Para plasmarla, como hemos dicho, cogi&oacute; el azul de los mares, el resplandor de los soles, el frescor de las auras, la suavidad m&aacute;s dulce de las brisas; lo junt&oacute; todo y lo llam&oacute; Mar&iacute;a. Mar&iacute;a, la misma mujer y humilde jovencita Nazarena, que acarreaba el agua y la le&ntilde;a para su casa y en cuyas manos ponemos nosotros ahora todas nuestras plegarias, Mar&iacute;a es el l&iacute;mite que Dios se ha impuesto a sus esfuerzos creadores. Al conjunto de todas las aguas nosotros lo llamamos en lat&iacute;n:&laquo;maria&raquo;; y Dios, al conjunto de todas las gracias que puede conceder a una criatura, la llam&oacute; &ldquo;Mar&iacute;a&rdquo;. Por esto, Mar&iacute;a es Virgen bella, Estrella de todos los mares, Se&ntilde;ora del buen aire, Reina de los cielos y Se&ntilde;ora de todo lo creado. Nadie puede existir ya m&aacute;s perfecto que ella, simplemente porque Dios as&iacute; lo quiso y lo quiere, porque escogi&oacute; para ella todo lo sobrenatural m&aacute;s bello y gracioso que pueda existir. La Virgen contiene en s&iacute; la suma perfecci&oacute;n de todas las cosas creadas y creables, por eso es distinta de todos y de todo: Es Virgen Inmaculada, impecable, dotada de todas las gracias, en la misma orilla de Dios, casi divina. 5.- Cuando antes de crear los mundos, desfilaron todos los seres posibles ante los ojos de la Sant&iacute;sima Trinidad, se detuvieron amorosos ante una criatura singular. El Padre la am&oacute;, la mir&oacute; y dijo: t&uacute; ser&aacute;s mi Hija Predilecta; el Hijo la bes&oacute; diciendo: ser&aacute;s mi madre amada y el Esp&iacute;ritu Santo la abraz&oacute; lleno de Amor Divino y le dijo: T&uacute; ser&aacute;s mi esposa amada, que por mi poder y el Amor de Dios Trinidad pondr&eacute; en tu seno al Hijo de Dios encarnado haci&eacute;ndose hijo tuyo; los Tres la llenaron de regalos y de gracias sobrenaturales y divinas, y cuando la Reina estuvo vestida de luz, los Tres colocaron sobre sus sienes una corona de gracias y dones, en el centro pon&iacute;a: Inmaculada. Queridos hermanos, en ratos de oraci&oacute;n, contemplando a Mar&iacute;a, con la luz y el fuego del Esp&iacute;ritu Santo, es dulce pensar en aquellas tareas preparatorias de la Trinidad dichosa. Imagin&eacute;monos a Dios Trino y Uno ocupado con Amor de Esp&iacute;ritu Santo, ternura de Hijo y anhelos de Padre creador de vida, trazando el semblante, el rostro y los rasgos de su hija predilecta y escogida con el semblante y hermosura de su mismo Ser contemplado y visto y plasmado con el Esplendor de su Imagen e Idea creadora del Hijo &ldquo;Amado por quien todo ha sido hecho&rdquo;; qu&eacute; miradas entre el Padre y el Hijo, qu&eacute; di&aacute;logos de Amor, qu&eacute; miradas de gozo entre los Tres al crearla, qu&eacute; contemplaci&oacute;n de Amor, qu&eacute; fuerza creadora del Hijo Dios creando a su madre de la tierra como hijo, qu&eacute; Hermosura, Esplendor infinito del Ser y Reflejo del Padre infinito haciendo a su madre, qu&eacute; potencia creadora con su Amor de Esp&iacute;ritu Santo contemplando el poder infinito del Padre. Con qu&eacute; manos temblorosas de emoci&oacute;n el Padre la cre&oacute; en su Mente divina trinitaria; con qu&eacute; manos emocionadas el Hijo la acarici&oacute; en su mismo Ser de Hijo imagen del Padre; con qu&eacute; potencia de beso de amor el Esp&iacute;ritu Santo la plasm&oacute; en cuerpo y alma. Queridos hermanos, nuestras iglesias han de levantarse sobre un terreno bendecido, acotado, libre de todo aprovechamiento humano. Un delito ocurrido en ellas las inutiliza para el culto divino, porque impide la tranquila presencia de Dios. Y es que Dios es Dios y para el Dios Infinito y Grande siempre el templo, limpio; los corporales, bien planchados; la patena, de buen metal y la Madre, Inmaculada. La Madre Inmaculada, asociada por Cristo a la obra redentora de la humanidad conven&iacute;a que desde el primer instante de su ser, en su misma concepci&oacute;n divina y humana, estuviera libre de toda mancha y pecado que hab&iacute;a de redimir como corredentora con el hijo-Hijo Salvador de todos los hombres, hijos de Mar&iacute;a. Muchas son las razones porque las que Dios quiso que Mar&iacute;a estuviera limpia de todo pecado y llena de dones y blancura en la redenci&oacute;n y salvaci&oacute;n de todos sus hijos, los hombres. 6.- Entre estas razones, la principal de tener una madre limpia era la conveniencia que iba a tener de asociarla a su obra salvadora. Todo el que redime de pecados debe estar libre de la culpa, del pecado que quita; lo mismo que, para lavar los objetos o personas, las manos que ayudan a limpiar las manchas deben estar previamente lavadas, limpias de la suciedad que tratan de quitar. Por eso, Mar&iacute;a elegida como madre y corredentora con el hijo-Hijo vino a nuestra tierra en Concepci&oacute;n Inmaculada desde el seno de su madre, Ana, anticipando as&iacute; la venida de su hijo Jes&uacute;s a su seno sin participaci&oacute;n de Jos&eacute;, su esposo que por eso quiso abandonarla, porque as&iacute; nacemos todos nosotros, todos los hombres, menos Jes&uacute;s el Dios que quiso nacer hombre en su seno Inmaculado, por designio de amor del Padre, por exigencia de pureza del Hijo, por necesidad del Amor pleno y total del Esp&iacute;ritu Santo. Y este es el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Mar&iacute;a que hoy estamos celebrando. Si remov&eacute;is el cieno de una fuente, toda el agua que baja al r&iacute;o de la vida humana se enturbia y baja encenagada. Dios constituy&oacute; a Ad&aacute;n, fuente de vida humana; al comer la manzana, al comer del &aacute;rbol del bien y del mal, esto es, al no querer obedecer a Dios y tratar de ser &eacute;l Dios, diciendo lo que est&aacute; bien y mal en contra de lo establecido por Dios, vino el pecado original que a todos nos mancha menos a Mar&iacute;a concebida Inmaculada sin pecado original; nosotros todos sin embargo procedemos de la carne manchada de nuestro primer padre, Ad&aacute;n. Solo ella, procediendo de esa misma fuente, fue preservada de toda mancha de pecado en raz&oacute;n de los m&eacute;ritos y deseos de su Hijo, y recibi&oacute; la vida desde Dios, limpia y transparente y su concepci&oacute;n fue inmaculada desde el seno de madre santa Ana. Dios que estaba preparando a su propia madre no pod&iacute;a consentir que fuera escupida por el veneno de la serpiente, del reptil inmundo, por eso, en la im&aacute;genes de Mar&iacute;a aparece pisoteada. &iquest;Qui&eacute;n de nosotros no lo har&iacute;a si lo hubiera podido hacer? El Hijo no pod&iacute;a consentir que el seno donde &Eacute;l quer&iacute;a nacer entre los hombres para salvarnos y abrirnos las puerta del cielo ni por un momento fuera pisado por la serpiente del pecado, de la enemistad con Dios, esto es, que su madre fuera su enemiga y rebelde por el pecado original. No lo quiso y como pod&iacute;a hacerlo, as&iacute; lo hizo. Si el Hijo se estaba preparando su morada en la tierra, ten&iacute;a que parecerse lo m&aacute;s posible a su morada del Cielo con su Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, a la Santidad Esencial del Dios Trino y Uno lleno de Hermosura y Amor de Esp&iacute;ritu Santo; si Dios se preparaba su primer Templo y Sagrario y Tienda en la tierra no pod&iacute;a consentir que estuviera primero habitada por el pecado contra &Eacute;l mismo, contra Dios Padre y pisoteada por su enemigo, el demonio del pecado, que la estrenase la serpiente. No estar&iacute;a bien en un Dios, en un Hijo, que pudo hacer a su propia madre, el Hijo-hijo Jes&uacute;s, ni estaba bien para el Padre que pudo hacer a su propia hija el Padre y tampoco para el Esp&iacute;ritu Santo que concibi&oacute; en su seno de Madre y Esposa de Esp&iacute;ritu Santo al mismo Hijo de Dios encarnado en el hijo de Mar&iacute;a. Los Tres, en consejo Trinitario, as&iacute; lo decidieron y lo hicieron. Mar&iacute;a, por tanto, fue siempre tierra virgen, limpia de toda mancha de pecado, sin pisadas de nadie, siempre para&iacute;so de Dios entre los hombres, donde Dios Trinidad la posey&oacute; desde el primer instante su Concepci&oacute;n Inmaculada. Por eso, aunque siento amores e ideas encendidas de luz y fuego por mi Dios Trinidad en nuestra Madre, Mar&iacute;a Inmaculada, tengo que hacerlo y quiero hacerlo en poes&iacute;a porque es la forma m&aacute;s bella de hacerlo y lo hago con los versos de la Hidalga del Valle: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a es manifiesta demencia y es faltar a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a; pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. ************************************************* SOLEMNIDAD: LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A QUERIDOS HERMANOS:El 8 de diciembre del 1854, el Papa P&iacute;o IX defin&iacute;a en la bula Ineffabilis Deus: &laquo;Es doctrina revelada por Dios y, por tanto, ha de creerse firme y constantemente por todos los fieles, que la Virgen Mar&iacute;a por gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en atenci&oacute;n a los m&eacute;ritos de Cristo Jes&uacute;s, Salvador del g&eacute;nero humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepci&oacute;n&raquo; (DS. 2803). Y el Concilio Vaticano II ha vuelto sobre esta realidad luminosa de la Virgen y nos dice: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). Nuestra Madre la Virgen Maria fue, pues, concebida inmaculada, incontaminada, sin macha alguna, desde el primer instante de su ser. Reflexionemos brevementes sobre este hecho de la gracia de Dios: 1.- Mar&iacute;a fue concebida Inmaculada por voluntad de la Trinidad para ser Madre de Jesucristo, Hijo de Dios. As&iacute; la llam&oacute; el &aacute;ngel de parte de Dios: &ldquo;llena de gracia&rdquo;. No estaba bien que ni por un momento el pecado la poseyese, la hiciera enemiga de Dios a la destinada a ser su madre en la tierra.As&iacute; que Maria fue redimida perfecta desde el vientre de su madre. 2.- Fue concebida Inmaculada por voluntad del Hijo para ser corredentora. Conven&iacute;a que fuera preservada de todo pecado desde el primer instante de su ser la que iba a estar muy unida a Cristo, &Uacute;nico Redentor, que quiso asociarla a su madre y tenerla junto a la cruz. 3.- Inmaculada, finalmente, por amor de Esp&iacute;ritu Santo, para ser modelo e imagen de la Iglesia, santa e inmaculada, de toda la humanidad redimida. Mar&iacute;a es tipo y modelo de todos los hombres, de lo que Dios quiere y nos pide a todos nosotros. Bien est&aacute; el que se arrepiente y se levanta. Pero mejor es no caer en pecado alguno. Maria por ser elegida como madre de Dios, tuvo este privilegio. Es la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis. En el anuncio del G&eacute;nesis sobre la estirpe de la mujer que aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente, la tradici&oacute;n eclesial siempre ha visto a Mar&iacute;a, como nueva Eva. En los versos de la Hidalga del Valle, de nuestros poetas cl&aacute;sicos, queda perfectamente reflejada esta teolog&iacute;a: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a, es manifiesta demencia, y es falta a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a. Pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. 4.- Queridos hermanos: qu&eacute; grande hizo Dios a su madre, y no s&oacute;lo para &Eacute;l sino para todos nosotros, Nuestros sentimientos hacia ella en este d&iacute;a en que celebramos su Concepci&oacute;n Inmaculada son estos: &acute; a) El primer sentimiento ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales desde el primer momento de su Concepci&oacute;n. Y lo hacemos con sus mismas palabras: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) El segundo sentimientos debe ser deseos de imitarla en lo que podamos porque los hijos deben imitar a sus madres y nosotros vemos en Mar&iacute;a el modelo de vida cristiana querida por Dios. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. En ella tenemos que mirarnos y tratar de vivir su pureza y humildad, su confianza y su fiarse totalmente de Dios en las dificultades, aprender de ella la escucha atenta de la Palabra, con obediencia y seguimiento total a Dios &ldquo;h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo;, como le dijo al &aacute;ngel . Mar&iacute;a, madre de todos los creyentes en Cristo, es modelo de fe, de amor y de esperanza cristiana en la Palabra y promesas de Dios. Crey&oacute; siempre y esper&oacute; contra toda esperanza creyendo que era el Salvador del mundo el hijo que naci&oacute; en su seno y mor&iacute;a en la cruz. Sola se qued&oacute; en el Calvario, creyendo que era el Salvador del mundo el que mor&iacute;a abandonado de todos en la cruz, hasta de sus mismos disc&iacute;pulos. Todo este misterio de Mar&iacute;a elegida por Dios como madre inmaculada provoca en todos nosotros confianza y amor total; si Dios confi&oacute; y se fi&oacute; de ella, c&oacute;mo no hacerlo nosotros, ella nos provoca sentimientos de hijos, sentimientos de petici&oacute;n y de s&uacute;plica. &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. Queremos ser buenos cristianos, seguidores de tu Hijo, pero caemos a cada paso. Queremos salvar a los hermanos, pero nos cansamos. &iexcl;Ay&uacute;danos t&uacute;, Virgen santa y bendita, Virgen Inmaculada, Auxiliadora del pueblo de Dios. Porque eres tan grande y poderosa ante Dios, Virgen Santa e Inmaculada, que eres omnipotente suplicando a tu Hijo y lo consigues todo. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. Todos recurrimos a ti. Queridos hermanos: pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada. Ella es la mejor madre de la fe y del amor y de la esperanza. &iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a todos los creyentes! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal! &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazaretana, Virgen bella, Madre del alma, cu&aacute;nto nos quieres, cuanto te queremos. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre, madre y modelo; gracias. ********************************************** QUERIDOS HERMANOS: Al comenzar la santa misa, la acci&oacute;n de gracias y la oblaci&oacute;n m&aacute;s pura que ofrecemos a Dios todos los d&iacute;as, le pedimos perd&oacute;n por haber pecado con el pensamiento con las palabras y con las obras. Tenemos conciencia de nuestras palabras manchadas de orgullo, de nuestros pensamientos manchados de materialismo, de nuestros deseos manchados de consumismo. Hasta al ni&ntilde;o inocente y reci&eacute;n nacido le sometemos al rito del bautismo, para borrarle su pecado de origen. El recuerdo y la mirada filial que dirigimos hoy a la Virgen toda limpia, en su misterio de Concepci&oacute;n Inmaculada, nos llena de gozo y alegr&iacute;a y est&iacute;mulo a nosotros, sus hijos, los manchados desde nuestro nacimiento, los hijos de Eva. Ella, concebida sin pecado, nos est&aacute; invitando a todos nosotros, sus hijos, a vivir la pureza recibida en las aguas bautismales, a vivir siempre la gracia y la vida plena de Dios. 1.-En el contexto del tiempo lit&uacute;rgico del Adviento, en que salimos con gozo a esperar al Se&ntilde;or, la Iglesia quiere que dirijamos nuestra mirada hoy a la Madre, por la que nos vino la Salvaci&oacute;n. Celebramos hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen Maria: &laquo;comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura&raquo; (Prefacio) El 8 de diciembre del 1854, P&iacute;o IX defin&iacute;a en la bula Ineffabilis Deus: &laquo;Es doctrina revelada por Dios y, por tanto, ha de creerse firme y constantemente por todos los fieles, que la Virgen Mar&iacute;a por gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en atenci&oacute;n a los m&eacute;ritos de Cristo Jes&uacute;s, Salvador del g&eacute;nero humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepci&oacute;n&raquo; (DS. 2803). El Concilio Vaticano II ha vuelto sobre esta realidad luminosa de la Virgen y nos dice: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida por Dios con dones dignos de tan gran dignidad&hellip; enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). Nuestra Madre la Virgen Maria fue, pues, concebida inmaculada, impecable, incontaminada, sin macha alguna, desde el primer instante de su ser. 1.- El testimonio m&aacute;s singular y v&aacute;lido de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen lo constituyen las palabras tra&iacute;das desde el seno de Dios por el &aacute;ngel Gabriel, al anunciarla que ser&aacute; Madre de Dios: &ldquo;Salve, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo; (Lc1,8). No ser&iacute;a &ldquo;llena de gracia&rdquo; si en alg&uacute;n momento no lo hubiera estado; no ser&iacute;a en sentido total si el pecado la hubiera tocado aun levemente en cualquier momento de su vida. Mar&iacute;a es la &ldquo;llena de gracia&rdquo; por antonomasia, porque su vida estuvo siempre rebosante de vida divina de amor a Dios. 3.- Inmaculada por Madre. El saludo a la &ldquo;llena de gracia&rdquo; fue precisamente para anunciarla este mensaje de parte de Dios. Mar&iacute;a estaba destinada por Dios para ser la madre de su Hijo. Desde su Concepci&oacute;n deb&iacute;a estar llena totalmente de Dios, en cuanto a una criatura le es posible. Su maternidad deb&iacute;a ser un denso reflejo de la Paternidad Santa de Dios Padre y por otra parte, deb&iacute;a estar llena del Esp&iacute;ritu de Dios, pues por su potencia deb&iacute;a colaborar con ella en la generaci&oacute;n humana del Verbo de Dios en Jes&uacute;s de Nazaret. No estaba bien que ni por un momento el pecado la poseyese, la hiciera enemiga de Dios. As&iacute; que Maria fue un S&iacute; total a Dios desde el primer instante de su ser. Fue la Gracia perfecta, la redimida perfecta. 4.- Inmaculada por corredentora. Es una conveniencia que pide que Maria sea concebida sin pecado y llena de la gracia de Dios. Conven&iacute;a que fuera preservada de todo pecado desde el primer instante de su existir en funci&oacute;n de estar muy unida a Cristo, &Uacute;nico Redentor, que quiso asociar a su madre y tenerla junto a la cruz cuando mor&iacute;a por la salvaci&oacute;n de los hombres sus hermanos. Era congruente y estaba perfecto que estuviera limpia de toda mancha, de todo pecado como corredentora subordinada en esta tarea por su Hijo, la que iba a colaborar con su Hijo en la limpieza del mundo; por eso fue preservada de toda mancha para ejercer su misi&oacute;n adecuada y coherentemente. 5.- Inmaculada por ser modelo e imagen de la humanidad redimida. Mar&iacute;a es tipo y modelo de todo creyente, de toda la Iglesia, santa e inmaculada. Ella ha sido elegida por Dios para ser imagen de lo quiere de todos nosotros. Bien est&aacute; el que se arrepiente y se levanta. Pero mejor es no caer por su gracia. Maria tuvo este privilegio. Maria, desde el primer instante de su ser ten&iacute;a que se la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis y es, en definitiva, la nueva criatura, la nueva creaci&oacute;n. En el anuncio del G&eacute;nesis sobre la estirpe de la mujer que aplastar&aacute; la cabeza de la serpiente, la tradici&oacute;n eclesial siempre ha visto a Mar&iacute;a, como nueva Eva. La desobediencia de la primera Eva fue reparada por la obediencia de la Mar&iacute;a, que por eso ha recibido el t&iacute;tulo de la Iglesia como &ldquo;la madre de los vivientes&rdquo;. Cristo y Maria representan a la nueva Humanidad restaurada de su condici&oacute;n primera. En los versos de la Hidalga del Valle, de nuestros poetas cl&aacute;sicos, queda perfectamente reflejada esta teolog&iacute;a: &laquo;Decir que Dios no pod&iacute;a, es manifiesta demencia, y es falta a la decencia, si pudiendo, no quer&iacute;a. Pudo y quiso, pues lo hizo y es consecuencia cabal ser concebida Mar&iacute;a sin pecado original&raquo;. 6.- Queridos hermanos: Qu&eacute; gran madre tenemos, qu&eacute; grande hizo Dios a Mar&iacute;a y no s&oacute;lo para &Eacute;l sino para nosotros, qu&eacute; plenitud de gracia, hermosura y amor. Nuestros sentimientos hacia ella en el d&iacute;a su fiesta son: a) El primer sentimiento nuestro para con Mar&iacute;a ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales desde el primer momento de su Concepci&oacute;n. Lo hacemos con sus mismas palabras: &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) Dios ha hecho tan grande y limpia a Maria como icono y modelo nuestro. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. En ella tenemos que mirarnos y tratar de vivir su humildad en la grandeza, su fiarse totalmente de Dios en las dificultades, aprender de ella la escucha atenta de la Palabra, obediencia y seguimiento total. Es modelo de santidad en la fe, en el amor, en la esperanza cristianas. Crey&oacute; siempre y esper&oacute; contra toda esperanza; am&oacute; hasta olvidarse de s&iacute;, creyendo que era el Salvador del mundo el hijo que mor&iacute;a en la cruz. Sola se qued&oacute; en el Calvario, creyendo que era el Salvador del mundo e el que mor&iacute;a abandonado de todos, hasta de sus mismos disc&iacute;pulos. c) &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. Queremos ser buenos cristianos, seguidores de tu Hijo, pero caemos a cada paso. Queremos salvar a los hermanos, pero nos cansamos. &iexcl;Ay&uacute;danos tu, Virgen bella, Inmaculada, Auxiliadora del pueblo de Dios. Es tan grande tu poder ante Dios, porque eres omnipotente suplicando a tu Hijo que es omnipotente realizando, porque es Dios. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. Todos recurrimos a ti. Queridos hermanos: pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada, recemos con ella con plena confianza. Ella es la mejor madre de la fe y del amor y de la esperanza. &iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a los creyentes! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal! &iexcl;Mar&iacute;a, hermosa Nazaretana, Virgen guapa, Madre del alma, cu&aacute;nto te quiero, cu&aacute;nto nos quieres. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre y modelo; gracias. &Eacute;sta ha de ser la propuesta permanente de la nueva evangelizaci&oacute;n: la belleza de la vida cristiana, de la vida de hijos de Dios, que en Mar&iacute;a resplandece plenamente: LA PUR&Iacute;SIMA. ***************************************** QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:La fiesta de la Inmaculada brilla con esplendor de cielo azul. Un cielo limpio en el que brilla el sol de la pureza y de la gracia. La fiesta de la Inmaculada llena de alegr&iacute;a el alma del pueblo cristiano. Ella anuncia la cercan&iacute;a de la redenci&oacute;n, que viene a traer al mundo el Hijo de sus entra&ntilde;as, Jesucristo, que nacer&aacute; en la Nochebuena como fruto bendito de su vientre virginal. Mar&iacute;a es el primer fruto de la redenci&oacute;n, porque ha sido preparada por Dios para ser la madre de su Hijo divino hecho hombre. Ella no conoci&oacute; el pecado. Fue toda limpia y hermosa, llena de gracia y santidad. Vale la pena mirar a Mar&iacute;a continuamente, pero m&aacute;s todav&iacute;a cuando llegan sus fiestas, y de manera singular esta fiesta de la Inmaculada. En un mundo como el nuestro, la vieja Europa nuestra que ignora sus ra&iacute;ces cristianas, va creciendo el ate&iacute;smo militante, fruto del alejamiento de Dios de muchedumbres inmensas, en una &ldquo;apostas&iacute;a silenciosa&rdquo; generalizada, como dec&iacute;a san Juan Pablo II. Todo ello es fruto del pecado, del ego&iacute;smo en todas sus formas. Injusticias, corrupci&oacute;n, desprecio de la vida y de los derechos humanos, odios, guerras. El pecado ha hecho y sigue haciendo estragos en la historia de la humanidad. En medio de todo ese esti&eacute;rcol ha brotado una flor, cuyo fruto maduro va a ser su Hijo, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para el cristiano en todo tiempo mirar a Mar&iacute;a, la Pur&iacute;sima, la concebida sin pecado, la llena de gracia. Nosotros que somos pecadores, y que no somos capaces de salir de nuestro pecado por nuestras solas fuerzas, al mirarla a ella sentimos el alivio de la gracia, que en ella resplandece con toda plenitud. El coraz&oacute;n se nos llena de esperanza. Nosotros hemos nacido en pecado, el pecado original, y el bautismo nos ha librado de la muerte eterna, haci&eacute;ndonos hijos de Dios. En nosotros permanece la inclinaci&oacute;n al pecado, el atractivo del pecado (la concupiscencia, que no es pecado, pero procede del pecado e inclina al pecado). Mar&iacute;a, sin embargo ha sido librada de todo pecado antes de cometerlo. Ni siquiera el pecado original ha tenido lugar en ella. Ni tampoco sombra alguna de pecado personal mortal o venial, ni la m&aacute;s m&iacute;nima connaturalidad con el pecado. &ldquo;El pecado m&aacute;s grande de nuestros d&iacute;as es la p&eacute;rdida del sentido del pecado&rdquo;, dec&iacute;a hace poco el papa Francisco recordando esta misma expresi&oacute;n del papa P&iacute;o XII. Ciertamente, es necesario contemplar la belleza de Mar&iacute;a para sentirnos atra&iacute;dos por esa meta a la que Dios quiere llevarnos: libres de todo pecado y llenos de gracia y santidad. Y esta ha de ser la propuesta permanente de la nueva evangelizaci&oacute;n: la belleza de la vida cristiana, de la vida de hijos de Dios, que en Mar&iacute;a resplandece plenamente. Muchos de nuestros contempor&aacute;neos han perdido el sentido de Dios, andan perdidos entre los afanes de este mundo, desnortados sin saber a d&oacute;nde dirigir sus pasos, esclavos de tantas torceduras del coraz&oacute;n humano, v&iacute;ctimas de sus propios vicios que a&iacute;slan y encierran a la persona en s&iacute; misma y la incapacitan para amar. Todas estas y muchas m&aacute;s son las consecuencias del pecado, del alejamiento de Dios. Muchos incluso han perdido el sentido del pecado, porque su vida no hace referencia a Dios para nada. Muchos viven en esas periferias existenciales, lejos de la casa de Dios, y al encontrarse con Mar&iacute;a recuperan el sentido de lo bello, la verdad de la vida, la fuerza para realizar el bien. La fiesta de la Inmaculada quiere traernos a todos esta buena noticia. Por la encarnaci&oacute;n redentora de su Hijo divino Jesucristo, por su muerte y resurrecci&oacute;n, se nos han abierto de par en par las puertas del cielo. Es posible la esperanza, es posible otra forma de vida, es posible amar y salir de uno mismo para entregarse a los dem&aacute;s, es posible la vida de gracia y santidad. M&aacute;s a&uacute;n, hemos nacido para eso. Y si alguna vez nos viene la duda o se oscurece el horizonte, levantemos los ojos a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, la llena de gracia, la toda limpia, la Pur&iacute;sima. Que el Se&ntilde;or os conceda a todos una profunda re- novaci&oacute;n en este A&ntilde;o de la misericordia que, en el d&iacute;a de la Inmaculada, es abierto para toda la Iglesia. Recibid mi afecto y mi bendici&oacute;n: ************************************** INMACULADA Queridos hermanos: Estamos celebrando con gozo la fiesta de Mar&iacute;a en su Inmaculada Concepci&oacute;n; todos los hombres necesitamos el bautismo para liberarnos del pecado original; Mar&iacute;a fue concebida y permaneci&oacute; siempre limpia de todo pecado, fue concebida intacta, impoluta, llena de gracia y belleza divina. Mar&iacute;a es el primer fruto de la redenci&oacute;n, porque ha sido preparada por Dios para ser la madre de su Hijo divino hecho hombre. Ella no conoci&oacute; el pecado. Fue toda limpia y hermosa, llena de gracia y santidad. Vale la pena mirar a Mar&iacute;a continuamente, pero m&aacute;s todav&iacute;a cuando llegan sus fiestas, y, de manera singular, esta fiesta de la Inmaculada. En un mundo como el nuestro, la vieja Europa que va olvid&aacute;ndose y alej&aacute;ndose de sus ra&iacute;ces cristianas, y va creciendo el ate&iacute;smo militante, fruto del alejamiento de Dios de muchedumbres inmensas, de hijos y nietos, en una &ldquo;apostas&iacute;a silenciosa&rdquo; generalizada, como dec&iacute;a san Juan Pablo II. El pecado ha hecho y sigue haciendo estragos en la historia de la humanidad con abortos, cr&iacute;menes de padres a hijos y de hijos a padres, con familias rotas, divorcios, guerras por dineros, petr&oacute;leos, apostas&iacute;as. En medio de todo ese pecado ha brotado una flor, cuyo fruto maduro va a ser su Hijo, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, el &uacute;nico que puede salvar el mundo de ahora y de siempre, miremos las historia. Es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para el cristiano en todo tiempo, mirar a Mar&iacute;a, la Pur&iacute;sima, la concebida sin pecado, la llena de gracia, auxilio para todos, especialmente para las familias que antes rezaban el rosario unidas, porque familia que reza unida permanece unida. Hoy no digo el rosario, ni el ave mar&iacute;a saben ni rezan los ni&ntilde;os que vienen el primer a&ntilde;o a la catequesis. Familia que reza unida, que viene a misa los domingos, permanece unida. Ver as&iacute; a Mar&iacute;a, tan bella y limpia, concebida sin pecado, nos est&aacute; indicando el amor y predilecci&oacute;n del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo sobre la elegida por la Sant&iacute;sima Trinidad para ser Madre del Hijo, preparando as&iacute; una digna morada al Verbo de Dios encarnado en su seno, y nos invita a todos nosotros, sus hijos, a imitarla, a invocarla, a recurrir a ella en nuestras necesidades. Nos llena de gozo y alegr&iacute;a a todos nosotros, sus hijos, los manchados hijos de Eva, que caminamos en este mundo necesitados de su protecci&oacute;n y ayuda permanente; esto nos da certeza y confianza a todos los hombres, los hijos de nuestra madre Inmaculada porque sabemos que nuestra oraciones y novenas y peticiones son siempre atendidas y escuchadas; y finalmente nuestra Madre, limpia de pecado, se convierte en modelo e imagen de lo que Dios quiere de todos nosotros, porque al verla as&iacute; tan bella y limpia de toda mancha, nosotros sus hijos hemos de esforzarnos por parecernos a Ella, luchar para vivir siempre la gracia y la vida plena de amor a Dios y nuestros hermanos los hombres, recibida en las aguas bautismales. 1.- El Concilio Vaticano II nos dice al presentarnos a Mar&iacute;a: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, que dio a luz la Vida misma, que renueva todas las cosas&hellip; fue enriquecida por Dios con dones dignos de tan gran dignidad&hellip; enriquecida desde el primer instante de su concepci&oacute;n con esplendores de santidad del todo singular.&raquo; (LG 56). &ldquo;Salve, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo;, &rdquo;Salve&rdquo;, es decir, al&eacute;grate, regoc&iacute;jate, &ldquo;llena de gracia&rdquo;, porque Dios te ha predestinado ser Madre del Hijo encarnado. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo;, prosigue el divino mensajero. Nuestra Madre estuvo desde el primer instante de su ser m&aacute;s rebosante de gracia que todos los &aacute;ngeles y santos juntos. Y as&iacute; lo expres&oacute; p&uacute;blicamente su prima Isabel, al verla pre&ntilde;ada del Hijo de Dios: &ldquo;bendita t&uacute; entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&rdquo;. POR TRES MOTIVOS PRINCIPALES hizo Dios a Mar&iacute;a tan grande y bella: 2.- Inmaculada por Madre. No estaba bien que ni por un momento el maligno y el pecado poseyese a la que iba a ser morada y templo de Dios. 3.- Inmaculada por corredentora. Conven&iacute;a que estuviera limpia de toda mancha, de todo pecado la que el Hijo quer&iacute;a que fuera corredentora subordinada y unida a &Eacute;l en su tarea de &Uacute;nico Salvador del los hombres; 4.- Inmaculada tambi&eacute;n por ser modelo e imagen de la humanidad redimida. Es la &ldquo;mujer nueva, vestida de sol, coronada de 12 estrellas&hellip;&rdquo; que vio Juan en el Apocalipsis. Queridos hermanos: Qu&eacute; gran madre tenemos, qu&eacute; plenitud de gracia hermosura y amor. Nuestros sentimientos hacia ella deben ser: 1) El primer sentimiento ser&aacute; felicitarla y alegrarnos de que Dios le haya elegido para Madre y le haya hecho tan grande, tan llena de gracias y dones sobrenaturales y rezar con ella el magn&iacute;ficat &ldquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&rdquo;. b) El segundo sentimiento es tratar de imitarla, parecernos a ella. As&iacute; quiere Dios que seamos todos sus hijos. c) Recemos y hablemos todos los d&iacute;as con nuestra madre del cielo. &iexcl;Madre! Ay&uacute;danos a ser como t&uacute;. S&oacute;lo t&uacute; puedes ayudarnos. T&uacute; eres omnipotente suplicando y pidiendo a tu Hijo Dios. Por eso la Iglesia te tiene como abogada nuestra, intercesora del pueblo de Dios. d) Queridos hermanos: recemos todos los d&iacute;as a Mar&iacute;a nuestra Madre; pidamos todas las cosas a Dios por medio de la Virgen Inmaculada. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos sentido su protecci&oacute;n maternal!&iexcl;Qu&eacute; certeza y seguridad nos da a todos sus hijos! &iexcl;Qu&eacute; poder tiene ante Dios! &iexcl;Madre Inmaculada, Madre del alma, cu&aacute;nto nos quieres, cu&aacute;nto te queremos todos tus hijos. Gracias por habernos dado a Jes&uacute;s; gracias por querer ser nuestra madre; nuestra madre y modelo; gracias. *********************************************** INDICE Pr&oacute;logo &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 5 Introducci&oacute;n&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;.&hellip;..7 Adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;..13 Retiro de Adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;14 Primera meditaci&oacute;n del retiro: vivir el adviento con Mar&iacute;a&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;20 Segunda meditaci&oacute;n: implicaciones espirituales de la encarnaci&oacute;n&hellip;&hellip;.28 Tercera Meditaci&oacute;n&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.31 I domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;...40 II domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.54 III domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.63IV domingo de adviento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..72 Tiempo de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;83 Retiro de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;83 1&ordf; Meditaci&oacute;n: &ldquo;el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&rdquo; &hellip;&hellip;&hellip;..83 2&ordf; Meditaci&oacute;n: Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..87 25 de diciembre: Solemnidad: Natividad del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;98 Misa de medianoche&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..98 Misa del d&iacute;a&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;101 Domingo. fiesta: la Sagrada Familia: Jes&uacute;s, Maria y Jos&eacute;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.112 1&ordm; de enero: Solemnidad: Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios. &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 114 Segundo Domingo de Navidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;123 6 de enero: Solemnidad: Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.126 Domingo: fiesta: Bautismo del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;.137 Tiempo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;..145 Retiro de Cuaresma&ldquo;convert&iacute;os y creer en el evangelio&rdquo;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..145 Mi&eacute;rcoles de ceniza&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;.159 I domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;163 II domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.166 III domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;..170 IV domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 174 V domingo de Cuaresma&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.. &hellip;181 Domingo de Ramos en la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..187 Jueves Santo de la Cena del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;194 Hora santa ante el Monumento&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..203 Viernes Santo de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;......&hellip;..216 Retiro de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip; 219 Sabado Santo: Vigilia Pascual en la Noche Santa&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;..&hellip;.&hellip;.224 Domingo de Pascua de la Resurreci&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;...&hellip;&hellip;.230 II domingo de Pacua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;...&hellip;&hellip;239 III domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;.&hellip;.&hellip;.245 IV domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;250 V domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;.. 254 VI domingo de Pascua&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;263 VII domingo de Pascua. Solemnidad: Ascenci&oacute;n del Se&ntilde;or&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;.&hellip; 272 Retiro de Pentecost&eacute;s &hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;....&hellip;&hellip;&hellip;..278 Domingo de Pentecost&eacute;s&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.296 Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.&hellip;&hellip;..&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;299 Solemnidad: Sant&iacute;sima Trinidad&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;..&hellip;....&hellip;&hellip;&hellip;304 Solemnidad: Sant&iacute;simo Cuerpo y Sangre de Cristo&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;....&hellip;&hellip;.. 317. Viernes. Solemnidad: Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;337 Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, roto por amor&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;342