LIBRO DE MIS BODAS DE ORO SACERDOTALES. EL GOZO DE SER SACERDOTE. ¡TE DEUM LAUDAMUS!

GONZALO APARICIO SÁNCHEZ

(Ordenación sacerdotal: 11 de junio 1960, por el  Sr. Obispo D. Juan Pedro Zarránz y Pueyo, en la S. I. Catedral de Plasencia)    

EL GOZO

DE SER SACERDOTE

¡TE DEUM LAUDAMUS!

BODAS DE ORO SACERDOTALES

(11 de junio 1960-2010)

AÑO SACERDOTAL

(19 junio 2009-11 junio 2010)

GONZALO APARICIO SÁNCHEZ

BODAS DE ORO SACERDOTALES

(11 de junio 1960-2010)

AÑO SACERDOTAL

(19 Junio 2009-11 Junio 2010)

¡TE DEUM LAUDAMUS,

TE DOMINUM CONFITEMUR!

A Jesucristo Eucaristía, Sumo y Eterno Sacerdote, Pan de vida eterna y Presencia de amistad permanentemente ofrecida a todos los hombres, con amor extremo, hasta dar la vida; a mi Seminario de la Inmaculada de Plasencia y Obispo y Superiores y Profesores que me ayudaron a ser y existir en Cristo Sacerdote, y a todos mis condiscípulos y hermanos sacerdotes, presencias sacramentales  de Cristo, con su mismo amor celibatario, amor gratuito y total a Dios y a los hombres, nuestros hermanos; y a todos mis queridísimos feligreses de San Pedro, como SACERDOTE de CRISTO, durante cuarenta y cuatro años, en mis cincuenta años de sacerdocio.

 

 

I

 

DEO PATRI SIT GLORIA,

            Quiero darte  gracias y alabarte, Dios mío, Trinidad a quien adoro, porque el Padre eterno, principio y origen de la vida y de la existencia, me soñó y me creó y me dio la vida en el sí de mis padres, y me eligió y prefirió entre millones y millones de seres que no existirán para vivir en una eternidad de felicidad en su misma esencia divina y trinitaria. Cuando los padres más se quieren, nace lo más hermoso que es la vida, por el amor de Dios creador comunicado a los padres.

            Gracias, Padre Dios, porque me soñaste, y  en tu proyecto de vida me creaste, y me elegiste para ser sacerdote católico desde el seno de mi madre, Graciana; ella fue madre sacerdotal que recibió y percibió en su corazón este proyecto del Padre en Consejo Trinitario, esta llamada de la vocación sacerdotal para su hijo en su oración eucarística diaria; y, desde su seno maternal, cultivó esta semilla en su corazón y lo trasplantó al mío, como hacen en mi bella tierra de la Vera extremeña los agricultores con las simientes de tabaco y pimiento plantadas en los semilleros.

            Quiero cantar nuestro Dios Trino y Uno con san Pablo en su carta a los Efesios:

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan                                                    
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

 

II

 

ET FILIO QUI A MORTUIS SURREXIT

            Quiero darte gracias y alabarte, Hijo de Dios resucitado, Sacerdote Único del Altísimo, “sentado a la derecha del Padre...Cordero de Dios degollado... intercediendo ante el trono de Dios...”,  encarnado por «obra del Espíritu Santo» en el día de mi Ordenación sacerdotal por el sacramento del Orden en esta mi pobre humanidad prestada, para prolongar tu misión sacerdotal y salvadora.

            Mi padre, Fermín, «el más listo de la escuela», como me decía la gente al reconocerme como hijo suyo, devoto fervorosísimo del Corazón de Jesús, -- dejaba todos los días de la novena el taller de carpintería para presentarse en la iglesia con el «mono» de trabajo, para

gran disgusto de mi madre al verlo comulgar así-- también quiso tener un hijo sacerdote y cultivó esta llamada desde el Corazón de Cristo Sacerdote que es fuente y modelo sacerdotal para todos los que“´Él llamó... llamó  a los que quiso para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar”.

            Siempre lo tuve claro, pero ahora ya, desde las bodas de oro sacerdotales, contemplando mi vida desde <el descanso del séptimo día>, mirando para atrás, como el Dios Creador al contemplar lo que había creado: “Y vió que todo era bueno...”, podéis creerme que lo he comprendido todo perfectamente en la misma contemplación de lo creado de mi Dios, desde su origen hasta el día de hoy y “he visto que todo está bien”, que este ha sido su designio sobre mi existencia y eternidad, que todo ha sido es obra suya en el Hijo, en “la Palabra por la que todo se ha hecho...”, y siempre por la potencia de Amor del Espíritu Santo. Y me gozo con Dios mi salvador, porque me escogió y llamó para ser sacerdote desde el vientre de mi madre: “Antes de formante en el vientre de tu madre, yo te escogí. Antes de que salieras del ceno materno, te consagré. Como luz del mundo te constituí.

No tengas miedo, que Yo estoy contigo” (Jr 1,5. 8).

            Dios Padre me ha permitido verlo todo con los ojos de Amor de su mismo Espíritu Santo: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo”  (Jn 1, 1-3).

            Quisiera que toda mi vida, que toda mi eternidad sacerdotal no fueran otra cosa que un continuo repetirte: ¡Gracias, gracias, mi Trinidad adorada, Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Gracias por el proyecto sacerdotal mío, engendrado desde el seno del Padre por contemplarme en su Hijo, en su Palabra: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.  Ella

estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres...”“Todo se hizo por ella”, por el Verbo, la Canción de Amor cantada por el Padre en el Hijo por la potencia de Amor del Espíritu Santo, revelada y hecha humanidad y carne en Jesucristo Sacerdote y Víctima perfecta de obediencia, adoración y alabanza al Padre, Sacerdote Único del Altísimo, mi amor y mi vida! ¡Jesucristo, quiero verte para tener la luz del Camino, de la Verdad y de la Vida! ¡Quiero ser Eucaristía y Sacerdote contigo, quiero comerte y comulgar con tu misma vida, tus mismos sentimientos, tu mismo amor! Y en tu entrega  y vida eucarística quiero hacerme contigo Sacerdote y Víctima agradable al Padre, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida! Quiero entrar así en el misterio de mi Dios Trino y Uno, por la potencia de Amor del Espíritu Santo! ¡Quisiera hacer locuras por Ti; cuánto te deseo, cómo te busco, con qué hambre de Ti camino por la vida! ¡Quisiera tener un corazón capaz de poder ser agradecido contigo! Me consuela pensar que Tú te entregaste a mi pobre persona, sabiendo que nunca recibirías la acción de gracias completa.

            Por eso, para darte gracias completas, mejor callar y celebrar contigo la Eucaristía, la Acción de Gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por este proyecto del sacerdocio eterno y víctima perfecta que has injertado para siempre  en esta pobre humanidad,  en mi vida presente y eterna, sacerdos in aeternum: “Os exhorto, hermanos, por l misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable” (Rom 12, 1-2).

II

 AC PARÁCLITO, IN SAECULORUN SAECULA. AMEN.

 

            Quiero darte gracias y alabarte, Espíritu Santo, Dios Amor, Abrazo y Beso de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, Amor de mi alma y de mi vida; yo te adoro y te amo con todo el amor con que tu me amas, porque yo no sé amar así, como Tú amas; yo no puedo amarte si Tú no me lo das primero; para eso me ungiste y me consagraste sacerdote católico en tu mismo Amor; me marcaste con la señal de los elegidos y me constituiste sacerdote en Cristo como proyecto del Padre por obra del  Amor, Espíritu Santo, potencia de Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, con el que se Besan y Abrazan y permanecen Unidos en el mismo Ser y Existir eterno de Felicidad y Gozo, y me trasplantaste e injertaste en el ser y existir sacerdotal del Hijo-hijo de la Virgen bella, Cristo, Único Sacerdote, “sentado a la derecha del Padre...cordero degollado ante el trono de Dios”.

            Oh Espíritu Santo, todo te lo debo a Ti, Amor Infinito del Padre y del Hijo, que me has fundido en una sola realidad en llamas con el Amado, el Hijo Amado del Padre, Sacerdote y Pontífice Eterno, Puente  divino y humano que une a Dios con los hombres y a los hombres con Dios, por donde nos vienen todas la gracias y dones de la Salvación y de la Unión y de la Transformación en Dios Trinidad por el Hijo, hecho hijo “nacido de una mujer” y sacerdote por su humanidad engendrada en María, Madre sacerdotal.

            Todo se lo debo a Dios por el sacerdocio. En el camino sacerdotal, desde mi Seminario, todo fue desde María, Madre Sacerdotal, cuando aún yo no la conocía como tal, simplemente como amparo y refugio, desde el egoísmo innato; hasta que Ella me dijo un día de vacación en su santuario del Puerto, como ya lo he referido en algún libro: «Pasa a mi hijo», que yo no comprendí en ese momento; lo comprendería más tarde, poco a poco; Ella, luego, me pasó a su Hijo, a

Cristo, y siguiendo por Cristo Eucaristía y Sacerdote, pasé al Espíritu Santo y Trinidad adorada.

            Por eso, Espíritu de Amor, con todo fervor te imploro y te rezo, como todos los días, con esta súplica eminentemente sacerdotal inspirada por Ti, y elaborada poco a poco, a través de muchos años, recibiendo siempre tus dones de inspiración y sabiduría:

¡Oh Espíritu Santo, Abrazo y Beso de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, Amor de mi alma y de mi vida, yo te adoro¡ Quémame, abrásame por dentro con tu fuego transformante, y conviérteme, por una nueva encarnación sacramental, en humanidad supletoria de Cristo, para que Él renueve y prolongue en mí todo su misterio de salvación; quisiera hacer presente a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres como Adorador del Padre, como Salvador de los hombres, como Redentor del mundo.

Inúndame, lléname, poséeme, revísteme de sus mismos sentimientos y actitudes sacerdotales; haz de toda mi vida una ofrenda agradable a la Santísima Trinidad, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida.

¡Oh Espíritu Santo, Alma y Vida de mi Dios! ilumíname, guíame, fortaléceme, consuélame, fúndeme en Amor Trinitario, para que sea amor Creador de vida en el Padre, amor Salvador de vida por el Hijo, amor Santificador de vida con el Espíritu Santo, para alabanza de gloria de la Trinidad y bien de mis hermanos, los hombres.

PER TE SCIAMUS DA PATREM, NOSCAMUS ATQUE FILIUM, TE UTRIUSQUE SPIRITUM,  CREDAMUS OMNI TEMPORE

            Realmente mi sacerdocio, vivido y experimentado desde Cristo sacerdote amado y “amando hasta el extremo”, me ha hecho plenamente feliz y lo es todo para mí. Tú, Hijo de Dios encarnado sacerdote en el seno de la Virgen bella, Madre Sacerdotal, eres mi todo, mi luz, mi alegría, mi perdón, mi consuelo, mi amigo y confidente, mi muerte y resurrección, mi meta; “Tú me sedujiste y yo me he dejado seducir” a lo largo de estos cincuenta años en que Tú has vivido y ejercido tu único sacerdocio en mi humanidad prestada; Tú eres mi pasión, mi vida y mi corona. Quiero decirlo así, alto y claro, porque es verdad, la verdad que vivo y siento, y porque todo el mérito es ungió y consagró en tu mismo ser y existir sacerdotal.

Quiero decirlo así, alto y claro, porque es verdad, la verdad que vivo y siento, y porque todo el mérito es tuyo, por tu Espíritu de Amor, Espíritu Santo, que me ungió y consagró en tu mismo ser y existir sacerdotal.

(Ensayando la celebración de la santa misa en mi   habitación. El cáliz de de cartón.

            Esta emoción oracional es la causa de que en mis palabras y escritos, en mis libros, haya frases o períodos largos a veces, mal estructurados literariamente, que no se acaban o no están bien rematados, porque los escribo tal como los contemplo en la oración: los contemplo orando y orando los escribo.

            Lo que me importa siempre es la verdad contemplada con amor; la expresión de la misma; el modo de decirlo o escribirlo, no lo cuido, no me preocupa tanto; es que además me resulta difícil separar y poner comas y puntos, dada la emoción y el fuego de la llama de amor viva que siento a veces en mi trato con Él, sobre todo en la Eucaristía y en la oración personal, aunque siempre es oración o relación o encuentro personal sea litúrgico o privado. 

            Estoy celebrando este año del 2010, con la <quinta de seminaristas>    que ingresamos en el Menor  el año 1948 y salimos sacerdotes de Cristo el 11 de junio de 1960, nuestras bodas de oro sacerdotales. Fuimos ordenados sacerdotes los 15 del curso, aunque no en el mismo día, porque había cinco seminaristas, que eran de  Serradilla, del Cristo de Serradilla, y allí fueron consagrados sacerdotes y diácono por el Sr. Obispo  en fecha posterior. Tengo que decir que mi curso, creo, ha sido la hornada más numerosa que ha salido de nuestro Seminario de la Inmaculada de Plasencia.

            Por eso, comienzo este prólogo mirando  a mis bodas de oro sacerdotales en el  mediodía del 11 de junio del 2010, cuando fui ordenado Sacerdote de Cristo por mi queridísimo Sr. Obispo Don Juan Pedro Zarránz y Pueyo, en la Santa Iglesia Catedral de Plasencia, donde entramos cantando en doble fila todos los seminaristas: «Veni, Sancte Spiritus, emitte coelitus, lucis tuae radium...». No lo olvido, no lo olvidaré; lo canto, no como recuerdo, sino «in memoriam», como memorial que hace presente todos los días  mi unción sacerdotal de Pentecostés --.

                ¡Gracias, Jesucristo, Sacerdote Único del Altísimo! Señor y Dios mío ¡Qué delicadeza y atención esta feliz coincidencia: Año Sacerdotal-Boda de oro sacerdotal! ¡Es que lo he soñado y me sueño tanto con este privilegio de mi Dios Trinidad injertado y trasplantado a mi pobre humanidad desde el Hijo Sacerdote encarnado en el barro de otros hombres! Y todo, por la Unción y  Consagración de Amor del Espíritu Santo, Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, en cuyo proyecto de amor a los hombres  me han querido introducir por el Beso del Dios Amor.

            ¡Qué explosiones de ideas, luces y gozos siento en mi corazón, con toda espontaneidad y sin esfuerzo alguno! Todo me sale en explosiones de luces, ideas y resplandores sacerdotales desde esta Canción de amor del Padre Dios a los hombres que es el corazón de Cristo Sacerdote, el corazón del Hijo de Dios encarnado y atravesado por la lanza, fuente y origen de la Iglesia y del sacerdocio católico; por eso están tan unidos: sin Iglesia no hay sacerdocio, y sin sacerdocio no hay Iglesia. Por eso amo tanto a mi Madre Iglesia y me siento sacerdote de mi Iglesia y me entrego y consagro totalmente a ella, quiero ser sacerdote y puente de vida divina para ella, que me conquista cada día más por su belleza y hermosura y santidad en muchos de sus hijos, sobre todo en su Cabeza, Cristo Sacerdote y Pontífice de la Salvación.   

            Realmente mi sacerdocio lo vivo en un eterno presente. Ya en el Seminario y de desde que salí del mismo, toda mi vida, sin pretenderlo por mi parte sino dejándome guiar por el Espíritu Santo, la he vivido en y desde el sacerdocio de Cristo; ahora es cuando me he dado cuenta y lo estoy percibiendo mejor.

            Este gozo de ser sacerdote de Cristo lo empecé a notar enseguida, sobre todo en mis ratos de oración, en las cosas y oraciones que iba componiendo sin darme cuenta en mi conversación diaria con Cristo Sacerdote. Yo empecé a componer estas oraciones, porque siempre he defendido que es bueno tener un esquema, una espina dorsal fundamental en torno a la cual construir y hacer mi oración diaria, como un esquema fijo que rellenar en mis ratos de oración personal con Cristo; son como el hilo conductor de la misma, porque a

veces uno, al terminar una pista, no sabe por donde iba o estaba hablando u orando. He ido añadiendo lo que el Espíritu del Señor me ha ido inspirando en cada momento y año. Si las repasamos  examinamos, veremos que todas tienen una raíz y mirada sacerdotal. Como ya he puesto mi oración personal al Espíritu Santo, que le rezo todos los días, voy a escribir ahora las dos oraciones que digo todos los días a Cristo Eucaristía, mirando al Sagrario, y que he ido componiendo, --añadiendo y quitando--, a través de los años:

            ¡Jesucristo, Eucaristía divina, cuánto te deseo, cómo te busco, con qué hambre de Ti camino por la vida, qué nostalgia de mi Dios todo el día!

            ¡Jesucristo Eucaristía, quiero verte, para tener la luz del Camino, de la Verdad y de la Vida! ¡Jesucristo Eucaristía, quiero comulgarte, para tener tu misma vida, tus mismos sentimientos, tu mismo amor!

                            Y en tu entrega eucarística, quiero hacerme contigo sacerdote y víctima agradable al Padre, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida. Quiero entrar así en el misterio de mi Dios Trino y Uno, por la potencia de Amor del Espíritu Santo.

Y a seguidas rezo esta otra oración personal, también realizada después de muchos ratos de estar con el Señor, quitando y poniendo palabras y vivencias a través de los años:

            ¡Jesucristo, Eucaristía perfecta de obediencia, adoración y alabanza al Padre, y Sacerdote Único del Altísimo! Tú lo has dado todo por mí, con amor extremo hasta dar la vida y quedarte conmigo para siempre en el Sagrario en intercesión y oblación perenne al Padre por la Salvación de los hombres; también yo quiero ser y existir sacerdotalmente en Ti, quiero ser siempre tuyo,  porque para Mi Tú lo eres Todo, yo quiero que lo seas Todo.

¡Jesucristo, Eucaristía perfecta, yo creo en Ti!

¡Jesucristo, Sacerdote Único del Altísimo, yo confío en Ti

¡Jesucristo, Tu eres el Hijo de Dios!

El día de mi ordenación, en fila, hacia la Catedral. Voy en el centro; me sigue J. Luís Buenadicha. Nos precede Ramón Serrano, del curso inferior, y que se ordenaba de Diácono.

            Explicar el contenido teológico y vivencial de estas oraciones me llevaría a escribir un libro, aunque realmente eso son algunos de los que tengo escritos. Es que me gustaría decir cosas más bellas de nuestro Cristo, pero yo no soy santo, soy un aficionado, pero la verdad es que me llena totalmente de amor y ternura y delicadezas nuestro Cristo Eucaristía. Ha sido un largo camino. Pero ahora lo llena todo en mi vida, es toda mi vida religiosa, sacerdotal y humana.

            Te lo digo como lo siento. Y eso que soy un pecador, también aficionado ¡Cuántas vivencias y emociones y lágrimas y noches y soledades y compañía y consuelos compartidos!

            Y si te dijera, y tu lo puedes comprobar si quieres, que muchos días al año celebro la santa misa con el alba, estola y casulla de mi ordenación, porque hay una persona en mi vida que se la sabe toda y se acuerda de  ponerla en los momentos más oportunos y sacerdotales, los jueves, por ejemplo; o en fiestas eucarísticas, sacerdotales y marianas; así como también el cáliz y los corporales y hasta  los purificadores de mi primera misa, con esas rositas bordadas en hilos verdes y rojos; fíjate, para que te des una idea, en mi mesa de despacho, conservo con emoción todavía  el fajín de seminarista, que nos poníamos sobre la sotana en la cintura.

La verdad es que sigo siendo seminarista, pero hasta del Menor; y lo recuerdo todo con amor y me encanta mi seminario y mis compañeros con los que hablo y sigo jugando al fútbol y hacemos las travesuras de siempre, en recuerdo imaginativo que las hacen presentes, incluso con el disgusto y las palabras recordadas de reprensión de mis superiores de entonces y de siempre, a los que tanto debo y obedezco y quiero y dialogo muy frecuentemente en mi oración, y ofrezco muchas veces al año la Eucaristía especialmente con los que más me ayudaron y  quisieron y me llevaron hasta Cristo Sacerdote, empezando por D. Avelino y Benjamín en el Menor, y terminando en el mayor con D. Eutimio, al que tanto le debo de mi espiritualidad sacerdotal, es decir, de mi vida según el Espíritu, junto con los demás superiores.

Y ya que he empezado y quiero dar gracias a todos los que me han ayudado a ser sacerdote de Cristo, ciertamente de alguno me olvidaré, pido perdón, no puedo menos de recordar a mi párroco de toda la vida, don Marcelo Giraldo, sacerdote de fe y carácter, que, con mi tío Manolo López, -- un santazo--, fueron los padrinos sacerdotes de mi primera misa solemne en mi parroquia de Jaraíz de la Vera, que es la parroquia de abajo, la de San Miguel.

También recuerdo agradecido al párroco de arriba, Don Gonzalo, sacerdote de Serradilla, que me permitió celebrar la misa en privado en la Ermita de la Patrona, la Virgen del Salobrar, desde el 11 de junio hasta la misa solemne del 1 de Julio, fecha retardada porque tres de mis hermanas estaban estudiando y no terminaban los exámenes hasta esa fecha. La cuarta hermana, la mayor, Mari Luz, ya embarazada y a punto de dar a luz, con su marido Jesús, fueron los padrinos seglares de mi primera misa,  en la que presentaban las vinajeras y me lavaban las manos en el momento del <lavabo> de la misa.

(Mi Ordenación sacerdotal: 11 de junio 1960)

                       En esta celebración de mis bodas de Oro sacerdotales, quiero hacer un canto de amor agradecido a mi parroquia, a mi Seminario de la Inmaculada, a todos los que me ayudaron y no puedo mencionar porque me alargaría mucho, a mis primeros destinos en Aldeanueva de la Vera, 6 de diciembre 1960, donde estuve quince días con D. Hipólito y luego casi dos años estupendos con D. Valentín de la Fuente, que fue un verdadero amigo; desde allí fui destinado a la parroquia de San Miguel Arcángel, de Robledillo de la Vera,  donde estuve un año completo, desde el 28 de septiembre por la tarde, en que tomé posesión, víspera de la fiesta del 1962,  hasta la misma fecha del 1963; me recuerdan con tanto cariño que este año de 2009 me invitaron a presidir y predicar en su fiesta, justo el mismos día en que hace cuarenta y seis años, por la tarde, salí del pueblo para irme a Roma para hacer mi primera Licenciatura en Teología Pastoral y el Doctorado en Teología, así como el inicio de la Diplomatura en Teología Espiritual, que terminé en el año sabático octubre 1990- abril 1991.

            Terminados estos tres años de estudios de este mi primer periodo universitario en Roma, abril de 1966, me nombraron Coadjutor de San Pedro, siendo párroco Don Pedro Viñas, que luego, en el mes de septiembre fue nombrado Canónigo Maestro de Ceremonias –sic- de la S. I. Catedral; en el mes de junio marché a Roma para defender el día 2 de julio mi tesis doctoral de Teología        sobre San Juan de la Cruz, en la Universidad  Lateranense de Roma. Más tarde, en un segundo periodo universitario, en los años 1980-1, siendo párroco y ejerciendo en San Pedro, hice la Licenciatura en Teología Moral, en la Universidad de Comillas, Madrid.

Y para terminar y como resumen, porque sería, repito, interminable, quiero cantar un canto de amor agradecido a mi Diócesis de Plasencia de entonces y de ahora, por todo lo que ha hecho por mi.  Este canto de amor de mis bodas sacerdotales, repito, comenzó el 11 de junio de 1960 en la Catedral de Plasencia, donde mi queridísimo Obispo Don Juan Pedro Zarránz y Pueyo (murió el 14 de noviembre de 1973, a los 70 años y 27 de Obispo, toda su vida, de la Diócesis de Plasencia) me impuso las manos, junto con los sacerdotes concelebrantes, el sábado de las témporas de Pentecostés, día dedicado a  conferir la Órdenes Sagradas por  aquellos tiempos y perdonad que lo repita, entrando los seminaristas en la Catedral en doble fila, los ordenandos junto al Sr. Obispo, en un día lleno de sol y claridades y emociones inolvidables, cantando la secuencia del día de  Pentecostés: «Veni, Sancte Spíritus».

Altar de mi parroquia donde ayudé como monaguillo y celebré mi primera misa solemne; y Sagrario, donde nació y se alimentó mi vocación sacerdotal; y Expositor de mi parroquia de San Miguel, de Jaraíz de la Vera.

             No lo olvido, no lo puedo olvidar, por la emoción profundísima que todavía conservo en mi corazón. Todos los días la canto y renuevo en mi oración primera de la mañana.

            Me cuesta terminar, pero tengo que hacerlo, lo he prometido, pero no lo puedo hacer sin cantar mi canto de amor agradecido a mi queridísima Parroquia de San Pedro, de Plasencia, donde llegué el 12  de marzo del 1966, --lo recuerdo porque en ese día murió la madre de un feligrés muy conocido y celebré mi primer funeral en la parroquia, en la que quiero permanecer hasta el final de mis días, hasta que Dios lo quiera y el Sr. Obispo lo crea oportuno. Párroco de San

Pedro es el título que más me gusta de todos los que tengo y he tenido.

            ¡Parroquia de San Pedro, cuántos recuerdos, emociones primeras y actuales, eternas, cuántos amigos, cuántos rostros de niños, jóvenes y adultos, algunos ya en el cielo, qué grupos de formación y vida cristiana de hombres y mujeres, hasta 18 semanales y hasta que vino la desmembración de Santa Elena, Cristo Resucitado, San José... qué primeras Vigilias Eucarísticas, a las 10 de la noche, luego Jueves Eucarísticos, qué cantidad de vocaciones sacerdotales y religiosas, qué feligreses santos y muertes santas y milagros de amor, generosidad, delicadezas, qué agradecimiento a mi hermano sacerdote y amigo y confidente cura Pepe, Don José...!

            Por todo lo escrito y por todo lo no escrito, pero  profundamente vivido y grabado en mi corazón, queridísimos feligreses de mi parroquia del alma San Pedro, gritad conmigo:

            ¡BENEDICAMUS DOMINO!

            ¡DEO GRATIAS! 

Que traducido del latín y desde el corazón, significa:

TODOS LOS QUE ME QUERÉIS, AYUDADME  A BENDECIR --BENEDICERE--, A DECIR COSAS BELLAS AL SEÑOR, POR MIS BODAS DE ORO.

DESDE MI PARROQUIA DE SAN PEDRO, A NUESTRO DIOS TRINO Y UNO ¡TODO HONOR Y GRACIA!                     

Parroquia de San Pedro.-  Plasencia

2. CARTA A LOS SACERDOTES Y SEMINARISTAS DE MI QUERIDA  DIÓCESIS DE PLASENCIA, EN NOMBRE DE MIS  CONDIS-CÍPULOS

            Paso ahora a copiar una carta que escribí a todos los sacerdotes de mi Diócesis de Plasencia, en octubre del 2009, en nombre de mis condiscípulos y compañeros de Seminario, como si fuera el comienzo de nuestro último curso en octubre del 1959, lleno de recuerdos y gozos sacerdotales anticipados, pero tan presentes y recién estrenados y vividos ahora, en el hoy de nuestras y mis bodas sacerdotales, que lo hago como si estuviera en aquel octubre y acabaran de realizase ahora mismo.

 

SEMINARIO MAYOR

PLASENCIA

            Plasencia, 12 de noviembre del 1959

            QUERIDOS AMIGOS Y FAMILIARES:

            En el mes de octubre he comenzado el curso de cuarto de Teología en el Seminario Mayor de Plasencia. Este curso será mi último año en el Seminario, ya que el 11 de junio de 1960 seré ordenado sacerdote de Cristo por mi queridísimo Obispo D. Juan Pedro Zarranz y Pueyo. Seremos ordenados 15 sacerdotes; es el curso más numeroso que ha pasado por el Seminario.

            Tengo un gozo inmenso porque desde que entré en el Menor, pero, sobre todo, en estos últimos años de Teología, siento grandes deseos de ser sacerdote, de trabajar con niños, jóvenes y adultos, de ser totalmente para Cristo en su mismo ser y existir sacerdotal, y poder decir con san Pablo: “Para mí la vida es Cristo”; por eso he elegido como lema de mi estampa de ordenación sacerdotal: «Hacer presente a Cristo ante la mirada de Dios y de los hombres»; eso sí, todo bajo la mirada y protección de la Madre, nuestra Virgen Inmaculada, que preside y a quien está encomendado nuestro Seminario.

            Ya ha estado por aquí el Sr. Hons, viajante de una sastrería de Barcelona, y nos ha tomado la medida de la sotana y del manteo, así como también algunos hemos elegido y diseñado ya el cáliz de nuestra primera misa. La casulla y el alba y estola me los hará una señora de Don Benito que borda muy bien.

En estos días también hemos comenzado a preparar la Novena de la Inmaculada, que en nuestro Seminario tiene una importancia muy grande, porque todos los seminaristas queremos mucho a nuestra Madre y todos la honramos y rezamos y nos consagramos a Ella con total devoción y confianza: ¡María, hermosa nazarena, Virgen bella, Madre sacerdotal, Madre del alma ¡cuánto te queremos! ¡Cuánto nos quieres!

            Como soy prefecto de mi curso y por eso, también de todo el Seminario, hemos organizado ya, con los superiores, la novena de la Inmaculada, que la predicamos los Diáconos, los del último curso de Teología. Al ser el primero de la lista me toca el primer día. Quiero hacerlo lo mejor que pueda porque quiero que todos sepan lo que la

Virgen nos ama y cuida y tenemos que agradecerle muchas cosas, sobre todo, su ayuda en esos momentos malos que a veces nos toca pasar a todos.

            Lo del «bicho» no lo tenemos todavía muy claro. Del «martirologio» me parece que van a encargarse Marcelo Blázquez, Juan de la Fuente, Manolo Tovar, Carlos Díaz.... y algunos más del curso, somos quince, que tienen mucha gracia para ello. Alguien me ha «soplado» que me van a sacar por aquello de la escapada que hicimos el año pasado Emilio Bravo, Ángel Martín y un servidor a mi pueblo de Jaraíz de la Vera, después de la misa de la Catedral, el día de San Fulgencio del año pasado, corriendo y andando a toda marcha, 37 kilómetros, sin querer montar en ningún camión, que paraban porque íbamos con sotana y me conocían. Merendamos en mi casa y mi madre nos sacó el billete para venir en la «verata». No nos castigaron los superiores, porque fuimos protegidos por un «ángel» (Ángel Martín estaba enchufadísimo con el rector, Don Avelino).

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Queridos y hermanos sacerdotes de mi querida Diócesis de Plasencia: como sois muy inteligentes, comprenderéis que se trata de una carta antigua, que he encontrado en mi imaginación esta mañana, pero que refleja perfectamente cómo se vivía el sacerdocio y la Inmaculada y su novena... en aquellos tiempos. Espero que ahora, lo vivan  mejor todavía. He perdido el resto de la carta, sólo he encontrado esta hoja; y mejor, porque si la encuentro completa, llenaría un libro.

            Queridos amigos, en este AÑO SACERDOTAL que se prologará hasta nuestras BODAS DE ORO, el 11 de junio del 2010, si Dios quiere, celebraré gozosamente con mis compañeros de curso ingresados en el Menor en el 1948, y con todos vosotros, mis cincuenta años de sacerdote de Cristo. Nunca creí que llegaría tan pronto ¡Qué rápidamente pasa el tiempo! «Me parece que fue ayer».

Seminario Diocesano de la Inmaculada de Plasencia

Próximos ya a la fiesta de la Inmaculada de mi Seminario, porque yo, aunque la celebre en cualquier parroquia o pueblo, siempre la Inmaculada y la Novena o los Triduos o las Vísperas o lo que sea, siempre es la de mi Seminario, me atreví a preguntarle algo íntimo y personal a la Virgen. Mi conversación fue ésta: Madre, Virgen bella, nosotros, los sacerdotes, te decimos muchas veces lo que Tú eres para nosotros, siempre lo estamos diciendo y predicando; ahora, esta mañana, y, con motivo del Año Santo y Bodas de oro, yo quiero preguntarte: ¿qué somos nosotros para Ti? Y esta fue su respuesta:

            Por encargo del Hijo desde la cruz, “he ahí a tu hijo”, vosotros, todos los sacerdotes, sois el testamento de entrega y de sangre y de amor de mi Hijo; vosotros, sacerdotes, en Juan, sois mis hijos predilectos de amor y sangre y lágrimas y entrega de vida en el Hijo por todos;  yo soy vuestra madre: “he ahí a tu madre”,  y vosotros sois mis hijos predilectos; tú eres mi hijo predilecto «no sin designio divino», como ha reconocido el Vaticano II, aunque fue así desde aquel día; tú eres mi hijo sacerdote, tu eres mi hijo del alma, porque te identificas con mi Hijo en su ser y existir sacerdotal, no veo diferencia

sacerdotal entre ti y Él, sois idénticos sacerdotalmente; Él eres tú, tú eres Él, por eso te amo igual que a Él, porque Él es el Hijo de Dios encarnado y tú eres el hijo en el Hijo hasta tal punto identificado sacerdotalmente ante el Padre y ante mi, madre sacerdotal, que no veo diferencia, sois idénticos sacerdotalmente, porque le amo a Él en ti y a ti en Él; tú eres mi Hijo Jesús sacerdote, te quiero, te amo, bésame, ven a mis brazos y estréchame, abrázame y siente mis pechos de Virgen, Mujer y Madre Sacerdotal, con la misma confianza y ternura del Hijo, porque eres hijo en el Hijo por proyecto eterno del Padre y por voluntad y deseo testamentario y lleno de amor extremo realizado por el Hijo en la cruz; tú eres el encargo más gozoso y profundo y eterno que he recibido del Hijo, eres su testamento, su última voluntad, que cumplo con todo amor hasta dar la vida por ti si fuera necesario, si tú lo necesitas, como lo hice entonces, porque morí no muriendo, no pudiendo morir por ayudar a los sacerdotes recién ordenados el Jueves Santo,  muriendo y viéndolo y sufriéndolo todo en el Hijo Sacerdote y Víctima por todos los hombres, por la Iglesia, especialmente por los nuevos sacerdotes de todos los tiempos; querido hijo sacerdote de mi hijo Jesús, Único Sacerdote, soy eternamente madre sacerdotal por voluntad de mi Hijo; y te quiero eternamente como madre sacerdotal.

Querida Madre Sacerdotal, me emociona oír de tus labios esta confesión de amor sacerdotal. Y yo y todos mis compañeros y todos los sacerdotes del mundo, agradecidos y llenos de amor y gozos y sentimientos y vivencias sacerdotales sentidas junto a tu pecho maternal de Madre de todos los sacerdotes, por voluntad y expreso deseo del Hijo, te decimos:

¡SALVE, MARÍA,    HERMOSA NAZARENA, VIRGEN BELLA, MADRE SACERDOTAL, MADRE DEL ALMA! ¡CUÁNTO TE QUEREMOS! ¡CUÁNTO NOS QUIERES!

 ¡GRACIAS POR HABERNOS DADO A TU HIJO, SACERDOTE ÚNICO DEL ALTÍSIMO!

¡GRACIAS POR HABERNOS AYUDADO A SER Y EXISTIR EN ÉL!

            ¡Y GRACIAS TAMBIÉN, POR QUERER SER NUESTRA MADRE SACERDOTAL!

¡NUESTRA MADRE Y MODELO! ¡GRACIAS!

Un beso muy grande a la Madre y de la Madre, de parte de todos los de mi curso, los que hacemos las bodas de oro en el 11 de junio del 2010, Año Sacerdotal.

            Hermanos sacerdotes, ayudadnos a dar gracias por todo a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo: «Deo Patri sit gloria et Filio qui a mortuis surrexit ac Paraclyto in saeculorum saecula. Amen.

         En nombre de todos los del curso 1948, ordenados el 11 junio 1960, firma y os despide Gonzalo, el primero de la lista, no por mérito alguno, sino por empezar por A su primer apellido:

         Gonzalo Aparicio.

3. GRACIAS, CRISTO SACERDOTE, HIJO DE DIOS ENCARNADO EN EL BARRO DE OTROS HOMBRES, POR LAS BODAS DE ORO SACERDOTALES DE TODOS LOS DE MI CURSO, LOS DEL CIELO Y LOS DE LA TIERRA, A LOS QUE TANTO QUIERO

            Queridos hermanos en el Sacerdocio y queridos seminaristas del mundo entero: Si el Papa Benedicto XVI daba gracias a Dios por el año santo sacerdotal, los sacerdotes que hacemos este mismo año nuestras bodas de oro tenemos doble motivo. Escuchad al Papa:

«He resuelto convocar oficialmente un <Año Sacerdotal> con ocasión del 150 aniversario del <dies natalis> de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús -jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero-.

            Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010.

      «El Sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús», repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars.

3.1 EL GOZO DE SER SACERDOTE

            Queridos amigos:

            ¡Qué gozo ser sacerdote de Cristo! ¡Qué gozo saber que el Padre  nos soñó y nos creó para ser sacerdotes “in laudem gloriae ejus”, para  alabanza de su gloria, en el Hijo hecho hombre, Sacerdote Único del Altísimo, para una eternidad de felicidad pontifical con Él, quiero decir, como pontífices, como puentes entre el cielo y la tierra, como puentes en el Puente-Pontífice en la tierra y en el cielo de Dios a los hombres y de los hombres hasta Dios,  en el mismo ser y existir sacerdotal del Sacerdote ya triunfante y glorioso, “Cordero degollado ante el trono de Dios, intercediendo por todos” .

            ¡Qué gozo ser prolongación de Cristo Sacerdote en el tiempo y en la eternidad, ante el trono del Padre, aclamado por los ancianos y los santos, del Hijo que, viendo al Padre entristecido por el pecado de Adán que nos impedía ser hijos y herederos de su misma felicidad, le dijo: “Padre, no quieres ofrendas y sacrificios, aquí estoy yo para hacer tu voluntad”; y vino en nuestra búsqueda para abrirnos a todos los hombres las puertas de la eternidad y felicidad con Dios, y fue consagrado y ungido  Sacerdote del Altísimo “por obra del Espíritu Santo” en el seno de María, Madre sacerdotal de Cristo, y nos escogió a nosotros para vivir y existir y actuar siempre en Él y como Él, para hacernos en Él y con Él canales de gracia y salvación para los hombres y de amistad y amor divino por ese mismo Beso y Abrazo de Espíritu Santo en la Trinidad Divina!

            ¡Que gozo más grande haber sido elegido, preferido entre millones de hombres para ser y existir en Él, porque el pronunció mi nombre con amor de Espíritu Santo y en el día de mi ordenación sacerdotal me besó, me ungió, me consagró con su mismo Espíritu, Espíritu de Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, y me unió y me identificó con su ser y existir sacerdotal por la potencia de Amor de su mismo Espíritu, y se encarnó en mí y yo le presté mi humanidad para que siguiera amando, perdonando, consagrando, ya que Él resucitado y celeste, está fuera ya del tiempo y del espacio y necesita la humanidad supletoria de otros hombres para seguir salvando a nuestros hermanos, los hombres! El sacerdote es otro Cristo, es Cristo encarnado en el barro de otros hombres.

            ¡Qué gozo ser otro Cristo, presencia sacramental de Cristo, el ser y la persona más bella, amable, maravillosa, amiga, delicada, entrañable, pero de verdad que existe y se puede ver y tocar, prolongación de su ser y existir sacerdotal, poseer «exousia», actuar «in persona Christi», prolongación sacramental de su Salvación.

            Soy otro Cristo, lleno de divinidad y misterios divinos, que he de ir descubriendo en mi trato e intimidad con Él, en la celebración o adoración eucarística y en la oración, cavernas y minas de misterios deslumbrantes, embriagadores e inabarcables, llenos de amor y felicidad y éxtasis ya en la tierra, sí, es verdad, humanidad prestada, corazón y vida prestada para

siempre, pies y manos prestadas eternamente, también en el cielo, y lo quiero ser y me esforzaré de tal forma ya en la tierra, que el Padre no encuentre diferencias entre el Hijo amado y los hijos, entre el Hijo Sacerdote y los hijos sacerdotes; quiero ser, como Él, un cheque de salvación eterna para mis hermanos los hombres firmado por el Padre en el mismo y Único Sacerdote, Cristo Jesús, Hijo de Dios, nacido de mi hermosa nazarena, Virgen bella, madre sacerdotal, María,que le dio el ser y existir sacerdotal, porque le dio la humanidad que rompió el cheque de la deuda que teníamos contraída desde nuestros primeros padres y a esta humanidad el Espíritu Santo unió la Divinidad y le hizo sacerdote-mediador-puente, por el beso de Amor de Espíritu Santo del Padre al Hijo y del Hijo al Padre en la humanidad formada en y por María!

 Altar actual y retablo de mi parroquia de San Miguel de Jaraíz de la Vera

            En el sacramento del Orden, por la unción de Amor del Espíritu Santo, Dios Amor, Abrazo y Beso del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, nos une a Jesucristo,  Único Sacerdote del Altísimo,  identificándonos en su mismo ser y existir sacerdotal, hasta tal punto que el Padre acepta nuestro sacrificio eucarístico, como realmente es, esto es, ofrecido por su Sacerdote Único identificado con los hijos sacerdotes y elegidos sacerdote por el mismo Padre; el Padre, la Trinidad no ve diferencias entre Cristo y los otros «cristos» que le han prestado su humanidad para que sea Él el que pueda seguir salvando, ya que es el único sacerdote, el único pontífice, con el cual nos identificamos, el único puente entre lo humano y lo divino, por donde nos vienen todos los bienes de la Salvación a los hombres, y por donde suben todas nuestras súplicas y alabanzas al Padre. Sentir y experimentar esto en la oración, en la santa misa, en el apostolado es el gozo más grande que existe en la tierra. Es el cielo en la tierra.

            Por eso oirás decir con toda naturalidad y verdad al sacerdote en las celebraciones sacramentales: “Yo te perdono..., este es mi cuerpo, esta es mi sangre”,  pero no es la sangre o el cuerpo de Gonzalo, Juan o de Antonio... sino el de Cristo que sigue perdonando y consagrando a través de nuestras humanidades prestadas eternamente. Es que realmente somos y celebramos in persona Christi, que no significa en vez o en lugar de Cristo, sino que el sacerdote hace presente la persona de Cristo y todo su misterio de Salvación por el carácter, carisma o gracia sacerdotal, don dinámico permanente, no meramente estático, de sacramento.

            ¡Qué maravilloso y bello y deslumbrante volcán   salido del Corazón de Cristo Sacerdote en explosiones continuas y eternas llenas de verdades y resplandores y misterios es ser sacerdote, estar identificados eternamente con el Único Sacerdote del Altísimo, Cristo, que por su Divinidad encarnada, por ser Hijo, nos sumerge en el Océano divino del Ser y la Hermosura divina trinitaria! ¡Qué grandeza, qué confianza, qué privilegio el que nos haya hecho en Él y por Él puente de salvación de la humanidad creada entre la misma Trinidad y los hombres! Es que realmente somos otros Cristos, tocamos lo divino, tocamos la esencia divina, el fuego del  “Dios Amor”, superamos todo

lo creado, nuestras manos tocan la eternidad, lo trascendente, lo que no tienen fin, porque somos sembradores, cultivadores y recolectores de eternidades y realidades eternas, que superan este espacio y este tiempo, son infinitas, son divinas y durarán siempre.

            Y al mismo tiempo y desde esta perspectiva, ¡Qué responsabilidad más tremenda! ¡Qué misterio más grave e infinito de salvación o condenación eterna estamos llamados a sembrar y cultivar los sacerdotes! Porque todo es verdad, Dios existe y nos espera, espera a todos los hombres, es la Verdad de Jesucristo Sacerdote y Víctima en Getsemaní, en el Huerto de los Olivos, donde Cristo no siente la Divinidad, se encuentra solo en su humanidad sin sentir como hasta ese momento al Hijo que la habita   -- tiene que ser así para poder sufrir--, está olvidado del Padre porque el Padre está gozoso y pensando en los hijos que le van a venir por el Hijo que se entrega para su salvación.

 ¡Cristo! ¿Dónde está tu Padre? ¿No dijo que Tú eras su Hijo amado? ¿Es que se avergüenza de Ti, es que ya no te quiere...? ¿Qué pasa en cada misa, en cada memorial de tu pasión y muerte? Pasa que el Padre está tan gozoso de los hijos, de todos sus hijos del mundo entero que Tú le vas a dar, que se olvida, la Divinidad te ha dejado sólo en la pasión para que puedas sufrir y salvarnos: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo...”

Y esto lo hace presente el sacerdote en cada misa, en la única que fue celebrada proféticamente por Cristo en la Última Cena antes del Viernes Santo y ahora se hace presente en memorial. Qué misterio, qué grandeza ser sacerdote. Qué responsabilidad también con sabor de eternidad, de vida que no tiene fin, de ese siempre, siempre, siempre para el que todo hombre ha sido soñado por Dios y  que yo sacerdote, aunque los hombres no lo crean, no lo piensen, no lo vivan, tengo que cultivarlo. Soy realmente totalmente distinto al puramente hombre, soy prolongación y sentimientos y  misión y vida y salvación del mismo Hijo de Dios, de Jesucristo Único Salvador y Sacerdote del mundo y de los hombres.

3. 2 CRISTO SACERDOTE ME DIJO: VOSOTROS, LOS SACERDOTES, SOIS MI CORAZÓN Y MI VIDA, MIS MANOS Y MIS PIES...

            Estamos celebrando el Año Sacerdotal; hace unos días, en mi oración personal, me atreví a dirigir una pregunta atrevida a Cristo, Eucaristía perfecta y Sacerdote del Altísimo; fue así: Cristo, amigo del alma y confidente, nosotros, los sacerdotes, te decimos todos los días lo que tú eres para nosotros, y veo que te agrada, porque nos lo demuestras con afectos y gozos que nos comunicas en los ratos de oración, en la santa misa, en el trabajo apostólico ¡qué gozo a veces en misas parroquiales con adultos, niños, jóvenes, qué alegría en los grupos de oración, de catecúmenos, qué gloria y alabanza del mismo Padre sentidas en lo hondo del corazón; yo, ahora, Cristo Sacerdote, en nombre de todos los sacerdotes, quiero preguntarte  a Ti: ¿qué soy yo, qué somos nosotros, los sacerdotes para ti? te lo pregunto con motivo del Año Sacerdotal y de mis bodas de oro sacerdotales que voy a celebrar este año, si Tú lo quieres.

            Y esta fue su respuesta, pero a borbotones y con palabras llenas de fuego quemante, en llama de amor viva: vosotros, los sacerdotes, sois mi corazón y mi vida, mi amor y entrega total; queridos sacerdotes, querido sacerdote, tú eres mi corazón y mi amor y toda mi vida, todo mi ser y existir;  tú eres mi adoración y alabanza al Padre y mi pontífice, puente y mediador de salvación y de los dones de la gracia y vida divina para nuestros hermanos, los hombres; tú eres mis manos y mis pies, tú eres mi existencia y mi palabra, mi perdón y misericordia encarna, mi amor y mi ser y existir encarnado en tu humanidad prestada; tú, querido sacerdote, todo sacerdote, eres y vives mi sacerdocio y salvación hecha carne en la humanidad de otros hombres, por eso, sin ti no sé ni puedo vivir, es más,  ni quiero vivir; no me imagino la vida y eternidad ya sin ti, te he soñado en el seno del Padre y te he elegido y con un beso de Amor de Espíritu Santo te ungí y consagré sacerdote, sacerdote in aeternum de mi corazón, de mi alma; para eso te elegí y te llamé por tu nombre y te preferí entre millones de hombres, te necesito para ser feliz y dar gloria y adoración

y alabanza y hacer feliz al Dios Trino y Uno, sé que no lo comprendes ahora, pero si tú no me das tu amor y tus manos para consagrar y perdonar y bautizar..., yo no las tendré nunca...; lo tendré todo, pero me faltará tu amor, tu persona que tanto amo y tú no puedes pensar lo que he soñado contigo para una eternidad, me faltará tu vida “in laudem gloriae ejus”, porque contigo y en tu sacerdocio santo y eterno quiero ejercer ante el Padre eternamente la alabanza de su gloria; tú serás mi sacerdote eternamente, te necesito, tu amistad e identidad sacerdotal no acabará nunca jamás, no morirá jamás,  nunca, tu sacerdocio es el mío, está dicho y escrito en el Apocalipsis, tú conmigo glorificarás a Dios Trino con la salvación del mundo y reuniéndolo para toda eternidad ante su presencia porque eres en mí  “el cordero degollado ante el trono del Padre..que está eternamente ante el” y lo seguirás ejerciendo como adoración y alabanza y glorificación eternamente: “Tu eres sacerdote eternamente...” no sólo en la tierra, y siempre “in laudem gloriae ejus”.

            Y esto me lo dijo para todos los  sacerdotes del mundo, especialmente para ti, sacerdote que sufres, o eres perseguido, o no valorado por los tuyos, o nadie se acuerda de ti, olvidado en países de misión, ignorado, nunca mencionado, siempre en el último escalón, o eres anciano, o estás agotado y enfermo o... vives en los rincones más olvidados del mundo; me lo dijo el Señor Jesucristo, el Único Sacerdote del Altísimo, Canción de Amor cantada por el Padre para todos los hombres, especialmente los sacerdotes, con Amor de Espíritu Santo en la que nos dice todo lo que nos ama: “Tu eres mi hijo amado” “Dios es Amor... en esto consiste el amor... en que Él nos amó primero...”en el Hijo Único Sacerdote, y que todo creyente, todo sacerdote puede escuchar «en música callada» de oración silenciosa en cualquier sagrario de la tierra, donde eternamente el Padre nos canta su proyecto de Amor Eterno en su Palabra, única, una sola Palabra en la que nos ha dicho todo su Amor, y siempre por la potencia de Amor del Espíritu Santo

            Padre eterno, ¡Qué maravilla de Padre, qué gozo y alegría de que existas, y seas tan grande, tan padre, tan bueno y bondadoso, me alegro de que existas y de haberte conocido, me alegra llamarte Padre y

amarte! ¡Qué proyecto más divino has programado para tu Hijo, para tus hijos en el Hijo, los hombres, para tus hijos sacerdotes en la Único Hijo Sacerdote!

            Querido hermano sacerdote, todo lo que está escrito es palabra y mensaje de Dios para ti. Te lo dice por mi palabra con un abrazo muy grande para todos los sacerdotes del mundo entero, porque somos los hijos muy amados en el Hijo,  Único Sacerdote del Altísimo, con el que todos estamos identificados por el sacramento del Orden.

3. 3.  MARÍA, MADRE SACERDOTAL

El Único y Supremo Sacerdote es Jesucristo, Hijo de Dios, que para ser el Único Sacerdote del Altísimo en la Nueva Alianza tomó la naturaleza humana y unió las dos orillas; se hizo puente único y oficial, por donde Dios vino a nosotros para salvarnos y por donde nosotros pasamos a Dios para vivir esa salvación.

María es madre sacerdote y sacerdotal de Cristo, porque María “concibió por obra del Espíritu Santo” al Sacerdote o Sacerdocio, del cual todos los sacerdotes participamos en nuestro ser y existir, por la Unción y la Consagración del Espíritu Santo; pero más plenamente María, ya que Ella lo fue en su ser y existir, por una Unción y Consagración especial de Maternidad-Sacerdotal divina por la potencia de Amor del Espíritu Santo, quedando configurada más totalmente a Cristo, porque lo encarnó en su mismo ser y existir: “concibió” al Hijo, Puente sacerdotal entre lo divino y lo humano, Dios encarnado sacerdote en su seno, cooperando a su ser y existir Sacerdotal, más concretamente, dio los materiales: su cuerpo y carne, voluntad de ser madre, uniendo la divinidad con lo humano, amor, disponibilidad... “fiat”, para que el Espíritu Santo pusiera la divinidad e hiciera el puente, al pontífice-sacerdote Cristo, unión de la naturaleza divina con la humana. Desde entonces, los hombres podemos pasar a Dios y Dios

nos envía por Él los dones de la Salvación. Esto es ser sacerdote.

            Luego María lo fue más y mejor que nosotros; María es sacerdote de Cristo, por la Unción y Consagración del Espíritu Santo, y es Madre sacerdotal  de Cristo y de todos los sacerdotes porque el Espíritu Santo consagró en su seno al Único y Eterno Sacerdote, del cual todos participamos.

Única testigo de mis misas en privado hasta que llegó el 1 de julio en que celebré mi primera Misa solemne en mi querida parroquia de San Miguel, de Jaraíz de la Vera.

María, por esta Unción y Consagración especial y única de Maternidad-Sacerdotal,  toda Ella fue configurada a Cristo, Sacerdote y Víctima, y así empezó a preparar el sacrifico de Cristo, que todo entero y completo, desde la Anunciación y Encarnación del Misterio, pasando por la pasión, muerte y resurrección, hasta la consumación por la Ascensión del “Cordero degollado sentado ante el trono de Dios”,  ya completo, se hace presente en «memorial» en cada Eucaristía, por el ministerio de los sacerdotes: “haced esto en  memoria mía”.

El sacerdote, por el carácter sacerdotal, hace presente a Cristo, que actualiza todo su ser y existir sacerdotal y victimal en los ungidos y

consagrados por el Espíritu Santo, en el sacramento del Orden, para la misión presbiteral, que se actualiza en la Palabra, guía y Sacramentos, especialmente de la Eucaristía.

                Cristo, al hacerse presente en la liturgia, que es una irrupción de lo divino en el tiempo, por el ministerio sacerdotal,  hace presente  su único ser y existir de “cordero degollado” ante el trono de Dios, eternamente ya  en el cielo, y aquí en la tierra, sacramentalmente presencializado por la potencia de Amor del Espíritu Santo en la liturgia divina realizada por los prolongadores de su misión en la tierra, sus presencias sacramentales, que son los sacerdotes.

Y al hacerlo presente por el ministerio de los sacerdotes, sacramental y espiritualmente nos encontramos, si entramos dentro del corazón de los ritos, con María,  “concibiendo y dando a luz”, porque Ella inició el sacerdocio de Cristo, su Hijo, en su seno, consagrándose como Madre sacerdote en su ser

y existir, e iniciando su misión oyendo y obedeciendo la Revelación del Padre por el ángel Gabriel, su Palabra, su Hijo encarnándose, en la que nos revela su amor.

Como en la misa se hace presente Cristo entero y completo, todo su misterio, si estoy atento y entro dentro del corazón de la liturgia, de los ritos, si no me quedo en el exterior y entro en el corazón del Misterio de Cristo que se hace presente, todo entero, en la misa sorprendemos a la Virgen, meditando la Palabra y encarnándola en su corazón y su seno: “...concebirás y darás a luz... He aquí la esclava...María meditaba todas estas cosas en su corazón... encontraron al niño con María, su madre...”, porque Ella es sacramento, primer sagrario de Cristo en la tierra, Arca de la Alianza Nueva y Eterna, presencia sacramental de Cristo, en y por su mismo

ser y existir, concibiendo, dando a luz y llevando al Hijo en su caminar a Belén, en la huída a Egipto...

Y es así porque María, desde la Encarnación, ha quedado configurada, ungida y consagrada en su ser y existir por el ser y existir de Cristo, toda ella entera es Virgen, toda para Cristo, que en esto consiste también el celibato sacerdotal, cuestión de amor total a Dios, y gratuito a los hermanos, sin compensaciones de carne, de egoísmo. Y siempre y en todos, en Ella y nosotros, sacramentalmente, por la potencia de Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre.

Por eso, y os lo digo con toda sinceridad,  por eso os lo comunico, siempre que celebro la Eucaristía,  la siento a Ella junto al Hijo, siento su presencia, su aroma, su perfume,: “junto a la cruz estaban su madre...”, y como la Eucaristía no es un mero recuerdo de la vida y sacrificio de Cristo, sino un «memorial» que hace presente todo el misterio de Cristo completo, resulta entonces que, en cada misa, de una forma sacramental y metahistórica, más allá del tiempo y espacio, junto “Cordero degollado ante el trono de Dios”, se hace también presente María,  como madre-sacerdote del Hijo y víctima oferente  con Él.

Jesucristo es el Único y Sumo sacerdote, que hace partícipe de su ser y existir sacerdotal, especialmente a los Obispos y presbíteros  por la Unción y Consagración del Espíritu Santo, el Mismo que “cubrió con su sombra” a María y engendró en Ella este ser y existir sacerdotal de Cristo en su naturaleza humana.

En cada Eucaristía siento también su gozo de Madre Única de Cristo Sacerdote Único, su gozo de madre sacerdote y sacerdotal de todos los sacerdotes; siento cómo está junto a mi, como Madre sacerdote y sacerdotal, ofreciendo conmigo a su Hijo, ya triunfante y glorioso, entre los Esplendores de Alabanza y Gloria del Padre, agradecido a la «recreación» de su proyecto de Salvación por el Hijo,

después de las grandes tribulaciones que ha tenido que sufrir, en las que el Hijo quiso tener junto a Él, como madre sacerdote, a su Madre.

Todo sacerdote, al ofrecer el sacrificio del Hijo, tiene también, junto a Él,  a la Madre, porque esa fue  su voluntad y deseo; en estos tiempos de persecuciones a su Hijo, a la Iglesia y a los que son presencia sacramental del Hijo y prolongadores de su ser y misión sacerdotal, necesitamos esta ayuda que el Sumo Sacerdote nos ofrece y quiso tener junto a Sí como consuelo en su victimación. Esta presencia de la Madre por el Hijo que presencializa todo su misterio de salvación en la Eucaristía, nos ayudaría también a nosotros en medio de nuestras luchas y sufrimientos actuales. Porque en todas nuestras Eucaristías además de sacerdotes, tiene que haber una víctima; y ésa somos nosotros con nuestra entrega y ofrenda.

Imagen de la Inmaculada en piedra, colocada en mi tiempo y venerada en el centro del primer descanso de ambas subidas centrales hasta la primera planta del Seminario.

Cristo vencerá por medio de su Madre como lo ha hecho ya en innumerables etapas de la historia de la Iglesia, anunciadas ya por el Apocalipsis: “Cantaron un cántico nuevo, que decía: Digno eres de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación,  y los hiciste para nuestro Dios reino y sacerdotes, y reinan sobre la tierra. Vi y oí  la voz de muchos ángeles en rededor del trono, y de los vivientes, y de los ancianos; y era su número de miríadas de miríadas y de millares de millares, que decían a grandes voces: Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición. Y todas las criaturas que existen en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y todo cuanto hay en ellos oí que decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, la bendición, el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.  Y los cuatro vivientes respondieron: Amén. Y los ancianos cayeron de hinojos y adoraron”.

No lo dudemos. Cristo vencerá. Hace muy pocos años creía el mundo entero que el comunismo acabaría con Cristo y los cristianos. Y qué paradoja: ahora resulta que Rusia está más convertida  que Europa y su presidente va a la misa ortodoxa, mientras en la católica España, no sólo el presidente, sino los políticos, que se llaman, pero no son católicos, se avergüenzan de confesar a Cristo y sus mandamientos públicamente, no obedecen a Dios antes que a los hombres, siendo incongruentes e incumplidores de fe que dicen tener, pero no practican. 

¡Qué grande eres Cristo Sacerdote! ¡Qué cavernas y maravillas de misterios y misterios encierras para los que inclinan su cabeza sobre tu corazón como Juan en el día de su ordenación! ¡Qué grande es ser sacerdote! ¡Hacer presente todo misterio del proyecto y amor trinitario en la Eucaristía por el Hijo de Dios y de María, oferente también y sacerdote de su Hijo! ¡Qué certeza y seguridad saber que Ella está a mi lado para enseñarme a celebrar el misterio que Ella vivió y que se hace presente en cada misa, “de una vez para siempre”, por el Hijo: “he ahí a tu madre, he ahí a tu hijo”;la siento en su respirar de angustia y dolor “junto a la cruz”, porque es un memorial, no representación, es la presencia primera y única de  Cristo entero y completo, toda su vida,

pasión, muerte y resurrección,  Sacerdote y Víctima de obediencia, adoración y alabanza al Padre, con María Madre de la Víctima sagrada y sacerdote oferente del Hijo. 

Es Ella; la siento y oigo en respirar doloroso de Madre en el Hijo, en las fatigas del Hijo en la Madre y de la Madre en el Hijo, que quiso -- «no sin designio divino» (Vaticano II, LG), que su Madre, sacerdote, ofrenda y víctima con Él agradable al Padre, estuviera allí obedeciendo, adorando, cumpliendo la voluntad del Padre, con amor sacerdotal y victimal extremo, hasta dar la vida, aceptada por el Padre en el Hijo, porque murió no muriendo en aquella “hora” del Hijo, “hora” suya también.

Es Ella; nadie más que Ella junto al Hijo, la que siento ya gloriosa y triunfante junto “al Cordero degollado ante el trono de Dios” rodeada del coro de  los ángeles y patriarcas y potestades y potestades y redimidos llenos de esplendor y gozo por la Victoria del Cordero... 

Es Ella, la que puede decir con más verdad y propiedad que ningún sacerdote fuera del Hijo: «ESTE ES MI CUERPO QUE SE ENTREGA POR VOSOTROS... ESTA ES MI SANGRE DERRAMADA PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS»;

En la consagración y después de ella, siento su aliento y cercanía  de madre y hermana sacerdotal, y observo su mirada llena de luz y belleza, que me mira con amor de Madre y Hermana sacerdote y me dice sin palabras, solo con su mirada: «ESTE ES MI CUERPO...», es mi cuerpo, el cuerpo engendrado y encarnado en mi seno, hecho carne en  mi carne, en el ser y  existir de la Madre; «ESTA ES MI SANGRE...», es la  sangre  de María, la que corrió por sus venas, la que el Único Sacerdote y Víctima de propiciación por nuestros pecados, recibió de su Madre Sacerdotal  que le ofreció a Él y se ofreció juntamente con Él, para hacer la voluntad del Padre, ese inconcebible y maravilloso  proyecto de Amor del Padre en el Hijo por la potencia de Amor del Espíritu Santo, del Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre iniciado en María y en el que nos sumergen a toda la humanidad, iniciado en el seno de aquella Virgen, toda entera para Dios, como debe ser y existir todo sacerdote, a ejemplo del Sacerdote y

de su  Madre sacerdotal, que eso es el celibato, más que egoísmo y carne, es amor de Espíritu Santo, amor gratuito y total, sin buscarse a sí mismo en nada.

¡María, Madre Sacerdotal, enséñame a ofrecer y a ofrecerme como tú con tu Hijo Sacerdote y Víctima al Padre, adorándole, cumpliendo su voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida; enséñame, como enseñaste a Jesús, a ser sacerdote y ofrenda y altar de propiciación por mis pecados y los pecados del mundo.

En este año sacerdotal haz que todos tus hijos sacerdotes tengamos en ti, madre sacerdotal del Hijo, el icono y modelo perfecto de imitación y seguimiento de tu Hijo único sacerdote, a quien tenemos que hacer presente y prolongar en su ser y existir todos los sacerdotes, por la Unción y Consagración sacerdotal en el sacramento del Orden por la potencia de Amor del Espíritu Santo.

Tú sabes bien con qué seguridad te lo digo, porque el decírtelo, es ya haberlo conseguido, ya que eres Verdad y Vida  de Amor en y por tu Hijo Sacerdote que todo lo puede, Esplendor de la Belleza del Padre, Palabra encarnada en tu seno y revelada en Canción de Amor, canturreada, desde toda la eternidad, para todos los hombres, por el Padre, primero en tu seno, con Amor de Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo.

Esta canción, canturreada en «música callada» de eternidad por el Padre, en Única Palabra de Amor de Espíritu Santo en el seno de la Trinidad, y luego cantada en el seno de María, me dice, en  revelación encarnada del Hijo en María, que yo y tú y todos los hombres hemos sido soñados con Amor de Padre por el Padre que nos creó en el sí de amor de nuestros padres, que, perdidos por el pecado de Adán, el hijo entristecido y sacerdote de intercesión se ofreció por nosotros al Padre: “no quieres ofrendas y sacrificios, aquí estoy yo para hacer tu voluntad”, y  vino en mi búsqueda y me abrió las puertas de la eternidad, haciéndose sacerdote y víctima en el seno de María, que encarnó a Cristo en su ser y existir sacerdotal.

¡Cristo, Sacerdote Único del Altísimo! quiero darte gracias por haberme elegido como presencia sacramental de tu ser y existir y como prolongación de tu misión salvadora en el mundo. Quiero decirlo muy alto. Me sedujiste y me dejé seducir.

Me duelen tantas ofensas e ingratitudes hacia tu persona y sacerdotes, y me gustaría que todos te alabaran y te dijeran cosas bellas, por habernos hechos sacerdotes y habernos dado una madre tan cercana, sacerdote y  víctima y oferente contigo del único y sobreabundante sacrificio que puede salvar al mundo y a los hombres.

En este año sacerdotal, ante tanto secularismo y persecuciones a tus sacerdotes, yo veo y creo lo que nos dices: “...y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a uno semejante a un hijo de hombre, vestido de una túnica talar y ceñidos los pechos con un cinturón de oro. Así que le vi, caí a sus pies como muerto; pero él puso su diestra sobre mí, diciendo:

No temas nada, yo soy el primero y el último, el viviente, que fui muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno”.

¡Jesucristo, Único sacerdote del Altísimo, nosotros creemos en ti!

¡Jesucristo sacerdote y Único Salvador de los hombre, nosotros confiamos en ti!

¡Qué gozo haberte conocido, ser tu sacerdote y amigo, vivir en tu misma casa, bajo tu mismo techo!

            ¡María: Mujer, Virgen y Madre Sacerdotal de Cristo y de todos los sacerdotes, acéptanos como hijos sacerdotes, como aceptaste a Juan! Es mandato de tu Hijo: “he ahí a tu hijo”. Enséñanos a ser sacerdotes y víctimas con tu Hijo, para la salvación del mundo, como lo hiciste con Juan y los Apóstoles, recién ordenados sacerdotes por tu Hijo y encomendado a tu cuidado ¡Hermosa Nazarena, Virgen bella, Madre del alma, en Ti confiamos!

Termino como empecé este libro, este retiro y esta meditación, afirmando la necesidad absoluta de la oración personal contemplativa-transformativa en el sacerdote. Aquí se fundamenta su grandeza y, a la vez, su pequeñez, toda su vida y  espiritualidad, el todo y la nada de su ser y existir sacerdotal en Cristo, condensado magistralmente en aquellas preciosas palabras, atribuidas a san Agustín, que yo vi escritas

y leía muchas veces, sin saber traducirlas, en un cuadro de la sacristía de mi pueblo de Jaraíz de la Vera, cuando era monaguillo en mi parroquia de San Miguel; allí precisamente me hice monaguillo a seguidas de hacer la Primera Comunión, porque mi madre era madre sacerdotal y, juntamente con mi padre, devotísima del Sagrado Corazón de Jesús, entronizado y rezado por ella todas las noches en casa, antes de dormir, y por esta devoción suya, ella quiso que hiciera los primeros viernes, y con tanta devoción los hice, que comulgué no sólo una vez al mes, sino todos los días de los nueve primeros viernes que había que hacer para morir en gracia de Dios e ir al cielo y así, a la vez que  empezó mi vocación y camino sacerdotal, aseguré, hice mi seguro para ir al cielo, un buen seguro a todo riesgo: los primeros viernes: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Y sigo tan unido a estos recuerdos que se hacen memorial en mí, hasta el punto que a D. Joaquín, actual párroco desde que murió D. Marcelo, le llamo mi párroco; he sido invitado algunos años  a predicar la Novena, y sigue celebrando con el mismo fervor la fiesta del S. Corazón de Jesús, añadiendo en ambas parroquias su piedad artística y musical.

El lema de la estampa de mi primera misa fue y sigue siendo: «Representar a Cristo ante la faz del Padre».  Conservo algunas. Y sigo intentándolo este lema con la misma ilusión de aquella mañana del 11 de junio del 1960.

¡Gracias, madre Graciana, que estás en el cielo! La vocación estuvo primero en tu corazón, y desde allí, como en los semilleros de tabaco y pimiento de nuestra hermosa Extremadura, región de la Vera, pasó a mi corazón y a mi vida. Gracias. Siempre te querré, porque sembraste la semilla de mi sacerdocio in aeternum. Ya lo disfrutaremos juntos en el cielo. Y eternamente. Porque es eterno en Cristo, Sacerdote eterno y único del Altísimo.

Gracias, Fermín por tus comuniones y novenas con exposición y misa al Corazón de Jesús, fuente del sacerdocio católico! ¡Qué gloria más grande para Cristo Eucaristía y Sacerdote, y para vosotros, mis padres, Fermín y Graciana en mis bodas de oro sacerdotales!

¡Gracias, Cristo Jesús, Sacerdote Único del Altísimo! ¡Gracias, queridísimos padres!

“Señor, Aquí estoy, para hacer tu voluntad”

         Imagen del Corazón de Jesús muy venerada en mi

         parroquia de Jaraíz y por  mis padres Fermín y    

        Graciana, especialmente en su Novena

Día de nuestra Ordenación sacerdotal por el Sr. Obispo, Don Juan Pedro Zarránz y Pueyo. En la fila primera: Emilio Bravo, Roberto Martín, Manolo Tovar, Sr. Obispo, Juan de la Fuente, Serafín Manzano, José Luís Buenadicha, Gonzalo Aparicio y Valerio Galayo. Faltan los cinco «serraillanos».

   «O sacerdos, tu qui es?

                   Non es a te, quia de nihilo.

                   Non es ad te, quia mediator ad Deum.

                   Non es tibi, quia sponsus Ecclesiae.

                   Non es tuus, quia servus omnium.

                   No es tu, quia Deus es.

                   Quid ergo es?

                   Nihil et omnia,

                   o sacerdos».

¡Oh sacerdote ¿quién eres tú?

No existes desde ti, porque vienes desde la nada.

No llevas hacia ti, porque eres mediador hacia Dios.

No vives para ti, porque eres esposo de la Iglesia.

No eres posesión tuya, porque eres siervo de todos.

No eres tú, porque representas a Dios

¿Qué eres, por tanto?

Nada y todo,

oh sacerdote.

«Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos’? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará pars comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir a causa del pecado, ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo» (Santo Cura de Ars).

Un abrazo muy fuerte para todos, de este cura, que celebra, en Cristo sacerdote,  con gozo inmenso, sus bodas de oro sacerdotales,  11 junio 1960-2010.

La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en que todas mis hermanas hicieron la Primera Comunión, por razón de la devoción de nuestros padres,  se celebró siempre en mi pueblo de Jaraíz de la Vera  el 29 de junio, por razón del trabajo de los medieros en el cultivo del pimiento y del tabaco.

 Oración por los sacerdotes

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, que quisiste perpetuarte entre nosotros por medio de tus Sacerdotes, haz que sus palabras sean sólo las tuyas,

que sus gestos sean los tuyos,

que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres

y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio, sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.

Que sean hombres, testigos del eterno en nuestro tiempo,

caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso

y haciendo el bien a todos.                      

Que sean fieles a sus compromisos, celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pido por tu Madre Santa María: Ella que estuvo presente en tu vida estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes. Amen

(Foto que me hizo el fotógrafo oficial Blázquez, propietario de un «droguería»  en la calle Marqués de Mirabel, vísperas de la Ordenación, para enmarcarla en los cuadros que  había en las paredes del Seminario, con las de todos los Ordenados en aquellos años).

DÍA DEL SEMINARIO

CUANDO SE PIENSA...

(por Hugo Wast)

CUANDO SE PIENSA... que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote...

CUANDO SE PIENSA... que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote...

CUANDO SE PIENSA... que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote...

CUANDO SE PIENSA... en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario... Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.

CUANDO SE PIENSA... que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar... Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino...

CUANDO SE PIENSA... que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos...

CUANDO SE PIENSA... que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.

CUANDO SE PIENSA... que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí actuando el mayor milagro de Dios...

CUANDO SE PIENSA TODO ESTO, uno comprende...

Uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales...

Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.

Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.

Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.

Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.

Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.

Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.

Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo. Pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

Oración por los sacerdotes

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento,

que quisiste perpetuarte entre nosotros

por medio de tus Sacerdotes,

haz que sus palabras sean sólo las tuyas,

que sus gestos sean los tuyos,

que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres

y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio,

sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.

Que sean hombres, testigos del eterno en nuestro tiempo,

caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso

y haciendo el bien a todos.                      

Que sean fieles a sus compromisos,

celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad

y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pido por tu Madre Santa María:

Ella que estuvo presente en tu vida

estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes. Amen.

Sagrario de mi Seminario, presencia permanente del Sacerdote Único del Altísimo y Víctima perfecta de la  Eucaristía; nuestro mejor Formador, Amigo y Confidente  de todos sus elegidos; testigo de gozos, perdones, ayudas y abrazos de amor diarios,  pan y alimento de amistad permanentemente ofrecida y vivida, con amor extremo, hasta el final de los tiempos, hasta siempre: SACERDOS IN AETERNUM.

Seminaristas de mi Seminario un año antes de ordenarme.

Soy el primero de la fila tercera de la derecha

 

La Santísima Trinidad.

Esta es la obra más lograda del gran iconógrafo ruso Andrei Rubliev, 1422. Es la visita de los tres ángeles a Abraham que, según la tradición de los santos Padres, es la representación de la Santa Trinidad divina. Así que ésta es una figura válida de su representación, realizada por Dios mismo.

¡Tibi, Sancta Trinitas, omnis honor et gloria!

AÑO SACERDOTAL

     (19 junio 2009-11 junio 2010)

(El santo Cura de Ars)

            (Cristo de las Batallas)

Parroquia de San Pedro        

Templos parroquiales del Cristo y San Pedro, donde Cristo Sacerdote, como pastor supremo y pasto ha hecho, durante cincuenta años (1966-2016), por medio de mi humanidad prestada, su Iglesia-parroquia, mediante su Sacrificio Pascual, Comulgante de su vida y amor, y adoradora diaria de su Presencia de amistad permanentemente ofrecida y abrazada.

MIS BODAS DE ORO SACERDOTALES

(11 junio 1960- 2010)

UNA COMUNIDAD EN MARCHA

SAN PEDRO, 2. – TEL.927-412036

HORARIO DE MISAS:

DIARIO: 12,30 y 7 tarde: CRISTO //  7, 30 S. PEDRO

VÍSPERAS DE DOMINGOS Y FESTIVOS: 12,30, CRISTO;

 7,30 tarde: S. PEDRO; 8 tarde: CRISTO DE LAS BATALLAS

DOMINGOS: 10,30: CRISTO; 12: CRISTO; 12,30: S. PEDRO;

 13: CRISTO; 20  tarde: CRISTO DE LAS BATALLAS.

 OFICINA: MARTES, JUEVES Y SÁBADO: de una a dos tarde

                       

BODAS DE ORO SACERDOTALES:

DON GONZALO, PÁRROCO DE SAN PEDRO

SÁBADO, 5 DE JUNIO

QUERIDÍSIMOS FELIGRESES Y AMIGOS TODOS, CON CORAZÓN AGRADECIDO QUIERO INVITAROS A TODOS A LA EUCARISTÍA QUE CELEBRARÉ EN MI PARROQUA DE SAN PEDRO PARA DAR GRACIAS A DIOS PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO POR LOS CINCUENTA AÑOS DE MI SACERDOCIO EN CRISTO, ÚNICO SACERDOTE DEL ALTÍSIMO, EL SÁBADO, DÍA 5 DE JUNIO.

ACTOS:A LAS 13, DEL MEDIODÍA: EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS, EN LA PARROQUIA DE SAN PEDRO.

A LAS 15 horas:COMIDA DE AMISTAD FRATERNAL ABIERTA  

A TODOS LOS QUE LIBREMENTE QUIERAN ACOMPAÑAR A DON GONZALO EN SUS BODAS DE ORO SACERDOTALES

LAS TARJETAS  PUEDEN ADQUIRIRLAS POR MEDIO DE ESTAS COLABORADORAS:  PASQUY, ISABEL, ADRY, ISY Y PILAR 

QUERIDOS FELIGRESES Y AMIGOS TODOS:

¡Hace cincuenta años que fui ordenado sacerdote de Cristo en la S. I. Catedral de Plasencia por mi queridísimo Sr. Obispo Don Juan Pedro Zarránz y Pueyo! Lo recuerdo como si fuera hoy mismo, podéis creerme. Así lo describo en un folleto que os llegará o podéis obtenerlo gratuitamente en la Parroquia. Basta con pedírselo a cualquiera de las colaboradoras/es.

Os invito como amigo, seáis o no feligreses, a la Eucaristía-Acción de Gracias que queremos tributar al Padre por medio del Hijo, el Señor Jesucristo, con la fuerza del Amor al Espíritu Santo por mis cincuenta años vividos en el Sacerdocio de Cristo.

Me gustaría que participasen todos los que me queréis, seáis o no parroquianos, niños, jóvenes y adultos, en una celebración exclusivamente religiosa. Quiero que todos deis gracias conmigo a la Santísima. Trinidad por haberme elegido y consagrado sacerdote de Cristo, el tesoro y la gracia más grande y excelsa que Dios Padre me ha podido conceder en el Hijo por la potencia de Amor del Espíritu Santo. Todos los que me queréis no faltéis a la misa; venid a dar gracias y alabar a Dios y bendecirle-decirle cosas bellas.

Esta fiesta debe trascender de lo meramente personal para pasar a ser una fiesta Eucarística, Sacerdotal y Vocacional, agradeciendo a Dios el don del sacerdocio, pidiendo por la santidad de los elegidos y pidiendo por el aumento de las vocaciones. Por este motivo, invitaré a los seminaristas de nuestro Seminario, porque que sería la plenitud de lo que me ha llenado tanto y a quien tanto debo: Mi Seminario.

            La parte central de mis bodas de oro sacerdotales será la santa misa, sábado, 5 de junio, a las 13, en san Pedro, en la que me gustaría  participasen el mayor número posible de feligreses y amigos. Esta celebración será Eucarística, esto es, Acción de gracias a la Santísima Trinidad por el don de mi sacerdocio en Cristo Jesús y apostolado entre vosotros. Este es el mejor obsequio que podéis hacer a Cristo y a mi sacerdocio, mucho más que cualquier otro regalo.

Han pasado ya cincuenta años; “¡qué rápidamente pasa la vida!”; cincuenta años de aquellas clases de mi queridísimo Seminario, de aquellos actos de Capilla y compañerismo gozoso, que prepararon mi vida para el ministerio. Podéis creerme que todas las mañanas, en mi oración, aún sigo recordando emocionado  aquella mañana, 11 de junio del 1960, día de mi ordenación sacerdotal, entrando en la Catedral, precediendo al Sr. Obispo D. Juan Pedro, cantando la secuencia de Pentecostés: «Veni, Sancte Spíritus...», que yo canto en mi rato de oración mañanera.

Ya en la Catedral, doce jóvenes se postraban en tierra, como expresión de nuestra debilidad ante el misterio que se nos venía encima: la Consagración Sacerdotal. Ese mismo día, en el Seminario, los superiores nos dieron el último adiós como seminaristas, nos entregaron el Crucifijo, nos besaron las manos... y nos dieron el último abrazo como superiores y compañeros...Ya éramos sacerdotes de Cristo «in aeternum»... ¡qué emoción sentíamos todos!

Después vino la primera misa, el primer destino, días antes de la Inmaculada... Coadjutor de Aldeanueva de la Vera hasta el 28 de septiembre del 1962, día en que tomé posesión de la parroquia de mi queridísimo Robledillo de la Vera...hasta el 28 de septiembre del 1963, en que me despedí para irme a Roma a estudiar... Qué emoción, qué emociones recién estrenadas siento, cómo recuerdo nombres, personas, hechos... sobre todo, qué  ratos más íntimos y compromisos  más fervorosos ante el Sagrario de mis primeras parroquias...(podéis comprobarlo por mi libro EUCARÍSTICAS). Luego, abril del 1966... Parroquia de San Pedro, Bendita parroquia que tanto bien me ha hecho, que tanto he querido y quiero, por la que tanto he sufrido y gozado y doy mi vida, cuarenta y cuatro años con feligreses que tanto me quieren y quiero, tan santos/as algunos, verdaderamente canonizables... os digo que sí, que de esto y de amor total a Dios hay mucho en esta  parroquia de San Pedro, mi esposa y amiga del alma.

Cincuenta años desde mi consagración sacerdotal por Espíritu Santo aquel 11 de junio del 1960, que no han pasado, sino

que los llevo muy dentro; se me han quedado para siempre vivos y presentes en el alma, en el cuerpo, en todo mi ser. Por eso, os repito, que todas las mañanas, rezo cantando en mi oración personal, aquel «Veni, Sancte Spiritus» de aquella mañana sagrada, con que doy  gracias a Cristo, Sacerdote Único del Altísimo, por haberme injertado en su mismo ser y existir sacerdotal; y lo revivo y actualizo cantando esta secuencia al Espíritu Santo.

            En este día de mis BODAS DE ORO SACERDOTALES, querida parroquia de San Pedro y todos los que me queréis, ayudadme a decir:

--GLORIA Y ALABANZAS AL PADRE:

Gracias, Padre Dios, principio y fin de la vida, porque me soñaste, y  en tu proyecto de vida me creaste, y me elegiste entre millones y millones de seres, para ser sacerdote católico, desde el seno de mi madre, Graciana; ella fue madre sacerdotal que recibió y percibió en su corazón este proyecto del Padre en Consejo Trinitario, esta llamada de la vocación sacerdotal para su hijo Gonzalo, en su visita y misa diaria; y, desde su seno maternal, cultivó, con mi padre Fermín, también profundamente eucarístico, esta semilla en su corazón y lo trasplantó al mío, como hacen en mi bella tierra de la Vera extremeña los agricultores con las simientes de tabaco y pimiento plantadas en los semilleros.

--GLORIA Y ALABANZAS AL HIJO:

Quiero darte gracias y alabarte, Hijo de Dios resucitado, Sacerdote Único del Altísimo, “Cordero de Dios degollado... sentado a la derecha del Padre intercediendo ante el trono de Dios...”,  encarnado por «obra del Espíritu Santo» en el día de mi Ordenación sacerdotal por el sacramento del Orden en esta mi pobre humanidad prestada, para prolongar tu misión sacerdotal y salvadora.

GRACIAS, HIJO DE DIOS, mi Señor Jesucristo, porque Tú me revelaste el amor infinito del Padre y me convertiste, por la fuerza del Espíritu Santo, en presencia sacramental tuya, en prolongación viva e histórica de tu palabra y misión salvadora. Ayúdame, Señor, a realizar en mi vida el lema de mi ordenación sacerdotal:Reproducir a Cristo ante la mirada del Padre.

--GLORIA Y ALABANZAS AL ESPÍRITU SANTO:

Quiero darte gracias y alabarte, Espíritu Santo, Dios Amor, Abrazo y Beso de mi Dios, Alma de mi alma, Vida de mi vida, Amor de mi alma y de mi vida; Tú eres el que nos haces sacerdotes; Tú me marcaste con la señal de los elegidos y me constituiste sacerdote en Cristo como proyecto del Padre por el Hijo por tu Potencia de Amor ¡Oh Espíritu Santo! todo te lo debo a Ti, Amor Infinito del Padre y del Hijo, que me has fundido en una sola realidad en llamas con el Amado, el Hijo Encarnado del Padre, Sacerdote y Pontífice Eterno, Puente  divino y humano que une a Dios con los hombres y a los hombres con Dios, por donde nos vienen todas la gracias y dones de la Salvación.

-- Y ¡GRACIAS, MARÍA, MADRE SACERDOTAL, MADRE DEL ALMA, cuánto te quiero, gracias por haberme ayudado a ser y existir en tu Hijo, Sacerdote Único del Altísimo y Eucaristía perfecta! 

MI CAMINO DE ORACIÓN EUCARÍSTICA

 1.- JESÚS EUCARISTÍA, CREO EN TI Y TE AMO

Jesús, te amo, ahora como siempre, con verdadero cariño, desde mis años primeros, como en mi primera comunión, donde tan cerca te sentí como sacerdote y amigo, invitándome a seguirte desde el corazón sacerdotal de mi madre Graciana.

Te amo, Jesús, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas; sabes que has llegado a ser ya el centro de toda mi vida, de todo mi ser y existir sacerdotal, la respiración de mi corazón, operado y rejuvenecido desde hace un año, caminando ya desde los 78 años y 55 de ministerio sacerdotal, enamorado y felicísimo.

Te amo, Jesús, porque eres el Todo que busco y deseo y la única razón de mi ser y existir humano y sacerdotal. Ya no sé vivir sin Ti, sin sentir los latidos de tu corazón sacerdotal, como Juan en la Última Cena, sobre todo, cuando haces presente tu vida, tu muerte y resurrección en cada eucaristía por medio de mi humanidad prestada, o en ratos de oración eucarística, siempre ante el sagrario, apoyado en tu pecho.

Ya no sé vivir sin la vibración en mi ser y en mi alma de tu Amor, Abrazo y Beso de Espíritu Santo, Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, en el  que me siento amado y besado y abrazado en su mismo Amor Trinitario de Espíritu Santo.

Este Amor de Espíritu Santo, que me das principalmente en ratos de oración silenciosa con los Tres en mi alma, o de contemplación de Sagrario, Morada adorada de mis Tres, presencia permanente del Padre pronunciando su  Palabra Filial a todos los hombres con Amor de Espíritu Santo, o en celebración de la Eucaristía, entrega eterna de amor extremo del Hijo al Padre con Amor de Espíritu Santo para alabanza de Gloria de la Trinidad y salvación de todos los hombres, mis hermanos, que a veces me llena y me invade tan intensamente que me hace feliz en este mundo con barruntos y anticipos de cielo, ofreciendo mi vida contigo por todos los que me has confiado, mis feligreses, mis hermanos sacerdotes, mi seminario, mi

Diócesis de Plasencia, mi santa madre la  Iglesia Católica y el mundo entero.

Cristo Jesús, deseo y te pido entregarme a tu Iglesia santa con Amor sacerdotal y apostólico de Pentecostés, en nostalgia infinita de encuentro pleno y total, porque ya mi vivir, vivir mi vida, es querer vivir tu misma vida, con tus mismos sentimientos, intercediendo contigo siempre al Padre por la salvación del mundo, de mis hermanos, todos los hombres, junto al “Cordero degollado ante el trono de Dios... que quita los pecados del mundo”.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios y Único Salvador del mundo, la verdad es que es un privilegio haberte “conocido”, y no precisamente por estudios teológicos, sino en Eucaristías-Última Cena (santa misa) y en ratos de oración-Sagrario (visitas y oración eucarísticas); qué gozo vivir junto a Ti, tener mi tienda junto a la tuya, ser tu vecino, encontrarte siempre que quiera y te necesite, teniéndote tan cerca en tu tienda-Sagrario, donde tratamos y revisamos juntos, todos los días, los problemas personales y parroquiales, los de mi diócesis y los de la Iglesia, los de todos los hombres, nuestros hermanos, con perspectiva siempre de eternidad y salvación eterna.

Jesucristo Eucaristía y Sacerdote único del Altísimo, yo necesito tu cercanía penetrante, tu mirada amorosa, tu palabra encendida, que me muestra los caminos, a veces duros y sufrientes, <en soledad y llanto>, de mi marcha hasta el encuentro definitivo contigo, cumpliendo tu voluntad, con amor extremo, hasta dar la vida, para vivir eternamente como hijo en el Hijo, con amor Trinitario de Espíritu Santo, en la misma gloria del Padre, Fuente de Amor Permanente y Divino al Hijo amado, sacerdote eterno y Pontífice, Puente Único de salvación de los hombres hasta la casa del Padre.

Tú sabes, Jesús de mi Sagrario, de mi vida, cómo y cuánto te necesito, y cómo y cuánto te busco, y cómo y cuánto a veces te echo de menos, y cómo y cuánto te llamo, ¡y cómo y cuánto te grito y reclamo a veces también, porque necesito tu presencia y compañía, en noches oscuras de fe, de esperanza y amores divinos! sobre todo, en noches terribles de soledad y desolación, cuando no te encuentro, cuando te llamo y no te oigo, y me siento solo y abandonado, sin Tí... contigo en

noches de Getsemaní: “¡Padre, si es posible, pase de mí este cáliz… pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”!

¡Cuánto necesito purificar y matar este yo que tanto se busca en las mismas cosas santas, incluso cuando te busco a Ti mismo, pero buscándome a mí en cargos, honores y prestigios… ¡Iglesia Santa de Dios --obispos, sacerdotes, seminaristas-- busca solo la honra y estima de tu Dios Trino y Uno y te encontrarás totalmente en Él, pero olvidándote y olvidado de Ti!

¡Señor, ayúdame a buscarte solo a Ti! ¡Ayúdame a amarte y seguirte solo a Ti, sin sombras de mi yo, sin sentir nada de mi yo y sin pisadas de mi honra y  estima y cargos, en noches de soledad y pobreza de estimas, en soledad de alabanzas y reconocimiento de superiores y compañeros, sin verte ni sentir a veces tu presencia y mirada, en noches de fe, esperanza y amor sanjuanistas, “en sequedad y llanto”, junto con meses y años también de incomprensiones, envidias, renuncias, deseos y sufrimientos…a solas, buscándote sólo a Ti, sólo a Ti; y en lágrimas también de ofrenda de amor y gozo por mis hermanos, los sacerdotes, a los que tanto amo en Ti y por Ti; y por todos los hombres, amados por Ti, pero que no creen, no adoran, no esperan, no te buscan y no te aman; y se han alejado de la fe y del amor a Ti, y al alejarse de Ti, se han alejado del sentido de la vida y están tristes, “porque nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”; está triste este mundo, Señor, esta España nuestra, más que en mis treinta primeros años de sacerdocio, y están más tristes matrimonios y familias que se rompen, padres que matan a esposas e hijos, incluso madres… no hay amor y confianza entre los hombres, y eso…  teniéndolo todo, más sexo, placeres, droga y dinero que antes, y todo porque le faltas Tú, les falta el “Todo” de todo, que eres Tú:  “porque nos creaste, Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”: familias tristes, matrimonios tristes, hijos tristes, feligreses tristes, ya no hay vecinos y amigos… porque se han alejado del Padre, del Dios Amor-Trinitario, del Dios Trino y uno, del Dios Amor y Familia, del Dios Unidad de Amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Tú no existes para el mundo actual, Tú no existes para muchos de este mundo, no existes, y por eso ha desaparecido el Amor!

 Y por eso, nos encontramos solos en medio de todos, no nos sentimos hermanos y amigos, nos encontramos tristes y solos, en medio de multitudes, que no pueden suplirte, que no dan compañía ni quitan soledad y tristeza de afecto y amor, en medio de compañías de posesiones y placeres y del mundo, porque nos falta el Todo Amor que eres Tú, Dios Trino y Uno, Tres en Unidad de Ser, Palabra y Amor, que eres Tú.

2.- JESUCRISTO, SACERDOTE Y EUCARISTÍA PERFECTA, TE AMO.

Jesucristo, sacerdote y víctima eucarística, siempre ofreciendo tu vida y tu muerte y resurrección al Padre en oración y oblación perenne, en eucaristía perfecta de redención, petición y acción de gracias por tus hermanos, los hombres, yo te amo.

Me gusta recibirte, entrar dentro de tu pecho dolorido, de tu corazón traspasado de amor a tus hermanos, los hombres, y escucharte, como Juan, en latidos, sin palabras, y saber que estás herido de amor, de tanto amarnos y amarme, en deseos y espera de entrega final, definitiva y eterna.

He visto cómo nos buscas a todos, jadeante y polvoriento, como en Palestina, por todos los caminos de la vida, especialmente a tus sacerdotes ¡cómo nos amas! y que nos quieres confidentes, descansando en tu alma siempre amante, y penetrando agudamente en nosotros en <música callada>, sin sonidos externos, diciéndonos cosas infinitas sin palabras, con solo tu entrega sacerdotal y sacrificial, perpetuada por tu presencia eucarística, en silencio penetrante, con solo mirarte, en el pan eucarístico de eucaristías o en ratos de Sagrario.

Allí explicas a las almas, en liturgia de entrega  sacrificial de amor victimal o en ratos de amistad de Betania con tus amigos, tus divinos secretos. Y así has descubierto tu Tesoro eucarístico a muchas almas, que han corrido a vender todas sus posesiones de defectos y pecados para comprarte a Ti solo, divino Tesoro: <quedéme y olvídeme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo, y dejéme dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado…>  <qué bien se yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche. Aquesta eterna fonte está escondida, en este  vivo pan por darnos vida, aunque es de noche… Aquí se está llamando a las criaturas, y de este pan de hartan aunque a oscuras, porque es de noche…>. Primero, y durante años, noches de conversión oscura y mortificante; luego, en experiencia de ojos y corazón limpios de pecado e imperfecciones: “los limpios de corazón verán a Dios”.

Almas verdaderamente santas, que no serán canonizadas, pero que Tú las tienes rendidas a tus plantas, identificadas totalmente con tus sentimientos: madres y padres, esposas/os y solteras/os y hasta algunas niñas de mi parroquia…  Es uno de mis mayores gozos sacerdotales, haber conducido hasta Ti almas santas y místicas, como el peluquero aquel primero, los dos primeros adoradores parroquiales que tuve, aquellos hombres y mujeres de los primeros grupos parroquiales, como a dos o tres esposas y madres actuales, mis amiga del alma, alguna viuda, como la que acabas de llamar al cielo, almas que te sienten, han sentido los latidos de tu corazón triste o gozoso y vibraron al unísono contigo y viven ya enamoradas de Ti en tu presencia del cielo o de la tierra.

Han aprendido y aceptado venderlo todo por Ti, para comprarte a Ti en amor total; purificarse de todo y vaciarse de todo, para llenarse de Ti, solo de Ti, solo del Todo, que eres Tú, nuestro Dios y Señor, uniéndose a ti y sacrificando y viviendo tu eucaristía, tu sacrificio, en ofertorio y consagración verdadera y permanente, convertidas en tu Cuerpo como el pan y el vino consagrados, y todo a veces en fe oscura de Calvario, en largas noches de sufrimientos, humillaciones, obscuridades, en la nada de afectos y reconocimientos humanos, fe

oscura, “en soledad y llanto”, olvidado y abandonado por los suyos, como Tú, en Getsemaní y Calvario y cruz, sintiendo solo la compañía del respirar doloroso y angustiado de nuestra Madre, María, que tanto nos ayuda y acompaña a sus hijos, siempre junto a sus hijos, sin abandonarlos, en ratos y años de su pasión prolongada y muerte total del yo, a veces en entrega total a los hermanos, sin reconocimiento y amor, sin testigos, entre olvidos, envidias, incomprensiones,... lanzándose al abismo del vacío de todo lo humano, en inmolación total, para llegar a la vida nueva y resucitada contigo en eucaristías de gloria y resurrección y cielo anticipado, en vida nueva de amor verdadero y total a Dios, y por Dios, de amor verdadero y total a los hermanos en Ti, sólo por Ti y como Tu, que nosotros no sabemos hacer ni construir ni vivir.

Y tras estas noches purificadoras de fe y amor, viene luego la resurrección y la gloria, la vida nueva, el esplendor y el gozo de un Tabor anticipado,  sobre todo, pasadas las noches y pruebas necesarias hasta la muerte del yo, soportando los sufrimientos de  purificación de la fe, esperanza y caridad, únicas virtudes teologales y sobrenaturales que nos pueden unir directamente a Ti como Palabra e Hijo del Padre Dios,  y en las que el alma, transformada ya en gracia de Tabor o luz anticipada del cielo, de Luz y Visión y Gozo Trinitario, ha empezado ya el cielo en la tierra: “Descubre tu presencia y máteme tu rostro y hermosura, mira que la dolencia de amor, que no se cura, sino con la presencia y la figura… ¿Por qué, pues has llagado este corazón, no le sanaste; y pues me lo has robado, porque así lo dejaste, y no tomas el robo que robaste? Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado; cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado, entre las azucenas olvidado”.

¡Señor, te pido que todos nosotros, sobre todo tus amigos sacerdotes y hermanos, vivamos más este camino único de amor y amistad y encuentro de fe vivencial contigo; cómo me gustaría que se hablase más de esto en nuestros ratos de oración y retiros espirituales;

que nosotros, tus sacerdotes, viviéramos más esta identificación sacramental de amor y de vida contigo para ser felices siendo tuyos

totalmente y poder luego predicarlo y señalar el camino a nuestros hermanos y feligreses; cómo impresionaría a toda una congregación o instituto o diócesis escuchar a los superiores, a un obispo hablando así a sus sacerdotes.

3.- RATOS DE SAGRARIO: ORACIÓN EUCARÍSTICA

Yo todo se lo debo a la oración, principalmente, a la oración eucarística, oración ante el Sagrario, o celebrando, o comulgando, pero siempre orando, hablando, encontrándome por la fe y el amor con Jesús Eucaristía.

Primero fue oración meditativa, pensando y meditando en tu presencia; luego, oración afectiva, contemplativa, solo amando, contemplando, oración contemplativa-purificatoria de tu  amor divino, que a la vez que quema, purifica las manchas y suciedades del alma, porque soy pecador, pero lucho con todas mis fuerzas y las suyas por amarte a Ti, mi Cristo Eucaristía, con todo mi corazón.

Por eso, necesidad absoluta y diaria de oración, oración de inteligencia primero, pero luego de amor, silenciosa de palabras, pero de eucaristías, de misas, con la cabeza reclinada sobre tu pecho, de mi Cristo Eucaristía, victimado y sacrificado y olvidado, uniéndome a Él en eucaristías duras que me exigían perdón y sacrificios de yo, que tanto se busca, para entrar así, limpio, en tu Corazón, humilde y paciente, pero ya glorioso.

Por lo que respecta a mí, repetiré mil veces, siempre, que todo se lo debo a la oración, a la oración personal o encuentro personal contigo, oración primero meditativa de conversión y lucha permanente de mis faltas y pecados, especialmente capitales, <cabeza de otros muchos>, como decía el catecismo Ripalda; y así, durante muchos años, muchísimos, bueno, hasta que me muera, porque ya tengo casi

ochenta, pero me amo, nos amamos tanto a nosotros mismos, pecado original, que tengo dicho y escrito que no estoy seguro de que no dejaré de amarme a mí mismo más que a Dios mismo, hasta seis horas después de haberme muerto; antes decía media hora, una hora… tres horas… qué cariño me tengo, cómo nos amamos a nosotros mismos, es el pecado original, la raíz de todos los pecados…porque hay que perdonar siempre y a todos, olvidarlo todo, como si no me enterara y me diera cuenta de lo que te hacen o dicen, superiores y compañeros, de no hablar ni exigir nada de nada, reaccionando amando siempre, como Tú, Señor, en la Eucaristía, en la misa y en el Sagrario!

Porque sin hacerlo así, sin victimarme contigo así en cada misa u oración, esta mirada o diálogo de amor personal contigo, Sacerdote Único, todo creyente, incluso yo, sacerdote, sin diálogo personal contigo mientras celebro o participo en la misa, me convierto en un profesional de lo sagrado; la misa es puro rito, externo a mí alma, sin encontrarte a Ti, ni sentir tu amor extremo sacerdotal y victimal; sin diálogo contigo, sin oración personal, sin deseos de victimarme contigo y sacrificar contigo la carne de pecado que tengo, que es mucha, más que lo que yo pensaba, no hay encuentro personal con mi Cristo Sacerdote y Víctima en la Eucaristía, en la misa de cada día, ni en el Sagrario de  tu presencia y  amor de amistad permanente, ni en la liturgia ni en los hermanos ni en apostolado ni en nada… Y lógicamente no puede haber gozo de encuentro y abrazo y experiencia de tu amor.

Yo, Señor, soy un torpe e inculto, pero está claro, Señor, que yo no puedo conocerte y comunicarte y sembrarte en el corazón de mis fieles,  en el apostolado si no me he encontrado personalmente contigo, porque el conocimientos teológico se puede adquirir sin amor, no vale para comunicara tu amor porque con ese conocimiento no te he sentido, no te he conocido pentecostalmente, no te llevo conmigo, si no he encontrado yo primero de una forma viva y encendida tu amor, tu persona: “¡Oh llama de amor viva, qué profundamente hieres de mi alma en mi más profundo encuentro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro!” Hay que romper la tela de mis faltas de amor que me impiden verte por la fe viva y luego, poder comunicarte así, de una forma encendida.

Cómo poder darte, si no te llevo conmigo en mi vivencia de amor, si antes no te he encontrado en mi oración diaria y permanente, sobre todo, ante el Sagrario. Cómo entusiasmar a mi gente contigo si yo personalmente no te amo, adoro, visito, paso ratos contigo. Es fe predicada, pero no vivida; fe muerta en mí y para los demás, fe que no actúa ni ama. A veces me quejo: ¡Es que no tengo eficacia en mi apostolado, es que no consigo almas que se enamoren de Ti y te sigan…!

Es que, Señor, yo no podré llevar las almas hasta Ti, no podré ser  camino hacia Ti, no podré darte a los demás, si primero no te he encontrado. Y tengo que reconocer que este mundo, con sus aparatos y medios, lo está poniendo cada día más difícil; y si no te encuentro y siento personalmente por la oración personal en tu presencia eucarística, si tu misma presencia eucarística me aburre,  pues me aburrirá también la misa, la oración y el estar contigo, y no podré comunicarte ni darte a los demas.

Y esta es mi paradoja sacerdotal, tratar de llevarte almas a Ti, sin haberte yo antes encontrado en amor y amistad personal y “sin mí no podéis hacer nada”. Porque los encuentros contigo de teología, incluso de ceremonias y ritos y demás, no digamos de pantallas de ordenador…, sin esto, poco o nada valen. Menos mal que a la liturgia, a los sacramentos, los salvas sólo Tú con el “ex opero operato”, porque el “opus operantis”, mi oración y unión contigo en el rito, a veces falla.

Los creyentes, sobre todo, tus sacerdotes, debiéramos estar más enamorados de Ti, no solo para  conocerte y creer en Ti teológicamente, desde el conocimiento muchas veces frío del conocimiento puramente teológico,  sino porque hemos sentido y vivido tu teología en la oración,  la teología hecha oración y vida, en conocimiento de amor, de teología sentida y vivida, como los Apóstoles en Pentecostés, y te hemos visto y sentido en oración pentecostal con María, madre sacerdotal; y para eso, como Tú lo hacías en Palestina, ratos y ratos de oración y noches enteras de soledad y encuentro con el Padre.

Y luego, cuando el alma se encuentra contigo en amor de oración,  comprueba que existes y vives de verdad, que eres “Verdad y Vida”, y  puede hablar y encontrarse contigo en fe, esperanza y amor, virtudes sobrenaturales que nos unen a Ti, como tantas veces nos repite san Juan de la Cruz y todos los verdaderos santos: “oh llama de amor viva(fe viva), qué tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro, pues ya no eres esquiva, rompe la tela de este dulce encuentro”.

Por eso lo digo alto y claro, para que todos me entiendan, aunque esto me suponga y reporte a veces disgustos e incomprensiones: el Sagrario no es un trasto o imagen más de la Iglesia, al que se le ponen flores y adornos, especialmente los días de fiesta; el Sagrario eres Tú en persona, mi Cristo, nuestro Cristo, y el trato con el Sagrario es el trato personalmente contigo, el que todo cristiano, todo creyente, debe darte y tú mereces: ¿Cómo y cuánto tiempo es el tuyo, querido hermano sacerdote, cristiano, cura, fraile o monja, bautizado…?

El Sagrario es Cristo en persona, esperándonos en diálogo de amor y amistad permanente, todos los días, especialmente a sus sacerdotes, como un cielo anticipado o en ratos de soledad y sufrimientos de fe, de amor, de compañía, de amistad gozosa o de ofrecerle al Seños los cinco panes y los dos peces de nuestro trabajo y apostolado: Cristo he predicado que Tú…, he dicho a los jóvenes…, dije a aquella persona, necesito más catequistas… trabajo y me estoy esforzando en… pero… Cristo Eucaristía, Tú lo ves y lo sabes todo… no tengo más que cinco panes y tres peces… multiplícalos, haz el milagro y que se conviertan, y te conozcan y te amen, que me ayuden, te ofrezco lo que tengo… mi presencia y oración, pero Tú lo puedes todo, multiplica a tus seguidores, a los que crean y te amen… yo no tengo más que… Querido feligrés: ¿cuántas veces y tiempo ves a tu párroco, a nosotros sacerdotes y  obispos, junto al Sagrario, rezando, pidiendo la multiplicación de los panes y los peces.

Queridos niños: ¿cuántas veces habéis visto a vuestras madres y padres junto al Sagrario? Así estamos… Sin embargo en mi tiempo, hasta hace 30 años, había muchas madres y padres y curas… por eso había más amor eucarístico, más amor a Dios y a los hombres, eran

verdaderas Comuniones las que se hacían. “Si tenemos padres cristianos --que van a misa los domingos, no digamos si hacen visitas al Señor en el Sagrario--, no necesitamos ni curas”; es una frase que hago repetir en las catequesis de niños/as.

4.- NECESIDAD DE LA ORACIÓN-CONVERSIÓN EUCARÍSTICA

Querido hermano católico, sobre todo, querido hermano sacerdote, necesitamos ratos de oración-conversión, esto es, de adoración “en espíritu y verdad” con Jesucristo Eucaristía, en el Sagrario; lo necesitamos como ejercicio de fe y amor apostólico, para poder luego contagiar a los demás, a nuestros feligreses, de ese mismo amor.

Si no lo hacemos ¿Cómo hablar y poder contagiar de amor a Cristo a los demás? ¿Cómo hablar y entusiasmar con Él? Si no tienes experiencia de Cristo, si nosotros no damos ejemplo, si no lo hacemos, cómo contagiar a los demás. Hay que pasar de la religión de cumplimiento, del cumplo y miento, a la del amor sincero y entregado.

Pido al Señor y me gustaría que nuestros feligreses nos vieran con más frecuencia, todos los días en ratos de sagrario, haciendo oración, pidiendo, orando, rezando, contemplando con amor a nuestro modelo y Señor, Cristo Sacerdote y Eucaristía perfecta.

¿Cómo entusiasmar con  el Cristo del evangelio, cómo decir que creemos en Él y le amamos, si teniéndolo tan cerca, y no solo de palabra, sino vivo, vivo y resucitado, en persona y tú eres el primero que no amas su presencia y pasos ratos con Él, y eres el primero que no lo buscas ahí… y no le saludas, ni te arrodillas?

¡Bendito seas Jesús Eucaristía, que nos has amado hasta este extremo, y te quedaste para siempre entre nosotros, a pesar de saber y sufrir nuestros fallos y faltas de amor!

Cristo Eucaristía, te necesito; te necesito en horas de oración ante el Sagrario; así podré encontrarte y darte a los demás, a mis feligreses. Por eso, Tú, Cristo del Sagrario, Jesús del alma, quiero que seas el único Dios de mi vida, ¡Abajo todos los ídolos! Pero me cuesta.

Me cuesta matar mi yo a quien tanto quiero y al que doy culto todos los días idolátricamente desde la mañana a la noche, ¡qué cariño y amores me tengo! A este sí que le dedico tiempo y amor. Por los menos hasta tres horas después de mi muerte no estaré convencido de que haya muerto mi yo, como te dije antes, de que haya dejado de amarle más que Ti.

¡ Qué cariño nos tenemos, cómo nos buscamos en todo, desde  la mañana a la noche, hasta no tener tiempo para Ti, tanto la Iglesia de arriba como la y de abajo, tanto desde Cardenales hasta simplemente bautizados, qué cuidados y ternura  nos damos, cómo nos buscamos, hasta en la cosas sagradas, qué poco luchamos para matar el yo y que sea Cristo el que habite en nosotros y a quien demos culto y busquemos de la mañana a la noche, a quien prestemos nuestra humanidad, corazón, palabra y sentidos.

Matar este yo, ni sé ni puedo, solo el fuego de tu Amor, amor divino de Espíritu Santo puede descubrirlo y quemarlo en mí… hasta que pueda decir con san Pablo, “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí…, y mientras vivo en esta carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí…”, solo el Espíritu Santo, la llama encendida del Amor divino, puede  quemarlo todo en sus raíces, y llenarlo de amor a Tí.

Es que llevo años y años sin oír hablar y predicar esto, de que hay que morir, de matar el yo para encontrarte a Tí,  para amarte a Ti más que a mí, para caminar y llegar hasta Ti, hasta la transformación en Ti, hasta poder decir con san Pablo: “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mi”.

Comprendo, querido hermano sacerdote, que tener que hablar así en charlas o meditaciones en este mundo comodón y consumista, es duro, pero es el evangelio: “Quien renuncia a su padre, a su madre y a todos su bienes, sus posesiones del yo, no es digno de mí…”.

 Así que muchos, incluso sacerdotes y consagrados, hoy día lo ignoran, es que no se habla o se habla poco de esto, es que algún obispo durante doce años jamás habló de esto, entre otras cosas, porque… él no era ejemplo de vida de oración y conversión… no saben de la muerte del yo con su vicios y pasiones y pecados, crucificando nuestro yo y muriendo con Cristo en la cruz, para resucitar en Él a la vida nueva, la de todos los santos…

¡Jesucristo Eucaristía, quiero que Tú seas el único Dios y Señor de mi vida, abajo todos los ídolos! “Dueño de mi vida, vida de mi amor, ábreme la herida de tu corazón… corazón divino, dulce cual la miel, tú eres el camino para el alma fiel”…

Dueño de mi vida que me inundas, me habitas y me posees totalmente, vacíame de todo lo mío: “Si alguno quiere ser discípulo mío, niéguese a si mismo, tome su cruz y me siga…” y solo de esta forma “si alguno me ama, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él”; matado mi yo por  las purificaciones del alma llevadas a cabo por tu Amor de Espíritu Santo, Amor tuyo en nosotros al Padre y a los hombres, nuestros hermanos, solo así llegaremos a la luz y fulgores de tu presencia, que, a la vez que ilumina, quema y limpia y purifica, cual volcán en llamaradas eternas de resplandores de misterios y de saberes y sabores infinitos que no pueden expresarse en palabras, sólo en sueños de amor, sólo así llegaremos al : <quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado, cesó todo, y dejéme mi cuidado, entre las azucenas olvidado...> ¡Gemidos de eternidad y de amores encendidos ya en el alma: <Descubre tu presencia, y máteme tu rostro y hermosura, mira que la dolencia de amor no se cura, sino con la presencia y la figura…> <oh llama de amor viva… rompe la tela de este dulce encuentro…> encuentro eterno de cielo empezado ya en la tierra, que <<barrunto> escucho sin palabras, en silencio de oración, en <música callada…> San Juan de la Cruz.

 5.-CRISTO, SACERDOTE ÚNICO Y EUCARISTÍA PERFECTA

“Estate, Señor, conmigo, siempre sin jamás partirte” ¡Cuánto he aprendido en nada de tiempo ni de estudio ni de  teologías, y sin libros ni reuniones “pastorales”, cuánto he comprendido y penetrado, más que con todos mis estudios y títulos universitarios, estando, Señor, en tu presencia eucarística!

¡Cuánta belleza y hermosura de esencia de Amor de mi Dios Trino y Uno he descubierto y gozado en el pan Eucarístico, en Jesucristo Eucaristía en ratos de Sagrario en silencio de todo! Qué claro y gozoso he visto que Tú, Padre, Abba-Papá bueno de cielo y tierra, Principio de todo, qué claro he visto y gozado que Tú has soñado conmigo: si existo, es que me has amado y soñado desde toda la eternidad y con un beso de amor de Padre me has dado la existencia en al amor de mis padres. “Abba”, Papá bueno del cielo y tierra, te doy gracias porque me creaste...

Me has revelado, he comprendido que si existo, es que me has preferido a millones y millones de seres que no existirán y me has señalado con tu dedo,  creador de vida y felicidad eterna. Yo soy más bello para Ti y tienes deseos de abrazarme eternamente como hijo en el Hijo, con tu mismo Amor de Espíritu Santo.

Si existo, soy un cheque firmado y avalado por la sangre del Hijo muerto y resucitado por la potencia de Amor del Santo Espíritu; y he sido elegido  por creación y redención para vivir eternamente en la misma felicidad de Dios Trino y Uno. Y me besarás eternamente en el mismo beso infinito de amor a tu Hijo, sacerdote único del Altísimo, con el cual me identificaste y consagraste por tu Amor de Espíritu Santo. Soy eternamente sacerdote en tu Hijo Jesucristo, Único y eterno Sacerdote.

Padre bueno de cielo y tierra, te pido que venga a nosotros tu reino de Santidad, Verdad y Amor;  que se haga tu voluntad de salvación universal de todos los hombres; que cumplamos tu deseo revelado en tu Palabra hecha carne: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”;  danos muchos y santos predicadores de tu reino que prolonguen la misión que confiaste a tu Hijo Encarnado, Sacerdote Único del Altísimo y Eucaristía perfecta.

            Jesucristo Eucaristía, muchas veces no correspondido en amor y amistad por nosotros, incluso sacerdotes y consagrados; Tú eres amor apasionado y extremo, en presencia humilde y callada de Sagrario, pidiendo  el amor de tus criaturas. Si de esta forma tan extrema y humillante nos pides amor, Cristo amado, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te pregunto: ¿Por qué nos buscas así, humillándote tanto? ¿Es que no puedes ser feliz sin el amor de tus criaturas? ¿Es que necesitas mi amor?

¡Dios infinito, no te comprendo! No comprendo que no quieras ser feliz sin mí, que no quieras un cielo eterno, tu cielo, sin mí, sin tus criaturas, creadas por Ti para amarlas y sumergirlas en Amor de Espíritu Santo, Amor Trinitario del Padre y del Hijo, para un amor y amistad y abrazo de felicidad eterna del Padre, por el Hijo con amor de Espíritu Santo… No lo entiendo.

No entiendo que siendo Dios y teniéndolo todo, necesites de tus criaturas para cumplir tus deseos de felicidad eterna y por ellas hayas venido en su busca y hayas sufrido y muerto por todos los hombres para que tengamos felicidad eterna contigo.

¡Cristo Eucaristía, eres presencia de Dios, Amor Infinito, tan cerca de nosotros, en presencia permanente, incompresible e incomprendido, por tu amor extremo, hasta dar la vida por mí, por todos, siendo Dios y haciéndote hombre para poder sufrir y morir… por tu exceso de amor

¡Cristo amado, no te comprendo! ¡Es que nos amas como si fuéramos personas divinas, con el mismo amor que amas al Padre, con tu Amor de Espíritu Santo; es que nos amas con Amor y en Amor Trinitario… pues tiene que ser así, porque no tienes otro Amor, solo Amor de Espíritu Santo, con el que el Padre nos ha soñado como hijos eternos y divinizados en el Hijo que vino a decírnoslo y realizarlo, siempre con amor de Espíritu Santo,  mediante su Encarnación, Muerte y Resurrección, para transformarnos en eternidades de Luz Divina, siempre con el mismo Amor de Dios, de los Tres, Amor de Espíritu Santo.

Señor Jesucristo, Sacerdote y Único Salvador de los hombres, ¡que todos los hombres se salven y lleguen por tu vida eucarística, ofrecida y participada, a la gloria y alabanza eterna de la Trinidad, participación del cielo y de la vida divina ya en la tierra; que lleguemos así a la plenitud de la gloria y felicidad divina para la que nos has soñado y existimos!

Yo, como sacerdote y en nombre de todos mis hermanos los hombres, ungidos sacerdotes por el Espíritu Santo en el sacramente del Bautismo y del Orden Sagrado, pido que todos entremos dentro de nosotros mismos y nos sintamos identificados y habitados por Cristo Sacerdote que a través de nosotros quiere ejercitar su único Sacerdocio para gloria de la Santísima Trinidad y salvación del mundo.

Yo quiero dedicar mi vida y todo mi ser y existir a esta misión divina; yo creo, adoro, espero y te amo a Ti, mi Dios Trino y Uno y quiero que todos mis hermanos los hombres crean, adoren, esperen y te amen a Ti, Dios mío Padre, Hijo y Espíritu Santo: “Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente de mí, para establecerme en Vos, tranquilo y sereno como si mi alma ya estuviese en la Eternidad”.

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